Irán respondió este sábado 5 de junio con un ataque combinado de misiles balísticos y drones contra Baréin y Kuwait, dos aliados clave de Estados Unidos en el Golfo Pérsico. La ofensiva se produjo horas después de que fuerzas estadounidenses atacaran estaciones de radar de vigilancia costera iraníes, según fuentes del Pentágono consultadas por France 24.
Baréin, sede de la Quinta Flota de la Armada estadounidense, condenó los ataques. Kuwait calificó la acción como «una peligrosa escalada» en un conflicto regional que amenaza la estabilidad de una zona estratégica para el suministro energético mundial. El ataque iraní altera el equilibrio de poder en el Golfo Pérsico, por donde transita aproximadamente el 20% del crudo mundial.
La escalada se suma a las tensiones derivadas del programa nuclear iraní y la presencia naval estadounidense en la región. España, que importa el 8% de su petróleo del Golfo Pérsico, sigue con preocupación el riesgo de interrupción del tráfico marítimo. El conflicto eleva la prima de riesgo geopolítico en los mercados energéticos.
Contexto de la ofensiva
Los ataques de represalia se enmarcan en el aumento de hostilidades entre Irán y Estados Unidos en las últimas semanas. Washington había justificado sus bombardeos previos contra radares iraníes como una respuesta a supuestas amenazas a la navegación comercial.
Kuwait urgió a la comunidad internacional a intervenir para evitar una guerra regional. Hasta el momento no se han reportado víctimas mortales, pero los daños materiales en las bases afectadas son significativos, según fuentes militares de la región.