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Lo que no sale en televisión es lo importante

23 Enero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Cuando yo vivía en el popular barrio de Vallecas, en Madrid (ahora vivo en una localidad que no llega a los 50.000 habitantes) alguien hizo una pintada sublime: "La televisión miente". Al día siguiente de que apareciese, otra mano, con otra letra, añadió la palabra definitiva: "bastante". A esta segunda mano no le había parecido suficiente la primera pintada, o le había parecido que era poco clarificadora, por lo que se dio a la labor de añadir la otra. Nada de sutilezas ni de grandes ensayos. Directa al grano. Esa pintada, "La televisión miente bastante", estuvo en una pared cerca de un año.

Eso era mucho antes de Trump, casi en el paleolítico. Porque toda la política de Trump se reduce a la televisión: secuestrar a Maduro, decir esto y lo otro. Y el estercolero mediático esperando cualquier excremento de Trump para lanzarlo a un mundo aborregado. Si no es Venezuela es Irán, y si no cualquier otro. La cuestión es tener entretenida a la plebe.

Sin embargo, lo importante no es lo que sale en la televisión. Ahora tenemos centenares, miles de analistas hablando de Venezuela, de Irán y de todo lo que nos muestran porque Occidente, EEUU en concreto, necesita desesperadamente alguna victoria que mostrar al populacho. Nada de explicar lo que hay detrás, por supuesto. Nada de analizar el por qué del mantenimiento y escalada de las agresiones de Occidente al resto del mundo. Nada de decir que los conflictos en curso se deben, en gran parte, a que los dueños del dinero están haciendo todo lo posible para evitar el declive del dólar apelando a la fuerza militar.

Y, a pesar de ello, el fin del patrón del dólar es inevitable. El oro está resurgiendo. Su precio sube y sube sin parar hasta el punto de convertirse en el segundo activo de reserva del mundo, después del dólar. Se dice que en estos momentos el dólar representa el 46% de todas las reservas monetarias del mundo. Si eso es cierto, y hay que esperar a los datos oficiales, aún no disponibles, es la primera vez en medio siglo que el dólar baja del 50%. Por el contrario, el oro se sitúa en las cotas más altas en medio siglo con el 24% del valor del mercado, según acaba de reconocer el Banco Central Europeo. El euro, que sigue de capa caída, apenas alcanza el 15% y el resto, otro 15% aproximadamente, se lo reparten otras monedas como el yuan chino, el yen japonés o la libra esterlina británica, por ejemplo.

Pero esto, siendo cierto, es poco real porque China ha hecho en poco tiempo dos movimientos tectónicos: aumentar significativamente sus reservas de oro, siendo muy posible que superen ya las de EEUU (aunque son datos que China mantiene en secreto) con la finalidad de vincular el yuan al oro, y poner en marcha el yuan digital a nivel internacional.

El Banco Central de China ha lanzado oficialmente el Renminbi Digital este 1 de enero. Renminbi, popularmente conocido como yuan, significa "moneda del pueblo". El RD se utiliza en el comercio internacional y la logística para pagar bienes, servicios, fletes y aranceles. Prácticamente al minuto de estar operativo el RD un total de 19 países y dos entidades autónomas de China se han sumado al mismo (Rusia, Kazajistán, Bielorrusia, Turquía, Hungría, Arabia Saudita, Tailandia, Emiratos Árabes Unidos, Brunéi, Camboya, Indonesia, Laos, Malasia, Myanmar, Singapur, Tailandia, Timor Oriental, Vietnam, más Hong Kong y Macao). Estos países ya suponen el 33% del comercio mundial y el Banco Central de China considera que este primer trimestre del año se llegue a la cifra de 30 países que se incorporen a esta estructura claramente competidora del SWIFT occidental. Las miradas de China están, como es lógico, en los países BRICS y en los que componen la Nueva Ruta de la Seda. Si se llega a esta cifra de países que se suman al RD eso va a suponer el 40% del comercio mundial. Y esto está empezando.

Tomad nota de este dato para que entendáis mejor las protestas en Irán (28 de diciembre) y el secuestro de Maduro (3 de enero), dos países muy activos en la desdolarización.

El RD no nace en el vacío. Ya hace dos años que el yuan supera al dólar en el comercio chino transfronterizo (53% en yuanes y 47% en dólares en 2024, aún no hay datos del año pasado pero todo el mundo da por hecho que la proporción del uso del yuan en este comercio estará cercano al 60%). Es la forma más palmaria que tiene China de demostrar al mundo cómo se reducen los riesgos de usar el SWIFT occidental. Así China demuestra cómo se protege un país de las agresiones, llamadas sanciones, de EEUU y del resto de países occidentales.

Porque China no es un país cualquiera. Es, desde hace 10 años, la mayor economía del mundo si medimos los datos económicos como los hay que medir, utilizando el Producto Interior Bruto basándose en la paridad del poder adquisitivo de la moneda nacional con el dólar estadounidense. Los occidentales se refugian en el PIB clásico para decir que esto no es así, que EEUU sigue dominando con mucho. Pero entonces no se entiende cómo el Fondo Monetario Internacional tiene que admitir que la participación de China en el PIB mundial es del 19'31% (datos de 2024) y la de EEUU es del 14'80%. Las estimaciones del FMI para el año que acaba de pasar, el 2025, son que la ventaja de China aún será mayor: 19'63% de China frente al 14'65% de EEUU.

Os recuerdo cómo estaban las cosas en noviembre, teniendo en cuenta que China ya comercia con 28 países en sus propias monedas y que ese comercio no pasa por el sistema SWIFT occidental.
Estos datos se explican por lo comentado anteriormente y que se refuerza en el hecho de que cada vez más países fuera del mundo occidental han comenzado a realizar sus transacciones de pago eludiendo el sistema occidental. Y esto es así desde 2022 cuando se robaron los fondos rusos y se prohibió a los bancos de este país cualquier tipo de transacción por este sistema. Cada vez más países se han vuelto cautelosos, por ser suave en el calificativo, con Occidente tanto por las agresiones directas como las indirectas (por ejemplo, las que se imponen a las empresas de terceros países que no cumplen con las prohibiciones occidentales).

Por esta razón, cada vez hay más países con sus propios sistemas de pago: el Sistema de Transferencia de Mensajes Financieros ruso, el Sistema para Mensajes Financieros Seguros Estandarizados indio, el Sistema de Mensajería Financiera iraní o el Sistema de Pagos Interbancarios Transfronterizos chino (CIPS). Este año el CIPS chino comienza con 1.200 instituciones financieras de 103 países, con lo que los datos del SWIFT con los que juega Occidente para embrutecer a sus gentes no son reales.

Junto a ello, China participa en el Proyecto MBridge con otros países (Arabia Saudita, Tailandia, Emiratos Árabes Unidos) en el que los bancos centrales de estos países realizan transacciones financieras en monedas digitales respaldadas por sus bancos centrales y reduciendo significativamente tanto el tiempo como las comisiones, con lo que se producen dos cosas: se eliminan los riesgos y se incentiva la desdolarización. El 95% de todos los flujos monetarios que se mueven en el Proyecto MBridge son en yuanes. Rusia y Brasil han mostrado su interés en participar en esta plataforma y la están utilizando de forma limitada.

El RD pone de relieve que los mecanismos tradicionales controlados por Occidente para las transacciones comerciales internacionales son cosa del pasado. El RD es ya el futuro porque la velocidad de las transacciones es de 7 segundos, mientras que en el caso del SWIFT tarda 5 días, y las comisiones se han reducido en un 98%. Estamos ante una revolución silenciosa de una envergadura mucho mayor que las agresiones mediáticas a Venezuela o Irán. Pero esto no lo veréis en la televisión.

El Lince

Fuente: https://elterritoriodellince.blogsp...

La Unión Europea avanza en su autodestrucción al firmar el acuerdo con Mercosur

16 Enero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Cristina Buhigas

En 1951 se inició el proceso de creación de lo que ahora es la Unión Europea con la pretensión de convertir el continente que había sido el escenario de dos guerras terribles en una especie de Arcadia feliz, en paz, con un respeto absoluto a los derechos humanos y la garantía de un nivel de vida alejado de la pobreza para todos sus ciudadanos, que recorrerían su territorio en libertad. Tres cuartos de siglo después el invento avanza hacia su autodestrucción, armándose para una guerra contra un enemigo incierto por imposición de Estados Unidos, olvidando los derechos más elementales de los seres humanos, especialmente de los inmigrantes, abandonando la lucha contra el cambio climático y sometiéndose a los dictados de las grandes corporaciones industriales y financieras. La firma del tratado entre la UE y Mercosur en Paraguay el próximo sábado 17 de enero es un nuevo paso para convertir aquella ilusión en catástrofe.

“No todo son aranceles, amenazas y malas noticias. Algunos tendemos nuevos puentes y alianzas para forjar una prosperidad compartida”, decía el pasado viernes el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez en X, al valorar el acuerdo que acababa de suscribir la UE con Mercosur tras 25 años de negociaciones. Siguiendo su relato habitual, aseguraba que con el acuerdo “las empresas españolas podrán entrar en nuevos mercados, exportar más y generar más empleo” y asumía el tradicional mantra de España como puente entre la UE y Latinoamérica, “esa región hermana y estratégica”. Según el Ministerio de Economía, la firma supone “el compromiso de ambos bloques con el orden internacional basado en reglas, el multilateralismo y la cooperación”. El ejecutivo español trata de oponer la bondad europea a la maldad del actual presidente de EEUU que actúa contra el derecho internacional. El problema es que olvida que Europa se ha comprometido a realizar el mayor gasto en armas de su historia comprándolas precisamente a ese país.

Mercosur lo integran Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay desde 1991, es un mercado de 270 millones de habitantes, que con la UE supondrá la mayor zona de libre comercio del mundo, con más de 700 millones de consumidores y cerca del 25% del PIB mundial. El pacto suprime más del 90% de los aranceles en los intercambios de bienes y servicios con la zona, lo que, según la Comisión Europea, ahorrará a las empresas comunitarias más de 4.000 millones de euros anuales. España realiza el 9% de las exportaciones y el 18% de las importaciones de la UE a Mercosur y es el primer inversor en Uruguay, segundo en Brasil y Argentina y el quinto en Paraguay, superando en total los 100.000 millones de euros en 2023, el 13% de las inversiones españolas directas en el exterior, fundamentalmente en energía, infraestructuras, telecomunicaciones, banca y transporte.

Estos datos parecen augurar un futuro idílico, pero no es así porque las cifras macroeconómicas suelen estar alejadas de la realidad que viven los ciudadanos de a pié y en este caso concreto porque quienes se ahorrarán esos miles de millones y rentabilizarán sus inversiones son mayoritariamente grandes empresas, muy en especial los fabricantes alemanes de automóviles, mientras que los pequeños agricultores europeos sufrirán la competencia de los productos de unos países donde no rigen las mismas exigencias de calidad que en los Veintisiete.

La Comisión Europea presume de más de 40 acuerdos comerciales suscritos con países terceros, pero la verdad es que son una pesadilla para los agricultores, víctimas del desplome de los precios y de que los países de Mercosur, Marruecos y otros no cumplen las normas fitosanitarias europeas, especialmente en el uso de fertilizantes y pesticidas, lo que además es un peligro para los consumidores. Bruselas asegura que el acuerdo incorpora compromisos “firmes” en materia de sostenibilidad y establece mecanismos de protección para los sectores más sensibles, en particular el agrícola. Los agricultores no se fían, ni en España ni en Francia; aunque acaben realizando un ejercicio de resignación y dejen de cortar carreteras ante las promesas de políticos como el president de la Generalitat, Salvador Illa, de realizar un seguimiento de las importaciones para “minimizar” los efectos del acuerdo. Por si Illa no lo sabe: Catalunya no está rodeada de un muro fronterizo frente al resto de la UE, así que le será muy difícil cumplir esa promesa.

Actualmente los países comunitarios están acabando de poner en marcha la reforma de la Política Agrícola Común (PAC) para 2023/2027, que fue contestada por los pequeños agricultores españoles y repartirá en este periodo 47.724 millones de euros en nuestro país, el tercero más beneficiado tras Francia y Alemania. Las ayudas europeas son el 20% de los ingresos del campo español. Pero las pequeñas y medianas explotaciones están disminuyendo progresivamente en toda Europa, son el 76% las de menos de cinco hectáreas, mientras que las de más de cien hectáreas detentan el 21% de la superficie cultivada total y por tanto son quienes más se benefician de las ayudas. Solo empresas cada vez más grandes pueden invertir en grandes explotaciones con tecnología moderna que optimizan la mano de obra. En lenguaje común: el campo bucólico que Francia intentó establecer en Europa al inventarse la PAC está desapareciendo a favor de grandes inversores que sirven a la industria alimentaria. Las macrogranjas son el exponente más siniestro de un proceso contrario al bienestar animal, la defensa del medio ambiente y la alimentación sana de los seres humanos.

“Todo lo que es susceptible de empeorar lo hará”, dice la famosa Ley de Murphy, y en el caso de la PAC está destinada a cumplirse. En 2028 se pondrá en marcha una nueva reforma destinada a “simplificarla”, que el Parlamento Europeo aprobó justo antes de Navidad y que muchos expertos aseguran que supondrá el desmantelamiento de la que fue pionera de las políticas comunes destinadas a acabar convirtiendo las naciones europeas en una unión política, una utopía que la realidad actual desmiente. La clave de la futura PAC es la “flexibilidad”, al dejar en manos de los gobiernos nacionales decisiones fundamentales de protección del medio ambiente, de los suelos, pastizales y hábitats agrarios, abriendo la puerta a prácticas que “degradarán aún más el campo y la naturaleza, poniendo en riesgo los recursos naturales que hacen posible producir alimentos de calidad y garantizar el futuro del campo europeo”, afirma SEO/BirdLife.

“Si los Estados miembros tienen pleno control sobre la distribución del dinero de la PAC, sin objetivos de gasto para las medidas medioambientales, es probable que disminuyan los incentivos para que los agricultores protejan la naturaleza. Y sin normas claras sobre el gasto, los gobiernos podrían sucumbir a la presión política y canalizar los fondos en beneficio de sistemas agrícolas explotadores de las personas y la naturaleza”, asegura la organización ecologista internacional WWF (World Wildlife Fund, Fondo Mundial para la Naturaleza). En román paladino: el triunfo en las elecciones en cualquier país de la ultraderecha —en España un gobierno PP/Vox— significaría el olvido de cualquier norma para hacer frente a la emergencia climática, permitiría la explotación salvaje del suelo y lo vendería a multinacionales explotadoras, que se beneficiarían de las ayudas, y condenaría a la pobreza a la población rural. No es un futuro distópico de una novela de ciencia ficción, puede estar a la vuelta de la esquina.

Volvamos al acuerdo comercial con Mercosur. La presión de la industria alemana, muy especialmente la del automóvil, ha sido definitiva para que la gran defensora de los intereses de los europeos, la presidenta de la Comisión, la alemana —¡qué casualidad!— Ursula von der Leyen se disponga a rubricar el acuerdo. No olvidemos que la economía de Alemania lleva años con un crecimiento muy débil —se estima un incremento del PIB del 0,2% en 2025—, que la producción de automóviles es su primera actividad, pero atraviesa una profunda crisis. En los últimos años sus fábricas han eliminado 50.000 puestos de trabajo (cuentan actualmente con 770.000). El gobierno del canciller Friedrich Merz ya consiguió hace poco que la Comisión permita que se sigan fabricando vehículos de gasolina y diesel después de 2035 y que se reduzca hasta el 90% el objetivo de emisiones de CO2 en lugar de alcanzar las cero emisiones. Se confirma que Alemania es el motor de combustión de la UE.

El tratado no ha sido aprobado por todos los estados miembros, sino que cuenta con la oposición de Francia, Polonia y Hungría. Italia también estaba en contra, de hecho fue la causa de que se pospusiera la firma prevista para el 20 de diciembre; pero Giorgia Meloni cambió de opinión, según ella porque consiguió garantías para los agricultores, como un refuerzo de los controles fitosanitarios y el bloqueo de los precios de los fertilizantes. La primera ministra italiana asegura que se mantendrá “en alerta” para garantizar que los productos que entren desde los cuatro países latinoamericanos no hacen competencia desleal a los italianos. Habría que preguntarse si otros gobiernos, como el español, aceptaron antes un compromiso que desprotegía a sus agricultores.

Gracias a la fascista Meloni el Consejo de la UE aprobó el acuerdo por mayoría cualificada —el procedimiento de voto que se utiliza en los asuntos que afectan a las políticas comunes— porque Emmanuel Macron, presidente de Francia, primer país productor agrícola europeo, no consiguió una minoría de bloqueo para impedirlo. Los agricultores franceses siguen movilizándose y el líder de La France insoumise, Jean-Luc Mélenchon, ha presentado una moción de censura contra el Gobierno del primer ministro, Sébastien Lecornu, como protesta ante la “humillación de Francia”. "¿Cómo podemos luchar contra los precios bajísimos de los productos de las inmensas granjas industriales de Brasil o Argentina, que no tienen los mismos niveles salariales ni los mismos estándares de salud, medio ambiente y bienestar animal?”, se pregunta la formación de izquierdas, en sintonía con los movimientos ecologistas.

A pesar de que el sábado se firma, solo entrará en vigor de forma provisional cuando lo ratifique un país de Mercosur. Más adelante debe ratificarlo la Eurocámara y después los parlamentos de todos los estados miembros en un procedimiento largo y complicado. Bruselas ha intentado hacerlo más rápido recurriendo a un truco técnico legislativo, dividiendo el tratado en dos, lo que facilita que la parte comercial entre en vigor provisionalmente, mientras que la más política, que incluye la cooperación y es la que deben aprobar los parlamentos de los Veintisiete la sustituya cuando termine el proceso. Las cámaras de Francia o Hungría seguramente votarán en contra y las de otros países con gobiernos en minoría también podrían oponerse, como sucedió en el suscrito con Canadá, con lo que quedaría en suspenso. Además de toda esta maraña queda la posibilidad de que en algunos países los sectores afectados retrasen de hecho su apertura comercial, con lo que los efectos negativos o beneficiosos no se experimentarían en su totalidad y no se sabe cuando.

Lo que sí sabemos es que la economía y el comercio internacional no son ciencias exactas, están sujetas a imprevistos. ¡Qué nos van a decir a quienes acabamos de empezar 2026!

Fuente: https://www.diario-red.com/articulo...

Venezuela y la crisis del modelo imperial estadounidense

10 Enero 2026 at 00:01
Por: (tortuga)

Queridos lectores:

Con el sorpresivo secuestro de Nicolás Maduro en la madrugada del 2 al 3 de enero de 2026, Donald Trump ha inaugurado una nueva etapa del declive energético en el que llevamos ya dos décadas inmersos, desde que en 2005 la producción de petróleo crudo convencional llegara a su máximo histórico y comenzara un proceso de lento declive. Una etapa que promete ser bastante turbulenta, porque las urgencias de la escasez energética hacen que caigan las caretas y que los países muestren su verdadera cara, lo que están dispuestos a hacer con tal de preservar su situación de dominio económico.

Durante las últimas semanas, la administración Trump ha alimentado el discurso de que Venezuela es una gran plataforma del narcotráfico hacia los EE.UU., responsabilizando personalmente al presidente de Venezuela de este tráfico de cocaína. Las acciones de los EE.UU. han sido progresivamente más agresivas con Venezuela: primero, la destrucción de algunas embarcaciones de narcotraficantes; luego, el cierre del espacio aéreo venezolano; más tarde, el apresamiento de varios petroleros; y ahora el secuestro en su palacio presidencial en Caracas de Nicolás Maduro y su mujer por medio de un grupo especial de ejército americano. Lo cierto es que no se entiende este nivel de agresividad y urgencia con un problema que obviamente hace décadas que dura, y además del cual Venezuela solo es una ruta, mientras que el origen de la cocaína está obviamente en Colombia y Bolivia. Ítem más, se hace extraño que personalice el problema en el presidente del país, que probablemente tenga poca o nula relación con todo esto, pero que en todo caso no se ha aportado ningún elemento de prueba que demuestre que efectivamente está implicado. E incluso si lo estuviera, las relaciones entre los países no se pueden gestionar ni se gestionan de manera expeditiva cargando contra sus representantes, por múltiples motivos pero, entre otros, porque tal manera de hacer difícilmente puede despertar las simpatías de la población. La acción de los EE.UU. ha sido una clara violación del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas, y algo absolutamente extemporáneo e injustificable.

Pero toda la cuestión del narcotráfico pasó rápidamente a segundo plano cuando Donald Trump compareció delante de los medios el día 3 para explicar la operación. Sin solución de continuidad, Donald Trump explicó que las empresas petroleras de EE.UU. van a invertir miles de millones de dólares en el sector petrolífero de Venezuela, de manera que en pocos años puedan garantizar que la producción de petróleo venezolano suba desde los lánguidos 900.000 barriles diarios de hoy en día hasta los 4 ó 5 millones de barriles por día (Mb/d). En su alocución, el presidente Trump mencionó la palabra "petróleo" un total de 29 veces, más del doble de las que mencionó "narcotráfico", dejando meridianamente claro de qué iba todo esto.

La clave de todo está, por supuesto, en la Faja del Orinoco, una zona en la que se supone que hay unas reservas que se publicitan como de hasta 300.000 millones de barriles de petróleo (aunque el geólogo Art Berman siempre insiste que la mayoría de éstas son las famosas "reservas de papel", de la época en la que la OPEP infló sus números, y que en realidad hay más bien unos 100.000 millones de barriles - igualmente, una cantidad nada desdeñable).

La Faja del Orinoco es una región dentro de la cuenca hidrográfica del río Orinoco, situada a una distancia de entre 150 y 300 kilómetros de la costa, en plena selva y en territorio con una pendiente importante. La Faja del Orinoco limita al sur con el Arco Minero, donde hay importantes depósitos de diamantes, níquel y torio y muchos otros minerales estratégicos como el oro.

En la Faja del Orinoco hay petróleo extrapesado, bitumen de características similares al que se explota en Canadá. Venezuela tiene otros yacimientos con petróleo de mejores características, más convencional, sobre todo en la Bahía de Maracaibo, pero esos yacimientos han pasado ya hace mucho tiempo su máximo de extracción. La razón principal por la que la producción petrolífera de Venezuela ha bajado de los 3,5 Mb/d de finales del siglo pasado a menos de 1 Mb/d actualmente es precisamente el agotamiento de sus pozos de aguas poco profundas - y es que Venezuela, efectivamente, hace tiempo que pasó su peak oil. Es cierto que las continuas sanciones y el deterioro económico han perjudicado a la industria local y que posiblemente podría producir más de lo que produce ahora mismo, pero también es cierto que la única manera de aumentar de manera creíble la producción venezolana es mediante el petróleo extrapesado. De hecho, desde hace ya muchos años la producción de petróleo extrapesado representa aproximadamente dos tercios de todo el petróleo extraído en Venezuela.

Al igual de lo que pasa con el bitumen canadiense, el petróleo extrapesado de la Faja del Orinoco es una sustancia muy viscosa y para nada fluida, semejante al alquitrán. Su extracción es muy compleja y costosa, más que en Canadá porque mientras que en el país del arce las arenas bituminosas están en la superficie, en la Faja del Orinoco están enterradas a centenares de metros. Así pues, su extracción y procesado directo tal y como se hace en Canadá (que es más una operación de minería) es inviable en Venezuela, y la única solución es abrir un pozo que inyecte ingentes cantidades de vapor de agua para fluidificar un poco los lodos bituminosos, y al tiempo, desde otros pozos auxiliares, inyectar gases para incrementar la presión y obligar a los lodos a subir a la superficie. Una vez en superficie, se debe de lavar el bitumen para separarlo de la arena. Pero, de nuevo, estamos hablando de algo parecido al alquitrán, que no fluye, así que generalmente lo que se ha hecho es mezclarlo con petróleos ligeros o bien con agua con surfactantes (la famosa Orimulsión) para poder introducirlo en los oleoductos y llevarlo a las refinerías de la costa o bien para ser quemado en centrales térmicas. Venezuela importó durante muchos años petróleo ligero de Argelia para mezclarlo con su bitumen porque con el petróleo que extraían en Maracaibo no tenían suficiente para mover todo el bitumen que producían en la Faja.

Y de ese modo se empieza a entender el interés de los EE.UU. por el petróleo venezolano. Porque, a priori, Venezuela no debería ser el objetivo principal de los norteamericanos, dada la mala calidad (y bajísima TRE) de la mayoría de la producción petrolífera venezolana. Además, EE.UU. es ahora el principal productor de petróleo del mundo, con 13 Mb/d, así que, ¿por qué perder el tiempo con el petróleo de baja calidad de un país cuya producción es cada vez más marginal?

La clave es que, aunque EE.UU. haya conseguido gracias al fracking aumentar de manera espectacular su producción en los últimos años, el tipo de petróleo que está produciendo no es tampoco de buena calidad. De los 13 Mb/d que produce los EE.UU., algo más de 4 Mb/d provienen de pozos tradicionales que producen petróleo de buena calidad, en tanto que más de 9 Mb/d son de petróleo ligero de roca compacta extraído con el fracking. Ese petróleo está formado por hidrocarburos de cadena corta y tiene un menor rendimiento a la hora de producir diésel... justo en el momento en que empezamos a tener problemas con la producción mundial de diésel.

Rendimiento óptimo comparativo de diversos tipos de petróleo, en producción de nafta (gasolinas), destilados medios (gasoil, diésel, keroseno) y residuales. Datos de API. Gráfico generado con Copilot.

En general, el petróleo ligero de roca compacta proporciona alrededor de la mitad de diésel que el petróleo convencional, lo que lleva a una sobreproducción de gasolina y un defecto de producción de diésel, comprometiendo la viabilidad económica de las refinerías y creando un problema logístico muy grande. A este problema los EE.UU. le dieron una solución sencilla hace años: importar petróleo extrapesado de las arenas bituminosas de Canadá, que se puede hacer circular por los oleoductos tras mezclarlo con la fracción más ligera de su petróleo extraligero de fracking (en una proporción de 2 a 1, el doble de petróleo extrapesado que de condensado ligero). De hecho, EE.UU. ha adaptado muchas de sus refinerías para trabajar con esa mezcla, con buenos resultados. Pero Canadá hace tiempo que tocó techo con su producción de petróleo extrapesado, con una producción de algo más de 4 Mb/d, y eso se queda lejos de las necesidades de EE.UU. para producir diésel y para aprovechar su petróleo ligero de baja calidad. Recordemos, además, que en EE.UU. se consumen 21 Mb/d, es decir, quen aún tiene que importar de manera neta 8 Mb/d o el 40% de su consumo.

Por eso mismo, el petróleo extrapesado de Venezuela les resulta interesante: porque les permitiría rentabilizar su petróleo de fracking y resolver el acceso al diésel. Y esto también explica la urgencia de los EE.UU: la producción mundial de diésel hace tiempo se está moviendo entre un 10 y un 15% menos que el máximo de producción que se consiguió entre 2015 y 2017. Falta diésel en muchos países (miren los problemas en Bolivia, Nigeria o incluso en Irán), y dentro de poco comenzará a faltar también en los países occidentales.

Hay un bonus para los EE.UU. de su intervención en Venezuela, y es intentar barrer a China fuera de lo que consideran su hemisferio, el hemisferio occidental, en una reedición de la doctrina Monroe. Probablemente no por casualidad, el día antes de que Maduro fuera apresado, éste recibió en Caracas al enviado especial de China.

Pero en realidad toda la maniobra de EE.UU. lo que revela con más claridad es la debilidad de su sistema imperial. Una acción tan precipitada, con una violación tan descarada de la legalidad internacional, no es propia de un país que controla el relato de "garante de la paz" y "faro de la democracia universal". La manera tan grosera con la que directamente Trump relacionó la acción con el petróleo venezolano, sin intentar disimular un poco, dejó claro que ahora lo que mandan son las prisas y no hay tiempo para guardar las formas. Pero es que además es dudoso que el plan les salga bien. De entrada, tienen que conseguir que Venezuela se someta a sus dictados, cosa que no está tan clara que puedan conseguir. Pero incluso si Venezuela abre la mano y permite a las empresas estadounidenses campar a sus anchas en la Faja del Orinoco, la complejidad de la operación en esa zona, con los lodos bituminosos enterrados a centenares de metros, en medio de la selva, en lugares escarpados, hacen que los costes sean astronómicos. Encima, tendrían que transportar el petróleo de fracking en grandes cantidades desde los EE.UU. para disolver el bitumen y poder moverlo hacia la costa. Es dudoso que las empresas petroleras hagan esto si no reciben copiosas subvenciones del estado, y eso obligará a los EE.UU. a implementar nuevas formas recaudatorias, seguramente a imponer al resto del mundo, para poder financiar toda la operación. Hay demasiadas cosas que pueden salir mal, y encima, como dice Art Berman, se necesitaría al menos una década para desarrollar toda la infraestructura necesaria. Y una década parece demasiado en la situación actual. En la práctica, lo mejor que podría hacer los EE.UU. es mejorar la extracción en los yacimientos de Maracaibo y resto de yacimientos convencionales, y poco más.

En todo caso, mientras no haya una verdadera revolución o guerra en Venezuela, no parece que vaya a haber ninguna influencia en el precio del petróleo. La cuestión es demasiado local, y Venezuela hoy en día no es un actor tan importante a escala global. En realidad, los mayores riesgos para el mercado global de petróleo, y en particular para España, están en otros lugares: en la inestabilidad de Nigeria, en las incipientes revueltas en Irán y en las refinerías rusas bombardeadas por drones ucranianos.

Para concluir mi análisis, no puedo dejar de mencionar que he visto con cierta sorpresa como algunos de los más significados industrialistas o griniudileros patrios (todos ellos ácidos y desabridos detractores de mi persona) han creído oportuno gritar a pleno pulmón que el petróleo tiene poco o nada que ver con lo que ha pasado en Venezuela (para su desgracia, ay, pocas horas antes de que la rueda de prensa de Trump dejara claro que obviamente, sí, tiene todo que ver con el petróleo). En su batiburrilo de argumentos mal hilados y peor pensados insisten en que el triunfo del modelo de Renovable Eléctrica Industrial (REI) hace que el petróleo sea cada vez más irrelevante. Por desgracia para ellos, las muchas contradicciones internas del REI están haciendo que el sector se esté hundiendo, por más que ellos neciamente insistan en lo contrario. Durante 2026, veremos quebrar a muchos promotores de proyectos solares y fotovoltaicos, y muchos proyectos ser abandonados, y poco a poco será cada vez más claro que el REI ha fracasado, que el REI está muerto. Pero ellos necesitan seguir gritando con porfía, incluso cuando la realidad nos demuestra que, por desgracia, el petróleo sigue moviendo el mundo y que la preocupación ambiental ocupa un lugar cada vez más relegado en la agenda de los gobiernos. Aunque es normal que griten. Les va literalmente su sueldo en ello. Sinceramente, me parecen dignos de lástima. Ojalá en algún momento reconozcan su error, y pidan perdón por el daño enorme que han causado.

Salu2.

Fuente: https://crashoil.blogspot.com/2026/...

No es solo el petróleo: La desdolarización y China, tras el golpe de estado de Trump en Venezuela

8 Enero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Yago Álvarez Barba

Petróleo, petróleo, petróleo... Hasta 26 veces mencionó el oro negro Donald Trump en la rueda de prensa posterior a la intervención en Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro. La Casa Blanca no se ha andado con muchos rodeos, excusas y eufemismos a la hora de reconocer que la violación del Derecho Internacional que ha cometido con el golpe de Estado en Caracas ha sido para que las grandes empresas energéticas estadounidenses se hagan con el petróleo venezolano.

Pero observar tan sólo las reservas de petróleo puede dejar el análisis en lo superficial, ya que ese mismo crudo mantiene algo más que las cuentas de resultados de las petroleras o de los países productores, también es un pilar necesario para una de las principales y más poderosas armas de la hegemonía mundial de Estados Unidos: la dolarización de la economía global y, más concreto, la del comercio de crudo. Son muchos los analistas que señalan que el petróleo es lo que se ve, pero que Trump ha dado este golpe en la mesa para evitar que las exportaciones de barriles venezolanos acaben comerciándose en otras monedas.

El sistema de comercio mundial de petróleo fue la herencia del acuerdo firmado entre Estados Unidos, con Henry Kissinger a la cabeza, y Arabia Saudí, país líder de la OPEP, en 1974. La gran potencia norteamericana garantizó protección militar y la venta de armas al régimen saudí a cambio de que vendiera su petróleo exclusivamente en dólares e invirtiera los excedentes de esa producción en bonos del Tesoro de Estados Unidos. Más tarde, el resto de países de la OPEP siguieron a Arabia Saudí y nació el sistema global dominante del petrodólar. Desde ese momento el mercado de compra y venta de crudo pasó a negociarse en dólares, generando una demanda constante de la divisa. Esa necesidad de obtener dólares a todo aquel que necesite importar petróleo mantiene la demanda de la moneda alta de forma artificial, lo que permite que Estados Unidos se pueda financiar más barato (reduce los tipos de interés) y le permite tener déficits fiscales y comerciales sin que afecte a su economía, como sí le ocurre a cualquier otro Estado. De esta forma, la economía estadounidense puede seguir gastando, aumentando su déficit (mayor del 6% del PIB) y su ratio de deuda respecto al PIB (supera el 122%) sin temor a que su moneda pierda valor y sin que los mercados encarezcan mucho lo que paga por su financiarse.

Aunque lo cierto es que existen motivos más allá de las ratios económicos: el dominio del dólar como moneda global da a Estados Unidos un enorme poder geopolítico y la capacidad de sancionar a aquellos países que la Casa Blanca ponga en su mira. Trump puede congelar activos en dólares a Estados o puede excluirlos del sistema de pagos internacional, lo que puede congelar el comercio de dicho país o imposibilitar sus importaciones de materias primas referenciadas al dólar como el caso del crudo. Esa es una de las bases del poder hegemónico de Estados Unidos. Si el petróleo se empieza a comerciar en otra moneda, el país norteamericano puede perder esa hegemonía. Ahí es donde entra Venezuela y el competidor por dicha hegemonía mundial estadounidense, la China de Xi Jinping.

“El golpe de Estado estadounidense en Venezuela también tiene como objetivo ayudar al sistema del petrodólar”, afirma en redes sociales el alemán Richard Wegner, doctor en Economía por la Universidad de Oxford. “Venezuela, con las mayores reservas de petróleo del mundo, desafió al dólar vendiendo petróleo en yuanes, euros y rublos, eludiendo el dólar y creando canales de pago alternativos con China”, señala el economista como principal motivo para que Caracas haya desatado las iras de Washington.

No sería la primera vez que ocurre. Wegner señala dos precedentes históricos: el derrocamiento de Sadam Husein en Irak por pretender cambiar dicho comercio al euro o el del líder libio Muamar el Gadafi, que pasó de ser considerado un aliado de Occidente (no olvidemos que Alberto Ruíz-Gallardón le concedió las llaves de oro de Madrid en 2007) a convertirse en el enemigo número uno “por proponer un dinar respaldado en oro” con el que comerciar su petróleo. Cada vez que esa hegemonía del petrodólar se encuentra en peligro, Estados Unidos utiliza toda su fuerza militar para mantener las cosas en su sitio.

Si un país como Venezuela, sujeto a innumerables sanciones económicas, no puede utilizar el dólar, debe encontrar formas y aliados a los que vender su enorme producción petrolera. Ahí es donde ha entrado China. Ante las sanciones, el Gobierno de Maduro lleva un año vendiendo el 80% de la producción de crudo al gigante asiático utilizando el renminbi (yuan), la moneda china. ¿Es ese canal de comercio suficiente para poner en jaque el dominio global del dólar? No, pero ofrece una imagen que la Casa Blanca no quiere permitir: se puede comerciar y subsistir fuera del dólar, lejos del poder estadounidense, comerciando con aquellos países cansados del imperialismo financiero y militar promovido por las distintas administraciones que han pasado por Washington desde hace ya más de 50 años. “La invasión contrarresta la acelerada desdolarización mundial liderada por Rusia, China, Irán y los BRICS, a medida que las naciones pasan a utilizar medios de pago distintos del dólar y alternativas al SWIFT”, apunta Wegner sobre esta nueva deriva multipolar hacia la que avanza el planeta.

En una línea muy similar a la de Wegner se encuentran los argumentos Aníbal Garzón, sociólogo especializado en Estudios Internacionales y autor del libro BRICS: La transición hacia un Orden Mundial Alternativo (Akal, 2024). “Pese a que Venezuela no pertenece a los BRICS, por el veto que puso Brasil en uno de las últimas reuniones, a Rusia y a China siempre le ha interesado que entre”, dice el analista que señala que si bien Rusia puede ser una cuestión más política, las intenciones de China van más enfocadas al tema del petróleo. “China ha hecho inversiones en esta industria en Venezuela y ha aumentado las importaciones desde el país, lo que ha hecho que Venezuela pueda esquivar las sanciones y ha estrechado las relaciones entre los dos países”, explica Garzón.

Aunque el autor del libro sobre los BRICS también señala a otro club de países, el de los productores de crudo, la OPEP: “Este movimiento también lo está haciendo Arabia Saudí, que aunque ha sido siempre socio de Estados Unidos ahora también negocia parte de su petróleo en yuanes con China, y también lo está haciendo Irán”. En esos procesos de desdolarización es el lugar donde se encuentran el club de los BRICS y el de la OPEP, “por eso Venezuela, sin ser de los BRICS, es un socio fundamental tanto para Rusia como para China”, dice Garzón.

Un puzzle mucho más grande

Todavía se puede ampliar mucho más el foco en el análisis, subir una capa más en esa enrevesada guerra hegemónica. “Claro que importan las reservas de petróleo de Venezuela y que las exploten las empresas estadounidenses y claro que importa la desdolarización, pero todo son piezas de un puzzle mucho más grande”, explica a El Salto Juan Vázquez Rojo, doctor en Economía, profesor e investigador en la Universidad Camilo José Cela y experto en la hegemonía del dólar y la internacionalización del yuan o el modelo económico chino. El economista señala a la nueva estrategia de la Casa Blanca para mantener ese poder hegemónico y que quedó plasmado sin eufemismos en el documento de seguridad nacional publicado en noviembre: “Básicamente dice que tienen mantener su influencia sobre lo que ellos consideran su región, el continente americano, y tener el monopolio de poder. Algo que deciden porque otras potencias han ganado terreno en la región, sobre todo China”, señala el economista en referencia a las inversiones en infraestructuras que está haciendo el gigante asiático por toda latinoamérica o los lazos comerciales exportando manufacturas e importando, sobre todo, materias primas, además de deslocalizar producción a esos países para que las empresas chinas puedan exportar a países de esa región, incluido los Estados Unidos.

Aún así, Vázquez Rojo señala que el poder y la influencia de Estados Unidos sigue siendo muy superior si miramos las cifras de inversión, tecnología y poder de sus empresas en los países latinoamericanos, “pero Trump tiene la sensación de que está perdiendo ese peso y China se ha colado en la región”. La estrategia, según su análisis, es clara: “Intentar reforzar los gobiernos con los que me llevo bien, como hemos visto con el swap de divisas con el que prácticamente ha rescatado al Gobierno de Milei y del que no sabemos qué ha pedido Trump a cambio, y en el caso de gobiernos no afines como el de Venezuela, el documento de seguridad nacional habla claro y dice que ‘si hace falta, utilizaremos todos los medios para volver a controlar la región'. Y eso pasa, lógicamente, por el hecho de que si hay que cargarse a un gobierno pues se lo cargarán… y eso es lo que ha hecho en Venezuela”, apunta el economista.

En las próximas semanas, si nadie le para los píes a Trump, se deberá ver qué condiciones se impone al Gobierno venezolano, pero Vázquez Rojo vuelve remitirse a la estrategia de seguridad nacional de la Casa Blanca: “Se va a presentar como una estrategia de win-win, de inversiones de empresas estadounidenses y transferencias tecnológicas que beneficien a Venezuela pero, como dice el documento, esos países tendrán que renunciar a acuerdos con otras potencias”. En resumen, “Estados Unidos querrá limpiar la influencia de China en Venezuela”.

Todavía falta por ver si China y Rusia tomarán algún tipo de medida específica para contestar a esta violación del Derecho Internacional con el golpe de Estado en Venezuela y el secuestro de Maduro, pero no parece que este acto vaya a contrarrestar una corriente que cada vez se extiende con más fuerza: la de los países que están hartos del matonismo económico y bélico de los Estados Unidos. De hecho, el golpe en Venezuela puede que provoque el efecto contrario: “Es una señal de desesperación, que podría acelerar el declive del petrodólar, ya que el Sur Global está resentido por la dependencia de Estados Unidos y su uso de la fuerza militar para mantener el dominio de su moneda”, apunta Richard Werner.

Prueba de ello es que los BRICS tienen una lista de espera de Estados que se quieren adherir a este club que no deja de alargarse, los productores de petróleo miran cada vez más hacia China en sus exportaciones, los gobiernos no alineados con la Casa Blanca han encontrado en este mundo alternativo una forma de evitar las sanciones y el dólar, aunque sigue dominando sin duda, va perdiendo poco a poco posiciones ante la divisa china. Habrá que ver qué ocurre en los próximos días y semanas pero lo que queda claro es que, tal y como resumen Aníbal Garzón, lo ocurrido este pasado fin de semana “no ha sido sólo un golpe contra Venezuela y contra Nicolas Maduro, sino que ha sido un golpe contra el mundo bipolar, contra los BRICS, contra China, contra Rusia y contra la desdolarización”.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/venez...

Porqué el capitalismo necesita líderes idiotas (que sean buenos actores) en el poder

2 Enero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

[Transcrito y corregido de Youtube]

El mundo está dirigido por personas que en cualquier otra profesión habrían sido despedidas en su primera semana. Para operar en un quirófano necesitas una década de formación. Para pilotar un avión comercial, miles de horas de práctica supervisada. Para reparar un sistema eléctrico, certificaciones que demuestren que no matarás a nadie por negligencia. Pero, para controlar arsenales nucleares, firmar órdenes de movilización que envían a miles de personas a morir, o decidir qué industrias quiebran y cuáles reciben rescates multimillonarios, solo necesitas una cosa, saber aparecer en una pantalla.

Un comediante ucraniano que interpretaba a un presidente en una serie de televisión ahora firma decretos que determinan si habrá guerra o paz. Un magnate estadounidense cuya única experiencia administrativa real fue despedir participantes en un reality show controló durante cuatro años los códigos nucleares de la mayor potencia militar del planeta.

No son anomalías, son el estándar. Y lo más inquietante no es que hayan llegado, es que mientras estaban ahí, el mundo siguió funcionando. Las bolsas subieron, los bancos operaron, las corporaciones se expandieron como si la figura en la pantalla fuera completamente prescindible para el funcionamiento real del poder. Hay un sentimiento que recorre las sociedades contemporáneas, una angustia que no siempre se nombra, pero que todos reconocemos.

La sensación de que no hay ningún adulto en la sala; de que las decisiones que determinan si viviremos en paz o en crisis están en manos de personajes que parecen protagonistas de una sátira, no estadistas capacitados para gobernar... ¿Cómo llegamos hasta aquí? Esa es la pregunta equivocada. La pregunta correcta es, ¿para qué los necesitan?

La narrativa oficial es tranquilizadora. Los idiotas llegaron al poder porque las masas fueron manipuladas. Las redes sociales envenenaron el debate público. Los algoritmos crearon burbujas de desinformación. El populismo explotó el resentimiento de los perdedores de la globalización. La democracia, ese experimento frágil, finalmente mostró su defecto fatal: confiar en el criterio de personas no preparadas para tomar decisiones complejas.

Esta explicación tiene la virtud de ser coherente y la desgracia de ser completamente insuficiente, porque trata el fenómeno como una anomalía, como un virus que infectó un sistema previamente sano, como si antes de Trump, antes de Zelenski, antes del desfile de bufones mediáticos que ocupan los más altos cargos, el poder hubiera estado en manos de mentes brillantes tomando decisiones racionales en favor del bien común, como si este fuera el desvío y no la consolidación de algo que llevaba décadas gestándose. La teoría de la manipulación de masas tiene un problema estructural. Asume que existe un votante ideal, racional, informado, que fue corrompido por fuerzas externas. Pero ese votante nunca existió. Nunca votamos por competencia técnica.

Siempre votamos por narrativa, por identidad, por el líder que nos hace sentir algo. Lo que cambió no fue el electorado, fue que el sistema dejó de necesitar disimular.

Antes, los actores del poder necesitaban mantener la ilusión de que la política importaba. Necesitaban líderes que al menos aparentaran entender economía, geopolítica, administración pública.

Hoy esa pantalla cayó y lo que quedó expuesto no es el caos. Es una máquina funcionando con perfecta eficiencia, pero sin conductor. Estos líderes no son errores del sistema, son el producto final, no son la enfermedad, son el síntoma de un cuerpo que ya aprendió a funcionar sin cerebro. Y la pregunta que deberíamos hacernos no es cómo detener la invasión de los incompetentes, sino por qué un sistema que se jacta de ser meritocrático, eficiente y racional los prefiere exactamente así: visibles, ruidosos y completamente prescindibles para las decisiones que realmente importan. Para entender por qué los prefiere así, necesitamos nombrar lo que está ocurriendo. Los griegos tenían una palabra para esto, caquistocracia, el gobierno de los peores, de los menos calificados, de aquellos cuya única virtud es no tener vergüenza suficiente para rechazar el cargo. Pero caquistocracia suena a decadencia, a colapso, a final de ciclo.

Y lo que estamos presenciando no es el final de nada, es la culminación de un diseño. El capitalismo financiero contemporáneo operó una escisión que pocos advierten. Separó la autoridad escénica del poder administrativo. El líder que aparece en la pantalla y el poder que toma las decisiones reales ya no son la misma entidad. El presidente gesticula, twitea, genera controversia, ocupa todos los titulares. Mientras tanto, la burocracia permanente, los bancos centrales, las corporaciones multinacionales, los fondos de inversión que controlan infraestructuras críticas operan en un silencio absoluto, sin cámaras, sin escrutinio, sin resistencia. El líder mediático funciona como un pararrayos. Atrae toda la electricidad de la indignación popular hacia su figura.

Las marchas, los hashtags, las columnas de opinión, los memes, los debates familiares, todo se consume discutiendo su último escándalo, su última declaración aberrante, su incompetencia evidente. Y mientras esa tormenta descarga su furia sobre él, la estructura de la casa permanece intacta.

Nadie está cuestionando quién redacta las leyes de desregulación financiera. Nadie está vigilando qué corporación acaba de comprar el sistema de agua potable de tu ciudad. Nadie está siguiendo el dinero. Guy Debord escribió en 1967 que, en la sociedad del espectáculo, todo lo que era vivido directamente se ha convertido en representación.

No estaba prediciendo el futuro, estaba describiendo el mecanismo que haría inevitable esta realidad. La política dejó de ser el ejercicio del poder y se convirtió en la representación del poder. El líder dejó de ser quien gobierna y se convirtió en quien aparenta gobernar. El voto dejó de ser un acto cívico y se convirtió en un acto de consumo de imagen. Por eso Trump y Zelenski no son anomalías, son la lógica llevada a su conclusión natural. Trump transformó la Casa Blanca en un plató de televisión porque entendió que eso era exactamente lo que se esperaba de él. No llegó a Washington para cambiar el sistema, llegó para ser su entertainer en jefe. Su función no era gobernar, era mantener el show. Cada tweet polémico, cada declaración escandalosa, cada controversia fabricada cumplía el mismo propósito. Mantener todas las miradas fijas en él, mientras detrás del escenario quienes realmente importaban hacían su trabajo sin interferencias. Desmontó regulaciones ambientales, firmó recortes fiscales para corporaciones, nombró jueces que alterarían leyes por décadas. Pero lo que el público recuerda son sus peleas con celebridades y sus errores ortográficos en redes sociales.

Zelenski es aún más revelador. Interpretaba a un profesor de historia que, harto de la corrupción política, se convertía en presidente de Ucrania en una serie de televisión llamada Servidor del Pueblo.

La serie tuvo tanto éxito que creó un partido político con el mismo nombre y ganó las elecciones. El pueblo no votó por un programa de gobierno; votó por la ficción, esperando que se hiciera realidad. Jean Baudrillard llamó a esto el simulacro, el momento en que la copia sustituye al original, en que la imagen importa más que la sustancia. Zelenski no fue elegido a pesar de ser actor. Fue elegido precisamente porque ya había interpretado el papel. La realidad política había muerto. Lo que quedó fue el casting. Pero aquí está la parte que incomoda: esto funciona. Funciona porque el sistema económico global ya no necesita líderes competentes. Necesita gestores de emociones colectivas.

Necesita a alguien que sepa leer un prompter, que genere engagement, que mantenga a la audiencia entretenida; mientras la economía sigue operando en piloto automático. Los bancos centrales ya tienen sus fórmulas. Las corporaciones ya tienen sus lobbies. Los tratados comerciales ya están negociados por tecnócratas que nunca aparecerán en un debate televisado. El presidente es la mascota del sistema, no su cerebro. Y lo más aterrador es que el mercado financiero no solo tolera esta dinámica, la prefiere. Un líder que gasta toda su energía política en guerras culturales y polémicas de redes sociales es un líder que no está interfiriendo con lo que realmente importa. La acumulación de capital.

Ladra mucho, muerde poco, o mejor dicho, ladra tanto que la audiencia no nota que ya no tiene dientes. La consecuencia de esta dinámica no es el caos, es algo peor, la normalización. Nos acostumbramos a que la política sea entretenimiento, a consumir noticias como quien consume una serie de televisión, esperando el próximo giro argumental, el próximo escándalo, la próxima temporada.

El electorado, entrenado por algoritmos que premian la novedad y el shock, ya no vota por programas de gobierno, vota por arcos narrativos, por el candidato que ofrece la historia más emocionante, no el plan más coherente. Esto ha reconfigurado por completo lo que significa ganar en política. Ya no ganas por tener las mejores ideas, ganas por tener la mejor presencia escénica, por saber cuándo gritar, cuándo susurrar. ¿Cuándo generar indignación y cuándo fingir empatía? La campaña electoral dejó de ser un debate de propuestas y se convirtió en una audición para protagonista de un drama colectivo. Y cuando el líder finalmente llega al poder, el guion sigue escribiéndose con la misma lógica. Cada decisión se mide por su impacto mediático, no por su efectividad administrativa.

Cada crisis se gestiona pensando en cómo se verá en los titulares, no en cómo se resolverá en la práctica. Gobernar se volvió indistinguible de actuar. Frente a esto emergen las soluciones de siempre. Necesitamos líderes más educados, dicen algunos. Debemos regular las redes sociales, proponen otros. La respuesta es más democracia directa, más participación ciudadana, insisten los optimistas.

Todas estas propuestas tienen algo en común: son completamente inútiles, no porque sean malintencionadas, sino porque no atacan la raíz. Puedes exigir que los candidatos tengan doctorados, pero, si el sistema sigue premiando la capacidad de generar titulares por encima de la capacidad de gobernar, solo conseguirás idiotas con diplomas. Puedes regular las redes sociales hasta el autoritarismo, pero, si la televisión, la radio y los periódicos ya llevan décadas convirtiendo la política en espectáculo, solo estarás cerrando una ventana mientras todas las puertas permanecen abiertas.

Puedes multiplicar los referendums y las consultas populares, pero, si el votante sigue consumiendo política como entretenimiento, solo estarás democratizando el circo, no desmontándolo. El problema no es quién está en el escenario, el problema es que exista un escenario. El problema no es que el actor sea malo, es que estemos buscando actores cuando necesitaríamos ingenieros. Y, sobre todo, el problema es que hemos dejado de preguntarnos si acaso necesitamos ese escenario, si el protagonista que tanto miramos tiene algún poder real o si lo que llamamos democracia no es más que el derecho a elegir qué máscara usará el siguiente decorado de un sistema que ya decidió hacia dónde va. Ahora podemos ver lo que estaba oculto a plena luz. La idiotez no es estupidez, es camuflaje. La incompetencia del líder no es un defecto que el sistema tolera, es una funcionalidad que el sistema necesita.

Porque un líder que parece ridículo desarma cualquier crítica seria antes de que llegue a las estructuras reales. Nos pasamos años riéndonos de los errores ortográficos de Trump, de sus exabruptos, de su estética de millonario de telenovela. Mientras tanto, ¿quién estaba revisando los contratos de reconstrucción? ¿Quién seguía el dinero de los rescates bancarios? ¿Quién vigilaba las leyes que permitieron la mayor transferencia de riqueza hacia arriba en décadas?

Nadie, porque estábamos ocupados compartiendo memes. La futilidad es la armadura perfecta para la impunidad. Cada escándalo del líder histriónico drena toda la energía crítica del público hacia su figura. Mientras nadie pregunta quién escribió la legislación que desreguló las finanzas, qué corporación privatizó un servicio público o dónde están las cuentas offshore de quienes realmente deciden, Zelenski llegó como el outsider que enfrentaría a las élites, pero los oligarcas que controlaban Ucrania antes de su elección siguieron controlándola después. Las mismas redes de poder, los mismos intereses. Solo cambió la cara en la pantalla, solo cambió el actor encargado de absorber la frustración popular mientras el guion permanecíai ntacto. El sistema no necesita líderes brillantes porque los líderes brillantes son peligrosos. Un estadista con visión real puede cuestionar el orden establecido, pero un comediante, un magnate de reality shows, un personaje que solo entiende de trending topics, es perfectamente inofensivo. No puede amenazar lo que no comprende, no puede desmantelar lo que ni siquiera sabe que existe. Por eso, el capitalismo financiero prefiere gobernantes que provengan del entretenimiento, no a pesar de su falta de experiencia política, sino exactamente gracias a ella. Su única función es mantener el espectáculo en marcha, absorber la insatisfacción colectiva y renovar cada 4 años la ilusión de que algo puede cambiar. El sistema no colocó a un payaso en el trono por equivocación: necesitaba un circo para que nadie notara que el trono en realidad está vacío. Entonces, ¿qué hacemos con esta revelación?

La primera respuesta instintiva es buscar un líder mejor, alguien más preparado, más honesto, más capaz. Pero ya vimos que esa solución no toca la raíz. El problema no es la calidad del actor, es la existencia del teatro. La alternativa real no es política en el sentido tradicional, es perceptiva. Es un cambio radical en donde colocamos nuestra atención, llamémoslo el asetismo de la atención; retirar deliberadamente nuestra mirada del escenario y dirigirla hacia los bastidores. Dejar de consumir política como si fuera entretenimiento. Dejar de reaccionar a cada declaración escandalosa, a cada tweet polémico, a cada controversia fabricada. Porque cada segundo que invertimos discutiendo al payaso es un segundo que no estamos vigilando quién está moviendo los hilos, quién financia realmente las campañas, qué corporaciones redactan los proyectos de ley que los legisladores solo firman.

¿Qué fondos de inversión controlan la infraestructura crítica de tu ciudad? ¿Quién se benefició del último rescate financiero? Esas preguntas no generan memes, no se vuelven virales, no alimentan el ciclo del espectáculo y precisamente por eso son las únicas que importan. La solución no es cambiar al líder, es dejar de mirarlo. Tal vez lo más revolucionario que podemos hacer en este momento no sea marchar ni votar diferente, ni compartir el próximo hashtag indignado. Tal vez sea algo mucho más simple y más difícil, negarnos a seguir el guion. Negarnos a consumir el escándalo del día, negarnos a alimentar con nuestra atención el único recurso que el espectáculo necesita para perpetuarse.

Porque, si hay algo que este sistema no soporta, es el silencio. Y nada aterra más al circo que una audiencia que se levanta y se va. Si este análisis cambió tu forma de ver el poder, si ahora puedes nombrar lo que antes solo sentías como malestar difuso, escribe en los comentarios.

Ya no miro el escenario. Es una marca de lucidez compartida, una forma de reconocernos entre quienes dejamos de aplaudir el circo para empezar a vigilar la caja fuerte.

Volvamos al inicio, pero con otros ojos. El mundo está dirigido por personas que, en cualquier otra profesión, habrían sido despedidas en su primera semana. Esa frase, que al principio sonaba como denuncia, ahora revela su verdadera naturaleza. No es una falla: es el diseño perfecto para un sistema que ya no necesita conductores, porque lo que llamamos incompetencia es, en realidad, la cualificación exacta para el cargo. El líder idiota no está ahí para tomar decisiones, está ahí para simular que alguien las está tomando. No está ahí para gobernar, está ahí para que creamos que todavía existe algo llamado gobierno. Su función no es dirigir la máquina, es distraernos del hecho de que la máquina ya no tiene volante. Esta es la orfandad política que mencionamos, ese terror existencial de descubrir que no hay ningún adulto en la sala. Pero ahora podemos reformular esa angustia. No es que no haya adultos, es que dejamos de necesitarlos.

El capitalismo financiero llegó a un punto de automatización tan completo que el liderazgo humano se volvió decorativo. Los algoritmos de trading mueven mercados. Los bancos centrales aplican fórmulas predeterminadas. Las corporaciones ejecutan planes estratégicos diseñados por consultoras que nadie eligió. El sistema opera en piloto automático, y el líder es simplemente la interfaz humana de un mecanismo que ya decidió su propio rumbo. Trump nunca tuvo el poder que aparentaba tener. Zelenski nunca controló lo que decía controlar, no porque fueran débiles, sino porque elpoder ya no reside donde solía residir.

igró, se dispersó, se volvió difuso, técnico, administrativo, se escondió en cláusulas de tratados comerciales, en decisiones de juntas directivas, en algoritmos que determinan qué ves, qué compras, qué piensas. Y aquí está la gran ironía. Mientras nos obsesionamos con el idiota en el trono, con su incompetencia evidente, con sus declaraciones absurdas, el verdadero poder celebra. Porque cada minuto que dedicamos a indignarnos por lo que el líder dijo, es un minuto que no dedicamos a cuestionar por qué las grandes corporaciones no pagan impuestos. ¿Por qué los salarios no crecen mientras las ganancias corporativas explotan? ¿Por qué cada crisis financiera termina con rescates para los bancos y austeridad para el resto? El idiota es el escudo perfecto.

Mientras exista, mientras ocupe la pantalla, mientras monopolice nuestra atención y nuestra rabia, el sistema real puede operar sin resistencia, sin cuestionamientos, sin amenaza de transformación, pero ahora lo sabemos. Y saber cambia todo, porque una vez que ves el mecanismo, no puedes dejar de verlo.

Una vez que entiendes que el escándalo del día es una cortina de humo, que ell íder ruidoso es una distracción funcional, que tu indignación está siendo administrada como un recurso más, ya no puedes participar del juego con la misma inocencia.

El poder no está donde nos dijeron que estaba. Y esa revelación, por más incómoda que sea, es también liberadora. Porque si el trono está vacío, si el líder es un decorado, entonces nuestra energía política no debería gastarse en cambiar la decoración, debería invertirse en desmantelar el teatro completo. ¿Has sentido esa transformación? ¿Ese momento en que dejas de discutir lo que dijo el político y empiezas a preguntar quién le escribió el discurso? Comparte en los comentarios en qué momento dejaste de mirar el escenario y empezaste a buscar los cables. Esas experiencias de despertar colectivo construyen el mapa que todos necesitamos. Hay una verdad que atraviesa todo lo que hemos analizado. Una verdad tan simple que resulta obscena.

El sistema no se equivocó al colocar a un payaso en el trono. El sistema necesitaba un circo para que nadie notara que el trono en realidad está vacío. Durante décadas nos vendieron la idea de que la democracia era el gobierno del pueblo, que nuestro voto importaba y quizás alguna vez fue verdad. Pero ese tiempo terminó. Lo que tenemos ahora es una simulación tan perfecta que nos cuesta aceptar que es simulación. Un teatro tan bien montado que seguimos comprando entradas, aunque ya sepamos que los actores no escriben el guion, que el decorado es cartón pintado, que la obra se representa para mantenernos en la butaca, mientras en otro edificio, sin cámaras ni audiencia, se toman las decisiones reales. El verdadero poder no necesita aplausos, necesita silencio, y nada genera más ruido que un idiota al mando. Mientras discutimos si el líder es fascista o incompetente, mientras compartimos indignados su última barbaridad, el sistema que lo colocó ahí sigue acumulando, concentrando, extrayendo, sin freno, sin oposición, sin que siquiera sepamos sus nombres, pero ahora tú lo sabes y eso te convierte en un problema para el espectáculo, porque el espectáculo solo funciona si la audiencia cree en él. El día que dejemos de aplaudir, el día que dejemos de consumir el escándalo del día, el día que dirijamos nuestra atención hacia donde realmente duele, el circo colapsa. Desaprender eso es un acto de resistencia. Negarse a seguir el guion, a consumir la indignación programada, a invertir energía emocional en peleas diseñadas para agotarnos es sabotear el único recurso que el sistema necesita: nuestra atención. Tal vez la revolución no sea tomar el poder. Tal vez sea dejar de mirarlo donde nos dijeron que estaba y empezar a buscarlo donde realmente opera. Tal vez sea entender que el enemigo no es el idiota en el trono, sino el mecanismo que hace que el trono no importe. Tal vez sea aprender a vivir sin esperar al líder correcto, al partido correcto, a la elección correcta. Asumir que, si queremos transformar algo, tendremos que hacerlo sin pedir permiso al espectáculo, porque el espectáculo nunca dará permiso para su propia abolición. Esta no es una conclusión, es una apertura, un punto de partida para mirar de otra forma, para dejar de ser audiencia y empezar a hacer otra cosa. Algo que se reconoce en la lucidez compartida de quienes ya no aplauden. El circo seguirá, pero no necesitas quedarte en la función.

Fuente: https://diariodelendriago.blogspot....

El imperialismo como terrorismo: Descifrando la guerra permanente contra África

16 Diciembre 2025 at 00:01
Por: (tortuga)

Alassane Griot

Ibrahim Traoré, Presidente de Burkina Faso: «Lo que hay en África no es terrorismo, es imperialismo. Son quienes enseñan a los terroristas. Su objetivo es mantenernos en una guerra permanente para que no podamos desarrollarnos y sigamos pagándoles con nuestras riquezas». Uranio, oro, petróleo, los recursos estratégicos que han alimentado el imperialismo y empiezan a nutrir la Resistencia.

1) Desenmascarando el discurso dominante

La declaración del presidente burkinabé Ibrahim Traoré constituye mucho más que una simple afirmación política; es una radiografía precisa de la realidad africana contemporánea que el discurso hegemónico occidental se esfuerza sistemáticamente por ocultar, distorsionar y reprimir. Mientras los medios de comunicación mainstream, financiados y controlados por corporaciones transnacionales y estados imperiales, repiten incansablemente narrativas sobre el «terrorismo islamista» en el Sahel, sobre la «inestabilidad endémica» del continente africano, y sobre la necesidad de «intervención humanitaria» occidental, Traoré desnuda con claridad meridiana la verdadera naturaleza de estos conflictos: no son manifestaciones de fanatismo religioso espontáneo ni producto de sociedades «atrasadas», sino el resultado directo y calculado de estrategias imperialistas diseñadas para perpetuar el saqueo y bloquear el desarrollo soberano.

Esta afirmación no surge del vacío ni de la retórica política convencional. Es el producto de una comprensión profunda de la historia colonial y neocolonial de África, de la observación directa de los mecanismos mediante los cuales las potencias occidentales —en particular Francia, Estados Unidos y sus aliados de la OTAN— mantienen su dominación sobre el continente más rico del planeta en recursos naturales, biodiversidad y potencial humano. Es también el fruto de la experiencia vivida por millones de africanos que han sufrido décadas de «operaciones antiterroristas» que, paradójicamente, solo han multiplicado la violencia y la inseguridad mientras enriquecían a las élites compradoras y a las corporaciones extranjeras.

El presente análisis se propone desarrollar cada elemento de la afirmación de Traoré en profundidad histórica y geográfica, examinando las raíces históricas del imperialismo en África, los mecanismos contemporáneos de dominación neocolonial, el papel de la industria del terrorismo en la perpetuación de la dependencia africana, y las alternativas de liberación que emergen desde la propia resistencia popular africana. Todo ello desde una perspectiva firmemente anticapitalista y antiimperialista, que reconoce en el sistema capitalista global la matriz fundamental de la explotación del continente africano, y que comprende que no puede existir verdadera liberación africana sin la superación del capitalismo en sus dimensiones globales.

En este momento histórico de crisis sistémica del capitalismo global, caracterizada por recesiones económicas repetidas, la resistencia africana adquiere una relevancia estratégica sin precedentes. La Alianza de Estados del Sahel (AES) formada por Burkina Faso, Malí y Níger no es simplemente una alianza regional defensiva, sino un proyecto revolucionario que cuestiona los fundamentos mismos del orden mundial capitalista y neocolonial. Su éxito o fracaso tendrá implicaciones profundas no solo para África, sino para el futuro de la humanidad entera.

2) El imperialismo como continuación del colonialismo por otros medios

2.1 Las raíces coloniales de la dominación contemporánea: De Berlín a París

Para comprender la afirmación de Traoré es imprescindible remontarse a la Conferencia de Berlín de 1884-1885, donde las potencias europeas se repartieron África como si fuera un pastel, trazando fronteras arbitrarias con reglas sobre mapas, sin considerar las realidades étnicas, culturales o políticas de los pueblos africanos. Este acto fundacional del colonialismo moderno estableció un principio que perdura hasta hoy con brutal actualidad: África existe para servir a Europa, sus recursos pertenecen al capital occidental, y sus pueblos deben permanecer subordinados. Las fronteras trazadas en Berlín no fueron accidentales ni inocentes; fueron diseñadas deliberadamente para dividir pueblos unidos, unir pueblos rivales, y facilitar el control y explotación colonial.

El colonialismo directo, que se extendió hasta mediados del siglo XX, se caracterizó por la violencia abierta, la esclavización de poblaciones enteras, el genocidio sistemático, y la explotación brutal de recursos. El Congo Belga, donde se calcula que murieron entre diez y quince millones de personas bajo el régimen de terror de Leopoldo II, es quizás el ejemplo más extremo, pero no una excepción. Cada potencia colonial europea escribió su propia historia de horror en el continente: la masacre de los Herero y Nama por parte de Alemania en Namibia (1904-1908), considerado el primer genocidio del siglo XX donde el 80% de la población Herero y el 50% de la Nama fueron exterminados; los campos de concentración británicos en Kenia durante la rebelión Mau Mau (1952-1960), donde más de 100,000 kikuyus fueron encarcelados y torturados sistemáticamente; las matanzas francesas en Madagascar (1947), donde entre 80,000 y 100,000 malgaches fueron asesinados por el ejército francés; las masacres en Camerún (1955-1971), donde Francia mató a entre 60,000 y 100,000 cameruneses para mantener su dominio; y la guerra brutal en Argelia (1954-1962), donde Francia utilizó torturas sistemáticas, ejecuciones masivas y campos de concentración contra el pueblo argelino.

Estos no son episodios aislados de la historia colonial, sino patrones sistemáticos de violencia que establecieron las bases para las estructuras de poder neocoloniales posteriores. La brutalidad colonial no fue un «exceso» o una «desviación» del proyecto civilizatorio europeo, sino su esencia misma. Como analizó Frantz Fanon en “Los condenados de la tierra”, la violencia colonial no solo destruye vidas y comunidades, sino que busca destruir la capacidad de los pueblos colonizados para pensar su propia historia, definir su propio futuro, y construir su propia humanidad.

Cuando las luchas de liberación nacional obligaron a las potencias coloniales a conceder formalmente la independencia a las colonias africanas entre los años 1950 y 1970, el imperialismo no desapareció: simplemente cambió de forma. El neocolonialismo emergió como un sistema más sofisticado de dominación, que mantiene el control económico y político mientras cede la fachada de la soberanía formal. Como señaló Kwame Nkrumah, primer presidente de Ghana y uno de los pensadores antiimperialistas más lúcidos del siglo XX: «El neocolonialismo es la etapa final y más peligrosa del imperialismo. Para aquellos que lo practican, significa poder sin responsabilidad, y para quienes lo sufren, significa explotación sin compensación«.

Nkrumah comprendió que la independencia política sin independencia económica es una ilusión peligrosa. En su obra seminal “Neocolonialismo: La última etapa del imperialismo” (1965), analizó cómo las potencias occidentales mantenían su dominio sobre África a través de mecanismos económicos y financieros más sutiles, pero igualmente efectivos que la dominación colonial directa. Su análisis sigue siendo profundamente relevante hoy, seis décadas después, cuando Burkina Faso, Malí y Níger están implementando el proyecto de liberación que Nkrumah soñó, pero no pudo concretar plenamente debido a la intervención imperialista que terminó con su vida.

3) El Franco CFA: colonialismo monetario en pleno siglo XXI y la resistencia de la AES

Ningún mecanismo ilustra mejor la continuidad colonial que el Franco CFA, la moneda que Francia impone a catorce países africanos como condición de su supuesta «independencia». Este sistema monetario colonial, que ha existido en diversas formas desde 1945, obliga a los países africanos a depositar el 50% de sus reservas de divisas en el Tesoro francés (originalmente era el 65%, reducido al 50% en 2019 tras presiones populares), les impide controlar su propia política monetaria, les prohíbe financiar su desarrollo mediante la emisión monetaria, y les garantiza tasas de cambio que favorecen sistemáticamente a Francia.

El funcionamiento del Franco CFA es un mecanismo de transferencia de riqueza continuo y sistemático. Los países africanos que utilizan el Franco CFA (en dos zonas distintas: la CFA del África Occidental y la CFA del África Central) están obligados a mantener sus reservas en Francia, donde no solo no ganan intereses competitivos, sino que Francia recibe el 0.75% de estas reservas como «comisión de gestión». Además, cualquier decisión sobre la política monetaria, incluyendo la impresión de billetes y el establecimiento de tasas de interés, requiere la aprobación de funcionarios franceses designados en los bancos centrales africanos. Francia mantiene un derecho de veto sobre todas las decisiones importantes.

Los efectos económicos del Franco CFA son devastadores para el desarrollo africano:

Falta de crédito para el desarrollo: Las tasas de interés impuestas por el Banco Central de los Estados de África Occidental (BCEAO) son extremadamente altas (alrededor del 7-9%), mientras que en la Eurozona están cercanas al 0%. Esto hace imposible el crédito asequible para agricultores, pequeñas empresas y proyectos de infraestructura.

Desindustrialización forzada: La sobrevaluación del Franco CFA (artificialmente vinculado al euro) hace que las exportaciones africanas sean caras e importadas baratas, destruyendo la industria local y manteniendo a los países en la exportación de materias primas.

Transferencia de riqueza: Se estima que entre 1960 y 2018, el Franco CFA permitió transferir más de 8,500 millones de euros anuales de África hacia Francia, un total de más de 500,000 millones de euros en seis décadas.

El Franco CFA no es simplemente una moneda: es un instrumento de dominación que permite a Francia drenar anualmente miles de millones de euros de las economías africanas. Es la prueba viviente de que la independencia formal no significa nada sin soberanía monetaria. Como ha denunciado repetidamente el economista senegalés Ndongo Samba Sylla, el Franco CFA es «el último símbolo visible del colonialismo francés en África», un sistema que garantiza que los países africanos trabajen para enriquecer a Francia en lugar de desarrollar sus propias economías.

El presidente Traoré ha sido uno de los líderes africanos más destacados en la denuncia de este sistema. Burkina Faso, junto con Malí y Níger, ha iniciado pasos concretos y revolucionarios para salir del Franco CFA y recuperar la soberanía monetaria, un acto de desafío directo contra el neocolonialismo francés que no ha sido perdonado por París. En diciembre de 2023, los tres países anunciaron oficialmente su intención de abandonar el Franco CFA y crear una nueva moneda soberana para la Alianza de Estados del Sahel. Este proceso implica complejos desafíos técnicos, pero su significado político es inmenso: representa la recuperación del control sobre uno de los instrumentos más fundamentales de la soberanía nacional.

La resistencia francesa a esta decisión ha sido feroz. Francia ha utilizado múltiples mecanismos de presión: amenazas diplomáticas y económicas, campañas mediáticas de desinformación presentando a los gobiernos de la AES como «golpistas» e «irresponsables», presión sobre otros países africanos para que no apoyen el proyecto, e intentos de sabotaje financiero mediante el congelamiento de activos.

Sin embargo, la determinación de los países de la AES ha sido firme. En 2024, comenzaron a retirar gradualmente sus reservas del BCEAO y a establecer mecanismos alternativos para el comercio internacional y las reservas nacionales. Burkina Faso creó un fondo soberano para gestionar sus recursos mineros y energéticos, Malí inició acuerdos comerciales directos con aliados estratégicos utilizando monedas alternativas, y Níger desarrolló un sistema bancario paralelo para transacciones internacionales. Estos pasos, aunque iniciales, representan una ruptura histórica con la dependencia financiera francesa.

4) La deuda como cadena: el imperialismo financiero y las alternativas soberanas

El imperialismo contemporáneo se sustenta fundamentalmente en mecanismos financieros. La deuda externa de los países africanos, que alcanzó 1.13 billones de dólares en 2023, no es el resultado de una mala gestión africana sino de un sistema diseñado para perpetuar la dependencia. La mayoría de estas deudas son heredadas de regímenes dictatoriales impuestos por Occidente durante la Guerra Fría, o son el resultado de «préstamos» del FMI y el Banco Mundial condicionados a políticas de ajuste estructural que han devastado las economías africanas.

El mecanismo de deuda como instrumento de dominación funciona de manera cíclica:

1. Acumulación de deuda: Los países africanos reciben préstamos bajo condiciones leoninas, con altas tasas de interés y plazos cortos.

2. Condicionalidad neoliberal: Para recibir los préstamos, los países deben implementar políticas que abren sus economías al capital extranjero, privatizan servicios públicos, reducen el gasto social y liberalizan el comercio.

3. Crisis de deuda: Las políticas impuestas generan recesión económica, reducción de ingresos fiscales e incapacidad para pagar la deuda.

4. Reestructuración con más condicionalidades: Los acreedores ofrecen «alivio» a cambio de más reformas neoliberales, profundizando la dependencia.

5. Transferencia permanente de riqueza: Los pagos de intereses y principal superan con creces los nuevos préstamos, creando una transferencia neta permanente de riqueza de África hacia el Norte global.

Los programas de ajuste estructural impuestos por estas instituciones financieras internacionales a partir de los años 1980 exigieron a los países africanos: privatizar servicios públicos esenciales (agua, electricidad, salud, educación), desmantelar industrias nacionales que competían con importaciones, eliminar subsidios a la agricultura local, abrir sus mercados a la competencia desigual con las multinacionales occidentales, y recortar brutalmente el gasto social en salud y educación. El resultado ha sido predecible pero deliberado: pobreza masiva, desempleo estructural, colapso de los servicios públicos, mayor dependencia de las importaciones occidentales, y una concentración extrema de la riqueza en manos de una minoría compradora.

Thomas Sankara: «La deuda es una reconquista sabiamente organizada de África. Es una reconquista que hace que cada uno de nosotros se convierta en esclavo financiero».

Sankara llamó a la unidad africana para repudiar estas deudas ilegítimas, comprendiendo que pagarlas significaba condenar a África a la perpetua pobreza mientras Occidente se enriquecía. Su análisis fue profético y revolucionario, pero fue silenciado por la bala asesina orquestada por los intereses imperiales que hoy continúan operando con la misma lógica.

La AES ha tomado medidas concretas para romper con este ciclo de dependencia de la deuda: auditoría de deuda para identificar préstamos ilegítimos, suspensión de pagos argumentando que estos recursos son necesarios para atender las necesidades básicas de la población, creación de instituciones financieras soberanas como el Banco de Desarrollo del Sahel con capital inicial de 500 millones de dólares, y establecimiento de mecanismos de comercio directo con aliados estratégicos utilizando monedas alternativas al dólar para reducir la dependencia del sistema financiero occidental.

Estas iniciativas enfrentan enormes desafíos, incluyendo la presión de acreedores internacionales, el sabotaje financiero, y las limitaciones técnicas de construir instituciones financieras soberanas desde cero. Sin embargo, representan un cambio paradigmático en la relación de África con el sistema financiero global, pasando de la dependencia forzada a la construcción de alternativas soberanas.

5) La descolonización epistemológica: romper con el pensamiento eurocéntrico

Más allá de los mecanismos económicos y militares, el imperialismo se sostiene a través del control del conocimiento y la producción de sentido. El pensamiento eurocéntrico ha dominado las instituciones educativas, los medios de comunicación, y las estructuras de poder en África desde el colonialismo, presentando la historia, la cultura y el desarrollo europeo como la norma universal, mientras que las realidades africanas son presentadas como excepciones, desviaciones o «atrasos».

Este dominio epistemológico se manifiesta en múltiples dimensiones: educación colonial con currículos importados de Europa que ignoran la historia precolonial de África; investigación extractiva donde universidades occidentales extraen conocimiento sin contribuir significativamente al desarrollo; medios de comunicación que presentan una narrativa sistemáticamente negativa sobre África; y tecnología digital dominada por corporaciones occidentales que controlan el acceso al conocimiento y la comunicación.

La AES ha comprendido que la verdadera liberación requiere también la descolonización del conocimiento. Burkina Faso ha iniciado una reforma educativa profunda que incorpora la historia precolonial de África en todos los niveles educativos, promueve el estudio de lenguas locales junto con el francés, incluye asignaturas sobre filosofía africana y sistemas tradicionales de gestión de recursos, y establece convenios con universidades de países no occidentales para intercambios académicos equitativos.

Malí ha creado un Instituto Panafricano de Investigación que prioriza proyectos de investigación aplicada para resolver problemas locales con participación comunitaria. Níger está desarrollando un sistema de comunicación alternativo basado en emisoras comunitarias y plataformas digitales locales para contrarrestar la dominación de los medios internacionales.

Cheikh Anta Diop: «La historia de África no comenzó con la esclavitud ni con el colonialismo. África tiene una historia milenaria que ha sido deliberadamente ocultada para justificar la dominación».

La recuperación de esta historia y de los sistemas de conocimiento africanos no es un ejercicio académico sino una condición para la construcción de sociedades soberanas y dignas.

6) El terrorismo como producto del imperialismo

6.1 La genealogía del terrorismo yihadista en el Sahel: De Afganistán a África

La afirmación central de Traoré —»son quienes enseñan a los terroristas»— no es una teoría conspirativa sino un hecho documentado por la propia historia reciente. La genealogía del terrorismo yihadista en África es inseparable de las intervenciones imperialistas, comenzando por el apoyo de Estados Unidos y sus aliados a los muyahidines en Afganistán durante los años 1980. La CIA financió, armó y entrenó a islamistas radicales para combatir al gobierno socialista afgano apoyado por la Unión Soviética, creando la infraestructura que posteriormente daría origen a Al-Qaeda. Esta operación, conocida como Operación Cyclone, estableció un patrón que se repetiría sistemáticamente en las décadas siguientes.

En Libia, la intervención de la OTAN en 2011 que derrocó a Muammar Gaddafi destruyó el Estado más próspero de África, convirtiendo a un país con el IDH más alto del continente en un caos de milicias rivales y células terroristas. Los arsenales libios saqueados inundaron el Sahel de armas, y los combatientes dispersados tras la caída de Gaddafi llevaron la yihad al sur. La desestabilización de Libia fue el detonante directo de la crisis de seguridad en Malí, Níger, Burkina Faso y todo el Sahel. Según informes de Naciones Unidas, más de 18,000 combatientes extranjeros y sus familias abandonaron Libia después de 2011, muchos de ellos uniéndose a grupos yihadistas en el Sahel.

En Siria, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Arabia Saudita, Qatar y Turquía apoyaron abiertamente a grupos islamistas radicales bajo el pretexto de derrocar al gobierno de Assad. Muchos de estos grupos eran afiliados o precursores de ISIS. Armas occidentales, entrenamiento de la CIA a través de programas como Timber Sycamore, financiamiento de las monarquías del Golfo, todo convergió para fortalecer a los mismos yihadistas que supuestamente se estaba combatiendo.

Cuando ISIS fue derrotado en Siria e Iraq, muchos de sus combatientes migraron a África, encontrando un terreno fértil en las zonas desestabilizadas por anteriores intervenciones occidentales. Un informe del Consejo de Seguridad de la ONU en 2023 documentó que al menos 25 comandantes de alto nivel de ISIS en Irak y Siria habían reaparecido dirigiendo células en el Sahel, trayendo consigo tácticas de guerra asimétrica avanzadas, propaganda sofisticada, y métodos de financiamiento ilícito.

Este patrón no es casual sino sistemático: las potencias occidentales crean, fortalecen y luego combaten selectivamente grupos terroristas para justificar su intervención permanente y mantener el control sobre recursos estratégicos. El terrorismo se convierte así en un instrumento de política exterior, una herramienta para perpetuar la dominación imperialista bajo el disfraz humanitario de la «guerra contra el terror».

Raíces estructurales de la violencia armada:

Un análisis verdaderamente antiimperialista debe examinar las raíces estructurales: crisis climática que ha intensificado conflictos por recursos; fracaso estatal neoliberal causado por políticas de ajuste estructural; explotación de recursos estratégicos que convierte el Sahel en campo de batalla; e intervenciones militares extranjeras que han exacerbado las divisiones y alimentado el resentimiento.

Este análisis complejo revela que la narrativa dominante sobre «terrorismo yihadista» en el Sahel es una simplificación peligrosa que sirve para ocultar las responsabilidades imperialistas en la creación y perpetuación de los conflictos armados en la región. Como señala Traoré, el terrorismo no es la causa sino el síntoma de un sistema imperialista diseñado para mantener a África en guerra permanente y dependencia económica.

7) Las bases militares occidentales: Infraestructura del imperialismo disfrazada de antiterrorismo

Estados Unidos mantiene una red de más de treinta bases militares en África a través de su Comando Africano (AFRICOM), establecido en 2007 supuestamente para «combatir el terrorismo». Sin embargo, la proliferación de bases militares estadounidenses ha coincidido exactamente con la proliferación del terrorismo yihadista. La mayor base de drones estadounidense del mundo se encuentra en Níger, específicamente en la base aérea de Agadez, construida con un costo de 110 millones de dólares y operativa desde 2019.

¿Resultado de esta masiva presencia militar? Níger pasó de ser uno de los países más seguros de la región a enfrentar una grave crisis de seguridad. Según datos del Armed Conflict Location & Event Data Project (ACLED), los incidentes violentos en Níger aumentaron un 300% entre 2018 y 2023, precisamente durante el período de mayor presencia militar estadounidense. Esta correlación no es casualidad sino causalidad.

Estas bases no están ahí por la seguridad africana sino por los intereses imperiales:

Control de rutas de recursos estratégicos: Las bases están estratégicamente ubicadas cerca de yacimientos de uranio, oro y litio.

Vigilancia y contención de China: Sirven como plataformas de vigilancia para monitorear actividades chinas y disuadir su expansión geopolítica.

Seguridad del complejo militar-industrial: Las operaciones militares en África generan miles de millones de dólares en contratos para empresas de defensa.

Mantenimiento de la hegemonía global: La presencia militar permanente refuerza el estatus de Estados Unidos como potencia hegemónica global.

Francia, por su parte, mantuvo durante décadas una red de bases militares en sus excolonias del Sahel bajo el marco de la «Françafrique». La Operación Barkhane (2014-2022), supuestamente antiterrorista, involucró hasta 5,500 soldados franceses. Sin embargo, durante este período, el terrorismo no disminuyó, sino que se expandió exponencialmente, revelando la verdadera naturaleza de esta intervención.

Numerosos testimonios documentan casos de colaboración directa o indirecta entre fuerzas francesas y grupos terroristas: convoyes militares que transportaban supuestos terroristas, ataques aéreos selectivos que evitaban posiciones yihadistas conocidas, entrega de información de inteligencia a grupos terroristas, y protección de rutas de tráfico de drogas y armas.

La expulsión de tropas francesas de Malí (2022), Burkina Faso (2023) y Níger (2024) refleja un rechazo a un sistema de dominación neocolonial que utiliza el terrorismo como pretexto para mantener el control sobre recursos y territorios.

Ibrahim Traoré: «No podemos construir nuestro futuro con bases militares extranjeras en nuestro territorio. Cada base militar es una herida en nuestra soberanía nacional».

Las bases militares occidentales en África son, en esencia, la infraestructura física del imperialismo moderno. Mientras existan, África no podrá alcanzar verdadera soberanía ni desarrollarse en paz. La lucha por la desmilitarización de África y la eliminación de bases extranjeras es, por tanto, una condición indispensable para la liberación continental.

8) La guerra permanente como estrategia de subdesarrollo

8.1 Destrucción sistemática del potencial africano

La afirmación de Traoré sobre que el objetivo imperialista es mantener a África «en una guerra permanente para que no podamos desarrollarnos» revela una comprensión profunda de la economía política del subdesarrollo. África no es pobre por falta de recursos —es el continente más rico del planeta— sino porque su desarrollo representa una amenaza existencial para el sistema capitalista global.

Un África industrializada, que procesara sus propias materias primas, que desarrollara su agricultura para alimentar a su población, que construyera infraestructura independiente, que educara a sus masas, y que controlara soberanamente sus recursos, dejaría de ser la fuente de superexplotación que alimenta el bienestar occidental. Por eso, el desarrollo africano debe ser saboteado sistemáticamente.

La guerra permanente cumple esta función:

Destrucción de infraestructura: Las guerras destruyen carreteras, hospitales, escuelas y plantas industriales que toman décadas construir.

Desvío de recursos hacia gasto militar: Países como Burkina Faso y Malí gastan entre 8-12% de su presupuesto nacional en defensa.

Generación de refugiados: Los conflictos han generado más de 3 millones de desplazados en la última década.

Inversión imposible: La inseguridad permanente hace imposible la planificación económica a largo plazo.

Justificación para intervención: Sirve como pretexto para mantener bases militares extranjeras.

8.2 Caso de estudio: Burkina Faso bajo Thomas Sankara (1983-1987) vs el imperialismo (1987-2022)

Ningún ejemplo ilustra mejor la diferencia entre desarrollo soberano y subdesarrollo imperialista que comparar los cuatro años del gobierno revolucionario de Thomas Sankara con los 35 años posteriores de regímenes neocoloniales.

Bajo Thomas Sankara (1983-1987): En cuatro años, Burkina Faso pasó de importar el 75% de sus alimentos a casi la autosuficiencia. Se vacunó a 2.5 millones de niños. La tasa de alfabetización aumentó del 13% al 73%. Se construyeron cientos de centros de salud rurales y miles de escuelas. Se nacionalizaron recursos mineros y se rechazó pagar la deuda externa ilegítima.

Bajo los regímenes neocoloniales (1987-2022): Tras el asesinato de Sankara orquestado por Francia, Burkina Faso volvió a importar más del 60% de sus alimentos. La mortalidad infantil aumentó un 40%. La tasa de alfabetización cayó al 28%. Los recursos mineros fueron privatizados y entregados a corporaciones extranjeras. Burkina Faso acumuló una deuda externa de más de 4,000 millones de dólares.

La comparación es elocuente: en cuatro años de revolución popular, Burkina Faso logró más avances que en 35 años de gobiernos neocoloniales. Esto demuestra que el subdesarrollo africano no es inevitable sino el resultado deliberado de políticas imperialistas que destruyen alternativas soberanas.

8.3 El saqueo «legal»: tratados comerciales y multinacionales mineras

Mientras África está sumida en conflictos, las multinacionales occidentales extraen tranquilamente los recursos del continente mediante contratos leoninos. La República Democrática del Congo, uno de los países más ricos en minerales estratégicos, es también uno de los más pobres en términos de desarrollo humano. No es paradoja: es el resultado lógico de un sistema donde las corporaciones multinacionales extraen billones de dólares pagando regalías miserables.

Las compañías mineras occidentales operan en África con contratos que en cualquier país desarrollado serían considerados abiertamente saqueadores: regalías ultrabajas (3-5% frente al 20-30% en otros países), exenciones fiscales generosas, cláusulas de estabilidad que prohíben modificar legislación, doble contabilidad, y tribunales de arbitraje internacional que sistemáticamente fallan contra Estados africanos.

En Burkina Faso, las compañías mineras canadienses extraen más de 60 toneladas de oro anuales (valoradas en más de 3,500 millones de dólares), pero pagan menos del 5% en regalías y contribuyen menos del 1% al PIB nacional.

Burkina Faso, bajo el gobierno de Traoré, ha comenzado a revisar estos contratos mineros, exigiendo aumento de regalías al 15-20%, inversión obligatoria del 20% de ganancias en desarrollo local, transferencia de tecnología, restauración ambiental obligatoria, y participación estatal del 30% en todas las operaciones mineras.

Esta política revolucionaria marca el camino hacia una verdadera soberanía económica. No es casualidad que coincida con el incremento de amenazas terroristas: el imperialismo no tolera la insubordinación y utiliza el terrorismo como arma para castigar a quienes desafían su dominio.

9) Eurocentrismo y racismo: las justificaciones ideológicas del imperialismo contemporáneo

El imperialismo requiere justificaciones ideológicas para legitimarse. El eurocentrismo —la idea de que Europa representa la civilización superior mientras África es el continente del atraso— cumple esta función. Los medios de comunicación occidentales presentan sistemáticamente a África como un continente de hambrunas, dictadores, corrupción y violencia tribal, ignorando que estas condiciones son precisamente el producto del imperialismo.

El racismo estructura todo el discurso imperialista contemporáneo:

Lenguaje mediático: Cuando las potencias occidentales bombardean países africanos se llama «intervención humanitaria», cuando africanos resisten se llama «terrorismo».

Producción académica: La academia occidental produce conocimiento sobre África que refuerza estereotipos coloniales.

Ayuda humanitaria: El sistema de ayuda perpetúa la narrativa de África como continente dependiente que necesita ser «salvado».

Sistema de becas: Diseñado para extraer las «mejores mentes» africanas hacia Occidente (fuga de cerebros).

Este doble estándar racista es fundamental para mantener el consenso ideológico que permite la continuación del imperialismo. Como analizó Frantz Fanon, el racismo no es un prejuicio individual sino un sistema de dominación que justifica la explotación colonial y neocolonial.

La resistencia a este racismo sistémico requiere no solo denunciar sus manifestaciones sino construir alternativas epistemológicas y culturales que centren las experiencias, conocimientos y perspectivas africanas.

Ibrahim Traoré: «No aceptaremos que nos definan desde fuera. Somos africanos, tenemos nuestra historia, nuestra cultura, nuestros valores. Nuestro desarrollo debe partir de nuestras realidades, no de modelos importados que nos mantienen en subordinación».

10) Pagar con nuestras riquezas: la economía del saqueo y las alternativas soberanas

10.1 La transferencia neta de riqueza: de África hacia Occidente

Contrario al discurso dominante que presenta la «ayuda al desarrollo» occidental como un acto de generosidad, los flujos financieros entre África y Occidente revelan una realidad opuesta: África subsidia masivamente a Occidente. Un estudio de 2017 del Global Justice Now cuantificó que por cada dólar de ayuda que África recibe, el continente pierde 14 dólares en flujos financieros ilícitos, evasión fiscal de multinacionales, repatriación de beneficios, pagos de deuda, y términos de intercambio desiguales.

Entre 1970 y 2018, África ha transferido neto hacia Occidente aproximadamente 1.35 billones de dólares. Esto significa que lejos de ser un continente dependiente de caridad externa, África es un contribuyente neto al desarrollo occidental. El nivel de vida en Europa y Estados Unidos se sostiene en parte significativa gracias al saqueo continuado de recursos africanos a precios artificialmente deprimidos.

Estos flujos de riqueza son estructurales al capitalismo global:

Términos de intercambio desiguales: África exporta materias primas baratas e importa productos manufacturados caros.

Evasión fiscal corporativa: África pierde más de 40,000 millones de dólares anuales por evasión fiscal.

Deuda externa: Los pagos superan con creces la ayuda recibida.

Fuga de capitales: Miles de millones de dólares abandonan África ilegalmente cada año.

Sin embargo, las nuevas dinámicas geopolíticas están alterando estos flujos tradicionales. La AES ha implementado políticas revolucionarias: control estatal de recursos estratégicos con nacionalización de minas y renegociación de contratos; comercio Sur-Sur con China, Rusia, India y Turquía; Banco de Desarrollo del Sahel con 500 millones de dólares de capital inicial; y moneda soberana que reemplazará al Franco CFA.

10.2 Recursos que alimentaron el imperialismo y empiezan a nutrir la Resistencia

Níger produce aproximadamente el 5% del uranio mundial, y Francia obtiene el 30% del uranio que alimenta sus centrales nucleares de minas nigerinas. Sin embargo, Níger está entre los países con menor acceso a electricidad del mundo, con apenas el 19% de su población conectada a la red eléctrica. Esta obscena paradoja encapsula perfectamente la lógica del imperialismo.

Las minas de uranio de Arlit y Akokan, operadas por la compañía francesa Orano, han generado más de 30,000 millones de dólares en ganancias para Francia desde 1971, mientras las comunidades locales sufren contaminación radiactiva grave, falta de agua potable y pobreza extrema.

Burkina Faso y Malí son importantes productores de oro. En 2024, Burkina Faso se convirtió en el cuarto productor de oro de África, con una producción de más de 70 toneladas anuales. Sin embargo, sus poblaciones viven en la pobreza mientras las compañías mineras extranjeras extraen miles de toneladas del metal precioso pagando regalías irrisorias.

La AES ha comenzado a revertir esta lógica extractivista: Níger renegoció todos los contratos de uranio exigiendo regalías del 15% e inversión en plantas de energía nuclear para uso doméstico; Burkina Faso nacionalizó temporalmente tres minas de oro y creó una refinería estatal; Malí impuso un impuesto especial del 25% sobre exportaciones de oro.

Estas políticas han generado resistencia feroz por parte de las corporaciones occidentales y sus gobiernos. Sin embargo, la determinación de los países de la AES ha sido firme, comprendiendo que sin control sobre sus recursos naturales, no habrá desarrollo soberano posible.

11) El papel de China en África: Cooperación Sur-Sur vs. Imperialismo

Sería simplista presentar el imperialismo únicamente como un fenómeno occidental. China, segunda economía mundial y potencia emergente, ha expandido masivamente su presencia en África a través de inversiones en infraestructura, comercio, y préstamos. Entre 2000 y 2023, el comercio entre China y África creció de 10,000 millones de dólares a más de 280,000 millones, convirtiendo a China en el principal socio comercial de África.

Algunos analistas occidentales hablan de «imperialismo chino». Sin embargo, la relación de China con África es cualitativamente diferente a la occidental en aspectos importantes:

Diferencias clave con el imperialismo occidental:

Infraestructura vs extracción: China ha priorizado la construcción de infraestructura tangible. En los últimos 20 años, China ha construido más de 6,000 kilómetros de ferrocarriles y 150,000 kilómetros de carreteras en África.

Sin condicionalidades políticas: A diferencia del FMI y Banco Mundial, China no exige privatizaciones o cambios en sistemas políticos.

Transferencia de tecnología: Los proyectos chinos generalmente incluyen capacitación local y transferencia gradual de tecnología.

Comercio más equilibrado: China no solo compra recursos, sino que vende productos manufacturados africanos en su mercado masivo.

Esto no significa que China sea altruista —persigue sus propios intereses económicos y geopolíticos— pero su modelo de engagement no se basa en el saqueo violento directo que caracteriza al imperialismo occidental.

En el Sahel, China ha intensificado su cooperación: en Burkina Faso construye una refinería de oro y un hospital universitario; en Malí financió un puente sobre el río Níger y un sistema de irrigación; en Níger desarrolla una planta solar de 100 MW y un sistema de telecomunicaciones nacional.

La cooperación militar también ha crecido. China ha proporcionado equipos no letales a los ejércitos de la AES, junto con capacitación en mantenimiento y operaciones logísticas. A diferencia de Occidente, China no insiste en la presencia de tropas ni en bases militares permanentes.

Diplomático africano anónimo: “Occidente nos ofrecía ‘ayuda' con cadenas; China nos ofrece negocios con apretones de manos. Preferimos negocios».

12) El papel de Rusia en el Sahel: De Wagner al Estado ruso y la lucha por la soberanía

La presencia rusa en el Sahel ha evolucionado significativamente desde la irrupción del Grupo Wagner en 2018 hasta la actual cooperación estatal directa. Esta evolución refleja los cambios geopolíticos globales y las estrategias de los países del Sahel para diversificar aliados y reducir la dependencia occidental.

El período Wagner (2018-2023)

El Grupo Wagner, una empresa militar privada vinculada al Estado ruso, ingresó al Sahel aprovechando el vacío dejado por la retirada parcial de fuerzas francesas. Wagner ofreció servicios de seguridad a cambio de acceso a recursos mineros y bases estratégicas. Malí fue el primer país donde Wagner entró en 2021, reemplazando gradualmente a las fuerzas francesas.

Las operaciones de Wagner fueron controvertidas: acusado de cometer abusos contra civiles, ejecuciones sumarias y saqueo de recursos. Sin embargo, en muchos casos, Wagner logró estabilizar zonas que habían estado fuera del control estatal durante años.

Transición a cooperación estatal rusa (2023-presente)

Tras la muerte de Yevgeny Prigozhin en 2023, Rusia ha optado por una estrategia más institucional: acuerdos militares directos proporcionando equipos y capacitación; cooperación económica para desarrollo de infraestructura energética y minería; intercambio educativo y cultural con becas y programas de capacitación técnica.

La perspectiva rusa sobre el Sahel:

Soberanía nacional: Rusia respeta públicamente la soberanía de los países africanos.

Multipolaridad: Rusia ve a África como aliado natural en la construcción de un mundo multipolar.

Antiimperialismo histórico: Rusia se presenta como continuadora del apoyo soviético a las luchas de liberación.

Intereses pragmáticos: Rusia busca acceso a recursos estratégicos y mercados para su industria.

La AES valora esta cooperación por respeto a la soberanía, efectividad militar, transferencia de capacidades, y como alternativa geopolítica que permite diversificar aliados y reducir la dependencia occidental.

Ministro de Relaciones Exteriores de Burkina Faso, 2025 :»Rusia no nos dice cómo debemos gobernar. No nos exige que cambiemos nuestra moneda o que privatizemos nuestros recursos. Nos tratan como socios iguales, no como colonias. Esto es lo que llamamos respeto mutuo».

13) La Alianza de Estados del Sahel: Hacia un orden multipolar y la lucha contra el aislacionismo occidental

En septiembre de 2023, Burkina Faso, Malí y Níger formaron la Alianza de Estados del Sahel (AES), una confederación que representa la respuesta africana más significativa al imperialismo francés en décadas. Los tres países, todos gobernados por juntas militares surgidas de golpes populares contra gobiernos pro-franceses corruptos, han expulsado tropas francesas, han denunciado tratados militares y económicos coloniales, y están coordinando políticas de soberanía monetaria, seguridad colectiva, y desarrollo independiente.

La AES no es simplemente un pacto militar sino un proyecto político integral de liberación nacional. Representa el intento de recuperar el espíritu del panafricanismo revolucionario de los años 1960-70, aprendiendo de los errores del pasado, pero manteniendo el objetivo central: África para los africanos, desarrollo soberano, unidad continental.

Estructura institucional de la AES

La AES ha creado una estructura institucional robusta:

Consejo de Seguridad Permanente: Mecanismo de coordinación militar para operaciones conjuntas y defensa colectiva.

Banco de Desarrollo del Sahel: Institución financiera soberana con capital inicial de 500 millones de dólares.

Comisión Monetaria: Órgano encargado de diseñar la nueva moneda soberana (Franco del Sahel).

Comité de Recursos Estratégicos: Mecanismo para coordinar políticas sobre minería, energía y recursos naturales.

Parlamento Panafricano del Sahel: Órgano legislativo en formación que representará a los pueblos de los tres países.

Respuesta al aislacionismo occidental

Tras la formación de la AES, Francia, Estados Unidos y la Unión Europea implementaron una política de aislamiento: sanciones económicas con congelamiento de activos; presión diplomática en organismos internacionales; y guerra mediática presentando a los gobiernos como «dictaduras militares».

La AES ha respondido con: diversificación de alianzas estableciendo relaciones con China, Rusia, India, Turquía; integración regional profunda desarrollando infraestructura transfronteriza; economía de resistencia con programas de autosuficiencia alimentaria; y diplomacia de solidaridad en la Unión Africana y otros foros internacionales.

Visión de futuro

Corto plazo (2025-2027): Consolidación de la seguridad interna e implementación de la moneda soberana.

Mediano plazo (2028-2035): Integración económica profunda y desarrollo de infraestructura energética regional.

Largo plazo (2035+): Expansión de la alianza a otros países africanos y construcción de una federación política y económica.

Ibrahim Traoré: «No pedimos permiso a nadie para liberarnos. Nuestros ancestros nos legaron valores de dignidad, coraje y resistencia. Estamos reclamando nuestra soberanía total —política, económica, cultural, militar. No aceptaremos tutela de ninguna potencia extranjera».

14) Hacia la segunda liberación de África: Lecciones históricas y perspectivas revolucionarias

14.1 ¿Por qué fracasaron las primeras independencias?

Las independencias africanas de los años 1950-70 conquistaron la soberanía formal, pero fracasaron en establecer verdadera independencia económica. Múltiples factores explican este fracaso: la fragmentación del continente en 54 Estados; la persistencia de estructuras económicas coloniales; la corrupción de élites africanas; y la brutal represión occidental contra todo líder que intentara un desarrollo verdaderamente independiente.

Patrice Lumumba (Congo), Kwame Nkrumah (Ghana), Ahmed Sékou Touré (Guinea), Modibo Keïta (Malí), Thomas Sankara (Burkina Faso), Muammar Gaddafi (Libia), todos líderes que desafiaron el imperialismo fueron derrocados o asesinados con complicidad directa de potencias occidentales.

Lecciones clave para la segunda liberación:

Unidad continental: La fragmentación fue una estrategia deliberada. La liberación requiere unidad a escala continental.

Control soberano de recursos: Sin control sobre recursos naturales, no hay soberanía posible.

Autosuficiencia alimentaria: La dependencia alimentaria es un arma imperialista.

Educación descolonizada: Los sistemas educativos deben liberarse del pensamiento eurocéntrico.

Defensa colectiva: Sin capacidad de defensa propia, la soberanía es ilusoria.

Moneda soberana: El control monetario es la base de la soberanía económica.

Diplomacia de solidaridad: África debe construir alianzas con otros pueblos del Sur Global.

14.2 La AES y la aplicación de las lecciones

La AES ha aprendido muchas de estas lecciones: representa unidad regional en acción; está renegociando contratos mineros; implementa programas de seguridad alimentaria; reforma la educación para descolonizar currículos; construye capacidades defensivas autónomas; abandona el Franco CFA; y establece alianzas con múltiples países del Sur Global.

Sin embargo, debe evitar errores históricos: corrupción interna que puede corromper procesos revolucionarios; culto a la personalidad que debilita instituciones; aislamiento internacional; y falta de base social amplia que garantice participación popular.

Amílcar Cabral: «La libertad no es un don, es una conquista».

15) La importancia estratégica del Sahel en la nueva geopolítica mundial

El Sahel no es simplemente una región periférica en conflicto; es un espacio geopolítico de importancia estratégica global por múltiples razones.

Recursos estratégicos

El Sahel alberga algunos de los recursos más importantes para la economía global del siglo XXI: uranio (Níger posee las sextas reservas más grandes del mundo); oro (Burkina Faso y Malí son grandes productores); litio (reservas masivas aún no explotadas); cobre y cobalto (cruciales para la transición energética); y tierras raras (esenciales para tecnología de alta gama).

Este «tesoro geológico» convierte al Sahel en un campo de batalla por el control de los recursos del futuro. Las potencias globales compiten por acceso y control, pero los países de la AES están determinados a que estos recursos beneficien a sus pueblos.

Ubicación geográfica estratégica

El Sahel es un corredor crucial: puente entre el norte y el sur de África; encrucijada entre el Atlántico y el Índico; y región de influencia sobre el Magreb, el Cuerno de África y África occidental. Esta ubicación ofrece oportunidades para posicionarse como centro logístico y comercial en un mundo multipolar.

Nuevas dinámicas geopolíticas

El mundo está transitando hacia un orden multipolar. Este cambio abre espacios de maniobra para África: diversificar alianzas, jugar potencias rivales unas contra otras, explorar modelos de desarrollo alternativos, y construir autonomía estratégica.

Oportunidades históricas:

Transición energética: África tiene el potencial solar más grande del mundo y puede liderar su propia transición energética.

Reindustrialización: La desglobalización crea oportunidades para la reindustrialización africana.

Reforma financiera: Búsqueda de alternativas al dólar y creación de bancos de desarrollo no occidentales.

Nuevos espacios diplomáticos: BRICS+ y otros organismos ofrecen alternativas a instituciones occidentales.

Thomas Sankara: «La lucha por la liberación de África es la lucha más noble que un africano puede emprender».

16) La solidaridad internacionalista: Un imperativo estratégico para la liberación global

La lucha de los países del Sahel por la soberanía no puede entenderse en aislamiento; es parte de una lucha global contra el imperialismo y el capitalismo. La solidaridad internacionalista con la AES no es caridad ni romanticismo revolucionario; es un imperativo estratégico para todos los pueblos que luchan por su liberación.

Dimensiones de la solidaridad internacionalista

Solidaridad política: Presión diplomática sobre gobiernos occidentales para que levanten sanciones arbitrarias.

Solidaridad mediática: Contrarrestar la campaña de desinformación occidental sobre la AES.

Solidaridad económica: Boicot a corporaciones que saquean recursos del Sahel.

Solidaridad académica: Investigación independiente sobre la realidad del Sahel.

Solidaridad de movimientos sociales: Conexión entre movimientos del mundo entero.

Lecciones para otros movimientos de liberación

La resistencia del Sahel ofrece lecciones valiosas: la importancia de la unidad regional; el rol del ejército en revoluciones populares bajo condiciones específicas; la necesidad de soberanía en múltiples dimensiones; y la importancia de construir alternativas concretas.

La solidaridad como arma estratégica

En el contexto actual de crisis capitalista global, la solidaridad internacionalista no es un lujo sino un arma estratégica. El imperialismo se basa en la división de los pueblos oprimidos. La unidad internacional de los explotados es la única fuerza capaz de desafiar el poder global del capital.

Kwame Nkrumah: «El panafricanismo no es una ideología racial; es una respuesta política a una situación política. La unidad africana es la condición previa para la verdadera independencia».

Ibrahim Traoré:»No luchamos solo por Burkina Faso, luchamos por todos los pueblos oprimidos del mundo. Nuestra victoria será su victoria; nuestra liberación será la liberación de todos».

17) Conclusión: ¡África para los africanos! La segunda liberación como proyecto histórico

La Alianza de Estados del Sahel representa la expresión más concreta y avanzada de la resistencia antiimperialista contemporánea en África. No es un proyecto perfecto ni exento de contradicciones internas, pero es un proyecto revolucionario que desafía directamente la matriz del poder colonial y neocolonial en el continente.

La declaración de Ibrahim Traoré —»Lo que hay en África no es terrorismo, es imperialismo. Son quienes enseñan a los terroristas. Su objetivo es mantenernos en una guerra permanente para que no podamos desarrollarnos y sigamos pagándoles con nuestras riquezas«— es mucho más que una denuncia; es un programa de acción revolucionaria.

Reconocer que el terrorismo en el Sahel es un síntoma del imperialismo, no su causa, es el primer paso para combatirlo efectivamente. El segundo paso es organizar la resistencia popular, construir instituciones soberanas, y reclamar el control sobre recursos, territorio y destino histórico.

África no necesita más «intervenciones humanitarias», más «ayuda al desarrollo», más bases militares extranjeras. África necesita y exige soberanía total, control sobre sus recursos, libertad para elegir su propio camino de desarrollo, y solidaridad —no dominación— de otros pueblos del mundo. La AES representa un paso crucial en esta dirección, pero es solo el comienzo de un proceso mucho más amplio.

El futuro de África será escrito por africanos, no por potencias extranjeras. La segunda liberación del continente, la liberación económica que complete la liberación política formal de los años 1960, está en marcha. El imperialismo resistirá con todas sus fuerzas —violencia militar, sabotaje económico, propaganda mediática, terrorismo fabricado— pero la historia está del lado de los pueblos, no de los opresores.

Para los pueblos del mundo que luchan contra el imperialismo y el capitalismo, la resistencia africana es inspiración y lección. Demuestra que incluso los países más pobres y aparentemente débiles pueden desafiar a las potencias imperiales cuando tienen dirección política clara, apoyo popular, y determinación de ser libres.

Thomas Sankara:»No puede haber salvación para nuestro pueblo fuera de nuestro total compromiso con la causa de la liberación de África».

Esta sigue siendo la tarea histórica del momento. La AES ha tomado la antorcha de esta lucha y la ha llevado a un nuevo nivel. Su éxito no está garantizado, pero su ejemplo ya ha inspirado a millones de africanos a creer nuevamente en la posibilidad de una África verdaderamente libre y soberana.

¡África para los africanos!

¡Muerte al imperialismo!

¡Viva la revolución panafricana!

¡Viva la Alianza de Estados del Sahel!

Fuente https://hojasdebate.es/internaciona...

Tomado de: https://rebelion.org/el-imperialism...

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