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AnteayerKolectivas

Antonio Escalante: 'La juventud tiene que organizarse ya para plantar cara a la militarización'

6 Febrero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Ismael Juárez Pérez

A veces, un gesto pequeño explica mejor un compromiso político que muchos discursos. Antonio Escalante quiso empezar por ahí. Durante su reciente visita a Asturias, invitado por el Conceyu Abiertu pola Paz, un gesto espontáneo del fotógrafo Pablo Lorenzana —acudir sin que nadie se lo pidiera con cables y baterías para ayudarle a resolver un problema urgente— le permitió salir de un apuro. Para Escalante, esa forma de ponerse en el lugar del otro dice más sobre cómo transformar la sociedad que muchas consignas.

Nacido en Madrid, con tres años de vida en Asturias y desde hace más de tres décadas residente en Vitoria-Gasteiz, Escalante forma parte del colectivo antimilitarista Gasteizkoak. Es uno de los impulsores del libro Conversión de la industria militar en Euskal Herria. Para no fabricar más guerras (ZAPateneo kultur elkartea), donde analiza el crecimiento de la industria armamentística y propone su reconversión en producción civil de utilidad social. Coincidiendo con las presentaciones del libro, la web del colectivo ha sido recientemente hackeada y permanece inoperativa.

El libro pone el foco en la conversión de la industria militar. ¿Por qué defiende que este debate es hoy más urgente que hace quince o veinte años?

Porque la propuesta de conversión que planteamos ahora no es la misma que se hacía entonces. No hablamos solo de pasar de una producción militar a una civil, sino de una conversión hacia una producción civil de utilidad social que, además, cuestione el sistema productivo. Desde el antimilitarismo nos dimos cuenta de que durante años cometimos dos errores importantes. El primero fue considerar a las plantillas de las empresas militares como parte del enemigo. No eran el enemigo principal —ese papel corresponde a empresarios, accionistas e inversores—, pero tampoco las veíamos como aliadas. Hoy defendemos justo lo contrario: las trabajadoras y los trabajadores son protagonistas imprescindibles del proceso de conversión, porque conocen las capacidades técnicas, los materiales y las posibilidades reales de producción alternativa. El segundo error fue una visión muy estrecha del antimilitarismo. Nos especializamos en detectar el militarismo, se disfrazase como se disfrazase —uniformes, policía, ideología en las escuelas—, pero perdimos de vista que nuestras sociedades tenían otros problemas estructurales igual o más graves.

¿A qué problemas se refiere cuando habla de esa visión limitada?

A los colapsos múltiples que atravesamos hoy: ecológicos, medioambientales, de materias primas, de cuidados, de sostenimiento de la vida. No podíamos plantear una conversión industrial que no tuviera en cuenta todo eso. Todos esos colapsos tienen un elemento común: un sistema productivo capitalista que los genera y los reproduce. Por eso nuestra propuesta no puede ser sectorial ni exclusiva del antimilitarismo. Tiene que construirse desde los movimientos populares en su conjunto. El feminismo tendrá que definir cómo situar los cuidados y la vida en el centro; el ecologismo tendrá que plantear qué producir y cómo hacerlo sin repetir los mismos errores; y el sindicalismo tendrá que jugar un papel clave dentro de las fábricas. No vale pasar de fabricar tanques a fabricar molinos de viento sin más, inundando montes y territorios con nuevas infraestructuras que reproducen el mismo modelo extractivo. Eso no resuelve nada.

¿Por qué proponen empezar precisamente por la industria militar y no por otro sector?

No decimos que tenga que empezar necesariamente ahí, pero creemos que es un buen punto de partida por dos razones muy claras. La primera es que la industria militar es el único sector que vive exclusivamente de presupuestos públicos. No vende a particulares: vende a estados y gobiernos. Es decir, funciona con nuestro dinero, vía impuestos. Si ponemos el dinero, deberíamos tener capacidad de decisión sobre su uso. La segunda razón es que se trata de una producción cuya inutilidad social es evidente. Las armas solo sirven para dos cosas: para la guerra o para el desperdicio. O se utilizan para matar o se almacenan hasta que se deterioran y se tiran. Desde el punto de vista social es una producción absolutamente improductiva.

El lobby armamentístico y el miedo a la guerra

¿Qué factores explican que en las últimas décadas haya aumentado tanto el número de empresas vinculadas a la industria militar?

En el libro analizamos cómo, a principios de este siglo, el lobby militar-industrial europeo empezó a organizarse de forma sistemática. Venía de unos años de caída del gasto militar y decidió copiar el modelo estadounidense. En torno a 2003 o 2004 se crea la principal organización de lobby armamentístico europeo y, a partir de ahí, comienza un proceso muy bien documentado de influencia directa sobre las instituciones comunitarias. No es conspiranoia: hay informes, estudios y documentos oficiales que muestran cómo la Unión Europea, que durante años se negó por principios a financiar la industria militar, ha ido cambiando su política. En apenas quince años se ha pasado de no apoyar este sector a crear presupuestos propios, comisiones específicas y mecanismos de financiación a través del Banco Europeo de Inversiones y de la banca privada. Todo ello acompañado de un discurso que intenta legitimar ese giro.

¿Qué papel juega el miedo en ese cambio de discurso?

Un papel central. Para que ese rearme no fuera rechazado socialmente, se ha instalado un mensaje constante: “viene la guerra”. Se repite una y otra vez, aunque nunca se aclara quién es exactamente el enemigo. Ese miedo sirve para justificar recortes en otros ámbitos y para diluir debates fundamentales sobre los verdaderos problemas que tenemos como sociedad y como humanidad.

Frente al argumento de que la industria armamentística genera empleo y desarrollo, ¿qué alternativas reales de producción de utilidad social plantean?

Lo primero es desmontar ese argumento con datos. La inversión en industria militar genera menos empleo que la inversión en otros sectores. En el libro citamos varios estudios. Por ejemplo, uno de 2017 del Instituto de Economía Política de la Universidad de Massachusetts señala que por cada millón de dólares invertido en defensa se crean 6,9 empleos. Si ese mismo dinero se invierte en energías limpias, se crean casi 10; en sanidad, más de 14; y en educación, más de 19. Además, se habla de “industria de defensa”, pero al menos en el Estado español el 70% de la producción se exporta. Si se exporta al 70%, ¿a quién se está defendiendo? En un contexto en el que ni siquiera está claro quién es amigo y quién enemigo, ese argumento se cae por su propio peso.

Lenguaje, juventud y futuro del antimilitarismo

En el libro rechazan el concepto de “industria de defensa” y hablan de “producción para el desperdicio y la guerra”. ¿Por qué es tan importante disputar el lenguaje?

Porque se intenta cambiar la realidad cambiando las palabras. No es una industria de defensa si vende la mayor parte de su producción fuera. Tampoco genera riqueza social ni seguridad. Produce muerte o residuos. Llamarla “producción para el desperdicio y la guerra” ayuda a nombrar lo que realmente es y a desmontar el relato de seguridad que se nos quiere vender. Además, esa militarización social sirve para ocultar debates esenciales sobre cuidados, desigualdad o crisis ecológica. En ese sentido, creemos que hay que recuperar ideas que ya se defendieron en otros momentos. Como recordaba Xuan Candano tras la presentación del libro en Oviedo, evocando incluso canciones como Cruzar los vados de Víctor Manuel, hubo un tiempo en el que se cuestionó socialmente el papel del militarismo y se construyeron alternativas desde abajo. La insumisión, hace más de treinta años, fue una de esas experiencias.

¿Cree que el antimilitarismo ha quedado rezagado, especialmente entre la juventud?

Sí, claramente. No hemos sabido leer a tiempo la velocidad a la que avanzaba la militarización social. Hemos seguido funcionando con esquemas antiguos, con dinámicas repetidas, y eso no ha resultado atractivo para las nuevas generaciones. Por eso esta propuesta de conversión también es una autocrítica. Necesitamos replantear nuestras formas de organización, abrir el debate y hacer un llamamiento directo a la juventud. Los colectivos antimilitaristas estamos formados mayoritariamente por gente de alrededor de 60 años. No vamos a ser quienes libremos esta batalla en primera línea.

¿Qué papel deberían asumir entonces las nuevas generaciones?

Organizarse ya y empezar a plantar cara al militarismo en todas sus formas: ideológica, presupuestaria, industrial. Recuperar ideas que ya funcionaron, como las de la insumisión, y adaptarlas a la realidad actual. El debate no puede esperar a que la militarización sea un hecho consumado.

Fuente: https://www.nortes.me/2026/01/30/co...

Werner Rügemer: 'Europa tiene que salir de la OTAN y hay que disolver los monopolios de BlackRock'

23 Enero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Carmela Negrete

A Werner Rügemer le gusta definirse como filósofo intervencionista. Aunque no esté bien subrayarlo, llama la atención la enorme energía con la que sigue trabajando este octogenario. Vive en Colonia, desde donde continúa desarrollando una actividad intelectual y política constante. Es miembro del consejo asesor de la World Association for Political Economy (WAPE) y coeditor y autor de la World Marxist Review, con sedes en Londres y Shaanxi. Su libro Una amistad condenada: La conquista de Europa por los Estados Unidos ha sido publicado en alemán, francés, inglés y castellano. En 2026 está prevista su publicación en griego y chino.

Este intelectual de fuerte carácter no deja de escribir, investigar y participar en debates públicos, con un perfil muy crítico e independiente. Rügemer ha desarrollado un profundo análisis del poder económico y político del capitalismo occidental. En este momento está escribiendo una biografía de Konrad Adenauer. En castellano se publicó un libro suyo sobre las agencias de calificación en la editorial Virus. En Alemania, además, ha realizado documentales de investigación sobre criminalidad económica.

Hace poco fue traducido al castellano su libro Una amistad condenada: La conquista de Europa por los Estados Unidos. ¿Cree que esta obra es de especial importancia en la situación actual?

En el libro documento la historia previa de cómo Europa cayó en una catastrófica dependencia de los Estados Unidos. España, en concreto, ya desde la década de 1930. Si esta dependencia continúa, las poblaciones europeas se empobrecerán económicamente aún más y, debido a la incitación y al rearme contra Rusia, existe también la amenaza de una guerra nuclear, que Estados Unidos contempla como posible en sus planes de guerra y que se libraría en suelo europeo.

¿Cuándo comienza esa dependencia?

Esta dependencia comenzó durante la Primera Guerra Mundial: Wall Street, bajo el liderazgo de JP Morgan, concedió créditos a las potencias europeas en guerra, que no podían producir suficiente armamento para sus ejércitos de diez millones de soldados y compraron gran parte de ellos a US Steel, Bethlehem Steel y DuPont con ayuda de esos créditos. El aprovisionamiento de los soldados también se adquirió a consorcios alimentarios estadounidenses como Armour o Swift. No solo los aliados, Inglaterra, Francia e Italia, quedaron endeudados con Estados Unidos. También Alemania fue obligada a pagar reparaciones en las negociaciones de paz de Versalles de 1919, bajo el liderazgo del presidente estadounidense Woodrow Wilson. De este modo, Estados Unidos convirtió a Europa en pagador neto de deudas, así como en un nuevo mercado de ventas y espacio de inversión.

¿Qué papel tuvo en la política de ese tiempo?

Estados Unidos promovió partidos y medios antidemocráticos, de derechas y pro-estadounidenses. Apoyó, financió y abasteció a todos los dictadores fascistas de Europa, comenzando ya en 1922 con Mussolini en Italia, Metaxas en Grecia, Salazar en Portugal, Franco en España y, sobre todo, Hitler, quien fue convertido en una estrella mediática en Estados Unidos. La Alemania de Hitler se convirtió en el mayor comprador de películas de Hollywood. Corporaciones como Ford, General Motors, IBM, ITT y Raytheon transformaron a la Wehrmacht alemana en el ejército más moderno del mundo y la abastecieron también para la guerra de exterminio contra el enemigo común, la Unión Soviética.

Has mencionado antes cómo España fue uno de los primeros intervenidos.

En el caso de España, General Motors, Ford y Studebaker suministraron 12.000 vehículos militares al golpista Franco; Texas Oil y Standard Oil aportaron combustibles; y el Chase Bank de Rockefeller le proporcionó financiación. El presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt reconoció al gobierno de Franco inmediatamente después de Hitler y del Vaticano. Durante la Segunda Guerra Mundial, España se convirtió en un baluarte estadounidense en Europa para el suministro a la Alemania nazi. Posteriormente, Estados Unidos estableció bases militares y apoyó al dictador hasta su muerte, así como a sus herederos después.

¿Cómo influyeron los Estados Unidos en Europa tras la Segunda Guerra Mundial?

Después de 1945 también se hizo evidente la despiadada producción de mentiras por parte de las élites estadounidenses: en poco tiempo pasaron de ser profascistas a antifascistas. El exterminio de los judíos durante la guerra fue aceptado por Estados Unidos sin apenas ayuda ni crítica; pero tras la guerra se presentaron (y siguen presentándose hasta hoy) como los mayores defensores y amigos del pueblo judío. Tras la Segunda Guerra Mundial continuó la penetración estadounidense en Europa, primero por el oeste, el sur y el norte: en Francia, Inglaterra, Irlanda, Italia, Bélgica, Luxemburgo, los Países Bajos, España, Portugal y también en Escandinavia. La pinza formada por el Plan Marshall y la OTAN fue la medida más conocida de este proceso: inversiones, bases militares, medios de comunicación, servicios secretos, fundaciones y asesores estadounidenses.

¿Cómo se extendió esa influencia?

En todos estos Estados, en función de cada contexto nacional, se formaron élites capitalistas locales que operaron en conjunto con políticos vasallos de derechas. Se protegió de cualquier castigo, con pocas excepciones, a los antiguos cómplices del fascismo. Su potencial anticomunista fue utilizado por Estados Unidos contra el enemigo principal común: el “bolchevismo”. Esto es lo que ocurrió y sigue ocurriendo muy claramente en la República Federal de Alemania, fundada en 1949 por Estados Unidos en principio como un Estado parcial e independiente, pero al mismo tiempo como Estado sucesor del Tercer Reich.

¿Cómo evolucionó después de la caída del muro?

Tras el colapso del socialismo en 1990, Estados Unidos extendió esta estrategia también a Europa del Este: invertir, promover oligarcas y políticos de derechas e integrar a los Estados en la OTAN. La Unión Europea es también un producto de este proceso impulsado por Estados Unidos. En un principio, en los seis Estados fundadores, la República Federal de Alemania, Francia, Italia, Bélgica, Luxemburgo y los Países Bajos, se recurrió a antiguos cómplices de la ocupación fascista para crear la denominada Comunidad Europea del Carbón y del Acero. Esta estructura se fue ampliando de forma gradual hasta convertirse en la actual UE y fue cada vez más subordinada a la OTAN: todos los Estados de Europa del Este ingresaron primero en la Alianza Atlántica antes de poder convertirse en miembros de la UE.

Usted estudió filología alemana y románica, y realizó su doctorado en antropología filosófica. ¿Por qué se convirtieron los Estados Unidos en un tema central de su trabajo a lo largo de su carrera profesional?

A comienzos de la década de 1980 hubo una amplia resistencia contra una mayor subordinación de la República Federal de Alemania a la hegemonía estadounidense: la potencia dirigente de la OTAN quería desplegar aquí misiles de medio alcance en el contexto de una intensificada agresión antirrusa y anticomunista. Contra ello hubo protestas también del movimiento por la paz en Estados Unidos. Así fué como entré en contacto con activistas estadounidenses: informaban de tantas cosas poco conocidas sobre su país que en 1983 y 1984 decidí emprender investigaciones de varias semanas en Estados Unidos. Primero me centré en el sistema escolar y universitario, realicé entrevistas con maestros, profesores, alumnos y estudiantes, también con el entonces ministro de Educación estadounidense en Washington, Terell H. Bell. Publiqué dichos reportajes recopilados bajo el título de “El policía mundial enfermo”. Después, en 1984, exploré durante seis semanas en mis vacaciones la “nueva tierra prometida”, Silicon Valley, al sur de San Francisco.

¿Con qué objetivo?

Hablé con sindicalistas, trabajadores, científicos de la universidad de élite Stanford, bomberos, abogados y periodistas. Y también con inmigrantes ilegales, personas explotadas sin protección y con trabajdaores precarios que ensamblaban chips para Intel en sweatshops: enfermaban, sufrían abortos espontáneos... Un ingeniero de la mayor empresa allí, el consorcio armamentístico Lockheed, me explicó quién necesitaba los mejores chips para los misiles de los submarinos estadounidenses. Steve Jobs me explicó que la fabricación de sus ordenadores se estaba trasladando a Taiwán porque allí, bajo la ley marcial, los salarios eran aún más bajos. De todo ello surgió el libro: “Nueva tecnología, vieja sociedad: Silicon Valley” (1985). Pero como en Alemania y en la UE se seguía creyendo en las mentiras profesionales estadounidenses sobre «la libertad y la democracia», decidí seguir profundizando en el tema. La desmitificación de estas mentiras forma parte de la independencia que Europa necesita del país que aún se autoproclama dominador mundial, y que ha de ser no solo militar y económica, sino también intelectual y cultural.

Políticos y analistas se muestran sorprendidos por el comportamiento de Donald Trump hacia Europa, como si nuestro aliado, ahora nos diera la espalda. Usted, en cambio, habla de una continuidad de la política estadounidense. ¿Por qué?

Con Trump, los capitalistas estadounidenses intentan adaptarse a la nueva situación: China se ha convertido en un periodo históricamente corto en la mayor nación industrial y comercial, con una base industrial incomparablemente mejor, que además cuenta con cooperaciones económicas globales estables que siguen creciendo. Y Rusia demuestra por su parte que el guerrero proxy Ucrania, armado durante tres décadas por Estados Unidos, no puede ganar la guerra. Y los capitalistas más jóvenes, más agresivos y aún no tan ricos, dirigidos políticamente por Trump, han hecho balance y han llegado a la conclusión: los capitalistas dirigentes hasta ahora, los globalizadores, han librado guerras largas y grandes como en Irak y Afganistán, pero no resultaron ser inversiones exitosas. Por eso, Trump ha establecido en su “Estrategia de Seguridad Nacional” de diciembre de 2025 una disminución de forma pragmática, al menos por ahora, en la enemistad persistente contra China y Rusia.

¿Qué significa esto?

La pretensión de una renovada dominación mundial permanece, pero primero debe ser preparada de nuevo: Trump aumentó aún más el presupuesto armamentístico estadounidense, así como la deuda pública. Los trumpistas quieren crear el ejército más peligroso y letal del mundo, según sus propias palabras. Lockheed debe construir inicialmente con 200.000 millones de dólares el “golden dome for America”, el sistema de defensa antimisiles más moderno del mundo. Con la “flota dorada” Trump quiere desarrollar “los buques de combate más peligrosos del mundo”, y así sucesivamente. Y también los vasallos de las alianzas militares dirigidas por Estados Unidos, como la OTAN en Europa y también en Asia (Japón, Corea del Sur, Taiwán, Australia, Filipinas) deben duplicar sus presupuestos militares, hasta el 5 % del PIB, y comprar aún más armamento en Estados Unidos. Pero EEUU mantiene el liderazgo, también en la OTAN y en la conducción operativa de la guerra de Ucrania contra Rusia, incluso durante las actuales negociaciones de paz. Y ninguna de las aproximadamente 850 bases militares estadounidenses en todo el mundo será desmantelada, sino que solo hay una redistribución relativa hacia las bases asiáticas.

En otras regiones, Estados Unidos no se muestra a favor del fin de la guerra, sino todo lo contrario.

Los capitalistas de Trump libran las guerras más fáciles de ganar o las preparan: sobre todo el proxy estadounidense Israel bombardea no solo el territorio del llamado Gran Israel, sino todo Oriente Próximo para las inversiones estadounidenses: en Gaza, donde Trump habla de la “la Riviera de Oriente Próximo”, en Líbano, en Siria, con ataques secundarios contra Yemen e Irán. El ejército estadounidense sigue estacionado en Siria y bombardea allí enemigos seleccionados sin siquiera consultar al nuevo gobierno. Con los Estados del Golfo, los capitalistas emergentes de Trump consolidan la cooperación militar y ponen en marcha inversiones mutuas multimillonarias. Al mismo tiempo, los trumpistas buscan primero la entrada en Estados débiles de todos los continentes: con ayuda de ocho acuerdos de supuesta paz, como en Gaza, buscan asegurarse inversiones en tierras raras e infraestructuras: con Congo y Ruanda, con Armenia y Azerbaiyán, etcétera. Los trumpistas quieren acceder a los recursos de Groenlandia, que en términos de política de seguridad sigue perteneciendo al miembro de la OTAN Dinamarca.

Al mismo tiempo, se están produciendo los asesinatos extrajudiciales en Venezuela.

También en el patio trasero tradicional estadounidense, América Latina, Trump intensifica el control: con ayuda de BlackRock, Estados Unidos ha comprado los dos puertos del Canal de Panamá. Contra los antiguos Estados enemigos Cuba, Nicaragua y especialmente ahora Venezuela se endurecen las sanciones y los bloqueos. En el caso de Venezuela, se comportan así debido a su cooperación con China, principal comprador del petróleo venezolano. Inventan mentiras contra el supuesto narcotraficante Maduro y preparan una posible guerra, continuando lo que no solo Trump en su primer mandato, sino también su sucesor Joe Biden ya intentaron con el presidente fabricado Guaidó. Y, de paso, los trumpistas subvencionan al neoliberal endeudado de la motosierra Milei en Argentina y apoyan al recién elegido presidente de Chile, el imitador de Trump Kast.

Usted describe la Doctrina Monroe como fundamento histórico del expansionismo estadounidense. ¿En qué se diferencia la versión de Trump de esta doctrina?

En principio, en nada, pero sí en su ejecución forzada. La Doctrina Monroe de 1823 establecía: ninguna otra potencia debe obstaculizar la expansión del Estado estadounidense. Hasta entonces, Estados Unidos se había expandido de 13 a 23 Estados federados y continuó expandiéndose con ejército, colonización y expropiación, también con ayuda del genocidio, que Trump hoy también apoya en Palestina. Trump se remite a la Doctrina Monroe y quiere continuar o reiniciar la expansión estadounidense a escala global. Pero el problema que ha reconocido, a diferencia de sus predecesores Bush, Obama y Biden, es que sobre todo China, pero también Rusia, muy vinculada con China, son mucho más poderosas que las potencias coloniales europeas Inglaterra y Francia en la Norteamérica del siglo XIX.

¿Qué papel tienen los dos actores que acabas de mencionar?

Hoy Rusia es en parte superior en tecnología militar, pero sobre todo China está internacionalmente mucho mejor interconectada y es superior en muchos aspectos económicos y tecnológicos, por ejemplo, también en el suministro energético decisivo para la IA mediante centrales nucleares de cuarta generación, de las que Estados Unidos no dispone y por ello perfora desesperadamente en busca de petróleo y gas. El lema de Trump es “drill, baby, drill!” (perfora, nena, perfora). También en las ahora tan centrales tierras raras, Estados Unidos está en desventaja frente a China. Por cierto, los oligarcas estadounidenses con el gobierno de Trump cuentan como mucho con el apoyo activo de un 20 % de su propia población, y a nivel internacional Estados Unidos ha caído en desprestigio como nunca antes. Los trumpistas lo saben: incluso en su propio país solo cuentan con una minoría, además insegura.

¿Pero no se retira de Europa?

No, al contrario. Estados Unidos sigue dirigiendo la OTAN y ordena el aumento de los presupuestos militares. Y el ejército estadounidense y los servicios secretos estadounidenses siguen dirigiendo, a través de sus satélites en el espacio y de su mando europeo en Wiesbaden, la guerra de Ucrania contra Rusia y deciden qué armas suministran a Ucrania y cuáles no. Y en Ucrania los trumpistas quieren obtener la mayor cantidad posible de recursos, compras de tierras y empresas energéticas que hasta ahora siguen siendo estatales. Y las principales corporaciones digitales estadounidenses como Amazon, Facebook/Meta, Google, Apple, Microsoft y Nvidia, como ya se ha mencionado, están instalando enormes nuevos centros de datos en todos los Estados europeos importantes, obtienen encargos digitales y de IA del ejército, del Estado, de empresas y de medios. Las principales consultoras estadounidenses como Accenture y McKinsey, y los principales despachos jurídicos estadounidenses como Freshfields asesoran a los gobiernos y a la Comisión Europea. Las tres agencias de calificación estadounidenses S&P, Moody's y Fitch se están forrando con las evaluaciones de solvencia de todos los Estados europeos y de las principales sociedades anónimas.

¿Qué papel desempeñan empresas como BlackRock, las grandes corporaciones digitales y armamentísticas en la estrategia imperial de Trump?

Especialmente las corporaciones digitales y los nuevos organizadores del capital como BlackRock crecieron desde los años 1990 junto al Partido Demócrata y empobrecieron a los trabajadores y después también a la clase media con la globalización. Por eso, el demagogo Trump tuvo éxito entre ellos. Cuando Trump ganó las elecciones de 2024 con una clara mayoría, Gates, Bezos, Zuckerberg & Co. y BlackRock & Co. se pasaron rápidamente a Trump y financiaron su ceremonia de investidura. BlackRock fue bajo el presidente Biden el coordinador de la “reconstrucción” de Ucrania, y ahora forma parte del equipo de Trump para las negociaciones destinadas a poner fin a la guerra en Ucrania. Y BlackRock es en todos los Estados importantes de Europa el mayor accionista de las principales sociedades anónimas: en Inglaterra, Alemania, Francia, Bélgica, Países Bajos, también en Suiza.

¿Cuál es el papel de esos fondos?

BlackRock, Vanguard, State Street, Capital Group, Wellington y Fidelity obtienen aquí elevados beneficios y se aseguran, por ejemplo, de que las principales corporaciones químicas y automovilísticas inviertan lo máximo posible en Estados Unidos. BlackRock & Co. son también los principales accionistas de Amazon, Google, Apple, Facebook, Microsoft y Nvidia, que construyen en Europa los enormes nuevos centros de datos; y son también el mayor grupo de accionistas de Tesla, el mayor fabricante de coches eléctricos en Alemania. Además, BlackRock & Co. son ya el mayor grupo de accionistas del mayor consorcio armamentístico “alemán”, Rheinmetall, que ya ha construido dos nuevas fábricas en Ucrania.

¿Son formatos como BRICS, OCS, FOCAC y CELAC una alternativa?

Obama ya declaró a China enemigo principal, pidió a los miembros europeos de la OTAN aumentar sus presupuestos militares y también inició un rearme intensificado en Australia, Taiwán, Corea del Sur, Japón, Filipinas y Guam. La práctica desarrollada por China es sistémica y a largo plazo superior a la de Estados Unidos: soberanía nacional, industrialización de base amplia, trabajo y prosperidad creciente para la gran mayoría de la población, infraestructura amplia y moderna. Y la cooperación internacional de China también es superior a la práctica de dominación global de Estados Unidos. China además no necesita las casi 1.000 bases militares estadounidenses que Estados Unidos opera en todos los continentes e islas anexionadas, y a menudo se saltan las leyes nacionales.

¿Qué alternativas realistas ve para Europa más allá de la emancipación militar y económica de Estados Unidos?

Europa tiene que salir de la OTAN y hay que disolver los monopolios de BlackRock. Restablecer la soberanía de los Estados europeos para que puedan asociarse libremente, también por ejemplo con Rusia. Estas son demandas evidentes. Pero la soberanía pacífica, democrática y basada en el Estado de derecho tiene aún muchos otros ámbitos de actuación. Las fundaciones privadas estadounidenses de Gates, Soros & Co. deben ser reguladas o expulsadas. Las agencias de calificación estadounidenses deben ser expulsadas y sustituidas por agencias europeas.

¿Y desde los movimientos?

Los movimientos sociales deben internacionalizarse, dentro de Europa, pero también, por ejemplo, con el movimiento por la paz, de mujeres, ambiental y de derechos laborales, especialmente en Estados Unidos. Y también con movimientos en India, donde millones de hombres y mujeres, con salarios bajos y en una moderna esclavitud, ensamblan los iPhones de Apple y tras unos años enferman y son reemplazados. También la elaboración coordinada de los movimientos anticoloniales es una tarea a la que, por ejemplo, se dedica la revista internacional de la Nueva Ruta de la Seda, Belt & Road Initiative Quarterly (BRIQ), cuya redacción trabaja en Turquía. Multipolaridades, cooperaciones en todas las profesiones y movimientos: el mundo nunca ha estado tan abierto y nunca lo ha necesitado tanto.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/pensa...

El nuevo régimen de guerra alemán

14 Enero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Fabian Scheidler

Es un autor independiente. Su libro El fin de la megamáquina. Historia de una civilización en vías de colapso ha sido traducido a numerosos idiomas y será publicada en español en otoño por Icaria (Barcelona) y Abya Yala (Ecuador). Fabian Scheidler recibió el Premio Otto Brenner de Periodismo Crítico. www.fabianscheidler.com


La Unión Europea, el Reino Unido y otros miembros europeos de la OTAN han emprendido una militarización masiva, cuya velocidad y ambición no tienen precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. Si bien la mayoría de los miembros de la OTAN se habían mostrado reacios o incapaces de cumplir el objetivo de destinar el 2% de su PIB al ejército, fijado en 2014, en la cumbre de la OTAN de 2025 se apresuraron repentinamente a comprometer el 5% anual, cediendo a la presión de Donald Trump. Solo el gobierno español se negó a cumplir.

Lo que la OTAN, sus estados miembros y los principales medios de comunicación no comunican es que el 5% del PIB corresponde a aproximadamente el 50% de los presupuestos nacionales. Si los estados realmente cumplieran esos compromisos, tendrían que reducir drásticamente el gasto en bienestar social, incluyendo educación y sanidad, y al mismo tiempo incrementar sus déficits nacionales. El Financial Times resumió la agenda en un titular de marzo de 2025: “Europa debe recortar su Estado de bienestar [wellfarestate] para construir un Estado de guerra [warfarestate]”. En otras palabras, la militarización planificada es una lucha de clases desde arriba. Aunque los gobiernos han suavizado un poco sus compromisos, afirmando que solo se destinará directamente al ejército el 3,5 %, mientras que el 1,5 % se destinará a modernizar las infraestructuras para uso militar, incluso el 35% de los presupuestos nacionales seguiría siendo un duro golpe para lo que queda del modelo europeo de bienestar.

En la agenda de la mayoría de los países europeos están los recortes masivos del gasto público para canalizar fondos al complejo militar-industrial. El gobierno alemán es uno de los más entusiastas en este sentido. El ministro de Finanzas, Lars Klingbeil, del Partido Socialdemócrata (SPD), se comprometió a triplicar el presupuesto militar, desde los 52.000 millones de euros en 2024 a la cifra sin precedentes de 153.000 millones en 2029, mientras que el canciller Friedrich Merz (CDU) ya ha anunciado drásticos recortes en las prestaciones por desempleo para cubrir parte de este déficit.

La resistencia en el Bundestag es inquietantemente débil. Los Verdes han sido durante mucho tiempo unos de los defensores más fervientes del rearme y, en marzo de 2025, votaron a favor de una enmienda constitucional que eliminó todas las restricciones presupuestarias para los servicios militares y de inteligencia, manteniendo la austeridad para todos los demás tipos de gasto. El partido de derechas Alternativa para Alemania (AfD), que ha liderado algunas encuestas recientes, está igualmente comprometido con el refuerzo militar y la reducción del estado del bienestar. Aunque Die Linke se opone oficialmente a esta agenda, sus representantes en la segunda cámara federal, el Bundesrat, han votado a favor de la enmienda constitucional, lo que ha generado malestar en el partido. Para algunos observadores, la falta de oposición parlamentaria ha evocado siniestros recuerdos de los créditos de guerra de 1914, aprobados por unanimidad en el Reichstag con los votos del SPD.

En otros países europeos, sin embargo, ha surgido más resistencia. En el Reino Unido, Keir Starmer se enfrentó a una férrea oposición a sus planes de recortar las prestaciones sociales, incluso dentro de su propio Partido Laborista, y se vio obligado a dar marcha atrás. En Francia, el primer ministro François Bayrou fue destituido por una moción de censura a raíz de un plan de recorte presupuestario de 44.000 millones de euros. En España, las manifestaciones multitudinarias contra el genocidio han ejercido una presión considerable sobre el primer ministro Sánchez.

Si bien aún no está claro hasta qué punto los gobiernos europeos podrán impulsar su agenda de “todo para las armas, nada de mantequilla”, la embestida contra los servicios públicos y la clase trabajadora es continua y generalizada. La militarización descontrolada se ha convertido en el proyecto clave de la Unión Europea, que intenta reparar sus fracturados cimientos forjando una unión militar.

La militarización de la sociedad alemana

En Alemania, una ola de militarización impensable hace unos años se extiende por todo el país. Afecta a escuelas, universidades, medios de comunicación y espacios públicos. Los tranvías están pintados con camuflaje militar. Enormes anuncios del ejército presentan la guerra como una gran aventura que fortalece el espíritu de equipo. La Bundeswehr está reclutando agresivamente a jóvenes en las calles, en las escuelas y en las universidades. Incluso menores de 18 años están siendo reclutados, en violación de los principios de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, como han señalado organizaciones como Terre des Hommes. Se envía a oficiales juveniles a las aulas, donde publicitan el ejército ante estudiantes que, a veces, apenas tienen 13 años. En lugar de fomentar debates en las escuelas sobre el ejército, se les da vía libre. La administración también planea introducir ejercicios de defensa civil en las escuelas, con la intención explícita de preparar mentalmente a los estudiantes para la guerra.

En los medios de comunicación, la cadena pública alemana ARD ha empezado a promocionar el ejército y sus preparativos para la guerra en su programa infantil “9 ½”, con recomendaciones sobre cómo involucrarse. El programa no plantea preguntas críticas sobre el ejército ni menciona que el despliegue en zonas de guerra puede causar muertes y traumas. Lo mismo ocurre con la segunda cadena ​​pública, que promociona al ejército como una fuerza de paz amable y caritativa en su programa infantil ZDFtivi.

Las universidades se ven cada vez más obligadas a cooperar con el ejército. Si bien algunos Estados federales aún prohíben la investigación militar en las universidades públicas y unas 70 universidades se han comprometido voluntariamente a dedicarse exclusivamente a la investigación civil, Robert Habeck (Los Verdes) declaró a principios de 2025, cuando era vicerrector, que “necesitamos replantearnos la estricta separación del uso y desarrollo militar y civil” en el ámbito académico. En Baviera, la administración ya ha prohibido cualquier cláusula civil en las universidades, eliminando así la posibilidad de rechazar la investigación militar. Además, el Ejército alemán ha desarrollado un exhaustivo y clasificado “Plan de Operaciones Alemania” para subordinar las instituciones civiles a los objetivos militares.

Estos esfuerzos concertados para crear un Estado de Guerra buscan, entre otras cosas, transformar la actitud de la población alemana, que en su mayoría se ha mostrado escéptica respecto a las fuerzas armadas, y en particular respecto a la intervención en el extranjero, durante décadas. Desde finales de la década de 1960 y a lo largo de las décadas de 1970 y 1980, el auge de los movimientos pacifistas logró superar las arraigadas tradiciones militaristas en Alemania. En 1981, al menos 300.000 personas se manifestaron en Bonn contra el rearme nuclear de la OTAN. El Partido Verde, fundado un año antes, desempeñó un papel clave en este movimiento. Su manifiesto fundacional exigía la inmediata “disolución de los bloques militares, especialmente la OTAN y el Pacto de Varsovia”. En el apogeo de la Guerra Fría, exigió “el desmantelamiento de la industria armamentística alemana y su reconversión a la producción pacífica”.

Sin embargo, con su primera participación en un gobierno federal en 1998, el partido dio un giro de 180 grados a estas posturas, impulsando la guerra ilegal de la OTAN contra Serbia, que carecía de mandato de la ONU. Desde entonces, el partido ha sido uno de los principales defensores de la expansión de la OTAN y las intervenciones extranjeras, mientras que sus líderes han sido cooptados por centros de investigación transatlánticos como el German Marshall Fund y el Atlantik-Brücke.

Un desarrollo similar se observa en el SPD, que bajo el canciller Willy Brandt y su asesor Egon Bahr fue en su momento una fuerza destacada en las políticas de distensión. Sus esfuerzos contribuyeron decisivamente a la creación de la Conferencia sobre Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE) en 1973 y sentaron las bases para el fin pacífico de la Guerra Fría y la reunificación alemana después de 1990. Con la invasión rusa de Ucrania, la facción dominante dentro del SPD renunció a las políticas de distensión e incluso culpó a esas políticas de la guerra en Ucrania, en una notable distorsión de la historia. Mientras que una pequeña minoría en torno al exlíder parlamentario Rolf Mützenich aún exige negociaciones de paz sinceras y límites a la escalada militar, los halcones han tomado el control casi total del partido.

El “orden internacional basado en reglas” y el genocidio de Gaza

El proyecto del Estado de Guerra y los sacrificios que la población debe hacer para su creación son presentados por líderes políticos tanto en Alemania como en la UE como algo para lo que no hay alternativa. El argumento que justifica esta postura se basa en dos pilares. El primero es la afirmación de que se requiere un rearme masivo para defender la democracia, los valores occidentales y el derecho internacional contra un estado despótico y rebelde dispuesto a desmantelar el orden internacional basado en normas. Si bien la invasión rusa fue, sin duda, un delito grave y una violación masiva del derecho internacional, la idea de que grandes potencias occidentales como Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y Alemania sean defensores del derecho internacional resulta poco convincente, ya que precisamente estos países han participado en guerras ilegales de agresión, desde Serbia hasta Iraq y más allá, así como en operaciones neocoloniales de cambio de régimen durante décadas. Con la complicidad de estos Estados en el genocidio en curso en Gaza, el mito del Occidente virtuoso que lucha por el derecho internacional se ha derrumbado irrevocablemente.

En Europa, los gobiernos alemanes se han destacado especialmente por pisotear el derecho internacional en lo que respecta a Palestina. Tras el inicio de la ofensiva israelí, el gobierno alemán multiplicó por diez sus exportaciones de armas a Israel, que alcanzaron un total de 326 millones de euros solo en 2023. Eso lo convierte en el segundo mayor proveedor mundial de armas a Israel, solo por detrás de Estados Unidos. En noviembre de 2023, cuando ya hacía tiempo que existían pruebas abrumadoras de los crímenes de guerra sistemáticos cometidos por Israel, el canciller alemán Olaf Scholz (SPD) declaró que Israel “está comprometido con los derechos humanos y el derecho internacional y actúa en consecuencia”. Incluso después de que la Corte Internacional de Justicia considerara plausible la demanda sudafricana por genocidio contra Israel en enero de 2024, el gobierno alemán no modificó su postura. En octubre de 2024, cuando ya habían muerto más de 40.000 palestinos, la ministra de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock (Verdes), declaró ante el Bundestag alemán: “Si los terroristas de Hamás se esconden tras la gente, tras las escuelas, entonces [...] los lugares civiles también pueden perder su estatus de protección [...]. Alemania lo mantiene firme; para nosotros, esto significa la seguridad de Israel”. Con estas palabras, desestimó efectivamente las Convenciones de Ginebra, que obligan a los firmantes, incluidos Israel y Alemania, a priorizar la protección de los civiles sobre los objetivos militares y prohíben el castigo colectivo.

Después de que Amnistía Internacional, Human Rights Watch y muchos renombrados estudiosos del genocidio, incluido el historiador israelí Omer Bartov, declararan que Israel estaba cometiendo genocidio en Gaza, el comisionado del gobierno alemán para combatir el antisemitismo, Felix Klein, proclamó en mayo de 2025: “Llamar a esto genocidio es antisemita”.

Bajo el canciller Friedrich Merz (CDU), quien inmediatamente después de su elección se comprometió a invitar a Benjamin Netanyahu a Berlín a pesar de la orden de arresto de la Corte Penal Internacional, Alemania ha sido la principal fuerza en la UE que bloquea todas las iniciativas para sancionar a Israel por su comportamiento. Por ejemplo, ha impedido la suspensión del Acuerdo de Asociación UE-Israel. Las autoridades e instituciones alemanas también han participado en la supresión de la libertad de expresión a una escala sin precedentes en la historia reciente de Alemania, incluyendo intentos de impedir que la Relatora Especial de la ONU para los Territorios Ocupados, Francesca Albanese, hablara en Berlín.

Con esta conducta, las autoridades alemanas han ignorado abiertamente a las Naciones Unidas, el derecho internacional y los derechos humanos fundamentales para permitir que Israel continúe su genocidio. Dado este historial —que coincide en gran medida con el comportamiento de Estados Unidos, el Reino Unido y Francia—, la idea de que estos países se comprometan a defender la Carta de la ONU es simplemente absurda.

La amenaza rusa

Si bien el argumento de que la nueva carrera armamentística se centra en la defensa de un orden internacional basado en normas y la inviolabilidad de las fronteras (que Israel, por cierto, viola a diario) ha perdido credibilidad, y con la disminución de las posibilidades de Ucrania de recuperar sus territorios, ha surgido otra narrativa para justificar el aumento de la presencia militar: la amenaza de una invasión rusa de los países de la OTAN. En junio de 2024, el ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, declaró que Alemania debe estar “preparada para la guerra” porque Rusia podrá invadir la OTAN en 2029.

Sin embargo, no hay indicios de que Rusia tenga intención de atacar a países de la OTAN, y mucho menos a Alemania. Incluso el informe anual de inteligencia estadounidense afirma claramente que el Kremlin “casi con toda seguridad no está interesado en un conflicto militar directo con las fuerzas estadounidenses y de la OTAN”. El almirante Sir Tony Radakin, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas británicas y todo menos un títere ruso, confirmó: “Vladimir Putin no quiere una guerra directa con la OTAN”. De hecho, no existen motivos plausibles para un ataque a la OTAN, que sumergiría a Rusia en un conflicto devastador con la alianza militar más poderosa de la historia de la humanidad. Incluso si los líderes rusos fueran completamente dementes y suicidas (de lo cual no hay pruebas), carecerían de los medios para emprender semejante empresa. Durante años, Rusia solo ha logrado avances lentos contra un ejército ucraniano exhausto. El presupuesto militar de la OTAN sigue siendo diez veces mayor que el de Rusia, y solo los estados europeos de la OTAN gastan más del triple y son abrumadoramente superiores a Rusia militarmente.

Dado que la amenaza rusa a la OTAN es claramente exagerada, incluso a ojos de la inteligencia occidental, surge la pregunta de por qué el gobierno alemán, junto con otros líderes europeos, sigue difundiendo la narrativa de una invasión inminente. La pregunta cobra aún más pertinencia dado que la UE y sus Estados miembros más poderosos están socavando activamente las negociaciones de paz serias, aumentando así el riesgo de una confrontación grave con Rusia. La propuesta de enviar tropas de la OTAN a Ucrania tras un posible alto el fuego, por ejemplo, aumenta los incentivos para que Rusia continúe combatiendo, ya que impedir el despliegue de tropas de la OTAN en Ucrania fue un motivo clave para iniciar la guerra. Si bien la UE debería tener un claro interés en apagar el fuego a sus puertas, sigue echándole más leña, comprometiendo tanto sus propios intereses de seguridad como los de Ucrania. ¿Qué impulsa este comportamiento aparentemente irracional?

La agitación geopolítica y la “división internacional de la humanidad”

Una posible respuesta a este enigma es que un sector destacado de las élites políticas y económicas de Alemania y la UE considera el proyecto de militarización desenfrenada como un medio para contrarrestar las enormes convulsiones que amenazan su poder a nivel geopolítico, nacional y económico. Y para ello, es indispensable mantener una amenaza importante, un enemigo aterrador que no desaparecerá rápidamente. Si la amenaza rusa, por el contrario, resultara menos grave de lo que se describe, y si Rusia pudiera ser complacida con un acuerdo de paz que incluyera la neutralidad ucraniana, todo el sistema de justificación para el aumento de la presencia militar se desmoronaría.

Para analizar este argumento con mayor detenimiento, es necesario analizar con mayor detenimiento el contexto histórico. Geopolíticamente, Occidente está perdiendo la posición dominante en el sistema mundial que ha ocupado durante siglos, un proceso que ha provocado graves turbulencias y fracturas dentro del bloque occidental. Estados Unidos está desplegando todas las estrategias posibles para recuperar su otrora posición hegemónica, sin dudar en desacreditar a la UE si es necesario. Tras el fracaso de la estrategia del gobierno de Biden de debilitar a Rusia mediante la guerra de Ucrania, que llevó a Rusia a los brazos de Pekín, el gobierno de Trump ha intentado desesperadamente retirarse de Ucrania para centrarse en Asia y contener a su principal rival, China. Por esta razón, Estados Unidos intenta trasladar la carga financiera de la guerra a Europa.

Para los gobiernos europeos, y en particular para la administración alemana, que han seguido al pie de la letra las instrucciones estadounidenses, subordinando sus propios intereses, este cambio de rumbo ha provocado un caos y una confusión considerables. En primer lugar, cedieron a la presión estadounidense para cortar todos los lazos con Rusia. Si bien esto no contribuyó a poner fin a la guerra en Ucrania, causó graves problemas económicos, especialmente a Alemania. Bruselas y Berlín también han adoptado una postura agresiva hacia Pekín e incluso están dispuestos a reducir sus lazos económicos con China para complacer a Washington. Pero cuando Trump asumió el cargo en enero de 2025, resultó que la recompensa por esta obediencia fue una bofetada en forma de aranceles masivos a las exportaciones europeas, que, de nuevo, resultan especialmente dolorosos para Alemania. Desde entonces, los europeos se encuentran cada vez más aislados y rodeados de potencias más o menos hostiles, sin apenas socios fiables. Para colmo, el apoyo de países como Alemania al genocidio en Gaza ha distanciado profundamente a gran parte del Sur Global.

Si bien esto podría haber sido una llamada de atención para que Europa cambiara de rumbo y se reposicionara en un nuevo mundo multipolar, para que se desvinculara de un imperio estadounidense en decadencia y cada vez más errático, y actuara como una fuerza moderadora de la paz entre las grandes potencias, los líderes de la UE han optado por un camino diferente. Al comprometerse a aumentar masivamente su gasto militar, intentan apaciguar a Estados Unidos, reparar la fractura de la alianza transatlántica e impedir que Washington imponga más cargas económicas. Al mismo tiempo, los líderes europeos ven una oportunidad para rehabilitar su menguante posición en el sistema mundial por medios militares. En Alemania, este proyecto se remonta a la época de la Guerra contra el Terror, cuando las administraciones alemanas intensificaron los despliegues en el extranjero para defender los intereses alemanes en el Hindukush y en todo el mundo. La invasión rusa ha proporcionado una justificación aún más sólida para este esfuerzo, que permite a Alemania superar parte de la desconfianza histórica que otras naciones occidentales han albergado hacia el desarrollo militar alemán.

A pesar de la rivalidad y las luchas internas entre las naciones occidentales, la nueva ola de militarización tiene al menos un denominador geopolítico común: el mantenimiento de lo que Vijay Prashad ha llamado la “división internacional de la humanidad”. El sistema mundial capitalista se ha basado durante siglos en el dominio de las naciones occidentales blancas sobre los pueblos del Sur Global mediante la colonización y el régimen neocolonial. Este orden se ve amenazado por el auge del Sur Global y los BRICS, y Alemania, al igual que otras potencias europeas, no está dispuesta a permitir que las “naciones más oscuras” tengan la misma voz en los asuntos mundiales como tampoco a renunciar a su posición privilegiada entre los principales depredadores de la cadena alimentaria. Dado que la influencia económica y el poder blando de Alemania están en declive, sus líderes parecen creer que pueden revertir las tendencias mediante una mayor militarización.

Decadencia económica y remilitarización

A nivel económico y nacional, Alemania se ha convertido, como muchos otros países occidentales, en una sociedad en decadencia. Uno de cada cinco niños vive en la pobreza. Gran parte de las infraestructuras se encuentran en un estado lamentable, y algunas se están desmoronando, incluyendo escuelas y puentes. El ferrocarril alemán, que en su día fue un modelo para muchos países, se ha convertido en un símbolo de mala gestión y decadencia. La inversión en educación y sanidad está rezagada, y la desigualdad de ingresos y riqueza ha aumentado drásticamente desde mediados de la década de 1990, manteniéndose elevada durante más de una década.

Esta situación es el resultado de décadas de austeridad y privatización, promovidas por socialdemócratas, verdes, conservadores y liberales por igual. Además, desde el bombardeo de los gasoductos Nord Stream y la imposición de sanciones contra Rusia, los precios de la energía se han disparado, lo que supone una carga significativa para las industrias alemanas. Durante los dos últimos años, Alemania ha atravesado una grave recesión, la más larga de la historia de la República Federal. Esto solo se conoció después de que la Oficina Federal de Estadística tuviera que admitir, en julio de 2025, que había circulado previamente datos falsos y edulcorados. Para empeorar las cosas, la industria automovilística alemana, otrora un motor de la economía, ha perdido rápidamente fuerza, especialmente en la competencia con China. Los aranceles estadounidenses están socavando aún más la posición del antiguo líder exportador.

Esta grave situación económica tiene consecuencias sociales y políticas de gran alcance. Con la contracción económica, la contradicción entre los intereses del capital y los del trabajo se acentúa y los capitalistas adoptan, como ha expresado Nancy Fraser, métodos caníbales para asegurar el crecimiento continuo de sus ganancias. La especulación inmobiliaria está elevando aún más los alquileres, haciendo que la vida en las grandes ciudades sea inasequible para muchos. Al mismo tiempo, el gasto en servicios públicos e infraestructura se está recortando aún más drásticamente.

Todo esto agrava la frustración de gran parte de la población, que está perdiendo la confianza no solo en esta o aquella administración en particular, sino en el sistema político en su conjunto. Las encuestas muestran que solo el 21 % de los alemanes aún confía en el gobierno, mientras que la cifra en el caso de los partidos políticos es de tan solo el 13 %. Además, el declive social y económico se percibe como parte de una cadena interminable de malas noticias y desastres para los cuales la política no solo no tiene respuestas, sino que, de hecho, las exacerba. Con nuevas calamidades a causa de las guerras, el caos climático y la inteligencia artificial desatada que se avecina, la gran narrativa de que las cosas están mejorando, al menos a largo plazo, se vuelve cada día menos convincente. La promesa central de progreso continuo que ha mantenido unido al mundo occidental en todos los bandos políticos durante siglos se está desmoronando ante nuestros propios ojos, tanto en Alemania como en la mayoría de las demás naciones occidentales. En la medida en que la modernidad capitalista ya no puede cumplir sus promesas centrales, la cohesión ideológica y política se está volviendo cada vez más frágil y las fuerzas centrífugas están en auge.

El desarrollo militar puede aportar soluciones útiles a este caos desde la perspectiva de las fuerzas políticas y económicas dominantes, que intentan mantener su poder, privilegios y riqueza en medio de la crisis sistémica. En primer lugar, impulsar el complejo militar-industrial podría considerarse una forma de keynesianismo militar para impulsar las industrias nacionales y reactivar el crecimiento. Sin embargo, es dudoso que un proyecto de este tipo funcione a nivel macroeconómico. Es cierto que los productores de armas alemanes están en pleno auge: solo Rheinmetall espera pedidos adicionales por valor de entre 300.000 y 400.000 millones de euros y el valor de las acciones de la empresa se ha multiplicado por quince en los últimos años, pero gran parte del armamento que el gobierno alemán pretende comprar se producirá en Estados Unidos, incluidos los aviones F-35, los helicópteros Boeing Chinook y los sistemas de misiles antibalísticos Arrow 3.

Si este programa pretendía efectivamente reactivar la economía nacional mediante la creación de demanda interna, cabe preguntarse por qué los gobiernos alemanes, al igual que en otros países occidentales, han sido y siguen siendo tan reacios a invertir más en educación, sanidad y otros servicios públicos, que generarían demanda interna de forma mucho más eficaz. La enmienda constitucional de marzo de 2025 aborda el núcleo de esta paradoja: si bien mantiene la austeridad para la sociedad en general, ha permitido un gasto y un endeudamiento ilimitados para el ejército y el Estado profundo.
Policrisis y estado de excepción permanente

Noam Chomsky comentó en una ocasión que el desmantelamiento del estado de bienestar en favor del complejo militar-industrial es un viejo proyecto que se remonta a la época del New Deal. Según Chomsky, las prestaciones sociales estimulan el deseo de la gente de mayor autodeterminación y derechos democráticos, obstaculizando así el autoritarismo. El gasto militar, en cambio, genera grandes beneficios sin el “peligroso” beneficio de los derechos sociales. Las fuerzas neoliberales de la UE llevan décadas presionando para recortar el bienestar público y aumentar el gasto militar. Mantener viva la amenaza rusa contribuye enormemente a legitimar este proyecto.

La respuesta completa, sin embargo, podría ser aún más profunda. Con el desmoronamiento de la coherencia ideológica en Occidente, el Estado de Guerra puede proporcionar un sentido de dirección y unidad entre las élites gobernantes. Además, la amenaza de un enemigo abrumador, ya sea real o ficticio, permite la imposición de un estado de excepción a la sociedad en su conjunto. “Soberano es quien decide sobre el estado de excepción”, escribió Carl Schmitt, el teórico estatal alemán de la derecha, ya en 1922. Ante una policrisis en escalada, el estado de excepción es una opción para introducir un régimen autoritario y eliminar la disidencia sin tener que abandonar formalmente las instituciones de una democracia representativa. Si el mundo está, como se nos dice, en medio de una batalla existencial entre el bien y el mal, entonces no hay espacio para la deliberación, y la disidencia se convierte en traición.

El estado de excepción también permite una redistribución masiva hacia arriba, canalizando billones de dólares a manos de la clase multimillonaria sin mucha supervisión democrática. Presupuestos especiales como los “Sondervermögen” (fondos extrapresupuestarios) alemanes y una legislación ad hoc de gran alcance son típicos de esta estrategia de choque. De hecho, se puede argumentar que el capitalismo occidental, que lleva décadas en crisis de acumulación, solo puede mantenerse a flote con estas inyecciones masivas de dinero público. Esto es aún más cierto en una economía alemana estancada e incluso en contracción.

Además, el estado de guerra, latente o manifiesto, es un medio perfecto para distraer a una población cada vez más escéptica y evitar que considere las causas sistémicas de la creciente policrisis. Ya sea la desigualdad o el caos climático, la lógica de la guerra nos llama a dejar de lado estos problemas para defender la civilización occidental contra los Sauron y los Voldemort del bárbaro Oriente. Esta estrategia recuerda a la Guerra contra el Terror, que, además de ser un desastre para el mundo, logró desviar la atención de los problemas sociales y ecológicos, al tiempo que convertía a musulmanes y migrantes en chivos expiatorios.

Hoy, como entonces, la guerra parece ser la única opción para un cuerpo político que no tiene respuestas para nada, ya sea la pobreza generalizada, el caos climático, la ira popular o los desafíos geopolíticos. Si bien se suele decir que la política se centra en la solución de problemas, el proyecto del Estado de Guerra busca distraer la atención de los problemas reales hipnotizando al público y centrando su atención en una amenaza externa.

¿Autodestrucción o seguridad común?

Las consecuencias del proyecto de Estado de Guerra son devastadoras a todos los niveles. Sobre todo, la situación de seguridad de la UE en general, y de Alemania en particular, se deteriorará significativamente si se continúa la vía del rearme y la confrontación, y se sabotea la diplomacia efectiva. Una de las lecciones más importantes de la primera Guerra Fría es que el mayor riesgo de una guerra nuclear no se deriva de que una de las partes presione el botón rojo de improviso, sino de malentendidos y amenazas inminentes percibidas, que aumentan significativamente cuando se suspende el diálogo y se agitan las banderas en las fronteras. Alemania, que ha anunciado que permitirá el estacionamiento de nuevos misiles estadounidenses de alcance medio en su territorio, sería uno de los primeros países en ser aniquilados en caso de una conflagración.

Además, al negar las nuevas realidades geopolíticas e intentar mantener su posición privilegiada en el sistema mundial mediante el rearme, Alemania solo aumentará su aislamiento en el escenario mundial. El proyecto de Estado de Guerra también exacerbará la crisis social al desviar fondos de inversiones muy necesarias en servicios públicos, una política que, a su vez, generará mayor inestabilidad política. La extrema derecha se verá beneficiada aún más, mientras que la UE podría correr el riesgo de desintegrarse bajo el peso de intereses contrapuestos y de la indignación pública.

Para Alemania y sus aliados, solo hay una salida razonable a esta espiral de autodestrucción: aceptar que ya no tienen la última palabra, que un orden multipolar es inevitable y, de hecho, ya es una realidad. Si Alemania fuera capaz de aceptar este hecho, podría desempeñar un papel constructivo en la mediación entre las grandes potencias. De hecho, cuenta con una impresionante tradición de distensión que podría invocar. En la década de 1970 y principios de la de 1980, políticos alemanes como Willy Brandt y Egon Bahr fueron clave en el desarrollo del concepto de “seguridad común”. Como expresó el exsecretario de Estado estadounidense Cyrus Vance en su prólogo al emblemático Informe Olof Palme de 1982: “Ninguna nación puede lograr una seguridad real por sí sola. [...] Porque la seguridad en la era nuclear…” es sinónimo de seguridad común.

En otras palabras, la cooperación con adversarios geopolíticos es un requisito previo para la supervivencia. En este enfoque, la clave para la paz reside en respetar los intereses de seguridad de todos los actores. No solo israelíes, ucranianos, alemanes y estadounidenses tienen derecho al respeto de sus intereses de seguridad, sino también palestinos, rusos, iraníes, chinos y colombianos. Si bien el gobierno alemán, junto con gran parte de Occidente, se opone hoy al mismo concepto que en su día ayudó a crear, la gran mayoría del Sur Global desea un orden multipolar basado en la seguridad común, no en la confrontación. Alemania debe decidir de qué lado de la historia quiere estar.

Bienestar, no guerra

La convergencia de movimientos en torno a la cuestión de la paz desempeñará un papel clave para determinar si se puede detener la carrera hacia el abismo. Los ataques a las ayudas sociales para financiar el aumento de armamentos ya han incitado una resistencia popular masiva en países como Gran Bretaña, España, Francia e Italia. Si bien los movimientos pacifistas alemanes siguen siendo históricamente débiles debido a las divisiones internas, una serie de importantes manifestaciones este otoño, tanto en torno a los problemas de Gaza como de Ucrania, podrían indicar un punto de inflexión.

Detener el aumento de la presencia militar y la nueva confrontación de bloques es una cuestión clave para la izquierda europea, ya que todos los posibles logros progresistas en materia de derechos laborales, democracia y justicia ambiental se verían destruidos si los líderes de la UE se salen con la suya con la agenda del Estado de Guerra. Después de todo, hoy más que nunca se trata de ayudas sociales, no de guerra.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/anali...

Para un kit de supervivencia frente al militarismo norteamericano (y el nuestro)

8 Enero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

La nueva intervención militar de EE. UU., esta vez en Venezuela (pero hace unos días en Nigeria y antes en Irán y dando cobertura a Israel, y antes en Yemen y Siria lanzando munición guiada y misiles, o los ataques perpetrados en Somalia, por referirnos solo al año 2025, y una larga lista de sobra consabida desde los años 40 del siglo pasado) ha provocado reacciones de protesta airada en esta parte claudicante del imperio.

La carta a su militancia (¿?) utilizada por el presidente Sánchez como medio de protesta oficial por dicha intervención (¡!) es dudoso que llegue a tener eficacia alguna (o incluso a llegar a los oídos de la arrogante diplomacia americana) pero demuestra la habilidad de Sánchez para detectar un tema generador de malestar (y eventual caladero de votos) en el que necesita hacerse presente oportuna y oportunistamente.
La rápida movilización del día después en la embajada americana, en los consulados de muchas ciudades y en múltiples plazas de otras localidades demuestra la sensibilidad del tema y la disposición de una parte de la población a movilizar energías políticas por este asunto.

Por desgracia, los lemas contra el imperialismo yanqui, dicho sea de paso, muy justificados, y las invocaciones al orden internacional no parecen excesivamente operativos para pasar de una protesta airada a una lucha eficaz que necesita, como es obvio, otros complementos que en este momento no parece que estemos capacitados para proponer y movilizar.

Dispositivos, me refiero, de hacer daño de verdad, de cortocircuitar, de señalar, de poner piedras en el camino, palos en las ruedas, verdadera coacción moral y social con capacidad de provocar cambios.

Por de pronto, a mi se me ocurre una especie de kit de emergencia para hacer en mi día a día lo que pueda. Lo lanzo por si entre todos somos capaces de complementarlo con otras ideas.

  • A) La primera de mis ideas; que la aplastante y abrumadora fuerza de la primera potencia se basa en gran parte en una endiablada y compleja cadena de colaboraciones y sumisiones sucesivas que nos hace formar parte de los eslabones con los que nos atan.

Y ello me lleva a pensar en dos colaboracionismos en los que trabajar(me):

  1. El personal, en el que tal vez si que tengo margen de maniobra si no para solucionar la situación, al menos para higienizar mi mente e incordiar en lo posible.
  2. Y el comunitario, en el supuesto de que cuanto menos nos prestemos en colectivo a apoyar a estos cencerros menos resonará su badajo proclamando la ideal libertad americana.

En lo estrictamente personal he comenzado por hacer higiene en mi propia cabeza con la suspicaz sospecha de que estos tipos nos infiltran en vena la aceptación de sus lógicas. A la mierda el consumo de sus películas (que por cierto son performativas del mundo que aspiran a construir para nuestro bien), de sus canciones y espectáculos, de la idiota obsesión por su idioma, de los cachivaches que nos venden, de sus reclamos religiosos y mundanos, del marketing y del sursuncorda. De hecho, esta misma mañana me ha preguntado un tipo con pinta de yanqui despistado por una calle y le he dicho que yo a los americanos, después de lo ocurrido, no les doy ni la hora para que sienta en sus carnes el desprecio visceral que provocan sus políticas agresivas.

Incluso me estoy pensando si proponer a mis amigos establecer una especie de sello de calidad o algo así para espacios «liberados» o «descontaminados» del colaboracionismo americano; sellos que podemos poner en pueblos que se declaren contra el militarismo americano, o contra la ocupación, o en espacios rescatados (y ojalá pueda campear el sello en Rota o en Morón y otros espacios infectados por la contaminación militar americana).

Puede que no solucione mucho esta especie de disposición personal hostil, pero, como dice un dicho leguleyo, «lo que abunda no daña» y al menos me hace estar despierto.
En lo comunitario se me ocurren de momento dos cosas más:

Una, que en la medida en que la actitud de hostilidad (por ponerle un nombre) a la colonización mental, tecnológica y de todo tipo de lo americano se hace colectiva, pudiera ser que esto les haga más daño (y a nuestras colectividades más salud por añadidura). De ahí la llamada a alimentar este nocolaboracionismo entre amistades, conocid@s, vecin@s, colegas, etc.

Que se nos hagan odiosos e indeseables y que dejemos, como papanatas, de consumir su modo de vida guay.

Y la segunda, que un rechazo cuanto más amplio mejor y cuanto más organizado y extenso más eficaz puede además afectar a sus intereses, en definitiva, uno de los motores de sus lógicas coloniales. De modo que, aprendiendo de nuestros amigos palestinos y de sus organizaciones de lucha, promover el boicot, la desinversión, el señalamiento y la problematización de todo lo americano, hacemos más eficaz y plausible el rollete del yanquee go home para que nos e quede en mera palabrería.

  • B) La segunda idea que se me ocurre tiene que ver con las posibilidades de articular una lucha de respuesta política y en este caso, la afinaré diciendo que luchar contra la infiltración de las lógicas militaristas de EE. UU. es luchar también contra nuestro propio militarismo.

No desvelo ningún secreto si afirmo que España está alineada al militarismo global como un alumno aventajado (también practicamos la injerencia militar, somos la octava potencia en venta de armas, mantenemos un gasto militar contrario a la seguridad humana y gigante, un aparato militar desmesurado y un militarismo social preocupante) y sometida a la orientación militarista de la OTAN y de EE. UU.

Romper el peso de esta enorme cadena implica luchar contra nuestro propio militarismo.

Por eso, una apuesta por intentar ser eficaces políticamente en el enfrentamiento contra todo esto pasa por:

  • Luchar contra la presencia militar (y no militar) de EEUU en España: bases militares, instalaciones de alta disponibilidad, de entrenamiento u otras al servicio de la política imperial americana, tratado de amistad y cooperación, uso del espacio aéreo o de tecnologías instaladas en suelo español para operaciones militares americanas, participación en operaciones militares de la OTAN, adquisición de armamento americano, negativa a colaborar con el estiaje de armas o bagajes militares americanos en suelo español y todo atisbo de presencia del militarismo americano entre nosotros.
  • Y adoptar una política propia global de resistencia a la guerra y su preparación, desmilitarización y trans-arme, porque lo que defienden los ejércitos no es lo que queremos defender (al contrario, forma parte de aquello de lo que queremos defendernos) y la paz que queremos construir no es la mera ausencia de guerra ni su preparación.

Esta segunda idea nos pone en la necesidad de rearticular un movimiento de lucha por la paz más antimilitarista y confrontativo que, por ejemplo:

-# -Reivindique la resistencia a la guerra, la no injerencia militar española en el exterior, la salida de las alianzas militares, la devolución a la sociedad de los espacios naturales al servicio del militarismo, la desaparición de los campos de entrenamiento militar y las grandes bases al servicio de la OTAN; contra la ocupación del territorio y la creación de zonas de interés de la defensa, contra e gasto militar y por la reversión del rearme emprendido, el trasvase del gasto militar a necesidades vinculadas con la seguridad humana y ecológica.

  1. -Lance campañas de boicot y desobediencia al militarismo vinculadas con el gasto militar, la investigación y los desarrollos científicos, la penetración del militarismo en escuelas, centros formativos o recreativos, la ocupación del espacio público por militares y exaltaciones militaristas, la producción de armas, la expansión del militarismo a la protección civil en detrimento de política publicas de respuesta civil, etc.
  2. - Promueva la lucha contra las industrias militares, proponga alternativas de conversión militar y ofrezca apoyo a la clase trabajadora para ejercer la objeción laboral como respuesta personal y política al armamentismo.
  3. - Se oponga a las políticas de defensa militaristas y ofrezca alternativas de transarme y defensa alternativa.
  4. Combata el militarismo ideológico, social y sociológico.
  5. - Empodere y movilice a la sociedad en ciclos de movilización que afecten de forma decisiva al militarismo y sus intereses y se coordine con luchas sociales emancipatorias y movimientos sociales de aspiración a un cambio global de rumbo.
  6. Y promueva metodologías de lucha social y de cultura de paz positiva que mejoren la calidad ética y social de nuestra sociedad.
  • C) La tercera idea que se me ha ocurrido, tiene que ver con los aliados.

Me imagino que, al igual que ocurre aquí, las apuestas militaristas del imperialismo americano son compartidas por un parte de su sociedad, pero rechazadas por otra.
E igual ocurre en otras partes del militarizado mundo actual.

Nos interesa trazar alianzas, tejer lazos, cruzar sabidurías para provocar disidencias dentro del propio centro del imperio y no sólo en su periferia.

Una de las enseñanzas analíticas que las investigadoras Erica Chenoweth y María J. Stephan acerca de la eficacia de la desobediencia civil para conseguir transformaciones sociales es que gran parte de sus logros se producen por la construcción de un numero crítico de activistas a su favor y el cambio de alianzas en la fila contraria y que para que esto tenga lugar la principal fortaleza es la persistencia/resiliencia de las luchas emprendidas.

No se me ocurre de qué manera, pero debemos conectar con las propias disidencias internas del propio eje del mal, las de sus periferias vendidas y de todos los lugares como ingrediente de nuestra lucha para hacer que no se nos quede en un calentón o una descarga de adrenalina.

Y, como no, debemos conectar y coordinar esta lucha con las restantes luchas ejercidas por los movimientos transformadores, en definitiva perseguidores de los mismos propósitos, sueños y esperanzas y combatientes de los mismos males, puesto todos ellos tienen vasos comunicantes.

Y lo tenemos que hacer en términos de defensa social alternativa, el nuevo argumentario con el que articular y defender el mundo que queremos colaborar a construir.

Trump ha cambiado las reglas: Vienen tiempos difíciles

5 Enero 2026 at 00:01
Por: (tortuga)

Trump ha cambiado las reglas. Hasta ahora EEUU venía consiguiendo sus objetivos en países no sometidos a sus designios mediante presión, bloqueo económico, revoluciones de colores, promoción de golpes de estado (véase el que le hicieron a Hugo Chávez) o apoyo a grupos opositores (incluido el bélico en caso de que la oposición fuera armada, caso de Libia, Kosovo, Siria...). Habitualmente esgrimiendo supuestos motivos de índole humanitaria; restauración de la democracia, los derechos humanos, etc. Ahora, en cambio, han desempolvado el recurso militar directo, la pura ley del más fuerte, triturando cualquier asomo de sometimiento a legalidad internacional ninguna.

El cambio que está anulando las convenciones que regían desde el final de la Segunda Guerra Mundial, podría decirse, comenzó cuando, tras la llegada de Donald al poder, se intensificó el genocidio en Gaza ante el silencio cómplice de la gran mayoría de los países de lo que llaman "comunidad internacional".

Ahora el mensaje es claro: cualquier país pequeño que no se someta a los dictados imperialistas de la potencia belicista estadounidense corre el peligro de, bajo la más tonta de las excusas, ser atacado militarmente con las devastadoras armas que posee EEUU.

Rusia y China, en principio, parecen estar fuera del alcance de esa amenaza. No así el resto de países con gobiernos no sometidos a Estados Unidos como, por ejemplo, Irán, Brasil, México, Colombia, Cuba... Estos tres últimos ya han sido amenazados por Trump. Hay que recordar también la amenaza del presidente norteamericano de hacerse con el control territorial de Groenlandia y el Canal de Panamá

La disyuntiva de todos estos estados amenazados por la bota militar norteamericana transcurrirá entre presentar algún tipo de resistencia o someterse al poder yanki, caso de los países de América o la Dinamarca (miembro fundador de la OTAN, para más inri) que ejerce la soberanía de Groenlandia, ya que sus recursos bélicos no les alcanzan para poder defenderse del ejército de Donald.

La otra opción es armarse hasta los dientes, si puede ser con armas nucleares, caso de Irán, porque ni Rusia, emboscada en la guerra de Ucrania, parece poder defender militarmente a nadie de las agresiones estadounidenses, ni China tampoco, además de que su agenda hasta ahora ha venido pasando por mantener un perfil bajo en este tipo de conflictos mientras se centra en su expansión económica. De la ONU, maniatada por los poderes cruzados de veto, o los países de la Unión Europea, incapaces, a su vez, y no deseosos de enfrentarse al que hasta ahora venía siendo (veremos qué ocurre a medio plazo) su gran aliado transatlántico, tampoco cabe esperar nada.

Creo que este acto de conquista bélica de un gran país soberano (junto con el genocidio de Gaza) marca un antes y un después. Se nos vienen tiempos muy convulsos y muy bélicos: démonos cuenta de cuánta gente aplaude y defiende en nuestro mundo estas locuras militaristas, y qué poca conciencia tienen esas personas de cuáles son sus riesgos potenciales para todos. Sin olvidar, además, el freno que estas iniciativas belicistas y la apuesta de EEUU por el mercado del petróleo están suponiendo a las políticas que trataban de aminorar el cambio climático inducido por causas humanas.

Como decía un conocido hablando de otro tipo de temas, se nos avecina un descenso a los infiernos. La arquitectura internacional (y las diversas nacionales) construida por los poderes occidentales desde hace décadas se desmorona. El mundo que conocemos y en el que hemos vivido parece que va a experimentar cambios importantes a peor. Veremos qué tipo de infierno es, cuánto dura y si después habrá o no algún tipo de catarsis. En este proceso que ya está aquí, las y los antimilitaristas, y cualquier persona que tenga un mínimo anhelo de Paz, de Justicia y de Dignidad, tenemos mucho que aportar y hay que empezar a hacerlo desde ya.


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Más de 800 organizaciones piden a los eurodiputados que destinen a la paz el dinero de la guerra

31 Diciembre 2025 at 00:00
Por: (tortuga)

CARTA ABIERTA a los eurodiputados, suscrita por Attac.

Estimado miembro del Parlamento Europeo:

La semana que viene se les pedirá que voten sobre una cuestión crucial, el presupuesto para 2026, y se avecinan o ya están en marcha otras votaciones y negociaciones importantes, como el próximo presupuesto a largo plazo de la UE (MFF 2028-2034) y una serie de «paquetes ómnibus», es decir, procesos de desregulación. Todas estas propuestas contienen aumentos masivos del gasto militar y regalos a la industria armamentística. Les pedimos encarecidamente que se opongan a estas peligrosas medidas y que redirijan los recursos hacia políticas de paz auténticas.

Somos Stop ReArm Europe, una coalición de más de 800 organizaciones y movimientos de la sociedad civil de toda Europa, que representamos a una gran variedad de sectores y/o procedencias políticas, y tenemos algo en común:

Queremos una seguridad genuina, es decir, una seguridad centrada en las necesidades humanas, como la seguridad medioambiental y climática, la seguridad alimentaria y económica, la seguridad social y sanitaria, y la seguridad comunitaria y política, tanto para los europeos como para todos los ciudadanos del mundo.

Queremos una paz transformadora y justa que incluya las condiciones necesarias para que las sociedades prosperen, como abordar las causas profundas de los conflictos, la buena gobernanza, la libertad y el fomento del potencial creativo humano.

En resumen, una seguridad común tanto para los Estados como para los pueblos.

Como actores de la sociedad civil, estamos más decididos que nunca a hacer todo lo que esté en nuestra mano para que esto se haga realidad, pero no podemos hacerlo solos.

Necesitamos su ayuda como responsables políticos; necesitamos su ayuda para que los valores universales de los derechos humanos y el Derecho internacional sean los principios rectores de las políticas de la UE, y para poner fin a décadas de prácticas hipócritas que se han vuelto tan evidentes en los últimos años.

La propia historia de la integración europea la hace especialmente vulnerable a la influencia indebida de los intereses empresariales, como demuestran numerosos informes, y las políticas de rearme no son una excepción a esta regla, sino todo lo contrario.

El discreto pero poderoso cabildeo de la industria armamentística desempeñó un papel decisivo en la adopción de las primeras subvenciones de la UE hace diez años, y su influencia en las políticas europeas, tanto militares como civiles, no ha dejado de crecer desde entonces. Los presupuestos destinados al cabildeo de las diez mayores empresas armamentísticas aumentaron un 40 % entre 2022 y 2023. Solo en 2025 (hasta octubre), la Comisión se reunió 89 veces con los grupos de presión del sector armamentístico para debatir sobre el rearme y la geopolítica, y solo 15 veces con sindicatos, ONG o científicos sobre los mismos temas. Por su parte, los eurodiputados se reunieron con el lobby armamentístico 197 veces entre junio de 2024 y junio de 2025, frente a las 78 veces de los cinco años anteriores. Como resultado, el llamado plan de «preparación para la defensa» para la supuesta autonomía europea se reduce en última instancia a subvencionar a las grandes empresas militares, a menudo internacionales, impulsar la producción y aumentar las ventas de armas, incluidas las exportaciones fuera de Europa.

El paquete «defensa ómnibus» sigue la misma lógica, ya que desregula aún más las normas sociales y medioambientales, así como las normas éticas y de exportación de armas, desvía recursos de programas civiles como la política de cohesión y pervierte los principios de la financiación sostenible, todo ello en interés del sector armamentístico. ¿Cuándo será suficiente para la industria armamentística?

Además de endeudar a Europa, y por tanto a sus ciudadanos, en beneficio de la industria armamentística y de un modelo económico extractivo e injusto, los planes de rearme desvían recursos financieros, humanos y políticos de la seguridad humana, así como de la prevención y la resolución pacífica de conflictos y de los grandes retos a los que se enfrenta la humanidad, desde el cambio climático hasta la pérdida de biodiversidad o la crisis sanitaria, por nombrar solo algunos.

Y la propuesta para el próximo marco financiero da un paso más en esa dirección, ya que prevé quintuplicar el presupuesto asignado directamente a las políticas de defensa y espaciales, además de que los programas civiles están en gran medida abiertos a la industria armamentística. Dado que el presupuesto global de la UE se mantiene prácticamente estable, esto supone necesariamente un desvío de los recursos financieros anteriormente asignados a las políticas civiles, aunque la profunda reestructuración del MFP hace muy difícil identificar transferencias específicas.

En general, el plan ReArm Europe de marzo de 2025, junto con todas las políticas anteriores y posteriores relacionadas con él, está condenado al fracaso porque, en esencia, reforzará la inseguridad europea y mundial, alimentará la carrera armamentística mundial —que a su vez alimenta los conflictos armados— y agravará el cambio climático y el daño medioambiental, dada la huella de carbono y medioambiental del ejército.

¿Es este el futuro que ustedes y nosotros queremos para la próxima generación? Nosotros no, y estamos convencidos de que ustedes tampoco.

Por lo tanto, les instamos a que destinen el dinero de la guerra a la paz, con el fin de crear las condiciones ambientales, económicas, sociales, políticas y diplomáticas necesarias para una paz positiva, la seguridad humana y la seguridad común.

Hay una serie de medidas y decisiones concretas que pueden tomar en las próximas semanas y meses para empezar a preparar un futuro mejor. En particular, les instamos a que:

Rechazar el presupuesto para 2026 en la votación plenaria de la próxima semana y solicitar:
Reanudar las negociaciones para reducir las subvenciones a la industria armamentística y aumentar las asignaciones a la diplomacia y a la prevención y resolución pacífica de conflictos con carácter urgente.
El fin de todas las cláusulas de exención que impiden la supervisión parlamentaria normal de todos los programas relacionados con el ámbito militar.
Defender las normas sociales y medioambientales, así como los estándares éticos, oponiéndose a las diferentes propuestas del «paquete global de defensa», en particular:
impedir que el Fondo de Defensa de la UE comience a financiar actividades de ensayo fuera de Europa, ya que esto permitiría utilizar el dinero de los contribuyentes de la UE para probar armas y tecnologías militares en cualquier zona de guerra, como Gaza y Ucrania;
objetar antes del 29 de noviembre la propuesta de limitar la definición de armas controvertidas a las armas prohibidas, mientras la UE financie el desarrollo de armamento disruptivo;
rechazar la flexibilización de las transferencias de armas dentro de la UE, que contradice las obligaciones de los países de la UE en virtud del derecho internacional;
rechazar la ampliación de las exenciones y derogaciones a las normas laborales, químicas, medioambientales y de otro tipo en favor de la industria armamentística;
rechazar la flexibilización de las obligaciones de información sobre la industria armamentística dentro de los marcos existentes de responsabilidad corporativa y sostenibilidad.
Rechazar la propuesta actual del próximo Marco Financiero Plurianual (MFP 2028-2034) en lo que respecta a los siguientes aspectos:
rechazar el Fondo de Competitividad que asigna 130 000 millones de euros a armas y al espacio militarizado
rechazar el desvío de programas civiles, en particular de investigación civil como Horizonte, así como de programas digitales, de movilidad, de cohesión y otros, con fines militares.
Reasignar estos fondos al fortalecimiento de la diplomacia y la ayuda exterior, con un claro enfoque en la lucha contra el cambio climático, la pobreza y la desigualdad, así como en la protección de los derechos humanos y el medio ambiente, y un apoyo decidido y coherente a la resolución pacífica de los conflictos con la participación de las mujeres, los jóvenes y las comunidades marginadas.

Oponerse firmemente a las presiones actuales para limitar significativamente la capacidad y la legitimidad de los actores de la sociedad civil para contrarrestar la influencia de las empresas a nivel de la UE; el equilibrio de poder actual ya está muy sesgado a favor de los intereses empresariales, y marginar aún más las voces de la sociedad civil supone una amenaza directa para el debate democrático en aras del interés público.

Si desea interactuar y debatir con nosotros sobre los temas planteados en esta carta, póngase en contacto con nosotros en contact@stoprearm.org . Estaremos encantados de organizar reuniones en línea en las que pueda intercambiar opiniones con muchos de nosotros sobre su visión, sus esperanzas y sus planes para la paz.

Le agradecemos su atención y esperamos tener noticias suyas.

En nombre de la campaña Stop ReArm Europe El equipo de coordinación de StopReArm Europe

Fuente: https://attac.es/mas-de-800-organiz...

La política del miedo: 80.000 millones de gasto militar para 2026

28 Diciembre 2025 at 23:30
Por: (tortuga)

Presentación del informe «La política del miedo: 80.000 millones de gasto militar para 2026».

(Descarga del informe, más abajo).

Juan Carlos Rois y Grup Antimilitarista Tortuga

No podemos pasar por alto que el militarismo ha tenido un peso mayor que el deseado en el devenir de la humanidad. Por supuesto, también en la historia de las instituciones de nuestro estado y en la de la instrucción de las masas que lo han respaldado.

A pesar de ello, se había conseguido, al menos, que determinadas retóricas autoritarias y algunas ideologías violentas se mantuvieran agazapadas ante el temor del rechazo en el espacio público. Parece que ya no es así.

Mucho se habla de las arengas intolerantes y militaristas de la ultraderecha, pero, si analizamos la realidad con rigor, podemos constatar que este discurso es también aceptado por gran parte de la derecha tradicional. Y, más aún, si estudiamos con cierto esmero el dispendio que suponen las partidas de gasto militar en el estado español, afirmaremos que el carácter de nuestras instituciones es netamente militarista, incluso cuando las controlan formaciones autoproclamadas como izquierdistas.

En el presente documento se demuestra que el gasto militar del estado español en 2025 superó los 65.000 millones de euros, cifra que multiplica por 4,49 el gasto reconocido por el gobierno. Ello se debe a que al gasto oficial del Ministerio de Defensa se debe añadir el escondido en otros ministerios y capítulos de los presupuestos, y, además, hay que contabilizar otras partidas como el gasto extrapresupuestario generado por el uso abusivo del fondo de contingencia, las cantidades programadas de gasto plurianual y la amortización anual de deuda pública.

Estos números se acercan al 4,1% de nuestro PIB, lo cual desmiente todas esas milongas según las cuales España aportaría menos del 2,1% de su PIB a gasto militar y que, por tanto, sería uno de los estados menos implicados en la OTAN.

La realidad es bien distinta: España es, entre las 42 administraciones militaristas y atlantistas, la séptima que más dinero aporta a la organización.

Asimismo, España se muestra desde tiempos de Felipe González como una potencia eminentemente intervencionista y participa actualmente, según datos oficiales, en 19 misiones —siete de ellas son de la OTAN— que suponen un gasto superior a los 1.700 millones de euros.

Y nuestra estimación, como se demuestra en este informe, es que el gasto militar y de control social aumente en 2026, a pesar de la congelación de los presupuestos, hasta superar los 80.000 millones de euros.

Por último, queremos dejar claro que todas las páginas que se despliegan ante ti han requerido de rigor y exhaustividad para ser escritas, pero, puesto que la verdad es el mejor motor para empezar a andar, también ofrecen algunos principios inspiradores para intentar mejorar el mundo.

Frente a los discursos y políticas amparados en el miedo y el odio, y frente a unos desorbitados gastos militares que limitan los presupuestos sociales y que cargan a sus espaldas las clases más bajas, profundizamos en la idea de seguridad humana.

El rearme y el intervencionismo no van a construir un mundo más acogedor, solo reforzarán dinámicas violentas. Las políticas sociales y ambientales son el camino para construir un mundo más solidario y seguro. Y será el pueblo, por encima de las instituciones, quien las deba abanderar.

En definitiva, te presentamos a continuación el análisis más profundo que hemos podido elaborar sobre la evolución del gasto militar y de control social en estado español, así como de su relación con la sociedad y sus dinámicas.

Para descargar el informe:

Para descargar el resumen del informe:

Tambores de guerra: El jefe del Estado Mayor de los Ejércitos francés fomenta el miedo y la parcialidad en un discurso

14 Diciembre 2025 at 00:00
Por: (tortuga)

Salam aleikum.

Hoy nos hacemos eco del discurso del jefe del Estado Mayor de los Ejército francés, General Mandon (no podía ser menos, claro). Muchos son los aspectos que se pueden criticar del discurso del General Mandon pero, sobre todo, son tres las características de su conferencia: la parcialidad con la que juzga las ansias imperialistas, violentas y depredadoras de los demás países enemigos y no las ve en los propios comportamientos de Francia; y el interés por fomentar el miedo entre la población asegurando que el enemigo nos rodea con, cada vez, más aviesas intenciones y mayor preparación militar; y la prédica de la resignación: quiso terminar afirmando «que estamos aquí para ustedes, que estamos aquí para todos los franceses, para garantizar su defensa, que no tengo ninguna duda sobre la solidez de las Fuerzas Armadas francesas», también estimó que el país debería estar «dispuesto a aceptar perder a sus hijos».

En el fondo, el discurso de Mandon es el mismo que el de Trump (solo que éste no tiene tanta facilidad de palabra y sus vulgaridades y espíritu chulesco no le dejan articular ideas complejas con soltura), que el de Putin, que el del jefe del Estado Mayor del Ejército español, etc.

Por que en Europa y en el mundo entero ahora estamos fabricando la próxima gran guerra. La anterior idea puede parecer una apuesta arriesgada, una opción fácil por el pesimismo, pero en una entrada anterior de este blog documentábamos que crece el miedo a la guerra y hace más de un año publicamos un artículo de gran interés para los tiempos actuales titulado: Así se fabrica una guerra en el que se desmenuzaba cómo Estados Unidos pasó de no querer intervenir en la 2ª Guerra Mundial a, en unos meses, ser un acérrimo defensor de entrar en la guerra. En ese proceso estamos.

Pero concentrémonos en el discurso de Mandon:

Critica el ansia depredadora en economía de China, pero no parece percatarse de las mismas prácticas utilizadas por Francia en el otro lado del mundo con «posesiones» que considera propias como Polinesia y Nueva Caledonia.

Fomenta el miedo a una gran guerra internacional por el enfrentamiento, supuestamente, en 2027 entre China y Estados Unidos por Taiwan. No nos olvidemos que fomentar el miedo a una gran guerra próxima es la forma de supervivencia y de, incluso, crecimiento del gasto militar y del poder del militarismo. Anuncia pues, posibles catástrofes internacionales para asegurar el futuro de los ejércitos franceses y su despliegue por el mundo.

Anuncia que no se ve el final de la guerra en nuestro continente recordando las agresiones rusas a Georgia (2008), Crimea (2014) y Ucrania (2022 hasta la fecha). De la actitud expansionista de la OTAN, no se acuerda. Es decir, fomenta el victimismo y genera miedo al enemigo al que demoniza.

Hace poco más de un año publicaba dos entradas: Análisis y discusión del proceso de genocidio desde la perspectiva antimilitarista y Genocidio (y también en Palestina) en las que reflexionaba sobre los genocidios y me preguntaba si no es un genocidio cualquier guerra, o al menos su práctica fomenta llegar al genocidio. Para recordar este importante trabajo, os reproduzco abajo una tabla sobre los procesos del genocidio.

Vaticina que Rusia se enfrentará a «nuestros países» en 2030. Dice que ya se están preparando. Como si la OTAN y el resto de «nuestros países» no estuvieran haciendo lo propio desde hace décadas.

El flanco sur europeo también se ve amenazado, nos informa de que los líderes terroristas que antes tenían su base en el Levante, Medio Oriente y Afganistán, se encuentran en África. Curiosamente, se olvida también del colonialismo francés, inglés, español, europeo en definitiva que ha hecho de África su «patio trasero».

El general es Mandon, pero parece que también es «olvidon» porque en el párrafo dedicado a Oriente Medio se olvida de condenar el genocidio israelí sobre los palestinos pero sí recuerda condenar el ataque de Hamás el 7 de Octubre.

Oriente Próximo y Medio. La situación tampoco es buena. Lamentablemente, todos ustedes han sido testigos del terrible ataque del 7 de octubre contra Israel. Barbarie en estado puro, la barbarie más absoluta. Y a continuación se produjo un combate que se extendió progresivamente desde Gaza a toda la región, con bombardeos y lanzamientos de misiles entre Irán e Israel. Grupos terroristas en Yemen que amenazan la circulación del flujo económico mundial en el Mar Rojo, donde nuestras fragatas intervienen, donde nuestros aviones intervienen para proteger la circulación del tráfico comercial.

También en esta zona, Oriente Próximo y Medio, Francia, que no es una superpotencia, tiene efectivos e intervenciones militares.

En las siguientes ideas, Mandon opta por el cinismo más puro esperando no ser descubierto dado que los medios de comunicación no se hacen eco de que Francia, los países de la OTAN y los países desarrollados, en general, son los que continuamente están favoreciendo escenarios de guerra a lo largo y ancho del mundo, mediante la violencia estructural y cultural que generan en el Tercer Mundo y que certifican con las ventas de armas que hunden en la pobreza y en los conflictos violentos a los países pobres. Nos dice: Bueno, evidentemente este panorama es muy sombrío y lo siento, pero creo que hay que decirlo. Porque tenemos la suerte de haber crecido y de vivir en un mundo en paz. En nuestras sociedades, que han vivido la atrocidad de dos guerras mundiales y que llevan décadas viviendo en un entorno pacificado, pensando que la paz estaba definitivamente asegurada. Lamentablemente, todo lo que sucede a nuestro alrededor nos muestra que algunos han optado por la fuerza. Pobrecita Francia, pobrecita Europa, tan pacíficos, tan buenos, pero que, sin embargo, de manera escondida se enriquecen con las guerras de los demás.

En un momento de verdadero realismo, Mandon reconoce que somos más fuertes que Rusia: Sin embargo, y aquí es donde me gustaría transmitirles todo el optimismo que hay que tener, somos fuertes. Somos fundamentalmente fuertes. Somos fundamentalmente más fuertes que Rusia. Ante el oscurísimo panorama que ha pintado alrededor de Francia, siente el deseo de dar algo de confianza y esperanza. Pero rápidamente, en la siguiente frase, se arrepiente y vuelve a la carga: Pero hay que aceptar que vivimos en un mundo en peligro y que puede que tengamos que utilizar la fuerza para proteger lo que somos. Y, luego: El principal riesgo hoy en día es el riesgo de mostrar debilidad frente a una Rusia que no tiene complejos a la hora de utilizar la fuerza y que aprovechará su ventaja si percibe que seguimos siendo débiles. Claro, claro. Hemos de hacer sentir débil a Francia para poder pedir, exigir, sería más adecuado, más millones de gasto militar y más soldados dispuestos a morir.

Pero hay que aceptar que vivimos en un mundo en peligro y que puede que tengamos que utilizar la fuerza para proteger lo que somos. Es algo que había desaparecido por completo de nuestras conversaciones familiares, creo. Imagino que en sus municipios es raro que nuestros conciudadanos hablen espontáneamente del peligro que representa Rusia. Y aquí se equivoca Mandon, como reflejábamos en el último artículo: Crece el miedo a la guerra.

Al inicio del conflicto en 2022, Rusia contaba con menos de un millón de hombres y mujeres uniformados. Hoy en día, son 1,3 millones. Su proyección para 2030 no está lejos de los 2 millones. El 40 % de su economía se destina a la industria de defensa. Hoy en día, Rusia produce más equipamiento de defensa del que consume en el frente. Está claramente preparándose para algo más. Siendo sinceros y poniéndonos en el pellejo de Rusia, por un momento, ¿qué pensarán ellos de los notabilísimos esfuerzos de la OTAN para llegar al mínimo del 4 % de gasto militar? ¿Se sentirán amenazados?

Tenemos todo el conocimiento, toda la fuerza económica y demográfica para disuadir al régimen de Moscú de intentar ir más allá. Lo que nos falta, y aquí es donde ustedes tienen un papel importante, es la fuerza de voluntad para aceptar sufrir a fin de proteger lo que somos. Y es que, quizá no falta fuerza de voluntad al pueblo francés o español, quizá lo que pasa es que una gran parte de la población toma una postura política diferente, una postura que opina que las guerras y la violencia no resuelven nunca los conflictos internacionales, sino que los ahondan y cronifican. Pero hay que actuar como si esa opinión no existiera para poder ser la única opinión políticamente publicable.

Mandon asevera: Los ejércitos son un extracto de la nación. Y no es cierto. Son un extracto de una parte políticamente comprometida y con intereses económicos personales con la violencia de la nación. No son toda la nación, ni representan a toda la nación. La parte noviolenta, dialogante, que afronta los conflictos sin guerras no está representada en los ejércitos, sino que son contrarias a los mismos.

Si nuestro país flaquea, porque no está dispuesto a aceptar perder a sus hijos, porque hay que decir las cosas como son, a sufrir económicamente porque las prioridades se centrarán en la producción de defensa, por ejemplo. Si no estamos preparados para eso, entonces estamos en peligro. Esto sería así si no hubiese alternativa. Pero las alternativas pacíficas y de diálogo existen, pero el jefe del Estado Mayor del Ejército francés vuelve a ser parcial y sólo presenta una posibilidad, con ello genera un pensamiento único que nos conduce inexorablemente a la la guerra.

Mandon hace gala de una forma de razonar muy partidista, muy militarista y violenta: La mecánica no consiste en que los tanques rusos desembarquen en Alsacia. La mecánica es una mecánica de solidaridad. Es una mecánica de solidaridad con los países que hoy se encuentran en el flanco este de la OTAN, que podrían ser atacados y a los que iremos a proteger por solidaridad. Y desde el momento en que nos comprometemos en solidaridad, en ese momento, comprometemos a las jóvenes y a los jóvenes que han elegido servir con el uniforme. Nuevamente Mandon tergiversa los términos, nos vende como solidaridad lo que no es sino expansionismo de la OTAN hacia el Este de Europa. ¿Por qué no comprometerse económica e intelectualmente con el codesarrollo de los países del Este de Europa y con Rusia para lograr paz y prosperidad común?

Más allá de estos 200.000 militares, hay reservistas y vamos a duplicar el volumen de nuestras reservas en los próximos años. Vamos a llegar a los 80.000 reservistas. Mandon solicita colaboración a los municipios para poder duplicar el número de reservistas. Ya no es sólo sacrificar a los jóvenes y militarizar la economía sacrificando la economía socialmente útil, también se van a tener que sacrificar los mayores. Poco a poco la cuenta aumenta y el final no se ve.

Y en un discurso tan largo, era de esperar que en algo diésemos las razón a Mandon: Creo que ustedes tienen un papel fundamental. Una vez más, creo firmemente en el trabajo en equipo. Podemos hablar de defensa en París, es fundamental. Se reflexiona aquí, se concibe aquí. Pero es necesario que nuestros conciudadanos puedan intercambiar opiniones con ustedes y que ustedes puedan explicar lo que han percibido de los retos de la defensa. Porque nuestra defensa se construye a nivel local. La conciencia es local y ustedes son los mejores transmisores. Son ustedes quienes tienen el valor en su mandato y están en contacto con nuestros conciudadanos. Por lo tanto, necesito que compartan esta visión. Cierto, la defensa se discute en París, se reflexiona y decide entre las élites. Pero necesitan la ayuda de los municipios, de los cargos electos municipales, de las personas que viven lejos de París para poder difundir lo que deciden las élites. Pero, no les da a los municipios opción democrática de discutir las decisiones, de modelarlas, incluso de rechazarlas. La política de guerra y de recortes sociales para preparar la guerra ya está decidida y nadie puede objetar nada. Así, la guerra no es un deporte en equipo como el rugby, se parece más al deporte de los gladiadores romanos, es un deporte de esclavos condenados a una muerte más o menos próxima, de meros ciudadanos sirvientes de los que no se espera opinión sino obediencia ciega. ¿Cuál sería la opinión de la ciudadanía si la dejasen participar con información verdadera y con libertad en el debate de la defensa, optarían por medios noviolentos? ¿Estarían de acuerdo con la exigencia de manchar de sangre la política internacional de Francia?

En la práctica, son los impuestos los que permiten reforzar nuestra defensa. Breve alusión a los impuestos. Hablar más sobre ellos llevaría a Mandon a debates que no quiere tener: ¿son éticos los impuestos que manchan de sangre la política internacional de un país?, ¿van a conseguir financiar un rearme por el cual los demás países consideren a Francia como un enemigo expansionista. Lo que ya es? Y, por otro lado, ¿qué va a pasar con la parte de los impuestos dedicada a fines sociales, a luchar contra lo que realmente interesa para hacer feliz la vida de l@s frances@s: sanidad, educación, vivienda, medio ambiente, trabajo digno, combatir las desigualdades, …?

Creo que a nuestros conciudadanos no les resulta espontáneo saber que el esfuerzo en la defensa francesa se traduce en puestos de trabajo. Otra falsedad más. Hace poco nos hacíamos eco del trabajo de Jordi Calvo titulado: La falacia del empleo de la industria militar, en él se demuestra que muchas de las necesidades sociales podrían solventarse con la conversión a social del gasto militar.

Ustedes también son, y pienso en particular en nuestro ejército de tierra, actores clave para permitir un buen entrenamiento de nuestras fuerzas. Imagino que a algunos de ustedes se les solicita que permitan actividades en las que nuestras fuerzas armadas atraviesan sus regiones, sus municipios, en grandes maniobras. Mandon, continúa deslizando exigencias de los ejércitos: los jóvenes, la militarización de la economía, el sacrificio de la economía socialmente productiva, los mayores, la indignidad de realizar una política internacional llena de sangre, ahora se une el territorio de los municipios, su contaminación por las maniobras militares.

Y hoy en día no tendría sentido detener lo que generaciones anteriores han hecho por nosotros. Por eso creo que el papel de la memoria es hoy fundamental y sé lo mucho que se esfuerzan ustedes por mantenerla en sus municipios. Para mí, es uno de los elementos que conforman la fibra profunda de la resistencia francesa. Mandon no habla de mantener una memoria cualquiera. Habla de mantener la memoria de la guerra, del odio, del racismo, del genocidio, de las invasiones, de las muertes propias y ajenas (aunque, ¿qué muerte es ajena a un ser humano?). Vuelve a ser parcial, por qué no habla de las resistencias civiles noviolentas que se han dado a lo largo de la historia de Francia, por qué no habla de los esfuerzos de paz, de verdadera solidaridad, de compromiso, de diálogo, de consensos de Francia con el resto del mundo? Quizá porque, ni siquiera, los conoce. Quizá porque su ética basada en el militarismo y la violencia no se lo permiten. Quizá porque no quiere perder sus prebendas y su sensación de líder que quiere salvar a l@s frances@s de sufrir la violencia que, paradójicamente, él mismo potencia.

Acaba Mandon su discurso con la siguiente afirmación: Quisiera decirles que estamos aquí para ustedes, que estamos aquí para todos los franceses. Y es mentira. La realidad de la que nos intentan distraer con apremio una vez más es que la población está aquí para las élites militares, para financiar que jueguen con la vida de las personas por intereses que no son éticos.

Si quieres la paz, prepara la paz.

Aleikum salam.

Fuente: https://www.politicanoviolenta.org/...

La clase obrera italiana contra la economía de guerra

10 Diciembre 2025 at 00:00
Por: (tortuga)

Josefina L. Martínez
Fuentes: CTXT

Trabajadores y estudiantes italianos sorprendieron al mundo este otoño con dos huelgas generales de alto contenido político en solidaridad con Palestina y movilizaciones multitudinarias en más de 100 ciudades. Ahora vuelven a tomar la delantera contra el militarismo de los gobiernos europeos. El sindicato de base USB, junto a numerosas organizaciones, convocan una huelga general para el 28 de noviembre en la que se proponen volver a “bloquearlo todo”. El 14 de noviembre, habrá huelga estudiantil. Una de las grandes centrales sindicales, la CGIL, ha lanzado su propia convocatoria de huelga general para diciembre. La clase trabajadora y la juventud italiana apuntan a la “economía de guerra” y los presupuestos militaristas de Meloni. ¡Avanti compagni!

“La clase obrera es una y sin fronteras”

José Nivoi es portavoz del Colectivo Autónomo de Trabajadores Portuarios de Génova (CALP), integrante del sindicato USB y uno de los activistas que se embarcaron rumbo a Gaza en la Global Sumud Flotilla a finales de agosto. Desde Génova lanzaron el grito de guerra que sacudió al mundo entero: “Si tocan a la flotilla, bloqueamos todo”. El 22 de septiembre, Nivoi recibió en alta mar las alentadoras noticias que llegaban desde Italia: el sindicalismo de base y los estudiantes habían ocupado puertos, estaciones de trenes y carreteras para protestar contra el genocidio en Gaza. El 3 de octubre, mientras Nivoi se encontraba detenido ilegalmente en una cárcel de Israel, junto a cientos de activistas de la Global Sumud Flotilla, en Italia tenía lugar una importante huelga general por Palestina, convocada por la CGIL y otros sindicatos. Desde que fue deportado a Italia, ha participado en asambleas y movilizaciones para reafirmar la idea de que es necesario enlazar la lucha por Palestina con la lucha contra la guerra.

La lucha de los portuarios contra el transporte de armamento arrancó hace ya varios años. “La intención era vincular temas como la guerra, las decisiones geopolíticas, la deslocalización, con las repercusiones que todo eso tiene en el mundo del trabajo. Durante muchos años los sindicatos confederales como CGIL, CISL, UIL han introducido en la clase trabajadora el pensamiento de que los intereses de los trabajadores solo se restringen a lo que ocurre en la fábrica, en el puerto, desligándolo de las cuestiones externas”, explica el delegado sindical.

A diferencia de ese tipo de sindicalismo integrado y corporativo, los portuarios de Génova se propusieron intervenir en los grandes asuntos internacionales. “Es muy importante que los trabajadores sepan que lo que experimentan en el mundo del trabajo es una parte integral de las opciones políticas, del Estado en el que viven y trabajan, pero también de cuáles son las opciones a nivel internacional. Basta pensar en el hecho de que todos los Estados están trasladando las inversiones de la economía pública al sector militar: eso crea un empobrecimiento indirecto de la clase trabajadora. Este es el primer elemento de por qué hemos logrado movilizar a una gran parte de los trabajadores portuarios de Italia en apoyo de Palestina. Aquí también hay un problema ético: si contribuyo con mis horas de trabajo a mover armamentos a Israel, también soy parte de esa cadena logística que conduce a la muerte.”

Si las cadenas logísticas del capital conducen a la muerte, los portuarios italianos han abierto grietas en esos eslabones, por medio de la asociación obrera y la huelga. Ahora van a por más: tienen el ambicioso objetivo de organizar una huelga internacional en los puertos del Mediterráneo contra el transporte de armas. ¿Por qué no? “En Génova celebramos una segunda asamblea de coordinación internacional de puertos, en la que también estuvieron presentes representantes de los puertos de España, Grecia, Marruecos, Francia y otros, con la intención de llevar a cabo una movilización internacional en apoyo de Palestina”. Nivoi considera que “hay que razonar como razonan los patrones, es decir, formar un cártel en el verdadero sentido de la palabra con la clase obrera a nivel internacional”. Esa es la única forma de “hacer crujir” sus políticas internacionales, afirma.

“El 22 de septiembre se rompieron completamente los diques”

Roberto Marchese tiene 29 años, trabaja en el sector ferroviario desde el 2016 (se ocupa del mantenimiento de infraestructuras) y estudia filosofía en la universidad de Florencia. Como trabajador-estudiante, forma parte de una nueva generación que ha radicalizado su acción política en la lucha por Palestina. El 22 de septiembre, mientras José Nivoi continuaba su viaje por el Mediterráneo rumbo a Gaza, Roberto se encontraba en Calenzano, a las afueras de la ciudad de Florencia. Allí, junto con diez mil personas, trabajadores y estudiantes, bloquearon durante varias horas el peaje de la autopista de ingreso a la ciudad. Después salieron en manifestación, recorriendo la zona industrial de la Toscana, y se plantaron ante las puertas de la fábrica de armas Leonardo, el principal fabricante de armas de la Unión Europea. Esa escena se replicó, al mismo tiempo, en varias ciudades italianas.

El 22 de septiembre “percibimos que nos dirigíamos hacia una jornada histórica, política y socialmente”, afirma. Ese día se expresó desde abajo un descontento muy grande con los sindicatos tradicionales, que se habían negado a llamar al paro junto a USB. Roberto cuenta que en la calle se logró la unidad, más allá de las siglas. “Las movilizaciones de las últimas semanas han sido muy importantes y hacía años que no se veían en Italia manifestaciones de este tipo, que han unido a trabajadores, trabajadoras, estudiantes y toda la ciudadanía para reclamar el fin del genocidio en Palestina, la ruptura de los acuerdos diplomáticos, académicos, militares y comerciales con Israel y para oponerse a la economía de guerra que nuestro Gobierno, en consonancia con los gobiernos europeos, quiere imponernos”.

La acción del sindicalismo de base, junto al movimiento estudiantil y miles de trabajadores que se manifestaron de forma espontánea tuvo tal impacto que la CGIL se vio obligada a convocar otra huelga general, el 3 de octubre. Esta constituyó una nueva jornada histórica: “Lo más importante es que las huelgas generales fueron huelgas políticas. En Italia no hemos visto huelgas políticas tan concurridas en las últimas décadas”, señala.

Dirigentes sindicales, trabajadores de base, estudiantes o militantes de la izquierda italiana. Todos aquellos a los que les preguntamos acerca del significado del 22 de septiembre y la huelga del 3 de octubre, coinciden en algo: hubo un punto de inflexión, una ruptura. Una trabajadora de USB lo expresaba de este modo en una asamblea: “Ese día se puso punto final a un largo período de impotencia”. José Nivoi, como portuario, utiliza metáforas acuáticas para dar cuenta del cambio: “El 22 se rompieron completamente los diques, también con respecto a cómo era la percepción de las huelgas generales. Estábamos acostumbrados a huelgas generales que eran un paseo, el día de la manifestación, y luego todos a casa. En cambio, el 22 fue un día de verdadera movilización general, no solo por Palestina, no solo por la flotilla –que encendió la imaginación–, sino por toda la gente que estaba en la calle. Gente que no llega a fin de mes, que tiene contratos de miseria, que, aunque va a trabajar se la considera pobre. En Italia ha habido movilizaciones en más de 100 plazas, algo que no se veía desde los años 70, con más de 2 millones de personas en las calles, incluso en pueblos de provincia que ni siquiera sabía que existían, manifestaciones oceánicas, fue algo increíble.”

La clase obrera contra la economía de guerra

El Gobierno italiano tiene previsto destinar el 5 % del PIB a armamento para 2035, frente al 1,5 % gastado en 2024. Es decir, triplicar lo invertido en defensa en menos de diez años. “Estamos inmersos en una economía de guerra, que prevé gastar en rearme y recortar necesariamente en otros sectores como la sanidad y la educación, que ya llevan años sufriendo recortes en Italia y que ahora se verán aún más dañados”, explica Roberto Marchese. Desde hace un tiempo se está organizando con otros ferroviarios para rechazar el doble uso (civil y militar) del transporte. “En el caso de los ferrocarriles, se planea invertir en la denominada movilidad militar europea, que prevé utilizar los ferrocarriles civiles con el denominado doble uso, civil y militar, y que implicará que, como trabajadores, nos veremos obligados a transportar armamento y material de destrucción”.

Los trabajadores de Tech Workers Coalition también protestan contra el “doble uso” civil y militar de su trabajo. Giuseppe Lingeti, 32 años, es doctor en física y trabaja como desarrollador de software. Para los trabajadores y trabajadoras de la informática, la electrónica y la ingeniería, la presencia de proyectos militares en su área de trabajo no es ninguna novedad. “En el ámbito de la aplicación industrial, muchas tecnologías se han desarrollado a partir de proyectos militares, y siempre ha sido estructural en el capitalismo de los países imperialistas tener una parte asignada al ejército. Lo que ha cambiado en los últimos veinte años es la proporción militar de la producción tecnológica”, afirma Lingeti. Por un lado, “se ha producido un aumento del uso militar de tecnologías de doble uso, es decir, instrumentos producidos en el ámbito civil que también encuentran aplicación en el ámbito militar, como por ejemplo las telecomunicaciones, el análisis y el cifrado de datos, la ciberseguridad, el reconocimiento y el análisis de imágenes o el diseño y la producción de aviones y satélites. Por otro lado, también se ha producido un importante crecimiento de los proyectos explícitamente militares, en el contexto de la conversión de cadenas industriales enteras, como la metalurgia, la automoción, la fabricación y los electrodomésticos, de la producción civil a la producción bélica, aprovechando también la crisis productiva que atraviesan países como Italia y Alemania”.

Lingeti destaca que el movimiento por Palestina está acelerando un proceso de “tomar la palabra” entre los trabajadores del sector. En perspectiva, se plantea la cuestión de cómo organizar formas de rechazo colectivo a los proyectos bélicos, mediante bloqueos y huelgas, para lo cual “es necesario un mayor arraigo del sindicalismo combativo en el sector”.

¿Cómo seguir?

El Liceo Righi, en Roma, ha estado ocupado por cientos de estudiantes durante varias semanas, al igual que otras escuelas

Después de un mes de efervescencia, marcado por las grandes huelgas y el despertar político de miles de trabajadores y estudiantes, la gran pregunta que surge es: ¿cómo continuar el movimiento? La energía está ahí, ¿cómo lograr que no se disipe? En las últimas semanas, se multiplicaron iniciativas en todo el territorio italiano. Asambleas, concentraciones, ocupaciones de escuelas y protestas en las universidades. El Liceo Righi, en Roma, ha estado ocupado por cientos de estudiantes durante varias semanas, al igual que otras escuelas. Incluso han tenido que enfrentar las provocaciones de grupos de ultraderecha enviados para “romper” las tomas. No lo han logrado. Los estudiantes están convocando una huelga general estudiantil para el próximo 14 de noviembre.

Desde el sindicato USB han convocado una nueva huelga general para el 28 de noviembre, que apunta contra los presupuestos militaristas del Gobierno Meloni. “Habrá otra huelga general porque la ley de presupuestos italiana está vinculada al mundo militar, al rearme, básicamente debido a los dictados de la Unión Europea. Génova será un poco el corazón, intentaremos entrar en el puerto con la manifestación y bloquearlo completamente durante 24 horas”, asegura José Nivoi del CALP. Giuseppe Lingeti apoya la huelga del 28 y considera que es fundamental “organizar asambleas en tantos lugares de trabajo como sea posible para relanzar la dinámica de la movilización.” Y apunta que hace falta “construir coordinaciones intersindicales, para evitar la fragmentación de las siglas, construyendo la unidad en la lucha, pero también para desafiar a la CGIL y obligarla de nuevo a proclamar la huelga general el próximo 28 de noviembre, en la fecha convocada por la USB”.

Por su parte, la central sindical CGIL ha decidido desmarcarse de la convocatoria del sindicalismo de base, llamando a una huelga general en otra fecha. Sectores de la oposición sindical dentro de la CGIL habían propuesto confluir con USB. La vuelta a una lógica de división entre las centrales sindicales no ayuda al movimiento.

En este contexto de reverdecer de la lucha de clases, muchos también se preguntan cómo transformar esa importante unidad y fuerza conseguida en las calles, en una nueva herramienta política de la clase trabajadora y quienes están luchando contra los planes de guerra y austeridad. Una organización política que sea completamente independiente del centroizquierda italiano, que ha gobernado durante años en diferentes coaliciones, y que, al igual que la extrema derecha, apoya el curso de la “economía de guerra”. Es decir, se ha abierto un debate acerca de cómo reconstruir un proyecto socialista, que se nutra de las luchas actuales en Italia.

Principio di speranza

En un artículo que publicamos en CTXT hace un año, sobre la película del director italiano Nani Moretti, decíamos que hacía falta abrir la imaginación política. Y que, si bien nada nos aseguraba el triunfo, la derrota estaba garantizada si no lográbamos sacarnos de encima a los predicadores del conformismo. Del otro lado, tenemos una impresionante historia de luchas colectivas y revolucionarias. Es necesario retomarlas para preparar otro futuro, escribimos. Hoy ese deseo no parece tan abstracto como entonces. La clase obrera y la juventud estudiantil han salido a escena en Italia contra el genocidio en Palestina y la economía de guerra, como parte de una nueva ola de protestas a nivel mundial. ¿Será un adelanto de lo que puede ocurrir de forma más generalizada, contra la economía de guerra de los gobiernos imperialistas? Aún es temprano para responder, pero speranza hoy se dice en italiano.

Josefina L. Martínez. Periodista. Autora de ‘No somos esclavas' (2021)

Fuente: https://ctxt.es/es/20251101/Politic...

Tomado de: https://rebelion.org/la-clase-obrer...

¿Vuelve la mili? (y 2)

9 Diciembre 2025 at 00:01
Por: (tortuga)

Ver también:
¿Vuelve la mili? (1)


Rafael Ajangiz, para Tortuga.

En el capítulo anterior ya concluíamos que estamos ante la vuelta del servicio militar obligatorio en Europa. En este segundo, vamos a repasar las decisiones que están tomando los distintos países europeos que hoy por hoy no tienen mili obligatoria, prestando una especial atención a este nuestro país ibérico.

Países sin servicio militar obligatorio

Empezamos por un clásico europeo del servicio militar voluntario. El Reino Unido abolió la mili obligatoria en 1960. Lo hizo, aunque en aquel momento tenía déficit de reclutamiento, en función de su historial de solo acudir a la leva en tiempos de guerra. Y lo hizo al revés de Estados Unidos, que intentó prolongar la mili obligatoria para alimentar sus guerras en otros continentes, algo que le salió mal, porque se encontró con una fortísima resistencia interna cuando Vietnam hasta el punto de evitar desde entonces cualquier intención de volver al reclutamiento obligatorio. No hay vuelta atrás. Es tal la tradición histórica en el Reino Unido que cuando, en las elecciones de 2023, sobre la base de un evidente déficit del reclutamiento voluntario, el gobierno conservador de Sunak propuso la vuelta a la mili obligatoria, hubo tal reacción contraria de las generaciones jóvenes que el Partido Laborista reaccionó firmemente en contra y, poco después, los analistas militares confirmaron que recuperar la obligatoriedad no era la manera de resolver el déficit de reclutamiento voluntario.

Seguimos por los primeros países que, en 1992-93, decidieron abolir la mili obligatoria: Bélgica y Holanda. Bélgica, que lo hizo en 1992, es uno de los modelos adaptativos más mencionados hoy en día. Este país ofrece a quienes cumplen 17-18 años un servicio militar de doce meses con una paga mensual de 2.000 euros, en la esperanza de que se queden en las fuerzas armadas; si no lo hacen, quedarán como reservistas durante otros diez años. Con este programa, también abierto a mujeres, Bélgica espera incorporar a 1.000 voluntarios en el primer año y hasta 7.000 nuevos voluntarios en cada año posterior hasta llegar a disponer de una fuerza de hasta 40.000 reservistas no profesionales en 2030. Un programa que, en palabras del Gobierno, pretende disponer de suficientes efectivos sin tener que recurrir a la recuperación del servicio obligatorio, algo a lo que se oponen la mayoría de fuerzas políticas e incluso los propios militares, que insisten en que no tienen ni presupuesto, ni infraestructura ni equipamiento para formar a reemplazos de conscriptos.

Holanda pretende más que doblar sus efectivos militares, de los actuales 70.000 hasta unos 200.000, para 2030. Un primer paso es mandar a quienes cumplan 17 años, hombres y mujeres, un cuestionario voluntario donde deben dar cuenta de su formación, capacidades y motivaciones, así como cercanía o afinidad con la política de defensa. El objetivo es ofrecerles un “año de servicio” para que prueben la carrera militar. Simultáneamente, el Gobierno está promoviendo un servicio comunitario voluntario de 80 horas, en el que ya participan unos 25.000 jóvenes cada año, con ánimo de incorporar unos 110.000, la mitad de la cohorte anual. Podría entenderse como el camino para establecer un servicio nacional obligatorio equivalente al de Suecia.

Francia evitará imponer un servicio militar obligatorio mientras siga funcionando la incorporación de jóvenes al servicio nacional en sus dos variantes civil y militar, es lo que dijo el presidente Macron en 2018. El objetivo del Gobierno es asegurar suficientes efectivos militares y para ello necesita incorporar al servicio militar voluntario entre 60.000 y 70.000 jóvenes cada año. Un primer paso para ello fue la creación en 2019 del “Service National Universel” (SNU). El SNU, coordinado con las fuerzas armadas, está dirigido a jóvenes entre 15 y 17 años y dura un mes. En 2023 participaron 40.135 voluntarios, la mayoría de ellos en servicios comunitarios.

El SNU sería una primera toma de contacto para promover el servicio militar voluntario. En realidad, según documentos oficiales, el Gobierno está trabajando con cuatro escenarios: 1) un servicio militar voluntario que incorpore a esos 60.000-70.000 al año, algo que mejoraría la incorporación al ejército profesional, así como el reclutamiento de la Guardia Nacional; 2) un servicio civil obligatorio de cinco meses, seguido de tres meses de formación militar voluntaria; si 600.000 jóvenes (el 75% de la cohorte anual) hicieran ese servicio civil, bastaría con que un 10% de ellos realizase también el servicio militar voluntario para cumplir con las cifras; 3) un servicio obligatorio que empezase con un tronco común de 12 días y luego se dividiese en cinco meses de servicio civil o bien tres meses de servicio militar; 4) la recuperación del servicio militar obligatorio con un servicio civil de mayor duración. Como podemos ver, es muy posible que Francia recupere el servicio obligatorio en sus dos vertientes civil y militar.

En julio de 2025, hemos asistido en Alemania a un intenso debate sobre la recuperación del servicio militar obligatorio, incluso incluyendo a mujeres. Esta propuesta fue impulsada por el ministro de Defensa Boris Pistorius sobre la base de que Alemania debe incrementar los efectivos militares. Haciendo referencia al modelo sueco, propuso concretamente que, al cumplir 18 años, todos los jóvenes con pasaporte alemán recibieran una invitación formal para incorporarse a un entrenamiento militar básico de 6 meses que luego podría ampliarse hasta 17 meses de servicio. La idea no fue bien recibida por los neoliberales del Freie Demokratische Partei y también llegaron críticas desde su propio partido, el Sozialdemokratische Partei. En cambio, la Christlich Demokratische Union, cuya ex-líder Angela Merkel fue precisamente quien decidió el fin de la mili en 2011, se posicionó a favor de recuperar el servicio obligatorio.

El debate ha durado meses y, finalmente, este mismo noviembre, el Gobierno de coalición ha aprobado la propuesta de Pistorius de enviar, a partir de 2026, un cuestionario digital obligatorio para registrar datos de capacidad física y mental, así como motivación e interés, para identificar quienes podrían incorporarse al servicio militar. Un servicio militar en principio voluntario pero que contempla la posibilidad de un alistamiento parcialmente obligatorio e incluso un sorteo para elegir quintos en caso de que no se logren los objetivos de reclutamiento. Existe incertidumbre sobre si ello conllevaría la recuperación del servicio civil. El movimiento pacifista alemán ya se está organizando para movilizar a la gente joven y parece preferir la insumisión a su histórica aceptación del servicio civil.

En mayo de 2024, la Lega propuso una ley para recuperar en Italia un servicio civil o militar obligatorio de seis meses de duración para los jóvenes entre 18 y 26 años, con implantación o gestión regional en vez de nacional. La propuesta fue registrada en el Congreso pero aún no se ha aprobado. Al actual ministro de Defensa, Guido Crosetto (Fratelli d'Italia), no le convence la propuesta a pesar de que, como hemos visto más arriba, los votantes de su partido estarían a favor en casi un 70%. El problema es que el 73% de los jóvenes a quienes se impondría la obligación está rotundamente en contra.

Llegamos a España. Partimos de un déficit histórico en el reclutamiento militar voluntario así como de efectivos militares (ver reciente artículo en Tortuga) a pesar de la “buena imagen” de las fuerzas armadas españolas en las encuestas del CIS y a pesar de la aprobación de medidas “compensatorias” para hacer más ventajosa la profesión militar (al respecto, es interesante consultar los estudios e informes del Observatorio de la Vida Militar). Así la cosas, no hemos oído, como pasa en los países del entorno, ninguna voz proponiendo la recuperación de la mili obligatoria, ni tan siquiera VOX ha dicho, por ahora, esta boca es mía. La ministra Margarita Robles, con mando en plaza, lo descarta rotundamente: en marzo de 2024 dijo en la Comisión de Defensa del Senado que “en España no va a haber servicio militar obligatorio, ni creo que se le haya pasado por la cabeza a nadie”. Está en la memoria del PSOE el varapalo que sufrieron los sucesivos gobiernos de Felipe González al no poder disciplinar nuestra desobediencia colectiva; fuimos más listas y operativas.

Porque, aunque muchas veces nos cueste decirlo, el mayor logro del movimiento antimilitarista en este país ha sido la abolición del servicio militar obligatorio. Deberíamos estar orgullosas y reivindicarlo con frecuencia. Porque, cuando en 1996 el candidato Aznar prometió el fin de la mili, el SMO era ya un cadáver viviente debido a una masiva objeción de conciencia espoleada a su vez por una exitosa desobediencia civil insumisa sin parangón mundial (solo podríamos encontrar equivalente en la resistencia norteamericana a la guerra de Vietnam y eso que era una guerra a morir en país lejano).

De aquellas lluvias, estos lodos. Las fuerzas armadas españolas viven desde entonces una auténtica travesía en el desierto. Margarita Robles se las ve y se las desea para legitimarlas socialmente. Tal como lo atestiguan estudios propios, ni tan siquiera el envío de fuerzas españolas a misiones internacionales, esa gran apuesta que comenzó con el despliegue en Bosnia-Herzegovina en 1995, ha servido para mejorar su imagen. Hasta los desfiles militares suenan mal. De ahí que hoy su mejor baza sea la UME, esa que vemos día sí y día también en la tele. Lo que en verdad nos pesa es que, gracias a ministros como Morenés, haya sido la industria de defensa, cooptando los espacios de decisión gubernamental, quien realmente se ha beneficiado de la mayor inversión militar de los últimos decenios.

¿Puede volver la mili obligatoria en este país? Va a costar un poco más que en Francia o Alemania, las dos grandes referencias a tomar en cuenta, porque aquí sigue pesando mucho el desobediente pasado reciente, pero es bastante posible que termine planteándose. No parece probable que la mili sea argumento de las próximas elecciones, cada vez más cerca, porque no da votos como en Europa. Pero las cosas pueden cambiar si llega un nuevo gobierno de derechas. El 69% de los votantes de VOX están hoy a favor y el PP se encuentra dividido en partes iguales a favor y en contra. Presiones llegarán desde Europa y la OTAN. Francia y Alemania irán marcando el paso. Y las cosas, como está pasando con el incremento del gasto militar, van más deprisa de lo que parece. Si en dos o tres años entramos en esa coyuntura, ¿seríamos capaces de activar o coadyuvar a una resistencia desde nuestra experiencia? Nuestra mejor virtud ha sido siempre ir uno o dos pasos por delante. Ya está tocando darle una vuelta y anticipar.

La República Checa es unos de esos países donde el apoyo a un servicio militar obligatorio ha crecido desde la invasión de Ucrania. De todas maneras, el apoyo a esta idea está todavía por debajo del 50% y ningún partido la ha propuesto en serio. En septiembre de 2024, el ministro de Defensa de Bulgaria, Atanas Zapryanov, anunció que su país no recuperaría el servicio militar obligatorio pero que estaban valorando diversas maneras de entrenamiento militar de la población.

Países con servicio militar obligatorio

Podemos identificar tres modelos principales entre los países que han seguido manteniendo o bien han recuperado recientemente la mili obligatoria: 1) servicio obligatorio en el que se llama a filas a una mayoría de los quintos, el caso de Austria, Suiza, Estonia, Finlandia o Grecia; 2) obligación por sorteo, donde se llama a quienes dicte el bombo, el caso de Dinamarca, Letonia o Lituania; 3) servicio obligatorio selectivo, donde se elige a los quintos en función su nivel formativo y su motivación o interés por lo militar, el caso de Suecia y Noruega. En la práctica, como hemos visto más arriba, el porcentaje de quienes finalmente cumplen con la mili cambia mucho de país a país y va desde el 8% de Suecia hasta el 90% de Austria; entre medio quedan Dinamarca y Noruega (13%), Suiza (43%), Lituania (43%), Estonia (50%), Finlandia (70%) y Grecia (83%). Letonia empezará en 2026.

Entre estos, los cuatro países nórdicos son los más mencionados hoy en día como posibles modelos a emular. Tres de ellos incorporan también a mujeres: Noruega desde 2015, Suecia desde 2018 y Dinamarca desde 2025. Incorporar a mujeres se está convirtiendo en tendencia, muy evidente ya en los casos de Bélgica y Holanda, pero con Francia, Alemania y Grecia dispuestas a ello. Todo por la igualdad (y asegurar un reclutamiento suficiente). Además, los cuatro países nórdicos están incorporando como criterio de reclutamiento selectivo el hecho de tener conocimientos informáticos avanzados.

Entrando más en detalle, Finlandia es el ejemplo emblemático de país con servicio militar obligatorio. El reclutamiento implica a 27.000 hombres cada año, aproximadamente el 70% de la cohorte de edad, a los que hay que sumar otras 1.500 mujeres como voluntarias. En Dinamarca, la mayoría de las 4.700 incorporaciones anuales son “voluntarias” y el resto hasta completar aforo resultan de un sorteo que incluye por igual a hombres y mujeres desde este año 2025. El Gobierno quiere llegar a reclutar un mínimo de 7.000 para el año 2033, así que es bastante probable que año tras año vayan aumentando lxs elegidxs por sorteo.

Noruega y Suecia tienen un sistema semi-obligatorio centrado en encontrar perfiles concretos. El objetivo no es entrenar a grupos enteros de edad sino reclutar solamente a quienes cumplan con las necesidades operativas de las fuerzas armadas. A los 17 años, todo joven, hombre o mujer, tiene que rellenar un cuestionario sobre su salud física y mental, antecedentes criminales, e interés o motivación para incorporarse a las fuerzas armadas. Sobre estos datos iniciales y algunas entrevistas después, las fuerzas armadas “invitan” a quienes consideran candidatxs más idónexs. En Noruega, de los 60.000 jóvenes del reemplazo anual, alrededor de un 13% termina haciendo la mili, dos tercios son hombres y un tercio son mujeres. En Suecia, que suspendió el servicio obligatorio en 2010 pero lo recuperó en 2017, aproximadamente un 8% del reemplazo termina haciendo la mili, de los que una cuarta parte son mujeres. Además, desde 2023, se incluye también un servicio civil en sectores sensibles como servicios de emergencia y de mantenimiento o soporte en el suministro de energía eléctrica. Empieza a haber análisis técnicos sobre la solvencia del modelo.

Tradiciones diferentes, tendencias convergentes

Estamos en un contexto de incremento del gasto militar y de los efectivos militares para hacer frente a las “nuevas amenazas” a nuestra soberanía, ahora pensando más en la defensa del territorio y sus fronteras que hace algunos años; habría que añadir también la defensa de intereses de todo tipo, económicos sobre todo. Se empiezan a oír voces recordando el contrato social, los derechos y valores ciudadanos, las libertades que nos hemos dado, también la patria. Nos encontramos, sin duda, en un escenario de preparación de la guerra, de una gran guerra, hay que decirlo.

Podríamos hacer un calendario prospectivo: Austria, Grecia, Finlandia, Estonia, Lituania, Suiza, Noruega, Dinamarca y Suecia ya están en la obligatoriedad; Letonia empieza en 2026; Alemania volverá en 2027; Bélgica, Holanda, Portugal y Francia entre 2027 y 2028, Italia nunca se sabe, ¿España?

En este país tenemos la mejor experiencia europea de resistencia al reclutamiento forzoso. Recordarla, ponerla en valor, explicarla, hacerla llegar a las nuevas generaciones, que la desconocen, es nuestra obligación. Aquí en nuestro país y fuera de nuestro país. Y es que no existe ninguna publicación en inglés, francés, alemán o italiano que cuente con detalle cómo se organizó nuestra insumisión y por qué salió tan bien.

¿Vuelve la mili? (1)

4 Diciembre 2025 at 00:00
Por: (tortuga)

Rafael Ajangiz, para Tortuga.

Bélgica decidió eliminar la mili obligatoria en 1992, Holanda lo hizo en 1993, Francia y España en 1996, Italia y Portugal en 1999, Eslovenia en 2003, la República Checa en 2004, Eslovaquia, Hungría y Rumanía en 2005, Letonia en 2006, Bulgaria en 2007, Lituania y Croacia en 2008, Polonia en 2009, Suecia en 2010, Alemania en 2011. Hace dos décadas, estaba claro el final de la mili en la mayor parte de Europa.

Algunos países se resistieron a esa tendencia manteniendo hasta el día de hoy una obligación más o menos limitada: Austria ha seguido reclutando al 90% de los quintos, que cumplen 6 meses de mili o bien 9 meses de servicio civil; Grecia ha venido obligando al 83% a servir durante un año; Finlandia incorpora al 70% y cumplen 3 meses; Estonia sobre el 50% y cumplen 8 meses; Suiza llama realmente al 43% con un servicio de 8 meses; Noruega se queda en el 13% y son 12 meses; en Dinamarca otro tanto y cumplen 4 meses. Por lo general, hablamos de países con una población inferior a seis millones y compartiendo fronteras complicadas.

La remilitarización ha hecho que algunos otros países hayan vuelto a sumarse al club: Lituania recuperó la obligatoriedad en 2015 (43% de quintos y 9 meses de mili); Suecia lo hizo en 2018 (6% y 11 meses de mili); Letonia lo ha hecho en 2023 (11 meses de mili, a partir de 2026); y el Parlamento croata acaba de aprobar la ley de vuelta al servicio militar obligatorio en 2027, pagando, eso sí, unos 1.100 euros al mes. Parece que seguimos con lo mismo, países pequeños en la frontera, pero no, porque el debate está llegando a los grandes. Así que la respuesta a la pregunta del titular es sí, está volviendo la mili. Sigue leyendo si quieres saber dónde y cómo.

¿Cómo se está argumentando esta progresiva vuelta a la mili? Se habla de incrementar los efectivos militares por el genérico aumento de la tensión mundial y la amenaza rusa; de poder reclutar a jóvenes con las capacidades cada vez más técnicas que hoy necesitan unas fuerzas armadas que, de natural, no pueden competir con el mercado laboral; de implicar a las nuevas generaciones (demasiado individualistas) en la Defensa; de educar en los valores de solidaridad, igualdad y equidad (sí, mujeres también); de defender la nación y la integridad territorial frente a agresiones enemigas (el pueblo en armas). El Parlamento europeo está calentando motores.

No son muchas las voces que se oyen pero sí son influyentes. Podríamos hablar de un lobby en favor de la vuelta del servicio militar obligatorio en Europa, que es como suelen empezar estas cosas: algunas gentes bien financiadas, conectadas e instaladas en los espacios decisorios van arrastrando al resto a una agenda que algún día será difícilmente rebatible. Una de esas voces es el ministro alemán de Defensa Boris Pistorius (Partido Social-Demócrata): ha dicho hace poco que “aunque había razones para suspender el servicio militar obligatorio, ahora nos damos cuenta de que fue un error”. Él propone, de entrada, que Alemania haga suya la iniciativa del ministro belga de Defensa, Theo Francken (Nueva Alianza Flamenca) de “forzar” el reclutamiento voluntario para, entre otras cosas, aumentar el número de reservistas. Y también se oye al ex-primer ministro finlandés Sauli Niinistö, que insiste mucho en que hay que recuperar la mili obligatoria para mejorar la capacidad de respuesta frente a la amenaza rusa. Niinistö ha dirigido la mayor investigación e informe de la Comisión Europea al respecto. Parte de ello es la encuesta llevada a cabo en 2025 en nueve países europeos que analizamos más adelante.

¿Qué variables entran en la decisión de tener o no una mili obligatoria? En la investigación doctoral que llevé a cabo hace ahora 25 años (Servicio militar obligatorio en el siglo XXI, Centro de Investigaciones Sociológicas, Madrid 2003; también “El fin de la conscripción en Europa”, Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 97, 2002), analicé esta cuestión en doce países europeos sobre la base de una matriz de datos de diez variables, cinco relativas a la “razón de Estado” y otras cinco relativas a la “razón democrática”. En la comparación final, como se puede ver en el siguiente cuadro, Francia decidió el fin de la mili porque era perfectamente prescindible en un contexto de unas fuerzas armadas fuertemente profesionalizadas. España estaba en las antípodas, con una muy baja profesionalización y fuertes déficits, tanto en efectivos como modernización o gasto militar, y fuertemente dependiente de la mili. Aquí fue la alta movilización en términos de resistencia popular (imparable insumisión tirando de una masiva objeción de conciencia) y una firme oposición de la opinión pública y la sociedad civil quienes literalmente obligaron al fin de la mili a pesar de las graves consecuencias que, aún hoy, sufren las fuerzas armadas en términos de reclutamiento.

No vamos a entrar ahora en un detallado y muy tedioso análisis actualizado de las variables de la “razón de Estado”; tan solo apuntar que las “rapid action forces” o fuerzas de acción rápida, tan importantes entonces para justificar el fin de la mili en aras a una “profesionalizada intervención de paz”, se han deslucido mucho ahora al haber aumentado los riesgos propios, y la pretendida eficacia de la intervención, en unos conflictos armados donde mandan potencias militares sin escrúpulos. Lo que toca ahora es una disimulada (y deshonrosa) retirada exterior para pasar a reforzar la defensa del territorio nacional.

Entremos, mejor, en las variables en las que podemos tener algo que decir sobre la base de nuestra experiencia activista. Una de ellas, importante, es la opinión pública sobre la recuperación, hoy en día, de la mili obligatoria. Revisamos el reciente estudio publicado este mismo año 2025 por el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. El ECFR (en inglés) es, en realidad, un think-tank (en castellano se traduce torticeramente como “grupo de expertos”) creado en 2007 aunando personas influyentes de partidos moderados de centro (digamos centro-derecha y centro-izquierda) en Europa. Por poner un ejemplo, un miembro destacado del Consejo de este organismo es Javier Solana, que fue secretario general de la OTAN y PESC de la Unión Europea.

En este gráfico podemos observar, en términos de población general, cómo Francia y Alemania se ponen a la cabeza a favor de recuperar el servicio militar obligatorio: 61% en Francia y 54% en Alemania. En el otro extremo (quitamos el Reino Unido de la ecuación por razones históricas), están Hungría y España: 32% y 36%. Obviamente, no es lo mismo Hungría, en zona peribélica, que una España en el extremo occidental y con tradición “neutral” en los conflictos mundiales, pero retengamos el dato.

Lo importante es la gran diferencia en apoyo a la obligatoriedad de la mili que hay entre los primeros países a favor y los segundos países en contra. Entrando en detalles que nos podrían aclarar las claves del apoyo a la mili obligatoria, observamos datos que no nos sorprenden: los hombres están más a favor que las mujeres, y la derecha política más que la izquierda. Al respecto de esto último, vemos que en Alemania la derecha del CDU/CSU se posiciona a favor en un 76% mientras que la izquierdista Linke se queda en el 25%; vemos que en Italia Fratelli d'Italia apoya en un 69% mientras que Partito Democratico se queda en un 25%; y vemos que en España VOX está en el 69%, PP en el 44% y PSOE se queda en el 25%. Todos los datos de esta encuesta en función de las distintas variables pueden ser consultados en https://datacollection.ecfr.eu/.

¿Y qué pasa con las generaciones jóvenes, quienes están entre los 18 y los 29 años y pueden ser quienes vivan el propia carne este cambio? Pues este grupo de edad, como parecería lógico, se muestra siempre más refractario a la idea. Pero no tanto como podríamos esperar: están a favor de la mili obligatoria un nada desdeñable porcentaje del 48% en Francia y un 41% en Rumanía. En el otro extremo están Alemania e Italia con un 18% y Hungría con un 19%. Nos sorprende España: 27%. Buscando una explicación a este porcentaje del 27% entre los más jóvenes en relación al 36% que vemos en la población general, cuando es evidente en todos los países que el apoyo a la mili aumenta sustancialmente con la edad, vemos que en nuestro país la oposición mayor está entre quienes hoy tienen entre 50 y 65 años, precisamente quienes vivieron con mayor intensidad la insumisión y objeción de conciencia de los noventa. Esto es algo que debería llevarnos a alguna reflexión como movimiento antimilitarista.

Seguimos en el siguiente capítulo con un repaso detallado a la evolución de esta cuestión en los diferentes países europeos, cuáles son los modelos que se están instalando, y cómo queda nuestro país en este nuevo panorama.

Ecologistas en Acción contra el incremento masivo del gasto militar y el régimen de guerra en la unión europea

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No hay camino para la Paz, la Paz es el camino. No le demos al mundo armas contra nosotr@s, porque las utilizará.

Reafirmamos más que nunca nuestro rechazo a cualquier incremento del gasto militar, que perpetúa la lógica de la violencia como vía para resolver conflictos. En un momento de emergencia ecológica y social sin precedentes, es inaceptable malgastar recursos públicos en la industria armamentística en lugar de proteger el planeta y garantizar derechos fundamentales como la vivienda, la educación y la sanidad.

Ecologistas en Acción rechaza frontalmente la carrera armamentista desatada por la Unión Europea.

Como organización ecologista, social y pacifista, defendemos la vida y nos posicionamos radicalmente contra las guerras y el militarismo, que solo generan destrucción y sufrimiento.
https://www.ecologistasenaccion.org/335812/ecologistas-en-accion-contra-el-incremento-masivo-del-gasto-militar-y-el-regimen-de-guerra-en-la-union-europea/

A veces es bueno ver el mundo desde otra perspectiva.

Reafirmamos más que nunca nuestro rechazo a cualquier incremento del gasto militar, que perpetúa la lógica de la violencia como vía para resolver conflictos. En un momento de emergencia ecológica y social sin precedentes, es inaceptable malgastar recursos públicos en la industria armamentística en lugar de proteger el planeta y garantizar derechos fundamentales como la vivienda, la educación y la sanidad.

redantimilitarista

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Ecologistas en Acción contra el incremento masivo del gasto militar y el régimen de guerra en la unión europea

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No hay camino para la Paz, la Paz es el camino. No le demos al mundo armas contra nosotr@s, porque las utilizará.

Reafirmamos más que nunca nuestro rechazo a cualquier incremento del gasto militar, que perpetúa la lógica de la violencia como vía para resolver conflictos. En un momento de emergencia ecológica y social sin precedentes, es inaceptable malgastar recursos públicos en la industria armamentística en lugar de proteger el planeta y garantizar derechos fundamentales como la vivienda, la educación y la sanidad.

Ecologistas en Acción rechaza frontalmente la carrera armamentista desatada por la Unión Europea.

Como organización ecologista, social y pacifista, defendemos la vida y nos posicionamos radicalmente contra las guerras y el militarismo, que solo generan destrucción y sufrimiento.
https://www.ecologistasenaccion.org/335812/ecologistas-en-accion-contra-el-incremento-masivo-del-gasto-militar-y-el-regimen-de-guerra-en-la-union-europea/

A veces es bueno ver el mundo desde otra perspectiva.

Reafirmamos más que nunca nuestro rechazo a cualquier incremento del gasto militar, que perpetúa la lógica de la violencia como vía para resolver conflictos. En un momento de emergencia ecológica y social sin precedentes, es inaceptable malgastar recursos públicos en la industria armamentística en lugar de proteger el planeta y garantizar derechos fundamentales como la vivienda, la educación y la sanidad.

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