🔒
Hay nuevos artículos disponibles. Pincha para refrescar la página.
AnteayerSalida Principal

Rusia avanza en Zaporiyia: toma Komsomólskoye mientras derriba 601 drones ucranianos en 24 horas

4 Junio 2026 at 21:27

Las Fuerzas Armadas de Rusia han tomado el control del asentamiento de Komsomólskoye, en la región de Zaporiyia, y han derribado más de 600 drones ucranianos en el último día, según informó el Ministerio de Defensa ruso en su parte diario de este jueves 4 de junio.

Avance ruso en el frente sur

«Las tropas rusas continúan su avance en dirección a Zaporozhie», señaló el Ministerio en un comunicado. La localidad de Komsomólskoye, situada en la región parcialmente ocupada por Rusia, se suma a la lista de posiciones que Moscú afirma haber liberado en las últimas semanas. La ofensiva se ha intensificado en el sur de Ucrania, donde Kiev intenta contener el avance con ataques de largo alcance.

En la misma jornada, los sistemas de defensa antiaérea rusos interceptaron cuatro bombas guiadas y dos proyectiles del sistema lanzacohetes múltiple Vampire, además de derribar 601 drones ucranianos. Las cifras, aunque no verificadas de forma independiente, reflejan la creciente escala de las operaciones con drones por parte de Ucrania para frenar el avance ruso.

Reacción ucraniana y contexto

Por su parte, el Estado Mayor ucraniano no se ha pronunciado directamente sobre la pérdida de Komsomólskoye, pero reconoció combates intensos en la región de Zaporiyia. Fuentes militares ucranianas citadas por la agencia Interfax-Ucrania indicaron que las defensas aéreas han derribado en las últimas horas decenas de drones de reconocimiento y ataque rusos, aunque no ofrecieron un balance global.

El control de asentamientos en esta zona es clave para ambas partes, ya que Zaporiyia constituye un corredor terrestre hacia la península de Crimea y alberga la mayor central nuclear de Europa, la central de Zaporiyia, bajo control ruso desde marzo de 2022.

Rusia denuncia que Ucrania marca un precedente peligroso al atacar una central nuclear

1 Junio 2026 at 14:55

El director ejecutivo de la corporación nuclear rusa Rosatom, Alexéi Lijachev, ha advertido este lunes de que el ataque ucraniano contra la central nuclear de Zaporiyia (ZNPP) constituye un peligroso precedente al tratarse de un ataque dirigido contra una instalación nuclear. Según declaró Lijachev a la agencia rusa Sputnik, el riesgo no reside tanto en el daño material inmediato como en la normalización de este tipo de agresiones contra infraestructuras atómicas sensibles.

Un precedente alarmante

«El ataque ucraniano a la ZNPP puede no ser tan peligroso en sí mismo, pero es un precedente de un ataque dirigido», afirmó Lijachev, sin precisar daños concretos ni fechas exactas del ataque. La central, situada en la región ucraniana de Zaporiyia pero bajo control ruso desde marzo de 2022, ha sido escenario de repetidos incidentes durante la guerra, lo que ha suscitado la preocupación del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA).

El ataque ucraniano a la ZNPP puede no ser tan peligroso en sí mismo, pero es un precedente de un ataque dirigido

La declaración de Rosatom se produce en un momento en que la seguridad de la mayor central nuclear de Europa sigue siendo una fuente de tensión entre Moscú y Kiev. Aunque el OIEA mantiene inspectores en la planta, ambas partes se acusan mutuamente de poner en riesgo la instalación.

Riesgo de escalada nuclear

El ataque, reportado el 1 de junio de 2026, se suma a una larga lista de incidentes que han llevado a la comunidad internacional a pedir la creación de una zona de seguridad alrededor de la central. Ucrania no ha confirmado ni desmentido la autoría del ataque, mientras que Rusia ha convocado una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU para tratar lo ocurrido.

Un dron impacta la central nuclear de Zaporiyia: el OIEA alerta de riesgo de accidente nuclear

1 Junio 2026 at 09:51

El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha informado de que un dron impactó contra el edificio de turbinas de la central nuclear de Zaporiyia, en el sur de Ucrania, causando daños materiales en su muro. El incidente, ocurrido el 30 de mayo, fue comunicado al organismo internacional por la propia planta, actualmente bajo control ruso.

Llamada de alerta del OIEA

El director general del OIEA, Rafael Grossi, expresó una «grave preocupación» por lo sucedido y alertó del riesgo de un accidente nuclear. «Atacar instalaciones nucleares es jugar con fuego», declaró Grossi, quien subrayó que el ataque vulnera principios fundamentales de seguridad nuclear. «Los ataques contra centrales nucleares son inaceptables y deben cesar para evitar el riesgo real de un accidente nuclear que no beneficiaría a nadie», añadió.

El edificio de turbinas alberga equipos clave para la generación eléctrica y, aunque no forma parte del reactor en sí, su destrucción podría afectar a los sistemas de refrigeración y seguridad de la planta. De hecho, la central de Zaporiyia ha dependido de líneas externas de suministro eléctrico para mantener refrigerados sus reactores desde que fue ocupada por las fuerzas rusas en marzo de 2022.

Un historial de ataques

No es la primera vez que la central sufre impactos directos. Desde el inicio de la invasión rusa, la instalación ha estado en el centro de múltiples incidentes de seguridad. Moscú y Kiev se acusan mutuamente de bombardear la planta y sus alrededores, mientras que el OIEA ha intentado mantener una presencia de inspectores sobre el terreno para verificar el estado de la instalación.

El incidente del dron se produce en un momento de máxima tensión, con ambos bandos intensificando los ataques sobre infraestructuras críticas. La comunidad internacional teme que un accidente nuclear en Zaporiyia, la mayor central de Europa con seis reactores, podría tener consecuencias catastróficas para la salud pública y el medio ambiente en todo el continente.

Un dron impacta en el reactor de Zaporiyia: el OIEA alerta de riesgo de accidente nuclear comparable a Chernóbil

31 Mayo 2026 at 18:00

Un dron impactó el pasado 31 de mayo en el reactor de la central nuclear de Zaporiyia, la mayor de Europa, situada en el sur de Ucrania bajo control de las fuerzas rusas. La Agencia Internacional de la Energía Atómica (OIEA) ha mostrado su alarma por el incidente, aunque no pudo determinar quién lanzó el aparato no tripulado.

Rusia acusó a Ucrania de ser la responsable del ataque, mientras que Kiev no ha confirmado ni desmentido su participación. La instalación, que antes de la guerra generaba hasta 6.000 megavatios y abastecía el 20% de la electricidad ucraniana, lleva meses en una situación de alta tensión militar, con continuos cortes de suministro exterior que obligan a operar con generadores diésel de emergencia.

El OIEA, según un comunicado, no detectó niveles elevados de radiación en el exterior de la planta, pero considera que el impacto directo sobre un reactor es un hecho «extremadamente grave» que eleva el riesgo de un accidente nuclear con consecuencias para toda Europa. La agencia reiteró la necesidad de establecer una zona de seguridad alrededor de la central.

La central de Zaporiyia, ocupada por Rusia desde marzo de 2022, ha sido escenario de repetidos bombardeos que ambas partes se atribuyen mutuamente. Para el Gobierno español, el incidente reabre la preocupación por la seguridad energética europea y la posible interrupción de los suministros de electricidad en caso de emergencia.

La comunidad internacional sigue con inquietud la evolución de la situación. El OIEA ha solicitado acceso sin restricciones a la planta para verificar el estado del reactor dañado y evaluar los riesgos. La central requiere un suministro eléctrico externo estable para mantener los sistemas de refrigeración, y cualquier fallo prolongado podría desencadenar una fusión del núcleo. Los expertos advierten de que un accidente en Zaporiyia tendría consecuencias radiológicas comparables a las de Chernóbil, pero en un contexto de guerra activa que dificulta las tareas de evacuación y contención.

Un dron ucraniano impacta contra la central nuclear de Zaporiyia en el reactor más moderno

30 Mayo 2026 at 18:26

Un dron de combate ucraniano impactó el pasado 30 de mayo contra el edificio de la turbina del bloque 6 de la central nuclear de Zaporiyia, según confirmó el director general de la corporación rusa Rosatom, Alexéi Lijachev. El ataque, que ya ha sido calificado por Moscú como un acto de terrorismo nuclear, se produjo en una de las mayores instalaciones de este tipo en Europa, bajo control ruso desde 2022, y ha elevado la tensión internacional ante el riesgo de una catástrofe radiactiva.

Detalles del ataque

Lijachev precisó que el artefacto explotó tras alcanzar la turbina del sexto reactor, el más moderno de los seis reactores VVER-1000 que componen la central. Aunque el sistema de refrigeración del reactor no resultó dañado directamente, el impacto en la turbina supone un riesgo de daños colaterales en los sistemas de seguridad, según fuentes de la agencia nuclear rusa. De momento, no se ha informado de víctimas ni de aumentos en los niveles de radiación, pero tanto Moscú como el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) siguen de cerca la situación.

Un dron de combate ucraniano golpeó el edificio de la turbina de la central nuclear de Zaporiyia.

Reacción internacional

El Kremlin ha calificado el ataque de «provocación peligrosa» y ha instado a la comunidad internacional a condenar lo que considera una escalada deliberada. Por su parte, Ucrania no se ha pronunciado oficialmente sobre el incidente, aunque en el pasado ha negado ataques directos a la central. El OIEA ha señalado que mantiene contacto con ambas partes para evaluar la seguridad de la instalación. La central de Zaporiyia, que ya sufrió cortes de suministro eléctrico y daños en infraestructuras auxiliares durante la guerra, vuelve a estar en el epicentro de la preocupación nuclear.

Última ‘marshrutka’ hacia la línea de fuego (y 4)

25 Abril 2026 at 01:41

Un anciano se baja de una vieja marshrutka (minibús), se pone un gorro, unos guantes y una espesa bufanda de lana hecha por su mujer, quien le espera en casa. Una vez abrigado, se hace la señal de la cruz, desprende la cuerda de un pequeño trineo en el que carga dos cajas con víveres e inicia un camino a pie hacia el río Konka, en un paraje desolado, con nieve, sin gente. Una deshilachada red antidrones protege parte de su próximo recorrido. Se ha bajado en la última parada de la marshrutka que va de Kushuhum en dirección a Malokaterynivka, dos asentamientos rurales del sur de Zaporiyia, la ciudad de medio millón de habitantes, industrial y levantada por cosacos a orillas del río Dniéper, que da nombre a toda esta provincia.

Última ‘marshrutka’ hacia la línea de fuego
Alexander carga su trineo en dirección a Malokaterynivka. UNAI ARANZADI

La ruta de este ucraniano valiente es la de tantas otras personas que, por pura necesidad, han de jugarse la vida para salir de casa a por medicinas, comida y útiles que les ayuden a superar este invierno, uno de los más fríos que por estos pagos se recuerdan. Son por lo general hombres de más de 60 años y, por lo tanto, libres de ser reclutados para combatir a los invasores rusos, que en este caso se encuentran extremadamente cerca, dando lugar a esa cruel paradoja que es librarte de ser enviado al frente, al tiempo que el frente te es enviado a ti. Asimismo, las mujeres, igualmente audaces y maduras, visten con abrigos acolchados y cargan con las icónicas bolsas de croché soviéticas, a las que en su juventud llamaban avoska, que en ruso significa “por si acaso”, esto es, una malla de rejilla que vacía apenas ocupa espacio y toda señora portaba en su bolso para cuando surgiese la oportunidad de llevarse algún producto de las tiendas de comestibles oficiales.

Según la agencia de Naciones Unidas para los refugiados, en este año 2026, hay 10,8 millones de personas que necesitan ayuda humanitaria, de los cuales 3,7 se encuentran desplazadas en el interior del país. Sin embargo, ¿qué sucede con aquellas personas que deciden no ser evacuadas de las zonas de combate y quedan alejadas de los puntos donde se distribuye la ayuda humanitaria? Este es el caso de la población del sur de Kushuhum, y más concretamente, del asentamiento de Malokaterynivka. Para Maxim, chófer de la última marshrutka que más se está acercando a este lugar, su servicio es tan imprescindible como arriesgado. “Es una cuestión difícil la de decidir si seguimos brindando el servicio de transporte público o no. Por un lado, sabes que tú eres la única conexión que les queda con el mundo, pero por otro también sabes que acercarte aquí te puede costar la vida. De modo que cuando la situación se hace insostenible, vamos reduciendo paradas. De momento salimos de la ciudad de Zaporiyia hacia Kushuhum. Son 9 kilómetros arriesgados. Lo asumimos. Pero los siguientes 4 o 5 kilómetros más al sur, hacia el asentamiento de Malokaterynivka, ya suponen una situación mucho más extrema. Los drones y la artillería son permanentes. Lo siento, pero no podemos hacer el trayecto completo, así que la gente se baja y recorre los últimos kilómetros a pie hasta sus casas”, se lamenta.

Última ‘marshrutka’ hacia la línea de fuego
La carretera de Zaporiyia a Malokaterynivka protegida por una red antidrones. UNAI ARANZADI

Una de esas personas que se bajan en la última parada de la marshrutka, se santiguan, arropan o cargan cajas sobre trineos antes de emprender una marcha a pie, camino al asentamiento de Malokaterynivka y el río Konka, es Alexander, un hombre de 53 años prematuramente desgastado por la pobreza y la guerra. Tal y como aconseja antes de iniciar la marcha, “lo importante es andar rápido y mejor solo que en grupo. Aunque lo más peligroso es en coche. Si ven uno, atacan seguro”, señala mientras prepara su trineo junto a otras dos personas que también se han bajado de la marshrutka y están a punto de iniciar un escalofriante recorrido hasta sus viviendas.

Por el camino Alexander se cruza con Sergei y Denis, dos soldados pertrechados con pistola en el pecho, fusil de asalto en el hombro izquierdo y escopeta de postas en el derecho. Caminan lentamente mirando hacia el cielo con el casco bien calado y un chaleco antibalas que no solo los protege de la metralla, sino también del frío. Consultados por las condiciones de seguridad y la presencia de unas tropas rusas que ya se encuentran al otro lado del río Konka, los soldados advierten sin entrar en muchos detalles: “Sí, están allí, lo que es peligroso porque con sus drones llegan aquí en menos de cinco minutos. Sin embargo, hay más problemas…”. Y efectivamente los hay. Tal y como reportan los últimos informes del Ministerio de Defensa ucraniano, la poca profundidad de los ríos que rodean a esta comunidad, han permitido a las fuerzas armadas rusas llevar a cabo incursiones que, si bien no han prosperado, indican lo que podría ser un futuro asalto a este suburbio de Zaporiyia, y por ende a la propia capital de la provincia, situada a unos 12 kilómetros de este punto.

Última ‘marshrutka’ hacia la línea de fuego
Dos soldados patrullan la carretera de Malokaterynivka. UNAI ARANZADI

El suburbio de Malokaterynivka, ubicado en la orilla norte del río Konka, y última barrera natural de los ucranianos con la que hoy se topa el ejército ruso antes de la ciudad de Zaporiyia, se encuentra separado de las posiciones rusas por los 2.000 metros de agua que dividen ambas márgenes de este afluyente del río Dniéper. “Los rusos están al otro lado del río, en la localidad de Prymorske. Es por eso por lo que este servicio de la marshrutka está a punto de desaparecer”, explica Ludmilla, una mujer que regresa de casa de un tío suyo, aislado por la crudeza del invierno y las dificultades de movilidad propias de su avanzada edad. “Todo el sur de Zaporiyia –continúa– y más aún este lugar donde estamos, al sur de Kushuhum, es ya un escenario de guerra abierta en el que quedan muy pocas personas viviendo”. Preguntada por si existen servicios que asisten a estos ancianos que no quieren abandonar sus hogares, Ludmilla responde que hay organizaciones humanitarias que se acercan en vehículos blindados, pero, según explica, sus visitas son ya muy puntuales, “pues la gran evacuación de gente se produjo hace meses”.

Última ‘marshrutka’ hacia la línea de fuego
El centro de Kushuhum protegido por una red. UNAI ARANZADI

Siguiendo el camino hacia el sur, en dirección a Malokaterynivka, se llega a un cruce en el que se yergue un edificio desconcertante. Rodeado de mallas metálicas para evitar el impacto directo de los drones, esta singular construcción de ladrillos es el último negocio que permanece abierto antes de llegar a la zona desde donde dispara la artillería ucraniana. Con un letrero colgando, luces de discoteca y un porche que hace las veces de sala de fiestas, el local acoge en su interior a dos mujeres en estado de embriaguez tratando de hacer sonar un destartalado equipo de sonido al tiempo que se escuchan algunas detonaciones de fondo. A su alrededor se esparcen decenas de botellas de vodka vacías, ceniceros atestados de colillas y la certeza de que la guerra ha agravado problemas sociales como el del alcoholismo y las drogadicciones. De acuerdo con el último informe mundial sobre drogas de la ONU, la producción de estupefacientes sintéticos, así como de cannabis, ha sufrido un claro incremento desde el inicio de la invasión rusa en febrero del 2022. A esto se suman otros desafíos, como el de la depresión y la ansiedad que sufren, no solo los civiles sino también los militares. Para la sociedad ucraniana no es ningún secreto que muchos soldados que regresan de primera línea con estrés postraumático recurren a las drogas, como tampoco lo es el hecho de que en el propio frente se consumen más que nunca. No en vano, un estudio de la ONG Life Rivne Network indica que un 38% de los soldados ucranianos admiten haber consumido anfetaminas para sobrellevar la fatiga de combate y marihuana –e incluso opioides– para los momentos de descanso. Tal y como apuntan muchas de las personas con las que se comparte esta preocupación, los sueldos de los soldados han tenido, sin quererlo, algo que ver en todo esto. Si el salario mínimo de un trabajador no supera los 170 euros en la Ucrania del 2026, el de un soldado puede multiplicar esa cifra por 10 si es que se encuentra en la línea de combate.

Última ‘marshrutka’ hacia la línea de fuego
Uno de los últimos negocios abiertos al sur de Kushuhum. UNAI ARANZADI

“Verás que aquí hay de todo”, advierte Alexander al abrir la puerta del local bunkerizado que se encuentra tras el porche y la extraña sala de fiestas. Como si de un oasis se tratara, en el interior hay luz, calor, y una mujer de pelo largo, sonriente y fornida que se llama Victoria. Según explica esta, su negocio hace las veces de farmacia, bar, economato, refugio y cocina. “Sí, aquí viene mucha gente necesitada, pero vivimos un momento en el que no todo es hacer negocio. También hay que ayudarse los unos a los otros”, señala, no sin razón, antes de explicarnos dónde está el lugar en el que nos encontramos y lo mal que está la situación con las tropas rusas al otro lado del río Konka. “Si continuáis caminando hacia el sur ya estaréis al borde del río en Malokaterynivka”, explica. Con varias provisiones adquiridas en la tienda, Alexander retoma la caminata en la dirección que Victoria señala como muy peligrosa. “Es que allí está mi casa”, se excusa.

Pese a la heroica defensa de las fuerzas ucranianas, los avances del ejército ruso en Zaporiyia han sido lentos pero implacables, sobre todo en el último año. Controlando ya el 75% de toda la región, y con la central nuclear más grande de Europa en su poder desde marzo del 2022, existe la posibilidad de que, una vez llegado a Kushuhum, el Kremlin pueda comenzar un verdadero asedio a la capital de esta provincia, la cual fue declarada parte de la Federación Rusa en un referéndum que ni respondió al derecho internacional ni ha reconocido ningún país del mundo más allá de Corea del Norte, Nicaragua, Bielorrusia, Venezuela y Cuba.

Para Alexander, quien está a punto de llegar a su casa, la irrupción de los ocupantes rusos en su asentamiento no sería motivo de huida. “Soy mayor y estoy un poco cansado. Yo he decidido quedarme para cuidar de mis animales”, explica mientras abre la puerta de una pequeña dacha. Ya dentro, le recibe una colonia de gatos a los que acaricia con mimo. “Vivo solo. Es todo cuanto tengo”, afirma sonriente mientras va dejándoles comida. Después de servir un té, se sienta y da cuenta de la que es, hoy por hoy, su mayor preocupación. “Lo que no me gustaría es que mi casa sea dañada. Con esta estufa de leña y un poco de comida puedo sobrevivir, pero sin un techo todo cambiaría”.

Última ‘marshrutka’ hacia la línea de fuego
Alexander en su casa. UNAI ARANZADI

En un informe elaborado por Naciones Unidas el pasado año se dice que alrededor del 10?% de las viviendas de Ucrania han sido dañadas o destruidas desde el inicio de la invasión rusa. Resulta interesante sumar otro dato menos conocido de la misma organización. En este se dice que, desde la independencia del país hace 35 años, solo se han construido entre un 7 y un 10% de todas las viviendas actuales, siendo el 90 o 93?% restante obra del periodo soviético que transcurrió en las cuatro décadas anteriores. Sin ir más lejos, la de Alexander es una de estas moradas: precaria, unifamiliar y con un pequeño jardín sobre el cual vuelan los drones a diario. Tanto es así que en un momento dado se levanta y exclama: “Tienes que ver esto. Sal y mira”. Cruzando el tejado de su dacha se aprecia un hilo que brilla al sol. Se trata del rastro dejado por un dron ruso dirigido por fibra óptica, la mayor amenaza para los civiles de esta zona y el motivo para abandonar el lugar tan rápido como se pueda.

A pesar del frío y la desolación, en la caminata de regreso hacia la capital de la provincia es posible encontrar algunos signos de vida, desde oportunistas que van a la husma del cobre en las casas destrozadas por la artillería rusa hasta bandadas de perros en busca de un hueso que llevarse al hocico. También, muy de cuando en cuando, otros civiles que van a coger la última marshrutka en dirección aKushuhum y Zaporiyia.Oleg, un setentón con bigote y sombrero de lana, es de los primeros en llegar a la marquesina donde serán recogidos. Lleva consigo una Beretta de 9mm en una funda de cuero. Asegura que es su mejor defensa contra los drones. “Si se acerca uno, ¡pum! Lo disparo y asunto resuelto”, afirma con desbordante optimismo.

Según se va regresando ya a bordo de la marshrutka, primero se pasa por el centro de Kushuhum, donde un reciente ataque contra una marquesina ha dejado heridas a dos mujeres de 72 y 52 años. A continuación, ya superado el control militar que da acceso a la ciudad de Zaporiyia, comienzan a verse carteles que animan a sumarse a las brigadas de voluntarios. Entre ellas, Khartia es una de las que ha tenido más aceptación. Sin embargo, hay algo inquietante en la publicidad que utilizan en este invierno del 2026. Si hace año y medio mostraban aguerridos combatientes posando en un estudio fotográfico, hoy sus vallas publicitarias ofrecen como reclamo la triste imagen de una litera metálica y un vehículo 4×4 para la extracción de heridos.

La convicción de que, pese al indudable coraje demostrado por las tropas ucranianas, la guerra está perdida y de que hay muchos políticos y militares beneficiándose de la situación, es otro de los grandes tabús informativos de este conflicto, en el que las cifras del desencanto hablan por sí solas: de los 11 millones de hombres ucranianos en edad de combatir (de 25 a 60 años) apenas 1,1 millón han atendido al llamado de sumarse a filas. ¿Qué tendría que decir al conjunto de la sociedad esa mayoría silenciosa que elude prestar servicio en las Fuerzas Armadas? ¿Dónde están? ¿Se puede hablar de pluralidad informativa cuando las motivaciones de un sector tan amplio y determinante de la sociedad no son sujeto de debate ni en los medios ni en la esfera política?

Llegada por fin la última parada de la marshrutka, los pasajeros descienden aliviados. “Resulta triste que nos sintamos seguras al llegar a una ciudad en la que casi todos los días caen bombas, pero, comparado con los lugares de los que venimos, resulta mucho más tranquila”, señala Oksana, una mujer habituada a hacer este desplazamiento para conseguir algunos alimentos y medicinas. Mientras ella se pierde por las calles de la ciudad se va formando una nueva cola para ascender a la marshrutka en su viaje de regreso a Kushuhum. “Si no tienes un coche, este es nuestro último medio de conexión con el resto de Ucrania. Esperemos que no corten esta ruta a Kushuhum, como acaba de pasar con la de Malokaterynivka”, comenta una de las mujeres que espera subirse para viajar de vuelta al último bastión defensivo que protege por el sur la ciudad de Zaporiyia.



Puedes leer toda la serie en los siguientes enlaces:

La entrada Última ‘marshrutka’ hacia la línea de fuego (y 4) se publicó primero en lamarea.com.

  • No hay más artículos
❌