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AnteayerWeb Tortuga AA-Moc

Canciones para no obedecer

29 Enero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Sebastián Narváez Núñez
Bogotá

Ante la constante tensión que se vive en Latinoamérica, marcada por la operación contra un ilegítimo Nicolás Maduro en el poder [Esta web no no se pronuncia sobre la legitimidad del presidente Nicolás Maduro, nota de Tortuga], el bombardeo de Caracas y la amenaza de asumir el control con un segundo ataque si no se siguen sus pretensiones, así como por la utilización de este escenario como advertencia para otros países que Donald Trump considera enemigos políticos -como México, Cuba, Groenlandia y Colombia-, decidimos aferrarnos a algunos momentos en los que la música latina ha alzado la voz contra el intervencionismo, el imperialismo y una agresiva política exterior que borra todo a su paso. Un recorrido que muestra cómo el arte ha sido un vehículo de denuncia social masiva y una forma de dignificar la soberanía de los pueblos latinoamericanos.

Aunque los hitos desde el arte abundan y seguramente muchos habrán quedado por fuera de esta lista caprichosa, como todas, el enfoque está puesto en artistas latinoamericanos y en cómo, desde miradas particulares, documentaron los embates de las guerras proxy de su tiempo. Sin desconocer, al mismo tiempo, que la canción de autor anglosajona ha funcionado como un espejo incómodo desde el interior, con figuras como Bob Dylan y canciones como Masters of War, una denuncia directa a los fabricantes de armas, Blowin' in the Wind, himno pacifista contra la guerra, o A Hard Rain's a-Gonna Fall y Talkin' World War III Blues, atravesadas por la ansiedad de la Guerra Fría y la amenaza nuclear, cuestionando la moralidad y las consecuencias de los conflictos.

También Joan Baez, con su disco Where Are You Now, My Son?, grabado durante un bombardeo estadounidense en Hanoi en las navidades de 1972; así como temas de Rage Against the Machine como People of the Sun, Bulls on Parade, Vietnow o Know Your Enemy, la obra sobresaturada e hiperconsciente de Massive Attack, el folk militante de Billy Bragg o el histórico activismo antiimperialista de Roger Waters, son ejemplos todos de la mirada del norte global sobre sus propios comportamientos colonialistas.

Estas son algunas de las canciones que ha dejado la música latina y en las que se expresa una postura crítica frente al imperialismo ejercido por Estados Unidos y su afán por acumular poder y soberanía a cualquier costo.

1960–1980 | Guerra Fría y canción de resistencia

Con la Guerra Fría en su punto más álgido, Estados Unidos aplicó la llamada Doctrina de Seguridad Nacional para frenar el avance del comunismo en su llamado “patio trasero”. Bajo la presidencia de Nixon se produjo la escalada militar en Vietnam, mientras en América Latina crecían los movimientos de izquierda y se sucedían los golpes de Estado, como el de Chile en 1973, que provocó la muerte de Salvador Allende, y el de Argentina en 1976. A comienzos de esa misma década también tuvo lugar la fallida invasión de Bahía de Cochinos, en 1961.

Silvio Rodríguez – Playa Girón (1969).

Nacida en 1969 mientras trabajaba en un barco pesquero llamado Playa Girón, conmemora la derrota de la invasión de Bahía de Cochinos (1961) por tropas cubanas apoyadas por EE. UU., sirviendo como homenaje a los pescadores y a la resistencia cubana, y reflexiona sobre el rol del artista al representar la historia de forma honesta, con un doble sentido entre la vida en el mar y la lucha ideológica, destacando la complejidad de contar la verdad sin panfletismo.

Víctor Jara – El derecho de vivir en paz (1971).

Escrita en 1969, El derecho de vivir en paz es una canción de protesta contra la sangrienta intervención estadounidense en la guerra de Vietnam. La canción ha trascendido décadas hasta convertirse en un himno latinoamericano replicado durante generaciones, reivindicado incluso durante el Estallido Social de 2019.

León Gieco – Hombres de Hierro (1973).

Producida por Gustavo Santaolalla, en un contexto de agitación social tras el regreso del peronismo y la escalada de la violencia política, la canción forma parte de su primer disco, León Gieco, y bebe directamente de la influencia musical de Bob Dylan. Aborda temáticas sociales que, aunque surgidas del hecho histórico conocido como el Mendozazo, se convirtieron en un himno contra la opresión de cualquier tipo, antimilitarista y frontal en tiempos de dictadura.

Mercedes Sosa y León Gieco – Solo le pido a Dios (1978).

Originalmente escrita por León Gieco en 1978 y resignificada e inmortalizada como himno en 1982 por Mercedes Sosa, Solo le pido a Dios es producto del clima de opresión de una dictadura financiada por Estados Unidos. Un clamor contra la indiferencia, el dolor y la injusticia: un canto visceral de resistencia y un abrazo colectivo que implora por la paz mundial. Aunque sea quizá su tema más referenciado, a lo largo de su trayectoria y de su lucha Mercedes Sosa también nutrió el cancionero de dignidad latinoamericano con canciones como Los Pueblos Americanos, Canción con todos y Canción para mi América.

1980–1990 | Canciones bajo dictaduras

Aunque los primeros gobiernos impuestos en la región se consolidaron durante la década de los setenta, en los años ochenta y noventa la situación no mejoró. Estados Unidos continuó ampliando su influencia sobre América Latina, desde el apoyo a los Contras en Nicaragua a partir de 1979, pasando por la guerra civil de El Salvador, hasta la invasión a Granada en 1983 y la Operación Causa Justa en Panamá en 1989.

Serú Girán – Canción de Alicia en el país (1980).

La canción se popularizó con Serú Girán, pero fue escrita originalmente por Charly García en 1980 para una adaptación teatral de Alicia en el país de las maravillas. Más tarde, la letra fue modificada para convertirse en una alegoría contra la última dictadura militar, usando metáforas del universo de Lewis Carroll para reflejar la realidad sociopolítica del país. Su estructura de rock progresivo y su mensaje críptico permitieron que se convirtiera en una de las canciones más emblemáticas para expresar lo que ocurría en Argentina sin ser inmediatamente prohibida por la censura de la dictadura.

Rubén Blades – Tiburón (1981).

Aunque fue lanzada antes de la invasión estadounidense a Panamá en 1989, la canción anticipa y advierte la escalada imperialista sobre la región, al tiempo que hace un llamado a la resistencia frente a ese depredador que quiere acabar con todo a su paso. Además de generar amenazas de vida contra su autor y acusaciones de ser una canción comunista, Tiburón fue vetada durante quince años. El propio Rubén Blades ha explicado que el tema es un reclamo y una denuncia contra el intervencionismo, en una época en la que la persecución a todo lo considerado sospechoso se encontraba recrudecida en gran parte de la región.

Los Prisioneros – Latinoamérica es un pueblo al sur de EEUU (1987).

En tiempos de dictadura y con Pinochet al mando, Los Prisioneros también nutrieron el cancionero latinoamericano antiimperialista con canciones que, aunque hoy se bailen en pogos de hora loca y remates de fiesta de millennials nostálgicos, en su momento representaron una voz identitaria. Temas que cuestionaban el sentido de pertenencia latinoamericano y señalaban cómo, tras las intervenciones militares, la concentración de poder y el colonialismo estadounidense , con sus cruzadas por frenar el comunismo en la región, la actitud de la superpotencia fue someter a lo que considera su "patio trasero".

"Las potencias son los protectores que prueban sus armas en nuestras guerrillas.
Ya sean rojos o rayados a la hora del final no hay diferencia.
Invitan a nuestros líderes a vender su alma al diablo verde.
Inventan bonitas siglas para que se sientan un poco más importantes”.

1990–actualidad | Fronteras, exilio y nuevas violencias

Durante la transición de las dictaduras militares a regímenes democráticos en varios países de América Latina, se produjeron migraciones masivas y el exilio de miles de familias que buscaron oportunidades fuera de sus países, lejos de la hostilidad y la violencia. En esos años, las canciones de protesta comenzaron a dirigir su mirada hacia los gobiernos locales y, especialmente durante la década de los noventa, surgieron temas como Clandestino, de Manu Chao, que aborda el fenómeno migratorio; Sr. Matanza, de Mano Negra, una denuncia de la política corrupta y asesina; Señor Cobranza, una crítica directa a la década de gobierno de Carlos Menem; o Políticos paralíticos, de Desorden Social, que desde Venezuela alude a la corrupción estatal que marcó el final de la década.

Estados Unidos decidió un cambio en su enfoque intervencionista e instauró la promoción de las democracias en la región, apoyando su agenda de lucha contra las drogas y convirtiendo al narcotráfico en su prioridad para seguir justificando, desde otro lugar, su ejercicio de mano dura e injerencia.

Los Tigres del Norte - Somos Más Americanos (2001).

Muchos de nosotros quizás hayamos llegado a esta canción por la mítica versión junto a Zack de la Rocha en el MTV Unplugged de los Tigres del Norte del 2011. Diez años antes, en el 2001, publicaron la primera versión de este tema incluido en su disco Uniendo Fronteras, que alcanzó el #1 en los charts de discos latinos y específicamente en la categoría de Regional Mexicano de Billboard. Allí critican la expansión de los colonizadores estadounidenses tras apoderarse de California, Arizona, Nevada, Utah y Texas, territorios que pertenecieron a México hasta 1848.

“​​América nació libre; el hombre la dividió.
Ellos pintaron la raya, para que yo la brincara.
Y me llaman invasor.
Es un error bien marcado.
Nos quitaron ocho estados
¿Quién es aquí el invasor?"

Cultura Profética - Bieké (2002).

Si bien Puerto Rico ha tenido una larga historia de subordinación y lucha por su soberanía, al ser considerado un país libre asociado a Estados Unidos, su tradición musical ha alzado desde siempre las banderas de la libertad desde lo más visceral. En 2002, como parte de su álbum Diario, la banda liderada por Willy Rodríguez publicó Bieké, nombre original con el que los indios taínos se referían a la isla de Vieques, un municipio situado al este de Puerto Rico y cuyo significado es “tierra pequeña”. Al usar el nombre ancestral, la banda reivindica la identidad indígena y la soberanía del territorio frente a la ocupación extranjera. Durante décadas, la Marina de los Estados Unidos utilizó gran parte de Vieques como campo de tiro y entrenamiento para bombardeos, hasta que la presión social y los movimientos juveniles lograron el abandono de la ocupación militar y, finalmente, la liberación de la isla en 2003.

Calle 13 - Latinoamérica (2011).

Si en la década de los noventa la música latina se encontraba en una búsqueda de identidad, narrando cambios sociales y una reconexión con sus raíces, en el nuevo milenio esa búsqueda se consolidó en una identidad más sólida, consciente de sí misma como potencia cultural. Con esta canción, Calle 13 se anotó un himno latino moderno junto a Totó la Momposina, de Colombia; Susana Bacca, de Perú; y Maria Rita, de Brasil, para recorrer la historia de resistencia de todo un continente. Un recorrido que incluye referencias a la Operación Cóndor y activa una memoria del pasado represivo de estas tierras durante las dictaduras respaldadas por Estados Unidos.

La Santa Cecilia - ICE- El Hielo (2013).

En 2014, cuando La Santa Cecilia ganó el Grammy a Mejor Álbum de Rock, Urbano o Alternativo Latino por Treinta Días, disco que incluye ICE – El Hielo, la vocalista de la banda, La Marisoul, dedicó el premio a los más de once millones de personas indocumentadas obligadas a abandonar sus tierras y migrar en busca de nuevas oportunidades de vida. Ahora más que nunca, en medio de las redadas, las persecuciones y las deportaciones impulsadas por el Gobierno de Trump, la canción vuelve a cobrar relevancia al retratar el miedo, la desesperanza y la vida cotidiana de familias rotas por las políticas migratorias.

Bad Bunny - El Apagón y el documental Aquí vive gente (2022).

El mayor exponente del reggaetón en la actualidad y el artista más escuchados a nivel mundial en los últimos años, según Spotify, también ha sido una de las figuras más activas políticamente en relación con los asuntos que afectan a Puerto Rico. En 2019, ante el caso del gobernador Roselló, respondió llamando a manifestaciones en las calles y participando en la canción Afilando cuchillos, junto a Residente e iLe. Más adelante, en 2022, a raíz de la crisis energética y de la creciente ola de gentrificación en la isla y en otros territorios de Latinoamérica, Benito convirtió el video oficial de El Apagón en un minidocumental junto a la periodista Bianca Graulau, en el que denunció la situación de la isla y una ley que incentiva a ciudadanos estadounidenses a mudarse a Puerto Rico para no pagar impuestos, desplazando a la población local y privatizando las playas. Esta preocupación por la identidad y el futuro de la isla se ha mantenido en su obra reciente, especialmente en su disco DeBí TiRAR MáS FOToS, con canciones como Turista, Lo que le pasó a Hawaii o La Mudanza.

Bonus: J Balvin + Camila Cabello + Ricky Martin | Premios Grammy (2019).

Aun cuando la música comercial y masiva suele quedar al margen de las conversaciones confrontativas y políticas, y aunque muchas de sus figuras se consideren apolíticas, como ocurrió con J Balvin durante el estallido social colombiano de 2019–2020, en ocasiones se producen actos simbólicos que abren debates sobre la situación de la población latina y la injusta persecución y xenofobia que enfrenta en territorio estadounidense. En 2019, durante su presentación en los Premios Grammy, Camila Cabello, interpretando Havana, junto a Ricky Martin y J Balvin, protagonizó un gesto de confrontación frente a las políticas migratorias de Estados Unidos, en un contexto marcado por el primer mandato de Donald Trump y su propuesta de construir un muro en la frontera con México. En esa misma presentación, sin necesidad de muchas palabras, Balvin apareció sentado en una banca sosteniendo un periódico con el mensaje “Construye puentes, no muros”, en una clara afrenta al gobierno de turno.

Fuente: https://www.coolt.com/artes/cancion...

Para un kit de supervivencia frente al militarismo norteamericano (y el nuestro)

8 Enero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

La nueva intervención militar de EE. UU., esta vez en Venezuela (pero hace unos días en Nigeria y antes en Irán y dando cobertura a Israel, y antes en Yemen y Siria lanzando munición guiada y misiles, o los ataques perpetrados en Somalia, por referirnos solo al año 2025, y una larga lista de sobra consabida desde los años 40 del siglo pasado) ha provocado reacciones de protesta airada en esta parte claudicante del imperio.

La carta a su militancia (¿?) utilizada por el presidente Sánchez como medio de protesta oficial por dicha intervención (¡!) es dudoso que llegue a tener eficacia alguna (o incluso a llegar a los oídos de la arrogante diplomacia americana) pero demuestra la habilidad de Sánchez para detectar un tema generador de malestar (y eventual caladero de votos) en el que necesita hacerse presente oportuna y oportunistamente.
La rápida movilización del día después en la embajada americana, en los consulados de muchas ciudades y en múltiples plazas de otras localidades demuestra la sensibilidad del tema y la disposición de una parte de la población a movilizar energías políticas por este asunto.

Por desgracia, los lemas contra el imperialismo yanqui, dicho sea de paso, muy justificados, y las invocaciones al orden internacional no parecen excesivamente operativos para pasar de una protesta airada a una lucha eficaz que necesita, como es obvio, otros complementos que en este momento no parece que estemos capacitados para proponer y movilizar.

Dispositivos, me refiero, de hacer daño de verdad, de cortocircuitar, de señalar, de poner piedras en el camino, palos en las ruedas, verdadera coacción moral y social con capacidad de provocar cambios.

Por de pronto, a mi se me ocurre una especie de kit de emergencia para hacer en mi día a día lo que pueda. Lo lanzo por si entre todos somos capaces de complementarlo con otras ideas.

  • A) La primera de mis ideas; que la aplastante y abrumadora fuerza de la primera potencia se basa en gran parte en una endiablada y compleja cadena de colaboraciones y sumisiones sucesivas que nos hace formar parte de los eslabones con los que nos atan.

Y ello me lleva a pensar en dos colaboracionismos en los que trabajar(me):

  1. El personal, en el que tal vez si que tengo margen de maniobra si no para solucionar la situación, al menos para higienizar mi mente e incordiar en lo posible.
  2. Y el comunitario, en el supuesto de que cuanto menos nos prestemos en colectivo a apoyar a estos cencerros menos resonará su badajo proclamando la ideal libertad americana.

En lo estrictamente personal he comenzado por hacer higiene en mi propia cabeza con la suspicaz sospecha de que estos tipos nos infiltran en vena la aceptación de sus lógicas. A la mierda el consumo de sus películas (que por cierto son performativas del mundo que aspiran a construir para nuestro bien), de sus canciones y espectáculos, de la idiota obsesión por su idioma, de los cachivaches que nos venden, de sus reclamos religiosos y mundanos, del marketing y del sursuncorda. De hecho, esta misma mañana me ha preguntado un tipo con pinta de yanqui despistado por una calle y le he dicho que yo a los americanos, después de lo ocurrido, no les doy ni la hora para que sienta en sus carnes el desprecio visceral que provocan sus políticas agresivas.

Incluso me estoy pensando si proponer a mis amigos establecer una especie de sello de calidad o algo así para espacios «liberados» o «descontaminados» del colaboracionismo americano; sellos que podemos poner en pueblos que se declaren contra el militarismo americano, o contra la ocupación, o en espacios rescatados (y ojalá pueda campear el sello en Rota o en Morón y otros espacios infectados por la contaminación militar americana).

Puede que no solucione mucho esta especie de disposición personal hostil, pero, como dice un dicho leguleyo, «lo que abunda no daña» y al menos me hace estar despierto.
En lo comunitario se me ocurren de momento dos cosas más:

Una, que en la medida en que la actitud de hostilidad (por ponerle un nombre) a la colonización mental, tecnológica y de todo tipo de lo americano se hace colectiva, pudiera ser que esto les haga más daño (y a nuestras colectividades más salud por añadidura). De ahí la llamada a alimentar este nocolaboracionismo entre amistades, conocid@s, vecin@s, colegas, etc.

Que se nos hagan odiosos e indeseables y que dejemos, como papanatas, de consumir su modo de vida guay.

Y la segunda, que un rechazo cuanto más amplio mejor y cuanto más organizado y extenso más eficaz puede además afectar a sus intereses, en definitiva, uno de los motores de sus lógicas coloniales. De modo que, aprendiendo de nuestros amigos palestinos y de sus organizaciones de lucha, promover el boicot, la desinversión, el señalamiento y la problematización de todo lo americano, hacemos más eficaz y plausible el rollete del yanquee go home para que nos e quede en mera palabrería.

  • B) La segunda idea que se me ocurre tiene que ver con las posibilidades de articular una lucha de respuesta política y en este caso, la afinaré diciendo que luchar contra la infiltración de las lógicas militaristas de EE. UU. es luchar también contra nuestro propio militarismo.

No desvelo ningún secreto si afirmo que España está alineada al militarismo global como un alumno aventajado (también practicamos la injerencia militar, somos la octava potencia en venta de armas, mantenemos un gasto militar contrario a la seguridad humana y gigante, un aparato militar desmesurado y un militarismo social preocupante) y sometida a la orientación militarista de la OTAN y de EE. UU.

Romper el peso de esta enorme cadena implica luchar contra nuestro propio militarismo.

Por eso, una apuesta por intentar ser eficaces políticamente en el enfrentamiento contra todo esto pasa por:

  • Luchar contra la presencia militar (y no militar) de EEUU en España: bases militares, instalaciones de alta disponibilidad, de entrenamiento u otras al servicio de la política imperial americana, tratado de amistad y cooperación, uso del espacio aéreo o de tecnologías instaladas en suelo español para operaciones militares americanas, participación en operaciones militares de la OTAN, adquisición de armamento americano, negativa a colaborar con el estiaje de armas o bagajes militares americanos en suelo español y todo atisbo de presencia del militarismo americano entre nosotros.
  • Y adoptar una política propia global de resistencia a la guerra y su preparación, desmilitarización y trans-arme, porque lo que defienden los ejércitos no es lo que queremos defender (al contrario, forma parte de aquello de lo que queremos defendernos) y la paz que queremos construir no es la mera ausencia de guerra ni su preparación.

Esta segunda idea nos pone en la necesidad de rearticular un movimiento de lucha por la paz más antimilitarista y confrontativo que, por ejemplo:

-# -Reivindique la resistencia a la guerra, la no injerencia militar española en el exterior, la salida de las alianzas militares, la devolución a la sociedad de los espacios naturales al servicio del militarismo, la desaparición de los campos de entrenamiento militar y las grandes bases al servicio de la OTAN; contra la ocupación del territorio y la creación de zonas de interés de la defensa, contra e gasto militar y por la reversión del rearme emprendido, el trasvase del gasto militar a necesidades vinculadas con la seguridad humana y ecológica.

  1. -Lance campañas de boicot y desobediencia al militarismo vinculadas con el gasto militar, la investigación y los desarrollos científicos, la penetración del militarismo en escuelas, centros formativos o recreativos, la ocupación del espacio público por militares y exaltaciones militaristas, la producción de armas, la expansión del militarismo a la protección civil en detrimento de política publicas de respuesta civil, etc.
  2. - Promueva la lucha contra las industrias militares, proponga alternativas de conversión militar y ofrezca apoyo a la clase trabajadora para ejercer la objeción laboral como respuesta personal y política al armamentismo.
  3. - Se oponga a las políticas de defensa militaristas y ofrezca alternativas de transarme y defensa alternativa.
  4. Combata el militarismo ideológico, social y sociológico.
  5. - Empodere y movilice a la sociedad en ciclos de movilización que afecten de forma decisiva al militarismo y sus intereses y se coordine con luchas sociales emancipatorias y movimientos sociales de aspiración a un cambio global de rumbo.
  6. Y promueva metodologías de lucha social y de cultura de paz positiva que mejoren la calidad ética y social de nuestra sociedad.
  • C) La tercera idea que se me ha ocurrido, tiene que ver con los aliados.

Me imagino que, al igual que ocurre aquí, las apuestas militaristas del imperialismo americano son compartidas por un parte de su sociedad, pero rechazadas por otra.
E igual ocurre en otras partes del militarizado mundo actual.

Nos interesa trazar alianzas, tejer lazos, cruzar sabidurías para provocar disidencias dentro del propio centro del imperio y no sólo en su periferia.

Una de las enseñanzas analíticas que las investigadoras Erica Chenoweth y María J. Stephan acerca de la eficacia de la desobediencia civil para conseguir transformaciones sociales es que gran parte de sus logros se producen por la construcción de un numero crítico de activistas a su favor y el cambio de alianzas en la fila contraria y que para que esto tenga lugar la principal fortaleza es la persistencia/resiliencia de las luchas emprendidas.

No se me ocurre de qué manera, pero debemos conectar con las propias disidencias internas del propio eje del mal, las de sus periferias vendidas y de todos los lugares como ingrediente de nuestra lucha para hacer que no se nos quede en un calentón o una descarga de adrenalina.

Y, como no, debemos conectar y coordinar esta lucha con las restantes luchas ejercidas por los movimientos transformadores, en definitiva perseguidores de los mismos propósitos, sueños y esperanzas y combatientes de los mismos males, puesto todos ellos tienen vasos comunicantes.

Y lo tenemos que hacer en términos de defensa social alternativa, el nuevo argumentario con el que articular y defender el mundo que queremos colaborar a construir.

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