Incluso los muy pérfidos se han atrevido a explotar la nostalgia. Los museos sacan muy buenos dividendos exhibiendo los fósiles de nuestros antepasados. Hay que sacarle el jugo a esa historia tan sentimental de los campesinos y su folklore, las tradiciones y costumbres; con esos vestidos de antaño, y esos rostros arrugados y curtidos por el sol y esas manos deformes que los hacen aún más primitivos. Pura arqueología: el esparto, el barro, las piedras, las cañas, el cuero o la madera. La mutación se ha consumado y el gen urbano es el dominante. La fuente donde nace el arte popular y las raíces de un pueblo se ha extinguido por completo. Ayer con su yunta de bueyes el campesino cantaba y creaban poesía, hoy en un tractor con aire acondicionado un autómata recoge la cosecha aislado en su cabina escuchando el reguetón de moda. Ya nadie canta en lo campos, los campos se han marchitado, los cantores han desaparecido, igual que muchas especies animales también ellos se han extinguido. El colapso demográfico de la «España vaciada» es una sentencia inapelable.
Como quien prostituye una hija; los cortijos, fincas o parcelas propiedad de los campesinos fueron rematados al mejor postor. El campo simboliza el retraso y lo importante es tener una buena cuenta corriente en el banco. Los «catetos» ignorantes vendieron y venden el patrimonio familiar de generaciones para comprarse un Mercedes Benz y un piso en la capital. Regalaron la tierra a los extranjeros que no comparten las mismas tradiciones y costumbres e imponen sus propias leyes: cercan sus propiedades con alambre de púas, cierran los caminos y ponen letreros de «Prohibido el paso. Propiedad Privada. Perro bravo» o contratan un guardia jurado con una escopeta y un bulldog pues se sienten inseguros. Hay que brindarles paz y tranquilidad a esos seres superiores, a las elites dominantes. Las leyes amparan al individuo y la propiedad privada por encima del bien común. Un egocentrismo atroz ha carcomido el alma del pueblo que como nuevos ricos se han vuelto avaros y pretenciosos. Ahora sus hijos servirán en las fábricas o, tal vez, con suerte sean funcionarios en algún ministerio. El sur de Europa, el Mediterráneo, es el objetivo prioritario de la pequeña burguesía europea ávida de sol y playa, restaurantes, casinos y discotecas.
A finales del siglo XX una nueva oleada de emigrantes provenientes de todos los rincones del planeta llega a Europa a suplir el déficit de mano de obra. Ellos son los nuevos campesinos, son los nuevos peones y gañanes, los nuevos temporeros que producirán grandes beneficios a los empresarios. Los inmigrantes son los impulsores del tan mentado «milagro español», del renacer económico del campo que en algunas regiones gracias a las exportaciones deja multimillonarias regalías. Los siervos aumentan la producción a un bajo coste aunque la tierra se quede estéril al quemarla con tantos agroquímicos y pesticidas. Lo principal es que trabajen a destajo y recojan la cosecha en tiempo récord, que produzcan el triple, horas extras incluidas, y como indocumentados, mejor, pues eleva la plusvalía y se le resta un porcentaje de ganancias a la Seguridad Social. Se precisan más camareros que atiendan los restaurantes, más sirvientas en los hoteles, más prostitutas sudamericanas o de los países del este en los clubes de carretera, más africanos para el Maresme y más «moros» en el Ejido o en el campo de Murcia, más ecuatorianos en Huelva y, los que sobren, que se sumen a las obras públicas, la industria o la construcción porque así lo exige la ley de la oferta y la demanda. Y sin olvidarnos del primer mandamiento: santificar el trabajo. De la casa a la fábrica o al campo, es igual y luego a descansar unas horas frente al televisor para mañana temprano frescos rendir al máximo. Este es el futuro que nos espera: una generación de seres fríos y calculadores que glorifiquen el «time is money».
En los países europeos la población activa agraria representa el 9% del total y los patrones de comportamiento son similares al urbano. La agricultura en una alta proporción está mecanizada y se ha convertido en una actividad empresarial con fuertes aportaciones en capital. Hoy es imposible diferenciar en Europa una sociedad urbana de una rural. La ciudad ha absorbido y dominado el campo. La civilización postindustrial necesita un escape, una calidad de vida distinta, un regreso a la naturaleza pues todo el mundo quiere huir de la polución, de los ruidos, la delincuencia y los innumerables peligros que nos acechan. Las clases más adineradas empiezan a colonizar el campo instalándose en urbanizaciones y chalets en busca de esa tierra prometida donde gozar de un jardín, de una parcela, de un huerto y respirar aire puro para sentirse de nuevo humanos. Se crea, entonces, la «aldea virtual» con todas las comodidades y privilegios de la ciudad. Los que vuelven al campo no son campesinos sino ciudadanos con ansias de olvidarse de las tensiones de la gran urbe. El poseer una casa en el campo obedece a intereses capitalistas y de mercado.
Para el ciudadano español del siglo XXI lo ideal es vivir en un chalet pero cerca de una autopista que lo comunique a uno rápidamente con los grandes centros comerciales o la capital. Pero no importa pues hoy multinacionales como Amazon, Ebay o las empresas de delivery son capaces de traernos en un abrir y cerrar de ojos los productos más exóticos desde cualquier lugar del mundo. Las urbanizaciones privadas están de moda y las inmobiliarias las publicitan como el paradigma del bienestar. Aquí no se discrimina por raza, ideología o religión pues lo importante es que el cliente posea el patrimonio suficiente para pagarlas. El español medio desea ser propietario y no vivir de alquiler aunque tenga que empeñarse con un banco por el resto de su vida. Pero no se conforman con un piso sino que quieren una segunda residencia, o sea, un chalet en la playa o una casa rural en la montaña.
El campo otrora atrasado y aburrido se ha convertido en el paraíso perdido donde todos queremos regresar, pero, eso sí, como es de imaginar, en un auto de alta gama y con todas las ventajas y comodidades de la ciudad. De ahí el éxito de la «aldea virtual» y el increíble negocio de la urbanización del campo y por ende su aburguesamiento.
«Debemos llevar el Museo del Prado a todos estos pueblos. También es patrimonio suyo, no sólo de los habitantes de la capital de España», Bartolomé Cossío.
Salieron a las ocho de la mañana de
Madrid. Van en un viejo y destartalado camión Ford. Al conductor
analfabeto igual le da ir hacia el norte que hacia el sur. Llevar mucha
carga que poca le resulta indiferente. Cuando suben a la caja de su
camión un conjunto de grandes envoltorios, no siente la más mínima
curiosidad. Lo único que le interesa es el cobro del viaje. No sienten
lo mismo Antonio (Sánchez Barbudo) y Ramón (Gaya),
sus acompañantes. Ambos tienen 24 años y han estudiado Filosofía y
Letras en la Universidad de Madrid. Los dos son plenamente conscientes
de la trascendencia de su labor. Llevar la cultura a los pueblos más
recónditos de la geografía española es algo que merece la pena. Así lo
sienten, gracias a las palabras del gran maestro Bartolomé Cossío,
que les había inculcado la imperiosa necesidad y sublime trascendencia
de la tarea. La primera vez que se entrevistaron con él, salieron
profundamente impresionados. De todo lo que les dijo, especialmente
recordaban estas palabras:
Debemos llevar el Museo del Prado a todos estos pueblos. También es
patrimonio suyo, no sólo de los habitantes de la capital de España.
Tienen el mismo derecho a disfrutar las excelencias del arte de la
pintura. Tampoco quiero que vayáis a darles grandes lecciones que los
dejen impresionados. Tenéis que ser llanos y explicar todos los cuadros
de la manera más asequible posible.
Estas palabras tan claras calaron en el
espíritu de ambos jóvenes. Se sintieron obligados a contribuir en esta
tarea. Ramón, gran dibujante y pintor, ha realizado unas extraordinarias
reproducciones pictóricas de cuadros famosos de Pedro
Berruguete, Alonso Sánchez Coello, El Greco, José de Ribera, Francisco
de Goya, Diego Velázquez y Bartolomé Esteban Murillo. De todas
ellas la más lograda era la del Sueño de Jacob de Ribera. Antonio, por
el contrario, está dotado con el don de la palabra. Pintar para él es
algo inalcanzable. Lo había intentado en numerosas ocasiones. Fue
inútil. Tuvo que centrarse para aquello que estaba dotado. Hablar o
escribir no le suponía ningún esfuerzo. Sus conocimientos pictóricos son
grandes. Igual conoce la pintura flamenca qua la italiana. Lo mismo
habla de Rubens que de Rembrandt. En algunas ocasiones había puesto en
dificultades a su profesor de Hª del Arte en la Facultad, y eso que era
catedrático. Su facilidad en la palabra va pareja a sus conocimientos
artísticos. Comenzar a hablar y todo el mundo queda subyugado. No
rebusca el vocabulario; con las palabras más asequibles es capaz de
explicar los conceptos más complejos. Forman un tándem perfectamente
conjuntado, además de ser grandes amigos.
Noticia de la llegada del Museo del pueblo y Ramón Gaya a Castro del Río en 1935.
En todas las Misiones Pedagógicas que
habían participado lo habían hecho con gran ilusión. En ésta la ilusión
es todavía mayor. En el Informe, previo a todas las Misiones, se
reflejan múltiples y variados aspectos del lugar a visitar. Se hace una
descripción geográfica-económica de la comarca, distribución de la
población, comunicaciones, situación escolar y cultural, hospedajes,
fluido eléctrico, ambiente social y político, etc. Conocidos todos estos
detalles, ambos Ramón y Antonio, se percataron del carácter
profundamente conservador de Híjar, merced a los caciques y al clero.
Esto en lugar de amilanarles, les sirve de estímulo. Ya habían pasado
por circunstancias parecidas. Ya habían visitado otros lugares, donde
fueron recibidos a regañadientes, como si fueran unos advenedizos.
Conocían también que unos meses antes habían llegado, como avanzadilla
cultural, 2 bibliotecas: una escolar a instancias del Patronato de
Misiones Pedagógicas y otra pública-municipal, a instancias de la Junta
de Intercambio y Adquisición de Libros, gracias a un egregio turolense,
ministro de Marina, Vicente Iranzo. En el acto de
inauguración de la biblioteca escolar, presentes todas las autoridades,
había leído un discurso el Director de las Escuelas Graduadas, don
Leoncio, ensalzando la trascendencia de estas iniciativas culturales
para el progreso de los pueblos. En cuanto al funcionamiento de la
Biblioteca municipal a Ramón y Antonio les había llegado la noticia
gracias a Luis Buñuel de que el Secretario del Ayuntamiento había
establecido en el reglamento para su funcionamiento que los lectores
habían de dejar en depósito 5 pesetas ante los posibles deterioros del
libro.; y que por ende, la biblioteca era usada solamente por un pequeño
grupo de “gente bien” ya que la idea de dar libros a los campesinos,
pobres, a la Junta le parecía inadmisible. A Ramón y Antonio les
parece inconcebible tal reticencia hacia la lectura, por lo cual debían
redoblar sus esfuerzos en esta auténtica cruzada cultural.
Pensando los dos en estas cosas están,
cuando alrededor de las ocho de la tarde de un caluroso día de mes de
agosto, el camión cansado de tan largo viaje, tras recorrer una recta de
varios kilómetros, divisa en un profundo valle un pueblo, arremolinado
en torno a una esbelta y bella iglesia y un castillo de los Duques de
Alba. El conductor, harto exclama:
¡Hostias¡ Ya está bien, ya era hora. Este pueblo está donde San Pedro perdió el gorro. Parecía que no íbamos a llegar nunca.
Antonio y Ramón se alegran tanto o más.
Las largas horas de viaje agotan hasta el cuerpo más fuerte y lozano.
Pero sobre todo desean llegar para ver si se calla de una puñetera vez
el conductor, que no ha hecho otra cosa, durante el viaje, que quejarse,
blasfemar, lanzar improperios. En algunos momentos estuvieron a punto
de perder la paciencia. Aguantarlo les resultó un auténtico suplicio. Se
sienten por fin aliviados.
En la bajada de la cuesta se oye un fuerte
chirrido de los frenos del camión. Al lado derecho de la carretera se
ven abundantes campesinos; unos andando; algunos sentados encima de
alguna caballería cubierta con un esportón; y otros, los menos, en el
pescante de un carro. Todos, vestidos con ropas muy rústicas y pobres, y
además con muchos remiendos. Denotan sus caras cansancio y sueño; no en
vano, están metidos de lleno en la época de recogida de la cosecha de
cereales. Faena agrícola pesada y que requiere muchas horas de trabajo;
ya que muy de madrugada con sus carros han de transportar las mieses
desde los campos de cultivo, a veces muy lejanos, y tras depositarlas
en las eras cercanas del pueblo, iniciar la monótona trilla y tras
triturarlas, amontonarlas; esperando pacientemente que se levante una
pizca de aire, para aventarlas y separar de la paja el grano; y éste
metido en las largas talegas, portearlo con carros o caballerías a los
graneros, que suelen estar en el piso superior de la casa, para que se
oreen convenientemente. Son faenas agrícolas muy pesadas por sí mismas, y
por la época del año, en el verano sofocante. Contemplando a estos
labriegos, Ramón y Antonio se sienten muy apesadumbrados. Piensan que su
labor va a ser muy difícil. Habrán de esmerarse para interesarles en
las delicias del arte, por muy bellas y sublimes que sean las
reproducciones de algunos de los cuadros del Museo del Prado.
Sello del Patronato de Misiones Pedagógicas.
Se detuvieron en el puente del río Martín.
Antonio a una vieja esquelética, vestida toda de negro, con sayas y
pañuelo sobre la cabeza, después de detenerla con dificultad, le
pregunta por la sede del Ayuntamiento. Una vez lo sabe, junto con Ramón
suben por una calle empinada y estrecha; recorren aprisa unos 200
metros, giran a la derecha y tras atravesar un arco y recorrer otra, no
menos estrecha y angosta, llegan a la Plaza de la República, toda ella
porticada, en uno de cuyos flancos sobresale poderosa la fachada del
Ayuntamiento. Durante unos breves momentos disfrutan contemplando
aquella plaza, llena de sabor tradicional, en la que parece haberse
detenido el tiempo. Ninguno dice nada, tal era su sorpresa por
encontrarse un rincón tan acogedor y tan bello. No se dan cuenta de que
son observados por muchas miradas tras las cortinas de balcones y
ventanas. Ensimismados están, cuando un hombre, de unos cincuenta años,
gordo y de baja estatura, de aspecto agradable y simpático, con una
sucia y ajada gorra de alguacil les interrumpe:
-¿Son ustedes los que vienen de Madrid?
Le contesta Antonio:
-Sí somos nosotros. Hemos venido con el camión que trae el Museo Circulante. ¿Puede decirnos dónde se va a instalar?
El alguacil les dice que pueden descargar
todo en el edificio de las Escuelas Graduadas, a donde irán algunos
empleados del Ayuntamiento para ayudarles. Retornan al puente y
encuentran, como siempre, refunfuñando al conductor. Inician en el
camión de nuevo el trayecto, y llegan en breves momentos frente a un
edificio señorial, nuevo y de tres pisos, en cuya fachada aparece un
cartel grandioso con el nombre de Escuelas Graduadas. Allí está ya
preparada la brigada municipal, compuesta de 4 hombres. Ramón les
comunica que todos los paquetes contienen reproducciones de cuadros del
Museo del Prado y que deben descargarlos con mucho cuidado. Ninguno de
ellos dice nada; lo único que desean era acabar lo más pronto posible,
ya que estaban esperando desde el mediodía. Tanto Ramón como Antonio
vigilan concienzudamente la operación de descarga. No se fían en
absoluto. Están ya escarmentados, ya que en un pueblo de la Alcarria dos
reproducciones se resquebrajaron por la desidia de los operarios. Aquí
todo se hace pronto y bien, aunque deben subir la artística carga hasta
un primer piso por una estrecha escalera. Terminada la faena, la brigada
se marcha presta. Sólo permanece el alguacil, que les indica una Fonda,
Casa Asensio, donde el Ayuntamiento les había reservado tres
habitaciones. Les dice que está a su entera disposición para lo que
necesiten. Se despiden hasta el día siguiente a las diez de la mañana,
para verificar el montaje de toda la exposición, además del
cinematógrafo y la pantalla de proyección. Les extraña que ninguna
autoridad municipal ni ningún maestro se presentara a recibirles.
Marchan sobre las diez de la noche a la
fonda, ubicada en un monumental caserón viejo y destartalado. Tiene
numerosas habitaciones, amplias y espaciosas, de techos muy altos, con
pocos lujos; en verano eran frescas, en lo más crudo del invierno
gélidas; para combatir el frío, además de las mantas pesadas de algodón,
podía contratarse un brasero portátil para pasarlo por las sábanas, e
incluso, una bolsa de agua caliente; la cama, un armario acristalado,
dos sillas, un lavabo de madera era todo su mobiliario, además del
inevitable crucifijo; un baño compartido por planta. Todo forastero que
necesitara alojarse en Híjar, debía hacerlo aquí. Es propiedad de
Santos, de la familia de los Asensio, uno de cuyos antecesores la había
podido levantar, gracias al haber hecho fortuna en las Américas. Sale a
recibirles la casera, Dolores; una mujer madura, entrada en años, de
facciones dulces y con una sonrisa en los labios, que es de agradecer,
les pregunta:
-¿Cómo les ha ido el viaje?
Contesta Ramón:
Bien, pero se ha hecho muy largo. Son 400 kilómetros la distancia que hemos recorrido. Además en un viejo camión.
Nada más mentar esa palabra, el conductor hace un mal gesto, y con una mirada asesina, le replica:
Me cago en Dios. ¡Qué sensibles son estos señoritingos¡ Para lo que
me paga el Ministerio ya vais bien servidos. Además si os parece mal,
no haber venido.
Ramón está a punto de estallar. Se contiene. No es el momento adecuado. No hay mejor desprecio que no hacer aprecio.
La casera se siente profundamente molesta,
por su religiosidad, al oír aquella blasfemia. No obstante, haciendo de
tripas corazón, trata de mantener la calma y con palabras agradables,
les dice a los nuevos huéspedes que sus habitaciones están en el primer
piso. Éstos cogen su escaso equipaje y cada uno se precipita en la cama a
reposar, después de tan largo y ajetreado viaje. No bajan a cenar al
gran comedor que está en el piso inferior. Una muchacha joven les sube
un tazón de café con leche y unas magdalenas. Les resulta suficiente.
Los tres no desean otra cosa que descansar. Así lo hacen profundamente.
A la mañana siguiente, tras un sueño
reparador y un suculento almuerzo, compuesto de 2 huevos fritos con
chorizo y unos vasos del buen vino de la zona, Ramón y Antonio están
prestos a realizar el trabajo para el que se habían ofrecido
voluntariamente. Lo tienen todo perfectamente programado. Marchan sobre
las nueve y media de la mañana al Ayuntamiento, esperando encontrar
alguna autoridad municipal. Es en vano. Piensan ingenuamente que estarán
ocupados. Por fin pueden hablar con el Secretario del Ayuntamiento, que
les recibe cortésmente, aunque con cierta frialdad. Hablan con él sobre
temas triviales. Inesperadamente llega el alguacil, al que saludan.
Éste se pone a sus órdenes para cumplir todo aquello que necesitaran.
Ramón le pregunta:
¿Cuál es el medio que utilizan en este pueblo para dar a conocer las noticias?
El alguacil, contesta:
. Tenemos el pregonero. Éste va por las plazas principales y a golpe
de trompeta, lanza a los cuatro vientos sus pregones. Así suele hacerlo,
para los entierros, para la venta ambulante, para cuando entra el ador,
o cualquier otro acontecimiento.
Antonio, con curiosidad, le pregunta:
¿Qué es eso del ador?
El alguacil, sintiéndose importante, les contesta:
Entra el ador, cuando en Híjar se puede regar. No podemos hacerlo
todos los días. Hay unos días que pueden hacerlo los de La Puebla, otros
días los de Urrea; y otros, nosotros.
Replica, Antonio:
Es una palabra muy curiosa y que no la conocía.
Después de apuntar en su libreta la palabra, Antonio le dice:
Debes dar a conocer por los medios tradicionales que esta tarde, a
partir de las cuatro, los vecinos que lo deseen podrán visitar una
exposición de pintura en la sede de las Escuelas Graduadas, y a partir
de las ocho a una conferencia sobre determinadas pinturas del Museo del
Prado, por medio de unos representantes de las Misiones Pedagógicas.
Antonio tiene que escribirle en una hoja
de su libreta el pregón, ya que de lo contrario, dado el nivel cultural
del pregonero, se hubiera podido correr el riesgo de confundir a todo el
vecindario. Con el alguacil y la brigada municipal marchan todos hacia
las Escuelas Graduadas. El alguacil abre la puerta que da el patio de
recreo. Entran y suben las pronunciadas escaleras, hasta llegar a la
clase más espaciosa, donde la tarde anterior, habían depositado el
cargamento de la Misión.
Cartel de Retablo de fantoches, de la autoría de Cándido Fernández Mazas.
Antonio era siempre el que tomaba la
iniciativa en estos momentos. Recomienda calma a todos los trabajadores
de la brigada. Lo que ha de desenvolverse no son mercancías normales.
Son reproducciones de cuadros, hechas con mucho esmero y cuidado. Habían
sido dejadas en la pared más libre y espaciosa del aula. La primera
afortunada en salir a la luz es la pintura de Murillo, titulada El Niño
Dios Pastor. Todos quedan impresionados, al contemplar su contundente e
incuestionable belleza Durante unos momentos nadie se atreve a decir
nada, Todos están amansados. Ramón tiene que sacarles de aquel estado de
éxtasis, indicándoles que deben continuar su labor. A continuación le
toca el turno al Pelele del pintor aragonés Goya, que con su
espectacular colorido y triunfante vitalismo les deja anonadados. Siguen
la Resurrección del Greco con su explosión de color y exacerbado
misticismo; el Sueño de Jacob del gran Ribera, con su realismo barroco;
la Visión de San Pedro Nolasco de Zurbarán, con esos ropajes encolados
que pueden tocarse; las dos obras, la Infanta Margarita y las
Hilanderas, del más grande pintor barroco Velásquez. Continúan otras no
menos famosas. Las dos últimas, como el buen vino, para el final, fueron
de Goya, los Fusilamientos del 3 de mayo y la Maja vestida. Nadie
habla. Todos están como adormecidos. Ramón y Antonio están satisfechos.
La belleza por sí misma puede hacer milagros. Lo están contemplando de
una manera fehaciente. Aquellos hombres toscos y primitivos, se sienten
atraídos hacia el mundo de la belleza: algo que, a primera vista,
parecía imposible.
Todos los cuadros son colgados en las
cuatro paredes de la clase, siguiendo las órdenes estrictas tanto de
Antonio como de Ramón. Todos ya expuestos, iluminados por los rayos de
un sol radiante, que penetran a través de las amplias y espaciosas
ventanas, crean un universo esplendoroso de belleza. Aquella pobre aula,
con paredes desconchadas, acaba transformada milagrosamente en la más
bella sala del Museo del Prado.
A continuación, sacan con especial cuidado
de un cajón muy bien envuelto, una máquina cinematográfica, que colocan
encima de un cajón que servía de pedestal, situado sobre la mesa de
clase del maestro. Frente a él ponen un telón, que sirve de pantalla,
después de haber estudiado a conciencia los juegos de luces y sombras.
Hacen varias pruebas hasta que encuentran la situación más idónea, para
que las proyecciones sean los más claras y nítidas posibles. Ordenan
colocar estratégicamente una cincuentena de sillas, para que desde de
ellas se puedan observar sin dificultad tanto las reproducciones
pictóricas, como las proyecciones complementarias. Antonio y Ramón
preparan a conciencia todo; no quieren dejar nada a la improvisación.
Cuando todo lo tienen dispuesto a su gusto, dan por finalizada su tarea.
Ha llegado la una del mediodía. Los misioneros comunican a todos que
están invitados a tomar unos vasos de vino en la taberna más próxima.
Los miembros de la brigada, por primera vez, ríen y manifiestan algún
rasgo de alegría. Hasta entonces, todo habían sido malas caras. Todo
tiene un precio.
Salen prestos, a indicaciones del
alguacil, hacia la taberna de la Viuda, conocida por todos los vecinos
del pueblo. Está regentada por una mujer viuda, no escasa de carnes ni
de belleza, de una cincuentena de años, muy campechana y simpática. La
clientela era abundante, sobre todo, de las clases más humildes de la
localidad. Al lado estaba el Club, frecuentado por las clases más
pudientes; grandes terratenientes, potentados comerciantes, médicos,
veterinarios, secretario del Ayuntamiento…
Retrato de Manuel Bartolomé Cossío (hacia 1920).
Antonio y Ramón, solicitan unos porrones
de vino y una bolsa de cacahuetes, que pagan de su propio bolsillo.
Servidos con prontitud, todos hablan con cordialidad y familiaridad. El
vino sirve para hacer milagros. En las otras mesas, varios ancianos, de
piel curtida por una larga vida en el campo, vestidos de baturros con
cachirulo a la cabeza, beben, comen, fuman y hablan sin parar. Los
misioneros se sienten gratamente sorprendidos por el lugar y las gentes.
Su labor, además de sus charlas y exposiciones, se debe complementar
con el trato directo con las gentes de la calle. La taberna es un lugar
adecuado. Simpáticos y con don de gentes, pronto entablan conversación
con toda la clientela. Les preguntan por las cosechas, por el número de
habitantes, por las fiestas. Se lían unos cigarros con el tabaco de la
petaca del anciano de mayor edad. Invitan a todos a una ronda. Se crea
un ambiente de gran familiaridad, rompiendo la prevención que siempre la
gente del campo tiene hacia los habitantes de la ciudad. Se dan cuenta
que allí estaba el pueblo auténtico, sin malear, sano, aunque un tanto
precavido. Finalmente todos tienen que marchar a comer.
Antonio y Ramón llegan cansados a la
Fonda. En el comedor de la planta baja ocupan una mesa, cubierta con un
mantel de cuadros rojos sobre fondo blanco y los imprescindibles
utensilios para la comida. Está ocupado la mitad. Los comensales son
gente de paso; campesinos de pueblos vecinos que han venido a realizar
alguna actividad comercial o administrativa a la cabeza del partido
judicial; algún médico o funcionario del Juzgado que les resulta más
cómodo comer allí; además de algunos que vienen con el prurito de
enseñar cultura a los habitantes del lugar. Con prontitud la casera se
les acerca y les comunica los platos del menú. No hay mucho a elegir. De
primero, plato de judías verdes del tiempo o potaje de garbanzos; de
segundo carne de cerdo guisada con patatas; todo acompañado con una
espléndida y variada ensalada de tomate y lechuga. El postre es más
variado; melón, sandía, presquillas y tomasquinos de la huerta del
lugar. Antonio se siente sorprendido por esas palabras, de las que toma
buena nota, tras preguntar su significado a la casera. La presquilla es
el melocotón y los tomasquinos albaricoques. No se complican la vida
en la elección; comen judías verdes, cerdo y cuatro tajadas de un
suculento melón; acompañado todo ello con unos tragos de vino tinto en
un porrón. Por el cansancio, la comida y la bebida abundante, entran en
un sopor, que hace inevitable una reparadora siesta. Así lo hacen, no
sin antes comunicarle a la casera que los despertase a las tres y media.
Se abren las puertas de las Escuelas
Graduadas de par en par a las cuatro menos cuarto de una tarde tórrida.
Nadie parece tener mucho interés por visitar las espléndidas
reproducciones, colgadas con tanto mimo hace unas horas. Muchos están
enfrascados en las faenas agrícolas. Otros están echando la siesta. Los
demás tienen inquietudes de otro tipo. Los misioneros comienzan a
preocuparse y a preguntarse por los motivos de esta triste y lamentable
situación. Pecaban frecuentemente de ingenuidad. Esperaban siempre una
gran afluencia de público. Más nunca escarmentaban.
Antonio, profundamente entristecido, pregunta a su compañero y amigo:
¿Tan inculto puede ser este pueblo? ¿Qué podemos hacer? Con la
ilusión que hemos puesto todos en este tarea. En algunos momentos tengo
ganas de volverme a mi casa de Madrid, a leer y escribir, a pasear por
el Paseo del Prado con alguna chica bonita.
Ramón le responde, igualmente apesadumbrado:
¿Qué quieres que te diga? Sobre este tema ya hemos hablado largo y
tendido. Siempre a las mismas preguntas, le suceden parecidas
respuestas. No olvides las peculiaridades de este pueblo. En el Informe
previo a la Misión, pudimos observar su profundo conservadurismo. Aquí
la República se proclamó un mes más tarde que en el resto del país.
Existen potentados cacicones y un potente sector eclesiástico, que no
quieren bajo ningún concepto cambio alguno. Harán todo lo que esté en
sus manos para evitar que llegue nada nuevo. Nosotros somos una bocanada
de aire fresco, y, por eso les molestamos. Una manifestación cultural,
como son las Misiones, iniciada e impulsada por el Gobierno de la
República, está siendo boicoteada. Ninguna autoridad municipal ha salido
a recibirnos para darnos la bienvenida. Nos han hecho el vacío más
absoluto. Las gentes, salvo honrosas excepciones, nos miran como cuerpos
extraños, que les fuéramos a contaminar. Esta es la realidad. No
debemos dar más vueltas al asunto.
Mientras estaban hablando, llega el primer
vecino. Es el clásico e inevitable persona con discapacidad del pueblo.
Se sienten desolados. Todo suena a maquiavélica confabulación. Entre
4000 habitantes, sólo ha interesado a éste. Es para descolgar los
cuadros, envolverlos y volver por donde habían venido. Se miran
mutuamente; no se atreven a decir nada; así permanecen un largo espacio
de tiempo. De repente, como movidos por un mismo resorte, al unísono
comienzan a reírse estrepitosamente. El ser humano puede reír por muchos
motivos. Ahora no es de alegría; es una mezcla desordenada de
impotencia, rabia, desencanto y desilusión. En alguno de sus numerosos
viajes por la geografía española, ya se iban acostumbrado a oír, que el
intento de llevar y sembrar la cultura en amplios sectores de la
población española era vano y superfluo. Pero ellos son jóvenes
ilusionados en la tarea que se habían implicado. Su labor era un grano
de arena dentro de un grandioso y magnífico proyecto colectivo, que las
generaciones futuras valorarían en su justa medida.
Atienden cortésmente al recién llegado.
Tratan de sonsacarle algunas palabras. Es en vano. Emite unas palabras
indescifrables. Le dan una propina para que se comprara alguna golosina.
Se marcha muy contento y feliz.
Permanecen los dos en la sala de
exposiciones. No pierden el tiempo. Antonio se mete de lleno en la
redacción de una novela, mezcla de amor y aventuras con una moraleja
final, que tenía a punto de acabar. Ramón se dedica a escribir un
tratado recién iniciado, sobre el artista, según su criterio, más
importante de la pintura de todos los tiempos, Velázquez. Con la
escritura llenan muchos ratos muertos entre charla y charla. Ramón
también acostumbra a pintar paisajes de aquellos lugares que le
resultaban agradables.
Sin apenas darse cuenta llegan las siete y
media. Sin creerlo, oyen un murmullo de un grupo de personas que
proviene del recreo. Dejan sus actividades. Avivan el oído. No pueden
creerlo, pero allí están una docena de personas, con mayoría de
hombres. Paulatinamente van subiendo las escaleras. Llegan a la puerta
del aula, donde está la exposición. Son todos personas maduras, el más
joven tendría ya los cuarenta años. Los misioneros salen a recibirlos
llenos de gozo. Su llegada les parece como un oasis, después de una
larga travesía por el desierto más inhóspito. Uno de los recién
llegados, el de mayor edad, que rondaba los 60 años, toma la palabra:
Soy el Tío Rullo, aquí todo el mundo me conoce. ¿Qué tal chavales?
Supongo que habrán venido poca gente. No os debe extrañar, ha habido un
auténtico boicot hacia esta iniciativa de la República, cual es traer la
cultura a los pueblos, que buena falta hace. Todo lo que sea cultura a
determinadas personas de este pueblo les sabe a cuerno quemao. Por las
noticias que me han llegado ha habido una confabulación, a instancias
del Sindicato Católico Agrícola, para que nadie viniera a ver esta
iniciativa. Yo he leído en La Voz de Aragón, que las Misiones
Pedagógicas están llevando una labor muy importante, a pesar de que el
Gobierno actual de Lerroux, ha pretendido reducir sus presupuestos. Yo
he ido a la escuela hasta los siete años. Tuve que abandonarla para
acompañar a mi padre en las faenas del campo. Entonces no me importó,
ahora es cuando me estoy dando cuenta de lo que perdí. ¡Cuántas cosas
hubiera podido aprender, si hubiera permanecido hasta los catorce años¡
No obstante, he procurado ilustrarme y leer lo que he podido, cuando me
lo han permitido las faenas del campo. Ahora, todos nosotros, todos
pertenecemos al Centro de la UGT, queremos ayudaros en vuestra labor.
Estas palabras, dichas con tal sinceridad,
les impresionan a Ramón y Antonio. Se quedan perplejos. No esperaban,
no estaban preparados para palabras tan reconfortantes e ilusionantes,
como las que acababan de oír. Había merecido la pena llegar a este
pueblo tan recóndito por escuchar estas palabras.
Se aposentan todos en las sillas. Aquel
día Antonio y Ramón están más brillantes que nunca. Se esmeraron.
Transmiten las excelencias de la pintura española de una manera
espléndida. Bartolomé Cossío seguro que está muy contento.
Cándido Marquesán
Unas breves referencias biográficas de Ramón Gaya y Antonio Sánchez
Barbudo. Ambos brillaron como gran pintor-Ramón tiene un museo con su
nombre en Murcia y Antonio fue un gran escritor, crítico literario y
profesor. Ambos tuvieron que exiliarse. Juan Marichal en su libro El secreto de España. Ensayos de historia intelectual y política y en el capítuloEl pensamiento transterrado, califica a los años de 1886- 1936 un nuevo “medio siglo de oro” para nuestra cultura. José Carlos Mainer
acuñó el término “la edad de plata” en su conocidísimo libro. Juicios
ambos totalmente justificados. Ramón y Antonio fueron partícipes. de
esta autentica explosión cultural, que contrasta con el páramo cultural
del periodo posterior de la dictadura. Otra ocasión perdida de nuestra
Historia para entrar en la modernidad.
Ramón Gaya.
Ramón Gaya fue un pintor y escritor español que
vivió exiliado en México por muchos años. Nació en Murcia, en 1910, hijo
de Salvador Gaya, litógrafo, y de Josefa Pomés, ambos de origen
catalán. Sus padres se trasladaron a Murcia porque Salvador iba a
participar en la instalación de una litografía. Abandona la escuela
siendo casi un niño para dedicarse a la pintura, completando su
formación en la pequeña biblioteca de su padre, un obrero catalán culto,
anarquizante y wagneriano. Tolstoi, Nietzsche, Galdós, estarán entre
sus primeras lecturas, autores que le acompañarán a lo largo de su
vida. Gracias a una beca de estudios que le concede el Ayuntamiento de
Murcia a los diecisiete años, va a Madrid, visita el Museo del Prado y
conoce a Juan Ramón Jiménez y a casi toda la Generación del 27; poco
después se marcha a París junto a Pedro Flores y Luis Garay, con los que
expone en la galería Aux Quatre Chemins. A pesar del éxito de la
exposición y de lo atractivo de la vida de París, la pintura de
vanguardia le decepciona y pasados unos meses decide regresar.
La proclamación de la Segunda República lo sorprende en Barcelona,
donde ha ido para visitar a su padre. En junio de 1936, se casa en
Madrid con Fe Sanz. Declarada la guerra, forma parte de la Alianza de
Intelectuales Antifascistas. En Valencia, en 1937, nace su única hija.
Participa en la fundación de la revista Hora de España, de la que es
miembro de su consejo de redacción, y de la que será único viñetista. En
1939, en los últimos días de la guerra muere su mujer en el bombardeo
de Figueras, al que sobrevive su hija. Con el ejército cruza los
Pirineos y pasa dieciséis días en el campo de concentración de
Saint-Cyprien.
En junio de 1939, embarca en el Sinaia camino de México, donde
permanecerá exiliado hasta 1952. Son años de soledad y de intenso
trabajo. Los Homenajes a los Grandes Pintores aparecen como tema de sus
cuadros, así como hermosos y personalísimos paisajes de Chapultepec y
Cuernavaca. Colabora con sus escritos en algunas revistas mexicanas como
Taller y El Hijo Pródigo. Genera una variedad de obras en tempera con
el tema de los trajes regionales españoles en formato pequeño y gran
variedad de dibujos, oleos y acuarelas. Se reencuentra con Octavio Paz,
al que ha conocido en Valencia durante la guerra, frecuenta al poeta
Xavier Villaurrutia, al músico Salvador Moreno, a Octavio Barreda, a
Laurette Séjourné y al poeta Tomás Segovia.
En 1952 vuelve a Europa, donde permanecerá un año recorriendo París,
Venecia, Florencia, Roma, París de nuevo y vuelta a México. (En 1984, la
editorial Pre-Textos de Valencia publicara su libro: Diario de un
pintor, 1952–1953, en el que se recogen las anotaciones de ese año). En
1956 se instala provisionalmente en Roma; se reencuentra con los Grandes
Museos, con la gran pintura: Miguel Ángel, Tiziano, Rembrandt, Van
Gogh, Cezanne. El cuatro de marzo de 1960 regresa a España tras
veintiún años de exilio.
A lo largo de la década de los sesenta hará varios viajes a España:
Barcelona, Madrid, Murcia, Andalucía, Valencia donde en 1966 conoce a
Isabel Verdejo, con la que se casará más tarde. Sus viajes a España se
harán más frecuentes. En 1969, en la editorial R.M. de Barcelona aparece
su libro fundamental: Velázquez, pájaro solitario. Trabaja en
Barcelona en su estudio frente a Santa Maria del Mar. En 1974 y 1975
expone su obra en Murcia y en Valencia, donde vivirá gran parte del
año. Con Cuca (Isabel), su mujer, viaja a Italia, donde pasa varios
meses pintando: Roma, Florencia, Venecia, París. En 1980 se publica el
libro Homenaje a Ramón Gaya publicado por la Editora Regional. En 1984, la editorial Trieste que dirige Andrés Trapiello publica la segunda edición de su Velázquez, pájaro solitario. Su pintura se hace más esencial, más luminosa.
En 1985 el Ministerio de Cultura de España le concede la Medalla de
Oro al Mérito en las Bellas Artes. En 1990, en Murcia, se inaugura un
Museo dedicado a su obra, dirigido por Manuel Fernández-Delgado, en él
se recogen más de 500 obras donadas a la ciudad por el pintor. En 1997,
se le concede el Premio Nacional de Artes Plásticas. En 1999, doctor
honoris causa por la Universidad de Murcia. En 2002, el Ministerio de
Cultura le concede Premio Velázquez de Artes Plásticas, en su primera
edición. Ramón Gaya murió en Valencia, España, el 15 de octubre de
2005.
Antonio Sánchez Barbudo.
Sánchez Barbudo, Antonio. Madrid, 18.IV.1910 – Palm Beach Garden, Florida (Estados Unidos), 19.VIII.1995. Escritor, profesor y crítico literario. Huérfano a los doce años, en 1926 ingresó en la Escuela Industrial para estudiar Técnico Químico. En 1929 se afilió al Partido Republicano Radical Socialista y en diciembre de 1930 fue detenido en el asalto al Cuartel de la Montaña y permaneció en la Cárcel Modelo de Madrid hasta marzo de 1931. Colaborador de La Gaceta Literaria y El Sol, desde 1932 participó en las Misiones Pedagógicas. Junto a Azcoaga y Serrano Plaja, fundó a finales de 1932 la revista Hoja Literaria. Desde el 18 de julio de 1936 militó en la Alianza de Intelectuales para la Defensa de la Cultura y colaboró en El Mono Azul. Trasladado a Valencia, fue redactor de El Buque Rojo, así como secretario de Hora de España. Firmante de la “Ponencia colectiva” de escritores y artistas españoles en el Segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, se integró en una de las Brigadas Internacionales, dirigida por Hans, y combatió en Guadalajara y en el frente de Aragón. A principios de 1938, contrajo matrimonio en Barcelona con Ángela Selke y en la primavera fue nombrado comisario de la Escuela Militar de la 45 División que dirigía Hans, instalada en Cambrils. Allí escribió algunos capítulos de su novela Sueños de grandeza y en junio apareció su libro de relatos Entre dos fuegos, por el que obtuvo el Premio Nacional de Literatura. Se incorporó después al Ejército del Este, en donde dirigió durante los últimos meses de la guerra su periódico. El 9 de febrero de 1939 atravesó la frontera francesa y fue internado en el campo de concentración de Saint-Cyprien. A finales de mayo, embarcó con su mujer e hija en el Sinaia rumbo a México. Redactor de las revistas Taller y Romance, colaboró en Letras de México y El Hijo Pródigo, así como en los periódicos El Nacional y Novedades. En 1945 publicó en México Una pregunta sobre España. En octubre de ese mismo año se trasladó con su familia a la Universidad de Austin, Texas, pero se trasladó al curso siguiente a la de Wisconsin, en Madison, en la que permaneció hasta su jubilación en 1980. En 1946 se editó en Buenos Aires su novela Sueños de grandeza. Dedicado por completo a la docencia e investigación, en 1958 fue nombrado full professor de Wisconsin adquiriendo la nacionalidad norteamericana, la cual le permitió viajar y regresar temporalmente a España. Su experiencia la relató en “España al volver. Impresiones de un refugiado”, que publicó en 1959 en la revista neoyorquina Ibérica. Editor de Dios deseado y deseante. Animal de fondo (1964) y Diario de un poeta recién casado (1970) de Juan Ramón Jiménez, así como de Miguel de Unamuno (1974), coordinó y colaboró en el Homenaje a Arturo Serrano Plaja (1984). En 1981 la Universidad de Wisconsin publicó un libro colectivo en Homenaje a Antonio Sánchez Barbudo. Ensayos de literatura española moderna y en 1987 asistió en Valencia al Congreso Internacional de Intelectuales y Artistas, en donde presentó una ponencia titulada “Algunos recuerdos y reflexiones” sobre el Congreso de 1937.
Urdaibai
tiene el honor de albergar el proyecto arquitectónico más ambicioso
de nuestra era: un museo —el dichoso Guggenheim— sin planos, sin
ubicación definitiva y, lo más innovador, sin existencia. Se
anunció hace ya cuatro años con determinación —se va a hacer «Sí
o Sí»— como quien lanza una profecía incontestable a los
confines del Universo, pero seguimos en la fase más avanzada del
arte contemporáneo: la especulación infinita.
De
hecho, podríamos decir que con este proyecto se ha perfeccionado la
técnica de la
“construcción
imaginaria”,
esa donde los debates públicos giran en torno a un edificio que
nunca ha salido del mundo de las
ideas. Mientras tanto, los ciudadanos han discutido su necesidad o
no, su impacto ambiental, su coste y su futuro, olvidando el pequeño
detalle de que aún nadie ha visto ni un simple borrador de nada.
Es
el
Guggenheim
de Schrödinger:
existe y no
existe a la vez. Un museo tan sofisticado que ni sus creadores han
tenido que presentar un proyecto. Tan importante que ya merece,
incluso, procesos de “escucha activa”,
y todo ello sin el riesgo de verse limitado por una estructura real.
La
referencia al Guggenheim
de Schrödinger
es una ironía inspirada en el famoso experimento mental del físico
austriaco, naturalizado irlandés, Erwin
Schrödinger,
quien planteó una paradoja para ilustrar principios de la mecánica
cuántica.
En
su experimento imaginario, un gato es encerrado en una caja con un
mecanismo que puede matarlo o no, dependiendo de un evento cuántico.
Según la teoría, hasta que alguien abra la caja y observe el estado
del gato, este se encuentra en una superposición de estados: está
vivo y muerto al mismo tiempo.
Ahora,
apliquemos esta idea a nuestro caso: El Guggenheim de Urdaibai es
como el gato
de Schrödinger,
pero en versión arquitectónica. Oficialmente, se ha hablado de su
existencia, de su impacto, de su importancia… pero, como nunca se
ha presentado un proyecto concreto, al
mismo tiempo no existe.
Está en una especie de limbo cuántico: es y no es, existe y no
existe, depende de quién lo observe y cómo lo interprete.
Es
el museo más avanzado del mundo: su construcción es teórica, su
debate es real, su presencia es metafísica. Y hasta que alguien
“abra
la caja”
y presente un proyecto tangible, seguirá siendo una obra maestra del
arte conceptual político.
Estamos
ante el arte definitivo: una institución cultural que solo habita en
el discurso, sin necesidad de ladrillos, permisos ni presupuestos
cerrados. Lo realmente audaz es que el debate sigue vivo, aunque el
museo no lo esté. Un gran logro de la intelligentsia
jeltzale.
Pero,
¿qué necesidad hay de un proyecto tangible cuando se puede gobernar
a golpe de narrativa vaporosa, tal y como hacen en este caso las
instituciones vascas? ¿Para qué molestarse en poner un solo
ladrillo cuando se puede construir un castillo de palabras bien
ensambladas? Si algo nos han demostrado estas instituciones es que su
relación con la realidad opera bajo reglas cuánticas: pueden estar
conectadas a ella o completamente desligadas, dependiendo de quién
las observe. Y el Guggenheim invisible es la prueba definitiva
Las
consultas ciudadanas, el paripé de la Escucha activa”, no buscan
escuchar, sino simular que se escucha. Son un acto de
prestidigitación donde la magia radica en hacer creer a la gente que
participa mientras la decisión ya está tomada… aunque en este
caso, tampoco hay decisión. Hay ruido. Declaraciones sueltas.
Promesas nebulosas. Un proceso cuyo objetivo no es concluir nada,
sino extender indefinidamente la ilusión de que algo se está
haciendo.
Porque,
más allá de los ladrillos, ¿qué es un proyecto sin plazos, sin
presupuestos concretos, sin documentos oficiales? Es una forma de
perfeccionar el arte del gestionar
sin gestionar.
Un ejercicio de política conceptual donde lo importante no es
construir el museo, sino construir el relato del museo. No un
edificio, sino una atmósfera de inevitabilidad.
Mientras
tanto, la ciudadanía sigue en el mismo punto: preguntándose qué
está discutiendo, cuándo se presentará algo, si es siquiera
legítimo este debate sin materia prima. Pero el secreto está
precisamente ahí: mantener la conversación en la esfera de lo
intangible, donde no hay exigencias concretas ni compromisos
verificables. Es la política del humo. Y cuando el humo es lo único
que queda, ¿quién necesita cimientos?
Las
instituciones han perfeccionado el arte de gobernar sin tocar el
suelo: construir relatos en el aire, convocar consultas sin
respuestas y diseñar proyectos donde la única materia prima es la
confusión.
La
verdadera innovación no está en el museo, sino en la estrategia:
mantener la ilusión de movimiento mientras todo sigue en el mismo
punto. No hay planos, no hay fechas, pero hay declaraciones
periódicas para que nadie note que la caja sigue cerrada.
Y
así seguimos, atrapados en la paradoja del Guggenheim de
Schrödinger: demasiado presente en el discurso para decir que no
existe, demasiado ausente en los hechos para decir que existe. Un
museo que solo necesita palabras para mantenerse en pie.
Si
las instituciones han hecho del humo su única materia prima, la
ciudadanía tiene dos opciones: respirar pasivamente la niebla o
encender un ventilador para disiparla y exigir algo concreto,
tangible, real, para comenzar un debate sin trampas.
Frente
a la política de la indefinición, la mejor respuesta es la más
simple: cuando
no hay proyecto, no hay debate,
y cuando no hay compromiso, no hay legitimidad. La caja debe abrirse
o cerrarse, pero dejarla flotando en la ambigüedad solo beneficia a
quienes quieren evitar rendir cuentas.
La
única manera de romper este círculo absurdo es devolver la
discusión al terreno de lo tangible: sin
documentos, sin fechas y sin planes reales, cualquier afirmación
debe ser tratada como lo que es: ruido sin sustancia.
El Gobierno español, a través de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática y el Ministerio de Cultura, plantea -actualmente- la ilegalización de la Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF); aprobada en octubre de 2022, la Ley de Memoria Democrática dedica una de las disposiciones adicionales a la extinción de fundaciones.
Está
prevista la cancelación cuando las fundaciones no persigan el interés general o
actúen contra el bien común; en concreto -detalla la disposición quinta- en los
casos de apología del franquismo “que ensalce el golpe de Estado y la dictadura
o enaltezca a sus dirigentes, con menosprecio y humillación de la dignidad de
las víctimas”.
La
FNFF se constituyó en octubre de 1976 con la presidencia de Carmen Franco y
Polo, hija del dictador; entre los objetivos de la institución figuran el
estudio/conocimiento de la vida y obra del autócrata, “en su dimensión humana,
militar y política”; y también de las realizaciones
que tuvieron lugar en los 40 años de mandato.
¿Qué
fuentes permiten aproximarse -con rigor historiográfico- a la figura del llamado
caudillo, medio siglo después de su
fallecimiento? El historiador Julián Casanova ha publicado en febrero la
biografía Franco (Ed. Crítica), de
475 páginas.
La
nota editorial presenta al dictador Francisco Franco Bahamonde (1892-1975), a
grandes rasgos, como la persona que inició “el asalto al poder con una
sublevación militar y lo consiguió a sangre y fuego en una guerra civil”; y que
se afianzó en el poder, a partir de 1939, “pese a no contar con un cuerpo
ideológico o programático consolidado”.
El
ensayo comienza tres días después de la muerte de Franco -el 23 de noviembre de
1975- haciendo referencia a la gran losa de granito (1.500 kilogramos) que
cubrió la fosa en la que se alojarían los restos mortales, en la basílica de la
Santa Cruz del Valle de los Caídos (hoy rebautizado como Cuelgamuros); en la iglesia el dictador compartía espacio con la
tumba del líder fascista José Antonio Primo de Rivera.
Medios
de comunicación públicos como Televisión Española (TVE) y el NO-DO (noticiero
cinematográfico de propaganda) se hicieron eco de los homenajes, desfiles y
actos de recuerdo.
En
las tres jornadas siguientes al deceso ocurrieron hechos relevantes para la
historia española, destacados por Julián Casanova; así, el 22 de noviembre, el hasta
entonces príncipe Juan Carlos de Borbón juró en las Cortes las Leyes
Fundamentales del Reino y los principios que informan el Movimiento Nacional.
En una parte del discurso evocó “con gratitud y respeto” al llamado generalísimo. ¿Se abría la puerta al
régimen de la Transición?
Otra
posibilidad de comprender los 40 años de dictadura es el detalle de los
políticos/jefes de Estado que asistieron a los funerales; Julián Casanova
apunta los nombres del dictador chileno, Augusto Pinochet; el rey Huséin I de
Jordania; el príncipe Raniero de Mónaco; la primera dama de Filipinas, Imelda
Marcos (esposa del dictador Ferdinand Marcos) y el vicepresidente de Estados
Unidos, Nelson Rockefeller.
En
las notas finales de la biografía, el historiador rebate tópicos utilizados
para la defensa del Régimen; “todo lo
que entra en la categoría de ‘Franco hizo
también cosas buenas’ lo estaban haciendo en ese momento las democracias
más avanzadas de Europa, sin necesidad del legado de destrucción que habían
dejado el golpe de Estado, la guerra civil y la larga época de miseria, hambre
y represión”.
Julián
Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza
y profesor visitante en la Central European University de Viena; en ediciones
Crítica ha publicado Una violencia
indómita. El siglo XX europeo (2020); España
partida en dos. Breve historia de la guerra civil española (2021) o De la calle al frente. El anarcosindicalismo
en España (2010).
“Franco
no comenzó de la nada, no era un antiguo cabo, o un exsocialista como Mussolini
que no tenía relación alguna con las clases dominantes, sino un general que
asaltó el poder por las armas”, explica el biógrafo (en 1912 Franco Bahamonde
fue trasladado al norte de África, tenía 20 años, y ascendió a general de
brigada en 1926; el futuro dictador estuvo destinado en África durante más de
una década).
Además,
el texto de Crítica sitúa al llamado Caudillo
en el contexto de la geopolítica global:
“Utilizó
con habilidad las circunstancias históricas que le permitieron relacionarse con
las potencias del Eje y obtener al mismo tiempo un gran rédito de la diplomacia
y del espionaje británico, incluidos los sobornos con grandes sumas de dinero a
varios de sus generales, para el mantenimiento de la neutralidad durante la Segunda
Guerra Mundial”.
Con
la debacle del nazismo alemán y el fascismo italiano, el mundo libre (Estados Unidos y Europa Occidental) consideraron al
franquismo un adversario; pero esto ocurrió -matiza Julián Casanova- hasta la
Guerra de Corea (1950), ya que -a partir de entonces- se consideró la dictadura
militar española como una opción preferible al comunismo.
Así,
en 1953 se firmó el concordato del Estado español con la Santa Sede (durante el
papado de Pío XII), lo que reforzaba la ideología nacionalcatólica y proclamaba
el estado confesional; asimismo se rubricaron los Pactos de Madrid -de
contenido económico y militar- entre España y Estados Unidos (presidencia de
Eisenhower).
El
ensayo incluye el balance, en cifras, y una aproximación a los efectos de la
guerra entre 1936 y 1939; cerca de 200.000 muertes en combates y acciones
bélicas; 100.000 víctimas de la represión que desató el ejército golpista; durante
el conflicto y los años siguientes fallecieron por enfermedades o hambrunas
350.000 españoles.
Asimismo
300.000 personas se vieron forzadas al exilio permanente, y 270.000 estuvieron
en cárceles y campos de concentración; en cuanto al coste económico de la
conflagración, “equivalía a algo más del PIB de 1935”, resalta Julián Casanova.
La
represión se prolongó hasta la etapa final del franquismo; de hecho, el 27 de
septiembre de 1975 fueron ejecutados cinco opositores, miembros de ETA y el
FRAP. Ante las protestas internacionales por los fusilamientos, Franco
pronunció un discurso el 1 de octubre, ante miles de personas, en la madrileña
Plaza de Oriente.
En
la alocución, el dictador atribuyó las críticas y movilizaciones a una conspiración masónica-izquierdista de
los políticos, confabulados -en el plano social- con la subversión comunista-terrorista. En marzo de 1974 murió
ajusticiado, mediante garrote vil, el
militante anarquista Salvador Puig Antich.
Por primera vez las congregaciones religiosas que regentaron los centros del Patronato de Protección de la Mujer han pedido perdón a sus víctimas. Lo ha hecho la Conferencia Española de Religiosos (Confer) en un acto celebrado este lunes en Madrid en el que, 40 años después de la disolución de la institución, ha reconocido el papel de las religiosas, que regentaron estas ‘cárceles’ para adolescentes en las que miles de jóvenes fueron encerradas sin haber cometido ningún delito. “Pedimos perdón a todas aquellas mujeres que no fueron reconocidas en su dignidad y sus derechos”, ha leído Antonia López, superiora provincial de las Adoratrices del Santísimo Sacramento y de la Caridad.
El perdón público, sin embargo, no ha servido a las víctimas del
Patronato, que junto a una parte importante de las asistentes al acto
han encabezado una protesta al final del mismo. Portando carteles que
rezaban ‘No’ y coreando “verdad, justicia y reparación” durante unos
diez minutos, las supervivientes de estos reformatorios han querido
mostrar que las disculpas no son suficientes. Y es que lo que en un
principio era visto como un símbolo de reparación ha acabado tiñéndose
de decepción con el paso de los días.
A ello contribuyeron las palabras del presidente de la Confer,
Jesús Díaz Sariego, que el pasado viernes aseguró que la “experiencia”
por la que pasaron las víctimas“ hay que situarla ”en un contexto de la
época“ y afirmó que tras escuchar a las mujeres había constatado que ”a
muchas les sirvió como promoción personal y profesional“. Las palabras
enfadaron a las víctimas, que ven en el acto ”un lavado de cara“ de las
congregaciones religiosas, en palabras de Consuelo García del Cid, que
pasó por varios centros del Patronato y que lleva años investigando y
buscando a supervivientes del mismo.
“El mal es atemporal, que no se achaque a un contexto histórico
porque no tiene justificación”, ha querido responder al presidente en su
turno de intervención en el acto. “No nos hagan comulgar con ruedas de
molino”, ha proseguido antes de añadir que “lo que necesitamos es
justicia, no condescendencia. Ningún perdón puede estar condicionado”.
Al acto han acudido la ministra de Igualdad, Ana Redondo, el secretario
de Estado de Memoria Democrática, Fernando Martínez, y la eurodiputada
de Podemos, Irene Montero, que ha participado en la protesta final.
Representantes de tres de las congregaciones religiosas que gestionaron los centros leen el perdón público.
García del Cid, impulsora de la asociación Las desterradas hijas
de Eva, en la que están varias de esta mujeres, asegura, además, que
otro de los motivos para no aceptar el perdón de la Confer es que esta
le habría impedido hablar de bebés robados durante el acto a pesar de
que es algo que está presente en los relatos de algunas de las víctimas.
“Sí, robo de bebés”, ha dicho sin embargo la portavoz del resto de
mujeres desde el escenario haciéndose eco de lo que clamaban también
algunas de las asistentes como público. “A nosotras la democracia nos
debe diez años de vida”, ha recordado Consuelo haciendo referencia a la
duración del Patronato, que arrancó en 1942 pero siguió funcionando
hasta 1985, diez años después de la muerte del dictador.
“Con humildad y profundo dolor”
Las heridas y los recuerdos de quienes pasaron
por este tipo de reformatorios, cuyo objetivo era “reeducar” a chicas
jóvenes que transgredían las normas morales que imponía la dictadura,
siguen estando muy presentes. Todas narran haber sufrido durísimas
condiciones de vida en los centros y recuerdan los castigos, las
habitaciones de aislamiento, el adoctrinamiento religioso, las jornadas
de trabajo en los talleres o la mano de hierro de las religiosas que
dirigían los centros. Para ingresar bastaba la denuncia de la policía o
de las autoridades, pero la mayoría acabaron allí entregadas por su
propio entorno.
Entre las congregaciones que los dirigían figuraban las
Adoratrices del Santísimo Sacramento y de la Caridad, que actualmente
tiene varios programas de ayuda a mujeres vulnerables y ha recibido 18 millones de euros
de subvenciones en fondos públicos. A ellas se sumaban las Oblatas del
Santísimo Redentor, las Cruzadas Evangélicas, las del Buen Pastor o las
Capuchinas.
Tres representantes de tres de ellas han sido las encargadas de
leer el perdón público durante el acto en un escenario en el que la
palabra “Perdón” se proyectaba con letras grandes. “Nos dirigimos hoy
con humildad y profundo dolor a todas ustedes, y con ustedes a todas las
mujeres, fallecidas, vivas y a sus familias, que pasaron por estas
instituciones y sufrieron bajo nuestra tutela”, ha comenzado
reconociendo Carmen Ortega, superiora provincial de las Oblatas del
Santísimo Redentor.
Supervivientes del Patronato de Protección a la Mujer son ovacionadas por el público en un momento del acto.
La religiosa ha reconocido que “el sufrimiento causado no puede
ser reparado con palabras”, a lo que ha añadido: “Pero asumimos como un
deber moral reconocer nuestra responsabilidad y contribuir en la medida
de lo posible a sanar esta pagina de la historia haciendo memoria de lo
acontecido y pidiendo perdón por justicia hacia todas aquellas mujeres
que padecieron en estos centros”. Por su parte, Mar Mena, terciaria de
la congregación de las Capuchinas se ha comprometido a “escuchar y
acompañar” a las mujeres que pasaron por ellos y a impulsar “formación” y
“protocolos concretos” focalizados en “la prevención, el buen trato y
la equidad de género”.
Antes de las palabras de las monjas, se ha proyectado un vídeo con fotografías de varias de las mujeres que fueron encerradas al tiempo que se escuchaban audios en los que algunas de ellas relataban el horror que vivieron. Dependiente del Ministerio de Justicia y presidido por Carmen Polo, el Patronato fue el organismo encargado de vigilar y controlar la conducta social de las adolescentes. “La dignificación moral de la mujer, especialmente de las jóvenes, para impedir su explotación, apartarlas del vicio y educarlas con arreglo a la religión católica” era la finalidad que, según decreto franquista, tenía la institución incluso bien entrada la democracia.
El presidente de la Confer, que agrupa a más de 400 congregaciones religiosas presentes en España, también ha intervenido en el acto y ha calificado de “ejercicio de responsabilidad histórica y moral” el “reconocimiento de aquello que en el pasado no hicimos bien”. “Nos encontramos aquí para hacer lo que consideramos necesario y justo: pedir perdón”. “Nos dirigimos a todas aquellas mujeres que pasaron por estos centros y sufrieron las consecuencias de un sistema injusto, reconocemos nuestra participación en lo que han vivido y queremos decirles que las escuchamos, creemos en su testimonio y nos duele profundamente el sufrimiento que padecieron. Reconocemos esta página de nuestra historia”, ha añadido.
Con todo, los primeros compases del acto han estado cargados de emoción y reconocimiento a las mujeres que pasaron por los centros, que han sido ovacionadas en repetidas ocasiones. Las lágrimas y los largos abrazos entre ellas dejaban atisbar que, a pesar de las decepciones y las asignaturas pendientes, era un día importante para quienes fueron silenciadas durante décadas. “Cuando empecé a investigar hacae 15 años nadie me creía. Ahora eso ya ha cambiado”, ha dicho Consuelo García del Cid.
El 31 de agosto de 1936, poco más de un mes después del inicio de la Guerra Civil, Julio López Oliván prestó su último servicio como embajador español en Londres. El diplomático renunciaba así al cargo que había ostentado durante la República para unirse a los franquistas con un aviso final: “Es una personalidad destacada y sincera con bastante tendencia al comunismo teórico”, advirtió al Ministerio de Asuntos Exteriores británico sobre Pablo de Azcárate, la persona que el Gobierno republicano de Madrid había elegido para sustituirle en un intento casi imposible de lograr que Gran Bretaña le prestara apoyo frente al fascismo.
El caso evidencia bien lo que ocurrió con la diplomacia tras el
golpe de Estado del 18 de julio: como López Oliván, una inmensa mayoría
de diplomáticos desertaron y se pasaron al bando sublevado mientras que
solo unos pocos permanecieron leales a la República. Se calcula que
fueron apenas medio centenar de un total de 275. El Gobierno tuvo
entonces que “levantar una nueva carrera diplomática de la nada” de la
que pasarían a formar parte esa minoría de fieles y un nutrido grupo de
recién designados, explica el historiador Ángel Viñas, que ha estudiado a fondo el tema.
Los nombres de los leales serán rescatados del olvido el próximo lunes
en un acto en la sede del Ministerio de Exteriores, en Madrid, en el
que el ministro José Manuel Albares desvelará una placa en su honor. El
objetivo es “poner en valor” el trabajo de los integrantes de la red de
embajadas y cancillerías comprometidos con la democracia, sostienen
fuentes del ministerio. En mayor o menor medida, todos durante el tiempo
que duró la contienda buscaron influir en los países a favor de la
legitimidad republicana y para intentar conseguir armas y suministros.
Uno de ellos fue Fernando Careaga Echeverria, al que el golpe de
Estado pilló en República Dominicana y que después pasaría a ser
secretario de la embajada española en Helsinki. Una vez Franco tomó el
poder, Careaga abandonó su puesto y se exilió, primero a Francia y
posteriormente a Venezuela, donde murió. Su nieta, Ainoa Careaga,
acudirá al acto. “Mi abuelo tuvo que tomar una decisión muy difícil, lo
abandonó todo: su carrera, su país y su vida para exiliarse en el
extranjero. Fue despojado de todo menos de sus principios morales.
Decidió ser fiel a ellos”, afirma la también diplomática destinada
actualmente en Marruecos.
La soledad de la República
En aquellos momentos la situación exterior de la República no
era nada fácil y los diplomáticos fieles desarrollaron una intensa
actividad para intentar contrarrestar su soledad internacional mientras
los desafectos siguieron trabajando desde el exterior para inclinar la
balanza hacia los rebeldes. “Estos últimos tuvieron una influencia
bastante decisiva. Por un lado, entorpecieron la labor de sus compañeros
y excompañeros fieles y, por otro lado, contribuyeron a frenar en las
cancillerías extranjeras una corriente a favor de Franco”, explica
Viñas, que ha recopilado los nombres para la placa y ya en 2010 coordinó
el libro Al servicio de la República. Diplomáticos y Guerra Civil (Marcial Pons).
En él, voces expertas en la materia ponen el foco en algunas de
las embajadas clave del momento, entre ellas Londres o París, que
lideraron de forma decisiva el pacto de “no intervención” en la Guerra
Civil española. Este acuerdo “acabó aislando a la República” –que a
partir de octubre de 1936 sí comenzó a recibir la ayuda de la Unión
Soviética y México– mientras que era incumplido sistemáticamente por la
Alemania nazi y la Italia de Mussolini, que apoyaron desde el principio
de la guerra al Ejército franquista con envío de armamento. “La guerra
se ganó o se perdió en los campos de batalla, pero detrás había mucho
más. En este sentido, el sostén a Franco que consiguieron intensificar
muchos de los diplomáticos sublevados fue significativo”, añade Viñas.
Fernando Careaga, uno de los diplomáticos que permaneció fiel a la República. Foto cedida
Caso paradigmático es el de Gran Bretaña, donde Pablo de
Azcárate intentó reforzar la imagen democrática de la República. Según
recoge el catedrático de Historia Contemporánea Enrique Moradiellos, el
nuevo embajador logró en buena medida la simpatía de la opinión pública,
pero no de las autoridades británicas, que rechazaron modificar su
política de no intervención por dos razones: el recelo que el gobierno
republicano despertaba en ellas y la política de “apaciguamiento” tras
la Primera Guerra Mundial que fracasó años después, en 1939, con el
inicio de la segunda.
La perseverante negativa del gobierno de Londres a contribuir a
la defensa de la democracia en España la dejó clara en septiembre de
1936 Lord Cranbore, secretario parlamentario del Ministerio de Asuntos
Exteriores británico, en una comunicación que rezaba así: “El señor
Azcárate pronto se dará cuenta de que no hay ninguna esperanza de que
pueda inducir al Gobierno [británico] a revocar su política de no
intervención para tomar partido por el Gobierno español”. El país, de
hecho, reconoció formalmente al Gobierno de Franco en febrero de 1939.
La suspensión de pagos
Viñas recuerda además que el banco británico British Overseas
Bank (BOB), que aseguraba desde hacía años la tesorería exterior
española, decidió en el primer semestre de 1938 asestarle “una puñalada”
al Gobierno republicano con la suspensión de los pagos que enviaba el
Banco de España desde Barcelona a consulados y embajadas. Una operación
que buscó “la asfixia económica” de la actividad diplomática en el
exterior de la República, cree el experto, que nombra como efecto “un
impacto político negativo inmenso”.
Entre los afectados estuvo precisamente Fernando Careaga, que en
marzo de 1938 envió una queja desde Helsinki debido a que el banco
local le había comunicado “que siguiendo instrucciones recibidas de
Londres suspendía el pago de mis haberes”, reproduce el historiador en
el libro. Los diplomáticos leales desempeñaron su trabajo en un ambiente
“hostil” teniéndose que enfrentar en ocasiones a la “crispación y la
obstaculización” que protagonizaron a veces los desertores de sus
puestos, simpatizantes de la causa franquista. Algo “habitual” fue
llevarse archivos y documentación “importante” de los despachos, algo
que también “sufrió” Careaga.
Lo que ocurrió en Washington
fue también significativo: el embajador Luis Calderón, que dimitió por
afinidad a Franco, fue sustituido por el destacado socialista Fernando
de los Ríos, que también intentó que Estados Unidos abandonara su
neutralidad y vendiera armas a los republicanos. Una “misión imposible”,
la define la catedrática en el Williams College (Massachusetts) Soledad
Fox, que explica cómo el diplomático hizo numerosos esfuerzos
propagandísticos para “ganarse” a la opinión pública estadounidense.
Sin embargo, de los Ríos dejó la embajada sin lograr un cambio
de rumbo en un contexto “particularmente difícil”, en el que el papel de
los votantes católicos influiría en el Partido Demócrata, así como los
negocios que multinacionales como Texaco, Ford y General Motors hacían
con los franquistas, a quienes vendían petróleo y ruedas, camiones y
otros materiales, cuenta Fox. A pesar de que el embajador “siempre
mantuvo la esperanza de volver a una España libre”, murió en su casa de
Nueva York en 1949.
Exilio y heridas
La inmensa mayoría del nuevo personal de servicio exterior
nombrado por la República y de aquellos que le fueron leales siguieron
sus vidas en el exilio, fuera de la carrera diplomática, y casi todos
pudieron volver a su país una vez muerto el dictador. Pero el acto que
el Ministerio de Asuntos Exteriores celebrará el próximo lunes, heredero
de la iniciativa que ya en 2009 comenzó el exministro Miguel Ángel
Moratinos, pretende también homenajear a aquellos miembros de la red de
embajadas y consulados que fueron expulsados de la misma durante la
dictadura.
Es el caso de Vicente Girbau, que ingresó en la carrera diplomática en 1953. Pronto Girbau destacó por sus actividades clandestinas contra el régimen franquista y entró a formar parte de la Agrupación Socialista Universitaria de Madrid. El diplomático fue detenido en marzo de 1956 por la difusión de un manifiesto y pasaría nueve meses encerrado en la cárcel de Carabanchel hasta que en 1958 sería expulsado de la carrera diplomática y exiliado a Francia. Fallecido Franco regresó a España, donde se reincorporó: su último destino fue como embajador español en Malta, donde estuvo hasta 1988.
“En este contexto internacional que estamos viviendo, recordar a personas que no miraron para otro lado ante la barbarie es muy necesario”, sostiene Ainoa Careaga sobre su abuelo y el resto de opositores a Franco. Las familias, dice, están “muy agradecidas” por el acto, que consideran “de justicia y de memoria histórica”: “No es fácil seguir con la vida hacia adelante cuando en el pasado hay heridas que no han cerrado bien”, añade. Es por eso, por la historia de su abuelo, que ella piensa que decidió dedicarse a lo mismo que él. Por una herida, la del olvido, que ha perseguido siempre a su familia pero que ha comenzado a sanar.
Portando pancartas con mensajes como “El Xenocidiu entama equí” o “STOP genocidio”, el grupo fue arropado por más de una veintena de ciudadanos que llegaron posteriormente convocados a través de las redes sociales. Pretendían exigir al gobierno el embargo y el fin del comercio de armas, en una postura firme frente a la ofensiva israelí.
La acción de protesta comenzó a las 10 de la mañana y se prolongó durante una hora y media, durante la cual la entrada y salida de vehículos ha estado bloqueada afectando a varias decenas de camiones. Varios dispositivos de la Guardia Civil se encargaron de regular el tráfico de la carretera AS-228, aledaña al complejo, mientras duró la protesta, e identificaron a las personas presentes.
El bloqueo finalizó cuando la Guardia Civil instó a unos trabajadores de la fábrica a que cortasen las cadenas con una cizalla de la empresa, una operación criticada por los asistentes por contravenir a su juicio los protocolos de seguridad.
A finales de abril el Centre Delàs de Estudios por la Paz afirmaba en su informe 72 Beneficio colateral: Relaciones armamentísticas entre España e Israel desde el 7 de octubre de 2023, que las relaciones comerciales armamentísticas entre ambos países eran más “abundantes y luctrativas” que nunca. Como recogen en el documento, “nunca antes la industria israelí había conseguido adjudicarse contratos del Ministerio de Defensa en semejante cantidad y volumen económico”.
El informe se publicaba tras casi 19 meses de ofensiva israelí sobre Gaza y su población, una ofensiva condenada desde enero de 2024 por la Corte Internacional de Justicia y en la que, para la ONU, hace ya más de un año que «hay motivos razonables para creer que se cumple el umbral que indica que Israel está cometiendo genocidio», según su informe de marzo de 2024 respaldado por la mayoría de sus 34 relatores y por el Comité Especial de Naciones Unidas sobre prácticas israelíes.
Para los participantes en bloqueo, las afirmaciones del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, sobre que el gobierno de España no concede nuevas licencias de exportación de armamento a Israel, ni se permiten escalas a buques con armamento con dicho destino, son contrarias a los 36.7 millones de euros que Centre Delàs calcula que se han generado en importaciones de Israel en armas, municiones y tanques, entre otros. Tampoco coincide con los 5.3 millones de euros en exportaciones armamentísticas que las aduanas israelíes afirman, ni con las escalas de barcos con armamento que Progressive Internacional y Palestine Youth Movement declaran haber registrado en la costa gaditana.
Los participantes del bloqueo señalaron además el hecho de que Elbit Systems, la principal suministradora del ejército israelí, es proveedora de componentes a la fábrica de armas y que ‘’el exterminio en curso ha hecho crecer obscenamente sus beneficios’’. En España, Elbit Systems, sus filiales y las empresas que suministran, desarrollan y mantienen sus productos, se han adjudicado 17 contratos públicos, y anuncia que el 7 de julio pagará los dividendos a accionistas. ‘’Imaginemos lo que supondría un embargo, un boicot efectivo con sustento de los Tribunales Internacionales que investigan el genocidio’’ se preguntaban los activistas.
Santa Bárbara Sistemas (privatizada por el gobierno de Aznar y ahora propiedad de la empresa estadounidense General Dynamics) se ha beneficiado colateralmente de la adjudicación de contratos a Elbit Systems. El Ministerio de Defensa de Letonia adjudicó en enero de este año un contrato de 373 millones de euros a Santa Bárbara para que le suministre 42 vehículos blindados ASCOD que serán fabricados en Trubia. En abril, se conoció que Santa Bárbara adjudicó, a su vez, a Elbit Systems un contrato de 88 millones de euros para que arme esos vehículos con una torreta UT30MK2.
“Desde Asturies, exigimos el cese de toda actividad económica y mercantil con Israel: no permitiremos la colaboración de España en el genocidio a Palestina”, pedían desde la protesta.
Esta acción de protesta civil se une a muchas otras ocurridas en el territorio español desde octubre de 2023: entre manifestaciones, concentraciones y acampadas universitarias como la de los estudiantes de la Universidad de Oviedo en el campus del Milán, son miles de personas las que se han posicionado en contra de la complicidad de las instituciones españolas en la ocupación y limpieza étnica del pueblo gazatí.
Además, desde el pasado 2 de marzo, hace 93 días, Israel mantiene sobre la Franja de Gaza un bloqueo a la entrada de alimentos, medicinas, combustible y agua potable para sus más de dos millones de residentes. La situación actual es tal que el último comunicado del Equipo Humanitario de la ONU en los Territorios Palestinos, de hace apenas 4 días, afirma que “600 días después del inicio [de la ofensiva israelí], la situación humanitaria en Gaza atraviesa su momento más sombrío”.
El bloqueo de la fábrica ocurre el mismo mes que un barco de la Flotilla por la Libertad zarpa hacia Gaza con ayuda humanitaria, además de la Marcha Global desde El Cairo hasta Raffah donde ciudadanos de todo el mundo exigirán el cese del bloqueo israelí en sus fronteras. La cifra de muertos en Gaza supera los 51.000, y son 14.000 los bebés que sufren malnutrición en el territorio palestino.
Ante la “brutal” agresión policial, ocurrida el 17 de mayo, cerca de 60 colectivos sociales valencianos expresaron su condena en una nota informativa.
El
ataque “se inició porque la mujer, quien caminaba con su hijo –de tres años y
con autismo- afeó a la policía el maltrato que estaban dando a dos jóvenes a
los que acababan de detener. Ante los gritos de socorro, sus padres y un amigo
de la familia bajaron al portal a preguntar qué estaba sucediendo; más de media
docena de agentes de la Policía Nacional les golpearon con una virulencia
extrema”, subrayaron las ONG.
La
familia fue trasladada después a la comisaría, donde -según la información a la
que accedieron las organizaciones-, continuaron los golpes, insultos y
amenazas; “el cuerpo policial actúa con total impunidad, apaleando a personas
simplemente por ser racializadas”,
denunciaron las asociaciones.
El
colectivo Afroféminas difundió en las redes sociales el vídeo de la golpiza,
capturas y persecuciones (“Es racismo; a mujeres blancas jamás las hubieran
golpeado así”).
Entre
las entidades que se sumaron a la denuncia figuran Alianza por la Solidaridad;
Antimilitaristes MOC-València; BDS-País Valencià; Campaña CIE No; València Acull;
València és Refugi; CEDSALA; CGT; Comisión Española de Ayuda al Refugiado
(CEAR); Regularización Ya; EntreIguales y Comisiones Obreras.
¿En
qué contexto político se producen las palizas? Tras las elecciones a las Cortes
Valencianas celebradas en mayo de 2023, el PP (que ganó los comicios) y el
partido ultraderechista Vox formaron un gobierno de coalición, que se prolongó
hasta julio de 2024; a finales de mayo de 2025, los dos partidos pactaron los
presupuestos de la Generalitat para el presente año.
Dos
semanas antes, el espacio València pels Drets de les Persones Immigrades -integrado
por 30 colectivos- manifestó su rechazo a las enmiendas planteadas por Vox a
las cuentas autonómicas; las entidades solidarias pidieron al PP que no
aceptara las citadas enmiendas, presentadas en medio de una “ofensiva racista”.
El
comunicado de València pels Drets de les persones Immigrades valoraba tres
propuestas de Vox, insertas en una denominada “agenda de odio”.
En
concreto, “pruebas médicas invasivas para determinar la edad de menores
migrantes bajo tutela, tratándolos como sospechosos por su origen”; además, “la
creación de partidas presupuestarias para expulsar selectivamente a jóvenes
extutelados por haber nacido fuera de Europa”.
Por
último, “la financiación de supuestas cooperaciones
con países como Mauritania o Senegal que, en realidad, buscan reforzar la externalización
de fronteras y la política del rechazo”.
No
se trataba de las únicas críticas de las ONG; meses después de la DANA (228
muertes en el País Valenciano), el 21 de marzo, los colectivos impugnaron unas
declaraciones del presidente de la Generalitat, Carlos Mazón (PP), calificadas
como “insinuaciones racistas” y en las que el dirigente “se hacía eco de los
bulos de la extrema derecha”.
En
una declaración institucional en las Cortes Valencianas, Mazón manifestó que no
se admitirían más repartos de
inmigración ilegal, ya que el País
Valenciano había visto superada su capacidad; asimismo el político derechista
pidió al Gobierno español información sobre el número de personas detenidas por
robo -y su nacionalidad- tras la DANA del 29 de octubre (Agencia Efe, 17
marzo).
El
manifiesto de las 40 organizaciones sociales señalaba, entre otros puntos, la
oposición a una de las prácticas de racismo institucionalizado
en el estado español: “Los controles policiales basados en criterios raciales o
étnicos; un problema endémico, que es sistemáticamente negado”.
En diciembre de 2024 se presentó el segundo
balance anual Discriminació quotidiana
per racisme i xenofòbia en València, que dedicaba un apartado a las “malas
prácticas policiales”; estas afectan, particularmente, a las personas migrantes
en situación que el Estado considera irregular.
En la mayoría de los casos las victimas no denuncian la discriminación o
delitos de odio.
“Temen
que por denunciar a la autoridad policial haya represalias en su proceso de regularización y saben que la palabra de
la policía prevalece sobre la suya”, agrega el balance de València Acull, CEAR,
Movimiento por la Paz, Accem, Elche Acoge, CONVIVE-Fundación Cepaim; Campaña
por el cierre de los CIE y la asociación Rumiñahui.
El
informe resalta que, durante 2023, se constataron paradas, identificaciones y registros
en la calle a migrantes (no europeos) por parte de la policía; se trata de una
práctica cotidiana, subrayan las ONG, que tiene lugar pese a las negativas
oficiales y sin que se tengan en cuenta las recomendaciones de la Defensoría
del Pueblo española o la Agencia de los Derechos Fundamentales de la UE.
Según
los colectivos, las identificaciones por perfil étnico se producen sobre todo
en los barrios, pero asimismo en zonas céntricas (estaciones de transporte público); en las
retenciones y solicitudes de documentación, los agentes se centran
-actualmente- en migrantes concretos y
pequeños grupos.
Las
alertas ante las embestidas policiales no constituyen una novedad; en diciembre
de 2022, un muchacho hondureño recibió un puñetazo en el estómago por parte de
un policía del municipio de Burjassot, que le mantenía retenido; el joven no
opuso resistencia, informó València Acull; “vas de chulo, sois todos iguales,
te voy a mandar a tu país”, espetó el agente; la víctima presentó una denuncia
en el juzgado de Paterna.
En
noviembre de 2023, València Acull informó sobre la detención “más de 20 horas
de forma irregular” de una mujer colombiana, que tenía cita para demandar
asilo; los hechos ocurrieron durante un control de tráfico en Valencia; el
expediente sancionador y propuesta de expulsión, derivados de la actuación
policial, fue finalmente archivado por la Delegación del Gobierno.
El arqueólogo Josu Santamarina ha publicado con la editorial Sans Soleil un libro que recorre el desarrollo de la Guerra del 36 a través de vestigios arqueológicos. Después de esta investigación doctoral, destaca que los cambios de paisaje «muy radicales» han destruido parte de los restos, como el Cinturón de Hierro.
“Euzkadi en ruinas. Arqueología de la Guerra Civil en el
País Vasco (1936-1948)” es el título del libro que ha publicado el
arqueólogo Josu Santamarina Otaola. Tal y como ha explicado en
conversación con 7K, cada vez hay menos personas vivas que vivieron la Guerra del 36 y «los objetos son el testimonio que nos queda».
Así, en este libro, que deriva de una investigación doctoral que comenzó en el año 2016, se narra la denominada Guerra Civil desde julio de 1936 hasta 1948, el año en el que se derogó el Estado de Guerra, y porque en el 39 no comenzó la paz, sino «la ocupación del territorio, la fase de represión, de los símbolos, los monumentos, la propaganda y la reconstrucción».
Este trabajo otorga «una visión diferente e inédita», a través de los
objetos, de este periodo histórico. De esta manera, explica
Santamarina, «lo interesante ha sido ver que nos da la visión de que
hubo varias guerras -de columnas, de trincheras-, una especie de
secuencia, estratigrafía, de los tipos de guerra y que cada una tenía su
objeto característico».
A esos objetos que definen una época se les llama «fósil director» en
la arqueología. La primera fase de la guerra, la “Guerra de Columnas”,
fue «muy precaria» y en ella se utilizó «una munición muy rudimentaria
que venía de los cuarteles». También se reutilizaron espacios y son «muy
características» las fosas de cuneta, «una cosa muy cruda».
Restos de una trinchera en San Pedro-Askuren. (Biblioteca Nacional)
En la “Guerra de Trincheras” el fósil director son las
fortificaciones, como los búnkeres, «que aparecen en esa época». En la
primavera del 37, sin embargo, «cuando empiezan los bombardeos masivos
sobre el territorio vasco», como el de Durango y el de Gernika, «el
fósil guía más característico es el cráter, el impacto, y también los
cuerpos mal enterrados o tirados en el monte». Más tarde, en la década
de los años 40 son «los centros represivos, los monumentos o las fosas
en cementerios de prisioneros muertos por hambre y frío».
La investigación arqueológica también ha arrojado luz sobre la
cuestión de la participación extranjera en la guerra. En el yacimiento
de San Pedro-Askuren, en Urduña, el principal que han excavado en estos
años y que «ha dado una información tremenda», solo el 9% de la munición
hallada es de fabricación española. «El resto vino de México, Alemania,
Francia, Estados Unidos o Rusia», explica Josu Santamarina.
Imagen capturada en Legutio en 1937. (Biblioteca Nacional)
Por lo tanto, «es una guerra internacional» y la del 36 «fue parte de
una guerra civil europea, antecedente de la Segunda Guerra Mundial, si
se quiere». Es por eso que el concepto de “Guerra Civil” para referirse a
la que empezó con el golpe de Estado contra la Segunda República
española, es «muy cuestionable, también a nivel arqueológico». «Yo mismo
me debato con él, porque la definición clásica es la de una nación, en
la cual vecinos y hermanos se pelean y es un relato que la propia
dictadura usó de propaganda», detalla.
Uno de los protagonistas del libro es Legutio, donde pasó su niñez
Josu Santamarina. Se habla de la Batalla de Villarreal, la única
ofensiva de Euzko Gudarostea que el bando sublevado «acabó usando a su
favor» con motes como “Villarruinas”, “Villaescombros” o “El Verdún
alavés”, «reclamando así esa característica de lugar sagrado, santo, de
lugar de sus mártires, de sus caídos».
Trabajos de excavación en San Pedro-Askuren. (Josu Santamarina)
En el contexto arqueológico, el caso de Legutio es significativo por
la manera en la que se desarrolló la construcción franquista del embalse
de Urrunaga, que «alteró mucho el paisaje de la guerra» y ha hecho que
muchos de los restos queden inundados para siempre. También ha quedado
constancia de la guerra en los cráteres del monte Aiaogana, «que fue
bombardeado en dos minutos por la Legión Cóndor alemana», en los que «la
hierba y los helechos crecen de forma extraña y el ganado no come».
De esta manera, según apunta el arqueólogo, la reconstrucción de lo
que destruyó la guerra trajo consigo «la imposición de un paisaje
monumental, de los símbolos», es decir, el «paisaje de la victoria». «El
franquismo creó una institución específica que se llamaba Regiones
Devastadas, que era para crear escenografías favorables al régimen y,
además, implantar todo un sistema propagandístico».
LOS RESTOS DESPUÉS DE CASI UN SIGLO
Otra parte de los restos tampoco se conserva por las transformaciones
de paisaje «más radicales» en los últimos años. «En estos 90 años han
pasado cosas que no habían pasado en los miles de años antes», explica
Josu Santamarina. «En este sentido, donde se conservan más restos es en
Araba, que es donde hay más monte comunal, donde por lo general se
conservan mejor los paisajes naturales y los agrícolas y rurales».
En el caso de Bizkaia, por ejemplo, esas transformaciones han dañado
el Cinturón de Hierro que «se hizo en previsión del ataque franquista,
pero realmente casi no tuvo utilidad» y quedó casi intacto. Por ello,
«lo que el franquismo no le hizo al Cinturón de Hierro, se lo ha hecho
el capitalismo en estos años porque se lo ha ido cargando, lo ha ido
destruyendo».
Aun así, añade Santamarina, desde 2019 un decreto protege estos
restos arqueológicos y establece protocolos de protección, pero no cubre
la mayoría de los restos que investiga en este trabajo. De hecho, hay
elementos que aparecen en el libro que ya han sido «destruidos o
bastante dañados en muy pocos años».
NOMBRES PROPIOS
Aunque, según Santamarina, «la arqueología es el mundo del anónimo»,
el hallazgo de una chapa de un miliciano que no estaba asociada a ningún
cuerpo en San Pedro-Askuren llevó a trazar toda la historia de este
hombre. Se trata de Manuel Mogrovejo, nacido en Zornotza, se enroló en
el batallón comunista Leandro Carro con 17 años y combatió en San Pedro,
donde se entiende que perdió su identificación, porque lo habitual es
que aparezcan al lado de un cuerpo.
Tenedor, cuchara y filo de cuchillo hallados en San Pedro-Askuren. (Jagoba Manterola | FOKU)
Después, pasó por el Campo de Gurs y fue enviado a la línea Maginot.
«Una de las cosas más fuertes» para Santamarina es que fue uno de los
deportados vascos en campos de concentración nazis y estuvo en
Mauthausen desde 1941 hasta 1945, cuando las tropas americanas entraron a
liberar el campo. «Un caso muy único», destaca, porque era un nombre
que había quedado en el olvido en las bases de datos. Además, lamenta
que «hemos olvidado la historia de los deportados vascos en campos de
concentración».
Otra historia personal no tan clara es la de Catalina, el nombre que
alguien dejó grabado en un búnker en el norte de Araba. «La inercia nos
lleva siempre a pensar que será ‘la mujer de’, ‘la hermana de’ o ‘la
madre de’, pero también puede caber la posibilidad de que sea un nombre
escrito por una mujer en primera persona allí, en el frente de Ketura»,
aclara Josu Santamarina. Sin embargo, este caso «es casi como si fuese
una investigación prehistórica», porque ese nombre no consta en ninguna
nómina.
Aun así, «no hemos descubierto nada», advierte el arqueólogo
refiriéndose al equipo que ha trabajado en esta investigación. «En
Euskal Herria tenemos un tejido asociativo y vecinal super potente, que
ya buscaba conocer esto antes, incluso, de que nos acercáramos a la
universidad».
El autor con su libro. (Jagoba Manterola | FOKU)
Destaca así que en este trabajo han intentado «profundizar en ello,
sistematizarlo y ofrecer las herramientas que da la arqueología y
también la historia». Celebra que en Euskal Herria, en el caso de la
memoria histórica sobre esta guerra, hay «cierto consenso» sobre la
necesidad de investigar, «una rareza» en el Estado español. Lo compara
con Murcia, donde todavía no se ha excavado ninguna fosa y con Madrid,
donde las primeras las excavó Aranzadi hace unos tres años, por ejemplo.
Así, para Josu Santamarina, «la arqueología es interesante porque nos invita a pensar que, una vez de que ya no tenemos prácticamente testimonios directos, los objetos son el testimonio que nos queda». «Es una pena, pero creo que también se trata como una oportunidad», concluye.
Cuando el año pasado la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que condenó a España por no adoptar medidas suficientes para evitar el exceso de nitratos en el agua nombró al pueblo de La Sotonera
(Huesca) como ejemplo del impacto ambiental y social que tiene esta
contaminación, su alcaldesa, Isabel Bailo, respiró aliviada. “Esperemos
que esta sentencia sirva para solucionar este grave problema“, celebró.
Sus 900 habitantes, quienes conviven con 14 macrogranjas porcinas (45 mil cerdos), llevan años sin poder beber agua del grifo.
Pero Bailo subestimó el poder de presión de una industria insaciable, que tiene a Aragón
como meca productiva de España y Europa. Los planes del poderoso
tejido empresarial del sector, gigantes de la exportación, son de un
mayor crecimiento, más instalaciones, más animales, más producción y
más rentabilidad, ya en niveles récord. Este lobby lleva desde el año
pasado rondando los despachos políticos para eliminar las (pocas)
restricciones ambientales a las macrogranjas, aprobadas en la Ley de Agricultura Familiar de 2023.
Como era de esperar, la presión surtió efecto. El 15 de
mayo, las Cortes de Aragón, con los votos del PP y Vox, la abstención
del PSOE y el rechazo de IU y Podemos, modificó esta normativa, dejando
sin efectos los límites —artículo 8— que tenían las granjas en régimen intensivo.
Ya no habrá un tope en la cantidad de cabezas de ganado. Tampoco una
distancia mínima entre instalaciones. Y quedará a voluntad de los
empresarios comprobar la capacidad de los suelos cercanos para absorber
purines.
“La verdad que nos ha
sorprendido esta decisión política. La desregulación ocurre con una
sentencia condenatoria de fondo del Tribunal de Justicia de la Unión
Europea, en la que, precisamente, se pone a Aragón como ejemplo de todo
lo que hay que corregir. Mientras Catalunya,
la otra comunidad autónoma líder en macrogranjas, empieza a pisar un
poco el freno por impactos que ya no se pueden ocultar, Aragón pisa el
acelerador”, lamenta Luis Ferreirim, responsable de Agricultura de Greenpeace España, uno de los activistas que más conoce sobre este nocivo e insostenible modelo de negocio.
La
pregunta del millón, agrega Ferreirim, es saber qué más tiene que
ocurrir para que los poderes políticos y económicos de Aragón dejen de
“tensar una cuerda”, que tarde o temprano, se acepte o se siga negando,
se va a cortar. “La comunidad científica es clara: se necesitan
medidas contundentes y ambiciosas para frenar una inercia que nos lleva
al desastre. Estamos yendo en el camino opuesto, profundizando el
modelo. Es de no creer”, se queja.
Regulación fallida
La
Ley 6/2023 de protección y modernización de la agricultura social y
familiar se aprobó meses antes de las elecciones autonómicas que
llevaron al PP y Vox al poder. En la repartija de departamentos, el
presidente autonómico, Jorge Azcón,
cedió Agricultura a la ultraderecha. “La Ley de Agricultura Familiar
se va a derogar. Conlleva un impacto económico negativo en las
explotaciones ganaderas”, repetía por aquel entonces Ángel Samper, el
consejero del partido de Santiago Abascal.
Sin embargo, en julio de 2024, Vox salió del Gobierno de Aragón
y la Consejería pasó a manos de Javier Rincón, del PP. La derogación
de la ley quedó descartada. “Vamos a modificarla para corregir límites
innecesarios”, adelantaron los populares. En octubre, Rincón firmó una
orden para avanzar con los cambios. El texto decía: “Se pone de
manifiesto la necesidad de acometer otras modificaciones demandadas por
el sector que vengan a depurar distorsiones provocadas por la
limitación de la capacidad máxima de las explotaciones ganaderas
intensivas y el régimen de distancias mínimas entre ellas”.
En febrero, Vox
recogió el guante y registró una proposición de ley para reformar con
urgencia y de “una maldita vez” la normativa. “Estamos puteando a los
ganaderos y agricultores. No se entiende por qué se hacen estas leyes”,
se quejó el portavoz Alejandro Nolasco.
Hasta hace algunos
días, las granjas aragonesas tenían 720 unidades de ganado mayor (UGM)
como capacidad máxima (864 antes de la ley) y al menos un kilómetro de
distancia entre explotaciones. Existía, además, un tope de 20% a las
ampliaciones de las macrogranjas. Todas las restricciones han quedado
suprimidas. Al cabo, la reforma legislativa va a facilitar la
instalación de plantas intensivas más grandes —hasta 8.600 cerdos de
cebo por explotación y ciclo—, más próximas entre sí y sin control
previo sobre la saturación de los suelos cercanos.
“La
sensación es que en Aragón no se puede adoptar ni la más mínima medida
regulatoria, porque lo que se ha derogado está lejos de lo que
realmente se necesita, como no conceder más autorizaciones de
instalaciones o reducir la cabaña ganadera en intensivo. La realidad es
que hemos llegado a un límite. El territorio español no puede soportar
más cerdos, empezando por Aragón”, subraya Ferreirim.
Siete cerdos por habitante y 20 millones de metros cúbicos de purines al año
No
hay una definición oficial de macrogranja, pero según la normativa
española se consideran aquellas explotaciones industriales que disponen
de más de 40.000 plazas para
aves de corral, 2.000 plazas para cerdos de cría (de más de 30 kg) y
que superan la emisión de 100 toneladas de metano al año.
Greenpeace lo explica así: “Las macrogranjas son el exponente máximo de la ganadería industrial.
Son instalaciones muy mecanizadas con una gran capacidad de producción
en un espacio reducido para el número de animales que alberga. Es una
ganadería sin tierra, altamente dependiente de insumos externos (agua y
piensos) y que genera muchas emisiones y residuos. En estas
instalaciones industriales, los animales no salen al campo y pasan su
vida encerrados y hacinados. Son auténticas fábricas de carne, leche y
huevos, pero también de cambio climático, contaminación y sufrimiento”.
El objetivo, resume
Ferreirim, es claro: obtener la mayor producción de carne, leche y
huevos al más bajo coste y en el menor tiempo posible. En Aragón, según
los últimos datos publicados por el Ministerio de Agricultura, Pesca y
Alimentación, hay 190 de estos establecimientos. El número crece a
4.500 si a esta lista se le agregan las naves que tienen entre 1.000 y
2.000 cerdos de cebo. En total, las granjas de porcino aragonesas suman
9,6 millones de cabezas (es decir, siete cerdos por habitante), según
el último censo nacional, que generan más de 20 millones de metros
cúbicos de purines al año.
Este
punto es clave: los purines son un residuo orgánico que incluye heces,
orina, restos de comida, paja y agua de limpieza. Históricamente, se
los ha usado para fertilizar el suelo. Pero usados de forma incorrecta
pueden contaminar el agua superficial y subterránea con nitratos
(NO3-). Si los nitratos superan 50 mg/L, el agua deja de ser potable
porque puede producir problemas sanitarios.
Como
explica el experto de Greenpeace, en España, las empresas y fondos de
inversión —principales actores— dejan el manejo de los purines en manos
de los agricultores. “En España funciona un modelo de negocio que se
llama “integradoras”, donde esas grandes empresas contratan a pequeños
emprendedores. Las corporaciones ponen los cerdos, los piensos y los
medicamentos. El agente local cría y engorda. Y también gestionan los
purines, lo más complicado de esta producción”, detalla.
Como
la maximización económica es la primera premisa, estos desechos se
“descartan sin control alguno”. “La primera lupa hay que ponerla en las
cantidades ingentes de excremento que estamos generando. En España
estamos sacrificando más de 50 millones de cerdos cada año. Es una
barbaridad”.
En Aragón, estos purines ya son un grave problema de salud pública.
Según las últimas mediciones de la Red Ciudadana de Vigilancia de
Nitratos, el 72% de las aguas subterráneas analizadas en Aragón están
contaminadas. El porcentaje es del 42% en el caso de las aguas
superficiales. La situación es tan grave que el 20% de las muestras en
el agua de consumo dio positivo. En los últimos años, 22 poblaciones
aragonesas han experimentado episodios de contaminación por nitratos en
sus redes de abastecimiento de agua potable. A nivel nacional, la
cifra supera los 300 municipios, según las estadísticas de Greenpeace.
“Si esto estuviese afectando a una gran ciudad, otro
gallo cantaría. Pero como afecta a pequeños pueblos y personas que a
veces no tienen capacidad de movilización, no solo es que no se toman
medidas, sino que se decide profundizar el modelo”, denuncia Ferreirim.
Cómo decrecer
Como detalla Datadista, proyecto periodístico que más ha investigado
las macrogranjas en Aragón, las exportaciones de carne de cerdo de
esta comunidad autónoma alcanzaron en 2023 las 734.000 toneladas, un
20% más que en 2022. En 2024, las ventas al exterior crecieron un
10,5%, con 811.414 toneladas exportadas por un valor de 2.252,9 millones
de euros, lo que representa el 13% de todas las exportaciones de la
comunidad. El sector supone el 3,55% del PIB regional y genera 5.000
empleos directos y 11.000 indirectos. “Nada puede con la pujanza del
cerdo”, sentenciaron en diciembre los periódicos locales al difundir
estas cifras.
La dependencia al cerdo de muchos pueblos y ciudades
divide opiniones dentro de las organizaciones sociales que luchan por
frenar a esta industria. María José Pueyo, portavoz de la Plataforma
Loporzano Sin Ganadería Intensiva, uno de los pocos colectivos de
protesta que existe en las comarcas afectadas (Loporzano tiene 557
habitantes), repite en sus contactos con la prensa que “no hay manera
de cerrar todas las granjas de un día para otro”. “Sería un desastre
social”, dice.
Desde los
territorios afectados, la propuesta pasa por una “moratoria,
reconversión y decrecimiento”. Ferreirim, en cambio, considera que la
situación es tan grave que amerita “medidas radicales”. “El modelo
industrial del porcino ha crecido de una forma que no tenemos capacidad
para aguantar un sistema productivo como el que tenemos. Me gusta
comparar el sistema del porcino con las centrales térmicas de carbón. En el pasado eran necesarias y apostamos por ellas, pero vimos alternativas. Ahí están las renovables
pisando fuerte y fuimos capaces. En el pasado también parecía que era
impensable abandonar el carbón y lo estamos haciendo por los impactos
que tiene. Hay que animarse a la misma transición con el cerdo”,
insiste.
Porque además, agrega, cuanta más explotaciones se abran, “más difícil va a ser que el sector acepte hacer una transición”. “Cuando se habla del cerdo como el motor económico de Aragón, se omite que estamos empujando a un ganadero hacia el suicidio económico: más tarde o más temprano van a tener que transformarse”.
En plena posguerra española, cuando las aulas estaban llenas de frío,
silencio y repeticiones mecánicas, una mujer en Galicia imaginó otra
escuela posible. Una escuela con luz, movimiento, sonidos, conocimiento
interactivo y aprendizaje autónomo. Se llamaba Ángela Ruiz Robles y, en 1949, patentó lo que hoy llamaríamos el primer libro electrónico del mundo.
Nacida en 1895 en Villamanín (León), Ángela estudió Magisterio en
León y comenzó dando clases de taquigrafía, mecanografía y contabilidad
mercantil. En 1928 se trasladó a Ferrol, donde desarrollaría casi toda
su carrera. En 1934 fue nombrada directora de la Escuela Nacional de Niñas en el Hospicio de
Ferrol, un centro que buscaba la integración social de menores
abandonadas mediante la instrucción, la música y la formación
profesional. Ese mismo año, la Comisión Depuradora del Magisterio la
investigó por contribuir con una pequeña ayuda económica a las familias
de maestros presos tras la Revolución de Asturias. Era una mujer
profundamente religiosa, pero también libre, generosa y con principios
propios.
Ángela Ruiz Robles
Ángela no solo enseñaba, también creaba. Entre 1938 y 1970 publicó
dieciséis libros de texto de diversas materias: ortografía, historia,
geografía, gramática, mecanografía, taquigrafía. En algunos de ellos
propuso sistemas de escritura taquigráfica innovadores, más rápidos y
eficientes. Pero su invención más revolucionaria llegaría en 1949: el
libro mecánico.
Registrado con la patente nº 190.968 como “procedimiento mecánico,
eléctrico y a presión de aire para lectura de libros”, este dispositivo
buscaba renovar la enseñanza con un sistema interactivo y adaptable.
Consistía en un aparato con placas intercambiables, que mediante botones
se elevaban y mostraban los contenidos en una pantalla de plexiglás con
aumento. Incorporaba además elementos de luz, sonido y ampliación de
texto. Su objetivo era facilitar el aprendizaje con menos esfuerzo,
adaptar la lectura al progreso tecnológico y reducir el peso de las
mochilas escolares.
Ruiz Robles construyó el prototipo con sus propias manos, lo presentó
en ferias, escribió artículos, buscó apoyo institucional y empresarial.
Pero no encontró aliados. No era hombre. No era ingeniera. No era
extranjera. Y sobre todo, no se le concedía a una mujer, maestra y
gallega, el papel de visionaria tecnológica. Su invento fue ignorado,
tachado de fantasioso o innecesario, y archivado en silencio como tantas
otras aportaciones femeninas a la ciencia y la tecnología.
Ella misma lo explicó con claridad: “Los libros mecánicos
proporcionan muchísimas ventajas. El mío ha sido ideado para todos los
idiomas y facilita grandemente el trabajo a profesores y alumnos.
Responde al progreso del vivir actual y cumple las leyes de enseñanza
general. (…) Es atractiva y práctica. Se trata de una pedagogía
ultramoderna. Auxilia a la ciencia de la Enseñanza y creo que cumple los
fines que me he puesto al idearlo.”
El caso de Ángela Ruiz Robles ilustra con claridad el efecto Matilda:
cuando las mujeres producen conocimiento innovador y valioso, la
historia tiende a ocultarlo, atribuirlo a otros o considerarlo menor.
Mientras Silicon Valley celebraba décadas después la llegada del libro
electrónico, en una escuela de Ferrol una mujer lo había anticipado con
un ingenio brillante y funcional.
Lejos de rendirse, siguió trabajando. Escribía, daba clases, proponía
reformas. Era una educadora vocacional que creía que enseñar también
era imaginar. Su capacidad creativa y su compromiso con los alumnos no
bastaron para romper el muro institucional y cultural que impedía
reconocerla como inventora. Murió en 1975, el año en que empezaba la
transición política en España. Otra transición, la tecnológica, ya
estaba en marcha. Pero sin ella.
Décadas más tarde, su legado comienza a recibir el reconocimiento que merece. Su prototipo se conserva en el Museo Pedagóxico de Galicia (MUPEGA).
En Ferrol se le ha dedicado una calle y una estatua. Su figura ha sido
objeto de documentales, libros y exposiciones sobre mujeres pioneras. En
2016 fue finalista en la votación popular para dar nombre al aeropuerto
de Madrid-Barajas. También ha sido incorporada a enciclopedias,
manuales escolares y estudios sobre innovación educativa. Pero el
reconocimiento llega tarde, como casi siempre en estos casos.
Ángela Ruiz Robles demuestra que la innovación no solo nace en
laboratorios de élite, sino también en aulas modestas, entre tizas,
cuadernos y sueños. Que muchas veces quienes anticipan el futuro no
tienen acceso al poder para realizarlo. Y que la historia, cuando ignora
a estas figuras, no solo es injusta, sino que pierde valiosas
oportunidades de transformación.
Por eso, hoy la reivindicamos no solo como inventora del libro electrónico, sino como símbolo de tantas mujeres silenciadas por el sistema científico y educativo. Como referente para las generaciones futuras que sueñan, crean e insisten, aunque nadie les dé permiso. Porque el efecto Matilda no es una anécdota, sino una injusticia sistémica que aún estamos a tiempo de corregir.
La Junta de Andalucía ha autorizado la reapertura de la mina de Aznalcóllar 27 años después de uno de los mayores desastres medioambientales de Europa.
Era el último trámite de la Administración autonómica para dar vía
libre al inicio de los trabajos de construcción de esta nueva mina en la
misma zona donde se produjo el vertido de lodos tóxicos al río
Guadiamar tras la rotura de la balsa, a las puertas de Doñana.
El proyecto, según ha informado la Junta, supondrá una inversión cercana a los 500 millones de euros y generará en torno al millar de empleos directos, indirectos e inducidos
durante la fase de construcción y unos 2.000 durante la fase de
operación. La explotación cuenta con una vida estimada de al menos 20
años, incluyendo las labores preparatorias del proyecto minero, según ha
detallado el consejero de Industria, Energía y Minas, Jorge Paradela,
que se reunió el pasado 30 de mayo con el alcalde de Aznalcóllar, Juan
José Fernández (IU).
«Hoy es un día muy grande para la minería en España. La minería del siglo XXI empieza hoy«,
dijo el alcalde, que dio las gracias a la Junta, a los sindicatos,
patronal, empresarios «y a todos los que han creído en esta lucha y en
que el pueblo de Aznalcóllar podía salir de las colas del paro». «Hoy la
mina de Aznalcóllar es una realidad, Aznalcóllar tiene su mina, la
comarca tiene su mina y los 8.000 mineros que estaban esperando que este
proyecto saliera adelante porque el futuro de la minería en Andalucía
pasaba por las minas de Aznalcóllar», añadió.
La
futura explotación minera cuenta con reservas de unos 45 millones de
toneladas de sulfuros polimetálicos (zinc, plomo y cobre), con
una producción media estimada de 2,7 millones de toneladas por año.
Los ecologistas denuncian la decisión «temeraria»
Los grupos ecologistas ya han anunciado que llevarán a los tribunales este nuevo permiso por considerarlo “temerario y contrario al interés general de la ciudadanía”. Para Ecologistas en Acción,
ha habido tiempo más que suficiente para buscar alternativas económicas
viables que no dependan de la minería. «Sin embargo, alertamos de una
especie de enganche colectivo a esta industria, que impide visualizar
otras opciones. La minería, ofrece rentabilidad a corto plazo, pero
genera un impacto irreversible en los ecosistemas y en la salud de las
personas».
Para la organización no existe una minería sostenible: «Los residuos generados permanecerán activos indefinidamente, con potenciales riesgos continuos«.
La plataforma Salvemos Doñana tampoco
ve compatible con Doñana el proyecto minero. «La corta de Aznalcóllar
fue utilizada durante años como vertedero de diversos materiales como
restos de escombreras y fangos de la planta depuradora de agua, que se
mezclan allí con aguas mineras de diversa naturaleza como escorrentías y
relaves. En esta corta, además, se han vertido a lo largo de los años
otros lodos, vertidos y residuos contaminados de diversa procedencia,
entre ellos, los 7 hm3 de lodos y aguas tóxicas recogidos tras la rotura
de la presa de la corta y el consiguiente vertido al río Guadiamar en
1998».
Ecologistas en Acción también cuestiona la idoneidad de la
empresa adjudicataria del nuevo proyecto, Minorbis-Grupo México: «Esta
multinacional tiene un largo historial de desastres ambientales, entre
ellos el del río Sonora en 2014, y aún arrastra responsabilidades por el
derrumbe en Pasta de Conchos, en el que quedaron atrapadas 65 personas
trabajadoras».
Desde los colectivos ecologistas insisten en que la comarca tiene futuro más allá del modelo extractivo:
«Apuntamos a la riqueza forestal y ganadera de la zona, con montes
públicos que abarcan miles de hectáreas, y que podrían ser la base para
una economía sostenible que genere empleo, respete el entorno y
garantice el bienestar de la población».
Un informe reciente
elaborado por investigadores de la Universidad de Sevilla y de Huelva
intenta hacer ver a la ciudadanía y también a las administraciones la necesidad de otorgar una moratoria a los nuevos proyectos mineros previstos en la zona para
poner sobre la mesa los impactos que ya están generando: en las aguas,
la agricultura, la pesca, el medio ambiente e incluso la salud humana.
Una de las principales advertencias es la disponibilidad de agua potable: “El actual proceso de reactivación minera tan atroz, independientemente de los desastres que pueda originar, puede comprometer a medio plazo la disponibilidad de agua potable”.
Los alimentos cotidianos están contaminados por 130 plaguicidas, un
23 % más que el año anterior, según los últimos datos disponibles del
Programa de Control de Residuos de Plaguicidas de la Agencia Española de
Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), analizados por
Ecologistas en Acción en su informe “Directo a tus hormonas”.
Entre los plaguicidas detectados, 60 son sustancias no autorizadas
por la UE y 15 son candidatas a ser sustituidas porque tienen efectos
cancerígenos, tóxicos para la reproducción, de disrupción endocrina o
cumplen dos de las tres siguientes características: persistencia,
bioacumulación y toxicidad.
Además, 49 de los plaguicidas encontrados son disruptores endocrinos
(EDC) que dañan al sistema hormonal y 15 son sustancias PFAS o “químicos
para siempre”, tóxicos muy persistentes que se relacionan con graves
problemas de salud.
En porcentaje, el 37 % de los alimentos contenían residuos de plaguicidas, que sube al 41 % en el caso de frutas y verduras.
Aunque el porcentaje de muestras contaminadas por encima del límite
legal fue bajo, del 1,73 %, Ecologistas en Acción ha ido un paso más
allá y ha analizado los plaguicidas detectados porque, para los
plaguicidas más tóxicos, cualquier cantidad ingerida puede suponer un
riesgo para la salud. Además, la exposición combinada supone un cóctel
tóxico desconocido, del que la comunidad científica alerta.
Para Kistiñe García, responsable del Área de Tóxicos de Ecologistas
en Acción y coautora del informe, “las Administraciones deben prestar
atención a la exposición combinada a múltiples plaguicidas, un problema
de salud pública de efectos desconocidos y que nuestra investigación
demuestra que se produce en el 24 % de los alimentos, contaminados por
dos o más pesticidas con casos extremos de nueve plaguicidas en una
misma pieza”.
Según el origen de los alimentos, el porcentaje de alimentos con
plaguicidas no autorizados más tóxicos es el doble en los productos
importados: un 10 % frente al 4,70 % de los locales. Sin embargo, los
productos españoles tienen más plaguicidas disruptores endocrinos,
candidatos a la sustitución y PFAS.
Los datos de estudio demuestran que la población española está
ampliamente expuesta a plaguicidas a través de la alimentación, lo que
supone un problema de salud pública, sin olvidar que afecta a las
personas que producen los alimentos, a sus comunidades y a la
naturaleza.
Por todo ello, Ecologistas en Acción exige al Ministerio de
Agricultura, Pesca y Alimentación que ayude realmente a que los
alimentos producidos en el Estado español se diferencien como productos
sin tóxicos, para que permitan vivir digna y saludablemente a las
personas que los producen. Esto redundaría en una mejora de la
naturaleza y de la soberanía alimentaria necesaria para resistir luchas
comerciales como la de los aranceles.
La organización ecologista también recomienda a la población que
elija alimentos locales y de temporada, evitando así parte de los
plaguicidas que se emplean para conservar frutas y verduras, que evitan
el impacto del transporte a grandes distancias y ayudan a la agricultura
local.
Sin embargo, como afirma Koldo Hernández, coordinador del Área de
Agua de Ecologistas en Acción: “La responsabilidad no es individual:
comer alimentos sin tóxicos es un derecho de toda la población que la
Administración debe garantizar”.
Plaguicidas detectados
Sustancias detectadas en un mayor número de muestras
130 sustancias plaguicidas diferentes
Los fungicidas imazalil y pyrimetanil
60 plaguicidas no autorizados en la Unión Europea
El insecticida clorpirifós y fungicidas ditiocarbamatos.
15 candidatos a ser sustituidas debido a su elevadísima toxicidad
Los fungicidas fludioxonil y difeconazole
49 disruptores endocrinos (EDC) que afectan al funcionamiento del sistema hormonal
Los fungicidas imazalil y el pyrimetanil
15 sustancias per y polifluoradas (PFAS), tóxicos muy persistentes
El fungicida fluopyram y el insecticida lambda-cyhalothrin
En esta etapa de transición
por el declive y la fragilidad estructural de la izquierda
alternativa, con la hipótesis de su prolongación en la siguiente
legislatura, existe un obstáculo a remontar: la polarización
sectaria por intereses corporativos de las élites dirigentes
respectivas, el fanatismo político particular, en una trayectoria
competitiva y destructiva. Es decir, la incapacidad de las actuales
élites partidistas para resistir un proceso de mayor fragmentación
y destrucción de fuerzas organizadas y la profundización de una
crisis representativa, de influencia social y de liderazgo público,
mayor si ganan las derechas el poder institucional. Al estancamiento
de la acción gubernamental progresista y los límites de la
capacidad transformadora de las izquierdas, se añaden sus
dificultades articulatorias y representativas.
Enseñanzas históricas y
pugna competitiva
Para sacar enseñanzas, se
pueden citar las otras dos
grandes experiencias de recomposición de la izquierda del Partido
Socialista, tras su fracaso representativo, sus pugnas corporativas y
las dificultades políticas y sociales para una trayectoria
transformadora.
La primera experiencia, tras
la crisis del PCE y la izquierda radical, con el ‘desencanto’ por
los límites de la transición política, de finales de los años
setenta y primeros ochenta, se produjo la reactivación de la
movilización popular en los años ochenta, con el movimiento
pacifista -campañas anti-OTAN-, el sindical -desde la resistencia
frente a la reconversión industrial hasta la gran huelga general del
14-D-1988 contra la precariedad y por el giro social- y, en menor
medida aunque significativos, el feminista y el ecologista, aparte de
la persistencia de los movimientos nacionalistas periféricos. Esa
activación cívica se tradujo en el refuerzo de un campo
sociopolítico diferenciado de la socialdemocracia, con una gestión
gubernamental regresiva en muchos aspectos, y la formación de
Izquierda Unida, cuyo mayor influjo político y electoral, desde la
oposición, pervivió una década, hasta mitad de los años noventa,
junto con el declive socialista.
La segunda etapa, tras un
reflujo alternativo pronunciado de tres lustros -con movilizaciones
significativas como contra la guerra de Irak en 2003 y la renovación
socialista con Zapatero, en su primera legislatura-, se reinició con
un gran proceso de protesta cívica (2010/14), con la movilización e
indignación popular progresista simbolizada por el movimiento 15-M,
frente a la austeridad y la prepotencia del bipartidismo y por la
justicia social y la democracia. Se amplió y conformó un nuevo
campo sociopolítico y electoral a la izquierda del PSOE,
representado por Podemos y sus alianzas y convergencias, en el marco
de Unidas Podemos, luego debilitado y fragmentado entre Podemos y
Sumar, que pretendía sustituirlo y reorientarlo, en una operación,
finalmente, fallida en parte.
Ahora, si se mantiene la
trayectoria divisiva actual de la izquierda alternativa, se aventura
otra crisis de su capacidad orgánica, representativa y de influencia
institucional y transformadora, aunque está por ver el grado de
asimetría entre los dos bloques actuales y su impacto comparativo
para los distintos grupos políticos.
La dificultad adicional para
un marco constructivo conjunto e influyente es, aparte de las
diferencias políticas y estratégicas, los propios intereses
corporativos y cierta inclinación sectaria existente entre
formaciones democráticas o progresistas, con mucha tradición entre
las izquierdas en estos dos siglos. Consiste en trazar una línea
rígida entre dos bloques incompatibles, defensores de su específico
patrimonio político y orgánico, apropiándose de una identidad
embellecida y descalificando la identidad contraria: amigos/enemigos.
Frente a los poderosos no
habría un campo popular-progresista, amplio y plural, sino que, para
unos, las corrientes moderadas o posibilistas forman parte del poder
establecido, no son izquierda; y, para otros, las corrientes
radicales o transformadoras son ‘izquierdistas’, marginales y
perjudiciales para el avance social y democrático. Todo ello, a
pesar de que el grueso de sus bases electorales, esa izquierda social
-o progresismo rojo, verde y violeta-, tiene ideas, posiciones y
valores de izquierda bastante similares y todavía suman unos dos
millones y medio de personas.
Existen dos versiones. La
justificación moderada de Sumar, despreciando o marginando a Podemos
como grupo radical, minoritario o contraproducente. La explicación
radical de la dirección morada, aventurando la descomposición de
Sumar, por su política contemporizadora con el PSOE y su política
de rearme, que favorecería a las derechas. En la situación actual,
estos últimos esquematizan una polarización entre la llamada
‘izquierda’ (Podemos y sus aliados políticos y de la sociedad
civil) y las fuerzas del ‘régimen de guerra’ (incluido
PSOE/Sumar).
Los puentes entre las
direcciones partidistas se rompen. El riesgo es caer en el
doctrinarismo y la descalificación discursiva, estéril para la
reactivación popular y la articulación de un frente común, social
y partidario, diferenciado de la socialdemocracia. Su prioridad es
otra, la primacía particular de cada liderazgo alternativo.
En esa situación defensiva y
de división, se acentúan los relatos sobre las responsabilidades
por el declive y por la legitimación de nuevos liderazgos y
estrategias. Cobra virulencia y gravedad la pugna sectaria y
corporativa, por su carácter destructivo y la ausencia de
acumulación -unitaria- de experiencias de lucha cívica, activación
democrática y articulación político-orgánica y electoral. No hay
escucha ni diálogo con argumentos, predomina la descalificación; se
resiente el talante democrático.
Aparte del reparto de las
responsabilidades de las direcciones partidistas, se produce el
desgaste adicional de su crédito político y moral ante la
ciudadanía, por su impotencia o incapacidad transformadora y
articuladora. Se añade la posibilidad de la travesía del desierto
para la recomposición de la izquierda social y política en el
siguiente ciclo político, con la agudización de las tensiones
internas que pueden profundizar dinámicas destructivas, sin
perspectivas de una estrategia efectiva de resistencia cívica y
cooperación partidaria.
La perspectiva explícita en
la dirección de Podemos parece que es la de resistir como minoría
parlamentaria, en la oposición y sin mucha capacidad institucional
de influencia transformadora, ante un amplio bloque de poder
derechista y belicista, y acumular fuerzas sociales y culturales para
ampliar electorados y contrapoder social e ideológico, a medio
plazo. Su expectativa es la de un relanzamiento de la movilización
social por la paz y contra el rearme que desborde la denominada
representación moderada o posibilista de la coalición Sumar.
En el caso de Sumar, casi todo
lo fía al impacto social y mediático de su gestión gubernamental
reformadora, bastante constreñida, principalmente en el campo
sociolaboral, con la ley de la reducción de jornada en primer plano,
hoy todavía en el aire.
En unas circunstancias
desfavorables, con limitados arraigo social, contrapoder asociativo,
influencia cultural y legitimidad cívica, ¿aguantará una
estructura de cuadros políticos, con poco arrope institucional y
difícil arraigo popular? ¿o se prolongará y agudizará la crisis
orgánica y la necesidad de una renovación profunda y la
recomposición de las élites y plataformas partidistas?
El camino hacia la
recomposición
Ante una salida difícil hay
que prevenir la inercia autocomplaciente de unos diagnósticos
embellecidos para adecuarlos a una subjetividad voluntariosa pero, a
veces, irrealista, que vuelva a generar desilusión. Como decía
Gramsci, hay que combinar
el pesimismo
de la inteligencia -del análisis- con el optimismo de la voluntad
-transformadora-.
La apuesta deseada en la
izquierda alternativa, particularmente en la dirección de Podemos,
es la conformación de otro proceso de movilización general, más o
menos similar al del origen de este ciclo, el 15M, en una versión, a
veces, idealizada. Así, en este periodo de transición se pueden
extremar las expectativas subjetivas de la resistencia y movilización
popular progresista (aparte del nacionalismo) para dar verosimilitud
al deseo del ascenso de la radicalización sociopolítica y cultural,
para conseguir una nueva hegemonía en torno a esa estrategia radical
contra el ‘régimen de guerra’ y el apoyo a ese liderazgo
discursivo.
La cuestión es que hay que
ser realistas respecto de las contradicciones, tendencias y fuerzas
presentes para diagnosticar la trayectoria movilizadora y
articuladora de la izquierda social, especialmente juvenil. Hay que
valorar la experiencia, con las diferencias de los contextos de otras
épocas históricas en los procesos de conformación de los sujetos
sociales, sin paralelismos forzosos, y profundizar el análisis
concreto de la situación concreta.
En particular, como se decía,
hay que explicar, aparte de los nacionalismos, los procesos de
movilización colectiva progresista. Singularmente, como enseñanzas
articuladoras, el movimiento antifranquista -1968/78-, el anti-OTAN y
sindical -1981/85/88-, el de ‘No a la guerra’ -2003- y el
movimiento feminista -2018/25-; y, especialmente, el simbolizado por
el más reciente y masivo movimiento 15M -2010/14-.
Igualmente, hay que valorar
los campos de desafección política, deslegitimación social y pugna
cultural, especialmente entre la gente joven, para empujar, articular
y orientar la movilización cívica, reconstruir una base social
progresista y de izquierdas y fortalecer la capacidad vertebradora
del activismo social y político. Hay motivos graves para el
descontento público, cierta conciencia social y algunas
movilizaciones relevantes sobre: la vivienda, la sanidad pública,
Palestina, la violencia machista… y ahora la oposición contra el
rearme.
La orientación está clara,
fortalecer esa activación cívica y participativa, no solo ni
principalmente discursiva, aunque también con una pugna ideológica
y una teoría crítica. Y realizar el análisis concreto de la
situación concreta, para elaborar la línea política y una
plataforma político-electoral compartida, la convencional
acumulación de fuerzas sociopolíticas transformadoras o, si se
quiere, la articulación de tejido asociativo y de base, así como
movimientos sociales, incluido el sindicalismo, con capacidades
articuladoras y contractuales.
Al mismo tiempo que el
declive y el desconcierto en las izquierdas alternativas, con una
fuerte ofensiva derechista, se abre la oportunidad para otro ciclo de
reactivación cívica y recomposición sociopolítica y partidista.
La otra cara, es
que también se genera una fuerte pugna política y discursiva por la
primacía en el reconocimiento, el estatus y la colocación para
influir en su nueva dimensión, sus características y su liderazgo.
El reto alternativo es
fortalecer una confrontación popular democratizadora, con arraigo
social, frente al poder establecido, y rearticular una dinámica
colaborativa de base y de proyecto transformador, que constituya el
fundamento para ensanchar ese campo sociopolítico y electoral
diferenciado del centrismo socioliberal y frente a la involución
derechista.
Consiste en promover la
participación democrática y la pugna ideológica y discursiva por
la vertebración y la hegemonía legítimas con procedimientos
organizativos desde el respeto a la pluralidad, la democracia y la
negociación de acuerdos y políticas comunes en beneficio de las
mayorías populares.
Al mantener la vocación de
articular a las mayorías sociales y las expectativas de estatus e
influencia institucional, la cohesión partidista se busca en la
convicción colectiva del acceso -seguro- a esa posición de poder,
la confianza en el camino a recorrer y las condiciones de liderazgo a
establecer. Sin embargo, está por ver la capacidad de las actuales
élites partidistas de las izquierdas para afrontar ese desafío semi
constituyente, así como su renovación y recomposición.
Bases para la renovación y
la remontada
Podemos resumir los
fundamentos para impulsar la recomposición político-organizativa y
su remontada electoral y de influencia transformadora.
En primer lugar, la activación
cívica en el campo sociopolítico, en los movimientos sociales, ante
los graves problemas de regresión social y democrática (feminismo,
vivienda, servicios públicos como sanidad y educación, desigualdad
y capacidad adquisitiva, solidaridad con Palestina, oposición al
rearme…). O sea, la colaboración por abajo, el impulso a la
actividad reivindicativa, crítica y solidaria, con una perspectiva
global.
En segundo lugar, potenciar
las posibilidades de acuerdos parciales en territorios (Andalucía,
Navarra, Extremadura) y sectores, así como en iniciativas políticas
y legislativas compartidas. Y evitar mayor división.
En tercer lugar, una reflexión
y renovación de las estructuras dirigentes y los liderazgos
partidistas, desde la pluralidad, la cultura democrática y la
colaboración. Y, en ese marco, la clarificación ideológica y la
nueva vertebración orgánica.
El problema de la legitimidad
pública y el encaje de los intereses corporativos de los núcleos
dirigentes, con sus políticas y trayectorias, solo se podrá
resolver con la realidad de la constatación de la representatividad
electoral (y aun así, será insuficiente, como han demostrado las
elecciones europeas) y su influencia político-cultural entre la
población. Por tanto, existe el peligro de tender hacia el
debilitamiento mutuo, con la competitividad sectaria y la
demostración de su empoderamiento respectivo por su política y su
liderazgo. Son tendencias disgregadoras.
Se constata un punto débil
que añade dificultad renovadora. La fragilidad de la constitución
ideológica y democrática, sin suficiente cultura consistente en el
respeto al pluralismo y la negociación de acuerdos y lealtades
comunes. Se trata de elaborar unos objetivos y un plan conjunto que
referencie las particularidades y reequilibrios representativos y de
poder, así como consensuar los acuerdos estratégicos y de alianzas
y pactar el tratamiento de los desencuentros.
Ante ese problemático
escenario, hay una opción definida en el caso de Podemos. Salvarse
como izquierda valiente y firme, aunque sea en condiciones inmediatas
de poca relevancia en los equilibrios parlamentarios y
gubernamentales hegemonizados por las derechas y la socialdemocracia
asimilada. Su hipótesis es su remontada a medio plazo, sobre la base
de un esperado gran movimiento pacifista contra la guerra, que
articule, bajo su liderazgo, el conjunto de la oposición social y
política al llamado ‘régimen de guerra’, que determinaría todo
el proceso político, subsumiendo las distintas trayectorias
sociopolíticas. Habrá que verificar ese plan.
Su perspectiva es que las
élites de Sumar se pasen al PSOE, cosa dudosa, al menos, antes de
las elecciones de 2027. Ello les permitiría absorber sus bases
sociales, una vez clarificados los campos electorales, tras la
previsible debacle político-electoral. Su complemento organizativo
puede ser la tendencia a la cohesión y la disciplina partidista,
minusvalorando tensiones internas y el retroceso en el respeto al
pluralismo, el debate interno y la negociación, descalificados por
su ineficacia operativa, ante la dimensión expresada de la nueva
tarea de prevalencia dirigente.
Por parte de la dirección de
Sumar se trataría de continuar con el actual estatus de superioridad
institucional y respetabilidad mediática y política. Pero, ante un
escenario en la oposición, queda abierta la falta de previsión y
capacidad para superar esa posición menos ventajosa. Y está por ver
el desarrollo de la propuesta unitaria de Izquierda Unida que, ante
su imposibilidad, también se apresta a prepararse en solitario para
la travesía del desierto.
La conclusión es que frente al declive representativo y de influencia de la izquierda alternativa, la solución vendrá de abajo, y los liderazgos deberán demostrar su capacidad para articular una dinámica transformadora y democrática, en condiciones desfavorables. Su renovación y ampliación procederá dela confluencia de la experiencia de acción popular, la articulación democrática y la cultura crítica de una nueva generación, con los valores de libertad, igualdad y solidaridad. Sin descartar la prolongación y agudización de la crisis orgánica y política de la izquierda alternativa, queda abierta la tarea de su recomposición y remontada en la próxima década.
Según la Constitución española de 1978, el Congreso de los Diputados puede exigir la responsabilidad política del Gobierno mediante la adopción, por mayoría absoluta, de la moción de censura, que deberá ser propuesta al menos por la décima parte de los Diputados, y habrá de incluir un candidato a la Presidencia del Gobierno. Si no fuere aprobada, sus signatarios no podrán presentar otra durante el período de sesiones.
Y en
estas estamos, cuando el líder de la derecha reaccionaria, Alberto
Núñez Feijó, propone, o amenaza, a los socios del gobierno, con
una moción de censura contra Pedro Sánchez, moción abocada al
fracaso. Forma parte de su campaña programática para el cónclave
del PP que se celebrará en este mes de junio. Los socios del
gobierno desprecian, como no podía ser de otra forma, la propuesta
de la moción de censura y Feijóo parece que no la presenta porque
no quiere, aunque posiblemente debería. No se atreve, sería uno de
sus mayores fracasos.
Seré
claro, dice el líder ultra, la
moción de censura para sacar la corrupción de la Moncloa no depende
de mi voluntad. Yo la tengo toda. Depende de quienes
le han dado soporte parlamentario hasta ahora. Si quieren acabar con
esto, el Partido Popular sigue a disposición. Si no quieren, no
tengan duda de que les arrastrará y que la mayoría de los españoles
decentes les hará cómplices de esta degradación, concluyó. Todo
son culpas de los demás, frente a su política que aún no se
conoce.
El
Partido Popular eleva el tono y llama a poner fin al Gobierno de
Pedro Sánchez, al que tacha de criminal, mafioso y corrupto. La
exageración en política ha generado un tipo de discurso en el que
se denuncian golpes de Estado, dictaduras inadvertidas
por todas partes; se alerta de una confrontación civil inminente o
nos enteramos de que hay terroristas decidiendo nuestro destino
colectivo. Lo cierto es que la derecha está creando un clima
guerracivilista, como ya hizo históricamente antes de la guerra de
1936.
Para
aclarar más cuales son los objetivos golpistas de la derecha, junto
con sus socios fascistas, aparecen
las conversaciones del capitán Bonilla de la OCU,
ahora fichado por Díaz: Matar a los rojomorados, desterrar a Pedro
Sánchez y la lucha: amenazas violentas en los chats del capitán
Bonilla fichado por Ayuso. La lista de amenazas del capitán Bonilla
es interminable, junto con el de la bomba lapa en el coche del
presidente. Tras las pruebas reveladas, es insostenible que Juan
Vicente Bonilla, ex capitán de la UCO y actual responsable de
Seguridad del SERMAS, siga en su puesto, por lo que el PSOE pide a
Ayuso el cese fulminante de su capitán Bonilla, vinculado a la UCO
patriótica.
Vayamos
a la moción de censura. En cuatro ocasiones se
ha utilizado en los cuarenta y siete años de vida constitucional. La
primera moción de censura se presentó en 1980 contra el Presidente
Adolfo Suárez, del partido UCD, llevando como candidato a Felipe
González, del PSOE. La segunda en 1987 contra el Presidente González
y llevando como candidato al Senador Hernández Mancha, de AP. La
tercera en 2017 contra el Presidente Rajoy y llevando como candidato
al Diputado Pablo Iglesias, de Podemos. La cuarta en 2018 contra el
Presidente Rajoy y llevando como candidato al Diputado Pedro Sánchez,
del PSOE, que gano y salió como presidente en funciones.
Aunque una votación negativa sobre aspectos
básicos de la política gubernamental (proyectos de ley,
decretos-leyes, Presupuestos Generales del Estado, etcétera) puede
provocar esta consecuencia, la moción de censura es una forma
directa y expresa de transmitir el mensaje. A través de la misma la
representación popular declara cancelada la relación de confianza
con el Gobierno y provoca su caída.
La
moción de censura es de este modo, y junto a la cuestión de
confianza, uno de los cauces específicos para exigir responsabilidad
política al Ejecutivo. Durante el último tercio del siglo XIX y
buena parte del XX la retirada de la confianza a los Gobiernos en
diversos países europeos, por unos medios o por otros, era
frecuente, provocando continuas caídas de los mismos y, en general,
una situación de inestabilidad política. Tras la Primera Guerra
Mundial, y como reacción frente a este estado de cosas, se observa
en todo el parlamentarismo occidental un movimiento tendente a
corregir el desequilibrio contrario al Ejecutivo, mediante lo que se
ha llamado el parlamentarismo racionalizado, esto es, mediante la
regulación de las relaciones entre los poderes Legislativo y
Ejecutivo, sentando los límites a las facultades del primero.
Es
tras esta situación cuando surgen como categoría definida las
mociones de censura, que son mociones reguladas limitativamente en la
medida que se proponen la exigencia de responsabilidad política al
Gobierno. Ejemplos de estos límites son la exigencia de la mayoría
absoluta para su aprobación, la necesidad de un número mínimo de
diputados para su presentación, el establecimiento de un período de
enfriamiento entre su depósito y su debate, el transcurso de un
cierto plazo desde la votación de la anterior, etcétera.
Vista
la realidad política, las dos primeras mociones presentadas en
España, no perseguían otra cosa que desgastar al Gobierno y en
particular a su Presidente. La primera pudo cosechar algunos réditos
en este campo; la segunda, en cambio, fracasó por completo a este
respecto. La tercera, por el contrario, pretendió demostrar la
existencia de una alternativa de Gobierno, al margen de las dos
partidos políticos mayoritarios que en el año inmediatamente
anterior, sus candidatos a la Presidencia del Gobierno se habían
sometido a sendas sesiones de investidura, en dos legislaturas
sucesivas, cosechando sólo éxito el Presidente del Gobierno a quien
esta moción pretendía derribar. Pero donde las tres fracasaron fue
en su propósito, de cambiar el Gobierno de la nación. Sin embargo,
la cuarta presentada logró su objetivo: derrocar al Gobierno de
Rajoy,
La
moción es una manifestación política por la que una Cámara
parlamentaria expresa al Gobierno su aspiración, voluntad o deseo de
su seguimiento. La moción de censura está caracterizada por
encerrar una crítica sustancial al comportamiento sobre el
presidente del Gobierno, lo que supone una condena o una censura.
Como en todos los regímenes parlamentarios, el Gobierno necesita la
confianza de las Cámaras representativas para mantenerse en el
poder, la aprobación de una de estas mociones implica que el
Gobierno quede obligado a dimitir.
El
exponente más extremo de las mociones es el de las llamadas mociones
constructivas de censura. Con ellas se cierra el paso a las mociones
(y a las mayorías) puramente negativas, que desembocan en la caída
del Gobierno pero sin consideración alguna a la posibilidad de
formar un equipo sucesor. Se requiere que las mociones vayan
acompañadas de un candidato a la Presidencia gubernamental, de tal
modo que su aprobación conlleve la de éste como nuevo primer
ministro. La destrucción de un Gobierno va unida a la construcción
de uno nuevo, evitándose los paréntesis tan peligrosos sin
Ejecutivo. Y, desde luego, desincentivándose la presentación de
estas iniciativas, tan favorecedoras de la inestabilidad política.
Se trata de una técnica inaugurada por el artículo 67 de la Ley
Fundamental de Bonn, con vistas a evitar la inestabilidad
gubernamental que tantos estragos causó en el régimen de Weimar.
En
España está prevista la figura de la moción de censura en los
artículos 113 y 114 de la Constitución: El Congreso de los
Diputados puede exigir la responsabilidad política del Gobierno
mediante la adopción por mayoría absoluta de la moción de censura.
La moción debe ser constructiva, esto es que la propuesta, apoyada
al menos por la décima parte de los Diputados, tiene que incluir un
candidato a la Presidencia del Gobierno. Otra institución bien
distinta es la cuestión de confianza. Aquí, es el presidente del
gobierno quien puede utilizarla, para forzar el favor parlamentario
en momentos de crisis o de pérdida de apoyos. En ambos casos la
mayoría absoluta parlamentaria es crítica; se gana la censura o se
pierde la confianza si se obtiene.
Como
queda expuesto, desde que se aprobó la Constitución en 1978, se han
presentado varias mociones de censura y cuestiones de confianza, con
diferentes resultados y conclusiones. En mayo de 1980, el Partido
Socialista Obrero Español, presentó la primera moción al
presidente Adolfo Suárez. La iniciativa originó un desgaste
tremendo para el gobierno y fue el principio del fin, que llegó en
1982. La moción, fue defendida por Alfonso Guerra y rechazada por el
diputado Rafael Arias-Salgado y el candidato a la presidencia
alternativo propuesto Felipe González. Fue rechazada por los únicos
166 votos del grupo parlamentario centrista, que se quedó solo en el
rechazo.
Una
moción de censura se presenta o no se presenta, se gana o se pierde,
pero es un arma política que siempre, tiene consecuencias
parlamentarias. Se puede cambiar a un presidente del gobierno, tras
exigirle responsabilidades o se fuerza un debate sobre los temas que
el gobierno quiera eludir.
En
esta ocasión, Núñez Feijóo no quiere presentar la moción de
censura porque la perdería; no quiere más desgastes políticos,
pero si lo hiciera, forzaría a un debate sobre la realidad social,
política y económica en España, que reflejaría una visión que
nada tiene que ver con la catastrófica situación que proclama
Feijóo. Además debería presentar a la ciudadanía un proyecto
político claro, que parece ser no lo tiene.
Por
su parte, desde la Comunidad de Madrid, el consejero de Presidencia
llama desde una tribuna pública a la Guardia Civil, a las empresas,
a los medios de comunicación y a la ciudadanía a levantarse para
tumbar al Gobierno legítimo de España. Lo que están haciendo se
llama #golpismo.
Cuatro sindicatos -CGT, Intersindical Valenciana (IV), CNT y la Coordinadora Obrera Sindical (COS) de Països Catalans- convocaron una huelga general el 29 de mayo en el País Valenciano; uno de los motivos centrales fue la exigencia de responsabilidades (políticas y penales) por la DANA del 29 de octubre (227 muertes en el País Valenciano y 75 municipios afectados en Valencia, además de graves daños materiales).
También
el 29 de mayo, miles de personas se manifestaron en el centro de Valencia para
exigir la dimisión del presidente de la Generalitat, Carlos Mazón (PP), por la gestión de la catástrofe; promovida por más
de 200 colectivos sociales, sindicatos, familiares de víctimas y comités de
reconstrucción, se trataba de la séptima movilización con el citado objetivo;
una acción de las mismas características tuvo lugar en Alicante.
Acord
Social Valencià -donde están representadas, entre otras organizaciones, las
asociaciones de víctimas y los Comités Locales de Emergencia y Reconstrucción- respaldó
la huelga general del 29 de mayo; tres días antes del paro, Acord Social denunció que en el Parke
Alcosa (municipio de Alfafar) fue arrancada y destruida una pancarta de 25
metros que convocaba la huelga y reivindicaba la dimisión del president.
Asimismo
en las fechas previas, el 27 de mayo, CGT, Intersindical Valenciana, CNT y COS
ocuparon la sede de la Confederación Empresarial de la Comunidad Valenciana (CEV);
durante la DANA, se dio el caso de empresas que no informaron a los
trabajadores, impidieron que estos se ausentaran de los puestos de trabajo; o
fueron objeto de “coacciones” para que, pese a las condiciones meteorológicas, acudieran a trabajar.
Las
reivindicaciones fueron compartidas por otras organizaciones y entidades; por
ejemplo, el comité de empresa de la EMT (Empresa Municipal de Transportes de
Valencia) informó en un comunicado -difundido por la CGT- que secundaba la
huelga general; se reclamaba la dimisión de Mazón, pero el Comité también hacía referencia a otros aspectos, como la vivienda:
“Denunciamos
que los precios de las viviendas ya han superado los máximos históricos de la burbuja inmobiliaria; en algunos lugares
los alquileres se han multiplicado por cuatro en diez años (…)”.
Además
de “exigir responsabilidades penales por la negligencia” durante la DANA
(muerte de centenares de personas trabajadoras), la jornada de huelga reivindicó
justicia y reparación para las víctimas, la reducción de la jornada laboral, la
recuperación de los salarios, el
refuerzo de los servicios públicos y el derecho a la vivienda.
El
Butlletí d’Informació de IV detalló
algunas de las organizaciones, no radicadas en el País Valenciano, que apoyaron
la huelga del 29-M; entre otras la plataforma No+Precariedad; la Federación
Interestatal de Metalúrgicos y Metalúrgicas (FITMetal) de Brasil; la Oficina
Regional Europea de la Federación Sindical Mundial (EUROF); el Sindicato
Nacional de Trabajadores de la Educación, la Ciencia y el Deporte (SNTECD) de
Cuba y la Confederación de Educadores Americanos (CEA).
No produïm, no
consumim, Estén la vaga al teu barri! Fue una de las consignas de los cuatro
sindicatos organizadores; destacaron que la iniciativa tenía como destinatarios
tanto el sector público como el privado; y también la importancia histórica de la reivindicación: la
primera huelga general promovida en el ámbito estricto del País Valenciano.
CGT,
Intersindical Valenciana, CNT y COS explicaron las circunstancias y el contexto
sociopolítico que culminaron el 29 de mayo; así, “hemos hecho seis
manifestaciones masivas pidiendo la dimisión de Mazón en seis meses y dos por
el derecho a la vivienda, contra la turistificación
y por el territorio; hemos sacado barro de forma voluntaria (…), aportado
dinero para las zonas afectadas y comprado productos de todo tipo”.
Pero
la jornada de huelga general suponía avanzar un paso en la movilización, según
los cuatro sindicatos; es decir, “intensificar el conflicto llevándolo al mundo
del trabajo, que es donde murieron muchas compañeras y compañeros o yendo de
casa al trabajo o del trabajo a casa”; se tenía en cuenta, asimismo, “la gran
cantidad de trabajadoras y expuestas aquel día a un riesgo de muerte”.
El
manifiesto unitario apuntaba los efectos del negacionismo climático y el capitalismo “desaforado”: se
desatendieron las informaciones científicas sobre las lluvias y la situación de
los ríos, ramblas y barrancos; “el negacionismo
de Vox ha encontrado un portavoz en Carlos Mazón”, subraya el escrito (a finales
de mayo el PP y Vox aprobaron los presupuestos de la Generalitat Valenciana
para 2025).
CNT-València
elaboró una Guía sobre el derecho a
huelga 29M; en uno de los carteles reclamaban reducir la jornada laboral a
32 horas; “recuperar el 100% del salario en los Expedientes de Regulación
Temporal de Empleo (ERTE) de la DANA”; el permiso retribuido sin límite de días
en situaciones de alerta meteorológica, y “más ocupación en el sector de
emergencia”.
Además,
la CNT denunció los servicios mínimos decretados por la Generalitat con el fin
de “reventar la huelga”.
La
COS señaló los nombres de empresas que obligaron a trabajar en el contexto de
la DANA; es el caso de la cadena de supermercados Mercadona, que obtuvo en 2024
un beneficio neto de 1.384 millones de euros (un 37% más que el año anterior);
el presidente de la firma valenciana, Juan Roig, se sitúa entre las 550 mayores
fortunas del mundo: 6.300 millones de dólares (Forbes, abril 2025).
Antes
del 29-M, la CGT desplegó una gran pancarta en las Torres de Serranos de Valencia,
que exhortaba a la huelga general. CGT, Intersindical Valenciana, CNT y COS
calificaron como “éxito rotundo” la jornada; además de las manifestaciones
–como la que partió de la Estación del Norte de Valencia-, “centenares de
personas del comité organizador consiguieron paralizar (varias horas) la
actividad de Mercavalencia”.
En este centro agroalimentario,
el mayor de la capital valenciana, los sindicatos desplegaron el primer piquete
informativo; la acción sindical causó largas colas de vehículos. Asimismo a las
6,00 horas, los piquetes se concentraron en el aparcamiento de la EMT.
Vox ha pisado a fondo el acelerador de la radicalización. Desde su
irrupción en el panorama político español, el partido de extrema derecha
no ha parado de tantear diferentes vetas discursivas, siempre desde el
populismo autoritario y ultranacionalista, pero nunca se había alineado
con tanta claridad como ahora con posiciones directamente neonazis. Un
ligero vistazo a su recorrido permite ver los cadáveres del pin
parental, la cruzada contra la UE, las acusaciones de golpe de Estado o
el negacionismo climático, entre otras muchas apuestas. Ninguna generó
la tracción suficiente y se fueron buscando otros argumentarios sin
terminar de abandonar los anteriores, que se han ido acumulando en un
corpus ideológico grotesco. Hasta que llegó la cuestión migratoria, y
más específicamente la islamofobia. Bingo.
La formación liderada por Abascal ha volcado toda su estrategia de
comunicación en propagar por España el término de moda entre los
movimientos neonazis europeos: la remigración. Lo ha hecho con su equipo
de propagandistas a sueldo, pero también desde los propios canales
oficiales del partido. El resultado, muy notorio en la normalización del
racismo más crudo, ya se está viviendo en las calles: el pasado
viernes, 23 de mayo, Falange Española convocó una manifestación
encabezada por una pancarta en la que se leía “Remigración”. En
términos de afluencia no fue, ni mucho menos, exitosa, pero el mero
hecho de que estuviese autorizada y de que sus asistentes fuesen,
principalmente, personas muy jóvenes, dice mucho de la amenaza que
supone el fascismo. Otros grupos como Núcleo Nacional, directamente
vinculado a Vox, siguen la misma línea; en este caso, han convocado a
sus secuaces el próximo 7 de junio, en Madrid. “¡Remigración!”, dice el
tuit en el que se anuncia.
El movimiento neonazi resurge en Europa al son de la remigración
El sábado 17 de mayo, la policía italiana reprimió con violencia las
protestas de movimientos antifascistas que trataban de impedir la
celebración de Remigration Summit, un evento que reunió a algunas de las
principales figuras del supremacismo blanco en Europa alrededor del
concepto que está dando alas a su odio racista: la remigración.
En líneas generales, la propuesta anima a los Estados europeos a
expulsar a todas aquellas personas que no hayan nacido en la UE y a sus
descendientes, llegando incluso a mencionar las terceras generaciones.
Especialmente, y esto se dice de forma explícita, en el caso de la
inmigración procedente de países con mayorías musulmanas. Por muchos
matices que intenten introducir sus defensores –nivel de integración,
situación laboral, antecedentes, etc.–, la remigración no es más que un
eufemismo de limpieza étnica.
La convergencia de varias crisis –económica, climática, migratoria…–
ha sumido a las grandes mayorías de la UE en la precariedad, en el
sentido más amplio del término. Hay una pérdida de poder adquisitivo y
un descenso en la calidad de vida a nivel material, pero también faltan
certezas, y es precisamente en esa incomodidad, en esa ausencia de
horizontes, donde la extrema derecha ha plantado su semilla del odio:
todo es culpa de los migrantes pobres. Islamización de Europa, reemplazo
demográfico, plan Kalergi… teorías disparatadas que siempre habían
quedado reducidas a la marginalidad de grupúsculos neonazis y que ahora
tienen presencia en parlamentos, redes sociales, medios de comunicación
de masas y, cada vez más, en la conversación pública.
La cumbre del 17 de mayo, en el municipio italiano de Gallarate
–originalmente iba a celebrarse en Milán, pero el alcalde, Giuseppe
Sala, se opuso–, culmina un camino que tiene uno de sus hitos
fundacionales en noviembre de 2023, en Potsdam, Alemania. Allí, el hotel
Landhaus Adlon acogió una reunión del llamado Foro de Düsseldorf, grupo
que congregó a ideólogos neonazis, representantes del partido de
extrema derecha alemán AfD y empresarios con ganas de financiar la
ofensiva ultra en Europa. El objetivo, según cuenta el consorcio de investigación Correctiv,
no era otro que trazar una estrategia para “solicitar dinero a
empresarios acaudalados que quieran apoyar alianzas de extrema derecha
en secreto”.
En una de las invitaciones, los organizadores anunciaban la
existencia de un “plan maestro” que iba a ser presentado, “ni más ni
menos”, por Martin Sellner, líder del movimiento identitario –otro
eufemismo– en Europa. Ese plan maestro gira en torno al concepto de
remigración, que centró toda la atención durante el fin de semana que duró el encuentro de Potsdam.
Hoy, casi dos años después, acaba de celebrarse la primera edición de
Remigration Summit –en castellano, Cumbre de la Remigración–, con
Sellner como principal impulsor. La idea ha cuajado.
Vox no quiere dejar pasar el tren neonazi
El proceso de radicalización de Vox se sustenta, principalmente, en
dos patas. La primera sigue la senda del mencionado resurgir neonazi en
Europa, al que la formación de Abascal ha intentado engancharse con un
endurecimiento brutal de los discursos islamófobos y su posicionamiento
como eje ideológico del partido. La segunda tiene que ver con un patriotismo social
del todo afín a las ideas fascistas, en el que se articula una suerte
de preocupación por dar una vida mejor al pueblo con una idea
supremacista, excluyente y violenta del concepto de “patria”.
El núcleo irradiador de este giro filonazi está en el sector
catalán, liderado ideológicamente por Jorge Buxadé e Ignacio Garriga.
Desde allí se fueron marcando las pautas que provocaron, primero, una
crisis interna que reorganizó las filas del partido –las expulsiones de
Macarena Olona e Iván Espinosa de los Monteros son quizá su huella más
evidente–; y, después, el viraje hacia posiciones de un extremismo
galopante, que hoy empieza a materializarse en consecuencias tan
peligrosas como la aparición de grupos neonazis directamente vinculados a
Vox, véase Núcleo Nacional.
La islamofobia como mantra
“No me arrepiento de haber estado en la Falange, pero sí de haber
sido militante del PP”. Es difícil resumir mejor el posicionamiento
político de Buxadé que con esta frase pronunciada, precisamente, por él.
Radicalmente instalado en las trincheras más fascistas de la
ultraderecha, cuenta con vínculos estrechos con el fundamentalismo
religioso: además de ser cercano al Opus Dei, presidió el Foro Catalán
de la Familia, entidad que agrupa a asociaciones como Hazte Oír
Cataluña. Este perfil ultracatólico rima a la perfección con una de las
obsesiones de los identitarios europeos: la pérdida de la tradición
cristiana por culpa de la multiculturalidad. Además, Buxadé se desempeña
como eurodiputado desde 2019. Todo encaja.
Ignacio Garriga comparte con él algunos vínculos, como el Opus Dei.
También la deriva de su actividad en redes sociales, que se ha ido
centrando en la cuestión migratoria con una intensidad obsesiva. En el
momento en que se escriben estas líneas (20 de mayo), el perfil de
Twitter de Jorge Buxadé muestra cinco publicaciones que relacionan
directamente inmigración musulmana con delincuencia solo en las últimas
24 horas; por su parte, en el muro de Garriga hay tres posts
sobre esta cuestión –también en las últimas 24 horas–, entre los que
destaca uno en el que el secretario general de Vox menciona de forma
explícita uno de los mantras del supremacismo blanco, la “sustitución
demográfica”. El tuit fijado de Garriga, presente en lo más alto de su
perfil desde hace más de cinco meses, es también islamófobo.
Si bien esta dupla marca el paso desde sus posiciones preeminentes,
la gestión operativa del aparato propagandístico del partido corre a
cargo de Manuel Mariscal. Diputado por Toledo desde 2019, la cara de
Mariscal se ha ido haciendo reconocible en los últimos años por sus
intervenciones. En ellas no duda en defender el franquismo, al que
definió como “una etapa de reconstrucción, de progreso y de reconciliación”; también trata de llevar a las instituciones ciertos códigos utilizados por la extrema derecha online, como el término “jovenlandia”,
y lanza guiños a algunos de los perfiles digitales más radicalizados.
Pero Mariscal lleva mucho más tiempo actuando fuera del foco.
Concretamente desde 2016, cuando entró en un Vox todavía en formación
para trabajar en la estrategia de comunicación del partido.
Casi una década después, su actividad ha generado una gran red
digital de usuarios al servicio de Vox que están remando con fuerza en
este proceso de acercamiento al supremacismo europeo. Se hacen llamar el
Team Facha.
Una de sus cabezas visibles demuestra que, en este caso, utilizar el
término “radicalización” en referencia a la ultraderecha sí está
justificado: no se está diciendo que antes no fuesen radicales, sino que
han alcanzado cotas de extremismo insólitas. Un ejemplo podría ser
tener las siglas AHTR –“Adolf Hitler tenía razón”– como descripción del
perfil; otro, publicar una foto de Hitler en un canal de difusión de
Telegram con la frase “Algunos hombres buenos”. Aunque quiso ocultar su
identidad real detrás del pseudónimo ‘Españabola’, hablamos de Pau Ruiz,
un joven a sueldo de Vox como asesor en el Parlament catalán y cercano a
Ignacio Garriga.
En su cuenta de Twitter se pueden encontrar diversas menciones a la
remigración, que él define como “la palabra de la década” y que sitúa ya
“en el mainstream de España”.
Otro de los nombres más destacables del Team Facha es el de Pablo
González Gasca, mano derecha de Manuel Mariscal en las estrategias de
comunicación de Vox. Su perfil es del todo coincidente con la senda
marcada por el partido: se trata de un joven abiertamente fascista con
un discurso muy centrado en la islamofobia y amplios vínculos con
movimientos neonazis a nivel europeo. González Gasca vivió durante una
etapa en Polonia, donde estrechó lazos con la organización polaca de
extrema derecha Konfederacja.
Habla de forma explícita de remigración e incluso difunde acciones de
grupos fascistas como la asociación Alfonso I, que colocó un cartel con
la palabra “Remigration” en Burgos.
Su vinculación con Vox es aún más evidente que la de Pau Ruiz. A nivel personal, existen pruebas de su relación con Abascal ya en agosto de 2017,
pero además su intensa labor de propaganda en redes sociales está
pagada, directamente, desde la formación neonazi. En enero de 2024, El Español definía a González Gasca como “responsable de marketing digital” de Vox.
Todo apunta a que es uno de los principales encargados de establecer
alianzas con las extremas derechas europeas. Su importancia dentro del
partido quedó patente cuando se le confió el discurso de apertura del evento Europa Viva 24,
que reunió a algunas de las figuras más relevantes de la internacional
ultra. De nuevo, la postura europeísta está omnipresente en la actividad
de Vox. Y en la de González Gasca, habitual en los encuentros
organizados por ECR –el eurogrupo de los de Abascal antes del cambio a
Patriots.EU–, siempre de la mano de Jorge Buxadé. También acudió al
Transatlantic Patriot Summit IV, organizado por entidades clave de la
ultraderecha como CitizenGO o Heritage Foundation.
Todo esto puede resumirse en una sola fotografía: Pau Ruiz, Pablo
González Gasca, Arturo Villarroya –otro integrante del Team Facha– y
Jorge Buxadé celebrando, desde la misma sede de AfD en Berlín, los
buenos resultados de la formación alemana en las elecciones federales de
febrero de 2025.
De izquierda a derecha, Arturo Villarroya, Pablo González Gasca, Jorge Buxadé y Pau Ruiz en la sede de la AfD en Berlín. / X
Alimentando a las bases neonazis
Si la trayectoria de González Gasca representa la decisión de Vox de
subirse al tren islamófobo de la identidad europea, su retórica advierte
sobre los intentos de generar una red asociativa de extrema derecha que
atraiga a la población española blanca, con especial atención en las
personas jóvenes. El mejor ejemplo de este enfoque pudo verse en los
días posteriores a la catástrofe de la DANA, cuando los ultras
instrumentalizaron y manipularon el “solo el pueblo salva al pueblo”
para promocionar su patriotismo excluyente y golpista.
La herramienta más valiosa de Vox en este sentido es Revuelta,
organización dependiente del partido de la que González Gasca es
fundador y uno de sus líderes. El manifiesto con el que se presentaron
en sociedad fue subido a internet con su cuenta personal de Google, y
también fue él quien firmó los documentos en los que se pedía permiso a
la Delegación del Gobierno de Madrid para llevar a cabo la que hasta
ahora es su acción más relevante: las concentraciones en Ferraz contra
la amnistía de finales de 2023. Aquello ya dio muestras de que alrededor
de Vox estaba empezando a tejerse una red organizativa que amenaza de forma directa la democracia española.
El puzle asociativo se va completando con piezas como Jordi de la
Fuente. Muy cercano al Team Facha, el que fuese dirigente del partido
neonazi MSR, actualmente a la espera de juicio por asaltar un centro de
menores, ha ido construyendo su camino siempre cerca de Ignacio Garriga.
En 2023 se convirtió en presidente de Vox en la Diputación de
Barcelona, y hace tan solo unos meses, en marzo de 2025, se hizo con el
mando de Solidaridad, el sindicato con el que la formación ultra busca
instalar su odio en las clases trabajadoras.
Otro de los nombres a tener en cuenta es el de Carlos Hernández
Quero. Diputado por Málaga, es sencillo encontrar muchas interacciones
con el Team Facha en sus redes sociales. Desde una fotografía con De la
Fuente hasta menciones constantes desde perfiles como Españabola,
pasando, claro, por una intensa presencia de vídeos de sus
intervenciones en las cuentas oficiales del partido. En ellas, aprovecha
la enorme preocupación en torno a la crisis habitacional para desplegar
una narrativa aparentemente en defensa de la vivienda pública en la que
cuela mensajes racistas. Su reciente nombramiento como portavoz
nacional de Vivienda le coloca en una posición privilegiada, ya que
representa a Vox en la que es, quizá, la cuestión con mayor presencia en
las agendas política y mediática.
El último ejemplo es Diego Fernández de Eribe. Fue candidato de Vox en Ávila
en 2023 y trabajó para CitizenGO entre noviembre de 2024 y febrero de
2025, según su perfil de LinkedIn. Su actividad propagandística es
escasa, casi inexistente, pero sí puede comprobarse que ha acudido, al
menos, a un campus de ECR en el que estaban presentes Jorge Buxadé e
Ignacio Garriga. Fernández de Eribe preside Alternativa Estudiantil,
asociación centrada en los y las estudiantes que también hace campaña
explícita por la remigración en sus redes sociales, mientras da muestras
de acercamiento a organizaciones europeas como La Cocarde Étudiante
–sindicato estudiantil francés de extrema derecha– o NSV! –también un
sindicato de estudiantes, en este caso neerlandés, volcado absolutamente
en la remigración y que invitó a Martin Sellner a instruir a sus
integrantes–.
La galaxia remigración de Vox. / Creación propia
Para más señas, Diego Fernández de Eribe tiene vínculos estrechos con el portal de agitación ultra HerQles, cuya desinformación está omnipresente en los perfiles de todas las personas mencionadas anteriormente. Es el instrumento mediático por excelencia de esta ofensiva islamófoba y, como no podía ser de otra forma, también está muy activo en la implantación del concepto de remigración.
Agitar el odio visceral contra una parte muy vulnerable de la población mientras, en paralelo, se ponen en marcha redes asociativas basadas en ese mismo rechazo racista y violento solo puede terminar de una manera. De momento, la organización neonazi Núcleo Nacional, surgida al calor de las concentraciones en Ferraz convocadas por Revuelta –es decir, por Vox–, ya está instigando machaconamente a sus seguidores a agredir a inmigrantes por la calle. El cierre de uno de sus vídeos no podía ser otro: “Arriba España y arriba Europa”, acompañado de un saludo nazi.
Paqui Perona es una figura reconocida por su
activismo en el barrio de la Mina en Barcelona. Es mediadora
intercultural y presidenta de Veus Gitanes/Voces gitanas, una asociación
de mujeres gitanas con trayectoria profesional en la intervención
social y en la promoción de la cultura gitana con perspectiva de género.
Hemos conversado con ella para conocer la evolución de la situación de
las mujeres gitanas en el mercado laboral y su discurso desde un
feminismo comunitario.
Trabajas desde hace más de 20 años ayudando a las mujeres
gitanas a acceder en el mercado laboral. ¿Cuál ha sido tu mayor reto en
esta lucha?
Miro hacia atrás y me siento feliz y orgullosa de haber contribuido a
ello. Cuando empezamos, atendíamos a mujeres del barrio de la Mina que
llevaban décadas segregadas, con infinidad de barreras arquitectónicas y
sociales. Y las consecuencias de estos procesos forzados de
antigitanismo institucional las hacía vivir recluidas en sus zonas de
confort; no solían salir solas de sus entornos familiares y comunitarios
a otros espacios de la ciudad. Recuerdo cuando les ayudábamos a hacer
el currículum y les preguntábamos en qué trabajos tenían experiencia;
nos decían que en nada. Lo primero que tuvimos que trabajar fue la
autoestima, que tomaran conciencia de todas las competencias que tenían y
habían adquirido a lo largo de su vida como mujeres, en sus casas, en
el cuidado de sus hijos, en el mercadillo.
Era tan simple como que ellas fueran capaces de transferirlas al
mercado laboral formal, pues la mayoría de mujeres gitanas de la Mina
llevaban vendiendo toda la vida y, sin embargo, no le daban valor, ni
siquiera lo consideraban como trabajo. Muchas no estaban acostumbradas a
coger el metro solas, no sabían moverse lejos de sus barrios. Hoy
atendemos a las hijas o incluso a sus nietas y se nota todo lo que se ha
avanzado. Sus madres, tías y abuelas son las que les han abierto
puertas en infinidad de empresas a muchas jóvenes, y aunque sigue
habiendo un antigitanismo brutal en el mercado laboral, muchas mujeres
gitanas de la Mina están muy empoderadas laboralmente. Muchas han
heredado habilidades culturales para defenderse del antigitanismo. Hay
que decir que existen empresas que han cambiado y valoran tener gitanas
en muchos puestos, valoran sus competencias.
Aparte del acceso al empleo, ¿cuáles son las principales luchas de las mujeres gitanas por la igualdad?
El antigitanismo institucional de género que sufrimos y que recae en
todos los ámbitos. También, al igual que todas las mujeres de todas las
culturas del planeta Tierra, para conseguir la igualdad tenemos doble
lucha, fuera y dentro de nuestras propias culturas.
La asociación Gitanas Feministas por la Diversidad denuncia en el documental Carmen, sin miedo a la libertad
la falta de acción directa para ayudar en el acceso al empleo de las
mujeres gitanas y la ineficacia de los cursos de desarrollo y formación.
¿Qué opinas al respecto?
Estoy de acuerdo con ellas, la mayoría de circuitos laborales y
cursos para la población gitana son recursos pensados desde una lógica
individualista, poniendo el foco en las mujeres gitanas como si solo
dependiera de ellas estar fuera del mercado laboral estructural. En el
fondo, se culpabiliza a la cultura gitana de la exclusión que padecen la
mayoría de gitanas y gitanos, y no es así. El mercado laboral está
creado desde una necesidad neoliberal, desde que nacemos nos inculcan
socialmente que el éxito en nuestras vidas depende del proyecto
profesional y que los proyectos vitales deben ser secundarios. Y seamos
realistas, la cultura gitana está sostenida desde una estructura
familiar y comunitaria donde el proyecto vital está por encima de todo.
Está claro que como cultura no tenemos poder para cambiar este
sistema individualista. En contraposición, la formación es la clave para
optar a puestos de trabajo remunerados de calidad. Porque estar fuera
del sistema mercantil nos lleva a la exclusión social. Desde que
entramos en Europa los estados han hecho hincapié para que las personas
gitanas accedamos a los puestos más precarios, como mano de obra barata…
Esto sigue manteniéndose con políticas, es una forma de ejercer el
control, también porque alguien tiene que hacer este tipo de trabajo.
Cuando se habla de machismo se tiende a dividir los
patriarcados: el musulmán, el gitano… ¿Cómo explicarías a las payas que
esta división es racista?
El patriarcado es una forma de organización mundial y las personas
gitanas formamos parte de este mundo, no somos alienígenas. El feminismo
hegemónico blanco, antes de juzgar, debe analizar cómo sus luchas están
impregnadas y contaminadas de las necesidades de Occidente de incluir a
las mujeres en el mercado por una necesidad de crecimiento en
producción. El acceso de las mujeres al mercado de trabajo se produjo
dentro de una estructura neoliberal, individualista, mercantil y
machista: les hicieron creer que salir al ámbito público y trabajar las
liberaría, sin tocar la estructura.
Esto acabó cargando de más responsabilidades a las mujeres fuera y
dentro del ámbito familiar. Ahora a toda la clase obrera en Occidente y
al movimiento feminista blanco les toca revisar qué impacto tuvo todo
esto en una sociedad empujada al individualismo con un orden social
competitivo. Analizar lo que hemos perdido en el camino en un sistema
que no se ha preocupado en valorar el tiempo para la conciliación
familiar y los cuidados de las personas más vulnerables. Hay que empezar
a tener en cuenta todos los valores positivos que hemos dejado atrás,
como el sentimiento de pertenencia comunitaria. Y aquí, nosotras, las
personas gitanas, tenemos mucho que enseñar. Tienen que empezar a dejar
de imponer y aprender un poco de los valores de otras culturas, y
valorar a las mujeres gitanas por el coste que hemos tenido que pagar
por negarnos a perder nuestra identidad.
¿Cuáles son los logros y las dificultades que atraviesa actualmente el feminismo gitano?
Hay feministas gitanas, yo entre ellas, pero, ¿estamos organizadas
como movimiento? No creo que exista un movimiento feminista gitano.
Ninguna feminista gitana de forma individual está legitimada para poner
las bases y decidir por ella misma que es el feminismo romaní. Casi
todas las feministas gitanas pertenecemos al mundo asociativo, o somos
mujeres que llevamos luchando por nuestros derechos desde hace décadas.
Otras suelen ser mujeres licenciadas privilegiadas que viven fuera de
las comunidades, fuera de barrios gitanos, que se dedican a dar grandes
discursos solo en espacios feministas blancos; no militan ni hacen
incidencia en las bases gitanas. La mayoría de gitanas vivimos
concentradas en barrios estigmatizados con presiones sociales y
antigitanismo naturalizado en todos los ámbitos, apoyadas y sostenidas
en valores de vida en comunidad, que es lo que nos identifica
identitariamente como personas gitanas.
Los gitanos y gitanas que vivimos agrupadas somos quienes mantenemos
nuestros valores milenarios y velamos por ellos, pagando un precio por
mantener la identidad comunitaria gitana. Como todas las comunidades,
los procesos de las personas se entrelazan y comparten. Me refiero a una
identidad compartida en la que el reconocimiento como tal debe ser de
reconocimiento mutuo. En el momento que las personas gitanas abandonemos
esta identidad de vida comunitaria compartida, acabaremos absorbidas
por el sistema individualista, y se acabará la identidad gitana.
Por nuestra supervivencia como Pueblo es contraproducente crear un
movimiento feminista consensuado desde arriba hacia abajo y no al revés.
El feminismo blanco hegemónico nos debe servir para no caer en los
mismos errores. Al feminismo hegemónico le debemos muchos logros pero,
por otra parte, en muchas cosas no nos sirve el modelo de las blancas,
ni de las gitanas que viven fuera de la cultura, ya que la mayoría de
las que no viven en las comunidades son muchas veces las que el sistema
legitima. Eso sí, quiero dejar claro que ellas no son culpables y que
sus luchas también suman y son necesarias para todas.
¿En qué se basan las iniciativas de cooperativismo que habéis impulsado desde la asociación Veus Gitanes?
Nuestro objetivo principal es dar voz a las gitanas, promoviendo
acciones que contribuyan a combatir los prejuicios y estereotipos de
nuestra cultura desde una perspectiva de género e interseccional, y que
van dirigidas a los medios de comunicación y a la sociedad. Luchamos
para modificar la escasa y estereotipada representación de las gitanas,
incidiendo en todos los ámbitos de la sociedad. Contribuyendo a la lucha
de las mujeres en general para conseguir la igualdad.
Surge desde la conciencia de que, para construir un feminismo propio,
lo primero es deconstruir todos los estereotipos de género que han
marcado nuestro pasado, lo que nos perjudica en el presente e incluso
nos afecta en nuestras propias identidades culturales. Empezamos a
trabajar desde la memoria histórica y la creación de documentales
audiovisuales. También hemos hecho diferentes investigaciones y
recomendaciones, como Diagnóstico desde una perspectiva interseccional,
basado en cómo se atiende a las mujeres gitanas en los circuitos de
violencia de género que hay en Cataluña. A partir de aquí hemos hecho un
recorrido, creando alianzas con otras activistas gitanas y
profesionales, gitanas y no gitanas, con el objetivo de crear entre
todas propuestas para la mejora de estos recursos. Porque es
prioritario que todas las mujeres que están sufriendo situaciones de
violencia, reciban una atención de calidad desde una perspectiva
interseccional.
¿Qué iniciativas habéis impulsado este último año?
En 2024 hemos organizado en Barcelona el Segundo Congreso de
Antigitanismo de Género reuniendo a gitanas activistas de toda Europa
para crear alianzas. Ahora estamos en un proceso de debate y
participación entre diferentes gitanas activistas de Cataluña para
modificar la ley de violencia machista en Catalunya, me refiero al
artículo 73 que está redactado de forma racista porque culpabiliza a la
cultura gitana del patriarcado y describe a las Kalis como mujeres
pasivas. También estamos presentes en diferentes espacios feministas y
formamos parte de diferentes órganos, como el Consell municipal y el
Plan Integral del Pueblo Gitano. Tenemos varios proyectos de
intervención social y empoderamiento en distintos barrios segregados de
Barcelona. Trabajamos por la promoción de la salud, el empoderamiento
económico y, lo más importante, el empoderamiento cultural y la igualdad
de género.
¿Cómo se organizan las mujeres gitanas que trabajan en el mercadillo? ¿Qué reivindicaciones surgen desde este espacio?
El mercadillo es una respuesta de resistencia hacia una legislación
cuyo principal fin durante siglos ha sido, y sigue siendo, mercantilizar
precariamente a los gitanos en una estructura de mercado patriarcal,
individualista y racista, donde a nosotras siempre se nos ha expulsado.
Los mercadillos son una respuesta en positivo, son una forma de
resistencia laboral desde una estructura familiar, de economía
comunitaria, y además cotizan y pagan sus impuestos. También de
conciliación, donde las mujeres siempre han tenido un liderazgo y se les
ha permitido estar desde siempre empoderadas económicamente y, lo más
importante, poder escapar de los intentos de control institucional. Pero
ahora es insostenible porque en los barrios segregados las respuestas
de resistencia de las mujeres están cambiando.
Sin embargo, muchas siguen en la venta porque es lo que mejor saben
hacer y no les queda otra salida que vender en la calle con sus carritos
o a través del Whatsapp, que es como las jóvenes se están adaptando a
los nuevos tiempos. En los barrios segregados y en las redes sociales se
crean formas naturales de sostenibilidad económica entre las
comunidades gitanas: yo compro a mi prima unas zapatillas y ella me
compra pijamas para los niños. Esto es trueque, y a esto se le podría
calificar como economía comunitaria feminista, pero para nosotras son
estrategias de conciliación y resistencia. Es una forma de dar respuesta
a las políticas de control y asimilación.
Hay varios oficios que han pertenecido a la cultura gitana
como la herrería o la cestería. ¿Se conservan en la actualidad? ¿Se ha
trabajado en su recuperación?
Durante los años 70 y 80 y parte de los 90, muchas entidades
intentaron crear proyectos para mantener estos oficios tan gitanos y
milenarios, pero lo hicieron con un coste personal y sin apoyo de las
administraciones, hasta que llegó el momento en que fueron
insostenibles. Incluso muchas entidades y activistas gitanas
ridiculizaban los espacios donde se defendía la recuperación de estos
oficios diciendo: “Otra vez los resquicios de Carlos III asomando la
cabeza”. Al sistema y los poderes públicos solo les interesaba el
absentismo escolar y proyectos de empleo en escuelas segregadas y en
trabajos precarizados. Todo para asegurarnos estar dentro del último
escalón de la sociedad.
No obstante, sí que ha habido algunas entidades que se han dedicado a
fortalecer nuestros legados musicales y oficios gitanos. También hay
muchos gitanos y gitanas que, de forma altruista y a través de las redes
sociales, están realizando un trabajo espléndido recuperando memoria,
relatos olvidados y saberes antiguos. Culturizándonos sobre nuestros
legados y oficios.
¿Qué otras luchas vecinales se enfrentan en el barrio de la
Mina? ¿Hay alianzas entre la lucha de las mujeres gitanas con otras
luchas?
Yo no estoy involucrada en las luchas organizadas de la Mina, pero me consta que las hay. Me quedo con las luchas que surgen por la sociedad, en los barrios, de forma natural. Las respuestas que se dan desde los márgenes, desde mi realidad, porque cuando una lucha se organiza siempre la acaban monopolizando los poderes públicos. Desde Veus Gitanes estamos aliadas con grupos de mujeres gitanas y no gitanas, creemos que es crucial crear alianzas y redes con otros movimientos feministas y encontrar puntos de lucha en común para conseguir la igualdad de todas.
La lucha por los derechos de las víctimas del Estado exige transitar por las categorías establecidas internacionalmente de verdad, reparación, justicia y garantías de no repetición.
En el contexto actual, hemos superado el primero de esos criterios: conocemos la verdad y reconocemos a las víctimas del Estado. Hoy ya nadie pone en duda su relato. Hay leyes administrativas que avanzan en la reparación, comenzando a otorgar a las víctimas ciertos derechos que todavía quedan por concretar más. Es en el ámbito de la justicia en el que no hemos avanzado, a diferencia de otros contextos internacionales de gravísimas vulneraciones de derechos humanos.
Esto es más explícito aún en los actos institucionales donde se presta respeto a estas víctimas bajo el epígrafe de «memoria, verdad, reparación». La justicia desaparece como un derecho accesible para ellas y, con ello, revictimizándolas.
Si existe consenso en que todas las víctimas deben tener igualdad de derechos, no es aceptable el doble baremo en el que se mueven unas víctimas con respecto de otras en el ámbito de la justicia. No como categoría etérea o filosófica, sino como sistema, como institución del Estado y que, por lo tanto, debería amparar a todas por igual.
Tras mucho trabajo, hemos determinado vías institucionales, con dictámenes administrativos, que hay torturados, ejecutados, desaparecidos… falta indagar dónde están los torturadores, los ejecutores, los que les encubrieron. Falta buscar a los perpetradores, en muchos casos conocidos (e incluso reconocido por ellos mismos).
El único conducto para ello es la vía penal. ¿Cómo es posible que se estén realizando expedientes administrativos reconociendo a estas víctimas y el estamento judicial, la fiscalía no se dé por aludida, que ninguna instancia judicial indague si todo eso es cierto? ¿Hasta qué nivel llega la perversión de todo el sistema? Dirimir eso es, precisamente, la razón que mueve a GEBehatokia a través de la presentación de querellas penales como la de José Barrionuevo. Por cierto, una querella esta que las víctimas del Estado han acogido con entusiasmo y que, entendemos, cualquier persona con humanidad debería ver adecuada.
Si otros ejemplos internacionales nos hablan de exitosos procesos judiciales, aquí no es posible por una combinación, primero, del armamento legal de punto final (Ley de Amnistía), segundo, por la práctica de encubrimiento e impunidad oficial y tercero, por una judicatura que renuncia a investigar.
Sin embargo, comenzamos a tener una tímida vía legal por la Ley española de Memoria Democrática que establece que «Todas las leyes del Estado español, incluida la Ley 46/1977, de 15 de octubre, de Amnistía, se interpretarán y aplicarán de conformidad con el Derecho internacional convencional y consuetudinario y, en particular, con el Derecho Internacional Humanitario, según el cual los crímenes de guerra, de lesa humanidad, genocidio y tortura tienen la consideración de imprescriptibles y no amnistiables».
Queremos interpelar al estamento judicial para demostrar que ese conducto legal funciona o para llegar a sus topes y practicar una y otra vez la profecía autocumplida: «el Estado español ofrece impunidad a sus victimarios».
Y para interpelar al estamento judicial recurrimos indefectiblemente a la categoría de delitos de lesa humanidad. La reciente visita de Fabián Salvioli ha dejado meridianamente clara una idea: todos los delitos son graves, desde una perspectiva de derecho interno y en su impacto social.
Los delitos de lesa humanidad perpetrados por el Estado durante una dictadura y mantenidos en una presunta democracia horrorizan al conjunto de la comunidad internacional.
Las víctimas (de cualquier signo) podrán expresar cierta benevolencia (o no) hacia el perpetrador, situándose en parámetros de exigencia punitivista o, por el contrario, en una encomiable actitud anti punitivista que favorezca la convivencia democrática. Lo que no pueden hacer es renunciar a su derecho a la justicia, a que los hechos sean investigados por un tribunal independiente y a que, en su caso, se celebre juicio y se dicte sentencia condenatoria.
¿No es preciso demostrar una y otra vez que es apoteósica la gravedad de que un estado miembro de la comunidad internacional practique impunemente y de forma planificada la vulneración de derechos humanos?
A todo eso quiere responder la misión de «fiscalía social» de GEBehatokia.
Por último, avanzar en la vía de los tribunales españoles, buscar sus contradicciones en su terreno y agotar esta vía interna, es condición necesaria para acceder a organismos internacionales.
En la fase anterior de GEBehatokia, este trabajo se dividía, realizándose la denuncia por medio del TAT o de abogados particulares para que, después, otros abogados en el caso del TEDH, o el GEBehatokia ante Naciones Unidas, pudiesen llevar quejas individuales.
Ahora, aspiramos a llevar toda esta actuación desde GEBehatokia. Presentación de denuncias/querellas en vía interna para acceder a la vía internacional. Pero es que, además, la lejanía al momento en que se perpetró, y, por tanto, al haber prescrito los delitos (en su consideración de delitos comunes internos) debemos recurrir a la configuración de delitos internacionales (es decir, de lesa humanidad) para poder levantar la barrera de la imprescriptibilidad y exigir que hagan su camino. Es para lo que renace GEBehatokia. Es lo que estamos haciendo.
En la construcción de la memoria es preciso andar y reandar una y otra vez estos caminos. No podemos detener la iniciativa si queremos terminar con la impunidad que hemos vivido y sus verdaderas responsabilidades. Tenemos que encontrar nuevos escenarios que superen la discriminación de las víctimas del Estado.
Tenemos que ser capaces de combatir desde el Derecho Internacional a un estado profundo antidemocrático, que combatió con todas las armas a sus enemigos y amparó (igualmente con todas las armas a su alcance) a sus agentes.
Es el derecho de las víctimas. Su trabajo y tesón nos han traído a un contexto con una correlación de fuerzas favorable para poder reclamar todos sus derechos –incluido el de justicia− con éxito. Si el búnker judicial nos lo impide aquí, lo haremos en el ámbito internacional.
Iratxe Urizar y Agus Hernan, GEBehatokia. Observatorio de Derechos Humanos