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AnteayerSalida Principal

Quince años luchando por el derecho a la vivienda

16 Enero 2026 at 09:00

Cuando en el 2011 decidimos embarcarnos en la aventura de publicar un periódico mensual, el movimiento por la vivienda estaba empezando a coger fuerza. Todavía teníamos recientes las manifestaciones de V de Vivienda que arrancaron en el 2006, las primeras Plataformas de Afectadas por las Hipotecas (PAHs) se habían creado en 2009 y habían logrado paralizar varios desahucios y, pocos meses después, las asambleas de barrio surgidas durante el 15-M (2011) crearían comisiones de vivienda que lucharían, con mayor o menor éxito, por evitar la expulsión de sus vecinas de sus casas.

La cronificación del problema de acceso a la vivienda

Quince años después, la situación de la vivienda, lejos de mejorar, no ha hecho más que empeorar. Pese a que han proliferado PAHs (como en Madrid Centro, Vallekas o pueblos del sur de Madrid), asambleas de vivienda (como en Villalba, Carabanchel, Latina, etc), sindicatos de barrio (como en Hortaleza o Moratalaz), grupos de Stop Desahucios (Granada, Gipuzkoa, etc) y sindicatos de inquilinas por toda la geografía estatal (Madrid, Barcelona, Málaga, etc) y a pesar a los miles de desalojos parados por la acción directa de las vecinas, la crisis se ha hecho crónica.

Por un lado, más de 1,7 millones de personas han perdido sus casas en este tiempo, produciéndose la mayor cantidad de desahucios no durante los peores años de la crisis, sino en los años posteriores (2012-2019), que eran de supuesto crecimiento de la economía. Por otro lado, el precio de la vivienda a la venta y, sobre todo, en alquiler, ha alcanzado máximos históricos, con subidas de más del 75% en algunos territorios del Estado, según Eurostat.

Ayudas al rentismo para paliar el problema

Pese a llevar más de seis años soportando a los autodenominados gobiernos más progresistas de la galaxia (PSOE, Podemos y Sumar), éstos no han hecho nada por solucionar el problema. Todas sus políticas giran en torno a dar más ayudas a los rentistas, a los que piden que actúen con responsabilidad, pero nunca confrontan o limitan su poder. Nada de fijar precios máximos de alquiler, prohibir los arrendamientos de temporada o aumentar la duración de los contratos. El último ejemplo: a principios de enero de este año, el gobierno anunció un sistema de incentivos para que los propietarios que deben renovar contratos de alquiler lo hagan sin subir el precio, que se traduce en una bonificación fiscal del 100% del IRPF para aquél que decida no especular (más de lo que ya lo está haciendo). En otras palabras, se trata de subvencionar con dinero público el rentismo, congelando los altos precios que se vienen dando desde hace años.

Decisiones como ésta visibilizan que no es que la socialdemocracia no sea incapaz de solucionar el problema, sino que es parte del mismo.

La sociedad de propietarios y la lucha de clases

A diferencia de lo que hace el movimiento de vivienda, la progresía (que participa alegremente del rentismo) no sitúa el marco de la vivienda en términos de lucha de clases, sino en una simple falta de oportunidades. Así, la izquierda institucional se encuentra mucho más cómoda hablando, por ejemplo, de desigualdad generacional, en vez de clases sociales. Y tiene algunos datos que lo respaldan: en dos décadas, la brecha de riqueza entre quienes tienen 65-74 años y los que hoy rondan los 35-44 se ha multiplicado por nueve.

En esta línea, el informe Brecha generacional: cómo el sistema de pensiones y el modelo fiscal penalizan a los jóvenes españoles, realizado por el Instituto Juan de Mariana, busca transmitir la idea de que los privilegios de los jubilados lastran a las nuevas generaciones, obligadas a sostener un sistema de pensiones injusto. La conclusión es clara: reformar —y, en la práctica, privatizar— las pensiones.

Sin embargo, si analizamos con detenimiento los datos, podemos observar que en 2008, un joven ganaba el doble de lo que costaba alquilar una vivienda y hoy tendría que destinar el 92% de su salario para emanciparse. Y es que ahí tenemos la respuesta al problema: es la vivienda lo que marca la diferencia, no los jubilados. Por ello, desde 2007, la tasa de emancipación juvenil ha caído al 15%, y tres de cada cuatro chavales con empleo siguen atrapados en casa de sus padres.

¿Existe una desigualdad de riqueza entre los boomers y las nuevas generaciones? Sí, pero gran parte de la misma se explica por la propiedad inmobiliaria. Por ello, no podemos meter en el mismo saco a toda una generación como lo hace, por ejemplo, Analía Plaza (con bastante humor) en La Vida Cañón (Ediciones Temas de Hoy). La diferencia estriba en la clase, no en la edad; y la clase se ve cada vez más definida por el número de viviendas en propiedad.

Durante los últimos 50 años, la llamada sociedad de propietarios se convirtió en un proyecto central de integración económica y política”, explica el sociólogo Javi Gil en un artículo. “El neoliberalismo hizo de la financiarización de la vivienda la palanca de crecimiento durante décadas. Los hogares accedieron de forma masiva a la propiedad, lo que los transformó en clase media. Y su bienestar comenzó a apoyarse cada vez menos en los salarios o en el Estado de bienestar, y más en la revalorización de sus viviendas.

Conceptos como capitalismo patrimonial o capitalismo rentista se han empezado a utilizar para describir esta nueva realidad: una economía en la que la riqueza depende cada vez menos del trabajo y la producción, y cada vez más de la revalorización de los activos, con la vivienda como eje central. No es un detalle menor que el valor de los bienes inmuebles constituya hoy el mayor depósito de riqueza del planeta, equivalente a casi cuatro veces el PIB mundial.

Esta transformación ha disparado la concentración de riqueza y ensanchado la brecha social. La propiedad de activos se reparte de forma profundamente desigual, y en los últimos 50 años la distancia entre los más ricos y el resto de la sociedad no ha hecho más que crecer.

En 1987, bastaban tres años de salario para comprar una vivienda. Hoy, los jóvenes necesitarían el equivalente a 14 años de sueldo. La conclusión es demoledora: como generación, el acceso a la propiedad es imposible, porque los salarios se han desligado de los precios de la vivienda”.

El colmo es que, pese a que la vivienda está profundizado la desigualdad económica de nuestra sociedad, el discurso de la clase dominante se va imponiendo cada vez más. En quince años hemos pasado de la solidaridad generalizada con las desahuciadas – en 2013 la revista Pronto regalaba pegatinas de “Stop Desahucios” – a que empresas de desokupación influyan en la agenda política, se aplauda a políticos que dejan a familias enteras en la calle como hizo Albiol en Badalona estas navidades y todas las reformas políticas van dirigidas a dar más poder a los propietarios y castigan a quien no tiene casa. Gracias a una alianza entre empresas de seguridad, inmobiliarias, medios de comunicación y políticos de todos los ámbitos – recordemos a Rita Maestre hablando de la okupación como un “problema” o a Manuela Carmena repitiendo los mantras de Desokupa – el español medio empatiza más con el “pequeño” propietario que acumula cuatro inmuebles como fuente de ganancia que con una familia sin alternativa habitacional.

Acabemos con el negocio de la vivienda

Las manifestaciones del 13 de octubre de 2024 (Madrid) y del 5 de abril de 2025 (estatal), en las cuales participaron más de 150.000 personas en cada una, han sido las más masivas por el tema de la vivienda desde la Transición, lo cual evidencia la enorme preocupación que genera la situación actual. En ellas, la demanda principal fue la de poner fin al negocio de la vivienda. Por ejemplo, el comunicado de la segunda de estas manis establecía que “la vivienda debería ser un derecho, no un bien con el que especular. Sin embargo, los fondos de inversión y los rentistas siguen acumulando beneficios mientras miles de personas son desahuciadas, expulsadas de sus barrios o condenadas a vivir en condiciones indignas. Y todo esto con la complicidad del Estado y los partidos políticos institucionales, que han convertido la vivienda en un modelo de negocio”.

¿Y cómo se pretende conseguir acabar con la especulación? No es fácil. El movimiento de vivienda es muy amplio, englobando a anarquistas, comunistas, socialistas, reformistas y militantes y afectadas sin adscripción a un marco teórico. Y, por ello, las estrategias escogidas a lo largo de los años han sido variadas (lo cual, a veces, genera conflictos): poner el cuerpo frente a comisiones judiciales y cordones policiales para parar desahucios, negociar alquileres sociales con bancos, okupar edificios y alojar a múltiples familias, hacer campañas visibilizando casos dramáticos, convocar manifestaciones para exigir reformas legislativas, etc. Y, si bien a nivel social no se ha logrado siquiera hacer la vivienda algo más accesible, sí ha logrado encontrar soluciones prácticas e individuales para miles de personas a lo largo de los años. Y eso no es poco.

La lección que podemos sacar de los últimos años es que el asalto institucional que protagonizaron activistas como Ada Colau no ha servido para nada. Todas las victorias se han logrado desde los movimientos sociales, desde la solidaridad y la horizontalidad. Es obvio que ningún gobierno va a acabar con la mercantilización de la vivienda, por lo que algo tan básico como garantizar la cobertura de una necesidad humana parece un objetivo radical que únicamente se conquistará mediante estrategias colectivas igualmente radicales. Y la huelga de alquileres puede ser una de ellas.

Una huelga de alquileres tendría como objetivo desbordar económicamente a grandes fondos, a pequeños propietarios y a empresas de alquiler seguro que garantizan el pago de la renta. Es una propuesta para afectar directamente a sus beneficios, en la que pueden ser parte activa amplios sectores, que delimita claramente los intereses y facciones contrapuestas en este conflicto y que saca la lucha de los pasillos de la política institucional para llevarla a nuestro propio escenario. Una propuesta inspirada por ejemplos de lucha históricos (como la huelga de alquileres de Barcelona de 1931), pero también recientes (como la huelga de cuidados del 8M de 2018 y 2019 o algunas propuestas de impago de las rentas durante la pandemia de 2020).

Durante los últimos quince años el movimiento de vivienda ha demostrado ser resiliente y valiente. No ha parado su actividad pese a que en 2015 se reformaron las leyes administrativas y penales para criminalizarlo (exponiéndose varias a activistas a la posibilidad de ir a prisión), ni a las amenazas de grupos fascistas que están trabajando para algunos fondos. Por ello, esperemos que su lucha continúe y que sepa hacer todo lo necesario para acabar con el negocio de la vivienda de una vez por todas.

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Rondas de Aguilandos en Barrios de Albacete

21 Diciembre 2025 at 09:16

 

Rondas de Aguilandos 

Domingo 21 de diciembre, de 12:00 a 13:30 h

Barrios de Albacete 

 

 

Rondas de Aguilandos en barrios de la ciudad con presencia de ocho rondallas y por la tarde, participarán en el IV Encuentro de Aguilanderos Ciudad de Albacete en la Plaza del Altozano.

A.V. Cañicas Imaginalia → A.V. Llanos del Águila 

Lugar: Parque de los Cuentos → Plaza Llanos del Águila 

Coros y Danzas "El Trillo"

A.V. San Pedro Mortero → A.V. Pedro Lamata

Lugar: Parque → Parque Fernando Poo

Grupo Ronda “Algazara”

A.V. Carretas Huerta Marzo → A.V. Centro

Lugar: Plaza Depósito Del Sol → Plaza de La Mancha 

Coros y Danzas “El Pilar”

A.V. San Antonio Abad → Industria

Lugar: Parque Del Quijote → Resi. Mayores Paseo De La Cuba

Grupo Folclórico “Espigas de La Mancha”

A.V. La Pajarita → A.V. Pol. San Antón 

Lugar: Parque Lineal

Coros y Danzas “San Pablo”

A.V. Hospital → A.V. Parque Sur 

Lugar: CSC HOSPITAL → PLAZA PADRE DAMIÁN

Rondalla “Cordel de Balazote”

A.V. La Vereda → San Pablo 

Lugar: Plaza Residencial Jardín → Plaza Pelibayo 

Grupo de Folclore “Cañicas Imaginalia”

A.V. Fátima → Franciscanos

Lugar: Plaza Pablo Picasso → Plaza Franciscanos 

Grupo de Folclore “Barrio Centro Albacete”

 

Entrevista a La Villana de Vallekas: «Construir estructuras autónomas de producción y reproducción, gestionar nuestras vidas de forma colectiva con la menor dependencia del mercado y del Estado»

5 Diciembre 2025 at 12:20

Para quién no os conozca contadnos en líneas generales, ¿Qué es el Centro Social La Villana?

Es un centro social autogestionado, también un sindicato de barrio, en Vallekas – Madrid. Además, contamos con una librería asociativa (malaletra) y una taberna vegana (Veguiterráneo). Es la casa de 14 colectivos: el sindicato de vivienda PAH Vallekas y la Escuelita PAH, la Red de Apoyo Laboral, las clases de castellano, Bahllekas y otro grupo de consumo ligado a Huerta Pepines, el grupo feminista Ariskas, Orgullo Vallekano, la Despensa Solidaria / Nodo de producción, RadioVk, el Club Deportivo Puerto de Vallekas, Bloke Gorde, Escuela de las Periferias y SinPoli. Es un local accesible, con un gran salón de actos y cuatro salas para reunirnos, en frente del parque Amos Acero, entre la Albufera y San Diego.

¿Cómo surge el proyecto y en qué consistía en los primeros años? ¿Cuáles eran (o son) sus objetivos?

La Villana de Vallekas empieza en 2013 a partir de otro proyecto anterior llamado Oficina de Derechos Sociales (ODS) del centro social okupado Seco. En 2013 alquilamos un taller de dos plantas a partir de cuotas de socios, y continuamos nuestra actividad de sindicalismo social en torno a las fronteras y la vivienda. Formábamos parte de la Comisión de Vivienda de la Asamblea 15M de Puente de Vallekas, y luego nos convertimos en PAH Vallekas; continuamos también con las clases de castellano y los talleres de derechos; y se incorporaron nuevos colectivos, como Orgullo Vallekano, que lucha por los derechos sociales LGTBIAQ+ alejados del “capitalismo rosa”; y la Despensa Solidaria, que autogestiona un banco de alimentos con el lema “No es caridad, es justicia. Del barrio para el barrio”.

La Villana tiene varios objetivos: 1) construir estructuras autónomas de producción y reproducción, esto es, construir estructuras organizativas que nos permitan gestionar nuestras vidas de forma colectiva con la menor dependencia del mercado y del Estado (por ejemplo, con la recuperación de viviendas, la producción agrícola, la autofinanciación); 2) luchar en nuestros conflictos cotidianos de forma colectiva: en vivienda, empleo, papeles, alimentación, violencias, los distintos colectivos tienen asambleas de asesoría colectiva y acción directa, para defendernos y también atacar las formas de explotación y opresión que vivimos; 3) a través de las luchas, hemos ido creando una comunidad y aspiramos a relacionarnos entre nosotrxs de otras formas, más libres, horizontales y cooperativas, poniendo en el centro también la parte más material de esta cooperación y generando espacios de cultura, deporte, encuentro y fiesta accesibles y subversivas.

Hace poco os habéis mudado de local. Contadnos qué os ha llevado a este cambio, cómo ha ido el proceso (también a nivel de financiación, logística, etc), y qué características y espacios tiene el nuevo local.

En el antiguo local estábamos alquilados y el dueño quiso subirnos un 50% el alquiler; estuvimos buscando alternativas pero todas necesitaban obras y para eso teníamos que pedir préstamos, y sabíamos que a los 7-10 años nos iba a volver a echar. Así que empezamos a echar cuentas, inspirados por otros centros sociales y proyectos que se han lanzado a comprar. Estuvimos debatiendo entre nosotrxs y vimos que sí teníamos una gran voluntad de permanencia en el barrio y compromiso a largo plazo con el proyecto. Gracias a Coop57, la cooperativa de finanzas sociales y solidarias, y la gran cantidad de donaciones que recibimos de amigxs, pudimos comprar el local actual hace dos años. La letra, como antes el alquiler, la pagamos con la cuotas de socios, que somos ahora mismo unos 400. Las obras acabaron y nos pudimos mudar este marzo de 2025.

En la actual Villana hay dos empresas políticas, la librería Malaletra y la taberna Veguiterráneo, que son también la entrada al centro social. Contamos con un salón de actos para unas 100 personas y cuatro aulas para unas 10-15 personas, aquí se dan las clases de castellano y la Escuelita PAH; una de la aulas se utiliza también para hacer radio, con Radio Vk. Ya estamos a toda marcha y todas las semanas hay presentaciones de libros, debates y reuniones. Nuestro propósito es usar mucho más y hacer actividades en el parque Amos Acero, que está en frente y cuenta con unas gradas, pero el Ayuntamiento no lo está poniendo fácil, como al resto de colectivos del barrio.

¿Qué colectivos se juntan en el espacio, y qué relación tienen con la asamblea del centro ¿Cómo os organizáis? ¿Sois una asamblea abierta? ¿Los colectivos forman parte de la asamblea? ¿Cómo se puede participar en la Villana?

Tenemos dos asambleas mensuales y varios grupo de trabajo. Los primeros jueves de mes es la asamblea coordinadora, donde van enviados de los colectivos y los grupos de trabajo para tratar el cotidiano del espacio, tanto cuestiones de gestión como políticas. Los terceros findes de mes, tenemos la asamblea plenaria donde acudimos todas las personas de todos los colectivos, y las personas que quieren incorporarse, para tratar temas con más profundidad, debates, puesta en común de proyectos, propuestas a otros colectivos… Los grupos de trabajo son comunicación, gestión y burocracia, ocio y fiestas, decoración, y secretaría técnica; la limpieza la hacemos rotativa entre colectivos; y hay grupos de proyectos comunes como “sindicato de barrio” y “gestión comunitaria de las violencias”.

La bienvenida a las personas nuevas, que quieren conocer o incorporarse la La Villana, es antes de la asamblea plenaria de fin de semana; la propuesta es que empiecen a participar en el colectivo que más les interese. Se pueden pedir salas para hacer reuniones o actividades a través de la web o el mail, pero lo cierto es que con todxs lxs que somos, ocupamos casi todo el espacio con nuestras actividades. No pueden ser parte del centro social (sí reunirse de forma puntual) colectivos vinculados a partidos políticos.

Contadnos qué tenéis en mente para los próximos tiempos. ¿Qué actividades, proyectos o novedades estáis realizando o tenéis planeadas próximamente?

Estamos todavía aterrizando en el espacio. Nos gustaría vincular mucho más nuestras luchas, vivienda, empleo, papeles, alimentación, violencia, están todas muy relacionadas y sin embargo las luchamos por separado. Nos gustaría ponerlas además en relación con la crisis ecosocial y pensar prácticas de futuro en este sentido. Nos gustaría también establecer más alianzas en el barrio y en la ciudad. Los últimos años de la compra y la mudanza han sido de mucho trabajo interno, interesante y productivo porque hemos debatido más entre nosotrxs y, de La villana antigua que era más un contenedor de colectivos, ahora somos un centro social más entrelazado y con más horizontes compartidos. Ahora toca mirar para fuera y hacer alianzas y proyectos, más allá de las que tiene cada colectivo; pensamos por ejemplo en una “Red de estructuras populares y comunitarias”, inspirados por la XEPC de Manresa, o en construir “Instituciones barriales autónomas” a partir de un nuevo proyecto llamado El Puchero. Seguiremos peleando en cada uno de los conflictos en los que estamos, por quedarnos en nuestra casas o recuperar vivienda vacía, por nuestros derechos laborales y por derechos laborales para lxs que no tienen, por papeles y comida buena para todxs, contra el racismo y el fascismo (que está fuerte en los barrios con Desokupa), por un mundo feminista y disidente… pero queremos escalar el conflicto, lo queremos todo.

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El Eko de Carabanchel moviliza a los movimientos sociales de Madrid para defender el espacio y resistir a la gentrificación

20 Noviembre 2025 at 23:17

El ESLA EKO, espacio okupado, liberado por la Asamblea Popular de Carabanchel en 2011, está en peligro de desalojo. En noviembre de 2024 un fondo de inversión compró el edificio por un precio muy bajo en una subasta y, desde entonces, se han sucedido las maniobras para tratar de expulsar de este edificio a los movimientos sociales y la asamblea que lo habitan. En agosto, la asamblea del espacio denunció el intento de entrada en el edificio de una escuadra aparentemente contratada para el intento de desokupación del EKO.

Con el objetivo de frenar ese intento de desahucio, la asamblea del espacio social convocó una manifestación el pasado 15 de noviembre, saliendo desde la plaza de Marqués de Vadillo. El comunicado de la convocatoria leía lo siguiente: “Queridas vecinas y compañeras, como sabéis hace un año el fondo buitre Midtown Capital compró el edificio de ESLA EKO. Hace 2 meses, el fondo buitre contrató la empresa de desokupación Home Back, para intentar desalojar el espacio. En aquella madrugada, colectivamente defendimos el espacio y en estos meses, vecinas y colectivos autogestionados nos habéis demostrado apoyo y solidaridad, participando activamente en la defensa del espacio.

Esta situación es uno de los síntomas del proceso de gentrificación que vive el barrio de Carabanchel, donde fondos buitres, las empresas de desokupación y la creciente represión policial consecuencias de las políticas fascistas y especuladoras de Ayuso & company amenazan la vivibilidad del barrio y expulsan a sus vecinas. ESLA EKO, con sus 15 años de historia, ha albergado innumerables actividades políticas, sociales y culturales generando incomodidad a estos intereses. Por este motivo, nos quieren eliminar y no hay mejor forma para hacerlo que a través de la especulación. Somos conscientes que esta situación es común a muchos barrios y espacios autogestionados y por esto creemos necesario empezar a movilizarnos conjuntamente. En un momento histórico donde la guerra y el avance de la extrema derecha son los protagonistas, defender los pocos espacios autogestionados y okupados es fundamental si queremos seguir tejiendo redes de apoyo mutuo e imaginando otros futuros posibles”.

Unas dos mil personas acudieron a gritar “defiende el EKO, defiende el barrio” y numerosas pancartas y banderolas dieron color a una tarde gris bajo la lluvia de Madrid. Una parada con espectáculo de fuego y después un trayecto a pie hasta el gran edificio que es el EKO. Allí, lectura de comunicado y despliegue de una gran pancarta con bengalas desde la azotea ponían fin a la manifestación, que vino seguida de un encuentro en el espacio.

Tal y como cuenta El Salto, el distrito de Carabanchel, que ha sido bautizado como el “Soho madrileño” por las revistas de tendencias, es uno de los exponentes más claros de la gentrificación de barrios hasta hace unas décadas populares, con tejidos asociativos fuertes y precios por metro cuadrado más asequibles que en zonas más céntricas y con poblaciones de alto poder adquisitivo». Por eso, desde el espacio se incide en que la manifestación no interpela únicamente sobre la defensa del Eko, sino que tiene que ver con la defensa de un modelo de ciudad distinto al que plantean “fondos buitre”.

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Quinqui Kids Are Innocent

19 Abril 2021 at 16:29

Este episodio de Colmenas Tapizadas es un programa dedicado a lo quinqui, sin embargo, hemos querido empezarlo con los Sham 69, porque esta canción, The Cockney Kids Are Innocent, resume en cierta manera la tesis de partida de este episodio: los chicos y las chicas quinquis son inocentes. Hacemos un viaje sociológico a la época […]

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