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¿Feminismo para quién? Feminismo para todes

Por: Todo Por Hacer

En mayo de 2019 hacíamos un optimista resumen sobre el clima feminista del momento en un artículo titulado «¿Feminismo para qué? Feminismo para todo» que hablaba de la miríada de fortalezas revitalizadas en la última década: la ecofeminista, la antirracista, la sindicalista, etc. Lo escribimos en un momento en el que el feminismo se encontraba en la cresta de la ola: había encadenado dos años consecutivos de huelgas generales en el 8M y había logrado confrontar, de forma masiva, el machismo institucional, la cultura de la violación y la normalización de la violencia sexual. Es cierto que quedaba mucho por conquistar – por ejemplo, se hablaba de desterrar el feminismo blanco y por difundir un feminismo antirracista, decolonial y de clase, o acabar con la transfobia, entre otros debates –, pero parecía que avanzábamos, a paso firme, hacia delante.

El clima es distinto ahora. La organización feminista se siente débil, diluida y desmotivada. Mientras otras apuntan al disenso interno como origen de la falta de fuerza, nosotras queremos rescatar aquel artículo en el que también apuntábamos como verdadera némesis del movimiento a la misoginia de los aliados de PP y Vox y a la manosfera.

Es triste cerrar esta última edición de este periódico con un llamamiento a la alerta en vez de una celebración del camino recorrido, pero la ola reaccionaria es fuerte y su campaña de los últimos seis años ha estado llena de argucias y señuelos.

La némesis es una idea: la familia, entendida como el conjunto de personas adultas y menores dirigidas y poseídas por un arquetipo de hombre. Este concepto del “orden natural” es el que subyace a los movimientos reaccionarios que pelean por la prohibición del aborto, la eliminación del matrimonio entre personas del mismo sexo, y la erradicación de la disidencia sexual o de género o, incluso, de los derechos de niños, niñas y adolescentes. Una batalla contra la soledad masculina a través de la dominación del resto de cuerpos.

Pero esta idea no es bonita de vender y necesita de marketing. En octubre de 2015, l’Associació de Drets Sexuals i Reproductius publicó un interesante informe titulado «De España al mundo: la proyección global de la ultraderecha española contra los derechos sexuales y reproductivos. Los casos de Argentina, Guatemala, El Salvador, Chile y Kenia» que analiza cómo ha sido sostenida la estrategia ultraconservadora a través de instituciones, la financiación privada y una renovada técnica comunicativa. La conclusión del informe es que el nuevo mensaje conservador no proviene de un movimiento reaccionario, puntual y contestatario frente al feminismo institucional, sino de redes de poder antiguas, consolidadas y enraizadas en la élite internacional.

En la misma línea, la autora Nuria Alabao, en una entrevista para Píkara1, sitúa la génesis de este pulso cultural a finales de los años 60: «Después de estas revueltas del 68, con el surgimiento de las luchas feministas y de las disidencias sexuales, emergen diversos actores conservadores, no solo partidos, también iglesias y movimientos sociales, que van a construir una gramática política reaccionaria para oponérseles. Las guerras de género tienen su origen en esa reacción organizada frente a las conquistas de nuevos sujetos que cuestionaban el orden sexual y familiar y la moral tradicional y que transformaron la sociedad, quiero creer que para siempre».

Ejemplos cotidianos de esta técnica comunicativa renovada los encontramos en las redes, la televisión, las ponencias supuestamente profesionales o los falsos debates del feminismo.

La sororidad con las embajadoras de Instagram

El 2 de octubre de 2022 la millonaria Tamara Falcó se sienta en un escenario. Luce coleta tensa y camisa nacarada. Clean Look. Es ponente en el Congreso Mundial de Familias que se celebra en México. Tamara se lamenta ante cientos de personas, se le quiebra la voz hablando de la infidelidad de su prometido, de sus dudas frente al compromiso, del bienestar de unos hijos de aún no han nacido. Para curarse ha asistido a una misa de sanación y ya no siente enfado sino compasión. Se redime. Se santifica.

Pero centrémonos en el atrezzo. ¿Quién ha pagado el escenario? Las sillas las ha mandado poner Brian Brown, presidente de la Organización Internacional para la Familia, que junto a Sharon Slater, presidenta de la Family Watch International, representan el brazo ejecutor de las campañas coordinadas globalmente contra los derechos reproductivos. En España se articulan, entre otros, a través del Foro de la Familia, Hazte Oír y CitizenGo y con ellas se puede trazar el pentagrama que une la Rusia de Putin y su perpetuo hostigamiento de la comunidad LGTBIQ+, el trumpismo estadounidense, el evangelismo latinoamericano y el ultracatolicismo español.

Nueve meses después, Tamara se casará con el tipo aquél, cumpliendo así con el manifiesto del Foro de la Familia y consolidando “la unión entre un hombre y una mujer; unidad jurídica, social y económica”. El debate está servido. Arden las redes. Pero Falcó saldrá indemne porque es una mujer sufridora y criticar a la mujer que sufre, en ese momento, muestra falta de solidaridad para el feminismo liberal.

También es “poco sororo” criticar a María Pombo, con más de 3 millones de seguidores en Instagram y otro tanto de ingresos anuales. Cuando en febrero de 2024 fue acusada de clasismo, la influencer respondió que ella era “feminista”, escudándose en la palabra como Perseo detrás del espejo y apelando a una sororidad que da carta blanca al ejercicio de otras violencias.

Y así van desfilando las novísimas embajadoras del antiguo pensamiento: desde RoRo (que da de comer en la boca a su novio Pablo lo que a él se le antoje) y a los nazis de la DANA, hasta la falangista y estilosa Isabel Medina Peralta, o la ya olvidada Melisa Rodríguez.

El deber de sororidad se consolida en la opinión pública como mandato del feminismo hegemónico en irónica defensa de las mujeres que portan ahora la voz del nacional catolicismo español en formato neoliberal.

Esta indulgencia permea en las capas más cotidianas de nuestras vidas. Son cientos las mujeres que, agobiadas por la falta de corresponsabilidad con sus maridos y el techo de cristal profesional, enarbolan el lenguaje y la simbología del feminismo (pero obvian los discursos de clase o antirracistas) para dar continuidad al modelo de trabajo esclavo, malpagando a sus limpiadoras o cuidadoras. Una violencia que se canjea por otra.

El altavoz de un ruido ensordecedor

En este último lustro también han sido muchas las que han sacado el lápiz para definir los contornos de la “mujer”. El incomprensible debate en torno a la cuestión de la transexualidad o la definición biologicista de la mujer sólo han servido para pisotear la dignidad de unas mujeres ya de por sí vulnerabilizadas. La estrategia de la derecha también ha estado ahí, encontrando alianzas en los sectores TERF de la izquierda.

El ejemplo más emblemático ocurrió el 24 de marzo de 2021, cuando Hazte Oír sufragó la ponencia de Lidia Falcó (Partido Feminista), histórica activista antifranquista, y Alicia Rubio (Vox) para empujar su campaña contra la Ley Trans, organizada por CitizenGo. Otra vez la tríada, disfrazada de debate plural y moderno, se pone la careta de algún tipo de feminismo para cumplir con los hitos de su agenda.

El sujeto del feminismo

Las injusticias no vienen solas y el debate sobre el sujeto del feminismo ha lastrado la última etapa del movimiento feminista abriendo vórtices involutivos de todo tipo: desde la desatención a la verdad científica (y sus importantes limitaciones), hasta el de la lucha contra la estigmatización de la salud mental, pasando por la recanonización estética de los cuerpos tanto por dentro (fiscalizando niveles hormonales) como por fuera (con el resurgir de las viejas manifestaciones estéticas de la feminidad).

En febrero de 2023 se celebraba el Encuentro Internacional Feminista del ya difunto Ministerio de Igualdad de Irene Montero. Una de las mesas fue la de «Masculinidades» y no fueron pocas las compañeras que la criticaron (antes de escuchar su contenido), manifestando su frustración por la presencia de este contenido “para hombres”.

Parece, sin embargo, que lo que en aquel encuentro apuntaban la profesora estadounidense Raewyn Connell y el sociólogo argentino Lucho Fabbri era necesario para continuar con la trasformación social: el sujeto del feminismo es la humanidad.

Parte del feminismo considera que esto es imposible, porque la humanidad incluye a los cientos de miles jóvenes varones cis-hetero de entre 18 y 24 años que votaron al partido de Alvise en los pasados comicios europeos. Y otra parte también lo considera problemático porque ha interiorizado el discurso de la extrema derecha respecto de los extranjeros como potenciales agresores sexuales2.

En definitiva, la campaña de la derecha ha construido para nosotras dos enemigos-señuelo: las personas trans y los jóvenes varones, especialmente extranjeros. Pero, pese a estos años de ceguera, parece que en los últimos meses la cuestión se está reorientando. Iniciativas como Broders.es3, promovida por la divulgadora Pamela Palenciano, buscan romper los imperativos heteropatriarcales que pesan sobre los hombres al tiempo que se ofrece un espacio seguro en el que desarrollarse sin aislamiento.

Un ejército de técnicos y expertos

Las estrategias ultraderechistas siempre han estado presentes en los sectores profesionales, pero cada vez disimulan menos. El 23 de octubre de 2025 el Colegio de la Abogacía madrileña celebraba su primer Congreso de Derecho de Familia, patrocinado por editoriales y empresas inmobiliarias. Por él desfilaron magistrades del Supremo, Constitucional y Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) para hablar de cosas del gremio.

La magistrada del TEDH, María Elosegui Itxaso, refiriéndose a los casos de abuso sexual de menores dijo lo siguiente: “Pienso que estas materias no deben de politizarse, sino enfocarse con profesionalidad tanto por parte de los jueces, como de la fiscalía y administraciones públicas. (…) Es frecuente que las madres aleguen que los padres han abusado de los menores, cuando en muchísimos casos se comprueba que no es así. Este nuevo concepto emergente que se ha creado en ámbitos de Naciones Unidas, de “madres protectoras”, no ayuda nada.(…) Las madres deben cumplir con la legislación y transgredirla no conduce a buen fin”.

Elosegui ignoró así el informe de Save The Children de 2021 que revelaba que “entre un 10 y un 20 % de la población en España ha sufrido algún tipo de abuso sexual durante su infancia”, o el que un grupo de antropólogas publicó en 2022, titulado Violencia institucional contra las madres y la infancia. Aplicación del falso síndrome de alienación parental en España”, en el que analizaba aquellos casos en que las mujeres que habían buscado amparo judicial habían terminado penalizadas de alguna manera por el protocolo institucional.

Consciente o inconsciente, Elosegui y otros participan de una ofensiva intelectual contra el cambio y el desarrollo de mecanismos para la defensa de los derechos de las mujeres y la infancia, poniendo el broche final a esta ofensiva de los amantes de un pasado de subyugación de la mujer.

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1Se titula “Podemos frenar a las extremas derechas generando alternativas deseables y creíbles” (julio 2025).

2Recomendamos encarecidamente leer el artículo “Cómo hacemos frente al marco de los migrantes como violadores”, escrito por el colectivo Cantoneras y publicado en CTXT (diciembre 2025).

3Se trata de un espacio pensado para chicos y hombres jóvenes donde hablar, compartir dudas, crear comunidad y pedir apoyo en diversos temas, como la sexualidad, las relaciones, la estética, etc.

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✇Rebelion

Diez años de Ni Una Menos, hora de “recomponer las redes”

Por: Ernesto

Chiara Páez tenía 14 años cuando el 10 de mayo de 2015 su novio la mató a golpes y la enterró en el patio de la casa de su abuelo, en Rufino, provincia de Santa Fe, Argentina. El asesinato de Chiara, embarazada de dos meses, empujó a las 20.000 personas del pueblo a manifestarse y pedir justicia. La asociación civil La Casa del Encuentro llevaba registrados 140 femicidios solo en los primeros meses de aquel año. Sus estadísticas también mostraban que entre 2008 y 2015 habían sido asesinadas 1808 mujeres en todo el país.

“¿No vamos a levantar la voz? Nos están matando”, tuiteó entonces la periodista Marcela Ojeda. Fue el germen de una marcha que comenzó a gestarse entre un grupo de comunicadoras, que convocó a manifestarse contra la violencia machista bajo la consigna “Ni Una Menos”.

Se eligió que fuera el 3 de junio, un miércoles, frente al Congreso de la Nación. “Si no marchamos juntas nos matan por separado”, decían los carteles. Aquella tarde hubo 150.000 personas en la plaza más céntrica de Buenos Aires, y miles más en otras cien plazas de todo el país. El reclamo principal: que se cumpliera la ley número 26.485 de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, sancionada en 2009.

Rodeada de una multitud estaba Verónica, la mamá de Chiara, y su tía, y su tío. Romina, la hermana mayor, había quedado en Rufino, donde las calles desbordaron de gente como nunca antes en la historia del pueblo.

“Hace diez años yo estaba muy encerrada en el dolor, en el enojo, pero el grito de Ni Una Menos fue algo muy importante en medio de los pensamientos. Fue muy emotivo escuchar el nombre de Chiara, y que además de acompañarnos a nosotros era un grito que nos unía a todos los que queríamos decir ¡basta! -recuerda Romina-. Me sentí muy atravesada, fueron tiempos muy difíciles. Pero también pudimos empatizar con el dolor de otros familiares que se nos acercaron y que habían atravesado situaciones similares, nos ayudó a reconvertir todo este dolor en lucha, y pensar que todo lo que había pasado con Chiara nos llevaba a una lucha en común. El primer Ni Una Menos fue una mezcla de sentimientos de dolor y esperanza”.

Luci Cavallero es socióloga e investigadora en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Tiene una maestría en Estudios Interdisciplinarios de la Subjetividad es docente en la Maestría de Géneros en la Universidad Nacional Tres de Febrero, coautora del libro Una lectura feminista de la deuda y forma parte del colectivo Ni Una Menos.

“Ni Una Menos nació como un grito colectivo para hacer visible un problema que no tenía visibilidad pública ni estaba tomado con la seriedad necesaria por las políticas públicas: los femicidios como expresión máxima de violencia por razones de género. Fue una manifestación que surgió en redes sociales y que después se transformó en un movimiento estructurado en asambleas y marchas y manifestaciones que fueron complejizando los diagnósticos de las violencias por razones de género”, explica.

Y sigue: “Ni Una Menos es un proceso de sensibilización de la sociedad quecambia los umbrales de tolerancia con respecto a las violencias, que produce desplazamientos subjetivos de las mujeres en todos los ámbitos, pero también transforma a los varones. Y más allá del proceso de destrucción que estamos atravesando en este momento, este proceso sigue presente y latente”.

La destrucción

Tras el MeToo mundial que generó una oleada de denuncias por acoso y abuso, en 2018 comenzó en Argentina el debate por el aborto legal, una discusión que puso al feminismo en primer plano. Y se sumaron las pibas. La marea verde fue la consecuencia de un trabajo de décadas, una marea en la que se encontraron abuelas, hijas y nietas que se unieron para exigir, y se hicieron escuchar. En 2019 se creó el Ministerio de Mujeres Géneros y Diversidad y en 2020, en medio de una epidemia mundial, se aprobó la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo.

Por entonces Javier Milei era un economista excéntrico que se paseaba por canales de televisión repartiendo frases rimbombantes y protagonizando shows bizarros, como golpear con un palo una maqueta del Ministerio de las Mujeres y prometer que cuando fuera presidente lo tiraría abajo. Fue lo primero que hizo al asumir, en diciembre de 2023.

El Gobierno autodenominado libertario pasó “el tema género” al Ministerio de Justicia. El funcionario al frente de la cartera, Mariano Cúneo Libarona, aseguró que “el género era un tema primordial”. Enseguida le tiraron de las orejas. Desde el propio área de comunicación del Ministerio salieron a decir que el Gobierno no iba a tener políticas de género: “La violencia no tiene género”, fue el mensaje.

Ante el anuncio del vaciamiento, la Comisión de Mujeres y Diversidad de la Cámara de Diputados citó al ministro Cúneo Libarona. El funcionario hizo una polémica presentación contra de la diversidad, negó la violencia contra las mujeres e insistió con las “denuncias falsas que hacen para vengarse”. Aseguró que “el género se acabó”, y que el eje sería “la familia tradicional y cristiana”. También dijo que rechazaban la diversidad de identidades sexuales que “no se alinean con la biología”. Sus dichos generaron masivos repudios, que incluyeron el pedido de juicio político y hasta su renuncia. El Gobierno lo respaldó.

El programa más importante del Ministerio de Mujeres fue Acompañar, que había asistido a 352.000 mujeres en situación de violencia de género. Se les dio, durante seis meses, un salario mínimo para lograr cierta autonomía económica que les permitiera salir de relaciones abusivas. Solo en la ciudad de Buenos Aires se realizan 10.000 denuncias anuales por violencia de género. Según la Corte Suprema de Justicia, hay un promedio de 250 femicidios por año en el país, que suman 2.500 en la última década, y que han dejado más de 3.000 niñas y niños huérfanos.

La provocación

El 8 de marzo de 2024, en el primer Día de la Mujer como gobierno, el Ejecutivo de Milei cambió el nombre al Salón de las Mujeres de la Casa Rosada y lo rebautizaron Salón de los Próceres. Sacaron las fotos de heroínas como Alicia Moreau de Justo, Alfonsina Storni, Juana Azurduy, Victoria Ocampo y Mercedes Sosa para reemplazarlas por cuadros de varones comoCarlos Menem y Julio Argentino Roca. El 8 de marzo de este año el Gobierno volvió a provocar a las mujeres: difundió un video en el que aseguraban que “solo en 2023 se gastaron en género cuatro billones de pesos, que superó al gasto en Defensa o Seguridad en ese año y fue diez veces superior al presupuesto del Poder Judicial”.

“El presupuesto del ex Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad fue mucho menor. En 2023 gastó $172.000 millones [de pesos]. Representó 0,21 por ciento del gasto total del Estado, muy por debajo de áreas como Defensa (3,38 por ciento) y Seguridad (2,2 por ciento)”, respondió el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA).

“El dinero se destinó a burocracia, oficinas de lujo y políticas simbólicas que no ayudaron a reducir la violencia”, decía también el video libertario. “Los fondos se usaron para programas muy concretos”, aseguraron desde ELA citando la Línea 144 de atención para víctimas, el programa Acompañar y los centros de protección de todo el país que daban refugio, asistencia legal y psicológica.

“Hemos conseguido bajar los homicidios aplicando una sola política: el que las hace, las paga. Fuimos en contra de todos los delincuentes, y las mujeres fueron las más beneficiadas”, asegura otro pasaje del video. La Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema asegura que solo en enero de 2025 la denuncias aumentaron un ocho por ciento con respecto al año anterior. En los primeros cuatro meses de 2025 hubo 96 víctimas de violencia de género.

A pocos días de un nuevo 3 de junio, el Gobierno ha salido con otra provocación: “Eliminamos 13 programas ideológicos creados por el kirchnerismo, que eran financiados por todos los argentinos. Entre ellos se encuentra el insólito ‘MenstruAR’”, escribió en sus redes el ministro Cúneo Libarona.

Y detalló: “Los 13 programas que eliminamos son: 1. Menstruar. 2. Promotoras y promotores territoriales de género y diversidad. 3. Fortalecimiento de las organizaciones sociales de género y diversidad. 4. Escuelas populares de formación en género y diversidad ‘Macachas y Remedios’. 5. Perspectiva de género e igualdad en la diversidad en el desarrollo rural ‘Sembrar Igualdad’. 6. Acceso a derechos para personas travestis, transexuales y transgénero. 7. Dispositivos territoriales de protección integral de personas en contexto de violencia por motivos de género. 8. Participación social y ciudadana en materia de género y diversidad. 9. Igualdad de géneros en el trabajo, el empleo y la producción ‘Igualar’. 10. Apoyo urgente y la asistencia integral inmediata ante casos de violencias extremas por motivos de género. 11. Capacitación en perspectiva de género y diversidad para el sector privado ‘Formar Igualdad’. 12. Producir. 13. Generar”.

“Eliminar este despilfarro le ahorrará 6.000 millones de pesos por año a los argentinos”, concluyó el funcionario. Varias organizaciones, entre ellas ELA y Amnistía Internacional, ha salido a cuestionarlo.

“La discusión sobre el margen para asistir a las víctimas de violencia no puede quedar desvinculada de las decisiones que un Estado puede adoptar para distribuir los recursos disponibles. Por ejemplo, si tomamos en cuenta los miles de millones de pesos que el Estado dejó de recaudar del impuesto a las ganancias a magistrados/as y funcionarios/as de los Poderes Judiciales nacional y provinciales (en 2023 esta exención fue de 285.728 millones de pesos en valores nominales), vemos que equivale a 4,2 veces lo que costó el programa Acompañar (67.755 millones de pesos, también en valores nominales)”, aseguraron desde la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ).

“La eliminación sin reemplazo vulnera obligaciones claras del Estado argentino en materia de derechos humanos, establecidas en tratados internacionales con jerarquía constitucional. También ignora las advertencias de organismos internacionales, que alertan que negar la violencia de género o desfinanciar las políticas que la abordan debilita seriamente la legitimidad institucional y la respuesta pública frente a una problemática de altísima importancia”, agregaron.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) publicó el Informe Anual 2024 sobre la situación de los derechos humanos en la región. Su análisis sobre Argentina es malo: “En cuanto a los derechos humanos de las mujeres, la reestructuración de la Administración Pública iniciada en diciembre 2023 ha afectado seriamente la institucionalidad y políticas de protección a sus derechos. En particular, tras la eliminación de la Subsecretaría de Protección Contra la Violencia de Género que concretó el cierre del Ministerio de Mujeres Géneros y Diversidad. Por primera vez en 40 años, el país no cuenta con un organismo rector encargado del diseño y ejecución de políticas dirigidas a prevenir y erradicar la violencia de género”.

La resistencia

“El Gobierno libertario está desarrollando actualmente un ataque sistemático sobre los derechos de las mujeres en nuestro país, no solamente con el desmantelamiento de casi todas las medidas públicas con perspectivas de género que había en el Estado, sino también con discursos de odio. Se usan los cargos máximos del Estado Nacional para promover el odio, para desinhibir una violencia social sobre determinadas poblaciones, entre ellas las mujeres, la población LGBTIQ+. Por otro lado, tiene una política de ajuste muy fuerte que provoca una precarización acelerada en la vida de las mujeres, que tienen muchísimas menos oportunidades para salir de las violencias, con salarios congelados, subsidios y programas sociales eliminados”, asegura Cavallero.

Y concluye: “Nuestro trabajo ahora es recomponer las redes, apostar a las tramas colectivas, la recomposición del tejido social, la prevención de la violencia entre pares y seguir sosteniendo los procesos de organización y movilización”.

A Romina aún se le quiebra la voz al hablar de su hermana: “Hoy en día, a diez años, recuerdo a Chiara con el mismo amor y más, y a veces me agarra el mismo dolor y la misma rabia. Hemos avanzado en varias cosas y tenemos más leyes, aunque ahora vivimos tiempos muy complejos, especialmente las mujeres. Todavía sigue habiendo muertes, pibas desaparecidas, madres que buscan justicia, pero hay que enfocarse en la fuerza de organizarnos, de luchar, que no se ha detenido y que no haya vuelta atrás, que no haya retroceso de los derechos. Lo que falta conseguir lo vamos a conseguir entre todas más allá de las diferencias. Y hoy más que nunca mi hermana Chiara va a estar presente en cada lucha, en cada movilización y en cada una de nosotras”.


Fuente: https://www.pikaramagazine.com/2025/06/diez-anos-de-ni-una-menos-hora-de-recomponer-las-redes/

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