El conflicto bélico iniciado por el presidente estadounidense, Donald Trump, contra Irán está pasando una factura económica cada vez más visible a los consumidores. Según un análisis del think tank realista Defense Priorities, los precios de la gasolina en Estados Unidos han aumentado más de un 50% desde el comienzo de las hostilidades, una evolución que contradice las promesas de campaña de la actual administración.
El coste energético de la guerra
El think tank advierte de que el conflicto no solo afecta a las gasolineras estadounidenses. El repunte del crudo supera ya las subidas registradas en crisis previas del Golfo Pérsico, y sus efectos se propagan a nivel global. «Estamos viendo un shock energético de primera magnitud», señalan los analistas, que atribuyen la escalada a la interrupción de las rutas marítimas en el estrecho de Ormuz y a las sanciones adicionales impuestas a Teherán.
El informe, difundido el 2 de junio de 2026, recuerda que la Casa Blanca había prometido durante la campaña electoral una reducción del precio de los combustibles. La realidad, sin embargo, muestra una tendencia opuesta, con una media nacional que ya supera los cuatro dólares por galón. Defense Priorities subraya que el encarecimiento castiga especialmente a los hogares de rentas bajas, que destinan un mayor porcentaje de sus ingresos al transporte.
Consecuencias en la economía global
El análisis también señala que la guerra está alimentando presiones inflacionistas en todo el mundo. La volatilidad del mercado petrolero ha llevado a la Agencia Internacional de la Energía a alertar sobre posibles tensiones en el suministro durante los próximos meses. Mientras, los productores del Golfo Pérsico incrementan su producción, pero no logran compensar el déficit iraní.
«El riesgo de una recesión global ha aumentado significativamente», concluye el documento de Defense Priorities, que urge a Washington a buscar una salida negociada al conflicto. La Casa Blanca, por el momento, no ha respondido a las conclusiones del informe.