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En diciembre de 2013, el gobierno estatal a cargo de Rafael Moreno Valle entregó el control del agua en la zona metropolitana de Puebla a la empresa privada Concesiones Integrales S.A. de C.V., conocida públicamente por su marca «Agua de Puebla para Todos». A más de una década de esta privatización, la población enfrenta aumentos descontrolados en tarifas, interrupciones prolongadas del servicio, conflictos socioambientales crecientes y múltiples indicios de corrupción. Este reporte documenta cómo, bajo la administración privada, el derecho humano al agua se convirtió en mercancía y en privilegio.
La
confusa estructura accionaria de Concesiones Integrales
La empresa concesionaria,
Concesiones Integrales, fue constituida el 19 de diciembre de 2013,
apenas tres días antes del fallo licitatorio. El proceso fue tan
acelerado que al momento de firmar el contrato de concesión por 30
años, el 26 de diciembre, la empresa no tenía experiencia previa en
el sector hídrico. Su inscripción original en el Registro Público
de Comercio se hizo en Aguascalientes, lejos de la jurisdicción de
Puebla. Ahora, saber quiénes son dueños de la empresa es un
laberinto financiero.
Originalmente (entre 2014 y 2023)
la estructura accionaria era la siguiente:
% capital social
Accionista corporativo
75 %
Monex, S.A.P.I. de
C.V.
24.7 %
EPCCOR Servicios,
S.A. de C.V.
0.224 %
Agua de México, S.A.
de C.V.
0.011 %
Tecnología
Intercontinental (TICSA) S.A.P.I. de C.V.
Según el Registro Público de
Comercio (RPC) la estructura accionaria de Concesiones Integrales a
partir de 2024, después de la venta aprobada en 2023 por el Concejo
Directivo de SOAPAP, presidido en ese momento por Sergio Salomón
Céspedes, había quedado más o menos de la siguiente manera:
% capital social
Accionista corporativo
≤ 75 %
Fideicomiso “Xinfra
Fibra E”
≥ 25 %
EPCCOR Servicios,
S.A. de C.V.
≥ 3%
Tecnología
Intercontinental (TICSA)
< 1 %
Agua de México, S.A.
de C.V.
Lo anterior significaría que
Xinfra, un fideicomiso promovido por Promotora MexPac, S.A. de C.V,
administrado por ApxCapital, con Banco Invex, S.A. como fiduciario
pasó a controlar la mayoría accionaria y el consejo directivo,
mientras que EPCCOR, de la familia
Gutiérrez Cortina,
mantuvo una participación minoritaria de aproximadamente el 25% así
como una influencia considerable sobre decisiones técnicas y
contratos de obra pública. Sin embargo, en noviembre de 2024 el
entonces director de Concesiones Integrales, Héctor Durán, en una
comparecencia ante la Comisión de Hacienda del Congreso Local
presentó otra estructura accionaria:
% capital social
Accionista corporativo
56.55%
Hermes Infraestructura
25 %
Fideicomiso “Xinfra
Fibra E”
18 %
Agua de México, S.A.
de C.V.
Estas versiones aparentemente
contradictorias pueden no serlo. En 2022 Grupo Industrial Hermes (de
la familia Hank) compró fuera de libros la participación que
originalmente pertenecía a Grupo Monex y la dejó en un vehículo
intermedio (HI20, S. A. de C. V.) que todavía no ha sido
protocolizado en el RPC. Al no estar inscrito, en el folio mercantil
aún aparece el fideicomiso Xinfra como titular; Durán, sin embargo,
probablemente expuso la identidad de los beneficiarios finales.
Xinfra controla acciones serie A,
que le dan control operativo, pero vende Certificados Bursátiles
Fiduciarios de Inversión en Energía e Infraestructura (CBFEs) a
Afores; esos certificados son “derechos económicos” sobre la
misma participación. Hermes es posiblemente propietario de parte de
ellas, o de un vehículo tenedor de CBFEs. En la comparecencia Durán
no nombró la porción de EPCCOR porque posiblemente se amortizó o
diluyó al momento en que Grupo Hermes y Xinfra entraron. En el acta
registrada de febrero de 2025 EPCCOR sigue con acciones serie B, pero
podría ya estar pactada su venta en un “segundo tramo” aún no
liquidado, y por eso podría persistir la dualidad.
Dentro de este laberinto
financiero podemos afirmar algunas cosas: que Xinfra tiene el control
operativo; que según lo legalmente inscrito el control accionario
directo sigue repartido entre Xinfra (serie A) y EPCCOR (serie B);
según lo que hasido publicado sobre Xinfra, los Afores poseen la
mayor parte de los CBFE’s; si tomamos en cuenta lo declarado por
Durán, parte de ellos pueden haber sido adquiridos por Hermes
Infraestructura sin haber sido protocolizados aún. Mientras no se
protocolice la compraventa completa ni se publique el registro de
tenedores de CBFEs, la ambigüedad permanece entre la versión
oficial del RPC y la versión “económica” que expuso el
ex-director Durán. Todo este enredo es resultado de la opacidad
crónica bajo la que opera Concesiones Integrales.
¿Quiénes
son los personajes detrás de las corporaciones?
EPCCOR es del empresario Juan
Diego Gutiérrez Cortina (un constructor ligado al ex presidente
Carlos Salinas de Gortari), también es dueño de la constructora
Gutsa (que se encargó de importantes obras en los gobiernos de Fox y
Calderón y que se vieron involucradas en maniobras poco
transparentes que fueron auditadas en su momento). Su hijo, José
Miguel Gutiérrez Sainz, es uno de los dueños de EPCCOR Servicios y
director general de Grupo Agua de México. En la cartera de clientes
de EPCCOR Servicios se encontraban la CFE, Televisa, Pemex, IMSS,
Teletón, CONAGUA y la SCT cuando Enrique Peña Nieto era presidente.
Xinfra Fibra -E es un instrumento
de inversión creado por APX Asset Management S.C. fundado y dirigido
entre otros por Alfredo Vara Alonso. Fundó el primer REIT
hipotecario de México (FHipo)
y la boutique de banca de inversión VACE Partners. Como Director
General de Banobras
administró activos por ~US $40 000 M y copresidió FONADIN.
Su gestión fue criticada por negarse a hacer públicas sus
declaraciones patrimoniales y por la contratación directa de
talleres con la firma Eviromex S.C., ligada a presuntos conflictos de
interés. Durante su gestión Banobras, según señalan fuentes
periodísticas, siguió girando 0.9 mdp al Instituto Tecnológico de
Centla mediante un convenio ya calificado como irregular; la ASF
advirtió ausencia de entregables y posible responsabilidad
administrativa en una serie de operaciones al estilo de la Estafa
Maestra. Además, en la construcción Viaducto Bicentenario en el
Edomex, Vace Partners (fundada por Vara) asesoró el financiamiento
de la autopista señalado por legisladores y el abogado Díez Gargari
como parte de una “red sofisticada de corrupción” ligada al
sexenio de Peña Nieto.
Carlos Hank Rhon es dueño de
Grupo Hermes, un conglomerado industrial y de la construcción. Lo
integran Hermes Construcción, Hermes Concesiones , HOATSA Operación
y Hermer. Carlos Hank Rhon, era dueño del Grupo Financiero
Interacciones, un conglomerado de las finanzas que ya no existe y
tenía su propia casa de bolsa. Vendió su empresa financiera a Grupo
Banorte, tiene lazos familiares con los accionistas de Banorte.
Históricamente ha estado ligado al grupo Atlacomulco, son un ejemplo
de las mayores redes de poder mafioso y político en México.
Curiosamente aunque era parte de lo que alguna vez se nombró como
mafia del poder, logró importantes acuerdos con Morena desde la
administración de López Obrador y aumentó sus riquezas en la
pasada administración. Jorge Hank Rhon, su hijo, ha sido conocido
por su amplio historial criminal, un rey del crimen de cuello blanco
y señalado por múltiples asesinatos. Hank Rohn fue conocido también
por su militancia priísta. En Tijuana extendió sus tentáculos, se
le acusó de mandar a asesinar al
fundador del semanario ZETA, crimen por el que “extrañamente”
nunca fue investigado. Una parte de sus riquezas las generó a partir
de la concesión del Hipódromo Agua Caliente, de donde viene el
famoso centro de apuestas Grupo Caliente.
¿Entonces
quién dirige y administra la empresa?
Desde 2024 el director general es
Jordi Bosch Bragado. Su cargo anterior fue como director de Aguas de
Saltillo (Agsal) en donde enfrentó denuncias sociales por altos
costos y cortes en zonas periféricas. Su llegada coincide con la
reconfiguración accionaria y con la obligación de invertir más de
$7,641 millones de pesos entre 2025-2044 para cumplir su contrato.
Actualmente el Concejo de
Administración de Concesiones Integrales está integrado por cuatro
integrantes de Xinfra (Alfredo Vara Alonso, Lorena Barrientos, Jesús
Ordaz, Emilio Sanders) y cuatro designados por EPCCOR (Juan Diego
Gutiérrez Cortina, José Miguel Gutiérrez. Sainz y Adolfo Gómez
García).
Los cuatro integrantes del
Concejo por parte de Xinfra son ex-funcionarios del Banco Nacional de
Obras y Servicios Públicos (Banobras). Este traspaso revela una
probable «puerta giratoria» entre Banobras y la empresa que
gestiona el agua, comprometiendo la independencia regulatoria y
financiera del servicio.
¿De dóndeextraen el
agua que venden?
Hasta 2023 Concesiones Integrales
tenía una infraestructura de 200 pozos, 505 tomas intermedias, 116
estaciones de rebombeo, 3 387 km de red, seis plantas potabilizadoras
y administra cinco plantas de tratamiento de aguas residuales, sin
embargo, de acuerdo con reportes de pobladores de las zonas cercanas
a ellas operan de manera deficiente o simulada.
Cuatro baterías de pozos dentro
de la ciudad (Loreto, La Constancia, San Baltazar y San Rafael)
siguen siendo el corazón del abastecimiento; bombean agua del
acuífero Valle de Puebla, que hoy muestra abatimientos de 1-3 m
anuales según CONAGUA. El
sistema Nealtican-Acuexcomac donde hay un abatimiento del –60 m;
manantiales secos, pérdida de nivel freático y hundimientos; y
el
sistema Xoxtla
donde se cedió el agua sin consentimiento previo, funcionan como
“llaves de alivio” para sostener el desmedido crecimiento
inmobiliario de la capital (Angelópolis y periferia sur-poniente).
Además, Concesiones Integrales busca diversificar captaciones en
Cuautlancingo
y
rehabilitar más pozos en Xoxtla.
Junto con los pozos operados
directamente por la concesionaria, han sido detectadas por la propias
autoridades decenas de perforaciones sin título en la zona conurbada
que terminan conectadas a la red o al negocio de pipas, complicando
el balance real del acuífero.
En síntesis, el
agua que comercializa Agua de Puebla proviene básicamente del
acuífero Valle de Puebla (dentro de la Ciudad) y de tres campos
periféricos (Nealtican, Acuexcomac y Xoxtla), con nuevos proyectos
en Cuautlancingo.
Cada uno de estos frentes de extracción implica conflictos sociales
y ambientales que hoy condicionan la viabilidad a largo plazo de la
concesión.
Según lo declarado por el
ex-director de Concesiones Integrales, Héctor Durán, ante el
Congreso de Puebla, el cobro del servicio que resulta de toda esa
extracción de agua representó para la empresa ingresos por 80
millones 691 mil 23.74 pesos en 2022, 88 millones 32 mil 750.35 pesos
en 2023, y 65 millones 948 mil 50 pesos hasta octubre de 2024.
Manejo
opaco de recursos y relaciones institucionales
Los estados financieros de la
empresa revelan que Concesiones Integrales está altamente
apalancada. En 2024 contrajo una deuda bancaria por 1,140 millones de
pesos con Banobras y 2,492 millones de pesos con Banorte, creando un
riesgo significativo para las finanzas públicas en caso de rescisión
o incumplimiento. Además, existe evidencia contundente de cobros
indebidos: la empresa ha cobrado mensualmente por un tratamiento de
aguas residuales inexistente. Por ejemplo, la planta
tratadora Alseseca Sur permanece inoperante y las aguas residuales,
muchas de ellas industriales con componentes tóxicos, permanecen a
cielo abierto en lo que queda de los ríos que atraviesan la ciudad.
Desde su creación, la
concesionaria estuvo envuelta en irregularidades. El contrato
menciona a una asociación denominada «Contraloría Ciudadana
para la Rendición de Cuentas A.C.» como testigo social, pero
nunca presentó ningún informe público, violando así los
requisitos mínimos de transparencia y rendición de cuentas en
contrataciones públicas.
Asimismo, la velocidad extrema
del proceso licitatorio (apenas tres días desde la constitución de
la empresa hasta el fallo definitivo) evidencia posibles acuerdos
previos e influencia indebida de actores políticos, particularmente
vinculados al entonces gobernador Rafael Moreno Valle y su gabinete.
La reserva ilegal del contrato, declarada «dolosa y equívoca»
por jueces federales hasta 2020, añadió más opacidad al proceso.
Además, EPCCOR, socio clave de
Concesiones Integrales, tiene un amplio historial de irregularidades
en obras públicas, tales como la construcción defectuosa de la
Estela de Luz y el Paso Exprés en Cuernavaca, lo que genera dudas
sobre la idoneidad y legalidad de su participación en este tipo de
contratos públicos.
Por otro lado, el ex-director
Héctor Durán actualmente es investigado por el Servicio de
Administración Tributaria (SAT) por presunto enriquecimiento
inexplicable, involucrando propiedades de lujo en Puebla y Miami, así
como automóviles de alta gama adquiridos durante su gestión.
Sobreexplotación
del agua y altas tarifas
La gestión privada intensificó
gravemente la explotación de acuíferos, afectando de manera directa
a comunidades periféricas. Poblados como Nealtican, Acuexcomac,
Xoxtla y Sanctorum sufren el agotamiento acelerado de sus fuentes de
agua, lo que ha derivado en movilizaciones y protestas sociales
constantes. En Nealtican, la comunidad clausuró simbólicamente
pozos ante la sequía de sus manantiales; en Acuexcomac instalaron
una guardia permanente; en Xoxtla, vecinos realizaron bloqueos viales
para exigir se cancele la cesión del agua. Estos conflictos
evidencian la insostenibilidad socioambiental del modelo de
extracción promovido por Concesiones Integrales.
Agreguemos la sobreextracción el
inexistente saneamiento de aguas residuales domésticas e
industriales que no solo resultan en un modelo insostenible
ecológicamente, sino que también representa un riesgo sanitario
grave.
Además, en la ciudad de Puebla,
más de 100,000 cortes del servicio por falta de pago y aumentos
tarifarios acumulados de hasta 500% desencadenaron más de 5,000
amparos, la mayoría ganados por usuarios afectados. Esta
conflictividad constante revela una violación sistemática del
derecho humano al agua y una incertidumbre permanente en términos de
costo por el servicio y certeza en su suministro. Lo que también
muestra la insostenibilidad del modelo de servicio de la empresa.
Negligencia
operativa y laboral
El historial operativo de la
empresa revela negligencias que ocasionaron accidentes y muertes
evitables. Un trabajador murió intoxicado en 2018 mientras realizaba
labores en una alcantarilla sin el equipo de seguridad adecuado.
Además, este año el uso improvisado de carrizos y palmeras como
señalización en obras generó múltiples accidentes viales sin que
la empresa enfrentara sanción alguna. Estas acciones constituyen
graves violaciones a los derechos laborales y obligaciones de
seguridad.
Asimismo, desde 2020, Concesiones
Integrales despidió alrededor de 1,200 trabajadores del antiguo
organismo público (SOAPAP), reemplazándolos mediante esquemas
precarios de outsourcing,
generando conflictos laborales permanentes sin solución efectiva que
pone en duda la capacidad de Concesiones Integrales de tener una
plantilla laboral calificada para mantener un servicio tan amplio y
complejo de gestionar adecuadamente.
Para
los pueblos no es sequía, es saqueo
La falta absoluta de consulta y
consentimiento a los poseedores del territorio de donde se saca el
agua, los pueblos indígenas y campesinos, revela un profundo racismo
y clasismo tanto en las grandes corporaciones extractivas (como
Concesiones Integrales) como en el propio Estado. Existe una política
sistemática de desprecio y colonialismo que reduce a estas
comunidades a simples territorios donde imponer políticas, ganar
votos, despojarlos y hacer avanzar proyectos desarrollistas sin su
consentimiento y consenso.
Resulta, además, profundamente
contradictorio que, en medio de una crisis ambiental planetaria y con
discursos “sostenibles” tan en boga, las empresas y el Estado
continúen ejecutando proyectos ecocidas y negocios, mercantilizando
todo lo común. Estas dinámicas son las que, en Puebla, explican el
saqueo del agua y reflejan un problema global. Si de verdad nos
importa la salud del planeta y nuestro bienestar socioambiental,
debemos reconocer que las y los verdaderos guardianes de la
naturaleza son los pueblos originarios. Cuando defienden el agua, no
protegen solo “su” patrimonio, defienden la vida de todo el
planeta.
El Estado puede decir lo que
quiera, pero quienes habitamos la ciudad tenemos la responsabilidad y
el derecho de decir NO a este saqueo y ecocidio sistemático. Como
habitantes de Puebla, podemos y debemos dejar en claro que no
aceptamos más robos de agua en nombre del “desarrollo” o
“progreso”. Manifestarlo es urgente y necesario.
La vieja estrategia de
“consultar” a unas cuantas personas para luego decir que se ha
cumplido con los procesos estipulados en el Convenio 169 de la OIT ha
sido recurrente en las administraciones de la autodenominada Cuarta
Transformación y en todas sus antecesoras. Tanto, que el
nombramiento de Hugo Aguilar Ortiz como magistrado de la SCJN se
convierte en una pieza central de esta política de despojo y
neocolonización disfrazada de transformación. La farsa detrás del
“Acuerdo Nacional por el Derecho Humano al Agua” firmado entre el
gobierno y las empresas lo demuestra con total claridad: las
preferencias estatales están con las compañías, no con los
pueblos. Los acuerdos se hacen con ellos, la política de
“compensación” de que empresas altamente ecocidas y extractivas
como coca cola regresen unos cuantos litros de agua es una pantomima
para asegurar las concesiones a las mayores corporaciones ecocidas y
criminales del planeta. Así mientras a ese tipo de corporaciones se
les trata como interlocutores se busca despejar el camino y ahí
estorban los pueblos.
Maniobras como el Plan Nacional
Hídrico, las contralorías ciudadanas del agua y toda esa retórica
de “acuerdos sostenibles”, “reordenamientos territoriales” o
“reapropiación” no son más que simulaciones para que el
extractivismo gane aceptación, sea aplaudido y oculte lo que sucede
en realidad: se libra una guerra del mercado contra la población,
del capital contra quienes se le interponen. Ahí está el origen de
un problema que vivimos a diario, que es inocultable y que seguirá
en aumento.
Algunas
cifras de acuerdo con la plataforma Poplab, cada año
en México se extraen 133 mil millones de litros de agua para la
producción de comida chatarra.
Coca-Cola,
por sí misma, ocupa más del 40% del total, que además de la brutal
extracción no regulada ni supervisada eficientemente, con
concesiones bastante cuestionadas y varias veces denunciadas, generan
a su vez toneladas de basura. Solamente por mencionar algunas cifras
alarmantes de extracción de agua al año en México:
Coca
Cola.
55 mil 812 millones de litros.
Pepsi.
32
mil 000 millones de litros.
Danone.
15 mil 437 millones de litros.
Nestlé.
9 mil 778 millones de litros.
La
inconsistente postura de Armenta sobre la cancelación de la
concesión
En febrero de este año Alejandro
Armenta afirmó que se violó la ley para favorecer a Concesiones
Integrales en 2013, pues: «Teníamos
gobernantes corruptos que solo pensaban en las obras, como el Museo
Barroco, que pensaban saquear al estado y tenemos que venir a
arreglar su cochinero, esa es la verdad».
En esa misma declaración sostuvo
que «si de plano
no quieren servir a Puebla y solo están pensando en cuánto ganar»
la empresa debe
retirarse. Señaló que Agua de Puebla era un ejemplo de las empresas
«extractivas»
que priorizan la ganancia sobre el servicio. «Mientras
yo sea gobernador las vamos a perseguir o las vamos a correr de
Puebla, no queremos empresas que saqueen a Puebla» dijo.
Poco tiempo después declaró que
su
administración no retiraría el contrato a Agua de Puebla,
pues esto representaría un gasto enorme para el estado, en esa misma
declaración afirmó que durante su gobierno no
habría más lugar para empresas como Agua de Puebla.
Y unos días después mencionó
una propuesta: “Estamos
trabajando en una propuesta, daremos sorpresas, con Agua de Puebla
hay voluntad, lo importante es que cuando hay voluntad las cosas se
resuelven y el acceso al derecho humano al agua es fundamental para
nosotros y lo vamos resolver”.
Volvió a afirmar que revertir
las concesiones de la privatización del agua a la empresa
Concesiones Integrales costaría al erario un total de 22 mil
millones de pesos, una cifra exageradamente elevada (se estima que la
remunicipalización costaría entre 10 y 15 millones) y que no toma
en cuenta otras posibles rutas que podrían reducir mucho el costo
como una salida “por cesión”, transferir deuda de Concesiones
Integrales con Banobras a un vehículo estatal con garantía federal,
entre muchas otras, más aún tomando en cuenta la posibilidad de
documentar el incumplimiento de los términos de la concesión. En
ninguno de los casos Armenta ha planteado una ruta ni una intención
clara de remunicipalizar el servicio. Las afirmaciones y cambios
tajantes en las posturas de Armenta dan cuenta de una simulación
discursiva a la que hay que poner atención.
Crímenes
de negligencia corporativa
Ante la cadena de
irregularidades, abusos e imposiciones en torno a Concesiones
Integrales podemos concluir que estamos ante actos y omisiones que
generan
un riesgo previsible de daño
a terceros o al interés público. Los indicios de corrupción, la
negligencia, el saqueo, las violaciones a los derechos laborales, los
daños a terceros por sus obras mal hechas no podrían funcionar sin
el apoyo activo, omiso o aquiescente del Estado. Ambos, corporación
y Estado han entablado una relación de interés mutuo.
Esta relación da cuenta de un punto clave del poder corporativo: los delitos y los daños corporativos siempre permitirán que la búsqueda de beneficios financieros prevalezca sobre las necesidades humanas y la protección social. Y es por esta razón que los Estados capitalistas (aunque se nombren como capitalismo humano) nunca podrán ofrecer una solución a este problema, porque son parte esencial de él. De ahí que gran parte de los daños corporativos queden impunes.
El diseño legal de la sociedad
anónima y la selectividad
del Estado en la aplicación de la ley
crean una “garantía mutua”: el Estado habilita a las empresas a
actuar y calibra o retrasa los controles que podrían frenar sus
abusos. En la práctica, la
búsqueda de lucro corporativo prevalece sobre la protección social,
reproduciendo un circuito de poder que hace posibles los daños a
gran escala con escasa sanción penal efectiva, incluso la sanción
civil, cuando ocurre, es mínima en comparación a las ganancias
obtenidas por el daño ocasionado.
Los crímenes
corporativos por negligencia
no son simples “accidentes”, cristalizan una forma
de poder estructural
donde la obtención de beneficio se impone sobre la seguridad, la
salud, el medio ambiente y la vida de los pueblos. En este
funcionamiento del Estado absurdamente funcional a la acumulación de
capital, las reformas penales seguirán chocando con límites
políticos, pues hay una “impunidad por diseño” que hoy
caracteriza a gran parte de los crímenes corporativos y su relación
con el Estado. Son este tipo de crímenes los que están en el centro
del caso de Concesiones Integrales y su relación con las
administraciones estatales en Puebla, desde Rafael Moreno Valle
hasta Alejandro Armenta.
No podía ser de otro modo, y se logró. Con el ejercicio electoral
realizado el 1 de junio el gobierno cuatroteísta ha logrado lo que
se proponía desde que la reforma al Poder Judicial se planteó en
febrero de 2024, incluso mucho antes. Una magra votación antecedida
de múltiples irregularidades y que muy pocos se atreverían a
presumir como dechado de pulcritud, ha permitido, no obstante,
aniquilar uno de los fundamentos constitucionales de la República:
la división de poderes.
Lo que proclama la presidenta Sheinbaum cuando afirma que su
elección judicial fue un éxito es eso: se consumó la apropiación
de los órganos federales de justicia por la fuerza política que ya
tenía en sus manos los poderes Ejecutivo y Legislativo. Lo que sus
turiferarios en los medios de difusión y arrebatados amlólatras
celebran es la inauguración de un aparato de administración de
justicia marcado indeleblemente por el color partidario guinda. El
golpe de Estado contra el Poder Judicial y el estado de derecho
finalmente se consumó, satisfaciendo el apetito de control de la
congregación de clanes que conforma el núcleo del Morena. Y sobre
todo, la Suprema Corte de Justicia quedará casi por completo
integrada por personajes directamente vinculados con el partido en el
poder y especialmente con López Obrador.
Complementariamente, los acordeones lograron que el grupo
actualmente en poder del Ejecutivo y el Legislativo se hiciera
también del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación
y del novedoso e inquisitorial Tribunal de Disciplina Judicial. Todo
en familia. Ninguna impugnación electoral contra el Morena podrá
proceder, y serán jueces morenistas los que vigilen y sancionen el
desempeño de todos los juzgadores del país. Esta conformación se
ha reproducido en las instancias de los poderes judiciales de las
entidades federativas, de manera que la captura de la administración
del marco legal sea completa.
Para poner una cereza al pastel, quedó como presidente de la
Suprema Corte, como candidato más votado, un abogado oaxaqueño,
funcionario federal de segundo nivel en el gobierno de Andrés Manuel
López Obrador del que hace una semana casi nadie había oído
hablar, pero estaba en los acordeones oficiales. El electo tiene
señalamientos, desde los propios pueblos indígenas por haber
amañado las consultas en sus territorios para facilitar la
construcción del Tren Maya en el sureste, y por encubrimiento de
actos de acoso sexual contra mujeres indígenas.
Pero no faltan los inconvenientes. El muy alabado pueblo, en cuyo
nombre dice gobernar el variopinto grupo que se ha instalado en el
poder desde 2018, vino a contradecir la cantaleta del triunfo de la
democracia y del éxito de la operación, dándole la espalda. Una
operación, debe repetirse, exhibida previamente por las consabidas
trampas que otrora esperábamos que fueran erradicadas desde que el
PRI fue expulsado del Ejecutivo y de la mayoría de las instancias de
gobierno. El voto corporativo del SNTE, de la central sindical que
posee el senador morenista Pedro Haces y de otras agrupaciones; el
acarreo, el uso político de los programas de asistencia social, la
promoción del voto por autoridades y legisladores, prohibida por la
ley pero “autorizada” por el siempre obsequioso Tribunal
Electoral; y el novedoso recurso de los acordeones distribuidos
masivamente por el oficialismo, no lograron conducir a los ciudadanos
a los centros de votación y sí deslegitimaron el proceso.
Quedará como marca a hierro candente la del acordeonazo guinda como
solución a esta muy cuestionable elección que siempre estuvo lejos
de tener un consenso social, lo cual se vio agravado por el descarado
trampeo. ¿Cómo, ahora, sostener que la reforma judicial de
septiembre pasado fue “pedida” por el pueblo, si éste no acudió
a respaldarla? ¿Cómo que por ella votaron en 2024, si no estaba
incluida en la plataforma electoral del Morena ni de ningún otro
partido? Una reforma ilegítima, que fue aprobada apresuradamente,
sin el amplio debate que hubiera merecido una modificación
constitucional de esa envergadura, por la mayoría artificialmente
abultada en el Congreso y que, como remate, sólo fue respaldada por
uno de cada diez posibles votantes. De éstos, más del 22% acudieron
a la casilla a anular las boletas, escribiendo consignas o
manifestando su desacuerdo con el proceso, o no supieron cómo
llenarlas.
Como partido gobernante, Morena no vive ya sus
mejores momentos. En las elecciones municipales realizadas
simultáneamente a las judiciales en Veracruz y Durango se frenó su
crecimiento y sufrió retrocesos importantes. En Durango frente al
PRI y PAN; y en Veracruz, donde fue el partido que menos
ayuntamientos ganó, a manos de Movimiento Ciudadano y el Partido del
Trabajo. Al interior del mismo Morena se mantiene soterrada pero
creciente la inconformidad por la incorporación en cargos públicos
o de elección popular de elementos priistas y panistas. Un
inconformismo que puede dar, o está dando ya, lugar a rupturas
locales de mayores dimensiones.
El contexto social en el que el proceso se realizó no es tampoco el
más favorable al gobierno y el oficialismo. Mientras
una minoría acudía a elegir juzgadores, el movimiento de la
Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, CNTE, se
extiende en diversas regiones del país y mantiene desde el 15 de
mayo un gigantesco campamento en la plaza principal de la Ciudad de
México demandando no solamente un incremento sustancial de salarios
sino, sobre todo, la abrogación de la neoliberal ley del ISSSTE
impuesta en 2007 por Felipe Calderón Hinojosa. Es una lucha
predominantemente laboral y progresista por romper el régimen de
retiro con fondos individuales de aportación y tasado en Unidades de
Medida y Actualización (UMA), no en unidades salariales. La
movilización de los maestros en los cuatro puntos cardinales del
país ataca directamente las entrañas de la alianza histórica de
los gobiernos nacionales con el caduco aunque actualizado charrismo
sindical, y pone al desnudo la protección del gobierno de la
autodesignada Cuarta Transformación al sector bancario nacional e
internacional que obtiene en México las utilidades más altas en
América Latina y superiores a las de sus matrices en otros países.
No es una demanda que concierne sólo del sector magisterial, sino a
todos los trabajadores del Estado en sus tres órdenes de gobierno.
El otro momento estelar de la lucha de clases en
el país es el que se levanta desde el Frente Nacional por las 40
Horas. Si bien el gobierno de Claudia Sheinbaum ha reconocido que la
reducción de la jornada laboral —invariada desde 1917, cuando se
estableció en el artículo 123 de la Constitución— es legítima,
ha diferido su aprobación legal hasta 2030, después de consultarla
con el sector patronal, y ha retrasado la instalación de las mesas
para discutir su reglamentación. Paulatinamente, el movimiento ha
ido cobrando importancia en regiones como el Valle de México, la
frontera norte y otros lugares, así como en las redes sociales.
Aunque aparentemente desconectados, estos hechos hablan del desgaste
del consenso que Morena y sus gobiernos han logrado y del agotamiento
de su falaz discurso sobre la lucha contra el neoliberalismo y la
corrupción. Si bien la presidenta mantiene un alto nivel de
aprobación, de 73 por ciento, según la encuesta más reciente de El
Universal —diez puntos menos que en febrero pasado—, la
imagen pública de su partido, cada vez más poblado por sujetos
indeseables provenientes de las derechas del país, el nepotismo
rampante que lo domina y sus pugnas interiores, muy adelantadas,
tanto por el control de la Cámara de Diputados y un gran número de
gobiernos locales en 2027 como por la candidatura presidencial en
2030, configuran un escenario que puede derivar en nuevas crisis del
bloque gobernante. Sigue siendo necesario construir desde las luchas
sociales un polo político independiente que enfrente la creciente
derechización del régimen y sus afanes de centralización
autoritaria del poder.
No hace mucho, el lenguaraz Gerardo Fernández Noroña, presidente en turno del Senado, afirmó que el Morena va a seguir en el poder durante los próximos 40 años. Y la senadora también morenista Margarita Valdez Martínez, en una declaración que no puede sino recordarnos las pretensiones de trascendencia del Tercer Reich, afirmó que la “Cuarta Transformación” no saldrá del Palacio Nacional en un milenio. Ominosos y ridículos presagios de aniquilación del Estado moderno como lo ha conocido el mundo occidental, que no se cumplirán. La sociedad mexicana irá reaccionando, y comienza a hacerlo ya, para frenar el completo perjuicio político y social con que nos amenazan.
No tenemos que asumir con resignación que estamos condenados a padecer a perpetuidad las secuelas de un pésimo diseño institucional en materia de administración de justicia.
La elección judicial se efectuó con una bajísima participación ciudadana, lo que debe entenderse como expresión inequívoca de que debe revisarse su diseño.
De acuerdo con las autoridades electorales, participó alrededor del 13 % del padrón electoral. Más que en la consulta sobre la investigación de expresidentes, menos que en la revocación de mandato del pasado sexenio y mucho menos que cualquier elección intermedia o sexenal.
Claramente, el tránsito a un modelo de jueces electivos no generó en la ciudadanía el entusiasmo democrático que sus impulsores anticipaban. Y así como en el pasado se insistió en que el mandato de las urnas en 2024 era de un incuestionable respaldo a la agenda del llamado “Plan C”, ojalá que ahora con algo de humildad se acepte que el desdén de los mexicanos y las mexicanas frente a la elección judicial es un mensaje de interpretación obligada.
El 87 % de los ciudadanos registrados en el padrón no acudieron a las urnas, dando la espalda a la jornada, que para mayor tristeza quedó marcada por la inexplicable presencia militar en el espacio emblemático del Instituto Nacional Electoral.
Y a ello habría que añadir, claro está, los enormes costos del proceso: el de dejar afuera recursos humanos valiosos y honestos que hacían parte de los poderes judiciales, y que no se ajustaban a las generalizaciones burdas que el Ejecutivo hizo; el de la imagen internacional del país, pues la cobertura mayoritaria de la prensa internacional no fue positiva, y el propio costo del proceso, en un contexto de estrechez presupuestal y múltiples necesidades.
Basta con considerar lo que habrían significado los 40 mil millones de pesos que se se calcula que costó esee proceso, en agendas tan urgentes como el rezago forense que afecta a las familias de personas desaparecidas.
La baja participación en la elección judicial, en suma, debería llevar a revisar el modelo de personas juzgadoras electivas, e impulsar reformas sobre los aprendizajes que deja este fracasado ejercicio. No tenemos porqué asumir con resignación que estamos condenados a padecer a perpetuidad las secuelas de un mal diseño institucional en materia de administración de justicia.
También debería llevar a una reflexión más amplia sobre lo que sigue respecto de la culminación del llamado “Plan C”. Porque si en breve avanza una reforma electoral que se discuta y apruebe como la judicial, se profundizará la senda de la erosión constitucional en el país.
Por lo pronto, hoy, en el día después, la injusticia que más le duele al país, esa que genera la impunidad de los poderosos y que tanto enojo justificado causa, permanece igual: se gesta en miles de averiguaciones y carpetas de investigación que duermen el sueño de los justos en fiscalías que no fueron tocadas por las reformas atribuladas que nos llevaron a la fallida jornada del domingo pasado. Podrán cambiar la Suprema Corte de Justicia de la Nación y los poderes judiciales de las entidades federativas, y posiblemente lo hagan peor con la elección del domingo, pero el nervio neurálgico de la procuración de justicia, las rebasadas fiscalías que prodigan la impunidad, hoy que despertamos como el dinosaurio de Monterroso, siguen allí.
Absurda interpretación del Instituto Nacional Electoral:
“No hay lugar a dudas”, la Constitución es clara en cuanto a que la persona que haya obtenido una cifra mayor en la contienda de ministros es quien presidirá la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), dijo la consejera presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE), Guadalupe Taddei.
No puede remediar el INE lo irremediable. Tan baja participación no permite calificar a un grupo de mayoría, máxime que estaba tan seguro de la participación ciudadana que no previó el porcentaje triunfador. Esa ridícula elección no puede presentarse como triunfo democrático porque no hubo planillas contendientes y no sólo porque la cifra de participación fue de 13 por ciento.
En ningún documento el INE estableció que una cifra así alcanzada es suficiente para dar por triunfadores a unas pelagatos que aspiran a encabezar la Suprema corte de Justicia.
Si la presidente Sheinbaum logra que el INE imponga a unos candidatos triunfadores, estará cometiendo un error y su caída por marrullera será más rápida.
El debate en torno a la elección del poder judicial se ha envuelto general y mediáticamente en un dilema maniqueo: conservadores vs transformadores, cuya colérica argumentación dista mucho de esclarecer su significado. ¿Representa un avance democrático o se instaura una dictadura? Veamos
La elección de los jueces por el pueblo y su revocabilidad en cualquier momento por decisión de la mayoría de sus electores, es una reivindicación socialista y revolucionaria. Vladimir Ilich Lenin decía que la “elección de los jueces por el pueblo”, es una proclama y consigna de clase, siempre y cuando estos impartidores de justicia procedan de la clase trabajadora. Es evidente que el carácter popular del poder judicial supone el triunfo de la revolución socialista y por tanto, la anulación de las leyes de los gobiernos burgueses derrocados, solo así el Partido del “proletariado da a los jueces elegidos por los ciudadanos la consigna de cumplir la voluntad del proletariado.”i En otras palabras, la plena instauración de un poder judicial popular solo puede lograrse cuando el Estado burgués sea abolido, de lo contrario, cualquier reivindicación popular y proletaria sobre el poder judicial tendrá límites y estará acotado por los márgenes del Estado capitalista.
Bajo la existencia del capitalismo y el estado burgués, la elección de los jueces y ministros por voto popular abre la posibilidad para que se convierta en un espacio de disputa de los sectores populares. En este sentido, se abre una arena de lucha en cuanto a la reivindicación de los derechos democráticos del pueblo trabajador, a saber: el derecho del acceso a la justicia (limitada por los márgenes del Estado burgués). Desde una valoración histórica, que en el capitalismo el pueblo elija a los impartidores de justicia representa un avance, pero solo si el pueblo trabajador tiene la posibilidad real de postular a sus candidatos, esta es la principal contradicción.
En el caso concreto de la elección del poder judicial en México, la participación de sectores populares se encuentra restringida en dos momentos: Primero, porque existe una discriminación de los aspirantes previo a las elecciones, discriminación realizada por el sector del gobierno burgués anidado en las instancias judiciales, legislativas y el ejecutivo, los cuales procuran colocar a sus representantes en las boletas del poder judicial. Segundo, porque, dado el nivel de desarrollo de la conciencia de clase, para poder disputar o ganar la elección se requiere de una estructura corporativa, una maquinaria electoral de acarreo y cooptación de voto, con la cual no cuentan los sectores populares.
Es importante tener muy presente que la reforma al poder judicial no tuvo ni tiene por objetivo mejorar el sistema de impartición de justicia, fantasía de la cual se jactan los defensores del gobierno morenista. Ni la carrera judicial prevenía la ineptitud y la corrupción de jueces y magistrados, ni la elección por voto popular lo solucionará. En esencia la reforma tenía por objetivo: Primero, prevenir cualquier intento de golpe de estado blando (IMPEACHMENT) contra el gobierno de MORENA, tal como ha acontecido contra gobiernos progresistas y socialdemócratas en América Latina. Segundo, eliminar el principal obstáculo para la aprobación de las reformas obradoristas. Por esto, la reforma al poder judicial representa una disputa entre las fracciones políticas de la burguesía por el control de la administración del Estado burgués.
Es un acto de ingenuidad política, pensar que el poder una vez conquistado no se defiende. En este punto la crítica desde la izquierda no es porque exista elecciones o porque el gobierno de MORENA pretenda brindarse de un golpe blando, sino del programa político-judicial que defienden y los perfiles políticos de la mayoría de los candidatos, muchos de ellos impresentables, y otros tantos, que serán servidores del poder ejecutivo, pues ellos los impusieron.
Un punto que debe de quedar claro es que la elección de los impartidores de justicia por voto popular no garantiza la impartición de una justicia popular por los jueces y magistrados electos, de igual forma que la elección por voto popular de diputados y senadores no garantiza una legislatura de vocación popular. La negativa de la bancada de la 4T, ahora mayoritaria, a derogar la Ley del ISSSTE de 2007 que privatizó los ahorros de las y los trabajadores es una muestra de ello.
Las y los jueces que emanarán de la elección, al igual que lo hacen los senadores, diputados, gobernadores y alcaldes, serán presas de los poderes facticos: desde crimen organizado, intereses empresariales y oligárquicos, facciones y pandillas políticas, etc., porque la impartición de justicia no es un acto neutral, sino uno eminentemente político, que no se ejerce en el vacío, lo cual supone siempre que hay correlación de fuerzas y pugnas en cada caso de injusticia.
Más aun, la posibilidad de impartir una justicia popular de forma general se verá constreñida porque existe una institucionalidad burguesa, un Estado burgués y un gobierno burgués, lo cual es por lo general, el origen de las injusticias que padece el pueblo. V.I. Lenin decía que bajo el capitalismo el derecho del pueblo a elegir “sus propios” jueces populares y ejercer la soberanía del pueblo”, no importa que sea la República más democrática, está restringida y limitada por el soborno de los funcionarios por la burguesía.
Es evidente que existió poca participación, 13 por ciento del padrón, pero la elección se diseñó de esa forma. Para la 4T la legitimidad de su gobierno no estaba en juego, su hegemonía goza, por ahora, de buena salud. MORENA se consolidó como dirigente político de un nuevo bloque histórico y por tanto, como administrador general de las instancias del Estado.
Con la elección del nuevo Poder Judicial, los seguidores del gobierno morenista argumentan que se fortaleció la democracia, y que quienes se abstuvieron le hicieron el juego a la derecha. Curiosamente, esta acepción sobre la democracia es muy cercana a la de sus detractores liberales. Cuando escuchas a la insufrible Denise Dresser, en su argumentación siempre subyace una idea, un principio liberal por excelencia: la democracia es igual a elecciones y pluripartidismo. De aquí resulta su derechista aversión por Cuba, la URSS, China o Vietnam, dónde priva el modelo de partido único. Para los liberales o demócratas burgueses lo importante es la forma, las apariencias, de ahí su hipócrita defensa de las «democracias avanzadas», sistemas políticos que por cierto son oligárquicos, cómo en Estados Unidos, o abiertamente monárquicos como el español o británico. Hipócrita también porque, aunque no lo dicen, les gustan las elecciones y el pluripartidismo siempre y cuando gane el centro derecha o la derecha, y cuando no ganan, justifican golpes de Estado, duros o blandos. Los demócratas liberales o burgueses, omiten el carácter de clase de la democracia, los intereses de clase que defienden los partidos que participan en ella o el carácter burgués de los programas de los gobiernos “democráticos”. De ahí su fascinación por la democracia en general o la democracia en abstracto.
En concordancia con los intelectuales liberales y burgueses para los progres y socialdemócratas morenistas se fortaleció la democracia solo porque hubo elecciones del poder judicial, no les importa el contenido de clase de dicha democracia, ni los perfiles de la gente que ganaron estas elecciones o las convicciones que defienden, sino lo que importa es que ganaron. Quizás tengan razón, en este punto, se fortaleció la democracia, pero la democracia burguesa, y con ello, dada el actual momento de la lucha de clases, se reforzó la dictadura del capital sobre la clase trabajadora.
Nota:
i V.I. Lenin. La emancipación de la mujer, recopilación de artículos, Fondo Documental FHK. pág. 54
Independientemente del número de votantes, e independientemente de las personas elegidas, la elección del Poder Judicial por voto popular representa el fin del dominio de la mafia judicial al servicio de la oligarquía.
A partir de ahora no habrá poder personal o institucional que
decida y dicte las resoluciones de jueces y tribunales. El nuevo
Poder Judicial estará libre de la influencia del poder económico y
político.
Nadie dice que a partir de ahora será imposible comprar a un
juez, a un magistrado o a un ministro. Pero ese acto venal no será
por consigna, por orden superior. El juez comprado tendrá que
atenerse a sus propias fuerzas.
Tendrá que valorar cuánto vale su tranquilidad, su prestigio, su
buen nombre, su carrera. Él solito y su conciencia. Y ya rota la
cadena de jerarquías mafiosas y complicidades, deberá ponderar,
como ahora no acontece, el riesgo cierto de ir a la cárcel.
Y no podrá, como ahora ocurre, hacer ostentación de la riqueza
mal habida. La sombra del escándalo lo inhibirá. Y es que hasta hoy
ni riesgo de cárcel ni temor al escándalo ponían freno a la compra
y venta de la justicia.
Digamos que la reforma judicial ha puesto fin al sistema mafioso
en la materia. Y no es lo mismo actuar amafiado que actuar por cuenta
propia. Y no es igual hacer ostentación de la riqueza mal habida con
la protección y complicidad de la mafia que sin estas dos
condiciones.
La elección del Poder Judicial por voto ciudadano es una
verdadera, una auténtica revolución social, política, económica y
moral. Así lo entiende el pueblo, el ciudadano. Y por eso mismo,
aunque un tanto a ciegas por la complejidad de la elección, acudirá,
entusiasmado y esperanzado, a las urnas.
Como ocurrió con la elección del Presidente López Obrador, la
elección judicial ha devuelto al pueblo confianza y esperanza en una
vida mejor, más sana, más democrática, menos mercantilizada, menos
corrupta.
Frente a esta nueva situación, la oligarquía y sus voceros
mediáticos se han quedado pasmados. Y ya sin argumentos, sin
razonamientos, sólo les queda, como a todos nos consta, el recurso
de la descalificación, de la invocación del miedo, del desahogo
estéril.
Pretenden asustar al pueblo, como se dice popularmente, con el
petate del muerto. Pero desde junio de 2018 el pueblo está curado de
espanto.
Ante la derrota y progresiva descomposición de los partidos tradicionales, el PRI y el PAN, el papel de la oposición pasó a ser insólitamente desempeñado por el Poder Judicial
El libro de Darrin Wood, Alumnos del Tío Sam: Tratado de Libre Contrainsurgencia. “Campus México” de la Escuela de Asesinos (https://vocesenlucha.com/libro-alumnos-del-tio-sam-darrin-wood/) constituye un óptimo instrumento analítico-informativo para investigar una realidad considerada tabú por buena parte de la academia, los grandes medios de comunicación y el entorno político del México contemporáneo y cuarto transformista: las fuerzas armadas mexicanas y su relación con sus contrapartes estadunidenses, y, en particular, un tema por demás controvertido que se refiere al entrenamiento de su personal militar en la Escuela de las Américas (SOA).
El 26 de septiembre de 2001, en mi calidad de diputado federal,
presenté un Dictamen en las Comisiones Unidas de
Gobernación-Seguridad Pública y Defensa Nacional del Congreso de la
Unión, solicitando que se investigaran las acciones denunciadas en
el documento La pendiente resbalosa. La Intervención militar
estadounidense en el conflicto en Chiapas, escrito por Brian Wilson,
veterano de la guerra de Vietnam, en que se denunciaba la
intervención directa de cuerpos de las fuerzas armadas de su país
en ese conflicto. Esta propuesta fue desechada por improcedente,
entre otros argumentos, debido a que: “En la historia de las
relaciones bilaterales México-Estados Unidos de América, nuestro
país nunca ha aceptado la presencia de ninguna misión militar
estadunidense en nuestro territorio”.
No obstante, mi intervención provocó una inusitada invitación a
una reunión de diputados y senadores con el entonces secretario de
la Defensa Nacional, general Enrique Cervantes Aguirre, en sus
instalaciones del Campo Militar número 1, en la que, con diversos
argumentos, el general secretario negó enfáticamente que el
personal castrense mexicano fuera entrenado por militares
estadunidenses. La obra de Wood es una refutación fundada y
documentada a estas afirmaciones del general Cervantes. Wood
comprueba que, desde marzo de 1998, el entonces secretario de la
Defensa de Estados Unidos confirmaba la presencia de un instructor
militar de ese país en territorio mexicano, y ofrecía datos
específicos de las razones por las que este centro de adiestramiento
de Estados Unidos (SOA) había sido conocido, sin retórica alguna,
como Escuela de Asesinos. Fundada en 1946, en Panamá, e instalada en
Fort Benning, Georgia, en 1984, como resultado de la firma de los
Tratados Torrijos-Carter, este centro de adiestramiento tiene un
tenebroso historial de preparación castrense de criminales confesos,
como los asesinos del obispo Óscar Arnulfo Romero, entre otros
golpistas de Estado, y con participación de sus graduados en
campañas contrainsurgentes en toda América Latina, entre ellas, la
que se inicia el 1º de enero de 1994, con motivo de la rebelión del
Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Las revelaciones de Wood acerca de los cursos de esta singular
escuela: contrainsurgencia, contrainteligencia, inteligencia militar,
guerra irregular, operaciones de selva, desde los años 60 del siglo
pasado, hasta 2000, y el número de egresados mexicanos, son muy
importantes para comprender a cabalidad, las características del
conflicto en Chiapas a partir de la rebelión de 1994, y para un
balance de este enfrentamiento político militar después de 31 años
de iniciado.
También, el texto ayuda a comprender el actual proceso de
militarizaciónmilitarismo (pueblo uniformado), y la recolonización
territorial que conforma la acumulación militarizada-delincuencial,
que lleva inherente infinitas formas de violencia contra los pueblos
y la sociedad, que agrede directa y de manera particular a las
mujeres, con la práctica al alza de los feminicidios. Pero, también,
contra franjas de la población expuestas por la economía criminal,
como los niños, los adolescentes, migrantes y trabajadores del campo
y de la ciudad. Una temática de especial importancia que Wood expone
es el fenómeno del paramilitarismo, y su utilización en las
estrategias contrainsurgentes del imperialismo estadunidense. Se
presentan casos, como el del general Mario Arturo Acosta Chaparro,
quien recibió adiestramiento militar en Estados Unidos, y se
involucra en la llamada guerra sucia, entre otros oficiales de alto
rango que estudiaron en ese país. Una temática de especial
importancia que Wood expone es el fenómeno del paramilitarismo, y su
utilización en las estrategias contrainsurgentes del imperialismo
estadunidense
Por cierto, el 23 de abril, dos días después del 110 aniversario
de la invasión estadunidense a Veracruz, el pleno del Senado aprobó
el dictamen por el que “se autoriza al Ejecutivo federal el ingreso
de personal militar del Ejército de Estados Unidos al territorio
nacional, a efecto de que participe en la actividad de adiestramiento
denominada Entrenamiento de Ejercicios Combinados Conjuntos”. Pena
ajena. Invitamos a la lectura de esta importante obra de Darrin Wood,
que, sin duda, coadyuva al fortalecimiento del pensamiento crítico
al que convocan reiteradamente los mayas zapatistas.
Casi 100 millones de mexicanos están convocados a redefinir la nómina completa del Sistema Judicial, a pesar de la oposición, la lucha férrea y las trampas de todo el aparato de la derecha
Y si la CNTE no consigue ser reprimida, poco a poco su movimiento irá perdiendo fuerza, porque la dirigencia magisterial, también poco a poco irá perdiendo el apoyo de sus bases.
Por eso la CNTE está apretando el
paso en sus provocaciones. Le urge que lo más pronto posible el
gobierno de Sheinbaum desate la represión: palos, persecución
policiaca y judicial y, finalmente, cárcel para sus miembros más
aguerridos, es decir, más irresponsables.
Pero nada de eso va a ocurrir. Ahora
ya no manda el Prián. Ahora ya no manda la oligarquía que dominó
al país durante los últimos 50 años. Ahora manda el pueblo. Y
parece que la CNTE todavía no lo entiende.
Los métodos de lucha de la CNTE se
justificaban y entendían y concitaban el apoyo de vastos sectores
populares cuando gobernaba el Prián. Pero eso ya no existe. Y parece
que la CNTE no lo ve.
Y tampoco ve que no se está
enfrentando, como antes, a un gobierno espurio, a un gobierno sin
respaldo popular. La Presidenta tiene ahora el respaldo de millones y
millones de personas, de trabajadores. Un respaldo que no sólo no
decrece, sino que se acrecienta día con día.
La CNTE parece no entender que no se
enfrenta a De la Madrid, a Salinas, a Zedillo, a Fox, a Calderón o a
Peña Nieto, nefastos personajes que no contaban con más respaldo
que la fuerza bruta de un Estado represor, inhumano y sanguinario.
Pero quizás esté mal decir la CNTE.
Acaso lo más adecuado sería decir la dirigencia de la organización,
su liderazgo. Digamos el núcleo más intransigente. Un núcleo duro
que empieza a mostrar su divorcio de sus propias bases.
Ya se observan señales de este
divorcio. Y al paso del tiempo se harán más visibles. Por eso a la
dirigencia le urge que Sheinbaum se decida a desatar la
represión. Pero, como se diría en términos taurinos, los líderes
más duros e intransigentes de la CNTE están pinchando en hueso: no
lograrán su avieso propósito.
Y sin represión, el movimiento no
tiene futuro. Y no tardaremos en ver, muy pronto, a los líderes de
la CNTE, tocar retirada, como se dice popularmente, con el rabo entre
la patas.
Mucho se
ha hablado de la importancia de la industria automotriz en México; sin embargo,
conviene insistir en su relevancia. Nuestro país ocupa el primer lugar en
generación de divisas con una balanza comercial superavitaria de 99 mil
millones de dólares (MMDD), es el 5° exportador mundial de vehículos ligeros,
el 4° exportador mundial de autopartes y contribuye con el 3.6% al Producto
Interno Bruto (PIB) nacional. Cerró el 2024 con récord histórico tanto en
producción como en exportación de vehículos ligeros. En términos de producción,
se alcanzaron 3 millones 989 mil 403 unidades, lo que representa un crecimiento
anual del 5.6% en comparación con el cierre del 2023. Todo esto de acuerdo con
los datos de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA).
Indudablemente
es un sector fuerte en nuestra economía, pero ¿quién recibe los beneficios de
la riqueza creada? Ciertamente no son los trabajadores. Más adelante volveremos
a ello.
Dentro
de las 39 plantas que existen en el país, nueve pertenecen a General Motors
(GM), la empresa que nos ocupa en este escrito. Estas plantas se encuentran en
cuatro complejos ubicados en Coahuila, Guanajuato, México y San Luis Potosí,
que en conjunto emplean a 25 mil trabajadores. Cuenta con tres plantas de
vehículos, tres de motores y tres de transmisiones, con una capacidad anual de
producción de 846 mil 600 vehículos, 1 millón 328 mil motores y 879 mil 800
transmisiones. Esto ha mantenido a General Motors, hasta 2024, como el principal
productor de vehículos en México, con 889 mil 72 unidades vendidas. Ahora
enfoquémonos en su complejo en San Luis Potosí.
Complejo de San Luis Potosí.
Este
complejo fue inaugurado en 2008, con una planta de ensamble y otra de
estampado. Este es el complejo más grande en México con una extensión de 347
hectáreas. Si bien se sabe que, en su complejo de Silao, Guanajuato, se produce
una pick up nueva cada 56 segundos, no se conocen datos respecto al complejo
potosino, pero la diferencia no debe ser significativa.
El
complejo en SLP ha sido reconocido por su alta calidad en manufactura; en 2024
fue el único que recibió el reconocimiento “Platino”, la máxima distinción que
se puede obtener para un complejo de manufactura. Asimismo, la Chevrolet
Equinox, producida en sus plantas, fue catalogada como la mejor de su
segmento, mientras que GMC Terrain se posicionó en el tercer lugar. En
el primer trimestre de 2025, el complejo alcanzó un 79.5% de utilización de su
capacidad instalada, lo que revela una operación altamente eficiente.
Todo
lo anterior no es más que fruto del esfuerzo de los trabajadores que laboran en
GM, pero nuevamente nos preguntamos, ¿los trabajadores reciben los beneficios?
GM, como otras empresas automotrices, busca producir más en menos tiempo, ganar
siempre más e invertir lo menos posible, pero ¿cuáles son las consecuencias de
esto?
Condiciones laborales en General Motors SLP.
Producir
más en menos tiempo es la norma, pero a costa de una constante presión sobre
los productores, es decir, los 25 mil trabajadores que emplea en México, de los
cuales 6 mil 500 laboran en su complejo de San Luis Potosí. ¿Qué implica
trabajar en esta planta?
Juan
Rojas, un trabajador de GM en SLP nos cuenta: laborar en GM implica trabajar
turnos de 12 horas, en un esquema de 4X3. Por ejemplo, en una jornada semanal
se trabaja lunes y martes de noche, viernes y sábado de mañana. El descanso es
miércoles y jueves. No obstante, no solo se invierten 12 horas al día: también
se deben considerar los traslados a la planta, que puede implicar hasta 20
horas en total. La empresa proporciona transporte a través de 115 rutas.
Algunas de las rutas más largas son:
Ruta
Cerritos: inicia en Granjenal a las 2:10 a.m. para llegar a las 5:40 a.m. a la
planta y comenzar a laborar a las 6 a.m.
Ruta
Charcas: inicia a recoger a los trabajadores a las 2:25 a.m.
Ruta San
Luis de la Paz y Ruta S.J. Sin agua 2: inician en el primer punto a las
2:30 a.m.
Lo
anterior para el primer turno, para el segundo turno son mismos horarios, pero
por la tarde. Ejemplo, Ruta Cerritos: inicia a las 14:10 p.m., para llegar
17:40 p.m. y comenzar las actividades a las 18:00 p.m. Así en las otras rutas.
Las horas de salida de las rutas para el primer turno varían entre las 2:10
a.m. y las 5:15 a.m.; para el segundo turno, entre las 2:10 p.m. y las 5:15
p.m. En otras palabras, una jornada de 12 horas se convierte en una jornada de
entre 13 y 20 horas.
Más
allá de la extensión de la jornada laboral los trabajadores enfrentan otras
dificultades. La automatización en la industria automotriz ha traído consigo
una extrema especialización del trabajo, con tareas repetitivas que han
derivado en problemas de salud. Uno común en trabajadores de GM SLP ha sido el
síndrome del túnel carpiano, derivado de movimientos repetitivos de las manos y
las muñecas. Este síndrome tiene como síntomas: debilidad en las manos al
agarrar objetos, dolor en las muñecas o las manos y cosquilleo.
¿Qué
hace la empresa al respecto? “La empresa lo que hace es separarlos, no los deja
que vayan al seguro, después de cierto tiempo buscan la forma de aburrirlos y
hostigarlos para que renuncien”.
Eso
no es todo, también sabemos que para “producir más por menos tiempo” es
menester que cada segundo se aproveche, no por nada tienen récords en
producción, pero poco se habla de lo que hay detrás de esto, Juan nos dice: “no
nos dejan ir al baño hasta que haya alguien que nos cubra, y eso es un show,
porque cómo van a parar la máquina (toda la producción) para que yo vaya al
baño, eso es perder tiempo, y uno no puede programar sus necesidades”.
Además,
existe el acoso sexual como problema constante, especialmente a las
trabajadoras, Juan lo reconoce, aunque no puede hablarnos con detalle porque no
lo ha vivido directamente, pero afirma que es muy recurrente.
¿Qué
hay de las horas extras? Ese es un problema, pero no porque no las paguen, sino
por el acoso que sigue para quienes no van a laborarlas. “A veces la empresa
pide que se hagan horas extras, a los compañeros que no van a trabajarlas los
acosan laboralmente, hacen campañas de acoso contra ellos, incluso les niegan
las vacaciones. Uno se tiene que esperar hasta un mes para que las den, las dan
cuando quieren y no cuando uno las necesita”.
Un proceso sindical pedregoso.
Las
duras condiciones laborales han motivado el ánimo de algunos trabajadores de GM
SLP para exigir mejoras. Con ese objetivo solicitaron el apoyo del Sindicato Independiente Nacional de
Trabajadores y Trabajadoras de la Industria Automotriz (SINTTIA) que tiene la
titularidad del Contrato Colectivo de Trabajo (CCT) de la planta de GM en
Silao, Guanajuato. Anteriormente, el titular del CCT en GM SLP era el Sindicato
Nacional de Trabajadores de la Industria Automotriz, Similares y Conexos de la
República Mexicana, adherido a la Confederación de Trabajadores de México
(CTM), no obstante, en 2023 este sindicato no legitimó el contrato, por tanto,
los trabajadores se quedaron sin representación sindical.
¿Qué ha ocurrido desde entonces? SINTTIA está
promoviendo la obtención de la Constancia de Representatividad que le permita
negociar un nuevo CCT, pese a los obstáculos impuestos por GM. La empresa ha
violado constantemente la libertad sindical emprendiendo campañas contra
SINTTIA e incluso presuntamente aliándose con el sindicato Carlos Leone, al que
le ha facilitado el ingreso a la planta. “Incluso la empresa realizó un consejo
laboral reuniendo a todos los excetemistas, para que ellos fueran los que integraran
al Carlos Leone, hay contubernio con ese sindicato, existe presión y amenazas a
trabajadores para que se afilien al Carlos Leone y sea el que quede, aunque no
lo queramos, hay intromisión en todos los aspectos”.
Lo anterior, a pesar de que los trabajadores
tienen derecho a la libertad sindical y de asociación, pudiendo constituir o
afiliarse al sindicato que mejor convenga a sus intereses. Estos derechos están
reconocidos en la Ley Federal del Trabajo, por lo que es fundamental que el
trabajador los conozca y los ejerza sin la injerencia del patrón, ya que dicha
intromisión está expresamente prohibida y sancionada por la propia LFT en su
artículo 133 fracción IV.
Un sindicato puede llegar a ser un poderoso
instrumento para la mejora de las condiciones laborales de los trabajadores, ya
que, legalmente, puede negociar con la empresa, solicitar revisión del contrato
colectivo, solicitar revisión salarial, entre otras cosas; pero este poder de
negociación se nulifica si el sindicato lejos de proteger a la base trabajadora
se alía con el patrón. Este fue el caso del sindicato de la CTM, conocido por
sus prácticas charriles; también lo es del sindicato Carlos Leone. Y podría
llegar a ser también el caso de SINTTIA si los trabajadores no se mantienen
atentos y vigilantes de sus representantes. Esa es una lección que deben tomar
en cuenta los trabajadores de General Motors, deben mantenerse informados y
participar en el proceso, pues son ellos los que pueden verse beneficiados o
perjudicados por lo que ocurra.
General Motors, parte del engranaje del
capitalismo mundial.
En la competencia mundial por liderar el
mercado automotriz se dio un fenómeno importante llamado offshoring,
(relocalización del proceso productivo) en el que se dio una importante
transferencia productiva de Estados Unidos hacia México. Esto ocurrió por
primera vez en la década de los 80, volvió a repetirse en los 90 y nuevamente
en 2008 debido a la Gran Depresión. Fue precisamente en 2008 la llegada de
General Motors a San Luis Potosí, en un contexto en que México se volvió
indispensable para el abastecimiento del mercado estadounidense. Esta
relocalización respondió a la “necesidad del capital de ubicar inversiones
productivas en zonas geográficas próximas a los mercados más dinámicos del
mundo, con el fin de garantizar un fácil acceso a las materias primas y ahorrar
en costos de transporte”, de acuerdo con Crossa Niell, experto en investigación
de la industria maquiladora en México.
El
atractivo de México se debió también a los bajos salarios, que pueden ser entre
10 o 20 veces menores a los salarios en Estados Unidos, según sea el caso. Por
ejemplo, en General Motors SLP el grueso de los trabajadores gana 395 pesos
diarios, mientras que sus contrapartes en EE. UU. ganan 200 dólares por día, es
decir, unos 3 mil 861 pesos diarios. Esto significa que los trabajadores
mexicanos ganan 14 veces menos, a pesar de desarrollar labores similares e
incluso haciendo jornadas laborales más largas.
Todo esto pone en evidencia la
superexplotación que viven los trabajadores mexicanos, quienes crean una enorme
riqueza, pero solo reciben una parte ínfima de ella, el grueso lo reciben los
dueños y los grandes directivos. Por ejemplo, Mary Barra la CEO (directora
ejecutiva) de General Motors ganó 29 millones de dólares tan solo en
2024, embolsándose también ganancias de GM SLP, aunque no sea ella quien dirija
las operaciones de ese ni de ningún complejo en México. El director ejecutivo
de General Motors México es Francisco Garza, que, si bien no hay cifras
públicas de su salario anual, se estima que puede rondar de 15 a 25 millones
de pesos mexicanos.
La lógica del capital es siempre aumentar la
tasa de ganancia, y para ello recurre a mecanismos como la relocalización
productiva, los bajos salarios, reducción de costos laborales e incluso la
represión sindical, todo para engordar los bolsillos de unos pocos. Sin embargo, esto no es un fenómeno exclusivo
de México, General Motors es parte del engranaje del capitalismo mundial y en
ese contexto debe comprenderse lo que ocurre en GM SLP.
Trabajadores de General Motors, impulsar el
cambio del sindicato y aspirar a mejores condiciones laborales son acciones
legítimas y necesarias. Son lo mínimo que podemos exigirle al capital y es un
paso importante para la toma de conciencia de clase, pues hay que tener claro
que, aunque podamos mejorar nuestras condiciones laborales, el capital siempre
encuentra la manera de sacar la tajada más grande a costa de nosotros. Para que
esto cambie de raíz es menester cambiar el sistema capitalista y encaminarnos a
un sistema más humano, que priorice el bienestar sobre la ganancia y no la
ganancia sobre el bienestar. Por lo pronto, les deseamos éxito en su lucha.
Si existe algún sindicato que puede ufanarse de su legado histórico,
de haber derrotado dos intentos de reforma gubernamental para
privatizar el sector eléctrico y de haber sobrevivido al golpe de
Estado promovido por el ex presidente Felipe Calderón al extinguir a
la empresa Luz y Fuerza del Centro en el 2009, ese es el Sindicato
Mexicano de Electricistas.
A casi 16 años de
ese golpe, el SME sigue existiendo con reconocimiento oficial a su
dirección sindical, contrato colectivo de trabajo y un padrón de 15
mil 28 electricistas. Además, cuenta con una propuesta de
reinserción laboral en Comisión Federal de Electricidad basada en
el impulso de las energías renovables, la reducción de gases de
efecto invernadero y la generación distribuida. En el terreno de la
lucha social, el SME está impulsando la construcción de una Nueva
Central de Trabajadores para disputar la dirección del movimiento al
charrismo sindical y en el terreno internacional forma parte de
diversos esfuerzos para reagrupar al sindicalismo combativo y dotarlo
de un progra
Estos logros hubieran
sido imposibles de alcanzar sin una base consciente, movilizada y
combativa, y de una dirección clasista como la que representan los
compañeros Martín Esparza Flores, secretario general del SME y José
Humberto Montes de Oca Luna, secretario del exterior.
Esta increíble lucha
de resistencia del SME se ha forjado al calor del enfrentamiento
contra gobiernos neoliberales, manteniendo una sana distancia crítica
hacia los recientes gobiernos progresistas, pero también de un firme
combate a sus viejas dirigencias burocráticas que en el 2009
llamaron a que el SME quemara sus naves, que sus trabajadores
aceptaran la humillante propuesta de liquidación ofrecida por el
gobierno, que renunciaran a la protección del sindicato y desacatar
el acuerdo de asamblea de no liquidarse.
Esos sectores son los que hoy representa el ex secretario general Rosendo Flores Flores, apoyado sumisamente por el provocador Mario Benítez Chávez y de su escribano despistado José Arreola (https://rebelion.org/una-).
Durante el proceso
electoral del 2009, cuando el gobierno de Felipe Calderón intentó
imponer a su peón, Alejandro Muñoz Reséndiz, como secretario
general para minar la posible resistencia al golpe en ciernes,
Rosendo Flores fue su principal cómplice. Rosendo Flores y su
pandilla, aliados de Felipe Calderón, representan a una corriente
política de derecha. Eso explica por qué esa corriente estuvo
completamente ausente de toda la digna lucha de resistencia del SME y
que ahora, de manera hipócrita, pretenden asumirse como su
“salvador”.
Paralelamente, en
nuestra lucha de resistencia, Mario Benítez y otros sectores
ultraizquierdistas (al menos así se presentan), se opusieron al
acuerdo con el gobierno de Enrique Peña Nieto para alcanzar una
solución transitoria que nos permitió alcanzar una liquidación con
logros superiores a lo otorgado por Felipe Calderón (de los cuales
el propio Mario Benítez resultó beneficiado); ganamos la concesión
para generar electricidad en las plantas de la extinta empresa LyFC;
obtener la propiedad de terrenos y edificaciones para formar una
cooperativa; y, no menos importante, asegurar la existencia del
Sindicato Mexicano de Electricistas.
El centro de su
oposición giraba en torno a criticar el haber obtenido la concesión
de las plantas de generación, y de establecer una alianza con una
empresa portuguesa para constituir la empresa Grupo Fénix, porque,
según ellos, ello significaba reconocer la reforma privatizadora del
sector eléctrico realizada meses atrás por dicho gobierno. El SME
siempre dejó muy en claro nuestra oposición a esa reforma, pero
hubiera sido suicida no haber aceptado la solución del conflicto en
ese marco. Si el SME existe hoy, es gracias a dicho acuerdo.
Ante el rechazo
aplastante de la Asamblea General a la insensatez de los grupos
sectarios, éstos optaron por salirse de la organización sindical y
establecer una alianza oportunista con la burocracia de derecha de
Rosendo Flores. Confirmando, una vez más, el triste destino de los
grupos sectarios, comienzan como estrellas gigantes rojas y terminan
convertidos en enanas blancas.
Lo peor de esta
alianza oportunista es que, ante su incapacidad de ganar una mayoría
mediante el convencimiento, optaron por ser manipulados, desde los
sótanos del gobierno progresista de López Obrador, para intentar
dividir al SME. Este nuevo acto de traición a la autonomía e
independencia sindical revela su falta de principios y una
desesperación por ganar la dirección sindical sin importar los
medios.
Desde entonces, la
mayoría de estos grupos, que ya no pertenecen a nuestra organización
sindical, se han dedicado a inventar supuestos actos de corrupción,
que exhiben en la prensa amarillista, pero que han sido desestimados
por las autoridades competentes en todos los casos e ignorados por la
base electricista.
Su reciente amenaza
de crear una planilla “fantasma” -porque se hace al margen del
Estatuto y de la Ley Federal del Trabajo- sería completamente
ridícula si no fuera porque proviene de un grupo violento, que el 27
de septiembre de 2019 intentó tomar por la fuerza la sede del SME, y
porque vuelve a apostar a la intervención del gobierno en la vida
interna de las organizaciones sindicales.
Aunque podemos estar
tranquilos, porque la base del SME dará la espalda a estos grupos de
derecha, es necesario continuar dando la batalla política e
ideológica en contra de estos engendros oportunistas y sectarios.
A través de su análisis, exploramos el papel del legendario líder de la Revolución Mexicana, sus orígenes, su visión de justicia social y su apuesta por la transformación radical