Como en un ejercicio de escritura creativa, Jim Jarmusch toma en su última película unos pocos elementos fijos para elaborar tres historias diferentes en torno a las relaciones familiares. Los combina, los confronta, los explora detalladamente, los cambia de sitio para hacer brotar una nueva interpretación o un nuevo sentimiento. Los músicos llaman a eso «variaciones» –seguro que conocen las famosas «variaciones Golberg» de Bach– y consiste en tomar una melodía y empezar a jugar con ella, alterando el ritmo, la armonía y la textura. Sobre una misma base establecida surgen de repente inesperadas sensaciones. Eso es lo que Jarmusch hace brotar en Father Mother Brother Sister, una película compuesta por tres historias autoconclusivas e independientes (aunque no del todo).
Con esta cinta logró alzar el León de Oro en el Festival de Venecia y lo hizo contra pronóstico. En la sección oficial había un puñado de títulos que conmocionaron al público (como ocurrió con La voz de Hind, ovacionada durante 22 minutos) o que encandilaron a la crítica (que escribió maravillas de las últimas películas de Yorgos Lanthimos, Park Chan-wook o Benny Safdie). Pero ganó Jarmusch, replicando quizás el mismo modelo utilizado un año antes con Almodóvar y La habitación de al lado: ¿son sus mejores películas? Pues no, pero son buenas, ellos son unos maestros y queremos hacerles un reconocimiento, pensaría el jurado. Nada que objetar.
La base melódica, por así decir, de Father Mother Brother Sister, son unos padres, unos hijos, una visita esporádica, un reloj Rolex (verdadero o falso, no se sabe), unos patinadores callejeros y una sensación de extrañamiento (marca de la casa) que se resume en «Spooky», la canción de Dusty Springfield que abre y cierra la película. «Siempre me tienes adivinando, parece que nunca sé lo que estás pensando», entona la cantante británica. Sobre ese pie Jarmusch construye sus variaciones en un sutil ejercicio de polisemia: los mismos elementos sugieren diferentes estados de ánimo.
Por ejemplo, los patinadores que se cruzan con los hijos cuando van camino de ver a sus padres pueden significar anhelo, sorpresa, nostalgia o todo a la vez. El tono de las visitas a los padres también varía, abarcando un amplio espectro de eso que se llama «comedia incómoda», hilarante en el caso de Tom Waits y más cáustica en el de Charlotte Rampling. Completan el reparto Adam Driver (habitual en los últimos filmes de Jarmusch, incluida esa obra maestra titulada Paterson), Mayim Bialik, Cate Blanchett (cuyo poder de transformación nunca dejará de sorprendernos), Vicky Krieps, Indya Moore, Luka Sabbat y Françoise Lebrun. Todos espléndidos en la interpretación de los diferentes matices de una partitura que se basa en un malestar sordo y, paradójicamente, graciosísimo.

La incomodidad (que es una excusa para reflexionar sobre las relaciones familiares) tiene su origen en el poco contacto que hijos y padres tienen entre sí, en las pocas cosas que tienen que decirse, en las muchas preguntas que no se atreven a hacer explícitamente y que quedan flotando en mitad de unas conversaciones banales. Los hijos, en la edad adulta, descubren que no conocen realmente a sus padres. Parte de su crianza, de hecho, se basa en ese ocultamiento protector. Y todas las familias del mundo, absolutamente todas, saben de lo que está hablando Jarmusch. No tiene por qué tratarse de grandes tragedias, ese no es el escenario habitual de sus películas. Todo es mucho más mundano, también mucho más profundo.
El cine de Jarmusch, poblado de personajes raros y fuera de sitio, transcurre en «no-lugares» que, curiosamente, resultan agradables. Al menos desde fuera. El tiempo se detiene en un taxi o en una cafetería (como en Noche en la tierra o en Café y cigarrillos) y brotan silencios y conversaciones triviales (sobre la calidad del agua que bebemos, por ejemplo) entre gente que nunca acaba de encajar del todo en el mundo que le rodea.
Lo fundamental, en todas sus películas, es que ama a sus personajes. Incluso aquellos a los que deja en mal lugar (y en Father Mother Sister Brother hay unos cuantos) son retratados con simpatía. Puedes tener a un padre un poco golfo o a una madre un tanto fría y Jarmusch nunca planteará un explosivo choque generacional entre los viejos y su prole. Los quiere a todos, con sus dudas, sus extravagancias y sus mezquindades. Hay un mensaje ahí, ¿no?
Feliz Navidad.
‘Father Mother Sister Brother’, de Jim Jarmusch, se estrena en cines el 24 de diciembre.
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