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ArianeGroup completa el ensayo general del demostrador reutilizable Themis en Suecia

Por: R. Tordesillas

ArianeGroup, contratista principal de la Agencia Espacial Europea (ESA) para el programa Themis, ha completado con éxito un ensayo general húmedo (wet dress rehearsal) del demostrador de cohete reutilizable en el Centro Espacial Esrange, en Suecia. La prueba, realizada el 23 de julio por equipos de ArianeGroup y SSC Space, supone el primer avance significativo en la campaña de ensayos del vehículo en más de diez meses.

El ensayo general húmedo consiste en la simulación completa de las operaciones previas al lanzamiento, incluyendo el llenado de propelentes y los procedimientos de cuenta atrás, sin que el cohete despegue. Este hito es fundamental para validar los sistemas de tierra y la secuencia de lanzamiento antes de realizar pruebas de vuelo reales. El demostrador Themis está diseñado para probar tecnologías de propulsión y aterrizaje vertical, un paso clave para que Europa desarrolle capacidades de lanzamiento reutilizable y reduzca su dependencia de proveedores externos, como SpaceX.

El programa Themis, promovido por la ESA con la participación de varias empresas europeas, tiene como objetivo sentar las bases de un futuro lanzador reutilizable europeo. La elección del Centro Espacial Esrange, en el norte de Suecia, responde a su baja densidad de población y a su infraestructura adecuada para este tipo de pruebas. Aunque los plazos concretos para el primer vuelo del demostrador no se han hecho públicos, este ensayo general acerca a Europa a un hito tecnológico largamente esperado en el ámbito espacial.

El éxito de este ensayo también tiene implicaciones para la industria espacial española, que participa en varios programas de la ESA. España, a través de empresas como Sener o GMV, colabora en el desarrollo de sistemas de guiado y control para vehículos reutilizables. Por tanto, los avances en Themis repercuten directamente en la competitividad del sector espacial español.

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Relativity Space duplicará su producción del cohete Terran R en Florida

Por: B. Ovejero

La empresa estadounidense Relativity Space ha alcanzado un acuerdo con Space Florida, la agencia de desarrollo espacial del estado, para construir nuevas instalaciones de fabricación y pruebas de su cohete reutilizable Terran R en la Costa Espacial de Florida. El anuncio, realizado el 22 de julio de 2026, supone un paso significativo en la estrategia de la compañía para aumentar su capacidad de producción ante la creciente demanda de lanzamientos de carga media-pesada.

El Terran R es un cohete reutilizable de dos etapas diseñado para competir en el segmento de cargas medias y pesadas, un mercado dominado actualmente por actores como SpaceX y United Launch Alliance. La expansión en Florida permitirá a Relativity Space duplicar su capacidad de fabricación y realizar pruebas en el mismo complejo, reduciendo costes logísticos y acelerando los plazos de producción. Según fuentes de la compañía, las nuevas instalaciones ocuparán una superficie aún no precisada dentro del área que gestiona Space Florida en el Centro Espacial Kennedy.

La decisión de Relativity Space refuerza la posición de Florida como polo industrial espacial en Estados Unidos. Space Florida ha ofrecido incentivos fiscales y de infraestructura para atraer a la empresa, que ya opera una planta de fabricación en Long Beach (California). El acuerdo no incluye cifras de inversión pública ni privada, pero se enmarca en una tendencia de crecimiento del sector espacial en la Costa Espacial, donde también tienen presencia Blue Origin, SpaceX y Boeing.

El movimiento de Relativity Space se produce en un contexto de fuerte competencia por los contratos de lanzamiento gubernamentales y comerciales. El Terran R, cuyo primer vuelo está previsto para 2027, aspira a captar una parte del mercado de satélites de comunicaciones y misiones de defensa. La expansión en Florida podría dar a la compañía una ventaja logística frente a rivales que dependen de bases en Texas o California.

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15-M: Que reste-t-il de nos amours ?

Por: El Apunte

«Que reste-t-il de nos amours ?», cantaba Charles Trenet. «¿Qué queda de nuestros amores? ¿Qué queda de aquellos bellos días? Una foto, una vieja foto de mi juventud».

¿Qué queda de aquel 15-M que nació con vocación de cambiar España y, por contagio, el mundo? ¿Qué queda de Nuit debout? ¿Qué queda de Occupy Wall Street? Es inevitable caer preso de la tristeza cuando nos paramos a pensar lo que pudo haber sido y no fue. En el caso particular de España, el 15-M conectó, por última vez (de momento), al pueblo con la Historia. Eso ocurre pocas veces y, a la larga, casi siempre con resultados insatisfactorios para los rebeldes.

Lo que empezó como una sentada marginal de jóvenes críticos con la Ley Sinde (ideada para atajar la piratería en Internet) acabó evolucionando a impugnación total de un sistema al que, ¡ups!, se le vio el cartón con la crisis de 2008. «No es una crisis, es una estafa», rezaban las pancartas. «No nos representan», decían otras. El truco de las élites quedó al descubierto: lo que pomposamente llamaban «democracia liberal» era en realidad, simple y llanamente, un «sistema parlamentario burgués», una asamblea de mercaderes. Siempre lo fue, en realidad. Y no dejó de serlo por mucha indignación que generara. La crisis la íbamos a pagar nosotras. Nuestros impuestos servirían para tapar los agujeros de los bancos en su noche loca en el casino de las subprimes. Y llegaron las colas del paro. Y llegaron las colas del hambre. Y mucha gente saltó por el balcón antes de que la echaran de su casa. Así ocurrió porque así lo quiso el pueblo español en las urnas. Y en esas mismas estamos, 15 años después.

Se pueden hacer muchas lecturas del 15-M, pero quizás una de las más significativas sea el decalaje que existe entre la calle y las urnas. Tras la acampada de Sol, Rajoy consiguió la mayoría absoluta. Hoy, semana tras semana, cientos de miles de personas marchan pidiendo vivienda asequible y sanidad pública, pero esas reivindicaciones no quedan reflejadas ni en las políticas gubernamentales ni en ningún proceso electoral. ¿Será que España quiere todo lo contrario? ¿Será que preferimos que se usen nuestros impuestos para devolverle a los ricos el dinero que tributan por sus herencias antes que para obtener una cita con el médico de cabecera? O aún más, ¿un diagnóstico temprano y preciso de nuestro cáncer? Los recientes resultados en Extremadura, Aragón, Castilla y León, y muy probablemente los del próximo domingo en Andalucía, responden por sí solos a estas cuestiones.

El mundo ha cambiado mucho en 15 años. Cambiado en el sentido gatopardiano del término. Quienes eran dueños de nuestras vidas lo siguen siendo, pero además han inoculado en nuestras sociedades una dosis mucho más alta de su ideario. Rezuma incluso en la forma de hablar, lo que demuestra su capacidad de colonizar el pensamiento: «lo que antes estaba guapo ahora renta», apunta certeramente Ignacio Pato en uno de sus libros. Y más allá del lenguaje, han conseguido el que siempre ha sido su objetivo: dividir y desmovilizar a las masas populares. El feminismo, con su feroz fragmentación, es un buen ejemplo de lo primero. Los pobres porcentajes de las fuerzas progresistas en las urnas, de lo segundo. No sólo crece la ultraderecha, con sus recetas económicas disparatadas y su racismo oligofrénico, sino que la izquierda permanece inmóvil, catatónica en su melancolía.

Quienes participaron en aquellas acampadas de 2011 se dieron cuenta muy rápidamente de que todo el sistema estaba amañado. Constataron que cada victoria de la esperanza era un trampantojo. Del «Yes, we can» obamiano no salió en Estados Unidos el cierre de Guantánamo, ni la regulación de las armas de fuego, ni un sistema sanitario mínimamente decente, ni más impuestos para los ultrarricos, ni una política defensora del medioambiente. Del «Sí se puede» español, apenas una manera más humana de hacer política, y poco más. Y quizás sea bastante, dadas las circunstancias.

Podríamos tener la tentación de decir que lo que queda del 15-M es lo mismo que lo que queda de Podemos, es decir, casi nada, pero no sería justo. Aquel espíritu (el del 15-M, no el de Podemos) impregna a cada uno de los activistas que ponen el cuerpo para impedir un desahucio. Anima a cada una de las personas que salen a protestar contra el genocidio de Gaza. Está presente en todo el que, sintiendo rabia ante una injusticia, dirige su reprobación hacia arriba y no, en el colmo de la vileza, hacia un trabajador del campo sin papeles.

Durante la pasada Vuelta a España, mucha gente en muchas ciudades salió espontáneamente a la calle a parar una carrera manchada por la participación de un equipo sionista. Por aquel entonces, Patricia Simón daba en el clavo con su comentario: «Cualquier dirigente, comunicador, deportista o persona de bien debería sentirse profundamente orgulloso de vivir en una sociedad donde miles de personas, en lugar de limitarse a sobrevivir, se esfuerzan por recordarnos cómo ser mejores».

Después de todo, algo queda del 15-M, sí. Queda lo importante.

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✇Todo Por Hacer

La campaña ‘Altri Non’ continúa su lucha

Por: Todo Por Hacer

Hace algo más de un año, la multinacional portuguesa Altri anunció que pretende construir una macroplanta de celulosa junto al río Ulla en Palas del Rei (Lugo), con apoyo de la Xunta y con financiación europea. De salir adelante, además del impacto visual en un tramo del Camino de Santiago, la planta extraerá del Ulla 46 millones de litros de agua al día, el equivalente al consumo humano de una ciudad como Vigo, de los que devolverá 30 millones de litros depurados pero aún contaminados y a diferente temperatura. Además, expulsará a la atmósfera tanto dióxido de carbono como el que emiten 21.500 coches, junto a cenizas, partículas y otros gases elevadamente tóxicos.

Frente a esta noticia, todos los municipios entre Palas del Rei y la ría de Arousa, donde desemboca el Ulla, se han organizado en una campaña llamada ‘Altri Non’, que ha logrado el apoyo de la mayoría de las gallegas. Se trata de un movimiento popular, ecologista y de defensa de la tierra que, aunque puede recibir el apoyo de varios partidos políticos de izquierda, se organiza al margen de estos por parte de vecinas y activistas. En el último año han convocado manifestaciones masivas, recolecta de firmas, presentado alegaciones al proyecto, colgado pancartas por todas las comarcas, etc. y han logrado convertirse en una de las luchas más visibles de los últimos tiempos.

Hace unos meses, lograron su primera victoria: el proyecto de Altri no recibió los fondos europeos que solicitó, lo cual hace que su viabilidad peligre. La empresa, por su parte, asegura que cumple con todos los requisitos, culpa a la campaña de su fracaso y todavía no se da por vencida, por lo que las vecinas deben seguir alertas.

La tierra se defiende

‘Altri Non’ nos recuerda a varias otras campañas de vecinas que se organizan para defender su tierra de iniciativas empresariales que la pretenden destruir, como la lucha contra la construcción del embalse de Itoiz (Navarra) en los 80-90, liderada por la Coordinadora de Itoiz o el Nunca Mais(Galiza) en los 2000.

Si nos vamos a ejemplos más recientes, podemos encontrar el de Salvemos Canal Roya (Pirineo aragonés), que se oponía a la interconexión mediante túneles de las estaciones de esquí de Astún, Candanchú y Formigal. Después de una larga campaña con manifestaciones históricas en Jaca y Zaragoza, festivales de música y cientos de acciones de protesta, de recibir el apoyo mediático de sectores científicos, deportivos, de organizaciones ecologistas y sociales, pasando por miles de pancartas colgadas en pueblos y hogares de todo el Alto Aragón, en 2023 la Diputación de Huesca pidió la redistribución de los fondos europeos para otros fines. Es curioso cómo tantos de estos proyectos empresariales hechos a sí mismo encallan en cuanto no reciben jugosas subvenciones europeas.

También tiene motivos para el optimismo la campaña que se opone a la construcción de una filial del museo Guggenheim en la reserva de la biosfera de Urbaibai (Bizkaia). A principios de diciembre de 2025, los promotores anunciaron la probable retirada del proyecto, que se ha encontrado con la oposición frontal de las vecinas de los municipios colindantes, por su impacto ecológico y la turistificación masiva que ya vienen sufriendo. Entre los motivos citados se encuentran las trabas administrativas, la contestación social, el coste político que puede suponer y el riesgo reputacional para el universo Guggenheim. Sin embargo, ésta no era la primera vez que intentan sacar adelante el museo (hubo un primera intento en 2008), por lo que nada impide que intenten volver a la carga de nuevo en 2027, tras las elecciones. Por ello, Guggenheim Urdaibai Stop permanecerá alerta.

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En Galiza no ha decaído la solidaridad con las presas y presos políticos

Los organismos que trabajan promoviendo el apoyo y la solidaridad con estas luchadoras/es populares

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[24/5/2025 – 7/6/2025] I Xornadas Mulleres Libres Vigo

Coa finalidade de dar visibilidade ás diversas loitas e problemáticas específicas protagonizadas por compañeiras

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