🔒
Hay nuevos artículos disponibles. Pincha para refrescar la página.
AnteayerWeb Tortuga AA-Moc

Universidades españolas siguen colaborando con entidades vinculadas al estado de Israel y empresas del sector militar israelí

16 Febrero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Laura Gutiérrez
Cadena SER

Universidades públicas y organismos públicos españoles están colaborando con una treintena de entidades israelíes que en muchos casos tienen fuertes vínculos con el Estados de Israel y con el desarrollo militar del país. Según los datos recopilados por la Red Universitaria por Palestina, estas universidades y organismos españoles participan en 38 proyectos vigentes a día de hoy que se iniciaron después del dictamen de la Corte Internacional de Justicia sobre Palestina, en julio de 2024, y de que la CRUE (Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas) pidiera paralizar este tipo de colaboraciones, hace también dos años.

Es más, desde mayo de 2025 esta Red ha constatado la firma de una docena de nuevos proyectos participados por universidades españolas y entidades israelíes. La Universidad de País Vasco participa en dos proyectos con Technion, que contribuye al desarrollo militar israelí con tecnología utilizada en operaciones militares; la Fundación CIDAUT de la Universidad de Valladolid trabaja con Hydrolite, que es filial de uno de los mayores contratistas militares del estado de Israel; y la universidad de Granada participa junto con Mellanoz Technologies, empresa con vínculos estratégicos dentro del ecosistema tecnológico israelí, en un proyecto para diseñar vehículos no tripulados para misiones de seguridad civil y vigilancia. Fuentes de esta universidad precisan que el consorcio europeo para este proyecto se constituyó varioss días antes de que este centro se planteara el tema de la aprobación de medidas en relación a los convenios suscritos con instituciones israelíes. Explican, además, que la empresa aunque de origen israelí fue adquirida por NVIDIA al 100% en 2020 y no cotiza en la bolsa israelí sino en el NASDAQ.

El análisis realizado por la Red Universitaria por Palestina de la actividad investigadora española con vínculos con entidades israelíes revela que el CISC (Centro Superior de Investigaciones Científicas) encabeza el volumen de proyectos, acumulando 11 iniciados recientemente y 46 activos, seguido por universidades como la Politécnica de Madrid, con 6 nuevos y 10 en curso, y las universidades de Barcelona, Cataluña y Valencia, todas ellas con entre 4 y 5 proyectos iniciados y hasta 9 activos. En el tramo medio destacan la Universidad de Granada, Sevilla, Valladolid, Vigo y Zaragoza, todas con entre 3 y 4 proyectos recientes.

Consultada por esta emisora, la CRUE, la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, guarda silencio sobre este asunto. "No nos es posible atender la petición", ha sido la explicación que hemos recibido de su responsable de comunicación. Desde la Red Universitaria por Palestina acusan a CRUE de seguir sin actuar. "La Conferencia de Rectores tiene la obligación de acatar el dictamen de la CIJ y lo tiene que hacer con su autonomía soberana porque las instituciones de CRUE están desobedeciendo la ley", afirma Daniel Jiménez, responsable del nodo de esta red en la Universidad de Zaragoza. Para Irina Fernández, portavoz de esta red en la UNED, la investigación de las universidades y organismos españoles en la que hay colaboración con Israel, especialmente en el caso de los proyectos tecnológicos, "va directamente vinculada a esa industria armamentística hiperdesarrollada del estado israelí con la que se cometen las atrocidades que hemos visto".

Fuente: https://cadenaser.com/nacional/2026...

Familiares de fallecidos en la mili se organizan para buscar justicia: 'Lo peor es no saber qué les pasó'

15 Febrero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Pol Pareja

La última vez que Berta Gómez habló por teléfono con su hermano Joan, él le contó que le perseguían. Al día siguiente, de noche, le comunicaron que estaba hospitalizado con una muerte cerebral en Zaragoza. Le dijeron que se había suicidado, pero nunca ha sabido qué ocurrió exactamente.

“Durante décadas no le hablé a nadie de esa conversación”, recuerda sentada en un hotel de Sant Cugat (Barcelona). “Ni siquiera mis padres o mis hermanos lo sabían”.

Después de años de silencio, Gómez acabó desvelando que había tenido esa conversación con su hermano pocas horas antes de morir. Lo hizo tras reunirse con otras personas que, como ella, perdieron a un hermano o a un pariente cercano mientras hacían el servicio militar.

Al menos 1.900 jóvenes murieron haciendo el servicio militar en período democrático. La cifra no incluye las muertes en la mili durante el franquismo. Tampoco los suicidios al regresar a casa debido a los traumas sufridos ni los fallecidos en permisos o en accidentes de tránsito yendo o volviendo de los cuarteles. Algunas estimaciones calculan que podrían haber perdido la vida hasta 4.000 personas.

Ninguna de esas familias ha sido reparada ni, en muchos casos, informada de las causas reales de la muerte. A algunos les dijeron que sus parientes se habían suicidado, otros que murieron en un accidente o simplemente les informaron del fallecimiento sin precisar las causas.

Un documental de TV3 pone en contacto a las familias

Hace unos meses, dos periodistas de TV3 sentaron a Gómez en una mesa de una masía de Viladrau (Girona) junto a Mònica Muntada, Cristina Aymerich y Francesc Robelló. Ellos también perdieron a un hermano en la mili. “No nos conocíamos de nada, pero nos tiramos más de cinco horas charlando”, rememora Aymerich.

Todos se dieron cuenta de que sus historias familiares guardaban paralelismos: el luto mal cerrado, el desgarro y el silencio en casa atravesados por el estigma del suicidio. La falta de detalles sobre lo ocurrido, las preguntas sobre lo sucedido.

“Fue liberador, terapéutico y reparador”, añade Muntada, que confiesa que lo más duro de estos años ha sido no saber qué le pasó exactamente a su hermano.

Narcís, el hermano de Francesc Robelló, fue encontrado en un despacho con un abrecartas clavado en el corazón. Les dijeron que se había quitado la vida, pero su hermano dice que es imposible. “Sus cartas mostraban ilusión y ganas de vivir”, rememora Francesc. “Lo del suicidio nunca me lo he creído”.

El resultado del encuentro en Viladrau, y de una ardua investigación periodística, ha sido el documental Et faran un home. Morts silenciades, que pone el foco en los miles de jóvenes que perdieron la vida o se suicidaron haciendo la mili. Un drama silenciado, no reconocido y cuya opacidad llega al punto de que ni siquiera hay un recuento oficial de víctimas.

Los protagonistas del documental han decidido aunar esfuerzos y organizarse para intentar buscar justicia. Han puesto en marcha el Grupo de Apoyo de Familias de Víctimas de la Mili y han abierto un correo (veu.victimesmili@gmail.com) para recoger casos y testigos de familiares en una situación similar a la suya.

“Queremos saber qué pasó, que se investigue”, apunta Mònica Muntada, cuyo hermano Martí se suicidó un lustro después de regresar del servicio militar. Muntada busca compañeros que compartieran el servicio con su hermano para entender qué fue lo que ocurrió durante esos meses. “Volvió siendo otra persona, con otra mirada”, rememora.

El objetivo último de estos familiares es que se cree una comisión de investigación sobre los miles de muertos en el servicio militar y, a su vez, que el Ministerio de Defensa facilite más información a los parientes de los fallecidos.

“No puede ser que no haya nada”, lamenta Cristina Aymerich. Su hermano se marchó a Melilla en agosto de 1993 para hacer la mili. Apenas un mes después les llamaron para comunicarles que se había suicidado. “En casa estuvimos más de diez años sin hablar del tema”, explica. “La culpa era tan grande que silenció cualquier conversación”.

Opacidad sobre las causas y el número de muertes

Tanto los familiares de los fallecidos como los investigadores del documental han constatado la opacidad de los archivos del servicio militar, hasta el punto de que veteranos documentalistas que colaboraron con la cinta constataron la dificultad para obtener datos.

“¿Cómo puede ser que no conste en ningún sitio que un chico de 20 años haya ido al servicio militar y no haya regresado?”, abunda Aymerich, que llegó a desplazarse personalmente a Melilla para obtener más información sobre la muerte de su hermano.

La emisión del documental ha roto en Catalunya un silencio prolongado. Una veintena de familiares ya se ha puesto en contacto con este grupo para trasladarles experiencias similares o, incluso, hablar del tema por primera vez. Los parientes confían en que la llamada llegue ahora al resto del país y se logre hacer presión.

En el Parlament, por ahora, los grupos de Junts, ERC, Comuns y CUP han registrado una propuesta de resolución para exigir a la Sindicatura de Greuges (el Defensor del pueblo catalán) que esclarezca los hechos denunciados en el documental. Piden, a su vez, que el caso llegue al Defensor del Pueblo para que se lleve a cabo una investigación “exhaustiva e independiente a escala estatal” sobre lo ocurrido.

Los familiares de las víctimas se muestran optimistas ante el revuelo generado. “Ha sido un proceso agotador, pero ver que nuestra historia ha llegado al Parlament nos ha dado un poco de esperanza”, remacha Robelló. “La sensación es que ya no estamos nosotros solos”, añade Gómez.

En lo que coinciden todos ha sido en el poder transformador que ha supuesto conocer a otras personas en una situación similar. “Ha habido un antes y un después del documental”, explican los cuatro. “La soledad de estos años ha sido muy opresiva, ahora como mínimo podemos compartir nuestro luto”.

Fuente: https://www.eldiario.es/catalunya/f...

A los 40 años del referéndum OTAN: Repensar la movilización pacifista (parte I)

16 Febrero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

El 12 de marzo se cumplirán 40 años desde que se celebró el referéndum promovido por Felipe González sobre la permanencia de España en la OTAN. Era una época doblemente grave en lo que hace a la paz y la guerra, tanto por el contexto internacional de inseguridad global y paz fría como por el contexto interno de militarismo y pretorianismo del ejército español.

Paradójicamente, si reconstruimos aquel panorama con datos de SIPRI u otros informes de la época, el mundo actual luce más sombrío, desafiando nuestra intuición nostálgica de que el mundo de los 80 del siglo XX era peor que el de los años 20 del siglo XXI y confirmando la sospecha de una pétrea continuidad que responde a un mismo paradigma de fondo y a una remilitarización planificada, con raíces en las políticas neocoloniales y ultraliberales Reagan-Thatcher y acelerada por multipolaridad caótica y la ansiedad por el dominio estratégico ante la aceleración de los signos de agotamiento del sistema capitalista y del desbordamiento de múltiples crisis globales.

El contexto de paz fría de 1986

Aunque sea una simplificación muy esquemática, creo que las principales características de los años 80 y del propio año 1986 en lo que se refiere al tema de la paz eran las siguientes:

  • Había un contexto de confrontación global (es decir, por medios militares y no militares) conocido como «guerra fría»; con dos bloques militares enfrentados y altamente armados, empeñados en una carrera militar tecnologizada (misiles intercontinentales y escalada nuclear, submarinos nucleares, guerra de las galaxias, etc. que perseguían una doctrina suicida de disuasión basada en la capacidad de destrucción mutua asegurada; y con un enorme incremento del gasto militar que detraía recursos para consolidar el poder militar de cada bloque (condicionando y lastrando el resto de políticas públicas, sobre todo las que tenían que ver con la verdadera seguridad humana).
  • A ello se sumaba el despliegue de misiles nucleares y de un contingente militar espectacular a ambos lados del llamado t«elón de acero», así como una percepción colectiva de inseguridad militar global, dos elementos que alimentaban (y eran usado como justificación) el militarismo y el clima de crisis permanente y daba espectaculares oportunidades para el desarrollo de complejos militares más interesados en promover sus cuentas de resultados que en el diálogo o la paz entre los pueblos.
  • Además, las grandes potencias evitaban la confrontación directa, pero alimentaban los conflictos militares y guerras «indirectas» en países terceros y de mayor o menor intensidad.
  • Vivíamos en pleno apogeo los efectos de las políticas ultraliberales del ciclón Reegan y de la no menos ultra Tatcher, profundizadas y empeoradas a partir de entonces hasta la fecha.
  • Existía un tercer bloque de países que querían salir de las redes perversas de estas lógicas y promover políticas no alineadas y de avance en otro tipo de paz menos militarizada.

En lo que se refiere a España, jugaba de facto un papel integrado en el entramado occidental: a los acuerdos del franquismo para la cesión de bases a EEUU (Rota, Morón, Torrejón de Ardoz, Zaragoza y Bardenas Reales) se sumaba el papel «alineado» de la política militar española con la del bloque occidental, la consideración del pacto de Varsovia y de su país promotor como enemigos innegociables y la subordinación del armamento, logística y doctrina militar, etcétera a las tecnologías, licencia y directrices principalmente de EEUU (también de Francia, Alemania e Italia en cuanto a determinados armamentos).

Soportábamos una presencia muy descarada del ejército en la vida pública, marcada por amenazas constantes e intentos de alzamiento militar (y no sólo la irrupción del teniente coronel Tejero en el Congreso de los Diputados en febrero de 1981), una extrema derecha activa en la violencia callejera y que generaba ruido reclamando la intervención militar para« salvar a España».

Además, desde octubre de 1981 España formaba parte de la OTAN, completando así el alineamiento a las políticas militares de EE. UU.

Por entonces no existía un «índice global de paz» como existe ahora. Tal índice sólo existe desde 2007. Pero sí circulaba infinidad de informes y datos que nos permiten hacer una comparación muy aproximada ente lo consignado entonces y lo que reflejan los actuales índices globales de paz.

Una comparación

Respecto de los principales parámetros mundiales de confrontación militar, el año 1986 registraba según el SIPRI entre 35 y 40 conflictos armados de diversa intensidad (Afganistán, Congo y Nepal, Sierra Leona, Chechenia, Burundi, entre los principales), el gasto militar mundial (en dólares constantes) estaba situado en 1,19 billones y en cuanto a la seguridad y percepción de paz, analizados los 13 parámetros que contempla el índice global de paz, era sencillamente malo, con altos índices de criminalidad (que luego descendieron) en américa latina, EE.UU y Europa, etc. y crecientes desatenciones a necesidades básicas de toda índole.

La situación era terrible y las poblaciones de Europa, a uno y otro lado del río Rin, de verdadero cautiverio, rehenes de la lógica de guerra, del militarismo de la época y de la construcción cultural del clima de guerra por todos los medios (y no solo el militar).
En 2026 los conflictos armados y guerras en el mundo se cifran entre 59 y 61, con más de 86 países involucrados en ellos, el gasto militar mundial (igualmente en dólares constantes) es de 2,72 billones de dólares (un 126% más que entonces) y 181 países han aumentado su gasto militar y su militarismo en 2025, aumento que sigue una línea ascendente desde hace más de 10 años (es decir, que ni es de ahora, ni únicamente atribuible a que Trump esté loco, sino fruto de un planificado proceso con muchos más colaboradores y ramificaciones). Y por si faltara algún ingrediente, los últimos tratados de control de armamento nuclear han vencido por completo y no parece probable que se reinicie una nueva ronda de renegociación. Podemos ver esta situación en el cuadro siguiente:

Por lo que respecta a España nos hemos situado en los puestos principales de los ránquines mundiales de obscena promoción gubernamental de la guerra, aunque el PSOE de Felipe González y Solana ya apuntaba maneras en 1986, como, muestro en la siguiente tabla:

Podríamos introducir otros parámetros más que demuestran que estamos peor, más endeudados, que soportamos más contaminación por la actividad militar, y que el riesgo de vernos involucrados en una confrontación violenta no querida por nadie son mayores.

Tendencia suicida y despertar de la conciencia

De los datos expuestos se desprenden múltiples lecturas, pero tres resaltan con crudeza desde una mirada crítica: primero, la preparación de la guerra y la "paz fría" se han afianzado como eje rector de la política global, eclipsando cualquier alternativa; segundo, la violencia -ya sea directa, cultural o estructural- se ha erigido en la lógica última de un mundo construido con irresponsable ceguera; y tercero, la seguridad humana y ecológica ha retrocedido de forma alarmante, con amenazas de hace 40 años que no solo persisten, sino que se han multiplicado exponencialmente.

La guerra, en su dimensión estrictamente militar o en sus formas proxy e híbridas, actúa como el reverso inseparable del capitalismo: una cara bifronte que se desdobla en capas de dominación -desde la violencia abierta hasta la simbólica- y que hoy se ha sistematizado en una maquinaria compleja donde el militarismo dicta los ritmos, modela los valores y organiza las acciones y los propios deseos.

De este modo el militarismo va más allá del desborde del Ejército en la vida civil; es la propia lógica amigo/enemigo que organiza recursos, imaginarios y prácticas cotidianas y que atraviesa los Estados en su propia médula, sean estos «de derechas» o de «izquierdas». Y esto no obedece a un pirómano solitario al mando de la manguera, sino a un vasto entramado de complicidades silenciosas, torpezas deliberadas, renuncias calculadas y omisiones que han cocinado el clima bélico actual.

Un complejo que hemos naturalizado prestándole nuestro propio consentimiento.
Edmund Burke lo intuyó en el siglo XVIII, mucho antes de Hitler, Franco o los Trumps y Putin de turno: "Lo único necesario para que el mal triunfe es que los buenos no hagan nada".

La experiencia de las luchas noviolentas -desobediencia civil, insumisión, boicots, objeción fiscal o científica, y toda la caja de herramientas desplegada por esta- lo corrobora con creces. Como sentenció un referente de estas resistencias: «lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena». Ahí radica lo más luminoso y esperanzador que aún nos queda: la operatividad de la negativa en conciencia a colaborar con este estado de cosas y la resistencia firme frente a todo ello que sigue eligiendo tanta gente dispuesta a poner en la balanza otras razones distintas al puro cálculo sumiso.

Despertar la conciencia de la gente buena para que no guarde silencio y pase de la pasividad a la acción resulta, como siempre ha ocurrido desde que el mundo es mundo, nuestro principal instrumento de cambio y nuestro reto más acuciante.

Dos diferencias

Pero ¿Cuáles son las principales diferencias del momento que vivimos respecto del que movilizó la energía por la paz de los años 80 del siglo XX?, ¿cuál es la fractura principal ante esta deriva suicida?

Dos, a mi juicio. Primero, la autosuficiencia con que las mayorías devoran los relatos del poder: una normalización progresiva de valores militaristas, del miedo como pegamento identitario y de la promesa capitalista de una "patada adelante" que nunca llega. Segundo, la tibieza de las plataformas teóricamente transformadoras: menos movilización capilar, menor penetración en una sociedad cada vez más delegativa y pasiva.

Frente a un panorama infinitamente más grave -que debería encender indignaciones masivas-, la gran diferencia con 1986 radica en el desconcierto y el sopor actuales: menor movilización social, un horizonte de sentido más desconcertado y una energía política más fatigada que los que caracterizaron aquellos tiempos.

Durante los años 80 y de la mano de un «movimiento por la paz» difuso y plural a escala mundial (y también entre nosotros) el dibujo de la paz a la que se aspiraba y que movilizaba amplias corrientes sociales pasaba por la reversión de las políticas de enfrentamiento y de guerra fría, por la desobediencia al militarismo y la movilización de un ciclo de lucha social inédito y por el dibujo de una idea de paz estructural y cultural que imponía nuevos modelos de defensa y aspiraciones de desarrollo y seguridad verde, feminista, antimilitarista, anticolonial, ...

En este pequeño apéndice-retaguardia del bloque occidental, y entre nosotros, ese pacifismo social, movilizado por las articulaciones más alternativistas y por los múltiples enfoques «rojos», sindicalismos de clase, movimientos religiosos, culturales, barriales, etc. fue capaz de protagonizar algunos de los ciclos de lucha social por la paz más potentes y ( como se pide ahora por las nuevas teorías y jergas laclaunianas que por entonces ni siquiera leíamos) interseccional, transversal, capilar y capaz de afectar a la propia metodología de acción política, a la cultura popular y de dinamizar el empuje de la sociedad en aspiraciones de paz inéditas y alejadas del militarismo.

No evoco nostalgia por "tiempos mejores", ni idealizo aquellos ciclos que también contaron con sus fracturas, dogmatismos y celadas internas. Pero sí afirmo que su elasticidad creativa, su capacidad para apelar a la conciencia colectiva y galvanizar energías transformadoras era cualitativamente distinta a la actual.

Y hoy, ese pábilo titila con fragilidad; urge avivarlo con la misma audacia que entonces, antes de que el silencio nos condene del todo a la resignación o al cinismo y veamos como de vez en cuando nos dan un caramelo (como fue el del supuesto embargo de armas a Israel) para que algunos partidos instrumentalicen la lucha por la paz para reivindicar su esencial papel negociador con el voraz poder militarista, dando con una mano lo que con la otra nos quitan.

"Se evaporaron": Una investigación revela que 3.000 palestinos resultaron carbonizados por bombas de Israel

14 Febrero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Emilia G. Morales

Rafiq Badran perdió a cuatro de sus hijos en el campamento de refugiados de Bureij, en el centro de la Franja de Gaza. Entre 2024 y 2025, Israel bombardeó tres escuelas de esta localidad hasta cinco veces. En uno de estos ataques, los hijos de este gazatí desaparecieron. "Simplemente, se evaporaron", cuenta a Al Jazeera. "Los busqué un millón de veces. No quedó ni un solo pedazo. ¿A dónde fueron?".

Su testimonio es uno de los muchos recogidos en la investigación El resto de la historia, emitida por Al Jazeera Arabic el pasado 9 de febrero. A ellos se suman los datos recabados por los equipos del Servicio de Defensa Civil de Palestina y los análisis de expertos forenses. Sus hallazgos han puesto sobre la mesa una hipótesis tenebrosa: Israel utilizó armas térmicas y termobáricas contra población gazatí, carbonizando a unas 2.842 personas.

De ellas solo quedaron "salpicaduras de sangre" o "pequeños fragmentos como cueros cabelludos", explica Mahmoud Basal, portavoz del servicio de protección civil al medio catarí. Según describe, los equipos forenses aplican un "método de eliminación" para determinar cuántas personas han sido reducidas a cenizas. La fórmula consiste en cotejar el número de cuerpos recuperados tras un ataque de Israel con el de ocupantes que, teóricamente, había en el recinto bombardeado.

Si tras "una búsqueda exhaustiva", los forenses solo han encontrado algunos rastros biológicos -como sangre o tejidos corporales- de las personas que debían haber muerto en el lugar del ataque, las contabilizan como carbonizadas.

De acuerdo a la información recogida por la investigación, este fenómeno es fruto de bombas térmicas o termobáricas, capaces de "generar temperaturas superiores a 3.500°C". Es decir, aproximadamente tres veces más que un horno crematorio.

A esta temperatura, el tejido humano "se vaporiza" y se convierte "en cenizas", afirma a Al Jazeera Munir Al Bursh, médico y director general del Ministerio de Salud palestino en Gaza. Este nivel de destrucción es la razón por la que el derecho internacional prohíbe el uso de este y otros tipos de bombas de forma indiscriminada. Así lo recogen varios artículos del Protocolo adicional I de los Convenios de Ginebra de 1977, que protege a las víctimas en conflictos armados internacionales.

Así son las bombas

Una bomba térmica es aquella cuya composición "dispersa una nube de combustible que, al encenderse, crea una enorme bola de fuego y un efecto vacío", explica el experto militar, Vasili Fatigarov, a los periodistas de Al Jazeera. Por ello, estas bombas también son conocidas como "de vacío" o "de aerosol". Para lograr este efecto, al TNT de la munición convencional se le añaden compuestos químicos, como polvos de aluminio, que elevan la temperatura de la explosión y prolongan el tiempo de combustión.

Algunas de las bombas que pueden contener esta mezcla son las de la familia MK-80, fabricadas por EEUU. Durante el asedio a la Franja, Washington vendió a Tel Aviv varios paquetes de armamento que incluían este tipo de munición, tanto bajo la Administración del demócrata Joe Biden, como la del republicano Donald Trump. Normalmente, las MK-80 son de "caída libre", es decir, que carecen de dirección una vez los aviones las lancen. Sin embargo, también se les puede añadir un dispositivo GPS para guiar el destino del explosivo, dando lugar a una GBU (unidad de bomba guiada).

Los investigadores de Al Jazeera aseguran que la Defensa Civil palestina halló fragmentos de una bomba GBU en varios de los lugares en los que apenas había algún rastro de los cadáveres tras los ataques de Israel. Según las pesquisas del medio catarí, el ejército de Israel habría utilizado en Gaza tres tipos de bombas estadounidenses con capacidad para carbonizar a sus víctimas: la MK-84, la bomba antibúnker BLU-109 y la GBU-39. Por su parte, otra investigación de la organización Human Rights Watch (HRW) identificó restos de GBU en escuelas palestinas atacadas por Israel, mientras que The Guardian contrastó la existencia de restos de estas bombas en los lugares de Beirut (Líbano) atacados por Israel.

En una entrevista reciente con Público, Francesca Albanese, relatora de la ONU para los derechos humanos en los territorios ocupados palestinos, incidió en que el genocidio en curso en Gaza era "un crimen colectivo". Para la jurista italiana esto es más que evidente en tanto que varios Estados del Norte Global no sólo han armado a Israel, sino que continúan mantenido los lazos comerciales que habrían permitido a Tel Aviv financiar la guerra.

Todo ello, señaló Albanese, ocurrió incluso después de que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) emitiera, el 26 de enero de 2024, una orden de medidas provisionales obligatorias en la que instaba a Israel que tomara medidas para evitar la comisión de un genocidio en Gaza. Además, recordaba a los Estados parte que, según la Convención contra el Genocidio de 1948, estaban obligados a prevenir y sancionar el genocidio.

Fuente: https://www.publico.es/internaciona...

Mambrú no fue a la guerra: 45 años desobedeciendo

13 Febrero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Replicamos hoy, íntegro, el texto del 4 de febrero con el que el Colectivo Mambrú, de Zaragoza, celebra sus primeros 45 años desobedeciendo. Lo celebran con el texto que sigue, con la invitación a un acto y con un enlace a la primera publicación de Mambrú.

Muchas felicidades. Enhorabuena y un sentido abrazo.

Política Noviolenta


Y van cuarenta… y cinco.

Este invierno, mientras los amos del dinero —que no de nuestras vidas, pues son solo nuestras— se esfuerzan por empobrecer el mundo y militarizarlo, nuestro colectivo Mambrú cumple 45 años de vida desobediente y 40 la publicación antimilitarista de la que tomamos su nombre tras conseguir acabar con la mili.

El antiguo COA (Colectivo de Objeción y Antimilitarismo) nació en noviembre de 1980 junto al desaparecido CAN (Colectivo para una Alternativa Noviolenta). Ambos surgieron del primigenio Grupo de Objetores de Zaragoza, que comenzó su andadura hacia 1973. Con el COA creamos el fanzine antimilitarista Mambrú, una humilde revista aragonesa de contrainformación editada por primera vez en diciembre de 1985.

Esta publicación se convirtió en el órgano ‘oficial' de un floreciente Movimiento de Objeción de Conciencia en el Estado español (el MOC), cuya fundación en 1977 contó con la contribución de integrantes de nuestro grupo. Hoy, aquella vieja revista es un medio de expresión digital para el aprendizaje de la noviolencia que sirve de altavoz a la resistencia civil de todo el planeta, una multitud de experiencias pacíficas, muchas de ellas ignoradas, que os contamos con orgullo y admiración.

Si miras atrás… la lucha histórica por la objeción de conciencia frente a los cuarteles de la dictadura franquista, la insumisión en una democracia que la llaman así y no lo es, la autoorganización antimilitarista, tenaz, valerosa, dentro y fuera de sus cárceles hasta acabar con el servicio militar obligatorio y la prestación sustitutoria, la desobediencia civil sin fronteras contra los señoros de la globalización neoliberal, talleres y más talleres de educación para la paz, contra la economía de guerra y la precarización social, la denuncia de los crímenes y la represión en Bosnia, Irak, Palestina, Siria, Ucrania, Venezuela, Irán, Mineápolis…

Un suma y sigue de guerras, invasiones racistas y coloniales, dictaduras, estados policiales… Pero también una carrera ilusionante por mejorar la condición de la humanidad, por ofrecer herramientas noviolentas a los movimientos civiles para oponernos a las injusticias y divulgar alternativas a la defensa armada y la autodestrucción humana y medioambiental.

Mambrú es cientos y cientos de acciones directas coherentes, transformadoras y divertidas —¿por qué no cambiar el mundo con alegría?— para defendernos de quienes dicen defendernos, aunque en verdad solo defiendan, a sangre y fuego, capitales, imperios y privilegios. A lo largo de todo este tiempo compartido nos ha movido la convicción de que el camino que seguimos es un espejo del destino; por eso, nos esforzamos para que nuestros métodos sean siempre coherentes con nuestros fines, con el mundo que deseamos vivir. No queremos esperar al futuro para ser libres, queremos que nuestras formas de actuar ahora sean ya un reflejo de ese mundo nuevo que llevamos en nuestros corazones.

Somos un puñado de gente dispuesta a frenar la apología de la guerra, que cuestiona la normalización de la violencia y la dominación estructural, que trata de prevenirnos de nuevas y mortíferas guerras o de la represión cotidiana superando la idea de que la seguridad requiere de ejércitos, autoritarismo, jerarquías, rearme, obediencia ciega…

Se dice que quien controla el pasado controla el futuro, y quien controla el presente controla el pasado. La nuestra es una lucha contra el control del tiempo vivido y por vivir, también contra la indiferencia y el olvido que perpetúa las causas y agrava las consecuencias de los problemas a los que nos enfrentamos. Celebramos nuestra memoria, reflexionando sobre el ayer para imaginar, y construir, un mañana de justicia. Somos un pequeño colectivo haciendo cosas pequeñas para cambiar el mundo.

Por ello, y porque cuidar la memoria antimilitarista es imprescindible para cuidar una sociedad que urge desmilitarizar, te invitamos el viernes 13 de febrero a una jornada de debate y reencuentro. Ese día, celebraremos, a las 18.30 h en La Pantera Rossa (San Vicente de Paúl 28), un cineforum con «Te harán un hombre», de Mireia Prats y Joan Torrents. Un documental que increpa a la sociedad sobre la normalización de la violencia militarista, la impunidad del ejército español y la ausencia de transparencia institucional en una democracia bajo la sombra de la dictadura franquista.

La película cuenta en primera persona los abusos que sufrió la juventud durante el servicio militar español, un maltrato institucional que podría repetirse en el caso de implantarse de nuevo aprovechando el impulso bélicista que vivimos y con el pretexto de fortalecer la seguridad europea.

Nos gustaría vernos, reflexionar juntas, sonreírnos de nuevo y seguir imaginando contigo otra existencia, ¿te vienes?

Fuente: https://www.politicanoviolenta.org/...

El asesinato de Saif al-Islam y la unidad prohibida de Libia

11 Febrero 2026 at 00:01
Por: (tortuga)

Beto Cremonte
Fuentes: PIA GLOBAL

“Los hombres podrán partir, pero Libia permanece”. Con esas palabras, el equipo político del Saif al-Islam Gaddafi anunció su asesinato en su residencia de Zintan.

El comunicado no habló de una muerte cualquiera: habló de martirio, de traición y de un crimen contra la patria. Este comunicado emitido a horas del asesinato no se trató solo de un réquiem, fue una acusación política, un posicionamiento ejemplar aún en la despedida de su líder. La emboscada artera con la que produjo el asesinato de Saif al-Islam acabó con un proyecto cercano de la unidad de Libia no como evocación del pasado, sino como reconstrucción a futuro.

La escena resuena con fuerza en la memoria libia. Hace quince años, su padre, Muammar Gadafi, era capturado y ejecutado tras la intervención militar de la OTAN, UE y Estados Unidos que destruyó el Estado libio bajo el pretexto de la “protección de civiles” y el derrocamiento de la supuesta tiranía que representaba Gadafi. Desde entonces, Libia no logró recomponerse como nación: quedó partida entre gobiernos rivales, milicias armadas, tribus enfrentadas y potencias extranjeras que negocian su futuro desde fuera. Los procesos de reconfiguración del Estado libio y la tan esperada y prometida reconstrucción nunca llego, de hecho se profundizaron las divisiones incluso desde los diferentes apoyos externos que recibían y reciben cada una de las facciones que ya no pugnan por ver quién se queda con lo que quede de Libia, sino que lo hacen en pos de mantener ordenado el desorden que produce la partición del país.

Quizás como un preludio de lo que vendría más tarde o como una demostración de la inteligencia y ubicación política Saif al Islam Gadafi ya veía en ese trágico 2011 libio el futuro de su país, “Toda Libia será destruida. Necesitaremos 40 años para llegar a un acuerdo sobre cómo dirigir el país, porque hoy todos querrán ser presidente o emir, y todos querrán gobernar el país.” (Saif al Islam Gadafi, 2011)

En este contexto de división y guerra interna Saif al-Islam había reaparecido como una figura incómoda. ÉL no comandaba ejércitos ni prometía victoria militar, pero sí hablaba de reconciliación, de soberanía y de una Libia unificada. Lo que muchos leían en su discurso como una herencia del pasado; para otros era la posibilidad concreta de cerrar la guerra. Su asesinato no elimina solo a un hombre, elimina un proyecto que no encajaba en el sistema de fragmentación que gobierna o mejor dicho desgobierna al país desde 2011.

Saif al-Islam: biografía política de una Libia imposible

Hablar y detenerse a pensar en Saif al-Islam Gadafi es hablar de una Libia que intentó reformarse sin destruirse y de otra que fue destruida sin poder reconstruirse, la paradoja que sin dudas tiene autores intelectuales y materiales, ya hemos mencionado a la OTAN, UE y EE.UU detrás de la destrucción de Libia a partir de 2011. Y es en ese contexto y previamente a este año que la influencia y trayectoria de Saif cobra relevancia dentro y fuera del país ya que sin ser un jefe militar o un caudillo tribal armado, sino un actor político que emergió en el tramo final del Estado libio como rostro de una transición interna posible en la cual se destacaba la modernización institucional, la lucha contra la corrupción y la reconciliación entre tribus y regiones desplazadas del centro del poder. Claramente una figura que incomodaba a los sectores que justamente buscan todo lo contrario para Libia.

Formado en derecho y ciencias políticas, ocupó un lugar singular en el último período del gobierno de su padre. Mientras el gobierno era leído desde fuera como monolítico, hacia dentro se abría una tensión entre continuidad y reforma. Saif representaba esa grieta interna, hablaba de Constitución, de Estado moderno y de reinserción internacional sin renunciar a la soberanía y al panafricanismo por el que su padre aun luchaba. Como hemos mencionado no era un militar ni un burócrata clásico; era, en términos libios, un político dentro de un sistema construido sobre liderazgos revolucionarios.

En este sentido también podemos mencionar que el joven Saif al-Islam fue crítico del proceso libio, su formación liberal de la escuela económica de Londres lo llevó incluso a criticar al sistema libio de democracia directa y a pesar de ello también pudo ser autocritico con su propio pensamiento ya que a medida que se fue involucrando en el gobierno de su padre se convirtió en un ferviente defensor de la Jamahariya (término acuñado que se traduce aproximadamente como “Estado de las masas” o “República de las multitudes”, derivado de jamahir (masas) en lugar de jumhur) en el 2011 anunciando y entendiendo que era el único sistema posible en Libia, “Advierto que sin la Jamahiriya, Libia caerá en caos, la Jamahiriya es la única barrera contra el caos destacando que la Jamahiriya era un logro histórico que debe evolucionar, no destruirse”. La Gran Jamahiriya Árabe Libia Popular y Socialista fue el nombre oficial de Libia entre 1977 y 2011, bajo el gobierno de Muamar Gaddafi, basado en la “Teoría de la Tercera Internacional” y el Libro Verde, el estado se autodenominaba una democracia directa de masas o “Estado de las masas”.

Esa posición lo volvió incómodo para todos, incluso para los sectores más duros del viejo poder, porque implicaba cambios, implicaba salir de los viejos cánones de la política libia. Para los actores externos que veían a Libia como un Estado a desmontar y no a reformar, porque ofrecía una alternativa al colapso. Cuando en 2011 la intervención de la OTAN y Estados Unidos destruyó la arquitectura estatal bajo el discurso humanitario, Saif pasó de heredero reformista a botín de guerra. Fue capturado por una milicia de Zintan y encerrado durante años en un limbo jurídico, una prisión política en un país sin Estado.

Ese cautiverio transformó su figura. Dejó de ser simplemente “el hijo de Gadafi” para convertirse en símbolo de una Libia humillada y fragmentada. Mientras el país se dividía entre gobiernos rivales, milicias armadas y tutelas extranjeras, Saif quedaba suspendido como testimonio vivo de la ruptura histórica de 2011. Para muchos libios, su prisión fue la prueba de que la promesa de democracia había llegado en forma de desorden, venganza y desintegración.

Cuando volvió a aparecer públicamente, su discurso ya no fue el de la reforma del viejo sistema, sino el de la reconciliación nacional. No habló de restauración ni de revancha, sino de unidad, soberanía y reconstrucción del Estado. En una Libia saturada de líderes armados, su propuesta era política, elecciones, pacto entre tribus y fin de la lógica de la milicia como árbitro supremo.

Para amplios sectores del centro y sur del país, Saif comenzó a representar tres memorias superpuestas, la Libia soberana anterior a la guerra, la Libia destruida por la intervención extranjera y la Libia que todavía podía volver a ser nación. Su capital político no provenía solo de la nostalgia, sino de una legitimidad construida en la derrota y en la prisión, algo que en la cultura política libia pesa tanto como la victoria militar.

El comunicado de su equipo político tras el asesinato cristaliza esa construcción simbólica. No habla solo de una muerte, sino de un martirio. Lo presenta como “el verdadero proyecto de reforma nacional” y como un hombre que “nunca vendió la soberanía de su país”. Ese lenguaje traslada la política al terreno moral y convierte su figura en patrimonio colectivo. La sangre deja de ser solo tragedia y pasa a ser bandera. La bandera de unidad Libia. A diferencia de su padre, no aparece como jefe revolucionario sino como candidato de la reconciliación. Ya no es el líder del Estado bombardeado, sino el político que intenta reconstruirlo desde sus ruinas.

Su horizonte era también panafricano, al ser heredero del proyecto africano de Muammar Gadafi, Saif tradujo esa visión en un lenguaje menos épico y más institucional: una Libia africana, no subordinada al Mediterráneo europeo ni a agendas externas.

Por eso su figura desbordaba lo interno, hacia una Libia unificada volvía a ser actor africano. Una Libia fragmentada seguía siendo tablero de otros. En ese cruce, reunía tres condiciones raras en la Libia posterior a 2011: legitimidad histórica, legitimidad moral y proyecto político de soberanía y reconciliación.

Su asesinato no elimina solo a un individuo sino que elimina una trayectoria que comenzaba a articular pasado, presente y futuro en una misma figura. Y devuelve una pregunta que atraviesa toda la tragedia libia, si cada intento de unidad termina silenciado, ¿qué espacio queda para que la política vuelva a reemplazar a las armas?

El tablero externo y la economía política de la fragmentación

La muerte de Saif al-Islam ocurre en un momento de reactivación diplomática internacional que revela al menos una verdad incómoda, Libia ya no es tratada como una nación a reconstruir, sino como un territorio dividido que puede administrarse por partes y que además esa partición es favorable para que los actores externos mantengan en línea cualquier intento de cambiar ese statu quo.

La gira del enviado estadounidense Massad Boulos por Trípoli y Bengasi, reuniéndose tanto con Abdelhamid Dbeibah como con sectores vinculados a Khalifa Haftar, no fue un gesto protocolar. Fue una intervención directa en el corazón de la fragmentación libia. No llegó con un proyecto de reconstrucción estatal profunda, sino con una agenda de estabilidad, desbloqueo de fondos y acuerdos económicos. En una Libia sin soberanía plena, esos temas no son técnicos: son políticos. Es en este sentido que los recuerdo vuelan hacia aquel 2011 y podemos quizás establecer cierto grado de paralelismo con la otrora visita de Hillary Clinton, en octubre cuando mataron, a Gadafi y dijo “Veni, vidi, vici” burlándose de la muerte de Muamar Gadafi, y justamente ahora llega Boulos y matan a Saif. Claramente podemos ver similitudes en ambos casos o (los menos distraídos) podemos observar los hilos de quienes potencialmente manejan las marionetas libias.

Al dialogar con ambos polos del poder, Washington no se sitúa por encima del conflicto, sino dentro de él. No conversa con un Estado unificado, sino con sus fragmentos. Y al hacerlo consolida una lógica instalada desde 2011 en la que la política libia se decide a través de actores armados y padrinazgos externos.

Lo mismo ocurre con Europa, donde París vuelve a funcionar como escenario de negociación entre élites libias ya que hace muy poquitos días se reanudaron los contactos políticos entre los dos principales polos de poder libios, con una reunión informal en la capital francesa entre Sadam Haftar, Comandante adjunto del Ejército Nacional Libio e hijo del mariscal Khalifa Haftar, e Ibrahim Dabaiba, Asesor de Seguridad Nacional del Primer Ministro del Gobierno de Unidad Nacional, Abdulhamid Dabaiba. Esta reunión y la gira de Boulos son, al menos, llamativas si vemos como corolario el asesinato de Saif a los pocos días de celebrarse ambos movimientos.

Que el futuro del país se discuta fuera de su territorio es una imagen precisa de soberanía desplazada. Francia, Italia o Alemania median, pero al mismo tiempo confirman que Libia sigue siendo tratada como expediente internacional antes que como nación capaz de decidir por sí misma. Ese mecanismo no es nuevo. Cuando la diplomacia internacional se activa sobre un país fragmentado, lo hace aceptando la fragmentación como punto de partida. Y al hacerlo neutraliza cualquier proyecto que aspire a recomponer un centro político soberano.

Cada potencia se conecta con un nodo interno, Haftar como interfaz militar del este, Dbeibah como interfaz administrativa del oeste, las milicias como intermediarias económicas y las tribus como base social capturada por pactos armados. La fragmentación se vuelve rentable ya que permite contratos múltiples, zonas de influencia y ausencia de un poder central que imponga reglas comunes.

En ese sistema, la unidad no es una aspiración abstracta sino es una amenaza concreta. Un liderazgo capaz de reunir tribus, regiones y legitimidad electoral implicaría renegociar todos esos vínculos. Pasar de un país administrado por nodos a un Estado con centro.

En este contexto de actualidad y fragmentación libia, la eliminación de Saif, abre la puerta a una expansión de la Hermandad Musulmana con apoyo de EAU, una mayor fragmentación social y lo que seguro será la celebración de elecciones presidenciales aprovechando que el factor popular y tribal se ha quedado sin su principal y única voz sabiendo, la de Saif quien entendemos era un serio candidato a ganar esas elecciones que finalmente nunca sucedieron.

La unidad como crimen político

El asesinato de Saif al-Islam no puede entenderse como un ajuste de cuentas, funciona como un veto político preventivo contra una posibilidad histórica de reconstruir un centro político soberano en un país organizado desde hace más de una década sobre la fragmentación y destrucción total del Estado.

Para Haftar, la unidad socavaba su legitimidad militar, mientras que para el poder de Trípoli, ponía fin a la transición interminable. Para las milicias, significaba desarme y pérdida de poder económico. Para las potencias externas, implicaba renegociar acuerdos estratégicos. Para todos, Saif era un factor disruptivo.

La violencia deja así de ser caos y se vuelve método siendo un mensaje claro ante todo intento de reconstruir soberanía en donde será castigado. En la Libia posterior a 2011, la unidad se transformó en delito implícito, no por ley, sino por estructura. Quien propone una sola bandera cuestiona al mismo tiempo a los liderazgos armados, a las economías de guerra, a las tutelas extranjeras y a la transición eterna.

Entonces el asesinato de Saif no elimina un pasado, ni siquiera elimina el posible legado del apellido, elimina un futuro potencial. No beneficia a un solo actor, sino a todos los que necesitan que Libia siga siendo un país dividido.

Quince años después de las bombas que destruyeron el Estado libio, la violencia ya no necesita aviones ni resoluciones internacionales. Alcanza con apagar unas cámaras y eliminar a quien se atreva a hablar de unidad. En Libia, hoy, la reconciliación sigue siendo peligrosa. Y la soberanía, un crimen sin perdón.


Beto Cremonte, Docente, profesor de Comunicación social y periodismo, egresado de la UNLP, Licenciado en Comunicación Social, UNLP, estudiante avanzado en la Tecnicatura superior universitaria de Comunicación pública y política. FPyCS UNLP.

Fuente: https://noticiaspia.com/el-asesinat...

Tomado de: https://rebelion.org/el-asesinato-d...

«¿Por qué nadie habla de desarmar a Israel, que tiene armas nucleares?»

10 Febrero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Maher Amer es director del Departamento contra el Apartheid de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y George Rashmawi, coordinador de la Iniciativa Europeo-Palestina contra el Apartheid y el Colonialismo de Asentamiento (EPIAAS). La entrevista se realizó en Iruñea de forma conjunta.


Vivir la destrucción de Gaza desde la distancia es, para Amer y Rashmawi, una experiencia especialmente dura. Ambos insisten en dejarlo claro desde el inicio de esta entrevista, realizada en Iruñea: «El genocidio no ha terminado». Desde Ramallah y Hamburgo, respectivamente, cuestionan el relato del alto el fuego y recuerdan que, tras más de cien días de una «tregua» al menos 451 palestinos han muerto. Una cuarta parte de la población ha resultado herida o muerta desde el 7-O, insisten. El 92% de las viviendas están destruidas, no quedan hospitales, escuelas ni universidades, y Gaza sigue sin acceso regular a comida, agua, atención médica o electricidad. Para ambos, el mayor desafío es romper la ilusión de normalidad y «hacer entender al mundo» que la devastación continúa y que la movilización sigue siendo «imprescindible» pese a la puesta en marcha de la controvertida Junta de Paz de Donald Trump.

¿Han logrado Israel y EEUU sacar a Gaza del foco de atención internacional?

¿Por qué en los medios de comunicación internacionales ya no hay imágenes ni reportajes sobre la situación? Trump, con su plan de 20 puntos, ha conseguido que la gente piense que ahora hay un alto el fuego. Que no hay nada más que hacer en Gaza. Netanyahu, mientras, ha logrado tres objetivos: liberar a los rehenes israelíes, destruir la resistencia palestina y evacuar a la población de Gaza. Ahora el mundo mira fuera de Gaza. Por ejemplo, a Venezuela.

Trump ha anunciado la creación de la Junta de Paz con líderes de todo el mundo, incluido Israel. ¿Cómo evalúa esta iniciativa?

Tras dos años de genocidio, la población está cansada y vive en una situación de incomprensión. Esto debía terminar. Por eso, los grupos de resistencia palestinos aceptaron el alto el fuego, pensando que necesitaban una pausa. Podemos cambiar la situación más adelante. Así, la primera etapa ha terminado y ahora entramos en la segunda. En ese contexto, Trump intenta crear una Junta de Paz que, por los estados que lo integran, parece un consejo opuesto a la ONU. Se presenta como un hombre de paz, pero ha visto lo que Israel ha hecho y lo ha apoyado continuamente. Por eso no creo que este consejo ayude más allá de mantener el alto el fuego. Creo que está montando un espectáculo y quiere declararse el emperador de este consejo.

¿Qué estrategia defiende la OLP?

La OLP no es una estructura homogénea. Está formada por muchas organizaciones palestinas, de derecha e izquierda, y según la cuestión política, a veces estamos a favor y otras en contra. Los dirigentes de la OLP, parte del comité ejecutivo, enviaron una carta a Trump para agradecerle el consejo de paz. Otros no lo hicimos, porque sabemos lo que significa, creemos que no traerá ningún beneficio.

La división entre facciones sigue abierta, entonces.

Sí, hay una división. Diría que hay tres cuestiones clave sobre este consejo: quién lo compone, qué trabajo hará, es decir, si servirá al pueblo palestino o a Israel y a su intención de evacuar Gaza, y si intentará que los palestinos entreguen las armas. Si se escucha a Trump, dice que no habrá armas en Gaza. Pero los grupos de resistencia palestinos nunca entregarán las armas.

Por tanto, ¿es realista plantear un desarme completo de Hamas y de otras milicias?

Intentaré responder de otra manera. La historia de la revolución palestina nos dice que nunca hay que entregar las armas. Me refiero al año 1982 en Beirut. Yasser Arafat, en ese momento, entregó las armas al Ejército libanés. Al día siguiente, el 17 de septiembre de 1982, la Falange Libanesa se reunió con soldados israelíes. Al frente estaba el ministro de Defensa israelí, Ariel Sharon. Atacaron dos campos de refugiados en el Líbano y mataron a miles de palestinos [masacre de Sabra y Chatila]. Por eso decimos que daremos nuestra alma, pero nunca nuestras armas. Ese es nuestro lema. Ahora bien, podemos encontrar formas de reducir las armas, pero nunca encontraremos una forma de renunciar totalmente a ellas.

Con esas premisas, ¿podría darse un desarme parcial?

Sí, tal vez. Pero no entiendo por qué el mundo y los países y medios occidentales siempre hablan de desarmar a la resistencia palestina.

Pregunto sobre las exigencias de Trump. Por aclarar cuáles pueden ser los escenarios futuros.

Lo sé, pero ¿por qué no hablan de desarmar a Israel, que tiene armas nucleares? No quieren ninguna resistencia en la región: ni en Líbano, ni en el sur de Siria, ni en Irak, ni en Irán. Para controlarla, deben destruir toda resistencia contraria al colonialismo y al imperialismo, esa es la política de Trump y Netanyahu. Creo que el Estado que destruyó Gaza debe reconstruirla y rendir cuentas por este genocidio. ¿Cómo puede Israel hacer todo esto sin ser castigado? Eso no es normal.

La Administración Trump está tratando la reconstrucción de Gaza como un negocio. ¿Es esta una nueva forma de control económico?

Por supuesto. Israel es el brazo del imperialismo estadounidense. Lo que hace en la región va más allá del control de la población y de la resistencia: controla el gas y el petróleo de toda la zona, desde Arabia Saudí hasta Qatar, Emiratos Árabes, Bahréin y Kuwait. Trump lo justifica en nombre de la «seguridad nacional», el mismo argumento que utiliza cuando habla de Groenlandia. Ese pensamiento se basa en la doctrina Monroe de 1823, que definía qué partes del continente americano debían ser controladas por EEUU. Por eso habla de comprar Groenlandia, aunque su población lo rechace, igual que nosotros decimos que Palestina no está en venta. Es la misma política.

Si finalmente Gaza es gobernada por un comité de tecnócratas palestinos, ¿podría allanar el camino para el regreso de la Autoridad Nacional Palestina (ANP)?

Debe existir una conexión entre Cisjordania y Gaza. Nuestra visión es tener un Estado en Cisjordania y la Franja de Gaza, con Jerusalén como capital y grantizando derecho de retorno de los refugiados. Este comité tecnócrata está formado por palestinos, aunque Trump lo haya modificado a su antojo, y su cometido es ayudar a la población y reconstruir Gaza. Ahora bien, no se puede reconstruir Gaza separándola de la geografía del Estado palestino.

Por eso, para nosotros debe haber una conexión con la Autoridad Palestina, aunque nos opongamos a ella. Esa conexión geográfica debe mantenerse, porque si Gaza se separa de Cisjordania, nuestro proyecto político desaparece. Apoyamos el comité para garantizar la ayuda y la vida en Gaza, pero rechazamos cualquier tutela impuesta por la llamada Junta de Paz de Trump y Netanyahu, cuyo lugar legítimo está en la Corte Penal Internacional.

Sin embargo, ¿por qué la Autoridad Nacional Palestina quedó al margen de esta negociación?

Porque Trump e Israel no lo quieren. Y voy a intentar explicarlo con otra frase. Si eres débil, todo el mundo te traicionará. Pero si te mantienes firme y dices «no, no acepto estas cosas», intentarán buscar otra vía. Sin embargo, la Autoridad Palestina siempre dice que sí. Piensan que más adelante tendrán quizá un lugar en el tren de las negociones. Pero Israel y Trump no piensan así, buscan aislarla cada vez más y cortar la esperanza del pueblo palestino de construir un Estado. La Knesset ha votado contra la creación de un Estado en Cisjordania y Gaza, lo que demuestra que hoy no hay posibilidad de construir un Estado. Aun así, creemos que mantener la conexión es importante.

¿Cuál es la opinión de los gazatíes respecto a la Autoridad Palestina?

Los palestinos que viven en Gaza no tienen nada. No hace falta que lo repita. Para ellos, si el diablo llegara allí y les ayudara, lo aceptarían. Quizás ahora se entienda mejor.

Hay muchas preguntas sobre la fuerza internacional que se va a implantar en Gaza. ¿Sería una fuerza para mantener la paz o una fuerza destinada a enfrentarse a Hamas?

Esta es la pregunta principal y más importante. Si se leen los 20 puntos del acuerdo, no hay ninguno que indique que esta fuerza tenga como objetivo desarmar a los grupos de resistencia palestinos. Hay una frase que habla de sacar las armas. Ahora se dice que Hamas y otros grupos quedarían libres si entregan sus armas, pero para el pueblo palestino eso significaría quedar fuera de juego.

Muchos países debaten el envío de soldados a Gaza.

Será una fuerza de mandato. Por un lado, se busca controlar Gaza y, por otro, desarmar a los grupos de resistencia. Pero esa fuerza no podría hacerlo: estaría integrada también por soldados árabes, no solo europeos, y estos no aceptarían llevar a cabo acciones contra los palestinos, como atacar a los grupos de resistencia.

¿Cuál será el futuro papel de Hamas y los diferentes grupos de resistencia?

Hamas tendrá un lugar en Gaza. No es solo un grupo de resistencia, gobierna y cuenta con el apoyo de una parte de la sociedad palestina. Hamas seguirá ahí, quizá como partido político y quizá con otro nombre. No lo sé. El objetivo principal de la resistencia es permitir que la población permanezca en su tierra, en Gaza y en Cisjordania, ayudar a la UNRWA en los campos de refugiados y evitar la demolición de casas en Jerusalén. El otro programa, el programa sionista de Netanyahu, Ben Gvir y Smotrich, es una Palestina sin palestinos.

Varios gobiernos occidentales y árabes hablan de la solución de los dos estados. ¿Cómo lo ven ustedes?

El equilibrio de poder es el nombre en clave de la solución política. Ahora, el equilibrio de poder no está del lado del pueblo palestino; estamos a la defensiva, no en acción. Falla la unidad entre las facciones palestinas, aunque existe un programa político que se trabajó en Pekín en julio de 2024. En estas condiciones no podemos hablar de construir un Estado. ¿Con quién? ¿Con Netanyahu? No hay hoy ningún movimiento democrático en Israel que permita tender puentes con el pueblo palestino. Desde una lógica de política real, nuestro objetivo es establecer un Estado en el 22 % de la Palestina histórica. No estamos en contra de un Estado democrático compartido, pero no podemos vivir bajo el colonialismo ni el apartheid. Las reglas del orden mundial están cambiando y debemos ser realistas y desarrollar un programa político contra ese proyecto colonial.

Fuente: https://www.naiz.eus/es/info/notici...

Sáhara: Historia de una traición

9 Febrero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Rafael Gómez Parra

Primero colonia española, luego provincia número 53 y ahora regalada por el PSOE a Marruecos. Durante los últimos 50 años, el pueblo saharaui ha resistido, pacíficamente y con las armas en la mano, la violenta invasión marroquí apoyada ahora por Donald Trump y Pedro Sánchez

El 31 de octubre de 2025 se dio una nueva vuelta de tuerca a la desaparición “jurídica” del Sáhara, la antigua provincia número 53 de España, con una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU presentada por el gobierno norteamericano, aprobada por 11 votos a favor, tres abstenciones, incluidas la de Rusia y China, y sin la participación de Argelia, que respalda el plan de autonomía presentado por Marruecos tras 50 años de conflicto en el que el ejército marroquí ha ido por delante, seguido por una invasión de nuevos colonos, que al estilo israelí, han arrebatado tierras y pueblos a sus auténticos habitantes.

Tras la resolución del Consejo de Seguridad, el diplomático norteamericano, Christopher Ros, que fue enviado especial del secretario general de la ONU para Sáhara occidental entre 2009 y 2017 afirmó que los saharauis no están dispuestos a convertirse en lacayos de Mohamed VI. “A pesar de lo dura que sea la vida aquí en el desierto, siempre será mejor que besar la mano del rey·, cuenta que le dijo un estudiante saharaui.

La lucha en el Sáhara continua aunque nadie informe de ello: En las últimas semanas, unidades del Ejército Popular de Liberación Saharaui (ELPS) atacaron varias bases de intervención y apoyo del ejército marroquí en las zonas de Russ Tamluzat y Rkeyeiz, Ichrik Lagrab, en el sector de Guelta, causando bajas mortales en las filas del ejército invasor marroquí.

Desde la ruptura del Alto el Fuego y el comienzo de la guerra, el 13 de noviembre de 2020, las unidades del ELPS han estado hostigando las fuerzas de ocupación por todo el territorio, principalmente en sectores adyacentes al muro militar marroquí.

El 31 de Mayo, la policía marroquí impidió a los miembros de la “Marcha por la libertad de los presos políticos saharauis”, desembarcar en Tánger.

La Marcha, encabezada por Claude Mangin, esposa del preso político saharaui Naama Asfari, tenía prevista llegar a la prisión de Kenitra, con el fin de constatar la situación de privación de libertad del grupo de presos políticos saharauis.

Todo ello a pesar de la historia de traiciones que este pueblo ha tenido que soportar, empezando por la potencia colonial, España, que comenzó con la “Marcha Verde” (Negra lo llaman los saharauis) el 6 de noviembre de 1975, cuando el dictador Franco ya muriéndose dio orden a sus generales de retirarse.
Mapa del Sáhara, 1958.

“Y llega el 14/11/1975. Un crimen de lesa humanidad –como recuerda el escritor Haddamin Moulud Said-. Tres regímenes se habían confabulado para hacer desaparecer, al pueblo saharaui, de la faz de la tierra. Una satánica empresa, creada a los solos efectos de borrarnos del mapa. El régimen de la transición española, el régimen alauita en Marruecos y el régimen de Uld Daddah en Mauritania, habían aunado sus esfuerzos para eliminarnos de un plumazo. No escatimaron esfuerzos en el empeño”.

El pueblo saharaui, solo y abandonado, logró sacar fuerzas de flaqueza, y con el único apoyo instrumental de Argelia, logró organizarse tras el Frente Polisario (Frente Popular de Liberación de Saguía el Hamra y Río de Oro) y su brazo armado el Ejército de Liberación Popular Saharaui, lograron parar las primeras incursiones del ejército marroquí y mantener libre gran parte de su territorio durante 50 años.

Pero llegaron las traiciones, primero de los partidos de la derecha que tanto presumían del “imperio español” y que cuando llega el momento de la verdad, sus generales se guardan sus honores en “salva sea la parte”, como decía recientemente un amigo saharaui rememorando una frase muy española. Hasta el rey Juan Carlos llamaba “primo” a su colega marroquí Hassan II.

Y luego, como siempre, llegó la socialdemocracia, que durante años alardeó de sus simpatías por el pueblo del desierto para finalmente venderlo al mejor postor, en este caso Marruecos, a pesar de que el Frente Polisario pertenece a la Internacional Socialista. Los tejemanejes del PSOE se han ido fraguando en la sombra, al margen de los pueblos, tanto el saharaui como el español donde el primero goza de grandes simpatías.

Felipe González no hizo nada por ayudar al Polisario a recuperar las tierras invadidas por Marruecos, lo mismo que Aznar, pero dio los primeros pasos para que en 2004, José Luis Rodríguez Zapatero, corrió a entrevistarse con su amigo Mohamed VI, nada más tomar posesión de su cargo y así “inaugurar una nueva era de entendimiento profundo y cooperación bilateral” basada en la lucha contra el terrorismo.

Más adelante, el jefe del Ejecutivo español dio un paso adelante más contra los saharauis afirmando “que conoce desde hace tiempo el plan de autonomía para el Sáhara que promueven las autoridades marroquíes y que mantendrá una actitud constructiva y colaboradora con la ONU”. Más claro agua: “Es un tema que Marruecos tiene que liderar” y que “la comunidad internacional está por respetar la iniciativa de Marruecos (la de ofrecer un estatus de autonomía al Sáhara) y llegar a un acuerdo”.

La traición estaba en marcha y así lo entendieron muchos dirigentes socialistas, hasta el punto de que en 2018, la eurodiputada aragonesa por el PSOE, Inés Ayala, al referirse al Sáhara Occidental, utilizó la expresión “provincias del Sur”, dando a entender que la ex provincia española forma parte de Marruecos.

El escritor aragonés Enrique Gómez sintetizó en ese 2018 los cambios que se avecinaban con el Gobierno de Pedro Sánchez hacia el Sáhara: “Hace unos
días el Ministro de Exteriores Josep Borrell ante una pregunta de un diputado canario en el Congreso decía que ‘España no es considerada potencia administradora en las resoluciones anuales de la Asamblea General que se refieren a la descolonización del Sáhara Occidental, ni aparece como potencia administradora en la lista de Territorios no Autónomos de Naciones Unidas”.

“La duda sobre si España es o no la potencia administradora del territorio del Sáhara Occidental podría habérselo preguntado a su compañero de Consejo de Ministros Grande-Marlaska –seguía Gómez-. Sin duda Marlaska le hubiera dicho que la Sala de lo Penal. Auto Nº40 / 2014 de la Audiencia Nacional de la que era presidente declaró que “España de iure (que significa literalmente ‘de derecho'), aunque no de facto, sigue siendo la potencia administradora del territorio y como tal, hasta que finalice el periodo de descolonización debe cumplir con sus obligaciones” .

En este cúmulo de traiciones, llegó el momento solemne en 2020, cuando a punto de abandonar la Casa Blanca Donald Trump reconocía la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental y le dejaba el camino expedito a su sucesor Joe Biden para que rematara su trabajo con el consiguiente reguero de apoyos a Marruecos por parte de los principales países de la Unión Europea.

El primero en apuntarse al plan de Trump fue Pedro Sánchez que en 2022 viajó a Marruecos para entrevistarse con Mohamed VI, quien, a través de un comunicado de la casa real marroquí, informaba del cambio de postura del presidente español con respecto al Sáhara Occidental a través de una presunta carta, que Sánchez dijo haber remitido a Marruecos, pero de la que el propio Gobierno español es incapaz de hacer público el original.

“No se ha explicado esa decisión unilateral –decía la periodista saharaui Ebbaba Hameida Hafed-, ni a la propia Cámara, que lo ha exigido en varias ocasiones. (…) Pensé que España se iba a parar, porque si preguntásemos en un referéndum a los españoles sobre la posición del país respecto al Sáhara, estoy convencida de que sería favorable al pueblo saharaui. Hay multitud de asociaciones de apoyo por todo el país.”

* Artículo publicado en el periódico “El Otro País”, nº 116, Noviembre-Diciembre 2025

Fuente: https://loquesomos.es/sahara-histor...

Tomado de: https://rebelion.org/sahara-histori...

Los jóvenes españoles no quieren ser soldados: El ejército español tiene casi un millar menos de efectivos que hace un año

8 Febrero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

España tiene menos militares que hace un año y no consigue seguir el ritmo de Europa: “Los jóvenes no quieren formar parte de las Fuerzas Armadas”

Miguel Moreno Mena

Los jóvenes siguen sin atender la llamada para unirse al Ejército, y las Fuerzas Armadas sufren las consecuencias. El número de militares, lejos de crecer con el paso de los años, como sería necesario para cumplir con los compromisos internacionales, sigue disminuyendo. Los últimos datos del BOE, publicados el pasado 6 de enero, muestran una reducción de 823 profesionales.

Por el momento, los números no cuadran. La última convocatoria de plazas de tropa y marinería es de 4.500 plazas, pero hay que tener en cuenta los militares que abandonarán el ejercicio a lo largo de 2026. El secretario general de AUME, Iñaki Unibaso, tiene claro cuál es el problema: “Los jóvenes no quieren formar parte de las Fuerzas Armadas”.

La dificultad para atraer a los jóvenes no adelanta un escenario muy positivo. Hace dos meses, el Observatorio de la Vida Militar alertó sobre el descenso del interés por la carrera militar. La ratio de solicitantes por plaza cayó de 27,9 en 2013 a 4,2 en 2024. El organismo advirtió que esta tendencia es “muy preocupante”. En esta misma línea argumentaba Unibaso, al ser preguntado por Infobae: El portavoz de la asociación señalaba que los jóvenes no quieren ir al Ejército, y que “los que tenemos se marchan para encontrar una mejor situación laboral”.

El problema del número de militares

La cumbre de la OTAN celebrada en La Haya en el mes de agosto dejó muchos titulares sobre la inversión en Defensa. Pedro Sánchez fue el principal opositor a alcanzar el 5% del PIB, recibiendo las críticas de Donald Trump por ello. Meses después, el Gobierno y la Alianza aseguraron que España había llegado al 2,1%, primera cifra acordada. No obstante, este no fue el único asunto al que se comprometió el Ejecutivo. Como adelantó El País, España habría aceptado sumar 14.000 militares de cara a 2035.

Conociendo la información más reciente, este pacto, aunque con margen de maniobra, resulta complicado de alcanzar. El último dato del BOE muestra que España ha pasado de tener 129.128 militares a 128.305, lo que supone una reducción de 823. Aunque la caída no es muy grande, teniendo en cuenta el número total, revela la dificultad para encontrar la fórmula con la que dar la vuelta a la situación y aumentar el número. Para 2029, se deberían haber sumado 7.000 efectivos al total del Ejército.

Comparación con Europa

Al observar otros países del continente, queda claro que España no está avanzando con sus Fuerzas Armadas al mismo ritmo, en lo que se refiere a efectivos disponibles. Francia y Alemania, aunque es cierto que cuentan con una mayor población, superan con creces el número de militares, llegando a 264.000 y 184.324, según los datos más recientes de sus organismos públicos. Esto significa que Francia ha logrado mantenerse con respecto al año pasado, mientras que Alemania ha sumado unos 1.000 soldados.

En el caso de Italia, tiene un total de 165.000 soldados. Polonia es el caso más exagerado, por su cercanía con Rusia, con su plan de llegar a medio millón de militares y ser el Ejército líder de Europa. Por otro lado, más allá del número total, en los últimos meses Francia, Bélgica o Alemania han recuperado el servicio militar. En principio, es de forma voluntaria, pero ofreciendo un salario a cambio. Además, el canciller alemán, Friedrich Merz, aseguró que, de no llegar al número necesario, podría llegar a ser obligatorio. En el caso de España, la vuelta de la mili como solución sigue resultando inviable.

Fuente: https://www.infobae.com/espana/2026...

El combustible de uso común para el ejército español contamina lo mismo que una ciudad como València o Sevilla

8 Febrero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

La Junta de Contratación del Ministerio de Defensa ha publicado la licitación para un contrato de suministro de combustible líquido para el ejército con plazo de duración de 36 meses y presupuesto de 1.476,15 millones de euros.

¿Cuántos litros y cuántas emisiones son 1.476 millones de euros de combustible?

Pues lo cierto es que no lo conocemos, porque en la actual publicación de la licitación no aparecen los pliegos de condiciones de los que podríamos sacar algunas conclusiones.

De nuevo nos toca hacer estimaciones.

¿Cuántos litros puede abarcar este contrato?

Pues ello depende del precio por litro. Como se trata de un contrato con once lotes con distintas categorías de combustible, las cosas se complican a falta de información, pero sí podemos hacer una doble comparación: una, con los contratos que para años previos licitó Defensa en función del Convenio marco firmado para suministro. Y dos, con los contratos de suministro de combustible fósil de AENA.

Así las cosas, en 2022, el más reciente en el que contamos con un contrato de suministro para Defensa, el ministerio estimó un consumo de 206 millones de litros anuales para un suministro mucho menor que el actual, con un importe litro de aproximadamente 0´60 euros.

Digamos de paso, para aclarar un precio tan lejano del común de los mortales, que conforme a la ley 38/1992 de 28 de diciembre. El combustible para uso militar (de aquí o de la OTAN) no paga impuestos. Creo que no es la primera vez que indico que Defensa no paga impuestos y, por tanto, sus retornos son bastante pobres y dañinos para la sociedad (en este caso nos retorna contaminación y emisiones, pero no contribuye a sostener las necesidades sociales, sino que nos endosa el coste de su actividad sin preguntarnos por nuestras opciones o preferencias).

Por otra parte, los precios actuales de queroseno (Jet A-1) para los grandes aeropuertos españoles está rondando los 0,58-0,69 euros/litros descontados impuestos.

Vamos a ser generosos en nuestras estimaciones y a suponer que defensa, por su cara bonita, pagará el litro a 0´70 euros en el actual contrato.

La operación para saber cuántos litros de combustible puede importar esa millonada de contrato se nos ha simplificado. Estimemos que al precio de 0´7 vayan a quemarse al menos 2.108´6 millones de litros de combustible. Una verdadera burrada.
Bien, nos vamos acercando al objetivo.

¿Y cuantas emisiones provocan 2.108,6 millones de litros de combustible?

Pues usando otra nueva comparación de nuevo (daos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica) cada litro de gasolina de la que usan los coches emite 2,6kg de CO2, lo que nos arroja que la emisión será de aproximadamente 6´8 millones de toneladas de CO2 para el contrato que nos traemos entre manos.

Horror. Menuda huella ecológica.

De nuevo acudimos a otra estimación. La del consumo de los coches.

Si tomamos cono referencia el consumo de un coche medio en España (12.500 km/año y 6´5 litros a los cien kilómetros, podemos estar ante un consumo equivalente a más de 2.700.000 vehículos durante un año, o de la emisión media e CO2 que provocan más de 4.000.000 d vehículos.

Claro, que hay otra manera de verlo y, por comparación, estimar que equivale al consumo del 35% del combustible e Madrid al año (según el inventario de contaminantes a la atmósfera del propio ayuntamiento), de un poco más de lo que emite al año Sevilla o Valencia (según informes de sostenibilidad de ambas ciudades) o el de casi 4 veces al año el de una ciudad media como Valladolid.

Las emisiones de combustible fósil, con todo, ni son las únicas ni las más graves de la nociva actividad del ministerio. Al parecer la preocupación del mismo es alta y han anunciado que realizan estudios rigurosos sobre su propia huella ecológica, si bien, hasta donde se sabe, estos deben ser alto secreto de estado y el común de los mortales no tenemos acceso al desaguisado.

De modo que razón de más para pedir luz y taquígrafos porque resulta paradójico ese modo de proporcionarnos seguridad que tiene el tinglado de la defensa, consistente en provocarnos una inseguridad global evidente y, para colmo, contaminarnos con la nocividad y peligrosidad de su acción.

¡Pues ya lo tenemos!

Defensa no sólo no nos defiende de nada, sino que, frente a la ilusoria prédica de la ministra del ramo de que nos aporta ingentes retornos sociales, se confirma que en realidad si, pero de efectos negativos: ni aporta para sostener las necesidades sociales (dado que está exenta en sus compras y actividades del pago de impuestos, ni ayuda a la mejora del medio ambiente, sino que empeora las cosas con emisiones venenosas que nos perjudican muy gravemente.

XIII Jornades de Cultura Popular El Sarangollo: 11 i 22 de febrer i 4 de març

7 Febrero 2026 at 08:56
Por: (tortuga)

(Más abajo, en castellano)


Un any més arriben les Jornades de Cultura Popular El Sarangollo, organitzades pel Grup Antimilitarista Tortuga amb la col·laboració del Casal Jaume I d'Elx, el restaurant Cantó i el Club Il·licità de Sarangollo (CISAC).

Enguany es compondran de tres activitats que ens ajudaran a comprendre i sentir amb major fondària la relació íntima entre el poble i la vida.

El dimecres 11 de febrer tindrà lloc en el Casal Jaume I d'Elx (c/ Sant Jordi, 2) a les 19 h la xarrada Escodrinyant un misteri , a càrrec de Pascual Pastor, músic i activista. En ella ens endinsarem en el més profund del Misteri incidint, sobretot, en el seu caràcter popular.

Onze dies més tard, el diumenge 22, se celebrarà a les 16 h en el restaurant Cantó (c/Eduardo Ferrández García, 47-49) el XII Campionat Tortuga de Sarangollo. La participació (no necessita inscripció) és gratuïta i hi haurà un espai reservat per a l'aprenentatge d'aquest bell joc de cartes.

A més, prèviament, a les 14 h ens ajuntarem en el mateix restaurant a compartir una riquíssima costra. Podeu reservar telefonant al 601 17 14 11.

Finalment, el 4 de març a les 19 h tindrà lloc de nou en el Casal Jaume I d'Elx una xarrada a càrrec de Pascual Pastor: Un poble viu canta . La seua comesa serà analitzar com la música popular ha reforçat la vitalitat i el sentit de comunitat del nostre poble.

Us animem a vindre!

Un año más llegan las Jornadas de Cultura Popular El Sarangollo, organizadas por el Grup Antimilitarista Tortuga con la colaboración del Casal Jaume I d'Elx y el restaurante cantó.

Este año se compondrán de tres actividades que nos ayudarán a comprender y sentir con mayor hondura la relación íntima entre el pueblo y la vida.

El miércoles 11 de febrero tendrá lugar en el Casal Jaume I d' Elx (c/ Sant Jordi, 2) a las 19 h la charla Escodrinyant un misteri , a cargo de Pascual Pastor, músico y activista. En ella nos adentraremos en lo más profundo del Misteri incidiendo, sobre todo, en su carácter popular.

Once días más tarde, el domingo 22, se celebrará a las 16 h en el restaurante Cantó (c/Eduardo Ferrández García, 47-49) el XII Campeonato Tortuga Sarangollo. La participación (no necesita inscripción) es gratuita y habrá un espacio reservado para el aprendizaje de este bello juego de cartas.

Además, previamente, a las 14 h nos juntaremos en el mismo restaurante a compartir una riquísima costra. Podéis reservar llamando al 601 17 14 11.

Por último, el 4 de marzo a las 19 h tendrá lugar de nuevo en el Casal Jaume I una charla a cargo de Pascual Pastor: Un poble viu canta . Su cometido será analizar cómo la música popular ha reforzado la vitalidad y el sentido de comunidad de nuestro pueblo.

¡Os animamos a venir!

La banalidad del mal o cómo la gente normal construye el horror sin despeinarse

6 Febrero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Si te dijera que el mayor peligro para la humanidad no son los psicópatas sedientos de sangre, sino los burócratas competentes, probablemente pensarías que me estoy poniendo dramático. Que esto es clickbait intelectual. Que los verdaderos monstruos son Hitler, Stalin, Pol Pot… ya sabes, gente con bigote raro, discursos histéricos y biografías chungas.

Y no, te equivocarías.

Porque los Hitler del mundo no pueden hacer nada solos. Necesitan millones de personas normales (administrativos, ingenieras, médicos, profesores, policías, funcionarias) que simplemente hagan su trabajo. Que firmen los papeles correctos. Que hagan que los trenes lleguen a tiempo. Que optimicen los procesos. Que no hagan demasiadas preguntas.

El Holocausto no fue el resultado del trabajo de un grupo de sádicos nazis con poder. Fue construido por una burocracia eficiente llena de gente que llegaba puntual al curro, que organizaba bien el papeleo, y que volvía a casa a cenar con su familia como si hubieran pasado otro día normal en el trabajo.

Tú podrías ser uno de esos. De hecho, estadísticamente, es más probable que acabes siendo el currante eficiente que el Hitler gritando en los mítines. Porque ser Hitler requiere carisma, convicción fanática, y cierta grandiosidad, no como el de Vox. Pero ser el engranaje que hace funcionar la máquina solo requiere hacer tu trabajo y no pensar demasiado en las consecuencias.

Bienvenido a la banalidad del mal. Es aburrida, es ordinaria, y es exactamente cómo se construyen las atrocidades.

Hannah Arendt y el tipo más decepcionante del mundo

En 1961, Hannah Arendt cubrió el juicio de Adolf Eichmann en Jerusalén para la revista The New Yorker. Eichmann era uno de los principales arquitectos logísticos del Holocausto, responsable de organizar el transporte de millones de judíos a los campos de exterminio. Si alguien merecía el título de “monstruo”, era él. Eichmann era el Excel del Holocausto.

Arendt esperaba encontrarse con el Diablo, con un psicópata de ojos enloquecidos, babeando odio antisemita por cada poro, orgulloso de sus crímenes. Pero lo que encontró fue un coñazo de tío.

Eichmann era un burócrata mediocre, obsesionado con seguir las reglas y ascender en su carrera. Hablaba usando clichés y jerga administrativa. Se quejaba de que sus superiores no reconocían suficientemente su eficiencia organizativa. Citaba a Kant mal y se consideraba a sí mismo un hombre de principios porque “siempre cumplía las órdenes”. Probablemente era un poco corto. Era el sueño húmedo de cualquier departamento de recursos humanos.

No odiaba a los judíos de forma visceral. De hecho, había tenido amigos judíos antes de la guerra. Porque, claro, siempre hay un “tengo un amigo que…”, incluso en los genocidios. Simplemente tenía un trabajo que hacer: organizar horarios de trenes, optimizar rutas, gestionar recursos, solucionar problemas logísticos. Que esos trenes llevaran gente a su muerte era, para él, un detalle técnico. No una cuestión moral.

Cuando le preguntaron si sentía culpa, Eichmann respondió que no, porque él solo había cumplido órdenes. Nunca mató a nadie personalmente. Solo hacía papeleo. ¿Cómo podría ser responsable de lo que otros hacían con la información que él procesaba tan eficientemente?

Arendt acuñó el término “banalidad del mal” para describir este proceso. No escribió que Eichmann fuera banal en el sentido de “poco importante”. Escribió que el mal que cometió era banal, ordinario, burocrático, desprovisto de la grandiosidad demoníaca que esperamos de los monstruos. Una maldad sin aspavientos, vamos.

El mal más efectivo no necesita fanáticos que hablen como ladra un rottweiler. Necesita gente normal haciendo su trabajo y que no cuestione demasiado las tareas que le encargan. Gente que separe el “problema técnico que estoy resolviendo” del “resultado moral de mi trabajo”. Gente que diluya su responsabilidad personal en la estructura organizativa: “Yo solo firmo papeles. Yo solo conduzco trenes. Yo solo sigo órdenes. No soy responsable de lo que pasa después.”

El experimento mental: tu línea roja personal

Vamos a hacer un ejercicio. Voy a describir una serie de situaciones en escalada. Para cada una, pregúntate honestamente: ¿lo haría? No respondas rápido con un “por supuesto que no”. Piénsalo de verdad. Ponte en el contexto. Imagina las presiones reales a las que estarías sometido.

Situación 1: El trabajo normal

Trabajas en el departamento de inmigración del gobierno. Tu trabajo consiste en procesar solicitudes de asilo. Se aprueba una nueva ley que endurece los requisitos. A ti personalmente te parece injusta (crees que es demasiado estricta, que dejará fuera a gente que necesita protección) pero es la ley.

Tu jefe te dice: “Sé que no te gusta, pero es tu trabajo.”

¿Aplicas la ley aunque te parezca mal? ¿O renuncias a tu trabajo? Tienes una hipoteca. Dos hijos en el colegio. Una suscripción a Netflix que no se paga sola. Tu pareja depende de tu sueldo. El mercado laboral está difícil. Encontrar otro trabajo con tu sueldo actual no será fácil.

La mayoría de la gente aplicaría la ley. Racionalizarían: “Si no lo hago yo, lo hará otro. Al menos yo puedo ser compasivo dentro de los límites de la ley. Si renuncio, no cambio nada, solo me jodo yo.”

Situación 2: La escalada gradual

Seis meses después, la ley se endurece más. Ahora incluye deportaciones de familias enteras, incluidos niños nacidos en España. Has visto casos donde claramente están enviando gente de vuelta a situaciones peligrosas.

Procesas un caso: una familia con tres niños, dos de ellos nacidos aquí. Sabes que si los deportas, los niños crecerán en un país en guerra que no conocen, separados de todo lo que han conocido como hogar.

Pero los papeles están en orden. Técnicamente cumplen los criterios para deportación. Tu trabajo es procesar el caso, no juzgar la política.

¿Lo procesas? ¿O te niegas y arriesgas tu empleo?

La mayoría procesaría el caso. Con dolor, tal vez. Con dudas. Pero lo haría. Porque “solo estoy haciendo mi trabajo” es una narrativa muy poderosa. Porque la responsabilidad está diluida: tú no decidiste la ley, solo la aplicas. Tú no deportas físicamente a nadie, solo firmas papeles.

Situación 3: Cosas que prefieres no ver

Un año después. Las deportaciones se han intensificado. Se están volviendo violentas. Has visto (o has oído de colegas que han visto) a policías golpeando a gente que se resiste. Niños llorando. Familias separadas físicamente, a la fuerza. No es tu departamento directamente. Tú solo procesas la documentación. Pero trabajas en el mismo edificio. Pasas por los pasillos donde pasa esto. Lo sabes.

¿Denuncias? ¿Renuncias? ¿O sigues con tu trabajo diciéndote “yo solo proceso papeles, lo que haga la policía no es mi responsabilidad”?

La mayoría seguiría. Porque para entonces ya has normalizado cada nivel anterior. Ya has racionalizado tu participación. Ya has invertido dos años de complicidad. Retractarte ahora sería admitir que llevas dos años siendo parte del problema. Y tu cerebro prefiere cualquier cosa antes que admitir que estás cooperando y que eres parte necesaria.

Situación 4: Los campos

Pasan dieciocho meses. Ahora hay campos de internamiento. Oficialmente son “centros de procesamiento temporal” donde la gente espera mientras se tramita su deportación. Extraoficialmente, todo el mundo sabe que las condiciones son inhumanas. Hacinamiento. Falta de atención médica. Higiene precaria. Tu trabajo ahora incluye firmar órdenes de traslado a estos centros. Sabes adónde van. Sabes cómo están esos lugares y lo que pasa allí.

Pero técnicamente tu trabajo es solo verificar que la documentación esté en orden y firmar. Lo que pase en los centros no es tu responsabilidad. Otros departamentos gestionan eso. Ya se te está haciendo bola todo esto.

¿Sigues firmando?

La mayoría seguiría firmando. Porque cada paso hasta aquí ha sido normalizado. Porque renunciar ahora, después de años de complicidad, parece inútil. Porque “si no lo hago yo, otro lo hará, y al menos yo verifico que los papeles estén bien hechos.”

Situación 5: Rumores que prefieres ignorar

Tres años desde que empezó. Empiezan a circular rumores de que hay gente que la está palmando. Desnutrición. Falta de atención médica. Algunos hablan de cosas peores, pero son solo rumores, ¿verdad? No hay confirmación oficial. Y tú solo firmas papeles. No eres responsable de lo que pasa después de que la gente sale de tu oficina.

¿Investigas? ¿Exiges transparencia? ¿O te dices a ti mismo que si fuera tan grave, alguien más importante habría hecho algo?

La mayoría no investigaría. Porque para entonces ya han construido una muralla cognitiva entre “mi trabajo” y “las consecuencias de mi trabajo”. Porque investigar significaría confirmar algo que preferirías no saber. Porque si lo sabes con certeza, entonces tienes que actuar, y actuar significa perder todo lo que has construido en estos años.

¿En qué punto dijiste que no?

Sé honesto. ¿En cuál de estos escalones realmente habrías plantado cara? ¿O fuiste deslizándote peldaño a peldaño, cada uno justificable por sí mismo, hasta llegar a un lugar que al principio te hubiera horrorizado?

Esto no es ciencia ficción. Es exactamente el proceso por el cual funcionarios alemanes normales acabaron siendo engranajes del Holocausto. Hay funcionarios estadounidenses que han participado en la separación de familias migrantes. No dando saltos gigantes de “persona decente” a “cómplice de atrocidades”. Sino dando pequeños pasos, cada uno con su propia justificación, hasta que un día te miras al espejo y ya no reconoces quién eres.

O peor: te reconoces perfectamente, pero has normalizado tanto cada paso que ya no te parece problemático.

Los científicos que construyeron el fin del mundo

Hablemos de gente brillante haciendo cosas horribles con las mejores intenciones. Como tú cuando sales a tomarte una copa y te despiertas con alguien que no conoces a tu lado, como en las películas.

Fuera de coñas, el Proyecto Manhattan reunió a cerebros brillantes: Robert Oppenheimer, Enrico Fermi, Richard Feynman, Niels Bohr. Físicos de primer nivel, muchos de ellos refugiados del fascismo europeo, comprometidos con derrotar a Hitler. Teóricamente, antinazis.

Construyeron la bomba atómica sabiendo perfectamente que sería usada para vaporizar ciudades enteras. Ciudades llenas de civiles. Niños. Ancianos. Igual no sabían los detalles del cómo, el cuándo o el porqué, pero tú no construyes un arma de destrucción masiva sin saber que eso se va a usar en algún momento. Y oye, era gente que no tenía nada que ver con las decisiones militares de su gobierno.

Y lo hicieron. ¿Por qué? No porque fueran monstruos. Porque estaban demasiado fascinados por el problema técnico para detenerse a pensar en las implicaciones morales.

El desafío intelectual (¿podemos dividir el átomo? ¿Podemos crear una reacción en cadena? ¿Podemos calcular el yield exacto?) eclipsó completamente la pregunta verdaderamente: ¿amiga, deberíamos hacer esto?

A veces pienso que es de ser muy idiota pensar que no lo sabían. O sea, amiga, estás diseñando una bomba atómica, que va a liarla pardísima y tú tan pichi. ¿De verdad?

Feynman, en sus memorias, escribió cómo él y sus colegas celebraban cada avance técnico. Resolvían ecuaciones complejas, diseñaban mecanismos ingeniosos, superaban obstáculos que parecían imposibles. Era emocionante. Era el desafío intelectual de sus vidas.

Y cuando la bomba se lanzó sobre Hiroshima, matando a 70.000 personas instantáneamente (vaporizando algunas, dejando solo sus sombras grabadas en las paredes; quemando a otras hasta que la piel se les caía a tiras; condenando a miles más a muertes lentas y agonizantes por radiación) muchos de esos científicos lo celebraron como una victoria de la física. Habían resuelto el problema. El proyecto había sido un éxito técnico. Tres días después, Nagasaki. Otras 40.000 personas muertas instantáneamente.

Algunos, como Oppenheimer, tuvieron después crisis de conciencia. “Ahora me he convertido en la Muerte, el destructor de mundos.” Pero de esto no fue consciente mientras estaban creando la bomba, según se dice. Durante el proceso, estaban demasiado metidos en cómo resolver el puzzle para pensar en que las piezas eran vidas humanas. Estás creando un arma de destrucción masiva, pero tú lo que quieres es que te salga bien, porque eres un intelectual y tú de política no entiendes.

Y por eso, ser apolítico es una forma muy cómoda de ser soberanamente imbécil.

La lección de todo esto es que ser inteligente, educado, moralmente consciente, ser refugiado del fascismo o entender visceralmente el horror de la violencia política no es garantía de que no vayas a ser cómplice. Nada de eso te protege de ser un monstruo. Pequeñito, pero un monstruo.

De hecho, la inteligencia puede ser una herramienta para racionalizar lo irracional. Para encontrar justificaciones sofisticadas para lo injustificable. Para separar “el problema técnico fascinante que estoy resolviendo” de “las consecuencias morales de mi trabajo”.

Los nazis que diseñaron los campos de exterminio eran unos ingenieros de la hostia. Optimizaron el asesinato en masa con eficiencia industrial alemana, como, ejem, Volkswagen. Calcularon cuántas personas cabían en cada cámara de gas. Cuánto Zyklon B se necesitaba. Cómo disponer de los cuerpos más rápidamente. Cómo extraer el oro de los dientes de la forma más rápida. Minería oral en tiempos de guerra.

Y estaban orgullosos de su trabajo técnico. Escribían informes detallados sobre cómo habían mejorado los procesos, reducido costes, incrementado la “producción”. No porque fueran sádicos (aunque algunos lo fueran). Sino porque habían convertido el genocidio en un problema de ingeniería. Y los ingenieros resuelven problemas. Es lo que hacen. Es lo que se les da bien. La optimización logística del exterminio.

Tú, con toda tu educación y tus valores progresistas y tu conciencia social, podrías acabar siendo igual, aunque te creas un ser de luz. Porque el cerebro humano es extraordinariamente bueno separando el trabajo del resultado. “Yo solo hago mi parte. Yo no controlo para qué se usa. Yo solo optimizo el proceso que me han asignado.” Y esa separación mental es exactamente cómo la gente normal construye sistemas de horror sin sentir que están haciendo nada malo.

Las pequeñas colaboraciones que construyen genocidios

Aquí está la verdad más jodida de todas: no hace falta que participes activamente en atrocidades para ser responsable de ellas. Basta con que hagas tu trabajo. Basta con que no te resistas. Basta con que mires hacia otro lado.

En la Alemania nazi, la mayoría de los alemanes nunca mataron a nadie. La mayoría nunca trabajaron en campos de concentración. La mayoría nunca fueron miembros activos del partido nazi. Simplemente:

Los ferroviarios se dedicaban a llevar los trenes puntualmente. “Solo transporto pasajeros, no pregunto quiénes son ni a dónde van.”

Los administrativos gestionaban las finanzas y comprobaban que la documentación estaba en regla. “Solo proceso papeles, no es mi trabajo cuestionar para qué son.”

Los médicos certificaban que la gente era “apta para el transporte”. “Solo hago exámenes médicos, no decido qué pasa después.”

La gente compraba en tiendas “arias”. “Es más conveniente, están más cerca.”

Los profesores enseñaban el currículo nazi. “Si no lo hago, me despiden y otro lo hará.”

Los policías arrestaban a quien se les decían. “Solo cumplo órdenes, yo no hago las leyes.”

Pequeñas colaboraciones aquí y allá. Cada una de ellas era comprensible. Cada una, con su propia justificación. Ninguna, por sí sola, suficientemente horrible como para arriesgarlo todo resistiéndose. Pero colectivamente, esos millones de pequeñas colaboraciones de personas normales hicieron posible el Holocausto.

Los nazis necesitaban que la población general no se resistiera. No hacía falta que todos fueran nazis fanáticos. Solo hacía falta que siguieran haciendo sus trabajos. Que mantuvieran la economía funcionando. Que procesaran la burocracia necesaria. Que no hicieran demasiadas preguntas. Que no escondieran a los perseguidos.

Los hombres grises

Christopher Browning, en su libro Aquellos hombres grises (1992), documentó el caso del Batallón de Policía de Reserva 101. Eran hombres mayores, padres de familia, demasiado viejos para el frente. No eran SS ideológicos. No tenían entrenamiento especial en sadismo. Y acabaron ejecutando a tiros a miles de judíos en Polonia. Directamente. Cara a cara. Incluyendo niños.

¿Cómo? El primer día, el comandante les dio la opción de no participar si les resultaba demasiado difícil. Solo un 10-20% se negó. El resto participó. No porque fueran nazis convencidos, sino porque no querían parecer cobardes frente a sus camaradas o porque era más fácil obedecer que resistir. O se emborrachaban antes y después para lidiar con ello. O deshumanizaban a las víctimas porque “no son realmente personas como nosotros, son diferentes.”

Y con el tiempo, se acostumbraron. Lo que al principio les horrorizaba se volvió rutina. Algunos incluso desarrollaron eficiencia profesional, orgullosos de hacer bien su “trabajo”.

Tú también lo harías. Yo, también. No en el primer día, tal vez. Pero después de semanas, meses, años de normalización gradual, de presión de grupo, de racionalización, de pequeños pasos donde cada uno parece justificable.

Cuando todos a tu alrededor actúan como si algo terrible fuera normal, tu cerebro se adapta y lo normaliza también. Cuando resistirse significa perder tu trabajo, poner en peligro a tu familia, o convertirte en paria social, la mayoría de la gente elige la autopreservación.

Y hay razones perfectamente comprensibles para hacerlo. No se trata de ser un un cobarde. Es suficiente con ser humano, tener una familia que mantener y estar acojonado por las posibles consecuencias.

Es fácil juzgarlos desde fuera, desde la comodidad de tu sofá, leyendo esto. Es infinitamente más difícil estar en su posición y elegir la resistencia cuando cuesta todo.
La pregunta que no quieres responder

Entonces, aquí está la pregunta que llevamos evitando desde que empezaste a leer esto:

Si mañana tu país empieza a deslizarse hacia el autoritarismo, hacia la persecución de minorías, hacia políticas que sabes que están mal… ¿qué harás?

No me digas que resistirás heroicamente. Todo el mundo dice eso. Es fácil decirlo en abstracto, sentado cómodamente, leyendo un artículo sobre gente muerta hace décadas.

¿Qué estarías dispuesto a perder, en concreto?

¿Tu trabajo? Tu empresa implementa una política que discrimina a ciertos grupos. ¿Renuncias o te quedas diciendo “necesito el sueldo, yo solo trabajo aquí”?

¿Tu vivienda? Protestar te puede costar tu empleo, y sin empleo pierdes tu casa. ¿Lo arriesgas o te callas?

¿Las relaciones con tu familia? Resistir públicamente significa que tu familia también será señalada. ¿Los pones en peligro por tus principios?

¿Tu libertad? Desobedecer puede significar cárcel. ¿Vas a prisión por resistir o cumples las órdenes que sabes que están mal?

¿Tu vida? En situaciones extremas, resistir significa riesgo de muerte. ¿Mueres por tus principios o sobrevives comprometiéndolos?

Lo que cuesta de verdad es ser honesto. Cualquiera puede escribir palabras bonitas en redes sociales. La indignación performativa que no te cuesta nada. Resistir de verdad cuesta todo.

Los alemanes que escondieron judíos sabían que, si los descubrían, morirían. Ellos y sus familias. Toda la familia, ejecutada. Y aun así lo hicieron. Esa es la resistencia real. Los que marcharon en Selma con Martin Luther King Jr. sabían que serían golpeados por la policía. Con porras. Con mangueras de agua a alta presión. Con perros. Lo sabían. Y marcharon de todas formas.

Muchos acabaron en el hospital. Algunos murieron. Los estudiantes que se enfrentaron a los tanques en la Plaza de Tiananmen sabían que podían ser aplastados. Literalmente. Uno se quedó ahí de pie frente a los tanques de todas formas. No sabemos qué le pasó después, pero imagino que nada bueno.

¿Te resistirías como un héroe o te dirías a ti mismo las mismas cosas que se dijeron millones de personas antes que tú?

“Tengo que pensar en mi familia.”
“No puedo cambiar nada yo solo.”
“Si no lo hago yo, lo hará otro.”
“No es tan malo todavía.”
“Solo estoy haciendo mi trabajo.”
“Yo no hice las reglas, solo las sigo.”
“Tengo que sobrevivir, no puedo ser un mártir.”

Todas esas frases son racionales. Todas son comprensibles. Todas son las frases exactas que usó la gente que acabó siendo cómplice de atrocidades.

Para mí, la de “todavía no es tan malo” es la más peligrosa de todas. Porque nunca es “tan malo” hasta que de repente lo es, y para entonces ya es demasiado tarde. Ya has normalizado cada paso anterior. Ya tienes años de complicidad que racionalizar. Ya estás demasiado dentro para retractarte sin admitir que llevas años siendo parte del problema.

¿Y ahora qué?

Ni hay una respuesta fácil ni una solución reconfortante. No se puede escribir una lista con cinco pasos simples para asegurarte de que nunca serás el burócrata que procesa papeles para un genocidio.

La pregunta que sí podemos contestar es: “¿Qué estoy haciendo HOY para asegurarme de que no seré esa persona?”

¿Estás practicando decir “no” en situaciones de bajo riesgo? ¿O siempre cedes para evitar conflicto?

¿Estás cuestionando órdenes injustas ahora que las consecuencias son mínimas? ¿O esperas mágicamente tener coraje cuando las apuestas sean tu vida?

¿Estás estableciendo tus líneas rojas? ¿O dejarás que las circunstancias decidan por ti cuándo es “demasiado”?

Porque si tu respuesta es “nada en particular”, si simplemente confías en que cuando llegue el momento tendrás el coraje que ahora no practicas, entonces ya estás más cerca del burócrata de lo que te gustaría admitir.

Recuerda: la banalidad del mal no necesita monstruos. Solo necesita gente normal haciendo su trabajo, sin hacer demasiadas preguntas, normalizando lo inaceptable un peldaño a la vez.

Y esa gente normal eres tú. Si no haces nada para evitarlo.

En la tercera y última parte de esta serie, exploraremos qué puedes hacer concretamente (herramientas prácticas, no buenos deseos) para resistir tu propia normalización de lo inaceptable. Porque reconocer tu vulnerabilidad es el primer paso. Pero sin acción, es solo conocimiento inútil que te hace sentir superior mientras sigues siendo igual de vulnerable.

Referencias:

Arendt, H. (1963). Eichmann in Jerusalem: A Report on the Banality of Evil. Viking Press.

Browning, C. R. (1992). Ordinary Men: Reserve Police Battalion 101 and the Final Solution in Poland. HarperCollins.

Feynman, R. P. (1985). Surely You're Joking, Mr. Feynman! W.W. Norton & Company.

Rhodes, R. (1986). The Making of the Atomic Bomb. Simon & Schuster.

Fuente: https://www.lafrikitiva.com/la-bana...

Antonio Escalante: 'La juventud tiene que organizarse ya para plantar cara a la militarización'

6 Febrero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Ismael Juárez Pérez

A veces, un gesto pequeño explica mejor un compromiso político que muchos discursos. Antonio Escalante quiso empezar por ahí. Durante su reciente visita a Asturias, invitado por el Conceyu Abiertu pola Paz, un gesto espontáneo del fotógrafo Pablo Lorenzana —acudir sin que nadie se lo pidiera con cables y baterías para ayudarle a resolver un problema urgente— le permitió salir de un apuro. Para Escalante, esa forma de ponerse en el lugar del otro dice más sobre cómo transformar la sociedad que muchas consignas.

Nacido en Madrid, con tres años de vida en Asturias y desde hace más de tres décadas residente en Vitoria-Gasteiz, Escalante forma parte del colectivo antimilitarista Gasteizkoak. Es uno de los impulsores del libro Conversión de la industria militar en Euskal Herria. Para no fabricar más guerras (ZAPateneo kultur elkartea), donde analiza el crecimiento de la industria armamentística y propone su reconversión en producción civil de utilidad social. Coincidiendo con las presentaciones del libro, la web del colectivo ha sido recientemente hackeada y permanece inoperativa.

El libro pone el foco en la conversión de la industria militar. ¿Por qué defiende que este debate es hoy más urgente que hace quince o veinte años?

Porque la propuesta de conversión que planteamos ahora no es la misma que se hacía entonces. No hablamos solo de pasar de una producción militar a una civil, sino de una conversión hacia una producción civil de utilidad social que, además, cuestione el sistema productivo. Desde el antimilitarismo nos dimos cuenta de que durante años cometimos dos errores importantes. El primero fue considerar a las plantillas de las empresas militares como parte del enemigo. No eran el enemigo principal —ese papel corresponde a empresarios, accionistas e inversores—, pero tampoco las veíamos como aliadas. Hoy defendemos justo lo contrario: las trabajadoras y los trabajadores son protagonistas imprescindibles del proceso de conversión, porque conocen las capacidades técnicas, los materiales y las posibilidades reales de producción alternativa. El segundo error fue una visión muy estrecha del antimilitarismo. Nos especializamos en detectar el militarismo, se disfrazase como se disfrazase —uniformes, policía, ideología en las escuelas—, pero perdimos de vista que nuestras sociedades tenían otros problemas estructurales igual o más graves.

¿A qué problemas se refiere cuando habla de esa visión limitada?

A los colapsos múltiples que atravesamos hoy: ecológicos, medioambientales, de materias primas, de cuidados, de sostenimiento de la vida. No podíamos plantear una conversión industrial que no tuviera en cuenta todo eso. Todos esos colapsos tienen un elemento común: un sistema productivo capitalista que los genera y los reproduce. Por eso nuestra propuesta no puede ser sectorial ni exclusiva del antimilitarismo. Tiene que construirse desde los movimientos populares en su conjunto. El feminismo tendrá que definir cómo situar los cuidados y la vida en el centro; el ecologismo tendrá que plantear qué producir y cómo hacerlo sin repetir los mismos errores; y el sindicalismo tendrá que jugar un papel clave dentro de las fábricas. No vale pasar de fabricar tanques a fabricar molinos de viento sin más, inundando montes y territorios con nuevas infraestructuras que reproducen el mismo modelo extractivo. Eso no resuelve nada.

¿Por qué proponen empezar precisamente por la industria militar y no por otro sector?

No decimos que tenga que empezar necesariamente ahí, pero creemos que es un buen punto de partida por dos razones muy claras. La primera es que la industria militar es el único sector que vive exclusivamente de presupuestos públicos. No vende a particulares: vende a estados y gobiernos. Es decir, funciona con nuestro dinero, vía impuestos. Si ponemos el dinero, deberíamos tener capacidad de decisión sobre su uso. La segunda razón es que se trata de una producción cuya inutilidad social es evidente. Las armas solo sirven para dos cosas: para la guerra o para el desperdicio. O se utilizan para matar o se almacenan hasta que se deterioran y se tiran. Desde el punto de vista social es una producción absolutamente improductiva.

El lobby armamentístico y el miedo a la guerra

¿Qué factores explican que en las últimas décadas haya aumentado tanto el número de empresas vinculadas a la industria militar?

En el libro analizamos cómo, a principios de este siglo, el lobby militar-industrial europeo empezó a organizarse de forma sistemática. Venía de unos años de caída del gasto militar y decidió copiar el modelo estadounidense. En torno a 2003 o 2004 se crea la principal organización de lobby armamentístico europeo y, a partir de ahí, comienza un proceso muy bien documentado de influencia directa sobre las instituciones comunitarias. No es conspiranoia: hay informes, estudios y documentos oficiales que muestran cómo la Unión Europea, que durante años se negó por principios a financiar la industria militar, ha ido cambiando su política. En apenas quince años se ha pasado de no apoyar este sector a crear presupuestos propios, comisiones específicas y mecanismos de financiación a través del Banco Europeo de Inversiones y de la banca privada. Todo ello acompañado de un discurso que intenta legitimar ese giro.

¿Qué papel juega el miedo en ese cambio de discurso?

Un papel central. Para que ese rearme no fuera rechazado socialmente, se ha instalado un mensaje constante: “viene la guerra”. Se repite una y otra vez, aunque nunca se aclara quién es exactamente el enemigo. Ese miedo sirve para justificar recortes en otros ámbitos y para diluir debates fundamentales sobre los verdaderos problemas que tenemos como sociedad y como humanidad.

Frente al argumento de que la industria armamentística genera empleo y desarrollo, ¿qué alternativas reales de producción de utilidad social plantean?

Lo primero es desmontar ese argumento con datos. La inversión en industria militar genera menos empleo que la inversión en otros sectores. En el libro citamos varios estudios. Por ejemplo, uno de 2017 del Instituto de Economía Política de la Universidad de Massachusetts señala que por cada millón de dólares invertido en defensa se crean 6,9 empleos. Si ese mismo dinero se invierte en energías limpias, se crean casi 10; en sanidad, más de 14; y en educación, más de 19. Además, se habla de “industria de defensa”, pero al menos en el Estado español el 70% de la producción se exporta. Si se exporta al 70%, ¿a quién se está defendiendo? En un contexto en el que ni siquiera está claro quién es amigo y quién enemigo, ese argumento se cae por su propio peso.

Lenguaje, juventud y futuro del antimilitarismo

En el libro rechazan el concepto de “industria de defensa” y hablan de “producción para el desperdicio y la guerra”. ¿Por qué es tan importante disputar el lenguaje?

Porque se intenta cambiar la realidad cambiando las palabras. No es una industria de defensa si vende la mayor parte de su producción fuera. Tampoco genera riqueza social ni seguridad. Produce muerte o residuos. Llamarla “producción para el desperdicio y la guerra” ayuda a nombrar lo que realmente es y a desmontar el relato de seguridad que se nos quiere vender. Además, esa militarización social sirve para ocultar debates esenciales sobre cuidados, desigualdad o crisis ecológica. En ese sentido, creemos que hay que recuperar ideas que ya se defendieron en otros momentos. Como recordaba Xuan Candano tras la presentación del libro en Oviedo, evocando incluso canciones como Cruzar los vados de Víctor Manuel, hubo un tiempo en el que se cuestionó socialmente el papel del militarismo y se construyeron alternativas desde abajo. La insumisión, hace más de treinta años, fue una de esas experiencias.

¿Cree que el antimilitarismo ha quedado rezagado, especialmente entre la juventud?

Sí, claramente. No hemos sabido leer a tiempo la velocidad a la que avanzaba la militarización social. Hemos seguido funcionando con esquemas antiguos, con dinámicas repetidas, y eso no ha resultado atractivo para las nuevas generaciones. Por eso esta propuesta de conversión también es una autocrítica. Necesitamos replantear nuestras formas de organización, abrir el debate y hacer un llamamiento directo a la juventud. Los colectivos antimilitaristas estamos formados mayoritariamente por gente de alrededor de 60 años. No vamos a ser quienes libremos esta batalla en primera línea.

¿Qué papel deberían asumir entonces las nuevas generaciones?

Organizarse ya y empezar a plantar cara al militarismo en todas sus formas: ideológica, presupuestaria, industrial. Recuperar ideas que ya funcionaron, como las de la insumisión, y adaptarlas a la realidad actual. El debate no puede esperar a que la militarización sea un hecho consumado.

Fuente: https://www.nortes.me/2026/01/30/co...

Documentos filtrados revelan la postura del gobierno de Emiratos Árabes Unidos de respaldar el genocidio de Israel en Gaza 'por todos los medios necesarios'

5 Febrero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Un documento filtrado obtenido por el medio EmirateLeaks ha revelado una propuesta del gobierno emiratí para utilizar las bases de los Emiratos Árabes Unidos en el Mar Rojo para proporcionar apoyo militar, de inteligencia y logístico directo a Israel durante su guerra en Gaza.

El documento data de octubre de 2023 y está dirigido al Comando de Operaciones Conjuntas de las Fuerzas Armadas de los EAU. Fue redactado por Hamdan bin Zayed Al-Nahyan, representante de la región de Al-Dhafra y presidente de la Autoridad de la Media Luna Roja de los EAU.

“Con los ataques terroristas [del 7 de octubre] contra el estado hermano de Israel, y con base en el acuerdo histórico que estipula la cooperación entre los dos países… y en implementación de la orden emitida por el Comando de Operaciones Conjuntas de los EAU para apoyar al Estado de Israel a través de bases militares en la región sur del Mar Rojo – Al-Mokha en la costa occidental de Yemen, así como Massawa y Assab en Eritrea y Somalia – se llevaron a cabo preparativos y preparación rápidos para proporcionar a nuestras bases militares en el sur del Mar Rojo, especialmente en Yemen, todo lo necesario para apoyar al Estado de Israel”, comienza diciendo el documento.

El documento pide explícitamente que los Emiratos Árabes Unidos “fortalezcan a Israel en su guerra contra los terroristas en Palestina” y que ese apoyo continúe “hasta que los terroristas sean derrotados”.

El documento filtrado también pide que se continúen las “iniciativas comunitarias” para mejorar la “cohesión social” entre los dos estados.

También pide una cooperación “estrecha, cohesionada e integrada” en “antiterrorismo, intercambio de inteligencia y tecnología militar”, y “confirma el suministro de equipos y dispositivos de inteligencia a Israel por valor de mil millones de dólares”.

Continúa criticando el apoyo qatarí a Hamás y acusa a Kuwait de actuar “junto a Qatar” al “proporcionar apoyo financiero masivo a grupos combatientes en Palestina”, al tiempo que califica esto de “clara contradicción con las políticas de nuestro Estado y con los acuerdos entre nuestro Estado y Kuwait”.

“Existen amplios motivos para mencionar nuestros vínculos previos con el Estado de Israel, que nos obligan a cooperar con él y a acudir en su ayuda, a sumarnos a su apoyo tanto en tiempos de adversidad como de prosperidad. Los Emiratos Árabes Unidos y el Estado de Israel están unidos por estrechos vínculos culturales, diplomáticos, económicos y de seguridad, y estos vínculos se han intensificado desde el histórico acuerdo de 2020”, afirma.

Los Emiratos Árabes Unidos normalizaron oficialmente sus relaciones con Israel en 2020, cuando se firmaron los Acuerdos de Abraham, negociados por Estados Unidos. Washington y Tel Aviv han estado presionando a Arabia Saudita y otros estados árabes para que se unan a dichos Acuerdos.

En los años que siguieron al inicio de la guerra liderada por Arabia Saudita en Yemen en 2015, el ejército de los Emiratos Árabes Unidos estableció una ocupación generalizada de puertos, islas y vías fluviales yemeníes, llevada a cabo en coordinación con Israel.

Los Emiratos Árabes Unidos también han establecido bases militares a lo largo de la costa de Somalia.

Desde que comenzó el genocidio en Gaza, Abu Dhabi –ahora el principal socio comercial árabe de Israel– ha seguido manteniendo una relación militar estratégica con Tel Aviv.

En 2024, Balkan Insight reveló que una empresa vinculada a los Emiratos Árabes Unidos, Yugoimport-SDPR, exportó armas por valor de 17,1 millones de dólares a Israel mediante aviones militares. Estas armas estuvieron directamente implicadas en la guerra genocida contra Gaza.

Empresas emiratíes también han firmado acuerdos con XM Cyber, cofundada por un exjefe del Mossad, para proteger la infraestructura energética nacional. XM Cyber ​​colabora con Rafael y otras empresas militares israelíes de élite como parte de un consorcio que se centra en mercados sensibles del Golfo, como el petróleo, la energía y los datos.

Además, el gigante de defensa estatal de los Emiratos Árabes Unidos, EDGE, tiene acciones en los principales fabricantes de armas israelíes, incluidos Rafael e Israel Aerospace Industries (IAI).

Fuente: https://thecradle.co/articles/leake...

Traducido del inglés por Tortuga con ayuda de un traductor automático.

Cárcel y exclusión social, el alto precio que pagan los 'refusenik' por negarse a servir en el ejército israelí

5 Febrero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Los jóvenes israelíes tienen que presentarse a filas del Ejército de forma obligatoria a los 18 años y formar parte de la reserva hasta los 40. Los que se niegan a alistarse o a permanecer en la reserva por motivos éticos son llamados 'refusenik'. Hemos hablado con algunos de ellos.

María Inmaculada Balbás Pérez

No hay cifras oficiales. El Ministerio de Defensa israelí no comparte esta información tan sensible. Pero asociaciones como Mesarvot afirman que, desde el inicio de la invasión de Gaza, por lo menos unos 100 jóvenes se han negado a hacer el servicio militar obligatorio. Investigaciones periodísticas independientes afirman, por otra parte, que por lo menos unos 100.000 reservistas también se han negado a incorporarse al Ejército.

En las ciudades israelíes, especialmente en Jerusalén, es común ver a jóvenes uniformados y con fusiles de asalto en plena calle, incluso cuando van de paisano. En el país hebreo, el servicio militar es obligatorio para ambos sexos: ellos tienen que servir durante dos años y medio como mínimo, ellas durante dos en las FDI (Fuerzas de Defensa de Israel).

Sin embargo, el país hacía una excepción con dos colectivos: los árabes que son ciudadanos israelíes, es decir, palestinos que tienen pasaporte israelí (el 21% de la población en 2025, según la Oficina de estadísticas del Estado), y los judíos ultraortodoxos (el 14% de los judíos son haredíes, según los datos del Instituto de la Democracia de Israel). En junio de 2024 se canceló la excepción para los ultraortodoxos (lo que ha provocado numerosas protestas entre la población haredí, que se ha negado tradicionalmente a servir en el Ejército). La exclusión sigue sin embargo vigente para los palestinos con pasaporte israelí.

También hay excepciones, como por ejemplo, las personas consideradas no aptas por cuestiones médicas o mentales, que están exentas del servicio militar obligatorio, y aquellos estudiantes sobresalientes que pueden aplazar el servicio militar o hacerlo más corto. El 65% restante de los jóvenes israelíes tienen que presentarse a filas de forma obligatoria a los 18 años y formar parte de la reserva hasta los 40, cuando terminan el servicio militar, aunque esto puede variar dependiendo del rango o de la unidad del Ejército. También tienen que acudir a formaciones de cuatro meses cada año para mantenerse en forma hasta que llegan a la edad límite. Luego están aquellos que se niegan a alistarse o a permanecer en la reserva por motivos éticos: los llamados refusenik.

Los refusenik son jóvenes como Yona Roseman, objetora de conciencia transexual de 19 años originaria de Haifa (norte de Israel), que afirma que "gracias al activismo anti apartheid" se dio cuenta de que no podía alistarse en el Ejército, opinión que reforzó "tras el inicio del genocidio" el 7 de octubre de 2023.

Sobre las consecuencias de su activismo y de su negativa a ingresar en las FDI, explica que ha sido arrestada hasta en siete ocasiones, y ha pasado un total de 50 días entre rejas, 20 de ellos en confinamiento solitario. Pero eso no fue todo: "Muchos de mis amigos cortaron lazos conmigo a raíz de mi decisión". La relación con sus padres tampoco ha vuelto a ser la misma. La activista recibió la exención del servicio militar hace mes y medio, dos meses después de haber sido puesta en libertad.

Yuval Peleg, joven de 18 años originario de Kfar Saba (área metropolitana de Tel Aviv), pagó también con pena de cárcel su negativa a realizar el servicio militar: pasó un total de 130 días entre rejas las cinco veces que fue encarcelado, hasta que finalmente recibió la exención oficial el 6 de enero de este año. Sobre el proceso cuenta que "era siempre lo mismo: ingresaba en prisión por unos 20 o 30 días, me liberaban, y a los pocos días me volvían a encarcelar". Peleg, que según las autoridades israelíes debía de alistarse un mes después de acabar la educación secundaria, no dudó en negarse a ingresar en el Ejército, al que califica de "organización criminal" y del que declara con convicción que "comete un genocidio".

Sobre el rechazo social que ha tenido que soportar en el país, afirma que, por suerte, siempre ha contado con el apoyo de su familia y de personas de todo el mundo, gracias a una campaña de Amnistía Internacional por su liberación. Sin embargo, las últimas veces que estuvo en la cárcel recibió amenazas por parte de otros internos, y ha perdido amistades. "La mayor parte de la sociedad lo ve como una traición, como algo que no pueden aceptar", asegura.

La historia de Daniel Yahalom es distinta a la de los refusenik anteriores. Yahalom, profesor de Economía de 32 años residente en Haifa, sirvió en el Ejército varias veces. Tenía 19 años cuando fue enviado a la frontera norte con Líbano. Sobre aquel momento, comenta que sentía que era su deber contribuir a la defensa de su patria. Tras el inicio de la guerra en 2023, fue llamado a filas desde la reserva en tres ocasiones: en 2023, 2024 y 2025, cuando le llamaron para participar en la toma de la ciudad de Gaza en mayo, momento en que decidió negarse. Fue puesto en confinamiento solitario durante cinco días, tras una semana de procedimientos judiciales. Todavía no ha recibido la exención de forma oficial, pero no le han vuelto a llamar a filas.

Lo que finalmente hizo renunciar a Yahalom fue su experiencia como soldado en la Cisjordania ocupada los meses que estuvo activo durante 2023 y 2024. Describe que fue la "falta de equilibrio de poder" que rige el día a día entre palestinos e israelíes lo que poco a poco hizo sentir más y más incómodo en el Ejército, hasta que llegó el momento de renunciar. "Cuando tu estás con una pistola y les estás pidiendo que te muestren su carné de identidad, y ellos saben que no pueden hacer un movimiento en falso, porque si no serán detenidos por días, semanas o meses (...), cuando soldados aparecen en sus casas en medio de la noche, los detienen y llevan a prisión sin juicio (...) lo mundana que es la brutalidad contra los palestinos allí… es algo terrible, que hace que sus vidas sean insoportables".

Sin embargo, afirma que él es un "afortunado", ya que recibió muchas muestras de apoyo por parte de su entorno y pagó un "precio muy bajo", puesto que solo perdió dos semanas de empleo y sueldo, mientras que otros objetores han llegado a perder sus puestos de trabajo o han sido rechazados en procesos de selección por ese motivo. Ser judío en Israel es un gran privilegio, y afirma: "Desobedecer al Estado es mucho más peligroso cuando eres palestino, incluso si tienes el pasaporte israelí".

Por su parte, el Ejército israelí no explica muy bien la duración de las condenas ni por qué unas duran más que otras, como recoge un informe de Amnistía Internacional. Según reza el informe, "todas estas personas están expuestas a ser encarceladas a pesar de que no se les ha dado la oportunidad de realizar un servicio civil alternativo (...). Pueden ser encarceladas durante semanas y en ocasiones meses, tras ser juzgadas por oficiales", tras negarse a presentarse a filas. No obstante, y según recoge el organismo, el derecho a objetar el servicio militar por motivos de conciencia está protegido por el artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, del que Israel es parte.

El 7 de octubre, un antes y un después

"Siempre ha habido objetores de conciencia en Israel", explica Nimrod Flaschenberg, portavoz de Mesarvot, plataforma que une distintas organizaciones que defienden los derechos de los objetores de conciencia, como el Partido Comunista, Combatants for peace o Yesh Gvul. El portavoz corrobora el aislamiento social al que son sometidos los refusenik, ya que "aquellos que se niegan son considerados traidores a la patria", sentimiento que se intensificó tras el inicio de la guerra en Gaza.

"Poco antes del 7 de octubre, hubo una gran protesta general contra del Gobierno, mucha gente amenazó con negarse a hacer el servicio militar… especialmente reservistas, pero también jóvenes", explica el portavoz. Muchos jóvenes protestaron contra la ley que les obliga a alistarse en el ejército y contra la ocupación israelí de Palestina en septiembre antes de los múltiples atentados perpetrados por Hamás el 7 de octubre de 2023.

Pero tanto el portavoz como los refusenik entrevistados coinciden en que, desde que comenzó la guerra, muchos jóvenes israelíes que antes estaban abiertos a la idea de convertirse en objetores de conciencia cambiaron de opinión. Peleg afirma que inmediatamente después de los atentados "la gente quería venganza" y que "hubo una oleada de personas que se ofrecieron voluntarias, no sólo para alistarse, sino incluso para preparar comida a los soldados". Roseman va más allá y afirma creer que la gran mayoría de la sociedad israelí "lleva más de dos años sumida en un frenesí genocida".

Cualquier tipo de disidencia en Israel, y especialmente la disidencia contra el Ejército y el servicio militar, que se considera un organismo unificador del Estado hebreo, es visto como una traición, concluye la activista. Sin embargo, Peleg también asegura que "muchos soldados están desertando del Ejército, no por razones ideológicas, sino porque están cansados" de la guerra, como es el caso de Yahalom.

Fuente: https://www.publico.es/sociedad/car...

La última elección

4 Febrero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Fuerte artículo del periodista Chris Hedges sobre Trump, así como la foto que eligió para ponerlo en sus redes. Cada vez hay más voces en EEUU que abiertamente hablan de dictadura y fascimo en la era Trump.

Pedro Brieger

La amenaza de Donald Trump de cancelar las elecciones de medio término no es un amague. Ya intentó revertir el resultado de las elecciones de 2020 y dijo que no aceptaría el de 2024 si perdía. Fantasea con desafiar la Constitución para quedarse un tercer mandato. Está decidido a conservar un control absoluto —apuntalado por una mayoría republicana servil— en el Congreso. Teme que, si pierde el control del Congreso, llegue el juicio político. Teme los obstáculos a la rápida reconfiguración de Estados Unidos como un Estado autoritario. Teme perder los monumentos que está erigiendo a su propia gloria: su nombre estampado en edificios federales, incluido el Kennedy Center; la eliminación de la entrada gratuita a los Parques Nacionales el día de Martin Luther King Jr. para reemplazarla por su propio cumpleaños; la anexión de Groenlandia y, quién sabe, quizá Canadá; su capacidad para poner ciudades como Minneapolis bajo sitio y secuestrar residentes legales en plena calle.

A los dictadores les encantan las elecciones, siempre que estén amañadas. Las dictaduras que cubrí en América Latina, Medio Oriente, África y los Balcanes montaban espectáculos electorales minuciosamente coreografiados. Eran una utilería cínica con resultados predeterminados. Servían para legitimar el control férreo sobre una población cautiva, encubrir el enriquecimiento del dictador, su familia y su círculo íntimo, criminalizar toda disidencia y prohibir a los partidos opositores en nombre de “la voluntad del pueblo”.

Cuando Saddam Hussein organizó un referéndum presidencial en octubre de 1995, la única pregunta en la boleta era: “¿Aprueba usted que el presidente Saddam Hussein sea el presidente de la República?”. Los votantes marcaban “sí” o “no”. Los resultados oficiales le dieron a Hussein el 99,96% de unos 8,4 millones de votos, con una participación del 99,47%. Su par en Egipto, el ex general Hosni Mubarak, fue reelegido en 2005 para un quinto mandato consecutivo de seis años con un mandato algo más modesto: 88,6% de los votos. Mi cobertura poco reverencial de las elecciones en Siria en 1991 —donde había un solo candidato en la boleta, el presidente Hafez al‑Assad, que supuestamente obtuvo el 99,9%— me valió la expulsión del país.
Estos espectáculos son el modelo, sospecho, de lo que viene, a menos que Trump consiga su deseo más profundo: emular al príncipe heredero Mohammed bin Salman de Arabia Saudita —cuyo equipo de seguridad asesinó en 2018 a mi colega y amigo Jamal Khashoggi en el consulado saudí en Estambul— y no celebrar elecciones en absoluto.

Trump, aspirante a presidente vitalicio, lanza la idea de cancelar las elecciones legislativas de 2026. Le dijo a Reuters que “si lo pensás bien, ni siquiera deberíamos tener elecciones”. Cuando el presidente Volodímir Zelenski le explicó que en Ucrania no se celebraban elecciones por la guerra, Trump se entusiasmó: “¿O sea que si estamos en guerra con alguien, no hay más elecciones? Ah, eso está bien”.

Trump le dijo a The New York Times que se arrepiente de no haber ordenado a la Guardia Nacional que incautara las máquinas de votación después de las elecciones de 2020. Quiere abolir el voto por correo, junto con las máquinas y los tabuladores que permiten a las autoridades publicar resultados la misma noche electoral. Mejor ralentizar todo y, como hacía la maquinaria política de Chicago bajo el alcalde Richard J. Daley, rellenar urnas después del cierre para asegurar la victoria.

La administración Trump está prohibiendo campañas de registro de votantes en los centros de naturalización. Impone leyes restrictivas de identificación de votantes a nivel nacional. Reduce las horas que los empleados federales pueden ausentarse del trabajo para ir a votar. En Texas, el nuevo mapa electoral priva de derechos de manera flagrante a votantes negros y latinos, una maniobra avalada por la Corte Suprema. Se espera que elimine cinco bancas demócratas en el Congreso.

Nuestras elecciones inundadas de dinero, sumadas a un gerrymandering agresivo, hacen que pocas contiendas legislativas sean competitivas. La reciente redistribución de distritos prácticamente garantiza a los republicanos nueve escaños más —en Texas, Misuri, Carolina del Norte y Ohio— y a los demócratas seis —cinco en California y uno en Utah—. Los republicanos planean más redistritaciones en Florida y los demócratas impulsan una iniciativa en Virginia. Si la Corte Suprema sigue desmantelando la Ley de Derecho al Voto, la manipulación de distritos por parte de los republicanos se disparará, quizá consolidando una victoria aunque la mayoría del electorado no la quiera. Nadie puede llamar democrático al gerrymandering.

El fallo de la Corte Suprema en Citizens United nos quitó cualquier influencia real en las elecciones. Autorizó dinero ilimitado de corporaciones y grandes fortunas para amañar el proceso electoral en nombre de la libertad de expresión protegida por la Primera Enmienda. Dictaminó que el lobby pesado y organizado de las grandes empresas es una expresión del derecho del pueblo a peticionar a su gobierno.
Nuestros derechos más básicos, incluida la libertad frente a la vigilancia masiva del Estado, han sido revocados de manera constante por decreto judicial y legislativo.
El “consentimiento de los gobernados” es una broma cruel.

Hay pocas diferencias sustantivas entre demócratas y republicanos. Existen para ofrecer la ilusión de una democracia representativa. Los demócratas y sus apologistas liberales adoptan posturas tolerantes en cuestiones de raza, religión, inmigración, derechos de las mujeres e identidad sexual, y fingen que eso es hacer política. La derecha utiliza a los sectores marginados —en especial a los inmigrantes y al fantasma de la “izquierda radical”— como chivos expiatorios. Pero en los grandes temas —guerra, acuerdos comerciales, austeridad, policía militarizada, el gigantesco sistema carcelario y la desindustrialización— marchan en perfecta sintonía.

“No se puede señalar ninguna institución nacional que pueda describirse con precisión como democrática”, escribió el filósofo político Sheldon Wolin en Democracy Incorporated: “seguro que no en elecciones hipercontroladas y saturadas de dinero, un Congreso infestado de lobbistas, una presidencia imperial, un sistema judicial y penal sesgado por clase o, menos que nada, los medios”.

Wolin llamó a nuestro sistema de gobierno “totalitarismo invertido”. Rinde pleitesía externa a la fachada de la política electoral, la Constitución, las libertades civiles, la libertad de prensa, la independencia judicial y la iconografía, tradiciones y lenguaje del patriotismo estadounidense, mientras permite que corporaciones y oligarcas se apoderen de los mecanismos de poder y dejen al ciudadano impotente.

El vacío del paisaje político bajo este “totalitarismo invertido” fusionó la política con el entretenimiento. Fomentó una farsa política permanente, una política sin política. El imperio, el poder corporativo sin regulación, la guerra interminable, la pobreza y la desigualdad social se volvieron temas tabú.

Estos espectáculos fabrican personalidades políticas prefabricadas —la persona ficticia de Trump, producto de The Apprentice—. Viven de retórica hueca, relaciones públicas sofisticadas, publicidad pulida, propaganda y el uso constante de focus groups y encuestas para devolverle al votante lo que quiere oír. La campaña presidencial vacía, sin temas y centrada en celebridades de Kamala Harris fue un ejemplo impecable de este arte performático político.

El asalto a la democracia, llevado adelante por los dos partidos gobernantes, preparó el terreno para Trump. Castraron nuestras instituciones democráticas, nos despojaron de derechos básicos y consolidaron la maquinaria del control autoritario, incluida la presidencia imperial. Trump solo tuvo que accionar el interruptor.

La violencia policial indiscriminada, familiar desde hace tiempo en comunidades urbanas pobres —donde fuerzas militarizadas actúan como juez, jurado y verdugo— le otorgó al Estado el poder de hostigar y matar ciudadanos “legalmente” con impunidad. Generó la mayor población carcelaria del mundo. Ese vaciamiento de libertades civiles y del debido proceso ahora se volvió contra todos. Trump no lo inició. Lo amplió. El terror es el objetivo.

Trump, como todos los dictadores, está embriagado de militarismo. Pide aumentar el presupuesto del Pentágono de un billón a un billón y medio de dólares. El Congreso, al aprobar su One Big Beautiful Act, asignó más de 170 mil millones para control fronterizo e interno, incluidos 75 mil millones para el ICE en los próximos cuatro años. Eso supera el presupuesto anual combinado de todas las fuerzas policiales estatales y locales.

“Cuando un gobierno constitucionalmente limitado utiliza armas de poder destructivo horrendo, subsidia su desarrollo y se convierte en el mayor traficante de armas del mundo”, escribe Wolin, “la Constitución es reclutada para servir como aprendiz del poder, no como su conciencia”.

Que el ciudadano patriota apoye sin fisuras a los militares y su enorme presupuesto significa que los conservadores lograron convencer al público de que las fuerzas armadas son algo distinto del gobierno. Así, el componente más sustancial del poder estatal queda fuera del debate público. Del mismo modo, en su nuevo estatus de ciudadano imperial, el creyente desprecia la burocracia pero no duda en obedecer las directivas del Departamento de Seguridad Nacional, el organismo gubernamental más grande e intrusivo de la historia del país. La identificación con el militarismo y el patriotismo, junto con las imágenes de poder estadounidense proyectadas por los medios, hace que el ciudadano se sienta más fuerte, compensando la sensación de debilidad que la economía impone a una fuerza laboral sobreexigida, exhausta e insegura.

Los demócratas, en la próxima elección —si es que la hay—, ofrecerán la opción menos mala mientras hacen poco o nada para frenar la marcha hacia el autoritarismo. Seguirán rehenes de las exigencias de los lobbistas corporativos y los oligarcas. Un partido que no defiende nada ni pelea por nada bien podría entregarle a Trump una victoria en las legislativas. Pero Trump no quiere correr ese riesgo.

Trump y sus secuaces están cerrando con energía la última salida del sistema que impide la dictadura absoluta. Pretenden orquestar elecciones simuladas, al estilo de todas las dictaduras, o directamente abolirlas. No están bromeando. Será el golpe de gracia al experimento estadounidense. No habrá vuelta atrás. Nos convertiremos en un Estado policial. Nuestras libertades, ya bajo ataque feroz, serán extinguidas. En ese punto, solo movilizaciones masivas y huelgas podrán impedir la consolidación de la dictadura. Y esas acciones, como vemos en Minneapolis, serán respondidas con represión estatal letal.

La subversión de las próximas elecciones planteará dos opciones brutales para los opositores más visibles de Trump: el exilio o el arresto y encarcelamiento a manos de matones del ICE.

La resistencia a la bestia, como en todas las dictaduras, tendrá un costo altísimo.

Fuente: https://www.facebook.com/photo/?fbi...

El nuevo gobierno holandés propone un 'impuesto de la libertad' para financiar el gasto militar

3 Febrero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

El gobierno entrante planea introducir un impuesto extra a los ciudadanos y empresas para recaudar 5.000 M€ y dedicarlos a gasto militar. El incremento total del presupuesto militar será de 19.000 M€ al año, que serán financiados por amplios recortes presupuestarios, incluido sanidad y asistencia social, además del impuesto extra que el gobierno ha llamado "impuesto de la libertad".


El nuevo gobierno holandés planea un "impuesto de libertad" para financiar el gasto de defensa

Bart H. Meijer y Charlotte Van Campenhout

El nuevo gobierno holandés planea añadir un recargo a los impuestos sobre la renta y corporativos para generar alrededor de 5.000 millones de euros (6.000 millones de dólares) por año para aumentar el gasto de defensa, dijeron el viernes los partidos de la coalición.

Para cumplir con el objetivo establecido por los países de la OTAN el año pasado, el gobierno pretende aumentar el gasto de defensa al 2,8% del producto interno bruto para 2030 y al 3,5% para 2035, en comparación con el 2% actual.

En última instancia, el aumento del gasto de defensa sería de unos 19.000 millones de euros al año, que se financiarían con amplios recortes presupuestarios, incluidos en sanidad y bienestar, así como con el incremento de impuestos que el gobierno ha denominado impuesto de la libertad.

En su acuerdo de coalición presentado el viernes, meses después de las elecciones de octubre, el nuevo gobierno también dijo que planeaba invertir en vivienda, limitando al mismo tiempo el déficit gubernamental a alrededor del 2% del PIB.

'UN NUEVO RUMBO' PARA EL PAÍS

"Estamos trazando un nuevo rumbo para nuestro país, con inversiones orientadas al largo plazo", dijo el líder del partido D66, Rob Jetten.

A principios de esta semana, Jetten y otros líderes políticos acordaron formar un gobierno minoritario poco común en el que el centrista pro-UE D66 se unirá a los conservadores demócrata-cristianos y al derechista VVD.

Esta coalición sólo tendrá 66 de los 150 escaños de la cámara baja del parlamento y necesitará encontrar apoyo entre los partidos de oposición para sus propuestas.

El principal partido de oposición de izquierda dijo que luchará por políticas más sociales y verdes.

Como líder del nuevo gobierno, Jetten, de 38 años, se convertirá en el primer ministro más joven en la historia holandesa.

En las próximas semanas se cubrirán otros puestos del gabinete y se espera que el gobierno sea instalado oficialmente dentro de un mes.

Fuente: https://www.reuters.com/business/ne...

Traducido del inglés con ayuda de traductor automático y revisado por Tortuga.

Yuval Noah Harari: 'En el siglo XXI las élites perderán sus incentivos para invertir en la salud, la educación y el bienestar de la mayoría. La mayoría de la gente será innecesaria'

2 Febrero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Tenemos que ser muy realistas: durante la mayor parte de la historia, la mayor parte de la gente ha sido insignificante para las élites y los centros de poder. Hemos vivido en una sociedad muy especial, en la que solo durante los siglos XIX y XX las masas han sido vitales para la economía y por lo tanto han tenido derechos. Que ya no sean necesarias por razones económicas o militares tendrá consecuencias desastrosas sobre las personas.


Yuval Noah Harari: "La mayoría de la gente será innecesaria en el siglo XXI"

Ernest Alós

Con libros como ‘Sapiens. Breve historia de la humanidad', el joven historiador israelí Yuval Noah Harari (1976) ha sido leído y recomendado por lectores como Barack Obama o Mark Zuckerberg. La élite de la élite que puede hacer realidad, o no, los negros presagios sobre el futuro de nuestro género que plantea en ‘Homo Deus. Una breve historia del mañana' (Debate / Edicions 62), el libro sobre el que este martes debatirá con Jorge Wagensberg en el ciclo Converses a la Pedrera (19 horas, entradas agotadas). En él expone que en el último siglo la humanidad ha reducido drásticamente el hambre, ha retrasado la muerte y acotado las guerras. Ese proceso puede seguir progresando para conseguir más felicidad (pero gracias a la bioquímica) y más longevidad (para unos pocos) hasta llegar a crear una nueva figura, el ‘Homo deus', con capacidades que nuestros ancestros reservaban a los seres divinos. Pero ese planteamiento aparentemente optimista es un ‘macguffin', y la historia puede ir por otros derroteros, mucho más funestos. Y es que uno de los méritos de Harari es su habilidad para utilizar recursos narrativos…

Así que de optimismo nada, ¿no?

El primer capítulo del libro es una historia simple, la que nos suelen explicar científicos y futurólogos sobre lo que sucederá en los próximos 100 años. Una simple proyección del presente sin grandes cambios. En el pasado conseguimos superar el cólera, el tifus y la tuberculosis y ahora venceremos el cáncer y el alzhéimer y encontraremos la manera de rejuvenecer el cuerpo. Pero en la mayor parte del libro lo que hago en realidad es complicar la historia. No solo porque vaya a haber imprevistos sino porque los ideales fundamentales que nos impulsaron en esta dirección están en peligro, pueden colapsar. En el próximo siglo encararemos no solo cambios tecnológicos sino también ideológicos. Y la idea de que podemos mantener los valores humanísticos que han sido predominantes durante el siglo XX, solo que con una mejor tecnología para hacer realidad estos ideales, es muy naïf.

¿Así, la libertad, la democracia, los derechos humanos, cree que son valores que corren peligro?

Sí, por supuesto. Las ideas fundamentales de las democracias liberales con las que estamos familiarizados, como ‘un hombre un voto', en un mundo con castas biológicas, ciborgs e inteligencia artificial pueden quedar completamente obsoletas. Los superricos podrán conseguir para sí mismos o para sus hijos capacidades que les harán superiores a la población media, que no podrá competir, y la brecha se hará cada vez mayor. Hoy no, y por eso el hijo de un pobre aún tiene alguna oportunidad. Cuando haya estas diferencias biológicas no tendrá ninguna.

Quedémonos de momento dentro de esta narración que dice que viviremos más y nuestra especie mejorará. Toda la humanidad no se convertirá en ‘homo deus'. Solo unos pocos. ¿Y los demás?

Durante el siglo XX la igualdad fue quizás el valor más importante de la humanidad. En gran parte, la historia del siglo XX es una historia de victorias, incompletas por supuesto, sobre la desigualdad. El mundo es ahora mucho más igualitario entre razas, entre clases, entre géneros, incluso entre padres e hijos. Esto ahora quizá va a invertirse. Veremos mayores desigualdades que en cualquier otro momento de la historia. Podremos ver a una pequeñísima minoría de personas que monopolice el poder económico y político, los algoritmos y la tecnología, y utilice este enorme poder para empezar a mejorar biológicamente y crear clases biológicas. Esto es abstracto, así que podemos poner un ejemplo: pensemos por ejemplo en los coches con pilotaje autónomo. Serán casi inevitables en los próximos 10 o 20 años. Hoy, millones de personas comparten las decisiones sobre la movilidad. Taxistas, conductores, profesores de autoescuelas, guardias de tráfico… Dentro de 20 años todos los vehículos estarán conectados a una única red que estará controlada por un único algoritmo. ¿Y quién será el propietario? Quizá una corporación como Google controlará toda la red de transporte de Barcelona. Ese es el tipo de monopolización del poder que puede venir.

Usted dice que en esa sociedad la clase mayoritaria pasaría a ser la de los innecesarios. El momento más inquietante del libro es cuando usted plantea que ya hay un modelo de cómo sería esa relación entre superhombres y homo sapiens: la forma como hoy nosotros tratamos a los animales.

Bueno, me parece que no se los comerán, no creo que lleguemos a eso. No creo que la gente vaya a ser criada en granjas como en ‘Matrix', eso no es realista… las máquinas no necesitan comer personas. Lo que quiero dar a entender es que en el siglo XX las mejoras en la vida del humano medio se produjeron sobre todo debido a que los gobiernos, en todo el mundo, establecieron sistemas masivos de educación, salud y del estado del bienestar. Hasta Hitler necesitaba que millones de alemanes estuvieran en condiciones de servir en la Wehrmacht y trabajar en las fábricas. Tenía sentido invertir en su bienestar. En el siglo XXI las élites perderán sus incentivos para invertir en la salud, la educación y el bienestar de la mayoría porque la mayor parte de la gente será innecesaria. Esto no significa que los vayan a exterminar de forma activa, solo que los gobiernos invertirán cada vez menos en ellos. Y esto ya está sucediendo ahora en el todo el mundo.

¿El futuro se parecerá a esas sociedades del pasado en que el 20% de la población podía morir de hambre sin que se inmutaran en el palacio real?

Podría ser algo así. Tenemos que ser muy realistas: durante la mayor parte de la historia, la mayor parte de la gente ha sido insignificante para las élites y los centros de poder. Hemos vivido en una sociedad muy especial, en la que solo durante los siglos XIX y XX las masas han sido vitales para la economía y por lo tanto han tenido derechos. Que ya no sean necesarias por razones económicas o militares tendrá consecuencias desastrosas sobre las personas.

Hubo otra razón: leyeron a Marx, creyeron en la amenaza de una clase obrera organizada y reaccionaron preventivamente. Tienes el argumento ético, que debería ser suficiente, pero me temo que no lo es. Marx escribía en el siglo XIX bajo la idea de que el proletariado era el elemento imprescindible para la economía. Y que la huelga general era su arma irresistible. Pero ahora es irrelevante. La mayoría de las personas serán económicamente innecesarias. ¿A quién le importa que hagan huelga los mendigos? ¡Los algoritmos no van a la huelga!

¿Hay hoy alguna amenaza que disuada al poder de dejar a la mayoría de población a la intemperie?

No lo sabemos. Cuanto más globalizada y automatizada es la economía, menor es el poder de la clase obrera. Creo que esta es una de las razones por las que la gente vota a Donald Trump en EEUU, por el Brexit en el Reino Unido o por los nuevos partidos en España, Grecia e Italia. La gente se da cuenta de que está perdiendo su poder e intenta desesperadamente demostrar al sistema que aún lo tiene votando todo tipo de políticas antiestablishment. Pero temo que es un gesto. No consigo adivinar cuál puede ser la amenaza que pueda invertir esa concentración de recursos que hace que las 60 personas más poderosas tengan más riqueza que el 50% de la población mundial, 3.500 millones de personas.

Le pone nombre a ese futuro amenazante. Dataísmo. ¿Cómo lo define?

Para dar una definición breve: dataísmo es la situación en la que, con suficientes datos biométricos sobre mí y suficiente poder computacional, un algoritmo externo puede entenderme mejor de lo que yo me entiendo a mí mismo. Y una vez existe este algoritmo, el poder pasa de mí, como individuo, a ese algoritmo, que puede tomar mejores decisiones que yo. Esto empieza con cosas simples, como el algoritmo de Amazon que te propone libros, o los sistemas de navegación que nos dicen qué camino tomar. Eran decisiones que tomábamos basándonos en nuestros instintos y conocimientos. Ahora la gente cada vez confía más en aplicaciones y sigue instrucciones del teléfono móvil. Y esto irá pasando también en decisiones más importantes, cómo en qué universidad estudiar, a quién votar… Iremos cediendo poder de decisión, y no porque lo decida un poder dictatorial, sino que seremos nosotros quienes querremos hacerlo. Hay departamentos de policía de EEUU en los que es un algoritmo el que decide dónde se debe desplegar a los patrulleros en función de los patrones de delincuencia, no un sargento veterano como antes. Tengo un amigo en Israel que está investigando en una inteligencia artificial que actúe como tutor de los niños las 24 horas del día y les enseñe todo. Por supuesto los algoritmos no acertarán en el 100% de las ocasiones… pero no lo necesitan, solo necesitan ser mejores que un humano medio, y eso no es tan difícil.

Dice usted que este es solo un futuro posible. ¿Qué posibilidades tenemos de hacer que no sea así? ¿Hacer nuestros datos tan opacos como sea posible? ¿Confiar en nuestras propias habilidades?

Aún tenemos mucho margen para elegir cuánta autoridad ceder a nuestro móvil. Pero hay un campo en el que será muy difícil resistir a esta evolución, el de la medicina. En 20 o 30 años, el tipo de cuidados médicos que podrás recibir si renuncias a tu intimidad será tan, tan superior al que tenemos ahora que muy poca gente elegirá preservar su privacidad. Si un Googledoctor puede monitorizarte 24 horas al día, todo lo que sucede en tu cuerpo, y puede reconocer el inicio de una gripe, de un cáncer o un alzhéimer cuando sea tratable, y has de elegir entre intimidad y salud, el 99% de la gente elegirá salud y le dará permiso al Googledoctor. Tomemos otro ejemplo: la gente dice que el futuro de la moneda es bitcoin, que eso será irresistible. Pero una economía basada en el bitcoin hará perder a los gobiernos cualquier capacidad de política monetaria y de garantizar el pago de los impuestos. No creo que sea inevitable. Aún tenemos la posibilidad de tomar otras decisiones políticas: por ejemplo desarrollar una divisa electrónica controlada por los gobiernos, con sus ventajas pero sin anonimato. Aquí podemos elegir entre dos futuros muy distintos.

Usted dice que en su libro expone una “predicción histórica”. Parece una contradicción entre términos. Y muchos historiadores no estarán de acuerdo con usted en que su trabajo sea el de especular con escenarios alternativos, ni en el pasado ni mucho menos en el futuro. ¿Cómo entiende usted la labor del historiador?

Creo que el papel del historiador es el de plantear diferentes posibilidades. La mayoría de la gente, cuando observa el mundo, cree que lo que ve es natural, inevitable. Los historiadores somos importantes porque reconstruimos el proceso por el cual el mundo ha llegado a ser como es, cómo el capitalismo y el Estado Nación son las formas de organización dominantes hoy, y entendemos las fuerzas que nos han llevado hasta aquí y también los accidentes que han ocurrido durante este proceso y las alternativas que podrían haberse hecho realidad. Porque los historiadores no ven el presente como algo natural y eterno. Debemos utilizar este conocimiento para mirar hacia el futuro con una perspectiva más abierta, para darnos cuenta de que hay alternativas a los sistemas políticos, económicos y sociales que dominan el mundo hoy. Y esto es lo que intento hacer. No predecir el futuro, algo que es imposible, sino abrir mentes y pensar de una forma más creativa sobre el futuro.

Habla de las guerras y el hambre en África como problemas a corto plazo, y del cambio climático como una preocupación a medio plazo, pero parece que le da menos importancia que a las amenazas a largo plazo de esa sociedad de la inteligencia artificial. ¿Pero llegará, si finalmente el agua nos llega literalmente al cuello?

Mi temor es que el cambio climático puede destruir la mayoría de sistemas ecológicos, la mayoría de los animales y plantas, la mayoría de la gente, pero que la ciencia y la tecnología serán capaces de salvar a las élites. Así que el el calentamiento global puede acelerar ese proceso del que estábamos hablando. El peligro es que la élite política y económica, ni que sea de forma inconsciente, siente que podrá escapar de ese desastre ecológico.

Fuente: https://www.elperiodico.com/es/ocio...

Israel ha matado a 520 gazatíes desde el inicio del alto al fuego

2 Febrero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

EFE

Los palestinos asesinados por fuego israelí pese al alto el fuego en vigor desde el 10 de octubre ascienden a 520, tras el asesinato de 26 gazatíes este sábado, entre ellos a una familia de siete en una tienda de campaña en Jan Yunis (sur) y once muertos en el bombardeo de una comisaria en la ciudad de Gaza, según fuentes médicas y de la defensa civil.

Un misil israelí impactó esta mañana contra la comisaría del barrio de Sheij Radwan, en la ciudad de Gaza, causando siete muertos, según confirmó una fuente de la morgue del Hospital Shifa, que aumentaron poco después a once tras el hallazgo de cuatro cuerpos entre los escombros.

Según el hospital y un comunicado del Ministerio del Interior de Hamás, entre las víctimas mortales hay al menos tres mujeres agentes de Policía y cuatro personas que estaban detenidas. Todavía se desconocen detalles sobre los últimos cuatro fallecidos.

Los ataques tuvieron lugar tanto en el norte como en el sur de Gaza, incluidos el bombardeo de un dron israelí contra una tienda de campaña en Jan Yunis en el que murieron un padre, sus tres hijos y tres de sus nietos, según una fuente del Hospital Naser.

En el norte, en Ciudad de Gaza, una madre y tres de sus hijos fueron asesinados, junto a otro familiar, en el bombardeo aéreo contra el apartamento en el que se refugiaban, de acuerdo con el Hospital Shifa.

Además, hubo otros cuatro bombardeos, entre ellos contra otro apartamento cerca del cruce de Jabalia, al este de Ciudad de Gaza, que solo causó heridos y dos al sureste del campamento de refugiados de Al Bureij, en el centro de la Franja y cerca de la denominada línea amarilla.

Además, en estos más de tres meses y medio de tregua, los equipos de la defensa civil han recuperado entre los escombros 715 cuerpos y miles más siguen sepultados.

"Se han añadido 85 mártires (muertos) a las estadísticas acumuladas, cuyos datos fueron completados y aprobados por el Comité de Aprobación de Mártires entre el 23 y el 30 de enero de 2026", detalla este sábado Sanidad.

La ofensiva bélica israelí iniciada el 7 de octubre de 2023 se considera por gran parte de la comunidad internacional como un genocidio contra el pueblo palestino por la destrucción generalizada, el alto ratio de civiles muertos versus milicianos o el uso del hambre como arma de guerra.

Fuente: https://www.publico.es/internaciona...

❌