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Turquía y Arabia Saudí negocian un ferrocarril para rodear el estrecho de Ormuz y evitar el control de Irán

Por: A. Pita

Las autoridades de Turquía y Arabia Saudí negocian la construcción de un ferrocarril que bordearía el golfo Pérsico para evitar el estrecho de Ormuz, según ha confirmado el ministro turco de Transportes e Infraestructuras, Abdulkadir Uraloglu. El proyecto, que retoma el trazado histórico del ferrocarril del Hiyaz, podría extenderse hasta Omán y convertirse en una ruta alternativa clave para el transporte de mercancías y energía en Oriente Próximo.

Uraloglu declaró este miércoles desde Estambul que las conversaciones con Riad avanzan para definir el recorrido. La crisis recurrente en el estrecho de Ormuz, por el que transita aproximadamente el 20% del crudo mundial, ha impulsado a las potencias regionales a buscar vías que reduzcan su dependencia de ese paso marítimo, controlado en gran medida por Irán.

El nuevo enlace seguiría en buena parte el trazado del histórico ferrocarril del Hiyaz, construido a comienzos del siglo XX por el Imperio otomano para conectar Damasco con Medina. El proyecto actual, no obstante, se plantea como una conexión moderna con proyección hacia Omán, lo que permitiría canalizar tráfico comercial y energético sin cruzar el golfo, según explicó el ministro.

La iniciativa refleja un realineamiento geopolítico en la región, donde Turquía y Arabia Saudí buscan reforzar su cooperación logística frente a las tensiones en Ormuz. Aunque no se han facilitado cifras oficiales de inversión ni plazos, fuentes del Ministerio turco han señalado que el proyecto se considera prioritario para garantizar la estabilidad del suministro energético y comercial en la zona.

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Navantia firma un nuevo contrato multimillonario con Arabia Saudí para el mantenimiento de las corbetas Avante 2200

Por: A. Pita

Navantia ha suscrito un nuevo contrato con el Ministerio de Defensa de Arabia Saudí para prestar servicios de apoyo al ciclo de vida de las corbetas construidas en el marco del programa Avante 2200. El acuerdo, anunciado el 3 de junio de 2026, consolida la presencia de la empresa pública española en el mercado de defensa saudí, uno de los más dinámicos de Oriente Próximo, y refuerza la relación industrial a largo plazo entre ambos países.

El nuevo contrato, cuyo importe no ha sido revelado inicialmente, se suma a los ya firmados en años anteriores para el mantenimiento y sostenimiento de las cinco corbetas de la clase Al Jubail, entregadas entre 2022 y 2024. Estos buques, de 104 metros de eslora y dotados de sistemas de combate avanzados, constituyen la columna vertebral de la marina saudí en el golfo Pérsico y el mar Rojo. El apoyo abarca desde el suministro de repuestos y la formación de tripulaciones hasta la modernización de equipos y la asistencia técnica integrada.

El programa Avante 2200, firmado en 2018 por unos 2.000 millones de euros, ha sido clave para la carga de trabajo de los astilleros de Navantia en la bahía de Cádiz, especialmente en San Fernando y Puerto Real. La continuidad del contrato de sostenimiento garantiza actividad industrial estable durante los próximos años y consolida la relación con el Ministerio de Defensa saudí en un momento en que el reino ha intensificado sus inversiones en capacidades marítimas.

Fuentes de la compañía han destacado que el acuerdo refuerza la credibilidad de Navantia como proveedor de servicios de ciclo de vida completo, desde el diseño y construcción hasta el apoyo logístico y las actualizaciones tecnológicas. En un mercado global de defensa cada vez más competitivo, la capacidad de ofrecer paquetes integrales de sostenimiento se ha convertido en un factor diferencial frente a otros constructores navales.

El contrato se enmarca en la estrategia de Navantia de diversificar su cartera de clientes internacionales. Además de Arabia Saudí, la compañía mantiene programas activos con Australia (clase Hunter), Emiratos Árabes Unidos y varios países de la OTAN. La nueva adjudicación en Arabia Saudí supone un espaldarazo a la línea de negocio de sostenimiento, que ya representa cerca del 30% de los ingresos del grupo.

Arabia Saudí, por su parte, sigue adelante con su plan Visón 2030 de modernización de sus fuerzas armadas y de localización industrial. El acuerdo con Navantia incluye cláusulas de transferencia de tecnología y colaboración con empresas locales, lo que responde a los objetivos del reino de potenciar su industria de defensa nacional. La firma de este nuevo contrato demuestra la confianza de Riad en la tecnología y el servicio español.

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El imperio se tambalea

Por: Fabian Scheidler

Este artículo se publicó originalmente en Substack. Puedes leerlo en inglés aquí.


Más de dos semanas después del inicio de la guerra de agresión contra Irán, Estados Unidos e Israel aún no han alcanzado su objetivo bélico de provocar un cambio de régimen, y es poco probable que lo logren por esta vía. La historia muestra que los bombardeos aéreos por sí solos rara vez conducen a la victoria, y mucho menos al derrocamiento de gobiernos. Al contrario, quienes son atacados suelen cerrar filas en torno a sus líderes, especialmente cuando el agresor, como en este caso, bombardea escuelas y hospitales.

Pero la guerra podría resultar ser mucho más que una misión fallida y costosa para Estados Unidos. Los ataques con misiles de Irán contra bases estadounidenses y otros objetivos en los Estados del Golfo están sacudiendo toda la estructura de poder de la región. Por un lado, estos ataques demuestran que Estados Unidos es incapaz de defender a los países del Golfo. Conviene recordarlo: el acuerdo histórico de los años setenta entre Estados Unidos, por un lado, y Arabia Saudí y otros Estados del Golfo, por otro, se sostenía sobre dos pilares. Las monarquías vendían su petróleo exclusivamente en dólares e invertían los excedentes de petrodólares en Estados Unidos. Esto garantizaba un flujo permanente de capital hacia Estados Unidos y, en particular, hacia Wall Street. A cambio, Estados Unidos ofrecía modernización tecnológica y, sobre todo, seguridad.

Ese segundo pilar se está derrumbando ante nuestros ojos. Las bases militares estadounidenses han demostrado no solo ser en gran medida inútiles frente a los misiles iraníes, sino también una carga para los Estados del Golfo, ya que constituyen objetivos evidentes. Además, sectores importantes de la población en algunos de estos países llevan tiempo oponiéndose a dichas bases. En Baréin, por ejemplo, donde el 60% de la población es chií, se produjeron muestras de celebración tras el éxito iraní al infligir graves daños al cuartel general de la Quinta Flota estadounidense. La presencia de Estados Unidos se revela así como un posible factor de inestabilidad política interna.

La magnitud de los ataques contra las bases estadounidenses es considerable. Irán logró, por ejemplo, destruir dos instalaciones clave de radar en Jordania y en los Emiratos Árabes Unidos, esenciales para guiar los misiles THAAD, un componente central de la defensa contra los misiles iraníes. La reconstrucción de estas infraestructuras, valoradas en miles de millones de dólares, podría llevar meses o incluso años. Otras bases importantes también fueron alcanzadas, como la de Erbil, en Irak, la mayor base de la Fuerza Aérea estadounidense en el país.

La situación podría agravarse aún más si Estados Unidos e Israel se enfrentan a una escasez de misiles interceptores. Estos ya eran limitados al final de la guerra de doce días contra Irán en junio de 2025, una de las razones clave por las que ambos países optaron entonces por un alto el fuego. Ahora, según diversos informes, los arsenales podrían acercarse a una escasez más severa, lo que debilitaría decisivamente una defensa ya de por sí incompleta.

Estados Unidos también ha demostrado ser incapaz de mantener abiertos los estrechos de Ormuz, a pesar de la promesa de Donald Trump de escoltar a los buques. Su llamada urgente a la OTAN y a otros aliados para que envíen barcos al Golfo Pérsico subraya la gravedad de la situación. El hecho de que todos sus aliados —desde el Reino Unido y Alemania hasta Australia y Japón— hayan rechazado la petición es una señal humillante del creciente aislamiento e impotencia de Estados Unidos. El estrecho de Ormuz es la arteria vital de las monarquías del Golfo. No solo dependen de él las exportaciones de petróleo y gas, sino también importaciones esenciales. Si permanece cerrado durante un periodo prolongado, las economías y las sociedades del Golfo afrontarán nuevas turbulencias.

Mientras las élites de las monarquías del Golfo empiezan a asumir que Estados Unidos no puede protegerlas e incluso está llevando la guerra a sus territorios, las repercusiones económicas socavan aún más el statu quo. El modelo de negocio de estos países se basa en la estabilidad. Tanto el turismo como la inversión extranjera descansan sobre la promesa de un mundo brillante, protegido de la pobreza y de las guerras constantes de los países vecinos. Pero ese modelo también podría colapsar. ¿Quién compraría islas frente a la costa de Dubái si no hay seguridad frente a los misiles? Y si las grandes fortunas se alejan, ¿quién querrá invertir miles de millones en una región con un futuro incierto?

La guerra también ha puesto de relieve la vulnerabilidad del suministro de agua dulce en la región. Las plantas desalinizadoras, que proporcionan entre el 60 y el 70 por ciento del consumo de agua en los Estados del Golfo, podrían quedar fuera de servicio con unos pocos ataques de misiles iraníes. Sin agua dulce, ni siquiera los más ricos pueden sobrevivir. Además, una evacuación rápida podría resultar imposible. Al inicio del conflicto, los vuelos privados disponibles se redujeron drásticamente en cuestión de horas, ya que pocos proveedores estaban dispuestos a asumir el riesgo. Los enclaves de lujo podrían convertirse en trampas.

Muchas de las monarquías petroleras han diversificado sus economías en los últimos años. Uno de los nuevos pilares son los centros de datos operados por grandes corporaciones estadounidenses como Amazon, Google, Microsoft, Palantir, NVIDIA u Oracle. Sin embargo, Irán ya ha atacado centros de datos de Amazon en Baréin y en los Emiratos, con importantes repercusiones sobre los servicios digitales. Además, el liderazgo iraní ha presentado una lista de 31 centros de datos que considera “objetivos legítimos”, al considerar que son utilizados por el ejército estadounidense. Si algunos de ellos fueran alcanzados, el golpe sería significativo no solo para la economía regional y su infraestructura digital, sino también para un pilar central de la hegemonía estadounidense.

Ante este escenario, Donald Trump busca desesperadamente una salida que le permita declarar la victoria y poner fin a la guerra. Pero lo más probable es que Irán no le facilite un desenlace rápido.

Incluso si el conflicto terminara en un plazo relativamente breve, su impacto sobre la región y el equilibrio geopolítico sería profundo y se desplegaría plenamente en los años siguientes. En cualquier caso, las monarquías del Golfo se verán obligadas a buscar nuevos modelos de supervivencia política y económica. Lo más probable es que giren hacia Asia, y en particular hacia China, que en los últimos años ha construido sólidos vínculos económicos y diplomáticos en la región y se ha posicionado como un actor de estabilidad. Podría ser el inicio del fin de la hegemonía estadounidense en el Golfo.


Fabian Scheidler es autor de ‘El fin de la megamáquina. Breve historia de una civilización en declive’, publicado en numerosos idiomas (www.megamachine.org). Su libro más reciente, publicado en alemán es ‘Bienestar o guerra. Por qué Europa debe elegir entre la razón y la autodestrucción’. Scheidler colabora también con ‘Le Monde Diplomatique’ y otros medios.
www.fabianscheidler.com

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