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AnteayerSalida Principal

Diez tesis sobre la nueva era

25 Enero 2026 at 08:00
Por: Nuria

Trump dio un discurso en Washington, D. C el pasado 6 de enero. / TWH / Daniel TorokTrump dio un discurso en Washington, D. C el pasado 6 de enero. / TWH / Daniel Torok

Fotografía: Trump dio un discurso en Washington, D. C el pasado 6 de enero. / TWH / Daniel Torok

Artículo original publicado en ctxt.es por Steven Forti

El regreso de Trump a la Casa Blanca en enero de 2025 marcó el comienzo de una nueva era. Nuestro “mundo de ayer”, por decirlo con Stefan Zweig, ha terminado. Kaputt. Conviene darse cuenta lo antes posible. Hemos entrado en una nueva fase histórica, cuyas características son, naturalmente, aún inciertas. Intentaré esbozar sus contornos a partir de diez tesis.

1. El neoimperialismo sustituye al orden liberal global

El orden liberal global creado al final de la Segunda Guerra Mundial –frágil, perfectible, a menudo no respetado– es sustituido por una lógica imperial regida por una mezcla de ley de la selva –el más fuerte se impone– y reparto de zonas de influencia –se ha definido la nueva doctrina trumpista como “geopolítica hemisférica”– y un enfoque transaccional. Ucrania, Venezuela, Taiwán y Gaza lo demuestran. Probablemente sean solo el comienzo. El enfoque diplomático y el multilateralismo son cosa del pasado: a los organismos supranacionales como las Naciones Unidas ya no se les reconoce ninguna autoridad, ni siquiera formal. Ha llegado “la hora de los depredadores”, por citar a Giuliano da Empoli. 

Make Colonialism Great Again es un eslogan que circula en los círculos MAGA

Si queremos hacer un paralelismo histórico, la nueva era se asemeja a la época del imperialismo de finales del siglo XIX: no por casualidad, Make Colonialism Great Again es un eslogan que circula en los círculos MAGA. En el caso de los Estados Unidos, sin embargo, se trataría de un hiperimperialismo, es decir, un nuevo tipo caracterizado por una hegemonía militarizada, coercitiva y tecnológicamente impuesta sobre el Sur Global debido a la fase de declive que atraviesa el Norte Global. Por lo tanto, no se trataría de un retorno a la época imperialista clásica ni al anterior orden westfaliano, sino más bien de la instauración de un sistema internacional “neomonárquico” estructurado por un pequeño grupo de élites hiperprivilegiadas que buscan legitimarse apelando a su excepcionalidad con el objetivo de crear nuevas jerarquías materiales y de estatus

2. El neoliberalismo ha allanado el camino al nuevo autoritarismo

Los cimientos de la nueva era se están construyendo sobre las ruinas del neoliberalismo1. Hemos llegado a este punto tras tres décadas de hegemonía neoliberal que, a fuerza de golpes de piqueta y motosierra, ha derribado los muros de carga del edificio que con tanto esfuerzo se construyó después de 1945. En primer lugar, las políticas neoliberales –privatizaciones, precariedad laboral, reducción del gasto social, etc.– han debilitado el modelo de Estado del bienestar, aumentando las desigualdades y rompiendo la cohesión social. Todo ello, en segundo lugar, se ha visto reforzado por el hecho de que, como ideología, por muy “invisible” que sea, el neoliberalismo ha inculcado una serie de valores, como el individualismo exacerbado y la competitividad extrema hasta el punto de sellar una alianza con los sectores etnonacionalistas e identitarios de la derecha2. En tercer lugar, el concepto mismo de democracia ha sido vaciado de su componente social: la democracia formal –el respeto de (algunas) normas y procedimientos– ha sustituido a la democracia sustantiva, cuyo objetivo es la igualdad. 

El poder efectivo se ha desplazado hacia las élites económicas, con la consiguiente configuración de un sistema posdemocrático

En cuarto lugar, en un contexto marcado por la globalización neoliberal, el poder efectivo se ha desplazado hacia las élites económicas, con la consiguiente configuración de un sistema posdemocrático, en el que los cuerpos intermedios –partidos, sindicatos, asociaciones de la sociedad civil– se han ido desmoronando poco a poco, la participación se ha evaporado y la personalización de la política, facilitada también por la transformación de los medios de comunicación, ha favorecido la aparición de fenómenos “populistas”3. Por último, las políticas neocons posteriores al 11-S de 2001 –guerra contra el terrorismo, invasiones de Afganistán, Irak, Libia– han erosionado el orden internacional, fracasando estrepitosamente en su intento de exportar la democracia liberal. 

Como alertó Mark Lilla desde una perspectiva puramente estadounidense, al modelo rooseveltiano le sucedió a finales de los años setenta el modelo reaganiano que, aunque entró en declive con la Gran Recesión de 2008, hasta hace poco aún no había encontrado un sustituto4. En retrospectiva, el obamismo fue el último intento de mantener en pie un paradigma en declive, renovando solo su fachada, pero sin cambiar su esencia. 

3. Los tecnoligarcas se apoderan del Estado

En la era del neoliberalismo triunfante, la connivencia entre el poder político y el poder económico ha sido evidente. Ha habido resistencias, más o menos fuertes según los países. Se ha mantenido (no siempre, todo sea dicho) una apariencia de respeto por las reglas del juego: las influencias de las élites económicas eran visibles, pero se intentaba (al menos un poco) disimularlas. En la nueva era, en cambio, lo que se quiere hacer, se hace y se dice, sin ocultarlo. Esto se aplica tanto a la geopolítica como a las relaciones con los poderes económicos. 

La palabra “democracia” no aparece en los discursos de Trump, y no es ni de lejos uno de sus objetivos

Por un lado, Trump bombardea Caracas y arresta a Maduro para controlar directamente los pozos petrolíferos venezolanos: la palabra “democracia” no aparece en sus discursos y no es ni de lejos uno de sus objetivos, aunque fuese solo de fachada. Por otro lado, los robber barons del tercer milenio han establecido explícitamente una alianza estratégica con los nuevos líderes autoritarios: los tecnoligarcas de Silicon Valley no solo quieren llenarse los bolsillos de dinero, sino que, en primer lugar, defienden abiertamente proyectos autoritarios y antidemocráticos –nuevas monarquías absolutas eficientistas gobernadas por reyes-CEO, siguiendo el modelo de Qatar o Singapur, según las teorías de uno de sus principales intelectuales-cortesanos, Curtis Yarvin– y, en segundo lugar, quieren ser “intelectuales legisladores”, como afirma Evgeny Morozov.

Elon Musk y Javier Milei en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) de febrero de 2025. / Gage SkidmoreElon Musk y Javier Milei en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) de febrero de 2025. / Gage Skidmore

Elon Musk y Javier Milei en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) de febrero de 2025. / Gage Skidmore

En pocas palabras, con Peter Thiel, Elon Musk, Marc Andreessen y Alex Karp, hemos pasado de la unión entre la política y la economía de tipo neoliberal “clásico” a la voluntad explícita de capturar el Estado mediante la creación de un “complejo tecnológico autoritario” que tiene como objetivo controlar las infraestructuras de gobernanza.

4. Las autocracias electorales sustituyen a las democracias

En la nueva era, la democracia, incluso en su versión formal, se considera un mero adorno. De hecho, se ha reducido a una sombra de lo que fue. Ya en la era del neoliberalismo en declive, es decir, desde 2008 en adelante, el porcentaje de la población mundial que vive en democracia ha disminuido continuamente hasta alcanzar un mísero y preocupante 28 % en 2024. La tendencia es evidente. Desde hace unos veinte años estamos viviendo la primera gran ola de autocratización posterior a la Segunda Guerra Mundial, es decir, cada vez más países se convierten en autocracias electorales. Esto es, mantienen una apariencia de respeto por las reglas democráticas –incluso en la Rusia de Putin se celebran elecciones–, pero la democracia es, en el mejor de los casos, una cáscara vacía. Nos guste o no, la era que se ha iniciado quiere ser la era de las autocracias5.

5. La extrema derecha es el actor principal de la nueva era

Junto con los líderes fuertes –léase autoritarios– que están en el poder en medio mundo –Putin, Xi Jinping, Erdogan, Modi, los petromonarcas del Golfo, etc.–, en Occidente es la extrema derecha la que mejor representa esta nueva era. De hecho, avanza electoralmente en todas partes y ha llegado al poder en varios países: desde Estados Unidos hasta Argentina, desde Israel hasta Italia, desde Hungría hasta El Salvador y Chile. En cuanto tiene la posibilidad, instaura sistemas electorales autocráticos: se erosiona la separación de poderes, se ataca el pluralismo informativo, desaparecen los derechos para amplios sectores de la población. El líder fuerte se presenta como representante del pueblo, desprecia los controles democráticos y pone en marcha un proyecto etnonacionalista reaccionario. 

Aunque existen divergencias y peculiaridades nacionales –al fin y al cabo, cada partido es fruto de las culturas políticas de su propio país–, la extrema derecha debe entenderse como una gran familia global. Las referencias ideológicas y las estrategias políticas y comunicativas utilizadas son, de hecho, las mismas. Además, participan en las mismas redes transnacionales formadas por fundaciones, institutos y think tanks que en los últimos años han trabajado incansablemente para elaborar una agenda común, exportable y adaptable a los diferentes contextos: véanse la Heritage Foundation o la red National Conservatism. Además, Trump, Milei, Bukele, Orbán, Netanyahu, Meloni, Abascal, Ventura, Weidel, Le Pen, Farage, Wilders, Bolsonaro, Kast y compañía creen que están librando la misma batalla contra enemigos comunes, es decir, la izquierda, el liberalismo, el globalismo, el wokismo y lo políticamente correcto. Sus coaliciones parecen frágiles porque a menudo están formadas por sectores con intereses diferentes –pensemos en el trumpismo–, pero por el momento la esperanza de que se desmoronen no es más que un deseo inalcanzable. 

6. Más que fascismo, se trata de la renovación del pensamiento antiilustrado

A menudo se repite que lo que estamos viviendo es el retorno del fascismo, más o menos bajo otros ropajes. Aunque existen elementos de continuidad entre el fascismo histórico y la extrema derecha del tercer milenio –en algunos países más que en otros–, el concepto de “fascismo eterno” propuesto hace más de treinta años por Umberto Eco nos lleva por mal camino. Como señala Santiago Gerchunoff, el uso compulsivo del término –en sus más diversas variantes: fascismo tardío, fascismo fósil, tecnofascismo, etc.– muestra más bien “el deseo de encontrar una palabra mágica que conjure el peligro de abstracción de nuestro mundo y que, al mismo tiempo, cierre cualquier discusión”6. Nos tranquiliza, por así decirlo, llamar fascistas a las nuevas extremas derecha porque, en cierto sentido, nos da la falsa certeza de saber a qué nos enfrentamos. 

Ahora bien, las características de la nueva era no son las mismas que las del período de entreguerras: ha pasado ya un siglo desde los regímenes de Hitler y Mussolini. El mundo ha cambiado profundamente y nuestras sociedades lo han hecho en consecuencia: la política de masas ya no existe, la atomización es el sello distintivo de la nueva era. Por otra parte, ni siquiera en el pasado, en ese “mundo de ayer” muerto y enterrado, todos los autoritarismos eran fascistas. Digámoslo así: se puede ser reaccionario, nacionalista, autoritario y antidemocrático sin ser necesariamente fascista. Pero esto no hace que la situación sea menos grave. Lo que tenemos ante nuestros ojos es una nueva extrema derecha que defiende un autoritarismo posliberal eficientista y antiigualitario. Sus raíces se hunden en el pensamiento antiilustrado y en el reaccionarismo antiliberal de finales del siglo XVIII. En definitiva, se trata de una cultura política –plural, heterogénea– de larga trayectoria que se ha nutrido de diversas fuentes.

7. El extremismo es el nuevo mainstream

En las últimas décadas, las ideas extremistas se han normalizado. La ventana de Overton se ha desplazado radicalmente hacia la extrema derecha: ideas que se consideraban inaceptables se han convertido en sentido común y, como último paso, se incluyen en el ordenamiento jurídico. En Rusia y Hungría, la homosexualidad se compara legalmente con la pedofilia. En Estados Unidos, declararse antifascista implica ser considerado miembro de un grupo terrorista. Ya casi no escandaliza que importantes influencers MAGA afirmen en público que las mujeres no deberían tener derecho de voto, que el presidente argentino Javier Milei considere la justicia social un cáncer que hay que erradicar o que miembros del Gobierno israelí definan a los palestinos como “animales” y reivindiquen un genocidio en mundovisión. Las fantasías conspirativas se afirman a diestro y siniestro, empezando por la del Gran Reemplazo, según la cual las élites globalistas están llevando a cabo un plan para sustituir a la población europea por inmigrantes musulmanes. El presidente de la primera potencia mundial puede repetir que quiere anexionarse otros territorios, incluso de países aliados, como Groenlandia o Canadá, obviando el derecho internacional. Los referentes intelectuales de la nueva extrema derecha, como Curtis Yarvin, encuentran adeptos al afirmar que las democracias deberían ser sustituidas por nuevas monarquías absolutas y que los pobres deberían ser encerrados en una habitación y conectados día y noche a la realidad virtual.

La nueva era no es solo la época de la posverdad, la desinformación y los bulos, sino también aquella en la que el extremismo se ha convertido en mainstream. Además de las consecuencias de la hegemonía neoliberal, no se puede entender este cambio sin tener en cuenta el impacto de las nuevas tecnologías, que han permitido la viralización de ideas y narrativas extremistas y, por lo tanto, la normalización de la extrema derecha y el autoritarismo. No por casualidad, las dos últimas palabras del año del Oxford Dictionary fueron, en 2024, brain rot, es decir, “podredumbre cerebral” o “cerebro podrido”, en relación con el deterioro mental debido al consumo excesivo de contenidos online de baja calidad, y, en 2025, rage bait, es decir, “cebo de ira”, en referencia a los contenidos online creados para causar indignación y generar reacciones emocionales fuertes, aprovechando la polarización y el funcionamiento de los algoritmos de las plataformas sociales.

Trump en el Despacho Oval frente a Starmer, Meloni, Von Der Leyen, Merz, Macron, Stubb, Zelenski y Rutte en agosto de 2025. / TWH / Daniel TorokTrump en el Despacho Oval frente a Starmer, Meloni, Von Der Leyen, Merz, Macron, Stubb, Zelenski y Rutte en agosto de 2025. / TWH / Daniel Torok

Trump en el Despacho Oval frente a Starmer, Meloni, Von Der Leyen, Merz, Macron, Stubb, Zelenski y Rutte en agosto de 2025. / TWH / Daniel Torok

8. Los partidos y las instituciones democráticas viven una parálisis incapacitante 

A pesar de algunas victorias electorales y algunas decisiones acertadas, la mayoría de los partidos e instituciones democráticas no se han dado cuenta de que todo ha cambiado. Razonan con los viejos paradigmas y proponen recetas de antaño que, además de ser poco realistas en estos años veinte del siglo XXI, ya no tienen ningún atractivo, ni siquiera entre quienes las defienden. 

El establishment liberal ha visto cómo se le desmoronaba el terreno bajo sus pies, pero en lugar de dar un salto –o, al menos, intentarlo, como ha instado en repetidas ocasiones Mario Draghi, uno de los pocos exponentes lúcidos de las viejas élites–, intenta aferrarse al último trozo de roca, lo que, en el mejor de los casos, solo conseguirá prolongar su agonía. El ejemplo más claro es la respuesta de la Comisión Europea a las amenazas de Trump, con Ursula Von der Leyen arrodillándose en un campo de golf escocés ante los dictados del nuevo autoproclamado emperador de Mar-a-Lago, y Kaja Kallas fingiendo que nada ha cambiado en las relaciones entre Bruselas y Washington. 

En el peor de los casos, mostrando una increíble miopía, el establishment liberal intenta copiar a la extrema derecha con el objetivo de evitar ser canibalizado y superar lo que cree que es un huracán pasajero, lo que acaba por allanar el camino al autoritarismo posliberal. Así, vemos a una derecha democrática en claro declive y en profunda crisis de identidad –desde Merz hasta Macron, desde Tusk hasta Von der Leyen– e incluso a una parte de la izquierda socialdemócrata que ha perdido completamente el rumbo –desde Starmer hasta Frederiksen– aprobando políticas conservadoras y reaccionarias en materia de inmigración, defensa, seguridad, derechos o medio ambiente. A pesar de sus errores e incapacidades, son muy pocos –Lula, Sánchez, Sheinbaum, Petro, Mamdami– los que parecen entender el quid de la cuestión: nada volverá a ser como antes. 

9. La religión vuelve a ser un arma política

La nueva era se caracteriza por la renovada centralidad del uso político de la religión en todas las latitudes. Si bien el tema no es nuevo en el mundo musulmán o hindú, sin duda lo es en Occidente, donde, tras décadas de secularización, habíamos dado por amortizada la religión. Aunque aumenta el número de ateos y agnósticos, los nuevos líderes autoritarios utilizan la religión más que nunca, amparándose en la supuesta protección de Dios, como nuevos monarcas absolutos por la gracia divina.

Funeral de Charlie Kirk el 21 de septiembre de 2025 en Arizona. / TWH / Daniel Torok Funeral de Charlie Kirk el 21 de septiembre de 2025 en Arizona. / TWH / Daniel Torok 

Funeral de Charlie Kirk el 21 de septiembre de 2025 en Arizona. / TWH / Daniel Torok 

Encontramos sus variantes más dispares tanto en el mundo católico como en el protestante, evangélico y ortodoxo, pero también en el judaísmo, el hinduismo o el islamismo: la bendición de la invasión de Ucrania por parte del patriarca Kirill; las referencias al Antiguo Testamento de Netanyahu para justificar el genocidio de Gaza o la ocupación de Cisjordania; el uso que Modi hace del hinduismo; Trump, que se considera salvado por Dios por haber escapado al intento de asesinato de Boulder; Milei citando compulsivamente la Torá; Bolsonaro bautizándose en el río Jordán; la defensa de la identidad cristiana de Hungría e Italia por parte de Orbán y Meloni; las referencias a la Reconquista de Abascal y Ventura… Pero, sin salir de Estados Unidos, basta pensar en el funeral del supremacista blanco Charlie Kirk, en los tatuajes del secretario de Guerra, Pete Hegseth –la inscripción “Deus Vult” y la cruz de Jerusalén, símbolo del supremacismo blanco y referencia a las cruzadas medievales– o en las elucubraciones pseudoteológicas de Peter Thiel sobre el apocalipsis y el Anticristo. Un nuevo tipo de nacionalismo cristiano, que va de la mano del sionismo judío, está cada vez más presente con pensadores como Yoram Hazony o Rod Dreher y cada vez más activo también en las bases de la extrema derecha. Es una religión declinada de forma agresiva, excluyente e identitaria.

10. La respuesta al ‘¿Qué hacer? solo puede ser colectiva

La respuesta a la vieja pregunta leninista no caerá del cielo, ni será formulada por ningún intelectual. Solo podrá surgir de la sociedad, es decir, solo podrá ser colectiva. Me temo que llevará tiempo –seguramente años, probablemente una generación–, porque lo que hay que reconstruir, desde el punto de vista material y de valores, aumenta cada día que pasa. Ilusionarse con que una derrota de la extrema derecha en una elección concreta signifique un punto de inflexión es solo una mera ilusión. Mientras tanto, al menos se puede evitar caer en el abismo. 

Los partidos democráticos deberían evitar ceder a los cantos de sirena de la extrema derecha y defender las instituciones y los derechos conquistados. Las instituciones europeas deberían oponerse con fuerza al neoimperialismo autoritario estadounidense, evitando la no solución del apaciguamiento –un suicidio lento– y saliendo del letargo de la “vasallización feliz”: ahora mismo, hay que desengancharse de lo que se ha convertido en el lazo atlántico, construir una verdadera autonomía estratégica –que no puede ser solo militar y, mucho menos, sobre bases nacionales– y defender lo que queda del multilateralismo abriéndose a los actores democráticos del Sur Global. Como mínimo, se debería intentar gobernar la economía –redistribuyendo la riqueza y reduciendo las desigualdades– y situar en el centro de la acción política la cuestión medioambiental –que ahora ha pasado a un tercer plano– y la tecnológica con todo lo que ello conlleva –el fin de la dependencia de las Big Tech estadounidenses, cuyos proyectos autoritarios deben combatirse sin vacilaciones, y la reducción de la brecha con China7–. 

Sin embargo, es necesario replantearse completamente los paradigmas existentes: los antiguos ya no funcionan en esta nueva era. Por lo tanto, hay que empezar desde cero: reconstruir la sociedad –ahora licuada, atomizada–, crear un sentido de comunidad –que no sea el identitario y etnonacionalista de la extrema derecha–, volver a librar la batalla de las ideas –la extrema derecha lo lleva haciendo desde hace años y ahora está cosechando los frutos–, tejer alianzas y redes transnacionales –porque la solución no puede ser solo local–. Todos debemos sentirnos involucrados. 

Volviendo a las tres categorías de Hirschman, la “salida” no es una opción porque significaría dejar el campo libre para la imposición definitiva del nuevo orden autoritario, y la “lealtad” tiene poco sentido porque el establishment actual no tiene ideas o sufre una parálisis incapacitante. La única posibilidad es la “voz”, es decir la participación y la protesta8. Este debe ser el punto de partida.

1    Wendy Brown, En las ruinas del neoliberalismo: El ascenso de las políticas antidemocráticas en Occidente, Traficantes de sueños, 2021.
2    Véanse George Monbiot y Peter Hutchison, La doctrina invisible. La historia secreta del neoliberalismo (y cómo ha acabado controlando tu vida), Capitán Swing, 2025 y Quinn Slobodian, Hayek’s Bastards: The Neoliberal Roots of the Populist Right, Allen Lane, 2025.
3    Colin Crouch, Posdemocracia, Taurus, 2004.
4    Mark Lilla, El regreso liberal: Más allá de la política de la identidad, Debate, 2021.
5    Steven Forti, Democracias en extinción. El espectro de las autocracias electorales, Akal, 2024.
6    Santiago Gerchunoff, Un detalle siniestro en el uso de la palabra fascismo. Para qué no sirve la historia, Anagrama, 2025, pp. 80-81.
7    Véase Emanuele Felice, Manifesto per un’altra economia e un’altra politica, Feltrinelli, 2025.
8    Albert O. Hirschman, Salida, voz y lealtad. Respuestas al deterioro de empresas, organizaciones y estados, FCE, 1977.

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El Flus Flus 30

29 Noviembre 2016 at 22:09

Hoy te traemos buenos temazos de drum n bass, los delirantes Feebels en el radikal cinema de Josibear, una tortilla de collejas preparada por Caaaarl, ciudades misteriosas, las Zarpa news, jugamos al que preferirias, y sobre todo, desprendemos buen rollo desde la 101.8 Fm bajo los mandos de Guindiman. ¿Quieres más? Pues el próximo lunes […]

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El Flus Flus (8+9)

7 Febrero 2016 at 18:05

  Regresa el show más buen rollero de tu emisora favorita! Esta vez dos podcasts con noticias, homor, aragonés, buenos temazos, y un cierto sabor a despedida, que seguro será un hasta luego 😉 EL FLUS FLUS 8                           EL FLUS FLUS 9

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El Flus Flus (5)

22 Diciembre 2015 at 21:21

Volvemos con la fórmula del buen rollo vía radiofónica! Curiosidades, ciencia, elecciones, a escuchetes, marianico, el chistako de pilipon, llamas con sombrero, el wassap de la semana, barrios, consumo, y mucho más, en dos horitas de show que te dejará con  ganas de seguir enganchado a nuestra emisora!

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El Flus Flus (4)

16 Diciembre 2015 at 19:19

Ultimo podcast de El Flus Flus! Con la lección de A escuchetes, la nostradamus de los balcanes, resurrección, conspi, una moto que pone «palote», una nueva amiga de Zarpa, temazos de Kase O, Bomba stereo, Hipercore, y más!

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El Flus Flus ( programas 1 y 2)

24 Noviembre 2015 at 19:44

Un nuevo y energético programa arranca en tu emisora favorita! Guindiman vuelve a las ondas con «El Flus Flus», un magacine en el que podrás encontrar noticias, humor, información sobre consumo, noticias de las AAVV, chistes de esos tan malos que te tienes que reír, locuras que se encuentran en la red, conspiranoia, humor, curiosidades, […]

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La casa encantada

20 Febrero 2024 at 17:53

Compartimos una hora maravillosa con Jaime y Alicia que nos hablaron del libro de Jaime y de la epoca de ambos junto a Mauricio en Almagato. https://archive.org/download/almagato/almagato.mp3

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7x5 Alcoholicxs Anonimxs

10 Marzo 2024 at 12:50

 Recibimos en el estudio de A Melonera a compas de Alcholicxs Anonimxs para charrar con ellxs de su colectivo, como se acompañan, y del trabajo personal para sobrellevar una enfermedad estigmatizada por la sociedad.


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7x4 Los 100 con Elías

21 Febrero 2024 at 19:47


Celebramos nuestro magazine numero cien escuchando audios vuestros
y después entrevistamos a Elías, miembro del Sindicato de OOVV de Huesca que en marzo de 2023 crearon junto a otrxs compañerxs la SECCIÓN SINDICAL de CGT BAXTER SABIÑÁNIGO. Tras varias acciones de reclamación a la empresa por su incumplimiento de los procedimientos internos, de marcar el perfil y pensamiento de la sección en las asambleas de trabajadorxs en las negociaciones del calendario de 2024 realizadas los meses de octubre y noviembre pasados, el día 15 de diciembre de 2023 recibió una llamada a la oficina de RRHH para notificarle su DESPIDO.


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7x3 Lo que se viene

5 Febrero 2024 at 16:11

 En este programa charramos de autogestión, de la escuela de Caneto, de ambulancias, telesillas, tractoradas, helibike.

Dejamos el enlace al canal donde están las entrevistas y grabaciones de charlas: https://go.ivoox.com/sq/631950 

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MAGAZINE CULTURAL DEL ALTO ARAGÓN 7x2 Jai grandi

19 Enero 2024 at 10:35

 Volvemos a las ondas para recibir en el estudio de radio del CSA A Melonera a Demba, Ousmane y Khelo, tres de los chavales que a mediados del pasado octubre llegaron a la capital del Alto Gállego procedentes de las costas canarias a donde se habían desplazado en cayucos.

Junto a Pereira han creado una canción que nos habla del viaje que han tenido que realizar hasta llegar aquí.

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«Comprometidos con la verdad» lema de la I Jornada contra la desinformación organizadas por CLABE

16 Octubre 2023 at 12:53

El Club Abierto de Editores (CLABE), (@clabe_editores), celebra mañana 17 de octubre, en la Casa de América de Madrid, la ‘I Jornada contra la desinformación’ una iniciativa pionera en la lucha por la verdad y la autenticidad informativa. Bajo el lema ‘Comprometidos con la verdad’, el evento pretende abordar la problemática de la desinformación y sus implicaciones en la sociedad actual.

El evento contará con la participación de expertos en la materia como son: Martyna Bildziukiewicz (@MBildziukiewicz), jefa grupo trabajo East Stratcom (@eu_eeas), Comunicaciones estratégicas; Fernando G. Urbaneja, (@fgurbaneja), Presidente de la Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología del Periodismo de FAPE; Virginia Pérez-Alonso, Vocal de la Junta Directiva de CLABE y Directora de Público (@publico_es)

; Juan Zafra (@prensa14), Director General de CLABE; Rosalía Lloret, (@rlloret) Directora General de eldiario.es; y Raúl Magallón (@raulmagallon), Profesor del Departamento de Comunicación de la Universidad Carlos III, reconocido autor de ‘Unfaking News. Cómo combatir la desinformación’ y ‘Desinformación y Pandemia‘ y reponsable de la elaboración de la Declaración en defensa de la calidad democrática y cultural. Contra la Desinformación’ que se presentará en el evento.

En el marco de la I Jornada contra la desinformación presentamos la 'Declaración en defensa de la calidad democrática y cultural. Contra la Desinformación'.

El texto lo ha elaborado @raulmagallon, profesor @uc3m e investigador en este ámbito

Accede aquí: https://t.co/M6pYtpkBjv pic.twitter.com/2f4kWO94fx

— CLABE (@clabe_editores) October 10, 2023

El programa abordará una amplia gama de temas críticos, desde el papel de la tecnología en la propagación de la desinformación hasta la responsabilidad de los medios de comunicación en la promoción de la alfabetización mediática, así como la perspectiva europea, la desinformación durante los conflictos, el compromiso y el papel de los medios de comunicación, y cómo aborda la UE la desinformación. La participación de estos destacados expertos promete enriquecer el debate y promover iniciativas de interés de cara a la búsqueda de soluciones efectivas para abordar esta problemática.

La entrada «Comprometidos con la verdad» lema de la I Jornada contra la desinformación organizadas por CLABE aparece primero en Periodismo Ciudadano.

UPDATING NEWS: Información y democracia: «Más información no ha traído un mundo donde nos sintamos mejor informados, pero tampoco un mundo más democrático»

23 Mayo 2023 at 16:00

«La idea de estar informado, pero, sobre todo, de sentirse bien informado en este momento está en entredicho», nos expica Raul Magallón, (@raulmagallon ), periodista, escritor y profesor de periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid, hablando de su nuevo libro: UPDATING NEWS: Información y democracia.

Un nuevo trabajo que quiere ir un paso más allá, y tratar de explicarnos: «¿Por qué en este momento resulta más complicado reconocer la verdad si nuestro conocimiento sobre lo que somos es mucho mayor de lo que había sido nunca?

R.M- Más información no ha traído un mundo donde nos sintamos mejor informados, pero tampoco un mundo donde más información sea sinónimo de un mundo más democrático. La fatiga informativa, el papel de las redes sociales en la economía de la atención y su capacidad de viralizar lo emocional y el lugar de la desinformación como una disfunción normalizada e integrada en el sistema son algunas de las consecuencias más evidentes de esta situación. Por otra parte, la búsqueda de la verdad es un proceso mucho más complejo y aburrido que requiere más tiempo y tiene más matices que las narrativas que pretenden desinformar apelando a las emociones y buscando atajos intelectuales.

P.G- ¿Qué papel crees que jugará la desinformación en las elecciones a la Asamblea de Madrid, del próximo 28 de mayo?

R.MLa desinformación funciona mejor en escenarios de incertidumbre y desconfianza creciente en el sistema. En este sentido, los ciclos de actualidad determinan las narrativas preferentes de cada campaña electoral, si bien es cierto que hay narrativas globales que se adaptan a contextos locales.
Por otra parte, es importante que los actores, organismos e instituciones encargadas de velar por el buen funcionamiento de la máxima representación de la democracia que son las elecciones sean capaces de ser ágiles, transparentes y capaces de transmitir confianza ante cualquier cuestión relacionada con el proceso electoral.
En cualquier caso, son elecciones locales y autonómicas que no sólo se celebran en Madrid sino en todo el país y, por lo tanto, tienen sus propias lógicas locales y particulares que a veces coinciden y, otras muchas, compiten entre sí.

P.G- ¿De qué forma consideras que: «los sistemas democráticos están perdiendo la capacidad de creer en ellos mismos».

R.M- Los países que viven en democracia han dismi­nuido en la última década. Los distintos informes que intentan medir la calidad democrática de los países coinciden en el diagnóstico. Por ejemplo, los datos de The Global State of Democracy Report del año 2022 desta­caban que, entre 2016 y 2021:

el número de países que se dirigían hacia el autoritarismo era más del doble del número de países que habían avan­zado hacia la democracia.

(Raul Magallón).

R.M- Durante ese período, 27 países experimenta­ron una rebaja en su clasificación, mientras que solo 13 mejoraron.

P.G-¿A qué te refieres cuando hablas en el libro de «El acontecimiento mediático como catalizador político»?


RM- Cada generación tiene en su imaginario y en su memoria social y colectiva una serie de acontecimientos mediáticos e históricos que sirven de punto de referencia común, que aportan sentido a un pasado común y que establecen puentes y diálogos entre las historias personales y las colectivas.
Lo que hemos visto con el asalto al Capitolio en EEUU o el intento de asalto de los tres poderes en Brasil, es que hay determinados acontecimientos que intentan activar determinadas respuestas políticas y sociales.
Podemos pensar que son fenómenos aislados, pero también que el populismo no sólo tiene memoria sino que a partir de esa memoria ejercitada puede crear estrategias y tácticas cada vez mejor diseñadas a nivel global.

PG- ¿Qué papel juega, en este nuevo ecosistema informativo la irrupción de la Inteligencia Artificial?


R.M-Si pensamos desde el punto de vista del consumo informativo, una de las grandes diferencias entre el nacimiento de internet y la emergencia actual de la inteligencia artificial es que, en la actual economía de la atención, ésta no solo compite con internet o la televisión, sino que está en competencia con un mercado de la atención cada vez más saturado.
Sin embargo, si pensamos en la IA como una tecnología disruptiva creo que puede ser muy útil a la hora de encontrar patrones en grandes bases de datos, estructurar mejor las ideas y también a la hora de explorar futuros posibles. Ahí considero que nos puede ayudar, estableciendo distintas posibilidades para interpretar las consecuencias futuras de determinados hechos y acciones y poder adaptarnos más rápidamente a ellas.

PG- Sigues pensando que, como señalabas en «UnfakingNews. Cómo combatir la desinformación»«La alfabetización digital se ha convertido en una de las soluciones de consenso al problema de la desinformación».


R.M- Si cogiéramos una estimación moderada del tiempo de uso de redes sociales por parte de nuestros jóvenes, unas cuatro horas diarias, tendríamos un total de 1460 horas anuales de consumo de redes sociales. Pensemos que se estima que un estudiante de secundaria pasa entre 1000 y 1050 horas anuales en clase.
Es evidente que si nuestros jóvenes pasan más tiempo en redes que en clase,

necesitamos integrar la formación sobre las posibilidades, riesgos, limitaciones, etc. de esas redes en el curriculum escolar. No se entiende cómo no hemos podido integrar formalmente una sola hora de docencia para explicar una cuestión tan importante.

(Raul Magallón).

R.M- Los representantes políticos hablan de proyectos concretos, iniciativas particulares, etc. pero hace falta un plan mucho más ambicioso y un compromiso colectivo real.

P.G-En el último capítulo del libro señalas: «La última década no tuvo lugar porque no pensamos en cómo imaginar juntos la siguiente», qué quieres decir con eso exactamente.

R.M.- En realidad, es un guiño al sociólogo Jean Baudrillard que escribió en los años 90 “La Guerra del Golfo no ha tenido lugar”. Fue una expresión provocadora que no buscaba negar la realidad de la guerra sino todo lo contrario, explicar la importancia de los medios a la hora de configurar y marca la realidad compartida y la percepción de lo socialmente relevante. Aunque con matices, sigue teniendo vigencia la idea de que lo que deja de verse en los medios deja de tener relevancia social.
En la última década hemos hablado mucho del papel de las redes sociales, de la perdida de confianza en los medios de comunicación, de una tecnología que nos iba a permitir aumentar el número de países democráticos en esos rankings, de las posibilidades para luchar contra la desigualdad de la globalización, etc.
Sin embargo, la realidad es que hay -al menos- una generación que está determinada por la crisis de 2008, la pandemia y ahora las consecuencias de la guerra en Ucrania y el consiguiente aumento de las desigualdades.
Explorar las posibilidades democráticas de la próxima década pasa por establecer otro tipo de criterios más tangibles y también por tener el horizonte de expectativas mucho más claro sobre cómo reducir esas desigualdades, generar una mayor igualdad de oportunidades y aumentar el número de personas y países que confían en la resiliencia, eficacia y fortaleza de los sistemas democráticos.

P.G- ¿A quién le recomendarías leerlo?

R.M- La idea principal del libro es explorar los principales relatos y narrativas que nos han llevado a pensar que nos sentimos peor informados, que los sistemas democráticos ya no son tan atractivos socialmente y establecer un punto de partida para salir de esa dinámica de incertidumbre y desconfianza.
Creo que es un libro que conecta con la percepción de un diagnóstico compartido en torno al momento actual y que puede plantear desafíos intelectuales e interrogantes comunes. El objetivo del libro no es tanto que el lector pueda obtener respuestas, sino que genere nuevas preguntas y matices sobre algunas cuestiones en ese lector.

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