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AnteayerRebelion

La vivienda como lugar de combate (I)

12 Junio 2025 at 06:20
Por: Caty R

En memoria de José Ángel Gallegos Gómez, incansable luchador contra la violencia inmobiliaria, entregado en cuerpo y alma a la defensa de los pisoteados derechos de sus víctimas y fustigador implacable del sometimiento de los poderes “soberanos” a los dictados de la mafia financiero-inmobiliaria.

«El mercado inmobiliario de ninguna manera es un mecanismo infalible, o siquiera inteligente, que conduzca bajo la dirección de alguna mano invisible a ciudades perfectas y equilibradas. Más bien, es un lugar de combate en el que se enfrentan sujetos de muy distinta naturaleza y en el que se impone el más fuerte. El resultado se aleja por tanto de esa Arcadia ideal y se aproxima más al terrenal -por no decir infernal- campo de batalla que constituyen las ciudades capitalistas” (Samuel Jaramillo)

Historias de horror

«Una metonimia del mundo moderno». De esta guisa caracteriza el geógrafo y urbanista Brett Christophers la turbulenta historia de la urbanización Summer House. Se trata de un complejo de apartamentos de alquiler «bastante anodino» de la isla de Alameda, ubicada en la paradisíaca bahía de San Francisco, cuyas vicisitudes recientes Christophers califica como una historia “de pesadilla”.

El viacrucis de los infortunados inquilinos comenzó a mediados de los años 90, cuando el complejo fue adquirido por Fifteen Group, un fondo de gestión de activos reales -más conocidos como fondos “oportunistas” o “buitres”- de tamaño medio de Florida. Tras diez años de abandono y de quejas continuas -descritas por un periódico local como «historias de terror: problemas de fontanería y bajantes, averías eléctricas, techos con goteras, etc.»-, en 2004 los inquilinos recibieron el temido burofax, en el que se les comunicaba taxativamente la no renovación de todos los contratos. La coartada utilizada por el fondo forma parte del modus operandi al uso en tales procesos: la presunta necesidad de proceder a la renovación urgente e integral de las propiedades, cuyo deterioro se había provocado intencionadamente.

Sin embargo, los nuevos residentes tampoco hallaron la paz y el sosiego en sus flamantes residencias. Tras dos nuevos cambios de propiedad en los convulsos años posteriores a la crisis financiera de 2008, en 2017, otro fondo oportunista llamado Kennedy Wilson decide deshacerse definitivamente del complejo, no sin antes recibir un “modesto” rendimiento del 700%. En el ínterin, los alquileres llegaron incluso a triplicarse y continuaron asimismo las amargas quejas de los residentes por la falta de mantenimiento y la dejadez de funciones por parte del administrador de las fincas.

Un halo de misterio rodeó, como explica Christophers, la lucrativa transacción:

“En el artículo que informaba del acuerdo de 2017 en el San Francisco Business Times había una linea sorprendente: ‘Kennedy Wilson se negó a revelar la identidad del comprador’”.

Con el tiempo se supo quienes eran los nuevos propietarios: el Blackstone Group, con sede en Nueva York, el mayor fondo buitre del mundo. Pero no fue porque Blackstone revelase la información: Blackstone nunca ha dicho públicamente que sea el propietario; Summer House está gestionada por otra empresa.

Sea como sea, en los años transcurridos desde que Blackstone asumió la propiedad, las quejas y el descontento de los sufridos inquilinos por el abandono de las fincas y el absentismo de la propiedad no han aminorado y los alquileres han seguido aumentando.

¿Cuáles son los rasgos específicos de esta historia aparentemente local, que justifican la designación de este caso concreto como un símbolo global de la “violencia inmobiliaria”? La rotunda respuesta de Christophers no deja lugar a dudas: “es necesario que nos fijemos especialmente en un tipo particular de propiedad, la quintaesencia de la modernidad tardía, la propiedad del capitalismo financiero”.

A más de 9.000 kilómetros de distancia de Summer House, en el barrio de San Cristóbal de los Ángeles, situado en la periferia sur de Madrid -una de las zonas más duramente golpeadas por la debacle inmobiliaria de 2008- vive María Eugenia Ortega. Su infausta historia representa sin duda también otra «metonimia del mundo moderno”.

Ortega, trabajadora de la Comunidad de Madrid en ayuda a domicilio de personas mayores, creyó ver por fin la conclusión de su calvario inmobiliario en el año 2013. Su alborozo se debía a la ansiada firma de la dación en pago -entrega de la vivienda al banco a cambio de la extinción de la deuda- y de un alquiler social de su vivienda con el Banco de Sabadell. Terminaban así cinco años de pesadilla judicial y personal, tras el impago de su hipoteca debido a la subida inasumible de los tipos de interés previa al crack de 2008. Sin embargo, la aparente solución resultó ser un efímero espejismo y su ilusión de estabilidad acabó saltando de nuevo por los aires. Poco antes de finalizar el contrato de alquiler social en 2019, Ortega sufrió un nuevo sobresalto:

“En 2019 me llamó mi trabajadora social y me comunicó que ya no podía ayudarme más porque acababan de vender el piso del banco a un fondo, por lo que con mucha probabilidad me obligarían a abandonarlo”.

En la operación mencionada, el Banco de Sabadell vendió al fondo de capital-riesgo -otro eufemismo para camuflar su catadura real- Cerberus 61.000 activos inmobiliarios «tóxicos» por unos 3.900 millones de euros: una auténtica ganga. Uno de esos activos -conocidos como “pisos con bicho”, en el expresivo argot del sector- era la vivienda en la que residía Ortega, por lo que solo era cuestión de tiempo que recibiera el “maldito” burofax, comunicándole la no renovación de su contrato. Las consecuencias de verse abruptamente abocada a la “exclusión residencial” fueron devastadoras: “Llevo mucho tiempo sufriendo ansiedad, tengo el azúcar muy alterado, padezco insomnio y estoy en un constante estado depresivo porque me veo sola con una hija a la que mantener y la incertidumbre de no saber cuándo me van a desahuciar”. Ante la imposibilidad de acceder a un alquiler asequible, dado el nivel prohibitivo del mercado, Ortega considera que la única salida que le queda es la okupación, camino que han tomado también muchos vecinos del barrio en su misma situación.

Las acerbas situaciones descritas, espigadas entre una miríada de casos semejantes, ejemplifican la creciente violencia ejercida por los mecanismos depredadores de los poderes capitalistas contra las condiciones básicas de subsistencia de las clases trabajadoras, entre las que el acceso a una vivienda digna ocupa un lugar preeminente.

“Están dispuestos a destruir las vidas de la gente”. La contundente sentencia, recogida asimismo por Christophers, está extraída de la declaración de la experta en planificación urbana Elora Lee Raymond ante un comité del Congreso de Estados Unidos que investigaba las prácticas desarrolladas por los arrendadores corporativos, controlados por gestores de activos como Cerberus o Blackstone. A la luz de los ejemplos mencionados, únicamente dos botones de muestra del modus operandi de tan “honorables” instituciones, no parece en absoluto una afirmación exagerada.

El escenario de pesadilla en el que se ha convertido la obtención de un bien esencial para el adecuado funcionamiento de los mecanismos básicos de la reproducción social -cobijo, crianza, educación, salud, arraigo, etc.- refleja asimismo de forma cruda la creciente fractura abierta en nuestras sociedades presuntamente “desarrolladas”: mientras que para los más la vivienda constituye una pesada carga y una obsesión continua, para los que gozan de “estabilidad residencial” supone el fundamento de su seguridad vital y de su bienestar socioeconómico. El economista marxista y experto en urbanismo Samuel Jaramillo describe el sector inmobiliario moderno como «un campo de batalla», propicio a todo tipo de abusos, dada la enorme asimetría de poder existente en las relaciones que se establecen entre los grupos sociales en pugna.

El urbanista Peter Marcuse y el sociólogo David Madden, autores del texto “En defensa de la vivienda”, recurren al concepto psiquiátrico de “seguridad ontológica” para describir el sufrimiento que la violencia inmobiliaria provoca en sus víctimas:

“Hoy en día, muchas personas sienten ansiedad por su vivienda. Pero para los más pobres, la precariedad residencial resulta profundamente desestabilizadora. Una de las maneras en que los investigadores de la vivienda comprenden la traumática experiencia es a través del concepto de ‘inseguridad ontológica’. La seguridad ontológica es la sensación de que la estabilidad de nuestro pequeño mundo puede darse por sentada”.

El dato clave que agudiza, en palabras de la socióloga Melinda Cooper, la crisis de “asequibilidad residencial” en el Occidente privilegiado, “es la creciente divergencia entre los salarios y el valor de los activos, en particular de los precios de la propiedad inmobiliaria”. La brecha abierta entre los magros ingresos salariales y el coste de la vivienda -muy destacadamente, tras la debacle de 2008, el ascenso vertiginoso del precio del alquiler- propulsa la desigualdad social y agranda el abismo entre los situados en las dos trincheras del “campo de batalla” inmobiliario, generando lo que Cooper denomina una “nueva división de clase”.

Y la fractura no deja de agrandarse: los precios de adquisición y de arrendamiento se sitúan actualmente en máximos históricos -incluso superiores a los valores ya estratosféricos alcanzados en la burbuja inmobiliaria que explotó en 2008- y el esfuerzo requerido para pagar el alquiler representa nada menos que la mitad del sueldo medio en España. Por no mencionar la odisea que supone la obtención de un techo para las generaciones más jóvenes, cuya edad media de emancipación supera holgadamente los treinta años.

Empero, en este punto es menester hacer una advertencia importante, en aras de situar correctamente la auténtica profundidad de la penetración en el tejido social de la brecha inmobiliaria: el hecho de que los desalmados fondos buitres, como Blackstone y Cerberus, representen la “quintaesencia del capitalismo financiero” y que sus despiadadas prácticas conlleven una auténtica pesadilla para sus víctimas no significa que el “casero de los viejos tiempos” -la abrumadora mayoría de los arrendadores- no aplique la misma lógica de maximización de la extracción de rentas. Como explica irónicamente Christophers, si bien existen obvias e importantes diferencias entre ambos tipos de propiedad, el objetivo de la “búsqueda del valor de cambio” es plenamente compartido:

“De hecho, y pese a toda la mitología amable y difusa encarnada por el bonachón y canoso casero de los viejos tiempos, no existe ninguna razón convincente a priori para suponer que dicho propietario esté menos centrado en la maximización de las ganancias que un gestor de activos como Blackstone. Si ser un propietario financiarizado realmente implica observar la lógica financiera y la búsqueda del valor de cambio, ¿qué propietario que no tenga carácter filantrópico, sea una obra de caridad o una entidad estatal, no está financiarizado?”

El propio Jaramillo describe al “canoso casero” como un “protoespeculador”, diferenciándolo del capitalista arrendador profesional, pero resaltando también el objetivo común:

“Actualmente se extiende el alcance de esta protoespeculación, porque si bien hoy en día la práctica de comprar terrenos de forma fragmentada por parte de pequeños adquirientes es algo que declina, en cambio, la compra de inmuebles destinados al alquiler, con esta lógica de agente mercantil, es algo que se expande”.

El activista y experto en el sector inmobiliario Salva Torres proporciona un dato abrumador acerca del progresivo ensanchamiento de esa sima social abierta entre el crecimiento desorbitado de las rentas de alquiler recibidas por los “canosos rentistas” -la edad media del arrendador en España es de 59 años- y los magros aumentos salariales:

“Los ingresos de unos tres millones de caseros, empresas aparte, que declaran por alquilar inmuebles, han aumentado un 95% desde 2008, mientras que los salarios lo han hecho un 39%. Además perciben desgravaciones fiscales escandalosas sobre viviendas que muchas habían sido de protección oficial, financiadas con el dinero de todos”.

Como apunta el también activista y experto en el sector Pablo Carmona, autor del texto «La democracia de propietarios», el viacrucis en el que se ha convertido el acceso a la vivienda para las clases populares estaría apuntando, de tapadillo, a una emergente contradicción social:

“Por la puerta de atrás, se está apuntando a una contradicción central del sistema social, que enfrenta a propietarios que alquilan a precios de mercado para mantener cierto estatus social, y a unos inquilinos que recurrentemente —por problemas de paro, temporalidad y precariedad en el empleo— pueden caer en el impago”.

El sombrío panorama someramente esbozado suscita acuciantes interrogantes, de cuya tentativa de respuesta dependerá la formulación de estrategias encaminadas a potenciar las luchas sociales en el “lugar de combate” en el que se ha convertido la selva inmobiliaria.

¿Cómo se relacionan los procesos descritos de “desposesión” de las mayorías sociales con la evolución degenerativa de la organización social regida por las “heladas aguas del interés egoísta” en las últimas décadas? ¿Cuáles son las conexiones con otros ámbitos de nuestra acerba realidad, como los servicios básicos que sostienen la reproducción social, las precarizadas condiciones laborales o el ecocidio rampante, que también reciben el embate redoblado de la voracidad capitalista? El punto de partida para tratar de arrojar algo de luz sobre tan neurálgicos asuntos debería tomar pie en el análisis del trasfondo estructural del decurso declinante del reino del dinero y la mercancía, que es el principal causante de su redoblada agresividad: ¿existe algún mecanismo interno en el engranaje de la acumulación de capital que provoque la acelerada e inexorable degradación de la organización social sometida a su férula?

La célula tumoral

“El crédito, que es un ingreso consumido antes de haberse generado, puede posponer el momento en el que el capitalismo alcance sus límites sistémicos, pero no puede abolirlo. Incluso el mejor de los encarnizamientos terapéuticos debe concluir algún día”

Anselm Jappe

Las arduas cuestiones planteadas suscitan, entre las fuerzas políticosociales con vocación transformadora, principalmente dos interpretaciones. En el primer caso, el acento se situaría en las infaustas consecuencias del vuelco social y político provocado por la irrupción del neoliberalismo hace medio siglo y en los efectos deletéreos que la hegemonía del capital financiero, rentista y especulativo tiene sobre la demediada economía productiva, el nivel de vida de las poblaciones y los derechos básicos de las mayorías sociales.

La aplicación del “encarnizamiento terapéutico” de las políticas neoliberales, tras el golpe de mano perpetrado por la Dama de Hierro y su homólogo estadounidense, un mediocre exactor de Hollywood, a principios de los años ochenta, ha conllevado el despojo de los mecanismos redistributivos que caracterizaron al Estado del Bienestar fordista y la progresiva liquidación de las precarias conquistas arrancadas por la clase obrera en las décadas previas. Las privatizaciones masivas de servicios públicos y la desregulación acelerada de los mercados de capitales a cargo de los mamporreros del capital transnacional -FMI, BM y OMC- han desembocado en unos niveles galopantes de desigualdad social, propulsados por el desmantelamiento acelerado de los soportes que amortiguaban los quebrantos causados por el inhóspito dominio de las fuerzas del libre mercado. Según este relato, la liberalización del mercado inmobiliario y del sector financiero, causante de la desaforada inflación de los precios de la vivienda y del inflado de gigantescas burbujas, sería consecuencia de decisiones políticas favorecedoras del dominio de las élites plutocráticas, capitaneadas por el capital transnacional radicado en Wall Street -el 1 frente al 99%-. El colapso estrepitoso de la izquierda socialdemócrata y de la excomunista, rendidas con armas y bagajes a los poderes fácticos del gran capital; la práctica desaparición de las organizaciones políticas y sindicales del movimiento obrero tradicional; y el ascenso vertiginoso de la extrema derecha y de la hidra del fascismo social constituyen, en definitiva, el cúmulo de circunstancias desencadenantes de la hegemonía del capitalismo salvaje, encarnado en el talón de hierro de los recortes sociales y de las draconianas políticas de austeridad.

Sin embargo, cabría preguntarse si esta descripción, predominante en las fuerzas políticosociales sedicentemente progresistas, da cuenta cabalmente de la acerba realidad vigente: ¿son tales planteamientos adecuados para comprender las profundas transformaciones de la organización social imperante en las últimas décadas y el ascenso del complejo financiero-inmobiliario como sector clave del sostenimiento de la matriz de rentabilidad capitalista?

O, por el contrario, es necesario escarbar más profundamente en las “entrañas de la bestia” para hallar el engranaje fundamental del sujeto automático que impele la huida hacia adelante de la totalidad social regida por la voracidad del capital hacia la acelerada degradación de los soportes primarios de la reproducción social y del metabolismo socionatural.

Y, en ese caso, ¿cuál es la conexión entre esa trayectoria degenerativa del Moloch y la desenfrenada violencia inmobiliaria que presenciamos en pleno desarrollo?

El economista Alejandro Nadal nos brinda una de las claves del trasfondo estructural de esa deriva, camuflada bajo la agresividad de la huida hacia adelante encarnada en el sufrimiento “necesario” provocado por las despiadadas políticas neoliberales:

“El surgimiento del neoliberalismo no es el resultado del triunfo del capitalismo, como siempre se le ha presentado, sobre todo a partir del colapso de la Unión Soviética. En realidad, la historia es muy diferente. El neoliberalismo es la respuesta a un gran fracaso de dimensiones históricas, a saber, la incapacidad del capital para mantener tasas de ganancia adecuadas”.

La idea central, que explicaría tal fracaso, es la clave de bóveda de la formulación marxiana acerca de la principal contradicción interna del modo de producción capitalista: a medida que avanza la acumulación, debido a la necesidad impuesta por la dura lucha de la competencia, crece la proporción de capital constante, mediante las continuas innovaciones tecnológicas ahorradoras de trabajo, en relación a la fuerza de trabajo empleada en la producción. La savia bruta que vivifica al “vampiro de trabajo vivo” tiende por tanto a menguar de forma inexorable a medida que aumenta la productividad y el “puro empleo de trabajo humano” se vuelve cada vez más superfluo, al menos en los sectores industriales tradicionales. El propio Marx señala este defecto fatal del mecanismo básico de la valorización del capital que, al regirse únicamente por su necesidad compulsiva de autoexpansión, tiende a agotar su propia fuente nutricia:

“El capital mismo es la contradicción en proceso, por el hecho de que tiende a reducir a un mínimo el tiempo de trabajo necesario, mientras que, por otra parte, pone al tiempo de trabajo como única medida y fuente de toda la riqueza”.

Las fuerzas contrarrestantes de este agostamiento progresivo comienzan entonces a volverse vitales para sostener, con respiración asistida, el ritmo boqueante de la acumulación capitalista. Y el sector financiero-inmobiliario, a través de los colosales recursos insuflados por la fábrica de dinero “mágico”, deviene el fulcro neurálgico del sostenimiento, con respiración asistida, de la menguante rentabilidad del capital. Las consecuencias que se derivan de este papel crucial de cataplasma de los males incurables del sistema asumido por la fábrica de dinero-deuda son empero demoledoras para los mecanismos básicos de la reproducción social.

Sin duda se trata, como describen Madden y Marcuse, de una configuración tóxica, en la que la “buena forma” de hacer ganancias cede terreno ante el avance incontenible de la extracción de rentas, la deuda “a muerte” y el incremento especulativo del precio de los activos:

“La especulación inmobiliaria se convierte en la principal fuente de formación de capital, es decir, de realización de plusvalía. A medida que disminuye el porcentaje de la plusvalía total formada y realizada por la industria, aumenta el porcentaje creado y realizado por la especulación inmobiliaria y la construcción”

El geógrafo Neil Smith, uno de los primeros estudiosos del fenómeno de la gentrificación, resalta el trasvase masivo de capital hacia el “entorno construido”, a partir de la crisis crónica iniciada en los años 70:

“Cuando la tasa de beneficio en los principales sectores de la industria comienza a caer, el capital financiero busca un escenario alternativo de inversión, un escenario en el que la tasa de beneficio permanezca comparativamente alta y donde el riesgo sea bajo. Precisamente en este punto, tiende a producirse un incremento del flujo de capital hacia el entorno construido”.

Y la renovada maquinaria de generación del fluido vital del «sujeto automático» capitalista estaba lista para cumplir su cometido. El economista marxista Costas Lapavitsas, autor del texto “Beneficios sin producción”, describe el desacople de las finanzas modernas del capital productivo y su decantación “hasta el paroxismo” hacia el sector inmobiliario-especulativo:

“La actual banca comercial ha tendido a desacoplarse de la financiación del capital productivo para potenciar hasta el paroxismo el crédito hipotecario, el crédito al consumo y los préstamos garantizados por las acciones empresariales (para fusiones, adquisiciones, y tomas de control de otras empresas)”.

La creciente relevancia de esta explotación secundaria, generada mediante la “cadena de oro” de la deuda por la banca privada y suplementaria a la sufrida en el mercado laboral, constituye en definitiva el rasgo principal del carácter acusadamente depredador del capitalismo desquiciado.

Una configuración semejante agudiza asimismo la fractura social existente entre, de un lado, los que, gracias a su condición de beneficiarios de rentas financieras, de bienes raíces o de fondos de pensiones, disfrutan de tiempo libre y de las condiciones necesarias para apropiarse de los “frutos de la ciencia y la civilización”; y, del otro, los que están condenados a consagrar una fracción creciente de su tiempo a trabajar como “bestias de carga” para sufragar las exacciones financieras.

La aberrante matriz de rentabilidad del sistema económico imperante, propensa a convulsiones cada vez más violentas, tiene pues su fundamento medular en el mecanismo de generación de dinero-deuda del «puro aire“ a cargo de la banca central y comercial. Todo el castillo de naipes de titulizaciones hipotecarias -las hipotecas se originaban en los bancos, pero no se mantenían en sus balances, sino que se esparcían por la nebulosa del casino financiero global-, que colapsó con estrépito durante la hecatombe de 2008, se basó en este mecanismo de generación de deuda ex nihilo. Tal es el engranaje oculto del precario andamiaje que sostiene la estructura económica terciarizada e improductiva de los países “civilizados avanzados”.

El dispositivo resulta de una sencillez exorbitante. Los bancos crean deuda para financiar la actividad económica –actualmente, el 96% aproximadamente del dinero circulante– mediante anotaciones electrónicas, sin necesidad de que exista un ahorro preexistente, como reza el discurso difundido por la ortodoxia neoclásica y toda la vulgata periodística legitimadora del statu quo. Es decir, los créditos crean los depósitos, y no a la inversa. He aquí el grandioso -y, a la vez, pasmosamente sencillo- mecanismo de propulsión de la vorágine especulativa que sostiene el colosal entramado financiero-inmobiliario.

La generación e inyección del dinero-deuda en las venas de los flujos económicos, a cargo de las instituciones que tienen el poder monopolístico para fabricarlo y para enchufar su caudal ilimitado de liquidez hacia la revalorización de los activos financiero-inmobiliarios, constituye en definitiva la esencia del ejercicio del poder social en nuestras sociedades “civilizadas avanzadas”.

Los datos recolectados en 14 países de la OCDE revelan una cifra demoledora: si en la primera década del siglo XX dos tercios de los créditos bancarios en los países avanzados se dirigían hacia las empresas, hoy, esos dos tercios se dirigen a la compra de propiedades inmobiliarias.

La banca funge pues como la planificadora de la actividad económica, potenciando la formación de burbujas, el crecimiento exponencial de la deuda global y el descomunal casino financiero de apuestas especulativas que constituye la banca en la sombra.

Según los datos recogidos por el sociólogo Emmanuel Rodríguez, “en 1994 el volumen total de los préstamos hipotecarios de la banca española ascendía a 24.000 millones de euros. Trece años más tarde, en 2007, la cantidad ascendía a 300.000 millones. Es decir, para el conjunto del periodo 1994-2007, las cifras de endeudamiento hipotecario se multiplicaron por doce”.

Tengamos en cuenta asimismo que el préstamo hipotecario es un producto totalmente fraudulento, un dispositivo pseudolegal puramente confiscatorio que no merece siquiera el nombre de “préstamo”, ya que tal operación exigiría una renuncia de riqueza por parte del prestamista, que en este caso obviamente no se produce. Veamos el extravagante mecanismo un poco más de cerca: a cambio del supuesto préstamo, el banco recibe un activo real en prenda del pago –la garantía hipotecaria, generalmente la vivienda– que incorpora a su balance. A continuación, se crea la obligación de devolver el principal del préstamo más los intereses, un producto financiero creado por la entidad bancaria del “puro aire”, con una simple anotación electrónica en la cuenta corriente del ignaro prestatario. Incluso la fijación del tipo de interés -el tristemente famoso Euríbor- se basa en un cálculo arbitrario, en el que el oligopolio bancario se saca “de la chistera” -con la connivencia del capo di tutti capi de Frankfort- los datos de las transacciones que se incorporan al cálculo del tipo de interés aplicado a las hipotecas de millones de incautos deudores. Un margen comercial sin duda extraordinario: es tan colosal el expolio y está tan bien escondido que casi resulta hermoso.

En un país donde aproximadamente el 7 % de los hogares, alrededor de 1.200.000 familias, perdieron su vivienda -la gran mayoría debido a durísimos procesos de ejecución hipotecaria que acabaron en desahucios- tras la crisis devastadora iniciada en 2008, la constatación de la condición intrínsecamente fraudulenta del préstamo hipotecario resulta demoledora.

Toda la formidable “potencia de fuego” de una maquinaria semejante se abalanzó, en fin, presta a devorar el suculento filón que representaba el sector inmobiliario.

La mercancía fake

“El concepto tradicional de equilibrio de la oferta y la demanda no es relevante respecto de la mayoría de los problemas que se refieren al sector de la vivienda en la economía. Estas cosas que llamamos suelo y vivienda son aparentemente mercancías muy diferentes, que dependen sobre todo de los intereses y del poder relativo de los grupos concretos que operan en el mercado”

David Harvey

La metamorfosis esbozada hacia la conversión de la revalorización de los activos financiero-inmobiliarios en el núcleo del sostenimiento de la rentabilidad del capital conlleva asimismo, como destaca el urbanista Agustín Cócola, un cambio radical en el papel socioeconómico del “entorno urbano construido”:

“De este modo, se acelera el cambio hacia una nueva fase de desarrollo capitalista en la que la ciudad adquiere un papel clave como centro de acumulación de capital. La ciudad deja de ser un lugar donde localizar actividades productivas y pasa a ser una mercancía fundamental para crear oportunidades de beneficio: es el cambio de la producción en el espacio a la producción del espacio”.

El filósofo Henri Lefevbre, probablemente el más influyente teórico del fenómeno urbano moderno, señala el papel clave que desempeña la ciudad -o lo que de ella queda- como soporte de la nueva matriz de la acumulación:

“La ciudad (lo que de ella queda o en lo que se convierte) es más que nunca un instrumento útil para la formación de capital, es decir, para la formación, la realización y la repartición de la plusvalía. El inmobiliario y la construcción dejan de ser un circuito residual, una rama anexa y retrasada del capitalismo industrial y financiero para situarse en primer plano de la nueva matriz de acumulación”.

Pero la expansión del denominado “circuito secundario de acumulación”, potenciada por la gigantesca manguera de liquidez de los demiurgos del dinero-deuda, no representa únicamente la cataplasma idónea contra el declive acelerado del empleo y de la tasa de ganancia en los sectores productivos. Su papel como propulsor de la demanda efectiva, a través de la revalorización de los activos inmobiliarios, es asimismo esencial, como expone Jacobo Abellán, para sostener la marcha de la reproducción ampliada del capital y para paliar la crisis de demanda causada por el crónico estancamiento salarial:

“La vivienda, como un ‘almacén de valor’ intercambiable, proveería de un ‘fondo de demanda’ cuando otros recursos, financieros o no, se ‘secan’, es decir, disminuyen o dejan de estar disponibles. Unos precios elevados de la vivienda se traducirían en un aumento de la riqueza de los hogares propietarios, tanto para aquellos hogares que venden su vivienda durante ese periodo, que obtienen un beneficio cuantioso, como para aquellos que permanecen en ella, que ven como su vivienda se revaloriza. Un aumento en sus niveles de riqueza favorecerá asimismo sus expectativas de consumo, lo que empujará a la compra de nuevos bienes y servicios, favoreciendo por tanto un incremento de la demanda efectiva y la reactivación de la circulación de capital”.

Emmanuel Rodríguez define esta configuración tóxica, amén de generadora de crecientes cotas de desigualdad, como un “keynesianismo financiero”, sostenido por el “almacén de demanda” que representa el valor astronómico del patrimonio inmobiliario -un 70 por ciento de la riqueza generada en España en el último medio siglo-:

“La única solución eficaz al problema de la demanda ha sido su recomposición por la vía financiera, que es lo que aquí llamamos keynesianismo financiero o de precio de activos”.

Si la “sociedad de activos” se ha convertido en el rasgo característico de la patológica estructura económica vigente y la extracción de rentas y la revalorización inmobiliaria representan el sustento esencial de la actividad económica y del sostenimiento artificial de la demanda de consumo, ¿cuáles son las implicaciones de esta transformación radical de las fuentes de generación de la riqueza social? ¿qué consecuencias tiene que un bien básico para la subsistencia cotidiana y la reproducción social se convierta en el núcleo de la matriz de rentabilidad del capital y en el principal “tesoro” personal y familiar, cuya obtención justifica todos los desvelos y sacrificios imaginables?

Sin duda se trata de una metamorfosis revolucionaria de la estructura económica, cuyos fundamentos contradicen de raíz los rasgos presuntamente definitorios de un capitalismo “saludable”. La etapa crepuscular del sistema de la mercancía subvierte pues radicalmente los principios basales de la economía política clásica.

El objetivo de una política económica “progresista” era, según John Stuart Mill, “liberar las economías de los inmerecidos ingresos por alquiler y los crecientes precios del suelo de los que los propietarios se benefician mientras duermen”.

La renta era el término que designaba el ingreso que no tiene contrapartida en los costes de producción y cuya generación no requiere de ningún desembolso directo. Se trata por tanto de “ingresos no ganados”, obtenidos únicamente gracias al ejercicio de las prerrogativas que otorga un título de propiedad. A diferencia pues de las otras dos clases sociales -empresarios y trabajadores-, los terratenientes detraen una parte del producto social sin realizar ningún esfuerzo productivo ni “mancharse” con la explotación del trabajo humano.

El insigne John Maynard Keynes, sin duda el economista más influyente del siglo XX, consideraba la renta como un ingreso parasitario, que no recompensa ningún sacrificio “genuino” y que únicamente se funda en la explotación de la escasez de un bien necesario:

“Hoy el interés no recompensa de ningún sacrificio genuino como tampoco lo hace la renta de la tierra. El propietario de capital puede obtener interés porque aquél escasea, lo mismo que el dueño de la tierra puede percibir renta debido a que su provisión es limitada”.

Sin embargo, frente a la optimista prognosis keynesiana, acerca de la progresiva “eutanasia del rentista” y la transición paulatina hacia un capitalismo libre de elementos parasitarios, lo cierto es que el resultado ha sido más bien el contrario:

“Veo, por tanto, el aspecto rentista del capitalismo como una fase transitoria que desaparecerá tan pronto como haya cumplido su destino, y con la desaparición del aspecto rentista sufrirán un cambio radical otras muchas cosas que hay en él”.

Huelga decir que lo que el ilustre prócer consideraba una de las “características francamente objetables” del capitalismo y una rémora para la reproducción saludable de la organización social supone hoy el núcleo principal de la generación de riqueza de todas las economías “avanzadas”. Resulta imposible exagerar las implicaciones del desplazamiento descrito. La conversión del “espacio construido” en la fuente primordial de extracción de riqueza social, mediante la continua explotación del territorio urbano -véase, sin ir más lejos, el peso formidable del sector turístico en la economía española- y la revalorización de los activos inmobiliarios, penetra hasta el corazón de los mecanismos básicos de la reproducción social. De este modo, la desposesión de las clases populares se basa en un bien de primera necesidad, cuyas características están, para más inri, en las antípodas de cumplir con las reglas del sacrosanto libre mercado.

¿Cuáles son los rasgos de esta mercancía fake, que la convierten en la antítesis de un bien “perfectamente competitivo”, situándola más bien en el centro de una dinámica extractiva, en la que el poder social se ejerce mediante el monopolio privado de un bien del que nadie puede prescindir?

El hecho cierto es que, como señala el geógrafo Ricardo Gasic, la vivienda no es en absoluto una mercancía al uso sometida a los asépticos vaivenes de la ley de la oferta y la demanda:

“En un estudio de larga data titulado No Price Like Home -No hay otro precio como el de la vivienda-, se demuestra que entre 1870 y 2010 no existe ninguna otra mercancía que incremente su precio sostenidamente como la vivienda, al menos en las grandes economías nacionales de los países avanzados”.

¿Cómo es posible que un bien que se deprecia -se estima que la vida útil de una construcción ronda los setenta años- con el uso pueda encarecerse casi hasta el infinito? ¿Qué es lo que explica esta insólita anomalía?

Si atendemos a la “música celestial” de la ortodoxia neoclásica, un incremento de la oferta de vivienda debería producir automáticamente un descenso del precio. De hecho, ese es el mantra que no cesa de recitar la legión de supuestos “expertos” que pulula por las tribunas académicas y los mass media, ante la dramática situación actual de aguda crisis de “asequibilidad” en el acceso a la vivienda. Sirva como botón de muestra del “exquisito rigor” de semejante planteamiento el siguiente dato demoledor que proporciona Rodríguez: “Entre 1995 y 2007 se construyeron en España alrededor de siete millones de viviendas y el precio de los inmuebles se multiplico casi por tres”.

El discurso ortodoxo, que considera la vivienda como un bien de mercado cualquiera -cual si de una barra de pan o de una lavadora se tratara-, sujeto por tanto al ajuste automático hacia el precio y la cantidad de equilibrio, deforma intencionadamente las características únicas que distinguen radicalmente al sector inmobiliario de un mercado convencional.

Dado que la vivienda urbana está fijada para siempre al terreno construido, no se puede entender el carácter claramente confiscatorio del mercado inmobiliario sin atender a la relevancia de la renta del suelo en el conformación del precio de la vivienda, tanto de compra como de alquiler.

Como explica David Harvey, el geógrafo marxista más influyente de las últimas décadas, el suelo es una mercancía artificial, más próxima a un activo financiero que a un producto mercantil al uso:

“El suelo no es una mercancía en el sentido más corriente de la palabra. Es una forma ficticia de capital que deriva de las expectativas de futuras rentas”.

El propio Harvey resume los rasgos espurios de esta mercancía fake, que solo el troquel de la valorización del capital convierte en un producto comercializable, alterando radicalmente los requisitos de un mercado teóricamente competitivo:

“El suelo y sus mejoras tienen una localización fija. Esta localización absoluta confiere privilegios monopolistas a la persona que posee el derecho a determinar el uso de dicha localización”.

La determinación de la renta del suelo, clave para la formación del precio de la vivienda, se realiza, por tanto, como señala asimismo Rodríguez, en base a las expectativas de ingresos futuros, obtenidos en base al monopolio fundado en la propiedad privada:

“Las rentas del suelo surgen del dominio monopolista de una mercancía ficticia, sin costes de producción, que descuenta permanentemente los precios futuros de la producción inmobiliaria o agrícola. Se suele sostener, con razón, que los precios del suelo no son otra cosa que el precio anticipado de las edificaciones que se van a construir en él”.

He aquí pues la clave, en palabras de Javier Moreno Zacarés, de la capacidad cuasiinfinita de maximización de las rentas inmobiliarias:

“El rentista puede prestar el activo temporalmente, extrayendo renta en forma de pagos de alquiler (rentas literales), o vender el activo para canjear pronto ingresos futuros, extrayendo renta en forma de un pago a tanto alzado (ganancias de capital)”.

El propio Zacarés describe la “sustancia del alquiler” como la combinación de dos flujos diferentes, la renta “absoluta” del suelo y el beneficio “capitalista” de la construcción, de los cuales el primero predomina abrumadoramente:

“Cuando una casa queda fijada a una localización particular, asume las propiedades del suelo sobre el que reposa, en virtud de las cuales este devenga renta. Las rentas que rinde este alojamiento, sin embargo, serán una combinación de dos réditos, distintos pero interrelacionados: el rédito derivado de la deseabilidad del suelo bajo él (renta de la tierra), más el rédito proporcionado específicamente por su infraestructura construida (renta de la construcción). La combinación de estos dos flujos de rentas forma la sustancia del alquiler”.

Lo anterior ilustra la falacia que supone la visión ortodoxa del mercado inmobiliario como un “paraíso” de la libre competencia, amén de poner de manifiesto los intereses reales que se esconden tras la afirmación de que la solución a la crisis actual se basa en “aumentar la oferta de vivienda”.

Se trata, antes al contrario, de una relación profundamente desigual, condicionada principalmente por el poder diferenciado de los “grupos de intereses” que intervienen en el “campo de batalla” que representa, fundamentalmente para sus víctimas, la selva inmobiliaria.

El problema se agrava además en la situación actual de agudo recrudecimiento de la violencia inmobiliaria. La resaca de la hecatombe de 2008 ha provocado que todo el entramado que cimentó la colosal burbuja -construcción, financiación bancaria y expansión urbanística- haya permanecido, hasta hace muy poco, en un estado de hibernación, mientras que el alquiler y el sector turístico se convertían en los nuevos filones de la renovada euforia del “ladrillo”.

De nuevo Zacarés resalta la enorme asimetría entre las dos partes del contrato de alquiler y el carácter extractivo de la relación arrendataria:

“Como hemos visto antes, hay una profunda contradicción entre las funciones rentistas y residenciales de la vivienda. El conflicto entre las lógicas del rentista y el residente se hace más evidente en el caso la vivienda de alquiler privado. En ausencia de un control estricto del alquiler, los caseros buscarán por lo general maximizar el alquiler de vivienda que extraen de sus propiedades minimizando los costes operacionales (reparaciones, mejoras) y aumentando los precios de arrendamiento en función de la demanda, expulsando y sustituyendo inquilinos en conformidad”.

Lo anterior se observa gráficamente con un ejemplo práctico estilizado, extraído de un estudio sobre la Teoría de la Renta realizado por el Sindicato de Inquilinas de Barcelona, en el que se muestra que el montante arbitrario de la renta del suelo constituye la mayor parte del precio del alquiler:

“Supongamos que por un piso en el barrio del Clot pagamos 800 euros. El piso fue construido en 1950 y desde entonces siempre ha habido inquilinas pagando rentas, por lo tanto, la construcción está más que amortizada: las inquilinas, con los años, ya han pagado lo que en su día costó levantar las paredes, el material, la mano de obra, el beneficio del constructor, etc. Aun así, el piso tiene unos costes de mantenimiento, pero estos costes son aproximadamente de 100 euros al mes. Por lo tanto, los restantes 700 euros son un pago que únicamente va destinado al bolsillo del rentista, sin ningún otro destino. Es lo que sería la renta del suelo”.

El venerable “patriarca” del marxismo, Friedrich Engels, autor de un estudio pionero sobre “el problema de la vivienda”, fundamenta, de forma más teórica, el «misterio» del alquiler:

“Cuando se alquila, la vivienda produce a su propietario, en forma de alquileres, una renta del suelo, el coste de las reparaciones y un interés sobre el capital invertido en la construcción, incluyendo la ganancia correspondiente a este capital. Y si, entretanto, el alquiler ha cubierto cinco o diez veces su precio de coste inicial veremos que esto se debe exclusivamente a un aumento de la renta del suelo”.

La renta es, en definitiva, un pago de transferencia monopolística, impuesto por la relación de poder basada en la propiedad privada. Su magnitud depende en consecuencia del poder relativo de las partes intervinientes, y será mayor cuando las condiciones institucionales obliguen a los inquilinos a aceptar condiciones draconianas. De este modo, la práctica inexistencia de vivienda de alquiler social en España; la fraudulenta regulación legal del préstamo hipotecario y la liberalización casi absoluta del contrato de arrendamiento; el paraíso fiscal que representan los ingresos por arrendamientos para los afortunados arrendadores, debido a las suculentas desgravaciones obtenidas en el IRPF; el crecimiento exponencial de la vivienda de alquiler de temporada y turístico, un sector «salvaje» en el que la regulación brilla por su ausencia; y, last but not least, la presencia significativa en el mercado inmobiliario de los ominosos fondos buitres, con sus salvajes prácticas capaces de “destruir las vidas de la gente”. Todos ellos constituyen los inhóspitos rasgos del sector que potencian extraordinariamente el poder del arrendador inmobiliario -sea este persona física o jurídica- en detrimento del desvalido inquilino, que carece además en la mayoría de los casos de “alternativa habitacional”, lo que lo convierte en un cliente “cautivo”.

Sin duda se trata, como resalta de nuevo Harvey, de un “conflicto de clase”:

“En todos estos casos, el alquiler debe concebirse como una renta absoluta que recae sobre el poder monopolístico de los terratenientes como clase frente al poder y la condición colectiva de los inquilinos. Se establece, en pocas palabras, por un conflicto de ‘clase’ dentro de un área geográfica restringida (dentro de un espacio absoluto)”.

La ciudad revanchista

“La ciudad revanchista augura una feroz reacción contra las minorías, la clase trabajadora, las personas sin hogar, los desempleados, las mujeres, los homosexuales y los inmigrantes. Se trata de una ciudad dividida, en la que quienes han resultado vencedores están cada vez más a la defensiva en relación con sus privilegios, cuya defensa se ha vuelto cada vez más feroz”

Neil Smith

Emmanuel Rodríguez describe los deletéreos efectos de la configuración patológica someramente descrita sobre el tejido social:

“En términos generales, la financiarización reduplica los efectos de desigualdad de las antiguas estructuras de clase, a lo que habría que añadir la pesada servidumbre que conllevan los enormes volúmenes de endeudamiento. Las burbujas inmobiliarias penetran con mucha mayor profundidad en el tejido social, por la simple razón de que los mecanismos financieros se insertan, en este caso, en una mercancía de primera necesidad”.

¿Cuáles serían las principales consecuencias para la desequilibrada estructura social imperante y para la posibilidad de construcción de formas renovadas de luchas populares del carácter cada vez más depredador de los «mecanismos financieros», caracterizados por la masiva extracción de rentas y de la “deuda a muerte”?

Los movimientos sociales urbanos se consideran con demasiada frecuencia, por parte de los «guardianes de la ortodoxia» revolucionaria, como “asuntos” separados o subordinados a la lucha de clases tradicional, enraizada en la explotación y la alienación del trabajo vivo en la producción.

Sin embargo, la profunda metamorfosis del sistema de la mercancía desde los tiempos heroicos de la Revolución Industrial exigiría quizás poner en cuestión ese sagrado principio, reflejado en la rotunda sentencia del patriarca Engels:

“La penuria de la vivienda para los obreros y para una parte de la pequeña burguesía de nuestras grandes ciudades modernas no es más que uno de los innumerables males menores y secundarios originados por el actual modo de producción capitalista. Por tanto, se falsean totalmente las relaciones entre arrendatario y arrendador cuando se intenta identificarlas con las que existen entre el obrero y el capitalista”.

Si bien no deja de ser obvio que se trata de dos relaciones “cualitativamente” diferentes, el hecho cierto es que también, como señala Jaramillo, están estrechamente relacionadas:

“Si tenemos en cuenta que la vivienda es un valor de uso indispensable para la reproducción de la fuerza de trabajo, el monto que el obrero debe pagar por consumirla debería estar incluido en el monto del salario que recibe”.

Por lo tanto, el salario debería incorporar el coste de la vivienda y el del desplazamiento al lugar de trabajo -muy relacionado a su vez con los masivos procesos de gentrificación que asolan actualmente las urbes neoliberales-. Sin embargo, esto dista mucho de ser así, ya que la indexación salarial, existente solo en algunos convenios colectivos, se basa en el IPC, que no incluye la compra de vivienda ni los intereses pagados al banco, y minusvalora enormemente el alquiler. Así pues, el coste de la vivienda está prácticamente desconectado del poder adquisitivo de los asalariados, aunque representa nada menos que casi la mitad del sueldo medio en España y es, de largo, el “bocado” más relevante de los ingresos de los trabajadores. Pero incluso existe otra arista más, que vuelve aún más enrevesado el asunto, ya que la carestía inmobiliaria implica también un conflicto potencial entre los capitalistas productivos y los rentistas, al aumentar el valor de la fuerza de trabajo y dificultar gravemente sus condiciones de vida y rendimiento laboral. Los abundantes ejemplos de la enorme dificultad -por parte de la patronal de la hostelería e incluso también de la administración pública- de encontrar trabajadores que se desplacen a las zonas turísticas de Canarias y Baleares, dados los niveles prohibitivos del alojamiento, son sólo un botón de muestra de tal realidad.

El propio Marx destacó, como recuerda Abellán, el concepto de “explotación secundaria”, como un aspecto clave de la expropiación de riqueza que sufre el salario del obrero añadida a la explotación laboral:

“El concepto marxiano de explotación secundaria proviene de su concepto de explotación, con el que quería explicar la extorsión realizada por el capitalista para apropiarse de una parte del valor producido por el trabajador durante la producción sin pagarle un equivalente a cambio”.

En un contexto en el que la “violencia inmobiliaria” deviene un fenómeno preeminente en la fracturada estructura social vigente y la arremetida contra las condiciones de vida de las mayorías sociales resulta más virulenta, parece por tanto necesario, como señala de nuevo Abellán basándose en Harvey, el replanteamiento de la estructura canónica del conflicto de clase:

“En su artículo de 1974 Harvey señala que la dinámica de la urbanización genera dos tipos de clases sociales: la clase de los proveedores (promotores inmobiliarios, especuladores y propietarios/caseros), que poseen el monopolio de la propiedad de los recursos urbanos y que obtienen una renta por su provisión, y la clase de consumidores de ese recurso. La renta monopolista de clase sería la tasa de retorno. El lugar del conflicto también se desplazaría. Mientras en el conflicto capital/trabajo el conflicto tendría lugar en el ámbito laboral, en el conflicto rentista versus comunidad, por el contrario, el conflicto tendría lugar dentro del barrio y del espacio urbano. De la misma forma, el sujeto central de la lucha de clases sería un sujeto distinto”.

Tales constataciones suscitan un trascendental interrogante:

¿Hasta qué punto las luchas por la vivienda y por la defensa del resto de aspectos relacionados con la reproducción social adquieren, en la realidad vigente, la suficiente envergadura como para representar el locus principal del enfrentamiento entre poseedores y desposeídos? El embate en toda la línea de la voracidad capitalista contra los cimientos de los mecanismos de la reproducción social, que convierte los bienes básicos como la vivienda en el filón primordial de la expropiación de riqueza de las clases trabajadoras, produce, como señala Rodríguez, un desplazamiento paralelo del carácter de las luchas populares:

“La lucha por el derecho a la vivienda desplazaba la vieja centralidad del trabajo, ponía el foco en las garantías a la reproducción social, que habían sido convertidas en activos financieros. De acuerdo con el viejo léxico marxista, el lugar de organización —de construcción de una experiencia común— se debe desplazar así necesariamente de la producción a la reproducción”.

En el periodo vigente, caracterizado por la preeminencia del circuito secundario de acumulación, en el que las vetas de obtención de ganancia del capitalismo en crisis terminal se desplazan de la producción a la circulación, al consumo y a la vivienda, las nuevas líneas de fractura social deben sin duda reflejar esa metamorfosis.

El historiador e intelectual anarquista Miquel Amorós abunda en esa mutación de la “condición proletaria actual”:

“La condición proletaria actual se define mejor hoy por las dificultades del hábitat, reflejo de las cuales son los movimientos provivienda, la lucha contra los desahucios, las ocupaciones de fincas, los sindicatos de inquilinos y los conatos de instalación en el campo. El movimiento anarcosindicalista ha de encabezar la resistencia a la gentrificación”.

Ninguna conceptualización teórica podrá, en cualquier caso, predeterminar el carácter futuro de las luchas sociales. Sólo el desarrollo imparable del creciente conflicto por las condiciones básicas de subsistencia de las clases populares podrá generar -o, en caso contrario, encaminarnos de forma rauda a la barbarie- la constitución de nuevos sujetos transformadores, que desafíen el embate redoblado de los “amos del planeta” contra los fundamentos del metabolismo social y natural.

La ciudad neoliberal es, en definitiva, en los términos de Smith, un territorio “revanchista” y cruel; un campo de batalla polarizado entre la defensa feroz de los desmedidos privilegios ostentados por los “vencedores”, y la lucha por la dignidad y la emancipación, mediante los intentos de organización y de resistencia de los -ojalá que provisionalmente- “perdedores”.

Blog del autor: https://trampantojosyembelecos.wordpress.com/2025/06/11/la-vivienda-como-lugar-de-combate-i/#more-3026

Alfredo Apilánez. Economista y profesor. Autor de varios artículos y trabajos sobre temas relacionados con la economía, principalmente en el ámbito financiero, y del libro Las Entrañas de la Bestia. La fábrica de dinero en el capitalismo desquiciado

30 argumentos contra el Banco Mundial y el FMI

11 Junio 2025 at 06:25
Por: Caty R

El Foro se celebró en la Universidad de Filipinas, en la capital. El título del Foro era: «Cadenas de deuda y vidas desplazadas: enfrentado el legado de las Instituciones Financieras en el Sur Global». El evento contó con el apoyo y la colaboración de un gran número de organizaciones junto con el IIRE Manila y el CADTM: el Programa AltDev sobre Desarrollo Alternativo del UP CIDS, el Centro para la Defensa de los Migrantes, Focus on the Global South, la Coalición para la Liberación de la Deuda (Freedom From Debt Coalition), Sumpay Mindanao, el Centro de Recursos y Servicios Kaagapay OFW, el Departamento de Geografía de la Universidad de Filipinas y el Movimiento Asiático de los Pueblos sobre la Deuda y el Desarrollo (APMDD). Tras el discurso de Eric Toussaint, que se reproduce a continuación, se llevaron a cabo una docena de presentaciones a cargo de representantes de las organizaciones que apoyaron el evento, así como de delegados/das de la India, Pakistán y Bangladesh. Las presentaciones se centraron, entre otras cosas, en la relación entre la naturaleza perjudicial de las políticas dictadas por el dúo Banco Mundial/FMI y la tragedia que la migración suele representar para los pueblos del Sur Global.

1. Desde su creación en 1944, el Banco Mundial y el FMI han apoyado activamente a todas las dictaduras y regímenes corruptos del bando aliado de Estados Unidos.

2. El Banco Mundial y el FMI atentan contra la soberanía de los Estados, en flagrante violación del derecho de los pueblos a la autodeterminación, en particular mediante las condiciones que imponen.

3. Estas condiciones empobrecen a las poblaciones, aumentan las desigualdades, entregan los países a las multinacionales y modifican la legislación de los Estados (reescritura completa de los códigos laborales, mineros y forestales, derogación de los convenios colectivos, etc.) en beneficio de los acreedores y los «inversores» extranjeros.

4. A pesar de la detección de desvíos masivos de fondos, el Banco Mundial y el FMI mantuvieron, e incluso aumentaron, las sumas prestadas a regímenes corruptos y dictatoriales aliados con las potencias occidentales.

5. Han apoyado a las peores dictaduras hasta el último momento. Por ejemplo: los casos emblemáticos de su apoyo a Suharto en Indonesia de 1965 a 1998; a Marcos en Filipinas de 1972 a 1986; a Ben Ali en Túnez y a Mubarak en Egipto hasta su derrocamiento en 2011.

Han apoyado a las peores dictaduras hasta el último momento. Por ejemplo: los casos emblemáticos de su apoyo a Suharto en Indonesia de 1965 a 1998

6. Han saboteado activamente los experimentos progresistas en materia de democracia. He aquí algunos ejemplos: Jacobo Árbenz en Guatemala en 1954; Mohammed Mossadegh en Irán en la primera mitad de la década de 1950; Soekarno en Indonesia y João Goulart en Brasil a principios de la década de 1960; los sandinistas en Nicaragua en la década de 1980 y, por supuesto, Salvador Allende en Chile entre 1970 y 1973. La lista completa es mucho más larga.
7. El Banco y el FMI financian a dictadores y luego exigen a sus víctimas el reembolso de las odiosas deudas contraídas por sus opresores.

8. La deuda colonial odiosa. Del mismo modo, el Banco obligó a las poblaciones de los países que se independizaron a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta a pagar las odiosas deudas contraídas por las antiguas potencias coloniales para colonizar sus países. Un ejemplo llamativo es la transferencia, a costa del Congo independiente, de la deuda colonial contraída por Bélgica con el Banco Mundial para completar la colonización del Congo (Kinshasa) en la década de 1950. Y ello a pesar de que tales transferencias de deudas coloniales están prohibidas por el Derecho Internacional.

9. En la década de 1960, el Banco y el FMI prestaron apoyo financiero a países como Sudáfrica bajo el apartheid y Portugal, que mantenía su dominio sobre sus colonias de África y el Pacífico a pesar del boicot financiero internacional decretado por la ONU. El Banco Mundial también apoyó a un país (Indonesia) que había anexionado por la fuerza a otro país (Timor Oriental) en 1975.

10. En el plano ecológico, el Banco aplica políticas productivistas y extractivistas desastrosas para las poblaciones y perjudiciales para la naturaleza. Sigue apoyando la construcción de centrales térmicas de carbón, con efectos desastrosos en términos de contaminación y cambio climático. Incluso ha logrado arrogarse la gestión del mercado de permisos de emisión de gases de efecto invernadero. El Banco Mundial también financia la construcción de grandes presas que causan enormes daños medioambientales. Fomenta el desarrollo de la agroindustria en detrimento de la agricultura familiar, apoyando el uso masivo de pesticidas, herbicidas y fertilizantes químicos, responsables de la dramática pérdida de biodiversidad y del empobrecimiento de los suelos. El Banco Mundial promueve la privatización y la comercialización de la tierra en beneficio de los grandes terratenientes. El presidente del Banco Mundial está tratando de convencer al consejo de administración para que financie el desarrollo de centrales nucleares.

11. El Banco Mundial y el FMI financian proyectos que violan flagrantemente los derechos humanos. Entre los proyectos menos respetuosos con los derechos humanos y directamente apoyados por el Banco figura el proyecto de «transmigración» llevado a cabo en Indonesia en los años setenta y ochenta, muchos de cuyos elementos podrían calificarse de crímenes contra la humanidad (destrucción del entorno natural de las poblaciones indígenas y desplazamientos forzados de poblaciones).

12. El Banco Mundial y el FMI han contribuido a la aparición de factores que han provocado varias crisis de deuda. En resumen: a) el Banco Mundial y el FMI han animado a los países a contraer deudas en condiciones que han llevado al sobreendeudamiento; b) el Banco Mundial y el FMI han incitado, e incluso obligado, a los países a suprimir los controles sobre los movimientos de capitales y los tipos de cambio, aumentando así la volatilidad de los capitales y facilitando considerablemente su fuga; c) el Banco Mundial y el FMI han incitado a los países a abandonar la industrialización por sustitución de importaciones (ISI) y a sustituirla por un modelo basado en la promoción de las exportaciones.

13. Tan pronto como estalla una crisis de deuda, el Banco Mundial y el FMI favorecen sistemáticamente a los acreedores y debilitan a los países endeudados.

14. El Banco Mundial y el FMI recomiendan, e incluso imponen, políticas que hacen recaer la carga de la deuda sobre la población, favoreciendo a los más poderosos.

El Banco Mundial y el FMI recomiendan, e incluso imponen, políticas que hacen recaer la carga de la deuda sobre la población, favoreciendo a los más poderosos.

15. El Banco Mundial y el FMI alientan la «generalización» de un modelo económico que aumenta sistemáticamente las desigualdades entre los países y dentro de ellos.

16. Con la complicidad de los gobiernos de los países endeudados, el Banco Mundial y el FMI extienden las políticas de ajuste estructural a la mayoría de los países de América Latina, África, Asia y Europa Central y Oriental.

17. En los países mencionados, se han llevado a cabo privatizaciones masivas en detrimento del bien común, enriqueciendo enormemente a un puñado de oligarcas.

18. El Banco Mundial y el FMI refuerzan las grandes empresas privadas y debilitan a las autoridades públicas y a los pequeños productores. Han acentuado la explotación de los trabajadores y los pequeños productores y han aumentado su precariedad.

19. Su supuesta lucha contra la pobreza no logra ocultar una política que, en la práctica, reproduce y agrava las causas mismas de la pobreza.

20. El discurso del Banco Mundial sobre la «igualdad de género» coincide en realidad con políticas que, de hecho, refuerzan ciertos aspectos de la dominación patriarcal. Las políticas financiadas por el Banco y el FMI tienen consecuencias negativas en la vida de las mujeres.

21. La liberalización de los flujos de capital, que han fomentado sistemáticamente, ha aumentado el impacto negativo de la evasión fiscal, la fuga de capitales y la corrupción.

22. La liberalización del comercio ha reforzado a las economías más fuertes y ha debilitado aún más a las más débiles. La mayoría de los pequeños y medianos productores de los países en desarrollo son incapaces de resistir la competencia de las grandes empresas, ya sean del Norte o del Sur.

23. El Banco Mundial y el FMI, que abogan por la buena gobernanza en sus informes, en realidad se dedican a prácticas dudosas dentro de sus propias instituciones.

24. El Banco Mundial y el FMI han contribuido sistemáticamente a debilitar los servicios de salud pública. Esto ha mermado considerablemente la capacidad de los gobiernos y las poblaciones para hacer frente a enfermedades tradicionales como la malaria y la tuberculosis, así como a nuevas epidemias como la Covid-19.

25. Las políticas neoliberales aumentan la presión sobre las clases populares, obligándolas a buscar trabajo en el extranjero para poder enviar ayuda financiera a sus familias que se han quedado en el país. También se está produciendo una fuga de cerebros.

26. Para un número significativo de países, esta exportación de mano de obra genera más ingresos en divisas que otras exportaciones. Las remesas de los trabajadores migrantes superan los flujos de ayuda oficial al desarrollo (AOD). En 2024, el importe total de las remesas de los migrantes a los países de renta baja y media se estima en más de 656 000 millones de dólares, según datos del Banco Mundial. La AOD total, que incluye una mayoría de préstamos y solo una pequeña minoría de donaciones, ascendía a algo menos de 200 000 millones de dólares. Esta cifra incluye la AOD a Ucrania, que no es un país en desarrollo. En Filipinas, las remesas de los migrantes a sus familias que se quedaron en el país ascendieron a 39 000 millones en 2024, mientras que las donaciones de AOD apenas superaron los 2000 millones.

27. Algunos gobiernos fomentan activamente esta exportación de mano de obra. En los Estados del Golfo o en las economías de los países más industrializados, estos migrantes suelen ser explotados y privados de sus derechos políticos, económicos, sociales y culturales.

28. Estas dos instituciones marginan a la mayoría de los países en desarrollo, a pesar de que representan la mayoría de sus miembros, favoreciendo así a un puñado de gobiernos de países ricos.

29. En resumen, el Banco Mundial y el FMI son instrumentos despóticos en manos de una oligarquía internacional (un puñado de grandes potencias, sus gobiernos y sus empresas transnacionales) que apoyan un sistema capitalista internacional perjudicial para la humanidad y el medio ambiente.

30. Las prácticas y actividades perjudiciales del Banco Mundial y el FMI deben ser denunciadas para que cesen. Las deudas cuyo reembolso reclaman estas instituciones deben ser canceladas, y las instituciones y sus dirigentes deben ser llevados ante la justicia.

Conclusión

Es urgente establecer una nueva arquitectura internacional democrática que favorezca la redistribución de la riqueza y apoye los esfuerzos de los pueblos por un desarrollo socialmente justo y respetuoso con la naturaleza.

Según el CADTM, es imposible reformar el Banco Mundial y el FMI. Estas dos instituciones deben disolverse y sustituirse por instituciones internacionales democráticas. La organización que sustituya al Banco Mundial debería estar fuertemente regionalizada (Bancos del Sur podrían estar vinculados a ella). Su función sería conceder préstamos a tipos de interés muy bajos, incluso nulos. Su ayuda solo se concedería si se utiliza en estricto cumplimiento de las normas sociales y medioambientales y, en general, de los derechos humanos fundamentales. A diferencia del actual Banco Mundial, el nuevo banco, que tanto necesita el mundo, no trataría de representar los intereses de los acreedores sometiendo a los deudores al poder omnipotente del mercado, su misión prioritaria sería defender los intereses de los pueblos que reciben los préstamos y las donaciones.

En cuanto al nuevo FMI, debería volver a parte de su mandato inicial: garantizar la estabilidad de las monedas, luchar contra la especulación, controlar los movimientos de capitales y luchar contra los paraísos fiscales y la evasión fiscal. Para alcanzar este objetivo, podría contribuir, junto con las autoridades nacionales y los fondos monetarios regionales que también deben crearse, a la recaudación de diversos impuestos internacionales.

Eric Toussaint es doctor en Ciencias políticas de la Universidad de Lieja y de la Universidad de París VIII, es el portavoz del CADTM internacional y  miembro del Consejo Científico de ATTAC Francia.

Fuente: https://www.cadtm.org/Enfrentar-el-legado-de-las-Instituciones-Financieras-en-el-Sur-Global-30

El «gran y hermoso proyecto de ley» de Trump es una guerra de clases descarada

11 Junio 2025 at 06:00
Por: Caty R

El «gran y hermoso proyecto de ley» de Donald Trump, aprobado por los republicanos de la Cámara de Representantes el mes pasado, se ha promocionado como una «rebaja fiscal para la clase media». En realidad, supone otra ronda de ayudas para los ricos.

Como ha expuesto el Instituto de Política Fiscal y Económica (ITEP) en su reciente análisis, esta legislación es un descarado regalo a los ultra ricos y a las multinacionales, pagado por los trabajadores.

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Libertarios y anarcocapitalistas de todo el mundo unidos… a la teta de los gobiernos

10 Junio 2025 at 06:15
Por: Caty R

Ahora se pelea con su jefe, el presidente Trump, porque dice que su ley presupuestaria va a producir más déficit y deuda, y este último lo amenaza con quitarle los miles de millones de dólares que recibe del Gobierno.

No es sólo la crónica de un esperpento. Es una muestra más de la incompetencia, la ignorancia, el cinismo y la maldad criminal de los nuevos multimillonarios que están secuestrando a los Estados para estrujarlos como a un limón en su beneficio y que usan como escuadrón ideológico que lo justifique a los economistas libertarios o anarcocapitalistas, como ellos mismos se autodenominan.

Musk, es un buen paradigma y expresión del nuevo tipo de capital tecnológico que se propone dominar el mundo. Existe gracias al dinero público que durante muchos años se ha dedicado a promover la investigación básica y no puede hacer negocios sin ayudas millonarias de los gobiernos, pero ataca sin piedad la intervención del Estado porque quiere tenerlo todo y no está dispuesto a poner ni un dólar en impuestos para contribuir al gasto común.

Musk ha mostrado ser un incompetente. Aseguró que ahorraría dos billones de dólares y sólo ha ahorrado, según la web de su propio departamento, 180.000 millones de dólares. A pesar de haber dispuesto de todos los medios necesarios, lo más probable es que, en realidad, no haya ahorrado ni la mitad de esta última cifra. Y eso, teniendo en cuenta que no se contabilizan los costes que esos recortes van a producirle al gobierno por otras vías.

Musk ha mostrado que es un ignorante. Se extraña ahora de que los recortes presupuestarios añaden más déficit y deuda, cuando ese ha sido el resultado de todas y cada una de las operaciones de recortes de inspiración neoliberal y libertaria que se han hecho en las últimas décadas. No puede ser de otro modo, cuando lo único que se hace es recortar impuestos a los ricos y gasto social a los más pobres y, al mismo tiempo, se aumenta en mayor medida el gasto militar y el de ayudas a las grandes empresas y al sector financiero.

Musk es un cínico porque despotrica contra el gasto público cuando sus empresas han podido existir y ganar dinero gracias a las ayudas gubernamentales: al menos 38.000 millones de dólares en los últimos cinco años, según The Washington Post. Y sus empresas no han sido las únicas en recibir esas ayudas. Aunque no es fácil determinarlo con exactitud, se calcula que las 500 cotizadas más grandes de Estados Unidos reciben entre 500.000 millones de dólares y 750.000 millones anualmente de dinero público en forma de ayudas, rescates, beneficios fiscales o contratos. Y es imposible calcular el beneficio que reciben por el uso de infraestructuras, investigación o fondos federales por el que no pagan.

Elon Musk y quienes han alentado, apoyado, aplaudido y permitido sus recortes se han comportado, por último, como seres malvados y auténticos criminales. Sólo el desmantelamiento de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) va a provocar la muerte de millones de personas. Y la nueva ley presupuestaria, entre otras consecuencias de ese tipo, va a limitar el acceso a la atención médica a más de 11 millones de ciudadanos de ese país, mientras que baja los impuestos y da ayudas millonarias a los más ricos.

Las industrias y empresas que reclaman la no intervención pública buscan, en realidad, que esta se mantenga con toda su contundencia, pero a su favor. Es lo que ha ocurrido con las grandes tecnológicas que han conseguido que el Estado federal intervenga para prohibir (en la reciente ley presupuestaria) que los diferentes estados legislen sobre Inteligencia Artificial en los próximos diez años para combatir la manipulación y los fraudes. Intervención del Estado a favor de los demás, no; en el suyo, toda la que sea necesaria y mucho más.

Mientras que Elon Musk y Donald Trump han estado haciendo todo esto, han gozado del apoyo y la complacencia de un ejército magníficamente bien pagado de palmeros de medio mundo. Una legión de economistas y periodistas que se dedican a promover la religión de los mercados libres que nadie ha visto nunca, y a justificar bajadas de impuestos y recortes de gastos con datos falsos y teorías económico de las que sólo se ha podido contrastar que, cuando se han puesto en práctica, siempre han tenido el efecto contrario al anunciado (más deuda y peor economía) y el que nunca reconocen (más riqueza y privilegios para los más ricos).

Para semejante proyecto no se puede recurrir sino a lo que se está recurriendo: a la mentira, a la extrema derecha totalitaria y a personajes estrambóticos, drogadictos y viciosos, delincuentes convictos, maleducados y enfermos de avaricia, de poder y egolatría. Lo peorcito de cada casa, pero que sacarán adelante su negocio si no se levanta frente a ellos una oleada de denuncia y transparencia, y un reclamo planetario de verdad, libertad, democracia, justicia y paz.

Fuente: https://juantorreslopez.com/libertarios-y-anarcocapitalistas-de-todo-el-mundo-unidos-a-la-teta-de-los-gobiernos/

La Carta de Derechos Económicos que el neoliberalismo secuestró

9 Junio 2025 at 06:30
Por: Caty R

En 1974, en plena Guerra Fría, el Sur Global logró introducir entre los pasillos de la ONU un documento que intentaría modificar los cimientos del capitalismo dominante: la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados (Resolución 3281). Este texto revolucionario proclamaba, entre otras cosas:

Artículo 1 (Soberanía permanente): Todo Estado tiene el derecho soberano e inalienable de elegir su sistema económico, político, social y cultural, de acuerdo con la voluntad de su pueblo, sin injerencias ni amenazas externas.

Artículo 2: Todo Estado ejerce soberanía plena sobre sus recursos naturales y actividades económicas. Puede regular la inversión extranjera, supervisar a las empresas transnacionales y, si lo considera necesario, expropiar bienes con compensación apropiada, según sus leyes y circunstancias.

Artículo 7: Reconoce el derecho de los Estados a reestructurar sus deudas.

Transcurrido más de medio siglo nos sorprende cómo un manifiesto, en plena Guerra Fría, declaraba sin tapujos que los recursos naturales pertenecen a los pueblos, que las transnacionales deben obedecer leyes locales y que ningún país está obligado a pagar deudas contraídas por gobiernos ilegítimos o que la propia deuda lo fuera.

Hoy, algunos de estos principios serían tildados de «trotskistas», lo cual demuestra el retroceso ideológico y el desequilibrio del orden económico global que aquella carta intentó contrarrestar. Su objetivo era claro: instaurar un nuevo orden económico internacional basado en la equidad, la soberanía, la cooperación y el interés común.

Mientras figuras como Kissinger promovían golpes en América Latina y las petroleras anglosajonas saqueaban África, la carta fue condenada al olvido. Estados Unidos, Alemania y Reino Unido —los actuales defensores de las «reglas globales»— la sabotearon. Para la década de 1980, con Reagan y Thatcher a la cabeza, el neoliberalismo ya había capturado al FMI y al Banco Mundial, convirtiéndolos en herramientas del capital financiero. La doctrina era simple: endeudar, privatizar, desregular y subordinar al Estado al mercado.

Durante la crisis financiera de 2008, mientras la mayoría de los países rescataban a los culpables, Islandia tomó un camino diferente:

– No rescató a los bancos privados. Nacionalizó parcialmente el sistema interno y dejó que quebraran las entidades insolventes.

– Impuso controles de capital (2008–2017), impidiendo la fuga de divisas para estabilizar su moneda.

– Protegió a la población. Aseguró depósitos locales y evitó políticas de austeridad.

Además, juzgó y encarceló a 26 banqueros corruptos y sometió a referéndum el pago de la deuda fraudulenta. El 93% votó NO. ¿El resultado? De 2010 a 2025, Islandia creció un 3% anual (frente al 0,5% de la UE), redujo el desempleo del 9% al 3% y la deuda pública bajó del 90% al 40% del PIB.

Cuando Grecia enfrentó su crisis en 2010 y 2015, eligió un camino muy distinto. A pesar del referéndum del “OXI” (NO), donde el 61,31% votó contra la austeridad, el gobierno de Tsipras acabó aceptando un tercer memorando, impuesto por la Troika (FMI, BCE, UE). El costo fue devastador:

– Desempleo del 27.8% en 2013 (60% en jóvenes), aún en 12% en 2025.

– Éxodo masivo: 500.000 jóvenes emigraron desde 2010.

– Privatizaciones forzadas: aeropuertos, puertos, agua y energía.

– Pensiones recortadas un 40%; los jubilados sobreviven con €500 al mes.

– La deuda pasó del 127% del PIB (2009) al 180% (2018), y ronda el 160% en 2025.

– El 92% de los «rescates» fue a bancos alemanes y franceses.

Algunos analistas atribuyen esta diferencia al hecho de que Islandia tenía su propia moneda. Sin embargo, más allá del euro, fue una cuestión de voluntad política y soberanía.

La crisis griega (2010-2018) fue un laboratorio de cómo el neoliberalismo impone deudas ilegítimas a través de instituciones como el FMI, el BCE y la Comisión Europea (la «Troika»). Aunque la ONU no intervino directamente, su marco legal y técnico respalda la idea de que Grecia podría haber repudiado parte de su deuda.

La UNCTAD, en su informe de 2015, calificó la deuda griega como odiosa, recomendando una auditoría y una quita del 50%. Ese mismo año, la Asamblea General de la ONU aprobó principios para reestructurar deudas soberanas, como:

1. Transparencia y auditoría pública.

2. Prohibición de injerencias externas.

3. Respeto a los derechos humanos.

Grecia pudo haberlos invocado, pero eligió no hacerlo. Como suele ocurrir, los principios legales fueron ignorados por la realpolitik.

Hoy, la ONU parece una sombra de lo que aspiraba a ser en 1974. Sus resoluciones sobre Palestina son vetadas; sus advertencias sobre el cambio climático, ignoradas. Su visión sobre soberanía económica es pisoteada.

El FMI sigue operando como un cobrador mafioso, imponiendo ajustes que enriquecen a los acreedores y empobrecen a los pueblos. ¿Qué hizo la ONU por Grecia? Nada. Y lo mismo podría decirse de Gaza, Yemen o Ucrania. La ONU observa, pero no actúa.

El sistema internacional se esta convirtiendo en un sistema anárquico donde no existe un vigilante nocturno, no hay una autoridad superior a quien pedirle ayuda en caso que un estado vaya en tu contra. Como dice John J. Mearsheimer profesor de ciencia política en la Universidad de Chicago “si eres débil, hay una posibilidad seria que se aprovechen de ti”, nadie quiere dar la sensación de ser endeble.

Algunos, como Serguéi Lavrov, proponen que la Carta de la ONU sea la base jurídica de un nuevo orden multipolar. Una idea que, aunque cuestionada por su origen geopolítico, plantea un punto válido: el “orden basado en reglas” promovido por Occidente se ha convertido en una herramienta para consolidar su hegemonía. La idea de “América primero” es alarmantemente similar al eslogan hitleriano “Alemania por encima de todo”, y una apuesta por la “paz mediante la fuerza” podría ser el golpe de gracia a la diplomacia.

La Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados no fue destruida por el neoliberalismo solamente, sino también por sus cómplices, aquellos que, desde el poder, la archivaron por considerarla demasiado incómoda.

Pero el documento sigue existiendo. Dormido, sí. Olvidado, quizás. Pero no muerto. Y en un mundo donde resurgen los debates sobre soberanía, deuda y justicia económica, su contenido vuelve a cobrar relevancia.

Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2025/06/08/la-carta-de-derechos-economicos-que-el-neoliberalismo-secuestro/

Una renta básica universal para una mejor vida, salud y libertad

9 Junio 2025 at 06:00
Por: Caty R

Introducción

Vivimos tiempos de inseguridad económica y el miedo y la preocupación por el futuro en estos años de pandemias y guerras es cada vez más evidente. Según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) el nivel de preocupación entre la población es alto: 6 de cada 7 personas en todo el mundo afirman sentirse inseguras con respecto a muchos aspectos de su vida (1).Según este informe, a las privaciones existentes hay que añadir más fuentes de incertidumbre que se superponen: “El contexto del peligroso cambio planetario del Antropoceno y su interacción con las desigualdades humanas, los esfuerzos deliberados por lograr una transición de nuestras sociedades industriales hacia un futuro con bajas emisiones de carbono y la intensificación de la polarización política y social entre los países y dentro de ellos, facilitada por el uso que se hace a menudo de las nuevas tecnologías digitales.”

Todo ello hace cada vez más necesario plantear respuestas que estén a la altura de las circunstancias y no seguir con recetas caducadas y que se han mostrado ineficaces.

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¿Una nueva fase del capitalismo o la lógica del resorte?

6 Junio 2025 at 06:30
Por: Caty R

1.- Donald Trump 2.0, el avance de la derecha nacionalista en Europa (Italia, Francia, Alemania, Países bajos, Suecia), el fortalecimiento de los nacionalismos en diversas partes del mundo, han permitido que una serie de personas, tanto en la academia como en el periodismo, hablen de que lo que se está viviendo es el fin de lo que se conoció como Neoliberalismo (en América Latina) Liberalismo (en Europa y Estados Unidos).

Lo que en términos estrictos no era sino una fase intensiva de la internacionalización del capital, por medio de un proceso de deslocalización de la inversión, lo mismo que una dinámica de deslocalización de los procesos productivos y del trabajo, a la par de una nueva dinámica de acumulación por despojo, que empalidecía a lo que se conoció como la Acumulación Originaria de Capital, y un abandono paulatino de cualquier intervención del Estado Nación en los procesos productivos, a la par de un proceso de privatización de todo lo que tiene que ver con lo público, en especial, la seguridad social.

Esa fase a su vez había generado un proceso de crisis del Estado Nación y con él de una serie de viejas instituciones que se crearon a su vera (sindicatos, partidos políticos, división de poderes, parlamentos, Supremas Cortes de Justicia, etc.). El conjunto de instituciones de lo que se conoció como democracia burguesa crujían, algunas fueron desarticuladas y otras neutralizadas.

Además de promover la implementación de una guerra total en contra de la humanidad, algunas veces llevada a cabo por medios militares, otras por medio de bombas financieras, otras por medio del exterminio del Otr@. En una dinámica perversa en la que cada vez se conquistaban más derechos por medios de leyes que, de manera constante, eran negados en la realidad por medio del exterminio (feminicidios, desapariciones, racismo desbordado, eliminaciones de pueblos, tierra arrasada que obliga a los seres humanos a moverse de sus pueblos, migración de millones de personas, etc.) y el desprecio.

2.- Entonces, se dice, estaríamos entrando a una nueva fase del capitalismo que regresaría sobre sus pasos:

a) El resurgimiento de una política proteccionista que buscaría privilegiar la producción industrial nacional, terminando con el proceso de internacionalización de capital, por medio de políticas arancelarias que tendería a terminar con la deslocalización del capital y lograr la reindustrialización, en particular, de los Estados Unidos.

b) La reconformación de zonas de influencia en el mundo, con un mundo occidental dominado por los Estados Unidos, una Europa Oriental dominada por Rusia y un extremo oriente dominado por China.

c) En ese mundo existiría una posición predominante de los Estados Unidos, quien determinaría los límites tanto de Rusia como de China.

d) Además buscaría generar un nuevo acuerdo de control en medio oriente con la conformación de una alianza establecida formalmente entre Egipto, Arabia Saudí, Catar y sobre todo el Estado sionista de Israel. Tratando de eliminar a las diversas organizaciones que se salgan de ese gran acuerdo (Hamas, Hezbolá, ISIS, La República Islámica de Irán, el ex Partido del Trabajo Kurdo, varios de los cuales están enfrentados entre sí y que, desde luego, no son iguales).

e) En lo fundamental la ideología que dominaría es lo que algunas llaman el nuevo fascismo (o el fascismo del fin de los tiempos) o una nueva derecha nacionalista, xenófoba, misógina, homofóbica, negacionista, que parte de creencias religiosas, anticientíficas y anticulturales.

f) El resurgimiento del Estado Nación, por medio de una política que tiende a anular la vieja democracia representativa, lo mismo que sus instituciones (lo que en Estados Unidos llaman comoDeep State). Donde el Bonaparte en turno gobierna por medio de decretos, controlando-anulando a los parlamentos y a los sistemas de justicia, al ponerlos bajo su dominio, proceso que recorre muchas partes de la geografía mundial.

¿Viabilidad o whishful thinking?

Entonces analicemos el fenómeno tratando de alejarnos lo más posible del mundo aparencial que todo esto ha generado. Iniciando con la forma en que el capitalismo está organizado y lo que son sus mecanismos de funcionamiento más allá de lo que se expresa en el terreno de la política y la ideología.

Primero que nada, es indispensable romper con una visión geopolítica limitada, que siempre confunde los intereses de tal o cual persona o corriente o fracción del poder con los intereses tanto del capital como de los que sufren las consecuencias de este y los que luchan en contra de él. El análisis geopolítico aislado, casi siempre, confunde ideología con realidad. Y, desde luego, casi siempre, ignora completamente la lucha de clases, para desarrollar la idea de conflictos entre Estados. Esa visión del análisis político deja a los de abajo como simples espectadores de lo que los aparatos de control estatal o social o incluso individuos con poder económico y mediático piensan, desean o vociferan.

Lo fundamental en las relaciones capitalistas, lo que determina todo es la forma de apropiación de los medios de producción. No es lo mismo la forma que tenía esa apropiación en el origen de este sistema con lo que se vivió en lo que se conoció como fase imperialista, por medio del desarrollo de los monopolios y del capital financiero, con lo que se conoció como capitalismo tardío con la automatización de la producción y la reducción del tiempo de la rotación del capital. Y la nueva forma que ha adquirido esa apropiación desde 1980, en lo que conoció como neoliberalismo, que no fue otra cosa que un proceso de reestructuración productiva, un relanzamiento del despojo, una deslocalización del capital y del trabajo y el retorno del capital ficticio de manera abrumadora.

Entonces para poder hablar de un regreso del capitalismo a fases anteriores es indispensable discernir si esas formas del capitalismo han cambiado o seriamente existe un proyecto para cambiarlas.

Pero antes que nada es indispensable refutar a aquellos que, impresionados con los cambios que vivía el capitalismo en esta nueva fase conocida como neoliberalismo, fueron víctimas de los cantos de sirena y trasmitieron un cierto enamoramiento sobre esta fase a la que supuestamente combatían.

El capitalismo es por esencia un sistema inestable (el simple hecho de que está basado en la autovalorización, por medio del trabajo no pagado, lo hace inestable), esa inestabilidad permite que para sobrevivir tenga que pasar por encima de todo lo que tenga enfrente y, muchas veces, a su lado, comenzando por la naturaleza. No existe la fábula de un capitalismo estable, que puede controlar sus impulsos destructores por medio de buenos gobernantes o de mecanismos monetarios, o peor con base en ideologías baratas, que hablan de que es viable un capitalismo bueno; ese animal no existe.

El capitalismo llegó chorreando sangre y ha continuado chorreando sangre, durante todo su devenir y no hay nada que indique que esto se va a modificar. Por eso a pesar de casi destruir al Estado Nación por la internacionalización de los procesos productivos no dio, porque no puede dar, pasos serios en la construcción de un Estado supranacional que asegurara un mundo idílico para el capital. El capitalismo tiene como religión la competencia que significa la explotación del trabajo, el despojo de los bienes terrenales y la eliminación de los capitales más débiles.

En su esencia se encuentra la dinámica de destrucción no sólo de los dominados sino también entre los capitalistas mismos. La competencia no sólo subsistió en esta nueva fase del capitalismo sino que se hizo más aguda, más inclemente.

Es ahí donde se encuentra la lógica final de la destrucción del mundo y la lógica de buscar las nuevas zonas de salvación (la creación de bunkers en Groenlandia, o en Hawái) de los más poderosos (pero esto que es una tendencia, sería un error telescopiarla. El capitalismo no se va a suicidar. Mucha agua pasará bajo el puente).

Por lo tanto un capitalismo armónico y estable es una antinomia.

Las consecuencias de un proceso arrasador de la internacionalización de capital

Lo que pasa es que el proceso de internacionalización del capital ha sido tan arrasador que inevitablemente tenía que generar una reacción (ya sea conservadora o populista, que no son excluyentes). Esa reacción hoy llega a su punto más alto con Donald Trump 2.0. Presidente de la potencia militar más poderosa de la historia de la humanidad, rodeado por un hato de empresarios-ideólogos de un pensamiento fascista tecnológico, al que caracterizo como lumpenburguesía.

Ese proceso de internacionalización generó un resurgimiento del pensamiento nacionalista más primario y atrasado. Todo nacionalismo es excluyente, minimizador, empobrecedor. Pero si ese nacionalismo vulgar gana las elecciones en el país más poderoso militarmente hablando, todo es más peligroso.

Quien más claramente vislumbró está situación fueron los hermanos zapatistas, cuando en 2018 señalaron lo siguiente:

Estos tres elementos de esa crisis compleja (están hablando de la crisis ambiental, la crisis migratoria y la crisis energética. Nota mía), ponen en entredicho la existencia misma del planeta.

¿La crisis terminal del capitalismo? Ni de lejos. El sistema ha demostrado que es capaz de superar sus contradicciones e, incluso, funcionar con ellas y en ellas.

Entonces, ante esas crisis que el mismo capitalismo provoca, que provoca migración, provoca catástrofes naturales; que se acerca al límite de sus recursos energéticos fundamentales (en este caso el petróleo y el carbón), parece que el sistema está ensayando un repliegue hacia dentro, como una antiglobalización, para poder defenderse de sí mismo y está usando a la derecha política como garante de ese repliegue.

Esta aparente contracción del sistema es como un resorte que se retrae para luego expandirse. En realidad, el sistema se está preparando para una guerra. Otra guerra. Una total: en todas partes, todo el tiempo y con todos los medios.

Se están construyendo muros legales, muros culturales y muros materiales para tratar de defenderse de la migración que ellos mismos provocaron; y se está tratando de volver a mapear el mundo, sus recursos y sus catástrofes, para que los primeros se administren para que el capital mantenga su funcionamiento, y las segundas no afecten tanto a los centros donde se agrupa el Poder.

Estos muros van a seguir proliferando, según nosotros, hasta que se vaya construyendo una especie de archipiélago de arriba donde, dentro de islas protegidas, queden los dueños, digamos, los que tienen la riqueza; y afuera de esos archipiélagos quedamos todos los demás. Un archipiélago con islas para los patrones, y con islas diferenciadas –como las fincas- con labores específicas. Y, muy aparte, las islas perdidas, las de l@s desechables. Y en el mar abierto, millones de barcazas deambulando de una a otra isla, buscando un lugar para atracar1/.

Ese resorte retrotrayéndose es lo que parece que estamos viviendo. La extensión del proceso de internacionalización del capital fue de tal dimensión que no sólo generó un nuevo mapa productivo mundial, sino también el sentimiento de orfandad de sectores importante de las poblaciones de varios de los que formaban parte de los Estados Nacionales imperiales.

En especial en los Estados Unidos de América (EUA) esto se había venido expresando de diversas maneras, con el surgimiento de un sector muy importante de la clase trabajadora norteamericana blanca (pero no únicamente) y de viejos granjeros arruinados desde hace varias décadas y de una serie de empleados del sector servicios que han vivido la pérdida de sus casas, deudas impagables en sus diversas tarjetas de crédito. Todos ellos empobrecidos por la nueva forma de organización productiva que el capitalismo generó con la internacionalización del capital.

Entonces no era la crisis de los años 20s y 30s en Alemania y el rencor de los alemanes en contra del Pacto de Versalles, pero sí era la generación del rencor y el odio hacia un enemigo inventado por los medios de comunicación, las redes sociales; ese enemigo eran los habitantes y los países a donde se fue la inversión productiva y en consonancia con estos, la recreación de un candidato y una campaña que ha pasado por encima, pisoteando a los dos viejos partidos hegemónicos del pasado y el conjunto de instituciones de la democracia representativa norteamericana. Porque solamente alguien muy ingenuo puede pensar que quien ganó fue el partido republicano.

Atrás de ese rencor y esa rabia también se encuentra la forma de organización de la producción en su proceso cuasi frenético de internacionalización. Todo lo que se conoció como un proceso de deslocalización, no sólo de la producción sino también del trabajo, de la inversión y de las cadenas productivas.

Ya en otros momentos se han dado varios intentos para frenar esa internacionalización del capital: el Brexit, el primer gobierno de Trump, pero es ahora, con el segundo mandato trumpista que este resorte parece encogerse al máximo, tanto que muchos analistas económicos, tanto de derecha como de izquierda, ya decretaron la muerte del llamado neoliberalismo, algunos con gran entusiasmo y otros con lágrimas en los ojos (en especial eso lo podemos observar entre algunos sectores de izquierda, como en México donde los militantes de Morena se han convertido en los principales defensores del libre comercio, más allá de algunos rubores).

Lo que subyace en este planteamiento de que ya acabó el neoliberalismo es un análisis geopolítico. Todos los que tienen esa visión son víctimas de la política de shock que desde Washington está implementando un lumpenburgués que sueña con la destrucción del Otro. La lumpenburguesía que está en la oficina oval juega, literalmente juega, con la idea de que hay que tener a todo el mundo comiendo del plato que ellos sirven todos los días. Lograr que los diarios impresos no puedan más que comentar noticias que ya son viejas, porque una nueva ya salió. Una política que tiene en las redes sociales su nueva catedral (en especial su red social Truth social que forma parte de un negocio bajo el nombre de Trump Media & Technology Group), donde cada minuto sale un sermón, una admonición, una amenaza, que juega a fondo con los sentimientos de los ciudadanos norteamericanos y que pone los pelos de punta a los gobernantes de otros países y, desde luego a millones de seres humanos en Ucrania, Palestina, Groenlandia, Panamá, México y Europa.

Pero al mismo tiempo es un hecho innegable que ese resorte busca responder a lo que ha sido el impresionante deterioro de las condiciones de vida de la población norteamericana; desde 1980 no ha disminuido el porcentaje de pobreza en ese país, dando como resultado que un poco más del 11 % vive en pobreza, es decir 36.8 millones de personas [se ha mantenido la notación original en que el punto señala los decimales y la coma los millares].

El proceso de deslocalización del capital y del trabajo trajo como consecuencia la desindustralización de regiones enteras de ese país (esto también se vivió en Europa). El incremento de las desigualdades, la pérdida de casas habitación (en la que jugó un papel fundamental la rapacería del capital ficticio), la desesperanza al sentirse abandonados y desplazados, y el incremento del racismo y la xenofobia que hoy campea entre capas enteras de la población blanca, pero no únicamente.

Trump tuvo la virtud de basarse en esos sentimientos para generar la típica visión de amigos y enemigos. Los enemigos son todos los que, según esta visión, han saqueado al pueblo norteamericano, a saber, todos los países y gobiernos del mundo. No las empresas que deslocalizaron su inversión sino los trabajadores de lo que antes se conocía como tercer mundo.

Los migrantes tan humillados… y tan indispensables

El otro gran enemigo inventado son los migrantes. La migración es una necesidad para el capitalismo, tanto norteamericano como europeo. El proceso de envejecimiento de los países desarrollados es un hecho innegable, la edad media en el mundo así lo evidencia: Europa tiene una edad media de 42.5 años; Estados Unidos y Canadá 38.6 (si esto se desglosara entre partes de la población de los Estados Unidos, la población blanca tendría más de 41 años); Japón 48.2 y Corea del sur 42.1. Latinoamérica 29.1; Asia 30.3 (si quitáramos a Japón ese promedio sería más bajo) y África 19.7 años.

El envejecimiento de la población de los países más ricos hace indispensable la migración, más allá de las ansias reaccionarias de la derecha de repoblar con blancos sus países, inhibiendo una serie de conquistas de las mujeres de esos países.

Pero más aún ¿Cuál es el aporte de los migrantes a la economía norteamericana?

La encuesta nacional de trabajadores agrícolas realizada por el Departamento de Trabajo indica que entre 2020 y 2022, el 42% de los empleados en el sector no tenía permiso de trabajo, y aclara que muchos encuestados podrían haber respondido con temor a decir la verdad sobre su estatus2.

Según el Instituto de Política Fiscal y Económica de los Estados Unidos, en 2022 los trabajadores indocumentados pagaron impuestos por la cantidad de 96,700 millones de dólares, esto representa el 40 % del total de impuestos que se recaban en México. Y únicamente la población de migrantes, tanto indocumentados como ya legalizados, aportan el 10 % del PIB de los Estados Unidos, alrededor de 2.06 billones de dólares, más que todo el PIB de México en 2024.

Por eso más allá de la alharaca desatada desde el capitolio, la expulsión de migrantes ha sido, más o menos, similar a la que se realizó bajo el gobierno de Joe Biden. Y la razón es objetiva, el capitalismo de los EUA no puede vivir sin ellos.

Para poner un ejemplo: el 61 % de los trabajadores agrícolas son migrantes, 42 % no tienen papeles y 15 % migran de región en región siguiendo a las cosechas.

Ya quiero ver a jóvenes WASP ocupando los puestos de trabajo de los obreros agrícolas mexicanos o salvadoreños u hondureños, obteniendo salarios tan bajos como ellos.

¿Cuánto le va a costar a los ya de por sí bastante endeudados farmers esta reconversión?

Pero igualmente se podría decir con relación a otros sectores como el de los garments, sin ninguna garantía social, con salarios muy bajos y con jornadas laborales de hasta 14 horas, incluido el hecho de que se han reportado en este sector que existen trabajadores que están secuestrados.

O en todo lo que es el servicio doméstico y de atención de ancianos.

Y esta no es sino una cara de la moneda, la otra se encuentra en el trabajo deslocalizado fuera de EUA, del cual hablaremos más adelante.

Lo que si existe es la utilización del sentimiento de una importante parte de la población blanca norteamericana (pero no solo) en contra de la migración y en contra de que se hayan llevado “sus” fábricas. Aparte de que se vive un reflejo distorsionado de una caída en la educación pública, de un desmonte de muchos servicios de seguridad pública y un crecimiento muy grande de la drogadicción, incremento cuyo primer responsable es la industria farmacéutica norteamericana.

Trump y su lumpenburguesía han decidido achacarle todas las responsabilidades de esta situación a los migrantes y al déficit comercial, déficit inexplicable sino es a partir del proceso de deslocalización que llevaron a cabo las grandes empresas norteamericanas.

Si el pacto de Versalles fue clave para que Hitler y los nazis tomaran el gobierno alemán y elaboraran su idea del Anschluss (anexión), la deslocalización del capital, del trabajo asalariado y del despojo han sido claves para que Trump elabore su Make America Great Again y busque poner bajo su dominio al mundo entero. Esto no inhibe el peligro que en lugar del MAGA lo que se construya sea MAWA (Make America Worse Again).

Pero el emperador tiene las piernas flacas

El problema es que la situación del capitalismo no es ni remotamente la que existió en la época de Hitler y eso no quiere decir que la actual sea más venturosa, sino que existe una forma de su organización que no existía en los años treinta del siglo pasado.

Cuando se rompe con la geopolítica como punto de partidase tiene que buscar en la economía política la explicación de lo que pasa en la realidad. Y si usamos a la economía política como lámpara de Diógenes, entonces inevitablemente tendremos que buscar en la relación Capital-fuerza de trabajo, el mecanismo que nos permita ubicar la viabilidad de que toda esa incontinencia verbal tenga posibilidades reales de cambiar lo que ha sido la forma de organizar (desorganizar) las relaciones sociales de producción en el planeta en su conjunto.

Un compañero suizo repetía muy seguido el siguiente axioma: “la amnesia de las banalidades habla más del que olvida que de lo olvidado”. Y lo que se olvida es que la forma de organizar el capital, el nuevo intercambio comercial que existe hoy en el mundo no es entre países sino entre firmas multinacionales, la nueva forma de estructuración de las empresas, que controlan el sistema capitalista, no se puede echar por la borda para que una lumpenburguesía construya algo que no tiene un diseño claro y que en cambio tiene muchos visos de desastre.

Como nunca en el pasado, el grado de concentración y centralización del capital es impresionante. No simplemente como se analizaba en el pasado en función de monopolios en tal o cual país, sino que estamos hablando de unas cuantas firmas multinacionales que controlan lo fundamental de la economía mundial.

Un estudio de la Universidad de Zurich nos da muchos más elementos:

Este estudio reveló que un pequeño grupo de 147 grandes corporaciones trasnacionales, principalmente de alta tecnología, financieras, minero-extractivas, automotrices y de la producción bélica, en la práctica controlan el 92.86 % de la economía global. El estudio fue el primero en analizar a 43,060 corporaciones transnacionales y desentrañar la tela de araña de la propiedad entre ellas, donde unos cuantos nombres aparecen como propietarios de las acciones de muchas otras.

Así, se logró identificar a 147 compañías que forman una “súper entidad”.

Esas 147 empresas multinacionales comparten en sus Consejos de Administración a los mismos directores generales, directores gerentes, ejecutivos delegados, jefes ejecutivos, presidentes ejecutivos, consejeros delegados, y en sus carteras de inversiones se ubica un número muy reducido de grandes inversionistas3.

Este capitalismo rizomático es la expresión cuasi terminal del proceso de concentración oligopólico del capital. Estamos frente al paroxismo de la conexión intra-firma multinacional, donde el conflicto no se ubica únicamente entre el trabajo asalariado y el capital, sino también entre el empresario y una comunidad dueña de una pequeña parcela que es susceptible de ser expropiada por la existencia de toneladas de roca que pueden ser bombardeadas para sacar oro (por cada tonelada de roca se puede extraer 0.10 gramos de oro). O todo un pueblo cuyo subsuelo de su asentamiento contiene coltán y, entonces, se promueven todas las confrontaciones interétnicas para que estallen guerras, donde mueren más de un millón y medio de seres humanos, para que unas cuantas empresas se queden con esa materia prima —clave para la fabricación de computadoras, celulares y de tabletas— y al mismo tiempo vendan sus armas a esos pueblos.

El capital no tiene patria ¿Y las mercancías?

Desde hace 40 años, el mapa del capital se ha transformado de una manera radical. La nacionalidad de las empresas ha perdido la importancia que tenía en el pasado. La relación entre los Estados y los capitales es cada vez más dispar, en favor de los segundos y en detrimento de los primeros. Ahora, hay que pensar de otra manera esta relación. La diferenciación proviene de que las grandes multinacionales tienen como horizonte el mercado mundial que, como nunca, en su conformación, es mucho más que la suma de los mercados nacionales; estamos frente a una interrelación, interpenetración, intercomunicación, donde los Estados a lo más que llegan es a ser facilitadores de esa relación del capital.

Pongamos un ejemplo: la vieja empresa Chrysler se llama ahora Stallantis, pero ahora es sólo una parte de un conglomerado que tiene su sede en los Países Bajos y que está fusionada con Fiat, y el grupo francés PSA, fabricante de Peugeot, Citröen, Opel.

La base de sustentación de esta nueva relación es el ansia por los bajos costes de producción (infraestructura más barata, menos impuestos y, sobre todo, mano de obra más barata) y la transformación de una parte esencial del plusvalor en inversiones en paraísos fiscales y en endeudar a los diversos Estados nacionales. Estos sólo son el receptáculo de la inversión externa y es con relación a esa inversión que se disputan partes de esta. Esto ha permitido una fase de circulación de capitales como nunca antes en la historia, lo mismo que una circulación mundial de mercancías, en especial de la mercancía fuerza de trabajo, la conformación de un ejército de reserva mundial, ahora sí, auténticamente mundial, lo mismo que la implementación de un gran comercio electrónico global.

Lo que ha traído como correlato una transformación completa de las relaciones de poder, con una especie de privatización del Estado y del conjunto de sus instituciones económicas, en especial las financieras.

Esta dislocación ha producido una serie de cambios en los sectores productivos. Así, la General Motors tiene 32 filiales en todo el mundo, es ahí donde se produce lo fundamental de los automóviles de esa marca. Siendo la más importante la Shangai-GM (China), que controla el 12.5 % de la producción de automóviles en ese país, que es hoy el principal productor de automóviles y ese hecho va más allá de los gritos histérico de Donald Trump. Y lo mismo que en el caso de la GM, se podría señalar el caso de Tesla donde una de las gigafábricas (la segunda más grande) se ubica en Shangái.

Las importaciones norteamericanas que provienen de sus filiales instaladas en los países llamados desarrollados pasaron de 75.9 a 48.6 %. Mientras que en el caso de sus filiales en países llamados subdesarrollados o emergentes pasaron de 24.1 %, en 1983, a 51.4 en el 2018. Igualmente, en el caso de la inversión extranjera directa norteamericana en los países subdesarrollados, que en 1986 representaba el 16.7 %, en el 2018 llegó a 41 %.

Estos dos procesos han generado la desaparición de ciudades-industria en todo el mundo desarrollado: la ciudad de Detroit, cuna del automóvil, con la deslocalización y la automatización pasó de 1.800.000 habitantes a sólo 700.000, y el desempleo llega hasta el 23 %. Pittsburg, ciudad acerera de la cual lo único que queda es el equipo de fútbol americano. Baltimore, donde el comercio de heroína sustituyó a la industria. Turín, donde la gran fábrica Fiat fue completamente descuartizada. Londres es una ciudad donde se encuentran más de 480 bancos de todo el mundo, lo que la ha convertido –hasta antes del Brexit– en el centro financiero más importante. Lieja, ciudad industrial de la región valona de Bélgica, donde sus fábricas sufrieron un proceso de envejecimiento que fue permitido sin ninguna intervención estatal, para después pasar a ser la zona tecnológica por excelencia, pero con un decremento de trabajadores de cuello azul y un incremento de trabajadores de cuello blanco. Manchester, de ser conocida como Cottonopolis, ahora es un centro financiero y cultural. Chicago, de ser una ciudad industrial ahora es un centro internacional de negocios, sede de grandes corredurías bursátiles (en esa ciudad se tiene el control de los bonos de carbón). Dresde, que era la ciudad más industrializada de Alemania oriental, ahora es un nudo carretero y financiero…

Como podemos ver en el cuadro que sigue, la pérdida de empleos en el sector manufacturero es de casi el 50 % en Alemania, de casi el 60 % en Reino Unido, lo mismo que en Estados Unidos.

manufactura empleo

Pero a esta dislocación de capitales le ha acompañado una dislocación de seres humanos, con una migración de millones de seres humanos hacia los países “desarrollados”, en lo que en la práctica se ha convertido en una dislocación del trabajo in situ, eso quiere decir la entrada de trabajadores migrantes al sector servicios y a las cadenas productivas de las grandes empresas de punta, en lo que antes eran los países metropolitanos. Hay que tener en consideración que en el 2020 hubo 281 millones de migrantes, lo que representó el 3.60 de la población mundial, esta cantidad es el triple de la que había en 1970 y es 128 millones superior a la que había en 1990.

Las ganancias de las multinacionales o el reshoring

Y todo esto en medio de la peor competencia. Cada vez más, las súper empresas multinacionales se tragan a otras y las grandes empresas o fondos de inversión conforman el nuevo mapa del mundo, esto permite que ese puñado de empresas sean más grandes y al mismo tiempo sean menos.

Quisiera ahora poner un ejemplo que creo tiene una gran utilidad para explicar lo que estamos diciendo:

A principios de 2024 el valor bursátil que tenía la empresa Apple llegó a 3 billones de dólares, es más alto que el Producto Interno Bruto de 191 países —de los 198 países que existen en el mundo—. O sea que solito el país Apple ocuparía el lugar número 8 de los países más ricos del mundo, a punto de rebasar a Francia.

En Apple, como en casi todas las grandes empresas, no hay un dueño, ni 10 ni 15, hay varios accionistas que a su vez son accionistas de muchas otras empresas.

Y al mismo tiempo las mercancías creadas por Apple se producen en muchos lados y aquí paso a exponer una de las limitaciones fundamentales de los que promueven un reshoring (la vuelta a casa).

El diferencial salarial entre los trabajadores chinos y los norteamericanos es muy grande. Un obrero chino cobra 3.63 dólares la hora mientras que el salario mínimo en California es de 16.50 dólares. Desde luego que un trabajador americano no se contrataría en una fábrica de IPhone con un salario mínimo chino. Recientemente Wamsi Mohan, un analista del Bank of America Securities, estimó que el costo de mano de obra para ensamblar y probar un iPhone en Estados Unidos sería de 200 dólares, frente a los 40 dólares que cuesta en China, lo cual repercutiría en el precio; así un IPhone 16 pro aumentaría subiría su precio de 1,199 dólares a 1,500. Y aquí solamente se está hablando de únicamente del incremento por costos de mano de obra, sin hablar de infraestructura, facilidades fiscales, etc.

En el mismo sentido el director ejecutivo de Apple, Tim Cook señaló que otro problema es que los trabajadores estadounidenses no tienen las habilidades necesarias. “No hay suficientes ingenieros de herramientas en los EE. UU. Esos ingenieros trabajan y configuran las máquinas que toman los sofisticados diseños de Apple, que vienen en forma de archivos de computadora, y los transforman en objetos físicos”4. Si Apple se decidiera a fabricar todos sus IPhones en Estados Unidos eso significaría un gasto extra equivalente a 4.200 millones de dólares.

Ahora que Trump insiste en que va a poner un arancel a IPhone, la respuesta no puede ser más clara:

Habíamos considerado la producción en China como el mayor riesgo arancelario para Apple, pero Trump apunta ahora a la India, donde se producen más de la mitad de los iPhones destinados a Estados Unidos. Aun así, creemos que pagar el arancel general del 25 % sería más económico que producir iPhones en masa en el país5.

No hay que perder de vista que en China se realiza únicamente la parte final del proceso productivo. La forma de organización de la cadena productiva de IPhone es: Diseño y desarrollo se hace en los Estados Unidos. Fabricación en China (completamente). Almacenamiento en los Estados Unidos. Distribución, Estados Unidos. (Todo esto según Forbes)

Pero, además, en cada IPhone existen una serie de productos de otras empresas, veamos algunas: en cada IPhone se encuentra un visualizador que produce General Electric. Una pantalla que produce JapanDisplay. Una cámara que produce Sony (Japón). Inductores eléctricos de TDK (Japón). La fabricación de la memoria de 32, 64 y 128 GB, TSMC (Taiwán). Lo que podríamos llamar el chasis del IPhone se produce en Taiwán en la fábrica Catcher.

En una sola mercancía existen varios países. Obreros de, por lo menos, siete empresas. A eso se le llama cadena de producción deslocalizada, realmente cadena de valor diferenciada.

Luego viene la cadena de distribución y ahí la cosa es aún más compleja. Estamos hablando de 34 países, que distribuyen a todo el mundo. Y finalmente la comercialización en todo el mundo. Con unos cuantos días de diferencia entre que salió del proceso productivo, pasó por las cadenas de distribución y llegó a los centros comerciales para su venta.

Todo esto permite que para diseñar tecnología, todos los aditamentos y el ensamble y la comercialización estén involucrados alrededor de un millón y medio de trabajadores. Los cuales, en el caso de los trabajadores chinos, trabajan un promedio de 60 horas a la semana (es decir, unas 12 horas diarias si se trabaja de lunes a viernes u 8 horas y 30 minutos si se trabajan los 7 días) y trasladar todo ese proceso hacia EUA costaría miles de millones de dólares y mucho tiempo.

Pero más aún. Si siguiéramos la metodología Trump, cuando hablaba del déficit de la Balanza Comercial de Pagos con relación a México, pero lo hiciéramos con relación al país número 8, Apple —pero sólo en su IPhone—, el resultado sería el siguiente:

Los Estados Unidos, que importan sus iPhones de China, declaraban en 2014 un déficit comercial de 1 billón 900 mil millones de dólares con China, pero sólo de 73 millones de valor añadido. La primera cifra se la reparten los diversos dueños de Apple y la segunda los trabajadores y el Estado chinos.

Y esto nos lleva a otro de los puntos centrales de los cambios que han surgido en esta nueva fase del capitalismo. Nociones como Comercio Internacional, Producto Interno Bruto, son profundamente obsoletas.

Lo que ahora vivimos es un comercio intrafirma multinacional y un consumo mundial de esos productos. El IPhone se vende en todo el mundo. ¿En qué país se “fabrica”? Pues es complicada la respuesta ¿Quién se queda con las ganancias? No hay duda: son los accionistas de Apple, pero ¿quiénes son? Otra vez es complicada la respuesta.

Otro ejemplo: BlackRock es la primera gestora de fondos del mundo. Se estima que gestiona alrededor de 6,3 billones de dólares, casi tanto como PIB conjunto de Gran Bretaña y Francia. Ocuparía el tercer lugar dentro de los países más ricos, sólo atrás de Estados Unidos y China. La peculiaridad de esta empresa, lo mismo que de Vanguard y State Street (el nombre es subliminal) es que gestionan inversiones de un sin número de empresas y de los fondos de retiro de los trabajadores de los países más importantes del mundo.

Igual intervienen en las mesas directivas de muchas empresas, por ejemplo, se sabe que fueron claves para que Monsanto y Bayer se fusionaran, ya que cuentan con una cantidad de acciones de ambas empresas (common ownership, lo que sucede en un sin número de empresas que supuestamente compiten entre sí) que les permitió, en muchos sentidos, presionar hacia la fusión.

No deja de ser interesantes la propaganda que realizan sobre los fondos de pensiones de los trabajadores. Larry Fink, director de Balckrock señaló:

La gran mayoría de estos inversores, pierden confianza en el Estado y buscan en el sector privado las garantías de subsistencia que el sector público no ofrece. Las herramientas de ahorro a largo plazo, como los planes de pensiones, son la prioridad de la compañía6.

Por último, un dato que me parece significativo, si sumáramos el valor bursátil de las 25 empresas más grandes del mundo en 2018, ocuparían el lugar número 4 de los países más ricos del mundo y si sumáramos sus activos esas 25 empresas ocuparían el primer lugar de los PIB de los países del mundo con 30 billones 200 mil millones de dólares, luego seguiría Estados Unidos y China, los que tendrían que sumar sus PIBs para poder rebasar a esas 25 empresas.

De esas 25 empresas, formalmente 11 son norteamericanas, 7 son chinas, 3 son alemanas, 1 de Japón, lo mismo que una de Reino Unido y otra de Corea del sur. La realidad es que la adscripción a tal o cual país es hoy completamente banal. Pero lo que sí es importante es que 13 son bancos o aseguradoras, 6 son de informática o de comunicación, 3 son automotrices, 2 son petroleras y una es un supermercado.

El día de la liberación o tratar de librar las cosas día a día

Creo que aquí se encuentra la explicación de todas las decisiones de Trump y su lumpenburguesía de anunciar una cosa como “el día de la liberación” y dos días después anunciar que esos aranceles se posponen 90 días y dejar claro que Apple quedaba por fuera del arancel que se pondría a China del 152 % hasta nuevo aviso. Y no fue precisamente porque los gobiernos fueran a, como dijo él, besarle el trasero sino porque la caída espectacular de la bolsa de valores (con una pérdida de 10 billones de dólares desde el discurso del día de la liberación a 4 días después) lo llevó a atemperar sus ímpetus liberacionistas y lo que sucedió fue que él fue quien tuvo que besarles el trasero a los grandes capitales. Para que no siguiera esa caída tuvo que dar marcha atrás a su política arancelaria original.

Pero, desde el punto de vista político ideológico, su forma de hacer política y la ola reaccionaria que está organizando es muy importante. Al gobernar con ordenes ejecutivas, casi todos los días (aunque últimamente se ha moderado) refleja su profundo desprecio por el sistema democrático tradicional bipardista y, al mismo tiempo, busca tener en tensión permanente a todo el mundo. En el imaginario social él sigue siendo el campeón en contra de la migración y en contra del déficit comercial, de la deslocalización del capital y de China.

Cada vez que una empresa anuncia una inversión millonaria en los EUA casi hace sonar el himno nacional, pero esto no es algo que se esté generalizando. El intercambio comercial sigue siendo algo controlado por las grandes multinacionales. Y no se vislumbra una modificación sustancial en ese terreno.

Es posible que algunas empresas abran fábricas en los EUA, pero sería muy difícil que cerraran sus grandes fábricas en Asia, África o Latinoamérica.

No existen las condiciones para un reshoring, ni en el campo del precio de la mano de obra, ni en el campo de la capacidad técnica del trabajo, ni en las facilidades de control laboral, ni en el costo de los servicios estructurados para la presencia de esas empresas. Ni en la cantidad de mano de obra disponible y la actitud servil de los gobiernos que reciben esas inversiones.

Entonces, creo yo, no es en el terreno de la economía donde se evidenciará el cambio de la llegada de Trump. El problema se ubica en otro lado, en el terreno de la ideología y de la política y muy claramente en la evolución de la forma de dominio al interior de EU y otras regiones del mundo.

La tecno-lumpenburguesía

Quisiera aquí hacer una aclaración del motivo por el que hablo de una lumpenburguesía (quizá habría que agregar tecno). Si en Latinoamérica este término se usó para describir a una burguesía colonizada y con poca o nula autoconciencia como clase, yo la uso en referencia a la segunda idea. Trump 2.0 refleja a una parte de la burguesía norteamericana que se ha hecho rica con las plataformas de redes sociales, la especulación y los bitcoins, lejos está de contar con una autoconciencia de clase.

En esa aventura no se encuentra, por lo menos hasta ahora, el gran capital productivo, ese que hizo de la deslocalización su religión, en su ansia de ganancias.

Llamó mucho la atención la confesión que hizo Trump de que especuló un día antes del anuncio de los aranceles con la idea de que era el momento de vender acciones, para comprar al día siguiente. O cuando Elon Musk le entregó, a la vista de todos, un cheque por 10 millones de dólares como pago por haber sido quitada su cuenta de Twitter, cuando Musk todavía no era dueño. O el reciente regalo de esa escoria del género humano que gobierna Catar al entregarle un súper avión para él. O con la promoción de su criptomoneda.

Estamos hablando de un bribón que toda su vida a correteado el dinero fácil y que cada que ha intentado generar una empresa productiva ha fracasado, pero lo mismo sucede con casi todos los que lo rodean.

Estamos hablando de una banda de lumpenes que al mismo tiempo que aniquilan lo que quedaba de Estado social, buscan que haya ingresos en las arcas del Estado para repartirse un botín nada despreciable.

Esos, que en la mejor tradición neoliberal están desarticulando el sector público, poniendo en la calle a miles de trabajadores, los que están terminando con la inversión federal en educación, los que se frotan las manos del abandono de la salud pública, los que no quieren sindicatos en las empresas, los que, a pesar de que muchos son gays, odian a la comunidad LGBTQ+, los que están diseñando un EUA xenófobo, sexista, homófobo, misógino, clasista, con un profundo odio a la ciencia y a los valores científicos y culturales y por eso desprecian a las universidades, los que quieren terminar con la reelección solamente por dos periodos, los que ya encontraron su nueva guerra fría, la que buscan realizar contra China.

Una pequeña piedra en el camino

Con una pequeña diferencia con esto de querer revivir la guerra fría: el capitalismo chino es mucho más fuerte que la burocracia soviética, en todos los terrenos. Hace unos años cuando Hillary Clinton era jefa del Departamento de Estado, bajo el régimen de Obama, se preguntó a sí misma: “¿Cómo negocias con mano dura con tu banquero?”7, refiriéndose a China. Ella decía eso por la sencilla razón de que China es el segundo gran tenedor de los bonos del tesoro de Estados Unidos. Algunos quieren relativizar eso diciendo que eso no representa más que el 2.5 % del PIB norteamericano, pero un 2.5 del PIB (761.000 millones de dólares) es una bomba para la economía de Estados Unidos, más si tomamos en cuenta que el PIB en este año sólo va a crecer alrededor del 2 %.

EUA tiene una deuda que equivale al 120 % de su Producto Nacional Bruto y aquí reside uno de los problemas centrales que tiene esta ofensiva trumpista8

Pero además el otro problema es que China tiene en sus bancos billones de dólares en sus reservas.

Y, finalmente, aunque no en último lugar, China cuenta con la inmensa mayoría de las materias primas, de lo que se conoce como tierras raras.

Las tierras raras son la base de muchas tecnologías de las que dependemos en la vida cotidiana, son componentes de imanes permanentes infinitamente pequeños, asimismo permiten el color de las pantallas de nuestros celulares o los hacen zumbar con las llamadas, mantienen las turbinas eólicas girando, los vehículos eléctricos haciendo zoom e infinidad de otras tecnologías de punta y, sobre todo, armamento.

Las tierras raras las integran 17 elementos, quince de ellos agrupados en la Tabla Periódica como lantánidos.

China controla el 97 % del mercado de la extracción y el refinado de estos elementos, además del 89 % de la fabricación de sus aleaciones. Les llamaron tierras raras por su aparente escasez9).

La versión Trump 2.0 seguirá con su estrategia de amenazar con aranceles, sentar a jefes de gobierno o hacer largas conferencias por teléfono, ensañándose con los más débiles para disfrute de la porquería que lo rodea, negociar, volver a amenazar y volver a negociar.

Enfrente tienea un conjunto de medrosos, mediocres y miedosos, en el campo de los gobiernos. No estará ahí la alternativa para detener a ese lumpenburgués corrupto.

La parte fundamental se definirá en lo que suceda entre los trabajadores norteamericanos siempre y cuando dejen de confiar en los partidos tradicionales norteamericanos. Y avancen en su proceso de autoorganización.

Conclusión

La mayor parte de los discursos nacionalistas (sean conservadores o populistas) en el mundo sobre atentar contra el proceso de internacionalización del capital, en el terreno de su producción, la fuerza de trabajo y las cadenas productivas es antes que nada un discurso electoral para ganar a la parte más atrasada de la población, pero también para la que ha sido más afectada por esa política de mundialización de las relaciones sociales de producción capitalistas.

Esa internacionalización es un hecho que está ahí y que requiere de la elaboración de nuevas estrategias para combatir en contra de todo lo que eso significa como explotación y despojo.

Lo que esa política nacionalista ha generado ha sido:

1. Por su carácter cerrado y excluyente el incremento del odio, la xenofobia, el racismo, la homofobia, el clasismo y un incremento geométrico de la demagogia, en esa búsqueda enfermiza de una identidad “histórica”, desde luego torciéndole el brazo a la historia, para justificar sus “grandes” ideas, desde el MAGA de Trump, hasta el “este pueblo es mucha pieza” de Claudia Sheimbaum. Una especie de presentismo sin pasado de verdad y sin ninguna propuesta de futuro.

2. Un regreso a las fronteras nacionales del capitalismo es imposible, a menos que un aprendiz de brujo busque ahogar su economía y la economía mundial capitalistas.

3. Lo que queda es ideología y una sed de enriquecimiento y corrupción. Frente a lo arrasador del proceso conocido como neoliberalismo se aprovechan de los sentimientos de enojo y hartazgo de miles de millones de seres humanos, buscando dinero fácil, al mismo tiempo que siguen el proceso de no “gastar” en cuestiones como salud, educación, construcción de casas populares y aparte robarse lo más que puedan.

4. En el caso de EUA, el asunto es más complejo, porque una parte de la burguesía (la tecno-lumpen) cuenta con un arsenal armamentista nunca visto en la historia de la humanidad y pueden y van a usarlo a discreción. Hoy son dos los objetivos: Medio oriente, en especial Palestina al que quiere convertir en unResort y Ucrania, con la cual quiere quedarse con sus tierras raras y no le importa con lo que se quede la dictadura de Putin. Y a largo plazo China es el objetivo porque es el mayor peligro, no por que exista una confrontación entre dos sistemas, el capitalismo prima en ambos sino por la sencilla razón que esta fase del capitalismo no genera un capitalismo razonable donde el mercado, con su mano invisible, determine la superioridad de tal o cual forma de expresión de las relaciones sociales de producción. Al contrario, esta fase ha desatado lo peor de la competencia y el saqueo. Y cuando eso llega a niveles incontrolables la guerra es la única alternativa y cada uno se está preparando para esa posibilidad.

Por eso no podemos pasar por alto es la parte final del señalamiento de los hermanos zapatistas: “Esta aparente contracción del sistema es como un resorte que se retrae para luego expandirse. En realidad, el sistema se está preparando para una guerra. Otra guerra. Una total: en todas partes, todo el tiempo y con todos los medios”.

Creo que ese es el quid del problema y no la supuesta eliminación del proceso de internacionalización del capital.

Notas

1/ https://enlacezapatista.ezln.org.mx/2018/08/20/300-primera-parte-una-finca-un-mundo-una-guerra-pocas-probabilidades-subcomandante-insurgente-moises-supgaleano/

2/ https://cnnespanol.cnn.com/2025/01/22/eeuu/aportes-economicos-inmigrantes-indocumentados-orix

3/ https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0025995

4/ https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0025995

5/ https://www.morningstar.es/es/news/265397/apple-incertidumbre-por-la-última-amenaza-arancelaria.aspx

6/ https://www.lavanguardia.com/economia/20180506/443279727124/blackrock-investigacion-primera-gestora-fondos.html

7/ https://elpais.com/diario/2010/12/27/portada/1293404408_850215.html

8/ https://www.theguardian.com/us-news/2025/apr/10/what-have-been-the-effects-of-trumps-tariff-war-so-far?CMP=Share_iOSApp_Other

9/ https://ciencia.unam.mx/leer/1535/hablemos-de-las-tierras-raras

Sergio Rodríguez Lascano es adherente a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.

Fuente: https://vientosur.info/una-nueva-fase-del-capitalismo-o-la-logica-del-resorte/

BYD, China y el nuevo orden mundial

6 Junio 2025 at 06:00
Por: Caty R

Los aranceles se suelen aplicar en dos momentos cruciales del desarrollo de una economía: bien en la fase inicial de la industrialización, cuando los Estados intentan promover a los jóvenes líderes del mercado nacional, bien en épocas de debilidad, cuando las élites de un país quieren frenar el declive inminente. La caótica guerra comercial de Donald Trump es un ejemplo de esto último. En medio del declive de la hegemonía estadounidense, está surgiendo un orden geoeconómico y geopolítico alternativo: una globalización económica basada principalmente en las baterías, con un claro sello chino. En otras palabras: en este nuevo orden, China asumirá el papel de líder y las tecnologías verdes serán el motor más importante. Esto se refleja más claramente en la enorme expansión internacional de la industria china de vehículos eléctricos.

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Lo que esconde la negociación de los aranceles de Trump y la UE

5 Junio 2025 at 06:30
Por: Caty R

Armas. Energía. Y menos regulación para las grandes plataformas digitales estadounidenses. Donald Trump usa los aranceles como palanca negociadora. Lo hizo con Canadá y México, para que reforzaran los controles fronterizos de personas y de drogas. Y lo consiguió. Y ahora está en un pulso complejo con la Unión Europea en el que no solo busca que la UE exporte menos a EEUU para equilibrar esa balanza comercial. Lo que busca Trump es que sus socios contribuyan más a la OTAN y a la defensa europea para poder replegarse él –está reclamando un gasto del 5% del PIB en defensa, cuando ahora el umbral es del 2%–, pero también que compren más energía y gas estadounidenses, cosa que lleva haciendo la UE desde la desconexión del gas ruso.

Y luego está la otra pata, que interesa mucho a la Casa Blanca porque afecta a empresas punteras estadounidenses con muy poca competencia en Occidente: la regulación europea de las plataformas digitales –Facebook, X, etc.–, y de las grandes empresas tecnológicas con posiciones monopolísticas –Amazon, Google, Apple– que son multadas sistemáticamente por la Comisión Europea por posición dominante en el mercado.

Y Trump no quiere eso. Hasta tal punto que su secretario de Estado, Marco Rubio, ha amenazado con no dejar entrar en el país a quienes legislen contra empresas estadounidenses, en lo que supone un aviso para navegantes en la Comisión Europea.

En una nota difundida por el Departamento de Estado y firmada por el propio Rubio, se afirma: “En algunos casos, funcionarios extranjeros han llevado a cabo acciones de censura flagrantes contra empresas tecnológicas de Estados Unidos y contra ciudadanos o residentes estadounidenses, sin tener autoridad alguna para hacerlo. Es inaceptable que funcionarios extranjeros emitan —o amenacen con emitir— órdenes de arresto contra ciudadanos o residentes estadounidenses por publicaciones en redes sociales hechas en plataformas estadounidenses, mientras se encuentran físicamente en suelo estadounidense. Igualmente, es inaceptable que esos funcionarios exijan a las plataformas tecnológicas de Estados Unidos aplicar políticas de moderación de contenidos a nivel global o que participen en actividades de censura que excedan su jurisdicción e invadan la nuestra”.

El vicepresidente de EEUU, JD Vance, ha acusado en el pasado a la UE de censura por la Ley de Servicios Digitales (DSA), porque exige a las plataformas digitales responsabilidades sobre lo que en ellas se publica. En febrero, Vance acusó a los líderes europeos, durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, de reprimir opiniones disidentes al etiquetarlas como “desinformación” y “fake news”.

Guerra comercial

Que el resto de países del mundo compren más en EEUU es lo que subyace detrás de la guerra comercial a nivel mundial que ha desatado Donald Trump y que le ha llevado a ir anunciando aranceles indiscriminadamente. En palabras más técnicas, lo que quiere el líder republicano es equilibrar la balanza comercial. El principal socio de ese país es la Unión Europea. El comercio entre los dos bloques es de unos 1,6 billones de euros al año. Cada día se producen intercambios comerciales entre los dos lados del Atlántico por un valor de 4.400 millones de euros. Pero la UE tiene un déficit de 50.000 millones de euros. Y eso es lo que Trump quiere solucionar.

Más allá del ofrecimiento de aranceles ‘cero por cero’ para los bienes industriales y los vehículos, en Bruselas han leído la exigencia de Trump y le han ofrecido un incremento de las importaciones. “Si el problema está en el déficit de 50.000 millones de euros, creo que realmente podemos resolverlo muy rápidamente a través de las compras de GNL, a través de algunos productos agrícolas como la soja o en otras áreas”, expresó recientemente el comisario de Comercio, Maros Sefcovic.

La energía es una de las bazas negociadoras de la UE con EEUU, que ha sido uno de los principales beneficiarios de la ruptura de los 27 con Rusia a raíz de la guerra en Ucrania. En 2024 las importaciones de gas natural licuado (GNL) del bloque comunitario a EEUU se duplicaron respecto a 2021. Pero la desconexión total que persigue ahora la UE le da margen para comprometer un aumento de esas compras.

Trump quiere también que sus aliados compren más armamento de la industria estadounidense. Y la presión se la ha trasladado a los miembros de la OTAN con la exigencia de un incremento del gasto militar hasta el 5%, desde el compromiso actual del 2%. El secretario general, Mark Rutte, ha hecho suya la petición al plantear a los 32 países de la alianza una subida de tres puntos hasta 2032.

La mayoría de aliados, entre ellos España, han anunciado incrementos históricos del gasto militar. También la Unión Europea, que inicialmente era un proyecto alejado del concepto de la seguridad y la defensa, ha ideado un ‘plan de rearme’ que ha cifrado en 800.000 millones de euros. Una parte (150.000 millones) se articularán a través de préstamos a los Estados miembros para proyectos de defensa ‘made in Europe’.

“El coste de los componentes originarios de la Unión, de los estados EEE-AELC o de Ucrania no podrá ser inferior al 65% del coste estimado del producto final. Ningún componente procederá de un tercer país que contravenga los intereses de seguridad y defensa de la Unión o de sus Estados miembros”, recogen las normas del mecanismo SAFE.

Y esa cláusula no ha gustado en Washington, a pesar de que el grueso del plan (650.000 millones), que se presupone a través de la flexibilización de la disciplina fiscal cuando se trate de gasto militar, da vía libre a los Estados miembros para reforzar sus capacidades donde quieran. “Consideran que no es la mejor manera de reforzar la relación trasatlántica”, expresan fuentes aliadas sobre los recelos expresados por EEUU. Esas fuentes admiten que el incremento de las importaciones de la industria estadounidense es una de las cuestiones que forma parte de la negociación en el marco de la cumbre de la OTAN. Y los países europeos, entre ellos España, no ponen pegas a incrementar las inversiones en ese país.

La línea roja de las leyes digitales

El gran quebradero de cabeza tiene que ver con las leyes digitales de la UE, que pretenden poner coto a las grandes plataformas y que su actuación online esté acompasada con la realidad offline. Y la gran mayoría de los gigantes tecnológicos (Google, Meta, Microsoft, Apple, X…) están en EEUU. De hecho, muchos de los magnates tecnológicos, entre ellos Mark Zuckerberg o el propio Elon Musk –que llegó a formar parte de la Administración Trump–, no han dudado en susurrar al oído del líder republicano para que ponga las normativas digitales (DSA y DMA, por sus siglas en inglés) en la diana.

Enmendar o dejar de aplicar sus leyes digitales es una línea roja para la UE, que se ha encontrado en las últimas semanas en la compleja situación de imponer las primeras sanciones según esas reglas pioneras bajo la presión de Washington. No obstante, la vicepresidenta primera, Teresa Ribera, que es a quien corresponden esos expedientes, aseguró este lunes que no han recibido la queja airada del Ejecutivo estadounidense. No obstante, la Comisión Europea dio un perfil bajo a la decisión, que se quedó muy por debajo de los límites establecidos para las multas en la regulación.

Conscientes de que el punto fuerte de EEUU respecto a los intercambios comerciales con la UE son precisamente las plataformas, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, apuntó directamente a las ‘Big Tech’ en caso de que no haya un acuerdo que evite los aranceles. “Hay una amplia gama de contramedidas en caso de que las negociaciones no sean satisfactorias. Un ejemplo es que se podría poner un gravamen a los ingresos publicitarios de los servicios digitales”, dijo la alemana en una entrevista con el periódico Financial Times, en la que aseguró que las normas digitales de la UE “son intocables”.

Las conversaciones entre Bruselas y la Casa Blanca se han intensificado en los últimos días. Una delegación de cinco técnicos comunitarios se han desplazado a Washington para dar un impulso a las negociaciones y este miércoles el comisario de Comercio se reunirá con sus homólogos en los márgenes de la OCDE en París. La Comisión Europea ha asegurado este martes que los intercambios han sido “constructivos” en las últimas horas, después de haber elevado el tono cuando Trump sorprendió con un incremento del 25 al 50% de los aranceles al acero y el aluminio.

Ante ese nuevo órdago del presidente estadounidense, la UE respondió con la amenaza de adelantar las contramedidas que permanecen en suspensión para dar una oportunidad a la negociación e incluso acelerar las contramedidas que aún no se han acordado en el seno del bloque comunitario. Y para eso en Bruselas sostienen que esta semana, cuando se cumplen dos meses desde que comenzaron las conversaciones, es clave.

Fuente: https://www.eldiario.es/internacional/armas-energia-plataformas-digitales-esconde-negociacion-aranceles-trump-ue_1_12353285.html

Un brillante manual de economía de izquierdas

5 Junio 2025 at 06:00
Por: Caty R

Así ha sido siempre. Cada vez que nos hemos acercado al precipicio, el todopoderoso gobierno se ha abalanzado para salvar la situación. El nombre del juego es «capitalismo gestionado» y ha sido un negocio en marcha durante más de 200 años. Este es el tema del nuevo libro de John Cassidy, una visión maravillosamente lúcida de los críticos del capitalismo, escrita en una prosa expositiva a la vieja usanza, aunque a veces un poco pesada comparado algunos que forman parte de sus temas, estimulantes estilistas como Marx y Carlyle.

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El Sur Global está al borde de una crisis de la deuda desastrosa

4 Junio 2025 at 06:25
Por: Caty R

Del 30 de junio al 3 de julio de este año se celebrará en Sevilla la IV Conferencia Internacional sobre Financiación al Desarrollo, convocada por Naciones Unidas. La Conferencia tiene lugar en un momento trágico de policrisis en el que se suman el aumento espectacular de la deuda pública, en especial del Sur Global, tras la epidemia de COVID, la reducción de la ayuda oficial al desarrollo (AOD), comenzando por el desmantelamiento de USAID por Elon Musk, la guerra arancelaria global desencadenada por la segunda administración Trump y los retrocesos en la descarbonización y la lucha contra el cambio climático, con la denuncia por parte de EEUU, Argentina y otros países de los Acuerdos de París. El secretario general de NNUU ha denunciado repetidamente este salto atrás reaccionario que dificulta aún más si cabe, el cumplimiento de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El fin de la globalización neoliberal puede acabar para muchos países en una caida en el abismo del subdesarrollo y el aumento de la pobreza y la reducción de la esperanza de vida. Prestar atención a esta situación y su extrema gravedad será fundamental en las proximas semanas para articular un movimiento internacional contra las políticas de austeridad para pagar la deuda, el rearme y el imperialismo multipolar. Así lo intentaremos desde Sin Permiso.

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Los países de todo el Sur Global están experimentando crisis climáticas, de pobreza y de desarrollo, todas empeoradas por los insoportables costes del servicio de la deuda. De hecho, según Development Finance International, «los ciudadanos del Sur Global ahora se enfrentan a la peor crisis de deuda desde que comenzaron los registros globales». Los países de bajos ingresos, que han visto aumentar en un 150 por ciento la cantidad pagada por el pago de la deuda externa desde 2011, se están viendo especialmente afectados.

C. J. Polychroniou entrevista paraTruthout a Ilene Grabel, una prestigiosa economista en finanzas globales y gobernanza financiera global, que arroja luz sobre las raíces de la crisis de la deuda del Sur Global y ofrece estrategias específicas para aliviar la carga de la deuda de los países en desarrollo. Grabel argumenta que los obstáculos para el alivio de la deuda son puramente políticos e ideológicos, ya que la arquitectura financiera global está «moralmente en bancarrota» y fue diseñada para servir a los intereses de los ricos a expensas de los pobres. Grabel es Profesora Universitaria Distinguida de la Universidad de Denver y Profesora de Finanzas Internacionales en la Escuela Josef Korbel de Estudios Internacionales de la Universidad de Denver. Ha realizado investigaciones para varias agencias de las Naciones Unidas y ONGs, y es autora del libro galardonado con múltiples premios, When Things Don’t Fall Apart: Global Financial Governance and Developmental Finance in an Age of Productive Incoherence (MIT Press).

-C. J. Polychroniou: La crisis de la deuda en el Sur Global no es un fenómeno nuevo, pero se ha exacerbado desde el brote de la pandemia de COVID-19 hasta el punto de que muchos expertos la consideran la peor crisis de deuda de la historia. Ahora, has estudiado ampliamente la crisis de la deuda del Sur Global, así que ¿cuál es tu opinión sobre este tema crítico? ¿Por qué tantos países en desarrollo se enfrentan a crecientes cargas de deuda en esta década? ¿Y por qué el Sur Global está pagando mucho más de lo que recibe para servir su deuda?

Ilene Grabel: Esta surgiendo en el Sur Global una crisis de deuda de proporciones épicas. Algunos se han referido a esto como una «crisis de deuda en silencio». Pero el alboroto es alto y claro. Estamos en la cúspide de una nueva «década perdida» con grandes excesos de deuda, angustias de deuda generalizada, demandas de austeridad por parte de los prestamistas y graves desaceleraciones económicas, que solo son algunos de los legados de esta crisis. El término «década perdida» se utilizó para describir la crisis de la década de 1980, la última vez que el Sur Global enfrentó una crisis de deuda.

El stock total de deuda externa de los países de bajos y medianos ingresos (LMIC) alcanzó un máximo histórico de 8,8 billones de dólares en 2023. (Excepto cuando se indique, datos extraídos del Banco Mundial). En 2023, los LMIC (excluyendo China) pagaron un récord de 971 mil millones de dólares para el servicio de la deuda (es decir, el capital y los intereses). Es el nivel más alto desde 1973. Fue más del doble de la cantidad que hace una década. Los pagos de intereses de los LMIC aumentaron en un tercio a 406 mil millones de dólares en 2023. Para los países más pobres, los pagos de intereses se han cuadruplicado desde 2013 y alcanzaron un máximo de 34.600 millones de dólares en 2023. La ONU informa que en los últimos tres años, más de una docena de gobiernos han incumplido su deuda y más de 30 de los países más pobres del mundo han experimentado «dificultades con su deuda». Esto es mayor que el número de incumplimientos en las dos décadas anteriores.

Los efectos combinados de las altas tasas de interés en el Norte Global (a pesar de las recientes reducciones de tasas) y un dólar fortalecido han aumentado el coste de dar servicio a las deudas. El cincuenta y siete por ciento de todas las deudas externas a largo plazo mantenidas por los LMIC (excluyendo China) y el 40 por ciento de la deuda mantenida por los países más pobres tienen tasas de interés variables vinculadas a las tasas del Norte Global. Y más del 80 por ciento de la deuda pública y garantizada en los LMIC solo se puede pagar en dólares, lo que significa que la apreciación del dólar aumenta los costes del servicio de la deuda. El fortalecimiento del dólar desde las elecciones estadounidenses ha empeorado las cosas.

Los acreedores privados extranjeros dejaron en gran medida de conceder préstamos a los países del Sur Global a partir de 2022 a medida que la angustia de la deuda se aceleró y las tasas de interés en el Norte Global aumentaron en 2022 y 2023. De hecho, desde 2022, los acreedores privados extranjeros han recibido casi 141 mil millones de dólares más en pagos de servicio de deuda de los gobiernos de lo que han desembolsado en nuevos préstamos. Fue la primera vez desde 2015 que los prestamistas privados retiraron más fondos del Sur Global de los que desembolsaron.

-Muchos analistas, incluida usted, creen que la actual crisis de la deuda no solo es más grave que la crisis de la deuda de la década de 1980, sino que sus consecuencias también serán mucho más traumáticas. ¿Por qué? ¿Y por qué, como usted ha argumentado, las cargas de la crisis de deuda actual en el Sur Global son soportadas desproporcionadamente por las mujeres?

La década perdida de la década de 1980 sirve como una poderosa advertencia de lo que está por venir. Ese período fue testigo del colapso económico bajo los programas de austeridad radicales, de un sufrimiento humano incalculable y de reveses para el desarrollo humano (incluida la igualdad de las mujeres), agravando las pérdidas sociales y económicas intergeneracionales; y la degradación ambiental a medida que los recursos naturales se sacrificaban por las cargas del servicio de la deuda. Las miserias de ese período amplificaron los déficits ya existentes en la economía del cuidado, aumentando las cargas y amenazando las posibilidades de vida de las mujeres y las niñas de todo el mundo.

No hay duda de que estamos al comienzo de una crisis de deuda que seguramente empeorará drásticamente en los próximos años. Las obligaciones de servicio de deuda con los acreedores multilaterales, bilaterales y privados reducen directamente los fondos disponibles para unos amortiguadores de choque ya insuficientes, las protecciones sociales (incluidas las que apoyan la participación en la fuerza laboral de las mujeres y el trabajo solidario), la inversión pública y las inversiones en infraestructuras físicas y sociales que apoyan el crecimiento y la igualdad de género. Además, al igual que en las crisis financieras y de deuda anteriores, el apoyo de las instituciones de Bretton Woods (BWI) está condicionado a programas de austeridad que implican, entre otras cosas, la consolidación fiscal, reducciones del gasto público, aumento del consumo y los impuestos al valor añadido, las tarifas a los usuarios (que pueden restringir el acceso educativo para las niñas) y medidas que contraen el empleo del sector público.

Las restricciones del margen fiscal ya se están sintiendo de nuevo en todo el Sur Global. Las restricciones más profundas seguramente están por delante. De hecho, hay amplia evidencia de que la agenda de austeridad ha llegado, y parece probable que sea más grave que la asociada con la crisis de la década de 1980. Las restricciones sobre el espacio fiscal y las crisis económicas siempre son soportadas desproporcionadamente por las mujeres, según décadas de investigación de economistas feministas.

La actual crisis de la deuda es y promete ser mucho peor y más difícil de abordar que la crisis de la deuda de la década de 1980. La principal de las razones es que el escenario actual crediticio tiene muchos más actores bilaterales, multilaterales y privados. Esto incluye el elenco tradicional de actores, pero también y lo más importante de China, India y los petro-estados. Este panorama abarrotado de acreedores dificulta la coordinación, la superación de estancamientos y llevar a los actores relevantes a la mesa de negociación, especialmente en un mundo en el que las instituciones multilaterales y la democracia están amenazadas. La deuda actual y la arquitectura financiera más amplia no solo están abarrotadas, sino que también son más tóxicas. La mayor toxicidad proviene de la financiarización y el poder de la comunidad financiera, incluidas las agencias de calificación crediticia y los fondos buitre. Las deficientes Instituciones de Bretton Woods (BWI) están en la cúspide de una arquitectura financiera global fallida. Además, el tejido debilitado del multilateralismo, junto con la arquitectura densamente poblada de la deuda, hace que abordar la crisis de la deuda sea simultáneamente más urgente y complejo que en la década de 1980.

Como si la crisis de la deuda no fuera suficiente, se está desarrollando en un mundo en crisis. Estos incluyen alimentos, refugiados y crisis climáticas; guerras y otros desastres humanitarios; y una reacción violenta contra la democracia.

-Muchos ven la arquitectura financiera global como disfuncional. ¿Cuál es su conclusión?

Estoy de acuerdo, y de hecho iría más allá. Comparto la opinión del Secretario General de la ONU, António Guterres, quien acusó con razón del sistema financiero mundial, calificándolo de «moralmente en bancarrota», ya que es un «sistema creado por países ricos para beneficiar a los países ricos» y «para castigar a los pobres«.

La arquitectura financiera global es antidesarrollo, propensa a la crisis y no es apta para abordar los desafíos de desarrollo y el clima de nuestro tiempo. Refleja el poder y las realidades económicas de un entorno posterior a la Segunda Guerra Mundial. La arquitectura financiera se caracteriza por asimetrías que incluyen el privilegio exorbitante del que disfrutan los Estados Unidos y otras economías del norte. Este privilegio les permite pedir prestado y prestar en sus propias monedas, al tiempo que les da la capacidad de pedir prestado en los mercados globales a tasas mucho más bajas que los países del Sur Global. También les permite seguir políticas monetarias sin tener en cuenta los efectos de desbordamiento global. Y les permite ejercer una influencia indebida y poder de veto en las BWI, instituciones que operan bajo reglas y normas obsoletas, rígidas y excluyentes. La práctica del Fondo Monetario Internacional (FMI) exhibe graves disfunciones e inequidades. Por ejemplo, las tasas de interés de los préstamos del FMI han sido durante mucho tiempo más altas de lo que deberían ser en vista de las capacidades de sus clientes. Los altos recargos en los préstamos del FMI a prestatarios de ingresos medios perjudican a los prestatarios en un momento en que las necesidades son mayores.

-La reforma de la deuda global del Sur es un tema candente y controvertido. ¿Qué estrategias recomienda para aliviar la carga de la deuda externa y apoyar el desarrollo sostenible? ¿Existe un imperativo económico y moral para la cancelación de la deuda externa de los países pobres muy endeudados y de aquellos en la primera línea del cambio climático?

Es esencial que se tomen medidas audaces y completas, y rápidamente. En un documento encargado por ONU Mujeres y la Organización Internacional del Trabajo, considero estrategias para mejorar las cargas de la deuda externa. Me baso en enfoques avanzados por académicos, grupos de expertos, responsables políticos y defensores de la sociedad civil. En lo que sigue, describo algunos enfoques clave.

Una vía implica nuevos enfoques para los Análisis de Sostenibilidad de la Deuda (DSA) del FMI. Los DSA se producen anualmente como parte del seguimiento rutinario del FMI. Más importante aún, también se producen cuando un país solicita asistencia, durante la vigilancia de un programa existente del FMI y durante las negociaciones de reestructuración de la deuda. Los DSA deben incorporar evaluaciones de marcadores sociales (como los derechos humanos) y compromisos climáticos; introducir una «claúsula de exclusión» para los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que exima incluir los objetivos relacionados con los ODS en el cálculo de la deuda/PIB de un país; y sustituir los DSA por una «Evaluación de Finanzas para el Desarrollo Sostenible».

Otra estrategia implica el desarrollo de un Mecanismo de Reestructuración de la Deuda Soberana (SDRM). Existe una necesidad apremiante de un marco legal internacional para un SDRM que sea completo, coherente, vinculante, oportuno y transparente, y disponible para los LMIC. Un SDRM debe incentivar u obligar a todos los acreedores a sentarse a la mesa de negociación juntos de buena fe. La participación de los prestamistas privados en las negociaciones de reestructuración podría ser forzada o incentivada a través de intercambios de deuda para vencimientos más largos o tasas de interés más bajas.

Además de un SDRM, el alivio integral de la deuda sobre la deuda bilateral, multilateral y privada es inequívoco. Debe implicar recortes de los acreedores y cancelaciones de deudas en alguna parte de la deuda pendiente, particularmente en los países más pobres y en los más inmediatamente vulnerables al cambio climático. Sin alivio de la deuda, condenamos a los países a la austeridad y restringimos su autonomía política. La primera ministra de Barbados, Mia Mottley, pidió recientemente la cancelación de las deudas de los países en primera línea del cambio climático. Existen precedentes importantes para el alivio de la deuda, como la Iniciativa de Países Pobres Muy Endeudados de 1996 de las BWI.

En el mundo conflictivo y multipolar de hoy en día y la complicada arquitectura de la deuda, la acción colectiva de los deudores puede marcar la diferencia cuando se trata de la cancelación de la deuda. En este contexto, la formación de un «cártel de deudores» es necesario. En este escenario, un grupo de países acuerdan colectivamente dejar de atender la deuda a acreedores públicos y privados hasta que acuerden un conjunto de términos que permitan el gasto interno esencial. La acción coordinada de los acreedores no tiene precedentes. Después de todo, eso es lo que implican los clubes de acreedores de París y Londres.

En ciertos contextos, las moratorias de la deuda pueden ser un respiro útil. En tales casos, los costes de la moratoria deben ser claros para el prestatario por adelantado y preferiblemente asumidos por el acreedor. Las agencias de calificación crediticia deben ser incorporadas al inicio de las discusiones de la moratoria. El Banco Mundial incluye una «cláusula de pausa de la deuda» en acuerdos de préstamo nuevos y existentes con 45 pequeños estados insulares y estados que experimentan «circunstancias excepcionales». Esta disposición debe extenderse a todos los países prestatarios y representa un modelo sobre el que otros prestamistas deberían construir. También es importante la introducción de «clasulas de suspensión plurianuales» para choques externos, incluidas las catástrofes climáticas y las pandemias. Barbados ha introducido tales cláusulas en sus préstamos. Estos podrían incluirse en acuerdos con todos los prestamistas. Se debe procluir que las agencias de calificación crediticia debajar la deuda cuando se activen dichas cláusulas.

Varias de las estrategias de mitigación de la deuda que he discutido dependen de reformas institucionales y de gobernanza en las BWI que amplían la voz y el voto del Sur Global. La reestructuración de la deuda por parte de las BWI es una herramienta importante que debe utilizarse, especialmente en crisis. Esto podría implicar extender las estructuras de vencimiento, incluidos períodos de gracia significativos en los acuerdos de préstamo que podrían activarse durante las crisis, y reducir los costes de préstamo (por ejemplo, a pesar de los límites de las tasas de préstamo). Los recargos por préstamos del FMI deberían eliminarse de forma permanente, mucho más allá de las medidas modestas e inadecuadas adoptadas en los recargos en noviembre de 2024.

Muchos han abogado por una nueva emisión anual a gran escala de derechos especiales de giro (SDR). Los DDR son un activo de reserva internacional que el FMI crea electrónicamente, mediante fiat y sin coste para la institución. Esta es la forma potencialmente más impactante y prácticamente gratuita de proporcionar el apoyo de liquidez necesario para hacer frenda a la crisis de la deuda, evitar recortes en el gasto social tan necesario, poner a disposición el apoyo para la financiación relacionada con los ODS y especialmente el clima, y aumentar la inclusión mundial. También se debe alentar a los países del Norte Global a prestar o, preferiblemente, a donar DSR no utilizados a los países que puedan utilizarlos para promover el desarrollo económico y humano y la sostenibilidad.

-El momento actual no parece propicio cuando se trata de progresar en los frentes que identifica, ¿qué espera?

Estamos al borde de la situación en muchos aspectos. Durante la crisis de la deuda de la década de 1980, el expresidente de Tanzania, Julius Nyerere, dijo: «Los niños del mundo no tienen que morir de hambre para pagar las deudas de los que vinieron antes». Era verdad entonces. Ahora también es verdad.

La tarea que se avecina implica crear, explotar y ampliar las aperturas para la implementación de las estrategias que he discutido. Esto requiere un compromiso sostenido, cabildeo, la construcción de coaliciones y una comprensión firme de los hechos frente a las cegueras ideológicas. Los principales obstáculos no son la ausencia de estrategias económicas viables. Los obstáculos son políticos e ideológicos. Espero que en los próximos años la cooperación multilateral que es tan escasa hoy en día pueda revitalizarse, hacerse más inclusiva y de apoyo a los objetivos sociales y ambientales, y hacerse más permisiva ante las opciones de políticas nacionales y las innovaciones al servicio de mejorar las vidas y la salud de nuestro planeta. Mientras tanto, hay mucho trabajo por hacer, y rápidamente.

En estos tiempos extremadamente difíciles, podemos y debemos abrazar lo que Albert Hirschman llamó «posibilismo». El posibilismo implica una apreciación obstinada de los profundos desafíos a los que nos enfrentamos, sin dejarnos abrumar por el «futilismo». Tenemos que buscar y explotar todas las oportunidades para el cambio y la construcción de coaliciones, incluso si, como parece probable en los próximos cuatro años, estas aperturas serán pequeñas. Hay demasiado en juego y no hay tiempo que perder para evitar que el mundo permanezca atrapado en las orillas de lo que no se puede hacer.

Es imposible no reconocer el surgimiento de los gobiernos antiliberales y el vaciamiento del multilateralismo. En este panorama sombrío, podría ser más realista pensar en estrategias a medio plazo en lugar de a corto plazo. En el mejor de los casos, la administración Trump estará tan preocupada por la venganza, el caos y su beneficio personal. Los actores comprometidos con la decencia y el progreso en las crisis de la deuda y el clima -que constituyen ellos tambien una coalición de voluntarios-, no se verán agobiados por el compromiso tradicional de mantener un multilateralismo retroactivo liderado por los Estados Unidos. Es cierto que ese multilateralismo fue mucho menos tóxico que lo que está por venir. Pero incluso las administraciones anteriores de los Estados Unidos fueron obstáculos para el progreso. Y tal vez haya espacio para la acción en el vacío creado en el panorama multilateral que seguramente será ampliado por Trump. Es concebible que los líderes fuera de los Estados Unidos que buscan remodelar el multilateralismo para hacerlo más permisivo, crear nuevos multilateralismos o actuar finalmente en nombre de sus propios intereses al menos compren un respiro a los países endeudados. El tiempo lo dirá.

Ilene Grabel. Profesora universitaria distinguida de la Universidad de Denver y Profesora de Finanzas Internacionales en la Escuela Josef Korbel de Estudios Internacionales de la Universidad de Denver. Ha realizado diversas investigaciones para varias agencias de las Naciones Unidas y ONGs, y es autora del libro galardonado con múltiples premios, When Things Don’t Fall Apart: Global Financial Governance and Developmental Finance in an Age of Productive Incoherence (MIT Press).

C. J. Polychroniou. Politólogo/economista político, autor y periodista. Es columnista de Global Policy Journal y colaborador habitual de Truthout. Ha publicado decenas de libros, incluyendo Marxist Perspectives on Imperialism: A Theoretical Analysis; Perspectives and Issues in International Political Economy (ed.); y Socialism: Crisis and Renewal (ed.), Sus últimos libros son Climate Crisis and the Global Green New Deal: The Political Economy of Saving the Planet (con Noam Chomsky y Robert Pollin como autores principales, 2020); The Precipice: Neoliberalism, the Pandemic, and the Urgent Need for Radical Change (una antología de entrevistas con Noam Chomsky, 2021); Economics and the Left: Interviews with Progressive Economists (2021); Illegitimate Authority: Facing the Challenges of Our Time (una antología de entrevistas con Noam Chomsky, 2023); y A Livable Future Is Possible: Facing the Threats to Our Survival (una antología de entrevistas con Noam Chomsky, 2024).

Texto original: https://truthout.org/articles/the-global-south-is-on-the-brink-of-a-disastrous-debt-crisis-reform-is-urgent/

Traducción: G. Buster

Fuente: https://sinpermiso.info/textos/el-sur-global-esta-al-borde-de-una-crisis-de-la-deuda-desastrosa-hay-que-reformar-ya-el-sistema

«La austeridad sirve para disciplinar a la clase trabajadora»

3 Junio 2025 at 06:30
Por: Caty R

Con la publicación de El orden del capital, traducido por Isadora Carolina Prieto y Anna Hernández y editado por Capitán Swing, Clara E. Mattei (Italia, 1988) pone en nuestras manos una de las intervenciones más incisivas sobre la historia y el presente de la austeridad. Profesora de economía y directora del Centro de Economía Heterodoxa (CHE, por sus siglas en inglés) en la Universidad de Tulsa (Oklahoma), Mattei explica en esta entrevista que la austeridad no es un instrumento técnico destinado a sanear las finanzas públicas. Por el contrario, se trata de una herramienta política de dominación del capital frente al trabajo, destinada a reforzar el poder del primero, reprimir la disidencia del segundo y clausurar toda posibilidad de un futuro alternativo al establecido como inevitable. A través del análisis histórico del periodo de entreguerras y su eco en el presente –desde las guerras arancelarias de Trump hasta las luchas por la autogestión y la democracia económica–, esta profesora desmantela el mito de la neutralidad de los “expertos” económicos y reivindica el conocimiento popular y la organización colectiva como claves para imaginar otro orden y construirlo.

Quisiera empezar por su proceso de investigación para el libro. ¿Hubo momentos o etapas, en cuanto a los archivos o marcos teóricos, que fueron especialmente importantes para el desarrollo de su trabajo?

A veces se subestima lo mucho que las fuentes primarias nos hablan todavía a día de hoy. A menudo expresan ideas muy actuales, pero de forma más directa. En el trabajo de archivo se encuentra de todo, pero cuando das con documentos que expresan claramente la lógica de la austeridad –como el “trabaja duro, vive con esfuerzo, ahorra”–, por ejemplo, en las conferencias de Bruselas o cuando lees cartas como la de Montagu Norman, gobernador del Banco de Inglaterra, apoyando abiertamente a Mussolini –donde dice que fue “el hombre adecuado en un momento crítico”–, esos momentos son reveladores. Confirman que lo que estás reconstruyendo encuentra un fuerte respaldo en las visiones de quienes hicieron la historia en aquel momento.

¿Por qué eligió centrarse en Gran Bretaña e Italia en el período de entreguerras? ¿Qué había de particularmente destacable en ese momento para su enfoque?

Lo hice principalmente porque conozco los idiomas, lo cual es esencial para trabajar con fuentes primarias. Pero también porque Italia y Gran Bretaña ofrecen un contraste muy revelador, que se supone potencialmente opuesto, tanto ideológica como institucionalmente. Por un lado, la cuna del liberalismo parlamentario y el imperialismo; por el otro, un país más atrasado que también es el lugar de nacimiento del fascismo. Y sin embargo, lo interesante es cómo ambos gestionaron de forma similar el capitalismo tras la Primera Guerra Mundial, especialmente frente al empoderamiento de la clase trabajadora, que puso en cuestión dos pilares fundamentales del orden, como son el trabajo asalariado y la propiedad privada de los medios de producción. En ambos casos recurrieron a tecnócratas para justificar políticas de austeridad, idénticas a las que hoy se utilizan para extraer de la gente sus recursos y socavar su poder, con el objetivo de mantener la economía como un ente aparentemente eterno e invencible. Pero esta “invencibilidad” es en realidad el resultado de una intervención estatal activa, no de un libre mercado. El laissez faire es una construcción ideológica: es el Estado interviniendo para beneficiar a las élites económicas. Y eso sigue ocurriendo hoy.

¿Qué paralelismos ve entre los regímenes de austeridad que estudia y los impulsos de austeridad posteriores a 2008 o al covid, u otras políticas recientes?

Creo que hay una clara continuidad tanto en cómo se justifican como en cómo se aplican estas políticas. Su propósito sigue siendo debilitar a la clase trabajadora. Lo que llamo en el libro la “trinidad de la austeridad” –disciplina fiscal, monetaria y laboral que se traduce en recortes del gasto social, privatizaciones y reformas laborales regresivas– es un patrón recurrente en la historia del capitalismo. En el trabajo que estoy desarrollando ahora, trato de mostrar cómo incluso en los llamados “años dorados” esta lógica estuvo presente, de igual modo que lo ha seguido estando desde la década de los setenta hasta la actualidad.

A mi modo de ver, la austeridad está en el ADN del capitalismo. No puede haber capitalismo sin austeridad. No es solo una reacción temporal ante crisis o desafíos revolucionarios en los que la gente puede llegar a cuestionar la economía, sino una necesidad estructural: el sistema, al basarse en la subordinación de la mayoría, es frágil y necesita de una protección constante. Se crean así las condiciones políticas de manera continua para la reproducción del orden del capital. Europa ha sido un laboratorio de esta lógica de austeridad industrial, con privatizaciones, desregulación y precarización laboral. En EEUU, esto se refleja en los contratos por horas no garantizadas y salarios bajos, que trasladan el riesgo económico directamente al trabajador.

 La militarización no rompe con la lógica de la austeridad; al contrario, la refuerza

Por otro lado, algunos han querido ver en el auge del militarismo en la Europa actual una forma de intervencionismo keynesiano posneoliberal, pero eso es un reductivismo engañoso. La militarización no rompe con la lógica de la austeridad; al contrario, la refuerza. Se recortan gastos sociales con el pretexto de rearmarse, lo que canaliza recursos públicos hacia corporaciones privadas. Esto no empodera a los trabajadores, porque el gasto social podría fortalecerles y poner al sistema en problemas. Por el contrario, redirigir los recursos hacia unos pocos da sustento a un sistema de lucro privado, incluso a lomos de guerras sin fin como la de Ucrania o la destrucción genocida de Palestina. Todo para incrementar el valor de las acciones de las corporaciones, no solo de armamento, sino también tecnológicas como Google o Microsoft, que hacen millones gracias a ello, por ejemplo, a través de contratos con el ejército israelí.

En definitiva, la lógica del lucro está en contradicción directa con las necesidades humanas. La economía actual no está hecha para servir a las personas, sino para extraer, explotar y destruir a expensas del clima, generaciones futuras y gente inocente, y es importante decirlo con claridad.

 La austeridad no tiene nada que ver con combatir la inflación

¿Qué tipos de resistencia a la austeridad surgieron en el período que estudió, y cómo fueron reprimidos o cooptados? ¿Cómo resuena eso en la actualidad, también a la hora de pensar la austeridad como una herramienta para clausurar la aparición de futuros alternativos?

El período de 1919-1920 muestra cuán exitoso e inteligente fue el proyecto de la austeridad. No en términos de equilibrar presupuestos, porque nunca lo hace –de hecho, es muy costoso–, sino en lo que se refiere a su capacidad para reprimir las expectativas de cambio y aumentar la explotación del trabajo. La austeridad no tiene nada que ver con combatir la inflación, como se vende, sino con disciplinar a la clase trabajadora.

Una de las claves para eso fue lo que, en términos gramscianos, denominaríamos la construcción del consenso social. Para frenar los impulsos transformadores del proletariado, como los consejos obreros donde los trabajadores tomaban decisiones económicas y participaban en la construcción de nuevas instituciones, los “expertos” impusieron la idea de que solo ellos entendían la economía. Así, deslegitimaron el conocimiento popular y comunitario, y comenzaron a difundir el mito de que no hay clases sociales, sino solo individuos, y que el experto habla en nombre del bien común de todos, de toda la nación.

Esta retórica técnica y “apolítica”, que reestablecía el equilibrio económico, fue fundamental para neutralizar toda alternativa. Con ello, se redujo el campo de análisis en favor de una supuesta objetividad, se naturalizaron instituciones como la propiedad privada y el trabajo asalariado –sin cuestionar sus fundamentos históricos–, y luego se universalizó este orden como si fuera inevitable. Así surge la idea thatcheriana de “no hay alternativa” [TINA, por sus siglas en inglés].

Las universidades hoy están organizadas precisamente para evitar que el conocimiento sea empoderador 

Entender cómo los “expertos” sirven de coacción social por medio de la trinidad de la austeridad y cómo se construye esta autoridad “experta” es un acto de empoderamiento. Nos permite deconstruir la falsa objetividad del discurso económico dominante y reabrir la posibilidad de pensar alternativas a este. Es importante señalar que las universidades hoy están organizadas precisamente para evitar que el conocimiento sea empoderador para los estudiantes, razón por la cual muchos de ellos en la actualidad se rebelan contra cómo se les educa.

En última instancia, la clave está en recuperar el conocimiento colectivo como herramienta de transformación, y entender cómo este se ha intentado suprimir históricamente aplicando la austeridad también a la producción de conocimiento.

¿Qué le llevó precisamente a interpretar la austeridad como un arma política y no como una solución técnica o científica? ¿Y cómo le sirvió para desarrollar la noción de “orden del capital”, como la forma esencial de las relaciones sociales bajo el capitalismo?

Al estudiar la historia, muchas intuiciones teóricas, como las del marxismo, se vuelven evidentes. Por ejemplo, que el capital no es una cosa, sino una relación social, es algo que los economistas nunca tienen en cuenta. La economía dominante –incluso en versiones progresistas como la de Piketty– sigue tratando al capital como algo técnico, como dinero o insumos para la producción, lo cual define al capital en términos que lo fetichiza y lo universaliza. Sin embargo, el sistema económico se basa en las personas. El primero en darse cuenta de esto fue Marx, que dijo que la economía se fundamentaba en las relaciones sociales entre personas, lo cual la convierte en una disciplina política por definición, porque remite al poder y las relaciones de poder, a quién toma las decisiones y quién se beneficia de la producción.

Desde esa mirada, empezamos a pensar de una forma más emancipatoria: si este es un sistema político, ¿qué le da continuidad y qué mecanismos se activan para ello? Entonces, la austeridad se presenta como una herramienta clave para sostener ese orden del capital. No es la única, pero sí una forma muy clara de gestión social: sirve para contener y moldear a la sociedad según los intereses del capital. Y si esto es así, también podríamos organizarnos socialmente de otra forma. 

Lo interesante es que en momentos históricos como este, incluso figuras como Trump, aunque desde una agenda opuesta, han dejado en evidencia que la economía es profundamente política. Con sus aranceles, por ejemplo, ha roto con la narrativa de que la globalización es un proceso natural e inevitable para los seres humanos. Por supuesto, no lo hace para liberar a los trabajadores, a los que les está aplicando severas políticas de austeridad –por ejemplo, cortando dos billones de dólares en gasto social y reduciendo más de cuatro billones en impuestos a las empresas y los ricos, como parte de una guerra contra los pobres. Pero Trump está mostrando, por un lado, que no hay economía separada de las decisiones políticas y, por otro, paradójicamente, que el sistema es potencialmente modificable.

Esto es interesante porque, al final, si tomamos en serio la dimensión social, histórica y política de la economía, deberíamos abrir más espacio a experiencias presentes que cuestionan los pilares fundamentales del capitalismo que ya mencioné: el trabajo asalariado y la propiedad privada de los medios de producción.

Ya que menciona esto, quería preguntarle sobre el vínculo entre la austeridad, como instrumento histórico para disciplinar a la clase, y las guerras arancelarias actuales, que Trump y otros se esfuerzan en presentar como políticas en favor del empleo nacional, aunque el costo real recaiga precisamente en la clase trabajadora. ¿Cree que los aranceles funcionan también como una herramienta para gestionar el descontento complementaria a la austeridad?

Es una buena forma de plantearlo. Esta guerra arancelaria funciona como una herramienta para gestionar el descontento social, aunque la efectividad de sus resultados sea incierta. La idea de que los trabajadores estadounidenses se beneficiarán de estas guerras comerciales es pura fantasía: las corporaciones solo reubicarán empleos si el entorno para la producción y la generación de beneficios les resulta favorable, y con el nivel de automatización actual, eso es muy improbable.

Lo que sí está claro es que los trabajadores tendrán que hacer frente a precios más altos, ya que las empresas aprovechan cualquier excusa para subirlos y aumentar sus beneficios, incluso si los costos reales no lo justifican. En un país donde el 52% de las familias no pueden cubrir sus necesidades básicas y el 78% vive al día, esto agrava una situación ya crítica. La gente está en estado de pobreza extrema en este país, y los aranceles no van a ayudarles.

Mientras tanto, la austeridad clásica continúa, con recortes brutales a programas sociales como Medicaid, Medicare o la educación pública, que afectan sobre todo a los más vulnerables. Esto ya no convence ni siquiera a la base de Trump, así que los aranceles sirven más como narrativa del “hacer América grande de nuevo” que como solución real. En definitiva, encubren un sistema que sigue extrayendo riqueza de los trabajadores, al tiempo que exponen las contradicciones de un orden global en crisis.

Lo que está claro es que EEUU es un imperio en decadencia. Está perdiendo. China y los BRICS son ya un poder económico muy superior, y EEUU busca reafirmar su poder mediante gestos agresivos, pero poco efectivos. Es una farsa que va a acelerar su aislamiento. Esto, combinado con su apoyo incondicional a Israel, Netanyahu y el genocidio en curso, está deteriorando tanto su poder económico como su legitimidad política en el mundo. 

Escuchar a Trump decir que podría adueñarse de Gaza, después de haber asesinado y desplazado a quienquiera que quede, es un signo inequívoco de que EEUU no puede representar más el centro de cualquier pacto mundial que nos propongamos, que es algo de lo que todos los liberales en este país todavía están convencidos. Algunos incluso dicen eso de que “Trump es malo, pero no tan malo como otras alternativas”, en referencia a Rusia, China o lo que tengan en mente. ¿En serio? Así que es interesante ver cómo incluso esos liberales que están tan convencidos de la superioridad estadounidense no tienen capacidad para defender lo que está sucediendo. Es una gran farsa. Y Europa debería dejar de ser tan servil a EEUU, pero no creo que lo haga.

Quería ahondar en el tema de la guerra arancelaria como síntoma de una crisis más profunda de legitimidad del orden del capital, similar a la que describe tras la Primera Guerra Mundial. Si así fuera, ¿qué tipo de orden cree que podría surgir de este momento?

Evidentemente, no se trata solo de EEUU frente al resto del mundo. Más bien, lo que se está haciendo cada vez más obvio es que hasta la esperanza de conseguir un trabajo alienante y mal pagado en industrias insostenibles como la automotriz ya no es suficiente ni deseable como horizonte de vida. Hay que imaginar algo mejor para las próximas generaciones.

Están sucediendo muchas cosas importantes. Existen muchas iniciativas subterráneas y poco visibilizadas que ofrecen alternativas reales y exigen retomar las raíces de experiencias sobre las que he escrito. Una de ellas es la autogestión obrera, una demanda histórica clave para una verdadera democracia económica, porque permite que las personas participen en las decisiones sobre sus condiciones materiales de vida y fomenta modelos de producción sostenibles y comunitarios que no se basan únicamente en el lucro. Porque una vez que los trabajadores refuerzan los lazos con sus comunidades, priorizan la sostenibilidad ecológica de estas. Hay grandes ejemplos concretos en el mundo, como el del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST) en Brasil, que ha desarrollado exitosamente proyectos agroecológicos autogestionados e inspiran a muchos movimientos a presionar a los gobiernos para recuperar la tierra. 

 @AlejoPedregal

Fuente: https://ctxt.es/es/20250501/Politica/49301/Alejandro-Pedregal-entrevista-Clara-E-Mattei-economista-austeridad-disciplinar-clase-trabajadora.htm

El contrato social en la era del capitalismo financiero

2 Junio 2025 at 06:30
Por: Caty R

En 1762, Jean-Jacques Rousseau publicó “El contrato social”, un tratado que conceptualizaba el pacto implícito entre ciudadanos y Estado como un equilibrio dinámico de derechos y deberes. Este contrato no era estático, sino que evolucionaba con las correlaciones de poder de cada época.

El contrato social surge en Europa y se extiende por buena parte del planeta después de la II Guerra Mundial. Básicamente afirmaba lo siguiente: quien cumple las correlaciones de poder , progresa, logra la estabilidad y la tranquilidad en su vida. “Unos, los más favorecidos, se quedarían con la parte más grande de la tarta, pero a cambio los otros, la mayoría, tendrían trabajo asegurado, cobrarían salarios crecientes, estarían protegidos frente a la adversidad y la debilidad, e irían poco a poco hacia arriba en la escala social”.

Hoy ese pacto ha sido reemplazado por lo que el sociólogo Robert Merton llamó “el efecto Mateo”: «Al que más tiene, más se le dará; al que menos tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará». Esta lógica define el capitalismo financiarizado del siglo XXI, un sistema que ha olvidado las lecciones de las crisis de 1914–1945 (dos guerras mundiales y la Gran Depresión) y que amenaza con replicar su colapso.

El capitalismo no nació financiero. En sus orígenes, se organizó alrededor de fábricas, salarios y mercancías tangibles. Sin embargo, como demostró Giovanni Arrighi en “El largo siglo XX”, el sistema atraviesa ciclos donde el capital productivo —agotado por la caída de rentabilidad— se transforma en capital financiero, marcando el inicio de su decadencia.

La Venecia de los siglos XV–XVI dominó el comercio mediterráneo hasta que, superada por Portugal y España, sus mercaderes se convirtieron en banqueros de las coronas europeas. Esta idea podría replicarse para Holanda (siglo XVII),Reino Unido (siglo XIX–XX) y EE.UU. (siglo XX–XXI) con el mismo ciclo: hegemonía post-1945, industria y dólar como moneda global. Decadencia con la competencia de China, desindustrialización y financiarización desde los años 1980. El capital se concentra en Wall Street (derivados, fondos indexados, deuda pública) donde el sector financiero supera al productivo.

Hoy, el sector financiero estadounidense representa el 20% del PIB, superando a la manufactura (11%). El dinero ya no se hace produciendo bienes, sino mediante derivados, fondos indexados y deuda.

Como explica Sanford M. Jacoby en El trabajo en la era de las finanzas, la financiarización ha redefinido las relaciones laborales. El poder ya no reside en los sindicatos ni en los Estados, sino en gestores de activos como BlackRock, Vanguard y State Street (las Big Three), que controlan:

– U$S 26 billones en activos (equivalente al PIB de EE.UU. y China juntos).

– El 88% de las empresas del S&P 500.

Estos fondos operan bajo una lógica perversa: administran los ahorros de maestros, enfermeras y obreros, pero los invierten en empresas que precarizan el trabajo, debilitan sindicatos y externalizan empleos.

El auge de las empresas de gestión de activos cambia el funcionamiento del capitalismo en general. De hecho, este es quizás el aspecto específico en el que el concepto de «capitalismo de la gestión de activos» es más pertinente.

Los fondos de pensiones —creados para garantizar la seguridad económica en la vejez— se han convertido en instrumentos que socavan a los propios trabajadores:

1. Inversiones antisindicales: apoyan empresas como Amazon o Walmart, conocidas por su hostilidad hacia la organización laboral.

2. Privatizaciones de servicios públicos: utilizan el ahorro colectivo para financiar la mercantilización de agua, transporte o educación.

3. Cortoplacismo financiero: exigen maximizar ganancias trimestrales, aunque eso implique recortar salarios o deslocalizar plantas.

El resultado es un círculo vicioso, los trabajadores ahorran para su jubilación, pero sus ahorros financian prácticas que erosionan sus derechos y, por tanto, su capacidad futura de ahorro. Inversión en empresas que socavan los derechos laborales, en empresas conocidas por sus prácticas antisindicales agresivas, la explotación del trabajo precario o la subcontratación de empleos a regiones con salarios más bajos.

Los fondos de pensiones invierten en privatizaciones como sistemas de agua, infraestructura de transporte o incluso educación pública. Cuando sus fondos de jubilación se utilizan para privatizar estos servicios, pueden provocar la pérdida de empleos, una menor calidad del servicio, un aumento de los costes para los ciudadanos.

Esta dinámica no es sostenible. Como advirtió Arrighi, la financiarización es síntoma de decadencia, no de vitalidad. Los ejemplos históricos —desde Venecia hasta el Imperio estadounidense— muestran que cuando el capital abandona la producción real, el sistema se vuelve frágil.

El contrato social no intuía estos cambios, se basaba en una premisa simple: el crecimiento económico debía beneficiar a todos. Sin embargo, desde los años 1980, la financiarización ha concentrado la riqueza de modo sin precedentes:

– El 1% más rico posee 45% de la riqueza global (Credit Suisse, 2023).

– Los salarios reales en Occidente se han estancado desde 1980, mientras los beneficios corporativos baten récords.

En conclusión, la situación en la que el «capital de los trabajadores» financia actividades que perjudican activamente los intereses de los trabajadores constituye una profunda contradicción en las finanzas modernas. Pone de relieve la tensión entre un enfoque limitado en la rentabilidad financiera y las responsabilidades sociales y éticas más amplias inherentes a la gestión del patrimonio colectivo. Abordar esta cuestión requiere un esfuerzo concertado para redefinir el deber fiduciario, mejorar la transparencia y empoderar la voz de los trabajadores en el ecosistema de inversión.

La pregunta final es ¿debemos seguir permitiendo que el ahorro obrero financie su propia precarización o reconstruir un pacto donde el capital sirva al trabajo, y no al revés?

Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2025/06/01/el-contrato-social-en-la-era-del-capitalismo-financiero/

Lo viejo funciona: el marxismo y la crisis

31 Mayo 2025 at 06:20
Por: Caty R

El artículo que sigue es un fragmento adaptado de Ecomunismo. Defender la vida, destruir el sistema, de Ariel Petruccelli (Ediciones IPS, 2025).

«Hoy en día, el argumento más fuerte contra el capitalismo es la combinación de crisis ecológica y polarización social que está engendrando» —(Perry Anderson, Los fines de la historia, 1992)

Explicaciones de la crisis

La necesaria autolimitación humana, indispensable para afrontar los desafíos ecosociales que enfrentamos, depende de entender las causas del dinamismo ciego que está agotando los recursos, destruyendo los suelos, extinguiendo especies, contaminando el ambiente, cambiando el clima, alienando a las personas. ¿Su motor es sustancialmente una filosofía equivocada, una episteme perniciosa, una cosmovisión inadecuada o una narrativa errada, como creen pensadores decoloniales como Walter Mignolo o escritoras como Naomi Klein? ¿Se trata más bien de la técnica o de la industria en sí mismas, como pensaban Lewis Mumford o Martin Heidegger? ¿Es la consecuencia del patriarcado, obnubilado en el dominio de las mujeres y de la naturaleza, como creen algunas ecofeministas? ¿O es un subproducto de la blanquitud y del colonialismo, como sostienen muchas corrientes antirracistas?

Mi respuesta, clásicamente marxista, es que la fuerza tras este desarrollo desquiciado es el capitalismo[1]. Se pueden ofrecer distintos argumentos en favor de esta tesis y en contra de las restantes (y también cuestionar la hipótesis de una fusión no jerarquizada de todas o varias de ellas). Veamos. Sociedades patriarcales, racistas y coloniales las ha habido de todos los tipos y a lo largo de siglos, si no de milenios. Pero ninguna de ellas desató el tipo y el ritmo de crecimiento económico autosostenido que caracteriza a las sociedades capitalistas.

Ni el racismo, ni el colonialismo, ni el patriarcado parecen explicar el alocado dinamismo, la tendencia a la innovación permanente, que caracteriza a las sociedades contemporáneas y que amenaza, a esta altura, con destruirlas. Podría ser plausible apelar a una ideología en particular, desprendiéndonos de la cual todo marcharía sobre ruedas. Pero además de que este tipo de explicación es clásicamente «idealista», para decirlo un tanto burdamente, la objeción fundamental a la misma es empírica más que teórica: el capitalismo se ha mostrado compatible con las ideologías y las religiones más diversas, y allí donde se implanta encuentra las maneras de que todas las tradiciones culturales, religiosas y doctrinarias se amolden a él.

Michael Mann reconoce que «la revolución capitalista en la agricultura y en la industria de los siglos XVIII y XIX constituyó el impulso más importante de poder colectivo de la historia»[2]. Pero ha defendido la tesis de que la cristiandad fue, de todos los factores que influyeron en el desarrollo del sistema capitalista, el primus inter pares, la más decisiva de todas las variables que jugaron un papel. La obra de Mann es de una solidez, erudición, claridad y sagacidad analíticas verdaderamente excepcionales, y ello justifica que le dedique una atención especial[3]. Sin embargo, su tesis sobre la importancia de la religión en la transición al capitalismo es una de las menos convincentes dentro de un abanico de tesis por lo general muy bien sustentadas.

Las críticas que se le han opuesto son a mi juicio concluyentes. Mann considera que fue la cristiandad como un todo la que jugó un papel esencial en el momento de la transición al capitalismo, y no una corriente o doctrina particular a su interior. El aporte de la religión a este proceso fue la «pacificación normativa»: la misma habría permitido que la competencia entre Estados y empresas relativamente equivalentes generara un «círculo virtuoso», en vez de dar lugar a una catastrófica o paralizante guerra de todos contra todos; un juego de «suma cero».

Empero, como señalara Perry Anderson, la «cristiandad» nunca estuvo confinada a Europa occidental. Bizancio desaparece de la óptica de Mann. Y, sin embargo, «¿dónde están los fructíferos efectos del cristianismo ortodoxo sobre la vida política y económica?»[4]. La «pacificación normativa», por lo demás, forma parte del bagaje de las principales religiones: cualquiera de ellas hubiera podido aportarla. Y su importancia no debe ser exagerada. Chris Wickham escribió al respecto: «Carlomagno protegió a los comerciantes porque ellos le traían bienes de prestigio y, por tanto, estatus, y porque eran potencialmente peligrosos y era necesario vigilarlos, no porque la Iglesia le dijese que debía hacerlo»[5]. Tras citar los logros comerciales de los vikingos y los árabes, Wickham se pregunta: «¿Por qué tendrían que haber tenido mayores dificultades los comerciantes de un Oeste medieval no cristiano, si Europa no se hubiera cristianizado?». Ni el origen, ni el dinamismo intrínsecos de las sociedades capitalistas pueden ser explicados convincentemente por la religiosidad.

La hipótesis de que el sistema tecno-industrial —la mega máquina, para decirlo en los términos de Lewis Mumford— tendría una dinámica propia, virtualmente independiente de la voluntad de los sujetos, es de otro tenor. Tiene a su favor el hecho empírico de que la industria acrecienta sin cesar la productividad del trabajo y el volumen de la economía, y que lo hace sin importar las reticencias de los sujetos: la mega máquina simplemente parece expulsar a los reticentes.

Las experiencias del llamado «socialismo real» parecerían convalidar esta mirada. Después de todo, la antigua URSS (en la que no había propiedad privada de los medios de producción más importantes ni mercado de capitales y, por ello, no podría ser considerada capitalista en ningún sentido significativo) estaba también empeñada en el crecimiento económico y en el aumento de la productividad industrial como sus rivales capitalistas. La pulsión al crecimiento indefinido —como si se tratara de un cáncer— parecería ser consustancial a la técnica industrial en sí misma, con independencia de si la misma opera en un contexto capitalista o colectivista[6].

Sin embargo, y aceptados ambos puntos, hay que decir cuando menos tres cosas. La primera: el dinamismo económico intenso y autosostenido se inicia al menos dos siglos antes de la revolución industrial. Es el capitalismo quien crea a la industria, no la industria la que crea al capitalismo. La segunda: quienes defienden que la mega máquina industrial posee una dinámica propia dejan inexplicada la misma; como por arte de magia, la industria tendería hacia su propio crecimiento. La tercera: la tendencia de la URSS al crecimiento económico se explica perfectamente por el contexto de la competencia geopolítica con Estados Unidos, la gran potencia capitalista. Nada indica que las propias fuerzas internas soviéticas tuvieran ninguna tendencia al crecimiento ilimitado (y a la postre serían derrotadas en esa competición).

La explicación más consistente de la «trampa civilizatoria»

La explicación marxista sigue siendo la más consistente y convincente de todas las disponibles para comprender el históricamente anómalo crecimiento económico compulsivo que caracteriza a la sociedad contemporánea. Dicho apretada y algo esquemáticamente: es la estructura misma de las relaciones capitalistas de producción la que tiende a producir incrementos de la productividad del trabajo de forma autosostenida como consecuencia combinada de sus características. ¿Cuáles son éstas? Las relaciones capitalistas de producción se basan en lo siguiente:

1) producción generalizada de mercancías —de valores de cambio—, antes que valores de uso;

2) propiedad privada de la tierra y de al menos los principales medios de producción;

3) producción orientada a «valorizar el valor», esto es, a generar ganancias a los poseedores de capital: para ser capital, el dinero debe estar en movimiento e intentar aumentar (los tesoros enterrados o el dinero guardado debajo del colchón no son capital)[7];

4) explotación, fundamentalmente, de trabajadores asalariados.

Estas características estructurales dan a la sociedad contemporánea un dinamismo absolutamente peculiar. Solo la carencia de perspectiva histórica y el espíritu ideológicamente «presentista» de nuestra época llevan a pensar que vivimos en una sociedad «normal». Nuestra sociedad es históricamente una rareza. Y todo indica que esta «rareza», que en pocos siglos conquistó al mundo entero y ahora amenaza con destruirlo, posee un dinamismo propio que no es el fruto contingente, aleatorio y desarticulado de azares históricos y sociológicos.

Todo indica que tiene un funcionamiento sistémico. Marx reveló cuál es su motor oculto. No ignoraba que el motor capitalista poseía también muchas condiciones de posibilidad. Pero su dinámica profunda posee una causa básica debida a las relaciones capitalistas de producción, las cuales suponen:

a) la existencia de muchos capitales (no un único agente);

b) la competencia entre esos capitales en la disputa por un mismo mercado;

c) la búsqueda del valor abstracto (materializado en el dinero), más que de los valores concretos de productos particulares;

d) el carácter potencialmente ilimitado de la acumulación abstracta, de la acumulación de dinero y capital (a diferencia de bienes concretos);

e) el carácter fetichista de la mercancía, que hace que tendamos a atribuirle a ellas lo que en verdad son atributos de las relaciones sociales.

El proceso de innovación permanente es el resultado de la estructura competitiva de los mercados capitalistas bajo el supuesto de la acumulación indefinida. En palabras de Renaud García, «se trata de un conjunto de elementos dispuestos en un eje central: aumentar indefinidamente la productividad o morir»[8]. Dada la estructura competitiva del capitalismo, los períodos de estancamiento son relativamente breves, y en general limitados a países concretos antes que a la economía mundial.

Pero esto entraña otras consecuencias. La primera es que, pasado cierto umbral, esas fuerzas comienzan a ser fuerzas destructivas, como estamos viendo. ¿Destructivas de qué? Destructivas de las dos fuentes de toda riqueza: la fuerza de trabajo y la naturaleza: desarrollo de guerras industriales sumamente mortíferas, agotamiento de recursos no renovables, degradación de la fertilidad de los suelos, extinción de especies. La segunda es que muchas de los incrementos de productividad entrañan pérdida de cualificaciones y de autonomía para los trabajadores.

Aquí se mezcla lo analítico con lo valorativo. A veces se dice que no hay aumento de las fuerzas productivas porque el trabajo se ve descualificado. Pero son dos cosas distintas, y por ello ambas pueden ser ciertas. La manufactura implicó un aumento de la productividad (cuánto se podía producir en un tiempo dado), pero convirtió a los virtuosos artesanos de oficio en mutilados operarios parciales. Al capital lo único que le interesa es la productividad; a las personas en general y a los trabajadores en particular también nos interesan legítimamente otras cosas. Nuestro vínculo con la tecnología no puede ser meramente cuantitativo o productivista.

La dificultad para determinar el origen de las fuerzas motoras del mundo contemporáneo se visualiza con claridad en muchos enfoques que se consideran críticos del sistema. Pensemos, por ejemplo, en el concepto de «modo de vida imperial»[9]. Realiza una crítica a un modo de vida insostenible, pero lo atribuye a un vaporoso imperio. La realidad es que se trata del modo de vida creado por el capitalismo, aunque se desarrolla de modo desigual y combinado en distintos puntos del globo. Es un modo de vida capitalista con muy claras modulaciones diferenciales según la clase y las regiones. Puede asociarse a formas de imperialismo —que no es lo mismo que imperio— pero su origen y su dinámica son esencialmente capitalistas, como los propios autores dejan ver en muchos pasajes: en buena medida, describen bien un fenómeno al que le ponen el nombre equivocado.

El carácter increíblemente urbano de las sociedades actuales (de Estados Unidos a Sudáfrica, de Francia a Bolivia, de Australia a China, de India a Marruecos) es consecuencia de la expansión del capital. Lo mismo se puede decir de la omnipresencia del automóvil privado, de las carreteras, de los envases descartables de plástico, de la telefonía móvil. Si es algo, es un modo de vida capitalista desarrollado desigualmente en distintos lugares del mundo. El «modo de vida imperial» de un trabajador de Alemania poco tiene que ver con la forma en que se vivía en el imperio chino, romano o mogol, cualquiera fuera la clase social a la que se perteneciera. Y las formas de vida de las clases «alta» y «media» (incluyendo buena parte de los sectores asalariados del sector «formal») son significativamente parecidas en Europa, Asia o América Latina, con independencia de si se trata de centros imperialistas o países periféricos.

Cualitativamente, las diferencias son mucho mayores, desde luego, tanto entre clases como entre países, en lo que queda del campesinado y en los sectores del proletariado informal. Cuantitativamente, por supuesto, los sectores altos y medios (incluyendo trabajadores con salarios más o menos elevados) pueden superar los dos tercios de la población en algunos países centrales y no llegar al 15 % en algunos periféricos.

En el capitalismo, el desarrollo de las fuerzas productivas es un resultado sistémico movido no por el anhelo de mejorar la vida de las personas, sino por la sed de beneficios dinerarios de los propietarios de los medios de producción. Esa es la razón por la que aunque cada vez se produce más, el malestar, la disconformidad y la alienación no dejan de crecer. No se trata de lo que cada empresa o empresario haga en particular, sino de la propensión inherente a una estructura económica que está movida por la búsqueda de ganancias en un contexto competitivo que, en gran medida, condiciona los comportamientos y «selecciona» a sus agentes.

La dinámica no surge de los individuos, sino de la estructura en la que están inmersos y que presiona y en parte moldea a esos individuos. El más poderoso de los capitalistas no deja de ser una marioneta, aunque no lo sepa. Se trata de una «maquinaria social» relativamente automatizada, creada por los seres humanos pero que ellos no controlan. Los capitalistas poseen más poder que los trabajadores, esto es evidente. Pero no controlan el funcionamiento del sistema del cual se benefician. Ellos están por igual sujetos a las «leyes» de la competencia mercantil[10].

Esto nos remite a otra dimensión de la trampa civilizatoria en la que nos encontramos. Las clases dominantes no solo no están dispuestas a renunciar a sus privilegios (salvo un puñado de ricachones que reconocen que no estaría mal pagar un poco más de impuestos); tampoco son capaces de reconocer que la dinámica del capitalismo no depende de los comportamientos personales de los inversores, sino de una estructura impersonal que «selecciona» los comportamientos apropiados para su funcionamiento. Por eso, los mejor intencionados pueden a lo sumo pergeñar cambios en el «estilo de vida» o imaginar cosas como la «responsabilidad social empresaria».

Lo que no entienden es que, como dijo Marx —aunque él no pintó de rosa a los capitalistas—, el problema no son ellos en tanto que individuos: el problema es la estructura profunda del sistema y el dinamismo que entraña. Así que no se trata de cambiar patrones insensibles por patrones con sensibilidad, ni gobiernos malos por gobiernos menos malos. El asunto es abolir las relaciones capitalistas de producción y destruir el Estado que les sirve.

Que esto parecerá a mucha gente cosa pasada de moda, no hay cómo dudarlo. Pero no deberíamos orientarnos en base a las modas. Sobre todo cuando caemos en la cuenta de que los mega ricos que pagaron una fortuna para hablar con Douglas Rushkoff le hicieron preguntas del siguiente tenor: «¿Cómo conseguiré imponer mi autoridad sobre mi guardia de seguridad después del acontecimiento?». Si estos indigentes intelectuales hubieran leído a clásicos como Catón o Columela ya hubieran tenido respuestas suficientes. Tanto para lo bueno como para lo malo, las mejores respuestas suelen estar en los clásicos.

¿Capitalismo ampliado?

Por supuesto, la relaciones capitalistas de producción no actúan en el vacío: existen en un contexto mucho más amplio que es la biosfera; conviven regularmente con otro tipo de relaciones productivas; requieren la existencia de un Estado capaz de garantizar, como mínimo, los derechos de propiedad, la regulación de los intercambios mercantiles y el mantenimiento del orden social; la masa laboral explotada por los capitalistas debe reproducirse y posee muchas necesidades materiales y espirituales que no son necesariamente satisfechas por medios mercantiles orientados a la valorización del valor.

Toda sociedad capitalista realmente existente es más, mucho más, que relaciones capitalistas. Pero esto ya lo sabía muy bien Karl Marx. Se comprende y sin duda se puede compartir el sentido político del intento de Nancy Fraser por desarrollar una «concepción ampliada» del capitalismo que hurgue tras la «morada oculta» detectada por Marx, en busca de «moradas aún más ocultas»[11]. Sin embargo, ninguna de estas «moradas aún más ocultas» era desconocida por Marx.

Desde luego que en el capitalismo hay machismo, racismo, colonias, policías, militares, actividades de cuidados, formas no mercantiles de producción y muchísimas cosas más. Pero no habría que confundir la descripción de las formas concretas y empíricas que adquiere el capitalismo en la sociedad contemporánea con la comprensión teórica de cómo funciona esa sociedad. El economicismo es la pretensión de explicar todo lo que sucede por alguna causa económica. Marx no era economicista. Sin embargo, su concepción materialista de la historia concedía primacía a las relaciones de producción en los marcos de lo que podemos denominar una teoría pluralista asimétrica[12]. Fraser, por el contrario, se desliza acaso inadvertidamente hacia una forma de pluralismo simétrico en términos causales.

Ahora bien, no habría que confundir jerarquías sociales con jerarquías causales, ni prioridad explicativa con prioridad ética o moral. Es el caso de los enfoques «interseccionales», que tienden a disolver la muy disímil influencia causal en nombre de una igualdad moral. Su atención a las tres dimensiones de la opresión (clase, raza, género) puede terminar ocultando que, en el capitalismo, la dinámica sistémica se funda en la producción de plusvalía, que se halla anclada en la clase. Aunque toda forma de opresión es igualmente condenable en términos morales, no todas tienen el mismo impacto en términos causales para explicar un proceso histórico.

Por otra parte, la tríada clase-raza-género en la que han insistido los enfoques interseccionales no es exhaustiva. Hay opresiones nacionales o étnicas irreductibles a la raza. Hay formas de opresión o discriminación religiosa. Puede haber formas de desigualdad entre capital y provincia (quienquiera que viva en provincias sabrá de esto). Puede haber desigualdades opresivas fundadas en la edad, etc.

No digo que Fraser confunda las jerarquías causales con las sociales, como suele ser el caso en los enfoques «interseccionales». En ocasiones las diferencia muy apropiadamente. Sin embargo, hay un permanente deslizamiento —que sospecho se halla motivado por la voluntad (muy comprensible) de unificar diferentes formas de opresión y de lucha— que la lleva a colocar en un mismo plano analítico cosas que a mi juicio tienen un peso muy diferente en la dinámica profunda de la sociedad actual. Por otra parte, aunque Fraser no las confunda, la confusión entre prioridad explicativa y prioridad moral está lo suficientemente instalada, y ha enturbiado tanto algunos debates, como para que valga la pena decir algo al respecto.

En muchos ambientes de sensibilidad posmoderna la mera mención de jerarquías o la apelación a clasificaciones suele generar escozor y es vista como una operación opresiva en sí y de por sí. Sin embargo, conviene recordar que toda forma de pensamiento conlleva clasificaciones: podemos modificar las clasificaciones que empleamos pero no podemos evitar clasificar (salvo si dejamos de pensar). La negativa romántica a clasificar y definir se tambalea al borde del irracionalismo[13]. Y hay que decir que las tentaciones irracionalistas son muy fuertes en los ambientes ecológicamente motivados. Ante las atrocidades de la razón es tentador buscar refugio en la magia o la locura, sobre todo si se olvida las atrocidades que ambas han cometido. Aunque finalmente no lo hizo, tenía mucho sentido que Wittgenstein considerara la idea de adjuntar como epígrafe a sus Investigaciones filosóficas la cita de Shakespeare en El rey Lear: «Yo te enseñaré a distinguir».

Si no es posible evitar la clasificación, tampoco podemos evitar la jerarquización intelectiva. Edward Carr estaba completamente en lo cierto al señalar que «toda discusión historiográfica es una discusión sobre la prioridad de las causas». En realidad, lo es toda discusión con pretensión explicativa. Cuando John Lewis Gaddis reivindica que la explicación historiográfica (en contraste con otras ciencias sociales) no busca jerarquizar causas sino «multiplicar variables alegremente», cosa que sería posible porque los historiadores solo se interesan «por fenómenos que han pasado por la singularidad que separa el pasado del futuro», está estableciendo una distinción completamente arbitraria[14].

Si la historiografía se limita a apilar variables alegremente (como hacen algunos de sus practicantes, pero no todos) ello implica que no puede explicar nada. Gaddis confunde descripción con explicación y se engaña a sí mismo. El mero amontonamiento de causas no jerarquizadas no explica nada y entraña, además, una tarea infinita: siempre se puede agregar un elemento adicional[15]. No se trata, como cree, que para el reduccionismo la jerarquización causal sea fundamental: lo es para la ciencia en sí misma, incluso en sus formas menos reduccionistas. Conviene reparar, por lo demás, en que aunque Gaddis reivindica una «democracia de las causas» y una «causación contingente»[16] que pueden sonar como dulce melodía para muchas personas de izquierdas, él mismo es un patriota estadounidense, conservador de pura estampa que estuvo muy próximo al presidente Bush, apoyó la invasión de Irak y se vanaglorió de no haberse dejado seducir, en su juventud, por las movilizaciones contra la guerra de Vietnam. Una muestra cabal de que es perfectamente posible asumir posiciones posmodernistas en lo teórico, y ser un perfecto capitalista e imperialista en lo político. Entre las premisas teóricas o filosóficas y las posiciones políticas e ideológicas no hay nunca relaciones mecánicas. Conviene recordarlo.

De manera muy sensata, Raymond Williams decía que la determinación debe ser concebida como «el ejercicio de límites y el establecimiento de presiones». Lo primero nos habla de las «condiciones de posibilidad» de un acontecimiento o proceso, lo segundo del «motor» que empuja la producción de los mismos. A la hora de explicar cualquier fenómeno no se puede ignorar ni unos ni otros, pero es evidente que el segundo aspecto es mucho más relevante.

Cuando Marx sostenía que las relaciones capitalistas de producción producen ideológicamente el fetichismo de la mercancía o cuando Fredric Jameson afirmaba que el posmodernismo era la lógica cultural del capitalismo tardío, no estaban diciendo que el fetichismo o el posmodernismo eran posibles en el capitalismo (pero no en otros modos de producción). Estaban afirmando, a mi juicio con toda razón, algo más fuerte: que el capitalismo y el capitalismo tardío producen estos fenómenos de manera sistemática. Las condiciones de posibilidad tienen efectos reales y conviene no olvidarlas. Pero no siempre son muy relevantes a la hora de explicar algo. Llevado al extremo: todo lo que sucede en las sociedades humanas tiene como condición de posibilidad al sistema solar, pero no necesitamos apelar a él para explicar ningún proceso histórico.

El dinamismo tan peculiar e históricamente anómalo de la sociedad capitalista es el resultado directo de su estructura económica, basada en la propiedad privada de los medios de producción, la valorización del valor y la explotación del trabajo. Para acabar con su dinámica enloquecida hay que destruir este núcleo y reemplazarlo por otro tipo de relaciones de producción. Si esto no se toca, todo los cambios restantes, por aceptables y bienvenidos que sean, dejarán viva a la serpiente.

Nancy Fraser quiere aunar las demandas y las luchas antirracistas, feministas y clasistas. Un gran bloque del 99% en contra de la elite capitalista. En lo que hace a la crucial cuestión ecológica, se pronuncia taxativamente: el capitalismo es el problema. En un importante artículo publicado en la New Left Review escribió: «El capitalismo, en el sentido que definiré más adelante, representa el impulsor sociohistórico del cambio climático y el núcleo de la dinámica institucionalizada que debe ser desmantelado para ponerle freno»[17]. El problema es que a la hora de definir al capitalismo, en nombre de una mirada no reduccionista, sostiene una afirmación cuyo sentido político marcha en una dirección y su contenido teórico en la contraria. Dice Fraser:

En contra de la opinión general, el capitalismo no es un sistema económico, sino algo más amplio. Además de constituir una forma de organizar la producción y el intercambio económicos, es también una forma de organizar la relación entre la producción y el intercambio, por un lado, y las condiciones de posibilidad no económicas de ambos, por otro.[18]

No está claro quiénes serían los sostenedores de esa «opinión general». Pero para cualquier marxista realmente existente no hay dudas de que el capitalismo es ante todo un sistema económico, por mucho que no sea solo eso. Teniendo en mente toda una serie de actividades sociales, capacidades políticas y procesos naturales que son las «condiciones de posibilidad» de la acumulación de capitales, Fraser nos dice que «estas instancias no económicas no son externas al capitalismo». Lo cual es superficialmente cierto (lo mismo podría predicarse del feudalismo, el esclavismo o de cualquier sistema social, que necesariamente se basan en condiciones de posibilidad que no están en su núcleo motor) pero nos deja sin saber qué sería lo específico del capitalismo, por qué «el problema ecológico del capitalismo es estructural», y cuáles son exactamente esas «caracte­rísticas fundamentales y definitorias de nuestro orden social» que deberíamos desactivar si pretendemos evitar una catástrofe ecológica. Porque, en realidad, la fuente del tan singular dinamismo productivista del capitalismo reside en lo que este es en términos económicos, aunque las sociedades capitalistas no se reduzcan a su base económica.

La comprensible voluntad política de agrupar colectivos y movimientos en una lucha anticapitalista termina oscureciendo el principio motor que genera la peculiar dinámica de nuestra sociedad, la cual se debe a lo que el capitalismo es como sistema económico, por mucho que sea también otras cosas. Es sintomático que Fraser muestre lo que el capitalismo hace pero nunca termine de definir qué es exactamente. Afirma que no es solo un sistema económico, pero nunca nos dice qué es. Sostiene que no es solo una forma de organizar la producción, sino también de aquello que es definido como no económico.

Fraser se desplaza así, acaso sin advertirlo, del terreno del modo de producción al de las formaciones sociales. Aquí la pregunta es si la dinámica particular del capitalismo se explica por el modo de producción nuclear o por las características de las formaciones sociales capitalistas. La respuesta marxista clásica apunta a lo primero; Fraser, a lo segundo. Pero es una posición difícil de sostener. En qué consiste la forma capitalista de organizar la producción y el intercambio ha sido bien definida por Marx. Pero, ¿cuál es la forma capitalista de organizar los cuidados o la naturaleza? Fraser nos dice que «la forma de organizar los cuidados específica del capitalismo es tan contradictoria como su forma de organizar la naturaleza». Es verdad.

Pero lo que se observa empíricamente es que el capitalismo ha organizado de maneras muy diversas a uno y a otra. Ha tenido una gran capacidad para adaptarse a circunstancias muy distintas. Y no deja de ser irónico que el reclamo de que el capitalismo no es solo economía coincida con el momento en que el capital está precisamente mercantilizando a escalas incomparables la cultura, los cuidados, antiguas funciones públicas e incluso porciones de naturaleza otrora fuera de su alcance. Una consecuencia del enfoque de Fraser es que nunca queda del todo claro, ni mucho menos causalmente jerarquizado, qué es exactamente lo que debemos desmantelar. El siguiente pasaje es característico:

Lo que hace falta, ante todo, es sustraer el poder de dictar nuestra relación con la naturaleza a la clase que ahora lo monopoliza, de forma que podamos empezar a reinventar dicha relación desde cero. Pero eso exige desmantelar el sistema que sostiene su poder: las fuerzas militares y las formas de propiedad, la perniciosa ontología del «valor» y la incesante dinámica de acumulación, las cuales funcionan en su totalidad unidas para impulsar el calentamiento global. La ecopolítica debe, en resumen, ser anticapitalista.[19]

Desde luego que en términos generales estamos de acuerdo. Todo ecologismo mínimamente consecuente debe ser anticapitalista. Pero si no definimos con precisión qué es el capitalismo, si estiramos su definición para que entren en ella todo tipo de injusticias, un resultado es que se oscurece que muchas situaciones opresivas pueden ser aprovechadas por el capitalismo pero no han sido generadas por él (y podrían no desaparecer con su desaparición, atención a esto). Y otro resultado posible es que se puede dar significados completamente distintos a qué significa ser anticapitalista. En lo que hace a las formas de propiedad, algunos podrán pensar que es anticapitalista la estatización, limitar los monopolios, desarrollar cooperativas mercantiles e incluso volver «internas» las «externalidades ecológicas» del capital. Se puede pensar que es anticapitalista reconocer derechos a la Madre Tierra, demandar un pago por los cuidados o dictar cursos pagos en los que se critica la «ontología del valor».

En todo el largo artículo de la New Left Review, Fraser no habla nunca de expropiar al capital ni de socializar los medios de producción ni de la colectivización o la planificación económica. Puede ser un descuido. Pero en verdad no lo parece. En una obra mayor, Los talleres ocultos del capital, la palabra «expropiación» es una de las más repetidas, pero en ningún caso se hace la más mínima alusión a la expropiación del capital o la «expropiación de los expropiadores». No parece casual. En realidad, todas sus intervenciones en los últimos años han estado marcadas mucho más por apuntar contra quiénes hay que luchar, que por indicar por qué objetivos hacerlo. Esta actitud suya no ha sido una excepción. En las últimas décadas han sido muy habituales los discursos críticos sumamente sólidos, documentados y argumentados que, a la hora de hacer alguna proposición, caen en el mutismo o en propuestas tan poco audaces como una reforma fiscal o una modificación del sistema electoral.

Sin embargo, no se trata tan solo de saber contra qué o contra quiénes luchamos, sino en pos de qué deberíamos hacerlo. Cualquier movimiento socialista debe aunar, desde luego, demandas y grupos de diferente tipo. Pero también debe tener objetivos propios, claros y muy radicales. Las demandas de la clase obrera están muy bien y deben ser apoyadas. Pero no son revolucionarias en sí mismas. Lo mismo vale para el resto. Si lo que queremos es apretar el freno de emergencia que evite que el tren desbocado del capitalismo nos lleve al desastre, entonces necesitamos otras cosas además de aumentos salariales, legislación feminista, impuesto a las grandes fortunas, radios comunitarias o educación pública.

Hay que aunar las demandas clasistas, feministas, raciales, nacionales, etc., sin duda. Cualquier lucha contra una injusticia (sea la que sea) merece el apoyo de los y las socialistas aunque no sea anticapitalista y aunque no sea indispensable abolir el capitalismo para acabar con ella. Pero, simultáneamente, hay que luchar por unir todas esas luchas en torno a un proyecto revolucionario que se proponga desmontar las relaciones capitalistas de producción, para lo cual debe tener muy en claro qué son y qué podría reemplazarlas para no reproducir su dinámica. Y aunque esto suene abstracto o inalcanzable luego de lustros de retroceso del movimiento socialista y de «realismo capitalista», es precisamente lo que hay que decir y por lo que hay que luchar.

Notas:

[1] Se pueden hallar diversos análisis específicos sobre la relación entre capitalismo y crisis ecológica en Jason Moore (Ed.), Anthropoceno or Capitalocene? Nature, History and the Crisis of Capitalism, Londres, PM Press/Kairos, 2016.

[2] Michael Mann, Las fuentes del poder social, vol. I, Madrid, Alianza, 1995, p. 521.

[3] Me he ocupado crítica pero elogiosamente de ella en El Marxismo en la encrucijada, Bs. As., Prometeo, 2010, cap. 3, pp. 81-127. Cabe apuntar, por lo demás, que el desarrollo tecnológico suele estar asociado empíricamente a la competencia militar (la hoy omnipresente internet, por ejemplo, tiene un origen militar), por mucho que en las últimas décadas se haya teorizado relativamente poco sobre la relación entre militarismo e innovación técnica. De manera un tanto excepcional, Mann ha explorado con solvencia esta relación, dicho sea en su honor. Con todo, es evidente que tanto el poder como el gasto militar eran mucho mayores en los imperios antiguos, en las sociedades feudales o en los absolutismos que en la actual sociedad capitalista.

[4] Perry Anderson, “La sociología del poder de Michael Mann”, en su Campos de batalla, Barcelona, Anagrama, 1998, p. 127.

[5] Chris Wickham, “Materialismo histórico, sociología histórica”, Zona Abierta, Nº 57/58, 1991, p. 231.

[6] No es este el lugar ni el momento para discutir en detalle el espinoso asunto de si la URSS fue socialista o si lo es la China actual. Diré simplemente que me parece errado considerar que la URSS o China fueran socialistas, si por socialismo entendemos, con Marx, la sociedad de los “productores libremente asociados”, los cuales ejercen pleno control sobre las decisiones y, en consecuencia, viven y producen en el marco de formas genuinas de democracia proletaria. Sobre la economía China actual cabe recomendar ante todo la lectura de dos obras: Giovanni Arrighi, Adam Smith in Beijing, Londres, Verso, 2007; y la obra del Colectivo Chuang, Polvo rojo. La transición al capitalismo en China, 2019, edición on line en castellano disponible en el sitio web Rebelión. Para entender la Rusia actual vale la pena leer “Rusia inconmensurable”, de Perry Anderson, New Left Review, Nro. 94, setiembre-octubre de 2015.

[7] La producción capitalista de mercancías difiere, pues, tanto de la producción autosuficiente (y como tal no mercantil o solo vinculada marginalmente con el mercado; tal el caso de los campesinos o los señores feudales) como de la producción mercantil simple, en la que sus agentes no pretenden que sus relaciones mercantiles generen ingresos indefinidamente crecientes, sino que les proporcionen un ingreso más o menos invariante, suficiente para sostener el nivel de vida tradicional que se juzga apropiado.

[8] Renaud García, La colapsología o la ecología mutilada, ob. cit., p. 108.

[9] Ulrich Brand, Markus Wissen, Modo de vida imperial. Vida cotidiana y crisis ecológica del capitalismo, Fundación Rosa Luxemburgo, 2020.

[10] No creo que la tesis de que vivimos en una sociedad que ya no es capitalista tenga ningún sustento. Yanis Varoufakis, entre otros, defiende la tesis de que lo que domina la economía actual es un tecnofeudalismo. Ver Yanis Varoufakis, Tecnofeudalismo. El sigiloso sucesor del capitalismo, Barcelona, Ariel, 2024. Una muy sólida crítica a la «tesis tecnofeudal» es la que ofrece Evgeny Morozov en «Crítica de la razón tecnofeudal», New Left Review, Nro. 133/134, mayo-junio de 2022.

[11] Nancy Fraser, Los talleres ocultos del capital. Un mapa para la izquierda, Madrid, Traficantes de sueños, 2020.

[12] He discutido todo esto con detalle en Ariel Petruccelli, Materialismo histórico: interpretaciones y controversias, Bs. As., Prometeo, 2010.

[13] Voy a dar un ejemplo de mi propia tradición y de un autor importante: Lukács pudo escribir cientos de páginas en El asalto a la razón sin proporcionar siquiera una elemental definición de qué entendía por razón. De este modo, la argumentación racional se hace poco menos que imposible. La racionalidad, desde luego, nunca es absoluta, como tampoco lo es su opuesto, la irracionalidad. Pero hay diferencias de grado que no se pueden soslayar. Para una crítica al panideologismo lukacsiano y su tendencial irracionalismo véase Manuel Sacristán, “Sobre el uso de las nociones de razón e irracionalismo por G. Lukács”, Sobre Marx y marxismo, Barcelona, Icaria, 1983. Sobre el concepto de racionalidad: W. Newton-Smith, La racionalidad de la ciencia, Buenos Aires, Paidós, 1987; León Olivé (comp.), Racionalidad. Ensayos sobre la racionalidad en ética y política, ciencia y tecnología, México, Siglo XXI, 1988.

[14] John Lewis Gaddis, El paisaje de la historia. Cómo los historiadores representan el pasado, Barcelona, Amagrama, 2002, p. 87.

[15] Gaddis es consciente de esto. Por eso dice muy sensatamente: “esto no quiere decir que nos sintamos

obligados a rastrear cada cadena causal hasta el Big Bang”. Pero el criterio al que apela a renglón seguido para poner freno a la infinitud de las cadenas causales es de una simpleza e ingenuidad que hacen sonreír.

[16] John Lewis Gaddis, El paisaje de la historia, ob. cit., p. 83 y p. 94.

[17] Nancy Fraser, “Los climas del capital”, New Left Review, Nro. 127, marzo-abril 2021.

[18] Ibidem, p. 108.

[19] Ibidem, p. 112. Ariel Petruccelli. Historiador y profesor de la Universidad Nacional del Comahue (UNC) en la Patagonia Argentina. Autor, entre otros, de «Materialismo histórico. Interpretaciones y controversias» (2010) y «El marxismo en la encrucijada» (2011).

Fuente: https://jacobinlat.com/2025/05/lo-viejo-funciona-el-marxismo-y-la-crisis/

Reguladores corruptos, democracia imposible

31 Mayo 2025 at 06:00
Por: Caty R

Doy mi opinión de una manera bien clara: semejante toma de posición de estas instituciones muestra de una manera, a mi juicio materialmente indiscutible, que son instituciones corruptas y degeneradas, carentes de vergüenza y que actúan en contra del interés general.

Todas ellas tienen encomendada como misión, desde una perspectiva u otra, la defensa de la competencia en los mercados, la estabilidad del sistema financiero y el buen funcionamiento de la economía en su conjunto.

Sin embargo, dando por buenas operaciones como la compra del Banco de Sabadell por otra gran entidad financiera, traicionan dichas encomiendas, pues permiten que disminuya la competencia, aumente el riesgo de inestabilidad económica y financiera, se perjudique al funcionamiento de las empresas, se destruya innecesariamente empleo, y se incremente considerablemente el riesgo de gran inestabilidad de la economía española, sobre todo, si se producen de nuevo problemas en el sector bancario que ya se han dado con anterioridad.

Nadie puede poner en duda que una mayor concentración empresarial en el mercado disminuye la competencia y consolida comportamientos monopólicos que son ineficientes y eso es lo que ocurrirá si el BBVA finalmente absorbe al Sabadell.

En este caso, habrá monopolio o duopolio bancario en un gran número de localidades españolas, y el 70 por ciento del negocio de todo el sector (depósitos y préstamos) se concentrará en sólo tres entidades. Es inevitable que eso produzca un peor servicio, aumento de las comisiones y de los costes financieros y menor accesibilidad al crédito de empresas y hogares, afectando negativamente todo ello a la economía en su conjunto. Es injustificable que esas cuatro autoridades den el visto bueno a algo así.

La creación de un banco aún más grande (como sucedería en el caso que comento) aumenta también el riesgo sistémico en el sistema financiero y en toda la economía, algo de cuyas consecuencias ya sabemos por la crisis de 2008. Cualquier problema que sufriera el nuevo banco se expandiría aún más peligrosamente a otras entidades y al conjunto de la economía, y sería mucho más difícil y costoso (para todos los españoles) ponerle freno y resolverlo.

La asociación entre alta concentración bancaria y mayor riesgo sistémico está reconocida en docenas de investigaciones científicas, muchas de ellas publicadas por organismos tan poco sospechoso como el Fondo Monetario Internacional o diversos bancos centrales. Por muchos que sean los matices que se han podido señalar, lo cierto es que fomentar la concentración bancaria para que haya cada vez más bancos «demasiado grandes para caer» y menos de mayor seguridad y dedicados a la financiación efectiva de la actividad productiva es una estrategia suicida que no se puede justificar ni por razones de teoría económica, ni a tenor de la experiencia histórica que es bien conocida.

Es muy significativo que quienes defienden que la mayor concentración bancaria puede proporcionar más estabilidad al sistema financiero argumentan que eso es así gracias a que aumenta la rentabilidad. Sólo en esto último llevan razón: no hay otro argumento riguroso y honesto que justifique operaciones bancarias de ese tipo.

Las instituciones que han dado el visto bueno a esa operación van a dar lugar a que en España ocurra lo que no sucede en ningún otro país europeo: dos bancos van a tener más dimensión por su volumen de activos que el PIB de nuestra economía. Desde cualquier punto de vista que se mire (salvo, como he dicho, desde el de la rentabilidad del BBVA) no se puede justificar la compra del Banco de Sabadell para dar lugar a una entidad aún más peligrosa que la ya existente. Y, por cierto, una de las que han sido gobernadas de manera menos ejemplar y limpia, por decirlo muy suavemente.

Las constantes puertas giratorias que se producen entre antiguos responsables de este tipo de reguladores y las entidades financieras a las que han regulado, quizá expliquen este tipo de decisiones aberrantes. Son la muestra bien clara de que la democracia en Europa está secuestrada por el poder de la gran banca. No puede haberla si a los reguladores que se presumen independientes no se les puede pedir cuentas ni censurar por tropelías como las que están cometiendo en este caso. Y, sobre todo, cuando tienen la capacidad de atar las manos a las instituciones representativas para someterlas a los dictados del poder económico y financiero.

Fuente: https://juantorreslopez.com/reguladores-corruptos-democracia-imposible/

Elon Musk da un paso atrás y eso hay que celebrarlo

30 Mayo 2025 at 06:15
Por: Caty R

A Elon Musk ya no se le ve tan chulo y sonriente. Le ha cambiado la cara. Ha pasado de su vocabulario guerracivilista y vacilón a lamentar públicamente y preguntarse por qué ha recibido él y sus empresas ingentes cantidades de rabia y odio. El último episodio de esta retirada paulatina de Musk ha sido el anuncio en redes sociales de que abandona la dirección del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE por sus siglas en inglés).

El magnate, con cara más triste, ha anunciado que deja sus responsabilidades en ese organismo creado a medida para recortar gasto público y reducir el déficit. Una meta que, pese a que han realizado recortes claves de la guerra cultural como en educación, no se ha logrado ya que el déficit de la potencia se ha incrementado y no parece que tenga intención de reducirse en lo que resta de año según los analistas.

Ese incremento en el déficit, según Musk, es debido a la política fiscal de Trump. El CEO de Tesla criticó las medidas del presidente y señaló que dificultan la consecución de las metas de reducción del desequilibrio presupuestario estadounidense que se le habían encomendado. Tan sólo unas horas antes de anunciar su abandono de la administración, expresó que se sentía “decepcionado” por el rumbo de la reforma fiscal. “Me decepcionó ver el enorme proyecto de ley de gastos, que aumenta el déficit presupuestario, no lo reduce”, argumentó Musk en una entrevista en la CBS

Pero la realidad es que a Musk la cara le cambió antes de que el déficit creciera y se anunciara el nuevo proyecto fiscal de gastos. El magnate lleva meses viendo como las ventas y acciones de Tesla se hundían. Pese a que en las últimas semanas han vuelto a recuperar vuelo, el valor de la compañía está lejos de sus máximos e incluso la acción llegó a caer por debajo de los 245 dólares desde el que despegó cuando Trump se hizo con las elecciones presidenciales.  

Elon Musk no tuvo en cuenta dos factores: la primera es que juntos tenemos mucha fuerza y la segunda es que no nos gustan los fascistas

La subida meteórica como estandarte de la extrema derecha y mano derecha del actual presidente ha sufrido un revés tras otro. Algunos han sido en su propia casa, en Tesla, y otros han venido en forma de cancelación de contratos y recelo sobre otra de sus empresas, SpaceX. Pero otros han venido por parte de movimientos ciudadanos globales como el #TeslaTakeDown, manifestaciones y actos vandálicos en sus concesionarios organizados en redes sociales fuera del alcance de Musk como BlueSky o Mastodon.

En mi opinión, creo que Elon Musk no tuvo en cuenta dos factores: la primera es que juntos tenemos mucha fuerza y la segunda es que no nos gustan los fascistas. Desde que el magnate hiciera el saludo nazi y apoyara a partidos como Alternativa por Alemania (AfD), Vox o la extrema derecha británica, la ciudadanía global ha señalado a Musk como el impulsor del fascimo a nivel global y se ha organizado para plantar cara al magnate mediante boicots a sus empresas. 

Un grupo de accionistas de Tesla había pedido públicamente el relevo de Musk como CEO si este no abandonaba la política

Todo ello ha hecho que a Musk le crezcan los enanos en su propia casa. Cada vez son más y más grandes los accionistas de Tesla que han exigido que el sudafricano sea relevado de sus cargos (él solo controla el 16% de la empresa y un conjunto amplio del accionariado podría echarle de su puesto). El poder dentro de su propia empresa se ha ido diluyendo a medida que las caídas de ventas fuera de Estados Unidos se veían mermadas por los boicots al magnate y por el avance de la industria china del coche eléctrico. Desde finales de febrero, cuando los boicots y protestas se intensificaron y las acciones cayeron en picado, un grupo de accionistas capitaneado por Ross Geber había pedido públicamente el relevo de Musk como CEO de Tesla si este no abandonaba la política y se dedicaba íntegramente a la dirección de la empresa.

No ha sido solo una cuestión de coches y boicots ciudadanos. Los gobiernos amenazados por las agresivas políticas arancelarias de Trump y los apoyos a las extremas derechas de Musk también se han plantado ante el par de matones de la Casa Blanca. La empresa aeroespacial SpaceX y su rama de satélites y comunicaciones Starlink también han visto como los mercados le cerraban puertas en las narices. Los gobiernos han dejado de ver a Starlink como una empresa de servicios fiable a ser percibida como una extensión de los tentáculos de Trump. Darle acceso a las comunicaciones militares del ejército de un país, tal y como pretendía hacer Meloni en Italia, sería como poner en bandeja información sensible y altamente confidencial a un Pentágono ahora controlado por la nueva dirección trumpista.

Además, esa necesaria independencia estratégica de las empresas de Trump ha sido el impulso que necesitaba Bruselas y algunos Estados miembro para acelerar el proyecto semipúblico europeo Iris2 (Infraestructura para la Resiliencia, la Interconectividad y la Seguridad por Satélite) que sustituiría y competiría con los satélites multiórbita de Trump y cerraría el mercado europeo.

Más allá del tema Tesla, los contratos estatales de Starlink o el auge del coche eléctrico chino, este paso atrás del hombre más rico del mundo nos vuelve a mostrar que las campañas ciudadanas, la presión social y los boicots funcionan. Plantarle cara al matón del colegio trae buenos resultados. Creo que nunca habíamos presenciado un movimiento global contra un sólo individuo tal y como el que se ha vivido en estos últimos meses (en la época de Hitler no había redes sociales) y ha sido el hombre más rico del mundo el que ha tenido que dar marcha atrás mientras culpa y se distancia de su socio político Donald Trump.

Que haya dado un paso atrás tan solo unos meses después demuestra que la ciudadanía sigue teniendo un poder inmenso para poner contra las cuerdas a cualquier fascista por muy rico que sea

Musk deja un reguero de recortes que claramente han constituido una guerra contra los pobres y contra los derechos básicos más que ir en aras de controlar el déficit. No será fácil revertir la huella impronta del sudafricano tras su breve paso por la Casa Blanca. También será necesario vigilar los siguientes pasos del sudafricano y ver con qué ocurrencia nos sale ahora. Pero que haya dado un paso atrás tan solo unos meses después demuestra que la ciudadanía sigue teniendo un poder inmenso para poner contra las cuerdas a cualquier fascista por muy rico que sea, por mucho que invierta en comprar nuestras plazas de debate y controle el algoritmo o por muy impunes que se sientan hasta el punto de hacer saludos nazis. Se ha conseguido que Musk dé un paso atrás y eso hay que celebrarlo.

Yago Álvarez Barba. Coordinador de la sección de economía. @econocabreado.bsky.social

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/opinion/elon-musk-da-un-paso-atras-doge-eso-hay-celebrarlo

La OMS en el punto de mira

29 Mayo 2025 at 06:35
Por: Caty R

“¡Afuera OMS, viva la libertad carajo!”, escribió el presidente argentino, Javier Milei, en su cuenta de X el 5 de febrero. Su portavoz, Manuel Adorni, acababa de anunciar en una rueda de prensa que Argentina abandonaba la Organización Mundial de la Salud (OMS): “Los argentinos no vamos a permitir que un organismo internacional intervenga en nuestra soberanía, mucho menos en nuestra salud”.

Dos semanas antes de este anuncio y en su primer día en el cargo, el presidente Trump había firmado una orden ejecutiva para que los Estados Unidos se retiraran de la OMS. Si no hay marcha atrás (las decisiones de Trump no suelen ser inmutables), la bandera estadounidense será arriada en la sede ginebrina de la organización el 21 de enero de 2026. La legislación estadounidense requiere un preaviso de un año para que el país, que era el mayor financiador de la OMS (alrededor del 18% del total), pueda abandonar la agencia.  De momento, la delegación estadounidense ha dejado sus sillas vacías en la 78ª Asamblea Mundial de la Salud que la OMS ha celebrado en Ginebra, del 19 al 27 de mayo. 

Los pagos pendientes están en suspenso y lo más probable es que no lleguen nunca. Las consecuencias no se han hecho esperar. “La negativa de Estados Unidos a pagar sus contribuciones prorrateadas para 2024 y 2025, combinada con las reducciones de la ayuda oficial al desarrollo de algunos otros países, significa que nos enfrentamos a un déficit para el bienio 2026-27 de entre 560 y 650 millones de dólares”, declaró Tedros Adhanom Ghebreyesus, el médico etíope que dirige la OMS. A continuación anunció un recorte del 21% en el presupuesto de la agencia para 2026-2027, que fijó en 2.100 millones de dólares al año.  

¿Es mucho dinero? Depende, dijo el director general, del valor que damos a las cosas: “2.100 millones de dólares equivalen al gasto militar mundial cada ocho horas y representan una cuarta parte de lo que la industria tabacalera gasta en publicidad y promoción cada año (…). Parece que alguien cambió el precio de lo que realmente es valioso en nuestro mundo”, concluyó, sin señalar a nadie en particular.

Fundada en 1948, la OMS ha tenido una larga trayectoria de éxitos y fracasos. Logró excelentes resultados en la erradicación de la viruela y  tuvo logros muy satisfactorios en el combate contra la poliomielitis y la tuberculosis; pero también conoció una frustrante derrota en su objetivo de liquidar la malaria (que, según sus datos, en 2023 causó unas 597.000 muertes en el mundo). El Programa Mundial de Erradicación de la Malaria, lanzado en 1955, era prometedor, pero su progreso en el África subsahariana fue lento, los Estados se cansaron, retiraron la financiación, y el programa se interrumpió en 1969, con una OMS casi en bancarrota. No hay que ser mal pensado para deducir que si en los países más prósperos existiera el riesgo de morir de malaria, las cosas habrían transcurrido de manera distinta. 

A lo largo de su turbulenta historia, la OMS ha recibido una gran cantidad de críticas. Algunas son memorables. Una de las más recordadas fue la del filósofo conservador Roger Scruton, muy apreciado por Aznar y muy difundido por la FAES.  Cuando empezaron las primeras campañas de la OMS contra el tabaco, Scruton publicó una batería de artículos de prensa y un libro (cuyo título juega con las siglas en inglés de la OMS: ‘WHO, What and Why?‘, ‘¿Quién, qué y por qué?’), defendiendo el derecho sagrado de la ciudadanía a fumar, y criticando a la agencia y a su directora general de entonces, la ex primera ministra socialdemócrata de Noruega, Gro Harlem Brundtland. Según Scruton, “el ímpetu» de las medidas antitabaco propuestas por la OMS tenía su origen de las ”viejas prioridades políticas“ de Harlem Brundtland, que con la excusa de salvar vidas estaba en realidad impulsando ”programas socialistas de alcance mundial“.

La motivación de esta campaña de Scruton contra la OMS se conoció cuando el diario británico The Guardian reveló el contenido de un correo electrónico que una sociedad del filósofo había dirigido a la compañía Japan Tobacco International, en el que pedía un aumento del sueldo que recibía Scruton a cambio de más artículos pro nicotina (de las 4.500 libras al mes que cobraba desde hacía años, a 5.500 libras). El Financial Times y The Wall Street Journal suspendieron las colaboraciones del filósofo.

Las críticas más recientes a la OMS suelen ser del mismo tenor, aunque más rimbombantes y apocalípticas. No sólo proceden de Trump, Milei o sus cortesanos, sino también de algunos “magnates filósofos” de Silicon Valley. El más escatológico es Peter Thiel, cofundador de Paypal y benefactor del vicepresidente Vance. Preocupado por el fin de los tiempos, sostiene que organismos multilaterales como la OMS son signos anticipadores de una “llegada del Anticristo”, en forma de gobierno mundial totalitario. Se trata, sostiene Thiel, de un peligro mortal para la humanidad, del mismo rango existencial que “los riesgos tecnológicos ligados a la guerra nuclear, las armas biológicas incontrolables o la IA militarizada”. 

El secretario de Salud de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr. se dirigió a la asamblea ginebrina de la OMS en un video e instó a los países a retirarse de la agencia.  Según dijo, está sometida a la “influencia indebida” de China, a la ideología de género, a una burocracia inflada e ineficiente, y a los intereses de quienes negocian con vacunas, mascarillas y otros innecesarios artilugios. Su discurso se emitió horas después de la aprobación por los 124 Estados miembros de la OMS de un Tratado Global sobre Pandemias. “Casi nadie hubiera creído que esto fuera posible después de la retirada de Estados Unidos de la OMS”, dijo la ministra de Salud alemana, Nina Warken. 

El tratado, negociado durante tres años, persigue que el mundo esté mejor preparado para prevenir y responder ante futuras pandemias de lo que estuvo hace cinco años, cuando la coordinación colectiva ante el COVID-19 mostró fallos muy graves. Entonces faltaron de entrada los recursos adecuados, y los países menos desarrollados se vieron faltos de vacunas acaparadas por los países ricos.

Presentando el tratado, el director general de la OMS dijo que este “no vulnerará la soberanía nacional en ningún sentido, ni otorgará a la OMS poder para imponer mascarillas, vacunas o confinamientos. Los que dicen esto están claramente equivocados”. Parece una respuesta a los que alertan de la llegada del Anticristo en forma de gobierno mundial.  Para impedir tan terrible amenaza, nos dicen, conviene que la OMS desaparezca, que su acción se esfume de Gaza, Sudán, Ucrania, Myanmar, Líbano u otras zonas de conflicto, que cesen sus campañas para la reducción de la mortalidad infantil, u otras nimiedades. Preocuparse por ello, repiten los nuevos reaccionarios, es puro sentimentalismo de izquierdas. Ahora está de moda ser malo. Una réplica plausible es que si la OMS no existiera, habría que inventarla. 

 @robiols

Fuente: https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/oms-punto-mira_129_12331095.html

«Europa se está suicidando»

28 Mayo 2025 at 06:35
Por: Caty R

Glenn Diesen. Hola a todos y bienvenidos. Hoy me complace contar con la presencia de Yanis Varoufakis, economista, exministro de finanzas Grecia y también un autor sumamente prolífico. Así que bienvenido al programa Yanis. 

Bueno, parece que hemos llegado al final del camino en cuanto a cómo ha funcionado el sistema económico internacional durante las últimas décadas. Trump parece reconocer que Estados Unidos está en una situación difícil y ha iniciado un esfuerzo para reorganizar la economía mundial a su favor, lo que incluye una guerra comercial muy disruptiva. tanto contra adversarios como contra sus aliados. 

Pero, si nos alejamos un poco de los detalles del día a día, ¿qué es lo que realmente estamos presenciando en cuanto a los objetivos de Estados Unidos y cómo intenta alcanzarlos? 

Yanis Varoufakis: En realidad el objetivo de Estados Unidos ha sido el mismo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y probablemente ese objetivo sea Alemania.

Estados Unidos salió de la Segunda Guerra Mundial habiendo heredado esencialmente el imperio británico después que este quedara en bancarrota. La doctrina Truman iba de la mano con el sistema de Breton Woods, así que en esencia todo giraba torno a mantener la producción de industria manufacturera estadounidense después de 1945.

Su gran temor en aquel momento era que con el fin de la guerra desapareciera la necesidad producir a más del 100% , Estados Unidos se enfrentaba a la seria amenaza de volver a 1929, una gran recesión, una gran depresión. Era el mismo modelo, si se quiere, que el de China hoy en día. En esa época los dirigentes de estadounidenses eran lo suficientemente inteligentes como para entender que no se pueden mantener exportaciones netas para siempre, a menos que transfieras parte de tus excedentes a las regiones deficitarias de su sistema económico, para mantener la demanda de sus exportaciones netas.

Así que Europa y Japón se dolarizaron, ya fuera a través del plan Marshall, o de créditos o préstamos privados o públicos. Es decir, una gran parte de los excedentes estadounidenses se enviaban a Europa y Asia para que pudieran mantener las importaciones netas de Estados Unidos.

Ese era el sistema de Breton Woods. Ese sistema estaba destinado a morir en el momento que Estados Unidos deja de tener excedentes. Y fue entonces cuando “el Trump de aquella época”,  un caballero que recordaréis como Richard Nixon, hizo estallar el sistema monetario y sistema comercial mundial que los estadounidenses habían creado.

Así que lo está haciendo Trump ya se ha hecho antes. Un presidente estadounidense ya ha hecho saltar por los aires el sistema financiero y comercial global diseñado y construido por Estados Unidos. Y ese es un periodo, desde mediados de los años 70 en adelante, de un mecanismo global de “reciclaje invertido”.

En lugar que los excedentes estadounidenses se reciclaran al resto del mundo, los déficits estadounidenses proporcionaron una enorme demanda agregada para financiar su déficit. Para eso era necesaria alimentar el milagro económico alemán, el milagro económico japonés y permitir que el milagro económico chino echara raíces y creciera. 

Así que para decirlo de forma vulgar, esencialmente, la economía estadounidense generaba demanda agregada para los exportadores alemanes, japoneses y chinos. A estos se les pagaba con pagarés llamados dólares y esos regresaban a Estados Unidos través de Wall Street para financiar al gobierno estadounidense, a la bolsa estadounidense y al sector inmobiliario estadounidense. Esa era la situación y por supuesto ese tsunami de capital que llegaba a Wall Street requería la desregulación de Wall Street.

Entonces , los banqueros se volvieron locos. empezaron a construir enormes y gigantescas pilas de derivados tóxicos y este sistema colapsó en 2008. Todo ese sistema entró en una crisis muy grave, con un sistema de reciclaje tan extraño… una suerte de “socialismo” para los banqueros. Eso es la flexibilización cuantitativa, la impresión de dinero para los banqueros y austeridad para casi todos los demás.

Con este sistema se provocó un colapso muy significativo de la inversión en Estados Unidos y en Europa. Los únicos que realmente invirtieron gran parte del dinero que estaban imprimiendo los bancos centrales fueron los grandes propietarios tecnológicos, ya sabes, los Amazon, los Google, los Meta y así sucesivamente.

Por eso tenemos una nueva forma de capital. la llamo capital en la nube. Y en este contexto, mientras Estados Unidos, estaba siendo diezmado con un proceso de desindustrialización, la clase rentista estadounidense lo estába pasando realmente muy bien. Las personas que vivían de los mercados financieros y del sector inmobiliario prosperaron enormemente con el reciclaje del dinero y con los beneficios producidos por el déficit comercial de Estados Unidos.

Pero si eras un trabajador de la construcción o de la manufactura, un obrero en el medio oeste estaba siendo precarizado. Y entonces llega Trump y declara: » Esto no puede continuar. Nos hemos pasado y voy a hacer que América vuelva a ser grande. En otras palabras, voy a reequilibrar la relación entre el mundo del dólar y la capacidad manufacturera estadounidense, que llegó a ser totalmente desproporcionada.

Dicho de otro modo, las finanzas estadounidenses, el mundo dolarizado, se convirtieron en un parásito gigantesco que se alimentaba de un organismo diminuto: la manufactura estadounidense. Ahora bien, esto no significa que Trump vaya ha lograr lo que promete. No significa que porque Nixon tuvo éxito con su shock, Trump vaya a tener éxito con el suyo.

No significa que vaya a haber continuidad, porque no es solo cuestión de lo que haga Trump para este proyecto funcione. La próxima administración y la siguiente también tendrán que participar. Nixon no lo hizo solo. Carter, Reagan y luego Bush continuaron esa política. Así que estamos viviendo tiempos muy interesantes, por decir lo menos.

Glenn Diesen. Bueno, parece que Trump intenta hacer que América vuelva a ser grande y está haciendo esfuerzos por reindustrializar el país y reducir su monstruoso déficit de comercio exterior . Me parece que Trump acertó en parte al tomar el pulso, reconociendo que tal como están la cosas esta situación es insostenible para EEUU . 

Yanis Varoufakis: La respuesta es que no mucho. Sea lo que sea estén haciendo, lo están haciendo en un estado de pánico y sin ninguna planificación. El shock de Nixon fue el mundo que engendró el euro, la eurozona. Porque pensándolo bien, lo que hizo Nixon en 1971 fue expulsar a Europa de la zona dólar. 

En 1971 teníamos tipos de cambio fijos con el dólar. En otras palabras, éramos parte de la zona dólar, aunque lleváramos nuestras propias monedas nacionales en los bolsillos. Piénsalo, durante 20 años no tuvimos que comprobar los tipos de cambio porque eran los mismos. Los tipos de interés eran más o menos, entre un 4 y 5% constantes.

Era un mundo magníficamente aburrido. Era el mundo en que la maquinaria manufacturera alemana se volvió sustancialmente exitosa. Pero, lo que hicieron los estadounidenses en 1971 fue echarnos fuera. Nos arrojaron a los lobos. El secretario del tesoro John Conell iba por ahí diciendo, «No me importa cuál sea tu problema, amigo. El dólar es nuestra moneda, pero es tu problema.» 

Y en un estado de pánico total en los años 70, los europeos empezaron a intentar crear su propio sistema de Breton Woods, su propio régimen de tipos cambio fijos. Esta es razón por la que lo necesitaban crear la Unión Europea que se construyó como un cartel de grandes empresas.

Claro que el primer nombre fue “Comunidad Europea del carbón y del acero”, que funcionaba como lo hace la OPEP con el petróleo. Los europeos lo hicieron con el carbón y acero. Se trataba de limitar la competencia, tener precios estables, precios acordados, precios de cartel y luego, por supuesto, incluyeron a los agricultores con el tratado de Roma, a quienes le ofrecieron una parte de los beneficios de la industria pesada.Eso es la política agrícola común. 

Ahora bien, para que un cartel funcione se necesita tener una moneda común o tipos de cambio fijos. Porque si los tipos de cambio fluctúan, realmente es muy difícil mantener la colusión. Los cárteles son inestables, están sujetos a fuerzas centrífugas y si permites que los precios varíen porque los tipos de cambio varían, entonces no puedes mantener el cártel. 

Así que Europa necesitaba otra construcción con una moneda común. Entonces entramos en un proceso. Primero fue el llamado sistema monetario europeo. Después el mecanismo de tipos cambio. Todo esto fracasó. Así que decidimos federar nuestro dinero, crear una moneda común, el euro.

Pero en el proceso olvidamos crear un tesoro común, olvidamos crear las instituciones democráticas que puedan gestionar la política monetaria de una manera mínimamente democrática. Esto, por supuesto, fue la causa de la crisis del euro.

¿Y cómo afrontó la unión europea la crisis del euro? Mediante una austeridad dura, increíblemente dura y mucha impresión de dinero, lo que por supuesto significó que Volkswagen no invirtió nada porque si recibes ese dinero gratis y los clientes no tienen dinero para comprar Volkswagens Caros o máquinas tipo Tesla, las automotrices no invierten en nuevas tecnologías, es muy caro. 

Lo que ha pasado es que las empresas se quedaron con el dinero que imprime el Banco Central y fueron a la bolsa de Frankfurt y recobraron sus propias acciones. El precio de las acciones subió y los directivos de Volkswagen se forraron porque sus salarios están vinculados al precio de las acciones. Esto significó que durante 15 años no tuvimos inversión.

Mientras tanto, la política se volvió tóxica porque cuando al aplicar la austeridad al pueblo alemán, francés, o griego y así sucesivamente, todos terminan odiándose entre sí. Si hoy vas a conversar con  los europeos, incluso con los europeos progresistas, y les dices, «¿Qué tal si nos federamos ahora?» Te responden, «Vete, simplemente vete, no me hables de esto.

Estas son personas que hace un tiempo querían una federación europea, así que la política se ha vuelto tóxica. No hay coordinación, no tenemos liderazgo. En su momento, como lo sabes, yo me opuse abiertamente a alguien como Angela Merkel, ¿verdad? Al menos ella era una líder, al menos tenía capital político.

Ahora tenemos gallinas sin cabeza corriendo por ahí,.. un tipo como Merz que ni siquiera logra ser elegido la primera elección como canciller de Alemania. Tenemos a Macron, un pato cojo. Cuando yo estaba en el gobierno griego había un choque muy fuerte entre el norte y el sur. Ahora tenemos un choque aún peor entre el este y oeste.

¿Por qué te cuento todo esto? Perdona mi respuesta es tan extensa, pero tu pregunta es, ¿cómo está respondiendo Europa al shock de Trump? Pues no lo está haciendo, porque para responder necesitas tener un centro coherente de toma de decisiones políticas y no lo tenemos.

En cambio tienes a Merz que quiere un acuerdo de libre comercio con Trump. Eso es caer directamente en la trampa que Donald Trump está tendiendo. Tienes a un Macron que no quiere eso. Y para más remate ni Merz ni Macron no tienen poder sobre la Comisión Europea.

De hecho,  Úrsula van der Leyen ha creado una pequeña camarilla a su alrededor. Y ella no tiene legitimidad ni apoyo democrático, pero está concentrando el poder en sí misma, haciendo cosas realmente absurdas que no tienen absolutamente ninguna relación con el verdadero problema que tiene Europa.  Nos faltan, nada menos que unos 600,000 millones al año en términos de inversión. Tenemos un déficit de inversión 600,000 millones al año y nadie habla de ello.

Y que hacen, ¿sabes? No tengo mucho pelo, pero el poco que tengo me lo arranco porque están hablando de rearme. Van a comprar tanques y torpedos y no sé qué otras ideas idiotas tienen sobre lo que van a adquirir. Esto no va a generar crecimiento. Hará subir el precio de las acciones de Rhine Metal y la industria armamentística . Pero no tendrá ningún efecto macroeconómico para Europa.

Así que en resumen, la respuesta a tu pregunta es que Europa se está quedando atrás.

Glenn Diesen: Creo que la falta de cohesión política y capacidad decisión es un problema clave. Y  comparto tu pesimismo respecto al keynesianismo militar, pero un componente fundamental a abordar en el actual shock de la economía internacional es el cambio industrial, que ahora muchos denominan la cuarta revolución.

En particular Europa se esta quedándose atrás en el sector tecnológico, especialmente ahora que todo se está digitalizando. Vemos que las tecnologías digitales se están fusionando cada vez más con las industrias físicas o las están transformando. ¿Cuáles son los principales retos para Europa en este sentido? ¿Hay algo en camino o simplemente se está subordinando a Estados Unidos? 

Yanis Varoufakis: Están intentando subordinarse a un líder como Trump que curiosamente no los quiere como subordinados. Están suplicando, «Déjanos ser tus esclavos.» Y él responde, «No, no quiero que seáis mis esclavos.» Así que en realidad es bastante cómico. Mira nos hemos quedado atrás en las tecnologías del futuro. La razón porque nos hemos quedado atrás en la energía verde, como paneles solares, energía eólica y fusión, es porque no hemos invertido nada.

Alemania solía ser el principal productor de paneles solares en el año 2000. ¿Y qué pasó? Dejaron de invertir en ello. Los chinos nos han adelantado en dos revoluciones industriales, no solo una. Están por delante en la fabricación de paneles solares y en los vehículos eléctricos.

Esa idiotez de que los chinos están inundando el mercado con productos baratos por las subvenciones del gobierno chino es una tontería completa. Simplemente nosotros no tenemos la tecnología de los Chinos. ¿Por qué? Porque no se ha invertido. Nosotros hemos pasado los últimos 20 años sin invertir y al final todo esto pasa factura.

Cuando te pierdes 20 años de inversión en plena revolución tecnológica estás fuera. Y lo que han hecho en lugar de invertir es una tontera. En su inmensa necedad pensaron que somos una economía de 500 millones personas y debido a nuestro peso, nuestra magnitud, nuestro tamaño, vamos a regular, vamos imponer nuestros propios estándares al resto del mundo.

Bueno, ya sabes, esa política no funciona durante mucho tiempo. Si no tienes ningún capital en la nube, entonces en algún momento el capital va a superar tus propias regulaciones. La última tontera son los comentarios en Bruselas:  si Trump impone aranceles terribles a nuestros productos, a nuestros coches, al aluminio, a nuestros bolsos Hermes y Louis Vuitton, entonces vamos a imponer impuestos digitales a las grandes tecnológicas Silicon Valley.

Bueno, por cierto, estoy totalmente a favor de los impuestos las grandes tecnológicas. Lo llamo el impuesto a la nube. He defendido esa idea. Pero, ¿sabes qué? Ni siquiera harán eso porque son unos charlatanes y no lo harán porque a diferencia de los chinos que han desarrollado sus propias grandes tecnológicas, por cada gran empresa tecnológica estadounidense hay un equivalente en China que realidad es mejor que la estadounidense en cuanto a funcionalidad. Baidu, Tencent, Alibaba y otras, si los comparas técnicamente son mejores.

Las empresas tecnológicas Chinas son realmente mejores que las estadounidenses. Nosotros no tenemos nada en Europa. Y lo que hacemos es vender nuestras empresas tecnológicas. Bolt fue vendido al Silicon Valley, así que no tengo ninguna duda que si Bruselas intenta tomar represalias contra los aranceles estadounidenses con un impuesto a la nube para las grandes tecnológicas estas chantajearán a Europa simplemente diciendo, «Cortaremos todos los servicios para vosotros, los europeos.» 

Y entonces, ¿qué dirá Ursula van der Leyen a los europeos? Porque los europeos no tendrán acceso a YouTube, no tendrán acceso a X. ¿Sabes? Los estadounidenses pueden hacer esto fácilmente. Solo haría falta una semana sin acceso a YouTube para que toda la comisión europea se venga abajo.

Así que todas estas son amenazas no creíbles en nuestro lenguaje económico. Lo que normalmente se haría para superar estos desafíos, es decir, la dependencia excesiva de un solo actor extranjero, sería buscar una mayor autonomía estratégica,  también la soberanía tecnológica, además de diversificar las alianzas externas, pero parece que los europeos se están aislando de otros centros clave, siendo China uno de los más importantes.

Glenn Diesen: Me alegro que menciones a China porque ellos están desarrollando su autonomía estratégica. están diversificando sus alianzas exteriores. Pero en esta guerra económica,p los dos actores principales parecen ser, obviamente, Estados Unidos y China, ¿quién tiene las cartas ganadoras? ¿Cómo ves que se va a desarrollar esta guerra económica? ¿Por qué los chinos no están respondiendo de forma más contundente? ¿Cómo interpretas la situación? 

Yanis Varoufakis: Los chinos son los adultos en la sala. Son los que están respondiendo de una manera muy conservadora, racional y sensata. Y tienen un plan. Los europeos no tienen un plan. El plan que principalmente nos falta es un plan macroeconómico y de inversión. Eso es lo único que no tenemos. Tenemos todo tipo de otros planes y regulaciones, pero lo que realmente necesitamos no lo tenemos y ni siquiera estamos trabajando para conseguirlo.

Así que permítanme decir que hay tres cosas que deberían haberse hecho ayer, pero al menos hagámoslas hoy. No creo que se hagan, pero déjenme decirles cuáles son. En primer lugar, no hagan nada respecto a Trump. No vayan verle. No respondas con represalias ni vayas mendigando un acuerdo comercial, simplemente ignóralo.

En su lugar, abre una línea de comunicación con Pekín. No estoy diciendo que debamos convertirnos en vasallos de Pekín la misma manera que fuimos vasallos de Estados Unidos. No, pero sí coordinar. En primer lugar, elimina todos los aranceles que la Unión Europea impuso a China instancias de Estados Unidos.

Esos aranceles sobre los paneles solares, por ejemplo, nos los impuso EEUU. Washington llamó a Bruselas y dijo, » Poned aranceles a los paneles solares porque estamos en guerra con los chinos.» Bueno, ya sabes, ahora los estadounidenses en una guerra económica con nosotros. ¿Por qué deberíamos estar en guerra con los chinos? ¿Solo porque estadounidenses lo están?

Necesitamos paneles solares. Ellos fabrican paneles solares de muy buena calidad y a un precio muy bajo, Así que compremos esos paneles sin hacer que nuestra gente en Europa tenga que pagar precios desorbitados por algo que necesitamos. ¿De acuerdo? Primer punto, eliminar los aranceles que Europa impuso en nombre de Estados Unidos.

En segundo lugar, coordinar entre el Banco Central Europeo y el Banco de China un programa de estímulo común, porque tanto China como la Unión Europea necesitan un estímulo coordinado para hacer frente a las olas recesivas que se avecinan como resultado del impacto de los aranceles de Trump sobre el comercio mundial.

En tercer lugar, buscar formas de colaborar en la producción conjunta. Ya lo hemos hecho antes. Fueron Siemens y Alst quienes fueron a China y les ayudaron a construir ferrocarriles que ahora son mucho mejores que los nuestros. ¿Por qué no hacemos  lo mismo? ¿Por qué no hay empresas conjuntas entre Volkswagen y BYD para producir coches eléctricos en Alemania, por ejemplo? Así que eso es lo primero que haría.

Lo segundo que haría sería poner en marcha un programa de inversión que cubra el déficit de inversión que mencioné antes… de unos 600 700,000 millones cada año. Y la forma de hacerlo no es a través de un fondo de recuperación como el que creamos durante la pandemia,eso es absurdo. Fue una idea terrible porque esencialmente lo que hizo fue grabar a los trabajadores alemanes pobres para dar dinero a los oligarcas en Italia y

Eso fue como decirle al pueblo alemán y al pueblo holandés, «Nunca más ayudemos a los griegos y a los italianos”.  Lo que realmente necesitamos es un programa de inversión paneuropeo que no financia a los gobiernos, sino proyectos concretos que sean potencialmente rentables, estén donde estén, en el sur de Europa, o en el norte de Europa.

Y sabemos que necesitamos unos 600 a 700,000 millones para eso. Ahora no hay tiempo para tener esta discusión sobre los eurobonos y un tesoro federal, porque como dije antes, esa discusión se envenenó hace mucho tiempo, pero tenemos el Banco Europeo de Inversiones que emite bonos. Bueno, denles luz verde para emitir bonos por valor de 600,000 millones de euros cada año durante los próximos 5 años y el Banco Central Europeo debería  declarar que si es necesario intervendrá en los mercados secundarios para comprarlos. 

Esto significa que los bonos que propongo tendrán tipos de interés inferiores al 2%, quizá incluso menos del 1%, porque serán muy seguros si cuentan con el respaldo del BCE. y coges esos 600, 700,000 millones y los inviertes en las tecnologías que tanto nos faltan y lo haces a nivel paneuropeo.

Ni siquiera lo haces a través de los gobiernos. Lo haces mediante un programa europeo de inversión como el plan Marshall  que fue un programa estadounidense de inversión. Así que eso es lo segundo haría.

 Y lo tercero que haría es crear una cartera digital en el BCE para que cada ciudadano europeo pueda descargarlo desde la tienda de Android o Apple, igual que pueden hacerlo los chinos, porque el Banco Central de China ha proporcionado a los ciudadanos chinos una cuenta bancaria digital gratuita.

Lo que obtienes es que cualquier dinero tengas en esa cartera genera el tipo de interés overnight del Banco Central, lo cual es una forma fantástica de competir con China. Los bancos comerciales son terribles, pagan poco a los ahorradores y cobran de más a los prestatarios y entonces de repente tienes este nuevo y asombroso ámbito digital de pagos gratuitos, transfronterizos como el de los chinos

Así es como compites con el WCAT chino, con la moneda digital china. Así es como obligas a los banqueros. Básicamente les dices que ya no tienen el monopolio del sistema de pagos. Si quieres ofrecer buenos servicios a los clientes, hazlo. 

Glenn Diesen: Antes de terminar, solo una última pregunta muy rápida. Entonces, ¿por qué no hacemos realmente estas cosas? Sé que antes llamaste a Europa el continente estúpido, pero es por falta de conocimiento e ideología. ¿Cómo lo entiendes tú? 

Yanis Varoufakis: Es una combinación de ideología y conveniencia. Tomemos, por ejemplo, el sistema de pagos digitales que mencioné. Los bancos de Frankfort y los bancos de París van a decapitar cualquier político que sugiera esto porque esencialmente les estás quitando su monopolio sobre el sistema de pagos. Cuando lo propuse en 2015, no solo fui demonizado, sino que fui decapitado discursivamente.

Publicaron todo tipo de tonterías patrocinadas por banqueros que quieren  anularme como entidad, porque para ellos es mucho dinero. En cuanto a la organización y creación de este programa inversión mi opinión al respecto es que el establishment financiero e industrial alemán aún no ha aceptado el euro.

Tenemos el euro desde 1992 ¿verdad? Pero realmente los alemanes no lo han aceptado. Lo han aceptado formalmente , pero quieren mantener su derecho y oportunidad de salir del euro. Ese es el establishment alemán. Nos han permitido usar su marco alemán en forma de euro, pero quieren poder desconectarse y salir, lo que significa que no quieren tener deuda común.

Cuando dicen no a la deuda común esto significa que la Unión Europea no pueden tener un programa común de inversiones. Esto es el derecho de Alemania a salir de Europa y no es una idea irracional por su parte porque es la manera de tener la máxima influencia dentro de Europa.  Esta estrategia de salida no la tienen los italianos ni los franceses porque son países deficitarios.. 

Un ejemplo es California que no puede salir de la unión del dólar, porque si sale de dólar es imposible saber qué parte de la deuda soberana estadounidense corresponde a California. Así que eso es lo que pasa si estas atado a una deuda común.

Este es mi análisis por las que no están haciendo nada aunque en el fondo saben lo que hay que hacer. Con la actual política Europa se esta suicidando.

Glenn Diesen: Tu análisis ha sido muy interesante, gracias Yanis Varoufakis.

Yanis Varoufakis es economista, exministro de Finanzas de Grecia y autor de numerosos libros superventas. Varoufakis sostiene que el antiguo modelo económico centrado en Estados Unidos se ha agotado y que EE. UU. está impulsando una reestructuración de la arquitectura económica internacional para obtener una posición favorable. China es el principal rival en este nuevo sistema, mientras que los europeos se están convirtiendo en un apéndice empobrecido de EE. UU.

Fuente: https://observatoriocrisis.com/2025/05/14/varoufakis-europa-se-esta-suicidando/

Economía y capitalismo «progresistas»

28 Mayo 2025 at 06:00
Por: Caty R

La semana pasada asistí a una conferencia de un día organizada por el Foro de Economía Progresista (PEF). PEF es un grupo de expertos económicos de izquierda británico que asesoró a los dirigentes laboristas Corbyn-McDonnell cuando estaban al frente del Partido Laborista Británico. El objetivo de PEF es «reunir un Consejo de economistas y académicos eminentes para desarrollar un nuevo programa macroeconómico para el Reino Unido». El consejo de PEF quiere «avanzar en las políticas macroeconómicas que aborden los desafíos modernos de la crisis ambiental, la inseguridad económica, las desigualdades sociales y económicas y el cambio tecnológico y fomentar la implementación de políticas para ellas trabajando con los responsables políticos progresistas y mejorando la comprensión pública de la economía». La única propuesta de política específica que pude encontrar en su declaración de objetivos fue que el PEF «se opone a la austeridad y a la ideología y narrativa actuales del neoliberalismo, hace campaña para poner fin a la austeridad y garantizar que la austeridad nunca vuelva a ser utilizada como instrumento de política económica».

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