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‘Rechistando’, el festival andaluz que busca el relevo generacional con otra forma de hacer las cosas

Por: La Marea

«No aceptamos la inercia de un mundo agotado. Hay otra forma de hacer las cosas y la vamos a demostrar». Con esta contundencia se presenta Rechistando, un festival andaluz de la economía social y solidaria que persigue activar el relevo generacional, financiando de forma digna a sus artistas y equipo. «Rechistamos contra la inercia de precarizar a los creadores o exigir horas gratis a los equipos motores. No podemos sensibilizar sobre otra economía reproduciendo las lógicas del sistema que criticamos», avisan. En ese contexto, la organización apura estos días la campaña de crowdfunding en Goteo, donde ha logrado ya la cantidad óptima, más de 6.300 euros.

El evento, que se celebrará el próximo mes de octubre en Osuna (Sevilla), incide en el liderazgo y potencial del sur: «Un evento dinámico y abierto, donde hacer muchas conexiones con personas diversas y situado en el territorio, construido juntamente con el pueblo, desde y para el sur«. No obstante, está abierto también para cualquier persona a la que le guste la idea y «tenga ganas de disfrutar y aportar a esta experiencia de diversión y transformación».

El motor, diseño y gestión del festival recaen en las organizadoras de la Escuela Andaluza de Activismo Económico: Escuela de Economía SocialFiare Banca ÉticaTEAR CooperativaHuerto AlegreREFASIDEAS Comercio JustoSom EnergiaTraperos de Emaús HuelvaAutonomía Sur y Megara Energía. Y suman, además, el soporte de las colaboradoras: FAECTAAyuntamiento de OsunaCoop57-AndalucíaRadiópolisProdiversa y REAS Andalucía. «Co-creamos desde el apoyo mutuo para ofrecer herramientas reales donde la juventud sea la verdadera protagonista del mañana», destacan.

«No es –avisan– el típico congreso de ponencias donde estar escuchando durante horas. No es un festival de música al uso (aunque habrá música y conciertos). No son unas jornadas formativas (aunque habrá espacios de aprendizaje). No es un evento con un programa súper cerrado (aunque habrá una agenda donde las personas participantes puedan elegir a qué unirse y a qué no)». Es, según insisten, «un lugar para jóvenes que tengan interés y curiosidad por conocer una economía y forma de trabajo alternativa: alineada con sus valores, desde donde puedan tomar decisiones, así como contribuir a la lucha por un mundo más justo».

Para conectar con los códigos, el dinamismo y la energía de este colectivo, el evento desplegará tres escenarios simultáneos. «Rompemos las estructuras rígidas para que nuestras delegaciones, colectivos y participantes elijamos nuestro propio itinerario de saberes y disfrute», dicen. Así, por un lado estará el Ágora (Pensamiento y Debate): «Mesas redondas para la reflexión profunda donde rechistamos colectivamente contra la deriva global, abriendo el espacio central a la palabra sin filtros de nuestro Ágora Juvenil».

También habrá Aulas (Acción e Interactividad): «El espacio más práctico y transformador, donde compartiremos con la juventud herramientas técnicas aplicadas sobre finanzas éticas, vivienda cooperativa, energías limpias y educación ambiental. Demostramos que hay alternativas tangibles listas para ser relevadas». Y un Jardín (Ocio Relacional y Respiro): «El pulmón del encuentro. Un espacio diseñado para nuestro networking permanente, la cultura local, la música y una gran experiencia lúdica compartida para romper distancias mediante el juego: el Escape Room de la economía social».

El 100% de los fondos financiará directamente los cachés artísticos, infraestructura técnica y la retribución digna de las horas de diseño del grupo promotor: «Apoyar esta campaña es un acto de compromiso político para ofrecer un horizonte justo y con futuro a las nuevas generaciones siempre con los valores de la Economía Social y Solidaria», concluyen.

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Rafa Burgos: “La Caixa es una institución sistémica, forma parte del sistema y lo sostiene”

Por: Guillem Pujol

Pocas instituciones han marcado tanto la historia económica y política de Catalunya como La Caixa. Nacida en 1904 como una caja de pensiones destinada a ofrecer protección a los trabajadores en un contexto de intensa conflictividad social, la entidad ha evolucionado hasta convertirse en uno de los principales centros de poder del país. Su influencia trasciende desde hace décadas el negocio bancario y alcanza ámbitos tan diversos como la vivienda, la cultura, la investigación, la educación, los medios de comunicación o la política económica.

Ese recorrido es el objeto de «La Caixa». Una història mai no explicada (Editorial Pol·len), (“La Caixa». Una historia nunca contada), el último libro del periodista e historiador Rafa Burgos. Tras más de cuatro años de investigación, un extenso trabajo en archivos y decenas de entrevistas con antiguos directivos, trabajadores, historiadores, sindicalistas y especialistas, Burgos reconstruye la trayectoria de una institución cuya historia se entrelaza con la de las élites económicas catalanas y españolas.

Lejos de presentar una simple cronología empresarial, el autor plantea una tesis ambiciosa. Sostiene que La Caixa constituye una institución sistémica, capaz de proyectar influencia sobre la economía, la política, la cultura y buena parte del tejido social gracias a una compleja red de relaciones construida durante más de un siglo. El libro aborda episodios poco conocidos de esa historia, desde sus vínculos fundacionales con la monarquía hasta el papel desempeñado durante el Procés, pasando por las participaciones preferentes, la vivienda o la internacionalización del grupo –entre muchos otros–. Más de cien años recompilados en una obra monumental que rastrea, como nunca se ha hecho antes, los entresijos de una de las organizaciones más poderosas del país.

El libro es el resultado de más de cuatro años de investigación. ¿Cómo surge un proyecto de estas dimensiones

Todo empezó casi como un desafío personal y editorial. Yo ya había publicado con Editorial Base otros libros de investigación sobre los grupos de poder de Barcelona y, una y otra vez, aparecía La Caixa de forma directa o indirecta. Nos preguntamos cómo era posible que no existiera una historia crítica de una institución tan determinante para Catalunya y decidimos intentarlo.

Al principio pensábamos que serían un par de años de trabajo. Al final han sido más de cuatro y podrían haber sido muchos más, porque una investigación así nunca termina del todo. Llega un momento en que simplemente tienes que decidir cerrar el libro.

Mi formación como historiador me ayudó mucho en la parte documental. Consulté archivos muy distintos, desde el Archivo Histórico de La Caixa hasta el Hospital de Sant Pau, la Biblioteca de Catalunya o archivos municipales. Lo sorprendente es que, tratándose de una institución con más de un siglo de historia, siempre acabas encontrando documentación relacionada con ella.

Las entrevistas también fueron creciendo casi de forma natural. Una fuente te remite a otra, alguien te recomienda hablar con quien conoce un episodio concreto o con quien participó en un conflicto determinado. Poco a poco vas reconstruyendo una red de relaciones muy amplia que permite entender la dimensión real de la institución.

Sitúas el nacimiento de La Caixa en un contexto de fuerte conflictividad social. ¿Hasta qué punto ese origen explica la función que desempeñó la entidad?

A finales del siglo XIX y principios del XX la situación de la clase trabajadora era muy complicada, especialmente en Catalunya, donde la industrialización había generado enormes desigualdades. Las condiciones laborales eran muy duras y comenzaron a desarrollarse formas de organización obrera que desembocaron en huelgas, movilizaciones y también en episodios de violencia.

El atentado del Liceu de 1893 marcó profundamente a la burguesía catalana. A partir de entonces empezó a instalarse la idea de que era necesario introducir algún mecanismo que amortiguara el conflicto social. No solo había una preocupación por mejorar determinadas condiciones de vida, sino también por evitar que la tensión siguiera creciendo.

En ese contexto cobra especial importancia la huelga de 1902, que hoy ha quedado bastante olvidada porque conocemos mucho más La Canadiense o la Semana Trágica. Sin embargo, aquella huelga supuso una auténtica señal de alarma para las élites económicas.

La idea de crear una caja de pensiones para la vejez, inspirada en experiencias que ya existían en Alemania, respondía precisamente a esa preocupación. Francesc Moragas llevaba tiempo trabajando en ese proyecto y consiguió sumar a buena parte de las grandes instituciones económicas catalanas.

También explicas que la monarquía fue decisiva en la fundación de la entidad.

Sí. El mayor donativo para hacer viable el proyecto fue el de Alfonso XIII, que aportó 20.000 pesetas. Aquella contribución fue fundamental para que la Caja de Pensiones pudiera ponerse en marcha.

La fundación también contó con el apoyo de instituciones como el Foment del Treball, la Cámara de Comercio, el Ateneu Barcelonès o el Institut Agrícola Català de Sant Isidre. Desde el principio encontramos esa alianza entre las principales organizaciones económicas del país y la nueva entidad.

Siempre ha existido además un tándem muy significativo entre la presidencia y la dirección general. Francesc Moragas asumió la dirección, mientras que la presidencia recayó en Lluís Ferrer-Vidal, que era al mismo tiempo presidente del Foment del Treball. Esa conexión entre el mundo empresarial y la Caja aparece ya desde su nacimiento.

¿Hasta qué punto esa relación inicial con la Corona ha dejado una huella duradera?

Creo que sí existe una continuidad. Evidentemente, quienes conocen esa historia son conscientes del papel que desempeñó la monarquía en el origen de la entidad.

Pero más allá de ese episodio fundacional, La Caixa ha mantenido históricamente una relación muy estrecha con la Corona. Josep Vilarasau, por ejemplo, era una persona muy cercana a la institución monárquica y durante muchos años el rey desempeñó también un importante papel como facilitador de relaciones internacionales para numerosas empresas del IBEX.

Todo eso encaja con la tesis principal del libro. Yo intento demostrar que La Caixa es una institución sistémica. Forma parte del sistema y contribuye a sostenerlo. Y dentro de ese sistema la monarquía también constituye una pieza fundamental.

Dedicas algunas páginas a una posible relación entre la entidad y el 23-F, aunque insistes en que las pruebas son limitadas.

Era un tema delicado porque encontrar documentación resulta muy difícil. Si hubiera existido algún tipo de participación económica, es lógico pensar que apenas habrían quedado rastros documentales.

Encontré el testimonio de un antiguo trabajador de La Caixa que estaba convencido de que había existido apoyo económico al golpe porque así se lo habían transmitido determinadas fuentes. A partir de ahí entrevisté a otros historiadores y periodistas especializados para contrastar esa información.

Ninguno pudo confirmarla. Tampoco la desmintieron de forma categórica, simplemente señalaron que no disponían de pruebas que permitieran sostener esa hipótesis.

Sí encontré otro testimonio relevante de una persona vinculada al archivo histórico de La Caixa que recordaba una reunión celebrada después del mensaje televisado del rey para expresar el apoyo de la entidad al sistema democrático. Ese episodio sí aparece respaldado por varios testimonios.

Por eso en el libro dejo muy clara la diferencia entre aquello que puede documentarse y aquello que únicamente aparece en forma de testimonio oral. No quería convertir una hipótesis en una afirmación.

Uno de los capítulos más interesantes aborda el Procés y la salida de la sede social de La Caixa de Catalunya. Planteas que la llegada de Carles Puigdemont alteró la relación habitual entre el poder político y el económico.

Sí. Puigdemont no pertenecía a los círculos tradicionales del poder económico catalán de la misma forma que otros dirigentes de la ya antigua Convergència i Unió. Había llegado a la presidencia desde Girona y muchas de esas relaciones todavía no estaban consolidadas.

Artur Mas sí intentó facilitar algunos contactos con las principales instituciones económicas y empresariales. Entre ellas hubo una reunión con Isidre Fainé en la Casa dels Canonges, donde mantuvieron una conversación bastante conocida sobre el futuro político de Catalunya.

Aquellos meses fueron muy tensos. En La Caixa existía una enorme preocupación por la retirada de depósitos y por la incertidumbre que afectaba tanto a la propia entidad como al Banco Sabadell. Algunas fuentes me explicaron incluso el malestar que provocó ver a trabajadores del banco participando en las movilizaciones posteriores al 1 de octubre.

El traslado de la sede respondió a esa situación de incertidumbre y también fue posible gracias a la modificación legal impulsada por el Gobierno de Mariano Rajoy, que permitió realizar el cambio sin necesidad de convocar al consejo de administración.

¿Qué consecuencias tuvo esa decisión?

Tuvo un impacto importante sobre la imagen de la entidad en Catalunya. Muchos clientes interpretaron el cambio de sede como una ruptura simbólica, aunque desde el punto de vista empresarial hay que recordar que el negocio principal de La Caixa hacía tiempo que había dejado de concentrarse en Catalunya. Es una situación parecida a la del Banco Santander respecto a Cantabria o incluso al conjunto de España: son entidades cuya dimensión ya es plenamente estatal e internacional.

Uno de los capítulos más actuales del libro es el dedicado a la vivienda. Se habla mucho de Blackstone, pero bastante menos de La Caixa, pese a que durante años ha sido el mayor propietario de vivienda del Estado.

Esa fue una de las cuestiones que más me llamó la atención durante la investigación. Existe un enorme foco sobre los grandes fondos internacionales, mientras que se habla mucho menos de un actor que durante años ha tenido un peso incluso mayor en el mercado residencial.

Además, el libro está inevitablemente marcado por el momento en el que se escribe. La vivienda se ha convertido en una de las principales preocupaciones sociales y eso también se refleja en las entrevistas que realicé. Hablé con personas afectadas, con el Sindicato de Inquilinas, con la PAH y con otros colectivos que llevan años denunciando esta situación.

Una de las conclusiones que aparece repetidamente es que una de las cuestiones que más preocupa a una institución como La Caixa es el riesgo reputacional. La imagen pública continúa siendo un activo muy importante.

En Catalunya eso se vio con la campaña Destapemos La Caixa y con las movilizaciones relacionadas con la huelga de alquileres. Finalmente, la Generalitat acabó adquiriendo parte de aquellas promociones a través del Incasòl. La entidad sigue teniendo un importante patrimonio inmobiliario, pero ha ido reduciendo su exposición a la vivienda protegida y orientando una parte de sus inversiones hacia otros activos, especialmente oficinas.

La Caixa suele reaccionar con mayor rapidez cuando existe presión pública que les señala…

Esa percepción apareció en varias entrevistas. Tanto los sindicatos de inquilinos como personas vinculadas a la propia entidad coincidían en que La Caixa presta mucha atención a la dimensión reputacional de los conflictos.

No significa necesariamente que actúe de forma distinta en el resultado final, pero sí en las formas. Algunas personas que trabajan desde hace años en campañas sobre banca armada o vivienda me explicaban que el trato suele ser más dialogante que el de otras entidades. Hay una voluntad de escuchar, de reunirse y de intentar reducir el impacto público del conflicto.

Probablemente esa forma de actuar tiene relación con el pasado como caja de ahorros y con el peso histórico de la obra social dentro de la identidad corporativa. Esa imagen sigue siendo importante para la institución.

En el libro también abordas la internacionalización del grupo: Solemos pensar en La Caixa como una entidad profundamente vinculada a Catalunya, pero hace mucho tiempo que dejó de jugar únicamente en ese ámbito.

Sí. La internacionalización no es algo reciente. La entidad llegó a tener oficinas en Andorra o Mónaco y desde hace décadas desarrolla una estrategia orientada a la gestión de grandes patrimonios. Como otros grandes bancos, apostó por la banca privada y por diversificar sus inversiones fuera de España.

Si observamos la estructura actual, vemos que la Fundación ”la Caixa” se sitúa en la cúspide del grupo a través de Criteria Caixa. Desde ahí participa tanto en CaixaBank como en grandes empresas del IBEX 35 y en entidades financieras internacionales, como el banco mexicano Inbursa o el Bank of East Asia. Esa presencia exterior forma parte de una estrategia que comenzó hace muchos años.

También explicas cómo funcionaban algunos mecanismos financieros muy controvertidos, como las participaciones preferentes.

Las preferentes suelen asociarse exclusivamente a la banca, pero también fueron emitidas por otras grandes compañías. Lo importante es entender que eran productos que operaban dentro de un marco legal y con el conocimiento de los organismos supervisores.

En muchos casos esas emisiones se realizaban a través de sociedades radicadas en las Islas Caimán. Todo eso era conocido tanto por la CNMV como por el Banco de España. Después de la crisis financiera existía un interés evidente en reforzar el capital de las entidades y muchas prácticas que hoy generan un enorme rechazo fueron toleradas porque contribuían a ese objetivo. El caso de Bankia fue probablemente el más conocido, aunque no el único.

Esa explicación conecta con una idea que atraviesa todo el libro: muchas veces imaginamos el poder económico como una realidad completamente opaca, cuando en realidad buena parte de sus mecanismos son perfectamente legales.

Exactamente. Hay prácticas que pueden resultar moralmente muy discutibles y, sin embargo, ajustarse plenamente a la legislación vigente.

Ocurre con determinadas fórmulas de optimización fiscal, con las SICAV o con otros instrumentos financieros. Hace un tiempo publiqué un reportaje titulado Barcelona, paraíso fiscal, donde intentaba mostrar precisamente eso. Muchas veces pensamos en las Islas Caimán o en Panamá, pero dentro de nuestras propias economías existen tratamientos fiscales diferenciados, zonas francas o regímenes especiales que responden a decisiones políticas perfectamente legales.

Al final, el poder económico no siempre necesita actuar en la clandestinidad. Con frecuencia opera a través de normas aprobadas por los propios Estados.

Después de cuatro años investigando, uno termina el libro con la impresión de que el poder económico acaba condicionando al resto de poderes. ¿Fue también esa tu conclusión?

Siempre existe el riesgo de que un investigador acabe viendo su objeto de estudio en todas partes. A veces bromeo con ese «síndrome de Estocolmo» que hace que, cuando llevas años investigando un tema, parezca que todo gira alrededor de él.

Pero, sinceramente, creo que en el caso de La Caixa esa sensación responde a una realidad bastante objetiva. Lo que hace singular a esta institución es que concentra formas de influencia muy distintas.

Está el poder económico, por supuesto, pero también el político, porque mantiene una interlocución permanente con gobiernos e instituciones. Existe igualmente una dimensión religiosa. Isidre Fainé pertenece al Opus Dei como supernumerario y esa es otra pieza que ayuda a entender determinadas redes de relación.

También encontramos una enorme capacidad de influencia en los medios de comunicación. No hace falta ser propietario de un periódico para tener peso dentro del ecosistema mediático. La publicidad, las relaciones históricas con los grandes grupos de comunicación o la concesión de financiación generan vínculos muy estrechos.

A eso hay que añadir la cultura, la investigación, la educación, el tercer sector o los programas de becas. La Fundación ”la Caixa” tiene una presencia enorme en todos esos ámbitos. Es una forma de soft power extraordinariamente eficaz.

Por eso sostengo que estamos ante una institución muy singular. No solo por su dimensión financiera, sino porque ha conseguido estar presente en casi todos los espacios relevantes de la sociedad. Muy pocas organizaciones reúnen una capacidad de influencia tan transversal.

Actualización 27/07/2026

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Argentina solicita una dispensa al FMI tras incumplir por primera vez una meta fiscal

Por: M. Quílez

El Gobierno argentino deberá solicitar formalmente una dispensa al Fondo Monetario Internacional (FMI) tras incumplir por primera vez una meta fiscal en el marco de su programa vigente con el organismo, según confirmaron fuentes oficiales este jueves. La petición de exención se produce en la misma semana en que la directora gerente del FMI tiene previsto visitar el país sudamericano, lo que añade presión a las negociaciones entre ambas partes.

El incumplimiento de la meta fiscal supone un hito negativo para el programa económico argentino, que hasta ahora había logrado cumplir los objetivos trimestrales pactados con el Fondo. Según los términos del acuerdo, la solicitud de dispensa es un paso obligatorio cuando se produce una desviación, y su aprobación por parte del directorio del FMI no está garantizada automáticamente.

Fuentes del Ministerio de Economía argentino señalaron que el Ejecutivo ya ha iniciado los trámites formales para presentar la solicitud, acompañada de una justificación técnica de las causas del desvío. El gobierno confía en que la visita de la directora gerente del FMI permita avanzar en las conversaciones y allanar el camino para la concesión de la dispensa. No obstante, el organismo podría exigir medidas correctivas adicionales para reencauzar el programa.

«Sin el ancla fiscal, este Gobierno no tendría la estabilidad financiera que está teniendo», declaró un experto a la agencia Sputnik, en referencia a la importancia de mantener la disciplina fiscal para sostener la confianza de los mercados y del propio FMI.

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El Banco Mundial advierte de que la escalada en Oriente Medio podría frenar la economía global

Por: F. Olázaran

El economista jefe del Banco Mundial, Indermit Gill, ha advertido este jueves de que la escalada del conflicto en Oriente Medio podría frenar el crecimiento de la economía mundial, disparar la inflación y aumentar la volatilidad en los mercados financieros. La advertencia llega en un momento de máxima tensión regional, con implicaciones directas para los precios energéticos y las cadenas de suministro globales.

Según el Banco Mundial, la intensificación de las hostilidades en la región amenaza con desestabilizar los mercados energéticos, lo que a su vez podría traducirse en un encarecimiento de los combustibles y un repunte de los costes de transporte. Este escenario, sumado a las interrupciones en las rutas comerciales, elevaría la inflación y presionaría al alza los tipos de interés en numerosas economías.

La institución financiera internacional, con sede en Washington, no ha ofrecido cifras concretas sobre el posible impacto, pero ha subrayado que el riesgo es significativo y que los efectos podrían sentirse a escala global. La advertencia coincide con reuniones de emergencia de varios gobiernos para evaluar el suministro energético y las cadenas de aprovisionamiento.

El conflicto en Oriente Medio, que se ha agravado en las últimas semanas, afecta a países como Israel, los territorios palestinos, Líbano y Siria, con implicaciones para el tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz y el canal de Suez. El Banco Mundial insta a los gobiernos a prepararse para escenarios de mayor inestabilidad y a coordinar políticas para mitigar los efectos sobre el crecimiento y el empleo.

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Argelia detiene a 39 personas e incauta 38.000 millones de dinares en una operación contra el blanqueo

Por: S. Bárcena

La Brigada de Investigación Criminal (BRI) argelina ha llevado a cabo una operación de gran envergadura contra el blanqueo de capitales, el contrabando y el tráfico de divisas en Argel, según informaron fuentes oficiales este jueves. En el marco del operativo, las autoridades han incautado 38.000 millones de dinares argelinos, equivalentes a unos 250-300 millones de euros, y han detenido a 39 personas.

La operación, desarrollada durante las últimas semanas en varios puntos de la capital, se enmarca en la estrategia del gobierno argelino para combatir la economía ilegal y cortar las vías de financiación de actividades ilícitas. Los registros se han centrado en locales comerciales, viviendas y almacenes donde se almacenaban las divisas y otros bienes.

Fuentes de la investigación señalaron que la red operaba mediante un entramado de cambistas ilegales y empresas pantalla que facilitaban la salida de moneda extranjera del país, así como la introducción de mercancías de contrabando. Las pesquisas han permitido identificar a los principales cabecillas, aunque parte de la organización sigue siendo buscada.

Las autoridades argelinas no han precisado si la red tenía conexiones internacionales, aunque se sabe que parte de los fondos incautados iban destinados a países vecinos y a plazas financieras del norte de África. La operación supone un golpe significativo a la economía sumergida en el país magrebí, donde el mercado paralelo de divisas alcanza volúmenes millonarios.

La incautación de estos fondos y las detenciones realizadas se producen en un contexto de refuerzo de los controles fronterizos y financieros por parte de Argelia, que busca reducir la dependencia del efectivo y fomentar el uso de canales bancarios formales. El caso ha sido remitido a la fiscalía especializada en delitos financieros.

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Bank Al-Maghrib presenta a Mohamed VI su informe anual, termómetro económico de la competencia marroquí con España

Por: D. Cañellas

El gobernador del banco central de Marruecos, Abdellatif Jouahri, ha presentado este lunes en el Palacio Real de Tétouan al rey Mohammed VI el informe anual sobre crecimiento sostenible e inclusivo de Bank Al-Maghrib correspondiente al ejercicio de 2025. La cita, que se produce el 22 de julio de 2026, adquiere relevancia estratégica por el papel de Marruecos como competidor directo de España en el norte de África y el Mediterráneo.

Un termómetro para la economía marroquí

El informe anual del banco central marroquí analiza la situación económica, monetaria y financiera del país, y constituye un indicador clave para evaluar la evolución de un socio y rival regional. En un momento en que Marruecos refuerza sus vínculos comerciales y de inversión con la Unión Europea y África, los datos que publique Bank Al-Maghrib serán seguidos de cerca por los analistas españoles, según fuentes del sector financiero.

La presentación ante el monarca subraya la importancia institucional que el reino otorga a la política monetaria y al desarrollo inclusivo. Jouahri, que ocupa el cargo de wali del banco central desde 2003, ha sido un actor clave en la modernización del sistema financiero marroquí y en la gestión de la inflación y las reservas de divisas.

Marruecos compite directamente con España en sectores como la agricultura, la automoción y la captación de inversión extranjera, especialmente tras la crisis diplomática de 2021 y la posterior normalización de relaciones. Cualquier señal de debilidad o fortaleza en la economía marroquí repercute en el posicionamiento de las empresas españolas en la región.

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Rafa Burgos: “La Caixa es una institución sistémica, forma parte del sistema y lo sostiene”

Por: Guillem Pujol

Pocas instituciones han marcado tanto la historia económica y política de Catalunya como La Caixa. Nacida en 1904 como una caja de pensiones destinada a ofrecer protección a los trabajadores en un contexto de intensa conflictividad social, la entidad ha evolucionado hasta convertirse en uno de los principales centros de poder del país. Su influencia trasciende desde hace décadas el negocio bancario y alcanza ámbitos tan diversos como la vivienda, la cultura, la investigación, la educación, los medios de comunicación o la política económica.

Ese recorrido es el objeto de «La Caixa». Una història mai no explicada (Editorial Pol·len), (“La Caixa». Una historia nunca contada), el último libro del periodista e historiador Rafa Burgos. Tras más de cuatro años de investigación, un extenso trabajo en archivos y decenas de entrevistas con antiguos directivos, trabajadores, historiadores, sindicalistas y especialistas, Burgos reconstruye la trayectoria de una institución cuya historia se entrelaza con la de las élites económicas catalanas y españolas.

Lejos de presentar una simple cronología empresarial, el autor plantea una tesis ambiciosa. Sostiene que La Caixa constituye una institución sistémica, capaz de proyectar influencia sobre la economía, la política, la cultura y buena parte del tejido social gracias a una compleja red de relaciones construida durante más de un siglo. El libro aborda episodios poco conocidos de esa historia, desde sus vínculos fundacionales con la monarquía hasta el papel desempeñado durante el Procés, pasando por las participaciones preferentes, la vivienda o la internacionalización del grupo –entre muchos otros–. Más de cien años recompilados en una obra monumental que rastrea, como nunca se ha hecho antes, los entresijos de una de las organizaciones más poderosas del país.

El libro es el resultado de más de cuatro años de investigación. ¿Cómo surge un proyecto de estas dimensiones?

Todo empezó casi como un desafío personal y editorial. Yo ya había publicado con Editorial Base otros libros de investigación sobre los grupos de poder de Barcelona y, una y otra vez, aparecía La Caixa de forma directa o indirecta. Nos preguntamos cómo era posible que no existiera una historia crítica de una institución tan determinante para Catalunya y decidimos intentarlo.

Al principio pensábamos que serían un par de años de trabajo. Al final han sido más de cuatro y podrían haber sido muchos más, porque una investigación así nunca termina del todo. Llega un momento en que simplemente tienes que decidir cerrar el libro.

Mi formación como historiador me ayudó mucho en la parte documental. Consulté archivos muy distintos, desde el Archivo Histórico de La Caixa hasta el Hospital de Sant Pau, la Biblioteca de Catalunya o archivos municipales. Lo sorprendente es que, tratándose de una institución con más de un siglo de historia, siempre acabas encontrando documentación relacionada con ella.

Las entrevistas también fueron creciendo casi de forma natural. Una fuente te remite a otra, alguien te recomienda hablar con quien conoce un episodio concreto o con quien participó en un conflicto determinado. Poco a poco vas reconstruyendo una red de relaciones muy amplia que permite entender la dimensión real de la institución.

Sitúas el nacimiento de La Caixa en un contexto de fuerte conflictividad social. ¿Hasta qué punto ese origen explica la función que desempeñó la entidad?

A finales del siglo XIX y principios del XX la situación de la clase trabajadora era muy complicada, especialmente en Catalunya, donde la industrialización había generado enormes desigualdades. Las condiciones laborales eran muy duras y comenzaron a desarrollarse formas de organización obrera que desembocaron en huelgas, movilizaciones y también en episodios de violencia.

El atentado del Liceu de 1893 marcó profundamente a la burguesía catalana. A partir de entonces empezó a instalarse la idea de que era necesario introducir algún mecanismo que amortiguara el conflicto social. No solo había una preocupación por mejorar determinadas condiciones de vida, sino también por evitar que la tensión siguiera creciendo.

En ese contexto cobra especial importancia la huelga de 1902, que hoy ha quedado bastante olvidada porque conocemos mucho más La Canadiense o la Semana Trágica. Sin embargo, aquella huelga supuso una auténtica señal de alarma para las élites económicas.

La idea de crear una caja de pensiones para la vejez, inspirada en experiencias que ya existían en Alemania, respondía precisamente a esa preocupación. Francesc Moragas llevaba tiempo trabajando en ese proyecto y consiguió sumar a buena parte de las grandes instituciones económicas catalanas.

También explicas que la monarquía fue decisiva en la fundación de la entidad.

Sí. El mayor donativo para hacer viable el proyecto fue el de Alfonso XIII, que aportó 20.000 pesetas. Aquella contribución fue fundamental para que la Caja de Pensiones pudiera ponerse en marcha.

La fundación también contó con el apoyo de instituciones como el Foment del Treball, la Cámara de Comercio, el Ateneu Barcelonès o el Institut Agrícola Català de Sant Isidre. Desde el principio encontramos esa alianza entre las principales organizaciones económicas del país y la nueva entidad.

Siempre ha existido además un tándem muy significativo entre la presidencia y la dirección general. Francesc Moragas asumió la dirección, mientras que la presidencia recayó en Lluís Ferrer-Vidal, que era al mismo tiempo presidente del Foment del Treball. Esa conexión entre el mundo empresarial y la Caja aparece ya desde su nacimiento.

¿Hasta qué punto esa relación inicial con la Corona ha dejado una huella duradera?

Creo que sí existe una continuidad. Evidentemente, quienes conocen esa historia son conscientes del papel que desempeñó la monarquía en el origen de la entidad.

Pero más allá de ese episodio fundacional, La Caixa ha mantenido históricamente una relación muy estrecha con la Corona. Josep Vilarasau, por ejemplo, era una persona muy cercana a la institución monárquica y durante muchos años el rey desempeñó también un importante papel como facilitador de relaciones internacionales para numerosas empresas del IBEX.

Todo eso encaja con la tesis principal del libro. Yo intento demostrar que La Caixa es una institución sistémica. Forma parte del sistema y contribuye a sostenerlo. Y dentro de ese sistema la monarquía también constituye una pieza fundamental.

Dedicas algunas páginas a una posible relación entre la entidad y el 23-F, aunque insistes en que las pruebas son limitadas.

Era un tema delicado porque encontrar documentación resulta muy difícil. Si hubiera existido algún tipo de participación económica, es lógico pensar que apenas habrían quedado rastros documentales.

Encontré el testimonio de un antiguo trabajador de La Caixa que estaba convencido de que había existido apoyo económico al golpe porque así se lo habían transmitido determinadas fuentes. A partir de ahí entrevisté a otros historiadores y periodistas especializados para contrastar esa información.

Ninguno pudo confirmarla. Tampoco la desmintieron de forma categórica, simplemente señalaron que no disponían de pruebas que permitieran sostener esa hipótesis.

Sí encontré otro testimonio relevante de una persona vinculada al archivo histórico de La Caixa que recordaba una reunión celebrada después del mensaje televisado del rey para expresar el apoyo de la entidad al sistema democrático. Ese episodio sí aparece respaldado por varios testimonios.

Por eso en el libro dejo muy clara la diferencia entre aquello que puede documentarse y aquello que únicamente aparece en forma de testimonio oral. No quería convertir una hipótesis en una afirmación.

Uno de los capítulos más interesantes aborda el Procés y la salida de la sede social de La Caixa de Catalunya. Planteas que la llegada de Carles Puigdemont alteró la relación habitual entre el poder político y el económico.

Sí. Puigdemont no pertenecía a los círculos tradicionales del poder económico catalán de la misma forma que otros dirigentes de la ya antigua Convergència i Unió. Había llegado a la presidencia desde Girona y muchas de esas relaciones todavía no estaban consolidadas.

Artur Mas sí intentó facilitar algunos contactos con las principales instituciones económicas y empresariales. Entre ellas hubo una reunión con Isidre Fainé en la Casa dels Canonges, donde mantuvieron una conversación bastante conocida sobre el futuro político de Catalunya.

Aquellos meses fueron muy tensos. En La Caixa existía una enorme preocupación por la retirada de depósitos y por la incertidumbre que afectaba tanto a la propia entidad como al Banco Sabadell. Algunas fuentes me explicaron incluso el malestar que provocó ver a trabajadores del banco participando en las movilizaciones posteriores al 1 de octubre.

El traslado de la sede respondió a esa situación de incertidumbre y también fue posible gracias a la modificación legal impulsada por el Gobierno de Mariano Rajoy, que permitió realizar el cambio sin necesidad de convocar al consejo de administración.

¿Qué consecuencias tuvo esa decisión?

Tuvo un impacto importante sobre la imagen de la entidad en Catalunya. Muchos clientes interpretaron el cambio de sede como una ruptura simbólica, aunque desde el punto de vista empresarial hay que recordar que el negocio principal de La Caixa hacía tiempo que había dejado de concentrarse en Catalunya. Es una situación parecida a la del Banco Santander respecto a Cantabria o incluso al conjunto de España: son entidades cuya dimensión ya es plenamente estatal e internacional.

Uno de los capítulos más actuales del libro es el dedicado a la vivienda. Se habla mucho de Blackstone, pero bastante menos de La Caixa, pese a que durante años ha sido el mayor propietario de vivienda del Estado.

Esa fue una de las cuestiones que más me llamó la atención durante la investigación. Existe un enorme foco sobre los grandes fondos internacionales, mientras que se habla mucho menos de un actor que durante años ha tenido un peso incluso mayor en el mercado residencial.

Además, el libro está inevitablemente marcado por el momento en el que se escribe. La vivienda se ha convertido en una de las principales preocupaciones sociales y eso también se refleja en las entrevistas que realicé. Hablé con personas afectadas, con el Sindicato de Inquilinas, con la PAH y con otros colectivos que llevan años denunciando esta situación.

Una de las conclusiones que aparece repetidamente es que una de las cuestiones que más preocupa a una institución como La Caixa es el riesgo reputacional. La imagen pública continúa siendo un activo muy importante.

En Catalunya eso se vio con la campaña Destapemos La Caixa y con las movilizaciones relacionadas con la huelga de alquileres. Finalmente, la Generalitat acabó adquiriendo parte de aquellas promociones a través del Incasòl. La entidad sigue teniendo un importante patrimonio inmobiliario, pero ha ido reduciendo su exposición a la vivienda protegida y orientando una parte de sus inversiones hacia otros activos, especialmente oficinas.

La Caixa suele reaccionar con mayor rapidez cuando existe presión pública que les señala…

Esa percepción apareció en varias entrevistas. Tanto los sindicatos de inquilinos como personas vinculadas a la propia entidad coincidían en que La Caixa presta mucha atención a la dimensión reputacional de los conflictos.

No significa necesariamente que actúe de forma distinta en el resultado final, pero sí en las formas. Algunas personas que trabajan desde hace años en campañas sobre banca armada o vivienda me explicaban que el trato suele ser más dialogante que el de otras entidades. Hay una voluntad de escuchar, de reunirse y de intentar reducir el impacto público del conflicto.

Probablemente esa forma de actuar tiene relación con el pasado como caja de ahorros y con el peso histórico de la obra social dentro de la identidad corporativa. Esa imagen sigue siendo importante para la institución.

En el libro también abordas la internacionalización del grupo: Solemos pensar en La Caixa como una entidad profundamente vinculada a Catalunya, pero hace mucho tiempo que dejó de jugar únicamente en ese ámbito.

Sí. La internacionalización no es algo reciente. La entidad llegó a tener oficinas en Andorra o Mónaco y desde hace décadas desarrolla una estrategia orientada a la gestión de grandes patrimonios. Como otros grandes bancos, apostó por la banca privada y por diversificar sus inversiones fuera de España.

Si observamos la estructura actual, vemos que la Fundación ”la Caixa” se sitúa en la cúspide del grupo a través de Criteria Caixa. Desde ahí participa tanto en CaixaBank como en grandes empresas del IBEX 35 y en entidades financieras internacionales, como el banco mexicano Inbursa o el Bank of East Asia. Esa presencia exterior forma parte de una estrategia que comenzó hace muchos años.

También explicas cómo funcionaban algunos mecanismos financieros muy controvertidos, como las participaciones preferentes.

Las preferentes suelen asociarse exclusivamente a la banca, pero también fueron emitidas por otras grandes compañías. Lo importante es entender que eran productos que operaban dentro de un marco legal y con el conocimiento de los organismos supervisores.

En muchos casos esas emisiones se realizaban a través de sociedades radicadas en las Islas Caimán. Todo eso era conocido tanto por la CNMV como por el Banco de España. Después de la crisis financiera existía un interés evidente en reforzar el capital de las entidades y muchas prácticas que hoy generan un enorme rechazo fueron toleradas porque contribuían a ese objetivo. El caso de Bankia fue probablemente el más conocido, aunque no el único.

Esa explicación conecta con una idea que atraviesa todo el libro: muchas veces imaginamos el poder económico como una realidad completamente opaca, cuando en realidad buena parte de sus mecanismos son perfectamente legales.

Exactamente. Hay prácticas que pueden resultar moralmente muy discutibles y, sin embargo, ajustarse plenamente a la legislación vigente.

Ocurre con determinadas fórmulas de optimización fiscal, con las SICAV o con otros instrumentos financieros. Hace un tiempo publiqué un reportaje titulado Barcelona, paraíso fiscal, donde intentaba mostrar precisamente eso. Muchas veces pensamos en las Islas Caimán o en Panamá, pero dentro de nuestras propias economías existen tratamientos fiscales diferenciados, zonas francas o regímenes especiales que responden a decisiones políticas perfectamente legales.

Al final, el poder económico no siempre necesita actuar en la clandestinidad. Con frecuencia opera a través de normas aprobadas por los propios Estados.

Después de cuatro años investigando, uno termina el libro con la impresión de que el poder económico acaba condicionando al resto de poderes. ¿Fue también esa tu conclusión?

Siempre existe el riesgo de que un investigador acabe viendo su objeto de estudio en todas partes. A veces bromeo con ese «síndrome de Estocolmo» que hace que, cuando llevas años investigando un tema, parezca que todo gira alrededor de él.

Pero, sinceramente, creo que en el caso de La Caixa esa sensación responde a una realidad bastante objetiva. Lo que hace singular a esta institución es que concentra formas de influencia muy distintas.

Está el poder económico, por supuesto, pero también el político, porque mantiene una interlocución permanente con gobiernos e instituciones. Existe igualmente una dimensión religiosa. Isidre Fainé pertenece al Opus Dei como supernumerario y esa es otra pieza que ayuda a entender determinadas redes de relación.

También encontramos una enorme capacidad de influencia en los medios de comunicación. No hace falta ser propietario de un periódico para tener peso dentro del ecosistema mediático. La publicidad, las relaciones históricas con los grandes grupos de comunicación o la concesión de financiación generan vínculos muy estrechos.

A eso hay que añadir la cultura, la investigación, la educación, el tercer sector o los programas de becas. La Fundación ”la Caixa” tiene una presencia enorme en todos esos ámbitos. Es una forma de soft power extraordinariamente eficaz.

Por eso sostengo que estamos ante una institución muy singular. No solo por su dimensión financiera, sino porque ha conseguido estar presente en casi todos los espacios relevantes de la sociedad. Muy pocas organizaciones reúnen una capacidad de influencia tan transversal.

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Grandes familias y capital nacional. ¿Quién está detrás de la industria cárnica en España?

Por: Laura Villadiego

Sam Hayward, Sophie Skevany, Francesca Cicculli y Paolo Riva contribuyeron a este reportaje, que ha sido publicado en La Marea-Climática, IRPI Media y AGtivist. 

Pocas manos y casi todas nacionales. La industria cárnica española se ha convertido en una de las más importantes del mundo a través de un modelo típicamente nacional en el que unas pocas empresas de capital español controlan buena parte de la cadena. Esta investigación ha identificado las principales empresas cárnicas en España, Italia y el Reino Unido para conocer su estructura financiera y determinar de quién depende esta industria que en nuestro país produjo casi 5 millones de toneladas de cerdo y casi 2 millones de toneladas de carne de ave en 2024.

La carne es en la actualidad el cuarto sector industrial más importante en España y el mayor dentro del sector agroalimentario, con una facturación de 41.337 millones de euros en 2024, según la Asociación Nacional de Industrias de la Carne de España (Anice). Y aunque esta cifra se refiere únicamente a la fase de procesamiento, el modelo español se caracteriza por una estrecha interrelación entre las granjas y las empresas transformadoras a través de un sistema de integración que ha sido la clave del meteórico crecimiento del sector y que ha permitido que su facturación se haya incrementado un 70% desde 2019.

Este crecimiento ha estado impulsado en gran medida por la expansión de los grandes grupos empresariales y por el aumento de la integración vertical en el sector, según ha constatado esta investigación. Los datos recopilados muestran que las cinco mayores empresas concentraron cerca del 30% de la facturación total en 2024 (12.170 millones de euros, el 29,4%), mientras que las diez primeras alcanzaron alrededor del 42% (17.220 millones de euros, el 41,6%). En la industria láctea, la concentración es incluso mayor: 5 empresas controlan el 48% del mercado. 

Todo empezó con Franco”, explica Javier Guzmán, director de Justicia Alimentaria, una organización que defiende el derecho a una alimentación saludable en España. Tras la Guerra Civil, el país atravesaba una situación de escasez alimentaria que llevó a la dictadura franquista a buscar aliados para desarrollar una industria cárnica propia. “En la década de 1950 se firman los acuerdos con Estados Unidos para importar sus excedentes de soja y empiezan a surgir en Catalunya las primeras concentraciones de producción cárnica”, señala. Poco después tomó forma el sistema de integración que hoy en día caracteriza al sector en España, mediante el cual las grandes empresas controlan prácticamente todas las fases de la producción y establecen contratos con pequeños ganaderos que les garantizan la cría de los animales.

El modelo surgió en las fábricas de piensos y se centró sobre todo en la industria porcina que entre los años 60 y 90 se vio muy afectada por la gripe porcina africana. Los frecuentes impagos del pienso por parte de los ganaderos llevaron a los fabricantes de alimentación animal a exigir como garantía los propios animales. De este modo fue tomando forma el modelo actual, en el que las empresas integradoras son propietarias del ganado, producen el pienso, gestionan la atención veterinaria y comercializan la carne, mientras que los ganaderos suelen aportar las instalaciones y la mano de obra, recibiendo una remuneración por animal engordado o por ciclo de producción.

Según datos de COAG, la integración supone en el porcino el 75% de la producción, mientras que sólo un 10% son ganaderos independientes. El 15% restante lo controlarían las cooperativas. “En la carne no tenemos opción a no estar integrados. Solo es posible para granjas muy pequeñas y producto de proximidad”, asegura Eloy Ureña, responsable del sector avícola en UAGA-COAG, otro ámbito en el que el modelo de integración también se ha vuelto mayoritario. Ganaderos consultados aseguran que una de las mayores dificultades para los pequeños productores es el acceso a puntos clave de la cadena, como los mataderos o la distribución, controlados por los grandes conglomerados. En la industria porcina, por ejemplo, sólo siete empresas controlan el 50% de los sacrificios a nivel nacional.

El modelo se ha replicado en cierta medida en otros países europeos, especialmente en Italia, donde la integración se ha consolidado sobre todo al calor de la expansión de la industria avícola. La concentración empresarial en el país presenta niveles similares a los de España según los datos recogidos: las cinco mayores empresas controlan alrededor del 30% del mercado y las diez primeras cerca del 40%, en un contexto, igualmente, de creciente concentración del sector. El Reino Unido, por su parte, muestra un grado de concentración aún mayor, con ocho empresas que controlan entre el 70% y el 85% del mercado y una presencia más destacada de capital extranjero.

Porque otra de las características del modelo español es su escasa apertura al capital extranjero. Entre las diez mayores empresas del sector, solo dos cuentan con participación foránea, y ambas operaciones se han producido en la última década. La más relevante fue la adquisición en 2015 de Campofrío, una de las marcas cárnicas más populares de España, por parte del grupo mexicano Sigma. Cuatro años después se incorporó a este reducido grupo el conglomerado italiano Pini, que impulsó la creación de Litera Meat y la puesta en marcha del matadero de Binéfar (Huesca), considerado el mayor de Europa para el sacrificio de cerdos.

Las familias al frente de la industria cárnica

El resto de manos que controlan la industria cárnica son españolas y, además, están concentradas en unas pocas familias, según la investigación realizada. A la cabeza se sitúa Vall Companys, un grupo familiar controlado por los cuatro hermanos Vall Esquerda, que, según Forbes, poseen la sexta mayor fortuna de Catalunya.

Como muchas otras compañías del sector, Vall Companys nació en la década de 1950 como una pequeña harinera que se adentró en el negocio de los piensos y comenzó a establecer contratos de integración con ganaderos de la zona. Desde entonces, el grupo ha experimentado un fuerte crecimiento: ha duplicado su facturación en apenas cinco años entre 2019 y 2024 y actualmente controla alrededor del 10% del mercado español.

El grupo Jorge, en tercer lugar en el ranking de mayores empresas cárnicas, está controlado por la familia Samper Rivas, heredera del fundador Tomás Samper Albal. En la década de 1940, Samper Rivas se convertiría en uno de los pioneros de la intermediación porcina en España, iniciando un negocio de compraventa de cerdos para venderlos posteriormente en los mercados locales. Sería su hijo, Fernando Samper Pinilla, quien expandiría el negocio, integrando la producción ganadera y, más adelante, mataderos y despiece. A finales de los años noventa entrarían en el negocio de las renovables y en 2011, el hermano mayor, Fernando Samper, fundaría Forestalia, una empresa energética que hoy está siendo investigada por presunta corrupción.

En cuarto lugar está la popular marca El Pozo, parte del Grupo Fuertes, controlado por la familia del mismo apellido. Considerada la familia más rica de Murcia, su imperio comenzó con una tienda de ultramarinos que en los años 50 empezó a elaborar también productos de matanza y que ahora tiene inversiones no sólo en la industria cárnica, sino también en el inmobiliario, en los aceites industriales e incluso un zoológico. El quinto puesto es para otro  negocio familiar: el Grupo Cañigueral, controlado también por la familia del mismo nombre. Incarlopsa, la proveedora de cerdo de Mercadona, está en sexto lugar, controlada por la familia Loriente Piqueras y con la producción concentrada en Castilla-La Mancha.

Entre las 10 mayores empresas cárnicas destacan dos por contar con modelos de propiedad diferentes: Corporación Alimentaria Guissona y Coren. La primera, segunda empresa cárnica de España por volumen de negocio, tiene su origen en una cooperativa que en los años noventa se transformó en sociedad limitada, incorporando a buena parte de los cooperativistas como socios. En la actualidad, su capital está repartido entre unas 5.000 personas. Coren, por su parte, mantiene una estructura cooperativa con una actividad especialmente concentrada en Galicia.

Sin embargo, estos modelos no han impedido una fuerte concentración del poder de decisión. En Guissona, el principal accionista es Jaume Alsina, que ha estado al frente de la compañía durante casi siete décadas y cuyo hijo, Ramón Alsina, acaba de sucederle en la presidencia. En Coren, la familia Gómez-Franqueira ha mantenido el control desde la fundación de la cooperativa en los años cincuenta por Eulogio Gómez-Franqueira.

La décima empresa del ranking, Olot Meats, también presenta un modelo de propiedad diferente, ya que pertenece al fondo de inversión Korga. Sin embargo, el fondo está en manos del empresario vasco Mikel Soraluze Zelaia.

Haciéndose grandes a través de adquisiciones

El sector se está concentrando y el número de empresas no deja de reducirse. Entre 2008 y 2025 desaparecieron cerca de 1.400 empresas, el 31,7% del total, de modo que en 2025 apenas quedaban 3.016, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Aunque algunas han cesado su actividad, muchas otras han sido absorbidas o adquiridas por grupos de mayor tamaño. Solo en los dos últimos años esta investigación ha identificado al menos 10 operaciones relevantes de compraventa empresarial, la mayoría protagonizadas por grandes compañías que han incorporado firmas más pequeñas.

La más activa ha sido Vall Companys, que desde 2025 ha participado en al menos cinco operaciones importantes. La mayor de ellas fue la adquisición en mayo de 2025 de Inga Food, una de las mayores integradoras de porcino de España, en una operación conjunta con Grupo Cañigueral e Incarlopsa. Además, en agosto de 2025, Vall Companys se hizo con agroalimentaria Chico, un grupo especializado en porcino. Ya este año, Vall Companys ha comprado un 40% del productor cerdo ibérico Julián Martín y un 20% de La Selva.

Aunque hasta ahora el sector avícola ha sido menos importante en la industria española, durante los últimos años buena parte de las operaciones se han centrado en él: está entrando más capital internacional. En abril de 2025, la propia Vall Companys amplió su capital hasta el 50,01% para tomar el control de Industria Avícola Sureña S.L. (INASUR), una integradora de carne de pollo en la que había entrado en 2020. Por su parte, Grupo Jorge compró Aragonesa de Piensos (Arpisa) en 2025, lo que supuso su entrada en el sector avícola. Además, la neerlandesa Plukon Food Group se ha convertido en el cuarto mayor productor de pollo en España al adquirir el 100% de la histórica compañía avícola Avimosa en mayo de 2026, tras haber integrado también al Grupo Avícola Hidalgo en enero de 2025.

Pero la operación más relevante fue la protagonizada por Uvesa, una de las principales productoras avícolas de España. Con un accionariado hasta entonces muy atomizado, varias compañías, entre ellas El Pozo, compitieron por hacerse con una participación de control. Finalmente, la ucraniana MHP logró adquirir el 92% del capital y tomar las riendas de la empresa.

Un futuro integrado

La creciente competitividad del sector apunta, según los expertos, a una mayor concentración de la producción. “Yo creo que se consolidará un modelo dual, con grandes explotaciones tremendamente intensivas y respaldadas por capital externo”, señala Isabel Bardají, catedrática de Economía y Política Agraria de la Universidad Politécnica de Madrid. “Y espero que siga existiendo una ganadería profesional de medianas explotaciones, no pequeñas y muy pequeñas, sino explotaciones medianas con capacidad para mantenerse en el mercado”, añade.

Para Toni Valero, portavoz de Agricultura de Sumar en el Congreso, esta evolución responde a cambios más profundos en las reglas del comercio internacional. “Los tratados de libre comercio han creado unas relaciones de poder en la cadena alimentaria en las que el agronegocio se está imponiendo y expandiendo, poniendo en riesgo un modelo de agricultura y ganadería familiar que durante décadas fue predominante”, afirma.

Las consecuencias de esta concentración no afectan únicamente a quienes producen. También tienen impacto sobre quienes consumen. “Cuando cada vez menos empresas controlan una parte mayor del mercado, los consumidores tienen menos margen de decisión porque disponen de menos alternativas reales”, explica Eduardo Montero, responsable de Alimentación de la Federación de Consumidores y Usuarios CECU. Además, la reducción del número de operadores refuerza la capacidad de las grandes compañías para influir sobre los precios, las condiciones de producción y la oferta disponible en los lineales, añade.

“Es el arquetipo de un sistema globalizado, industrializado, que no tiene nada que ver con la alimentación”, asegura Javier Guzmán. “Simplemente son grandes empresas que ganan mucho dinero, a base de unos impactos tremendos en medio ambiente, en deforestación, en explotación laboral, en desestructurar el territorio, y hacer desaparecer el tejido ganadero propio del país”. Para Guzmán, la única solución pasa por reestructurar el sector para “ordenar cuánta carne deberíamos producir”. Pero en esa reconversión, Guzmán no es optimista: “Lo que nos dice la experiencia es que acabarán quedando, todavía más, las más grandes”.  

Este artículo ha sido realizado gracias al apoyo de Journalismfund Europe.

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Los salarios bajos son el problema, no la solución

Por: Fernando Luengo

Si continúa y se intensifica el aumento de los precios –este es el escenario más probable– ganará relevancia el debate sobre las políticas a implementar para contener y revertir la deriva inflacionista. Aunque la misma nada tiene que ver con los salarios –cuyo avance en los últimos años ha sido, si acaso, muy moderado–, los defensores a ultranza de la austeridad salarial intentarán situarla en el centro de la discusión y de las políticas económicas a implementar. Por esa razón, conviene tener muy presente lo siguiente:

  1. Lo primero a retener es que cuando hablamos de las retribuciones de los trabajadores asalariados estamos poniendo sobre la mesa las condiciones de vida de una parte importante de la población cuya principal o única fuente de ingresos es la venta de su capacidad de trabajo en el mercado a cambio de un salario. Es importante considerar esta perspectiva porque no hacemos referencia a un precio como cualquier otro, ni a un mercado más, equivalente a otros espacios donde se compran y venden mercancías, sino a la existencia misma de los trabajadores. Por ello, en el debate sobre la fijación de los salarios es vital pensarlos en clave de derechos humanos, dignidad y democracia.

  2. En segundo lugar, hay que ser plenamente conscientes de que en el centro de las políticas de contención salarial se oculta una estrategia, cada vez más evidente, que no es otra que debilitar y deslegitimar a las izquierdas políticas y sindicales, cuya razón de ser, cuya legitimación debería residir precisamente en la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores.

  3. En tercer lugar, poner el foco de la lucha contra la inflación, del fortalecimiento de la competitividad de las empresas y, más en general, de la reestructuración de las economías en la presión salarial contribuye de manera decisiva a consolidar una cultura empresarial depredadora y conservadora, que, por cierto, cada vez está más extendida en el universo de los negocios. Esa cultura es un poderoso lastre a la hora de acometer la reestructuración de las economías en clave de equidad y sostenibilidad.

  4. En cuarto lugar, si tomamos como referencia un período amplio –por ejemplo, desde 2019 hasta la actualidad– podemos comprobar que la mayor parte de los trabajadores asalariados han perdido capacidad adquisitiva; esto es, los precios de los bienes y servicios que consumen han aumentado bastante más que sus retribuciones; en paralelo, los beneficios de las empresas, convertidos en dividendos para los accionistas e ingresos para las cúpulas empresariales, han aumentado de manera sustancial. El resultado de tan dispar evolución ha sido la intensificación de la desigualdad, seña de identidad del capitalismo realmente existente.

  5. En quinto lugar, considerar los salarios como una magnitud homogénea es un error de gran calado, pues presupone que el dato agregado ofrece información suficiente y relevante. Lo cierto, sin embargo, es que las disparidades distributivas (por factores que tienen que ver con el tipo de empresa, tamaño, sector y espacio en el que opera, la profundidad y alcance de la negociación colectiva, los niveles de cualificación…) en el colectivo que denominamos trabajadores asalariados son muy pronunciadas. De hecho, en este ámbito esas disparidades han aumentado con fuerza contribuyendo al aumento general de la desigualdad.

  6. En sexto lugar, la supuesta relación de causalidad entre costes laborales y precios y la derivada de esa premisa –la moderación de los salarios es la clave para contener la inflación–, cuando se pretende convertir en un principio general, debe ser asimismo cuestionada. En un buen número de empresas los costes laborales representan una parte relativamente reducida de los costes totales, siendo los no laborales –como el precio de los combustibles, las materias primas, la electricidad, los alquileres o los costes financieros– notablemente más relevantes. Desde esta perspectiva, situar la austeridad salarial en el centro de la política antiinflacionista es un error de planteamiento: lleva a implementar medidas con un marcado sesgo que, además, son ineficaces.

  7. En séptimo lugar, las estrategias competitivas sostenidas en la contención de los salarios –además de ser injustas, pues dejan intactos los beneficios empresariales– también se sostienen en un diagnóstico equivocado, pues presuponen, contra toda evidencia empírica, que la presencia en los mercados globales, en los más dinámicos especialmente, es mayor en el caso de los países de bajos salarios o de las empresas que practican políticas retributivas más estrictas.

  8. En octavo lugar, se ha convertido en uno de los mantras preferidos en el discurso conservador relacionar salarios e inflación, en el sentido de que la intensa creación de puestos de trabajo abre la puerta al crecimiento de las retribuciones de los trabajadores y, por esa vía, a la intensificación de las tensiones inflacionistas. Un planteamiento que, en mi opinión, también debe ser cuestionado. De hecho, el rápido aumento de la categoría de trabajadores pobres o su mantenimiento en niveles muy elevados nos presenta una realidad donde, como sucede en la economía española, los altos niveles de ocupación son compatibles con la generalización de los bajos salarios, a los que, en modo alguno, cabe responsabilizar de las tensiones inflacionistas.

  9. En noveno y último lugar, hay que ser conscientes, las izquierdas políticas y sindicales deberían serlo si se quieren reconocer como tales, de que la irrupción y ascenso del fascismo y de la extrema derecha tiene mucho que ver con la degradación de las condiciones salariales, que explicaría, al menos en parte, la importante base social con la que cuentan entre las clases trabajadoras.

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La IA no viene a liberarnos: viene a acumular más capital

Por: Guillem Pujol

En marzo de 2026, Anthropic –la empresa que fabrica el modelo de inteligencia artificial Claude– publicó un informe sobre el impacto de la IA en el mercado laboral. Sus autores, Maxim Massenkoff y Peter McCrory, introducen un nuevo indicador para medir el riesgo de desplazamiento laboral por IA al que llaman observed exposure, una métrica que cruza la capacidad teórica de los modelos de lenguaje con su uso real y automatizado en entornos profesionales.

Los números son reveladores en su frialdad, aunque a estas alturas ya no sorprenderán demasiado: los programadores informáticos encabezan la lista de ocupaciones más expuestas, con un 74,5% de cobertura automatizable. Les siguen los representantes de atención al cliente (70,1%), los técnicos de entrada de datos (67,1%), los especialistas en registros médicos (66,7%) y los analistas de mercado (64,8%). La Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos proyecta, además, que las ocupaciones con mayor exposición observada crecerán menos de aquí a 2034: por cada 10 puntos porcentuales de incremento en la cobertura IA, la proyección de crecimiento del empleo cae 0,6 puntos. Es una pendiente modesta en los decimales, pero inequívoca en la dirección.

El informe también detecta algo que todavía no aparece en las estadísticas de desempleo pero que lo precede: la contratación de jóvenes entre 22 y 25 años en los sectores más expuestos ha caído un 14% en el período post-ChatGPT. Los trabajadores de mayor edad permanecen en sus puestos; los jóvenes, sencillamente, ya no entran. La máquina no expulsa todavía de forma masiva; por ahora, cierra el acceso a quienes aún no han llegado.

Conviene señalar, antes de seguir, algo que ningún modelo econométrico puede capturar: el informe lo publica la misma empresa que construye la herramienta que desplaza los empleos. El capital tecnológico se ha arrogado también la función de diagnóstico, y eso delimita de antemano qué puede ser visto, pensado y, sobre todo, propuesto como solución. El informe mide la exposición al riesgo, pero la pregunta que no formula –a quién va a parar la productividad ganada– la responden los mercados cada trimestre con resultados récord.

La promesa incumplida de la abundancia

En 1930, en plena resaca del crack de Wall Street, John Maynard Keynes publicó un ensayo llamado Economic Possibilities for our Grandchildren en el que imaginó que hacia el año 2030 el progreso tecnológico habría resuelto el problema económico de la humanidad. Su predicción era que por aquel entonces (dentro de cuatro años), la humanidad disfrutaría de una jornada laboral de 15horas semanales, y el resto del tiempo podría ser dedicado al ocio, a la cultura, a lo que a cada cual le diera la gana. Keynes no era un revolucionario ni un utopista de izquierdas; era el economista más influyente de su siglo, y su argumento era puramente aritmético. Si la productividad crece lo suficiente, llega un momento en que las máquinas hacen el trabajo y los seres humanos pueden hacer otra cosa.

Paul Lafargue había llegado a una conclusión similar cincuenta años antes, en El derecho a la pereza (1880), aunque con una carga política que Keynes no compartía: si las máquinas producen más, los seres humanos deberían trabajar menos, y el hecho de que eso no ocurra dice algo sobre quién controla las máquinas, no sobre las máquinas en sí.

Marx lo había formulado en términos más radicales todavía, en los Manuscritos económico-filosóficos de 1844, al describir el trabajo como la forma fundamental de alienación del ser humano bajo el capitalismo. En ese texto, el trabajo se convierte en algo externo al trabajador, en una actividad que no le pertenece y que le arrebata la energía vital para convertirla en mercancía. La tecnología, en este esquema, debería representar la posibilidad histórica de revertir esa alienación: si las máquinas hacen el trabajo, los seres humanos podrían recuperar el tiempo para desarrollarse como tales.

Tres pensadores, tres tradiciones intelectuales distintas, la misma conclusión de fondo…pero lo que estamos viviendo en este momento es exactamente lo contrario de lo que los tres anticiparon. El aumento de productividad que trae la IA no está reduciendo la jornada laboral, ni garantizando una renta de subsistencia a quienes quedan desplazados, ni, por supuesto, financiando sistemas públicos más robustos. Está concentrando el excedente en manos de un número cada vez más reducido de propietarios de infraestructura digital, mientras los trabajadores desplazados navegan solos un mercado que ya no los necesita con la misma urgencia de antes.

La cuestión de fondo, sin embargo, no es que la IA destruya empleos netos, sino que los beneficios extraordinarios separan cada vez a aquellos que necesitan “matarse” a trabajar (a veces se trata de un matarse literal) ante una minoría ultrarrica con un poder económico superior al PIB de varios Estados del mundo.

De alguna manera la ola neoliberal que comenzó en las postrimerías de la primera mitad del siglo XX, ha encontrado en la IA su argumento más poderoso: la inevitabilidad. Si los mercados son eficientes y la tecnología es neutral, cualquier perturbación laboral es simplemente el precio del progreso, y quien no se adapte habrá elegido, en el fondo, su propio destino.

Lo que sería posible si hubiera voluntad política

No existe ninguna razón técnica por la que el aumento de productividad derivado de la IA no pueda distribuirse. Las propuestas son muchas. La renta básica universal, por ejemplo, ofrece un mecanismo: si las máquinas generan riqueza, que esa riqueza financie la vida de quienes las máquinas han desplazado. Una demanda que, lejos de ser una excentricidad de la izquierda, tiene defensores en tradiciones políticas muy diversas, precisamente porque la lógica que la sustenta es difícil de rebatir sin apelar directamente a los intereses de quienes acumulan.

Porque lo que sigue ocurriendo –y lo que el debate técnico sobre la IA sistemáticamente oscurece con sus métricas de cobertura y sus proyecciones de crecimiento sectorial– es que el aumento de la productividad no está sirviendo para liberarnos del trabajo, sino para concentrar la riqueza de muchos en manos de muy pocos. Keynes lo habría reconocido con perplejidad. Lafargue, con rabia. Y Marx, con la amarga satisfacción de quien ya lo habría anticipado.

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La vivienda como lugar de combate (I)

Por: Caty R

En memoria de José Ángel Gallegos Gómez, incansable luchador contra la violencia inmobiliaria, entregado en cuerpo y alma a la defensa de los pisoteados derechos de sus víctimas y fustigador implacable del sometimiento de los poderes “soberanos” a los dictados de la mafia financiero-inmobiliaria.

«El mercado inmobiliario de ninguna manera es un mecanismo infalible, o siquiera inteligente, que conduzca bajo la dirección de alguna mano invisible a ciudades perfectas y equilibradas. Más bien, es un lugar de combate en el que se enfrentan sujetos de muy distinta naturaleza y en el que se impone el más fuerte. El resultado se aleja por tanto de esa Arcadia ideal y se aproxima más al terrenal -por no decir infernal- campo de batalla que constituyen las ciudades capitalistas” (Samuel Jaramillo)

Historias de horror

«Una metonimia del mundo moderno». De esta guisa caracteriza el geógrafo y urbanista Brett Christophers la turbulenta historia de la urbanización Summer House. Se trata de un complejo de apartamentos de alquiler «bastante anodino» de la isla de Alameda, ubicada en la paradisíaca bahía de San Francisco, cuyas vicisitudes recientes Christophers califica como una historia “de pesadilla”.

El viacrucis de los infortunados inquilinos comenzó a mediados de los años 90, cuando el complejo fue adquirido por Fifteen Group, un fondo de gestión de activos reales -más conocidos como fondos “oportunistas” o “buitres”- de tamaño medio de Florida. Tras diez años de abandono y de quejas continuas -descritas por un periódico local como «historias de terror: problemas de fontanería y bajantes, averías eléctricas, techos con goteras, etc.»-, en 2004 los inquilinos recibieron el temido burofax, en el que se les comunicaba taxativamente la no renovación de todos los contratos. La coartada utilizada por el fondo forma parte del modus operandi al uso en tales procesos: la presunta necesidad de proceder a la renovación urgente e integral de las propiedades, cuyo deterioro se había provocado intencionadamente.

Sin embargo, los nuevos residentes tampoco hallaron la paz y el sosiego en sus flamantes residencias. Tras dos nuevos cambios de propiedad en los convulsos años posteriores a la crisis financiera de 2008, en 2017, otro fondo oportunista llamado Kennedy Wilson decide deshacerse definitivamente del complejo, no sin antes recibir un “modesto” rendimiento del 700%. En el ínterin, los alquileres llegaron incluso a triplicarse y continuaron asimismo las amargas quejas de los residentes por la falta de mantenimiento y la dejadez de funciones por parte del administrador de las fincas.

Un halo de misterio rodeó, como explica Christophers, la lucrativa transacción:

“En el artículo que informaba del acuerdo de 2017 en el San Francisco Business Times había una linea sorprendente: ‘Kennedy Wilson se negó a revelar la identidad del comprador’”.

Con el tiempo se supo quienes eran los nuevos propietarios: el Blackstone Group, con sede en Nueva York, el mayor fondo buitre del mundo. Pero no fue porque Blackstone revelase la información: Blackstone nunca ha dicho públicamente que sea el propietario; Summer House está gestionada por otra empresa.

Sea como sea, en los años transcurridos desde que Blackstone asumió la propiedad, las quejas y el descontento de los sufridos inquilinos por el abandono de las fincas y el absentismo de la propiedad no han aminorado y los alquileres han seguido aumentando.

¿Cuáles son los rasgos específicos de esta historia aparentemente local, que justifican la designación de este caso concreto como un símbolo global de la “violencia inmobiliaria”? La rotunda respuesta de Christophers no deja lugar a dudas: “es necesario que nos fijemos especialmente en un tipo particular de propiedad, la quintaesencia de la modernidad tardía, la propiedad del capitalismo financiero”.

A más de 9.000 kilómetros de distancia de Summer House, en el barrio de San Cristóbal de los Ángeles, situado en la periferia sur de Madrid -una de las zonas más duramente golpeadas por la debacle inmobiliaria de 2008- vive María Eugenia Ortega. Su infausta historia representa sin duda también otra «metonimia del mundo moderno”.

Ortega, trabajadora de la Comunidad de Madrid en ayuda a domicilio de personas mayores, creyó ver por fin la conclusión de su calvario inmobiliario en el año 2013. Su alborozo se debía a la ansiada firma de la dación en pago -entrega de la vivienda al banco a cambio de la extinción de la deuda- y de un alquiler social de su vivienda con el Banco de Sabadell. Terminaban así cinco años de pesadilla judicial y personal, tras el impago de su hipoteca debido a la subida inasumible de los tipos de interés previa al crack de 2008. Sin embargo, la aparente solución resultó ser un efímero espejismo y su ilusión de estabilidad acabó saltando de nuevo por los aires. Poco antes de finalizar el contrato de alquiler social en 2019, Ortega sufrió un nuevo sobresalto:

“En 2019 me llamó mi trabajadora social y me comunicó que ya no podía ayudarme más porque acababan de vender el piso del banco a un fondo, por lo que con mucha probabilidad me obligarían a abandonarlo”.

En la operación mencionada, el Banco de Sabadell vendió al fondo de capital-riesgo -otro eufemismo para camuflar su catadura real- Cerberus 61.000 activos inmobiliarios «tóxicos» por unos 3.900 millones de euros: una auténtica ganga. Uno de esos activos -conocidos como “pisos con bicho”, en el expresivo argot del sector- era la vivienda en la que residía Ortega, por lo que solo era cuestión de tiempo que recibiera el “maldito” burofax, comunicándole la no renovación de su contrato. Las consecuencias de verse abruptamente abocada a la “exclusión residencial” fueron devastadoras: “Llevo mucho tiempo sufriendo ansiedad, tengo el azúcar muy alterado, padezco insomnio y estoy en un constante estado depresivo porque me veo sola con una hija a la que mantener y la incertidumbre de no saber cuándo me van a desahuciar”. Ante la imposibilidad de acceder a un alquiler asequible, dado el nivel prohibitivo del mercado, Ortega considera que la única salida que le queda es la okupación, camino que han tomado también muchos vecinos del barrio en su misma situación.

Las acerbas situaciones descritas, espigadas entre una miríada de casos semejantes, ejemplifican la creciente violencia ejercida por los mecanismos depredadores de los poderes capitalistas contra las condiciones básicas de subsistencia de las clases trabajadoras, entre las que el acceso a una vivienda digna ocupa un lugar preeminente.

“Están dispuestos a destruir las vidas de la gente”. La contundente sentencia, recogida asimismo por Christophers, está extraída de la declaración de la experta en planificación urbana Elora Lee Raymond ante un comité del Congreso de Estados Unidos que investigaba las prácticas desarrolladas por los arrendadores corporativos, controlados por gestores de activos como Cerberus o Blackstone. A la luz de los ejemplos mencionados, únicamente dos botones de muestra del modus operandi de tan “honorables” instituciones, no parece en absoluto una afirmación exagerada.

El escenario de pesadilla en el que se ha convertido la obtención de un bien esencial para el adecuado funcionamiento de los mecanismos básicos de la reproducción social -cobijo, crianza, educación, salud, arraigo, etc.- refleja asimismo de forma cruda la creciente fractura abierta en nuestras sociedades presuntamente “desarrolladas”: mientras que para los más la vivienda constituye una pesada carga y una obsesión continua, para los que gozan de “estabilidad residencial” supone el fundamento de su seguridad vital y de su bienestar socioeconómico. El economista marxista y experto en urbanismo Samuel Jaramillo describe el sector inmobiliario moderno como «un campo de batalla», propicio a todo tipo de abusos, dada la enorme asimetría de poder existente en las relaciones que se establecen entre los grupos sociales en pugna.

El urbanista Peter Marcuse y el sociólogo David Madden, autores del texto “En defensa de la vivienda”, recurren al concepto psiquiátrico de “seguridad ontológica” para describir el sufrimiento que la violencia inmobiliaria provoca en sus víctimas:

“Hoy en día, muchas personas sienten ansiedad por su vivienda. Pero para los más pobres, la precariedad residencial resulta profundamente desestabilizadora. Una de las maneras en que los investigadores de la vivienda comprenden la traumática experiencia es a través del concepto de ‘inseguridad ontológica’. La seguridad ontológica es la sensación de que la estabilidad de nuestro pequeño mundo puede darse por sentada”.

El dato clave que agudiza, en palabras de la socióloga Melinda Cooper, la crisis de “asequibilidad residencial” en el Occidente privilegiado, “es la creciente divergencia entre los salarios y el valor de los activos, en particular de los precios de la propiedad inmobiliaria”. La brecha abierta entre los magros ingresos salariales y el coste de la vivienda -muy destacadamente, tras la debacle de 2008, el ascenso vertiginoso del precio del alquiler- propulsa la desigualdad social y agranda el abismo entre los situados en las dos trincheras del “campo de batalla” inmobiliario, generando lo que Cooper denomina una “nueva división de clase”.

Y la fractura no deja de agrandarse: los precios de adquisición y de arrendamiento se sitúan actualmente en máximos históricos -incluso superiores a los valores ya estratosféricos alcanzados en la burbuja inmobiliaria que explotó en 2008- y el esfuerzo requerido para pagar el alquiler representa nada menos que la mitad del sueldo medio en España. Por no mencionar la odisea que supone la obtención de un techo para las generaciones más jóvenes, cuya edad media de emancipación supera holgadamente los treinta años.

Empero, en este punto es menester hacer una advertencia importante, en aras de situar correctamente la auténtica profundidad de la penetración en el tejido social de la brecha inmobiliaria: el hecho de que los desalmados fondos buitres, como Blackstone y Cerberus, representen la “quintaesencia del capitalismo financiero” y que sus despiadadas prácticas conlleven una auténtica pesadilla para sus víctimas no significa que el “casero de los viejos tiempos” -la abrumadora mayoría de los arrendadores- no aplique la misma lógica de maximización de la extracción de rentas. Como explica irónicamente Christophers, si bien existen obvias e importantes diferencias entre ambos tipos de propiedad, el objetivo de la “búsqueda del valor de cambio” es plenamente compartido:

“De hecho, y pese a toda la mitología amable y difusa encarnada por el bonachón y canoso casero de los viejos tiempos, no existe ninguna razón convincente a priori para suponer que dicho propietario esté menos centrado en la maximización de las ganancias que un gestor de activos como Blackstone. Si ser un propietario financiarizado realmente implica observar la lógica financiera y la búsqueda del valor de cambio, ¿qué propietario que no tenga carácter filantrópico, sea una obra de caridad o una entidad estatal, no está financiarizado?”

El propio Jaramillo describe al “canoso casero” como un “protoespeculador”, diferenciándolo del capitalista arrendador profesional, pero resaltando también el objetivo común:

“Actualmente se extiende el alcance de esta protoespeculación, porque si bien hoy en día la práctica de comprar terrenos de forma fragmentada por parte de pequeños adquirientes es algo que declina, en cambio, la compra de inmuebles destinados al alquiler, con esta lógica de agente mercantil, es algo que se expande”.

El activista y experto en el sector inmobiliario Salva Torres proporciona un dato abrumador acerca del progresivo ensanchamiento de esa sima social abierta entre el crecimiento desorbitado de las rentas de alquiler recibidas por los “canosos rentistas” -la edad media del arrendador en España es de 59 años- y los magros aumentos salariales:

“Los ingresos de unos tres millones de caseros, empresas aparte, que declaran por alquilar inmuebles, han aumentado un 95% desde 2008, mientras que los salarios lo han hecho un 39%. Además perciben desgravaciones fiscales escandalosas sobre viviendas que muchas habían sido de protección oficial, financiadas con el dinero de todos”.

Como apunta el también activista y experto en el sector Pablo Carmona, autor del texto «La democracia de propietarios», el viacrucis en el que se ha convertido el acceso a la vivienda para las clases populares estaría apuntando, de tapadillo, a una emergente contradicción social:

“Por la puerta de atrás, se está apuntando a una contradicción central del sistema social, que enfrenta a propietarios que alquilan a precios de mercado para mantener cierto estatus social, y a unos inquilinos que recurrentemente —por problemas de paro, temporalidad y precariedad en el empleo— pueden caer en el impago”.

El sombrío panorama someramente esbozado suscita acuciantes interrogantes, de cuya tentativa de respuesta dependerá la formulación de estrategias encaminadas a potenciar las luchas sociales en el “lugar de combate” en el que se ha convertido la selva inmobiliaria.

¿Cómo se relacionan los procesos descritos de “desposesión” de las mayorías sociales con la evolución degenerativa de la organización social regida por las “heladas aguas del interés egoísta” en las últimas décadas? ¿Cuáles son las conexiones con otros ámbitos de nuestra acerba realidad, como los servicios básicos que sostienen la reproducción social, las precarizadas condiciones laborales o el ecocidio rampante, que también reciben el embate redoblado de la voracidad capitalista? El punto de partida para tratar de arrojar algo de luz sobre tan neurálgicos asuntos debería tomar pie en el análisis del trasfondo estructural del decurso declinante del reino del dinero y la mercancía, que es el principal causante de su redoblada agresividad: ¿existe algún mecanismo interno en el engranaje de la acumulación de capital que provoque la acelerada e inexorable degradación de la organización social sometida a su férula?

La célula tumoral

“El crédito, que es un ingreso consumido antes de haberse generado, puede posponer el momento en el que el capitalismo alcance sus límites sistémicos, pero no puede abolirlo. Incluso el mejor de los encarnizamientos terapéuticos debe concluir algún día”

Anselm Jappe

Las arduas cuestiones planteadas suscitan, entre las fuerzas políticosociales con vocación transformadora, principalmente dos interpretaciones. En el primer caso, el acento se situaría en las infaustas consecuencias del vuelco social y político provocado por la irrupción del neoliberalismo hace medio siglo y en los efectos deletéreos que la hegemonía del capital financiero, rentista y especulativo tiene sobre la demediada economía productiva, el nivel de vida de las poblaciones y los derechos básicos de las mayorías sociales.

La aplicación del “encarnizamiento terapéutico” de las políticas neoliberales, tras el golpe de mano perpetrado por la Dama de Hierro y su homólogo estadounidense, un mediocre exactor de Hollywood, a principios de los años ochenta, ha conllevado el despojo de los mecanismos redistributivos que caracterizaron al Estado del Bienestar fordista y la progresiva liquidación de las precarias conquistas arrancadas por la clase obrera en las décadas previas. Las privatizaciones masivas de servicios públicos y la desregulación acelerada de los mercados de capitales a cargo de los mamporreros del capital transnacional -FMI, BM y OMC- han desembocado en unos niveles galopantes de desigualdad social, propulsados por el desmantelamiento acelerado de los soportes que amortiguaban los quebrantos causados por el inhóspito dominio de las fuerzas del libre mercado. Según este relato, la liberalización del mercado inmobiliario y del sector financiero, causante de la desaforada inflación de los precios de la vivienda y del inflado de gigantescas burbujas, sería consecuencia de decisiones políticas favorecedoras del dominio de las élites plutocráticas, capitaneadas por el capital transnacional radicado en Wall Street -el 1 frente al 99%-. El colapso estrepitoso de la izquierda socialdemócrata y de la excomunista, rendidas con armas y bagajes a los poderes fácticos del gran capital; la práctica desaparición de las organizaciones políticas y sindicales del movimiento obrero tradicional; y el ascenso vertiginoso de la extrema derecha y de la hidra del fascismo social constituyen, en definitiva, el cúmulo de circunstancias desencadenantes de la hegemonía del capitalismo salvaje, encarnado en el talón de hierro de los recortes sociales y de las draconianas políticas de austeridad.

Sin embargo, cabría preguntarse si esta descripción, predominante en las fuerzas políticosociales sedicentemente progresistas, da cuenta cabalmente de la acerba realidad vigente: ¿son tales planteamientos adecuados para comprender las profundas transformaciones de la organización social imperante en las últimas décadas y el ascenso del complejo financiero-inmobiliario como sector clave del sostenimiento de la matriz de rentabilidad capitalista?

O, por el contrario, es necesario escarbar más profundamente en las “entrañas de la bestia” para hallar el engranaje fundamental del sujeto automático que impele la huida hacia adelante de la totalidad social regida por la voracidad del capital hacia la acelerada degradación de los soportes primarios de la reproducción social y del metabolismo socionatural.

Y, en ese caso, ¿cuál es la conexión entre esa trayectoria degenerativa del Moloch y la desenfrenada violencia inmobiliaria que presenciamos en pleno desarrollo?

El economista Alejandro Nadal nos brinda una de las claves del trasfondo estructural de esa deriva, camuflada bajo la agresividad de la huida hacia adelante encarnada en el sufrimiento “necesario” provocado por las despiadadas políticas neoliberales:

“El surgimiento del neoliberalismo no es el resultado del triunfo del capitalismo, como siempre se le ha presentado, sobre todo a partir del colapso de la Unión Soviética. En realidad, la historia es muy diferente. El neoliberalismo es la respuesta a un gran fracaso de dimensiones históricas, a saber, la incapacidad del capital para mantener tasas de ganancia adecuadas”.

La idea central, que explicaría tal fracaso, es la clave de bóveda de la formulación marxiana acerca de la principal contradicción interna del modo de producción capitalista: a medida que avanza la acumulación, debido a la necesidad impuesta por la dura lucha de la competencia, crece la proporción de capital constante, mediante las continuas innovaciones tecnológicas ahorradoras de trabajo, en relación a la fuerza de trabajo empleada en la producción. La savia bruta que vivifica al “vampiro de trabajo vivo” tiende por tanto a menguar de forma inexorable a medida que aumenta la productividad y el “puro empleo de trabajo humano” se vuelve cada vez más superfluo, al menos en los sectores industriales tradicionales. El propio Marx señala este defecto fatal del mecanismo básico de la valorización del capital que, al regirse únicamente por su necesidad compulsiva de autoexpansión, tiende a agotar su propia fuente nutricia:

“El capital mismo es la contradicción en proceso, por el hecho de que tiende a reducir a un mínimo el tiempo de trabajo necesario, mientras que, por otra parte, pone al tiempo de trabajo como única medida y fuente de toda la riqueza”.

Las fuerzas contrarrestantes de este agostamiento progresivo comienzan entonces a volverse vitales para sostener, con respiración asistida, el ritmo boqueante de la acumulación capitalista. Y el sector financiero-inmobiliario, a través de los colosales recursos insuflados por la fábrica de dinero “mágico”, deviene el fulcro neurálgico del sostenimiento, con respiración asistida, de la menguante rentabilidad del capital. Las consecuencias que se derivan de este papel crucial de cataplasma de los males incurables del sistema asumido por la fábrica de dinero-deuda son empero demoledoras para los mecanismos básicos de la reproducción social.

Sin duda se trata, como describen Madden y Marcuse, de una configuración tóxica, en la que la “buena forma” de hacer ganancias cede terreno ante el avance incontenible de la extracción de rentas, la deuda “a muerte” y el incremento especulativo del precio de los activos:

“La especulación inmobiliaria se convierte en la principal fuente de formación de capital, es decir, de realización de plusvalía. A medida que disminuye el porcentaje de la plusvalía total formada y realizada por la industria, aumenta el porcentaje creado y realizado por la especulación inmobiliaria y la construcción”

El geógrafo Neil Smith, uno de los primeros estudiosos del fenómeno de la gentrificación, resalta el trasvase masivo de capital hacia el “entorno construido”, a partir de la crisis crónica iniciada en los años 70:

“Cuando la tasa de beneficio en los principales sectores de la industria comienza a caer, el capital financiero busca un escenario alternativo de inversión, un escenario en el que la tasa de beneficio permanezca comparativamente alta y donde el riesgo sea bajo. Precisamente en este punto, tiende a producirse un incremento del flujo de capital hacia el entorno construido”.

Y la renovada maquinaria de generación del fluido vital del «sujeto automático» capitalista estaba lista para cumplir su cometido. El economista marxista Costas Lapavitsas, autor del texto “Beneficios sin producción”, describe el desacople de las finanzas modernas del capital productivo y su decantación “hasta el paroxismo” hacia el sector inmobiliario-especulativo:

“La actual banca comercial ha tendido a desacoplarse de la financiación del capital productivo para potenciar hasta el paroxismo el crédito hipotecario, el crédito al consumo y los préstamos garantizados por las acciones empresariales (para fusiones, adquisiciones, y tomas de control de otras empresas)”.

La creciente relevancia de esta explotación secundaria, generada mediante la “cadena de oro” de la deuda por la banca privada y suplementaria a la sufrida en el mercado laboral, constituye en definitiva el rasgo principal del carácter acusadamente depredador del capitalismo desquiciado.

Una configuración semejante agudiza asimismo la fractura social existente entre, de un lado, los que, gracias a su condición de beneficiarios de rentas financieras, de bienes raíces o de fondos de pensiones, disfrutan de tiempo libre y de las condiciones necesarias para apropiarse de los “frutos de la ciencia y la civilización”; y, del otro, los que están condenados a consagrar una fracción creciente de su tiempo a trabajar como “bestias de carga” para sufragar las exacciones financieras.

La aberrante matriz de rentabilidad del sistema económico imperante, propensa a convulsiones cada vez más violentas, tiene pues su fundamento medular en el mecanismo de generación de dinero-deuda del «puro aire“ a cargo de la banca central y comercial. Todo el castillo de naipes de titulizaciones hipotecarias -las hipotecas se originaban en los bancos, pero no se mantenían en sus balances, sino que se esparcían por la nebulosa del casino financiero global-, que colapsó con estrépito durante la hecatombe de 2008, se basó en este mecanismo de generación de deuda ex nihilo. Tal es el engranaje oculto del precario andamiaje que sostiene la estructura económica terciarizada e improductiva de los países “civilizados avanzados”.

El dispositivo resulta de una sencillez exorbitante. Los bancos crean deuda para financiar la actividad económica –actualmente, el 96% aproximadamente del dinero circulante– mediante anotaciones electrónicas, sin necesidad de que exista un ahorro preexistente, como reza el discurso difundido por la ortodoxia neoclásica y toda la vulgata periodística legitimadora del statu quo. Es decir, los créditos crean los depósitos, y no a la inversa. He aquí el grandioso -y, a la vez, pasmosamente sencillo- mecanismo de propulsión de la vorágine especulativa que sostiene el colosal entramado financiero-inmobiliario.

La generación e inyección del dinero-deuda en las venas de los flujos económicos, a cargo de las instituciones que tienen el poder monopolístico para fabricarlo y para enchufar su caudal ilimitado de liquidez hacia la revalorización de los activos financiero-inmobiliarios, constituye en definitiva la esencia del ejercicio del poder social en nuestras sociedades “civilizadas avanzadas”.

Los datos recolectados en 14 países de la OCDE revelan una cifra demoledora: si en la primera década del siglo XX dos tercios de los créditos bancarios en los países avanzados se dirigían hacia las empresas, hoy, esos dos tercios se dirigen a la compra de propiedades inmobiliarias.

La banca funge pues como la planificadora de la actividad económica, potenciando la formación de burbujas, el crecimiento exponencial de la deuda global y el descomunal casino financiero de apuestas especulativas que constituye la banca en la sombra.

Según los datos recogidos por el sociólogo Emmanuel Rodríguez, “en 1994 el volumen total de los préstamos hipotecarios de la banca española ascendía a 24.000 millones de euros. Trece años más tarde, en 2007, la cantidad ascendía a 300.000 millones. Es decir, para el conjunto del periodo 1994-2007, las cifras de endeudamiento hipotecario se multiplicaron por doce”.

Tengamos en cuenta asimismo que el préstamo hipotecario es un producto totalmente fraudulento, un dispositivo pseudolegal puramente confiscatorio que no merece siquiera el nombre de “préstamo”, ya que tal operación exigiría una renuncia de riqueza por parte del prestamista, que en este caso obviamente no se produce. Veamos el extravagante mecanismo un poco más de cerca: a cambio del supuesto préstamo, el banco recibe un activo real en prenda del pago –la garantía hipotecaria, generalmente la vivienda– que incorpora a su balance. A continuación, se crea la obligación de devolver el principal del préstamo más los intereses, un producto financiero creado por la entidad bancaria del “puro aire”, con una simple anotación electrónica en la cuenta corriente del ignaro prestatario. Incluso la fijación del tipo de interés -el tristemente famoso Euríbor- se basa en un cálculo arbitrario, en el que el oligopolio bancario se saca “de la chistera” -con la connivencia del capo di tutti capi de Frankfort- los datos de las transacciones que se incorporan al cálculo del tipo de interés aplicado a las hipotecas de millones de incautos deudores. Un margen comercial sin duda extraordinario: es tan colosal el expolio y está tan bien escondido que casi resulta hermoso.

En un país donde aproximadamente el 7 % de los hogares, alrededor de 1.200.000 familias, perdieron su vivienda -la gran mayoría debido a durísimos procesos de ejecución hipotecaria que acabaron en desahucios- tras la crisis devastadora iniciada en 2008, la constatación de la condición intrínsecamente fraudulenta del préstamo hipotecario resulta demoledora.

Toda la formidable “potencia de fuego” de una maquinaria semejante se abalanzó, en fin, presta a devorar el suculento filón que representaba el sector inmobiliario.

La mercancía fake

“El concepto tradicional de equilibrio de la oferta y la demanda no es relevante respecto de la mayoría de los problemas que se refieren al sector de la vivienda en la economía. Estas cosas que llamamos suelo y vivienda son aparentemente mercancías muy diferentes, que dependen sobre todo de los intereses y del poder relativo de los grupos concretos que operan en el mercado”

David Harvey

La metamorfosis esbozada hacia la conversión de la revalorización de los activos financiero-inmobiliarios en el núcleo del sostenimiento de la rentabilidad del capital conlleva asimismo, como destaca el urbanista Agustín Cócola, un cambio radical en el papel socioeconómico del “entorno urbano construido”:

“De este modo, se acelera el cambio hacia una nueva fase de desarrollo capitalista en la que la ciudad adquiere un papel clave como centro de acumulación de capital. La ciudad deja de ser un lugar donde localizar actividades productivas y pasa a ser una mercancía fundamental para crear oportunidades de beneficio: es el cambio de la producción en el espacio a la producción del espacio”.

El filósofo Henri Lefevbre, probablemente el más influyente teórico del fenómeno urbano moderno, señala el papel clave que desempeña la ciudad -o lo que de ella queda- como soporte de la nueva matriz de la acumulación:

“La ciudad (lo que de ella queda o en lo que se convierte) es más que nunca un instrumento útil para la formación de capital, es decir, para la formación, la realización y la repartición de la plusvalía. El inmobiliario y la construcción dejan de ser un circuito residual, una rama anexa y retrasada del capitalismo industrial y financiero para situarse en primer plano de la nueva matriz de acumulación”.

Pero la expansión del denominado “circuito secundario de acumulación”, potenciada por la gigantesca manguera de liquidez de los demiurgos del dinero-deuda, no representa únicamente la cataplasma idónea contra el declive acelerado del empleo y de la tasa de ganancia en los sectores productivos. Su papel como propulsor de la demanda efectiva, a través de la revalorización de los activos inmobiliarios, es asimismo esencial, como expone Jacobo Abellán, para sostener la marcha de la reproducción ampliada del capital y para paliar la crisis de demanda causada por el crónico estancamiento salarial:

“La vivienda, como un ‘almacén de valor’ intercambiable, proveería de un ‘fondo de demanda’ cuando otros recursos, financieros o no, se ‘secan’, es decir, disminuyen o dejan de estar disponibles. Unos precios elevados de la vivienda se traducirían en un aumento de la riqueza de los hogares propietarios, tanto para aquellos hogares que venden su vivienda durante ese periodo, que obtienen un beneficio cuantioso, como para aquellos que permanecen en ella, que ven como su vivienda se revaloriza. Un aumento en sus niveles de riqueza favorecerá asimismo sus expectativas de consumo, lo que empujará a la compra de nuevos bienes y servicios, favoreciendo por tanto un incremento de la demanda efectiva y la reactivación de la circulación de capital”.

Emmanuel Rodríguez define esta configuración tóxica, amén de generadora de crecientes cotas de desigualdad, como un “keynesianismo financiero”, sostenido por el “almacén de demanda” que representa el valor astronómico del patrimonio inmobiliario -un 70 por ciento de la riqueza generada en España en el último medio siglo-:

“La única solución eficaz al problema de la demanda ha sido su recomposición por la vía financiera, que es lo que aquí llamamos keynesianismo financiero o de precio de activos”.

Si la “sociedad de activos” se ha convertido en el rasgo característico de la patológica estructura económica vigente y la extracción de rentas y la revalorización inmobiliaria representan el sustento esencial de la actividad económica y del sostenimiento artificial de la demanda de consumo, ¿cuáles son las implicaciones de esta transformación radical de las fuentes de generación de la riqueza social? ¿qué consecuencias tiene que un bien básico para la subsistencia cotidiana y la reproducción social se convierta en el núcleo de la matriz de rentabilidad del capital y en el principal “tesoro” personal y familiar, cuya obtención justifica todos los desvelos y sacrificios imaginables?

Sin duda se trata de una metamorfosis revolucionaria de la estructura económica, cuyos fundamentos contradicen de raíz los rasgos presuntamente definitorios de un capitalismo “saludable”. La etapa crepuscular del sistema de la mercancía subvierte pues radicalmente los principios basales de la economía política clásica.

El objetivo de una política económica “progresista” era, según John Stuart Mill, “liberar las economías de los inmerecidos ingresos por alquiler y los crecientes precios del suelo de los que los propietarios se benefician mientras duermen”.

La renta era el término que designaba el ingreso que no tiene contrapartida en los costes de producción y cuya generación no requiere de ningún desembolso directo. Se trata por tanto de “ingresos no ganados”, obtenidos únicamente gracias al ejercicio de las prerrogativas que otorga un título de propiedad. A diferencia pues de las otras dos clases sociales -empresarios y trabajadores-, los terratenientes detraen una parte del producto social sin realizar ningún esfuerzo productivo ni “mancharse” con la explotación del trabajo humano.

El insigne John Maynard Keynes, sin duda el economista más influyente del siglo XX, consideraba la renta como un ingreso parasitario, que no recompensa ningún sacrificio “genuino” y que únicamente se funda en la explotación de la escasez de un bien necesario:

“Hoy el interés no recompensa de ningún sacrificio genuino como tampoco lo hace la renta de la tierra. El propietario de capital puede obtener interés porque aquél escasea, lo mismo que el dueño de la tierra puede percibir renta debido a que su provisión es limitada”.

Sin embargo, frente a la optimista prognosis keynesiana, acerca de la progresiva “eutanasia del rentista” y la transición paulatina hacia un capitalismo libre de elementos parasitarios, lo cierto es que el resultado ha sido más bien el contrario:

“Veo, por tanto, el aspecto rentista del capitalismo como una fase transitoria que desaparecerá tan pronto como haya cumplido su destino, y con la desaparición del aspecto rentista sufrirán un cambio radical otras muchas cosas que hay en él”.

Huelga decir que lo que el ilustre prócer consideraba una de las “características francamente objetables” del capitalismo y una rémora para la reproducción saludable de la organización social supone hoy el núcleo principal de la generación de riqueza de todas las economías “avanzadas”. Resulta imposible exagerar las implicaciones del desplazamiento descrito. La conversión del “espacio construido” en la fuente primordial de extracción de riqueza social, mediante la continua explotación del territorio urbano -véase, sin ir más lejos, el peso formidable del sector turístico en la economía española- y la revalorización de los activos inmobiliarios, penetra hasta el corazón de los mecanismos básicos de la reproducción social. De este modo, la desposesión de las clases populares se basa en un bien de primera necesidad, cuyas características están, para más inri, en las antípodas de cumplir con las reglas del sacrosanto libre mercado.

¿Cuáles son los rasgos de esta mercancía fake, que la convierten en la antítesis de un bien “perfectamente competitivo”, situándola más bien en el centro de una dinámica extractiva, en la que el poder social se ejerce mediante el monopolio privado de un bien del que nadie puede prescindir?

El hecho cierto es que, como señala el geógrafo Ricardo Gasic, la vivienda no es en absoluto una mercancía al uso sometida a los asépticos vaivenes de la ley de la oferta y la demanda:

“En un estudio de larga data titulado No Price Like Home -No hay otro precio como el de la vivienda-, se demuestra que entre 1870 y 2010 no existe ninguna otra mercancía que incremente su precio sostenidamente como la vivienda, al menos en las grandes economías nacionales de los países avanzados”.

¿Cómo es posible que un bien que se deprecia -se estima que la vida útil de una construcción ronda los setenta años- con el uso pueda encarecerse casi hasta el infinito? ¿Qué es lo que explica esta insólita anomalía?

Si atendemos a la “música celestial” de la ortodoxia neoclásica, un incremento de la oferta de vivienda debería producir automáticamente un descenso del precio. De hecho, ese es el mantra que no cesa de recitar la legión de supuestos “expertos” que pulula por las tribunas académicas y los mass media, ante la dramática situación actual de aguda crisis de “asequibilidad” en el acceso a la vivienda. Sirva como botón de muestra del “exquisito rigor” de semejante planteamiento el siguiente dato demoledor que proporciona Rodríguez: “Entre 1995 y 2007 se construyeron en España alrededor de siete millones de viviendas y el precio de los inmuebles se multiplico casi por tres”.

El discurso ortodoxo, que considera la vivienda como un bien de mercado cualquiera -cual si de una barra de pan o de una lavadora se tratara-, sujeto por tanto al ajuste automático hacia el precio y la cantidad de equilibrio, deforma intencionadamente las características únicas que distinguen radicalmente al sector inmobiliario de un mercado convencional.

Dado que la vivienda urbana está fijada para siempre al terreno construido, no se puede entender el carácter claramente confiscatorio del mercado inmobiliario sin atender a la relevancia de la renta del suelo en el conformación del precio de la vivienda, tanto de compra como de alquiler.

Como explica David Harvey, el geógrafo marxista más influyente de las últimas décadas, el suelo es una mercancía artificial, más próxima a un activo financiero que a un producto mercantil al uso:

“El suelo no es una mercancía en el sentido más corriente de la palabra. Es una forma ficticia de capital que deriva de las expectativas de futuras rentas”.

El propio Harvey resume los rasgos espurios de esta mercancía fake, que solo el troquel de la valorización del capital convierte en un producto comercializable, alterando radicalmente los requisitos de un mercado teóricamente competitivo:

“El suelo y sus mejoras tienen una localización fija. Esta localización absoluta confiere privilegios monopolistas a la persona que posee el derecho a determinar el uso de dicha localización”.

La determinación de la renta del suelo, clave para la formación del precio de la vivienda, se realiza, por tanto, como señala asimismo Rodríguez, en base a las expectativas de ingresos futuros, obtenidos en base al monopolio fundado en la propiedad privada:

“Las rentas del suelo surgen del dominio monopolista de una mercancía ficticia, sin costes de producción, que descuenta permanentemente los precios futuros de la producción inmobiliaria o agrícola. Se suele sostener, con razón, que los precios del suelo no son otra cosa que el precio anticipado de las edificaciones que se van a construir en él”.

He aquí pues la clave, en palabras de Javier Moreno Zacarés, de la capacidad cuasiinfinita de maximización de las rentas inmobiliarias:

“El rentista puede prestar el activo temporalmente, extrayendo renta en forma de pagos de alquiler (rentas literales), o vender el activo para canjear pronto ingresos futuros, extrayendo renta en forma de un pago a tanto alzado (ganancias de capital)”.

El propio Zacarés describe la “sustancia del alquiler” como la combinación de dos flujos diferentes, la renta “absoluta” del suelo y el beneficio “capitalista” de la construcción, de los cuales el primero predomina abrumadoramente:

“Cuando una casa queda fijada a una localización particular, asume las propiedades del suelo sobre el que reposa, en virtud de las cuales este devenga renta. Las rentas que rinde este alojamiento, sin embargo, serán una combinación de dos réditos, distintos pero interrelacionados: el rédito derivado de la deseabilidad del suelo bajo él (renta de la tierra), más el rédito proporcionado específicamente por su infraestructura construida (renta de la construcción). La combinación de estos dos flujos de rentas forma la sustancia del alquiler”.

Lo anterior ilustra la falacia que supone la visión ortodoxa del mercado inmobiliario como un “paraíso” de la libre competencia, amén de poner de manifiesto los intereses reales que se esconden tras la afirmación de que la solución a la crisis actual se basa en “aumentar la oferta de vivienda”.

Se trata, antes al contrario, de una relación profundamente desigual, condicionada principalmente por el poder diferenciado de los “grupos de intereses” que intervienen en el “campo de batalla” que representa, fundamentalmente para sus víctimas, la selva inmobiliaria.

El problema se agrava además en la situación actual de agudo recrudecimiento de la violencia inmobiliaria. La resaca de la hecatombe de 2008 ha provocado que todo el entramado que cimentó la colosal burbuja -construcción, financiación bancaria y expansión urbanística- haya permanecido, hasta hace muy poco, en un estado de hibernación, mientras que el alquiler y el sector turístico se convertían en los nuevos filones de la renovada euforia del “ladrillo”.

De nuevo Zacarés resalta la enorme asimetría entre las dos partes del contrato de alquiler y el carácter extractivo de la relación arrendataria:

“Como hemos visto antes, hay una profunda contradicción entre las funciones rentistas y residenciales de la vivienda. El conflicto entre las lógicas del rentista y el residente se hace más evidente en el caso la vivienda de alquiler privado. En ausencia de un control estricto del alquiler, los caseros buscarán por lo general maximizar el alquiler de vivienda que extraen de sus propiedades minimizando los costes operacionales (reparaciones, mejoras) y aumentando los precios de arrendamiento en función de la demanda, expulsando y sustituyendo inquilinos en conformidad”.

Lo anterior se observa gráficamente con un ejemplo práctico estilizado, extraído de un estudio sobre la Teoría de la Renta realizado por el Sindicato de Inquilinas de Barcelona, en el que se muestra que el montante arbitrario de la renta del suelo constituye la mayor parte del precio del alquiler:

“Supongamos que por un piso en el barrio del Clot pagamos 800 euros. El piso fue construido en 1950 y desde entonces siempre ha habido inquilinas pagando rentas, por lo tanto, la construcción está más que amortizada: las inquilinas, con los años, ya han pagado lo que en su día costó levantar las paredes, el material, la mano de obra, el beneficio del constructor, etc. Aun así, el piso tiene unos costes de mantenimiento, pero estos costes son aproximadamente de 100 euros al mes. Por lo tanto, los restantes 700 euros son un pago que únicamente va destinado al bolsillo del rentista, sin ningún otro destino. Es lo que sería la renta del suelo”.

El venerable “patriarca” del marxismo, Friedrich Engels, autor de un estudio pionero sobre “el problema de la vivienda”, fundamenta, de forma más teórica, el «misterio» del alquiler:

“Cuando se alquila, la vivienda produce a su propietario, en forma de alquileres, una renta del suelo, el coste de las reparaciones y un interés sobre el capital invertido en la construcción, incluyendo la ganancia correspondiente a este capital. Y si, entretanto, el alquiler ha cubierto cinco o diez veces su precio de coste inicial veremos que esto se debe exclusivamente a un aumento de la renta del suelo”.

La renta es, en definitiva, un pago de transferencia monopolística, impuesto por la relación de poder basada en la propiedad privada. Su magnitud depende en consecuencia del poder relativo de las partes intervinientes, y será mayor cuando las condiciones institucionales obliguen a los inquilinos a aceptar condiciones draconianas. De este modo, la práctica inexistencia de vivienda de alquiler social en España; la fraudulenta regulación legal del préstamo hipotecario y la liberalización casi absoluta del contrato de arrendamiento; el paraíso fiscal que representan los ingresos por arrendamientos para los afortunados arrendadores, debido a las suculentas desgravaciones obtenidas en el IRPF; el crecimiento exponencial de la vivienda de alquiler de temporada y turístico, un sector «salvaje» en el que la regulación brilla por su ausencia; y, last but not least, la presencia significativa en el mercado inmobiliario de los ominosos fondos buitres, con sus salvajes prácticas capaces de “destruir las vidas de la gente”. Todos ellos constituyen los inhóspitos rasgos del sector que potencian extraordinariamente el poder del arrendador inmobiliario -sea este persona física o jurídica- en detrimento del desvalido inquilino, que carece además en la mayoría de los casos de “alternativa habitacional”, lo que lo convierte en un cliente “cautivo”.

Sin duda se trata, como resalta de nuevo Harvey, de un “conflicto de clase”:

“En todos estos casos, el alquiler debe concebirse como una renta absoluta que recae sobre el poder monopolístico de los terratenientes como clase frente al poder y la condición colectiva de los inquilinos. Se establece, en pocas palabras, por un conflicto de ‘clase’ dentro de un área geográfica restringida (dentro de un espacio absoluto)”.

La ciudad revanchista

“La ciudad revanchista augura una feroz reacción contra las minorías, la clase trabajadora, las personas sin hogar, los desempleados, las mujeres, los homosexuales y los inmigrantes. Se trata de una ciudad dividida, en la que quienes han resultado vencedores están cada vez más a la defensiva en relación con sus privilegios, cuya defensa se ha vuelto cada vez más feroz”

Neil Smith

Emmanuel Rodríguez describe los deletéreos efectos de la configuración patológica someramente descrita sobre el tejido social:

“En términos generales, la financiarización reduplica los efectos de desigualdad de las antiguas estructuras de clase, a lo que habría que añadir la pesada servidumbre que conllevan los enormes volúmenes de endeudamiento. Las burbujas inmobiliarias penetran con mucha mayor profundidad en el tejido social, por la simple razón de que los mecanismos financieros se insertan, en este caso, en una mercancía de primera necesidad”.

¿Cuáles serían las principales consecuencias para la desequilibrada estructura social imperante y para la posibilidad de construcción de formas renovadas de luchas populares del carácter cada vez más depredador de los «mecanismos financieros», caracterizados por la masiva extracción de rentas y de la “deuda a muerte”?

Los movimientos sociales urbanos se consideran con demasiada frecuencia, por parte de los «guardianes de la ortodoxia» revolucionaria, como “asuntos” separados o subordinados a la lucha de clases tradicional, enraizada en la explotación y la alienación del trabajo vivo en la producción.

Sin embargo, la profunda metamorfosis del sistema de la mercancía desde los tiempos heroicos de la Revolución Industrial exigiría quizás poner en cuestión ese sagrado principio, reflejado en la rotunda sentencia del patriarca Engels:

“La penuria de la vivienda para los obreros y para una parte de la pequeña burguesía de nuestras grandes ciudades modernas no es más que uno de los innumerables males menores y secundarios originados por el actual modo de producción capitalista. Por tanto, se falsean totalmente las relaciones entre arrendatario y arrendador cuando se intenta identificarlas con las que existen entre el obrero y el capitalista”.

Si bien no deja de ser obvio que se trata de dos relaciones “cualitativamente” diferentes, el hecho cierto es que también, como señala Jaramillo, están estrechamente relacionadas:

“Si tenemos en cuenta que la vivienda es un valor de uso indispensable para la reproducción de la fuerza de trabajo, el monto que el obrero debe pagar por consumirla debería estar incluido en el monto del salario que recibe”.

Por lo tanto, el salario debería incorporar el coste de la vivienda y el del desplazamiento al lugar de trabajo -muy relacionado a su vez con los masivos procesos de gentrificación que asolan actualmente las urbes neoliberales-. Sin embargo, esto dista mucho de ser así, ya que la indexación salarial, existente solo en algunos convenios colectivos, se basa en el IPC, que no incluye la compra de vivienda ni los intereses pagados al banco, y minusvalora enormemente el alquiler. Así pues, el coste de la vivienda está prácticamente desconectado del poder adquisitivo de los asalariados, aunque representa nada menos que casi la mitad del sueldo medio en España y es, de largo, el “bocado” más relevante de los ingresos de los trabajadores. Pero incluso existe otra arista más, que vuelve aún más enrevesado el asunto, ya que la carestía inmobiliaria implica también un conflicto potencial entre los capitalistas productivos y los rentistas, al aumentar el valor de la fuerza de trabajo y dificultar gravemente sus condiciones de vida y rendimiento laboral. Los abundantes ejemplos de la enorme dificultad -por parte de la patronal de la hostelería e incluso también de la administración pública- de encontrar trabajadores que se desplacen a las zonas turísticas de Canarias y Baleares, dados los niveles prohibitivos del alojamiento, son sólo un botón de muestra de tal realidad.

El propio Marx destacó, como recuerda Abellán, el concepto de “explotación secundaria”, como un aspecto clave de la expropiación de riqueza que sufre el salario del obrero añadida a la explotación laboral:

“El concepto marxiano de explotación secundaria proviene de su concepto de explotación, con el que quería explicar la extorsión realizada por el capitalista para apropiarse de una parte del valor producido por el trabajador durante la producción sin pagarle un equivalente a cambio”.

En un contexto en el que la “violencia inmobiliaria” deviene un fenómeno preeminente en la fracturada estructura social vigente y la arremetida contra las condiciones de vida de las mayorías sociales resulta más virulenta, parece por tanto necesario, como señala de nuevo Abellán basándose en Harvey, el replanteamiento de la estructura canónica del conflicto de clase:

“En su artículo de 1974 Harvey señala que la dinámica de la urbanización genera dos tipos de clases sociales: la clase de los proveedores (promotores inmobiliarios, especuladores y propietarios/caseros), que poseen el monopolio de la propiedad de los recursos urbanos y que obtienen una renta por su provisión, y la clase de consumidores de ese recurso. La renta monopolista de clase sería la tasa de retorno. El lugar del conflicto también se desplazaría. Mientras en el conflicto capital/trabajo el conflicto tendría lugar en el ámbito laboral, en el conflicto rentista versus comunidad, por el contrario, el conflicto tendría lugar dentro del barrio y del espacio urbano. De la misma forma, el sujeto central de la lucha de clases sería un sujeto distinto”.

Tales constataciones suscitan un trascendental interrogante:

¿Hasta qué punto las luchas por la vivienda y por la defensa del resto de aspectos relacionados con la reproducción social adquieren, en la realidad vigente, la suficiente envergadura como para representar el locus principal del enfrentamiento entre poseedores y desposeídos? El embate en toda la línea de la voracidad capitalista contra los cimientos de los mecanismos de la reproducción social, que convierte los bienes básicos como la vivienda en el filón primordial de la expropiación de riqueza de las clases trabajadoras, produce, como señala Rodríguez, un desplazamiento paralelo del carácter de las luchas populares:

“La lucha por el derecho a la vivienda desplazaba la vieja centralidad del trabajo, ponía el foco en las garantías a la reproducción social, que habían sido convertidas en activos financieros. De acuerdo con el viejo léxico marxista, el lugar de organización —de construcción de una experiencia común— se debe desplazar así necesariamente de la producción a la reproducción”.

En el periodo vigente, caracterizado por la preeminencia del circuito secundario de acumulación, en el que las vetas de obtención de ganancia del capitalismo en crisis terminal se desplazan de la producción a la circulación, al consumo y a la vivienda, las nuevas líneas de fractura social deben sin duda reflejar esa metamorfosis.

El historiador e intelectual anarquista Miquel Amorós abunda en esa mutación de la “condición proletaria actual”:

“La condición proletaria actual se define mejor hoy por las dificultades del hábitat, reflejo de las cuales son los movimientos provivienda, la lucha contra los desahucios, las ocupaciones de fincas, los sindicatos de inquilinos y los conatos de instalación en el campo. El movimiento anarcosindicalista ha de encabezar la resistencia a la gentrificación”.

Ninguna conceptualización teórica podrá, en cualquier caso, predeterminar el carácter futuro de las luchas sociales. Sólo el desarrollo imparable del creciente conflicto por las condiciones básicas de subsistencia de las clases populares podrá generar -o, en caso contrario, encaminarnos de forma rauda a la barbarie- la constitución de nuevos sujetos transformadores, que desafíen el embate redoblado de los “amos del planeta” contra los fundamentos del metabolismo social y natural.

La ciudad neoliberal es, en definitiva, en los términos de Smith, un territorio “revanchista” y cruel; un campo de batalla polarizado entre la defensa feroz de los desmedidos privilegios ostentados por los “vencedores”, y la lucha por la dignidad y la emancipación, mediante los intentos de organización y de resistencia de los -ojalá que provisionalmente- “perdedores”.

Blog del autor: https://trampantojosyembelecos.wordpress.com/2025/06/11/la-vivienda-como-lugar-de-combate-i/#more-3026

Alfredo Apilánez. Economista y profesor. Autor de varios artículos y trabajos sobre temas relacionados con la economía, principalmente en el ámbito financiero, y del libro Las Entrañas de la Bestia. La fábrica de dinero en el capitalismo desquiciado

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30 argumentos contra el Banco Mundial y el FMI

Por: Caty R

El Foro se celebró en la Universidad de Filipinas, en la capital. El título del Foro era: «Cadenas de deuda y vidas desplazadas: enfrentado el legado de las Instituciones Financieras en el Sur Global». El evento contó con el apoyo y la colaboración de un gran número de organizaciones junto con el IIRE Manila y el CADTM: el Programa AltDev sobre Desarrollo Alternativo del UP CIDS, el Centro para la Defensa de los Migrantes, Focus on the Global South, la Coalición para la Liberación de la Deuda (Freedom From Debt Coalition), Sumpay Mindanao, el Centro de Recursos y Servicios Kaagapay OFW, el Departamento de Geografía de la Universidad de Filipinas y el Movimiento Asiático de los Pueblos sobre la Deuda y el Desarrollo (APMDD). Tras el discurso de Eric Toussaint, que se reproduce a continuación, se llevaron a cabo una docena de presentaciones a cargo de representantes de las organizaciones que apoyaron el evento, así como de delegados/das de la India, Pakistán y Bangladesh. Las presentaciones se centraron, entre otras cosas, en la relación entre la naturaleza perjudicial de las políticas dictadas por el dúo Banco Mundial/FMI y la tragedia que la migración suele representar para los pueblos del Sur Global.

1. Desde su creación en 1944, el Banco Mundial y el FMI han apoyado activamente a todas las dictaduras y regímenes corruptos del bando aliado de Estados Unidos.

2. El Banco Mundial y el FMI atentan contra la soberanía de los Estados, en flagrante violación del derecho de los pueblos a la autodeterminación, en particular mediante las condiciones que imponen.

3. Estas condiciones empobrecen a las poblaciones, aumentan las desigualdades, entregan los países a las multinacionales y modifican la legislación de los Estados (reescritura completa de los códigos laborales, mineros y forestales, derogación de los convenios colectivos, etc.) en beneficio de los acreedores y los «inversores» extranjeros.

4. A pesar de la detección de desvíos masivos de fondos, el Banco Mundial y el FMI mantuvieron, e incluso aumentaron, las sumas prestadas a regímenes corruptos y dictatoriales aliados con las potencias occidentales.

5. Han apoyado a las peores dictaduras hasta el último momento. Por ejemplo: los casos emblemáticos de su apoyo a Suharto en Indonesia de 1965 a 1998; a Marcos en Filipinas de 1972 a 1986; a Ben Ali en Túnez y a Mubarak en Egipto hasta su derrocamiento en 2011.

Han apoyado a las peores dictaduras hasta el último momento. Por ejemplo: los casos emblemáticos de su apoyo a Suharto en Indonesia de 1965 a 1998

6. Han saboteado activamente los experimentos progresistas en materia de democracia. He aquí algunos ejemplos: Jacobo Árbenz en Guatemala en 1954; Mohammed Mossadegh en Irán en la primera mitad de la década de 1950; Soekarno en Indonesia y João Goulart en Brasil a principios de la década de 1960; los sandinistas en Nicaragua en la década de 1980 y, por supuesto, Salvador Allende en Chile entre 1970 y 1973. La lista completa es mucho más larga.
7. El Banco y el FMI financian a dictadores y luego exigen a sus víctimas el reembolso de las odiosas deudas contraídas por sus opresores.

8. La deuda colonial odiosa. Del mismo modo, el Banco obligó a las poblaciones de los países que se independizaron a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta a pagar las odiosas deudas contraídas por las antiguas potencias coloniales para colonizar sus países. Un ejemplo llamativo es la transferencia, a costa del Congo independiente, de la deuda colonial contraída por Bélgica con el Banco Mundial para completar la colonización del Congo (Kinshasa) en la década de 1950. Y ello a pesar de que tales transferencias de deudas coloniales están prohibidas por el Derecho Internacional.

9. En la década de 1960, el Banco y el FMI prestaron apoyo financiero a países como Sudáfrica bajo el apartheid y Portugal, que mantenía su dominio sobre sus colonias de África y el Pacífico a pesar del boicot financiero internacional decretado por la ONU. El Banco Mundial también apoyó a un país (Indonesia) que había anexionado por la fuerza a otro país (Timor Oriental) en 1975.

10. En el plano ecológico, el Banco aplica políticas productivistas y extractivistas desastrosas para las poblaciones y perjudiciales para la naturaleza. Sigue apoyando la construcción de centrales térmicas de carbón, con efectos desastrosos en términos de contaminación y cambio climático. Incluso ha logrado arrogarse la gestión del mercado de permisos de emisión de gases de efecto invernadero. El Banco Mundial también financia la construcción de grandes presas que causan enormes daños medioambientales. Fomenta el desarrollo de la agroindustria en detrimento de la agricultura familiar, apoyando el uso masivo de pesticidas, herbicidas y fertilizantes químicos, responsables de la dramática pérdida de biodiversidad y del empobrecimiento de los suelos. El Banco Mundial promueve la privatización y la comercialización de la tierra en beneficio de los grandes terratenientes. El presidente del Banco Mundial está tratando de convencer al consejo de administración para que financie el desarrollo de centrales nucleares.

11. El Banco Mundial y el FMI financian proyectos que violan flagrantemente los derechos humanos. Entre los proyectos menos respetuosos con los derechos humanos y directamente apoyados por el Banco figura el proyecto de «transmigración» llevado a cabo en Indonesia en los años setenta y ochenta, muchos de cuyos elementos podrían calificarse de crímenes contra la humanidad (destrucción del entorno natural de las poblaciones indígenas y desplazamientos forzados de poblaciones).

12. El Banco Mundial y el FMI han contribuido a la aparición de factores que han provocado varias crisis de deuda. En resumen: a) el Banco Mundial y el FMI han animado a los países a contraer deudas en condiciones que han llevado al sobreendeudamiento; b) el Banco Mundial y el FMI han incitado, e incluso obligado, a los países a suprimir los controles sobre los movimientos de capitales y los tipos de cambio, aumentando así la volatilidad de los capitales y facilitando considerablemente su fuga; c) el Banco Mundial y el FMI han incitado a los países a abandonar la industrialización por sustitución de importaciones (ISI) y a sustituirla por un modelo basado en la promoción de las exportaciones.

13. Tan pronto como estalla una crisis de deuda, el Banco Mundial y el FMI favorecen sistemáticamente a los acreedores y debilitan a los países endeudados.

14. El Banco Mundial y el FMI recomiendan, e incluso imponen, políticas que hacen recaer la carga de la deuda sobre la población, favoreciendo a los más poderosos.

El Banco Mundial y el FMI recomiendan, e incluso imponen, políticas que hacen recaer la carga de la deuda sobre la población, favoreciendo a los más poderosos.

15. El Banco Mundial y el FMI alientan la «generalización» de un modelo económico que aumenta sistemáticamente las desigualdades entre los países y dentro de ellos.

16. Con la complicidad de los gobiernos de los países endeudados, el Banco Mundial y el FMI extienden las políticas de ajuste estructural a la mayoría de los países de América Latina, África, Asia y Europa Central y Oriental.

17. En los países mencionados, se han llevado a cabo privatizaciones masivas en detrimento del bien común, enriqueciendo enormemente a un puñado de oligarcas.

18. El Banco Mundial y el FMI refuerzan las grandes empresas privadas y debilitan a las autoridades públicas y a los pequeños productores. Han acentuado la explotación de los trabajadores y los pequeños productores y han aumentado su precariedad.

19. Su supuesta lucha contra la pobreza no logra ocultar una política que, en la práctica, reproduce y agrava las causas mismas de la pobreza.

20. El discurso del Banco Mundial sobre la «igualdad de género» coincide en realidad con políticas que, de hecho, refuerzan ciertos aspectos de la dominación patriarcal. Las políticas financiadas por el Banco y el FMI tienen consecuencias negativas en la vida de las mujeres.

21. La liberalización de los flujos de capital, que han fomentado sistemáticamente, ha aumentado el impacto negativo de la evasión fiscal, la fuga de capitales y la corrupción.

22. La liberalización del comercio ha reforzado a las economías más fuertes y ha debilitado aún más a las más débiles. La mayoría de los pequeños y medianos productores de los países en desarrollo son incapaces de resistir la competencia de las grandes empresas, ya sean del Norte o del Sur.

23. El Banco Mundial y el FMI, que abogan por la buena gobernanza en sus informes, en realidad se dedican a prácticas dudosas dentro de sus propias instituciones.

24. El Banco Mundial y el FMI han contribuido sistemáticamente a debilitar los servicios de salud pública. Esto ha mermado considerablemente la capacidad de los gobiernos y las poblaciones para hacer frente a enfermedades tradicionales como la malaria y la tuberculosis, así como a nuevas epidemias como la Covid-19.

25. Las políticas neoliberales aumentan la presión sobre las clases populares, obligándolas a buscar trabajo en el extranjero para poder enviar ayuda financiera a sus familias que se han quedado en el país. También se está produciendo una fuga de cerebros.

26. Para un número significativo de países, esta exportación de mano de obra genera más ingresos en divisas que otras exportaciones. Las remesas de los trabajadores migrantes superan los flujos de ayuda oficial al desarrollo (AOD). En 2024, el importe total de las remesas de los migrantes a los países de renta baja y media se estima en más de 656 000 millones de dólares, según datos del Banco Mundial. La AOD total, que incluye una mayoría de préstamos y solo una pequeña minoría de donaciones, ascendía a algo menos de 200 000 millones de dólares. Esta cifra incluye la AOD a Ucrania, que no es un país en desarrollo. En Filipinas, las remesas de los migrantes a sus familias que se quedaron en el país ascendieron a 39 000 millones en 2024, mientras que las donaciones de AOD apenas superaron los 2000 millones.

27. Algunos gobiernos fomentan activamente esta exportación de mano de obra. En los Estados del Golfo o en las economías de los países más industrializados, estos migrantes suelen ser explotados y privados de sus derechos políticos, económicos, sociales y culturales.

28. Estas dos instituciones marginan a la mayoría de los países en desarrollo, a pesar de que representan la mayoría de sus miembros, favoreciendo así a un puñado de gobiernos de países ricos.

29. En resumen, el Banco Mundial y el FMI son instrumentos despóticos en manos de una oligarquía internacional (un puñado de grandes potencias, sus gobiernos y sus empresas transnacionales) que apoyan un sistema capitalista internacional perjudicial para la humanidad y el medio ambiente.

30. Las prácticas y actividades perjudiciales del Banco Mundial y el FMI deben ser denunciadas para que cesen. Las deudas cuyo reembolso reclaman estas instituciones deben ser canceladas, y las instituciones y sus dirigentes deben ser llevados ante la justicia.

Conclusión

Es urgente establecer una nueva arquitectura internacional democrática que favorezca la redistribución de la riqueza y apoye los esfuerzos de los pueblos por un desarrollo socialmente justo y respetuoso con la naturaleza.

Según el CADTM, es imposible reformar el Banco Mundial y el FMI. Estas dos instituciones deben disolverse y sustituirse por instituciones internacionales democráticas. La organización que sustituya al Banco Mundial debería estar fuertemente regionalizada (Bancos del Sur podrían estar vinculados a ella). Su función sería conceder préstamos a tipos de interés muy bajos, incluso nulos. Su ayuda solo se concedería si se utiliza en estricto cumplimiento de las normas sociales y medioambientales y, en general, de los derechos humanos fundamentales. A diferencia del actual Banco Mundial, el nuevo banco, que tanto necesita el mundo, no trataría de representar los intereses de los acreedores sometiendo a los deudores al poder omnipotente del mercado, su misión prioritaria sería defender los intereses de los pueblos que reciben los préstamos y las donaciones.

En cuanto al nuevo FMI, debería volver a parte de su mandato inicial: garantizar la estabilidad de las monedas, luchar contra la especulación, controlar los movimientos de capitales y luchar contra los paraísos fiscales y la evasión fiscal. Para alcanzar este objetivo, podría contribuir, junto con las autoridades nacionales y los fondos monetarios regionales que también deben crearse, a la recaudación de diversos impuestos internacionales.

Eric Toussaint es doctor en Ciencias políticas de la Universidad de Lieja y de la Universidad de París VIII, es el portavoz del CADTM internacional y  miembro del Consejo Científico de ATTAC Francia.

Fuente: https://www.cadtm.org/Enfrentar-el-legado-de-las-Instituciones-Financieras-en-el-Sur-Global-30

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El «gran y hermoso proyecto de ley» de Trump es una guerra de clases descarada

Por: Caty R

El «gran y hermoso proyecto de ley» de Donald Trump, aprobado por los republicanos de la Cámara de Representantes el mes pasado, se ha promocionado como una «rebaja fiscal para la clase media». En realidad, supone otra ronda de ayudas para los ricos.

Como ha expuesto el Instituto de Política Fiscal y Económica (ITEP) en su reciente análisis, esta legislación es un descarado regalo a los ultra ricos y a las multinacionales, pagado por los trabajadores.

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Libertarios y anarcocapitalistas de todo el mundo unidos… a la teta de los gobiernos

Por: Caty R

Ahora se pelea con su jefe, el presidente Trump, porque dice que su ley presupuestaria va a producir más déficit y deuda, y este último lo amenaza con quitarle los miles de millones de dólares que recibe del Gobierno.

No es sólo la crónica de un esperpento. Es una muestra más de la incompetencia, la ignorancia, el cinismo y la maldad criminal de los nuevos multimillonarios que están secuestrando a los Estados para estrujarlos como a un limón en su beneficio y que usan como escuadrón ideológico que lo justifique a los economistas libertarios o anarcocapitalistas, como ellos mismos se autodenominan.

Musk, es un buen paradigma y expresión del nuevo tipo de capital tecnológico que se propone dominar el mundo. Existe gracias al dinero público que durante muchos años se ha dedicado a promover la investigación básica y no puede hacer negocios sin ayudas millonarias de los gobiernos, pero ataca sin piedad la intervención del Estado porque quiere tenerlo todo y no está dispuesto a poner ni un dólar en impuestos para contribuir al gasto común.

Musk ha mostrado ser un incompetente. Aseguró que ahorraría dos billones de dólares y sólo ha ahorrado, según la web de su propio departamento, 180.000 millones de dólares. A pesar de haber dispuesto de todos los medios necesarios, lo más probable es que, en realidad, no haya ahorrado ni la mitad de esta última cifra. Y eso, teniendo en cuenta que no se contabilizan los costes que esos recortes van a producirle al gobierno por otras vías.

Musk ha mostrado que es un ignorante. Se extraña ahora de que los recortes presupuestarios añaden más déficit y deuda, cuando ese ha sido el resultado de todas y cada una de las operaciones de recortes de inspiración neoliberal y libertaria que se han hecho en las últimas décadas. No puede ser de otro modo, cuando lo único que se hace es recortar impuestos a los ricos y gasto social a los más pobres y, al mismo tiempo, se aumenta en mayor medida el gasto militar y el de ayudas a las grandes empresas y al sector financiero.

Musk es un cínico porque despotrica contra el gasto público cuando sus empresas han podido existir y ganar dinero gracias a las ayudas gubernamentales: al menos 38.000 millones de dólares en los últimos cinco años, según The Washington Post. Y sus empresas no han sido las únicas en recibir esas ayudas. Aunque no es fácil determinarlo con exactitud, se calcula que las 500 cotizadas más grandes de Estados Unidos reciben entre 500.000 millones de dólares y 750.000 millones anualmente de dinero público en forma de ayudas, rescates, beneficios fiscales o contratos. Y es imposible calcular el beneficio que reciben por el uso de infraestructuras, investigación o fondos federales por el que no pagan.

Elon Musk y quienes han alentado, apoyado, aplaudido y permitido sus recortes se han comportado, por último, como seres malvados y auténticos criminales. Sólo el desmantelamiento de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) va a provocar la muerte de millones de personas. Y la nueva ley presupuestaria, entre otras consecuencias de ese tipo, va a limitar el acceso a la atención médica a más de 11 millones de ciudadanos de ese país, mientras que baja los impuestos y da ayudas millonarias a los más ricos.

Las industrias y empresas que reclaman la no intervención pública buscan, en realidad, que esta se mantenga con toda su contundencia, pero a su favor. Es lo que ha ocurrido con las grandes tecnológicas que han conseguido que el Estado federal intervenga para prohibir (en la reciente ley presupuestaria) que los diferentes estados legislen sobre Inteligencia Artificial en los próximos diez años para combatir la manipulación y los fraudes. Intervención del Estado a favor de los demás, no; en el suyo, toda la que sea necesaria y mucho más.

Mientras que Elon Musk y Donald Trump han estado haciendo todo esto, han gozado del apoyo y la complacencia de un ejército magníficamente bien pagado de palmeros de medio mundo. Una legión de economistas y periodistas que se dedican a promover la religión de los mercados libres que nadie ha visto nunca, y a justificar bajadas de impuestos y recortes de gastos con datos falsos y teorías económico de las que sólo se ha podido contrastar que, cuando se han puesto en práctica, siempre han tenido el efecto contrario al anunciado (más deuda y peor economía) y el que nunca reconocen (más riqueza y privilegios para los más ricos).

Para semejante proyecto no se puede recurrir sino a lo que se está recurriendo: a la mentira, a la extrema derecha totalitaria y a personajes estrambóticos, drogadictos y viciosos, delincuentes convictos, maleducados y enfermos de avaricia, de poder y egolatría. Lo peorcito de cada casa, pero que sacarán adelante su negocio si no se levanta frente a ellos una oleada de denuncia y transparencia, y un reclamo planetario de verdad, libertad, democracia, justicia y paz.

Fuente: https://juantorreslopez.com/libertarios-y-anarcocapitalistas-de-todo-el-mundo-unidos-a-la-teta-de-los-gobiernos/

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La Carta de Derechos Económicos que el neoliberalismo secuestró

Por: Caty R

En 1974, en plena Guerra Fría, el Sur Global logró introducir entre los pasillos de la ONU un documento que intentaría modificar los cimientos del capitalismo dominante: la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados (Resolución 3281). Este texto revolucionario proclamaba, entre otras cosas:

Artículo 1 (Soberanía permanente): Todo Estado tiene el derecho soberano e inalienable de elegir su sistema económico, político, social y cultural, de acuerdo con la voluntad de su pueblo, sin injerencias ni amenazas externas.

Artículo 2: Todo Estado ejerce soberanía plena sobre sus recursos naturales y actividades económicas. Puede regular la inversión extranjera, supervisar a las empresas transnacionales y, si lo considera necesario, expropiar bienes con compensación apropiada, según sus leyes y circunstancias.

Artículo 7: Reconoce el derecho de los Estados a reestructurar sus deudas.

Transcurrido más de medio siglo nos sorprende cómo un manifiesto, en plena Guerra Fría, declaraba sin tapujos que los recursos naturales pertenecen a los pueblos, que las transnacionales deben obedecer leyes locales y que ningún país está obligado a pagar deudas contraídas por gobiernos ilegítimos o que la propia deuda lo fuera.

Hoy, algunos de estos principios serían tildados de «trotskistas», lo cual demuestra el retroceso ideológico y el desequilibrio del orden económico global que aquella carta intentó contrarrestar. Su objetivo era claro: instaurar un nuevo orden económico internacional basado en la equidad, la soberanía, la cooperación y el interés común.

Mientras figuras como Kissinger promovían golpes en América Latina y las petroleras anglosajonas saqueaban África, la carta fue condenada al olvido. Estados Unidos, Alemania y Reino Unido —los actuales defensores de las «reglas globales»— la sabotearon. Para la década de 1980, con Reagan y Thatcher a la cabeza, el neoliberalismo ya había capturado al FMI y al Banco Mundial, convirtiéndolos en herramientas del capital financiero. La doctrina era simple: endeudar, privatizar, desregular y subordinar al Estado al mercado.

Durante la crisis financiera de 2008, mientras la mayoría de los países rescataban a los culpables, Islandia tomó un camino diferente:

– No rescató a los bancos privados. Nacionalizó parcialmente el sistema interno y dejó que quebraran las entidades insolventes.

– Impuso controles de capital (2008–2017), impidiendo la fuga de divisas para estabilizar su moneda.

– Protegió a la población. Aseguró depósitos locales y evitó políticas de austeridad.

Además, juzgó y encarceló a 26 banqueros corruptos y sometió a referéndum el pago de la deuda fraudulenta. El 93% votó NO. ¿El resultado? De 2010 a 2025, Islandia creció un 3% anual (frente al 0,5% de la UE), redujo el desempleo del 9% al 3% y la deuda pública bajó del 90% al 40% del PIB.

Cuando Grecia enfrentó su crisis en 2010 y 2015, eligió un camino muy distinto. A pesar del referéndum del “OXI” (NO), donde el 61,31% votó contra la austeridad, el gobierno de Tsipras acabó aceptando un tercer memorando, impuesto por la Troika (FMI, BCE, UE). El costo fue devastador:

– Desempleo del 27.8% en 2013 (60% en jóvenes), aún en 12% en 2025.

– Éxodo masivo: 500.000 jóvenes emigraron desde 2010.

– Privatizaciones forzadas: aeropuertos, puertos, agua y energía.

– Pensiones recortadas un 40%; los jubilados sobreviven con €500 al mes.

– La deuda pasó del 127% del PIB (2009) al 180% (2018), y ronda el 160% en 2025.

– El 92% de los «rescates» fue a bancos alemanes y franceses.

Algunos analistas atribuyen esta diferencia al hecho de que Islandia tenía su propia moneda. Sin embargo, más allá del euro, fue una cuestión de voluntad política y soberanía.

La crisis griega (2010-2018) fue un laboratorio de cómo el neoliberalismo impone deudas ilegítimas a través de instituciones como el FMI, el BCE y la Comisión Europea (la «Troika»). Aunque la ONU no intervino directamente, su marco legal y técnico respalda la idea de que Grecia podría haber repudiado parte de su deuda.

La UNCTAD, en su informe de 2015, calificó la deuda griega como odiosa, recomendando una auditoría y una quita del 50%. Ese mismo año, la Asamblea General de la ONU aprobó principios para reestructurar deudas soberanas, como:

1. Transparencia y auditoría pública.

2. Prohibición de injerencias externas.

3. Respeto a los derechos humanos.

Grecia pudo haberlos invocado, pero eligió no hacerlo. Como suele ocurrir, los principios legales fueron ignorados por la realpolitik.

Hoy, la ONU parece una sombra de lo que aspiraba a ser en 1974. Sus resoluciones sobre Palestina son vetadas; sus advertencias sobre el cambio climático, ignoradas. Su visión sobre soberanía económica es pisoteada.

El FMI sigue operando como un cobrador mafioso, imponiendo ajustes que enriquecen a los acreedores y empobrecen a los pueblos. ¿Qué hizo la ONU por Grecia? Nada. Y lo mismo podría decirse de Gaza, Yemen o Ucrania. La ONU observa, pero no actúa.

El sistema internacional se esta convirtiendo en un sistema anárquico donde no existe un vigilante nocturno, no hay una autoridad superior a quien pedirle ayuda en caso que un estado vaya en tu contra. Como dice John J. Mearsheimer profesor de ciencia política en la Universidad de Chicago “si eres débil, hay una posibilidad seria que se aprovechen de ti”, nadie quiere dar la sensación de ser endeble.

Algunos, como Serguéi Lavrov, proponen que la Carta de la ONU sea la base jurídica de un nuevo orden multipolar. Una idea que, aunque cuestionada por su origen geopolítico, plantea un punto válido: el “orden basado en reglas” promovido por Occidente se ha convertido en una herramienta para consolidar su hegemonía. La idea de “América primero” es alarmantemente similar al eslogan hitleriano “Alemania por encima de todo”, y una apuesta por la “paz mediante la fuerza” podría ser el golpe de gracia a la diplomacia.

La Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados no fue destruida por el neoliberalismo solamente, sino también por sus cómplices, aquellos que, desde el poder, la archivaron por considerarla demasiado incómoda.

Pero el documento sigue existiendo. Dormido, sí. Olvidado, quizás. Pero no muerto. Y en un mundo donde resurgen los debates sobre soberanía, deuda y justicia económica, su contenido vuelve a cobrar relevancia.

Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2025/06/08/la-carta-de-derechos-economicos-que-el-neoliberalismo-secuestro/

✇Rebelion

Una renta básica universal para una mejor vida, salud y libertad

Por: Caty R

Introducción

Vivimos tiempos de inseguridad económica y el miedo y la preocupación por el futuro en estos años de pandemias y guerras es cada vez más evidente. Según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) el nivel de preocupación entre la población es alto: 6 de cada 7 personas en todo el mundo afirman sentirse inseguras con respecto a muchos aspectos de su vida (1).Según este informe, a las privaciones existentes hay que añadir más fuentes de incertidumbre que se superponen: “El contexto del peligroso cambio planetario del Antropoceno y su interacción con las desigualdades humanas, los esfuerzos deliberados por lograr una transición de nuestras sociedades industriales hacia un futuro con bajas emisiones de carbono y la intensificación de la polarización política y social entre los países y dentro de ellos, facilitada por el uso que se hace a menudo de las nuevas tecnologías digitales.”

Todo ello hace cada vez más necesario plantear respuestas que estén a la altura de las circunstancias y no seguir con recetas caducadas y que se han mostrado ineficaces.

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✇Rebelion

¿Una nueva fase del capitalismo o la lógica del resorte?

Por: Caty R

1.- Donald Trump 2.0, el avance de la derecha nacionalista en Europa (Italia, Francia, Alemania, Países bajos, Suecia), el fortalecimiento de los nacionalismos en diversas partes del mundo, han permitido que una serie de personas, tanto en la academia como en el periodismo, hablen de que lo que se está viviendo es el fin de lo que se conoció como Neoliberalismo (en América Latina) Liberalismo (en Europa y Estados Unidos).

Lo que en términos estrictos no era sino una fase intensiva de la internacionalización del capital, por medio de un proceso de deslocalización de la inversión, lo mismo que una dinámica de deslocalización de los procesos productivos y del trabajo, a la par de una nueva dinámica de acumulación por despojo, que empalidecía a lo que se conoció como la Acumulación Originaria de Capital, y un abandono paulatino de cualquier intervención del Estado Nación en los procesos productivos, a la par de un proceso de privatización de todo lo que tiene que ver con lo público, en especial, la seguridad social.

Esa fase a su vez había generado un proceso de crisis del Estado Nación y con él de una serie de viejas instituciones que se crearon a su vera (sindicatos, partidos políticos, división de poderes, parlamentos, Supremas Cortes de Justicia, etc.). El conjunto de instituciones de lo que se conoció como democracia burguesa crujían, algunas fueron desarticuladas y otras neutralizadas.

Además de promover la implementación de una guerra total en contra de la humanidad, algunas veces llevada a cabo por medios militares, otras por medio de bombas financieras, otras por medio del exterminio del Otr@. En una dinámica perversa en la que cada vez se conquistaban más derechos por medios de leyes que, de manera constante, eran negados en la realidad por medio del exterminio (feminicidios, desapariciones, racismo desbordado, eliminaciones de pueblos, tierra arrasada que obliga a los seres humanos a moverse de sus pueblos, migración de millones de personas, etc.) y el desprecio.

2.- Entonces, se dice, estaríamos entrando a una nueva fase del capitalismo que regresaría sobre sus pasos:

a) El resurgimiento de una política proteccionista que buscaría privilegiar la producción industrial nacional, terminando con el proceso de internacionalización de capital, por medio de políticas arancelarias que tendería a terminar con la deslocalización del capital y lograr la reindustrialización, en particular, de los Estados Unidos.

b) La reconformación de zonas de influencia en el mundo, con un mundo occidental dominado por los Estados Unidos, una Europa Oriental dominada por Rusia y un extremo oriente dominado por China.

c) En ese mundo existiría una posición predominante de los Estados Unidos, quien determinaría los límites tanto de Rusia como de China.

d) Además buscaría generar un nuevo acuerdo de control en medio oriente con la conformación de una alianza establecida formalmente entre Egipto, Arabia Saudí, Catar y sobre todo el Estado sionista de Israel. Tratando de eliminar a las diversas organizaciones que se salgan de ese gran acuerdo (Hamas, Hezbolá, ISIS, La República Islámica de Irán, el ex Partido del Trabajo Kurdo, varios de los cuales están enfrentados entre sí y que, desde luego, no son iguales).

e) En lo fundamental la ideología que dominaría es lo que algunas llaman el nuevo fascismo (o el fascismo del fin de los tiempos) o una nueva derecha nacionalista, xenófoba, misógina, homofóbica, negacionista, que parte de creencias religiosas, anticientíficas y anticulturales.

f) El resurgimiento del Estado Nación, por medio de una política que tiende a anular la vieja democracia representativa, lo mismo que sus instituciones (lo que en Estados Unidos llaman comoDeep State). Donde el Bonaparte en turno gobierna por medio de decretos, controlando-anulando a los parlamentos y a los sistemas de justicia, al ponerlos bajo su dominio, proceso que recorre muchas partes de la geografía mundial.

¿Viabilidad o whishful thinking?

Entonces analicemos el fenómeno tratando de alejarnos lo más posible del mundo aparencial que todo esto ha generado. Iniciando con la forma en que el capitalismo está organizado y lo que son sus mecanismos de funcionamiento más allá de lo que se expresa en el terreno de la política y la ideología.

Primero que nada, es indispensable romper con una visión geopolítica limitada, que siempre confunde los intereses de tal o cual persona o corriente o fracción del poder con los intereses tanto del capital como de los que sufren las consecuencias de este y los que luchan en contra de él. El análisis geopolítico aislado, casi siempre, confunde ideología con realidad. Y, desde luego, casi siempre, ignora completamente la lucha de clases, para desarrollar la idea de conflictos entre Estados. Esa visión del análisis político deja a los de abajo como simples espectadores de lo que los aparatos de control estatal o social o incluso individuos con poder económico y mediático piensan, desean o vociferan.

Lo fundamental en las relaciones capitalistas, lo que determina todo es la forma de apropiación de los medios de producción. No es lo mismo la forma que tenía esa apropiación en el origen de este sistema con lo que se vivió en lo que se conoció como fase imperialista, por medio del desarrollo de los monopolios y del capital financiero, con lo que se conoció como capitalismo tardío con la automatización de la producción y la reducción del tiempo de la rotación del capital. Y la nueva forma que ha adquirido esa apropiación desde 1980, en lo que conoció como neoliberalismo, que no fue otra cosa que un proceso de reestructuración productiva, un relanzamiento del despojo, una deslocalización del capital y del trabajo y el retorno del capital ficticio de manera abrumadora.

Entonces para poder hablar de un regreso del capitalismo a fases anteriores es indispensable discernir si esas formas del capitalismo han cambiado o seriamente existe un proyecto para cambiarlas.

Pero antes que nada es indispensable refutar a aquellos que, impresionados con los cambios que vivía el capitalismo en esta nueva fase conocida como neoliberalismo, fueron víctimas de los cantos de sirena y trasmitieron un cierto enamoramiento sobre esta fase a la que supuestamente combatían.

El capitalismo es por esencia un sistema inestable (el simple hecho de que está basado en la autovalorización, por medio del trabajo no pagado, lo hace inestable), esa inestabilidad permite que para sobrevivir tenga que pasar por encima de todo lo que tenga enfrente y, muchas veces, a su lado, comenzando por la naturaleza. No existe la fábula de un capitalismo estable, que puede controlar sus impulsos destructores por medio de buenos gobernantes o de mecanismos monetarios, o peor con base en ideologías baratas, que hablan de que es viable un capitalismo bueno; ese animal no existe.

El capitalismo llegó chorreando sangre y ha continuado chorreando sangre, durante todo su devenir y no hay nada que indique que esto se va a modificar. Por eso a pesar de casi destruir al Estado Nación por la internacionalización de los procesos productivos no dio, porque no puede dar, pasos serios en la construcción de un Estado supranacional que asegurara un mundo idílico para el capital. El capitalismo tiene como religión la competencia que significa la explotación del trabajo, el despojo de los bienes terrenales y la eliminación de los capitales más débiles.

En su esencia se encuentra la dinámica de destrucción no sólo de los dominados sino también entre los capitalistas mismos. La competencia no sólo subsistió en esta nueva fase del capitalismo sino que se hizo más aguda, más inclemente.

Es ahí donde se encuentra la lógica final de la destrucción del mundo y la lógica de buscar las nuevas zonas de salvación (la creación de bunkers en Groenlandia, o en Hawái) de los más poderosos (pero esto que es una tendencia, sería un error telescopiarla. El capitalismo no se va a suicidar. Mucha agua pasará bajo el puente).

Por lo tanto un capitalismo armónico y estable es una antinomia.

Las consecuencias de un proceso arrasador de la internacionalización de capital

Lo que pasa es que el proceso de internacionalización del capital ha sido tan arrasador que inevitablemente tenía que generar una reacción (ya sea conservadora o populista, que no son excluyentes). Esa reacción hoy llega a su punto más alto con Donald Trump 2.0. Presidente de la potencia militar más poderosa de la historia de la humanidad, rodeado por un hato de empresarios-ideólogos de un pensamiento fascista tecnológico, al que caracterizo como lumpenburguesía.

Ese proceso de internacionalización generó un resurgimiento del pensamiento nacionalista más primario y atrasado. Todo nacionalismo es excluyente, minimizador, empobrecedor. Pero si ese nacionalismo vulgar gana las elecciones en el país más poderoso militarmente hablando, todo es más peligroso.

Quien más claramente vislumbró está situación fueron los hermanos zapatistas, cuando en 2018 señalaron lo siguiente:

Estos tres elementos de esa crisis compleja (están hablando de la crisis ambiental, la crisis migratoria y la crisis energética. Nota mía), ponen en entredicho la existencia misma del planeta.

¿La crisis terminal del capitalismo? Ni de lejos. El sistema ha demostrado que es capaz de superar sus contradicciones e, incluso, funcionar con ellas y en ellas.

Entonces, ante esas crisis que el mismo capitalismo provoca, que provoca migración, provoca catástrofes naturales; que se acerca al límite de sus recursos energéticos fundamentales (en este caso el petróleo y el carbón), parece que el sistema está ensayando un repliegue hacia dentro, como una antiglobalización, para poder defenderse de sí mismo y está usando a la derecha política como garante de ese repliegue.

Esta aparente contracción del sistema es como un resorte que se retrae para luego expandirse. En realidad, el sistema se está preparando para una guerra. Otra guerra. Una total: en todas partes, todo el tiempo y con todos los medios.

Se están construyendo muros legales, muros culturales y muros materiales para tratar de defenderse de la migración que ellos mismos provocaron; y se está tratando de volver a mapear el mundo, sus recursos y sus catástrofes, para que los primeros se administren para que el capital mantenga su funcionamiento, y las segundas no afecten tanto a los centros donde se agrupa el Poder.

Estos muros van a seguir proliferando, según nosotros, hasta que se vaya construyendo una especie de archipiélago de arriba donde, dentro de islas protegidas, queden los dueños, digamos, los que tienen la riqueza; y afuera de esos archipiélagos quedamos todos los demás. Un archipiélago con islas para los patrones, y con islas diferenciadas –como las fincas- con labores específicas. Y, muy aparte, las islas perdidas, las de l@s desechables. Y en el mar abierto, millones de barcazas deambulando de una a otra isla, buscando un lugar para atracar1/.

Ese resorte retrotrayéndose es lo que parece que estamos viviendo. La extensión del proceso de internacionalización del capital fue de tal dimensión que no sólo generó un nuevo mapa productivo mundial, sino también el sentimiento de orfandad de sectores importante de las poblaciones de varios de los que formaban parte de los Estados Nacionales imperiales.

En especial en los Estados Unidos de América (EUA) esto se había venido expresando de diversas maneras, con el surgimiento de un sector muy importante de la clase trabajadora norteamericana blanca (pero no únicamente) y de viejos granjeros arruinados desde hace varias décadas y de una serie de empleados del sector servicios que han vivido la pérdida de sus casas, deudas impagables en sus diversas tarjetas de crédito. Todos ellos empobrecidos por la nueva forma de organización productiva que el capitalismo generó con la internacionalización del capital.

Entonces no era la crisis de los años 20s y 30s en Alemania y el rencor de los alemanes en contra del Pacto de Versalles, pero sí era la generación del rencor y el odio hacia un enemigo inventado por los medios de comunicación, las redes sociales; ese enemigo eran los habitantes y los países a donde se fue la inversión productiva y en consonancia con estos, la recreación de un candidato y una campaña que ha pasado por encima, pisoteando a los dos viejos partidos hegemónicos del pasado y el conjunto de instituciones de la democracia representativa norteamericana. Porque solamente alguien muy ingenuo puede pensar que quien ganó fue el partido republicano.

Atrás de ese rencor y esa rabia también se encuentra la forma de organización de la producción en su proceso cuasi frenético de internacionalización. Todo lo que se conoció como un proceso de deslocalización, no sólo de la producción sino también del trabajo, de la inversión y de las cadenas productivas.

Ya en otros momentos se han dado varios intentos para frenar esa internacionalización del capital: el Brexit, el primer gobierno de Trump, pero es ahora, con el segundo mandato trumpista que este resorte parece encogerse al máximo, tanto que muchos analistas económicos, tanto de derecha como de izquierda, ya decretaron la muerte del llamado neoliberalismo, algunos con gran entusiasmo y otros con lágrimas en los ojos (en especial eso lo podemos observar entre algunos sectores de izquierda, como en México donde los militantes de Morena se han convertido en los principales defensores del libre comercio, más allá de algunos rubores).

Lo que subyace en este planteamiento de que ya acabó el neoliberalismo es un análisis geopolítico. Todos los que tienen esa visión son víctimas de la política de shock que desde Washington está implementando un lumpenburgués que sueña con la destrucción del Otro. La lumpenburguesía que está en la oficina oval juega, literalmente juega, con la idea de que hay que tener a todo el mundo comiendo del plato que ellos sirven todos los días. Lograr que los diarios impresos no puedan más que comentar noticias que ya son viejas, porque una nueva ya salió. Una política que tiene en las redes sociales su nueva catedral (en especial su red social Truth social que forma parte de un negocio bajo el nombre de Trump Media & Technology Group), donde cada minuto sale un sermón, una admonición, una amenaza, que juega a fondo con los sentimientos de los ciudadanos norteamericanos y que pone los pelos de punta a los gobernantes de otros países y, desde luego a millones de seres humanos en Ucrania, Palestina, Groenlandia, Panamá, México y Europa.

Pero al mismo tiempo es un hecho innegable que ese resorte busca responder a lo que ha sido el impresionante deterioro de las condiciones de vida de la población norteamericana; desde 1980 no ha disminuido el porcentaje de pobreza en ese país, dando como resultado que un poco más del 11 % vive en pobreza, es decir 36.8 millones de personas [se ha mantenido la notación original en que el punto señala los decimales y la coma los millares].

El proceso de deslocalización del capital y del trabajo trajo como consecuencia la desindustralización de regiones enteras de ese país (esto también se vivió en Europa). El incremento de las desigualdades, la pérdida de casas habitación (en la que jugó un papel fundamental la rapacería del capital ficticio), la desesperanza al sentirse abandonados y desplazados, y el incremento del racismo y la xenofobia que hoy campea entre capas enteras de la población blanca, pero no únicamente.

Trump tuvo la virtud de basarse en esos sentimientos para generar la típica visión de amigos y enemigos. Los enemigos son todos los que, según esta visión, han saqueado al pueblo norteamericano, a saber, todos los países y gobiernos del mundo. No las empresas que deslocalizaron su inversión sino los trabajadores de lo que antes se conocía como tercer mundo.

Los migrantes tan humillados… y tan indispensables

El otro gran enemigo inventado son los migrantes. La migración es una necesidad para el capitalismo, tanto norteamericano como europeo. El proceso de envejecimiento de los países desarrollados es un hecho innegable, la edad media en el mundo así lo evidencia: Europa tiene una edad media de 42.5 años; Estados Unidos y Canadá 38.6 (si esto se desglosara entre partes de la población de los Estados Unidos, la población blanca tendría más de 41 años); Japón 48.2 y Corea del sur 42.1. Latinoamérica 29.1; Asia 30.3 (si quitáramos a Japón ese promedio sería más bajo) y África 19.7 años.

El envejecimiento de la población de los países más ricos hace indispensable la migración, más allá de las ansias reaccionarias de la derecha de repoblar con blancos sus países, inhibiendo una serie de conquistas de las mujeres de esos países.

Pero más aún ¿Cuál es el aporte de los migrantes a la economía norteamericana?

La encuesta nacional de trabajadores agrícolas realizada por el Departamento de Trabajo indica que entre 2020 y 2022, el 42% de los empleados en el sector no tenía permiso de trabajo, y aclara que muchos encuestados podrían haber respondido con temor a decir la verdad sobre su estatus2.

Según el Instituto de Política Fiscal y Económica de los Estados Unidos, en 2022 los trabajadores indocumentados pagaron impuestos por la cantidad de 96,700 millones de dólares, esto representa el 40 % del total de impuestos que se recaban en México. Y únicamente la población de migrantes, tanto indocumentados como ya legalizados, aportan el 10 % del PIB de los Estados Unidos, alrededor de 2.06 billones de dólares, más que todo el PIB de México en 2024.

Por eso más allá de la alharaca desatada desde el capitolio, la expulsión de migrantes ha sido, más o menos, similar a la que se realizó bajo el gobierno de Joe Biden. Y la razón es objetiva, el capitalismo de los EUA no puede vivir sin ellos.

Para poner un ejemplo: el 61 % de los trabajadores agrícolas son migrantes, 42 % no tienen papeles y 15 % migran de región en región siguiendo a las cosechas.

Ya quiero ver a jóvenes WASP ocupando los puestos de trabajo de los obreros agrícolas mexicanos o salvadoreños u hondureños, obteniendo salarios tan bajos como ellos.

¿Cuánto le va a costar a los ya de por sí bastante endeudados farmers esta reconversión?

Pero igualmente se podría decir con relación a otros sectores como el de los garments, sin ninguna garantía social, con salarios muy bajos y con jornadas laborales de hasta 14 horas, incluido el hecho de que se han reportado en este sector que existen trabajadores que están secuestrados.

O en todo lo que es el servicio doméstico y de atención de ancianos.

Y esta no es sino una cara de la moneda, la otra se encuentra en el trabajo deslocalizado fuera de EUA, del cual hablaremos más adelante.

Lo que si existe es la utilización del sentimiento de una importante parte de la población blanca norteamericana (pero no solo) en contra de la migración y en contra de que se hayan llevado “sus” fábricas. Aparte de que se vive un reflejo distorsionado de una caída en la educación pública, de un desmonte de muchos servicios de seguridad pública y un crecimiento muy grande de la drogadicción, incremento cuyo primer responsable es la industria farmacéutica norteamericana.

Trump y su lumpenburguesía han decidido achacarle todas las responsabilidades de esta situación a los migrantes y al déficit comercial, déficit inexplicable sino es a partir del proceso de deslocalización que llevaron a cabo las grandes empresas norteamericanas.

Si el pacto de Versalles fue clave para que Hitler y los nazis tomaran el gobierno alemán y elaboraran su idea del Anschluss (anexión), la deslocalización del capital, del trabajo asalariado y del despojo han sido claves para que Trump elabore su Make America Great Again y busque poner bajo su dominio al mundo entero. Esto no inhibe el peligro que en lugar del MAGA lo que se construya sea MAWA (Make America Worse Again).

Pero el emperador tiene las piernas flacas

El problema es que la situación del capitalismo no es ni remotamente la que existió en la época de Hitler y eso no quiere decir que la actual sea más venturosa, sino que existe una forma de su organización que no existía en los años treinta del siglo pasado.

Cuando se rompe con la geopolítica como punto de partidase tiene que buscar en la economía política la explicación de lo que pasa en la realidad. Y si usamos a la economía política como lámpara de Diógenes, entonces inevitablemente tendremos que buscar en la relación Capital-fuerza de trabajo, el mecanismo que nos permita ubicar la viabilidad de que toda esa incontinencia verbal tenga posibilidades reales de cambiar lo que ha sido la forma de organizar (desorganizar) las relaciones sociales de producción en el planeta en su conjunto.

Un compañero suizo repetía muy seguido el siguiente axioma: “la amnesia de las banalidades habla más del que olvida que de lo olvidado”. Y lo que se olvida es que la forma de organizar el capital, el nuevo intercambio comercial que existe hoy en el mundo no es entre países sino entre firmas multinacionales, la nueva forma de estructuración de las empresas, que controlan el sistema capitalista, no se puede echar por la borda para que una lumpenburguesía construya algo que no tiene un diseño claro y que en cambio tiene muchos visos de desastre.

Como nunca en el pasado, el grado de concentración y centralización del capital es impresionante. No simplemente como se analizaba en el pasado en función de monopolios en tal o cual país, sino que estamos hablando de unas cuantas firmas multinacionales que controlan lo fundamental de la economía mundial.

Un estudio de la Universidad de Zurich nos da muchos más elementos:

Este estudio reveló que un pequeño grupo de 147 grandes corporaciones trasnacionales, principalmente de alta tecnología, financieras, minero-extractivas, automotrices y de la producción bélica, en la práctica controlan el 92.86 % de la economía global. El estudio fue el primero en analizar a 43,060 corporaciones transnacionales y desentrañar la tela de araña de la propiedad entre ellas, donde unos cuantos nombres aparecen como propietarios de las acciones de muchas otras.

Así, se logró identificar a 147 compañías que forman una “súper entidad”.

Esas 147 empresas multinacionales comparten en sus Consejos de Administración a los mismos directores generales, directores gerentes, ejecutivos delegados, jefes ejecutivos, presidentes ejecutivos, consejeros delegados, y en sus carteras de inversiones se ubica un número muy reducido de grandes inversionistas3.

Este capitalismo rizomático es la expresión cuasi terminal del proceso de concentración oligopólico del capital. Estamos frente al paroxismo de la conexión intra-firma multinacional, donde el conflicto no se ubica únicamente entre el trabajo asalariado y el capital, sino también entre el empresario y una comunidad dueña de una pequeña parcela que es susceptible de ser expropiada por la existencia de toneladas de roca que pueden ser bombardeadas para sacar oro (por cada tonelada de roca se puede extraer 0.10 gramos de oro). O todo un pueblo cuyo subsuelo de su asentamiento contiene coltán y, entonces, se promueven todas las confrontaciones interétnicas para que estallen guerras, donde mueren más de un millón y medio de seres humanos, para que unas cuantas empresas se queden con esa materia prima —clave para la fabricación de computadoras, celulares y de tabletas— y al mismo tiempo vendan sus armas a esos pueblos.

El capital no tiene patria ¿Y las mercancías?

Desde hace 40 años, el mapa del capital se ha transformado de una manera radical. La nacionalidad de las empresas ha perdido la importancia que tenía en el pasado. La relación entre los Estados y los capitales es cada vez más dispar, en favor de los segundos y en detrimento de los primeros. Ahora, hay que pensar de otra manera esta relación. La diferenciación proviene de que las grandes multinacionales tienen como horizonte el mercado mundial que, como nunca, en su conformación, es mucho más que la suma de los mercados nacionales; estamos frente a una interrelación, interpenetración, intercomunicación, donde los Estados a lo más que llegan es a ser facilitadores de esa relación del capital.

Pongamos un ejemplo: la vieja empresa Chrysler se llama ahora Stallantis, pero ahora es sólo una parte de un conglomerado que tiene su sede en los Países Bajos y que está fusionada con Fiat, y el grupo francés PSA, fabricante de Peugeot, Citröen, Opel.

La base de sustentación de esta nueva relación es el ansia por los bajos costes de producción (infraestructura más barata, menos impuestos y, sobre todo, mano de obra más barata) y la transformación de una parte esencial del plusvalor en inversiones en paraísos fiscales y en endeudar a los diversos Estados nacionales. Estos sólo son el receptáculo de la inversión externa y es con relación a esa inversión que se disputan partes de esta. Esto ha permitido una fase de circulación de capitales como nunca antes en la historia, lo mismo que una circulación mundial de mercancías, en especial de la mercancía fuerza de trabajo, la conformación de un ejército de reserva mundial, ahora sí, auténticamente mundial, lo mismo que la implementación de un gran comercio electrónico global.

Lo que ha traído como correlato una transformación completa de las relaciones de poder, con una especie de privatización del Estado y del conjunto de sus instituciones económicas, en especial las financieras.

Esta dislocación ha producido una serie de cambios en los sectores productivos. Así, la General Motors tiene 32 filiales en todo el mundo, es ahí donde se produce lo fundamental de los automóviles de esa marca. Siendo la más importante la Shangai-GM (China), que controla el 12.5 % de la producción de automóviles en ese país, que es hoy el principal productor de automóviles y ese hecho va más allá de los gritos histérico de Donald Trump. Y lo mismo que en el caso de la GM, se podría señalar el caso de Tesla donde una de las gigafábricas (la segunda más grande) se ubica en Shangái.

Las importaciones norteamericanas que provienen de sus filiales instaladas en los países llamados desarrollados pasaron de 75.9 a 48.6 %. Mientras que en el caso de sus filiales en países llamados subdesarrollados o emergentes pasaron de 24.1 %, en 1983, a 51.4 en el 2018. Igualmente, en el caso de la inversión extranjera directa norteamericana en los países subdesarrollados, que en 1986 representaba el 16.7 %, en el 2018 llegó a 41 %.

Estos dos procesos han generado la desaparición de ciudades-industria en todo el mundo desarrollado: la ciudad de Detroit, cuna del automóvil, con la deslocalización y la automatización pasó de 1.800.000 habitantes a sólo 700.000, y el desempleo llega hasta el 23 %. Pittsburg, ciudad acerera de la cual lo único que queda es el equipo de fútbol americano. Baltimore, donde el comercio de heroína sustituyó a la industria. Turín, donde la gran fábrica Fiat fue completamente descuartizada. Londres es una ciudad donde se encuentran más de 480 bancos de todo el mundo, lo que la ha convertido –hasta antes del Brexit– en el centro financiero más importante. Lieja, ciudad industrial de la región valona de Bélgica, donde sus fábricas sufrieron un proceso de envejecimiento que fue permitido sin ninguna intervención estatal, para después pasar a ser la zona tecnológica por excelencia, pero con un decremento de trabajadores de cuello azul y un incremento de trabajadores de cuello blanco. Manchester, de ser conocida como Cottonopolis, ahora es un centro financiero y cultural. Chicago, de ser una ciudad industrial ahora es un centro internacional de negocios, sede de grandes corredurías bursátiles (en esa ciudad se tiene el control de los bonos de carbón). Dresde, que era la ciudad más industrializada de Alemania oriental, ahora es un nudo carretero y financiero…

Como podemos ver en el cuadro que sigue, la pérdida de empleos en el sector manufacturero es de casi el 50 % en Alemania, de casi el 60 % en Reino Unido, lo mismo que en Estados Unidos.

manufactura empleo

Pero a esta dislocación de capitales le ha acompañado una dislocación de seres humanos, con una migración de millones de seres humanos hacia los países “desarrollados”, en lo que en la práctica se ha convertido en una dislocación del trabajo in situ, eso quiere decir la entrada de trabajadores migrantes al sector servicios y a las cadenas productivas de las grandes empresas de punta, en lo que antes eran los países metropolitanos. Hay que tener en consideración que en el 2020 hubo 281 millones de migrantes, lo que representó el 3.60 de la población mundial, esta cantidad es el triple de la que había en 1970 y es 128 millones superior a la que había en 1990.

Las ganancias de las multinacionales o el reshoring

Y todo esto en medio de la peor competencia. Cada vez más, las súper empresas multinacionales se tragan a otras y las grandes empresas o fondos de inversión conforman el nuevo mapa del mundo, esto permite que ese puñado de empresas sean más grandes y al mismo tiempo sean menos.

Quisiera ahora poner un ejemplo que creo tiene una gran utilidad para explicar lo que estamos diciendo:

A principios de 2024 el valor bursátil que tenía la empresa Apple llegó a 3 billones de dólares, es más alto que el Producto Interno Bruto de 191 países —de los 198 países que existen en el mundo—. O sea que solito el país Apple ocuparía el lugar número 8 de los países más ricos del mundo, a punto de rebasar a Francia.

En Apple, como en casi todas las grandes empresas, no hay un dueño, ni 10 ni 15, hay varios accionistas que a su vez son accionistas de muchas otras empresas.

Y al mismo tiempo las mercancías creadas por Apple se producen en muchos lados y aquí paso a exponer una de las limitaciones fundamentales de los que promueven un reshoring (la vuelta a casa).

El diferencial salarial entre los trabajadores chinos y los norteamericanos es muy grande. Un obrero chino cobra 3.63 dólares la hora mientras que el salario mínimo en California es de 16.50 dólares. Desde luego que un trabajador americano no se contrataría en una fábrica de IPhone con un salario mínimo chino. Recientemente Wamsi Mohan, un analista del Bank of America Securities, estimó que el costo de mano de obra para ensamblar y probar un iPhone en Estados Unidos sería de 200 dólares, frente a los 40 dólares que cuesta en China, lo cual repercutiría en el precio; así un IPhone 16 pro aumentaría subiría su precio de 1,199 dólares a 1,500. Y aquí solamente se está hablando de únicamente del incremento por costos de mano de obra, sin hablar de infraestructura, facilidades fiscales, etc.

En el mismo sentido el director ejecutivo de Apple, Tim Cook señaló que otro problema es que los trabajadores estadounidenses no tienen las habilidades necesarias. “No hay suficientes ingenieros de herramientas en los EE. UU. Esos ingenieros trabajan y configuran las máquinas que toman los sofisticados diseños de Apple, que vienen en forma de archivos de computadora, y los transforman en objetos físicos”4. Si Apple se decidiera a fabricar todos sus IPhones en Estados Unidos eso significaría un gasto extra equivalente a 4.200 millones de dólares.

Ahora que Trump insiste en que va a poner un arancel a IPhone, la respuesta no puede ser más clara:

Habíamos considerado la producción en China como el mayor riesgo arancelario para Apple, pero Trump apunta ahora a la India, donde se producen más de la mitad de los iPhones destinados a Estados Unidos. Aun así, creemos que pagar el arancel general del 25 % sería más económico que producir iPhones en masa en el país5.

No hay que perder de vista que en China se realiza únicamente la parte final del proceso productivo. La forma de organización de la cadena productiva de IPhone es: Diseño y desarrollo se hace en los Estados Unidos. Fabricación en China (completamente). Almacenamiento en los Estados Unidos. Distribución, Estados Unidos. (Todo esto según Forbes)

Pero, además, en cada IPhone existen una serie de productos de otras empresas, veamos algunas: en cada IPhone se encuentra un visualizador que produce General Electric. Una pantalla que produce JapanDisplay. Una cámara que produce Sony (Japón). Inductores eléctricos de TDK (Japón). La fabricación de la memoria de 32, 64 y 128 GB, TSMC (Taiwán). Lo que podríamos llamar el chasis del IPhone se produce en Taiwán en la fábrica Catcher.

En una sola mercancía existen varios países. Obreros de, por lo menos, siete empresas. A eso se le llama cadena de producción deslocalizada, realmente cadena de valor diferenciada.

Luego viene la cadena de distribución y ahí la cosa es aún más compleja. Estamos hablando de 34 países, que distribuyen a todo el mundo. Y finalmente la comercialización en todo el mundo. Con unos cuantos días de diferencia entre que salió del proceso productivo, pasó por las cadenas de distribución y llegó a los centros comerciales para su venta.

Todo esto permite que para diseñar tecnología, todos los aditamentos y el ensamble y la comercialización estén involucrados alrededor de un millón y medio de trabajadores. Los cuales, en el caso de los trabajadores chinos, trabajan un promedio de 60 horas a la semana (es decir, unas 12 horas diarias si se trabaja de lunes a viernes u 8 horas y 30 minutos si se trabajan los 7 días) y trasladar todo ese proceso hacia EUA costaría miles de millones de dólares y mucho tiempo.

Pero más aún. Si siguiéramos la metodología Trump, cuando hablaba del déficit de la Balanza Comercial de Pagos con relación a México, pero lo hiciéramos con relación al país número 8, Apple —pero sólo en su IPhone—, el resultado sería el siguiente:

Los Estados Unidos, que importan sus iPhones de China, declaraban en 2014 un déficit comercial de 1 billón 900 mil millones de dólares con China, pero sólo de 73 millones de valor añadido. La primera cifra se la reparten los diversos dueños de Apple y la segunda los trabajadores y el Estado chinos.

Y esto nos lleva a otro de los puntos centrales de los cambios que han surgido en esta nueva fase del capitalismo. Nociones como Comercio Internacional, Producto Interno Bruto, son profundamente obsoletas.

Lo que ahora vivimos es un comercio intrafirma multinacional y un consumo mundial de esos productos. El IPhone se vende en todo el mundo. ¿En qué país se “fabrica”? Pues es complicada la respuesta ¿Quién se queda con las ganancias? No hay duda: son los accionistas de Apple, pero ¿quiénes son? Otra vez es complicada la respuesta.

Otro ejemplo: BlackRock es la primera gestora de fondos del mundo. Se estima que gestiona alrededor de 6,3 billones de dólares, casi tanto como PIB conjunto de Gran Bretaña y Francia. Ocuparía el tercer lugar dentro de los países más ricos, sólo atrás de Estados Unidos y China. La peculiaridad de esta empresa, lo mismo que de Vanguard y State Street (el nombre es subliminal) es que gestionan inversiones de un sin número de empresas y de los fondos de retiro de los trabajadores de los países más importantes del mundo.

Igual intervienen en las mesas directivas de muchas empresas, por ejemplo, se sabe que fueron claves para que Monsanto y Bayer se fusionaran, ya que cuentan con una cantidad de acciones de ambas empresas (common ownership, lo que sucede en un sin número de empresas que supuestamente compiten entre sí) que les permitió, en muchos sentidos, presionar hacia la fusión.

No deja de ser interesantes la propaganda que realizan sobre los fondos de pensiones de los trabajadores. Larry Fink, director de Balckrock señaló:

La gran mayoría de estos inversores, pierden confianza en el Estado y buscan en el sector privado las garantías de subsistencia que el sector público no ofrece. Las herramientas de ahorro a largo plazo, como los planes de pensiones, son la prioridad de la compañía6.

Por último, un dato que me parece significativo, si sumáramos el valor bursátil de las 25 empresas más grandes del mundo en 2018, ocuparían el lugar número 4 de los países más ricos del mundo y si sumáramos sus activos esas 25 empresas ocuparían el primer lugar de los PIB de los países del mundo con 30 billones 200 mil millones de dólares, luego seguiría Estados Unidos y China, los que tendrían que sumar sus PIBs para poder rebasar a esas 25 empresas.

De esas 25 empresas, formalmente 11 son norteamericanas, 7 son chinas, 3 son alemanas, 1 de Japón, lo mismo que una de Reino Unido y otra de Corea del sur. La realidad es que la adscripción a tal o cual país es hoy completamente banal. Pero lo que sí es importante es que 13 son bancos o aseguradoras, 6 son de informática o de comunicación, 3 son automotrices, 2 son petroleras y una es un supermercado.

El día de la liberación o tratar de librar las cosas día a día

Creo que aquí se encuentra la explicación de todas las decisiones de Trump y su lumpenburguesía de anunciar una cosa como “el día de la liberación” y dos días después anunciar que esos aranceles se posponen 90 días y dejar claro que Apple quedaba por fuera del arancel que se pondría a China del 152 % hasta nuevo aviso. Y no fue precisamente porque los gobiernos fueran a, como dijo él, besarle el trasero sino porque la caída espectacular de la bolsa de valores (con una pérdida de 10 billones de dólares desde el discurso del día de la liberación a 4 días después) lo llevó a atemperar sus ímpetus liberacionistas y lo que sucedió fue que él fue quien tuvo que besarles el trasero a los grandes capitales. Para que no siguiera esa caída tuvo que dar marcha atrás a su política arancelaria original.

Pero, desde el punto de vista político ideológico, su forma de hacer política y la ola reaccionaria que está organizando es muy importante. Al gobernar con ordenes ejecutivas, casi todos los días (aunque últimamente se ha moderado) refleja su profundo desprecio por el sistema democrático tradicional bipardista y, al mismo tiempo, busca tener en tensión permanente a todo el mundo. En el imaginario social él sigue siendo el campeón en contra de la migración y en contra del déficit comercial, de la deslocalización del capital y de China.

Cada vez que una empresa anuncia una inversión millonaria en los EUA casi hace sonar el himno nacional, pero esto no es algo que se esté generalizando. El intercambio comercial sigue siendo algo controlado por las grandes multinacionales. Y no se vislumbra una modificación sustancial en ese terreno.

Es posible que algunas empresas abran fábricas en los EUA, pero sería muy difícil que cerraran sus grandes fábricas en Asia, África o Latinoamérica.

No existen las condiciones para un reshoring, ni en el campo del precio de la mano de obra, ni en el campo de la capacidad técnica del trabajo, ni en las facilidades de control laboral, ni en el costo de los servicios estructurados para la presencia de esas empresas. Ni en la cantidad de mano de obra disponible y la actitud servil de los gobiernos que reciben esas inversiones.

Entonces, creo yo, no es en el terreno de la economía donde se evidenciará el cambio de la llegada de Trump. El problema se ubica en otro lado, en el terreno de la ideología y de la política y muy claramente en la evolución de la forma de dominio al interior de EU y otras regiones del mundo.

La tecno-lumpenburguesía

Quisiera aquí hacer una aclaración del motivo por el que hablo de una lumpenburguesía (quizá habría que agregar tecno). Si en Latinoamérica este término se usó para describir a una burguesía colonizada y con poca o nula autoconciencia como clase, yo la uso en referencia a la segunda idea. Trump 2.0 refleja a una parte de la burguesía norteamericana que se ha hecho rica con las plataformas de redes sociales, la especulación y los bitcoins, lejos está de contar con una autoconciencia de clase.

En esa aventura no se encuentra, por lo menos hasta ahora, el gran capital productivo, ese que hizo de la deslocalización su religión, en su ansia de ganancias.

Llamó mucho la atención la confesión que hizo Trump de que especuló un día antes del anuncio de los aranceles con la idea de que era el momento de vender acciones, para comprar al día siguiente. O cuando Elon Musk le entregó, a la vista de todos, un cheque por 10 millones de dólares como pago por haber sido quitada su cuenta de Twitter, cuando Musk todavía no era dueño. O el reciente regalo de esa escoria del género humano que gobierna Catar al entregarle un súper avión para él. O con la promoción de su criptomoneda.

Estamos hablando de un bribón que toda su vida a correteado el dinero fácil y que cada que ha intentado generar una empresa productiva ha fracasado, pero lo mismo sucede con casi todos los que lo rodean.

Estamos hablando de una banda de lumpenes que al mismo tiempo que aniquilan lo que quedaba de Estado social, buscan que haya ingresos en las arcas del Estado para repartirse un botín nada despreciable.

Esos, que en la mejor tradición neoliberal están desarticulando el sector público, poniendo en la calle a miles de trabajadores, los que están terminando con la inversión federal en educación, los que se frotan las manos del abandono de la salud pública, los que no quieren sindicatos en las empresas, los que, a pesar de que muchos son gays, odian a la comunidad LGBTQ+, los que están diseñando un EUA xenófobo, sexista, homófobo, misógino, clasista, con un profundo odio a la ciencia y a los valores científicos y culturales y por eso desprecian a las universidades, los que quieren terminar con la reelección solamente por dos periodos, los que ya encontraron su nueva guerra fría, la que buscan realizar contra China.

Una pequeña piedra en el camino

Con una pequeña diferencia con esto de querer revivir la guerra fría: el capitalismo chino es mucho más fuerte que la burocracia soviética, en todos los terrenos. Hace unos años cuando Hillary Clinton era jefa del Departamento de Estado, bajo el régimen de Obama, se preguntó a sí misma: “¿Cómo negocias con mano dura con tu banquero?”7, refiriéndose a China. Ella decía eso por la sencilla razón de que China es el segundo gran tenedor de los bonos del tesoro de Estados Unidos. Algunos quieren relativizar eso diciendo que eso no representa más que el 2.5 % del PIB norteamericano, pero un 2.5 del PIB (761.000 millones de dólares) es una bomba para la economía de Estados Unidos, más si tomamos en cuenta que el PIB en este año sólo va a crecer alrededor del 2 %.

EUA tiene una deuda que equivale al 120 % de su Producto Nacional Bruto y aquí reside uno de los problemas centrales que tiene esta ofensiva trumpista8

Pero además el otro problema es que China tiene en sus bancos billones de dólares en sus reservas.

Y, finalmente, aunque no en último lugar, China cuenta con la inmensa mayoría de las materias primas, de lo que se conoce como tierras raras.

Las tierras raras son la base de muchas tecnologías de las que dependemos en la vida cotidiana, son componentes de imanes permanentes infinitamente pequeños, asimismo permiten el color de las pantallas de nuestros celulares o los hacen zumbar con las llamadas, mantienen las turbinas eólicas girando, los vehículos eléctricos haciendo zoom e infinidad de otras tecnologías de punta y, sobre todo, armamento.

Las tierras raras las integran 17 elementos, quince de ellos agrupados en la Tabla Periódica como lantánidos.

China controla el 97 % del mercado de la extracción y el refinado de estos elementos, además del 89 % de la fabricación de sus aleaciones. Les llamaron tierras raras por su aparente escasez9).

La versión Trump 2.0 seguirá con su estrategia de amenazar con aranceles, sentar a jefes de gobierno o hacer largas conferencias por teléfono, ensañándose con los más débiles para disfrute de la porquería que lo rodea, negociar, volver a amenazar y volver a negociar.

Enfrente tienea un conjunto de medrosos, mediocres y miedosos, en el campo de los gobiernos. No estará ahí la alternativa para detener a ese lumpenburgués corrupto.

La parte fundamental se definirá en lo que suceda entre los trabajadores norteamericanos siempre y cuando dejen de confiar en los partidos tradicionales norteamericanos. Y avancen en su proceso de autoorganización.

Conclusión

La mayor parte de los discursos nacionalistas (sean conservadores o populistas) en el mundo sobre atentar contra el proceso de internacionalización del capital, en el terreno de su producción, la fuerza de trabajo y las cadenas productivas es antes que nada un discurso electoral para ganar a la parte más atrasada de la población, pero también para la que ha sido más afectada por esa política de mundialización de las relaciones sociales de producción capitalistas.

Esa internacionalización es un hecho que está ahí y que requiere de la elaboración de nuevas estrategias para combatir en contra de todo lo que eso significa como explotación y despojo.

Lo que esa política nacionalista ha generado ha sido:

1. Por su carácter cerrado y excluyente el incremento del odio, la xenofobia, el racismo, la homofobia, el clasismo y un incremento geométrico de la demagogia, en esa búsqueda enfermiza de una identidad “histórica”, desde luego torciéndole el brazo a la historia, para justificar sus “grandes” ideas, desde el MAGA de Trump, hasta el “este pueblo es mucha pieza” de Claudia Sheimbaum. Una especie de presentismo sin pasado de verdad y sin ninguna propuesta de futuro.

2. Un regreso a las fronteras nacionales del capitalismo es imposible, a menos que un aprendiz de brujo busque ahogar su economía y la economía mundial capitalistas.

3. Lo que queda es ideología y una sed de enriquecimiento y corrupción. Frente a lo arrasador del proceso conocido como neoliberalismo se aprovechan de los sentimientos de enojo y hartazgo de miles de millones de seres humanos, buscando dinero fácil, al mismo tiempo que siguen el proceso de no “gastar” en cuestiones como salud, educación, construcción de casas populares y aparte robarse lo más que puedan.

4. En el caso de EUA, el asunto es más complejo, porque una parte de la burguesía (la tecno-lumpen) cuenta con un arsenal armamentista nunca visto en la historia de la humanidad y pueden y van a usarlo a discreción. Hoy son dos los objetivos: Medio oriente, en especial Palestina al que quiere convertir en unResort y Ucrania, con la cual quiere quedarse con sus tierras raras y no le importa con lo que se quede la dictadura de Putin. Y a largo plazo China es el objetivo porque es el mayor peligro, no por que exista una confrontación entre dos sistemas, el capitalismo prima en ambos sino por la sencilla razón que esta fase del capitalismo no genera un capitalismo razonable donde el mercado, con su mano invisible, determine la superioridad de tal o cual forma de expresión de las relaciones sociales de producción. Al contrario, esta fase ha desatado lo peor de la competencia y el saqueo. Y cuando eso llega a niveles incontrolables la guerra es la única alternativa y cada uno se está preparando para esa posibilidad.

Por eso no podemos pasar por alto es la parte final del señalamiento de los hermanos zapatistas: “Esta aparente contracción del sistema es como un resorte que se retrae para luego expandirse. En realidad, el sistema se está preparando para una guerra. Otra guerra. Una total: en todas partes, todo el tiempo y con todos los medios”.

Creo que ese es el quid del problema y no la supuesta eliminación del proceso de internacionalización del capital.

Notas

1/ https://enlacezapatista.ezln.org.mx/2018/08/20/300-primera-parte-una-finca-un-mundo-una-guerra-pocas-probabilidades-subcomandante-insurgente-moises-supgaleano/

2/ https://cnnespanol.cnn.com/2025/01/22/eeuu/aportes-economicos-inmigrantes-indocumentados-orix

3/ https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0025995

4/ https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0025995

5/ https://www.morningstar.es/es/news/265397/apple-incertidumbre-por-la-última-amenaza-arancelaria.aspx

6/ https://www.lavanguardia.com/economia/20180506/443279727124/blackrock-investigacion-primera-gestora-fondos.html

7/ https://elpais.com/diario/2010/12/27/portada/1293404408_850215.html

8/ https://www.theguardian.com/us-news/2025/apr/10/what-have-been-the-effects-of-trumps-tariff-war-so-far?CMP=Share_iOSApp_Other

9/ https://ciencia.unam.mx/leer/1535/hablemos-de-las-tierras-raras

Sergio Rodríguez Lascano es adherente a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.

Fuente: https://vientosur.info/una-nueva-fase-del-capitalismo-o-la-logica-del-resorte/

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BYD, China y el nuevo orden mundial

Por: Caty R

Los aranceles se suelen aplicar en dos momentos cruciales del desarrollo de una economía: bien en la fase inicial de la industrialización, cuando los Estados intentan promover a los jóvenes líderes del mercado nacional, bien en épocas de debilidad, cuando las élites de un país quieren frenar el declive inminente. La caótica guerra comercial de Donald Trump es un ejemplo de esto último. En medio del declive de la hegemonía estadounidense, está surgiendo un orden geoeconómico y geopolítico alternativo: una globalización económica basada principalmente en las baterías, con un claro sello chino. En otras palabras: en este nuevo orden, China asumirá el papel de líder y las tecnologías verdes serán el motor más importante. Esto se refleja más claramente en la enorme expansión internacional de la industria china de vehículos eléctricos.

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Lo que esconde la negociación de los aranceles de Trump y la UE

Por: Caty R

Armas. Energía. Y menos regulación para las grandes plataformas digitales estadounidenses. Donald Trump usa los aranceles como palanca negociadora. Lo hizo con Canadá y México, para que reforzaran los controles fronterizos de personas y de drogas. Y lo consiguió. Y ahora está en un pulso complejo con la Unión Europea en el que no solo busca que la UE exporte menos a EEUU para equilibrar esa balanza comercial. Lo que busca Trump es que sus socios contribuyan más a la OTAN y a la defensa europea para poder replegarse él –está reclamando un gasto del 5% del PIB en defensa, cuando ahora el umbral es del 2%–, pero también que compren más energía y gas estadounidenses, cosa que lleva haciendo la UE desde la desconexión del gas ruso.

Y luego está la otra pata, que interesa mucho a la Casa Blanca porque afecta a empresas punteras estadounidenses con muy poca competencia en Occidente: la regulación europea de las plataformas digitales –Facebook, X, etc.–, y de las grandes empresas tecnológicas con posiciones monopolísticas –Amazon, Google, Apple– que son multadas sistemáticamente por la Comisión Europea por posición dominante en el mercado.

Y Trump no quiere eso. Hasta tal punto que su secretario de Estado, Marco Rubio, ha amenazado con no dejar entrar en el país a quienes legislen contra empresas estadounidenses, en lo que supone un aviso para navegantes en la Comisión Europea.

En una nota difundida por el Departamento de Estado y firmada por el propio Rubio, se afirma: “En algunos casos, funcionarios extranjeros han llevado a cabo acciones de censura flagrantes contra empresas tecnológicas de Estados Unidos y contra ciudadanos o residentes estadounidenses, sin tener autoridad alguna para hacerlo. Es inaceptable que funcionarios extranjeros emitan —o amenacen con emitir— órdenes de arresto contra ciudadanos o residentes estadounidenses por publicaciones en redes sociales hechas en plataformas estadounidenses, mientras se encuentran físicamente en suelo estadounidense. Igualmente, es inaceptable que esos funcionarios exijan a las plataformas tecnológicas de Estados Unidos aplicar políticas de moderación de contenidos a nivel global o que participen en actividades de censura que excedan su jurisdicción e invadan la nuestra”.

El vicepresidente de EEUU, JD Vance, ha acusado en el pasado a la UE de censura por la Ley de Servicios Digitales (DSA), porque exige a las plataformas digitales responsabilidades sobre lo que en ellas se publica. En febrero, Vance acusó a los líderes europeos, durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, de reprimir opiniones disidentes al etiquetarlas como “desinformación” y “fake news”.

Guerra comercial

Que el resto de países del mundo compren más en EEUU es lo que subyace detrás de la guerra comercial a nivel mundial que ha desatado Donald Trump y que le ha llevado a ir anunciando aranceles indiscriminadamente. En palabras más técnicas, lo que quiere el líder republicano es equilibrar la balanza comercial. El principal socio de ese país es la Unión Europea. El comercio entre los dos bloques es de unos 1,6 billones de euros al año. Cada día se producen intercambios comerciales entre los dos lados del Atlántico por un valor de 4.400 millones de euros. Pero la UE tiene un déficit de 50.000 millones de euros. Y eso es lo que Trump quiere solucionar.

Más allá del ofrecimiento de aranceles ‘cero por cero’ para los bienes industriales y los vehículos, en Bruselas han leído la exigencia de Trump y le han ofrecido un incremento de las importaciones. “Si el problema está en el déficit de 50.000 millones de euros, creo que realmente podemos resolverlo muy rápidamente a través de las compras de GNL, a través de algunos productos agrícolas como la soja o en otras áreas”, expresó recientemente el comisario de Comercio, Maros Sefcovic.

La energía es una de las bazas negociadoras de la UE con EEUU, que ha sido uno de los principales beneficiarios de la ruptura de los 27 con Rusia a raíz de la guerra en Ucrania. En 2024 las importaciones de gas natural licuado (GNL) del bloque comunitario a EEUU se duplicaron respecto a 2021. Pero la desconexión total que persigue ahora la UE le da margen para comprometer un aumento de esas compras.

Trump quiere también que sus aliados compren más armamento de la industria estadounidense. Y la presión se la ha trasladado a los miembros de la OTAN con la exigencia de un incremento del gasto militar hasta el 5%, desde el compromiso actual del 2%. El secretario general, Mark Rutte, ha hecho suya la petición al plantear a los 32 países de la alianza una subida de tres puntos hasta 2032.

La mayoría de aliados, entre ellos España, han anunciado incrementos históricos del gasto militar. También la Unión Europea, que inicialmente era un proyecto alejado del concepto de la seguridad y la defensa, ha ideado un ‘plan de rearme’ que ha cifrado en 800.000 millones de euros. Una parte (150.000 millones) se articularán a través de préstamos a los Estados miembros para proyectos de defensa ‘made in Europe’.

“El coste de los componentes originarios de la Unión, de los estados EEE-AELC o de Ucrania no podrá ser inferior al 65% del coste estimado del producto final. Ningún componente procederá de un tercer país que contravenga los intereses de seguridad y defensa de la Unión o de sus Estados miembros”, recogen las normas del mecanismo SAFE.

Y esa cláusula no ha gustado en Washington, a pesar de que el grueso del plan (650.000 millones), que se presupone a través de la flexibilización de la disciplina fiscal cuando se trate de gasto militar, da vía libre a los Estados miembros para reforzar sus capacidades donde quieran. “Consideran que no es la mejor manera de reforzar la relación trasatlántica”, expresan fuentes aliadas sobre los recelos expresados por EEUU. Esas fuentes admiten que el incremento de las importaciones de la industria estadounidense es una de las cuestiones que forma parte de la negociación en el marco de la cumbre de la OTAN. Y los países europeos, entre ellos España, no ponen pegas a incrementar las inversiones en ese país.

La línea roja de las leyes digitales

El gran quebradero de cabeza tiene que ver con las leyes digitales de la UE, que pretenden poner coto a las grandes plataformas y que su actuación online esté acompasada con la realidad offline. Y la gran mayoría de los gigantes tecnológicos (Google, Meta, Microsoft, Apple, X…) están en EEUU. De hecho, muchos de los magnates tecnológicos, entre ellos Mark Zuckerberg o el propio Elon Musk –que llegó a formar parte de la Administración Trump–, no han dudado en susurrar al oído del líder republicano para que ponga las normativas digitales (DSA y DMA, por sus siglas en inglés) en la diana.

Enmendar o dejar de aplicar sus leyes digitales es una línea roja para la UE, que se ha encontrado en las últimas semanas en la compleja situación de imponer las primeras sanciones según esas reglas pioneras bajo la presión de Washington. No obstante, la vicepresidenta primera, Teresa Ribera, que es a quien corresponden esos expedientes, aseguró este lunes que no han recibido la queja airada del Ejecutivo estadounidense. No obstante, la Comisión Europea dio un perfil bajo a la decisión, que se quedó muy por debajo de los límites establecidos para las multas en la regulación.

Conscientes de que el punto fuerte de EEUU respecto a los intercambios comerciales con la UE son precisamente las plataformas, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, apuntó directamente a las ‘Big Tech’ en caso de que no haya un acuerdo que evite los aranceles. “Hay una amplia gama de contramedidas en caso de que las negociaciones no sean satisfactorias. Un ejemplo es que se podría poner un gravamen a los ingresos publicitarios de los servicios digitales”, dijo la alemana en una entrevista con el periódico Financial Times, en la que aseguró que las normas digitales de la UE “son intocables”.

Las conversaciones entre Bruselas y la Casa Blanca se han intensificado en los últimos días. Una delegación de cinco técnicos comunitarios se han desplazado a Washington para dar un impulso a las negociaciones y este miércoles el comisario de Comercio se reunirá con sus homólogos en los márgenes de la OCDE en París. La Comisión Europea ha asegurado este martes que los intercambios han sido “constructivos” en las últimas horas, después de haber elevado el tono cuando Trump sorprendió con un incremento del 25 al 50% de los aranceles al acero y el aluminio.

Ante ese nuevo órdago del presidente estadounidense, la UE respondió con la amenaza de adelantar las contramedidas que permanecen en suspensión para dar una oportunidad a la negociación e incluso acelerar las contramedidas que aún no se han acordado en el seno del bloque comunitario. Y para eso en Bruselas sostienen que esta semana, cuando se cumplen dos meses desde que comenzaron las conversaciones, es clave.

Fuente: https://www.eldiario.es/internacional/armas-energia-plataformas-digitales-esconde-negociacion-aranceles-trump-ue_1_12353285.html

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