La deforestación de bosques nativos en la Mata Atlántica brasileña se redujo un 40% entre 2024 y 2025, según datos divulgados el 2 de junio por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Brasil. Se trata del nivel más bajo desde que se inició el monitoreo sistemático de este bioma hace 40 años.
El bioma, que se extiende a lo largo de la costa brasileña desde el noreste hasta el sur del país, alberga una de las mayores biodiversidades del planeta y ha sido históricamente el más castigado por la tala ilegal y la expansión agrícola. La caída interanual supone un hito en la política ambiental del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, que ha reforzado los mecanismos de vigilancia y control desde su regreso al poder.
Compromisos climáticos en el punto de mira
El dato llega en un momento clave para Brasil, que aspira a consolidarse como líder en sostenibilidad de cara a la COP30, que se celebrará en Belém (Pará) en noviembre de 2025. La reducción de la deforestación en la Mata Atlántica refuerza la credibilidad del país en sus compromisos climáticos y en su posicionamiento dentro del BRICS+, donde Brasil impulsa una agenda de desarrollo verde.
«La deforestación de bosques nativos en la mata atlántica cayó en un 40%», confirmó el ministerio brasileño en un comunicado, sin precisar el número absoluto de hectáreas deforestadas en cada periodo. La tendencia contrasta con la de otros biomas como la Amazonía, donde la deforestación también ha descendido en los últimos dos años, aunque a un ritmo menor.
Desafíos persistentes
A pesar del avance, expertos advierten de que la Mata Atlántica sigue siendo el bioma más fragmentado de Brasil, con menos del 12% de su cobertura original. La presión de la agroindustria, la minería ilegal y la urbanización continúa siendo una amenaza. El Gobierno brasileño ha anunciado que reforzará las operaciones de la Policía Federal y el uso de satélites para detectar tala ilegal en tiempo real.
El dato de reducción del 40% es alentador, pero la Mata Atlántica requiere políticas de restauración activa y no solo de control de la tala, según señalaron organizaciones ambientalistas consultadas.
