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El negocio del miedo: Empresas militares impulsan una era de muros y vallas para detener la migración

7 Enero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Bruno Sgarzini

La caída del Muro de Berlín y el apartheid sudafricano anunciaban el inicio de un supuesto “mundo libre”, integrado por la globalización. Pero en lugar de eso, se ha dado lo que el historiador David Frye llama “una Segunda Era de las Murallas”, que eclipsa a la primera que comprende desde la antigua Grecia hasta finales del siglo XIX.

Un informe del Instituto Trasnacional de 2020, titulado Mundo Amurallado, hacia un apartheid global, estima que desde 1989 se han construido 63 muros. La cifra actualizada alcanza supera los 70 según el Migration Policy Institute. Elisabeth Vallet de la Universidad de Quebec calcula que ahora existen 74 muros fronterizos en todo el mundo, seis veces más que al final de la Guerra Fría, extendiéndose por más de 20,000 millas (32,000 kilómetros).

Para 2020, seis de cada diez personas en el mundo viven en un país con un muro en sus fronteras, según el instituto. La proporción podría ser mayor con el crecimiento de muros en todo el mundo.

Israel es el país con el mayor número de muros (seis), seguido de Marruecos, Irán e India (tres), y Sudáfrica, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Turquía, Turkmenistán, Kazajstán, Hungría y Lituania (dos).

Para 2020, seis de cada diez personas en el mundo viven en un país con un muro en sus fronteras, según el instituto. La proporción podría ser mayor con el crecimiento de muros en todo el mundo

Sin contar el que se construye en las fronteras entre Estados Unidos y México, como otros ya existentes.

En total, Asia tiene el mayor número de muros (56 por ciento) seguida de Europa (26 por ciento) y África (16 por ciento).

Para el Instituto Trasnacional, una de las mayores razones de esto proceso es la securización de las fronteras.

“Se creó un modelo de sociedad que se percibe a sí misma como insegura, que se gobierna a través del miedo. Las sociedades que se sienten más inseguras generan tendencias de segregación espacial. Esta segregación se debe, principalmente, a la búsqueda por parte de algunos sectores sociales de aislamiento de los supuestos elementos amenazantes para conseguir un determinado modelo de seguridad”, sostiene su informe.

El caso más emblemático, por ejemplo, es el del Viejo Continente. Según el Eurobarómetro 2017, en Italia, por ejemplo, la percepción social es que el porcentaje de inmigrantes es del 24,6%, cuando el valor real es del 7%. En España, estos valores son del 23% y 9%, y en Holanda, del 12,5% y 9%. En Polonia, la percepción es del 10% mientras que el porcentaje real es del 1%. Entre 2014 y 2022, la longitud agregada de vallas fronterizas en las fronteras externas de la UE y dentro del área UE/Schengen creció de 315 km a 2,048 km. Actualmente, el área UE/Schengen está rodeada o atravesada por 19 vallas fronterizas o de separación que se extienden por más de 2,000 kilómetros, según el parlamento europeo.

En los últimos años, después de la intervención rusa en Ucrania, los muros dejaron de construir para detener el flujo de refugiados de África y Medio Oriente. Polonia, en 2021, por ejemplo, completó un muro de cero de 186 kilómetros a lo largo de su frontera con Bielorrusia, que atraviesa varias áreas naturales protegidas, incluido el antiguo bosque de Białowieża. Esta barrera fue erigida como respuesta a lo que la Unión Europea calificó un "ataque híbrido" por el flujo de migrantes que empezaron a atravesar desde Bielorrusia. Finlandia, que comparte 1,340 kilómetros de frontera con Rusia, aprobó en 2023 la construcción de una valla que cubrirá el 15% de su territorio limítrofe, con un coste de más de 400 millones de dólares y finalización prevista para 2026. En El Báltico, Estonia, Lituania y Letonia avanzan en un plan conjunto de fortificación de 700 kilómetros para separar sus fronteras de Rusia lo máximo posible.

En Europa, destacan, además, las vallas de Ceuta y Melilla, en la frontera entre España y Marruecos, para detener la inmigración fronteriza. Donde se han usado desde alambres con cuchillas hasta un cable metálico que inmoviliza a quienes intenten cruzarla. España fue precursor con un sistema de vigilancia que dio origen al EUROSUR, “un sistema que combina el control de datos de todos los países de la UE con sistemas de radares y vigilancia fronterizos, que también se ha externalizado a terceros países”.

“Estas dinámicas en torno al miedo, la seguridad y el riesgo, sirven de mecanismo diferencial, divisor y fraccionario de diferentes sectores y capas de la sociedad, según los riesgos que estas perciben y las herramientas de las que disponen para hacerles frente. De esta manera la separación física y divisoria del espacio, se convierte en una política común a seguir y, la interposición de barreras, la herramienta para hacerla efectiva”, según el instituto Trasnacional.

Por esto, las razones que se han dado para la construcción de muros son; inmigración (32 por ciento), terrorismo (18 por ciento), contrabando de bienes y personas (16 por ciento), narcotráfico (10 por ciento) y disputas territoriales (11 por ciento).

Esto de facto genera un apartheid donde hay ciudadanos de primera, dentro de fronteras, y ciudadanos de segunda, que están fuera, con sus derechos suspendidos.

Lo que no se reduce solo a los muros, sino también a despliegues militares en fronteras como las de México y Guatemala o despliegues marítimos fuera de Australia, con centros de detención incluidos, que han costado cinco mil millones de dólares entre 2013 y 2018. En América Latina, República Dominicana empezó a construir una estructura de 3,6 metros de altura, mitad de concreto y mitad de valla metálica con alambre de púas, en más de la mitad de los 340 km de frontera que comparte de frontera con Haití.

El ejemplo más claro de una política segregación es la de Israel, el país con más muros del mundo, contra la población palestina.

Otro caso paradigmático es el de Siria, rodeado por cuatro muros en cuatro de los cinco países que lo rodean (Israel, Turquía, Jordania e Irak). “Todos se justifican en el terrorismo y la inmigración”, según el Instituto Trasnacional.

Ayudaron a esto la aparición del Estado Islámico y la inmigración de personas que huían de la guerra. La ACNUR estima que por el conflicto ha habido 6,2 millones de desplazados, el número más alto de un país en el mundo.

India, por su lado, tiene barreras con tres de las siete naciones con las que comparte frontera; Bangladesh, Pakistán y Myanmar. Las razones esgrimidas por sus sucesivos gobiernos es la inmigración musulmana de Bangladesh, el terrorismo y la disputa territorial sobre Cachemira con Pakistán y la entrada de narcotraficantes y de los desplazados rohinyás, etnia perseguida por el gobierno Myanmar.

Para el instituto Trasnacional; “la industria militar y de seguridad es una de las fuerzas impulsoras de la militarización de las fronteras, incluida la construcción de muros y vallas. Para ello, ha impulsado una narrativa en la que la migración y otros desafíos políticos o humanitarios en la frontera son tratados principalmente como un problema de seguridad, para el cual la construcción de muros y vallas, junto con el uso de equipos militares y de seguridad, es presentada como la solución”.

En general, los muros y vallas son construidos por empresas locales o fuerzas armadas de los países. Luego, la industria militar y de seguridad proporcionan tecnología de monitoreo, detección e identificación, vehículos, aviones, armas y otros equipos para mejorar y proteger las barreras fronterizas, como robots y drones.

Las empresas con más contratos en Europa y Estados Unidos son Airbus, Thales, Leonardo, Lockheed Martin, General Dynamics, Northrop Grumman, L3 Technologies, Elbit, Indra, Dat-Con, CSRA, Leidos y Raytheon. La israelí Elbit, por ejemplo, ofrece sus servicios a otras naciones con la promoción de que fueron testeados en los muros armados por Israel en los territorios palestinos.

Según el Instituto Trasnacional; “mientras construimos estas fortalezas, segregamos a las personas protegiendo los privilegios y el poder de unos y negando los derechos humanos y la dignidad de otros”.

“Detrás del aumento de los muros y la industria se esconde una narrativa poderosa y manipuladora que se ha vuelto hegemónica. Sostiene que los migrantes, en particular, son una amenaza para el modo de vida de algunos países, en vez de víctimas de políticas económicas y políticas perpetuadas y promovidas por los países más ricos que obligan a las personas a abandonar sus hogares”.

Fuente: https://www.diario-red.com/articulo...

Albiol prende la mecha en Badalona: Cuando el Ayuntamiento fabrica una guerra social

23 Diciembre 2025 at 21:05
Por: (tortuga)

El alcalde convierte un desalojo en un conflicto racial y traslada a la calle lo que se negó a resolver desde las instituciones.

El 22 de diciembre de 2025, Badalona no estalló por casualidad. Estalló porque alguien empujó. El alcalde Xavier García Albiol decidió hace meses que el antiguo instituto B9 no era un problema social que resolver, sino un enemigo político que exhibir. El desalojo se ejecutó la semana pasada con un auto judicial que ordenaba expresamente la intervención de los servicios sociales municipales. El Ayuntamiento se negó a cumplirlo.

A partir de ahí, el conflicto dejó de ser administrativo y pasó a ser social y callejero. Decenas de personas migrantes quedaron sin alternativa habitacional. Varias terminaron durmiendo bajo la C-31. Otras ocuparon Can Bofí Vell, un antiguo albergue que la Generalitat había señalado como solución de emergencia y que el consistorio rechazó habilitar. No hubo plan, solo abandono.

El domingo 21 de diciembre, un dispositivo solidario liderado por Cruz Roja intentó alojar temporalmente a parte de las personas desalojadas en una parroquia de Sant Crist. Un grupo de vecinos, alentado por el propio alcalde, bloqueó el acceso. El Ayuntamiento volvió a mirar hacia otro lado.

La respuesta llegó el lunes 22, cuando cerca de 400 personas se concentraron frente a Can Bofí Vell en una protesta convocada por entidades sociales y sindicatos de vivienda. Al otro lado, un grupo menor se manifestó contra la acogida. Hubo cordón policial, tensión constante y gritos racistas y homófobos. Nada de esto surgió de la nada. Fue el resultado directo de una política de señalamiento.

La policía no encontró a nadie con órdenes de detención pendientes en el B9. Aun así, el discurso de la delincuencia se mantuvo. Criminalizar para deshumanizar. Deshumanizar para no atender. No atender para provocar rechazo vecinal. Una cadena política conocida.

Hoy, una semana después, la mayoría de las personas desalojadas sigue sin solución estable. Unas 40 han recibido alojamiento temporal. El resto, calle. El invierno ya ha empezado. Badalona no vive una crisis inevitable. Vive una guerra social fabricada desde el Ayuntamiento, donde el abandono se convierte en mensaje y el racismo en herramienta política.

Fuente: https://www.facebook.com/photo?fbid...


Ver también: El debate de la inmigración

El debate de la inmigración

18 Diciembre 2025 at 00:01
Por: (tortuga)

Es cierto que Europa Occidental está recibiendo un fuerte flujo de personas migrantes. La causa principal del fenómeno, en cuanto a lo que se podría nombrar como "efecto llamada", en mi opinión, es la drástica caída de la natalidad en nuestros países y la necesidad de mano de obra para nuestras economías. Esta realidad no me resulta positiva, ya que creo que es indicativa de cosas que van mal en la sociedad occidental. Tampoco creo que tenga mucho de positivo el hecho de que haya personas que, por lo que sea, se vean impelidas, o forzadas, a abandonar su tierra y su familia. Ni su llegada masiva a nuestros países, donde generan superposiciones y sustituciones culturales, (ojo, que también incluyo a las personas que inmigran desde el norte de Europa o EEUU como turistas jubilados con rentas medias y altas, causando un gran impacto en los lugares que "colonizan"). Desde este punto de vista, sin dejar de apostar nunca por los valores del respeto, la solidaridad hacia las personas necesitadas, la empatía y la tolerancia hacia las culturas diferentes, yo no enarbolaría la bandera de lo que llaman "multiculturalidad". La multiculturalidad óptima, opino, habría de ser eso: una diversidad de culturas que se respetan e interrelacionan entre si, no una mixtura de todas ellas habitando los mismos espacios.

Esa es la teoría; lo que debería ser, y no ser, en un escenario ideal. Otra cosa bien distinta es la realidad consolidada que tenemos en el estado español y, en general, en la mayoría de sociedades de Europa, donde nos encontramos con grandes contingentes de personas inmigrantes que han llegado, y siguen llegando, a nuestras tierras desde hace décadas, constituyéndose en una parte numérica significativa de nuestras sociedades. Algunas de estas personas son ya inmigrantes de lo que se conoce como segunda o tercera generación, que han crecido y se han educado entre nosotros y que, en muchos casos, se encuentran perfectamente integradas a nivel cultural y social. Pensemos, por poner un par de ejemplos de personas famosas, en los hermanos Williams, jugadores del Atlétic de Bilbao, en la atleta Ana Peleteiro, o en el propio agitador de ultraderecha Vito Zopellari Quiles, hijo de un inmigrante italoargentino.

Es decir, dado que la realidad consolidada de la inmigración parece no tener marcha atrás (ni, posiblemente, sería deseable la tuviera), se hace necesaria una correcta gestión del fenómeno. El reto está en lograr una convivencia que respete las diferencias y la diversidad de quienes han inmigrado, pero que al mismo tiempo garantice la pervivencia de las culturas locales preexistentes. Un objetivo que no siempre es fácil de alcanzar, especialmente cuando la población migrante se establece localmente en forma de grandes colonias capaces de constituirse en grupo mayoritario. Algo que sucede, tanto en pequeñas localidades de economía agrícola a las que estas personas han afluido en busca de trabajo, como en lugares turísticos en los que migrantes, frecuentemente jubilados, procedentes de los países del norte, llegan a desplazar la cultura local, acaparando las funciones económicas, sociales, las soluciones habitacionales e incluso el idioma. En mi opinión, aunque socialmente no se perciba así, es mucho mayor el impacto cultural de este segundo tipo de colonias de inmigrantes. Además, volviendo a los factores éticos esbozados al principio, creo que cabe hacer valoraciones diferentes al respecto de quienes emigran al extranjero huyendo de la pobreza o cualquier otro tipo de circunstancia extrema, frente a quienes lo hacen, con ayuda de su poder económico, en busca de un mejor clima, gastronomía, sistema sanitario etc., especialmente cuando éstos últimos, como sucede no pocas veces, no muestran voluntad alguna de participar e integrarse en la cultura que les recibe.

En este contexto, y de la mano de las corrientes reaccionarias que últimamente tanto proliferan por todo Occidente, surgen diferentes debates y especulaciones sobre la inmigración. Al ser un tema de alta incidencia social, el debate va más allá del terreno teórico y se convierte en programa útil para captación de votos o militantes por toda clase de grupos de escora populista y neofascista. Es muy fácil agitar el espantajo del miedo al diferente. En otras épocas eran los judíos (o los gitanos). Hoy, fundamentalmente, son las personas de cultura árabe. Es el recurso clásico del chivo expiatorio.

Entre las especulaciones esgrimidas, encontramos algunas teorías conspiratorias (tan en boga hoy esta forma de reflexionar y expresarse públicamente). Por ejemplo, la conocida como "el gran reemplazo", o su variante: la que habla de la islamización forzada de Europa. En ambos casos, quienes sostienen este pensamiento estarían en la creencia de que hay un plan orquestado por determinadas élites, que trabajan en la sombra, para sustituir paulatinamente la población europea por otra procedente de culturas menos "desarrolladas" y más propensas a la sumisión y la docilidad. La sustitución se llevaría a término con una combinación de políticas pro-inmigración complementadas por otras políticas anti-natalidad (estas últimas, apoyadas con la promoción gubernamental de la cultura LGTBI y el feminismo esencialista). Como puede advertirse fácilmente, más allá de la excentricidad y falta de contraste con la realidad de la idea, es una visión basada en un concepto prejuicioso y supremacista entre razas y culturas (sin nombrar los valores homófobos y de tipo semejante que destila). Por ello cala sin problemas en las mentalidades más reaccionarias.

Sin embargo hay que decir que las principales teorías conspiratorias que ponen a los grupos de personas inmigrantes pobres (es poco común que los inmigrantes ricos sean materia de conspiración) en el centro de su diana son harto más simples: basta con inventar, descontextualizar o deformar estadísticas que los vinculan con la delincuencia, preferentemente la de tipo sexual. El caso más habitual -y vergonzante- estos días se da en relación a los conocidos como "menores de edad no acompañados" (menas).

Me parece importante contrarrestar tales usos bastardos del fenómeno migratorio, que están convirtiendo nuestras sociedades en terreno abonado para toda suerte de totalitarismos, al tiempo que ponen a las comunidades inmigrantes en claro riesgo de agresión fascista. Para ello, conviene centrar el análisis no en el hecho simplista de la inmigración en sí, sino en cuáles son las causas que impulsan a tantos miles de personas a abandonar sus países de origen, jugándose la vida en no pocas ocasiones, en inciertas, peligrosas, acaso mortales travesías con el fin de llegar a nuestro continente. Destino en el que, además, raramente son bienvenidas.

Responder a la pregunta no resulta fácil ya que dicha causalidad puede deberse a multitud de casos y factores. Hay incluso quien sostiene la teoría de que, al menos cierta parte de las personas que emigran hacia el mundo rico no lo hacen huyendo de la pobreza extrema sino, simplemente, respondiendo al efecto reclamo, al factor seducción que se ejerce desde nuestra sociedad. Es decir, dado que el mundo se ha convertido en global, tal como hacen los jubilados ricos del Norte de Europa (o, ultimamente, personas pertenecientes a las élites de algunos países de Sudamérica), hay migrantes procedentes del Sur (África, Asia, America Latina...) que inmigran con el objetivo de recibir los beneficios de la sociedad de consumo europea. En tal caso, quienes emigran serían los individuos más ambiciosos e individualistas de sus respectivas sociedades, no necesariamente los más golpeados por la pobreza (no conviene olvidar que para realizar este tipo de viajes se requiere dinero), ni, por supuesto, los más implicados y participativos en las estructuras comunitarias de allí.

No negaré que pueda darse este perfil en parte del contingente de personas que inmigran procedentes del Sur. Pero, ni aunque dichas personas supusiesen un porcentaje significativo de la inmigración que reciben nuestros países, ello justificaría la opinión -que también se escucha mucho estos días- de que dichas personas no deberían tener derecho a recibir los beneficios económicos y sociales presentes en nuestra sociedad ya que ellas no han contribuído a generarlos. Es de absoluta obviedad que el tipo de sociedad terciarizada y de abundancia material que hoy se da en el Occidente rico nunca habría podido suceder sin un incesante proceso de exacción y acumulación de riqueza en dirección Sur-Norte, logrado siempre, ayer y hoy, por medios depredativos y violentos. Visto así, la población en su conjunto de aquellas sociedades que vienen sufriendo el expolio histórico resulta ser, con mayor propiedad, agente, generadora del bienestar económico del que se beneficia la ciudadanía europea. Podría decirse que vienen a recuperar lo que era suyo y les fue robado. Y todo ello sin olvidar -dato que en este debate siempre se obvia de la manera más interesada- que la gran mayoría de personas que migran hacia nuestros países europeos lo hacen de forma perfectamente legal, con su documentación en regla, a través de las aduanas. Además de los turistas permanentes y jubilados que hemos nombrado antes, los migrantes autorizados que proceden del mundo empobrecido lo hacen como la mano de obra, más que necesaria, imprescindible para que la economía europea no colapse. Este dato principal, como digo, es siempre silenciado por los voceros populistas de la ultraderecha, quienes, a menudo, alimentan el bulo de que los inmigrantes "vienen a quitarnos nuestro trabajo". Sin embargo, tanto economistas como empresarios son perfectamente conscientes de la importancia determinante de la inmigración para mantener una economía productiva en Europa con un mínimo de competitividad.

En resumen, resulta ingenuo y simplista (en ocasiones torticero) orientar el debate de la inmigración atendiendo únicamente al hecho migratorio en si y al impacto que provoca en las sociedades receptoras, no queriendo saber nada de cuales podrían ser las causas que impulsan el fenómeno. Como ya he esbozado, además del "efecto llamada" que, por su propia idiosincracia y con ayuda de los sistemas comunicativos globales, proyecta la sociedad de consumo occidental, existen poderosas razones estructurales que impulsan este flujo de seres humanos. Flujo que se da fundamentalmente desde áreas del planeta explotadas y empobrecidas hacia los lugares del mundo en que se ha concentrado la riqueza. Por dicha razón, la causa última y principal de la inmigración como fenómeno no sería el mero deseo personal de las personas migrantes de beneficiarse de las "bondades" del mundo rico, sino la inercia devastadora de un sistema económico depredador que, históricamente, ha concentrado la mayoría de la riqueza del planeta en ciertas zonas, generando enormes bolsas de pobreza en otras. La agresión militar pura y dura (como ocurrió en Libia, Iraq...) o indirecta, mediante la instrumentalización de facciones o contingentes de mercenarios locales (como ocurre actualmente, por ejemplo, en Sudán, Congo...) es el mecanismo que los países occidentales vienen implementando desde hace siglos. Esta ininterrumpida acción militar directa e indirecta ha mantenido y sigue manteniendo a grandes partes de la humanidad bajo el dominio colonial, sometida a gran inestabilidad política o sufriendo las consecuencias de perennes guerras civiles. Todo ello con el objetivo de perpetuar la situación de dependencia para poder seguir expoliando los recursos de cada lugar. Por si fuera poco, en las últimas décadas, el cambio climático, alimentado a su vez por el insaciable industrialismo occidental, no ha hecho sino agravar las condiciones de vida de los habitantes de esas regiones.

Vistas así las cosas, nadie debería extrañarse de que haya personas que se vean obligadas a abandonar su tierra huyendo de una pobreza y, en numerosas ocasiones, un contexto bélico de los que de ninguna manera se les puede hacer responsables. No tener en cuenta estos hechos cuando en Occidente se debate sobre inmigración no solo denota la más absoluta de las ignorancias sino que, en no pocos casos, deviene un neto ejercicio de hipocresía, cinismo y desvergüenza.


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