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Bolivia al borde del colapso: 36 días de bloqueos dejan sin alimentos ni combustible a La Paz

Por: A. Pereda

Las protestas en Bolivia cumplen 36 días consecutivos con bloqueos que asfixian a la ciudad de La Paz y el oeste del país. Mientras la Asamblea Legislativa Plurinacional debate los pasos a seguir, los habitantes denuncian el desabastecimiento de alimentos y combustible, y reclaman una salida dialogada a la crisis.

La Paz, epicentro del descontento

La capital boliviana es el principal foco de las movilizaciones, donde los cortes de carreteras impiden el ingreso de productos básicos. Vecinos consultados por medios locales coinciden en que la situación se ha vuelto insostenible. «Con violencia no llegamos a ninguna parte», expresó un residente del barrio de Sopocachi, reflejando el cansancio de una ciudadanía que exige soluciones políticas urgentes.

El debate legislativo se centra en posibles mecanismos de negociación entre el Gobierno y los sectores movilizados, aunque hasta ahora no se ha anunciado ningún acuerdo concreto. La oposición acusa al Ejecutivo de demorar las conversaciones, mientras que desde el oficialismo se insiste en el respeto al orden constitucional.

Una crisis sin precedentes recientes

Los 36 días de protestas convierten a esta en una de las crisis sociopolíticas más prolongadas de la última década en el país andino. Organizaciones sociales, sindicatos y gremios de transportistas mantienen cortes en puntos estratégicos, lo que ha disparado los precios en los mercados y generado largas filas en las estaciones de servicio.

Analistas locales consultados advierten que, de no alcanzarse una salida negociada en los próximos días, el país podría enfrentar un escenario de desabastecimiento generalizado que afectaría especialmente a las regiones más vulnerables. La comunidad internacional sigue de cerca la evolución de los acontecimientos, aunque sin intervención directa por el momento.

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Bolivia desbloquea por la fuerza su principal ruta de suministro y Paz ofrece diálogo

Por: S. Bárcena

Las fuerzas armadas de Bolivia han desmontado el bloqueo en la carretera que conecta La Paz, sede del Ejecutivo, con El Alto, la principal ciudad del país, una vía considerada estratégica para el abastecimiento de alimentos y productos básicos en la capital. La intervención militar, ocurrida el 6 de junio de 2026, pone fin a más de un mes de cortes que agravaron la escasez y tensaron la situación política.

El presidente boliviano, Rodrigo Paz, llamó al diálogo con las federaciones campesinas y otros sectores sociales, incluidos numerosos grupos indígenas, cuyas protestas mantienen paralizadas varias regiones del país. El bloqueo, que se prolongó desde principios de mayo, había generado desabastecimiento de combustible y un incremento de precios en los mercados paceños, según confirmaron fuentes del Gobierno boliviano.

El desbloqueo se realizó sin incidentes graves, aunque la tensión sigue latente en las zonas donde los cortes persisten, como la carretera a Cochabamba y el oriente del país.

Un país fragmentado por las protestas

Bolivia atraviesa su peor crisis social desde la vuelta de Luis Arce al poder, con más de 30 puntos de bloqueo activos en todo el territorio. Los sectores afines al expresidente Evo Morales exigen la liberación de dirigentes detenidos y la renuncia del actual gabinete. La intervención militar en la vía más sensible del altiplano representa un giro respecto a la estrategia previa, basada en la negociación política.

El ministro de Defensa, Edmundo Novillo, declaró a los medios que la operación tenía como objetivo «garantizar el derecho a la libre circulación y el abastecimiento de la población». Por su parte, la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia pidió investigar posibles excesos durante el desalojo, aunque el Ejército negó haber empleado fuerza desproporcionada.

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La Iglesia en Bolivia clama por la paz en Corpus Christi y pide fin a la violencia

Por: P. Aguirre Larrañaga

La Iglesia Católica en Bolivia celebró este jueves la Solemnidad de Corpus Christi con un llamado unificado al cese de la violencia y a la búsqueda de la paz en el país. Desde distintos puntos del territorio, obispos y fieles elevaron un mensaje de unidad en medio de un clima de inestabilidad social.

Basta ya de violencia, es el momento de la paz y la reconciliación entre los bolivianos, dijeron los representantes eclesiásticos durante las celebraciones.

La festividad religiosa, una de las más importantes del calendario católico, sirvió de escenario para que la Iglesia reiterara su papel como mediadora en el conflicto. En varias homilías, los sacerdotes instaron a las autoridades y a la ciudadanía a deponer las actitudes confrontativas y a priorizar el diálogo.

El país atraviesa meses de tensiones políticas y sociales que han derivado en episodios de violencia en distintas regiones. La Conferencia Episcopal Boliviana ha manifestado en repetidas ocasiones su preocupación por el deterioro del clima social y ha ofrecido su intermediación para alcanzar acuerdos que garanticen la gobernabilidad.

Un mensaje de unidad en la festividad religiosa

Las misas y procesiones de Corpus Christi, que congregaron a miles de fieles, se convirtieron en un espacio de oración por la paz. Los obispos recordaron que la violencia no es el camino y que solo a través del respeto mutuo y la justicia se puede construir una sociedad más estable.

El llamado de la Iglesia llega en un momento clave para Bolivia, donde las demandas de diferentes sectores sociales han generado un escenario de confrontación. Aunque no se proporcionaron datos concretos sobre los incidentes, la jerarquía eclesiástica advirtió del riesgo de una escalada si no se retoma el diálogo.

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Bolivia al borde del colapso: Congreso debate estado de excepción tras un mes de bloqueos que exigen la renuncia de Arce

Por: S. Bárcena

El Congreso de Bolivia debate este jueves la implementación de un reglamento para un estado de excepción, en medio de una crisis interna que se ha agravado tras casi un mes de bloqueos de carreteras. Los manifestantes, que exigen la renuncia del presidente Luis Arce, mantienen cortes en puntos estratégicos del país, lo que ha generado desabastecimiento en varias regiones.

La sesión parlamentaria, que se celebra en La Paz, busca dotar al Gobierno de herramientas legales para restablecer el orden público sin vulnerar derechos fundamentales. El estado de excepción permitiría, entre otras medidas, la restricción temporal de ciertas garantías constitucionales, como la libertad de circulación y el derecho de reunión.

Implicaciones regionales

Bolivia atraviesa una de sus peores crisis políticas y sociales desde el regreso de la democracia. Los bloqueos, organizados por sectores afines al expresidente Evo Morales, han paralizado la actividad económica y generado tensiones entre el Ejecutivo y la oposición. La inestabilidad preocupa a los países vecinos y a socios comerciales como España, que mantienen inversiones y presencia diplomática en el país andino.

El Gobierno de Luis Arce ha denunciado que los bloqueos buscan desestabilizar al Ejecutivo elegido democráticamente, mientras que los manifestantes acusan al presidente de no atender las demandas de las regiones productoras. La comunidad internacional, incluida la Unión Europea, ha llamado al diálogo para evitar una escalada de la violencia.

El debate en el Senado se prolonga sin que se vislumbre un acuerdo inmediato. La aprobación del reglamento del estado de excepción requeriría el respaldo de dos tercios de la cámara, una mayoría que el oficialismo no tiene asegurada. Mientras tanto, las calles de La Paz y otras capitales departamentales son escenario de protestas y contramanifestaciones.

La resolución de esta crisis podría marcar el futuro político del país y su relación con la región. España, a través de la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional, sigue con atención los acontecimientos, dado el impacto que una eventual desestabilización tendría en la inversión española en sectores como el energético y el de infraestructuras.

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Bolivia cambia de ministro de Defensa en plena crisis por el 60% de vehículos afectados por combustible adulterado

Por: A. Pita

El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira, ha nombrado este jueves a Ernesto Justiniano Urenda como nuevo ministro de Defensa, en sustitución de Marcelo Salinas, quien presentó su dimisión la víspera. El relevo se produce en un momento crítico para el país andino, sumido desde hace semanas en duras protestas ciudadanas, bloqueos de carreteras y un creciente malestar social.

Justiniano, que regresa así a la primera línea del poder, asume una de las carteras civiles más sensibles para el control territorial del Estado. Según fuentes oficiales del Gobierno boliviano, el nuevo ministro tendrá la misión de gestionar la crisis de orden público que sacude al país, donde campesinos, obreros y seguidores del expresidente Evo Morales han salido a las calles para exigir la dimisión del actual jefe del Ejecutivo.

Entre las claves del estallido social destaca la distribución de combustible adulterado, según el Colegio de Ingenieros Mecánicos de Bolivia (CIMB). Un informe de la entidad señala que al menos el 60% de los vehículos que circulan en el país se han visto afectados por este problema, lo que ha agravado las tensiones y las movilizaciones.

El nombramiento de Justiniano, de perfil técnico y con experiencia previa en cargos de responsabilidad, busca apuntalar la respuesta del Ejecutivo ante las protestas, que han paralizado importantes vías de comunicación y generado pérdidas económicas. Por el momento, el presidente Paz Pereira no ha anunciado nuevas medidas para desactivar la crisis, mientras la oposición y los sectores sociales mantienen la presión.

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Bolivia autoriza uso de fuerza letal para despejar bloqueos en medio de críticas por 'grave error político

Por: B. Ovejero

El presidente boliviano Rodrigo Paz ha remitido a la Asamblea Legislativa Plurinacional un proyecto de ley para regular la aplicación del estado de excepción en todo el país. La iniciativa, que según fuentes oficiales podría recibir el aval parlamentario el próximo 5 de junio, permitiría a las fuerzas de seguridad, incluyendo policías y militares, utilizar fuerza letal para desbloquear más de un centenar de puntos de las carreteras bolivianas.

La medida ha sido calificada por el analista político boliviano Carlos Mesa como «un terrible error político». El experto, citado por medios locales, advierte que la declaración del estado de excepción podría generar inestabilidad interna y tensar las relaciones con la oposición, así como con la comunidad internacional.

Un recurso controvertido

El estado de excepción es una figura constitucional que permite al Ejecutivo restringir temporalmente ciertos derechos fundamentales para restablecer el orden público. Sin embargo, su uso en contextos de conflicto social suele ser objeto de controversia. En Bolivia, los bloqueos de carreteras son una herramienta de protesta recurrente, y la respuesta del Gobierno de Paz con esta medida extraordinaria podría, según la lectura del analista, agravar las divisiones políticas en lugar de resolverlas.

Desde la oposición, algunos sectores ya han denunciado que el proyecto carece de garantías y que la autorización para el uso de fuerza letal supone un riesgo para los derechos humanos. El Gobierno, por su parte, defiende la iniciativa como un instrumento necesario para garantizar la libre circulación y la seguridad jurídica.

La votación en la Asamblea Legislativa está prevista para este viernes, y se espera que el oficialismo cuente con los votos suficientes para su aprobación. El presidente Paz ha insistido en que la medida es temporal y proporcional a la gravedad de los bloqueos, que afectan el abastecimiento y la actividad económica en varias regiones del país.

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Bolivia pierde 2.000 millones en dos meses de protestas que exigen la renuncia del presidente Paz

Por: A. Pereda

Bolivia atraviesa su segundo mes de protestas lideradas por sectores obreros y campesinos que exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz, a seis meses de su asunción. La crisis política ha provocado una contracción económica superior a la proyectada inicialmente, según advierten analistas consultados.

Los bloqueos, que comenzaron hace dos meses, han generado pérdidas estimadas en 2.000 millones de dólares (unos 1.840 millones de euros), según fuentes locales. El diálogo entre el Gobierno y los manifestantes se encuentra estancado, mientras la actividad productiva sufre un duro golpe.

Los bloqueos en Bolivia causarían que la contracción económica sea ‘aún mayor a lo proyectado’, señala un experto citado por medios locales.

El presidente Rodrigo Paz, quien asumió el cargo hace seis meses, enfrenta una de las crisis más graves de su mandato. Las protestas, que comenzaron en demanda de mejoras laborales y políticas, han escalado hasta convertirse en un clamor popular por su renuncia. La falta de acuerdo entre las partes amenaza con prolongar la inestabilidad.

El impacto económico se profundiza

La contracción económica, que inicialmente se estimaba moderada, se ha agravado por los cortes de rutas y la paralización de sectores clave como el comercio y la minería. Las pérdidas acumuladas superan los 2.000 millones de dólares, según cálculos de cámaras empresariales. El Gobierno, por su parte, no ha presentado un plan de contingencia para mitigar los efectos.

La crisis boliviana se suma a un panorama de inestabilidad regional en Iberoamérica, donde varios países enfrentan tensiones sociales y políticas. Analistas advierten que, de no resolverse el conflicto, la recesión podría profundizarse en los próximos meses.

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Bolivia al borde del colapso: más de 60 bloqueos cortan el combustible y causan pérdidas de 50 millones diarios

Por: N. Esteller

Bolivia amanece este sábado con calles desiertas y comercios cerrados en varias regiones del país, en el tercer día de bloqueos y manifestaciones contra el Gobierno de Rodrigo Paz. La crisis política ha provocado largas filas de vehículos ante las gasolineras ante la escasez de combustible, según informaron medios locales, y numerosos establecimientos han suspendido sus actividades ante la incertidumbre.

Las movilizaciones, que comenzaron el jueves, acumulan más de 60 bloqueos en carreteras nacionales, según datos de la Defensoría del Pueblo. Los cortes afectan principalmente las rutas que conectan La Paz con Cochabamba y Santa Cruz, las principales vías de abastecimiento del país.

El pulso entre el Gobierno y la oposición

Mientras el Gobierno de Paz denuncia una alteración del orden público y ha anunciado que no negociará bajo presión, el expresidente Evo Morales y varias organizaciones campesinas han defendido las protestas como una respuesta legítima a la política económica del Ejecutivo. Morales, en un mensaje difundido en redes sociales, calificó las movilizaciones de «resistencia pacífica contra un gobierno que ha traicionado al pueblo».

La Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) y la Federación de Juntas Vecinales de El Alto han anunciado que mantendrán los bloqueos de forma indefinida hasta que el Gobierno atienda sus demandas de revisión de los precios de los combustibles y la suspensión de la reforma del sistema de pensiones.

Impacto en la economía y la población

La escasez de combustible ha sido el síntoma más visible de la crisis. Según reportes de la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), los bloqueos han impedido el paso de cisternas de gasolina y diésel hacia los principales centros urbanos, lo que ha generado colas de hasta cuatro horas en las gasolineras de La Paz y El Alto. La Cámara de Industria y Comercio de Bolivia ha estimado que las pérdidas económicas superan ya los 50 millones de dólares (unos 46 millones de euros) por días de paro.

La comunidad internacional sigue con atención la evolución de los acontecimientos. La Organización de Estados Americanos (OEA) ha instado al diálogo entre las partes, mientras que el Ministerio de Exteriores español recomendaba este viernes a los ciudadanos españoles en Bolivia extremar las precauciones y evitar desplazamientos por carretera. La crisis boliviana añade un foco de inestabilidad a la región andina, que España sigue con especial atención por sus vínculos históricos y económicos con el país.

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Bolivia colapsa: protestas cortan todas las carreteras y desatan escasez de alimentos

Por: M. Quílez

Bolivia atraviesa la mayor oleada de protestas en décadas, que está a punto de cumplir un mes. El presidente Rodrigo Paz se ha volcado al diálogo para intentar desactivar una crisis institucional que ha provocado más de 60 bloqueos en todas las carreteras del país y desabastecimiento de productos básicos, según fuentes oficiales del Ejecutivo boliviano.

El origen de la crisis

Las protestas se enmarcan en una crisis heredada del anterior Gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS). El Ejecutivo de Paz ha impulsado medidas altamente impopulares que han sido rechazadas por sectores históricamente combativos del país. La tensión se ha extendido por todo el territorio y ha llevado al presidente a buscar un entendimiento con los manifestantes.

El mandatario ha conseguido el respaldo de los poderes Judicial y Legislativo para intentar poner fin a los bloqueos. En ese contexto, el Gobierno ha asegurado que hay posibilidad de una solución política al conflicto, según reportes oficiales citados por medios locales.

Diálogo abierto

Paz ha enfatizado su apuesta por el diálogo como vía para alcanzar un camino consensuado. La comunidad internacional sigue con atención la evolución de los acontecimientos en uno de los países andinos más relevantes para el equilibrio geopolítico regional.

La duración de las protestas y el impacto en el suministro de alimentos y combustibles han encendido las alarmas, mientras el Gobierno intenta contener la crisis sin recurrir a la represión. Las próximas horas serán clave para determinar si la vía del diálogo logra desactivar la movilización social más grave de los últimos años en Bolivia.

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Evo Morales ordena cercar cuartel en Bolivia tras apagón que denuncia como amenaza de detención

Por: D. Cañellas

Los seguidores del expresidente boliviano Evo Morales reforzaron este jueves 28 de mayo los bloqueos en la región del Trópico de Cochabamba, después de que un corte de luz de dos horas generara alarma sobre una posible detención del líder cocalero. Los campesinos, que ya mantenían protestas para exigir la renuncia del presidente Rodrigo Paz, cercaron un cuartel policial y cerraron varias rutas de la zona.

El corte de suministro eléctrico se produjo en la noche del jueves y fue interpretado por los manifestantes como una señal de que las fuerzas de seguridad se preparaban para detener a Morales, quien enfrenta varios procesos judiciales. La situación provocó una movilización inmediata de los sindicatos agrarios, que reforzaron los puestos de control en las carreteras.

Bolivia atraviesa una crisis política desde que el partido de Morales, el Movimiento al Socialismo (MAS), se dividió entre los leales al exmandatario y los partidarios del actual presidente Paz. Las protestas se han intensificado en las últimas semanas, con bloqueos que afectan el abastecimiento de combustible y alimentos en varias regiones. Los sindicatos agrarios, que lideran la movilización, mantienen cortes intermitentes en la carretera que conecta Cochabamba con el resto del país, lo que ha generado desabastecimiento y un aumento de los precios. La tensión continúa mientras el Gobierno de Paz no ha emitido una declaración oficial sobre el apagón.

La crisis en Bolivia se agrava por la fractura del partido oficialista y las denuncias de persecución política contra Morales. La comunidad internacional observa con preocupación el deterioro de la estabilidad en el país andino, recordado por la crisis de 2019 que forzó la salida del propio Morales. El caso ha reavivado el debate sobre la independencia judicial y el respeto a los procesos democráticos en la región.

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Bolivia colapsa: más de 50 bloqueos por la escasez de combustible hunden al Gobierno de Arce

Por: D. Cañellas

La escasez de combustibles ha desatado una oleada de protestas masivas en Bolivia, con más de 50 bloqueos activos en distintos puntos del país. La crisis social, política y económica no encuentra hasta el momento un cauce para resolver las demandas de las poblaciones que mantienen las movilizaciones, según informó desde La Paz el enviado especial de France 24, Héctor Estepa.

La crisis se agravó durante el mes de mayo, cuando la falta de diésel y gasolina paralizó sectores clave como el transporte y la agricultura. Las protestas, que comenzaron como reclamos puntuales, se han extendido a nivel nacional y han derivado en enfrentamientos esporádicos con las fuerzas de seguridad.

Una crisis de fondo

La crisis de combustibles es solo la punta del iceberg de una situación económica y política que arrastra Bolivia desde hace meses. La inflación, la devaluación del boliviano y la caída de las reservas de divisas han limitado la capacidad del Gobierno para importar combustibles subsidiados, lo que generó desabastecimiento.

El Ejecutivo de Luis Arce ha tratado de calmar las protestas con medidas como la liberación de divisas para importadores y la promesa de garantizar el suministro, pero las movilizaciones continúan. Organizaciones sociales, transportistas y gremios exigen soluciones estructurales y denuncian falta de voluntad política.

La inestabilidad en Bolivia tiene implicaciones regionales. El país andino es un productor de gas natural, pero su capacidad de refino es limitada, lo que lo obliga a importar carburantes. La crisis actual recuerda a episodios similares de 2019, cuando las protestas por la subida de combustibles contribuyeron a la caída del entonces presidente Evo Morales.

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La restauración de la estabilidad macroeconómica en Bolivia 2025 según el FMI

Por: JDF

Según el Reporte de Mayo del 2025 Bolivia debe reorientar su estrategia económica. Esto implica que el dólar no puede ser sostenido con reservas precarias y debe ser reemplazado con un nuevo régimen que permita que la tasa de intercambio nominal pueda fluctuar con las condiciones del mercado y se respalde en el control de la liquidez de la moneda local para mantener la estabilidad de los precios para que esto sea posible es necesario remover los seguros legales sobre las tasas de interés, y que los depósitos domésticos (familiares) y las tasas de interés de los préstamos puedan rápidamente alcanzar niveles de compensación de mercado. En términos más sencillos para evitar el incremento de la inflación y la recesión económica, pero de forma temporal, mientras se incrementa la deuda externa, y claro luego de la consecuente catástrofe con el remate de las empresas estratégicas del Estado a las grandes corporaciones.

En este sentido el FMI propone un ajuste fiscal una reforma de consolidación fiscal que posibilite la eliminación del Banco Central en la financialización del presupuesto (para generar un corto circuito de la inyección de la liquidez de la moneda local a través de esta fuente) y reducir el riesgo de la pérdida de soberanía del país, además de poner atención en el sector más vulnerable de la población, sugiere reducir el gasto público en el pago de los salarios y trabajar en las posibles debilidades del marco jurídico legal en el sistema financiero durante esta transición económica necesaria, aunque hasta la fecha, dicho sector habría sido protegido con las políticas del gobierno de Arce, reconoce el FMI, en el mencionado reporte. Para lo cual sugiere a Bolivia nuevamente endeudarse.

La sugerencia del FMI consiste de esta manera en depreciar la tasa de intercambio del dólar en el mercado paralelo que contribuyó decisivamente a la inflación de los productos de la canasta básica familiar y al déficit de la balanza de pagos, ya que es debido a la escasez del dólar que se redujo la posibilidad de realizar importaciones al interrumpir la cadena de suministros y al incrementar los costos de producción, imposibilitando el crecimiento económico del país. Y ya que la escasez de mercancías y el alto costo de importación, además del incremento de los salarios en el sector público habrían contribuido a la inflación elevando el costo fiscal de los subsidios, e incrementando la salida acelerada del capital de las arcas del Estado.

En este escenario el déficit fiscal sobrepasó el 10% del PIB el año 2023 y 2024 excedió el presupuesto dirigido para este gasto. A esto se sumó la disminución de los ingresos por la venta de hidrocarburos y la corrupción del gobierno en la importación de los combustibles a través de la empresa Paraguaya Botrading, que se niega a transparentar los cobros con sobreprecio al Estado Boliviano y que según denunciaron varios parlamentarios como el diputado Héctor Arce, o el diputado Carlos Alarcón entre otros, generó un daño al Estado que sobrepasa los 56 millones de dólares en dos años.

Alarcón denunció el pasado 29 de Mayo ante la prensa, que Botrading es esencialmente propiedad de YPFB a través de refinaciones, lo que significa que YPFB se compra a sí misma el combustible y el crudo del exterior a un precio mayor generando así ganancias ficticias. Esto sumado a la negligencia de los funcionarios del gobierno de Arce en la importación de combustibles que generó la escasez en el país y que desencadenó la crisis del sector agropecuario de la mediana y pequeña empresa principalmente, un sector ya bastante golpeado por las sequías y lluvias fuera de estación por el fenómeno del niño.

Pero volviendo al reporte del FMI, este señala que otra de las causas del déficit del gasto público es la subvención de los combustibles por parte del Banco Central. Así concluye que la deuda pública al final del 2024 habría sido del 95% del PIB (y esto de acuerdo al tipo de cambio oficial del dólar).

Otro detalle relevante en este análisis sobre el déficit fiscal es el incremento de las State- Owned Enterprise (SOEs) en el negocio del oro con el Estado Boliviano. Estas empresas creadas por el Estado y cuyos dueños públicos y/o privados tenían la potestad de actuar como intermediarios en la compra del oro a los pequeños productores y de venderlo al banco central, según el reporte si bien desde el año 2013 al 2023 se promediaba en 1% del PIB la participación económica de dichas empresas creció a un 4.3% del PIB para el año 2024, como resultado de la Ley del oro promulgada por el gobierno que establecía que el oro fuera comprado a un precio relativo al cambio oficial del dólar, para luego ser intercambiado por la divisa extranjera bajo la excusa de fortalecer las reservas internacionales.

No obstante, el gobierno agotó las reservas de moneda extranjera a fines del 2024 cuyo remanente fue de 2 billones de dólares (que según el FMI podría cubrir dos meses de importación) pero que estaban compuestos de 1.9 billones de dólares en oro restringido (oro sujeto a deuda) y solo 90 millones de dólares en activos líquidos esto es disponibles. Así el gobierno de Arce para obtener dólares habría comprado cerca de 1 tonelada de oro por mes de los productores domésticos cerca de 80 millones de dólares.

Por lo que el gobierno de Arce habría liberado 268 millones de dólares de una deuda asumida y de la cual habría utilizado 200 millones de dólares para el fondo de pensiones que según este reporte sirvieron para financiar la recompra de sus eurobonos a los inversores extranjeros con un recorte del 70% y a un tipo de interés del 12%. En ese sentido habría protegido al sector financiero cuyos créditos al sector privado ascenderían a un 70% en términos de porcentaje del PIB.

Además se debe destacar que según el reporte de la OECD del año 2025 los mayores ingresos al Estado Boliviano provenientes de los impuestos eran del fondo de pensiones en un 24% y de los impuestos a los bienes y servicios en un 31% además de los impuestos a la propiedad en un 20% al año 2023, ingresos que sirvieron tanto para la compra de bonos como para desarrollar una política deficitaria del gasto público con la creación de empresas privadas que succionaran las arcas del Estado en favor de una clase dominante rapaz.

Cabe mencionar que en la tabla 1 del mismo estudio la tasa de pobreza al año 2023 era del 36% y que el ingreso per cápita en aquel entonces era de unos US$ 3,736 cuando el Consumer Price index CPI de la inflación llegaba a un 2%, lo que no se expone es la cifra clara de cuanto era el ingreso per càpita al año 2024 cuando según el FMI se comenzaron a implementarlas medidas de depauperación de la economía del gobierno de Arce y cuando el CPI de inflación ascendía a un 10% y cuanto el año 2025 cuando la inflación ascendía a un 15% los datos de la OIT no contribuyen al análisis y los del INE se limitan a una publicación en la que se asegura que para el 2025 el desempleo sería del 3% aproximadamente.

No obstante, y considerando los datos del FMI podemos concluir que los precios de varios de los productos de la canasta básica familiar se habrían elevado contrariamente a este reporte y a los datos suministrados por el gobierno de Arce, por encima de un 133% como en el caso del arroz o la carne. Pero además el índice de GINI que era del 16.1 durante el gobierno de Evo Morales, y que mide el crecimiento de la riqueza se habría incrementado dramáticamente el año2023 a un 42.1 , según el reporte del Banco Mundial de Abril del 2025. Vale destacar que dicho reporte no menciona mayores datos sobre el incremento de la pobreza durante el 2024 y el 2025 años en los que se endurece la política de estrangulamiento económico del país bajo el gobierno de Arce. Además, en el reporte del FMI se pasa muy por encima los datos del desempleo y el incremento de la subcontratación y su relación con la inflación de los precios durante este período de agudización de la crisis.

No obstante y considerando que la inflación se habría incrementado en un 15% al 2025, y considerando que al 2023 esta inflación era del 2% el poder adquisitivo de un trabajador promedio se habría depreciado en aproximadamente 7 veces su valor desde el 2023 al 2025; entonces, si aplicamos este análisis al ingreso per càpita del 2023 que nos proporciona el FMI, tenemos que el sueldo mensual de un trabajador que sería de aproximadamente 2100 bs equivaldría en proporción inversa al incremento de la inflación a un sueldo de 1700 bs aproximadamente disminuyendo visiblemente su poder de compra y que en términos reales si comparamos con la inflación de los precios de la carne y del arroz de más el 100% este sueldo se reduciría a 900 Bs. aproximadamente, esto es habríamos retrocedido en las conquistas políticas y sociales al año 2003 de la guerra del gas y de la política de capitalización de las empresas a la que nos empujó el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, con la consecuente crisis económica política y social.

Frente a esta realidad y en el contexto electoral no faltan los candidatos que señalan que hoy más que nunca debemos salvar a Bolivia, siguiendo nuevamente las recetas del FMI y/o que en 100 días salimos de este problemita rematando el litio la nueva matriz energética mundial a precio de gallina muerta claro que no se dice en esos términos sino en un clásico “yo sé cómo resolver el problema del país”. En los hechos es innegable que solo el gobierno de Evo Morales fue capaz de generar una redistribución del excedente que contribuyó visiblemente a una reducción de la desigualdad social en el país y que posibilitó un crecimiento económico sostenido, el mayor de la región a lo largo de sus 14 años de gobierno como destaca el índice de GINI arriba mencionado. De ahí la necesidad del gobierno de Arce bajo la sigla robada del MAS y de la derecha recalcitrante de imposibilitar su candidatura en estas elecciones generales de Bolivia.

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Bolivia, la peligrosa división del MAS

Por: Caty R

A eso se suma que diversos factores internos y externos han generado un clima de tensión social, lo cual dibuja un escenario de riesgo para la estabilidad democrática.

Recordemos que el 26 de junio de 2024 ocurrió un fallido golpe de Estado encabezado por militares de derecha allegados a Estados Unidos, a la par que se han incrementado en redes sociales y medios de comunicación opositores campañas desestabilizadoras contra el gobierno que presidente Luis Arce Cotacora.

En ese sentido se divulgó hasta una entrevista desde la cárcel al exjefe golpista Juan José Zúñiga en las que llama a la desobediencia militar y a promover otro alzamiento en las filas de las Fuerzas Armadas.

El modelo de guerra híbrida contra gobiernos progresistas de la región, que ha sido utilizado por Estados Unidos para provocar el desmoronamiento de procesos progresistas y democráticos, se ha agudizado en Bolivia.

El panorama actual se presenta con una gran escasez de divisas que afecta la capacidad de importación, situación que incrementa el desabastecimientos de insumos, combustibles y productos de consumo que unido a mensajes alarmistas y noticias falsas en redes sociales, genera especulaciones y pánico financiero entre la población.

La técnica utilizada por las fuerzas de derecha dirigida desde Washington en su afán de preservar la Doctrina Monroe de “América para los americanos” o mejor dicho para Estados Unidos, no es nueva y ya se han puesto en acción en varios países de la región con los llamados “golpes blandos” con nefastos resultados para sus pueblos.

Para este comentarista, el hecho más peligroso ha sido la división del Movimiento Al Socialismo (MAS) de Bolivia motivado por la posición asumida por el expresidente Evo Morales de presentarse a una tercera elección (pese a que la Constitución lo prohíbe) y sus contradicciones con el actual mandatario Luis Arce Cotacora.

Recordemos que Evo fue derrotado en junio de 2019 por un golpe de Estado derechista y el mandatario obtuvo refugio en Argentina, pero tras grandes movilizaciones populares se logró revertir la situación y realizar elecciones generales que fueron ganadas por Luis Arce con el total apoyo del MAS.

Fuertes contradicciones entre Arce y Morales se exacerbaron

y en octubre de 2023 el Tribunal Constitucional Plurinacional suspendió la reelección indefinida en el país con un falló que inhabilitó la posible candidatura de Evo, pero éste aduce que tiene derecho a presentarse nuevamente a elecciones. En esta situación han ocurrido fuertes enfrentamientos entre militantes del MAS que apoyan indistintamente a Evo o Arce.

Las contradicciones se han agudizado rápidamente y para tratar de arreglar las diferencias, el presidente Luis Arce en declaraciones públicas renunció a presentarse como candidato a la reelección porque, “ratifico que la UNIDAD es el único camino para lograr la subsistencia de nuestro Estado Plurinacional, de nuestra Revolución Democrática y Cultural, de nuestro Proceso de Cambio, y de nuestro instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP)”.

Su alegato fue desoído por Evo que insiste en postularse nuevamente y sus simpatizantes realizan cortes de carretera para afectar más a la desgastada economía del país. Ante las contradicciones subyacentes, el MAS intentó que el presidente del Senado Andrónico Rodríguez se postulara por el Movimiento pero éste lo desestimó y prefirió participar en la próximas elecciones por otra agrupación.

Ante esa negativa, el MAS nominó como su candidato a las elecciones al ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo que será acompañado como aspirante a la vicepresidencia por Milán Berna, exdirigente de la Confederación sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, una de las fundadoras del Partido.

Es innegable que todos esos elementos configuran un panorama de alta vulnerabilidad para el orden constitucional boliviano en el que figuras de la oposición y sectores disidentes del oficialismo han recurrido a discursos de odio que ayudan a impulsar la desestabilización del proceso boliviano.

Mientras se desangran internamente las fuerzas bolivianas, Estados Unidos espera, para sin mucho esfuerzo, adueñarse posteriormente de las enormes riquezas naturales del país, sobre todo el litio y los hidrocarburos, además de su posición estratégica en el centro de Sudamérica.

Esperemos que en el poco tiempo que queda para los comicios, se logre la anhelada unidad dentro del MAS para que pueda alzarse con la victoria porque no solo esta en juego el futuro de Bolivia, sino también de los pueblo de América Latina.

Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano, especialista en política internacional.

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¿Cómo se oferta un país a los buitres?

Por: JDF

Quien ha atravesado el infierno, sabe que la esperanza no es un consuelo sino  un deber

Bolivia fue un experimento, ahora es un laboratorio nocivo. Mientras todos juegan con fuego, hay quienes hasta ofrecen las cerillas suficientes para seguir inflamando lo que creen de resistencia infinita. Consciente o inconscientemente, hay unanimidad, en la casta política, para conducirnos al caos; porque todos intuyen que, si hay solución verdadera (y no mero cálculo político), ya no son legítimos.

Por el lado del masismo fracturado, nadie se atreve a señalar que ya se ha perdido el horizonte político y hoy vivimos la siega de ese abandono, en todas sus variantes; por eso sólo buscan una testaruda permanencia contra los hechos. En el mundo de la posverdad, la autopercepción se convierte en el único criterio moral que les repite: el respaldo no es falso si crees en él.

Por eso no ven lo que se va tejiendo a expensas de estos; mientras los convencidos en Harvard son los encargados de diseminar la siempre recurrente idea de que Bolivia es apenas una quimera sin atributos. Lo cual además ha sido siempre el argumento de los hijos putativos que no tienen más gloria que la opaca nostalgia de un firmamento manchado de sangre; comparsas adulonas cuya diligencia nos arrojará a los cielos de la deuda eterna, dando fe de su idolatría: puede arder el mundo, pero el dólar no. El adagio eslavo está hecho precisamente para sociedades coloniales –como la nuestra– que no aprenden que, “el único queso gratis está en la trampa para ratones”.  

Vivimos la crisis global de modo local y si, en Europa, la médula ontológica anglosajona no quiere, bajo ninguna circunstancia, la paz; aquí tampoco la quieren los grupos de poder (incrustados en el “gobierno del cambio”, con la venia de su elite política). No en vano el capitalismo ha creado la crisis como forma de vida, porque sólo puede sobrevivir de ese modo. Desequilibrando la vida, afirma: “Yo soy la tempestad y sólo puede caminar a través de ella quien la ha creado. Los demás sólo buscan refugio”.

Pero todo aquel que se alinea al derrumbe del orden unipolar, también derrumbará su propia suerte. El mundo ya no es un mundo para todos, han determinado los billonarios globales, los cuatro jinetes apocalípticos (desde Washington hasta Bruselas, desde la City hasta Wall Street). Sumir al mundo en el caos es lo más rentable, por eso apuestan a la guerra, es decir, al reinicio global. Por eso, todos los que promueven en nuestro país el caos, se hacen funcionales a esta prescripción; queriendo salvarnos del caos nos conducen a él. En geopolítica esto supondría la balcanización de la región, que sólo espera la ignición en un “choke point” o punto crítico.

En esta espinosa coyuntura, cualquier alteración constitucional nos conduciría en esa dirección. Lo cual significaría, de nuevo, la apuesta por el golpe y, en consecuencia, la inflamación multiplicada de los conflictos. No somos del agrado de las oligarquías de los países vecinos, nunca lo fuimos, y el “Estado plurinacional” les ha provocado siempre un rechazo manifiesto. Esta vez no piensan desperdiciar la oportunidad; por eso la derecha es ilusa si cree que, llegado el momento, va a ser depositaria de la confianza de los patrocinadores externos de un nuevo golpe.

Anular a Bolivia, como fue la pretensión chilena en la usurpación del Litoral, significa ahora que este corredor geoestratégico de Sudamérica jamás se haga corazón geopolítico. De eso no habla ni se pronuncia la prensa, su ignorancia supina no lo permite; pero en ese asunto, el gobierno ya da muestras de desubicación absoluta; y el “evismo” ya no sabe cómo refrenar sus pretensiones que nos pueden conducir al caos exponencial, para beneficio único de la anti-nación. Ambos serán responsables, además de otros reciclados, de un probable desenlace funesto del “Estado plurinacional”.

  Ese Estado, que era la mediación política para encaminarnos, como pueblo, al horizonte que promueve la cultura de la vida y que la denominamos “vivir bien”, era el espíritu, el ajayu graficado en la wiphala (la unidad en la diversidad; porque sólo en el marco de igualdad básica, las diferencias no producen oposiciones irreconciliables y las divergencias aparecen no para divergir sino para converger) que ni el golpe pudo cercenar; ahora es el propio instrumento político el que hace el favor a una derecha carente de ideas propias.

El folklorismo adoptado por quienes no tenían ni tienen idea de lo que significa descolonizar el Estado liberal, redujo todo a un chauvinismo de canjes demagógicos. Pero, así como no hay un día para la gente buena, porque los buenos son humildes y no necesitan de un día para recordarnos de su existencia, así también, no se trataba de pregonar un sueño sino de crearlo. Y de eso trata lo político de la existencia. Y esta vez el pueblo, como el sujeto histórico-político, no deberá ceder su propia soberanía política (núcleo del poder popular) a un nuevo rapto del ámbito de decisiones, protagonizado por otro sujeto sustitutivo.

Rafael Bautista S., es autor de: “El Ángel de la Historia, volumen II: La disputa del arco sudamericano y la geopolítica del reinicio global”, yo soy si Tú eres ediciones, 2024. Dirige “el taller de la descolonización”

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Sin propuestas: la comedia electoral en medio de la crisis boliviana

Por: JDF

“A abril de 2024 las Reservas Internacionales Netas apenas sumaban $us 1.796 millones, de los cuales solo $us 139 millones estaban en divisas líquidas (el resto en oro y otros activos)” (Agencia de Noticias Fides, 2024).

Esta falta de divisas ha dificultado la importación de insumos esenciales, amplificando la inflación y la escasez de bienes básicos. La crisis de combustible —con importaciones de diésel y gasolina restringidas por falta de dólares— ha golpeado el transporte y la producción agrícola, encareciendo aún más los alimentos en los mercados locales. Bolivia se encuentra al borde del abismo económico, con una población que resiente el encarecimiento de la vida y un modelo de desarrollo que muestra señales claras de agotamiento.

Detrás de esta coyuntura hay causas estructurales profundas. Durante años, el país confió en un modelo extractivista rentista (un modelo keynesiano), basado en la exportación de gas natural y otras materias primas, cuyo auge financió más de una década de estabilidad y programas sociales. “Sin embargo, ese “milagro económico” comenzó a agrietarse cuando las reservas de gas se redujeron y los precios internacionales cayeron” (Trigo, 2025). La falta de diversificación productiva dejó a Bolivia vulnerable: al desplomarse los ingresos por gas, también lo hicieron las fuentes de divisas, desatando una crisis financiera. El resultado ha sido una economía estancada, con reservas agotadas y una población enfrentando la inflación más alta en mucho tiempo. Aunque la inflación oficial anual aún es de un dígito, la realidad en los mercados populares es de precios de alimentos y combustibles cada vez más inalcanzables para el ciudadano común. Esta situación de precariedad inédita alimenta la percepción de que el país vive un declive acelerado, generando una “frustración generalizada” entre la gente.

Candidatos “salvadores” sin propuestas concretas

Pese a la gravedad de la crisis, el panorama político rumbo a las elecciones generales de 2025 resulta desolador. Proliferan candidaturas que se promocionan casi en tono mesiánico, prometiendo ser la salvación, pero carecen de planes serios para afrontar los problemas de fondo. De hecho, más del 70% de las organizaciones políticas creadas en las últimas dos décadas desaparecieron tras su primera elección, reflejando la débil institucionalización de los partidos en Bolivia (Sánchez Morales, 2025). Muchos de estos frágiles frentes electorales no son más que trampolines personalistas: plataformas improvisadas para candidatos que se erigen como “salvadores” sin propuestas concretas (Sánchez Morales, 2025). En lugar de debates ideológicos sólidos o programas de gobierno, abundan los slogans vacíos y las promesas populistas inviables (desde gasolina más barata hasta empleos fantasiosos) que subestiman la complejidad de la crisis.

Esta alarmante desconexión entre los candidatos y la realidad del país ha sido señalada por analistas de diversas tendencias. Incluso el presidente Luis Arce –quien hasta hace poco se perfilaba como candidato oficialista– dio un mensaje anual que fue ampliamente criticado por su vacío de soluciones. Su discurso del 22 de enero de 2025 estuvo “lleno de vacíos e insuficiencias, careciendo de propuestas sólidas” para encarar la crisis económica, social y política (Chávez, 2025). En vez de presentar un plan creíble para resolver la escasez de dólares, la inflación o la caída productiva, Arce optó por anuncios genéricos (un “pacto social” ambiguo y la promesa de un Proceso de Cambio 2.0) y por culpar a enemigos externos –la derecha, el “imperialismo”– de todos los males. Como señaló el economista Gonzalo Chávez, fue más un mitin de campaña encubierto que un informe de gestión: un intento de victimización y polarización antes que un ejercicio de autocrítica y solución real (Chávez, 2025).

Del lado de la oposición tradicional, el panorama no es mucho mejor. Tras la convulsión postelectoral de 2019 y la vuelta del MAS al poder en 2020, la oposición de derecha quedó desarticulada y carente de un proyecto claro de país. Persiste un ultrapersonalismo y “autismo” político –como lo describió un columnista– que impide conectar con las necesidades sociales urgentes. Se reciclan las mismas caras de siempre y “sin partidos, sin propuestas, sin militancias”, las fuerzas opositoras bailan alrededor de sus propias egolatrías en vez de aventurarse a construir alternativas programáticas genuinas (Sánchez Morales, 2025). Es decir, mientras el oficialismo encarna un proceso de implosión interna (con la pugna entre “evistas”, “arcistas” “androniquistas” fragmentando el voto popular), la oposición no logra capitalizar el descontento porque tampoco ofrece una visión de cambio estructural que entusiasme a las mayorías. Ambas orillas del espectro político parecen cómodas en la superficialidad: reducen la contienda a ataques personales, promesas fáciles o a revivir viejas consignas, eludiendo el debate de fondo sobre cómo sacar al país de la crisis.

Frustración ciudadana y democracia en entredicho

La consecuencia natural de esta desconexión política es un profundo hartazgo ciudadano. Cada elección renueva la esperanza de encontrar líderes capaces de transformar las desigualdades del país, pero esa ilusión choca una y otra vez con la realidad del caudillismo, la corrupción y la distancia entre gobernantes y gobernados. Lo que debería ser un ejercicio de fortalecimiento democrático termina evidenciando la fragilidad institucional y alimentando el desencanto popular. Muchos bolivianos sienten que, gobierne quien gobierne, no hay un proyecto de país que responda a sus necesidades: el sistema político se ha vuelto una “comedia de enredos” donde todos prometen y nadie cumple, y donde los problemas de siempre (empleo precario, salud y educación deficientes, inseguridad económica) permanecen sin soluciones de fondo.

Este ciclo de promesas vacías y decepciones acumuladas ha derivado en una peligrosa crisis de representación. La población percibe que ni el oficialismo ni la oposición hablan por ella. El Movimiento Al Socialismo (MAS), antaño instrumento aglutinador de indígenas, campesinos y sectores populares, hoy aparece fracturado y sin norte ideológico claro. Retomando a Antonio Gramsci, podríamos decir que “el bloque histórico del MAS sufre una crisis de hegemonía: ya no logra representar los intereses de su base social ni articular un proyecto de futuro creíble” (Machuca, 2024). La ruptura entre el expresidente Evo Morales y el presidente Arce ha dejado un vacío político; ninguna figura consigue encarnar a ese electorado amplio que antes votaba unido en torno al “proceso de cambio”. En las encuestas con miras a 2025, por ejemplo, el joven líder Andrónico Rodríguez –promovido por una facción masista– encabeza la intención de voto con apenas 25%, un porcentaje muy lejos de las mayorías absolutas (50-60%) que el MAS solía obtener en el pasado (Machuca, 2025). Es claro que, dividido, el oficialismo difícilmente podrá ganar en segunda vuelta. Así, el partido que dominó la última década hoy parece haber perdido su capacidad unificadora, confirmando las tesis de Gramsci sobre la erosión de un bloque dominante cuando éste deja de consensuar proyectos comunes.

Del otro lado, la oposición derechista tampoco ofrece una representación convincente. Sus líderes siguen enfrascados en disputas de ego y cálculos cortoplacistas. En palabras de un analista, “persiste el ultrapersonalismo y el autismo político” en esas filas, lo que genera una completa desconexión con las demandas reales de la sociedad (La Razón, 2024). Sin partidos sólidos ni militancias comprometidas, la oposición prefiere explotar la imagen de sus caudillos “sagrados” –sean estos ex mandatarios, cívicos regionales u outsiders de turno– en lugar de aventurarse a construir propuestas coherentes de gobierno. El resultado es un vacío de alternativas: ante la ausencia de narrativas esperanzadoras, muchos ciudadanos caen en la apatía o en la polarización visceral (el “anti-MAS” vs el “anti-derecha”), sin expectativas genuinas de mejora. Elegimos a menudo por afinidad emocional o por rechazo al adversario antes que por evaluar planes de gobierno. Después de votar, la sociedad civil vuelve a la pasividad, dejando de vigilar a las autoridades hasta que estalla la siguiente crisis. Este círculo vicioso de descontrol y desconfianza termina normalizando fenómenos como la corrupción sistemática –donde nepotismo, clientelismo y uso electoral de recursos públicos campean sin castigo (Sánchez Morales, 2025)– y, peor aún, erosionando la fe en la democracia misma.

De hecho, pensadores críticos latinoamericanos como Franz Hinkelammert han advertido que, en nuestra región, el Estado a menudo funciona más como “aparato de opresión” que, como Estado de derecho, dada la parcialidad de la justicia y la corrupción endémica (Machuca, 2024). Bolivia no es la excepción: la captura del sistema judicial para perseguir rivales –practicada tanto por el gobierno de Arce como anteriormente por el entorno de Morales– ha convertido al aparato estatal en instrumento de facción, minando la credibilidad de las instituciones. Cuando amplios sectores perciben que el gobierno solo atiende a sus propios intereses y que la oposición solo busca recuperar el poder para los suyos, la legitimidad de todo el sistema democrático se pone en entredicho. Hoy por hoy, la confianza pública en órganos fundamentales (Tribunal Electoral, justicia, Parlamento) está por los suelos. Según un estudio reciente, menos de 3 de cada 10 bolivianos confían en su órgano electoral y la mayoría ve la política con escepticismo y resignación (Sánchez Morales, 2025). Esta situación es sumamente peligrosa: la deslegitimación democrática puede abrir la puerta a salidas autoritarias o a estallidos de violencia, si la población siente que las vías institucionales ya no sirven para canalizar sus demandas. El divorcio entre dirigentes y ciudadanía –esa “alarmente desconexión” entre gobernantes y gobernados– ha gestado un caldo de cultivo donde germinan la frustración y la desesperanza, dos enemigos mortales de la democracia.

Impacto y Reforma de la Subvención a los Combustibles en Bolivia

La subvención a los combustibles fósiles en Bolivia se ha disparado a niveles insostenibles: en 2024 costó cerca de $us 4.000 millones, el doble que el año anterior (Brújula Digital, 2024), y para 2025 el Gobierno aún proyecta destinar en torno a $us 2.900 millones (alrededor del 10% del presupuesto nacional). Este enorme gasto ha erosionado las finanzas públicas y las reservas del Banco Central. Bolivia importa más del 50% de la gasolina y 86% del diésel que consume (Brújula Digital, 2024); la factura en divisas por combustibles pasó de representar 4% a 9% del PIB (International Monetary Fund, 2024, p. 6), drenando rápidamente las reservas internacionales (a fines de 2024 las líquidas caían a niveles críticos (RT Staff Reporters, 2025)) y agravando el déficit fiscal (hoy en torno al 9% del PIB). En el plano social, si bien la subvención ha mantenido bajos los precios internos (conteniendo la inflación y protegiendo la canasta básica), sus beneficios están mal distribuidos: al ser universal, termina favoreciendo desproporcionadamente a los grandes consumidores de combustible. La agroindustria del oriente –con alto consumo de diésel (3,3 millones de litros diarios solo en ese departamento) y abundante capital transnacional– junto con la minería (p.ej. cooperativas auríferas) se cuentan entre los principales beneficiarios, al punto que el Gobierno ha priorizado su abastecimiento incluso en plena escasez (RT Staff Reporters, 2025). Una parte importante del diésel subvencionado ni siquiera llega al consumidor local, desviándose al contrabando (se estima que el país pierde unos $us 600 millones al año por esta vía) (Buttermann, 2025).

¿Cómo salir de este laberinto? Desde una perspectiva crítica, la solución no pasa por un “gasolinazo” neoliberal (que trasladaría de golpe el costo a las mayorías), sino por reorientar la política de subsidios: reemplazar la subvención indiscriminada por subsidios focalizados que protejan a los sectores populares y productivos vulnerables (transporte público, pequeños productores campesinos, etc.), emprender una transición energética que reduzca la dependencia de hidrocarburos importados, y aplicar medidas de justicia redistributiva (por ejemplo, gravar a las empresas que más se han beneficiado del diésel barato) para que el ajuste no recaiga a los de abajo.

Hacia una agenda económica de transformación

Frente a este panorama de crisis estructural y vacío programático, es imperativo replantear el proyecto de país desde una perspectiva crítica. No se trata de inventar promesas demagógicas de campaña, sino de construir una agenda seria de transformaciones económicas que aborde las raíces de nuestros problemas. A continuación, se proponen algunas medidas y enfoques que podrían integrar esa agenda de cambio:

  • Fortalecimiento de la producción nacional e industrialización con valor agregado

Es urgente superar el modelo primario-exportador. Bolivia debe industrializar sus recursos naturales en vez de exportarlos en bruto. Esto implica invertir en plantas de procesamiento de gas, litio, minerales y productos agropecuarios, de modo que el país exporte combustibles procesados, baterías de litio, metales refinados y alimentos elaborados, capturando mayor valor agregado local. Solo así se crearán empleos de calidad y se dejará atrás la dependencia de los vaivenes de las materias primas. Experiencias pasadas enseñan que la industrialización dirigida por el Estado, con planificación estratégica, puede impulsar el desarrollo –tal como sucedió en países asiáticos– siempre y cuando se combata a la par la corrupción y la ineficiencia burocrática. En este sentido, resulta vital una economía con control nacional de los recursos y diversificación productiva.

  • Políticas activas de exportación y equilibrio de la balanza de pagos:

Para resolver la escasez de divisas, el país debe exportar más y depender menos de las importaciones no esenciales. Esto requiere una política exterior económica agresiva: abrir nuevos mercados para productos bolivianos, renegociar acuerdos comerciales desfavorables y apoyar con incentivos fiscales a sectores con potencial exportador (por ejemplo, manufacturas textiles, alimentos orgánicos, turismo comunitario, litio industrializado). Al mismo tiempo, se deben identificar y sustituir importaciones superfluas mediante producción local (lo que fortalece la soberanía económica). Medidas como créditos blandos y asistencia técnica a exportadores, junto con un tipo de cambio competitivo, pueden incrementar el ingreso de dólares de manera sostenible (Machuca, 2024). El objetivo central es lograr un equilibrio en la balanza de pagos, evitando déficits crónicos. Un balance de pagos sano restablecería paulatinamente las reservas internacionales y reduciría la vulnerabilidad externa. Cabe destacar que incentivar ciertas inversiones extranjeras estratégicas –bajo condiciones estrictas de transferencia tecnológica y sociedades público-privadas donde Bolivia conserve mayoría accionaria– podría contribuir también a generar divisas sin ceder soberanía. No obstante, cualquier apertura al capital externo debe supeditarse al proyecto nacional de desarrollo y no al revés.

  • Soberanía alimentaria y revolución agroecológica:

La reciente crisis ha evidenciado la peligrosidad de depender de la importación de alimentos básicos. Es imprescindible avanzar hacia la soberanía alimentaria, apoyando al campesino, cooperativas y pequeños productores para que aumenten la producción de granos, hortalizas, carne y lácteos destinados al consumo interno. El Estado debe proveer semillas, riego, maquinaria y asistencia técnica, promoviendo una agricultura sostenible y climáticamente inteligente. Además de garantizar el abastecimiento interno a precios justos, esto diversifica la economía rural más allá del cultivo de coca o de la soya de exportación. Un país que alimenta a su población sin depender del exterior es un país verdaderamente soberano. Invertir en agricultura y ganadería local no solo reducirá la factura de importaciones, sino que generará empleos rurales, frenará la migración campo-ciudad y mejorará los ingresos de miles de familias campesinas, reduciendo la pobreza en el área rural.

  • Estrategia alternativa para el litio:

El litio es el “oro blanco” del siglo XXI y Bolivia posee las mayores reservas mundiales en el Salar de Uyuni. Sin embargo, hasta ahora su explotación ha sido mínima y marcada por la intermediación de capitales extranjeros en condiciones poco ventajosas. Una alternativa audaz, es vender directamente carbonato de litio a países vecinos como Brasil, sin pasar por corporaciones transnacionales. Un acuerdo bilateral con Brasil –que busca asegurar insumos para su industria de baterías– podría proveer a Bolivia ingresos en divisas considerables de inmediato. Pero a diferencia de los contratos opacos firmados recientemente con empresas de China o Rusia (que han sido incluso suspendidos por la justicia boliviana por falta de transparencia), este acuerdo debe negociarse con total transparencia y soberanía, garantizando que la mayor parte de los beneficios quede en Bolivia.

La venta directa de litio, así como su industrialización local en plantas estatales o mixtas, permitiría que el país retenga un porcentaje mucho mayor de las ganancias. Además, librarse de la tutela tecnológica extranjera en la cadena del litio sentaría un precedente de independencia en un rubro estratégico. En paralelo, Bolivia podría liderar una alianza regional del litio junto a naciones como Argentina, Chile y México, para coordinar precios justos y evitar la depredación foránea de este recurso (una suerte de “OPEP del litio” desde el Sur Global). El litio bien podría ser la palanca para un nuevo modelo de desarrollo, siempre que se administre con visión de futuro y no como un botín político.

  • Reformas institucionales y pacto nacional para el desarrollo:

Ningún plan económico prosperará sin un mínimo de estabilidad política e institucional. La fragmentación del MAS y la falta de una oposición responsable hacen necesario un nuevo pacto nacional. Retomando ideas de Gramsci y Lenin, la izquierda boliviana requeriría reconstruir un bloque histórico amplio, un frente nacional-popular que incluya a movimientos sociales, sectores progresistas e incluso a las bases desencantadas tanto del masismo como de la oposición. Este frente podría impulsar un gobierno de transición o al menos una agenda común para enfrentar la emergencia económica, con el compromiso de rescatar las instituciones del Estado de su partidización. Una reforma profunda del sistema judicial, por ejemplo, es ineludible para restablecer la confianza de la gente (un poder judicial independiente que rompa con su uso como arma política). Del mismo modo, se debe democratizar la toma de decisiones dentro de los partidos: el liderazgo caudillista debe dar paso a mecanismos de deliberación colectiva y renovación dirigencial. Solo con más democracia –tanto en el Estado como al interior de las fuerzas políticas– podrá la sociedad boliviana asumir un rol activo y vigilante para que se ejecuten las transformaciones económicas propuestas. En última instancia, se trata de recuperar la política como herramienta al servicio del bien común, y no como espectáculo o comedia de enredos.

Retomar el horizonte de un cambio real

Bolivia se encuentra en una encrucijada histórica. La crisis múltiple que golpea al país –económica, social, política– ha expuesto las fisuras de un modelo agotado y de un sector dirigencial más preocupado por su supervivencia electoral que por el destino nacional. Una elección sin propuestas reales, donde los candidatos rehúyen debatir soluciones de fondo, amenaza con ser poco más que una comedia electoral estéril que prolongue la agonía de la población y profundice el desencanto con la democracia. Pero esta situación, por grave que sea, también abre una oportunidad: la de pensar y construir un nuevo proyecto de país.

Esa construcción exige beber de nuestras mejores tradiciones de pensamiento crítico –desde el marxismo hasta la filosofía de la liberación de Franz Hinkelammert– y también aprender de los errores del pasado. Implica entender, como advertía Carlos Marx, que las masas organizadas deben luchar con un propósito claro de transformación estructural, evitando desgastarse en acciones aisladas o en disputas mezquinas (Machuca, 2024). Implica reconocer, como señalaba Gramsci, que la crisis consiste justamente en que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer, y que en ese interregno surgen fenómenos morbosos. Hoy Bolivia vive su propio interregno: el viejo modelo económico y político se desmorona, pero lo nuevo aún no cuaja. Llenar ese vacío con esperanza concreta es la tarea de esta generación.

No será fácil. Requerirá unidad en la diversidad –un bloque amplio que anteponga el interés nacional a las rencillas faccionales– y una ciudadanía vigilante que empuje a sus líderes más allá de la comodidad. Requerirá también honestidad intelectual para diagnosticar la crisis sin maquillajes y valentía política para tomar decisiones difíciles (redirigir subsidios, enfrentar oligopolios, revisar pactos fiscales con transnacionales, etc.). Sin duda, habrá resistencias de aquellos que se benefician del orden existente. Pero la alternativa –seguir por el camino de la inercia y la improvisación– solo augura un agravamiento del colapso, con consecuencias impredecibles para la democracia y el tejido social.

En última instancia, lo contrario de la política sin propuestas es la política con principios y proyecto. La Bolivia post-crisis debe aspirar a algo más que a sobrevivir: debe proponerse vivir con dignidad, justicia y autonomía. Convertir la actual frustración en acción colectiva transformadora es el gran desafío. Si se logra articular esa agenda económica de corte popular y soberano, acompañada de profundas reformas institucionales, quizás podamos dejar atrás la tragicomedia electoral y dar paso a un nuevo capítulo histórico donde la esperanza tenga asidero real. Como reza el adagio atribuido a Lenin, “hay décadas en las que no pasa nada y semanas en las que pasan décadas”; Bolivia podría estar adentrándose en esas semanas definitorias. Que nos encuentre, entonces, con propuestas en mano y el pueblo empoderado, listos para convertir la crisis en oportunidad y la resignación en un porvenir diferente. Solo así esta comedia de errores podrá devenir, al fin, en una auténtica transformación social.

Por lo pronto, el escenario pre-electoral sigue dominado por la comedia amarga de un oficialismo dividido, que amenaza con prolongar la inestabilidad en lugar de resolverla. Las próximas semanas dirán si el MAS fracturado encuentra alguna síntesis o si, por el contrario, la crisis de liderazgo termina pavimentando el retorno de aquellos a quienes solía derrotar.

Referencias

Agencia de Noticias Fides. (2024, 2 de mayo). Reservas Internacionales: Bolivia sólo tiene $us 139 millones en dinero y $us 1.688 millones en oro. https://www.noticiasfides.com/economia/reservas-internacionales-bolivia-solo-tiene-us-139-millones-en-dinero-y-us-1-688-millones-en-oro

Brújula Digital. (2024, 21 de agosto). En un año la subvención a los hidrocarburos se duplicó y alcanzará los $us 4 mil millones. https://brujuladigital.net/economia/2024/08/21/en-un-ano-la-subvencion-a-los-hidrocarburos-se-duplico-y-alcanzara-los-us-4-mil-millones-36574

Buttermann, A. (2025, 13 de marzo). Bolivia turns to crypto as fuel crisis deepens. bne IntelliNews. https://www.intellinews.com/bolivia-turns-to-crypto-as-fuel-crisis-deepens-371517/

Chávez, G. (2025, 21 de enero). Análisis crítico sobre el discurso presidencial de Luis Arce: ¿un inicio de campaña o un informe insuficiente? El Popular Hoy. https://www.elpopularhoy.com/bolivia/analisis-critico-sobre-el-discurso-presidencial-de-luis-arce—un-inicio-de-campana-o-un-informe-insuficiente-_a67913253ecdf6f808a238d6b

International Monetary Fund. (2024, March 7). Bolivia: 2024 Article IV Consultation – Press Release; Staff Report; and Statement by the Executive Director for Bolivia (IMF Country Report No. 25/34). https://www.imf.org/en/Publications/CR/Issues/2024/03/07/Bolivia-2024-Article-IV-Consultation-Press-Release-Staff-Report-and-Statement-by-the-543210

La Razón. (2024, 21 de diciembre). Política marciana. https://larazon.bo/politico/2024/12/21/politica-marciana/

Machuca Cortez, M. (2024, 13 de noviembre). Bolivia. La crisis que exige unidad y transformación. Resumen Latinoamericano. https://www.resumenlatinoamericano.org/2024/11/13/bolivia-la-crisis-que-exige-unidad-y-transformacion/

Machuca Cortez, M. (2025, 9 de mayo). Dividir para perder: el efecto Andrónico y la oportunidad para la oposición. Rebelión. https://rebelion.org/dividir-para-perder-el-efecto-andronico-y-la-oportunidad-para-la-oposicion/

RT Staff Reporters. (2025, April 15). Bolivia’s economic model faces collapse as reserves and exports plunge. The Rio Times. https://www.riotimesonline.com/bolivias-economic-model-faces-collapse-as-reserves-and-exports-plunge/

Sánchez Morales, R. (2025, 28 de mayo). Bolivia en la urna: el reflejo de nuestra democracia. Cabildeo Digital. https://www.cabildeodigital.com/2025/05/bolivia-en-la-urna-el-reflejo-de.html

Trigo, M. S. (2025, 9 de febrero). ¿Fin de ciclo en Bolivia?: a seis meses de las elecciones, crece el debate entre los precandidatos para cambiar el modelo de Estado. Infobae. https://www.infobae.com/america/america-latina/2025/02/09/fin-de-ciclo-en-bolivia-a-seis-meses-de-las-elecciones-crece-el-debate-entre-los-precandidatos-para-cambiar-el-modelo-de-estado/

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La política dividida entre un sujeto (Eduardo o Andrónico) y un objeto (clases populares)

Por: JDF

Las elecciones de agosto empujan a Eduardo-Milán y Andrónico-Mariana a ganarse a las mayorías sociales, así, la política queda dividida entre dos sujetos: Andrónico-Eduardo y un objeto: movimientos sociales o clases populares a convencer, a interpelar, a seducir, etc. Pero esta pretensión de ambos candidatos choca contra lo que dicta la experiencia, que solo la lucha permite construir sujetos, que solo la lucha de clases crea clases.

Entonces, ¿cómo puede el sujeto representar mejor al objeto? ¿mediante qué imágenes, qué reivindicaciones, qué tipos de liderazgo? ¿“reflejarán” con toda fidelidad posible la identidad, los sueños y los intereses de clases o movimientos sociales ya constituidos? ¿O bien tienen la responsabilidad de construir una nueva voluntad colectiva articulando diferentes fragmentos sociales en torno a “significantes vacíos”? ¿será suficiente escuchar Quilapayún, el puño cerrado o la V de victoria para vencer a la derecha? En ambos casos, ¿es útil aferrarse al pasado, 14 años de Evo en una actitud reaccionaria, o, por el contrario, es mejor salir del recuerdo y emocionarse para buscar nuevas ideas y proyectos?

Afirmar, aferrarse a 14 años de evismo es una actitud reaccionaria, porque es validar la tesis de que, si este proceso hubiese sido exitoso, no estuviésemos conviviendo con una crisis estatal (fracaso de lo republicano y lo plurinacional); así, es una falacia decir que más de tres millones apoyan a Evo. Por esto es importante hacer una autocrítica respecto de los propios fracasos pasados y renovar las propuestas, solo así, estos binomios se identificarán con los vencidos de la historia.

Uno de los grandes logros de veinte años de castración política durante el neoliberalismo y veinte años de despolitización con el evismo fue secundarizar la conciencia de clase y racial, nunca tuvimos otro Felipe Quispe o Moisés Guevara. Ya nadie emplea con comodidad el concepto de “lucha de clases” o “lucha racial”, porque la ideología burguesa los vincula al odio, cuando la lucha, y solo la lucha, permite conquistar derechos. Los maniqueísmos t´ara-k´ara, izquierda-derecha, enarbolado por gente impostora, son discursos vacíos; la lucha de clases y racial implica lucha como crítica de la economía política, o sea lucha por el reparto de los excedentes que producen los trabajadores del campo y la ciudad, y no como hizo el evismo que concedió más derechos a los militares, la banca privada y la oligarquía cruceña.

La pregunta es ¿cuál de los dos binomios puede representar y defender esa conciencia de clase y racial? más aún en una coyuntura internacional donde el odio se impone como bandera del posfascismo es enarbolado por Trump,Milei, Orban, Meloni, en contra del otro extraño. Ganar las elecciones exige recuperar el antagonismo clasista y racial, porque al frente hay una montaña en ruinas llamada republicanismo o plurinacional, donde nadie sabe cómo comenzar la reconstrucción o si vale siquiera la pena hacerlo. Lo escribía desde la cárcel Gramsci “el partido no coincide exactamente con la maquinaria político-electoral que habitualmente llamamos partido»; el compañero Lucho lo declaro “la victoria es en las calles y las urnas”, y quien quiera la victoria debe estar en el último rincón del país, que en un trabajo lento y penoso se pueda reconstruir cierta hegemonía.

Unificar a la izquierda con el vomitivo UCS o reimaginar otro camino

Jhonny Fernández ha tenido el atrevimiento de llamar a la unidad de la izquierda, y lo hace porque el individualismo, el hedonismo, el sálvese quien pueda, propios del neoliberalismo son sentido común, y que también afecta a las fuerzas de la izquierda con sus propuestas pobres y defensivas. En otras palabras, Fernández aprovecha de una izquierda víctima del sistema, donde la muerte simbólica y real de la izquierda permite que emerjan gente como Andrónico, Eva Copa, Cronenbold, Mariana Prado, que se acomodan según cómo despierta su ego: hago alianzas con la derecha, me eligen presidente del senado y no apruebo créditos para boicotear al gobierno de Lucho (Andrónico); dizque pacifico al país con un abrazo a Murillo, me reúno con Claure en Harvard para declarar que hay que escuchar a la derecha (Copa); apoyo a Lucho y me designa embajador, me voy con Evo pero apoyo a Andrónico para ser vicepresidente (Cronenbold); asumo la pose de zurda para ser ministra de planificación y trabajo en USAID y como estudie en Francia ahora quiero tener poder (Prado).

Se dice que hay dos tipos de rojipardos, los que fingen rabia contra los poderosos e imitan gestos izquierdistas (Prado y Cronenbold); y los que no saben que son rojipardos y atacan a la izquierda en nombre de caminos perdidos (Andrónico y Copa). En una coyuntura política compleja, el objetivo de toda la propaganda enemiga es aniquilar una fuerza existente, y mediante esto destruir la inadvertida posibilidad de la situación. En otras palabras, la situación que atraviesa el país no tolera vacilaciones ni dudas, exige un cambio desde una política emancipatoria radical, y si el MAS-IPSP quiere triunfar, su binomio Eduardo-Milán tiene la obligación y la responsabilidad de reconstruir de los retazos del Estado plurinacional otra institucionalidad, ver en los movimientos sociales no objetos, sino sujetos en lucha; hacer sociología no desde las categorías, sino desde las experiencias de transformación, donde las condiciones sociales y políticas serán el punto de partida a partir de las cuales los movimientos sociales hacen y se hacen.

Durante mucho tiempo se ha utilizado la conciencia de clase o racial desde el victimismo y la explotación, “no quieren que el indio nuevamente vuelva a ser presidente” (Evo), “no es suficiente el incremento salarial” (Hurachi); hay que redefinir al movimiento popular-indígena como una fuerza social determinante. Esto exige no “pegar” los fragmentos (las viejas y conocidas figuras oportunistas) para volver a obtener la vieja configuración; ni tampoco reunir los pedazos en torno a un fragmento central o privilegiado o esencialista: un indígena, un intelectual, un obrero. Esa nueva fuerza social determinante debe estar constituida por mujeres y hombres, ya sean jóvenes o viejos, que desde su experiencia elaboren algo nuevo, algo emancipatorio, algo radical: un nuevo imaginario político.

En conclusión, para afirmarlo de forma clara y contundente: sólo están los que luchan por la emancipación y sus reaccionarios oponentes: el campo popular-indígena y los enemigos del campo popular-indígena.

Todo el cielo está en completo caos, la situación es excelente” Mao

Si el binomio Eduardo-Milán quiere romper el cordón umbilical con el gobierno de Lucho, es la peor decisión, porque ni Evo ni Lucho ejecutaron una medida radical, los evistas dirán la nacionalización y los arcistas dirán la industrialización, el parámetro nacionalización-emancipación fracasó, y la industrialización tiene que parirse y ver si en unos años hay soberanía alimentaria y, que los excedentes de la explotación del litio y el hierro se reflejen en derechos de calidad educativa y de salud. Entonces, Eduardo-Milán deben hacer el balance y perspectivas ¿qué se intentó con Evo y Lucho? ¿qué ocurrió del 2006 al 2025? ¿qué se ha visto y vivido? ¿qué se ha aprendido?, todo esto, porque el presente lee un pasado para abrirse a un futuro. Hacer balance es el ejercicio de elaborar e incorporar un aprendizaje, sin la garantía de prevenir nuevas equivocaciones que vendrán, pero con la posibilidad de equivocarse distinto. Por esto el consejo de Beckett: “fracasa de nuevo, fracasa mejor”. El balance permite compartir la experiencia de lo común, escuchando distintas voces.

Ante la crisis que vive el país, la derecha antinacional repite las antiguas y fracasadas recetas, no está dispuesta a arriesgar, ni mucho menos a afectar intereses de sus clases dominantes; el MAS-IPSP debe tomar la crisis con seriedad, sin ilusiones, como algo inevitable, como una oportunidad que hay que explotar por completo, porque es un terreno donde hay que librar y ganar las batallas. Evo y Lucho tuvieron el poder, pero con ellos hemos aprendido a diferenciar entre un derecho y un beneficio; un derecho, en el estricto sentido del término, da acceso al ejercicio de un poder, a expensas de otro poder; un beneficio no disminuye el poder de quien lo otorga, tampoco aumenta el poder de quien lo recibe. El pueblo cubano luchará hasta el final por sus derechos de poseer educación y salud de calidad; por el contrario, la creación de cientos de miles de clases medias durante el evismo no permitió construir identidad y el resultado fue la indiferencia ante el golpe militar del 2019.  

La derecha antinacional (Reyes Villa, Doria Medina y Tuto) y los rojipardos (Andrónico y Eva Copa), reconocen los problemas de lo que ellos llaman “pueblo”, y quieren tomar en cuenta sus intereses, garantizar y respetar sus derechos humanos; pero la fórmula que ofrecen es la negociación paciente y el compromiso, o sea, incorporándolos al marco liberal democrático, cuando la democracia está cuestionada a nivel mundial. Aquí debemos seguir el ejemplo de Chávez, incluir a ese “pueblo” reorganizando las formas y contenidos políticos a partir de plantear una contradicción irreconciliable, inscrita en la CPE, «democracia burguesa» contra «democracia comunitaria y participativa», esto con el fin de prevenir futuras contradicciones con una “renovada” COB, que según los agoreros, será tomada por troskistas, rojipardos, y utilizarlo como un caballo de Troya para crear la convulsión social y política y derrocar al futuro gobierno.

Trotsky tenía razón ya que rechazaba la democracia parlamentaria, porque “pasiviza a las masas, dejando la iniciativa en manos del aparato de poder del Estado, a diferencia de los sóviets, en los que la clase obrera se moviliza directamente y ejerce el poder”. Si queremos reconducir el proceso de cambio, tarea que incumplió el compañero Lucho, hay que reunir a los movimientos sociales, acordar una perspectiva estratégica y no meramente electoral. Hay que plantear la lucha política como crítica a la economía política: no podemos seguir gastando 2 mil millones de dólares en subvención a la gasolina y 600 millones se pierdan en el contrabando; no podemos permitir que siga existiendo latifundios sin que cumplan su función social productiva; no podemos tolerar que la banca y el comercio exterior sigan sin control estatal.

Es un deber y una responsabilidad acortar las brechas en educación y salud, impulsar una amplia política de vivienda que favorezca a los sectores más desfavorecidos, una segunda reforma agraria con más inversión, tecnología, ampliación de mercados y de la frontera agrícola que beneficie a gente sin tierra. Solo por este camino, el campo popular-indígena podría dar rápidamente un nuevo impulso a las luchas sociales y abrir el camino a un cambio político más amplio, y si existe la voluntad política de lograr la unidad, la combinación podría ser el detonante de la creación de un nuevo polo político dinámico anclado en las luchas sociales. Es iluminadora la explicación que hace Rancière de una política de transformación, cuando dice que “no se reduce tan solo escasos momentos de insurrección arrancados al curso normal de las cosas”, sino que se resignifica la “gestión común”. A fin de cuentas, la democracia es patrimonio del campo popular-indígena y llegó la hora de disputar el poder para convertir los privilegios de las clases dominantes en derechos de las clases populares y racializadas.

Jhonny Peralta Espinoza. Exmilitante de las Fuerzas Armadas de Liberación Zárate Willka.

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Viernes 30 de septiembre // 18:00 hrs
Lugar: Vicuña Mackenna 636 - TRASOL

Viernes 6 de octubre // 18:00 hrs
Lugar: Calle Clave 437 - FLORA

Organizan:
Asamblea Anarquista Valparaíso
Federación Anarquista Santiago

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