Marruecos y otros países africanos están acelerando sus esfuerzos para entrar en la industria global del videojuego, un sector que mueve más de 300.000 millones de dólares (unos 275.000 millones de euros) y que experimenta una profunda reconfiguración. Con los costes de producción al alza y los mercados tradicionales —Estados Unidos, Japón y Europa— cada vez más maduros, el continente africano ofrece dos ventajas decisivas: una población joven y conectada, y unos costes de producción competitivos.
El reino alauí ha multiplicado las iniciativas para posicionarse en este mercado. Según fuentes del Ministerio de Industria marroquí, el país ha puesto en marcha una estrategia pública que combina la atracción de inversiones extranjeras con la formación de talento local. Cerca de un tercio de la población marroquí tiene menos de 15 años, un perfil demográfico que encaja con el perfil de consumidor y desarrollador de videojuegos.
La pugna por atraer inversiones no es solo marroquí. Varios países del África subsahariana, como Kenia, Nigeria y Sudáfrica, también han lanzado programas de apoyo al sector. La consultora especializada Newzoo estima que los ingresos del gaming en África podrían superar los 1.000 millones de dólares en 2028, frente a los 600 millones actuales.
España, que compite con Marruecos por inversiones en este sector estratégico, mantiene una posición relevante como hub tecnológico en el sur de Europa. Sin embargo, el coste salarial y fiscal más bajo en el norte de África está atrayendo a estudios internacionales que buscan reducir gastos sin renunciar a la calidad técnica. Empresas francesas y canadienses ya han abierto estudios en Casablanca y Rabat, según ha confirmado la Agencia Marroquí de Desarrollo de Inversiones.
El desafío para Marruecos y sus vecinos será consolidar un ecosistema que vaya más allá de la subcontratación y logre desarrollar propiedades intelectuales propias. De momento, el camino parece trazado: aprovechar el bono demográfico y los costes competitivos para sentar las bases de una industria que, en apenas una década, podría cambiar el mapa global del videojuego.