Bruno Sgarzini
La caída del Muro de Berlín y el apartheid sudafricano anunciaban el inicio de un supuesto “mundo libre”, integrado por la globalización. Pero en lugar de eso, se ha dado lo que el historiador David Frye llama “una Segunda Era de las Murallas”, que eclipsa a la primera que comprende desde la antigua Grecia hasta finales del siglo XIX.
Un informe del Instituto Trasnacional de 2020, titulado Mundo Amurallado, hacia un apartheid global, estima que desde 1989 se han construido 63 muros. La cifra actualizada alcanza supera los 70 según el Migration Policy Institute. Elisabeth Vallet de la Universidad de Quebec calcula que ahora existen 74 muros fronterizos en todo el mundo, seis veces más que al final de la Guerra Fría, extendiéndose por más de 20,000 millas (32,000 kilómetros).
Para 2020, seis de cada diez personas en el mundo viven en un país con un muro en sus fronteras, según el instituto. La proporción podría ser mayor con el crecimiento de muros en todo el mundo.
Israel es el país con el mayor número de muros (seis), seguido de Marruecos, Irán e India (tres), y Sudáfrica, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Turquía, Turkmenistán, Kazajstán, Hungría y Lituania (dos).
Para 2020, seis de cada diez personas en el mundo viven en un país con un muro en sus fronteras, según el instituto. La proporción podría ser mayor con el crecimiento de muros en todo el mundo
Sin contar el que se construye en las fronteras entre Estados Unidos y México, como otros ya existentes.
En total, Asia tiene el mayor número de muros (56 por ciento) seguida de Europa (26 por ciento) y África (16 por ciento).
Para el Instituto Trasnacional, una de las mayores razones de esto proceso es la securización de las fronteras.
“Se creó un modelo de sociedad que se percibe a sí misma como insegura, que se gobierna a través del miedo. Las sociedades que se sienten más inseguras generan tendencias de segregación espacial. Esta segregación se debe, principalmente, a la búsqueda por parte de algunos sectores sociales de aislamiento de los supuestos elementos amenazantes para conseguir un determinado modelo de seguridad”, sostiene su informe.
El caso más emblemático, por ejemplo, es el del Viejo Continente. Según el Eurobarómetro 2017, en Italia, por ejemplo, la percepción social es que el porcentaje de inmigrantes es del 24,6%, cuando el valor real es del 7%. En España, estos valores son del 23% y 9%, y en Holanda, del 12,5% y 9%. En Polonia, la percepción es del 10% mientras que el porcentaje real es del 1%. Entre 2014 y 2022, la longitud agregada de vallas fronterizas en las fronteras externas de la UE y dentro del área UE/Schengen creció de 315 km a 2,048 km. Actualmente, el área UE/Schengen está rodeada o atravesada por 19 vallas fronterizas o de separación que se extienden por más de 2,000 kilómetros, según el parlamento europeo.
En los últimos años, después de la intervención rusa en Ucrania, los muros dejaron de construir para detener el flujo de refugiados de África y Medio Oriente. Polonia, en 2021, por ejemplo, completó un muro de cero de 186 kilómetros a lo largo de su frontera con Bielorrusia, que atraviesa varias áreas naturales protegidas, incluido el antiguo bosque de Białowieża. Esta barrera fue erigida como respuesta a lo que la Unión Europea calificó un "ataque híbrido" por el flujo de migrantes que empezaron a atravesar desde Bielorrusia. Finlandia, que comparte 1,340 kilómetros de frontera con Rusia, aprobó en 2023 la construcción de una valla que cubrirá el 15% de su territorio limítrofe, con un coste de más de 400 millones de dólares y finalización prevista para 2026. En El Báltico, Estonia, Lituania y Letonia avanzan en un plan conjunto de fortificación de 700 kilómetros para separar sus fronteras de Rusia lo máximo posible.
En Europa, destacan, además, las vallas de Ceuta y Melilla, en la frontera entre España y Marruecos, para detener la inmigración fronteriza. Donde se han usado desde alambres con cuchillas hasta un cable metálico que inmoviliza a quienes intenten cruzarla. España fue precursor con un sistema de vigilancia que dio origen al EUROSUR, “un sistema que combina el control de datos de todos los países de la UE con sistemas de radares y vigilancia fronterizos, que también se ha externalizado a terceros países”.
“Estas dinámicas en torno al miedo, la seguridad y el riesgo, sirven de mecanismo diferencial, divisor y fraccionario de diferentes sectores y capas de la sociedad, según los riesgos que estas perciben y las herramientas de las que disponen para hacerles frente. De esta manera la separación física y divisoria del espacio, se convierte en una política común a seguir y, la interposición de barreras, la herramienta para hacerla efectiva”, según el instituto Trasnacional.
Por esto, las razones que se han dado para la construcción de muros son; inmigración (32 por ciento), terrorismo (18 por ciento), contrabando de bienes y personas (16 por ciento), narcotráfico (10 por ciento) y disputas territoriales (11 por ciento).
Esto de facto genera un apartheid donde hay ciudadanos de primera, dentro de fronteras, y ciudadanos de segunda, que están fuera, con sus derechos suspendidos.
Lo que no se reduce solo a los muros, sino también a despliegues militares en fronteras como las de México y Guatemala o despliegues marítimos fuera de Australia, con centros de detención incluidos, que han costado cinco mil millones de dólares entre 2013 y 2018. En América Latina, República Dominicana empezó a construir una estructura de 3,6 metros de altura, mitad de concreto y mitad de valla metálica con alambre de púas, en más de la mitad de los 340 km de frontera que comparte de frontera con Haití.
El ejemplo más claro de una política segregación es la de Israel, el país con más muros del mundo, contra la población palestina.
Otro caso paradigmático es el de Siria, rodeado por cuatro muros en cuatro de los cinco países que lo rodean (Israel, Turquía, Jordania e Irak). “Todos se justifican en el terrorismo y la inmigración”, según el Instituto Trasnacional.
Ayudaron a esto la aparición del Estado Islámico y la inmigración de personas que huían de la guerra. La ACNUR estima que por el conflicto ha habido 6,2 millones de desplazados, el número más alto de un país en el mundo.
India, por su lado, tiene barreras con tres de las siete naciones con las que comparte frontera; Bangladesh, Pakistán y Myanmar. Las razones esgrimidas por sus sucesivos gobiernos es la inmigración musulmana de Bangladesh, el terrorismo y la disputa territorial sobre Cachemira con Pakistán y la entrada de narcotraficantes y de los desplazados rohinyás, etnia perseguida por el gobierno Myanmar.
Para el instituto Trasnacional; “la industria militar y de seguridad es una de las fuerzas impulsoras de la militarización de las fronteras, incluida la construcción de muros y vallas. Para ello, ha impulsado una narrativa en la que la migración y otros desafíos políticos o humanitarios en la frontera son tratados principalmente como un problema de seguridad, para el cual la construcción de muros y vallas, junto con el uso de equipos militares y de seguridad, es presentada como la solución”.
En general, los muros y vallas son construidos por empresas locales o fuerzas armadas de los países. Luego, la industria militar y de seguridad proporcionan tecnología de monitoreo, detección e identificación, vehículos, aviones, armas y otros equipos para mejorar y proteger las barreras fronterizas, como robots y drones.
Las empresas con más contratos en Europa y Estados Unidos son Airbus, Thales, Leonardo, Lockheed Martin, General Dynamics, Northrop Grumman, L3 Technologies, Elbit, Indra, Dat-Con, CSRA, Leidos y Raytheon. La israelí Elbit, por ejemplo, ofrece sus servicios a otras naciones con la promoción de que fueron testeados en los muros armados por Israel en los territorios palestinos.
Según el Instituto Trasnacional; “mientras construimos estas fortalezas, segregamos a las personas protegiendo los privilegios y el poder de unos y negando los derechos humanos y la dignidad de otros”.
“Detrás del aumento de los muros y la industria se esconde una narrativa poderosa y manipuladora que se ha vuelto hegemónica. Sostiene que los migrantes, en particular, son una amenaza para el modo de vida de algunos países, en vez de víctimas de políticas económicas y políticas perpetuadas y promovidas por los países más ricos que obligan a las personas a abandonar sus hogares”.



