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AnteayerSalida Principal

Frank Fernández… ¡Hasta siempre compañero!

23 Enero 2026 at 13:52

El pasado domingo 18 de enero, apenas empezando a ennegrecer el cielo, se fue el entrañable compañero Francisco Fernández (1932-2026). Paco, en su entorno familiar y para los amigos cercanos. Frank, en los avatares de la lucha desde tiendas anarquistas a contramano de los autoritarismos, las fobias y los exilios. Murió a consecuencia de una infección perniciosa que le forzó a internarse de urgencia en la Unidad de Cuidados Intensivos en un hospital del sur de la Florida. Siempre sostuvo que la Anarquía no era otra cosa que la lucha constante por la vida. Consecuentemente, se mantuvo en esa batalla hasta el último aliento. A sus 92 años, los órganos vitales dejaron de cumplir sus funciones, razón por la que fue desconectado de toda ayuda mecánica y traslado a «cuidados paliativos». De manera increíble, con esa actitud casi obstinada que le caracterizaba, su tremenda fortaleza física le permitió luchar contra la muerte durante 72 horas.

Sin duda, su fallecimiento nos deja un vacío incómodo, de esos que exigen llenar su inconmensurable estatura. Historiador del anarquismo en Cuba, Frank Fernández fue ante todo un autodidacta comprometido con el ideal ácrata. Un incansable investigador que no se conformó nunca con repetir narrativas consagradas ni replicar las versiones «maquilladas» de los vencedores. Sus aportaciones historiográficas abrieron nuevos caminos –invariablemente incómodos— que hoy resultan ineludibles de transitar si queremos comprender el papel decisivo que desempeñaron los anarquistas cubanos entre finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX en el desarrollo de las luchas del movimiento obrero en la Isla. Jamás escribió desde la lejanía aséptica de la academia ni como ejercicio ególatra de erudición, sino desde la implicación vital de quien tiene consciencia de que la historia es un potente campo de batalla y no un frío mausoleo.

Defendió sin tregua los ideales de libertad que guiaron su vida y por los que sufrió un largo exilio. Sin embargo, nunca se victimizó por ello. Su prolongado exilio fue una consecuencia asumida de forma coherente que jamás hizo mella en su integridad ácrata. Militó en el Movimiento Libertario Cubano en el Exilio (MLC-E) y fue cofundador del colectivo editorial de la revista anarquista Guángara Libertaria, trinchera en la que se mantuvo incólume durante trece años (1979-1992), a pesar de «la indiferencia o la franca hostilidad de un lugar tan poco apropiado como el Miami de aquellos años […] una marca difícil de igualar si tenemos en cuenta el ambiente reaccionario y violento que nos rodeaba […] la presión y el hostigamiento de nuestros enemigos, tanto en Miami como en La Habana.»[1]

Los que lo conocieron recordarán que combinaba con precisión de alquimista un humor sarcástico con la firmeza de principios de quien no sabía ceder terreno. Quizá, la mejor descripción del carácter y la personalidad de Frank quedó registrada en una entrevista que le realizaran M.G. Blázquez y F. Martín para el periódico anarcosindicalista CNT, en ocasión de su visita «a las ruinas del anarquismo español» en Madrid: «Barba blanca, aire quijotesco y con un puro tan unido a él como la ironía y el verbo fácil.»[2] Solo les faltó recalcar su profunda obsesión por plasmar ese «verbo fácil» en aras de «la otra historia». Es decir: «No de las guerras, no de los patriotas, sino la historia de los esclavos, la historia de las mujeres […] debemos escribir la historia eliminando las epopeyas, a los líderes y divos de las estatuas.»[3]

En esencia, ese fue Frank Fernández, de ahí que insistiera una y otra vez, a veces en broma y otras con su tono duro e incluso agresivo, que la historia del anarquismo en Cuba no podía reducirse a una nota al pie en los libros oficiales ni a una colección de anécdotas románticas en torno a nuestras derrotas, sino que requería ser contada por sus protagonistas. Por eso, exigió siempre la revisión minuciosa de los hechos a partir de la lectura atenta de las publicaciones anarquistas editadas con coraje y lucidez desde tiempos coloniales y en el rescate de la experiencia de los hacedores de la historia: obreros que abrazaron «la idea” contra viento y marea; intelectuales que pusieron su pluma al servicio de las luchas, tipógrafos que dejaron la vida entre linotipos; sindicatos irreductibles que se consolidaron sin jerarquías, mujeres anarquistas que no solo confrontaron al Estado y a la Iglesia sino también el machismo de sus compañeros; grupos de afinidad que impulsaron la insurrección contra todo poder hasta las últimas consecuencias; lectores de tabaquería que divulgaron la praxis anárquica entre los torcedores; ateneos que enseñaban a leer y a pensar al mismo tiempo e internacionalistas que, consecuentemente, dieron su vida en pro de la emancipación. Esas historias —de carne y hueso— nutrieron su labor historiográfica.

Autor de los libros La Sangre de Santa Águeda[4] y El anarquismo en Cuba[5]  (traducido al alemán, francés, inglés e italiano), así como incontables artículos recogidos en las páginas de Guángara Libertaria y otros medios anarquistas en castellano y lengua inglesa, Frank nos heredó un invaluable legado de investigación historiográfica y una invitación precisa a continuar la senda emancipadora desde la intransigente reafirmación ácrata. Esa convocatoria se expresa con singular claridad en los últimos párrafos de El anarquismo en Cuba, una de sus obras más conocidas. Allí dejó plasmado sus anhelos para la Isla cautiva, mismos que hoy resuenan con inquietante vigencia: «Es prematuro enterrar las ideas libertarias y declararlas difuntas cuando aún tienen vigencia y sobre todo un campo próspero, abonado con sangre de varias generaciones y donde de nuevo renacerán con más fuerza los pensamientos de un arquetipo elevado de la condición humana y sobre todo de la libertad individual y colectiva de todo un pueblo.»[6]

Un viejo adagio atribuido a Abraham Lincoln señala: «dame seis horas para cortar un árbol y pasaré cuatro afilando el hacha». Esa también era la visión de Frank Fernández. Todos sus textos fueron redactados con el esmero diligente de quien afila un hacha, consciente que será usada infinidad de veces. Ahora, ante su ausencia, alejados de liturgias huecas y homenajes de ocasión, no cabe el consuelo fácil. Nos queda el encargo, sí, de estar a la altura de su legado y asumir con coherencia que su obra no queda clausurada. Cada investigación que retome su trabajo, cada lectura de sus textos, cada discusión en diálogo con sus reflexiones «afila el hacha» y prolonga de forma concreta su memoria. Quizá, esa sea la forma más anárquica de despedirlo y agradecerle su perenne compañerismo.

¡Hasta siempre, compañero Frank!
¡Hasta siempre, amigo Paco!
¡Salud y Anarquía!

Gustavo Rodríguez

20 de enero 2026.


[1] Fernández, Frank. Memorias de Guángara Libertaria. Revista Cuba Encuentro, núm. 40, primavera 2006, p. 145. Disponible en línea: https://www.cubaencuentro.com/revista/revista-encuentro/archivo/40-primavera-de-2006/memorias-de-guangara-libertaria-29667

[2]Blázquez, M.G. y, Martín, F. Entrevista con el historiador cubano Frank Fernández. CNT, noviembre 2004. Disponible en línea: https://web.archive.org/web/20080313234756/http://www.periodicocnt.org/306nov2004/16/

[3] Id.

[4] Fernández, Frank (1994). La Sangre de Santa Águeda: Angiolillo, Betances y Cánovas. Miami: Ediciones Universal.

[5] Fernández, Frank (2000). El anarquismo en Cuba. Madrid: Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo. Colección Cuadernos Libertarios/6. Disponible en línea: https://anarquia.info/wp-content/uploads/2021/08/frank-fernc3a1ndez-el-anarquismo-en-cuba.pdf

[6] Ibidem, p. 134.

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Muere Susan Brownmiller, la precursora de los centros de atención a víctimas de violación

7 Junio 2025 at 08:38
Por: Ernesto

Susan Brownmiller, la activista feminista estadounidense que habló de la violación como el instrumento sistemático de control y poder masculino sobre las mujeres, ha muerto a los 90 años en un hospital de Nueva York. Sus reflexiones a este respecto la convirtieron en la década de los 70 en la precursora de un nuevo lenguaje para hablar de la violencia sexual que ha llegado nuestros días.

Aquellas tesis disruptivas y atípicas para sectores conservadores de la sociedad de la época fueron la base de su libro ‘Against Our Will: Men, Women, and Rape’ (Contra nuestra voluntad: hombres, mujeres y violación), publicado en 1975.

En él, Brownmiller plasmó una definición de la violación como una cuestión política y social, y no solo legal o individual, y colocó la violencia sexual en el centro del discurso feminista de la segunda ola. Con ello, contribuyó a importantes reformas legislativas en EE.UU., incluyendo la penalización de la violación dentro del matrimonio.

La neoyorquina está reconocida como una de las intelectuales feministas más influyentes de su tiempo y su obra está incluida en la Biblioteca Pública de Nueva York entre los 100 libros más importantes del siglo XX.

Un legado que cambió el feminismo

La influencia de Brownmiller, apellido que adoptó como seudónimo en los años 60, es incontestable y perdura tanto en el activismo feminista como en el desarrollo de los estudios de género, además de en la legislación sobre violencia sexual actual.

Como cofundadora del colectivo Women Against Pornography en los años setenta, defendió una crítica feminista a la representación degradante de las mujeres en los medios. No obstante, nunca apoyó la censura. Una visión que está cobrando fuerza en la cuarta ola del feminismo vigente en la última década.

Susan Brownmiller no se casó ni tuvo hijos. En varias entrevistas señaló que fue una decisión consciente en el contexto contracultural y feminista de su época. Fue nombrada ‘Mujer del Año’ por la revista Time en 1975, y su legado es ampliamente reconocido en el feminismo contemporáneo. Gracias a él se establecieron centros de ayuda y atención para las víctimas de violación.

Susan Brownmiller nació el 15 de febrero de 1935 en el barrio neoyorkino de Brooklyn. Su andadura periodística le llevó a medios como el ABC NewsNewsweek y The Village Voice. Además, se involucró activamente en el movimiento por los derechos civiles y en las protestas contra la guerra de Vietnam durante los años sesenta.

Además, es autora de varios ensayos como Femininity (1984); Waverly Place(1989), una novela basada en un caso real de asesinato infantil; In Our Time: Memoir of a Revolution (1999), una autobiografía sobre el movimiento feminista, o My City High Rise Garden (2017), sobre su experiencia cultivando un jardín en un rascacielos de Nueva York.


Fuente: https://noticiasparamunicipios.com/ellas/muere-susan-brownmiller-la-precursora-de-los-centros-de-atencion-a-victimas-de-violacion/

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