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AnteayerSalida Principal

Carta abierta a la comunidad historiográfica de las universidades catalanas

4 Febrero 2026 at 13:59
Por: pegasus

A todos los historiadores, académicos, profesores y estudiantes universitarios

Preámbulo. Cuando la historiografía renuncia a investigar

Antonio Martín

Existe un punto —bien definido, inequívoco— en el que la perseverancia en el error deja de ser un problema metodológico para convertirse en una anomalía ética y un engaño.

La reedición en 2025 de Anarquía i República a la Cerdanya (1936–1939) sitúa a Josep M. Solé i Sabaté exactamente en ese punto de no retorno: el de quien, disponiendo desde hace años de crítica fundada, documentación que desmiente sus interpretaciones y testimonios contrarios concluyentes, opta deliberadamente por no rectificar.

No estamos ante una discrepancia interpretativa legítima, ni ante un debate historiográfico abierto. Estamos ante la reiteración consciente de un relato obsoleto y falseado, sostenido desde finales de los años ochenta por la inercia institucional, la complicidad editorial y una red de silencios académicos que ha sustituido la controversia crítica por la repetición ritual del mito. La búsqueda de la verdad es sustituida por la defensa sectaria de una versión conveniente al nacionalismo catalán.

Que este relato haya sido calificado explícitamente de fábula por un historiador ceretano francés, Jean-Louis Blanchon —ajeno a los equilibrios, jerarquías y lealtades del mundo universitario catalán— no ha suscitado réplica alguna por parte de Solé Sabaté. Ese silencio no puede interpretarse como prudencia. Es una táctica deliberada. Y como tal, resulta profundamente reveladora de su inmovilismo.

La reedición de 2025: no revisión, sino blindaje

Treinta y siete años después de la primera edición de 1988, la reimpresión de 2025 se presenta como si nada hubiese ocurrido en el campo historiográfico desde entonces. El texto original se reproduce sin una sola corrección, sin notas críticas, sin diálogo alguno con la investigación posterior. No se trata de una tercera reedición crítica: es una reafirmación doctrinal. No se toma en consideración la edición en 2018 del libro Nacionalistas contra anarquistas en la Cerdaña de Gascón y Guillamón. Como si ese libro no existiera y, por lo tanto, como si jamás se hubiesen expuesto y publicado las numerosas y rigurosas críticas al libro de Pous y Sabaté. El silencio como constatación de su ignorancia factual y su dominio en el escalafón académico: ¡qué enorme error!

La incorporación de un capítulo suplementario —“Textos i documents afegits a la tercera edició”— cumple una función meramente ornamental. No revisa el núcleo del relato, no lo cuestiona, no lo somete a examen analítico. Su finalidad no es ampliar el conocimiento histórico, sino conferir una apariencia de actualización a un texto que el propio autor se niega obstinadamente a someter a revisión alguna. Nos encontramos ante la defensa a ultranza del dogma pro nacionalista y anti libertario.

Documentación exhibida, no analizada

El corpus documental añadido resulta, desde cualquier estándar metodológico mínimamente exigente, indefendible. Se amontonan informes policiales sin contextualización archivística precisa, recortes de prensa sin análisis de su filiación ideológica y traducciones de prensa extranjera utilizadas sin advertencia previa al lector, reproduciendo exactamente los mismos vicios ya señalados y criticados desde la primera edición de 1988 y la segunda de 1991.

La documentación no se trabaja: se acumula. No se construye un razonamiento histórico: se busca un efecto de saturación. El resultado es un cajón de sastre que no aporta ninguna prueba nueva y que, por el contrario, evidencia la incapacidad del autor para sostener su relato mediante un análisis riguroso.

Testimonios neutralizados: citar para ocultar

Particularmente grave es el tratamiento de los testimonios contemporáneos. La carta de Francesc Mill (POUM), conservada en el Archivo Comarcal de la Cerdaña, afirma sin ambigüedad que Antonio Martín no murió en combate, que no existió batalla alguna y que fue abatido en una emboscada organizada por milicianos del PSUC. Solé Sabaté reproduce el documento, pero silencia su significado.

Esta operación —citar sin interpretar aquello que desmantela el propio relato— no es un descuido ni una omisión casual. Es una maniobra consciente de neutralización. El documento se muestra, pero se le priva deliberadamente de toda capacidad explicativa.

El mismo procedimiento se repite con la carta de Manuel Cruells (1972), en la que se formulan preguntas que desmontan el mito de Bellver y se reconoce la implicación de miembros de Estat Català en la emboscada. Ninguna de estas cuestiones recibe comentario alguno. El testimonio queda reducido a un elemento decorativo, no a una fuente histórica.

Autoridad circular y legitimación en bucle

La utilización de historiador anglosajón Paul Preston alcanza aquí un grado de circularidad intelectualmente alarmante. Preston toma su referencia sobre Antonio Martín de la obra de Pous y Solé; Solé Sabaté devuelve la cita como aval externo. El lector no es informado de esta dependencia mutua. La autoridad no se contrasta: se recicla. La legitimidad no se demuestra: se fabrica por repetición.

Conclusiones. La fábula como política de memoria

Las dos últimas obras de Solé Sabaté no esclarecen el pasado: lo enturbian. Añaden capas narrativas, testimonios reciclados y documentación instrumentalizada para sostener una versión que ya no resiste el menor contraste serio con las fuentes.

Los hechos, por el contrario, son obstinados:
no hubo batalla en Bellver;
no hubo enfrentamiento abierto;
hubo una emboscada;
hubo un asesinato político: el de Antonio Martín Escudero.
– hubo, posteriormente, un mítico relato nacionalista construido a conveniencia propia, ininterrumpido desde 1937 hasta hoy.

Persistir en la versión de 1988 y 1991 ya no puede calificarse de error. Es una toma de posición. Cuando los documentos contradicen el relato y el relato permanece intacto, el historiador ha dejado de comportarse como tal.

La pregunta que Solé Sabaté lanzó en su día desde Querol contra Gascón y Guillamón —“¿hablan historiadores o ideólogos?”— regresa ahora con una respuesta incómoda y brutal. No porque a Gascón y Guillamón les falten documentos, como insinuaba Sole Sabaté, sino porque les sobran para certificar que el relato histórico nacionalista que demoniza a Antonio Martín y criminaliza a los anarquistas en la Cerdaña es pura fantasía y mala literatura.

Parafraseando a Menéndez Pelayo, nada envejece tan deprisa como un libro de historia que se niega a corregir errores o interpretaciones caducas. Pero aquí no es el libro lo que envejece hasta morir. Es la credibilidad de su autor.

Y, dado el peso académico y mediático del señor Solé Sabaté, cabe preguntarse si las universidades catalanas son conscientes del descrédito que les acarrea su silencio ante el escándalo de un profesor dispuesto a mantenerse en sus trece contra toda evidencia, rigor, investigaciones, documentos y racionalidad: en el discurso histórico de Solé Sabaté Antonio Martin deja de ser (en 1936-1937) un líder revolucionario anarquista, para convertirse en un asesino y la CNT ya no es una organización sindical, sino una asociación criminal. Tal infamia ya no puede sostenerse como relato histórico, porque ha sido rebatido totalmente de forma argumental, interpretativa y documental por Gascón y Guillamón. Solé i Sabaté debe rectificar. Y, si no lo hace, el medio universitario no puede permanecer mudo o indiferente. No puede ser cómplice.

Una responsabilidad colectiva ante la comunidad internacional

Este no es un asunto personal ni una querella académica doméstica. Es una cuestión de responsabilidad colectiva ante la ciencia histórica y ante la comunidad internacional de investigadores. Cuando una universidad tolera que un relato desacreditado se perpetúe por razones ideológicas, no compromete únicamente a un autor: se compromete a sí misma.

El problema ya no es Josep M. Solé i Sabaté. El problema es el entorno académico que lo ampara, lo reedita, lo prescribe y lo legitima mediante el silencio ¡o la financiación pública! Un silencio que, desde fuera de Cataluña, ya no puede interpretarse como prudencia sino como connivencia. Véase los artículos sobre la Cerdaña recogidos por la Kate Sharpley Library.

En cualquier otro contexto universitario europeo, la persistencia en una versión documentalmente refutada, como lo ha sido desde hace varios años en la web Ser Histórico, habría obligado, como mínimo, a una revisión crítica pública. Aquí, en cambio, se ha optado por el blindaje corporativo, por la clausura del debate y por la transformación de una fábula política en política de memoria oficial, Memorial Democrático mediante.

La historiografía catalana no puede aspirar a un reconocimiento internacional mientras confunda debate con silencio, silencio con desprecio a los críticos y convierta la crítica rigurosa en pretendido insulto y la rectificación en una especie de traición a la patria. Ninguna tradición académica madura se construye sobre la negación sistemática de la evidencia, ni sobre la protección de relatos útiles para determinadas ideologías, pero falsos.

Desde fuera de Cataluña, lo que hoy se percibe no es un debate historiográfico vivo, sino una disciplina encerrada en sí misma, incapaz de corregirse, y dispuesta a sacrificar el método para preservar el mito. Esa imagen —que ya circula en Francia, Reino Unido y Estados Unidos— no es fruto de una campaña externa: es consecuencia directa de decisiones académicas internas. Una historiografía ideológica nacionalista, promovida y protegida por las instituciones del gobierno de la Generalidad, versus una historiografía no institucional, veraz y científica: materialista.

Por ello, esta carta no interpela únicamente a un autor, sino a todos los historiadores, departamentos de historia, comisiones editoriales y universidades que, con su pasividad o complicidad, han permitido que una falsificación histórica se consolide como verdad académica aceptada. El descrédito no será individual. Será colectivo. Y será duradero. No se puede seguir sosteniendo el dogma antihistórico que criminaliza al movimiento obrero catalán y muy especialmente a la CNT.

La historia no solo juzga implacablemente a quienes falsean los hechos, sino también —y con especial severidad— a quienes, pudiendo corregirlos, prefieren callar o incluso fomentar la infamia y la falsedad.

Esta carta abierta apela a la conciencia y al sentido común de la comunidad historiográfica catalana. Aún no es demasiado tarde para evitar que el descrédito individual se transforme en un descrédito generalizado de las universidades catalanas.

 Antonio Gascón

Agustín Guillamón

Barcelona, febrero de 2026

BIBLIOGRAFÍA:

Artículos publicados en la web Ser Histórico

Gascón, Antonio y Guillamón, Agustín: De la infamia a la ignorancia y de la desmemoria al fraude. Web Ser Histórico (30/12/2019).

Gascón, Antonio y Guillamón, Agustín: La Agrupación de Defensa Ciudadana. Web Ser Histórico (6/10/ 2020).

Gascón, Antonio: Marzo de 1937, La CNT de Puigcerdà asalta el chalet de La Molina. Web Ser Histórico (6/06/2021).

Gascón, Antonio: Los primeros días de la revolución de 1936 en Puigcerdà, o la « Memoria» de » Jaume Palau Soldevila, alcalde por ERC. Web Ser Histórico (16/09/2023).

Gascón, Antonio: El 6 de octubre de 1934 en Puigcerdà, preámbulo de una tragedia. Web Ser Histórico (29/10/2023).

Gascón, Antonio: Un informe arroja nueva luz sobre los Hechos de ´Puigcerdà de 1937. Web Ser histórico (3/02/2024).

Gascón, Antonio: Benet Samper, uno de los encargados de atentar contra Antonio Martín Escudero. La otra historia. Web Ser Histórico (9/09/2024).

Gascón, Antonio: Un trabajo pone nombre al asesino de Antonio Martín Escudero: Emili Solé Cristofól. Web Ser histórico (21/12/2024).

Gascón, Antonio: El intento de asalto a Puigcerdà del 23 de abril de 1937. Web Ser Histórico (2/04/2025).

Guillamón, Agustín: Desconstrucció de les mentides i disbarats del monòlit de Puigcerdà. Web Ser Histórico (22/09/2023).

Guillamón, Agustín: La matanza de veinte derechistas el 9 de septiembre de 1936 en Puigcerdà. Web Ser Histórico (4/011/ 2023).

Guillamón, Agustín: Reescribir la Cerdaña en guerra: confrontación crítica entre Pous/Solé y Gascón/Guillamón. Web Ser Histórico (15/12/2025).

Guillamón, Agustín: Paul Preston contra la historiografía de la revolución: una impugnación necesaria.  Web Ser Histórico (1/01/2026).

Guillamón, Agustín: Contra la descalificación historiográfica de “Homenaje a Cataluña”. Web Ser Histórico (4/01/2026).

Bibliografía fundamental:

 Gascón, Antonio y Guillamón, Agustín: Nacionalistas contra anarquistas en la Cerdaña (1936-1937). Antonio Martín, la experiencia libertaria de Puigcerdá y el sagrado mito de Bellver. Descontrol, Barcelona, 2018.

Peitx, Joan: Entrevista a J. L. Blanchon: “La faula dels “fets de Bellver” dura des fa més de vuitanta anys”. Querol número 34 (2024).

Peitx, Joan: Entrevista a Antonio Gascón y Agustín Guillamón. “ERC va fer la llista dels que havien de ser afusellats el 9 de setembre al Còrrec del Gavatx”. Querol número 34 (2024).

Peitx, Joan: Entrevista a Josep M. Solé Sabaté: “Tot el que fa l’alcalde Joan Solé a Bellver, ho fa amb el conjunt del poble”. Querol número 34 (2024)

Pous i Porta, Joan; Solé i Sabaté, Josep Maria: Anarquía i República a la Cerdanya (1936-1939). El “Cojo de Málaga” i els fets de Bellver. Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 1988, 1991 y 2025.

Solé i Sabaté, Josep Maria: La Cerdanya republicana i antifranquista: Joan Solé Cristòfol. Memorial Democràtic, Generalitat de Catalunya, Departament de Justícia, 2024.

Webs:

Querol número 34: www.recercacerdanya.org/fitxers/querol/querol-34.pdf

Ser Histórico: https://serhistorico.net/category/guerra-civil-espanola/

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Contra la descalificación historiográfica de Homenaje a Cataluña

2 Enero 2026 at 13:29
Por: pegasus

Una crítica al artículo de Paul Preston

El artículo de Paul Preston en Hispania Nova número 16 (2018) presentado bajo el título de “Engaños y errores en el Homenaje a Cataluña”, no es un análisis historiográfico neutral ni una reflexión metodológica honesta sobre el uso de memorias personales en la historia de la Guerra Civil española. Es, más bien, un ajuste de cuentas ideológico con una obra incómoda y con el lugar central que Homenaje a Cataluña ocupa en la crítica al estalinismo y a la contrarrevolución republicana de 1937.

Preston no discute a Orwell como testigo; intenta invalidarlo como fuente, y al hacerlo revela una concepción empobrecida, autoritaria y profundamente conservadora de la historiografía.

George Orwell
George Orwell

1. La falacia inicial: exigir a Orwell lo que nunca pretendió ser

El error metodológico básico del artículo de Preston consiste en juzgar una memoria personal como si fuese un tratado académico escrito a posteriori con acceso a archivos diplomáticos, militares y policiales. Orwell nunca ocultó el carácter limitado, fragmentario y subjetivo de su testimonio. Muy al contrario: lo explicitó desde las primeras páginas.

Refutar Homenaje a Cataluña por no ofrecer una visión global de la Guerra Civil es tan absurdo como criticar un diario de trincheras por no analizar la política exterior británica. Preston construye un hombre de paja historiográfico: atribuye a Orwell una pretensión de exhaustividad que nunca existió ni pretendió, para luego derribarla con superioridad y excelencia académica.

Esta operación no es inocente: sirve para deslegitimar el contenido político del testimonio, no para discutir su naturaleza.

2. El desprecio a la experiencia vivida como fuente histórica

Preston reduce sistemáticamente la experiencia directa de Orwell a “impresiones”, “malentendidos” y “opiniones sesgadas”. Con ello adopta una postura que roza el positivismo más vulgar, como si la historia sólo existiera cuando es sancionada por archivos estatales o por la mirada del historiador profesional décadas después.

Esta concepción niega el valor historiográfico de:

  1. las memorias,
  2. la historia oral,
  3. los testimonios de militantes,
  4. la percepción subjetiva de los procesos represivos.

Sin embargo, sin este tipo de fuentes no existiría una historia social ni una historia desde abajo de la Guerra Civil. El testimonio de Orwell vale precisamente porque estuvo allí, porque vio, vivió y padeció la represión contra el POUM, la disolución y destrucción de las milicias, la liquidación de la revolución social y la imposición del orden estalinista en Cataluña.

El problema para Preston no es que Orwell se equivoque en datos secundarios; es que acierta en lo esencial.

Por cierto, los errores factuales y conceptuales del artículo de Preston contra Orwell son numerosísimos, sobre todo cuando escribe sobre Antonio Martin y la Cerdanya, los comités revolucionarios, la “disolución del Comité de Defensa de Barcelona” o la Agrupación de los Amigos de Durruti, interpretando confusa y erróneamente los textos en que me cita.

Preston no entiende, y explica aún peor, el Decreto de creación del Cuerpo Único de Seguridad (el 4 de marzo de 1937) y la disolución de las Patrullas de Control (del 4 al 6 de junio de 1937), que ni siquiera sabe situar cronológicamente. Y eso es grave.

Dice Preston: la Generalitat disolvió el comité de defensa que controlaba la CNT y asumió el poder de disolver todos los comités locales de policía y de milicias. Los guardias de Asalto y de la GNR se fundieron en un único cuerpo de policía catalán a cuyos oficiales no se les permitió que fueran miembros de ningún partido político o sindicato. Diez días más tarde, el Gobierno central ordenó que todas las organizaciones proletarias, comités, patrullas y obreros entregasen sus armas. El proceso lo supervisó el consejero de Gobernación de la Generalitat Artemi Aiguader de la Esquerra”.

Sea como fuere, la Generalidad no disolvió “el comité de defensa que controlaba la CNT” porque no existía tal organismo. Los comités locales ya habían sido disueltos en octubre de 1936. Lo que hubo fueron unos decretos de creación del Cuerpo único de Seguridad, promulgados el 4 de marzo de 1937. Las patrullas de control no fueron disueltas diez días más tarde, sino el 6 de junio de 1937, algo más de tres meses después. Y así, hasta el hartazgo, pueden detallarse los errores e imprecisiones factuales y conceptuales de Preston. Pero Preston es un historiador y académico de prestigio.

3. Amago del problema central: la contrarrevolución estalinista

El artículo de Preston evita cuidadosamente enfrentarse al núcleo político de Homenaje a Cataluña: la denuncia de la represión estalinista en la retaguardia republicana, la criminalización del POUM, la persecución de anarquistas y la destrucción consciente del poder obrero surgido en julio de 1936.

En lugar de discutir este problema de fondo, Preston opta por:

  1. A. relativizar los hechos,
  2. minimizarlos,
  3. diluirlos en un mar de “contextos complejos”,
  4. y acusar a Orwell de exageración o ingenuidad política.

No demuestra que Orwell mienta. Simplemente cambia el foco. Es una técnica clásica: cuando el testimonio es incómodo, se desacredita al testigo. Pero Preston es un historiador y académico de prestigio.

4. La omnisciencia retrospectiva como arma ideológica

Preston reprocha a Orwell no comprender el papel de las potencias fascistas, la no intervención, o las estrategias internacionales. Es un reproche profundamente deshonesto. Orwell escribe desde 1937–1938, no desde el despacho de un historiador del siglo XXI.

Esta exigencia de omnisciencia retrospectiva no es neutral: sirve para anular la validez política del testimonio inmediato, que es precisamente el más peligroso para los relatos oficiales. Orwell no analiza la guerra “desde arriba”; la observa desde la trinchera, el hospital, la persecución y la clandestinidad.

Preston, en cambio, escribe desde la comodidad del archivo, pero parece incapaz de comprender lo que significa vivir un proceso revolucionario y su derrota desde dentro, como hace Orwell. Pero Preston es un historiador y académico de prestigio.

5. La falsa neutralidad y el sesgo real

El artículo se presenta como una defensa de la “complejidad histórica” frente a la supuesta simplicidad de Orwell. En realidad, lo que hace es reproducir una versión normalizada, institucional y domesticada de la Guerra Civil, donde la revolución social es un inútil estorbo y la represión interna en el campo antifascista un daño colateral inevitable.

Preston acusa a Orwell de parcialidad, pero no reconoce la suya propia: una parcialidad a favor del orden republicano restaurado, de la legitimidad del aparato estatal y de la necesidad histórica de aplastar la revolución para ganar la guerra. Es la vieja tesis, reciclada con lenguaje académico.

Conclusión: por qué Orwell sigue siendo intolerable

El problema de Homenaje a Cataluña no es su falta de rigor, sino su exceso de honestidad. Orwell no disfraza la represión, no la justifica, no la relativiza. Y eso es lo que sigue resultando insoportable para una historiografía que pretende cerrar la Guerra Civil con una narrativa conciliadora y despolitizada.

El artículo de Preston no refuta a Orwell: intenta neutralizarlo. Y al hacerlo, revela más sobre los límites ideológicos de cierta historiografía académica que sobre los supuestos “errores” del escritor británico.

Homenaje a Cataluña no necesita ser defendido como un manual de historia. Basta con reconocerlo como lo que es: un testimonio lúcido, incómodo y políticamente peligroso sobre la derrota de una revolución. Y eso, casi noventa años después, sigue siendo imperdonable.

Entre Preston y Orwell yo no tengo ninguna duda; me quedo con Orwell.

Agustín Guillamón

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El trabajo histórico de Agustín Guillamón: historia obrera, poder y revolución

18 Diciembre 2025 at 17:08
Por: pegasus

Introducción

La Guerra Civil española ha generado una de las producciones historiográficas más extensas y conflictivas de la historia contemporánea europea. Desde la transición democrática, la historiografía dominante ha tendido a consolidar un marco interpretativo centrado en la defensa de la legalidad republicana, la lucha contra el fascismo y la legitimación retrospectiva del Estado democrático surgido en 1978. En este contexto, la revolución social de 1936 ha sido frecuentemente relegada a un segundo plano, reinterpretada como un obstáculo trágico, una desviación violenta o un fenómeno subordinado a las exigencias de la guerra.

Autores como Paul Preston, Helen Graham, Julián Casanova o Ángel Viñas, pese a sus diferencias internas, comparten una matriz interpretativa común: la prioridad del Estado republicano como sujeto histórico legítimo y la identificación de la derrota con factores militares, diplomáticos o geopolíticos. Incluso cuando reconocen la profundidad del conflicto social, tienden a considerar la revolución como un problema de orden público o de gobernabilidad.

Frente a esta corriente, se ha desarrollado una historiografía crítica —minoritaria y a menudo marginada del ámbito universitario, ignorada y raramente citada por los mandarines del mundo académico — que ha subrayado el carácter de guerra de clases del conflicto. En esta tradición se inscriben, con matices diversos, Burnett Bolloten, Ronald Fraser, Chris Ealham o Andy Durgan. Sin embargo, incluso dentro de este campo crítico, la cuestión del poder obrero y de la destrucción del Estado ha sido tratada de forma parcial o insuficiente.

Es en este punto donde el trabajo histórico de Agustín Guillamón adquiere su especificidad. Su obra no solo cuestiona las interpretaciones dominantes, sino que impugna los fundamentos epistemológicos de la historia oficial, al situar en el centro del análisis la revolución proletaria, los comités como órganos de poder y la derrota política de la clase obrera. Este ensayo se propone analizar esa aportación desde una perspectiva historiográfica y metodológica comparada.

1. Historia y lucha de clases:  una toma de posición metodológica

Guillamón parte de un presupuesto explícito: no existe una historia neutral. La historiografía oficial — liberal, estalinista, socialdemócrata o neofranquista— responde siempre a los intereses de conservación del Estado y del capitalismo. En este sentido, su obra se inscribe en una tradición materialista que entiende la historia como la teorización de las experiencias históricas del proletariado, y no como una simple narración de hechos pasados.

En textos programáticos como las introducciones a La revolución de los comités o a La guerra del pan, Guillamón afirma que sin la apropiación crítica del pasado no puede existir conciencia de clase ni teoría revolucionaria [1]. La historia deja de ser así un campo académico autónomo para convertirse en un terreno de confrontación política, donde se decide si la Guerra Civil será recordada como una defensa de la democracia o como una revolución social derrotada.

2. El 19 de julio de 1936 y la situación revolucionaria

Uno de los pilares de la obra de Guillamón es la reinterpretación del 19 de julio de 1936 en Cataluña. Frente a las narrativas que enfatizan la continuidad del Estado republicano, Guillamón sostiene que la insurrección obrera victoriosa provocó la inutilización del aparato coercitivo del Estado y la aparición de un auténtico vacío de poder [2].

Este vacío no fue ocupado por un nuevo poder centralizado, sino por una multiplicidad de comités revolucionarios —de defensa, de barrio, de fábrica, de abastos y de milicias— que asumieron funciones económicas, militares y de orden público. Guillamón describe este fenómeno como una atomización del poder, que contenía en sí misma tanto el potencial de una nueva forma de poder obrero como las condiciones de su derrota.

3. Los comités revolucionarios como embriones de poder obrero

La aportación más original de Guillamón reside en su análisis de los comités revolucionarios. En Los Comités de Defensa de la CNT en Barcelona (1933-1938) y La revolución de los comités, estos organismos son estudiados no como expresiones espontáneas o caóticas, sino como estructuras con una lógica política precisa [3].

Según Guillamón, los comités constituyeron el embrión de un poder proletario alternativo al Estado burgués. Expropiaron a la burguesía, organizaron la producción y el abastecimiento, y garantizaron la defensa armada de la revolución. Sin embargo, su incapacidad para coordinarse y transformarse en un poder centralizado permitió la reconstrucción progresiva del Estado republicano.

Esta lectura conecta con las elaboraciones teóricas de militantes como Josep Rebull (izquierda del POUM) o la Agrupación de Los Amigos de Durruti, a quienes Guillamón rescata del olvido historiográfico, subrayando que existieron alternativas políticas claras frente a la colaboración gubernamental de la CNT-FAI o del POUM [4].

4. Crítica del antifascismo y de la dirección cenetista

A diferencia de gran parte de la historiografía libertaria, Guillamón no limita la derrota de la revolución a la represión estalinista. Su análisis señala de forma directa la responsabilidad política de la dirección de la CNT, que optó por la colaboración con el Estado en nombre de la unidad antifascista [5].

La entrada de ministros anarquistas en los gobiernos republicanos y de la Generalitat es interpretada como una renuncia estratégica a la destrucción del Estado, que desarmó política y materialmente a la clase obrera. Guillamón considera que esta decisión fue decisiva para la derrota de los comités y para la posterior represión del movimiento revolucionario tras las Jornadas de Mayo de 1937.

5. Hambre, abastecimiento y contrarrevolución

Otro rasgo distintivo de la obra de Guillamón es la centralidad concedida a los aspectos materiales de la revolución. En La guerra del pan y La represión contra la CNT, el problema del abastecimiento es analizado como un elemento clave de la lucha política [6].

El control del pan, de los mercados y de Abastos permitió a la Generalitat y al PSUC socavar la base social de los comités de barrio y desgastar a la militancia revolucionaria. El hambre aparece así no como una consecuencia inevitable de la guerra, sino como un instrumento consciente de la contrarrevolución.

6. Fuentes, archivos y recuperación de voces silenciadas

Desde el punto de vista metodológico, Guillamón destaca por el uso intensivo de fuentes primarias: archivos judiciales, policiales y militares, prensa clandestina, actas de comités y documentación interna de las organizaciones obreras. Su estudio sobre la prensa anarquista clandestina en Barcelona (en 1937-1938), deudor de Godicheau, es ejemplar en este sentido, al reconstruir una oposición revolucionaria sistemáticamente silenciada [7].

Esta labor documental no es neutra: persigue rescatar las voces derrotadas y combatir la expropiación de la memoria histórica de la clase obrera.

7. Controversia historiográfica

El trabajo de Agustín Guillamón se enfrenta de forma abiertamente conflictiva con la historiografía dominante sobre la Guerra Civil española. Frente a autores como Paul Preston, Julián Casanova, Ángel Viñas o Helen Graham, que interpretan el conflicto fundamentalmente como una lucha por la defensa de la legalidad republicana y del Estado democrático, Guillamón insiste en el carácter de guerra de clases y en la centralidad de la revolución social abierta en julio de 1936 [8]. Desde su perspectiva, la insistencia en la dicotomía democracia/fascismo conduce inevitablemente a la minimización —cuando no a la negación— de la experiencia revolucionaria obrera.

Helen Graham y Andy Durgan han reconocido la existencia de una profunda conflictividad social y revolucionaria en la retaguardia republicana, pero tienden a interpretarla como un problema de gobernabilidad o como una tensión secundaria frente a la prioridad militar [9]. Guillamón rechaza este marco interpretativo, al considerar que subordinar la revolución a la guerra equivale a aceptar, desde el inicio, la restauración del Estado burgués y la derrota política del proletariado.

En el caso de Chris Ealham, Guillamón encuentra mayores puntos de coincidencia, especialmente en el análisis del papel de los barrios obreros de Barcelona y de la violencia revolucionaria como fenómeno social organizado [10]. No obstante, Guillamón se distancia de cualquier lectura que no aborde explícitamente la cuestión del poder y la destrucción del Estado como problema central de la revolución.

Por su parte, Ronald Fraser ha aportado una valiosa reconstrucción coral de la experiencia vivida por los protagonistas anónimos de la guerra. Sin embargo, desde la óptica de Guillamón, esta historia desde abajo adolece de una falta de teorización política que permita comprender las causas estructurales de la derrota revolucionaria[11].

Finalmente, frente a Ángel Viñas y a la historiografía institucional vinculada al Estado democrático actual, Guillamón sostiene que la defensa acrítica de la República conduce a una justificación implícita de la represión ejercida contra los revolucionarios en 1937-1938. La historia oficial, en este sentido, no solo selecciona los hechos que considera legítimos, sino que establece los límites de lo históricamente pensable [12].

8. Crítica epistemológica y política de la “memoria democrática” institucional: Benjamin contra la historia de los vencedores

La crítica de Agustín Guillamón a la historia oficial y a la memoria democrática institucional puede leerse de forma especialmente fructífera a la luz de las Tesis sobre la filosofía de la historia de Walter Benjamin. En ellas, Benjamin advierte que toda concepción historicista del pasado se construye desde la perspectiva de los vencedores y que la tarea del materialismo histórico consiste en cepillar la historia a contrapelo [13].

La memoria democrática institucional responde plenamente a aquello que Benjamin denomina el continuum de la historia: una narración progresiva que enlaza la Segunda República, la lucha antifascista y el Estado democrático actual como momentos de un mismo proceso emancipador. En esta narración, la revolución proletaria de 1936 aparece necesariamente como una anomalía trágica, un exceso que interrumpe el curso legítimo de la historia.

Desde esta perspectiva benjaminiana, Guillamón sitúa la revolución derrotada no como un episodio superado, sino como una imagen dialéctica cargada de actualidad. La experiencia de los comités, del poder obrero y de su destrucción no pertenece al pasado cerrado, sino que constituye un campo de posibilidades históricas bloqueadas por la victoria contrarrevolucionaria. La memoria democrática, al clausurar ese campo, actúa como una historia escrita desde la victoria del Estado.

Benjamin advierte también que incluso los muertos corren peligro, si el enemigo vence definitivamente. Guillamón prolonga esta intuición al mostrar cómo la memoria institucional recupera a las víctimas solo para despojarlas de su condición de sujetos revolucionarios. Los derrotados son honrados en tanto víctimas, pero vencidos por segunda vez cuando se les arrebata el sentido político de su lucha.

Así, la memoria democrática se revela como una forma contemporánea de la historia de los vencedores: una historia que administra el recuerdo para impedir que el pasado se convierta en tiempo-ahora (Jetztzeit), es decir, en un momento de interrupción capaz de iluminar críticamente el presente [14]. Frente a esta operación, el trabajo de Guillamón asume la tarea benjaminiana de rescatar la memoria de los vencidos no para integrarla en el relato estatal, sino para mantener abierto el conflicto histórico.

En este sentido, la obra de Guillamón no busca salvar el pasado, sino redimirlo en el único sentido posible para el materialismo histórico: hacer de la derrota revolucionaria un instrumento de crítica radical del presente.

Conclusión

El trabajo histórico de Agustín Guillamón constituye una aportación esencial para comprender la Guerra Civil española como una revolución social derrotada. Su análisis de los comités, del poder, del hambre y de la represión rompe con los consensos historiográficos dominantes y obliga a replantear tanto el papel del Estado republicano como las responsabilidades políticas de las organizaciones obreras.

Más que un historiador académico en sentido estricto, Guillamón actúa como un teórico de la experiencia histórica del proletariado. O, si se quiere, parafraseando a Michelet, como un “vengador de los pueblos”, o mejor aún, un vengador de la clase obrera. Su obra no busca la reconciliación ni la mitificación del pasado, sino la elaboración de una crítica de la derrota, cuya memoria continúa siendo subversiva y políticamente incómoda porque nadie, absolutamente nadie, excepto Guillamón, ha intentado hacer balance de esa derrota.

Balance. Cuadernos de historia

Notas

[1]: Guillamón, A., La revolución de los comités, Aldarull / El grillo libertario, Barcelona, 2012, Introducción.

[2]: Guillamón, A., Tesis sobre la Guerra de España y la situación revolucionaria creada el 19 de julio de 1936 en Cataluña, en Balance. Cuadernos de historia, nº 38, 2014.

[3]: Guillamón, A., Los Comités de Defensa de la CNT en Barcelona (1933-1938), Aldarull, Barcelona, 2011.

[4]: Guillamón, A., Los Amigos de Durruti. Historia y antología de textos, Aldarull / Descontrol, Barcelona, 2013.

[5]: Guillamón, A., Barricadas en Barcelona, Espartaco, Barcelona, 2007.

[6]: Guillamón, A., La guerra del pan. Hambre y violencia en la Barcelona revolucionaria. De diciembre de 1936 a mayo de 1937. Aldarull / Descontrol, Barcelona, 2014; La represión contra la CNT y los revolucionarios. Hambre y violencia en la Barcelona revolucionaria. De mayo a septiembre de 1937.  Descontrol, 2015.

[7]: Guillamón, A., El grupo de afinidad que editó el periódico anarquista clandestino Alerta…! Web Ser Histórico, 20-8-2022; La “nebulosa” como fórmula organizativa ácrata. Web Ser Histórico, 22-8-2023.

[8]: Preston, P., La Guerra Civil Española, Debate, Madrid, 2006; Casanova, J., La Iglesia de Franco, Crítica, Barcelona, 2001.

[9]: Bolloten, B., La Guerra Civil española. Revolución y contrarrevolución, Grijalbo, Barcelona, 1989.

[10] Ealham, C., La lucha por Barcelona. Clase, cultura y conflicto, 1898-1937, Alianza, Madrid, 2005. Véase especialmente el análisis de los barrios obreros y de la violencia revolucionaria como fenómeno social organizado, aunque sin una teorización explícita del problema del poder y del Estado.

[11]Fraser, R., Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. Historia oral de la Guerra Civil española, Crítica, Barcelona, 2007. Aporta una reconstrucción coral de las experiencias populares, valiosa en el plano testimonial, pero carente —desde la óptica de Guillamón— de una elaboración política de las causas estructurales de la derrota revolucionaria.

[12] Viñas, Á., La soledad de la República, Crítica, Barcelona, 2006. Para Guillamón, esta línea historiográfica tiende a legitimar retrospectivamente la defensa del Estado republicano y a justificar implícitamente la represión de los sectores revolucionarios en nombre de la legalidad y de la eficacia militar.

[13]Benjamin, W., Tesis sobre la filosofía de la historia, en Iluminaciones, Taurus, Madrid, 1971. Especialmente la tesis VII, donde se afirma que todo documento de cultura es simultáneamente un documento de barbarie y que la historia dominante se escribe siempre desde la perspectiva de los vencedores.

[14]Benjamin, W., Tesis sobre la filosofía de la historia, tesis XIV y XVIII. El concepto de Jetztzeit (tiempo-ahora) como interrupción del continuum histórico permite pensar la revolución derrotada de 1936 no como pasado clausurado, sino como posibilidad histórica latente, bloqueada por la victoria contrarrevolucionaria y por la memoria institucional.

Bibliografía del artículo

Benjamin, W., Tesis sobre la filosofía de la historia, en Iluminaciones, Taurus, Madrid, 1971.

Bolloten, Burnett, La Guerra Civil española. Revolución y contrarrevolución, Grijalbo, Barcelona, 1989. Casanova, Julián, La Iglesia de Franco, Crítica, Barcelona, 2001.

Durgan, Andy, Comunismo, revolución y memoria histórica, El Viejo Topo, Barcelona, 2014.

Ealham, Chris, La lucha por Barcelona. Clase, cultura y conflicto, 1898-1937, Alianza, Madrid, 2005.

Fraser, Ronald, Recuérdalo tú y recuérdalo a otros, Crítica, Barcelona, 2007.

Godicheau, François, “Periódicos clandestinos anarquistas en 1937-1938: ¿las voces de la base militante?”. Ayer, 2004, pp.175-205.

Graham, Helen, La República española en guerra, Debate, Madrid, 2006.

Guillamón, Agustín, Barricadas en Barcelona, Espartaco, Barcelona, 2007.

Guillamón, Agustín, Los Comités de Defensa de la CNT en Barcelona (1933-1938), Aldarull, Barcelona, 2011. Quinta edición en Descontrol, 2020.

Guillamón, Agustín, La revolución de los comités, Aldarull / El grillo libertario, Barcelona, 2012.

Guillamón, Agustín, Los Amigos de Durruti. Historia y antología de textos, Aldarull / Descontrol, Barcelona, 2013.

Guillamón, Agustín, La guerra del pan. De diciembre de 1936 a mayo de 1937.Aldarull/Descontrol 2014. Aldarull / Descontrol, Barcelona, 2014.

Guillamón, Agustín, La represión contra la CNT y los revolucionarios. De mayo a septiembre de 1937.  Descontrol, 2015.

Guillamón, Agustín, El grupo de afinidad que editó el periódico anarquista clandestino Alerta…!. Web Ser Histórico, 20-8-2022; La “nebulosa” como fórmula organizativa ácrata. Web Ser Histórico, 22-8-2023.

Preston, Paul, La Guerra Civil Española, Debate, Madrid, 2006.

Viñas, Ángel, La soledad de la República, Crítica, Barcelona, 2006.

Bibliografía de Agustín Guillamón

– Documentación histórica del trosquismo español. De la guerra civil a la ruptura con la IV Internacional. (Ediciones de la Torre, Madrid, 1996)

– Barricadas en Barcelona (Espartaco, 2007/Lazo, 2013/Descontrol, 2014). Traducido al francés en Spartacus, 2009.

– Los Comités de Defensa de la CNT en Barcelona (Aldarull, 2011/Quinta edición en Descontrol, Barcelona, 2020); traducido al italiano (Gatto Rosso, 2013), al inglés (AK Press/Kate Sharpley Library, 2014), al francés (Coquelicot, 2014), al catalán (Malapècora, 2016) y al griego (2017).

– Tetralogía titulada Hambre y violencia en la Barcelona revolucionaria:

Tomo 1: La revolución de los comités. De julio a diciembre de 1936. ​(Aldarull/El grillo libertario, 2012)

Tomo 2: La guerra del pan. De diciembre de 1936 a mayo de 1937.(Aldarull/Descontrol 2014)

Tomo 3: Insurrección. Las sangrientas jornadas del 3 al 7 de mayo de 1937. Descontrol, 2017. [Editado en inglés por AK Press/Kate Sharpley Library, 2020]

Tomo 4: La represión contra la CNT y los revolucionarios. De mayo a septiembre de 1937.  (Descontrol, 2015)

– El terror estalinista en Barcelona (1938) (Aldarull/Descontrol, 2013)

– Los Amigos de Durruti. Historia y antología de textos. (Aldarull/Descontrol, 2013. Segunda edición en Descontrol 2021); versión reducida en inglés (AK Press, 1996)

Correspondencia entre Abel Paz y García Oliver. Anexo: Tesis sobre la Guerra de España y la situación revolucionaria creada el 19 de julio en Cataluña. (Descontrol, 2016). Editado en francés (Ni patrie ni frontières, 2016).

Josep Rebull, la vía revolucionaria. Descontrol, 2017; traducido al francés por Spartacus en 2014.

Nacionalistas contra anarquistas en la Cerdaña (1936-1937). En colaboración con Antonio Gascón. Descontrol, 2018

Barcelona, mayo de 1937. Libros de Anarres, Buenos Aires, 2019. En francés en Syllepse, 2023

La matanza del cuartel Carlos Marx. Calumnia, Mallorca, 2020

La revolución rusa. Una perspectiva crítica y libertaria. Descontrol, 2020

-Els incontrolats. El Lokal, 2020.

-Ecos y pasos perdidos de Juan García Oliver. Calumnia, Mallorca, 2021

-Durruti sin mitos ni laberinto y otras estampas. Sabotajes de sueños, enero 2022.

CNT versus AIT. Los comités superiores cenetistas contra la oposición revolucionaria interna e internacional. Descontrol, 2022.

Amadeo Bordiga en el Partido Comunista de Italia. Hermanos Bueso, Madrid, 2024

Anarquistas y Orden Público. Josep Asens y las Patrullas de Control. Descontrol, 2025.

Ha colaborado en la edición de las Obras Completas de Munis y ha participado, como asesor histórico, en el documental “Munis. La Voz de la Memoria [revolucionaria]” (2011). Promotor del Manifiesto. Combate por la historia (1999). Autor de varias entradas en los libros colectivos La Barcelona rebelde (Octaedro, 2003);Momentos insurreccionales. Revueltas, algaradas y procesos revolucionarios (El Viejo Topo, 2006); Per canviar-ho tot (Laberints, 2014); L´anarchisme d´Etat. La Commune de Barcelone (Ni patrie ni frontières, 2015), Biografías del 36 (Descontrol, 2016), Entusiastas olvidados (Descontrol, 2016), además de los numerosos artículos publicados en la revista Catalunya de la CGT (en catalán), en Libre Pensamiento, en La Idea, en Redes Libertarias y en otras publicaciones, así como en las webs Ser Histórico, Alasbarricadas y Portal Libertario OACA.

Siempre con el objetivo de arrebatar la historia a la incultura del olvido, la falsificación política o el academicismo universitario, porque sin una teorización de las experiencias históricas del proletariado no existiría teoría revolucionaria.

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Franco murió, pero no el franquismo. Cincuenta años de una Transición orquestada por el fascismo español

30 Noviembre 2025 at 09:40

El régimen franquista fue el proyecto de la burguesía nacional apoyada por el capitalismo internacional que, en distintas fases, protegió sus intereses económicos consolidando una dictadura en torno a la figura de Franco como garante de ese orden sangriento. La muerte de Franco marcaba el punto de inflexión de un proceso ya iniciado años atrás. Se estaba pactando una clausura idílica del Franquismo desde, al menos, el año 1968, escondiendo posteriormente un proceso complejo de continuidad reformada. Mismos perros, pero también mismos collares.

Bajo el relato oficial, presentado como una proeza de consenso y moderación democrática, se ocultó una gran lógica política de fondo: la necesidad de las élites económicas, políticas y militares consolidadas tras 1939 de reorganizar su hegemonía ante un contexto internacional y social que hacía inviable la continuidad de una dictadura que había cumplido ya su papel como garante de sus privilegios. El fascismo español había hecho ya su función, pero ni se bajaría el telón, ni se marcharía de la escena, se le otorgaba un papel protagonista como consolidante y fuerza de choque hasta la actualidad.

Si podemos encontrar una cuestión común a lo largo del siglo XX español, desde la monarquía de Alfonso XIII, la dictadura de Miguel Primo de Rivera, la Segunda República española, el Franquismo, y el régimen monárquico actual; es el poder económico detentado en manos de prácticamente las mismas familias y fuerzas vivas del capitalismo patrio. La Transición española debe entenderse no como una ruptura, sino como una recomposición del poder, donde buena parte de las élites franquistas y los intereses económicos dominantes conservaron posiciones clave remodelando el sistema institucional.

Cuarenta años de Franquismo, el fascismo marca España

El régimen franquista nacía directamente del poder otorgado por el golpe militar de julio de 1936, y ampliado a todo el territorio mediante una guerra de exterminio contra la clase trabajadora y las fuerzas populares. Fue, desde el inicio, un proyecto con un objetivo antirrevolucionario al servicio de las élites económicas y militares de la España oligárquica, adelantándose al potencial de triunfo si el movimiento obrero organizado hubiese pasado a la ofensiva total de construir un poder popular de clase. No fue una tragedia histórica, sino la apuesta consciente y planificada de terratenientes, grandes industriales, jerarquía eclesiástica y mandos del ejército para aplastar una posible victoria de las fuerzas populares revolucionarias, que ponían en contundente riesgo la estructura de poder construida durante siglos. El golpe militar no fue contra el gobierno republicano, sino que la violencia se dirigía hacia la clase obrera, y ese es el primer punto que debemos tener claro en una visión revolucionaria. No existían dos Españas, sino dos clases sociales antagónicas, la dominante, y la explotada.

El proyecto previo de la burguesía española fue construir un gobierno político republicano y socialdemócrata como apagafuegos al crecimiento del movimiento obrero. Ese republicanismo interclasista habría sido el particular terreno de preparación y desarrollo del fascismo español. La victoria franquista en 1939 reeditaba un Estado autoritario, militarizado y de terror psicológico, y físico, basado en la represión sistemática, la censura, el control social y la destrucción de cualquier forma de organización obrera. El aparato estatal —desde la Iglesia Católica a la Guardia Civil, desde el Movimiento Nacional a los tribunales militares— funcionó como un engranaje perfectamente coordinado para garantizar la restauración brutal del orden capitalista más reaccionario tras la revolución social del pueblo.

En la primera fase el Franquismo extendió el exterminio de decenas de miles de integrantes de la clase trabajadora, y su proyecto estaba alineado férreamente con el fascismo italiano y el nazismo alemán; que tomaron la iniciativa de ofensiva hasta 1943 en el conflicto mundial. Durante los años cuarenta el régimen fue virando para distanciarse de la Alemania nazi, y sobrevivir al nuevo reordenamiento global de las potencias vencedoras. El Franquismo fue tolerado, y tomado como baluarte político en Europa contra el marxismo, y así evitar concesiones sociales y políticas que, el capitalismo imperialista tuvo que hacer mientras desarrollaba las nuevas estrategias de aplastamiento de los movimientos obreros nacidos de la lucha en el conflicto mundial contra los fascismos.

Esos años cuarenta y los primeros cincuenta, estuvieron marcados por el modelo económico autárquico que impuso el Franquismo y, que proyectaba a los grupos empresariales afines al régimen, hundiendo al país en el hambre y la miseria mientras consolidaba un capitalismo oligárquico protegido por el Estado. La represión de posguerra, con cientos de miles de encarcelados, deportados, fusilados y depurados, no fue un «exceso», sino el pilar sobre el que se edificó la estabilidad del régimen y, en cierta medida, el retorno a las estructuras políticas normalizadas por el capitalismo. La clase trabajadora quedó sometida a un sindicalismo vertical obligatorio, diseñado para neutralizar cualquier capacidad de conflicto y asegurarse la subordinación al régimen.

La Guerra Fría permitió a la dictadura un lavado internacional: el anticomunismo se había convertido en el salvoconducto. Estados Unidos y las potencias occidentales integraron a España como pieza funcional del bloque capitalista, abriendo la puerta a la tecnocracia, al desarrollismo y a una «modernización» controlada que jamás cuestionó las bases del poder. El Plan de Estabilización de 1959 coincidía con la visita del presidente estadounidense Eisenhower, y el crecimiento económico de los años 60 no fue en absoluto un despegue neutral: consolidaron a nuevas facciones de la burguesía, reforzaron desigualdades y utilizaron la emigración masiva a Europa como válvula de escape social. La represión se volvió más selectiva, pero no menos efectiva.

A lo largo de esas cuatro décadas, el Franquismo mutó, pero no cambió jamás su naturaleza: fue siempre un régimen militarista y ultracatólico, que defendía los intereses de clase burgueses y aseguraba la continuidad de la explotación económica y política de las élites empresariales. Las luchas obreras, estudiantiles y vecinales que surgieron, fueron respondidas con una violencia perfectamente calculada parta no permitir erosionar su legitimidad. Las leyes represivas, el Tribunal de Orden Público, la Guardia Civil y la Brigada Político-Social de la policía, actuaban como aparato principal del control y el castigo.

La Transición: un pacto de silencio y reforma de la oligarquía desde arriba

Muy lejos de suponer ninguna ruptura impulsada desde la base, la Transición fue el resultado de un pacto de la élite oligárquica española. Una parte de la vieja guardia franquista entendió que sostener el régimen tal cual era se hacía incompatible con su integración en los mercados europeos y con el control de una clase trabajadora altamente movilizada desde 1968. Por eso, optaron por dirigir ellos mismos la evolución del régimen. Debían preservarse las estructuras del aparato estatal nacido de 1939, se mantendría intacta la jerarquía judicial y policial; además de garantizarse la continuidad monárquica designada por Franco en quien sería coronado como Juan Carlos I. No se desmontaba el armazón autoritario que se heredaba, solo se le otorgaba un cambio de look, para adaptarlo a las normativas represivas y de control social constituidas por las democracias imperialistas occidentales.

El movimiento estudiantil eclosionado en 1968, se había aliado con las demandas de la clase trabajadora, y funcionaba como catalizador de un cuestionamiento profundo al régimen franquista. Las asambleas y huelgas universitarias se solidarizaban con las luchas obreras. Mientras tanto se intensifica la preocupación por la insurgencia política y armada representada por organizaciones como ETA, FRAP, y más tarde MIL que, si bien no representan una amenaza real al poder estatal, sí que son un desafío simbólico a su capacidad de control total. Se abren grietas en la narrativa legitimadora del Franquismo, lo cual conduce a un repunte en la represión y a su sofisticación; comenzando a idear un plan de reformas pactadas desde arriba.

La muerte de Carrero Blanco en diciembre de 1973 fue el golpe simbólico al régimen franquista que se necesitaba para poner en marcha toda la Transición que ya se venía fraguando desde el inicio de esa década. A los sectores más reacios a la reforma pactada desde arriba había que domesticarlos, no se destruiría su estructura, solo se liquidaba el plan de un franquismo sin Franco pero con franquistas puros. Las élites económicas y políticas asumen una recomposición en el bloque de poder, y se arma una transición que neutralice al movimiento de clase trabajadora. Las luchas obreras estaban viviendo un crecimiento explosivo, decenas de miles de trabajadores desbordan el sindicalismo vertical, y se genera un potencial contrapoder social de coordinadoras y comisiones, huelgas y asambleas masivas en barrios obreros. Por lo que esa Transición debía abordar como objetivo principal la desactivación de ese sujeto político que estaba construyendo al margen de los canales del régimen.

En este contexto, el papel internacional también pesa mucho; y los Estados Unidos, a través de la CIA, busca garantizar un aliado estable en la OTAN y fiel a los intereses imperialistas. De ahí la operación de «reciclaje» del socialismo parlamentario en el Congreso de Suresnes (1974), desde el que emerge un PSOE rejuvenecido, moderado y funcional al nuevo proyecto. El PSOE, a través de Felipe González, es seleccionado como el actor ideal para ofrecer una salida controlada, capaz de seducir a sectores jóvenes y urbanos sin poner en riesgo la estructura económica del franquismo sociológico. De esta manera se evitaba una escalada como la Revolución de los Claveles portuguesa, donde se tuvo que actuar de manera más decisiva para evitar una ruptura que desestabilizara los intereses capitalistas.

Los aparatos franquistas no se depuraron, y la represión seguiría activa, siendo asesinados en ese periodo centenares de trabajadores. En 1975, cuando Franco murió, el franquismo no estaba agonizando, tan solo cumplió su funcional ciclo histórico. La dictadura que nació como proyecto antirrevolucionario, dejaba tras de sí una matriz que se ha mantenido intacta hasta la actualidad, porque Franco murió, pero no el Franquismo.

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A vueltas con la Comisaria de Vía Layetana en la época republicana

3 Diciembre 2025 at 19:46
Por: pegasus

Justificación

Tal como se recoge en una página web del Ayuntamiento de Barcelona, dedicada a la “Memoria democrática”, titulada“El 43 de la Vía Layetana. Memoria de la represión”, donde se explica, de forma didáctica, que desde que se inauguró aquel local en 1929, a finales de la dictadura de Primo de Rivera, en aquel entonces con el nombre de “Jefatura Provincial de la Policía”, dicho local, según la página mencionada,  fue el epicentro de la represión contra el sindicalismo y el obrerismo barcelonés.  Local que se transformó en la “Comissaria General d’Ordre Públic”, durante la época republicana. Momento histórico en que: continuó siendo un lugar de represión hasta el punto de ser  conocido en los círculos obreristas como “El Molino sangriento”.

En la actualidad

Según apareció en la prensa, el pasado día 23 de este mes de noviembre, se “han concentrado … frente a la comisaría de laPolicía Nacional en la Vía Laietana de Barcelona varios grupos de personas, para exigir que el edificio deje de albergar dependencias policialespase a ser un «espacio de memoria» sobre los abusos de la dictadura franquista”.[1]

Olvidándose de aquel modo, los manifestantes y el periodista de turno, que antes  del tiempo del franquismo existieron dos etapas anteriores; la  de la Dictadura de Primo de Rivera y la Republicana, con el presidente Francesc Macíà al frente de Cataluña, y con ellas las consiguientes luchas sociales de aquellas dos etapas políticas, tal como reconoce la propia página del Ayuntamiento,  que se cerraron con el correspondiente reguero de víctimas,  dado que muchas de ellas pasaron previamente por dicho lugar. “Olvido” actual que vamos a intentar subsanar por segunda vez, utilizando en esta ocasión la misma fuente: “La  barbarie gubernamental”, obra de Federico Urales, que apareció sin fecha de imprenta. [2]

La revolución de diciembre de 1933

La insurrección anarquista de diciembre de 1933, renombrada también como Revolución de diciembre de 1933, fue una huelga general  revolucionaria acompañada  de la actuación  de pequeñas milicias armadas que tuvo como epicentro Aragón, Zaragoza y las Cinco Villas,  o la Rioja, alzamiento que tenía como objetivo implantar el comunismo libertario. [3]Movimiento que se extendió por Extremadura, Andalucía, o por la cuenca minera  de León y  la propia Cataluña.

Los nombres de las víctimas.

Durante aquellas mismas jornadas, convergieron detenidos en la dicha  comisaria de Vía Layetana numerosos anarquistas procedentes no solamente de Barcelona, sino de un rosario de poblaciones cercanas. Tales como Tarrasa, con 35 detenidos,  Cerdanyola del Vallés, con dos muertos y numerosos detenidos, o Ripollet con otro asesinado más y más detenciones, o  de Monistrol y Sallent, con más muertos y detenidos.

Computo de detenidos que pasaron por la comisaria de Vía Layetana

Tal como figura en la obra antes citada, redactada posiblemente por Federica Montseny y otros, los revolucionarios detenidos en Barcelona o en sus cercanías, como paso previo a su ingreso posterior en la cárcel Modelo de Barcelona, pasaban antes por la comisaría de Vía Layetana, donde eran concienzudamente torturados y maltratados, tal como consta en dicha publicación, para posteriormente ser enviados a la cárcel Modelo.

 De ahí que los redactores de la Barbarie Gubernamental,  pudieran recoger en dicha obra, los partes de lesiones que  existían  sobre aquellos detenidos preventivos de 1933. Informe al que precede un largo testimonio de Antonio Ortiz, que relató en la cárcel  durante aquellos días, y donde Ortiz explicaba la visita que les realizó estando detenido en la Comisaria de Vía Layetana Pérez Farrás, jefe de los Mozos de Escuadra, y el  propio presidente Francesc Macià, que no hicieron nada por detener la barbarie que se estaba cometiendo en aquellas dependencias.[4]  

Informe que se iniciaba con un “Dictamen emitido por los doctores Serrano y Gonzalbo y por el médico de la Cárcel Modelo De Barcelona, sobre las huellas de los apaleamientos en los cuerpos de los presos, sufridos en la Comisaria de Orden Público de Vía Layetana.

Examinados por el médico de la prisión los internos Juan Piera, José Fernández, Juan García Oliver, Marcelino Jimeno y Antonio Ortiz en el día de su ingreso en la cárcel Modelo, aparece en el libro de enfermería el siguiente diagnóstico, que no debemos considerar no solamente exagerado, sino probablemente atenuado en grado sumo, tanto por la mejoría experimentada por los enfermos durante las horas transcurridas hasta el momento de ser visitados en la cárcel, como por tratarse de un reconocimiento oficial, sólo de las lesiones más importantes”. (Comentario introductorio  escrito supuestamente por Federica Montseny)

El siguiente informe que figura está dividido en dos partes. En la primera se recoge  primero el estado físico de cada detenido con sus respectivas lesiones, al que se sumó un breve relato sobre el momento de su detención. 

Juan Piera: (Informe forense) Presenta fractura de los huesos de la nariz; fractura de los dos dientes centrales superiores, equimosis en ambas fosas orbitarias, con derrame sanguíneo en la esclerótica del ojo derecho. Equimosis en el hombro, antebrazo y brazo del lado izquierdo. Herida de dos a tres centímetros en el codo izquierdo. (Libro médico de la Cárcel Modelo).

(Declaración del detenido ) Fue agredido en la Jefatura de Policía, a las tres de la madrugada  del día 9, junto con otros detenidos. La nariz se la rompió  con la culata de un Mauser uno de Asalto apellidado Anguita.   

José Fernández: (Informe forense) Equimosis en la fosa orbitaria, con derrame sanguíneo en el ojo izquierdo. Herida en la cola de la ceja del mismo lado y sien. Equimosis en la frente y cuello, de forma lineal (Libro médico de la cárcel Modelo).

(Declaración del detenido)Le agredieron con las porras y las armas de fuego largas a culatazos. Entre los agresores  estaba uno de los Guardias de asalto, expulsado del cuerpo por el asunto del bar “La Criolla” , y muchísimas más, entre ellos un sargento que lleva una señal en la cara.

Juan García Oliver:  (Informe forense) Equimosis en ambas fosas orbitarias, con derrame sanguíneo  en la esclerótica de ambos ojos. Hematoma  infectado  en la parte superior de la región interparietal. Equimosis amarillenta en la espalda y antebrazo y brazo derecho y ambas manos. Heridas en las rodillas y en la pierna derecha.  (Libro médico de la cárcel Modelo)

(Declaración del detenido). Atentaron  contra su persona una legión de guardias de Asalto, a la vez que contra doce más, en la jefatura.

Marcelino Jimeno: (Informe forense) Hematoma en la fosa orbitariadel lado derecho y equimosis en la región escapular izquierda (Libro médico de la Cárcel Modelo)

 (Declaración del detenido) Sufrió agresión  como los anteriores.

Antonio Ortiz: Equimosis en ambas fosas orbitarias, con derrame sanguíneo en la esclerótica del ojo derecho. Equimosis de color amarillento  verdoso en el esternón y hemotórax derecho (Libro Médico de la Cárcel Modelo).

(Declaración del detenido) Fue detenido el día 8 , a las diez y media, por los civiles, seguridad y secreta, que lo injuriaron con las peores frases de hijo de perra, cabrón, maricón, etc. En la Delegación de Hostafrancs, les recogió el camión de Asalto y llevado a Jefatura, al cuerpo de guardia y de allí a la brigada Social, luego a los calabozos. Había muchísimos de Asalto, con sargentos, incluso los expulsados por el suceso del bar  “la Criolla), algunos en mangas de camisa, para pegar mejor.  Se distinguió en la agresión el sargento Anguita.

Además, los médicos mencionados anteriormente  también comprobaron los siguientes casos:

Salvador Satorra: (Declaración del detenido)  Fue detenido el día 8, frente a la estación de la M. Z.A. (Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (M.Z.A.). En la jefatura fue agredido y antes en el Gobierno Civil, en donde le metieron una tercerola (carabina  corta de caballería) por la sien derecha. Entre los agresores había el guardia Jesús Pujolés.

Gregorio Jover:  (Declaración del detenido)  Le dieron más de mil golpes los de Asalto y los agentes de la Jefatura, produciéndole sordera traumática.

José Vidal Coma: (Declaración del detenido)  Le pegaron en la Rambla frente a la calle A Clavé. En jefatura siguió la agresión. Conocía a algunos de los de Asalto y la secreta que le agredieron.

Ángel Catalá: (Declaración del detenido)  Fue detenido  en la Rambla, cogiéndole los de asalto, que se cebaron con él  hasta que el chofer que guiaba el camión les dijo que ya había bastante y prohibió que le siguieran pegando.  En Jefatura le agredieron  con culatas y porras.

 Miguel Sanz (Declaración del detenido)  Le detuvieron el día  25, en la Unión de Cooperadores del Fuerte Pío. Eran  20 0 25 agresores en bloque en la Jefatura. El  que más se distinguió fue un Cabo de Asalto.

Los compañeros periodistas  visitan en la cárcel  a los detenidos

Dado lo impresionante de las descripciones de las lesiones producidas por la tortura en la Comisaria de Orden Público,  pasamos  a  relacionar  el informe referido alEstado de los lesionados en el momento en que fueron visitados en la cárcel” (se supone que recogido  por Federica Montseny o en su defecto su padre Federico Urales, y donde empiezan a apreciarse las consecuencias de las torturas.

“Juan García Oliver: Tiene heridas en la cabeza y contusiones en todo el cuerpo. A consecuencia de las palizas existe polaquiuria por golpes en la región renal. Anemia intensísima por la enorme cantidad  pérdida de sangre durante veinticuatro horas, sin asistencia, y al parecer tiene fractura del malar, y quizás alguno de los huesos nasales. Los ojos  aparecen inyectados en sangre, por la preferencia con que se les golpeaba a los detenidos en los ojos para cegarlos.

Miguel Sanz: Contusiones en todo el cuerpo.

Juan Piera: Derrames de sangre en los ojos, fractura probable  de los huesos nasales, fractura de dos incisivos y contusiones por todas las partes.

Antonio Ortiz: Hemorragia intensa en los ojos, heridas en las manos, contusiones por todo el cuerpo, probable fractura de la décima costilla derecha.

Alfonso Giralt: Equimosis en los ojos, derrames en las escleróticas, heridas en las manos, contusión  por todo el cuerpo.

Julio Carrillo: Contusiones por todas las partes.

Salvador Satorra: Herida en la región superciliar derecha, equimosis palpebral, (de losparpados) contusiones en todas partes.

Marcelino Jimeno: Hematoma palpebral, contusiones por todas las partes.

Gregorio Jover. Sordera traumática, Hematoma Palpebral derecho y contusiones en todas partes.  

José Roig:  Hematomas en los ojos,  violentas contusiones en el vientre, con trastornos digestivos, con vómitos, adelgazamiento extremo.

Miguel Baño:  Contusiones en el vientre, trastornos digestivos, diarreas, contusiones por todas partes.

Antonio Belmonte: Culatazos en el pecho, Tuberculosis traumática, Esputos sanguinolentos.

Amadeo Roig:  Contusiones en los lomos y en el vientre, trastornos urinarios, contusión renal,  trastornos gástricos, vómitos, Contusiones por todas partes.

Antonio Aguilar: Hematomas en los ojos, Contusiones por todo el cuerpo.

Juan Soriano: Contusiones por todo el cuerpo.

Francisco Portales: Hemorragias subconjuntivales, hematomas palpebrales, golpes por todo el cuerpo.

José Pérez: Hematomas palpebrales, equimosis en todo el cuerpo.

José GuillamónHerida en pómulo izquierdo, hematomas palpebrales,  hemorragias conjuntivales, Contusiones  en todo el cuerpo.

Ángel Catalá: Contusiones por todo el cuerpo.

José Vidal:  Contusiones en el vientre, trastornos gástricos, Continuos vómitos, contusiones por todas partes.

Félix Arpol: Hemorragias conjuntivales, hematomas palpebrales,  Contusiones por todo el cuerpo.

José Fernández: Heridas en la cara, contusiones en el pecho, con posible peligro de tuberculosis traumática, esputos sanguinolentos. Contusiones portodas partes.

Pedro Gil: Hematomas palpebrales, Contusiones por todo el cuerpo.”

Conclusión:

Resulta evidente que era de recibo la manifestación del día 23 de este mismo mes de noviembre de 2025, buscando el reconocimiento de las víctimas del franquismo, por lo sufrido en aquella comisaria. pero también sería necesario que en el futuro no se dejaran en el olvido las victimas anteriores de aquella misma comisaría. En su caso las sufridas durante la Dictadura de Primo de Rivera, o en la época republicana cuando ERC tenía la máxima responsabilidad en el gobierno de Cataluña, o acaso los anarquistas no fueron también víctimas, y más aún después de conocerse  ahora los desmanes  que sufrieron todos los detenidos de diciembre de 1933. 

Antonio Gascón Ricao


[1] El Periódico, Manifestación en Barcelona para exigir que la comisaría de Via Laietana se convierta en un centro de memoria histórica”. 23-11-2025.

[2] Antonio Gascón Ricao, Vía Layetana nº 43, El Molino sangriento, serhistorico.net, 11 de noviembre de 1925.

[3] Paco Sanz, La revuelta anarquista de diciembre de 1933 en Zaragoza, , El Diario,6/01/ 2024.

[4] Hablando contra otra víctima. Datos para la Historia,  Antonio Ortiz,  Op. Cit., pp. 70-79.

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