El artículo de Radios Libres para número 17 de la revista digital de Internet Ciudadana que lleva el título “Instalando Alternativas al monopolio digital”.
Te recomendamos este número de la revista que incluye temas de actualidad (y peligrosidad) como “Palantir: la piedra vidente que amenaza la soberanía de América Latina” (por Rafael Bonifaz); “Software libre, Cuerpos libres”, donde Cielito Saravia, de Bolivia, aborda la alianza pendiente entre la Comunidad de Software Libre y el movimiento Feminista, o las experiencias de robótica educativa en Argentina. La revista recoge también dos artículos sobre el FLISOL que se celebró en abril del 2026, uno de ellos escrito por Radios Libres que te presentamos a continuación.
El FLISOL es un “Festival” porque la idea es juntarse en un ambiente lúdico y cercano a compartir saberes en torno a las tecnología libres. Es “Latinoamericano” porque surgió en esta región en abril de 2005. Y es de “Instalación de Software Libre” porque ese fue su espíritu original: ayudar a liberar computadoras con programas informáticos que:
(1) se pueden ejecutar para cualquier propósito;
(2) su código interno está disponible para ser estudiado y modificado según las necesidades, por ejemplo para traducirlo a otro idioma;
(3) se pueden distribuir copias del mismo legalmente;
(4) y también difundir las copias con las modificaciones realizadas.
Libre, en castellano, no es sinónimo de gratuito. En inglés para ambas cosas se emplea la palabra “free” y eso a veces genera confusión. Entre las 4 libertades del Software Libre que acabamos de mencionar no hay ninguna que hable del precio. Si bien es cierto, la mayoría de software libre es también gratuito, hay algunos que requieren de un pago para ser usados.
Lo interesante de este movimiento es su filosofía que concibe el conocimiento como un bien común colectivo, también el que se deposita en la tecnología: “sabemos lo que sabemos porque lo aprendimos de otros”, afirma la sabiduría popular. Por eso, lo devolvemos de forma abierta a la comunidad.
Esta mirada, además, tiene ventajas técnicas importantísimas aparte de las filosóficas. La principal, que no convierte los desarrollos tecnológicos en cajas negras imposibles de auditar. El software libre es transparente, se puede verificar que hace lo que nos dicen que hace. Además, uno pueden construir con otras personas, en colectivo, adaptando lo que alguien previamente programó a las necesidades propias.
Difundir este paradigma es el objetivo central del FLISOL, por encima de finalizar las jornadas con cientos de computadoras migradas. Por eso, la mayoría de sedes organizan charlas sobre distintas herramientas y su uso, además de promover los valores del movimiento.
En la primera edición celebrada en 2005 se autoconvocaron 106 ciudades de 13 países. En esta última edición de 2026, celebrada el último sábado de abril en la mayoría de lugares –aunque cada sede puede ajustar la fecha a sus tiempos– , se registraron 139 nodos en la página oficial (https://flisol.info/)
Una de estas sedes fue la Universidad Técnica Nacional de Mendoza donde su Centro de Estudiantes Tecnológico Enrique Mosconi (CETEM) junto al colectivo Cybercirujas estuvieron encargados de la organización: “en el evento hubo charlas y talleres sobre programas libres para diseño, programación 3D, gestión radiofónica o herramientas para la investigación académica. Ademas, tuvimos un espacio permanente para la instalación de sistemas operativos y herramientas libres”, relata Pablo García, presidente del CETEM.
Una facultad pública que ofrece carreras relacionadas con la tecnología, “tiene la responsabilidad de formar profesionales que comprendan como funcionan por dentro. Promover un software que permite acceder al código fuente, fomenta el pensamiento critico y reduce la dependencia de soluciones privativas que tienen altos costos para la universidad y sus contribuyentes”, afirma Pablo.
Agustín Pérez, conocido como “Retsa” en el mundo del desarrollo de videojuegos, es parte de Cybercirujas, el otro colectivo convocante del FLISOL en el nodo mendocino. Retsa remarca la necesidad de “educar y difundir” que no hace falta depender de las grandes empresas monopólicas como Microsoft o Google: “hay herramientas desarrolladas por la comunidad, una comunidad inmensa que te apoya y acompaña. El mundo del software y la computación puede ser mil veces más divertido e interesante de lo que uno lo que todos creemos”.
En un momento histórico donde opacos algoritmos pertenecientes a tecnomagnates autoritarios están comenzando a tomar decisiones sobre ámbitos de los que depende la humanidad, abordar la tecnología como algo político es clave para Retsa: “estamos en guerra contra los grupos económicos hiperconcentrados que tiene el interés de forzar este capitalismo de datos y de vigilancia”.
En este escenario, Fractus, uno de los participantes del FLISOL, concibe el software libre como un “antídoto y pócima mágica para este mundo, y sobre todo para el que vendrá. Pienso en el software libre como principio aplicable a todos los ámbitos: el código de todo aquello que construye civilización debe ser abierto, criticable y libremente reproducible por la mayor cantidad de personas posible. Tanto las técnicas, como las maquinas, los rituales, las instituciones, las ideas y todo lo demás”.
Nunka Paka, se acercó por primera vez a un Festival de Instalación y regresó a su casa con su computadora liberada: “hace tiempo venía cuestionándome porqué muchas opciones tecnológicas se nos presentan como ‘únicas y predeterminadas’. Estoy disgustada con muchas cosas de Google, me molesta que tenga que actualizar Windows para seguir usando mi modesta PC que, considero, aun puede durar más. Hablé con una amiga y me contó de este mundo nuevo de software libres y me entusiasme en conocerlo. Como en otros ámbitos de mi vida, también en lo tecnológico, quiero encontrar la soberanía en lo que decido usar/habitar/construir/utilizar. Es una decisión política”.
Un mito que es necesario derribar es la dificultad del software libre. Hay personas que se imaginan una pantalla negra en la que incluyen comandos informáticos inteligibles. La interfaz de un sistema operativo libre es prácticamente igual que la de un privativo. Y lo mejor, es que se puede modificar y adaptar a tu gusto.
Interfaz Debian 13, sistema operativo libre GNU/Linux, con el entorno de escritorio KDE.
Sin embargo, tampoco es cierto que por ser libre, el software es más sencillo. Al igual que cualquier dispositivo, entraña cierta dificultad. La ventaja respecto a lo privativo, es que el ámbito de lo libre siempre existe una comunidad dispuesta a acompañar, no un soporte técnico a través de un bot. “Hasta ahora fue un poco difícil para mi porque desconozco mucho sobre programación e informática”, cuenta Nunka, “pero pedí ayuda a las mismas personas del FLISOL por el grupo de Cybercirujas y ellxs me acompañan en cada duda o dificultad. Eso lo hace más llevadero y menos frustrante. Además, me invita a investigar y a indagar que opciones alternativas puedo usar, respecto a lo que ya estaba acostumbrada”.
El equipo organizador ya está pensando en nuevas actividades porque, como comenta Guadix, otras de las integrantes de Cybercirujas, “es urgente seguir promoviendo debates y abrir perspectivas nuevas sobre la tecnología, y no hay muchos espacios en donde se ponga en cuestión a estas herramientas o hacia dónde está yendo la sociedad respecto a las tecnologías que se producen y usan, generalmente se impone el discurso de las grandes corporaciones frente al paradigma del software libre, colectivo y comunitario”.
Ya puedes ir buscando la sede más cercana para acercarte para la próxima edición del FLISOL en tu ciudad en abril de 2027. Encontrarás programadoras, diseñadores, artistas, creadoras de videojuegos, activistas y un montón de personas interesadas en liberar a la tecnología de sus cadenas.
Una iniciativa de la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (CLADE) en la que ha trabajado Radios Libres.
La IA ya impacta en múltiples aspectos de nuestras vidas. Además del laboral y el ecológico, una de las áreas que requiere mayo atención es la educativa: ¿cómo están afectando estas plataformas la forma en que aprendemos y educamos?
CLADE intenta responder estas preguntas en el marco del proyecto Educación en Voz Alta (EVA). En la guía, se aportar diferentes estrategias para incluir dichas herramientas tras discusiones críticas y pensando siempre en quien aprende.
Con este material se abona a la profundización de la reflexión sobre las posibilidades de un uso de la IA en sintonía con la perspectiva de la red sobre tecnologías digitales, es decir, basado en la ética y en los derechos humanos, priorizando el uso de tecnologías digitales libres, abiertas y desarrolladas para el bien común, aspirando la soberanía digital y a una alfabetización digital crítica.
Esta guía sistematiza y resume los contenidos del curso virtual “Uso crítico y ético de la Inteligencia Artificial en la ducación”, celebrado entre los meses de octubre y diciembre de 2025. Una capacitación organizada por la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (CLADE) junto a la Unidad Regional de Gestión de Educación en Voz Alta (EVA), una iniciativa financiada por el fondo de la Alianza Mundial por la Educación para la promoción y la responsabilidad social, curso en el que Radios Libres desarrolló la metodología y los contenidos y estuvo a cargo de la implementación junto al equipo de CLADE.
La Red de Radios Comunitarias y Software Libre (liberaturadio.org), a la que pertenece Radios Libres, presenta un nuevo Software de Automatización RAdial (SARA libre) que se suma a G-Radio, otro desarrollo de esa comunidad, y a Rivendell completando la familia de automatizadores con licencias libres que funcionan en distintas distribuciones GNU-Linux.
El próximo martes 19 de mayo de 2026, organizamos un taller de presentación de esta herramienta con el equipo de desarrollo, en los siguientes horarios:
Centroamérica y México 16’00 / Ecuador, Colombia y Perú 17’00 / Venezuela, Chile y Bolivia 18’00 / Argentina, Uruguay y Brasil 19’00.
SARA libre está en su fase ALFA. Esto significa que no se recomienda para usarse en las emisoras como automatizador principal. Esta primera versión se ha liberado para que más radios lo prueben y puedan reportar fallos (bugs) o hacer sugerencias.
Puedes descargar los archivos de instalación en la página web de SARA Libre. Y aquí tienes los videotutoriales realizados por Pablo López para comenzar a probar.
¿Qué puede hacer SARA Libre?
Compatible con GNU/Linux derivados de Debian 12+ y Devuan 5+, con soporte tanto para PipeWire como para PulseAudio.
Desarrollado en C++17 y Qt6. Usa GStreamer como motor de audio. 1.0 | SQLite WAL | CMake
Está diseñado para funcionar 24/7 en computadoras con hardware modesto con un consumo reducido de recursos de memoria y CPU.
Permite programar listas de reproducción por horario, eventos disparados a horas específicas, locuciones de hora, streams remotos, pisadores y crossfades configurables.
Eventos que pueden ser programados con prioridad, inmediatez y vigencia.
Se puede incluir nuevas pistas a varios eventos programados previamente.
Asistente en vivo (botonera) con 12 botones por página (presets) que se pueden guardar y configurar para que cada programa tenga la suya.
Locuciones de hora generadas automáticamente y programables en eventos o en programaciones musicales.
Reproducción de streams HTTP/HTTPS con reintentos automáticos si se corta la conexión.
Crossfades entre pistas y fade-out manual.
Pisadores automáticos o individuales.
Detección de silencio en archivos para auto-skip (salta a la siguiente si hay silencio prolongado).
Auditoría completa de reproducción y monitores particulares de reportes gráficos.
Modo manual o automático
Recuperación de estado tras corte de luz.
Distintos roles: operación, programación y administración. Con gestión de perfiles a través de contraseñas.
Preparado para funcionar en distintos idiomas y recibir nuevas traducciones.
¿Por qué se llama SARA y quién lo desarrolla?
Son las siglas de Software de Automatización RAdial. Además, le sumamos la palabra “libre” para enfatizar esta característica. Como sabes, la comunidad de LiberaTuRadio.org promueve el software y las tecnologías libres entre los medios alternativos y comunitarios. Además de libre (tiene una licencia GPL-3+) es gratuito.
SARA tiene opciones similares a otros programas de automatización radiofónica como G-Radio, Radit, Dinesat, Rivendell o Zara Radio. Pero se nutre de la experiencia de radialistas comunitarios de América Latina y el Caribe que se han involucrado desde el inicio al desarrollo, diseñando su arquitectura y lógica de funcionamiento. Algunos de ellos son José Luis Travieso (HiperActiva FM, Uruguay), Agustín Fontaine (Una Radio Muchas Voces, Argentina), Juan Burba (Radio Tierra Campesina, Argentina), Ana Salgado y Nacho Contreras (Radio Tsinaka, México). El desarrollo ha estado coordinado por Pablo López y Santiago García Gago, con la asesoría técnica de Javier Obregón. Nos hemos apoyado en herramientas de ia, principalmente Claude y los modelos abiertos de Qwen.
Si quieres ser parte de esta comunidad, probando, traduciendo, sugiriendo, visita la página oficial de SARA Libre o escríbenos.
Dos guías de DW Akademie para defender los territorios empleando el periodismo de investigación desde el abordaje de la Acción Sin Daño. Ambos tienen una licencia Creative Commons BY-NC-ND.
“Un periodismo al servicio de las comunidades que construye audiencias con ellas. Los medios comunitarios y algunos locales son los últimos bastiones de un periodismo directamente vinculado a sus territorios. Desde estos ecosistemas se puede realizar un ejercicio comunicativo relevante para la sociedad, que tenga impacto y que apunte a una posible incidencia en lo social-político”.
El núcleo metodológico propone ocho pasos que van desde la planificación estratégica y el mapeo de actores y riesgos, hasta la investigación periodística, la difusión participativa y la evaluación de resultados. La guía incluye herramientas prácticas pensadas para fortalecer capacidades y facilitar procesos colaborativos entre periodistas, comunicadores comunitarios y organizaciones indígenas, entre otros actores clave.
“La publicación demuestra que el periodismo local y comunitario, cuando está arraigado en los territorios y conectado con sus audiencias, puede cerrar brechas de información, fortalecer la participación ciudadana y contribuir a transformaciones sociales y ambientales. La guía invita, en definitiva, a repensar el periodismo como una práctica colectiva, útil y necesaria para la defensa de la Amazonía y para comunidades mejor informadas, críticas y articuladas.”
Radios, TIC y derecho a la comunicación. Compartimos el artículo que escribimos para el libro Lo ancestral funciona, una reflexión para intentar responder una pregunta clave en esta época: ¿Podemos resignificar las actuales tecnologías de información y comunicación?
Todo desarrollo tecnológico es hijo de su época y nace condicionado por el sistema económico, político y cultural del que surge. Los valores y creencias de quienes lo inventan lo moldean de igual manera. Las personas que posteriormente usen dichas tecnologías se las apropiarán de múltiples formas. Agregarán a la ecuación sus propios valores personales y sociales, transformando o resignificando los usos imaginados por los desarrolladores. Esos ajustes, sin embargo, siempre estarán limitados por los sesgos preexistentes en la concepción y posterior diseño del artefacto.
Por ejemplo, las tecnologías de telecomunicación que emergieron durante el siglo XIX –como el telégrafo, el teléfono y las radiocomunicaciones– nacieron en plena expansión del capitalismo financiero que genera riqueza a través de la especulación, algo que condicionó enormemente su modelo de desarrollo futuro. Los grandes magnates del ferrocarril que invirtieron enormes cantidades de dinero en instalaciones telegráficas, lo hicieron en beneficio propio y no para ofrecer un medio de comunicación a la sociedad. De hecho, aquellas familias adineradas –J.P. Morgan, Rockefeller, Vanderbilt o Gould– continúan, al día de hoy, interviniendo en el mundo de las finanzas. La prensa de aquel tiempo los bautizó como los “barones ladrones” por sus prácticas despóticas e ilegales para obtener ganancias que incluían la estafa y la coacción. Algo similar sucedió con distintas tecnologías de radiocomunicación. La mayoría de sus inventores –como Reginald Fessenden, inventor del primer transmisor que permitió emitir voz, o Lee de Forest, creador del audión, un pequeño amplificador de gran potencia que minimizó el tamaño de estos equipos– terminaron perdiendo sus propias empresas a manos de los socios inversionistas que solo se preocupaban por la rentabilidad del negocio.
“Los protectores de nuestras industrias”. Caricatura de Puck Magazine (1883). Muestra a los magnates del ferrocarril Cyrus West Field, Jay Gould, Cornelius Vanderbilt y Russell Sage sentados sobre bolsas de dinero a hombros de sus trabajadores. Imagen en Dominio Público.
Con este afán de lucro desmedido como objetivo principal de los desarrollos tecnológicos de la época, se originaron eternos litigios de patentes y disputas sobre su autoría. Se ignoraba, así, el carácter colectivo de todos estos avances, originados a partir de descubrimientos previos de otros científicos. Guglielmo Marconi nunca hubiera podido inventar su equipo de radiocomunicación sin las ecuaciones que formuló James Maxwell o los experimentos de Heinrich Hertz.
¿Qué hubiera sucedido con estas tecnologías si el modelo de desarrollo elegido hubiera estado abocado a garantizar derechos en vez de enfocarse en su rentabilidad?, ¿a dónde habríamos llegado si en vez del proteccionismo de las patentes los inventores hubieran contribuido abiertamente entre ellos?, ¿y si los Estados hubieran mantenido cierto control sobre su despliegue e implementación?, ¿o si en vez de hombres del Norte Global hubieran participado más mujeres y científicos del Sur?.
Preguntas como estas nos invitan a cuestionar el tan extendido paradigma de la neutralidad tecnológica. El debate no es si las tijeras sirven para hacer el bien o para asesinar a alguien, sino preguntarnos que sesgos transmiten o perpetúan. Algo que entienden perfectamente las personas zurdas que tienen que usar tijeras diseñadas para diestros.
El argentino Enrique Chaparro, miembro de Fundación Vía Libre, resumió este planteamiento en 2009 de la siguiente manera:1
Las tecnologías, en tanto producto de un sistema económico-político hegemónico, no solo están teñidas de ideología sino que además son vectores de ella. […] Es cierto que podemos subvertir algunos artificios tecnológicos, pero no podemos desprendernos de la ideología subyacente en el propio concepto del artificio.
Chaparro propone abordar el uso de la tecnología con una “visión crítica y razonable escepticismo”, desechando el estéril debate sobre los usos buenos o malos y las acusaciones cruzadas entre ciberutópicos y apocalípticos. De esta forma, se puede evaluar y cuestionar la veracidad de las promesas de progreso y modernidad que han acompañado el despliegue de cada tecnología de información y comunicación (TIC). Una invitación a situarnos como actores propositivos en la discusión sobre los modelos de desarrollo posibles y no como meras usuarias o consumidores fascinados por el último gadget o plataforma con la que el mercado nos pretende seducir.
Una actitud crítica que, históricamente, mantuvieron las radios populares, comunitarias y alternativas de América Latina y el Caribe, quienes concibieron la radiodifusión como un soporte tecnológico para promover el derecho a la comunicación. Un derecho éste, articulador y habilitador de otros derechos. A lo largo de todo el continente, estas emisoras hackearon la unidireccionalidad original del medio radiofónico, implementando una comunicación participativa de doble vía, como estrategia de democratización de la palabra. Eligieron el ámbito de la comunicación como un territorio en el que disputar la hegemonía a quienes tenían el monopolio en la creación de sentidos e imaginarios. Plantearon la discusión desde el plano político e ideológico, no meramente desde el tecnológico.
Estas radios, que se autodenominaron de formas muy diversas,2 constituyeron redes nacionales de coordinación y organizaciones regionales como la Asociación Latinoamericana de Educación y Comunicación Popular (ALER) y la oficina para América Latina y el Caribe de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC-ALC). Junto a otros colectivos vinculados a la comunicación, como la World Association for Christian Communication (WACC) o la Agencia Latinoamericana de Información (ALAI), ALER y AMARC-ALC elaboraron propuestas legislativas para garantizar el derecho de la ciudadanía a acceder a los medios de comunicación. Sus demandas –respaldadas en reiteradas ocasiones por organismos internacionales como la Unesco o la Corte Interamericana de los Derechos Humanos de la OEA– se podrían resumir en los siguientes puntos: entender la comunicación como un derecho antes que una mercancía; limitar la concentración de la propiedad evitando monopolios y oligopolios; fomentar el acceso equitativo a las frecuencias de radio y televisión para configurar un mapa mediático más plural y diverso; y disputar el poder dominante para que la ciudadanía participe ampliamente en el debate público.
Creemos que estos ejes de reivindicación y análisis no han perdido vigencia y son igualmente válidos para ayudarnos a entender y a transformar el sistema infocomunicacional contemporáneo.
¿Podemos resignificar las actuales tecnologías de información y comunicación?
Los medios populares y comunitarios han demostrado históricamente una notable capacidad para apropiarse y resignificar las TIC y ponerlas al servicio de sus fines políticos y comunicacionales. Sin embargo, sería importante analizar las estructuras y relaciones de poder actuales para evaluar las posibilidades de lograrlo en este nuevo escenario.
La propuesta es realizar este análisis desde tres abordajes complementarios: sirviéndonos de la economía política de la comunicación para entender la estructura de concentración de la propiedad de las TIC; observando los cambios que esta estructura híperconcentrada han provocado en las lógicas de producción y distribución de las industrias culturales; y por último, analizando cómo estas transformaciones están cuestionando la identidad de los medios populares y comunitarios.
1. Concentración del poder en favor de la restricción de derechos
A inicios de la década de los 90, las TIC comenzaron a llegar a las radios populares y comunitarias de la región. Computadoras, editores de audio digitales o receptores satelitales se integraron al trabajo diario de las emisoras. Incluso, había organizaciones sociales como Chasque, en Uruguay, Nicarao, en Nicaragua, o Ecuanex, en Ecuador, que ofrecían acceso a internet ante el desinterés de los Estados o empresas privadas por aquellas “nuevas tecnologías”.3
Con ese internet incipiente, en 1996, al equipo de AMARC-ALC se le ocurrió fundar Pulsar, una agencia de noticias que enviaba boletines por correo electrónico. Al año siguiente, ALER inauguró su red satelital descentralizada, llamada ALRED, a través de la cual intercambiaban todo tipo de contenidos y producciones. En aquel momento, estos nuevos soportes se asumieron como herramientas para amplificar las voces, aumentar la incidencia y alcanzar la tan ansiada masividad. Por fin, el sector alternativo tenía a disposición las mismas tecnologías que el comercial. En el tejado de una pequeña emisora popular del altiplano andino o una comunitaria de la Amazonía, se podía ver la misma parabólica que los medios comerciales instalaban en las principales capitales latinoamericanas.
A inicios de la década del 2000, se terminó de profundizar el proceso de privatización y convergencia de las TIC, fusionándose por completo el sector de las telecomunicaciones con los medios tradicionales y los nuevos canales de difusión digitales. Tras la grave crisis económica de 2008, el capital especulativo redirigió sus inversiones a las denominadas “plataformas”. Algunas ya consolidadas, como Facebook o Twitter, y otras que acababan de surgir, como Uber, Airbnb o Spotify.
Actualmente, una radio sale al aire por FM mientras alcanza audiencias mundiales por Youtube o un canal de streaming y difunde sus noticias por redes sociales corporativas. Resulta difícil no fascinarse con estas posibilidades para potenciar y amplificar las narrativas de un sector como el de los medios alternativos que siempre compitió en desventaja. El principal inconveniente es que la convergencia amplió a escala global los desequilibrios en la distribución de la propiedad de las tecnologías asociadas a internet y al resto de las telecomunicaciones de las que dependen actualmente todos los medios de comunicación.
Si los índices de concentración sobre las frecuencias de radio y televisión eran exagerados, los datos actuales son aún más escandalosos.4 Solo dos compañías se reparten el 99% del mercado de los sistemas operativos para móviles (Android con el 71% y iOS el 28%); en computadoras de escritorio las cifras son parecidas, el 87% de equipos usan sistemas operativos de Microsoft (72%) o de Apple (15%); dos navegadores tienen una cuota de mercado del 85% (Chrome 65% y Safari el 18%); un solo buscador, Google, acapara el 91.6% de las búsquedas; entre Apple eMail (56%) y Gmail (31%) suman el 87% de los buzones mundiales de correo electrónico; respecto al uso de redes sociales, entre Facebook, Instagram y Whatsapp suman más de siete mil millones de usuarios –las tres plataformas pertenecen a la misma compañía, Meta–. Si observamos la cuota de mercado entre los proveedores de infraestructura de nube para que terceros desarrollen sus servicios y aplicaciones, tres empresas se reparten el 66%: Amazon Web Services (31%), Azure Microsoft (24%) y Google Cloud (11%).5
Lo más sorprendente es que, aunque los datos corresponden a distintas capas o segmentos –sistemas operativos móviles y de escritorio, redes sociales, correo electrónicos o servicios de cloud– solo mencionamos a cinco empresas. Las llamadas Big Tech, conformadas por Google/Alphabet, Amazon, Facebook/Meta, Apple y Microsoft (GAFAM), controlan estos servicios globalmente, sobre todo en Occidente.6 Los ámbitos de dominio se expanden aún más si tenemos en cuenta que estas empresas están incursionando, por ejemplo, en la instalación de fibra óptica submarina. Las Big Tech acaparan prácticamente todas las capas que constituyen actualmente las TIC: desde la infraestructura física de cables y servidores hasta el software que usamos en los dispositivos finales.
Niveles menos exorbitantes de concentración, como fueron los del sector infocomunicacional en la década de los 70, contribuyeron a establecer un movimiento global que reclamaba la constitución de un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC). También impulsaron la conformación de un movimiento social latinoamericano por la democratización de la comunicación que consiguió que varios gobiernos de la región aprobaran, más de tres décadas después, leyes para garantizar el derecho a la comunicación.
Hoy pareciera existir cierta permisividad hacia estos oligopolio tecnológicos que, en cualquier otro ámbito, generarían, al menos, debates y preocupación. También en el sector de los medios populares y comunitarios que pareciera haber atenuado el espíritu crítico sobre las tecnologías en favor de un enfoque instrumental al incorporar estas nuevas herramientas de producción y difusión sin cuestionar quiénes son sus dueños o sus posibles impactos.7
No hay duda de que las redes sociales corporativas ayudaron a instalar en la agenda la lucha de los movimientos indígenas y campesinos colombianos del Cauca o visibilizaron los crímenes contra periodistas en México. Sin embargo, sus nombres no son recordados y sus stories no acaparan tantos likes como aquellas de los influencers, que enseñan a maquillarse o bailar una coreografía a sus millones de seguidores. Tras años intentando hacer la revolución desde Facebook o subvertir Twitter –ahora X–, los imaginarios y sentidos que triunfaron no fueron los que hubiéramos deseado. Los discursos de odio y negacionistas, la desinformación, la regresión de derechos que se creían ganados y la apertura de debates históricos que se daban por saldados, se impusieron con la complicidad de los dueños de estas plataformas.8 Espacios que se presentaban como ágoras públicas y democráticas exacerbaron el consumismo salvaje y el individualismo desmedido que el sistema capitalista busca, mercantilizando así todas las esferas de la vida, también las tecnologías.
Mientras, los principales magnates tecnológicos rinden pleitesía a líderes populistas como Donald Trump, quien tomó posesión de su segundo mandato como presidente de los Estados Unidos en enero de 2025 rodeado por todos ellos. Jeff Bezos (Amazon), Mark Zuckerberg (Meta), Sundar Pichai (Google) y Elon Musk (Tesla y X)9 abrazaron sus políticas de austeridad, conservadoras, negacionistas, machistas, racistas y homófobas. Estos modernos “barones ladrones”, ponen a disposición de Trump todo su poderío mediático y coquetean con total impunidad con los partidos de ultraderecha del mundo entero.
Los riesgo de depender de estos “señores feudales tecnológicos”10 para producir una comunicación contrahegemónica son evidentes. Significaría ir de la mano en esta lucha con los hombres más ricos del planeta. Por cierto, todos ellos blancos, heterosexuales, angloparlantes, y con ciudadanía estadounidense.11 Unos tecnomagnates que acumulan riqueza a unos niveles y con una rapidez nunca antes vista. Usar sus servicios incrementa, más aún, su poder y sus ganancias. Dinero que termina financiando a grupos con ideales antagónicos a los del movimiento popular y comunitario. Sería como aliarse en los 90 con los grandes grupos mediáticos comerciales que acusaban a estas radios de robarse el espectro o utilizar las ondas para fomentar el narcotráfico y el terrorismo.
2. Nuevas lógicas de producción al servicio de las plataformas.
La concentración y la profundización de la mercantilización y privatización de las TIC expuesta en el apartado anterior no solo tienen implicaciones económico-políticas sino que han alterado los modelos de negocio y las lógicas de producción y distribución de las industrias culturales. Es posible agrupar estas transformaciones en tres aspectos: la dictadura de los formatos, la dependencia de las plataformas de terceros, y la capacidad de elección de las audiencias en este nuevo escenario.
La dictadura de los formatos
Las redes sociales y el resto de plataformas de difusión de contenidos –independientemente de que éstas sean libres o privativas–, al igual que cualquier otra herramienta de información y comunicación, median y condicionan los procesos comunicativos: “activan y potencian nuevas prácticas y modos de acceder a la información, nuevas formas de organización, de movilización, de interacción, de comprar, de relacionarse”.12
Por ejemplo, el podcast, un formato habilitado por internet, revolucionó la temporalidad de la escucha al ofrecer la posibilidad de consumir “radio a la carta” frente a las instantáneas transmisiones en vivo. A partir de su popularización, las emisoras de todos los sectores se vieron obligadas a subir los programas a plataformas de podcast para responder a los nuevas prácticas de consumo de sus audiencias.13Algo similar ocurrió con las transmisiones de streaming de video a las que muchas emisoras se están apuntando, emitiendo en FM o AM y en simultáneo por YouTube o Twich.
Las dinámicas de distribución de contenidos en internet han sometido a todos los medios de comunicación, no solo a las radios, a una frenética carrera para adaptarse a la plataforma de moda. Sus lógicas de producción y difusión se alteraron, no por una convicción periodística o comunicacional, sino meramente comercial. Primero se vieron obligados a resumir una investigación en 140 caracteres; luego en stories de video de 30 segundos; y ahora deben gamificar sus contenidos e ignorar las clásicas reglas del periodismo en pos del clickbait y la monetización.
Esta evolución de la producción la imponen las plataformas que se nutren de una peligrosa economía de la atención. Los propios medios de comunicación fueron excluidos de esas decisiones, mucho más sus audiencias. Se les usurpó el poder de elegir la evolución de sus propias dinámicas de trabajo. La rapidez de estos cambios obliga a los medios a saltar de uno al otro sin tan siquiera terminar de adaptarse al anterior y, mucho menos, a reflexionar sobre su conveniencia o sus efectos.
El último informe sobre las tendencias del periodismo, medios y tecnología del Reuters Institute for the Study of Journalism University of Oxford alertó sobre “el poder disruptivo de la inteligencia artificial” y cómo está afectando, no solo a la producción de las noticias, sino también a su distribución. Esto provocó que los medios hayan visto descender drásticamente las visitas provenientes de las redes sociales más antiguas –“en 2023 el tráfico desde Facebook a los sitios de noticias cayó 48% y desde X [Twitter] disminuyó 27%”.14 Mientras, los chatbots gestionados con IA generativa se posicionan como los nuevos canales de distribución de la información a través de programas inicialmente concebidos para la mensajería instantánea interpersonal como Whatsapp. La mayoría de directores entrevistados en el estudio decidieron enfocarse más en esa plataforma, algo que también hicieron muchos medios alternativos en la región.
Esta dinámica se convierte en un círculo vicioso que los medios de comunicación no adivinan cómo romper. Por un lado se alarman por la incapacidad actual de las audiencias para consumir contenidos de más de un minuto de duración. Por el otro, se ven obligados a superficializar sus informaciones para aumentar el tráfico y subsistir así con la venta de publicidad digital. Mientras, compiten con influencers y creadores de contenido independientes que les superan notablemente en seguidores e incidencia.
Dependencia de plataformas de terceros
Además de modificar las lógicas de producción y distribución de múltiples formas, el uso de redes o plataformas corporativas acentúa la dependencia de terceros con los riesgos que eso conlleva para un medio de comunicación. El salvadoreño Leonel Herrera, expresidente de ALER, alertó en 2019 sobre estas herramientas corporativas: “responden al modelo de negocio de las transnacionales y no a la lógica de participación de la gente. En un momento dado cambia su modelo de negocio y dejan fuera a toda la gente que estaba participando en esa red”. Dos años después de estas premonitorias declaraciones, Elon Musk compró Twitter. Además de rebautizarla, impulsó cambios que han puesto en entredicho su continuidad.
La permanencia de estas empresas está ligada a su rentabilidad o al capricho del magnate que las controla y las vende o cierra de un día para otro. No hace tantos años el único chat era el de MSN Messenger. La red social de moda era Myspace. Second Life permitía vivir una vida virtual alternativa. Las fotos se subían a Flickr y los archivos se compartían a través de Megaupload. En pocos años, estas aplicaciones fueron cerrando o perdieron la mayoría de usuarios.
Ciertamente, mantener nuestra propia infraestructura es costoso, pero igualmente puede salir muy caro para un medio de comunicación delegar toda su memoria digital a una empresa sobre la que no tiene ningún control y con la que firma unos términos de servicio ilegibles que van cambiando constantemente. Acuerdos que se rigen por legislaciones de países en los que es extremadamente complicado reclamar si un día una de esas compañías censura un contenido y lo borra de sus servidores sin previo aviso.
Es frecuente que los medios populares y comunitarios ya no mantenga una web propia donde ofrecer sus contenidos que solo se encuentran en las plataformas corporativas. Ni tan siquiera guardan un respaldo en una nube propia o en la computadora local. Sería como entregar la llave de la antigua discoteca a los dueños de Google para que eliminaran vinilos a su antojo de un día para otro. O si Amazon controlara el transmisor de la emisora y decidiera el momento en que se apaga y se enciende. O como tener a Musk operando la consola y muteando discrecionalmente los micrófonos para silenciar ciertos mensajes.
Capacidad de elección de las audiencias en este nuevo escenario
En el ámbito de la radiodifusión, el ejercicio del derecho a la comunicación se vinculó estrechamente con el acceso al soporte tecnológico. Ese acceso lo podemos separar en dos partes, los equipos técnicos y la autorización legal. Para acceder a los equipos de transmisión hay que disponer de recursos económicos para comprar los dispositivos homologados. La siguiente es obtener el permiso del Estado para utilizar una frecuencia radioeléctrica de transmisiones. Cumpliendo ambas condiciones, una escuela radiofónica con suficientes recursos como Radio Sutatenza, logró equiparse con los transmisores más potentes del mercado y superó en cobertura a todos los medios comerciales de su país, llegando incluso a ser la cadena radial con más vatios de la región. O Radio Enriquillo, de República Dominicana, que con una programación innovadora, fresca y callejera, consiguió situarse como la emisora más escuchada de la zona.
A riesgo de que el planteamiento peque de reduccionista, ya que, ciertamente, hay otros factores que influyen en estas decisiones –sociales, culturales, económicos–, podríamos afirmar que contar con una licencia legal y con los recursos para garantizar los artefactos tecnológicos, sumado a la libertad de elección de la audiencia ante una propuesta comunicacional relevante, posibilitó a muchos medios populares y alternativos competir con los medios comerciales sin otro tipo de intervenciones o mediaciones. Incluso, en un sistema infocomunicacional que les era adverso. Por tanto, una política pública que garantizara el acceso a las frecuencias como soporte tecnológico y el acceso a recursos para adquirir los equipos, resolverían, en gran medida, la histórica demanda por el ejercicio del derecho a la comunicación.
Ahora bien, el escenario tecnológico actual es mucho más complejo. A esos factores que mencionamos, se suma un entramado de variables tecnológicas muy difíciles de controlar, incluso para los medios comerciales que pueden invertir cuantiosos recursos para intentarlo. En el ámbito de las plataformas y redes sociales comerciales –siendo las TIC más usadas actualmente–, tener a disposición y de forma “gratuita” ese soporte no garantiza posibilidades similares a las de la etapa anterior donde una radio tenía total potestad sobre el uso que hacía del transmisor y el resto de artefactos.
Hoy, esas tecnologías corporativos de las que dependemos, no solo no son propiedad de los medios sino que, además, aparecieron los algoritmos para mediar la interacción con las audiencias. Unos intermediarios que, lejos de ser inocuos o neutrales, favorecen a unos sectores frente a otros y ejercen de gatekeepers, censurando contenidos sin ofrecer explicación alguna. A eso hay que añadir que, de forma arbitraría y ocultando los motivos, las plataformas aplican filtros a cuentas o temáticas determinadas, lo que se conoce como showbaning. Y como las empresas dueñas son transnacionales que no están sujetas a políticas nacionales de comunicación, evitan cualquier tipo de restricción o sanción –además de ahorrarse el pago de impuestos–.
Asimismo, estos algoritmos restringen la libertad de elección de la audiencia. Si un usuario acostumbró al algoritmo que su preferencia son los medios de comunicación cercanos a una ideología determinada, muy probablemente ese algoritmo nunca le sugiera un medio de la ideología contraria. Incluso, aunque el periódico o la radio haya pagado para aumentar su visibilidad en dicha plataforma: “vivimos en una gubernamentalidad algorítmica”, afirma el reconocido comunicólogo Nestor García Canclini.
3. La disputa de la identidad de los medios populares y comunitarios
El comunicólogo Fernando Reyes Matta decía que “la comunicación puede ser alternativa solo en la medida que emerge y se sostiene por su capacidad para que puedan participar en ella sectores postergados” (1986). Actualmente, personas de esos sectores pueden intervenir en las conversaciones globales y lograr una incidencia mayor desde una cuenta personal de Tik Tok sin necesidad de la intermediación o representatividad de un medio tradicional.
El rol de los medios de comunicación en general, pero en particular el de aquellos que construyeron su identidad sobre la representatividad de los sectores oprimidos y olvidados, está profundamente cuestionado por estas nuevas lógicas de comunicación e información. El modelo que proponen las actuales plataformas mediáticas y las redes sociales corporativas se construye sobre individualidades en frontal oposición al modelo colectivo de la comunicación alternativa.
Precisamente, uno de los principales cismas de la comunicación popular a finales de los años 70 fue la preocupación por aumentar la participación de la comunidad. En una autoevalución crítica, identificaron que los maestros, curas y sindicalistas se habían apropiado de los micrófonos de las radios populares. Malinterpretando aquella frase de “ser la voz de los sin voz”, hablaban en nombre de la población en vez de abrir las puertas de la emisora o sacar los equipos a la calle para que los vecinos y vecinas se expresaran.
Manual de capacitación 1, “La entrevista” (ALER, 1983).
Es por eso que en la década siguiente, inspirados por las preceptos de Paulo Freire y los teólogos de la liberación, involucraron a sus audiencias en todo el proceso: desde el diseño de la programación hasta en la producción, operación y conducción de los diversos espacios de la radio. Pasaron de ser meros receptores que participaban de vez en cuando a convertirse en emisores y protagonizar el proceso comunicativo. Es por eso que la comunicación popular y comunitaria se gesta en colectivo, una minga de la palabra.
Más que en medios de comunicación, las radios se convirtieron en espacios de diálogo e intercambio de ideas, de articulación barrial, sindical o escolar. Muchas de ellas abrieron telecentros, cafeterías, restaurantes, no solo como fuente de sostenibilidad, sino como lugar para encontrarse. De esas articulaciones también surgieron conciertos, talleres o festivales de instalación de software libre. Y se fue conformando así un movimiento latinoamericano por la democratización de la comunicación sostenido por las coordinadoras nacionales, las redes regionales y las alianzas internacionales.
Toda este espíritu colectivo y comunal se opone diametralmente a las lógicas que promueven las redes sociales capitalistas que invitan, tanto a producir, como a consumir individualmente desde tu propio teléfono y plataforma. Y aunque los medios alternativos han intentado promover usos colectivos o disruptivos de estos espacios, ya expusimos las enormes limitaciones que tienen para hacerlo: tanto ideológicas –opuestas a los principios que defienden y promueven–; como políticas –son propiedad de los hombres más ricos y poderosos del planeta quienes sostienen el status quo que aspiramos a subvertir–; o de autonomía –generan una dependencia extrema de terceros sobre los soportes tecnológicos que usamos–; y periodística –condicionan nuestras lógicas de producción y la forma en que nos relacionamos con nuestras audiencias–.
Otros modelos de desarrollo posibles ya existen
Este texto no pretende ser una invitación para abandonar el uso de tecnologías. Todo lo contrario. Nos apasionan, tanto las radiofónicas como las tecnologías que nos permiten acceder a internet que, por cierto, contienen muchísimos servicios además de las plataformas comerciales. Cuando el movimiento por la democratización de la comunicación criticó la concentración de las frecuencias y se enfrentó al modelo de gestión del espectro que lo había privatizado y entregado el sector comercial, no se le calificó de “radioapocalípticos”. Eran conscientes del potencial de contar con medios propios para la construcción de esos otros mundos posibles y lucharon por ello. Por ese motivo, nos sentimos en la obligación y en la necesidad de debatir y proponer otros modelos de desarrollo tecncientífico que no dependan de los caprichos de un puñado de magnates multimillonarios, ególatras y vanidosos.
Creemos que, para actualizar aquellos planteamientos y demandas al contexto actual, podemos comenzar con algunas preguntas: ¿qué posibilidades tenemos de lograr un mundo más justo y equitativo, aliados con las empresas más poderosas del planeta cuyos dueños pertenecen a ese 1% que acumula más riqueza que el 95% de la población mundial? ¿Qué implica promover el derecho a la comunicación en este escenario de convergencia digital acelerada? ¿Qué impacto en el medio ambiente tienen los artefactos que usamos? En definitiva, ¿qué tecnologías necesitamos para el mundo que queremos construir y de qué forma nos apropiamos de ellas?
Para los sociólogos de la tecnología, existen cuatro formas de apropiarnos de los desarrollos tecnológicos.15 La apropiación adoptada o reproductiva de los usos, cuando es apropiada para los fines que fue desarrollada. La adaptada o creativa, se refiere a la innovación de usos originales más allá de los establecidos inicialmente en su concepción, usos denominados como “disruptivos”. La cooptativa, que excede el uso individual. Se presenta cuando una empresa o gobierno se apropia de una tecnología de forma directa, por compra o por imitación, casi siempre con un objetivo comercial. Y, por último, nuestra preferida, la creación tecnológica. En vez de incorporarse o apropiarse, la tecnología es directamente producida ya sea con fines económicos, sociales o activistas.
A lo largo de la historia de los medios populares y comunitarios, encontramos varios ejemplos en los que fueron innovadores en este sentido. Además de los proyectos mencionados anteriormente como la agencia digital Pulsar (AMARC-ALC), el sistema satelital ALRED (ALER) o el proyecto de Ecuanex promovido, entre otros, por ALER y ALAI, existen muchos más. A principios de los años 90, FM La Tribu de Buenos Aires, desarrollo su propio “tandero”, un automatizador de programación radiofónica que compartieron con otras emisoras. Años más tarde, impulsaron un sistema operativo libre GNU/Linux llamado Cafeína. También en Argentina, en 2010, la Red Nacional de Medios Alternativos (RNMA), junto a Antena Negra y el colectivo DTL, organizaron diversos talleres para que las radios fabricaran sus propios transmisores y antenas. Al finalizar la capacitación “llevaban consigo la tecnología necesaria para arrancar con un sueño”.16 Son apenas algunos ejemplos de creación tecnológica que representan la inquietud pionera del sector alternativo por desarrollar colectivamente sus propios artefactos tecnológicos.
Siguiendo la estela de aquella experiencias, otras organizaciones mantienen vivo ese espíritu, todas ellas con conexiones con el ámbito de la comunicación popular y comunitaria: Redes AC, Rizhomatica, Colnodo o Altermundi, promueven redes de internet, intranet y telefonía comunitaria en la región junto a varios medios alternativos; la Red de Radios Comunitarias y Software Libre acompaña a las emisoras que quieren liberarse tecnológicamente y desarrollan el sistema operativo libre GNU/Linux EterTICs y el automatizador G-Radio; o Internet Ciudadana, que agrupa a varias organizaciones que trabajan por una internet democrática y, entre otras iniciativas, facilita talleres para quienes quieren migrar al Fediverso, el universo de redes libres, federadas y descentralizadas, como Mastodon, Pixelfed o PeerTube.17
Más allá de las experiencias pioneras, el principal legado de los medios comunitarios y populares y las asociaciones que los articularon, fue politizar la discusión en torno al derecho a la comunicación. Su capacidad para movilizar a amplios sectores de la ciudadanía, propició la aprobación de varias legislaciones regionales que fueron elogiadas globalmente. E instalaron en la opinión pública la idea –secundada por diversos organismos nacionales e internacionales– de que sin medios comunitarios no hay democracia.
Es por eso que, antes de migrar a GNU/Linux o abrir una cuenta en el Fediverso –o al mismo tiempo, al menos–, hay comenzar tejiendo otros imaginarios en torno a la tecnología, no pensándola en tanto dispositivos o plataformas sino como sistemas de conocimiento y poder que reproducen o disputan hegemonía.
Esperamos que los argumentos expuestos a lo largo de este texto contribuyan en este sentido. Es urgente politizar las tecnologías. Cada día surgen más evidencias de que el modelo de desarrollo tecnológico capitalista y quienes lo lideran están poniendo en jaque a la democracia. ¿Lo vamos a permitir?18
Agencia Informativa del Foro Argentino de Radios Comunitarias (Farco).
Referencias bibliográficas
1 Publicado en “Tecnología: Definiciones. Muerde”, Colectivo La Tribu, 2009, pp. 73-74.
2 Mineras y sindicales, educativas, populares, comunitarias y ciudadanas. Emisoras rebeldes, clandestinas, insurgentes o revolucionarias. Sociales, asociativas, libres, participativas, independientes, interactivas, contrainformacionales o truchas. Indígenas, autónomas, comunales, rurales, campesinas, locales, barriales o vecinales; Cooperativas, escolares o religiosas. De mínima cobertura o baja potencia. Alternativas o alterativas, como decía Rafael Roncagliolo, por su objetivo es alterar el orden social y provocar.
4 Siempre se menciona el ejemplo de México donde un duopolio controla el 95% de las concesiones televisivas del país. Para un análisis completo de este panorama: La concentración infocomunicacional en América Latina (2000-2015): Nuevos medios y tecnologías, menos actores. Martín Becerra y Guillermo Mastrini. Universidad Nacional de Quilmes.
5 Datos obtenidos en enero 2024 de StatCounter, Litmus, Statista, Forbes y PewResearch.
6 El correlato chino de las GAFAM son las BATX: Baidu, Alibaba, Tencent y Xiaomi.
8 Zuckerberg anunció que terminará con su programa de verificación de información por terceros en Facebook e Instagram que había sido criticado duramente por Trump y Musk. Y Jeff Bezzos, dueño de Amazon y del periódico The Washington Post, expresó que “Escribiremos todos los días en apoyo y defensa de dos pilares: las libertades personales y los mercados libres”, lo que provocó la salida de su jefe de opinión y un alineamiento explicito a las ideas del nuevo Presidente de los EEUU.
9 Musk, entró a formar parte del gobierno estadounidense encabezando el departamento de recortes del gabinete (DOGE), blandiendo una motosierra que le regaló el presidente argentino Javier Milei. Además de paralizar las ayudas para el desarrollo del gobierno de los EEUU, propone le despido de miles de empleados públicos en todas las áreas gubernamentales.
10 Concepto desarrollado por Cédric Durand en “Tecnofeudalismo: crítica de la economía digital” (2021) y por Yanis Varoufakis en “Tecnofeudalismos: el sigiloso sucesor del capitalismo” (2024).
12 “Gritos en el coro de señoritas: la apropiación del rol político de las mujeres a través de los medios”, publicado por AMARC-ALC en 2008
13 No es algo circunscrito a la radio, los canales tradicionales de televisión han vivido un proceso similar por la presión de las plataformas de streaming. Ahora, la mayoría cuentan con sus propias plataformas donde ofrecen los mismos programas y series que transmiten en vivo pero “bajo demanda”.
15 “La apropiación de tecnologías en América Latina: una genealogía conceptual” (2019). Luis Ricardo Sandoval. Revista Virtualis.
16 Declaración de Juan Pablo Berch y Sofía Loviscek, del colectivo América Profunda y la inicicativa RadioxRadio. Hay registro de iniciativas similares anteriores. En octubre de 1991, AMARC-ALC junto a las organizaciones CEPES, ILLA y CNR y la cooperación de la fundación italiana Crocevia, realizó un taller piloto en Lima con 9 campesinos aficionados a la electrónica. En apenas 15 días, cada uno de los participantes fabricó su pequeña emisora. Luego, se mejoraron los prototipos y se modificaron para emitir a 20 watts. La experiencia se documentó en un manual que otras radios emplearon para elaborar sus transmisores artesanales.
17 Estas plataformas no tienen un enfoque comercial ni tampoco venden los datos de quienes las usan. Tampoco tiene publicidad ni están mediadas por algoritmos. https://radioslibres.net/fediverso/
18 “Politizar la tecnología: radios comunitarias y derecho a la comunicación en los territorios digitales” (2020), por Inés Binder y Santiago García Gago. https://radioslibres.net/politizar-la-tecnologia/
Participa de alguna de las casi cien sedes que se reúnen del 18 al 30 de abril para festejar el software libre.
El FLISOL es un espacio autogestionado por comunidades locales que, desde 2005, se encuentran para difundir el uso de software libre a través de distintas actividades: desde la instalación de sistemas operativos libres hasta charlas de divulgación y encuentro de usuaries.
El equipo de Radios Libres participará de las actividades de la sede en Mendoza. La cita será en la Universidad Técnica Nacional, Facultad Regional Mendoza, el sábado 25 de abril a las 14 hs. Tendremos: Charlas relámpago (10 minutos): presentación de proyectos, iniciativas, ideas, etc. Charlas largas (30 minutos): un tema en profundidad. Talleres (1 hora): espacios de experimentación práctica sobre un tema específico. ¡Y un espacio para instalaciones de distintas distribuciones de software libre durante toda la jornada!
Big Blue Button es una plataforma de videoconferencias diseñada para talleres, capacitaciones y clases en línea. Es software libre. Y puede ser instalado en un servidor propio, aumentando los niveles de seguridad, privacidad y autonomía.
Diversas organizaciones tienen “instancias” (servidores web donde está instalado BBB) que se pueden usar para videoconferencias.
La web del propio software ofrece una demo por si la quieres probar.
A continuación tienes un breve manual de uso, aunque la interfaz es muy similar al resto de plataformas de videoconferencias. Al inicio están las instrucciones para la computadora y al final las del celular.
Al entrar con el enlace de acceso debes ingresar tu nombre o nickname y aceptar los términos de referencia.
El sistema pregunta luego si quieres unirte con micrófono (podrás activarlo para hablar) o solamente como oyente.
Si te unes con micrófono, tendrás que permitir al navegador que acceda al micrófono. Dependiendo de si usar Firefox, Chrome y otro, la petición que aparece es distinta, pero debes seleccionar “Permitir” (1) y posteriormente “Unirse al audio” (2):
El sistema avisa que se está conectando.
Al entrar, en la parte interior (1) activas y desactivas cámara y micrófono. En la esquina inferior derecha (2) levantas la mano y reacciones. En la superior derecha (3) hay opciones para configurar o salir de la sala. Y en la esquina superior izquierda (4) se abre la lista de usuarias y usuarios y el acceso al chat.
Quien modera la sala puede activar las notas compartidas para anotar colectivamente. Y con el botón derecho sobre un usuario cualquiera, se le puede enviar un mensaje privado. Abajo está la caja para enviar mensajes.
En el teléfono celular, en la esquina superior izquierda, hay un icono que nos permite abrir el chat público. Y en la parte inferior están los mismos controles descritos para la computadora con los que activar y desactivar la cámara y el micrófono.
Una capacitación para entender cómo funciona la inteligencia artificial y practicar con aplicaciones y modelos abiertos. Fue organizado por AMARC-ALC, CPR y Radios Libres. ¡Descarga los recursos y vuelve a ver el video de la sesión!
La IA, sobre todo la Generativa, está cada vez más presente en nuestras vidas. Programa software, hace de psicóloga o de tutora de matemáticas e, incluso, locuta por radio. Todo esto nos impacta de múltiples formas, también en el trabajo de los medios comunitarios.
El objetivo del taller fue reflexionar sobre esas implicaciones desenredando los aspectos técnicos. Es decir, entendiendo cómo funciona internamente, qué son los “modelos de lenguaje” y por qué muchas veces la IA “alucina” o, directamente, se inventa las cosas. Una vez abierta la caja negra, exploramos de forma práctica aplicaciones de IA de código abierto que podemos usar en nuestras computadoras, sobre todo si estamos trabajando con información sensible que preferimos que se mantenga privada.
Aprende con esta videoconferencia cómo usar tu teléfono sin necesidad de que esté vinculado a Google y sin renunciar a ninguna aplicación. Un taller organizado por Internet Ciudadana.
Aunque lo ideal sería migrar el celular a un sistema operativo más libre, sobre todo después de los últimos anuncios de Google sobre lo que hará con Android, es una tarea compleja y avanzada. Por eso, este taller-conversatorio de iniciación celebrado el jueves 5 de marzo de 2026, se planteó como un espacio para dar los primeros pasos e ir liberándonos de los servicios de Google sin perder información ni dejar de usar las aplicaciones que necesites. En el video y en la presentación podrás:
aprender a desvincular tú celular de la cuenta de Google y gestionar los contactos o revisar el correo con otras aplicaciones.
instalar aplicaciones usando tiendas alternativas a Play Store.
configurar el celular para que las aplicaciones dejen de escuchar cuando no deben.
conocer aplicaciones alternativas para todos los servicios que te ofrece Google y otros proveedores de software privativo.
Un taller de Internet Ciudadana impartido por José Castro (Ética Digital), Miguel Guardado Albarreal (Comuna Digital) y Santiago García Gago (Radios Libres).
Si quieres enterarte de más formaciones como esta del colectivo Internet Ciudadana, puedes inscribirte en la lista de de correo escribiendo a esta dirección: fsi-alc@internetciudadana.net o visitar su web.
Compartimos nuestra contribución a la nueva revista de Internet Ciudadana. Este nuevo número, el 16, llega con artículos sobre la inteligencia artificial, la falacia de la neutralidad o la “ingenuidad tecnológica”, un término que bautiza este artículo y que pronunció alguien impensado.
“Desde hace tiempo existen múltiples pruebas de que algoritmos proyectados para maximizar la implicación en las redes sociales —redituable para las plataformas— premian emociones rápidas y penalizan en cambio expresiones humanas que necesitan tiempo, como el esfuerzo por comprender y la reflexión. Encerrando grupos de personas en burbujas de fácil consenso y fácil indignación, estos algoritmos debilitan la capacidad de escucha y de pensamiento crítico y aumentan la polarización social.
A esto se sumó una confianza ingenuamente acrítica en la Inteligencia Artificial como ‘amiga’ omnisciente, dispensadora de toda información, archivo de toda memoria, ‘oráculo’ de todo consejo. Todo esto puede desgastar aún más nuestra capacidad de pensar de modo analítico y creativo, de comprender los significados, de distinguir entre sintaxis y semántica.
Aunque la IA puede proporcionar apoyo y asistencia en la gestión de tareas comunicativas, eludir el esfuerzo de pensar por nosotros mismos y conformarnos con una recopilación estadística artificial, a la larga corre el riesgo de erosionar nuestras capacidades cognitivas, emocionales y comunicativas.”
Esta cita no es nuestra. Tampoco pertenece a Evgeny Morozov, Shoshana Zuboff o algún otro acérrimo crítico del actual sistema sociotécnico y sus plataformas digitales. Aunque no lo creas, estos párrafos son parte del “Mensaje del Santo Padre León XIV para la 60a jornada mundial de las comunicaciones sociales”. Una misiva plagada de párrafos contundentes que alertan sobre los riesgos de las actuales TIC digitales y los desafíos a los que nos enfrentamos como humanidad por la adopción acrítica de la Inteligencia Artificial.
A pesar de profesar un profundo ateísmo, más si se trata de una institución como la Iglesia Católica, no podemos estar más de acuerdo con las afirmaciones del Santo Padre. ¿Se habrá convertido León XIV en un ciberpesimista? ¿Estará apostatando de la tecnología? ¿Perdió la fe en las redes sociales? ¿En un agnóstico de la Inteligencia Artificial?
Nada de eso. Robert Prevost, nombre bautismal del Papa León XIV, solo analiza críticamente los riesgos del actual modelo de desarrollo de las tecnologías digitales de comunicación e información. Un modelo impulsado por un puñado de magnates autoritarios y financiado por poderosos fondos de inversión especulativa que, guiados por un afán desmesurado e ilimitado de riqueza, ignoran las repercusiones sociales de su avaricia, algunas de ellas señaladas por el Papa y por las que ya están enfrentando a la justicia.1
Muy probablemente, al abordar este tema de ese modo, el Papa se sienta como Juan el Bautista: un predicador en el desierto. O como Moisés, indignado ante una sociedad embriagada de tecnomisticismo que idolatra a ChatGPT o se postra ante la última aplicación de moda.
Sin embargo, León XIV no se amedrenta en su carta y, al igual que hizo Jesús cuando agarró el látigo para expulsar a los mercaderes del templo, azota directamente a los falsos profetas de esta nueva religión binaria: los fundadores de un “puñado de empresas” que, aprovechando el control oligopólico de los algoritmos y los sistemas de Inteligencia Artificial, son “capaces de orientar sutilmente los comportamientos e incluso reescribir la historia de la humanidad”.22
“Confianza ingenuamente acrítica en la Inteligencia Artificial”
Ciertamente, es muy sencillo claudicar y dejarse seducir por este nuevo becerro de oro que nos maravilla con sus prodigiosas capacidades de procesamiento informático. Sin embargo, el Papa alerta de los peligros de confiar ciega e ingenuamente en las promesas que acompañan el despliegue de la Inteligencia Artificial. Promesas tecnofetichistas que no son nuevas. Los mismos argumentos que hoy repiten los medios de comunicación, ponentes en webinarios académicos o tu cuñado en la cena familiar, son los que a finales de los 90 acompañaron el despliegue de Internet y, una década después, el desarrollo de las redes sociales y las plataformas 2.0.
También entonces depositamos en aquellos sistemas la esperanza para: democratizar la comunicación y conformar una esfera pública más plural, diversa e informada; empoderar a la ciudadanía para una participación política más activa; reducir la brecha digital; educar de forma innovadora y más eficiente mejorando las posibilidades de los estudiantes más desfavorecidos; aumentar la transparencia y la rendición de cuentas de gobiernos y empresas que serían fiscalizadas por la ciudadanía; o la creación de comunidades globales que nos permitieran alcanzar mayor equidad y justicia social.
Sería demagógico afirmar que nada de esto se alcanzó. Evidentemente, Internet y sus aplicaciones, posibilitan la producción colaborativa de conocimiento, permiten comunicarnos con una inmediatez impresionante, articular con personas de cualquier parte del planeta o aprender y divertirnos con memes y videos, entre otras muchas cosas.
Pero si profundizamos el análisis, ¿cuáles de aquellas promesas se cumplieron realmente?, ¿qué hemos logrado transformar estructuralmente?, ¿tenemos sociedades más democráticas y justas o creció la exclusión y la inequidad? Casualmente, la acertada carta del Papa coincidió con dos noticias globales que aportan respuestas concretas a estas preguntas.
Noticia 1: prohibiciones
La primera es que Francia y España, siguiendo los pasos de Australia, prohibirán el uso de redes sociales a menores de 15 y 16 años, respectivamente.3 Esta controvertida medida fue aprobada por mayoría en la Asamblea Nacional francesa –130 votos a favor frente a 21 en contra– y cuenta con el respaldo del 79% de los adultos y de un 67% de los jóvenes que la consideran justificada.
Estas leyes se aprobaron para mitigar los daños, evidentes y probados, que provocan en la salud mental de jóvenes (y adultos): “estas redes sociales prometían conectar, fragmentaron. Prometían informar, saturaron. Prometían divertir, encerraron.”, afirmó una de las diputadas que respaldó la iniciativa.
El presidente español, Pedro Sánchez, anunció que las plataformas como Instagram, Facebook, TikTok, Snapchat, X o Twitch, tendrán que implementar obligatoriamente mecanismos de verificación de la edad de quien accede. De esta forma, aspira a proteger a los menores del “salvaje Oeste digital” donde abunda la pornografía, la manipulación y desinformación, la violencia o los abusos.
Al anunciar las restricciones –que la Unión Europea está estudiando implementar en todos los países miembros porque “enganchan a los niños a algoritmos manipuladores”– Sánchez apuntó contra los “amos del algoritmo”, gobernantes de “Estados fallidos” donde no se respetan legislaciones ni se persiguen los delitos. Y señaló particularmente a uno de estos tecnooligarcas: Elon Musk y su Inteligencia Artificial Grok, investigado por la creación de millones de imágenes pornográficas de mujeres sin su consentimiento: “los directores generales de estas plataformas tecnológicas se enfrentarán a responsabilidades penales por no eliminar contenidos ilegales o que inciten al odio. Se acabó ocultarse bajo el código y decir que la tecnología es neutra”. Sus declaraciones le valieron los insultos de “tirano y traidor” por parte de Musk.
Noticia 2: rentabilidad
La segunda noticia que coincidió con la carta del Pontífice, fue el anuncio del crecimiento exagerado de las ganancias de las Big Tech, alimentado por las inversiones en IA Generativa. Tesla/X, Alphabet, Amazon, Meta, Nvidia, Oracle y Microsoft alcanzaron en 2025 “cifras inéditas” que no solo aumentan su ya inmensa riqueza –los dueños de estas empresas integran la lista de las diez personas más ricas del mundo, en el orden que las citamos– sino que consolidan su descomunal poder. Un poder que les autoriza a insultar presidentes o ignorar leyes.
No. El presidente español, en sus declaraciones, apuntó en la dirección adecuada al recordar que la tecnología no es neutra. Una falacia que, de tanto repetirla, se ha convertido en una especie de virtud teológica tecnocientífica.
Un mito muy útil ya que deriva la responsabilidad sobre quienes usan la tecnología y no sobre quienes la producen: “No son ellos a quienes hay que señalar, sino a esos traficantes que con sus algoritmos crean adicciones. Hay que neutralizarlos”, alegó el diputado francés Rodrigo Arenas, al oponerse a la ley aprobada en su país por creer que culpabiliza a las familias y profesores, cuando son las víctimas de las plataformas.
No existe la “neutralidad técnica”, ni siquiera de objetos sencillos como un martillo o un cuchillo. Desde una concepción instrumental y funcional, ciertamente estos artefactos pueden ser usados para algo bueno o malo. Eso no significa que sean neutras, porque cualquier tecnología está imbuida de valores humanos, empezando por los principios y la visión de mundo de quienes diseñan o financian. En ese diseño influyen también otros factores externos como el contexto social, económico, político.
Por lo tanto, no son solamente herramientas sin implicaciones éticas. Todas encarnan valores, principalmente cuando se integran dentro de un sistema tecnológico más amplio que modela los comportamientos sociales y consolida estructuras de poder.
No hay que perder la fe
El Papa León XIV termina su misiva con una recomendación: ser escépticos y no dejarnos dominar por la ingenuidad. Sin embargo, esa penitencia no implica perder la fe y dejar de creer en la tecnología.
Negar la neutralidad nos permite reconocer que todo desarrollo se rige por ciertas reglas, valores y normas que están presentes en el diseño de los objetos técnicos. Estas especificaciones integran lo que el filósofo canadiense Andrew Feenberg llama el “código técnico”. Este código naturaliza las decisiones de dominación como si fueran puramente técnicas o relacionadas con la eficiencia, neutrales, cuando son profundamente sociopolíticas y económicas. En el caso de las TIC y la IA, este código lo redactan los hombre (blancos, del Norte Global, heteronormativos) más ricos del planeta.
Feenberg, al igual que León XIV, nos invita a un “involucramiento táctico”. Esto significa apropiarse de los “elementos técnicos” para diseñar tecnologías desde otros paradigmas y alejarnos así de los códigos opresores. Solo evaluando seriamente sus impactos sociopolíticos o medioambientales podremos construir tecnologías con un verdadero fin democrático y liberador.
Por ejemplo, los elementos técnicos que permiten las creación de redes sociales se puede regir por un código técnico que favorece los intereses de un personaje como Elon Musk que nos traiciona entregando nuestros datos por varios puñados de monedas de plata o por otro que crea redes libres y diversas como las del Fediverso.4 Y así con cada una de las TIC digitales.
León XIV tiene claro que el código técnico que rige el desarrollo actual de la Inteligencia Artificial no augura un futuro prometedor para la humanidad. Sorprendentemente, su opinión coincide con la de Dario Amodei, que nada tiene que ver con la religión. Amodei es el director ejecutivo de Anthropic/Claude, una empresa fundada por exempleados de OpenIA (ChatGPT) que abandonaron la compañía debido a las polémicas decisiones de su presidente Sam Altman.
En un extenso manifiesto publicado en enero de 2026, Amodei afirma que “la humanidad debe despertar ante los peligros de la IA”5 . Y esboza cinco áreas críticas de riesgo: que la IA escape del control humano; que se use con fines destructivos; que se profundice la exclusión económica y se concentre más la riqueza debido a los cambios en el ámbito laboral que implica esta tecnología; que sea controlada por actores irresponsables y autoritarios concentrando el poder;6 y que no podamos enfrentarnos a los efectos imprevisibles de la IA. Cómo “única solución”, Amodei aboga por legislación y propone una “Constitución de la IA” definiendo claramente qué podrán hacer, y qué no, los algoritmos que rigen su funcionamiento.
Pareciera que la Inteligencia Artificial logró algo impensado: poner de acuerdo a ciencia y religión. Tanto la fe como los postulados científicos coinciden en recomendarnos que evitemos la confianza ingenua y acrítica en la Inteligencia Artificial y en todas las promesas que la rodean. Ojalá como humanidad estemos a la altura de dar respuesta a este desafío sin tener que esperar al Juicio Final.
Notas y referencias
“Los gigantes tecnológicos se enfrentan a un juicio histórico en EE. UU. por acusaciones de adicción a las redes sociales”. Meta, YouTube y TikTok acusados de crear productos intencionadamente adictivos y perjudiciales para los jóvenes. Meta, incluso, es consciente de que muchos de sus anuncios son engañosos o, directamente, estafas. Así lo evidencian documentos internos de la compañía que calculan que el 10% de sus ingresos se obtienen por estos anuncios fraudulentos, unos 15.000 millones de anuncios fraudulentos al día. Sin embargo, evitan tomar medidas porque eso implicaría perder miles de millones de ingresos por publicidad. ︎
Este empeño autoritario por reescribir la historia llevó a Elon Musk a ofrecer millones de dólares a Wikipedia para que cambie su enfoque, acusando a la enciclopedia colaborativa de ser “woke”. Al ignorar su propuesta, Musk anunció su propia alternativa Grokipedia, alimentada por su inteligencia artificial. ︎
Medidas polémicas sobre las que no se ha cerrado el debate pero que tienen su correlato en el mundo fuera de línea con prohibiciones para el acceso de los jóvenes a otros productos dañinos como la venta de alcohol o tabaco o el acceso a las apuestas deportivas. ︎
“Las redes sociales existentes se adaptan mucho mejor al programa iliberal que a un proyecto emancipador. Cuanto más disparatada sea la campaña, cuanto menos dependa de la construcción de lazos políticos sólidos, mejor es la relación entre esfuerzo invertido y resultados. Dedicando una hora al día a Twitter puedes convencer a millones de que la Tierra es plana y de que Hillary Clinton participa en una red de pedofilia satánica en una pizzería de Washington. Hacen falta vidas enteras de huelgas y asambleas para convencer a la gente de que el jefe que los explota es un explotador”, afirma el sociólogo César Rendueles en su último libro titulado “Redes vacías. Tecnología catastrófica y el fin de la democracia”. ︎
Hace dos años ya publicó otro con bastante repercusión sobre los posibles ámbitos donde impactaría la IA. ︎
Durante cuatro encuentros, entre julio y septiembre de 2025, docentes y estudiantes exploraron herramientas digitales libres, reflexionaron sobre el uso de datos y experimentaron con producción de contenidos en audio y video. Todo el proceso estuvo acompañado por materiales pedagógicos, asistencia técnica —presencial y virtual— y una metodología participativa que promovió el aprendizaje colectivo.
La experiencia culminó con la creación conjunta de un video grupal y una serie de podcasts, resultado del trabajo colaborativo entre estudiantes y docentes, y evidencia del potencial transformador de una educación digital crítica, inclusiva y participativa.
El próximo objetivo de las organizaciones participantes en la iniciativa sería replicar la experiencia en otras escuelas de la región y escalarlo para que sea incorporado en la política pública de educación en distintos países de América Latina y el Caribe.
El podcast de la experiencia
El Foro Argentino de Radios Comunitarias (FARCO) ha producido este audio sobre la experiencia que puedes descargar y transmitir por tu radio para que se conozca este interesante laboratorio de alfabetización tecnológica crítica. Hay testimonios de organizadores, docentes y estudiantes involucrados. ¡Quizás, al escucharlo, alguna otra escuela se anima a implementarlo!
En un mundo partido en dos, el Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) promovió, en la década de los setenta, un Nuevo Orden Económico Mundial. Para lograrlo, entendían, que era indispensable establecer un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC) que subvirtiera los escandalosos desequilibrios informacionales existentes. Una de esas asimetrías, denunciada por este bloque conformado por países del llamado Tercer Mundo, era que cuatro agencias del Norte global producían entre el 80% y el 90% de la información que se difundía en el mundo.
Unesco se comprometió con este debate convocando la Comisión Internacional para el Estudio de los Problemas de Comunicación –conocida como Comisión MacBride, por el apellido de su director–. El informe final terminó desencadenando una profunda crisis en el interior de la Unesco y la salida de Estados Unidos de la organización, al contener conclusiones tan contundentes como esta:
La libertad del ciudadano para tener acceso a la comunicación, como receptor y como contribuyente, no puede compararse con la libertad de un inversionista para obtener de los medios un beneficio: la primera es un derecho humano; la última permite la comercialización de una necesidad social. (MacBride et al., 1980, p. 42)
La academia latinoamericana también fue un actor clave en aquellos procesos estableciendo las bases conceptuales de los debates sobre el derecho a la comunicación. Fueron años de ebullición intelectual, de nuevas teorías y desarrollo de campos de estudio que después se extenderían por el mundo como la comunicación alternativa. Una época de alianzas estratégicas con las organizaciones regionales que promovían la existencia de medios de comunicación alternativos, populares o comunitarios y de trabajo conjunto en los territorios.
Objetivamente, hoy la situación es mucho más grave que la denunciada en los 70 por los no alineados. El monopolio que ejercen un puñado de megacorporaciones norteamericanas sobre las herramientas de comunicación e información es asfixiante ya que controlan todas sus áreas: desde la infraestructura física, hasta el código y las herramientas de difusión del contenido (Becerra y Mastrini, 2017).
Gracias a un lobby agresivo han implantado un modelo de desarrollo tecnológico sostenido sobre los pilares de la neutralidad tecnológica y la autorregulación. Así burlan las legislaciones nacionales y escapan a la fiscalización de los países que intentan controlar sus excesos. Al tiempo que se apoyan en una maquinaria publicitaria con la que construyen relatos de innovación y progreso para acelerar los ciclos de consumo envueltos en un fetichismo tech que nadie parece cuestionar.
Los medios de comunicación, la academia y los movimientos sociales parecen haber bajado los brazos:
La mayoría de medios de comunicación se han rendido a los algoritmos y producen noticias bajo los estándares y condiciones de la plataforma que esté de moda, más interesados en el clickbate que en informar a su audiencia. El resto, no da a basto intentando desmentir las fakenews que inundan las redes sociales.
Gran parte de la academia está más preocupada por la meritocracia del ranking y aborda la problemática desde una perspectiva instrumental en vez de aproximarse desde la economía política o la sociología, tal como lo hizo el Informe MacBride: niveles de concentración, imperialismo tecnológico, desequilibrio de los flujos de información o la necesidad de políticas nacionales que garanticen el derecho a la comunicación. Seguramente, si la Comisión se convocara hoy, hablaría de los derechos laborales de los trabajadores de plataformas, del nuevo proletariado cognitivo, del impacto ambiental de la fabricación de dispositivos o del derecho a la privacidad y al anonimato.
También parte de los movimientos sociales, incluso los que promovieron el derecho a la comunicación, abrazaron el discurso tecnosolucionista con la esperanza de resignificar las plataformas comerciales para amplificar sus demandas, al tiempo que las fortalecían y hacían más y más poderosas. Y quienes buscamos alternativas a este modelo no terminamos de encontrar un argumentario convincente que no esté teñido de una velo ludita.
Para agregar un nuevo elemento a este complejo escenario, la Inteligencia Artificial revive –una vez más– el tan manido argumentario del progreso, la modernidad y la neutralidad (“todo depende de cómo la usemos”) para consolidar sin oposición un nuevo ciclo de acumulación de capital especulativo sobre una tecnología digital como ya hicieron con Internet, con las redes sociales o con las plataformas. Un capitalismo digital –o tecnofeudalismo, si se prefiere– de rostro amable, cool y eficiente pero igual de voraz, peligroso y colonial que se alimenta de ingentes recursos naturales (Moreno, 2024; Binder y García-Gago, 2025).
Creemos que, para defender el derecho a la comunicación y promover la democratización de los medios de comunicación en este siglo, sería necesario radicar el debate, no desde un abordaje comunicacional o tecnológico, sino ideológico y político, tal como sucedió en los años setenta. Es urgente pensar y ensayar otros modelos de desarrollo para las tecnologías digitales. Modelos sostenibles basados en la gestión común, en la libertad y en el acceso abierto, con una perspectiva decolonial, antirracista y feminista, que pueden resumirse en estas cuatro líneas de acción:
1. Tecnologías apropiables: software libre
Al no utilizar tecnologías libres que puedan ser auditadas, modificadas y compartidas, se entrega el futuro de la comunicación a un puñado de empresas privadas: “En una sociedad moderna, quien controla el software controla la comunicación social. Controla quién puede comunicarse con quién, cuándo y para decir qué”. (Heinz, 2008, p. 94).
2. Infraestructuras autónomas
Es tan complejo y costoso gestionar las distintas capas que hacen posible Internet y el resto de tecnologías asociadas, que apenas un grupo reducido de grandes organizaciones, empresas, universidades y gobiernos se encargan de ello a nivel global. En este contexto, parecería reducida la capacidad de incidencia que los movimientos sociales y las organizaciones de base pueden tener, sobre todo respecto de las capas lógicas (software) y de infraestructura de Internet. Sin embargo, diversos proyectos en la región que gestionan comunitariamente redes de telecomunicaciones (internet y telefonía celular), intranets o servidores autónomos, demuestran su viabilidad Binder y García-Gago, 2020).
3. La privacidad como derecho
Para garantizar la privacidad en línea, una de las medidas a tomar sería impedir que las grandes plataformas accedan a la información personal que circula por Internet. Sin embargo, este volumen de datos crece constantemente, al igual que las vulneraciones a la privacidad. Por ejemplo, el número de asistentes virtuales para el hogar –estos aparatos a los que se les habla para que reproduzcan una canción o hagan una llamada– aumenta día a día. Para poder ejecutar estas ordenes, su micrófono está siempre encendido. Tras una investigación periodística Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft terminaron por reconocer que transcriben audios privados de quienes los usan. Las compañías alegan que lo hacen para “mejorar la capacidad de sus asistentes virtuales para entender el lenguaje humano” (del Castillo, 2019). Microsoft, incluso, se vio forzado a confirmar que transcribe algunas grabaciones de Skype. Sería escandaloso imaginar que algo así sucediera con el correo postal. Que se violara el derecho a la privacidad y se leyeran cartas para entrenar a un software de Inteligencia Artificial. Cuando estas prácticas se trasladan al mundo digital pareciera que no importa renunciar a derechos con tal de recibir un mejor servicio.
Decir que no te importa la privacidad porque no tienes nada que esconder no es diferente a afirmar que no te importa la libertad de expresión porque no tienes nada que decir; o que no te importa la libertad de prensa porque no te gusta leer; o que no te importa la libertad de religión porque no crees en Dios; o que no te importa la libertad de reunión pacífica porque eres un agorafóbico, perezoso y antisocial. El hecho de que esta o aquella libertad no tenga importancia para ti ahora mismo no quiere decir que la tenga o que no la vaya a tener mañana, para ti o para tu vecino (Snowden, 2019, p. 196).
4. Cultura libre y conocimiento abierto
Esta corriente concibe al conocimiento y a la cultura como bienes comunes y promueve los entornos abiertos de creación, difusión y distribución, respetando los derechos de quienes crean. Sus principios no legitiman la llamada “piratería”, es decir, usos no autorizados de obras literarias, artísticas o intelectuales. Por el contrario, este movimiento propone un sistema donde quienes crean puedan vivir de sus obras, las empresas intermediarias tengan márgenes de ganancia racionales y la ciudadanía tenga acceso asequible –que no quiere decir que en todos los casos sea gratuito– a libros, artículos, música, cine y otras creaciones culturales. Las TIC facilitan el surgimiento de estos entornos donde el soporte físico ya no resulta imprescindible y es más sencillo lograr un equilibrio entre derechos y beneficios.
A pesar de que en materia tecnológica el Informe MacBride fluctuó entre el paradigma desarrollista de la modernización y las teorías de la dependencia (Carlsson, 2005), dedicó un extenso apartado de recomendaciones defendiendo sus potencialidades al tiempo que abordó los peligros que presentaba su adopción: “el resultado depende de decisiones vitales y de dónde y por quién se tomen. Por lo tanto, es urgente organizar el proceso de decisiones en forma participativa, con base en una conciencia plena del efecto social de diferentes alternativas” (MacBride, 1980, p. 219). Una recomendación que complementa las cuatro líneas propuestas para promover un futuro democrático de las comunicaciones y las tecnologías.
Inés Binder y Santiago García Gago, son doctores en sociología por la UCM, comunicadores sociales, radialistas e integrantes de RadiosLibres.net. Residen en Mendonza, Argentina, y militan en diversos espacios que promueven las tecnologías libres. Son autores de “Politizar la Tecnología: radios comunitarias y derecho a la comunicación en los territorios digitales” y “Radios Pospandemia: herramientas y estrategias para la nueva normalidad”.
Quirós, F., y Caballero, F. S. (eds.). (2016). El Espíritu MacBride: Neocolonialismo, Comunicación-Mundo y alternativas democráticas (Vol. 4). Ediciones Ciespal.
Snowden, E. (2019). Vigilancia permanente. Editorial Planeta.
Winner, L. (2001). Dos visiones de la civilización tecnológica. En J. A. López, y J.M. Sánchez (Eds.), Ciencia, tecnología, sociedad y cultura en el cambio de siglo, p. 64. Biblioteca Nueva, Organización de Estados Iberoamericanos.
Un fanzine con las nociones básicas de tecnologías libres para diseñadores de comunicación visual.
Navegando por Mastodon, nos encontramos con este interesantísimo proyecto (¡además nos encanta los fanzines!). Diseñado por Gastón Hannay y Cristian Recoba (en el marco del Proyecto final de carrera de la Licenciatura en diseño de comunicación visual, FADU-FARTES, Universidad de la República de Uruguay), este fanzine tiene como objetivo que la comunidad estudiantil del diseño de comunicación visual incorpore las nociones del software libre como parte de su práctica y discurso crítico.
En Radios Libres, como hemos comentado en anteriores ocasiones, creemos fundamental promover las tecnologías libres en el ámbito académico. Con la excusa de que “enseñamos el que usa el mercado”, terminan generando dependencia e incitando a los consumidores a emplear un determinado software o marca (siempre privativos), en vez de desarrollar capacidades generales para que quien estudia tenga la capacidad de elegir la herramienta que más le convenga o se ajuste. En vez de educar desde valores como la colaboración, la cultura libre o los bienes comunes. Terminan “encerrando la educación en una caja”, como describen en el fanzine. Eso sin contar que se termina promoviendo la piratería al obligar a los estudiantes a comprar licencias para practicar en sus computadoras, algo imposible en la mayoría de nuestros países.
El texto aborda los fundamentos del software libre y la usabilidad y la experiencia de proyectos hechos con software libre. La idea es abordar el proceso de un proyecto de diseño de comunicación visual desde una metodología colaborativa, abierta y con el uso de herramientas de software libre.
Desde la web del proyecto puedes descargar el fanzine, conocer la metodología y ponerte en contacto con les autores. (Si en algún momento fallara el enlace, acá tienes un link alterativo).
Internet Ciudadana lanza el número 14 de su revista digital, un especial sobre los 20 años de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información.
Diez artículos que reflexionan sobre el panorama infocomunicacional y tecnológico y las posibilidades de revertir la tendencia actual, avocada al fortalecimiento de los oligopolios globales de las poderosas Big Tech frente a un modelo de desarrollo más cercano, dialogado y promovido por los pueblos.
Un llamado a la acción hacia la CMSI+20 y más allá. Y Webinario “A 20 año de la CMSI” organizado por Internet Ciudadana.
Como Radios Libres nos llamamos a esta campaña global promovida por el Foro Global de Justicia Digital (GDJF en su sigla en inglés) a veinte años de la conclusión de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información (CMSI). Visita la web de la campaña.
El Foro Global de Justicia Digital (GDJF en su sigla en inglés) es una coalición dinámica de organizaciones de la sociedad civil de todo el Sur Global y sus aliados en el Norte Global que se han comprometido a devolver el poder digital a todos los pueblos. A través de una acción múltiple basada en una perspectiva de justicia estructural, el Foro quiere hacer realidad la visión de un orden digital internacional equitativo, justo y orientado al desarrollo.
Veinte años después de la conclusión de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información (CMSI), nos encontramos en un momento de “ahora o nunca”. La visión de un orden digital centrado en las personas, inclusivo y orientado al desarrollo nunca ha parecido tan difícil de alcanzar, y sin embargo nunca ha sido tan urgente reivindicarla. El nuevo orden digital dictado por la codicia corporativa y el control estatal está muy lejos de los ideales de la CMSI (vea en el Comunicado de Johannesburgo de la GDJF nuestro análisis sobre lo que está mal en el statu quo). El armamentismo de los datos y la inteligencia artificial (IA) ya se ha traducido en precariedad laboral generalizada, desinformación, crímenes de guerra, aumento de la catástrofe climática y mucho más. Nuestra autonomía, capacidad de acción humanidad compartida y bienestar planetario están en peligro.
Necesitamos justicia digital, ¡ya! Tenemos que recuperar el paradigma tecnológico. Aquí están los 4 principios de la agenda propuestos por la campaña:
Agenda 1. Derechos humanos adecuados al paradigma digital
Agenda 2. Internet como patrimonio mundial de la comunicación
Agenda 3. Un orden económico internacional justo basado en el principio de no alineación digital
Agenda 4. Una transición digital sostenible que salvaguarde los derechos humanos de las generaciones futuras
Cómo un insignificante cambio que llega para “solucionarnos la vida” puede implicar que nadie visite tu página web o lea artículos como este. (Sumamos el audio de la entrevista que nos hicieron en “Una Radio Muchas Voces” sobre esta nota).
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Procesar y resumir enormes cantidades de datos y ponerlos a disposición de empresas, universidades o Estados. Analizar millones de informes médicos para realizar diagnósticos más precisos. O usos más cotidianos como traducir textos a otros idiomas, programar scripts informáticos o producir podcasts. Estas son algunas de las muchas funciones para las que actualmente se emplea Inteligencia Artifical (IA). Sin duda alguna, es uno de los avances tecnocientíficos más importantes de esta época.
Sin embargo, es conveniente recordar que la IA no es más que una programación informática que, al seguirse alimentando de cada vez más datos, aumenta su capacidad de ejecutar acciones. Eso no significa que aprenda en un sentido humano, a pesar de que este mito esté muy extendido.
De hecho, todos los desarrollos tecnocientificos relacionados con las TIC llegaron siempre acompañados de un optimismo exagerado y un misticismo mágico. Cuando apareció Internet nos prometieron que el desarrollo alcanzaría a todas las áreas desfavorecidas de la tierra o que sería un ágora democrática. Luego, que las Redes Sociales servirían para democratizar la libertad de expresión y pensamos que las podríamos resignificar para hacer la revolución. Veinte años después de su aparición estamos clamando por legislaciones que eviten que la juventud se exponga a estos espacios convertidos en burbujas de odio que promueven el consumismo y el individualismo exacerbado.
Y no, no ha sido porque las usemos mal. Como hemos repetido en otras ocasiones, las tecnologías no son neutras. Si desarrollamos ciencia y tecnología en un contexto monopólico de empresas que solo buscan ganancias desorbitantes, inevitablemente, estos son los resultados. Ese puñado de compañías se convirtieron en las más ricas del planeta, mientras continuan ignorando las investigaciones de sus propios empleados que alertan de los riesgos psicológicos y de adicción que pueden sufrir quienes usan sus plataformas.
Tampoco la IA es neutra. De hecho, se alimenta de los sesgos que tiene los datos con que se entrena y, esos sesgos, se transmiten a la decisiones que toma. (Por cierto, también se alimenta de ingentes cantidades de agua como ya hablamos en este otro texto).
Por ejemplo, si empleamos un modelo genérico de IA para procesar y resumir entrevistas de audio o un grupo de documentos académicos, ¿en base a qué hará ese recorte? Al no tener acceso para matizar ese algoritmo, por mucho que definamos la instrucción (lo que se conoce como promt) siempre existirá un recorte subjetivo. Ciertamente, también sería subjetivo el resumen que haríamos cada uno de nosotros y nosotras, pero tendríamos el poder de ponderar ciertos aspectos que a la IA se les escapan: como que estén más presentes las voces de mujeres o minorías porque siempre son relegadas; entender que la voz de los pueblos originarios no suele estar en los textos de historia porque tienen una tradición oral y siempre fueron los occidentales quienes escribieron sobre ellos; o que la academia suele priorizar teorías del norte global que son las más repetidas, en contraposición con los postulados de quienes investigan desde el sur global.
Pero hay otros peligrosos recortes que ya podemos cuantificar, que están simplificando –aún más– la forma en que aprendemos o procesamos el conocimiento, debido principalmente al modelo oligopólico privado de desarrollo tecnocientífico que venimos denunciando.
El buscador de Google se emplea en 9 de cada 10 búsquedas que se hacen en Internet. La posición dominante de esta herramienta de la compañía Alphabet –que se suma a la que tiene en otros segmentos con servicios como Youtube, GMaps, GDrive o GMail, entre un larguísimo ectcetera– le permite tomar decisiones que afectan radicalmente la lógica en que consumimos los contenidos en Internet.
Google nunca abrió su algoritmo por lo que solo podemos intuir por qué prioriza unas páginas web por encima de otras: una buena gestión de etiquetas en el sitio web con palabras claves, algo en lo que se afanan quienes hacen SEO (optimización de motores de búsqueda); que una página web sea enlazada por otras; y otras estrategias que quienes trabajan como community manager intentan adivinar.
Hasta hace unos meses, el buscador de la compañía funcionaba de forma sencilla. Alguien introducía una pregunta, por ejemplo, “cómo instalar una radio en línea” y en la página aparecían los resultados que Google filtraba en función del idioma de la búsqueda, del país o región donde te encuentres o, incluso, relacionándolo con tus búsqueda anteriores. Un necesario intermediario entre quienes creamos contenidos y nuestras audiencias, en un mar infinito de páginas web y plataformas de contenido.
Como gran parte de los ingresos de Google son por publicidad, entre los primeros resultados muestra algunos patrocinados, pero el buscador lo indica claramente. De este modo, sabes que aparecen destacados porque pagan y no porque tenga un buen posicionamiento dentro del buscador. Luego, promociona varios videos de su servicio Youtube. Y después, las páginas con los resultados que podías visitar para encontrar la respuesta a la búsqueda realizada.(Clic aquí o en la imagen para ver en grande).
Ahora bien, desde que Google incorporó por defecto a su buscador la “Visión general IA” (AI Overviews), al realizar esa misma pregunta, lo que aparece destacado en primer lugar es un resumen realizado por esa Inteligencia Artificial [1].
Aunque Google añade el enlace a los contenidos originales con los que confecciona dicho resumen, la mayoría de las personas se quedan con la respuesta que les ofrece el extracto y no visitan esos sitios. Incluso, a pesar de que el mismo buscador alerta expresamente de que “La visión general creada por IA puede cometer errores y, de hecho, los tendrá.” De ser un mediador necesario, Google paso a acaparar todo el tráfico que ya no se traduce en visitas a las páginas que proveen el contenido.
“Google se transforma en el ensamblador de contenido ajeno y de paso es el único que obtiene el tráfico que produce con las respuestas que ofrece. Gracias a eso, se queda con la audiencia”.
Esta nueva dinámica en las búsquedas se ha traducido en un descenso drástico de las visitas a las páginas web generadoras del contenido. Varios blogs venían alertando de esta situación pero, la pasada semana, la revista JotDown, lo cuantificó con los siguientes datos:
“Durante los primeros cinco meses de 2025, la versión digital de Jot Down ha perdido un 35,8 % de sus lectores. Las sesiones han bajado un 40,5 %, las páginas vistas un 15,9 %. Google nos ha traído un 31,8 % menos de visitas que el año pasado”.
Este descenso se suma al que ya venían experimentando por las visitas que llegaban desde las redes sociales “Twitter, un 56 % menos. Facebook, un 35 %”.
En un crudo editorial titulado “Qué hacer cuando nadie nos busca”, Jot Down pronostica que “la web, tal como la conocíamos, está dejando de existir” y llaman a conformar una “comunidad contralgorítmica”. Comunidad que, por cierto, lleva tiempo existiendo y sosteniendo alternativas como medios comunitarios, infraestructura autónoma o el fediverso.
Otros grandes medios internacionales, como New York Times o Wall Street Journal’s, han reportado caídas similares de su tráfico orgánico.
“En el caso de Business Insider, el descenso fue del 55% entre abril de 2022 y abril de 2025. Esta situación obligó al medio a despedir al 21% de su personal”.
Ciertamente, la IA seguirá avanzando. Las empresas siguen apostando a su desarrollo porque obtienen ganancias descomunales. Pero esos avances, que a veces parecen insignificantes y como usuarias valoramos porque nos “hacen la vida más sencilla”, van moldeando nuestros hábitos, nuestras formas de aprender y elaborar el conocimiento, de disfrutar del arte y la cultura, o de relacionarnos entre nosotres.
Usar una u otra tecnología es una decisión personal pero politizar su desarrollo es una cuestión que deberíamos asumir como sociedad. Al menos quienes tenemos la convicción de que la comunicación es un derecho humano y apostamos por las tecnologías libres y los medios comunitarios. ¿De qué sirve usar IA para llenar una radio o una página web de contenidos si nadie los lee, y si con ello no provocamos diálogos participativos o transformamos las condiciones de vida de nuestras comunidades?
Cuando este año estrenamos el nuevo logo, varias personas nos preguntaron si el símbolo que sustituye a la “O” era un ovni o un ojo divino que todo lo ve. Ninguna de las dos. Es un banquito de tres patas. Porque aunque nuestro proyecto se construye desde y para Internet, seguimos reivindicando esas antiguas tecnologías de comunicación que nos permiten sentarnos junto a otres, con un mate o un café, a dialogar.
[1] Google indica que si quieres ver los resultados sin el resumen, puedes hacer clic en los filtros superiores, concretamente en “Web” (está junto al de Imágenes, Videos o Herramientas. Pero eso solo puedes hacerlo una vez que ya te mostró los resultados, con el resumen Overview incluido. Nuestro querido Dani Cotillas (de Nodo Común, Comunicación Abierta o Club Manhattan) nos compartió un sencillo truco para que muestra los resultados sin IA y es sumar alguna mala palabra en la búsqueda como “joder”, lo probamos y anda :D.
Descarga los libros de uno de los comunicadores comunitarios más destacados de la región, fundador de Radialistas Apasionadas y Apasionados y de la oficina para América Latina y Caribe de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC-ALC). Entre ellos, el Manual urgente para radialistas apasionados, Ciudadana Radio, y muchos más.
Manual Urgente para Radialistas Apasionadas y Apasionados
Páginas para aprender a producir, para dominar el lenguaje del medio radiofónico y desempeñarse con profesionalismo en sus principales géneros y formatos.
Un manual indispensable para radialistas… ¡y para quienes capacitan a radialistas! 374 páginas llenas de buen humor, mejores consejos y excelentes contenidos.
Radio progreso: historias cabales, picantes y catrachas
Una emisora hondureña que plantó cara al golpe de estado del 2009 tramado por la oligarquía, el ejército y los Estados Unidos. Grabadora en mano, recogimos los testimonios de las compañeras y compañeros del equipo que vivieron esa mala hora.
¿Qué papel jugaron las radios de Fe y Alegría durante el golpe de estado contra Hugo Chávez en abril 2002? Este relato publicado por la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica, ALER, cuenta lo sucedido en aquellos tres días cuando los colegas de estas emisoras decidieron informar arriesgando vida y equipos.
La increíble historia de la radio minera Pío XII, en Bolivia. Emisora situada en el campamento Siglo XX. Los testimonios de mineros y amas de casa, de periodistas y locutoras, y de tres emblemáticos directores que marcaron esta etapa de la radio fueron recogidos en este libro.
Radio Venceremos fue una emisora guerrillera que funcionó durante toda la guerra de El Salvador, de más de once años. En ese contexto conflictivo, la radio no solo cumplió su rol de propaganda y de resistencia, sino que permitió brindar entretenimiento, música y humor a oyentes y tropas, manteniendo los ánimos de la ciudadanía en su lucha por conseguir la resolución del conflicto y el fin de la dictadura.
Si te interesa descargar las producciones de Radialistas o los libros de algunas de sus series emblemáticas como Un tal Jesús, Otros Dios es posible, 500 Eng-Años o Noticias de última ira, puedes visitar su página web: https://radialistas.net/