A pocos días del inicio del Mundial de la FIFA, que se disputará en México, Canadá y Estados Unidos, varias selecciones nacionales han incorporado actos religiosos en su preparación final. Combinar el entrenamiento físico con la fe es una práctica habitual entre los jugadores, que recurren a misas, oraciones grupales y bendiciones antes de afrontar la competición.
El fenómeno no es nuevo, pero adquiere especial relieve en un torneo que reúne a equipos de diversas culturas y confesiones. En ediciones anteriores, selecciones como las de Brasil o Argentina han participado en oficios religiosos, y varios futbolistas portan símbolos de su fe, como cruces o imágenes de santos. En esta ocasión, el entorno de la Copa del Mundo en Norteamérica, con una fuerte tradición cristiana en países como México, ha facilitado que las delegaciones encuentren espacios para la devoción.
La Federación Mexicana de Fútbol, por ejemplo, ha organizado una misa en la Basílica de Guadalupe, mientras que equipos europeos han solicitado capellanes en sus hoteles de concentración. La FIFA no obstaculiza estas prácticas, siempre que no interfieran con el calendario oficial de partidos ni con las normas de convivencia.
Esta mezcla de deporte y espiritualidad refleja la religiosidad popular que rodea al fútbol, un deporte que moviliza a millones de aficionados en todo el mundo y que, para muchos jugadores, es también un espacio donde expresan su fe personal.
El Mundial de 2026 será el primero con 48 selecciones, lo que amplía la diversidad religiosa y cultural en las concentraciones. Además de misas católicas, algunas delegaciones han solicitado espacios para oraciones musulmanas y budistas, según informaron fuentes de la organización del torneo. La agenda espiritual se suma a los entrenamientos tácticos y a los actos protocolarios previos al pitido inicial.