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Rusia toma dos nuevas localidades en Donetsk y Zaporozhie mientras Ucrania pierde 9.355 soldados en una semana

Por: D. Cañellas

Las Fuerzas Armadas de Rusia han liberado las localidades de Tíjonovka, en la república popular de Donetsk, y Komsomólskoye, en la región de Zaporozhie, según el parte del Ministerio de Defensa ruso correspondiente a los últimos siete días. En el mismo periodo, las bajas ucranianas superaron los 9.000 efectivos, con 9.355 soldados fuera de combate, entre muertos y heridos, según la misma fuente.

Los avances se producen en el marco de la ofensiva rusa en el este y sur de Ucrania, que mantiene una presión constante sobre las líneas defensivas ucranianas. El Ministerio de Defensa ruso no precisó el estado actual de la infraestructura en las localidades tomadas ni si continúan los combates en los alrededores.

Una semana de pérdidas elevadas

El parte ruso señala que las bajas ucranianas incluyen efectivos de diversas brigadas, aunque no desglosa las cifras por unidad. Kiev no ha confirmado oficialmente estas pérdidas, aunque reconoce una situación «difícil pero controlada» en el frente de Donetsk y Zaporozhie. Analistas militares independientes señalan que las cifras de bajas rusas no se difunden con la misma regularidad.

En los últimos siete días, las FFAA de Rusia liberaron las localidades de Tíjonovka, en la república popular de Donetsk y Komsomólskoye, en la región de Zaporozhie, informan desde el Ministerio de Defensa ruso.

El control de Tíjonovka y Komsomólskoye permite a las fuerzas rusas mejorar su posición para futuras operaciones ofensivas hacia los centros logísticos ucranianos en la región. La guerra en Ucrania, que cumple su cuarto año, no muestra signos de desescalada, y las cifras de bajas siguen siendo uno de los indicadores más opacos del conflicto.

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Rusia denuncia ataque ucraniano contra autobús civil en Donetsk: 'crimen vil e inhumano

Por: A. Pereda

La comisionada rusa para los Derechos Humanos, Yana Lantrátova, ha calificado de «crimen vil, deliberado e inhumano» el ataque de las Fuerzas Armadas de Ucrania contra un autobús con civiles en la república de Donetsk. El incidente, ocurrido el 3 de junio de 2026, ha sido denunciado por Moscú como un acto intencionado contra personas desarmadas que no representaban amenaza alguna.

Crimen vil, deliberado e inhumano

Según la defensora rusa, el ataque se produjo en territorio de la autoproclamada república, en una zona de conflicto activo donde los enfrentamientos entre las fuerzas ucranianas y las milicias prorrusas son constantes. Lantrátova instó a la comunidad internacional a condenar el suceso y a tomar medidas para evitar que se repitan ataques contra la población civil.

El Gobierno de Kiev no ha emitido por el momento ninguna declaración oficial sobre el incidente. La ofensiva se enmarca en la escalada de hostilidades que vive la región del Donbás desde el inicio de la invasión rusa en 2022, y que ha provocado miles de víctimas civiles y una crisis humanitaria de larga duración.

La república de Donetsk es una de las regiones anexionadas por Rusia en 2022, aunque Ucrania y la comunidad internacional no reconocen su soberanía rusa. El uso de autobuses para evacuar civiles es frecuente en la zona, lo que hace especialmente grave el ataque contra este medio de transporte. Según datos de la ONU, más de 10.000 civiles han muerto en la región desde 2014, y el ataque del miércoles podría elevar esa cifra. La comisionada rusa ha pedido una investigación independiente, aunque Moscú ya atribuye la responsabilidad directamente a las fuerzas ucranianas.

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Rusia toma Tíjonovka en Donetsk y reporta 1.335 bajas ucranianas en un solo día

Por: M. Quílez

El Ministerio de Defensa de Rusia ha informado este lunes de que sus tropas han tomado el control de la localidad de Tíjonovka, en la región de Donetsk (este de Ucrania), en el marco de la operación militar especial. En la misma jornada, las fuerzas rusas habrían abatido hasta 1.335 soldados ucranianos en todos los frentes, según el parte castrense difundido por Moscú.

El avance sobre Tíjonovka, un pequeño núcleo urbano en el frente oriental, se produce en un contexto de intensos combates en la zona, donde las tropas rusas tratan de ensanchar su control sobre la totalidad de la provincia de Donetsk, parcialmente ocupada desde 2014. La cifra de bajas, que el comunicado ruso atribuye a las pérdidas ucranianas en el conjunto de los frentes durante la última jornada, refleja la elevada intensidad de los enfrentamientos en la región.

El Ministerio de Defensa ruso no ofreció más detalles sobre las circunstancias de la toma ni sobre las bajas propias. Las cifras de bajas proporcionadas por Rusia no pueden ser verificadas de forma independiente. Ucrania, por su parte, no suele confirmar los datos de pérdidas publicados por el enemigo y ofrece balances diferentes, aunque tampoco ha difundido un parte oficial específico para la última jornada.

La guerra de desgaste en el este del país continúa siendo el escenario principal de una contienda que supera ya los dos años de duración. Desde Moscú se insiste en que la operación militar especial proseguirá hasta cumplir sus objetivos, entre los que figura la liberación completa de Donetsk, una de las regiones anexionadas por Rusia en 2022. La comunidad internacional sigue sin reconocer la anexión y mantiene las sanciones contra Moscú.

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Raihodorok, la vida a tiro de tanque (y 3)

Por: Unai Aranzadi

Andrei, sexagenario y rusohablante, respira con dificultad. A sus espaldas se encuentra el río Donets, el cual acaba de cruzar, y no por un puente, que está derruido, sino por el hielo que lo recubre este invierno, terriblemente frío. Si no fuera por el atronador estruendo de la artillería pesada, parecería que estamos frente a un bucólico paisaje en el que solo se distingue una estrecha carretera atravesando un bosque repleto de nieve virgen. Sin embargo, tal y como explica Andrei, la realidad es bien distinta. “Hay drones que van y vienen todo el rato. Si te fijas, verás los hilos que dejan a su paso”, es lo único que alcanza a decir mientras empuja una vieja bicicleta de fabricación soviética. “Los hilos” a los que se refiere son los finísimos cables que utilizan los drones kamikaze controlados por fibra óptica. Estas pequeñas aeronaves vuelan libremente durante una docena o dos de kilómetros sin que ningún sistema de inhibición sea capaz de interferir en su ruta. De hecho, aquí, a orillas del río Donets, la situación es tan insostenible, que ni siquiera hay red antidrones, puesto que no hay civiles que proteger, tan solo soldados, que muy de cuando en cuando, y preferiblemente de noche, acuden a sus trincheras en un desplazamiento que, a estas alturas de la guerra, es más peligroso que la propia estancia en una pequeña fortificación de primera línea. Según recogen los reportes militares, más adelante de donde se encuentra Andrei, tras el río y después de un par de rectas inquietantemente vacías, se encuentran las posiciones rusas de esta guerra a ciegas, hecha de túneles, drones imperceptibles y cañones que cambian de posición por la noche, después de permanecer semanas semienterrados a la sombra de las coníferas.

Raihodorok
Andrei, con su vieja bicicleta de fabricación soviética. UNAI ARANZADI

El río Donets nace en Rusia y, después de pasar por las provincias ucranianas de Járkiv, Donetsk y Lugansk, regresa a ese país, en un viaje de ida y vuelta que bien podría interpretarse como una parábola de los encuentros y desencuentros que se vienen produciendo entre estos dos países hermanos. No obstante, en lo que ambos sí que están de acuerdo es que el término Donbás viene del acrónimo “cuenca del Donets”, una contracción lingüística que, afortunadamente, funciona tanto en ruso como ucraniano. Así pues, el lugar al que se dirige Andrei con su bicicleta es Raihodorok, la última población en manos de los ucranianos en este sector del Donbás que va de la ciudad de Sloviansk hacia el oriente del país a través de la carretera T0514.

En la actualidad, este pequeño asentamiento rural cuenta con una población de aproximadamente 400 habitantes, muy lejos de los 3.000 que llegó a tener antes del inicio de la invasión rusa. Fundado por un grupo de cosacos del Don que a principios del siglo XVIII comenzó a explotar los recursos salinos de la zona, Raihodorok sufrió inundaciones, cambió de ubicación y finalmente, ya a mediados del mismo siglo, fue colonizado por el Imperio ruso. Esta anexión territorial ocurrió en el marco de su expansión hacia las llamadas “llanuras salvajes”, término empleado en aquel entonces para referirse al escasamente habitado centro y este de lo que hoy es Ucrania. Durante este proceso, se fundaron fortificaciones, puertos y ciudades que hoy tienen gran relevancia, como es el caso de Odesa, Dnipro, Jersón o Kramatorsk. Posteriormente, con la llegada del siglo XIX y en pleno auge de la revolución industrial, los zares impulsaron la puesta en marcha de importantes minas y fábricas trayendo mano de obra de todo el Imperio y dando origen al próspero Donbás del siglo XX, motor económico de Ucrania en sus diferentes etapas, bien como república soviética, bien como Estado independiente. El cambio de paradigma que dio inicio al actual conflicto llegó en 2014 con la destitución violenta del presidente electo, Víktor Yanukóvich, natural de esta región rusófona. Desde entonces, quienes más han sufrido las consecuencias de esa ruptura han sido las gentes del Donbás, habitantes de dos provincias fronterizas (Donetsk y Lugansk) que albergan varias singularidades socioculturales y no responden al retrato de una sociedad monocolor descrita por Putin y Zelenski.

Para comprobarlo conviene echar la vista atrás y recuperar una de las poquísimas encuestas llevadas a cabo en la primavera de 2014, poco antes de que se consumara la fractura total del territorio. Mencionada en muy pocos medios y dirigida por el sociólogo, Volodymyr Kipen, miembro del Instituto de Investigación Social y Análisis Político de Donetsk (afín al orden de Kiev), el estudio concluía que en esa provincia existía un 5% que quería un Estado totalmente independiente de Ucrania y Rusia. Un 18,6% que no quería ningún cambio. Un 27% que quería formar parte de la Federación Rusa, y un 47% que deseaba una nueva relación con Kiev bajo un marco federal. En otras palabras: los ucranianos del Donbás, deseaban de forma abrumadora (en un 79%) algún tipo de amparo tras haber sido degradados a ciudadanos de segunda tras el golpe del Euromaidán (dos ejemplos: los grandes partidos a los que votaron fueron ilegalizados y la cooficialidad del ruso prohibida incluso a nivel local) siendo la continuidad en una Ucrania federal y no ultranacionalista, su opción más deseada (47%). Esto es, ni echarse a los brazos de Rusia (un 27%) ni aún menos, dar por buena la continuidad en la Ucrania pos-Maidán (solo un 18%).

Raihodorok, guerra de Ucrania
Un misil ruso sin explotar permanece en la plaza de Raihodorok. UNAI ARANZADI

Así las cosas, la violencia, naturalizada desde aquel decisivo 2014, se muestra hoy desafiante en medio de la plaza de Raihodorok, donde hay un potente misil ruso, modelo Grad, sin detonar. Está incrustado en el suelo, y dadas las condiciones de seguridad, aún no ha venido ningún artificiero para neutralizarlo. “La vida aquí es un estrés constante”, según explican Yelenia y su marido, propietarios de uno de los últimos cuatro negocios que, cubiertas sus paredes con listones de madera y sacos terreros, aún permanecen abiertos en la localidad. “Vivimos bombardeos permanentes, ataques de drones sin parar. La verdad es que es imposible acostumbrarse a esto. Sin embargo, de alguna forma, seguimos viviendo. ¿Por cuánto tiempo será posible? ¿Tendremos que irnos de aquí? No lo sabemos. Fíjate que un comercial que trabaja para nosotros vino de los territorios ocupados por Rusia y ahora quizás se tenga que marchar otra vez. Es muy difícil no saber qué va a pasar, qué será lo siguiente”, se lamentan.

Raihodorok
Artilleros cambian de posición en un vehículo antidrones. UNAI ARANZADI

Raihodorok es uno de esos asentamientos rurales que, al estar tan cerca de la primera línea, tiene tras de sí, y no delante, las posiciones de artillería pesada. Siendo así, cada cierto tiempo se distingue el colosal silbido de un obús lanzado por los potentes cañones Howitzer de las fuerzas armadas de Ucrania, el cual dibuja un largo arco sonoro que se corona con el lejano estallido en posiciones rusas. Igualmente, de cuando en cuando se escucha el fuego de llegada alrededor del río Donets, con un fragor lento y profundo. Según relata un soldado que ha salido a por comida, los rusos están a unos 6 kilómetros, en el bosque que se encuentra al otro lado del río y separa la población de Lyman (hoy mundialmente famosa por una fotografía viral en la que se la ve completamente cubierta por miles de cables de fibra óptica) y la aldea de Dibrova, igualmente desierta y solo operativa como trinchera para la lucha cuerpo a cuerpo. Preguntado por si hay tanques en su batallón (debido a la irrupción de un blindado en un camino adyacente), dice que no le está permitido dar detalles de su misión, pero según comenta, lo que sí hay son tanques rusos apuntando hacia este asentamiento. “Es natural que lo hagan porque somos la barrera a eliminar en su camino hacia Sloviansk y Kramatorsk”, explica.

Raihodorok
Vladimir (derecha) y un compañero de la 53.ª Brigada Mecanizada. UNAI ARANZADI

En el único lugar de la aldea en el que despachan cafés, se encuentra Vladimir, un joven soldado de la 53.ª Brigada Mecanizada. Como tantos otros combatientes, pasa varias noches en una de las viviendas rurales que se encuentran diseminadas por la zona, acumulando fuerzas para la próxima incursión en primera línea. Con él lleva una potente escopeta de postas, “lo único verdaderamente efectivo para defenderte de los drones”, asegura, y acto seguido explica que el calibre 7,62mm de las balas que disparan los fusiles AK47 son muy poco efectivas si se compara con todos los perdigones que arroja una escopeta como la que lleva consigo en sus desplazamientos por esta aldea. “No se te ocurra ponerte a pasear por aquí. Los drones están por todas partes”, advierte, como ya lo han hecho antes todos y cada uno de los soldados que circulan por este solitario asentamiento. “Si te confías, estás muerto. Mira este vídeo. Es de hace unos meses. Venía en coche un amigo, ¡y pum!, en segundos un dron lo hizo saltar por los aires justo aquí donde estamos”. Y para despejar toda duda, reproduce un vídeo en el que la cámara de un dron ruso está viendo, precisamente, la misma esquina en la que está ahora sentado hablando. El dron se dirige a un coche que estaba aquí aparcado. El ocupante sale corriendo y, a duras penas, consigue salvar la vida al abandonar velozmente del vehículo dos segundos antes de que estalle. “¿Lo ves?”, inquiere. “Esto es diferente a todo lo de antes. La guerra ha cambiado para siempre”, advierte, al tiempo que da un sorbo a su café, y se pierde bajo las estrellas con su escopeta y otro soldado que ha venido a buscarle.

La entrada Raihodorok, la vida a tiro de tanque (y 3) se publicó primero en lamarea.com.

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