El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), uno de los think tanks más influyentes de Washington, ha lanzado una advertencia en su informe anual de riesgos publicado este miércoles: la amenaza yihadista en África crece de forma acelerada mientras Estados Unidos prosigue con su repliegue militar en el continente. La advertencia llega en un momento en que el Sahel y el África subsahariana se han convertido en el epicentro global del terrorismo, con grupos afiliados a Al Qaeda y al Estado Islámico expandiendo su control territorial.
Según el informe del CSIS, el vacío dejado por las fuerzas estadounidenses está siendo ocupado por facciones yihadistas que aprovechan la inestabilidad política y los conflictos locales para ganar influencia. El repliegue, que ha incluido la reducción de efectivos en países como Níger, Chad y Somalia, ha debilitado la capacidad de inteligencia y las operaciones antiterroristas que antes contenían a estos grupos.
Un frente yihadista en expansión
El análisis señala que el avance es particularmente notable en la región del Sahel, donde grupos como el Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM) y el Estado Islámico en el Gran Sahara (ISGS) han consolidado zonas de influencia. En África oriental, la rama somalí de Al Shabaab sigue lanzando ataques transfronterizos, mientras que en Mozambique, la insurgencia vinculada al Estado Islámico mantiene su capacidad operativa pese a los esfuerzos regionales.
El CSIS subraya que la retirada de EE.UU. no solo reduce la presión militar directa, sino que también afecta a la formación de fuerzas locales y a la recopilación de inteligencia, que eran pilares de la estrategia antiterrorista estadounidense en la última década. «Sin presencia sobre el terreno, la capacidad de anticipar y neutralizar amenazas se reduce drásticamente», advierte el documento, citado por fuentes del instituto.
Implicaciones geopolíticas
El repliegue estadounidense coincide con un creciente activismo de potencias como Rusia y China en la región. Moscú, a través del Grupo Wagner y otras compañías militares privadas, ha ampliado su influencia en países como Malí, Burkina Faso y la República Centroafricana, ofreciendo seguridad a regímenes frágiles a cambio de concesiones mineras. Pekín, por su parte, aumenta su presencia económica y diplomática, aunque sin involucrarse directamente en operaciones antiterroristas.
El informe concluye que, en el actual escenario, la amenaza yihadista en África podría alcanzar niveles no vistos desde la década de 2010, cuando grupos como Boko Haram y Al Shabaab sembraron el caos en amplias zonas del continente. «La comunidad internacional debe reaccionar o enfrentará consecuencias que trascenderán las fronteras africanas», sentencia el CSIS.