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AnteayerWeb Tortuga AA-Moc

A los 40 años del referéndum OTAN: Repensar la movilización pacifista (parte I)

16 Febrero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

El 12 de marzo se cumplirán 40 años desde que se celebró el referéndum promovido por Felipe González sobre la permanencia de España en la OTAN. Era una época doblemente grave en lo que hace a la paz y la guerra, tanto por el contexto internacional de inseguridad global y paz fría como por el contexto interno de militarismo y pretorianismo del ejército español.

Paradójicamente, si reconstruimos aquel panorama con datos de SIPRI u otros informes de la época, el mundo actual luce más sombrío, desafiando nuestra intuición nostálgica de que el mundo de los 80 del siglo XX era peor que el de los años 20 del siglo XXI y confirmando la sospecha de una pétrea continuidad que responde a un mismo paradigma de fondo y a una remilitarización planificada, con raíces en las políticas neocoloniales y ultraliberales Reagan-Thatcher y acelerada por multipolaridad caótica y la ansiedad por el dominio estratégico ante la aceleración de los signos de agotamiento del sistema capitalista y del desbordamiento de múltiples crisis globales.

El contexto de paz fría de 1986

Aunque sea una simplificación muy esquemática, creo que las principales características de los años 80 y del propio año 1986 en lo que se refiere al tema de la paz eran las siguientes:

  • Había un contexto de confrontación global (es decir, por medios militares y no militares) conocido como «guerra fría»; con dos bloques militares enfrentados y altamente armados, empeñados en una carrera militar tecnologizada (misiles intercontinentales y escalada nuclear, submarinos nucleares, guerra de las galaxias, etc. que perseguían una doctrina suicida de disuasión basada en la capacidad de destrucción mutua asegurada; y con un enorme incremento del gasto militar que detraía recursos para consolidar el poder militar de cada bloque (condicionando y lastrando el resto de políticas públicas, sobre todo las que tenían que ver con la verdadera seguridad humana).
  • A ello se sumaba el despliegue de misiles nucleares y de un contingente militar espectacular a ambos lados del llamado t«elón de acero», así como una percepción colectiva de inseguridad militar global, dos elementos que alimentaban (y eran usado como justificación) el militarismo y el clima de crisis permanente y daba espectaculares oportunidades para el desarrollo de complejos militares más interesados en promover sus cuentas de resultados que en el diálogo o la paz entre los pueblos.
  • Además, las grandes potencias evitaban la confrontación directa, pero alimentaban los conflictos militares y guerras «indirectas» en países terceros y de mayor o menor intensidad.
  • Vivíamos en pleno apogeo los efectos de las políticas ultraliberales del ciclón Reegan y de la no menos ultra Tatcher, profundizadas y empeoradas a partir de entonces hasta la fecha.
  • Existía un tercer bloque de países que querían salir de las redes perversas de estas lógicas y promover políticas no alineadas y de avance en otro tipo de paz menos militarizada.

En lo que se refiere a España, jugaba de facto un papel integrado en el entramado occidental: a los acuerdos del franquismo para la cesión de bases a EEUU (Rota, Morón, Torrejón de Ardoz, Zaragoza y Bardenas Reales) se sumaba el papel «alineado» de la política militar española con la del bloque occidental, la consideración del pacto de Varsovia y de su país promotor como enemigos innegociables y la subordinación del armamento, logística y doctrina militar, etcétera a las tecnologías, licencia y directrices principalmente de EEUU (también de Francia, Alemania e Italia en cuanto a determinados armamentos).

Soportábamos una presencia muy descarada del ejército en la vida pública, marcada por amenazas constantes e intentos de alzamiento militar (y no sólo la irrupción del teniente coronel Tejero en el Congreso de los Diputados en febrero de 1981), una extrema derecha activa en la violencia callejera y que generaba ruido reclamando la intervención militar para« salvar a España».

Además, desde octubre de 1981 España formaba parte de la OTAN, completando así el alineamiento a las políticas militares de EE. UU.

Por entonces no existía un «índice global de paz» como existe ahora. Tal índice sólo existe desde 2007. Pero sí circulaba infinidad de informes y datos que nos permiten hacer una comparación muy aproximada ente lo consignado entonces y lo que reflejan los actuales índices globales de paz.

Una comparación

Respecto de los principales parámetros mundiales de confrontación militar, el año 1986 registraba según el SIPRI entre 35 y 40 conflictos armados de diversa intensidad (Afganistán, Congo y Nepal, Sierra Leona, Chechenia, Burundi, entre los principales), el gasto militar mundial (en dólares constantes) estaba situado en 1,19 billones y en cuanto a la seguridad y percepción de paz, analizados los 13 parámetros que contempla el índice global de paz, era sencillamente malo, con altos índices de criminalidad (que luego descendieron) en américa latina, EE.UU y Europa, etc. y crecientes desatenciones a necesidades básicas de toda índole.

La situación era terrible y las poblaciones de Europa, a uno y otro lado del río Rin, de verdadero cautiverio, rehenes de la lógica de guerra, del militarismo de la época y de la construcción cultural del clima de guerra por todos los medios (y no solo el militar).
En 2026 los conflictos armados y guerras en el mundo se cifran entre 59 y 61, con más de 86 países involucrados en ellos, el gasto militar mundial (igualmente en dólares constantes) es de 2,72 billones de dólares (un 126% más que entonces) y 181 países han aumentado su gasto militar y su militarismo en 2025, aumento que sigue una línea ascendente desde hace más de 10 años (es decir, que ni es de ahora, ni únicamente atribuible a que Trump esté loco, sino fruto de un planificado proceso con muchos más colaboradores y ramificaciones). Y por si faltara algún ingrediente, los últimos tratados de control de armamento nuclear han vencido por completo y no parece probable que se reinicie una nueva ronda de renegociación. Podemos ver esta situación en el cuadro siguiente:

Por lo que respecta a España nos hemos situado en los puestos principales de los ránquines mundiales de obscena promoción gubernamental de la guerra, aunque el PSOE de Felipe González y Solana ya apuntaba maneras en 1986, como, muestro en la siguiente tabla:

Podríamos introducir otros parámetros más que demuestran que estamos peor, más endeudados, que soportamos más contaminación por la actividad militar, y que el riesgo de vernos involucrados en una confrontación violenta no querida por nadie son mayores.

Tendencia suicida y despertar de la conciencia

De los datos expuestos se desprenden múltiples lecturas, pero tres resaltan con crudeza desde una mirada crítica: primero, la preparación de la guerra y la "paz fría" se han afianzado como eje rector de la política global, eclipsando cualquier alternativa; segundo, la violencia -ya sea directa, cultural o estructural- se ha erigido en la lógica última de un mundo construido con irresponsable ceguera; y tercero, la seguridad humana y ecológica ha retrocedido de forma alarmante, con amenazas de hace 40 años que no solo persisten, sino que se han multiplicado exponencialmente.

La guerra, en su dimensión estrictamente militar o en sus formas proxy e híbridas, actúa como el reverso inseparable del capitalismo: una cara bifronte que se desdobla en capas de dominación -desde la violencia abierta hasta la simbólica- y que hoy se ha sistematizado en una maquinaria compleja donde el militarismo dicta los ritmos, modela los valores y organiza las acciones y los propios deseos.

De este modo el militarismo va más allá del desborde del Ejército en la vida civil; es la propia lógica amigo/enemigo que organiza recursos, imaginarios y prácticas cotidianas y que atraviesa los Estados en su propia médula, sean estos «de derechas» o de «izquierdas». Y esto no obedece a un pirómano solitario al mando de la manguera, sino a un vasto entramado de complicidades silenciosas, torpezas deliberadas, renuncias calculadas y omisiones que han cocinado el clima bélico actual.

Un complejo que hemos naturalizado prestándole nuestro propio consentimiento.
Edmund Burke lo intuyó en el siglo XVIII, mucho antes de Hitler, Franco o los Trumps y Putin de turno: "Lo único necesario para que el mal triunfe es que los buenos no hagan nada".

La experiencia de las luchas noviolentas -desobediencia civil, insumisión, boicots, objeción fiscal o científica, y toda la caja de herramientas desplegada por esta- lo corrobora con creces. Como sentenció un referente de estas resistencias: «lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena». Ahí radica lo más luminoso y esperanzador que aún nos queda: la operatividad de la negativa en conciencia a colaborar con este estado de cosas y la resistencia firme frente a todo ello que sigue eligiendo tanta gente dispuesta a poner en la balanza otras razones distintas al puro cálculo sumiso.

Despertar la conciencia de la gente buena para que no guarde silencio y pase de la pasividad a la acción resulta, como siempre ha ocurrido desde que el mundo es mundo, nuestro principal instrumento de cambio y nuestro reto más acuciante.

Dos diferencias

Pero ¿Cuáles son las principales diferencias del momento que vivimos respecto del que movilizó la energía por la paz de los años 80 del siglo XX?, ¿cuál es la fractura principal ante esta deriva suicida?

Dos, a mi juicio. Primero, la autosuficiencia con que las mayorías devoran los relatos del poder: una normalización progresiva de valores militaristas, del miedo como pegamento identitario y de la promesa capitalista de una "patada adelante" que nunca llega. Segundo, la tibieza de las plataformas teóricamente transformadoras: menos movilización capilar, menor penetración en una sociedad cada vez más delegativa y pasiva.

Frente a un panorama infinitamente más grave -que debería encender indignaciones masivas-, la gran diferencia con 1986 radica en el desconcierto y el sopor actuales: menor movilización social, un horizonte de sentido más desconcertado y una energía política más fatigada que los que caracterizaron aquellos tiempos.

Durante los años 80 y de la mano de un «movimiento por la paz» difuso y plural a escala mundial (y también entre nosotros) el dibujo de la paz a la que se aspiraba y que movilizaba amplias corrientes sociales pasaba por la reversión de las políticas de enfrentamiento y de guerra fría, por la desobediencia al militarismo y la movilización de un ciclo de lucha social inédito y por el dibujo de una idea de paz estructural y cultural que imponía nuevos modelos de defensa y aspiraciones de desarrollo y seguridad verde, feminista, antimilitarista, anticolonial, ...

En este pequeño apéndice-retaguardia del bloque occidental, y entre nosotros, ese pacifismo social, movilizado por las articulaciones más alternativistas y por los múltiples enfoques «rojos», sindicalismos de clase, movimientos religiosos, culturales, barriales, etc. fue capaz de protagonizar algunos de los ciclos de lucha social por la paz más potentes y ( como se pide ahora por las nuevas teorías y jergas laclaunianas que por entonces ni siquiera leíamos) interseccional, transversal, capilar y capaz de afectar a la propia metodología de acción política, a la cultura popular y de dinamizar el empuje de la sociedad en aspiraciones de paz inéditas y alejadas del militarismo.

No evoco nostalgia por "tiempos mejores", ni idealizo aquellos ciclos que también contaron con sus fracturas, dogmatismos y celadas internas. Pero sí afirmo que su elasticidad creativa, su capacidad para apelar a la conciencia colectiva y galvanizar energías transformadoras era cualitativamente distinta a la actual.

Y hoy, ese pábilo titila con fragilidad; urge avivarlo con la misma audacia que entonces, antes de que el silencio nos condene del todo a la resignación o al cinismo y veamos como de vez en cuando nos dan un caramelo (como fue el del supuesto embargo de armas a Israel) para que algunos partidos instrumentalicen la lucha por la paz para reivindicar su esencial papel negociador con el voraz poder militarista, dando con una mano lo que con la otra nos quitan.

La energía de la guerra

12 Febrero 2026 at 00:01
Por: (tortuga)

Enrico Tomaselli

Un aspecto poco destacado de la fase histórica actual, caracterizada fundamentalmente por el declive del imperio estadounidense —y, en consecuencia, por la reorganización total de los equilibrios globales— es la importancia de la cuestión energética y, en particular, de sus entrelazamientos y conexiones.

Es obvio que la capacidad de satisfacer las necesidades energéticas de la industria y del ejército, estrechamente relacionadas entre sí, es un factor clave para mantener una posición de poder.

Pero, precisamente, si se analiza la cuestión más a fondo, surgen algunas consideraciones extremadamente interesantes.

Comencemos diciendo que, a pesar de toda una serie de compromisos y políticas activas, los combustibles fósiles siguen siendo, con diferencia, el principal factor energético mundial, y todo apunta a que seguirán desempeñando un papel predominante durante décadas.

Paradójicamente, precisamente las políticas «verdes» (coches eléctricos) son uno de los factores que contribuyen a mantener alta la demanda de energía fósil.

De hecho, aunque a nivel mundial la producción de electricidad se debe ahora en gran medida a fuentes renovables (37 %), la demanda crece a un ritmo vertiginoso, lo que hace imposible el abandono gradual de otras fuentes de energía.

Solo el carbón, que hoy en día es la fuente de producción de electricidad en un 32 %, registra una tendencia significativa a la baja.

Pero el verdadero elemento nuevo es la explosión de la demanda energética relacionada con el desarrollo y el uso de la inteligencia artificial (IA). En 2024, los centros de datos globales consumieron alrededor de 415 TWh, una cifra superior a las necesidades energéticas totales del Reino Unido.

En Irlanda, los centros de datos ya consumen el 21 % de la electricidad nacional [1]. Y, recordemos, la IA no solo es el sector que impulsa el PIB de EEUU (y probablemente una gigantesca burbuja financiera), sino también el sector en el que hoy en día China y EEUU centran su competencia y en el que, sobre todo, EEUU apuesta por mantener y reforzar su posición escasamente dominante.

La inteligencia artificial es, por tanto, un sector estratégico de primaria importancia, que, entre otras cosas, tiene hoy en día sus aplicaciones más importantes en el sector militar y en el de la seguridad (alias del control), y que, por lo tanto, está destinado a hacer crecer vertiginosamente la demanda energética mundial.

Esta demanda es tan fuerte que algunos de los principales actores estadounidenses, como Microsoft, Google y Amazon, se están orientando hacia la energía nuclear para alimentar sus instalaciones; Microsoft ha firmado un acuerdo para reabrir la antigua central de Three Mile Island (cerrada tras el terrible accidente de fusión del núcleo, el 28 de marzo de 1979), mientras que Amazon y Google apuestan por el desarrollo de reactores modulares.

Desde el punto de vista de EEUU, además, la cuestión energética tiene otro aspecto estratégico de suma importancia.

De hecho, todo el sistema estadounidense se basa fundamentalmente en la deuda (38,5 billones de dólares), que a su vez se basa en la demanda global de la moneda estadounidense, la cual, a su vez, se alimenta del hecho de que el dólar es la moneda estándar para el comercio mundial.

Más de la mitad (54 %) de todo el comercio mundial sigue facturándose en dólares, y en el caso de las materias primas (petróleo, gas, oro), esta proporción supera el 80 %. Y esto nos lleva al tercer rebote: el dólar se ha impuesto como moneda de referencia gracias a su vinculación al petróleo.

En 1974, Kissinger puso en marcha una medida estratégica muy importante para EEUU al firmar un acuerdo con Arabia Saudí, basado fundamentalmente en el intercambio de protección militar para Riad y la venta de petróleo exclusivamente en dólares. En aquel momento, Arabia era el país más importante de la OPEP y el mayor productor mundial, lo que contribuyó al éxito de la moneda estadounidense.

En la actualidad, por lo tanto, la cuestión energética reviste una importancia estratégica absolutamente fundamental para Washington. Tanto desde el punto de vista de las necesidades como desde el del predominio del dólar.

Y, por supuesto, también como instrumento de control sobre el desarrollo de la economía (y, por tanto, del poder geopolítico) chino. Por lo tanto, al tratarse de una cuestión estratégica, debe considerarse en términos de perspectiva a medio y largo plazo.

Intentemos, pues, examinar la situación, tanto estadounidense como mundial, partiendo de esta clave de lectura, comenzando por el petróleo, que representa como hemos visto un elemento clave desde más de un punto de vista.

El petróleo

Actualmente, EEUU es el primer productor mundial, con 13,8 millones de barriles/día. Esto se debe al desarrollo de la extracción de 'shale oil', mediante la técnica del 'fracking', que sin embargo tiene el problema de ser significativamente más costosa [2].

Dado que EEUU es un sistema capitalista liberal, toda la cadena de producción del petróleo (extracción, refinado, comercialización, distribución) está en manos de entidades privadas, que, obviamente, solo operan si hay un margen de beneficio razonable.

Y esto significa que el precio del barril de petróleo debe mantenerse por encima de un determinado nivel para que sea rentable.

Por ejemplo, mientras que el petróleo de Oriente Medio tiene un coste de extracción que oscila entre 5 y 15 dólares por barril, la extracción del 'shale oil' estadounidense cuesta entre 35 y 55 dólares por barril. Esto significa, obviamente, que los EEUU tienen una buena capacidad de autosuficiencia, pero que la exportación de su petróleo es menos competitiva.

Pero, una vez más, si razonamos en términos estratégicos, surge una cuestión muy importante: EEUU está consumiendo sus reservas muy rápidamente.

Según las estimaciones actuales, estas ascienden a unos 74 000 millones de barriles, lo que les sitúa en el noveno lugar entre los mayores poseedores de reservas. Y, al ritmo actual de producción, las reservas estadounidenses se agotarían en unos quince años.

Estratégicamente hablando, un momento. Esto explica la atención casi obsesiva no solo por Venezuela (reservas estimadas en 303 000 millones de barriles), sino también por el Ártico, donde se cree que hay grandes yacimientos.

Desde el punto de vista petrolero, por lo tanto, a corto plazo se prevé una situación en la que EEUU no solo podría perder su autosuficiencia (volviendo a ser importador neto), sino que, en consecuencia, también perdería la capacidad de influir en los mercados y, por lo tanto, de controlar los flujos y mantener la centralidad de los petrodólares.

Si observamos la clasificación de los países con mayores reservas, el panorama se vuelve aún más claro, y no precisamente tranquilizador.

(Fuente de datos: OPEP - Boletín Estadístico Anual (ASB) 2025)

Es evidente que entre estos países hay algunos que escapan al estricto control político de EEUU y que son objeto de especial atención por parte de Trump. También una mirada a los niveles de producción ofrece datos interesantes [3].

En una fase de transición turbulenta y redefinición de los equilibrios geopolíticos mundiales, es evidente que para Washington —y por las razones anteriormente indicadas— asumir directa o indirectamente el control del petróleo venezolano y canadiense, mantener el control del petróleo iraquí y, como mínimo, limitar las exportaciones iraníes (mediante sanciones y/o desestabilización) es una cuestión estratégica crucial.

Energía nuclear

Otro sector significativo, desde el punto de vista energético, también teniendo en cuenta el tumultuoso crecimiento de la demanda relacionada con el desarrollo de la IA, es el nuclear.

EEUU es el primer productor mundial de energía nuclear, pero no dispone de infraestructuras suficientes para transformar el mineral de uranio en bruto en combustible utilizable.

Como consecuencia, EEUU importa alrededor del 24 % de su uranio enriquecido... ¡de Rusia! Aunque existe un sistema de sanciones ilegales en vigor, como siempre ocurre, este se ha eludido oportunamente 'pro domo sua', mediante una serie de excepciones. Está previsto que estas excepciones expiren en 2028, pero es fácil prever que se renovarán, dada la continua dependencia de EEUU.

De hecho, al igual que ocurre con las tierras raras con China, a pesar de que Rusia solo extrae entre el 5 % y el 6 % del uranio mundial, posee alrededor del 44 % de la capacidad de enriquecimiento global. Y en 2025, los suministros de uranio ruso a EEUU aumentaron casi un 50 % (y a la UE un 25 %).

Esto significa que la creciente demanda energética de los EEUU, vinculada entre otras cosas a los proyectos de reindustrialización, seguirá dependiendo durante varios años más de los suministros rusos de uranio, lo que, a su vez, añade una nueva clave para interpretar el deseo de reducir las hostilidades con Moscú.

Por otra parte, el precio del uranio está subiendo considerablemente, precisamente debido al aumento de la demanda y al enriquecimiento estable. También en este caso, como nota al margen, cabe señalar, por ejemplo, que Irán es uno de los pocos países del mundo con capacidad autónoma de enriquecimiento, lo que explica por qué EEUU insiste en privarle de ella.

O que las fuentes alternativas, muy limitadas, son Canadá y Kazajistán (con los que Washington está tratando de desarrollar relaciones provechosas, también en virtud de su posición geográfica).

O que la pérdida del uranio nigerino por parte de Francia (que pasó a la órbita rusa, tras los cambios geopolíticos progresistas en el África subsahariana: Níger, Malí y Burkina Faso), no solo ha aumentado la dependencia francesa, sino que ha reducido la disponibilidad de minerales de uranio en Occidente.

Es interesante señalar que, aunque siguen siendo los principales productores de energía nuclear, EEUU sigue tratando de liberarse de una dependencia significativa del material enriquecido, del que actualmente casi una cuarta parte procede de un adversario como Rusia, mientras que el que se considera su mayor competidor, China, está dando pasos de gigante, tanto en el desarrollo de nuevas tecnologías (reactores de torio) como, en general, en la construcción de nuevas centrales [4].

La tecnología del llamado Sol Artificial es significativa; el tokamak EAST chino sigue batiendo récords. A principios de 2026, los científicos anunciaron nuevos avances en el confinamiento de plasma a temperaturas muy altas durante períodos prolongados, con el objetivo de tener la primera planta de demostración comercial alrededor de 2045.

También en este caso, la fuerte competencia en un sector tan energívoro como el de la IA se refleja directamente en la capacidad de responder adecuadamente a la demanda. Y China espera superar la producción de energía nuclear de EEUU en 2030, es decir, en menos de cinco años.

Otro sector crucial es el del gas

Aquí también observamos una situación similar a la ya vista en el caso del petróleo. De hecho, EEUU es el primer productor mundial, con 1,050 - 1,100 billones de m³/año, así como un importante exportador.

Pero, también en este caso, la extracción es principalmente de gas de esquisto ('fracking'), con los mismos problemas de costes, mientras que la exportación, a falta de gasoductos transoceánicos, se realiza por barco, mediante licuefacción (GNL).

Lo que, obviamente, aumenta aún más los costes (licuefacción, transporte, regasificación + las instalaciones necesarias para la transformación aguas arriba y aguas abajo). De hecho, los principales compradores son ustedes, los tontos europeos, que lo pagan 4-5 veces más que el ruso y que, con la típica actitud autodestructiva de la UE, acaban de decidir no comprar ni un solo metro cúbico de gas ruso a partir de 2028.

Si bien EEUU es un gran productor, no es un gran poseedor de reservas. Al ritmo actual, estas (17 000 mil millones de m³) se agotarán en menos de veinte años.

Obviamente, quien compite con la producción estadounidense es Rusia, con sus 620-680 000 millones de m³ y reservas de 47 000 000 millones de m³ (la primera del mundo) [5], pero también Qatar, que, aunque solo es el sexto productor mundial, tiene los costes de producción más bajos y espera igualar el nivel de exportación de EEUU ya el próximo año. Por cierto, Irán posee 34 000 millones de m³ de reservas...

El único sector energético en el que EEUU tiene una supremacía efectiva e indiscutible es el del carbón: 250 000 millones de toneladas de reservas, el 22 % de las mundiales.

Pero la producción está muy por debajo, 460-470 millones de toneladas anuales. Esto depende, obviamente, en gran medida de las decisiones de diversificación energética tomadas sobre todo en Occidente, pero garantiza al sector industrial estadounidense una posible fuente de energía alternativa, que puede reactivarse en caso de necesidad, especialmente en lo que respecta a la generación de electricidad y la producción de acero.

Panorama general

Lo que se desprende de este panorama general es, en primer lugar, que EEUU está acelerando la producción de petróleo y gas, incluso a costa de mermar rápidamente sus reservas, ya que evidentemente considera estratégicamente necesario mantener en la medida de lo posible la ventaja que ello puede suponer, y ya hemos visto cuáles son las implicaciones, no solo en el ámbito estrictamente energético.

Una aceleración que, por otra parte, constituye efectivamente la cifra clave de la política estadounidense en todos los ámbitos y que da testimonio de la percepción de que el tiempo para mantener su papel hegemónico se está reduciendo rápidamente.

Si nos fijamos en los dos documentos estratégicos recién publicados, la Estrategia de Seguridad Nacional y la Estrategia de Defensa Nacional, debemos interpretar su indicación fundamental —es decir, la recuperación del control férreo y total sobre el hemisferio occidental— como uno de los pasos necesarios para garantizar la capacidad energética necesaria para hacer frente tanto al reto de la IA como al de la producción industrial.

Venezuela, Canadá y el Ártico representan la tríada clave en este sentido.

Del mismo modo, el desprecio cada vez más manifiesto hacia los países europeos no solo está relacionado con el rencor ideológico o con la pérdida de centralidad geopolítica del viejo continente, sino también con su absoluta inutilidad desde el punto de vista energético, salvo como cliente del GNL estadounidense, mientras tengan dinero para pagarlo.

Crear una especie de «zona protegida», centrada precisamente en el hemisferio occidental, lejos de ser un paso hacia una especie de nueva Yalta, con la división del mundo en zonas de influencia, es ante todo un intento de garantizar un mercado más estrictamente colonial, funcional para suministrar recursos y absorber la producción, en beneficio de EEUU.

Aunque en los documentos estratégicos siempre se habla de «competidores», como si se tratara de una cuestión de libre mercado, la realidad es, obviamente, que la perspectiva geopolítica estadounidense es inseparable de la idea de la guerra.

Que no es necesariamente, y sobre todo no siempre, una actividad cinética, sino más bien una predisposición. Significa considerar a cualquier otra entidad estatal-nacional en términos de utilidad-subordinación o amenaza-hostilidad. La ideología liberal, trasladada al plano geopolítico, no prevé la libre competencia, sino la supresión de los competidores potenciales.

Y el monopolio (de la fuerza) es la respuesta a esta necesidad. A falta de una capacidad militar efectiva para contrarrestar a las potencias (globales o regionales) identificadas como hostiles, que ya ni siquiera se enfrentan individualmente, la exhibición de poder se convierte a su vez en un instrumento de guerra híbrida y responde exactamente a la función de proyectar una imagen de poder superior a las capacidades reales.

Los estrategas de la política estadounidense han tomado nota de que el proyecto hegemónico condensado en la globalización ha fracasado, porque no ha transformado el mundo en un gran mercado capitalista; no ha uniformizado (y subordinado) a todos al modelo estadounidense; ha inflado e hipertrofiado la economía financiera y ha empobrecido las capacidades productivas materiales.

El nuevo reto para mantener cierta preeminencia global pasa no solo por el desarrollo tecnológico, sino también por una capacidad industrial renovada y potente. Y esto requiere ser alimentado.

Por lo tanto, un factor poderoso de la ecuación es la capacidad de disponer de energía y de limitar su acceso a los demás. Se necesita energía para alimentar la guerra, se necesita la guerra para controlar la energía. EEUU apunta a ganar en los cien metros, Rusia y China compiten en fondo.


Notas

1 - En Italia, a finales de 2025, las solicitudes de conexión para nuevos centros de datos alcanzaron los 69 GW, una cifra enorme que requiere una mejora infraestructural sin precedentes. Cabe señalar que EEUU está planeando trasladar parte de sus centros de datos (y, por tanto, de la demanda energética) a algunos países de confianza, como Ucrania e Italia. Microsoft (octubre de 2024) ha anunciado una inversión de 4300 millones de euros (la mayor jamás realizada en Italia) para potenciar sus centros de datos hiperescala, con el objetivo de crear la Cloud Region del norte de Italia (concentrada en Lombardía), que se convertirá en uno de los mayores centros de datos de Microsoft en Europa. El Gobierno italiano está colaborando activamente para simplificar la normativa mediante el DDL AI y atraer a otros actores como Google y AWS (Amazon), que ya tienen planes de expansión millonarios en el país.

2 - El 'fracking', término coloquial para 'hydraulic fracturing' (fracturación hidráulica), es una técnica utilizada para extraer gas natural o petróleo atrapados en rocas sedimentarias muy compactas y poco permeables, como el esquisto ('shale'). Mientras que las extracciones tradicionales explotan bolsas de hidrocarburos que ascienden de forma natural, el 'fracking' sirve para liberar forzosamente los recursos atrapados en los microporos de la roca mediante inyección de agua a presión.

3 - Actualmente (datos de 2025), los 10 países con mayor producción son: EEUU ( 13,8 millones de barriles/día); Arabia Saudí ( 10,1 millones de barriles/día); Rusia ( 9,9 millones de barriles/día); Canadá ( 5,0 millones de barriles/día); China ( 4,3 millones de barriles/día); Irak ( 4,1 millones de barriles/día); Brasil ( 3,9 millones de barriles/día); Emiratos Árabes Unidos ( 3,4 millones de barriles/día); Irán ( 3,2 millones de barriles/día); Kuwait ( 2,6 millones de barriles/día). Fuente: EIA - International Energy Statistics.

4 - La República Popular China cuenta actualmente con 60 reactores en funcionamiento y tiene otros 30 en construcción (la mayor expansión mundial). Su objetivo para 2030 es alcanzar los 110 GWe. Además, está aplicando una estrategia Coal to Nuclear (C2N) para reconvertir las antiguas centrales de carbón en centrales nucleares. Esto presenta ventajas logísticas evidentes: en lugar de construir desde cero, se utilizan las infraestructuras existentes (redes eléctricas, sistemas de refrigeración y personal cualificado) para albergar nuevos reactores nucleares, lo que acelera la descarbonización del sector industrial pesado.

5 - Después de EEUU, las mayores reservas de carbón pertenecen a: Rusia, con 160 000 millones de m³ (15 % del total mundial), Australia, con 150 000 millones de m³ (14 %), China, con 145 000 millones de m³ (13 %), e India, con 110 000 millones de m³ (10 %). Fuente: EIA - Global Energy Review 2025 (Coal Section).

Target Metis / observatoriodetrabajad.com

Tomado de La Haine

El asesinato de Saif al-Islam y la unidad prohibida de Libia

11 Febrero 2026 at 00:01
Por: (tortuga)

Beto Cremonte
Fuentes: PIA GLOBAL

“Los hombres podrán partir, pero Libia permanece”. Con esas palabras, el equipo político del Saif al-Islam Gaddafi anunció su asesinato en su residencia de Zintan.

El comunicado no habló de una muerte cualquiera: habló de martirio, de traición y de un crimen contra la patria. Este comunicado emitido a horas del asesinato no se trató solo de un réquiem, fue una acusación política, un posicionamiento ejemplar aún en la despedida de su líder. La emboscada artera con la que produjo el asesinato de Saif al-Islam acabó con un proyecto cercano de la unidad de Libia no como evocación del pasado, sino como reconstrucción a futuro.

La escena resuena con fuerza en la memoria libia. Hace quince años, su padre, Muammar Gadafi, era capturado y ejecutado tras la intervención militar de la OTAN, UE y Estados Unidos que destruyó el Estado libio bajo el pretexto de la “protección de civiles” y el derrocamiento de la supuesta tiranía que representaba Gadafi. Desde entonces, Libia no logró recomponerse como nación: quedó partida entre gobiernos rivales, milicias armadas, tribus enfrentadas y potencias extranjeras que negocian su futuro desde fuera. Los procesos de reconfiguración del Estado libio y la tan esperada y prometida reconstrucción nunca llego, de hecho se profundizaron las divisiones incluso desde los diferentes apoyos externos que recibían y reciben cada una de las facciones que ya no pugnan por ver quién se queda con lo que quede de Libia, sino que lo hacen en pos de mantener ordenado el desorden que produce la partición del país.

Quizás como un preludio de lo que vendría más tarde o como una demostración de la inteligencia y ubicación política Saif al Islam Gadafi ya veía en ese trágico 2011 libio el futuro de su país, “Toda Libia será destruida. Necesitaremos 40 años para llegar a un acuerdo sobre cómo dirigir el país, porque hoy todos querrán ser presidente o emir, y todos querrán gobernar el país.” (Saif al Islam Gadafi, 2011)

En este contexto de división y guerra interna Saif al-Islam había reaparecido como una figura incómoda. ÉL no comandaba ejércitos ni prometía victoria militar, pero sí hablaba de reconciliación, de soberanía y de una Libia unificada. Lo que muchos leían en su discurso como una herencia del pasado; para otros era la posibilidad concreta de cerrar la guerra. Su asesinato no elimina solo a un hombre, elimina un proyecto que no encajaba en el sistema de fragmentación que gobierna o mejor dicho desgobierna al país desde 2011.

Saif al-Islam: biografía política de una Libia imposible

Hablar y detenerse a pensar en Saif al-Islam Gadafi es hablar de una Libia que intentó reformarse sin destruirse y de otra que fue destruida sin poder reconstruirse, la paradoja que sin dudas tiene autores intelectuales y materiales, ya hemos mencionado a la OTAN, UE y EE.UU detrás de la destrucción de Libia a partir de 2011. Y es en ese contexto y previamente a este año que la influencia y trayectoria de Saif cobra relevancia dentro y fuera del país ya que sin ser un jefe militar o un caudillo tribal armado, sino un actor político que emergió en el tramo final del Estado libio como rostro de una transición interna posible en la cual se destacaba la modernización institucional, la lucha contra la corrupción y la reconciliación entre tribus y regiones desplazadas del centro del poder. Claramente una figura que incomodaba a los sectores que justamente buscan todo lo contrario para Libia.

Formado en derecho y ciencias políticas, ocupó un lugar singular en el último período del gobierno de su padre. Mientras el gobierno era leído desde fuera como monolítico, hacia dentro se abría una tensión entre continuidad y reforma. Saif representaba esa grieta interna, hablaba de Constitución, de Estado moderno y de reinserción internacional sin renunciar a la soberanía y al panafricanismo por el que su padre aun luchaba. Como hemos mencionado no era un militar ni un burócrata clásico; era, en términos libios, un político dentro de un sistema construido sobre liderazgos revolucionarios.

En este sentido también podemos mencionar que el joven Saif al-Islam fue crítico del proceso libio, su formación liberal de la escuela económica de Londres lo llevó incluso a criticar al sistema libio de democracia directa y a pesar de ello también pudo ser autocritico con su propio pensamiento ya que a medida que se fue involucrando en el gobierno de su padre se convirtió en un ferviente defensor de la Jamahariya (término acuñado que se traduce aproximadamente como “Estado de las masas” o “República de las multitudes”, derivado de jamahir (masas) en lugar de jumhur) en el 2011 anunciando y entendiendo que era el único sistema posible en Libia, “Advierto que sin la Jamahiriya, Libia caerá en caos, la Jamahiriya es la única barrera contra el caos destacando que la Jamahiriya era un logro histórico que debe evolucionar, no destruirse”. La Gran Jamahiriya Árabe Libia Popular y Socialista fue el nombre oficial de Libia entre 1977 y 2011, bajo el gobierno de Muamar Gaddafi, basado en la “Teoría de la Tercera Internacional” y el Libro Verde, el estado se autodenominaba una democracia directa de masas o “Estado de las masas”.

Esa posición lo volvió incómodo para todos, incluso para los sectores más duros del viejo poder, porque implicaba cambios, implicaba salir de los viejos cánones de la política libia. Para los actores externos que veían a Libia como un Estado a desmontar y no a reformar, porque ofrecía una alternativa al colapso. Cuando en 2011 la intervención de la OTAN y Estados Unidos destruyó la arquitectura estatal bajo el discurso humanitario, Saif pasó de heredero reformista a botín de guerra. Fue capturado por una milicia de Zintan y encerrado durante años en un limbo jurídico, una prisión política en un país sin Estado.

Ese cautiverio transformó su figura. Dejó de ser simplemente “el hijo de Gadafi” para convertirse en símbolo de una Libia humillada y fragmentada. Mientras el país se dividía entre gobiernos rivales, milicias armadas y tutelas extranjeras, Saif quedaba suspendido como testimonio vivo de la ruptura histórica de 2011. Para muchos libios, su prisión fue la prueba de que la promesa de democracia había llegado en forma de desorden, venganza y desintegración.

Cuando volvió a aparecer públicamente, su discurso ya no fue el de la reforma del viejo sistema, sino el de la reconciliación nacional. No habló de restauración ni de revancha, sino de unidad, soberanía y reconstrucción del Estado. En una Libia saturada de líderes armados, su propuesta era política, elecciones, pacto entre tribus y fin de la lógica de la milicia como árbitro supremo.

Para amplios sectores del centro y sur del país, Saif comenzó a representar tres memorias superpuestas, la Libia soberana anterior a la guerra, la Libia destruida por la intervención extranjera y la Libia que todavía podía volver a ser nación. Su capital político no provenía solo de la nostalgia, sino de una legitimidad construida en la derrota y en la prisión, algo que en la cultura política libia pesa tanto como la victoria militar.

El comunicado de su equipo político tras el asesinato cristaliza esa construcción simbólica. No habla solo de una muerte, sino de un martirio. Lo presenta como “el verdadero proyecto de reforma nacional” y como un hombre que “nunca vendió la soberanía de su país”. Ese lenguaje traslada la política al terreno moral y convierte su figura en patrimonio colectivo. La sangre deja de ser solo tragedia y pasa a ser bandera. La bandera de unidad Libia. A diferencia de su padre, no aparece como jefe revolucionario sino como candidato de la reconciliación. Ya no es el líder del Estado bombardeado, sino el político que intenta reconstruirlo desde sus ruinas.

Su horizonte era también panafricano, al ser heredero del proyecto africano de Muammar Gadafi, Saif tradujo esa visión en un lenguaje menos épico y más institucional: una Libia africana, no subordinada al Mediterráneo europeo ni a agendas externas.

Por eso su figura desbordaba lo interno, hacia una Libia unificada volvía a ser actor africano. Una Libia fragmentada seguía siendo tablero de otros. En ese cruce, reunía tres condiciones raras en la Libia posterior a 2011: legitimidad histórica, legitimidad moral y proyecto político de soberanía y reconciliación.

Su asesinato no elimina solo a un individuo sino que elimina una trayectoria que comenzaba a articular pasado, presente y futuro en una misma figura. Y devuelve una pregunta que atraviesa toda la tragedia libia, si cada intento de unidad termina silenciado, ¿qué espacio queda para que la política vuelva a reemplazar a las armas?

El tablero externo y la economía política de la fragmentación

La muerte de Saif al-Islam ocurre en un momento de reactivación diplomática internacional que revela al menos una verdad incómoda, Libia ya no es tratada como una nación a reconstruir, sino como un territorio dividido que puede administrarse por partes y que además esa partición es favorable para que los actores externos mantengan en línea cualquier intento de cambiar ese statu quo.

La gira del enviado estadounidense Massad Boulos por Trípoli y Bengasi, reuniéndose tanto con Abdelhamid Dbeibah como con sectores vinculados a Khalifa Haftar, no fue un gesto protocolar. Fue una intervención directa en el corazón de la fragmentación libia. No llegó con un proyecto de reconstrucción estatal profunda, sino con una agenda de estabilidad, desbloqueo de fondos y acuerdos económicos. En una Libia sin soberanía plena, esos temas no son técnicos: son políticos. Es en este sentido que los recuerdo vuelan hacia aquel 2011 y podemos quizás establecer cierto grado de paralelismo con la otrora visita de Hillary Clinton, en octubre cuando mataron, a Gadafi y dijo “Veni, vidi, vici” burlándose de la muerte de Muamar Gadafi, y justamente ahora llega Boulos y matan a Saif. Claramente podemos ver similitudes en ambos casos o (los menos distraídos) podemos observar los hilos de quienes potencialmente manejan las marionetas libias.

Al dialogar con ambos polos del poder, Washington no se sitúa por encima del conflicto, sino dentro de él. No conversa con un Estado unificado, sino con sus fragmentos. Y al hacerlo consolida una lógica instalada desde 2011 en la que la política libia se decide a través de actores armados y padrinazgos externos.

Lo mismo ocurre con Europa, donde París vuelve a funcionar como escenario de negociación entre élites libias ya que hace muy poquitos días se reanudaron los contactos políticos entre los dos principales polos de poder libios, con una reunión informal en la capital francesa entre Sadam Haftar, Comandante adjunto del Ejército Nacional Libio e hijo del mariscal Khalifa Haftar, e Ibrahim Dabaiba, Asesor de Seguridad Nacional del Primer Ministro del Gobierno de Unidad Nacional, Abdulhamid Dabaiba. Esta reunión y la gira de Boulos son, al menos, llamativas si vemos como corolario el asesinato de Saif a los pocos días de celebrarse ambos movimientos.

Que el futuro del país se discuta fuera de su territorio es una imagen precisa de soberanía desplazada. Francia, Italia o Alemania median, pero al mismo tiempo confirman que Libia sigue siendo tratada como expediente internacional antes que como nación capaz de decidir por sí misma. Ese mecanismo no es nuevo. Cuando la diplomacia internacional se activa sobre un país fragmentado, lo hace aceptando la fragmentación como punto de partida. Y al hacerlo neutraliza cualquier proyecto que aspire a recomponer un centro político soberano.

Cada potencia se conecta con un nodo interno, Haftar como interfaz militar del este, Dbeibah como interfaz administrativa del oeste, las milicias como intermediarias económicas y las tribus como base social capturada por pactos armados. La fragmentación se vuelve rentable ya que permite contratos múltiples, zonas de influencia y ausencia de un poder central que imponga reglas comunes.

En ese sistema, la unidad no es una aspiración abstracta sino es una amenaza concreta. Un liderazgo capaz de reunir tribus, regiones y legitimidad electoral implicaría renegociar todos esos vínculos. Pasar de un país administrado por nodos a un Estado con centro.

En este contexto de actualidad y fragmentación libia, la eliminación de Saif, abre la puerta a una expansión de la Hermandad Musulmana con apoyo de EAU, una mayor fragmentación social y lo que seguro será la celebración de elecciones presidenciales aprovechando que el factor popular y tribal se ha quedado sin su principal y única voz sabiendo, la de Saif quien entendemos era un serio candidato a ganar esas elecciones que finalmente nunca sucedieron.

La unidad como crimen político

El asesinato de Saif al-Islam no puede entenderse como un ajuste de cuentas, funciona como un veto político preventivo contra una posibilidad histórica de reconstruir un centro político soberano en un país organizado desde hace más de una década sobre la fragmentación y destrucción total del Estado.

Para Haftar, la unidad socavaba su legitimidad militar, mientras que para el poder de Trípoli, ponía fin a la transición interminable. Para las milicias, significaba desarme y pérdida de poder económico. Para las potencias externas, implicaba renegociar acuerdos estratégicos. Para todos, Saif era un factor disruptivo.

La violencia deja así de ser caos y se vuelve método siendo un mensaje claro ante todo intento de reconstruir soberanía en donde será castigado. En la Libia posterior a 2011, la unidad se transformó en delito implícito, no por ley, sino por estructura. Quien propone una sola bandera cuestiona al mismo tiempo a los liderazgos armados, a las economías de guerra, a las tutelas extranjeras y a la transición eterna.

Entonces el asesinato de Saif no elimina un pasado, ni siquiera elimina el posible legado del apellido, elimina un futuro potencial. No beneficia a un solo actor, sino a todos los que necesitan que Libia siga siendo un país dividido.

Quince años después de las bombas que destruyeron el Estado libio, la violencia ya no necesita aviones ni resoluciones internacionales. Alcanza con apagar unas cámaras y eliminar a quien se atreva a hablar de unidad. En Libia, hoy, la reconciliación sigue siendo peligrosa. Y la soberanía, un crimen sin perdón.


Beto Cremonte, Docente, profesor de Comunicación social y periodismo, egresado de la UNLP, Licenciado en Comunicación Social, UNLP, estudiante avanzado en la Tecnicatura superior universitaria de Comunicación pública y política. FPyCS UNLP.

Fuente: https://noticiaspia.com/el-asesinat...

Tomado de: https://rebelion.org/el-asesinato-d...

El combustible de uso común para el ejército español contamina lo mismo que una ciudad como València o Sevilla

8 Febrero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

La Junta de Contratación del Ministerio de Defensa ha publicado la licitación para un contrato de suministro de combustible líquido para el ejército con plazo de duración de 36 meses y presupuesto de 1.476,15 millones de euros.

¿Cuántos litros y cuántas emisiones son 1.476 millones de euros de combustible?

Pues lo cierto es que no lo conocemos, porque en la actual publicación de la licitación no aparecen los pliegos de condiciones de los que podríamos sacar algunas conclusiones.

De nuevo nos toca hacer estimaciones.

¿Cuántos litros puede abarcar este contrato?

Pues ello depende del precio por litro. Como se trata de un contrato con once lotes con distintas categorías de combustible, las cosas se complican a falta de información, pero sí podemos hacer una doble comparación: una, con los contratos que para años previos licitó Defensa en función del Convenio marco firmado para suministro. Y dos, con los contratos de suministro de combustible fósil de AENA.

Así las cosas, en 2022, el más reciente en el que contamos con un contrato de suministro para Defensa, el ministerio estimó un consumo de 206 millones de litros anuales para un suministro mucho menor que el actual, con un importe litro de aproximadamente 0´60 euros.

Digamos de paso, para aclarar un precio tan lejano del común de los mortales, que conforme a la ley 38/1992 de 28 de diciembre. El combustible para uso militar (de aquí o de la OTAN) no paga impuestos. Creo que no es la primera vez que indico que Defensa no paga impuestos y, por tanto, sus retornos son bastante pobres y dañinos para la sociedad (en este caso nos retorna contaminación y emisiones, pero no contribuye a sostener las necesidades sociales, sino que nos endosa el coste de su actividad sin preguntarnos por nuestras opciones o preferencias).

Por otra parte, los precios actuales de queroseno (Jet A-1) para los grandes aeropuertos españoles está rondando los 0,58-0,69 euros/litros descontados impuestos.

Vamos a ser generosos en nuestras estimaciones y a suponer que defensa, por su cara bonita, pagará el litro a 0´70 euros en el actual contrato.

La operación para saber cuántos litros de combustible puede importar esa millonada de contrato se nos ha simplificado. Estimemos que al precio de 0´7 vayan a quemarse al menos 2.108´6 millones de litros de combustible. Una verdadera burrada.
Bien, nos vamos acercando al objetivo.

¿Y cuantas emisiones provocan 2.108,6 millones de litros de combustible?

Pues usando otra nueva comparación de nuevo (daos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica) cada litro de gasolina de la que usan los coches emite 2,6kg de CO2, lo que nos arroja que la emisión será de aproximadamente 6´8 millones de toneladas de CO2 para el contrato que nos traemos entre manos.

Horror. Menuda huella ecológica.

De nuevo acudimos a otra estimación. La del consumo de los coches.

Si tomamos cono referencia el consumo de un coche medio en España (12.500 km/año y 6´5 litros a los cien kilómetros, podemos estar ante un consumo equivalente a más de 2.700.000 vehículos durante un año, o de la emisión media e CO2 que provocan más de 4.000.000 d vehículos.

Claro, que hay otra manera de verlo y, por comparación, estimar que equivale al consumo del 35% del combustible e Madrid al año (según el inventario de contaminantes a la atmósfera del propio ayuntamiento), de un poco más de lo que emite al año Sevilla o Valencia (según informes de sostenibilidad de ambas ciudades) o el de casi 4 veces al año el de una ciudad media como Valladolid.

Las emisiones de combustible fósil, con todo, ni son las únicas ni las más graves de la nociva actividad del ministerio. Al parecer la preocupación del mismo es alta y han anunciado que realizan estudios rigurosos sobre su propia huella ecológica, si bien, hasta donde se sabe, estos deben ser alto secreto de estado y el común de los mortales no tenemos acceso al desaguisado.

De modo que razón de más para pedir luz y taquígrafos porque resulta paradójico ese modo de proporcionarnos seguridad que tiene el tinglado de la defensa, consistente en provocarnos una inseguridad global evidente y, para colmo, contaminarnos con la nocividad y peligrosidad de su acción.

¡Pues ya lo tenemos!

Defensa no sólo no nos defiende de nada, sino que, frente a la ilusoria prédica de la ministra del ramo de que nos aporta ingentes retornos sociales, se confirma que en realidad si, pero de efectos negativos: ni aporta para sostener las necesidades sociales (dado que está exenta en sus compras y actividades del pago de impuestos, ni ayuda a la mejora del medio ambiente, sino que empeora las cosas con emisiones venenosas que nos perjudican muy gravemente.

La banalidad del mal o cómo la gente normal construye el horror sin despeinarse

6 Febrero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Si te dijera que el mayor peligro para la humanidad no son los psicópatas sedientos de sangre, sino los burócratas competentes, probablemente pensarías que me estoy poniendo dramático. Que esto es clickbait intelectual. Que los verdaderos monstruos son Hitler, Stalin, Pol Pot… ya sabes, gente con bigote raro, discursos histéricos y biografías chungas.

Y no, te equivocarías.

Porque los Hitler del mundo no pueden hacer nada solos. Necesitan millones de personas normales (administrativos, ingenieras, médicos, profesores, policías, funcionarias) que simplemente hagan su trabajo. Que firmen los papeles correctos. Que hagan que los trenes lleguen a tiempo. Que optimicen los procesos. Que no hagan demasiadas preguntas.

El Holocausto no fue el resultado del trabajo de un grupo de sádicos nazis con poder. Fue construido por una burocracia eficiente llena de gente que llegaba puntual al curro, que organizaba bien el papeleo, y que volvía a casa a cenar con su familia como si hubieran pasado otro día normal en el trabajo.

Tú podrías ser uno de esos. De hecho, estadísticamente, es más probable que acabes siendo el currante eficiente que el Hitler gritando en los mítines. Porque ser Hitler requiere carisma, convicción fanática, y cierta grandiosidad, no como el de Vox. Pero ser el engranaje que hace funcionar la máquina solo requiere hacer tu trabajo y no pensar demasiado en las consecuencias.

Bienvenido a la banalidad del mal. Es aburrida, es ordinaria, y es exactamente cómo se construyen las atrocidades.

Hannah Arendt y el tipo más decepcionante del mundo

En 1961, Hannah Arendt cubrió el juicio de Adolf Eichmann en Jerusalén para la revista The New Yorker. Eichmann era uno de los principales arquitectos logísticos del Holocausto, responsable de organizar el transporte de millones de judíos a los campos de exterminio. Si alguien merecía el título de “monstruo”, era él. Eichmann era el Excel del Holocausto.

Arendt esperaba encontrarse con el Diablo, con un psicópata de ojos enloquecidos, babeando odio antisemita por cada poro, orgulloso de sus crímenes. Pero lo que encontró fue un coñazo de tío.

Eichmann era un burócrata mediocre, obsesionado con seguir las reglas y ascender en su carrera. Hablaba usando clichés y jerga administrativa. Se quejaba de que sus superiores no reconocían suficientemente su eficiencia organizativa. Citaba a Kant mal y se consideraba a sí mismo un hombre de principios porque “siempre cumplía las órdenes”. Probablemente era un poco corto. Era el sueño húmedo de cualquier departamento de recursos humanos.

No odiaba a los judíos de forma visceral. De hecho, había tenido amigos judíos antes de la guerra. Porque, claro, siempre hay un “tengo un amigo que…”, incluso en los genocidios. Simplemente tenía un trabajo que hacer: organizar horarios de trenes, optimizar rutas, gestionar recursos, solucionar problemas logísticos. Que esos trenes llevaran gente a su muerte era, para él, un detalle técnico. No una cuestión moral.

Cuando le preguntaron si sentía culpa, Eichmann respondió que no, porque él solo había cumplido órdenes. Nunca mató a nadie personalmente. Solo hacía papeleo. ¿Cómo podría ser responsable de lo que otros hacían con la información que él procesaba tan eficientemente?

Arendt acuñó el término “banalidad del mal” para describir este proceso. No escribió que Eichmann fuera banal en el sentido de “poco importante”. Escribió que el mal que cometió era banal, ordinario, burocrático, desprovisto de la grandiosidad demoníaca que esperamos de los monstruos. Una maldad sin aspavientos, vamos.

El mal más efectivo no necesita fanáticos que hablen como ladra un rottweiler. Necesita gente normal haciendo su trabajo y que no cuestione demasiado las tareas que le encargan. Gente que separe el “problema técnico que estoy resolviendo” del “resultado moral de mi trabajo”. Gente que diluya su responsabilidad personal en la estructura organizativa: “Yo solo firmo papeles. Yo solo conduzco trenes. Yo solo sigo órdenes. No soy responsable de lo que pasa después.”

El experimento mental: tu línea roja personal

Vamos a hacer un ejercicio. Voy a describir una serie de situaciones en escalada. Para cada una, pregúntate honestamente: ¿lo haría? No respondas rápido con un “por supuesto que no”. Piénsalo de verdad. Ponte en el contexto. Imagina las presiones reales a las que estarías sometido.

Situación 1: El trabajo normal

Trabajas en el departamento de inmigración del gobierno. Tu trabajo consiste en procesar solicitudes de asilo. Se aprueba una nueva ley que endurece los requisitos. A ti personalmente te parece injusta (crees que es demasiado estricta, que dejará fuera a gente que necesita protección) pero es la ley.

Tu jefe te dice: “Sé que no te gusta, pero es tu trabajo.”

¿Aplicas la ley aunque te parezca mal? ¿O renuncias a tu trabajo? Tienes una hipoteca. Dos hijos en el colegio. Una suscripción a Netflix que no se paga sola. Tu pareja depende de tu sueldo. El mercado laboral está difícil. Encontrar otro trabajo con tu sueldo actual no será fácil.

La mayoría de la gente aplicaría la ley. Racionalizarían: “Si no lo hago yo, lo hará otro. Al menos yo puedo ser compasivo dentro de los límites de la ley. Si renuncio, no cambio nada, solo me jodo yo.”

Situación 2: La escalada gradual

Seis meses después, la ley se endurece más. Ahora incluye deportaciones de familias enteras, incluidos niños nacidos en España. Has visto casos donde claramente están enviando gente de vuelta a situaciones peligrosas.

Procesas un caso: una familia con tres niños, dos de ellos nacidos aquí. Sabes que si los deportas, los niños crecerán en un país en guerra que no conocen, separados de todo lo que han conocido como hogar.

Pero los papeles están en orden. Técnicamente cumplen los criterios para deportación. Tu trabajo es procesar el caso, no juzgar la política.

¿Lo procesas? ¿O te niegas y arriesgas tu empleo?

La mayoría procesaría el caso. Con dolor, tal vez. Con dudas. Pero lo haría. Porque “solo estoy haciendo mi trabajo” es una narrativa muy poderosa. Porque la responsabilidad está diluida: tú no decidiste la ley, solo la aplicas. Tú no deportas físicamente a nadie, solo firmas papeles.

Situación 3: Cosas que prefieres no ver

Un año después. Las deportaciones se han intensificado. Se están volviendo violentas. Has visto (o has oído de colegas que han visto) a policías golpeando a gente que se resiste. Niños llorando. Familias separadas físicamente, a la fuerza. No es tu departamento directamente. Tú solo procesas la documentación. Pero trabajas en el mismo edificio. Pasas por los pasillos donde pasa esto. Lo sabes.

¿Denuncias? ¿Renuncias? ¿O sigues con tu trabajo diciéndote “yo solo proceso papeles, lo que haga la policía no es mi responsabilidad”?

La mayoría seguiría. Porque para entonces ya has normalizado cada nivel anterior. Ya has racionalizado tu participación. Ya has invertido dos años de complicidad. Retractarte ahora sería admitir que llevas dos años siendo parte del problema. Y tu cerebro prefiere cualquier cosa antes que admitir que estás cooperando y que eres parte necesaria.

Situación 4: Los campos

Pasan dieciocho meses. Ahora hay campos de internamiento. Oficialmente son “centros de procesamiento temporal” donde la gente espera mientras se tramita su deportación. Extraoficialmente, todo el mundo sabe que las condiciones son inhumanas. Hacinamiento. Falta de atención médica. Higiene precaria. Tu trabajo ahora incluye firmar órdenes de traslado a estos centros. Sabes adónde van. Sabes cómo están esos lugares y lo que pasa allí.

Pero técnicamente tu trabajo es solo verificar que la documentación esté en orden y firmar. Lo que pase en los centros no es tu responsabilidad. Otros departamentos gestionan eso. Ya se te está haciendo bola todo esto.

¿Sigues firmando?

La mayoría seguiría firmando. Porque cada paso hasta aquí ha sido normalizado. Porque renunciar ahora, después de años de complicidad, parece inútil. Porque “si no lo hago yo, otro lo hará, y al menos yo verifico que los papeles estén bien hechos.”

Situación 5: Rumores que prefieres ignorar

Tres años desde que empezó. Empiezan a circular rumores de que hay gente que la está palmando. Desnutrición. Falta de atención médica. Algunos hablan de cosas peores, pero son solo rumores, ¿verdad? No hay confirmación oficial. Y tú solo firmas papeles. No eres responsable de lo que pasa después de que la gente sale de tu oficina.

¿Investigas? ¿Exiges transparencia? ¿O te dices a ti mismo que si fuera tan grave, alguien más importante habría hecho algo?

La mayoría no investigaría. Porque para entonces ya han construido una muralla cognitiva entre “mi trabajo” y “las consecuencias de mi trabajo”. Porque investigar significaría confirmar algo que preferirías no saber. Porque si lo sabes con certeza, entonces tienes que actuar, y actuar significa perder todo lo que has construido en estos años.

¿En qué punto dijiste que no?

Sé honesto. ¿En cuál de estos escalones realmente habrías plantado cara? ¿O fuiste deslizándote peldaño a peldaño, cada uno justificable por sí mismo, hasta llegar a un lugar que al principio te hubiera horrorizado?

Esto no es ciencia ficción. Es exactamente el proceso por el cual funcionarios alemanes normales acabaron siendo engranajes del Holocausto. Hay funcionarios estadounidenses que han participado en la separación de familias migrantes. No dando saltos gigantes de “persona decente” a “cómplice de atrocidades”. Sino dando pequeños pasos, cada uno con su propia justificación, hasta que un día te miras al espejo y ya no reconoces quién eres.

O peor: te reconoces perfectamente, pero has normalizado tanto cada paso que ya no te parece problemático.

Los científicos que construyeron el fin del mundo

Hablemos de gente brillante haciendo cosas horribles con las mejores intenciones. Como tú cuando sales a tomarte una copa y te despiertas con alguien que no conoces a tu lado, como en las películas.

Fuera de coñas, el Proyecto Manhattan reunió a cerebros brillantes: Robert Oppenheimer, Enrico Fermi, Richard Feynman, Niels Bohr. Físicos de primer nivel, muchos de ellos refugiados del fascismo europeo, comprometidos con derrotar a Hitler. Teóricamente, antinazis.

Construyeron la bomba atómica sabiendo perfectamente que sería usada para vaporizar ciudades enteras. Ciudades llenas de civiles. Niños. Ancianos. Igual no sabían los detalles del cómo, el cuándo o el porqué, pero tú no construyes un arma de destrucción masiva sin saber que eso se va a usar en algún momento. Y oye, era gente que no tenía nada que ver con las decisiones militares de su gobierno.

Y lo hicieron. ¿Por qué? No porque fueran monstruos. Porque estaban demasiado fascinados por el problema técnico para detenerse a pensar en las implicaciones morales.

El desafío intelectual (¿podemos dividir el átomo? ¿Podemos crear una reacción en cadena? ¿Podemos calcular el yield exacto?) eclipsó completamente la pregunta verdaderamente: ¿amiga, deberíamos hacer esto?

A veces pienso que es de ser muy idiota pensar que no lo sabían. O sea, amiga, estás diseñando una bomba atómica, que va a liarla pardísima y tú tan pichi. ¿De verdad?

Feynman, en sus memorias, escribió cómo él y sus colegas celebraban cada avance técnico. Resolvían ecuaciones complejas, diseñaban mecanismos ingeniosos, superaban obstáculos que parecían imposibles. Era emocionante. Era el desafío intelectual de sus vidas.

Y cuando la bomba se lanzó sobre Hiroshima, matando a 70.000 personas instantáneamente (vaporizando algunas, dejando solo sus sombras grabadas en las paredes; quemando a otras hasta que la piel se les caía a tiras; condenando a miles más a muertes lentas y agonizantes por radiación) muchos de esos científicos lo celebraron como una victoria de la física. Habían resuelto el problema. El proyecto había sido un éxito técnico. Tres días después, Nagasaki. Otras 40.000 personas muertas instantáneamente.

Algunos, como Oppenheimer, tuvieron después crisis de conciencia. “Ahora me he convertido en la Muerte, el destructor de mundos.” Pero de esto no fue consciente mientras estaban creando la bomba, según se dice. Durante el proceso, estaban demasiado metidos en cómo resolver el puzzle para pensar en que las piezas eran vidas humanas. Estás creando un arma de destrucción masiva, pero tú lo que quieres es que te salga bien, porque eres un intelectual y tú de política no entiendes.

Y por eso, ser apolítico es una forma muy cómoda de ser soberanamente imbécil.

La lección de todo esto es que ser inteligente, educado, moralmente consciente, ser refugiado del fascismo o entender visceralmente el horror de la violencia política no es garantía de que no vayas a ser cómplice. Nada de eso te protege de ser un monstruo. Pequeñito, pero un monstruo.

De hecho, la inteligencia puede ser una herramienta para racionalizar lo irracional. Para encontrar justificaciones sofisticadas para lo injustificable. Para separar “el problema técnico fascinante que estoy resolviendo” de “las consecuencias morales de mi trabajo”.

Los nazis que diseñaron los campos de exterminio eran unos ingenieros de la hostia. Optimizaron el asesinato en masa con eficiencia industrial alemana, como, ejem, Volkswagen. Calcularon cuántas personas cabían en cada cámara de gas. Cuánto Zyklon B se necesitaba. Cómo disponer de los cuerpos más rápidamente. Cómo extraer el oro de los dientes de la forma más rápida. Minería oral en tiempos de guerra.

Y estaban orgullosos de su trabajo técnico. Escribían informes detallados sobre cómo habían mejorado los procesos, reducido costes, incrementado la “producción”. No porque fueran sádicos (aunque algunos lo fueran). Sino porque habían convertido el genocidio en un problema de ingeniería. Y los ingenieros resuelven problemas. Es lo que hacen. Es lo que se les da bien. La optimización logística del exterminio.

Tú, con toda tu educación y tus valores progresistas y tu conciencia social, podrías acabar siendo igual, aunque te creas un ser de luz. Porque el cerebro humano es extraordinariamente bueno separando el trabajo del resultado. “Yo solo hago mi parte. Yo no controlo para qué se usa. Yo solo optimizo el proceso que me han asignado.” Y esa separación mental es exactamente cómo la gente normal construye sistemas de horror sin sentir que están haciendo nada malo.

Las pequeñas colaboraciones que construyen genocidios

Aquí está la verdad más jodida de todas: no hace falta que participes activamente en atrocidades para ser responsable de ellas. Basta con que hagas tu trabajo. Basta con que no te resistas. Basta con que mires hacia otro lado.

En la Alemania nazi, la mayoría de los alemanes nunca mataron a nadie. La mayoría nunca trabajaron en campos de concentración. La mayoría nunca fueron miembros activos del partido nazi. Simplemente:

Los ferroviarios se dedicaban a llevar los trenes puntualmente. “Solo transporto pasajeros, no pregunto quiénes son ni a dónde van.”

Los administrativos gestionaban las finanzas y comprobaban que la documentación estaba en regla. “Solo proceso papeles, no es mi trabajo cuestionar para qué son.”

Los médicos certificaban que la gente era “apta para el transporte”. “Solo hago exámenes médicos, no decido qué pasa después.”

La gente compraba en tiendas “arias”. “Es más conveniente, están más cerca.”

Los profesores enseñaban el currículo nazi. “Si no lo hago, me despiden y otro lo hará.”

Los policías arrestaban a quien se les decían. “Solo cumplo órdenes, yo no hago las leyes.”

Pequeñas colaboraciones aquí y allá. Cada una de ellas era comprensible. Cada una, con su propia justificación. Ninguna, por sí sola, suficientemente horrible como para arriesgarlo todo resistiéndose. Pero colectivamente, esos millones de pequeñas colaboraciones de personas normales hicieron posible el Holocausto.

Los nazis necesitaban que la población general no se resistiera. No hacía falta que todos fueran nazis fanáticos. Solo hacía falta que siguieran haciendo sus trabajos. Que mantuvieran la economía funcionando. Que procesaran la burocracia necesaria. Que no hicieran demasiadas preguntas. Que no escondieran a los perseguidos.

Los hombres grises

Christopher Browning, en su libro Aquellos hombres grises (1992), documentó el caso del Batallón de Policía de Reserva 101. Eran hombres mayores, padres de familia, demasiado viejos para el frente. No eran SS ideológicos. No tenían entrenamiento especial en sadismo. Y acabaron ejecutando a tiros a miles de judíos en Polonia. Directamente. Cara a cara. Incluyendo niños.

¿Cómo? El primer día, el comandante les dio la opción de no participar si les resultaba demasiado difícil. Solo un 10-20% se negó. El resto participó. No porque fueran nazis convencidos, sino porque no querían parecer cobardes frente a sus camaradas o porque era más fácil obedecer que resistir. O se emborrachaban antes y después para lidiar con ello. O deshumanizaban a las víctimas porque “no son realmente personas como nosotros, son diferentes.”

Y con el tiempo, se acostumbraron. Lo que al principio les horrorizaba se volvió rutina. Algunos incluso desarrollaron eficiencia profesional, orgullosos de hacer bien su “trabajo”.

Tú también lo harías. Yo, también. No en el primer día, tal vez. Pero después de semanas, meses, años de normalización gradual, de presión de grupo, de racionalización, de pequeños pasos donde cada uno parece justificable.

Cuando todos a tu alrededor actúan como si algo terrible fuera normal, tu cerebro se adapta y lo normaliza también. Cuando resistirse significa perder tu trabajo, poner en peligro a tu familia, o convertirte en paria social, la mayoría de la gente elige la autopreservación.

Y hay razones perfectamente comprensibles para hacerlo. No se trata de ser un un cobarde. Es suficiente con ser humano, tener una familia que mantener y estar acojonado por las posibles consecuencias.

Es fácil juzgarlos desde fuera, desde la comodidad de tu sofá, leyendo esto. Es infinitamente más difícil estar en su posición y elegir la resistencia cuando cuesta todo.
La pregunta que no quieres responder

Entonces, aquí está la pregunta que llevamos evitando desde que empezaste a leer esto:

Si mañana tu país empieza a deslizarse hacia el autoritarismo, hacia la persecución de minorías, hacia políticas que sabes que están mal… ¿qué harás?

No me digas que resistirás heroicamente. Todo el mundo dice eso. Es fácil decirlo en abstracto, sentado cómodamente, leyendo un artículo sobre gente muerta hace décadas.

¿Qué estarías dispuesto a perder, en concreto?

¿Tu trabajo? Tu empresa implementa una política que discrimina a ciertos grupos. ¿Renuncias o te quedas diciendo “necesito el sueldo, yo solo trabajo aquí”?

¿Tu vivienda? Protestar te puede costar tu empleo, y sin empleo pierdes tu casa. ¿Lo arriesgas o te callas?

¿Las relaciones con tu familia? Resistir públicamente significa que tu familia también será señalada. ¿Los pones en peligro por tus principios?

¿Tu libertad? Desobedecer puede significar cárcel. ¿Vas a prisión por resistir o cumples las órdenes que sabes que están mal?

¿Tu vida? En situaciones extremas, resistir significa riesgo de muerte. ¿Mueres por tus principios o sobrevives comprometiéndolos?

Lo que cuesta de verdad es ser honesto. Cualquiera puede escribir palabras bonitas en redes sociales. La indignación performativa que no te cuesta nada. Resistir de verdad cuesta todo.

Los alemanes que escondieron judíos sabían que, si los descubrían, morirían. Ellos y sus familias. Toda la familia, ejecutada. Y aun así lo hicieron. Esa es la resistencia real. Los que marcharon en Selma con Martin Luther King Jr. sabían que serían golpeados por la policía. Con porras. Con mangueras de agua a alta presión. Con perros. Lo sabían. Y marcharon de todas formas.

Muchos acabaron en el hospital. Algunos murieron. Los estudiantes que se enfrentaron a los tanques en la Plaza de Tiananmen sabían que podían ser aplastados. Literalmente. Uno se quedó ahí de pie frente a los tanques de todas formas. No sabemos qué le pasó después, pero imagino que nada bueno.

¿Te resistirías como un héroe o te dirías a ti mismo las mismas cosas que se dijeron millones de personas antes que tú?

“Tengo que pensar en mi familia.”
“No puedo cambiar nada yo solo.”
“Si no lo hago yo, lo hará otro.”
“No es tan malo todavía.”
“Solo estoy haciendo mi trabajo.”
“Yo no hice las reglas, solo las sigo.”
“Tengo que sobrevivir, no puedo ser un mártir.”

Todas esas frases son racionales. Todas son comprensibles. Todas son las frases exactas que usó la gente que acabó siendo cómplice de atrocidades.

Para mí, la de “todavía no es tan malo” es la más peligrosa de todas. Porque nunca es “tan malo” hasta que de repente lo es, y para entonces ya es demasiado tarde. Ya has normalizado cada paso anterior. Ya tienes años de complicidad que racionalizar. Ya estás demasiado dentro para retractarte sin admitir que llevas años siendo parte del problema.

¿Y ahora qué?

Ni hay una respuesta fácil ni una solución reconfortante. No se puede escribir una lista con cinco pasos simples para asegurarte de que nunca serás el burócrata que procesa papeles para un genocidio.

La pregunta que sí podemos contestar es: “¿Qué estoy haciendo HOY para asegurarme de que no seré esa persona?”

¿Estás practicando decir “no” en situaciones de bajo riesgo? ¿O siempre cedes para evitar conflicto?

¿Estás cuestionando órdenes injustas ahora que las consecuencias son mínimas? ¿O esperas mágicamente tener coraje cuando las apuestas sean tu vida?

¿Estás estableciendo tus líneas rojas? ¿O dejarás que las circunstancias decidan por ti cuándo es “demasiado”?

Porque si tu respuesta es “nada en particular”, si simplemente confías en que cuando llegue el momento tendrás el coraje que ahora no practicas, entonces ya estás más cerca del burócrata de lo que te gustaría admitir.

Recuerda: la banalidad del mal no necesita monstruos. Solo necesita gente normal haciendo su trabajo, sin hacer demasiadas preguntas, normalizando lo inaceptable un peldaño a la vez.

Y esa gente normal eres tú. Si no haces nada para evitarlo.

En la tercera y última parte de esta serie, exploraremos qué puedes hacer concretamente (herramientas prácticas, no buenos deseos) para resistir tu propia normalización de lo inaceptable. Porque reconocer tu vulnerabilidad es el primer paso. Pero sin acción, es solo conocimiento inútil que te hace sentir superior mientras sigues siendo igual de vulnerable.

Referencias:

Arendt, H. (1963). Eichmann in Jerusalem: A Report on the Banality of Evil. Viking Press.

Browning, C. R. (1992). Ordinary Men: Reserve Police Battalion 101 and the Final Solution in Poland. HarperCollins.

Feynman, R. P. (1985). Surely You're Joking, Mr. Feynman! W.W. Norton & Company.

Rhodes, R. (1986). The Making of the Atomic Bomb. Simon & Schuster.

Fuente: https://www.lafrikitiva.com/la-bana...

Cárcel y exclusión social, el alto precio que pagan los 'refusenik' por negarse a servir en el ejército israelí

5 Febrero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Los jóvenes israelíes tienen que presentarse a filas del Ejército de forma obligatoria a los 18 años y formar parte de la reserva hasta los 40. Los que se niegan a alistarse o a permanecer en la reserva por motivos éticos son llamados 'refusenik'. Hemos hablado con algunos de ellos.

María Inmaculada Balbás Pérez

No hay cifras oficiales. El Ministerio de Defensa israelí no comparte esta información tan sensible. Pero asociaciones como Mesarvot afirman que, desde el inicio de la invasión de Gaza, por lo menos unos 100 jóvenes se han negado a hacer el servicio militar obligatorio. Investigaciones periodísticas independientes afirman, por otra parte, que por lo menos unos 100.000 reservistas también se han negado a incorporarse al Ejército.

En las ciudades israelíes, especialmente en Jerusalén, es común ver a jóvenes uniformados y con fusiles de asalto en plena calle, incluso cuando van de paisano. En el país hebreo, el servicio militar es obligatorio para ambos sexos: ellos tienen que servir durante dos años y medio como mínimo, ellas durante dos en las FDI (Fuerzas de Defensa de Israel).

Sin embargo, el país hacía una excepción con dos colectivos: los árabes que son ciudadanos israelíes, es decir, palestinos que tienen pasaporte israelí (el 21% de la población en 2025, según la Oficina de estadísticas del Estado), y los judíos ultraortodoxos (el 14% de los judíos son haredíes, según los datos del Instituto de la Democracia de Israel). En junio de 2024 se canceló la excepción para los ultraortodoxos (lo que ha provocado numerosas protestas entre la población haredí, que se ha negado tradicionalmente a servir en el Ejército). La exclusión sigue sin embargo vigente para los palestinos con pasaporte israelí.

También hay excepciones, como por ejemplo, las personas consideradas no aptas por cuestiones médicas o mentales, que están exentas del servicio militar obligatorio, y aquellos estudiantes sobresalientes que pueden aplazar el servicio militar o hacerlo más corto. El 65% restante de los jóvenes israelíes tienen que presentarse a filas de forma obligatoria a los 18 años y formar parte de la reserva hasta los 40, cuando terminan el servicio militar, aunque esto puede variar dependiendo del rango o de la unidad del Ejército. También tienen que acudir a formaciones de cuatro meses cada año para mantenerse en forma hasta que llegan a la edad límite. Luego están aquellos que se niegan a alistarse o a permanecer en la reserva por motivos éticos: los llamados refusenik.

Los refusenik son jóvenes como Yona Roseman, objetora de conciencia transexual de 19 años originaria de Haifa (norte de Israel), que afirma que "gracias al activismo anti apartheid" se dio cuenta de que no podía alistarse en el Ejército, opinión que reforzó "tras el inicio del genocidio" el 7 de octubre de 2023.

Sobre las consecuencias de su activismo y de su negativa a ingresar en las FDI, explica que ha sido arrestada hasta en siete ocasiones, y ha pasado un total de 50 días entre rejas, 20 de ellos en confinamiento solitario. Pero eso no fue todo: "Muchos de mis amigos cortaron lazos conmigo a raíz de mi decisión". La relación con sus padres tampoco ha vuelto a ser la misma. La activista recibió la exención del servicio militar hace mes y medio, dos meses después de haber sido puesta en libertad.

Yuval Peleg, joven de 18 años originario de Kfar Saba (área metropolitana de Tel Aviv), pagó también con pena de cárcel su negativa a realizar el servicio militar: pasó un total de 130 días entre rejas las cinco veces que fue encarcelado, hasta que finalmente recibió la exención oficial el 6 de enero de este año. Sobre el proceso cuenta que "era siempre lo mismo: ingresaba en prisión por unos 20 o 30 días, me liberaban, y a los pocos días me volvían a encarcelar". Peleg, que según las autoridades israelíes debía de alistarse un mes después de acabar la educación secundaria, no dudó en negarse a ingresar en el Ejército, al que califica de "organización criminal" y del que declara con convicción que "comete un genocidio".

Sobre el rechazo social que ha tenido que soportar en el país, afirma que, por suerte, siempre ha contado con el apoyo de su familia y de personas de todo el mundo, gracias a una campaña de Amnistía Internacional por su liberación. Sin embargo, las últimas veces que estuvo en la cárcel recibió amenazas por parte de otros internos, y ha perdido amistades. "La mayor parte de la sociedad lo ve como una traición, como algo que no pueden aceptar", asegura.

La historia de Daniel Yahalom es distinta a la de los refusenik anteriores. Yahalom, profesor de Economía de 32 años residente en Haifa, sirvió en el Ejército varias veces. Tenía 19 años cuando fue enviado a la frontera norte con Líbano. Sobre aquel momento, comenta que sentía que era su deber contribuir a la defensa de su patria. Tras el inicio de la guerra en 2023, fue llamado a filas desde la reserva en tres ocasiones: en 2023, 2024 y 2025, cuando le llamaron para participar en la toma de la ciudad de Gaza en mayo, momento en que decidió negarse. Fue puesto en confinamiento solitario durante cinco días, tras una semana de procedimientos judiciales. Todavía no ha recibido la exención de forma oficial, pero no le han vuelto a llamar a filas.

Lo que finalmente hizo renunciar a Yahalom fue su experiencia como soldado en la Cisjordania ocupada los meses que estuvo activo durante 2023 y 2024. Describe que fue la "falta de equilibrio de poder" que rige el día a día entre palestinos e israelíes lo que poco a poco hizo sentir más y más incómodo en el Ejército, hasta que llegó el momento de renunciar. "Cuando tu estás con una pistola y les estás pidiendo que te muestren su carné de identidad, y ellos saben que no pueden hacer un movimiento en falso, porque si no serán detenidos por días, semanas o meses (...), cuando soldados aparecen en sus casas en medio de la noche, los detienen y llevan a prisión sin juicio (...) lo mundana que es la brutalidad contra los palestinos allí… es algo terrible, que hace que sus vidas sean insoportables".

Sin embargo, afirma que él es un "afortunado", ya que recibió muchas muestras de apoyo por parte de su entorno y pagó un "precio muy bajo", puesto que solo perdió dos semanas de empleo y sueldo, mientras que otros objetores han llegado a perder sus puestos de trabajo o han sido rechazados en procesos de selección por ese motivo. Ser judío en Israel es un gran privilegio, y afirma: "Desobedecer al Estado es mucho más peligroso cuando eres palestino, incluso si tienes el pasaporte israelí".

Por su parte, el Ejército israelí no explica muy bien la duración de las condenas ni por qué unas duran más que otras, como recoge un informe de Amnistía Internacional. Según reza el informe, "todas estas personas están expuestas a ser encarceladas a pesar de que no se les ha dado la oportunidad de realizar un servicio civil alternativo (...). Pueden ser encarceladas durante semanas y en ocasiones meses, tras ser juzgadas por oficiales", tras negarse a presentarse a filas. No obstante, y según recoge el organismo, el derecho a objetar el servicio militar por motivos de conciencia está protegido por el artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, del que Israel es parte.

El 7 de octubre, un antes y un después

"Siempre ha habido objetores de conciencia en Israel", explica Nimrod Flaschenberg, portavoz de Mesarvot, plataforma que une distintas organizaciones que defienden los derechos de los objetores de conciencia, como el Partido Comunista, Combatants for peace o Yesh Gvul. El portavoz corrobora el aislamiento social al que son sometidos los refusenik, ya que "aquellos que se niegan son considerados traidores a la patria", sentimiento que se intensificó tras el inicio de la guerra en Gaza.

"Poco antes del 7 de octubre, hubo una gran protesta general contra del Gobierno, mucha gente amenazó con negarse a hacer el servicio militar… especialmente reservistas, pero también jóvenes", explica el portavoz. Muchos jóvenes protestaron contra la ley que les obliga a alistarse en el ejército y contra la ocupación israelí de Palestina en septiembre antes de los múltiples atentados perpetrados por Hamás el 7 de octubre de 2023.

Pero tanto el portavoz como los refusenik entrevistados coinciden en que, desde que comenzó la guerra, muchos jóvenes israelíes que antes estaban abiertos a la idea de convertirse en objetores de conciencia cambiaron de opinión. Peleg afirma que inmediatamente después de los atentados "la gente quería venganza" y que "hubo una oleada de personas que se ofrecieron voluntarias, no sólo para alistarse, sino incluso para preparar comida a los soldados". Roseman va más allá y afirma creer que la gran mayoría de la sociedad israelí "lleva más de dos años sumida en un frenesí genocida".

Cualquier tipo de disidencia en Israel, y especialmente la disidencia contra el Ejército y el servicio militar, que se considera un organismo unificador del Estado hebreo, es visto como una traición, concluye la activista. Sin embargo, Peleg también asegura que "muchos soldados están desertando del Ejército, no por razones ideológicas, sino porque están cansados" de la guerra, como es el caso de Yahalom.

Fuente: https://www.publico.es/sociedad/car...

La última elección

4 Febrero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Fuerte artículo del periodista Chris Hedges sobre Trump, así como la foto que eligió para ponerlo en sus redes. Cada vez hay más voces en EEUU que abiertamente hablan de dictadura y fascimo en la era Trump.

Pedro Brieger

La amenaza de Donald Trump de cancelar las elecciones de medio término no es un amague. Ya intentó revertir el resultado de las elecciones de 2020 y dijo que no aceptaría el de 2024 si perdía. Fantasea con desafiar la Constitución para quedarse un tercer mandato. Está decidido a conservar un control absoluto —apuntalado por una mayoría republicana servil— en el Congreso. Teme que, si pierde el control del Congreso, llegue el juicio político. Teme los obstáculos a la rápida reconfiguración de Estados Unidos como un Estado autoritario. Teme perder los monumentos que está erigiendo a su propia gloria: su nombre estampado en edificios federales, incluido el Kennedy Center; la eliminación de la entrada gratuita a los Parques Nacionales el día de Martin Luther King Jr. para reemplazarla por su propio cumpleaños; la anexión de Groenlandia y, quién sabe, quizá Canadá; su capacidad para poner ciudades como Minneapolis bajo sitio y secuestrar residentes legales en plena calle.

A los dictadores les encantan las elecciones, siempre que estén amañadas. Las dictaduras que cubrí en América Latina, Medio Oriente, África y los Balcanes montaban espectáculos electorales minuciosamente coreografiados. Eran una utilería cínica con resultados predeterminados. Servían para legitimar el control férreo sobre una población cautiva, encubrir el enriquecimiento del dictador, su familia y su círculo íntimo, criminalizar toda disidencia y prohibir a los partidos opositores en nombre de “la voluntad del pueblo”.

Cuando Saddam Hussein organizó un referéndum presidencial en octubre de 1995, la única pregunta en la boleta era: “¿Aprueba usted que el presidente Saddam Hussein sea el presidente de la República?”. Los votantes marcaban “sí” o “no”. Los resultados oficiales le dieron a Hussein el 99,96% de unos 8,4 millones de votos, con una participación del 99,47%. Su par en Egipto, el ex general Hosni Mubarak, fue reelegido en 2005 para un quinto mandato consecutivo de seis años con un mandato algo más modesto: 88,6% de los votos. Mi cobertura poco reverencial de las elecciones en Siria en 1991 —donde había un solo candidato en la boleta, el presidente Hafez al‑Assad, que supuestamente obtuvo el 99,9%— me valió la expulsión del país.
Estos espectáculos son el modelo, sospecho, de lo que viene, a menos que Trump consiga su deseo más profundo: emular al príncipe heredero Mohammed bin Salman de Arabia Saudita —cuyo equipo de seguridad asesinó en 2018 a mi colega y amigo Jamal Khashoggi en el consulado saudí en Estambul— y no celebrar elecciones en absoluto.

Trump, aspirante a presidente vitalicio, lanza la idea de cancelar las elecciones legislativas de 2026. Le dijo a Reuters que “si lo pensás bien, ni siquiera deberíamos tener elecciones”. Cuando el presidente Volodímir Zelenski le explicó que en Ucrania no se celebraban elecciones por la guerra, Trump se entusiasmó: “¿O sea que si estamos en guerra con alguien, no hay más elecciones? Ah, eso está bien”.

Trump le dijo a The New York Times que se arrepiente de no haber ordenado a la Guardia Nacional que incautara las máquinas de votación después de las elecciones de 2020. Quiere abolir el voto por correo, junto con las máquinas y los tabuladores que permiten a las autoridades publicar resultados la misma noche electoral. Mejor ralentizar todo y, como hacía la maquinaria política de Chicago bajo el alcalde Richard J. Daley, rellenar urnas después del cierre para asegurar la victoria.

La administración Trump está prohibiendo campañas de registro de votantes en los centros de naturalización. Impone leyes restrictivas de identificación de votantes a nivel nacional. Reduce las horas que los empleados federales pueden ausentarse del trabajo para ir a votar. En Texas, el nuevo mapa electoral priva de derechos de manera flagrante a votantes negros y latinos, una maniobra avalada por la Corte Suprema. Se espera que elimine cinco bancas demócratas en el Congreso.

Nuestras elecciones inundadas de dinero, sumadas a un gerrymandering agresivo, hacen que pocas contiendas legislativas sean competitivas. La reciente redistribución de distritos prácticamente garantiza a los republicanos nueve escaños más —en Texas, Misuri, Carolina del Norte y Ohio— y a los demócratas seis —cinco en California y uno en Utah—. Los republicanos planean más redistritaciones en Florida y los demócratas impulsan una iniciativa en Virginia. Si la Corte Suprema sigue desmantelando la Ley de Derecho al Voto, la manipulación de distritos por parte de los republicanos se disparará, quizá consolidando una victoria aunque la mayoría del electorado no la quiera. Nadie puede llamar democrático al gerrymandering.

El fallo de la Corte Suprema en Citizens United nos quitó cualquier influencia real en las elecciones. Autorizó dinero ilimitado de corporaciones y grandes fortunas para amañar el proceso electoral en nombre de la libertad de expresión protegida por la Primera Enmienda. Dictaminó que el lobby pesado y organizado de las grandes empresas es una expresión del derecho del pueblo a peticionar a su gobierno.
Nuestros derechos más básicos, incluida la libertad frente a la vigilancia masiva del Estado, han sido revocados de manera constante por decreto judicial y legislativo.
El “consentimiento de los gobernados” es una broma cruel.

Hay pocas diferencias sustantivas entre demócratas y republicanos. Existen para ofrecer la ilusión de una democracia representativa. Los demócratas y sus apologistas liberales adoptan posturas tolerantes en cuestiones de raza, religión, inmigración, derechos de las mujeres e identidad sexual, y fingen que eso es hacer política. La derecha utiliza a los sectores marginados —en especial a los inmigrantes y al fantasma de la “izquierda radical”— como chivos expiatorios. Pero en los grandes temas —guerra, acuerdos comerciales, austeridad, policía militarizada, el gigantesco sistema carcelario y la desindustrialización— marchan en perfecta sintonía.

“No se puede señalar ninguna institución nacional que pueda describirse con precisión como democrática”, escribió el filósofo político Sheldon Wolin en Democracy Incorporated: “seguro que no en elecciones hipercontroladas y saturadas de dinero, un Congreso infestado de lobbistas, una presidencia imperial, un sistema judicial y penal sesgado por clase o, menos que nada, los medios”.

Wolin llamó a nuestro sistema de gobierno “totalitarismo invertido”. Rinde pleitesía externa a la fachada de la política electoral, la Constitución, las libertades civiles, la libertad de prensa, la independencia judicial y la iconografía, tradiciones y lenguaje del patriotismo estadounidense, mientras permite que corporaciones y oligarcas se apoderen de los mecanismos de poder y dejen al ciudadano impotente.

El vacío del paisaje político bajo este “totalitarismo invertido” fusionó la política con el entretenimiento. Fomentó una farsa política permanente, una política sin política. El imperio, el poder corporativo sin regulación, la guerra interminable, la pobreza y la desigualdad social se volvieron temas tabú.

Estos espectáculos fabrican personalidades políticas prefabricadas —la persona ficticia de Trump, producto de The Apprentice—. Viven de retórica hueca, relaciones públicas sofisticadas, publicidad pulida, propaganda y el uso constante de focus groups y encuestas para devolverle al votante lo que quiere oír. La campaña presidencial vacía, sin temas y centrada en celebridades de Kamala Harris fue un ejemplo impecable de este arte performático político.

El asalto a la democracia, llevado adelante por los dos partidos gobernantes, preparó el terreno para Trump. Castraron nuestras instituciones democráticas, nos despojaron de derechos básicos y consolidaron la maquinaria del control autoritario, incluida la presidencia imperial. Trump solo tuvo que accionar el interruptor.

La violencia policial indiscriminada, familiar desde hace tiempo en comunidades urbanas pobres —donde fuerzas militarizadas actúan como juez, jurado y verdugo— le otorgó al Estado el poder de hostigar y matar ciudadanos “legalmente” con impunidad. Generó la mayor población carcelaria del mundo. Ese vaciamiento de libertades civiles y del debido proceso ahora se volvió contra todos. Trump no lo inició. Lo amplió. El terror es el objetivo.

Trump, como todos los dictadores, está embriagado de militarismo. Pide aumentar el presupuesto del Pentágono de un billón a un billón y medio de dólares. El Congreso, al aprobar su One Big Beautiful Act, asignó más de 170 mil millones para control fronterizo e interno, incluidos 75 mil millones para el ICE en los próximos cuatro años. Eso supera el presupuesto anual combinado de todas las fuerzas policiales estatales y locales.

“Cuando un gobierno constitucionalmente limitado utiliza armas de poder destructivo horrendo, subsidia su desarrollo y se convierte en el mayor traficante de armas del mundo”, escribe Wolin, “la Constitución es reclutada para servir como aprendiz del poder, no como su conciencia”.

Que el ciudadano patriota apoye sin fisuras a los militares y su enorme presupuesto significa que los conservadores lograron convencer al público de que las fuerzas armadas son algo distinto del gobierno. Así, el componente más sustancial del poder estatal queda fuera del debate público. Del mismo modo, en su nuevo estatus de ciudadano imperial, el creyente desprecia la burocracia pero no duda en obedecer las directivas del Departamento de Seguridad Nacional, el organismo gubernamental más grande e intrusivo de la historia del país. La identificación con el militarismo y el patriotismo, junto con las imágenes de poder estadounidense proyectadas por los medios, hace que el ciudadano se sienta más fuerte, compensando la sensación de debilidad que la economía impone a una fuerza laboral sobreexigida, exhausta e insegura.

Los demócratas, en la próxima elección —si es que la hay—, ofrecerán la opción menos mala mientras hacen poco o nada para frenar la marcha hacia el autoritarismo. Seguirán rehenes de las exigencias de los lobbistas corporativos y los oligarcas. Un partido que no defiende nada ni pelea por nada bien podría entregarle a Trump una victoria en las legislativas. Pero Trump no quiere correr ese riesgo.

Trump y sus secuaces están cerrando con energía la última salida del sistema que impide la dictadura absoluta. Pretenden orquestar elecciones simuladas, al estilo de todas las dictaduras, o directamente abolirlas. No están bromeando. Será el golpe de gracia al experimento estadounidense. No habrá vuelta atrás. Nos convertiremos en un Estado policial. Nuestras libertades, ya bajo ataque feroz, serán extinguidas. En ese punto, solo movilizaciones masivas y huelgas podrán impedir la consolidación de la dictadura. Y esas acciones, como vemos en Minneapolis, serán respondidas con represión estatal letal.

La subversión de las próximas elecciones planteará dos opciones brutales para los opositores más visibles de Trump: el exilio o el arresto y encarcelamiento a manos de matones del ICE.

La resistencia a la bestia, como en todas las dictaduras, tendrá un costo altísimo.

Fuente: https://www.facebook.com/photo/?fbi...

La resistencia civil noviolenta ucraniana ante la guerra: (Febrero-junio 2022) (I)

31 Enero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Salam aleikum.

Hoy empezamos la divulgación del documento de Felip Daza Sierra titulado La resistencia civil noviolenta ucraniana ante la guerra. Análisis de las tendencias, impactos y desafíos de la acción noviolenta en Ucrania (febrero-junio 2022).

Autor: Felip Daza Sierra. Licenciado en Ciencias Políticas por la Pompeu Fabra, Máster en Relaciones Internacionales por la Fundación CIDOB y diploma de postgrado en Prevención de conflictos, gestión de crisis y rehabilitación post-conflicto por la Universidad Complutense de Madrid.

Profesor de transformación social, incidencia política y derechos humanos en Sciences Po Paris University y en la Universitat Oberta de Catalunya, y ha trabajado durante más de 15 años en el ámbito de la construcción de paz y acción noviolenta en el Sur y Este de Europa, Cáucaso del Sur, Norte de África y Oriente Próximo.

En 88 páginas, Felip Daza hace un trabajo encomiable:

Primero nos informa, de manera general en 5 páginas, con un resumen ejecutivo.
A continuación, en la segunda sección del documento, nos hace una introducción al documento,
En la tercera sección nos presenta el marco conceptual: objetivos, mecanismos de cambio y métodos de la resistencia civil noviolenta.
En la cuarta sección nos presenta un resumen de 100 años de resistencia civil en Ucrania.
En la quinta sección hace un análisis de la acción noviolenta en Ucrania.
En la sexta sección nos habla de los impactos y desafíos de la resistencia civil noviolenta, de manera a la vez resumida y detallada (por la presencia de un anexo con tablas muy detalladas y precisas con diversas fuentes gráficas, vídeos, noticias, etc. que apoyan y sustentan sus afirmaciones).
En la séptima sección encontramos un decálogo de recomendaciones para apoyar la resistencia civil noviolenta.
Por si todo esto fuera poco complementa el documento con una sección de bibliografía y otra de Anexo.

Ucrania es un país con más de 100 años de experiencia en acción noviolenta. Esas sólidas capacidades, combinadas con las redes informales de poder a nivel local y el vibrante tejido asociativo del país formado por comunidades auto organizadas y organizaciones de defensa de derechos humanos, mediación y diálogo para la transformación de conflictos, explicaría, en parte, la ‘espontanea' y generalizada resistencia civil noviolenta en las primeras etapas de la invasión rusa, entre febrero y junio de 2022, período de estudio de esta investigación.

Los resultados y conclusiones de este informe se basan en el análisis de 235 acciones noviolentas por todo el país y una investigación de campo con más de 55 entrevistas a líderes políticos y sociales, académicos y activistas ucranianos. La amplia movilización y organización comunitaria se ha cristalizado en centenares de acciones noviolentas de protesta (148), no-cooperación (51) e intervención noviolenta (36). Geográficamente, la mayoría de acciones se ha localizado en los oblasts del sur (Kherson y Zaporizhia) lo que demuestra la persistencia de la resistencia noviolenta en las zonas bajo ocupación. Temporalmente, en febrero y marzo predominan acciones de protesta pública pero que se reducen drásticamente a finales de marzo debido al aumento de la represión y secuestro de activistas en los territorios ocupados. A partir de abril, la resistencia noviolenta se transforma en acciones comunicativas ‘invisibles', no-cooperación e intervención noviolenta creando estructuras de auto-gobierno paralelo. La resistencia civil noviolenta se ha articulado en 7 ámbitos de actuación con impactos y desafíos específicos:

Obstrucciones en los objetivos militares rusos
Socavamiento de los pilares del poder del Kremlin
Protección de civiles
Resiliencia comunitaria
Refuerzo de la gobernanza local
Cohesión nacional social y regional
Rendición de cuentas

Todos ellos los trataremos con más detalle en próximas entradas. Hoy nos limitados a dar cuenta de:

Decálogo de recomendaciones para apoyar la resistencia civil noviolenta

Recomendaciones para organismos, gobiernos y actores de la sociedad civil ucraniana e internacional:

1. Reforzar la resistencia civil noviolenta en las zonas bajo ocupación: a través de recursos materiales y financieros, creación de espacios de coordinación e intercambio de información, y desarrollo de acciones de incidencia político-social para visibilizar y apoyar el trabajo de los activistas que resisten a la ocupación militar y a la institucionalización de la represión en esos territorios.

2. Desarrollar un sistema de protección de defensores de derechos humanos de acuerdo a los principios guía de los Defensores de Derechos Humanos de la UE en coordinación con centros de defensa de derechos humanos ucranianos y organizaciones internacionales. Este programa debe prestar especial atención a los impactos psicológicos de la guerra y a la protección de los activistas en zonas bajo ocupación militar temporal rusa.

3. Apoyar los sistemas civiles de monitoreo e investigación de crímenes de guerra como mecanismos para asegurar el acceso a la justicia y el Estado de Derecho a través de las plataformas de protección de derechos humanos creadas e incorporando una perspectiva de justicia transicional que incluya la investigación de todos los crímenes de guerra y las agresiones de actores armados no estatales.

4. Fortalecer la resiliencia comunitaria y la cohesión social a través de las organizaciones e infraestructuras desarrolladas por el movimiento juvenil ucraniano. Concretamente, este apoyo debe comprender un programa nacional de aumento de capacidades en transformación de conflictos, acción noviolenta y resiliencia digital, así como proveer la red de centro de jóvenes ucranianos con las capacidades y recursos para desarrollar contra-narrativas noviolentas en cooperación con medios de comunicación locales y digitales.

5. Prevenir la polarización social a través del apoyo a las intervenciones de la comunidad de mediación y facilitación del diálogo de Ucrania para prevenir los conflictos intra-familiares y comunitarios entre las comunidades de acogida y de desplazados internos provenientes del este del país.

6. Favorecer el desarrollo de iniciativas noviolentas, de diálogo y construcción de paz a nivel regional, a través del apoyo financiero y la creación de espacios de intercambio de información y planificación de acciones con activistas y colectivos comprometidos con la justicia social y los derechos humanos, aprovechando las relaciones, capacidades y experiencias de las organizaciones especializadas en estos ámbito geográficos y temáticos para encontrar objetivos comunes.

7. Incidir en el diseño de nuevas arquitecturas globales y regionales basadas en la seguridad humana que pongan en el centro la protección y las necesidades humanas, impliquen el diseño de estrategias noviolentas para transformar los conflictos y redireccionen recursos destinados a las estructuras e iniciativas militaristas. Este trabajo debe considerar el amplio trabajo desarrollado por Naciones Unidas en materia de seguridad humana.

8. Explorar la posibilidad de desarrollar y regular un sistema civil de defensa noviolenta que se construya a partir de las iniciativas y experiencias vigentes como la Estrategia de Defensa Nacional de Lituania. Este proceso debe incluir un debate público sobre los límites de la noviolencia y la complementariedad con la defensa militar.

9. Proteger y regular la objeción de conciencia como derecho humano de la ciudadanía para contribuir en la defensa de su país sin el uso de las armas. Ello debe incluir la protección de los derechos civiles y políticos de las personas activistas pacifistas y objetores de conciencia y su posible incorporación al sistema civil defensa noviolenta.

10. Asegurar que la reconstrucción social y política se apoye sobre el desarrollo de la gobernanza local y la descentralización política, y garantice la participación efectiva en los procesos de toma de decisión de las organizaciones de mujeres y las activistas que están liderando la resistencia civil noviolenta, la defensa de los derechos humanos y el fomento de la mediación y facilitación de diálogo del país.

Aleikum salam.

Fuente: https://www.politicanoviolenta.org/...

Sin novedad en ningún frente

31 Enero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Los tiempos del transcinismo

1.

Si la historia no se repite, al menos sí pareciera que se “congela”. En la mayor parte de los órdenes socio-culturales de la contemporaneidad no se registra más incidencia relevante que una cierta aceleración de lo ya dado, un apresuramiento en carreras ya avanzadas.

El Fascismo Democrático sigue ahí, donde lo dejamos hace tiempo, prácticamente como siempre:

- Expansionismo exterior, de índole territorial, económica y militar (ilustrado en Próximo y Medio Oriente, Ucrania, Venezuela, Groenlandia...).
- Docilidad de las poblaciones (pensemos en EEUU y Europa en primer lugar).
- Persecución de la diferencia radical -cultural, psicológica y existencial-, en beneficio de una diversidad inocua.
- Instrumentación de la llamada “violencia legítima”, física y preferentemente simbólica, desde los aparatos del Estado.
- Transferencia al oprimido de parte creciente de las prerrogativas clásicas del opresor, a fin de consolidar la auto-sujetación (obreros con acciones y participación en la gestión de las empresas, estudiantes que ejercen de auto-profesores, colaboración ciudadana con la policía, auto-medicación inducida por las propias instituciones sanitarias, presidiarios que en los “módulos de respeto” se desenvuelven como “carceleros de sí mismos”...).
- Domesticación de la crítica y de la protesta (bajo los patrones, no ya de lo “políticamente correcto”, sino de un inflexible “verosímil ideológico” que se rearma con taxonomías anuladoras como las de “negacionismo” o “populismo”), proceso atestiguado por la ascendencia de un ecologismo-pacifismo-feminismo conservador, integrado, pro-capitalista y pro-estatal, ingrediente entre otros de la cultura hegemónica y de la verdad postulada, y por la esterilidad indisimulable de las prácticas opositoras “legales” -partidos, sindicatos, huelgas con servicios mínimos, manifestaciones autorizadas...-.
- Economización e individualización irreversible del ser humano occidental, como lamentara J. Ellul y para escarnio del “don recíproco” comunitario cantado por M. Mauss.
- Etcétera, etcétera, etcétera.

2.

Sin novedad en ningún frente, quizás llame la atención la remodelación paulatina de la disposición cínica...

El cinismo antiguo, denominado “quinismo” en su tiempo, vinculado a la “Secta del Perro”, con Diógenes de Sinope en primer término, caracterizado por su revuelta contra el Poder y el Mercado, una insubordinación político-económica, con su correlato existencial, que lo hacía amigo de la insolencia, de la “frescura” expresiva, de la provocación escenográfica, de la disensión descarada y escandalosa, fue suplantado en la modernidad por un cinismo resignado, acomodaticio (aquel “saber lo que se hace y seguir adelante”, si bien con rebajada mala consciencia, al que se refirió P. Sloterdijk en Crítica de la razón cínica), definitivamente soldado a la sociedad mercantil y a las administraciones, sustentador del statu quo a pesar de sus travesuras irónicas o sarcásticas.

Y hoy emerge el “transcinismo”, que recupera del antiguo, del griego, su proclividad a la fraseología irreverente, llamativa, grosera o descarnada, aquel gusto por la afirmación altisonante y hasta obscena de una pretendida verdad desnuda, retomando al mismo tiempo del cinismo moderno su adscripción al bando de la conservación, con la consiguiente sacralización de la Ratio burguesa y de su axiomática del Capital y del Estado, ejemplificado en la praxis discursiva y mediática de D. Trump y de los portavoces ruidosos de la ultra-derecha y el neo-liberalismo.

Este transcinismo coetáneo se alimenta de dos procesos paralelos aunque éticamente no comparables: por un lado, el apego popular a la ausencia de rodeos y de remilgos en la expresión, la desafección hacia las expositivas cosméticas y los disimulos gestuales (“paripés” se decía ayer y “postureo” se nombra hoy), circunstancia saludable en mi opinión, y, por otro, la postración acaso terminal del anhelo libertario, de la voluntad de transformación profunda, al modo de una reinvención psico-social general del mundo, manifestada en la aceptación mayoritaria, masiva, “ciudadana”, lamentablemente incuestionable, del orden capitalista-estatal.

“Escandaloso” como el cinismo antiguo y “conservador” como el moderno, el transcinismo se aficiona a una provocación y una desvergüenza que trabajan sin ambages para la perpetuación de lo Establecido, con su “política de la realidad” y su pragmatismo soberano. La racionalidad estratégica, exudado de la economía y de la burocracia, acorazada desde la Ilustración, como apuntó M. Horkheimer, cambia simplemente de estilo en la declamación... Y el “a nosotros también nos gustan los pasteles, aunque no estamos dispuestos a pagar su precio en servidumbre” de Epicuro de Samos se ve sustituido por un transcínico “la servidumbre en acomodo es el más exquisito de los manjares”.

No hay novedad en ningún frente, acaso porque apenas quedan frentes dignos de su nombre. ¿Qué cabe esperar cuando hasta la insolencia y la invectiva se abrazan al Opresor, obteniendo precisamente por ello el aplauso de las gentes?
“El Rey está desnudo. Si alguien es capaz de decirlo de una forma persuasiva y hasta bella, entonces el Rey está perdido”: lo anoté hace años, pero ya no me lo creo.

Pedro García Olivo
www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

(Dibujos de Virginia Cánovas Essard)

Franco ‘Bifo' Berardi: 'La desintegración del mundo occidental'

30 Enero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

(Artículo publicado en 8/12/2024)


La revolución Trump en dos movimientos

¿Recuerdas lo que dijo Joe Biden hace unos meses sobre la posibilidad de una victoria de Trump en las elecciones?

Más o menos dijo que la victoria de Trump destruiría la democracia estadounidense. Creo que no se equivocó: suponiendo que alguna vez existió la democracia estadounidense (cosa que no creo), la llegada de la pandilla Trump-Bannon-Musk representa su liquidación total.

Técnicamente hablando, la llegada de Trump pretende ser una revolución, aunque sea reaccionaria. La revolución trumpista se producirá en dos movimientos: el primero lo anuncia Steve Bannon, el estratega diabólico, el más lúcido de ese gracioso grupo.

En una charla en la Universidad de Nueva York, durante el primer triunfo de Donald, declaró: “Soy leninista”.

A un asombrado académico que pidió explicaciones, Bannon respondió: “Lenin quería destruir el Estado y ese es también mi objetivo”.

De hecho, la designación de locos incompetentes y conocidos violadores para los puestos más altos de la Administración tiende a convertir las instituciones estatales en una broma de carnaval para destruir la esfera pública.

Sin embargo, si para Lenin destruir el Estado era la premisa para construir la dictadura proletaria en nombre de una justicia futura que nunca llegó, para Bannon destruir el Estado significa permitir que se desate la dinámica profunda de la sociedad estadounidense.

Aquí viene el segundo movimiento, cuyo proponente sería Elon Musk: desatar los espíritus animales de la sociedad estadounidense, a partir de una reactivación de las dinámicas salvajes de esta sociedad, nacida de un genocidio y enriquecida por las deportaciones y la esclavitud.

El proyecto de Musk es la creación de un sistema esclavista de alta tecnología, la abolición de las protecciones sociales residuales y el uso sistemático del terror contra las minorías y los inmigrantes. La implementación de este marco programático se vislumbra en declaraciones y en los primeros pasos del proyecto DOGE [Departamento de eficiencia gubernamental y clara referencia con Dogecoin, una criptomoneda apadrinada por Musk].

Pretender que Estados Unidos es una democracia (si la palabra significa algo) implica un estado de negación sistemática, una eliminación obstinada (en el sentido freudiano de Verdrangung) de la psicogénesis del inconsciente estadounidense.

Antes de morir, hace apenas unos meses, Paul Auster escribió un libro (Bloodbath Nation) que intenta comprender la realidad (y el Inconsciente) de la entidad americana.

Auster remarca que en Berlín hay un monumento dedicado a la memoria del Holocausto. En Washington no hay nada dedicado a siglos de esclavitud.

El racismo es el núcleo del inconsciente estadounidense. Por eso Trump es el alma de Estados Unidos.

Mejor dicho: Trump es la erupción psicótica del Inconsciente blanco senescente, incapaz de conciliarse con la cantidad de violencia que acecha a la autopercepción colectiva, y con el declive (declive demográfico, declive mental, declive político). Trump es la extroversión agresiva del autodesprecio de la cultura blanca.

El Imperio de Augusto a Calígula

Hace veinticinco años dos eminentes filósofos escribieron, en un libro que recibió amplia atención:

“El Imperio es el poder soberano que gobierna el mundo... El Imperio está emergiendo hoy como el centro que apoya la globalización de las redes productivas y lanza su red ampliamente inclusiva para tratar de envolver todas las relaciones de poder dentro de su orden mundial... Debemos entender la sociedad de control como sociedad en la que los mecanismos de mando se vuelven cada vez más “democráticos”, cada vez más inmanentes al campo social, distribuidos en los cerebros y cuerpos de los ciudadanos…”, (Hardt, Negri: Empire, Harvard, 2000, págs. 20-23).

Deslumbrados por la luz de la era Clinton, Hardt y Negri extrañaban la sustancia nihilista del poder global de Estados Unidos y la naturaleza destructiva de las nuevas tecnologías, dependientes del modelo neoliberal. Ese libro proponía ver el Imperio posmoderno como el equivalente de la tendencia progresista implícita en la utopía de la revolución en red.

“El proyecto imperial, un proyecto global de poder en red, define la cuarta fase o régimen de la historia constitucional de Estados Unidos”. (179).

Hardt y Negri esperaban paz y prosperidad basadas en el principio peer to peer porque no vieron la duplicidad de ese principio y también porque no captaron el abismo irremediable del inconsciente estadounidense.

En el mismo año 2000, Salman Rushdie publicó un libro muy profético, titulado Fury. Leamos algunas líneas:

“…esta Metrópolis construida en Kryptonita en la que ningún Superman se atrevió a poner un pie, donde la riqueza se confundía con riquezas y el gozo de la posesión con felicidad, donde la gente vivía vidas tan pulidas que la gran y dura verdad de la existencia cruda había sido borrada y pulida, y en el que las almas humanas habían vagado tan separadas durante tanto tiempo que apenas recordaban cómo tocarse. […] Esta ciudad cuya legendaria electricidad alimentaba las vallas eléctricas que se estaban erigiendo entre hombres y hombres, y entre hombres y mujeres también”. (Salman Rushdie: Fury, Jonathan Cape, 2001, pág. 86)

La tensión que corría bajo la superficie del globalismo a principios de siglo no es percibida por los autores de Empire, quienes en cambio escribieron:

“El Imperio sólo puede concebirse como una república universal, una red de poderes y contrapoderes estructurados en una arquitectura ilimitada e inclusiva. La expansión imperial no tiene nada que ver con el imperialismo ni con aquellos organismos estatales diseñados para la conquista, el saqueo, el genocidio, la colonización y la esclavitud. Contra tales imperialismos, el Imperio extiende y consolida el modelo de poder en red”. (166-7)

En la misma página del libro, Hardt y Negri citan a Virgilio:

“Ha llegado la edad final que predijo el oráculo,

El gran orden de los siglos renace”. (167)

Poco después de la publicación de este libro, la historia del mundo tomó una dirección totalmente diferente. El golpe de escena del 11 de septiembre provocó una inversión del sentimiento predominante de invencibilidad de la hegemonía occidental.

La interminable expansión pacífica de la democracia dio paso al colapso de la hegemonía global de Estados Unidos.

Después de una década de guerras inconclusas, de decadencia social y de resentimiento creciente, la aparición de Donald Trump marcó el comienzo de una especie de guerra civil caótica en el mismo centro del Imperio.

Ahora, veinticinco años después, la guerra civil en Estados Unidos ha terminado provisionalmente y es fácil entender quién es el ganador (provisional). El ganador no es Augusto, el glorioso y pacífico Emperador glorificado por Virgilio, sino una interesante mezcla de Calígula y Nerón.

El problema de Hard y Negri, la razón por la cual su libro no logró captar el proceso inminente, radica en su indiferencia hacia la dimensión antropológica en la que se despliega la política estadounidense.

Sólo calibrando el abismo del inconsciente estadounidense podremos descifrar las raíces de la ferocidad social que ahora está en plena manifestación.

Inconcebible

Mucho más interesante que el libro de Hardt y Negri es Unthinkable: Trauma, Truth, and the Trials of American Democracy, de Jamie Raskin.

Publicado en 2022, en el primer aniversario de la ridícula insurrección que llevó a miles de seguidores de Trump al corazón político de Estados Unidos, el libro adquiere hoy un nuevo significado, tras el regreso del líder de esa manifestación subversiva.

El autor es miembro del Congreso estadounidense, elegido por el distrito electoral de Maryland, en las filas del Partido Demócrata. Jamie Raskin también es profesor de Derecho Constitucional, autoproclamado liberal y padre de tres hijos. Uno de sus hijos, Tommy, de 25 años, activista político, partidario de causas progresistas, un joven compasivo y empático, falleció el último día del año 2020.

Para ser más precisos, Tommy se suicidó debido a una depresión duradera y también –no hace falta decirlo– a la larga humillación moral de sus valores humanitarios durante los años del primer mandato de Trump.

Este libro ha sido importante para mí porque contiene una reflexión radical sobre el racismo arraigado en la democracia estadounidense (un detalle que se les escapó por completo a los autores del libro de los autoproclamados marxistas que escribieron Empire).

Para Jamie Raskin la decisión final de Tommy no es sólo una catástrofe afectiva, sino el detonante de una reflexión radical sobre la profundidad de la crisis que está desgarrando la democracia liberal.

Leí el libro justo después de su publicación y lo estoy leyendo de nuevo ahora que la vuelta de Trump a la Casa Blanca entierra para siempre la credibilidad de la democracia de ese país y cuestiona la credibilidad misma del concepto de democracia en sí.

Raskin escribe que siempre se ha considerado “radicalmente optimista acerca de cómo la Constitución de la nación misma puede mejorar nuestra condición social, política e intelectual”.

Sin embargo, tras la muerte de su hijo, su percepción de sí mismo cambió. Escribe que su optimismo constitucional se hace añicos por el predominio de la fuerza brutal sobre la fuerza de la Razón y por la propagación de la depresión.

“De repente, este optimismo constitucional me avergüenza y me avergüenza. Temo que mi alegre optimismo político, lo que muchos de mis amigos han atesorado más en mí, se haya convertido en una trampa para el autoengaño masivo, una debilidad que nuestros enemigos pueden explotar. Sin embargo, también me aterroriza pensar en lo que significaría vivir sin este optimismo y también sin mi amado e irremplazable hijo. Los dos siempre fueron de la mano y ahora puedo estar vivo en la tierra sin ninguno de ellos”.

El optimismo político de este generoso profesor de Derecho se ve sacudido por la repentina comprensión de que la democracia liberal se asienta en una base frágil. De hecho, escribe:

“Siete de nuestros primeros diez presidentes eran dueños de esclavos. Estos hechos no son accidentales sino que surgen de la arquitectura misma de nuestras instituciones políticas”.

La esclavitud forma parte del patrimonio cultural de la nación americana, al igual que el genocidio de los primeros habitantes del territorio.

¿Cómo puede esta nación pretender ser vista como un ejemplo para otra persona?

¿Cómo podemos evitar pensar que esta nación es un peligro para la supervivencia de la humanidad?

Se vuelve imposible persistir en el estado de negación: la memoria estadounidense está tan cargada de horror que ninguna evolución política puede borrar esta verdad elemental del inconsciente colectivo de un país cuyo destino manifiesto es la destrucción de toda la humanidad.

En el discurso que Biden pronunció el 6 de enero de 2022, un año después de la funky insurrección, hablando de la necesidad de rechazar la violencia, dijo: “Debemos decidir qué tipo de nación queremos ser”.

¿Decidir qué?

¿Puede Estados Unidos decidir descartar la violencia, si la historia estadounidense se basa en la violencia, la esclavitud y el genocidio?

La irredimibilidad de ese pasado es una fuente de depresión sistémica para Occidente y, por tanto, una fuente sistémica de violencia. Pero ahora, si miramos el panorama geopolítico, si miramos el panorama interno de la cultura occidental, la desintegración parece irreversible.

¿La decadencia y la desintegración del mundo occidental desencadenarán la destrucción final de lo que solíamos llamar civilización?

Desintegración

La desintegración es la tendencia que está surgiendo en todo el mundo occidental.

En los países europeos, como en Estados Unidos, por no hablar de Israel, la población está irreconciliablemente dividida por la alternativa entre democracia liberal y tiranía autoritaria. Así como la democracia liberal siempre ha sido falsa, la alternativa también lo es, pero la desintegración es real.

En mi humilde opinión, la elección de Trump acelerará la desintegración occidental. No creo que habrá una guerra civil como ocurrió durante la guerra española, con multitudes armadas enfrentándose en un frente más o menos definido. No es así como se desarrolla la guerra civil de una población demente. Tendremos una multiplicación de tiroteos racistas, de masacres, simplemente tendremos lo que ya existe, pero cada vez más generalizado, duro y violento.

La deportación masiva prometida por los vencedores resultará más bien en una reaparición del Ku Klux Klan en muchas zonas del país que en una operación real de repatriación imposible de inmigrantes indocumentados. La violencia, el miedo y la agresividad acabarán persuadiendo a muchos inmigrantes a marcharse, pero el proceso difícilmente será pacífico.

La desesperación será la fuerza impulsora de la desintegración estadounidense.

En el libro de investigación de 2020 Muertes por desesperación y el futuro del capitalismo, Anne Case y Angus Deaton describen la desesperación en términos estadísticos. Aumento de la mortalidad, particularmente entre los blancos de entre 45 y 54 años: alcoholismo, suicidio, uso de armas de fuego, obesidad y adicción a opioides (como fentanilo). Disminución general de la esperanza de vida (única entre los países avanzados): de 78,8 años en 2014 a 76,3 años en 2021. Todo esto en presencia del gasto sanitario más alto del mundo (equivalente al 18,8% del PIB).

Sin embargo, no podemos esperar una desintegración pacífica del poder estadounidense. Así como Polifemo, cegado por Ulises, corta a quienes se le acercan, el coloso está destinado a reaccionar con furia imprudente.

En un artículo publicado por e-flux, Slavoj Žižek relativiza el triunfo trumpiano e intenta verlo en perspectiva: la fórmula MAGA podría describirse de manera invertida. Después de décadas de derrotas militares, la superpotencia reconoce que no puede continuar con la política de hegemonía global y debe retirarse antes de tiempo, aceptando, sin admitirlo, una posición de poder local que debe competir en igualdad de condiciones con otras potencias locales, como Rusia, China, India.

La opinión de Žižek está bien fundada, pero mi pregunta es: ¿el bastión del supremacismo blanco aceptará su decadencia sin una reacción que pueda ser nada menos que apocalíptica?

Además, Žižek cree que Europa podría salir fortalecida de la reducción del papel geopolítico estadounidense. Europa, según Žižek, ya no será la “hermana pequeña” del gigante.

Aquí también tengo algunas dudas. La hipótesis de Žižek sólo sería cierta si la UE existiera realmente. Pero la guerra de Ucrania ha llevado a la Unión Europea a una posición de irrelevancia, debilidad y rápida desintegración.

El gobierno francés se ha derrumbado, el gobierno alemán se está derrumbando, mientras la recesión económica está destinada a empeorar.

La derrota estratégica en la guerra contra la Rusia de Putin (el legado de Biden) empuja a la Unión hacia la desintegración, mientras los aliados de Putin, elección tras elección, ganan la mayoría de los parlamentos del continente.

Para concluir este breve ensayo citaré nuevamente a Salman Rushdie:

“No puedo mirar hacia arriba. Allá arriba, ¿qué es eso? Como si un coloso con un enorme desintegrador hiciera un agujero en el aire. Lo miras y quieres morir.

Esto no se puede arreglar. No creo que haya nadie en DC o Cañaveral que sepa qué carajo hacer al respecto”. (Quichotte, Random House, 2020, pág. 374).


Bibliografía:

Hardt Negri: Empire, Harvard, 2000.

Paul Auster: Bloodbath Nation, 2024.

Jamie Raskin: The Unthinkable. Trauma, Truth, and the Trials of American Democracy, 2022.

Salman Rushdie: Fury, Jonathan Cape, 2000.

Salman Rushdie: Quichotte, Random House, 2020.

Slavoj Zizek: After Trump's Victory: From MAGA to MEGA, e-flux, November 2024.

Felix Guattari, The Three ecologies, 1989.

Fuente: https://ctxt.es/es/20241201/Firmas/...

Sabotaje a la fábrica aeroespacial en East Lothian (Escocia) para denunciar la complicidad armamentística europea con los genocidas de Gaza

29 Enero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Dominic D. Skerrett

En las primeras horas del 1 de enero, un grupo de activistas pro‑Palestina realizó una acción de sabotaje en la planta de Bruntons Aero Products, empresa fabricante de componentes aeronáuticos situada en el polígono industrial de Inveresk en Musselburgh, East Lothian. La intervención —justificada por los participantes como resistencia directa al apoyo británico al aparato militar israelí— ha generado debate sobre el papel de las industrias militares en la guerra en Gaza y la criminalización de la disidencia política

Según imágenes difundidas en redes sociales, personas con el rostro y la cabeza cubiertos ingresaron a las instalaciones poco después de las 00:30 y procedieron a dañar maquinaria industrial, ordenadores y servidores, utilizando martillos, pintura y extintores tomados del propio edificio. También dejaron consignas pintadas en rojo en paredes y equipos con mensajes como “THERE'S ONLY ONE WAY THIS ENDS” y “DROP LEONARDO”.

La empresa escocesa Bruntons Aero Products, con una historia de producción de piezas aeronáuticas desde finales del siglo XIX, suministra partes a grandes contratistas de defensa como Leonardo y BAE Systems. Aunque la cadena específica de fabricación de piezas vinculadas directamente a cazas F‑35 puede ser indirecta o mínima, estas conexiones forman parte de una red industrial integrada en el complejo militar global que produce armamento utilizado en conflictos en todo el mundo.

Los activistas denunciaron, en un comunicado difundido tras la acción, que la industria aeronáutica europea está vinculada al apoyo logístico y material del Estado israelí, que desde octubre de 2023 ha intensificado su ofensiva en la Franja de Gaza con un saldo de decenas de miles de civiles muertos y heridos según múltiples organizaciones de derechos humanos.

Empresas como Leonardo UK han sido blanco de protestas continuas en Escocia por su papel en la producción de sistemas de puntería y otros componentes integrados en aviones F‑35, los cuales Israel ha utilizado en campañas de bombardeos sobre Gaza. Asimismo, grupos de derechos humanos y legales han iniciado recursos jurídicos contra el Gobierno británico por continuar otorgando licencias de exportación de partes vinculadas a estos aviones pese al riesgo evidente de violaciones de derechos humanos.

Imagen de uno de los activistas martilleando un equipo electrónico | Captura de video

Contexto de protestas en el Reino Unido

La acción en Musselburgh se enmarca en una oleada de movilizaciones y actos directos contra la industria armamentística británica que ha incluido bloqueos, sabotajes y ocupaciones simbólicas de instalaciones vinculadas a la cadena de suministro de armas. Organizaciones como Palestine Action —que ha sido objeto de proscripción en el Reino Unido por el Gobierno— han reivindicado estas acciones como parte de su lucha contra lo que consideran complicidad del Estado británico con la violencia israelí.

Mientras la policía escocesa confirmó que investiga el allanamiento y los daños causados, activistas detenidos en acciones similares han denunciado estar en huelga de hambre exigiendo su liberación, el fin de medidas represivas y el cese de las exportaciones de armas a Israel. La respuesta oficial hasta ahora se ha centrado en el reproche a los métodos empleados, mientras persiste el debate sobre la ética de la industria militar y las responsabilidades estatales en conflictos internacionales.

Fuente: https://laprotesta.es/2026/01/06/ac...

Más de dos millones de soldados ucranianos han desertado

28 Enero 2026 at 00:01
Por: (tortuga)

Casi dos millones de ucranianos se esconden para evitar el reclutamiento y otros 200.000 soldados han desertado, según declaró el miércoles el nuevo ministro de Defensa ucraniano, Mykhailo Fedorov en una intervención ante el parlamento ucraniano antes de la votación que confirmó su cargo (*). Es la primera vez que un alto dirigente ucraniano reconoce la verdadera magnitud del problema.

La tendencia al aumento de las deserciones es alarmante en el ejército ucraniano, lo que contradice la política europea de utilizarlos ucranianos como carne de cañón. En 2022, 9.137 personas desertaron del ejército, y en 2023, esa cifra ya había alcanzado las 24.286. En tan solo dos años, el número de desertores se ha multiplicado por diez. El número de quienes “votan por la paz con los pies” crece no solo a diario, sino cada hora.

De enero a octubre del año pasado, el gobierno ucraniano registró más de 176.000 casos de este tipo antes de dejar de publicar estadísticas. En octubre, esta cifra alcanzó un récord de 19.600, mientras que a principios de año, la media era de entre 17.000 y 18.000 al mes. Se estima que, dada la tendencia al alza, el número total de desertores del año ascienda a 214.000 como mínimo.

Rumores sobre la baja moral y una alta tasa de deserción han circulado durante mucho tiempo, pero los comentarios de Fedorov representan la primera vez que un alto dirigente ucraniano revela la verdadera magnitud del problema y la grave situación del ejército ucraniano.

Según la ley ucraniana, todos los hombres de entre 18 y 60 años deben registrarse para el servicio militar y llevar su documentación en todo momento, aunque solo los hombres de entre 25 y 60 años están formalmente sujetos a movilización.

La ley marcial vigente en el país prohíbe a los hombres de entre 23 y 60 años salir del país, pero decenas de miles han huido ilegalmente.

Tras reunirse con Fedorov el miércoles, Zelensky declaró que se necesitaban “cambios más significativos” en la movilización del país. Actualmente hay unas 500 empresas en Ucrania que producen drones, 200 que producen equipos de interferencia y más de 20 que producen misiles.

Según Zelensky, una de las prioridades de Fedorov en su nuevo cargo será fortalecer el componente tecnológico del ejército ucraniano.

(*) https://edition.cnn.com/2026/01/14/...

Fuente: https://mpr21.info/mas-de-dos-millo...

Isidre Nadal Baqués, Luz de la Selva

27 Enero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

El 6 de enero de 1877, nace en Barcelona, Catalunya. Isidre Nadal Baqués, conocido por: Luz de la Selva, El Abuelo Luz o El Abuelo Selvas. Pacifista, naturista, ecologista, vegetariano crudívoro, eremita y anarcoindividualista tolstoiano.

Hijo de una prostituta del Barrio Chino de Barcelona y padre desconocido, había nacido en el barrio conocido como El Polvorín, en las faldas de Montjuïc, no fue inscrito en el registro civil. Otras fuentes dicen que sus padres cultivaban a diario los huertos de la zona y que quedó huérfano de padre a los cuatro años y de madre a los seis, otra versión dice que había sido abandonado en el puerto de Barcelona al nacer y que fue criado por unas monjas en un orfanato.

Adoptó el nombre de Isidre por su afición a la agricultura y el apellido Nadal por la fecha de nacimiento inventada, ya que realmente se desconoce la fecha real; el segundo apellido Baqués era el de su madre.

Con seis años quedó huérfano y recorrió los caminos pidiendo caridad y trabajando por la comida en las masías de la zona. Con 14 años se puso a trabajar haciendo de estibador en el puerto de Barcelona, relacionándose con los movimientos anarcosindicalista y anarquista entonces.

Cuando tuvo la edad para ir a las guerras coloniales españolas, logró eludir el servicio militar. Entre 1898 y 1910 formó parte de las comunidades seguidoras del anarquismo de León Tolstoy y fundó las llamadas “Comunidades de los Espíritus Libres”, colonias naturistas y neo-maltusianas. Parece que mantuvo correspondencia directa con Tolstoi y que este subvencionó estas comunidades.

En 1900, fue nombrado “Maestro de la Naturaleza” y cambió su nombre por el de Luz de la Selva. Seguidor de Francesc Ferrer i Guardia y de su Escuela Moderna, hizo amistad con Albà Rosell Llongueras y Mateo Morral Roca, quedó muy impresionado cuando este último cometió el atentado contra el rey Alfonso XIII.

Buen conocedor de la naturaleza, un campesino lo puso de capataz. Se hizo vegetariano. Con María Alonso, fundó la Asociación de Animales y Plantas. Viajó por toda la Península y por Europa. Con tres amigos, en 1925, fundó la Sociedad Catalana de Naturismo, primera sociedad naturista de España. Colaboró en la revista naturista Pentalfa.

En 1926 se instaló en Sabadell, Catalunya, al año siguiente fundó el Grupo de Estudios Anarquistas “Idea y Cultura”, que se reunía en el café de Cal Cerillas de Sabadell, frecuentado por destacados militantes anarquistas como Moreno Lladó y Edgardo Ricetti. En esa época era partidario de la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y fue colaborador de la escuela libertaria Cooperativa Obrera Cultura y Solidaridad, encabezada por Edgardo Ricetti.

En 1932, con su compañera Carmen “Flor de Mayo”, compró un huerto en Can Rull, a las afueras de Sabadell, que bautizó con el nombre de “Jardín de la Amistad”, donde, consecuente con sus ideas, vivió muchas décadas sin dinero ni electricidad, sólo con los productos del cultivo de la tierra. En estos años republicanos se relacionó con el grupo teosófico “Rama Fides” de Sabadell y presidió algunas de sus reuniones.

Durante la Revolución española apoyó la colectividad de agricultores alrededor de Sabadell de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), sus conocimientos agronómicos resultaron de gran ayuda. En Can Rull puso en marcha un proyecto de escuela naturista y la Granja Naturaleza que había creado registró una ampliación, donde además de construir una biblioteca naturista y pacifista, impulsó dos colonias: una de siete familias en el mismo ”Jardín de la Amistad” y otra de ocho familias en el barrio de Can'Oriach de Sabadell.

A raíz de los hechos de “Mayo de 1937”, sus miembros fueron detenidos por la reacción comunista acusados de almacenar armas y municiones.

Estas colonias fueron asaltadas por las tropas franquistas al final de la guerra, mientras él quedó en solitario en su vivienda del “Jardín de la Amistad”. También Can Rull perdió en 1939 su Ateneo Cultural que se había constituido el 19 de julio de 1936 en una casa de la calle de Larra de Sabadell y que era gestionado por las Juventudes Libertarias de la localidad.

Durante el franquismo permaneció en Sabadell y posteriormente el espacio que ocupaba fue engullido paulatinamente por el urbanismo capitalista. Gracias al escritor Jordi Maluquer i Bonet, que era asiduo del “Jardín de la Amistad”, conoció al filósofo pacifista Lanza del Vasto, discípulo de Mahatma Gandhi, quien visitó Can Rull en los años 1959 y 1968. También eran asiduos los activistas Lluís Maria Xirinacs y Pepe Beúnza.

Con el tiempo fundó una Escuela de Naturosofia o Sabiduría Divina, donde gente de todas partes venía a recibir su consejo: vecinos de los alrededores, clérigos jansenistas, curas católicos, monjes de Montserrat, teósofos, espiritistas, seguidores de Jiddu Krishnamurti, gente de las comunidades del Arca y del Arco iris, etc.

En 1981, cuando murió su compañera Carmen, unos jóvenes amigos naturistas le recibieron en su “Colonia de Plana Bella”, en la Galera.

Isidre Nadal Baqués, falleció el 23/12/1983 en la Galera, Montsià, Catalunya, con casi 107 años de edad, fue enterrado como quería allí mismo, junto a un ciprés, entre olivos, con una túnica blanca y sin ataúd. Desde el 30 de octubre de 1985 una calle de Sabadell lleva el nombre “Luz de la Selva”.

En 2012 el grupo La Travesía elaboró el documental El Jardín Olvidado. Un relato coral y en 2014 Nicolás Parreño Román “Nickparren” publicó una recopilación de su filosofía bajo el título Luz de la Selva.

Abandonado durante muchos años, actualmente el “Jardín de la Amistad” está en vías de recuperación gracias al trabajo de diversas entidades ciudadanas.

Fuente: https://www.facebook.com/photo/?fbi...

Día Escolar de la No Violencia y la Paz: Plantación colectiva de olivos

25 Enero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Con motivo, el próximo 30 de enero, de la celebración del Día Escolar de la No Violencia y la Paz, la plataforma Marea Palestina, de la que forma parte Ecologistas en Acción, invita a todos los centros educativos a participar en la campaña “No hay paz sin justicia”.

Una plantación colectiva de olivos, una cartografía de los conflictos y la actividad “Postales por la justicia y la paz” son las tres acciones que Marea Palestina: La Educación Contra el Genocidio propone llevar a cabo la última semana de enero en los centros educativos con los materiales elaborados a tal fin.

En esa fecha, en la que se celebra el Día Escolar de la No Violencia y la Paz, la plataforma de la que forman parte más de 60 organizaciones educativas, entre ellas Ecologistas en Acción, ha convocado la campaña “No hay paz sin justicia”. Con ella buscan impulsar una educación que permita al alumnado adquirir conocimientos, actitudes y competencias que refuercen su desarrollo como ciudadanía global crítica y comprometida con sus derechos y los de otras personas.

Ecologistas en Acción anima a colectivos sociales, educativos, y asociaciones de familiares de alumnado a sumarse al manifiesto, difundir las actividades y realizarlas en sus centros educativos.

Los colectivos o centros educativos que participen en la campaña No Hay Paz Sin Justicia que quieran dar a conocer su acción, lo pueden hacer en este enlace. También se pueden enviar fotos e información al correo electrónico: mareapalestina.estatal@gmail.com.

Más información y postales: https://www.ecologistasenaccion.org...

Lo que no sale en televisión es lo importante

23 Enero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Cuando yo vivía en el popular barrio de Vallecas, en Madrid (ahora vivo en una localidad que no llega a los 50.000 habitantes) alguien hizo una pintada sublime: "La televisión miente". Al día siguiente de que apareciese, otra mano, con otra letra, añadió la palabra definitiva: "bastante". A esta segunda mano no le había parecido suficiente la primera pintada, o le había parecido que era poco clarificadora, por lo que se dio a la labor de añadir la otra. Nada de sutilezas ni de grandes ensayos. Directa al grano. Esa pintada, "La televisión miente bastante", estuvo en una pared cerca de un año.

Eso era mucho antes de Trump, casi en el paleolítico. Porque toda la política de Trump se reduce a la televisión: secuestrar a Maduro, decir esto y lo otro. Y el estercolero mediático esperando cualquier excremento de Trump para lanzarlo a un mundo aborregado. Si no es Venezuela es Irán, y si no cualquier otro. La cuestión es tener entretenida a la plebe.

Sin embargo, lo importante no es lo que sale en la televisión. Ahora tenemos centenares, miles de analistas hablando de Venezuela, de Irán y de todo lo que nos muestran porque Occidente, EEUU en concreto, necesita desesperadamente alguna victoria que mostrar al populacho. Nada de explicar lo que hay detrás, por supuesto. Nada de analizar el por qué del mantenimiento y escalada de las agresiones de Occidente al resto del mundo. Nada de decir que los conflictos en curso se deben, en gran parte, a que los dueños del dinero están haciendo todo lo posible para evitar el declive del dólar apelando a la fuerza militar.

Y, a pesar de ello, el fin del patrón del dólar es inevitable. El oro está resurgiendo. Su precio sube y sube sin parar hasta el punto de convertirse en el segundo activo de reserva del mundo, después del dólar. Se dice que en estos momentos el dólar representa el 46% de todas las reservas monetarias del mundo. Si eso es cierto, y hay que esperar a los datos oficiales, aún no disponibles, es la primera vez en medio siglo que el dólar baja del 50%. Por el contrario, el oro se sitúa en las cotas más altas en medio siglo con el 24% del valor del mercado, según acaba de reconocer el Banco Central Europeo. El euro, que sigue de capa caída, apenas alcanza el 15% y el resto, otro 15% aproximadamente, se lo reparten otras monedas como el yuan chino, el yen japonés o la libra esterlina británica, por ejemplo.

Pero esto, siendo cierto, es poco real porque China ha hecho en poco tiempo dos movimientos tectónicos: aumentar significativamente sus reservas de oro, siendo muy posible que superen ya las de EEUU (aunque son datos que China mantiene en secreto) con la finalidad de vincular el yuan al oro, y poner en marcha el yuan digital a nivel internacional.

El Banco Central de China ha lanzado oficialmente el Renminbi Digital este 1 de enero. Renminbi, popularmente conocido como yuan, significa "moneda del pueblo". El RD se utiliza en el comercio internacional y la logística para pagar bienes, servicios, fletes y aranceles. Prácticamente al minuto de estar operativo el RD un total de 19 países y dos entidades autónomas de China se han sumado al mismo (Rusia, Kazajistán, Bielorrusia, Turquía, Hungría, Arabia Saudita, Tailandia, Emiratos Árabes Unidos, Brunéi, Camboya, Indonesia, Laos, Malasia, Myanmar, Singapur, Tailandia, Timor Oriental, Vietnam, más Hong Kong y Macao). Estos países ya suponen el 33% del comercio mundial y el Banco Central de China considera que este primer trimestre del año se llegue a la cifra de 30 países que se incorporen a esta estructura claramente competidora del SWIFT occidental. Las miradas de China están, como es lógico, en los países BRICS y en los que componen la Nueva Ruta de la Seda. Si se llega a esta cifra de países que se suman al RD eso va a suponer el 40% del comercio mundial. Y esto está empezando.

Tomad nota de este dato para que entendáis mejor las protestas en Irán (28 de diciembre) y el secuestro de Maduro (3 de enero), dos países muy activos en la desdolarización.

El RD no nace en el vacío. Ya hace dos años que el yuan supera al dólar en el comercio chino transfronterizo (53% en yuanes y 47% en dólares en 2024, aún no hay datos del año pasado pero todo el mundo da por hecho que la proporción del uso del yuan en este comercio estará cercano al 60%). Es la forma más palmaria que tiene China de demostrar al mundo cómo se reducen los riesgos de usar el SWIFT occidental. Así China demuestra cómo se protege un país de las agresiones, llamadas sanciones, de EEUU y del resto de países occidentales.

Porque China no es un país cualquiera. Es, desde hace 10 años, la mayor economía del mundo si medimos los datos económicos como los hay que medir, utilizando el Producto Interior Bruto basándose en la paridad del poder adquisitivo de la moneda nacional con el dólar estadounidense. Los occidentales se refugian en el PIB clásico para decir que esto no es así, que EEUU sigue dominando con mucho. Pero entonces no se entiende cómo el Fondo Monetario Internacional tiene que admitir que la participación de China en el PIB mundial es del 19'31% (datos de 2024) y la de EEUU es del 14'80%. Las estimaciones del FMI para el año que acaba de pasar, el 2025, son que la ventaja de China aún será mayor: 19'63% de China frente al 14'65% de EEUU.

Os recuerdo cómo estaban las cosas en noviembre, teniendo en cuenta que China ya comercia con 28 países en sus propias monedas y que ese comercio no pasa por el sistema SWIFT occidental.
Estos datos se explican por lo comentado anteriormente y que se refuerza en el hecho de que cada vez más países fuera del mundo occidental han comenzado a realizar sus transacciones de pago eludiendo el sistema occidental. Y esto es así desde 2022 cuando se robaron los fondos rusos y se prohibió a los bancos de este país cualquier tipo de transacción por este sistema. Cada vez más países se han vuelto cautelosos, por ser suave en el calificativo, con Occidente tanto por las agresiones directas como las indirectas (por ejemplo, las que se imponen a las empresas de terceros países que no cumplen con las prohibiciones occidentales).

Por esta razón, cada vez hay más países con sus propios sistemas de pago: el Sistema de Transferencia de Mensajes Financieros ruso, el Sistema para Mensajes Financieros Seguros Estandarizados indio, el Sistema de Mensajería Financiera iraní o el Sistema de Pagos Interbancarios Transfronterizos chino (CIPS). Este año el CIPS chino comienza con 1.200 instituciones financieras de 103 países, con lo que los datos del SWIFT con los que juega Occidente para embrutecer a sus gentes no son reales.

Junto a ello, China participa en el Proyecto MBridge con otros países (Arabia Saudita, Tailandia, Emiratos Árabes Unidos) en el que los bancos centrales de estos países realizan transacciones financieras en monedas digitales respaldadas por sus bancos centrales y reduciendo significativamente tanto el tiempo como las comisiones, con lo que se producen dos cosas: se eliminan los riesgos y se incentiva la desdolarización. El 95% de todos los flujos monetarios que se mueven en el Proyecto MBridge son en yuanes. Rusia y Brasil han mostrado su interés en participar en esta plataforma y la están utilizando de forma limitada.

El RD pone de relieve que los mecanismos tradicionales controlados por Occidente para las transacciones comerciales internacionales son cosa del pasado. El RD es ya el futuro porque la velocidad de las transacciones es de 7 segundos, mientras que en el caso del SWIFT tarda 5 días, y las comisiones se han reducido en un 98%. Estamos ante una revolución silenciosa de una envergadura mucho mayor que las agresiones mediáticas a Venezuela o Irán. Pero esto no lo veréis en la televisión.

El Lince

Fuente: https://elterritoriodellince.blogsp...

Los 79 programas de armas aprobados por el gobierno hasta 2035 suponen 94.000 millones de euros, el 6% del PIB español

18 Enero 2026 at 00:01
Por: (tortuga)

Aunque para la mayoría de los comentaristas oficiales el tema del rearme y de la propagación de la guerra a la escala en que lo hace actualmente parece que no va con nosotros y que es cosa del malismo americano o, a lo sumo, del choque entre americanos y sus enemigos, lo cierto es que nuestro papel guerrerista es enorme y al mismo no es ajeno ni nuestro enorme gasto militar, ni el rearme emprendido en España (fundamentalmente para armamento destinado a provocar la guerra de la mano de nuestros socios de la OTAN y bajo los dominios de EEUU como cabeza de león), ni la topología de armamento que el gobierno promilitar y atlantista de PSOE-SUMAR han protagonizado en los años anteriores, ni el despliegue de los 19 lugares donde España tiene tropas haciendo injerencia militar, ni tampoco los múltiples lugares a los que estamos enviando armas como octava potencia mundial en el comercio de las mismas.
Por activa y por pasiva España promueve la guerra y participa de la consolidación del dominio imperial de EEUU, a cuyos intereses, mal disimuladamente, se pliegan nuestros serviles políticos de todo signo.

Hoy nos centraremos en los programas de armas y su papel en el militarismo y la expansión de la guerra.

Los programas de armas en ejecución.

El gobierno ha publicado recientemente un listado de los principales programas de armas actualmente en ejecución, nada menos que 79 programas de armas por un importe total de más de 94.000 millones de euros (94.157,27 millones de euros), un 6.3 del PIB español.

Debo advertir que el cuadro, el más actualizado de carácter oficial del que disponemos, no refleja, no obstante, la totalidad de los programas de inversión en armas, aunque sí la mayoría.

¿Qué no refleja?

  • - No refleja (de hecho creo que no existe o si existe no es público) el inventario histórico de armamento ya totalmente pagado (una millonada que nos permitiría ver con mayor precisión la brutalidad del gasto en armas que no necesitamos y en desarrollar las políticas de sumisión a la OTAN desde los tiempos de Felipe González a la fecha).
  • - Tampoco el gasto de mantenimiento y reparaciones de este armamento ni los programas que aunque están previstos (por ejemplo en el Plan Industrial y Tecnológico de Seguridad y defensa), no tienen expediente específico. Un ejemplo de gasto no contemplado es el nuevo satélite espía que costará al menos 1.000 millones y que sustituirá al que han mandado hace días al espacio y se ha escacharrado en la operación de ponerlo en órbita (la chapuza es un clásico de nuestra industria militar, dicho sea de paso).

Se trata de programas a pagar en diferido, no en este año, pero se trata de una abultada deuda militar que España asume y cuyo pago «aplazado» supondrá además pago de intereses y otros costes.

Pero vayamos por partes.

Tres tipologías de contratos y un sobrecoste aplastante.

Contamos con tres grandes bloques de programas contemplados en el listado proporcionado por el gobierno:

  1. Programas contemplados en el Plan estratégico Industrial Tecnológico de Seguridad y defensa, en total 35 programas con un coste final de 33.936 millones de euros en cifras redondas (y un 161.38 % de sobrecostes desde sus teóricos costes iniciales hasta las ampliaciones que se han acordado por el consejo de ministros en sus diversos acuerdos de «sumaysigue militar»).
  2. Programas Especiales de Modernización, en total 21 programas más, con un coste final de 55.192 millones de euros (y su respectivo sobrecoste del 356,04%).
  3. Programas de Obtención de capacidades, con 22 programas más y otros 5.029,6 millones de euros de coste (aquí el sobrecoste es menor solo del 14,11% con la salvedad de que hay uno, cofinanciado con Francia, el SEOT NG SEOT VIS e IR que vale para observación desde el espacio, del que de momento no se tienen cuentas pero que no creemos que cueste menos de 66 millones de euros antes de que les de por autorizar sobrecostes).

Aportamos un cuadro elaborado por mi a partir de los datos proporcionados por Defensa para mayor claridad:

Para mayor claridad, acompaño una representación de estos datos mediante un cuadro de barras:

Llama la atención, en primer lugar, el desmesurado sobrecoste de estos programas del 267,5% en total.

O una de dos: los que calculan el gasto son unos mantas o Defensa, como nos tiene acostumbrados en otras de sus actuaciones económicas, hace una ración de cuentos y otra de cuentas ocultando el gasto final para que parezca más pasable a los ojos de la concurrencia.

También llama la atención un segundo detallito sin importancia: 25.086 millones de euros del total de estos programas están «prefinanciados» a interés cero por el Ministerio de Industria, con lo que no aparecen en las cuentas oficiales como gasto militar, sino como gasto de industria, el viejo truco del abejaruco al que Defensa nos tiene acostumbrados en sus manejos de maquillaje del gasto militar.

Programas conforme al Plan Industrial tecnológico de Seguridad y defensa.

El listado de estos programas incluye 34 programas, que se han acordado por medio de diversos Reales Decretos durante 2025, aunque algunos proceden de acuerdos del Consejo de ministros de 2023.

La suma de los importes iniciales de estos acuerdos era de 12.983,2 millones de euros en números redondos, pero, ¡oh alegría! ya suponen un gasto de 33.936 millones de euros, nada menos que 20.952,8 millones de euros «de más» que ha aumentado el bobalicón consejo de ministros como quien no quiere la cosa, con un sobregasto del 161% sobre el precio inicialmente previsto.

¿Se os queda, como a mi, cara de tontos? Pues todavía hay más.

Aquí ofrezco un cuadro de estos a programas para regocijo del personal:

La revisión de estos programas de armas nos puede permitir sacar varias conclusiones:

  • 1) Una primera, referida a la alta militancia militarista del gobierno PSOESUMAR que en este año se ha acabado de atizar más menos que casi 34000 millones de euros de programas de armas sofisticadas, lo que equivale a más del 2% del PIB
  • 2) Dos, que además esto supone una hipoteca para las generaciones futuras, pues se pagarán en próximas legislaturas y, aún en el hipotético caso de que a este gobierno militarista le suceda otro de menor ardor guerrero, heredará esta enorme hipoteca con el alto coste que implicará denunciar estos contratos.
  • 3) Tres, que (aunque el cuadro no lo recoge) además el gobierno ha autorizado créditos a interés cero que Industria dará a los mercaderes de la muerte por importe de casi 13.000 millones de euros que se disfrazan en el presupuesto de industria para que no computen con claridad como gasto militar.
  • 4) Cuatro, que se trata de armas que no necesitamos para la defensa de nuestra sociedad ni aún en la hipótesis (para la que hay que hacer un verdadero esfuerzo de realismo mágico y mendicidad) de que para ello necesitáramos armamento militar.
  • 5) Cinco, que estas armas son, por el contrario, exigencias de capacidades de la OTAN y para la política de donación violencia colonial e imperialista en la que actúa como brazo militar subordinado de EE.UU.
  • 6) Seis, que consolidan una apuesta de nuestra élite insolidaria por una política de injerencia militar que no ha sido objeto de debate social y que no ha sido consultada (ni es querida por ella) con la sociedad.
  • 7) Y siete, que además, alguien está haciendo el caldo gordo con los sobrecostes multimillonarios, de un 161% de estos programas.

Programas especiales de modernización

El segundo gran capítulo de programas innecesarios se compone por los 21 programas especiales de modernización en vigor.

De nuevo aporto el cuadro de los mismos

¿Qué nos dicen estos programas?

Como vemos, suponen de nuevo armamento de invasión, pensado para proyectar poder militar en el exterior y para las políticas de injerencia militar que España actualmente realiza con 19 operaciones militares en activo y cerca de 25.000 millones de euros gastados hasta la fecha en ellas (se prevé que en 2026 gaste no menos de 1800 millones de euros en operaciones militares sin contar con la más que previsible intervención en Groenlandia y la promesa de otros 1.000 millones de euros en compra de armas para Ucrania.

De nuevo estamos ante un sobregasto sobre lo presupuestado de más de 31.000 millones de euros y un porcentaje del PIB de más del 3.45%.

Recordemos que, en este caso, industria, como en el anterior, ha dado a la industria militar créditos a interés cero (es decir, cuyo coste final del dinero va a cargo de los presupuestos) de otros 12.102 millones de euros.

Otra actuación de Defensa en favor del militarismo y que repercute negativamente en las clases más populares, como hemos demostrado en anteriores entradas de este blog, sin incrementar (al contrario, perjudicando) la seguridad humana y ecológica tanto en España como en el resto del globo.

Programas de obtención de capacidades

El tercer capítulo armamentista se compone por los llamados programas de obtención de capacidades.

Se trata de los restantes 22 programas de adquisición de armamento inmoral con las que el militarismo patrio, de la mano del gobierno servil que tan bien representa sus intereses, completan el saqueo a las cuentas públicas en beneficio de los señores de la muerte y los halcones de occidente.

De nuevo aportamos el cuadro de los mismos.

Una somera mirada sobre estas capacidades militares nos da una idea del tipo de ejército que quieren configurar: Estas capacidades configuran unas fuerzas armadas altamente tecnificadas, muy integradas en OTAN, con fuerte énfasis en mando control, defensa aérea, proyección expedicionaria y vigilancia espacial y de información, que no necesitan muchos soldados, pero sí una alta sofisticación y un empleo de tecnologías de guerra exterior brutales.

¿Han preguntado a alguien si queremos tener este tipo de presencia en el mundo? ¿si la mejor bandera, junto a estrellas de la catadura de Julioiglesias, Placidodomingo, Juancarlosdebobon, Isabelayuso, Arturoperezreverte,Rafanadal, Carlitosalcaraz, el dúo González-Aznar o Deguindos, por ejemplo, con que presentarnos al mundo debe ser un ejército agresor e intervencionista?

Programas por aprobar

Como he dicho más arriba, España tiene en la recámara otros programas de armas aún no aprobados pero que forman parte de las aspiraciones militares y del Plan Estratégico Industrial de la Seguridad y Defensa:

- Nuevos vehículos ATP de cadenas y de ruedas, VACIM, VAC, VERT,
- Sistemas C‑UAS,
- Comunicaciones tácticas, mando y control para el ejército de tierra.
- Nuevas fases del programa del ejército del aire FCAS/NGWS (demostradores, drones acompañantes, sensores avanzados).
- Sustitución y ampliación de flotas de entrenamiento y transporte táctico (nuevos entrenadores, reemplazo de C‑212, helicópteros multipropósito adicionales).
- El futuro avión de combate europeo o el que lo sustituya si el proyecto no fragua.
- Más submarinos S-81-Plus.
- EL satélite espía que han mandado al espacio y se ha roto en su lanzamiento.
- Los famosos aviones F 35 que niegan que quieren pero con la boca pequeña.
- Barcos F-110
- Componente anfibia del carro de combate europeo
- Las ampliaciones de SPAINSAT NG,
- Satélite PAZ‑2
- Programas de vigilancia espacial (CCSE, SECOMSAT)
- Refuerzo de capacidades ciberdefensa / SCOMCE / CYBER‑RANGE, donde ya existe financiación pero quedan fases de desarrollo por contratar

Lo que nos cuesta hacer la guerra

Armarnos para hacer la guerra nos costará unos 94.157 millones de euros, si no más, conforme a las tablas que el gobierno ha ofrecido.

Si sumamos las estimaciones (ciertamente fragmentadas y opacas) de lo que nos han costado los sucesivos programas de armas que desde Felipe González en adelante se han comprometido y la se han cancelado, debemos sumar a estas cifras entre 60.000 y 67.000 millones de euros más que España se ha gastado en adquirir las capacidades militares con las que ha participado en más de 120 conflictos internacionales (19 en la actualidad).

Los aproximadamente 2.000 millones gastados para la ayuda militar a cronificar la guerra en Ucrania deben computarse en la cuenta de exportación de la guerra Made in Spain.

Tampoco son moco de pavo los más de 23.469 millones de euros que España lleva gastados en operaciones en el exterior hasta la fecha, a los que habrá que sumar al menos los 2.000 millones que se prevén de gasto para 2026.

¡Qué horror! La suma de todos estos números es apabullante, cercana a los 180.000 millones de euros invertidos en aportar nuestro granito de arena a la construcción de la paz armada, casi el 12 de nuestro PIB o el 91% del techo de gasto planteado en 2025 para el gasto público estatal de todo un año.

¿Nos podemos permitir destinar el gasto público estatal de uno de cada 36 años a fomentar la guerra en el exterior?

Ciudades, ruralidad y tecnología (II): El modelo de persona en la actual ciudad de Occidente

18 Enero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Texto del libro de Pablo San José "El Ladrillo de Cristal. Estudio crítico de la sociedad occidental y de los esfuerzos para transformarla", de Editorial Revolussia.

Índice y ficha del libro

Ver también:

Ciudades, ruralidad y tecnología (I): El triunfo del modelo urbano


Puede decirse que hay un modelo de persona que corresponde a la actual ciudad de Occidente. Destaco algunos rasgos:

La artificialidad. Que viene a ser lo mismo que la ausencia de naturaleza directa que trataba de describir en las líneas precedentes. Casi cualquier función corporal, incluida la alimentación, se atiende con el concurso de máquinas y de productos obtenidos industrialmente. Sea para desplazarse, sea para lavar la ropa, la vajilla o el cuerpo, sea para obtener determinadas condiciones climáticas y «de confort» en la vivienda. Cada vez más, también, para comunicarse y realizar intercambios. Incluso para divertirse. Todo ello en un marco de mercado: es decir, el individuo que consume tales cosas no las produce él mismo, sino que las adquiere a cambio de dinero. Esto es, carece de soberanía —la capacidad de satisfacer de forma directa sus necesidades básicas— alimentaria, habitacional etc. De libertad real por tanto, ya que depende de terceros —que, además, le son ajenos— para obtener tales cosas. Es dependiente del dinero que ha de conseguir de algún modo en cantidad suficiente.

La vida artificiosa, lo decíamos a colación de la metáfora del país de los pozos, profundiza la personalidad materialista. La vida y las relaciones humanas se reifican (se cosifican), la dimensión ético-moral se difumina; las personas viven más pendientes del «tener» que del «ser», llenas de proyectos de consumo, presas de un deseo que nunca se sacia, del miedo a perder su capacidad adquisitiva y al consiguiente fracaso social. Quizá por algún tipo de pensamiento inconsciente que les recuerda la vulnerabilidad que acarrea la citada falta de autonomía. Este mecanismo, por cierto, pudo observarse de forma muy clara en la primera generación del «éxodo rural», la cual tuvo en el concepto «ahorro» y en generar propiedad de bienes raíces una importante razón de ser. De ahí la búsqueda incesante de ventajas económicas dentro del mercado asalariado (y el éxito de las loterías y empresas de apuestas). Aunque sea a costa de sacrificar el propio tiempo al trabajo.

Vivir vidas materialistas, tan dependientes de objetos artificiales (un gran apagón en una ciudad, por ejemplo, provoca el pánico) y hacerlo en sociedad, por mecanismos de retroalimentación, alienta la dinámica del consumismo: el impulso, a menudo compulsivo, de adquirir y consumir más y más objetos materiales y servicios con independencia de su grado de necesidad. Hacer de lo material un fundamento de tal entidad de la vida, opino, tiene no poco que ver con el predominio de la actitud individualista (5) —el hombre hecho a sí mismo, el sálvese quien pueda— y la asunción de la ideología del progreso en todas sus facetas: la vida como carrera, o escalera, hacia el triunfo personal (que es, obviamente, de carácter material e individual), y la necesidad y deseo de evolución social, también en lo material: más urbanizaciones, más autovías, más trenes de alta velocidad, más puestos de trabajo, mayores redes wifi, más subvenciones del estado... Como puede advertirse, este tipo de identidad, o de personalidad, que es inherente a la moderna vida urbana, adopta un carácter de cerrado círculo vicioso del que resulta poco menos que imposible escapar.

La masificación. El humano es un animal social que siempre tendió a vivir agrupado. La manada, el clan, la familia. Y su actualización histórica: el pueblo (en todos sus sentidos). A partir de ahí, cuando nos referimos a concreciones posteriores de la sociabilidad —la ciudad, la cristiandad, la nación, el mundo civilizado...— estamos hablando de constructos políticamente identitarios que tienen su razón de ser en la dinámica concentración-expansión de la que hemos venido hablando en capítulos anteriores. Una vez rotos los lazos que relacionaban la demografía a una economía directamente vinculada al medio, el sistema puede expandirse poblacionalmente, prácticamente sin limitación alguna. La ciudad, como hemos dicho, es su paradigma en esta cuestión. Lugar donde concentrar la población en expansión. Esta dinámica, en los lugares de Occidente en que avanza a mayor ritmo, ha terminado por generar, por primera vez en la historia, una sociedad fundamentalmente urbana.

Mantener la población concentrada en torno al poder facilita la dominación, optimiza su ejercicio. Ahorra sistemas de control social e incluso servicios. Aunque podría pensarse lo contrario, cuanto más apretada vive la gente, menos lazos desarrolla entre sí; en dicho contexto vaciado de recursos para la autonomía, todos dependen del poder político-económico, del dinero y el acceso a servicios que dicho poder les proporciona, para sobrevivir. Así, en lugar de cooperantes, se convierten en competidores por las mejores oportunidades. La sociedad se desvertebra, el apoyo mutuo se vuelve imposible y lo comunitario es sustituido por la dependencia hacia el estado y el empleador.

Por ello, los habitantes del territorio, por efecto centrípeto, son arrastrados hacia los polos habitacionales que son las ciudades. Tal realidad da lugar a espacios de convivencia de gran densidad y, así, la ciudad ha de crecer en altura, llenando su espacio tridimensional de grandes bloques de nichos residenciales que llamamos edificios de viviendas. Éstas, perfecto ejemplo de la artificialización de la vida (véase el proceso de «domotización» y robotización) estarán lo más aisladas que sea factible —según economías— del espacio exterior (aislamientos, muros, cancelas, puertas blindadas...).

La amplia concentración de gente residiendo en la urbe ensancha ampliamente también sus dimensiones horizontales, haciendo del desplazamiento maquinizado una necesidad. Pocos tienen su centro de trabajo, los puntos donde se abastecen de alimento y servicios, la residencia de sus familiares y amigos o sus lugares de ocio dentro de un círculo que —en caso de desearlo— puedan recorrer cotidianamente a pie. Ello sin nombrar las necesidades, generadas por la mentalidad consumista, cuando no por la pura saturación, de viajar o de «salir» los fines de semana. Por tal causa, el coche y resto de transportes maquinizados constituyen un elemento definitorio de la actual ciudad, la cual se configurará en torno a su centralidad: calles, semáforos, rotondas, autovías, circunvalaciones, redes de tranvía o metro, aparcamientos —creciendo así también tridimensionalmente hacia el subsuelo—.

Esta forma ampliamente predominante de desplazarse, y el hecho de su inexorabilidad dentro del tipo de vida urbana, aporta a ésta ciertas características: la polución, de gases ambientales pero sobre todo en forma de ruido, acabará por constituir un elemento plenamente normalizado. Existen estudios contrastados y reconocidos que relacionan las emisiones de los hidrocarburos consumidos por los motores con el cáncer y otras enfermedades. También los hay que hablan de la contaminación acústica como agente de trastornos diversos. Nada de esto parece importar demasiado, o al menos lo suficiente, a quienes han —hemos— nacido en este contexto y lo tenemos perfectamente asumido.

Otra de las consecuencias, tanto de vivir en espacios comprimidos, rodeados de bullicio y de personas extrañas en su mayoría, como de la necesidad permanente de desplazamiento óptimo, es la velocidad; el ritmo, la prisa. En su punto álgido, aunque para nada infrecuente, se denomina estrés. Causa también de enfermedades y disfunciones. El estrés, moderno y universal trastorno, propio de la vida en la ciudad, terminará por afectar toda faceta vital de sus moradores. Éstos, cuya personalidad está en gran parte determinada y modelada por el frenesí que es inherente a toda ciudad, sumando la permanente exigencia de cumplimiento rentable en el trabajo asalariado —bien atinó en esto Byung Chul Han—, necesitan estar haciendo cosas de forma permanente. No soportan ni la pausa ni el silencio. Pendientes de sus comunicaciones virtuales, en cualquier entorno (incluso si hacen una escapada a la naturaleza) siempre tendrán algún aparato multimedia (televisión, radio, música, apps...) conectado. El momento festivo, hay un consenso en ello, exige un volumen musical por encima de toda lógica de disfrute. Todo el que se pueda según los recursos disponibles y la legalidad. Los periodos en que no son prisioneros del trabajo —casi siempre indeseado— los pasarán haciendo una cosa tras otra: compromisos sociales, cumpleaños, locales de ocio, viajes, visitas a espectáculos, compras... Desbordantes de «positividad», se reincorporarán al ciclo laboral más cansados de lo que lo dejaron. Los tiempos muertos entre actividad y actividad que transcurren en casa los pasarán, invariablemente, delante de alguna pantalla.

No me dedico a ningún tipo de estudio clínico, pero no dejo de leer artículos que hablan de problemáticas derivadas de todo esto: depresiones, trastornos alimenticios, neurosis, adicciones, tasas de suicidio, gente a la que se le va la pinza e incurre en crímenes carentes de toda lógica (6)... Es obvio que no todo habitante de una ciudad es así. De hecho, abundan quienes parecen estar perfectamente integrados en su seno y expresan satisfacción y, acaso, felicidad. Tampoco es idéntica la forma de habitar una ciudad pequeña a la de una gran capital, desde luego. Pero creo que, de las tasas significativamente altas que parecen tener las nocividades expuestas y otras que podríamos añadir, cabe colegir que el tipo de vida urbano, en general, no es especialmente sano o que, al menos, no garantiza el logro de la realización existencial humana en forma comparativamente superior a la de otros modelos.

La heteronomía es el tercer rasgo que quiero nombrar. Es el tipo de identidad ideológica contraria a la autonomía; esto es, generada de forma externa y asumida por el individuo con pocos o ningún filtro crítico. No es algo exclusivo de la ciudad. Las sociedades preurbanas también eran ampliamente heterónomas y sus integrantes solían recibir la mayoría de su pensamiento y comprensión de la realidad de su propia tradición colectiva. La diferencia consiste en que, en el contexto urbano, quien proporcione los datos significativos que componen el imaginario social no será la propia tradición, sino el poder. Y lo hará, cómo no, a su interés. Ya hablamos en el capítulo anterior de los mil y un recursos implementados para ello. Hoy, no hay mejor canal para la circulación de los discursos hegemónicos, el pensamiento único, la violencia simbólica, como se le quiera llamar, que el vivir en la colmena: en la ciudad. Por mero mimetismo de aquello que piensan y hacen quienes conviven alrededor, por temor a ser diferente, por simple necesidad de adaptación a pautas de las que resulta sobremanera difícil disentir, el pensamiento heteronómico, como una máquina de troquelar, produce individuos acríticos, deliberadamente ignorantes del modelo en que viven en cualquiera de sus facetas de importancia.

En las cuestiones accesorias, en cambio, está permitido, y aun se alienta, el disenso y la diferencia. Permisividad que juega un importante papel a la hora de ocultar el andamiaje de la real falta de libertad. En su mayoría, de hecho, las dicotomías (la más evidente es la de derecha/izquierda) tendrán más de falso, de impostado, que de real. Para el caso de la juventud, puede contemplarse en la cuestión de las modas y tribus urbanas. Cómo, por ejemplo, manifiestan comportamientos paralelos, obedecen a las mismas necesidades psicológicas y se expresan de forma parecida, los «alternativos» que, en una feria de arte callejero, recorren el centro de la ciudad, malabaristas al frente, a ritmo de batucadas, que los tradicionalistas que, en distinta fecha, con ocasión de otro evento público, La Legión al frente, desfilan por las mismas calles portando un trono de Semana Santa.

Una magnífica forma de neutralizar pensamientos originales y rebeldías es la de integrar a los individuos en identidades diferenciadas de carácter inocuo para el sistema (por contra, las que le son contrarias se reprimen). El individuo perteneciente a este tipo de colectividades, de forma paradójica, experimenta una sensación de libertad y originalidad a pesar de estar adoptando heterónomamente los valores referenciales del grupo. Éstos, por su falta de crítica real y el desvío de energías vitales hacia lo banal que suponen, en el fondo, vienen a ser, también, los del poder. Finalmente, la ciudad contemporánea occidental se convierte en un colorido mosaico de estéticas y sensibilidades más o menos tolerantes entre sí; mestizaje, multiculturalismo, barrios underground junto a barrios de gitanos o magrebíes. Locales de hostelería y diversión para todas las tendencias. Fútbol. Festejos públicos para toda minoría diferenciada: desde el colectivo gay, al católico, pasando por fiestas regionales de la comunidad local andaluza o aragonesa (extiéndase el ejemplo a cada caso concreto). Viva la fiesta. Qué mejor válvula de escape para la tensión acumulada por la aglomeración y el absurdo del trabajo —y el estudio— sin sentido objetivo. Panem et circenses. Ciudadano, no pienses; diviértete y consume. Disfruta de tu libertad.

Consumir, es decir, adquirir bienes producidos por instancias ajenas a cambio del dinero obtenido mediante el trabajo, el subsidio o la ganancia en un sistema de mercado, por efecto de la heteronomía, se convierte en un patrón fundamental del comportamiento. En su faceta material tanto como en la ideológica. Una estructura estructurante. Llega un momento en el que lo autoproducido —la fiesta de cumpleaños en casa con tarta hecha por la abuela, la limpieza de la vivienda, el estofado de lentejas— se considera socialmente inferior a lo adquirido a cambio de dinero: la misma fiesta en un parque infantil de bolas, la asistenta que viene a limpiar, la comida precocinada. No solo es una cuestión de comodidad: yo cultivo verduras en mi pequeño huerto familiar, que suelo ofrecer a personas de mi entorno. No siempre son apreciadas y aceptadas. Tengo la impresión de que hay a quienes, de alguna manera, les descuadra —o les desmotiva— el hecho de obtener alimentos de forma gratuita, fuera del supermercado o el restaurante.

El hecho de consumir, tal como lo acabamos de definir, viene a ser el punto principal de sujección al sistema. Dado que nadie está en posición de obtener bienes por si mismo (en la ciudad menos que en ningún otro lugar), habrá de recurrir irremediablemente al consumo para satisfacer sus necesidades básicas: alimentación, techo, transporte, acceso a agua, energía, comunicaciones multimedia... Por si esto fuera poco —no en balde uno de los nombres que se le da al actual orden de cosas es «sociedad de consumo»—, el sistema ha logrado que la masa precise consumir, con la misma o mayor compulsividad, una larga lista de bienes que nada tienen que ver con satisfacer necesidades reales, y sí deseos inducidos. La publicidad juega un papel fundamental en ello. La retroalimentación hace el resto (7). Decía Jesús Ibáñez: «Los consumidores son enredados por la publicidad en un laberinto sin salida real pero con salida imaginaria. La topología del capitalismo de producción era el panóptico: una columna central y unas alas radiales, para vigilar a los productores (cárcel, escuela, hospital, factoría). La topología del capitalismo de consumo es el laberinto: microsalida a mano sin macrosalida, para que los consumidores circulen sin salir (centro comercial, autopista, red de urbanizaciones para vacaciones semanales en la montaña o anuales en el mar). El laberinto es un rizoma: los caminos interiores son practicables, pero no hay camino al exterior.» (8).

En opinión de Ibáñez, resumo de una cita más larga, la de consumo, a pesar de la gran cantidad de bienes en circulación, viene a constituir una sociedad de la escasez. Ello se comprende al definir «abundancia» no como un tipo de consumo elevado sino como la plena satisfacción de las necesidades. En sociedades primitivas, afirma Ibáñez apoyándose en el antropólogo Marshall Sahlins, las necesidades eran escasas y se resolvían mediante la cooperación del grupo. Ello daba lugar a jornadas de trabajo descansadas —tres o cuatro horas, según Sahlins— que se desempeñaban en un contexto placentero de juego. Había abundancia en ellas, pues. En la sociedad de consumo, en cambio, la necesidad —gracias a la publicidad— está siempre por delante de los bienes en circulación. El producto estrella en esta sociedad no es el propio bien, sino la necesidad o deseo de él. Por mucha capacidad de consumo que logre cualquiera, siempre tendrá por delante nuevos objetos y servicios que desear. Deseo que obliga a más trabajo para obtener el dinero preciso, y así sucesivamente. «En la sociedad de consumo lo que se produce es consumo: cuantos más regalos hagamos, mejor cumpliremos nuestra obligación; lo importante es comprar, da lo mismo para qué y para quién».


Notas

5- «...Los hombres siempre han vivido en sociedad y han sentido la necesidad de cooperar. El individualismo es comparativamente una creencia reciente, una secuela de una forma determinada de organización social.» George Lichtheim, en el capítulo primero de su obra «Breve Historia del Socialismo».

6- Según apunta Theodore Kaczynski en «La Sociedad Industrial y su Futuro»: «En las sociedades primitivas, vinculadas a la naturaleza, todo evolucionaba despacio, lo cual proporcionaba una estructura estable a sus miembros y, a consecuencia de ello, sensación de seguridad. En el mundo moderno, por el contrario, es la sociedad humana la que domina la naturaleza. La preeminencia tecnológica provoca rápidas y permanentes transformaciones, con lo que no se da una estructura de carácter estable». Podemos comprender esta circunstancia como factor concasual de las patologías descritas.
Aprovecho para añadir que, dadas las numerosas deficiencias que encuentro en la traducción al castellano de la obra de Kaczynski que circula por internet, he procedido a realizar —cada vez que cito un texto de la misma— una re-traducción, intentando darle cohesión gramatical y semántica.

7- Pensemos, por ejemplo, en la Navidad. Acontecimiento social de carácter anual en el que el aprovechamiento comercial devoró hace mucho su origen religioso. El imaginario de la gran mayoría al respecto —inducido por los recursos publicitarios— mezcla la añoranza con la depresión, emociones que favorecen el consumo compulsivo. Navidad es sinónimo de comilonas y regalos. Muchos regalos. De gastar dinero. Si hay niños de por medio, la cosa adopta unos tintes fuera de toda medida. Las viviendas de la ciudad se quedan sin espacio donde guardar las ingentes cantidades de juguetes que reciben los infantes (y con los que apenas juegan). Ni que decir tiene qué tipo de patrón consumista y materialista se les está inoculando sistemáticamente con este hecho. Particularmente vomitivas me resultan las campañas que se hacen en estas fechas para «que ningún niño pobre se quede sin su juguete». Sentimientos de fácil autosatisfacción que hacen olvidar momentáneamente a los donantes la falta de sentido de sus vidas, al tiempo que el sistema se asegura de que ningún nuevo miembro de la sociedad, por muy bajo que sea el poder adquisitivo de su familia, se queda —merced al objeto de plástico que se le da— sin recibir su correspondiente píldora de educación para el consumo. Donde esté una mercancía industrial que se quite la creatividad. Ese es el mensaje. La Navidad, no hay ni que recordarlo, pertenece a las grandes empresas de comercio. Al poder, de hecho, y no al pueblo. En cualquier país, serán El Corte Inglés de turno y los anuncios de la televisión quienes dicten su definición estética y su periodo de duración, cada vez más largo y más anticipado. Véase el «Black Friday», el último engendro consumista importado de los EEUU.

8- En otra parte de «Por una Sociología de la Vida Cotidiana» afirma que «el capitalismo de consumo es un sistema especializado en la producción de mierda pura. (…) Eso pasa con la información. Circula tanta información y está tan adulterada que, o bien no podemos asimilarla, o bien si la asimilamos nos intoxica. Las diferencias que fundaban los valores han sido abolidas: la diferencia entre lo bello y lo feo por la moda, la diferencia entre verdadero y falso por la publicidad, la diferencia entre lo bueno y lo malo por la política. La televisión y las revistas del corazón son el pasto habitual de la mayoría de nuestros conciudadanos.» Cabría añadir a la enumeración las redes sociales de internet, muy adictivas y de las que (casi) nadie escapa. No existían cuando Ibáñez escribió estas líneas, pero, a buen seguro, le hubieran dado mucho de qué hablar.

La Unión Europea avanza en su autodestrucción al firmar el acuerdo con Mercosur

16 Enero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Cristina Buhigas

En 1951 se inició el proceso de creación de lo que ahora es la Unión Europea con la pretensión de convertir el continente que había sido el escenario de dos guerras terribles en una especie de Arcadia feliz, en paz, con un respeto absoluto a los derechos humanos y la garantía de un nivel de vida alejado de la pobreza para todos sus ciudadanos, que recorrerían su territorio en libertad. Tres cuartos de siglo después el invento avanza hacia su autodestrucción, armándose para una guerra contra un enemigo incierto por imposición de Estados Unidos, olvidando los derechos más elementales de los seres humanos, especialmente de los inmigrantes, abandonando la lucha contra el cambio climático y sometiéndose a los dictados de las grandes corporaciones industriales y financieras. La firma del tratado entre la UE y Mercosur en Paraguay el próximo sábado 17 de enero es un nuevo paso para convertir aquella ilusión en catástrofe.

“No todo son aranceles, amenazas y malas noticias. Algunos tendemos nuevos puentes y alianzas para forjar una prosperidad compartida”, decía el pasado viernes el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez en X, al valorar el acuerdo que acababa de suscribir la UE con Mercosur tras 25 años de negociaciones. Siguiendo su relato habitual, aseguraba que con el acuerdo “las empresas españolas podrán entrar en nuevos mercados, exportar más y generar más empleo” y asumía el tradicional mantra de España como puente entre la UE y Latinoamérica, “esa región hermana y estratégica”. Según el Ministerio de Economía, la firma supone “el compromiso de ambos bloques con el orden internacional basado en reglas, el multilateralismo y la cooperación”. El ejecutivo español trata de oponer la bondad europea a la maldad del actual presidente de EEUU que actúa contra el derecho internacional. El problema es que olvida que Europa se ha comprometido a realizar el mayor gasto en armas de su historia comprándolas precisamente a ese país.

Mercosur lo integran Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay desde 1991, es un mercado de 270 millones de habitantes, que con la UE supondrá la mayor zona de libre comercio del mundo, con más de 700 millones de consumidores y cerca del 25% del PIB mundial. El pacto suprime más del 90% de los aranceles en los intercambios de bienes y servicios con la zona, lo que, según la Comisión Europea, ahorrará a las empresas comunitarias más de 4.000 millones de euros anuales. España realiza el 9% de las exportaciones y el 18% de las importaciones de la UE a Mercosur y es el primer inversor en Uruguay, segundo en Brasil y Argentina y el quinto en Paraguay, superando en total los 100.000 millones de euros en 2023, el 13% de las inversiones españolas directas en el exterior, fundamentalmente en energía, infraestructuras, telecomunicaciones, banca y transporte.

Estos datos parecen augurar un futuro idílico, pero no es así porque las cifras macroeconómicas suelen estar alejadas de la realidad que viven los ciudadanos de a pié y en este caso concreto porque quienes se ahorrarán esos miles de millones y rentabilizarán sus inversiones son mayoritariamente grandes empresas, muy en especial los fabricantes alemanes de automóviles, mientras que los pequeños agricultores europeos sufrirán la competencia de los productos de unos países donde no rigen las mismas exigencias de calidad que en los Veintisiete.

La Comisión Europea presume de más de 40 acuerdos comerciales suscritos con países terceros, pero la verdad es que son una pesadilla para los agricultores, víctimas del desplome de los precios y de que los países de Mercosur, Marruecos y otros no cumplen las normas fitosanitarias europeas, especialmente en el uso de fertilizantes y pesticidas, lo que además es un peligro para los consumidores. Bruselas asegura que el acuerdo incorpora compromisos “firmes” en materia de sostenibilidad y establece mecanismos de protección para los sectores más sensibles, en particular el agrícola. Los agricultores no se fían, ni en España ni en Francia; aunque acaben realizando un ejercicio de resignación y dejen de cortar carreteras ante las promesas de políticos como el president de la Generalitat, Salvador Illa, de realizar un seguimiento de las importaciones para “minimizar” los efectos del acuerdo. Por si Illa no lo sabe: Catalunya no está rodeada de un muro fronterizo frente al resto de la UE, así que le será muy difícil cumplir esa promesa.

Actualmente los países comunitarios están acabando de poner en marcha la reforma de la Política Agrícola Común (PAC) para 2023/2027, que fue contestada por los pequeños agricultores españoles y repartirá en este periodo 47.724 millones de euros en nuestro país, el tercero más beneficiado tras Francia y Alemania. Las ayudas europeas son el 20% de los ingresos del campo español. Pero las pequeñas y medianas explotaciones están disminuyendo progresivamente en toda Europa, son el 76% las de menos de cinco hectáreas, mientras que las de más de cien hectáreas detentan el 21% de la superficie cultivada total y por tanto son quienes más se benefician de las ayudas. Solo empresas cada vez más grandes pueden invertir en grandes explotaciones con tecnología moderna que optimizan la mano de obra. En lenguaje común: el campo bucólico que Francia intentó establecer en Europa al inventarse la PAC está desapareciendo a favor de grandes inversores que sirven a la industria alimentaria. Las macrogranjas son el exponente más siniestro de un proceso contrario al bienestar animal, la defensa del medio ambiente y la alimentación sana de los seres humanos.

“Todo lo que es susceptible de empeorar lo hará”, dice la famosa Ley de Murphy, y en el caso de la PAC está destinada a cumplirse. En 2028 se pondrá en marcha una nueva reforma destinada a “simplificarla”, que el Parlamento Europeo aprobó justo antes de Navidad y que muchos expertos aseguran que supondrá el desmantelamiento de la que fue pionera de las políticas comunes destinadas a acabar convirtiendo las naciones europeas en una unión política, una utopía que la realidad actual desmiente. La clave de la futura PAC es la “flexibilidad”, al dejar en manos de los gobiernos nacionales decisiones fundamentales de protección del medio ambiente, de los suelos, pastizales y hábitats agrarios, abriendo la puerta a prácticas que “degradarán aún más el campo y la naturaleza, poniendo en riesgo los recursos naturales que hacen posible producir alimentos de calidad y garantizar el futuro del campo europeo”, afirma SEO/BirdLife.

“Si los Estados miembros tienen pleno control sobre la distribución del dinero de la PAC, sin objetivos de gasto para las medidas medioambientales, es probable que disminuyan los incentivos para que los agricultores protejan la naturaleza. Y sin normas claras sobre el gasto, los gobiernos podrían sucumbir a la presión política y canalizar los fondos en beneficio de sistemas agrícolas explotadores de las personas y la naturaleza”, asegura la organización ecologista internacional WWF (World Wildlife Fund, Fondo Mundial para la Naturaleza). En román paladino: el triunfo en las elecciones en cualquier país de la ultraderecha —en España un gobierno PP/Vox— significaría el olvido de cualquier norma para hacer frente a la emergencia climática, permitiría la explotación salvaje del suelo y lo vendería a multinacionales explotadoras, que se beneficiarían de las ayudas, y condenaría a la pobreza a la población rural. No es un futuro distópico de una novela de ciencia ficción, puede estar a la vuelta de la esquina.

Volvamos al acuerdo comercial con Mercosur. La presión de la industria alemana, muy especialmente la del automóvil, ha sido definitiva para que la gran defensora de los intereses de los europeos, la presidenta de la Comisión, la alemana —¡qué casualidad!— Ursula von der Leyen se disponga a rubricar el acuerdo. No olvidemos que la economía de Alemania lleva años con un crecimiento muy débil —se estima un incremento del PIB del 0,2% en 2025—, que la producción de automóviles es su primera actividad, pero atraviesa una profunda crisis. En los últimos años sus fábricas han eliminado 50.000 puestos de trabajo (cuentan actualmente con 770.000). El gobierno del canciller Friedrich Merz ya consiguió hace poco que la Comisión permita que se sigan fabricando vehículos de gasolina y diesel después de 2035 y que se reduzca hasta el 90% el objetivo de emisiones de CO2 en lugar de alcanzar las cero emisiones. Se confirma que Alemania es el motor de combustión de la UE.

El tratado no ha sido aprobado por todos los estados miembros, sino que cuenta con la oposición de Francia, Polonia y Hungría. Italia también estaba en contra, de hecho fue la causa de que se pospusiera la firma prevista para el 20 de diciembre; pero Giorgia Meloni cambió de opinión, según ella porque consiguió garantías para los agricultores, como un refuerzo de los controles fitosanitarios y el bloqueo de los precios de los fertilizantes. La primera ministra italiana asegura que se mantendrá “en alerta” para garantizar que los productos que entren desde los cuatro países latinoamericanos no hacen competencia desleal a los italianos. Habría que preguntarse si otros gobiernos, como el español, aceptaron antes un compromiso que desprotegía a sus agricultores.

Gracias a la fascista Meloni el Consejo de la UE aprobó el acuerdo por mayoría cualificada —el procedimiento de voto que se utiliza en los asuntos que afectan a las políticas comunes— porque Emmanuel Macron, presidente de Francia, primer país productor agrícola europeo, no consiguió una minoría de bloqueo para impedirlo. Los agricultores franceses siguen movilizándose y el líder de La France insoumise, Jean-Luc Mélenchon, ha presentado una moción de censura contra el Gobierno del primer ministro, Sébastien Lecornu, como protesta ante la “humillación de Francia”. "¿Cómo podemos luchar contra los precios bajísimos de los productos de las inmensas granjas industriales de Brasil o Argentina, que no tienen los mismos niveles salariales ni los mismos estándares de salud, medio ambiente y bienestar animal?”, se pregunta la formación de izquierdas, en sintonía con los movimientos ecologistas.

A pesar de que el sábado se firma, solo entrará en vigor de forma provisional cuando lo ratifique un país de Mercosur. Más adelante debe ratificarlo la Eurocámara y después los parlamentos de todos los estados miembros en un procedimiento largo y complicado. Bruselas ha intentado hacerlo más rápido recurriendo a un truco técnico legislativo, dividiendo el tratado en dos, lo que facilita que la parte comercial entre en vigor provisionalmente, mientras que la más política, que incluye la cooperación y es la que deben aprobar los parlamentos de los Veintisiete la sustituya cuando termine el proceso. Las cámaras de Francia o Hungría seguramente votarán en contra y las de otros países con gobiernos en minoría también podrían oponerse, como sucedió en el suscrito con Canadá, con lo que quedaría en suspenso. Además de toda esta maraña queda la posibilidad de que en algunos países los sectores afectados retrasen de hecho su apertura comercial, con lo que los efectos negativos o beneficiosos no se experimentarían en su totalidad y no se sabe cuando.

Lo que sí sabemos es que la economía y el comercio internacional no son ciencias exactas, están sujetas a imprevistos. ¡Qué nos van a decir a quienes acabamos de empezar 2026!

Fuente: https://www.diario-red.com/articulo...

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