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Indonesia revive el fantasma de 1997: la rupia se desploma a mínimos históricos cerca de 18.000 por dólar

4 Junio 2026 at 08:10

La rupia indonesia ha caído a mínimos históricos durante abril y mayo de 2026, acercándose peligrosamente al umbral psicológico de las 18.000 unidades por dólar. La divisa superó la barrera de las 17.000 a principios de abril, lo que reavivó dolorosos recuerdos de la crisis financiera asiática de 1997-1998 en la población indonesia.

La depreciación no obedece únicamente a la fortaleza del dólar estadounidense, sino que responde a factores domésticos que han agravado la presión sobre la moneda, según analistas financieros. Entre ellos destacan la debilidad de las exportaciones indonesias, la incertidumbre política interna y la salida de capitales extranjeros del mercado de bonos soberanos.

Un contexto global adverso

El Banco Central de Indonesia (Bank Indonesia) ha intervenido en varias ocasiones para estabilizar la rupia, aunque sin éxito duradero. La entidad ha vendido reservas de divisas y ajustado los tipos de interés, pero la presión vendedora persiste. Mientras tanto, el déficit por cuenta corriente del país se ha ampliado, lo que incrementa la vulnerabilidad de la moneda a shocks externos.

La situación recuerda a la crisis de 1997-1998, cuando la rupia perdió más del 80% de su valor y provocó una grave recesión. Aunque la economía indonesia actual es más sólida, con un sector bancario mejor capitalizado, la dependencia de las materias primas y la reducción del superávit comercial limitan su margen de maniobra.

La ola de depreciación que golpeó el mercado de divisas indonesio durante abril y mayo de 2026 ha empujado a la rupia a mínimos históricos, peligrosamente cerca de un nuevo umbral psicológico de 18.000 unidades frente al dólar.

El gobierno del presidente Prabowo Subianto ha anunciado un paquete de medidas para frenar la caída, que incluye la restricción de importaciones no esenciales y la promoción de inversiones en sectores estratégicos. Sin embargo, los analistas dudan de que estas acciones sean suficientes sin una coordinación regional más amplia, dado que la fortaleza del dólar afecta a toda Asia emergente.

El descubrimiento de Chaplin en Bali

En 1932, Charlie Chaplin quería alejarse de la civilización. Su hermano Sydney le sugirió ir a Bali, porque aún no había sido «contaminada por la sociedad occidental», y ambos se embarcaron hacia esta isla, actualmente perteneciente a Indonesia. Allí quedó fascinado por sus gentes y sus tradiciones; y rodó con su cámara a los balineses en sus actividades cotidianas, danzas y ceremonias. De sus bailes, también sacó inspiración para su mímica universal.

Pero lo más importante fue que Bali le dio otra visión de la vida, y contribuyó a posicionarse aún más fervientemente contra el capitalismo y contra el colonialismo. El estilo de vida balinés —respetuoso con la naturaleza— le llamó la atención y exclamó: «¡Qué fácil es para el hombre volver a su estado natural!».

Chaplin constató que allí no había gente triste y concluiría: «no son nada codiciosos (…) por eso son felices. (…) En nuestras grandes ciudades tan solo verás almas hostigadas, derrotadas. En la mayoría se percibe agotamiento y desesperación. En cambio, los ojos de los balineses solo transmiten tranquilidad. Sus valores son diferentes a todo lo que yo haya visto. Creo que me podría quedar aquí para siempre. ¡Qué lejos me siento ahora del resto del mundo!».

También es consciente de que los balineses trabajan duro cuando hay que hacerlo y de que algunos viven en la pobreza, en gran medida por la administración colonial holandesa que controlaba la isla desde 1908 y que contaminó el paraíso con la occidentalización. Según Chaplin, en Bali sabían el auténtico sentido de la vida: trabajar y jugar.

Chaplin en Bali, con los aborígenas y un amigoChaplin fue consciente de que el contacto con los occidentales estaba cambiando a los balineses: se cubrían más sus cuerpos y muchos incluso invirtieron los ahorros de su vida en comprarse automóviles, para darse cuenta después del alto precio de la gasolina. Arruinados, dejaron los coches aparcados en los patios traseros, convertidos en gallineros. Tal vez ese sea el futuro de gran parte de los coches que se venden hoy para uso privado, pues no es sostenible (ni siquiera los eléctricos; y todo lo que no es sostenible, es insostenible).

Como tantos otros, Chaplin no solo constató que se puede ser feliz con poco, sino que es más fácil ser feliz con poco. En las sociedades modernas queremos, en masa, tener muchas cosas, muchas comodidades, y eso tiene un coste que se desglosa en distintos epígrafes: coste en felicidad, coste económico, coste ambiental, etc.

A su regreso del viaje, Chaplin planificó una película, su primera hablada, en la que pretendía dar voz a los balineses y satirizar a las potencias coloniales. En ella, los balineses se quejarían de los impuestos que les exigían los holandeses a cambio de carreteras que no necesitaban, y se mofarían de la ambición por el oro de los occidentales. En cierta forma, esto recuerda los discursos sobre los blancos en el considerado como primer documento antiglobalización, Los Papalagi (lectura recomendada). Es posible que Chaplin no llegara a conocer esos discursos en los que un jefe samoano se dirige a su tribu tras viajar por Europa y ver las miserias de la vida en las ciudades.

Chaplin ve el colonialismo como una extensión del capitalismo y lo desprecia descaradamente. La película Flor de Bali no se llegará a terminar, a pesar de tener gran parte del guion preparado. Chaplin se centraría en otros proyectos, como escribir su autobiografía y rodar la película Tiempos modernos, en la que ridiculiza la mecanización y los lujos de la vida “moderna”, seguramente inspirado por su experiencia en Bali.

A los 4 años volverá a Bali y se decepcionará al ver más bicicletas y más coches. «Todo es más comercial» —dejará escrito—. «Navego en un mar de contradicciones. Y no tengo una filosofía de vida a la que aferrarme. Podemos ser sabios o insensatos, pero todos nos las vemos y deseamos para salir adelante en la vida. Solo sé que en este perverso mundo no hay nada permanente. Ni siquiera nuestros pesares».

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