La vida de Nacho Vegas no puede entenderse sin los términos afecto, lucha política y música; los tres están ligados de manera innegable a su existencia. Por eso Vidas semipreciosas (Oso Polita), su nuevo álbum, está plagado de canciones al servicio de estas cuestiones. Temas que parten de la primera persona del singular, con su eco directo en el plural, y que están dedicados, entre otros, a su madre, a las propias canciones, a lo colectivo y al asombro. Sobre todo a esto último, ya que es lo que consigue que no caigamos en la desgana.
¿Cuáles son esas vidas semipreciosas?
Las de la mayor parte de nosotros y nosotras. Es decir, las que no pertenecen a una élite y que podrían compararse con las piedras semipreciosas: aquellas que se mezclan unas con las otras, que tienen una paleta de colores maravillosa, las de la gente más tierna y más consciente de que nos necesitamos los unos a los otros. Hay una reivindicación en el disco de esta semipreciosura por encima de la preciosura, que es una cosa de pijos y de una élite que nos gobierna y nos hace la vida más difícil.

Unas vidas en las que, como dices, debemos ser más conscientes de lo que nos necesitamos los unos a los otros. Más en estos tiempos de fascismo, de lobos, como cantas en una canción.
A nivel individual se puede hacer mucho, pero cuando nos juntamos somos más fuertes. Cuando somos conscientes de que lo que nos une es más importante de lo que nos separa, es cuando se tejen redes de solidaridad y de cuidados mutuos. Algo que también nos empodera y nos permite romper ciertas mordazas que nos intentan imponer.
«Los afectos siempre están en el centro de todo».
A día de hoy, corremos el riesgo de normalizar muchas veces actitudes fascistas. O incluso aceptar que es una opción política tan legítima como otra cualquiera. Algo que puede llevarnos a olvidar que en el Estado español hay presos y presas políticas por salirse de los márgenes por la izquierda. La manera de enfrentarse a ello creo que es a través de un grito en común. El fascismo se ha colado entre nosotros porque ha planteado una batalla cultural que la izquierda ha infravalorado. Tenemos que recuperarla desde abajo.
Antes decías que con la entrada del fascismo se permiten ciertas dinámicas. Algo contra lo que tú luchas musicalmente incluyendo interludios con audios en primera persona, como uno de los integrantes de los seis de Zaragoza o del caso Altsasu, entre otros. También la canción Seis pardales.
Cada uno de los interludios está colocado de forma que al final desemboquen en Seis pardales, dedicada a las seis de la Suiza. Un conflicto que me tocó muy de cerca porque ocurrió en Gijón y mientras escribía el álbum estaba muy presente en la ciudad con muchas movilizaciones. Ver que seis compañeras se encuentran en la cárcel esperando el indulto por hacer sindicalismo es una barbaridad. Además de que es un precedente muy peligroso.
Los seis de Zaragoza acabaron en la cárcel tras un montaje policial simplemente por manifestarse delante de la extrema derecha. El caso de Altsasu fue también una aberración: Adur, el chico que me mandó el audio que incluyo en el disco, no estaba ni siquiera en el bar de la reyerta ese día. Y así muchos más. Por eso hay que seguir luchando y visibilizando estos casos, para que no se olviden y no acabemos normalizándolos. Para mí era importante que estas voces que lo vivieron en primera persona dieran fe en el disco de que existe un aparato represor dentro del Estado. Es necesario romper con esas mordazas para gritarle al fascismo.
«Para mí era importante que [gente como las del caso de Altsasu] diera fe en el disco de que existe un aparato represor dentro del Estado».
En tus letras la defensa de todo ello está muy clara. Incluso en una canción escribes que eres antes antifascista que artista. ¿Por qué crees que no existe este posicionamiento en otros compañeros?
No lo sé. Yo tampoco me atrevería a criticar ninguna actitud de otro compañero o compañera, a no ser que suelte un discurso fascista. Igualmente, a mí los que más me preocupan son los que escriben comunicados larguísimos. Como ocurrió con los festivales KKR: hubo gente que se cayó del cartel sin decir nada, otros que tocaron y otros que actuaron, pero soltaron su discurso. Creo que no podemos perder el foco aquí: si no quieres mojarte, échate a un lado, pero lo importante no eres tú, lo importante es que hay un genocidio que está ocurriendo en directo. A mí me gustaría que más músicos se posicionaran y pudiéramos hacer más cosas en común, pero no soy quién para decir a nadie qué tiene que hacer.
Aparte de deslenguarte a nivel político, también lo haces con los afectos.
Para mí hay que tejer una serie de redes que son las que sustentan nuestras vidas y que se basan en los compromisos que vamos adquiriendo con el tiempo. Esto es muy importante, pero también el compromiso con el trabajo o el político. Son tres esferas que se unen y que para mí tienen un espacio en común muy importante. Los afectos siempre están en el centro de todo. Las canciones son actos emocionales y, aunque a veces hablan de cuestiones íntimas, lo que se trata es que lleguen a mucha gente y las sientan suyas. Igual que cuando hablas de cuestiones políticas. Yo escribo de ello porque me impacta y siento la necesidad de cantarlo e intentar confrontarlo, igual que sucede con otras realidades.
«Si no quieres mojarte, échate a un lado, pero lo importante no eres tú, lo importante es que hay un genocidio que está ocurriendo en directo. A mí me gustaría que más músicos se posicionaran y pudiéramos hacer más cosas en común, pero no soy quién para decir a nadie qué tiene que hacer».
Una de las canciones que más peso tiene en el álbum es la que le dedicas a tu madre. ¿Cuáles fueron esas herramientas que cantas que te dejó?
Mi madre y mi padre nos inculcaron muchos valores a mis hermanos y a mí. Recuerdo que nos explicaban las dudas que nos nacían de pequeños o el póster de Allende que teníamos en el salón. Ellos tuvieron en común la lucha antifranquista y estaban muy concienciados con la educación pública, mi madre con el derecho al aborto, etc. Asuntos que nos explicaron cuando éramos muy guajes y que me ayudaron a comprender ciertos valores importantes para la vida. Todo ello sin adoctrinamiento.
Pero, sobre todo, lo que yo pongo en valor de mi madre es que, superada la primera juventud, me di cuenta de que ella era la persona que siempre había estado, la que me había cuidado. Por ello le escribí este homenaje a ella y a todas las madres que nos sufren y a las que no les devolvemos el cariño que nos dan de forma incondicional. Al menos no tanto como deberíamos.

¿Qué tiene que ver el asombro con el amor?
Cuando nos enamoramos nos asombramos de las posibilidades de la vida. Yo lo he observado en algunas amistades, cuando pasan de una situación muy baja, casi depresiva, a una en la que llega el amor a sus vidas y descubren eso que les faltaba. Asombrarse produce esa chispa que está en el germen de muchas canciones también. Si perdemos esa capacidad de asombro, nos apoltronamos y nos convertimos en seres que asisten a la vida de forma pasiva y, por lo tanto, en seres más tristes.
«Superada la primera juventud, me di cuenta de que mi madre era la persona que siempre había estado, la que me había cuidado. Por ello le escribí este homenaje a ella y a todas las madres que nos sufren».
En este disco hay ciertas canciones más melódicas que lo que venías haciendo hasta ahora. ¿Por qué ese cambio?
Yo no soy consciente de ello ni de lo que supone respecto a otros discos. Venía de hacer uno con un mundo muy intimista y confesional, imagino que influido por la pandemia. En este nuevo hay una manera positiva de enfrentarse a afectos que son los que nos hacen sentirnos vivos. Yo escribo la mayoría de canciones desde lugares dolorosos porque son los que no entiendo: necesito un punto disruptivo que me haga poner las cosas enfrente de mí para confrontarlas. Estos sentimientos, cuando los acompañas de melodías más alegres, es cuando consiguen que salte la chispa. Me gusta jugar con esos contrastes.
Cumples 25 años como artista con disco publicado. ¿Qué ha cambiado en ese Vegas de hace un cuarto de siglo y cómo haces para mantener ese asombro?
He evolucionado como cualquier persona desde los 25 hasta los 50 años. Tengo la suerte de que los discos son como álbumes de fotos de cada época y, cada vez que vuelvo a ellos, descubro cosas que me obsesionaban en ese momento. Cuando recupero canciones para alguna gira, las canto con una actitud diferente, por lo que al reinterpretarlas no me canso de ellas. Lo bueno es intentar cantarlas como si fuera la primera vez.
Con respecto a mantener ese asombro, lo que intento es volver a ese chaval que empezó haciendo canciones por la pura urgencia. Trato de aislarme de todo lo demás y mantener esa capacidad de asombro de las cosas que pasan en la vida, ya sea para maravillarme u horrorizarme. Es decir, seguir cantando para entender lo que ocurre en el mundo.

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