El presidente ruso, Vladimir Putin, y su homólogo bielorruso, Alexander Lukashenko, mantuvieron este martes una conversación telefónica en la que abordaron «temas actuales del desarrollo de la cooperación aliada», según informó el Kremlin en un comunicado. La llamada, que tuvo lugar el 2 de junio de 2026, refuerza la alianza estratégica entre Moscú y Minsk en el marco del Estado de la Unión, que desde 1999 busca integrar políticamente a ambos países sin disolver sus soberanías.
Una alianza reforzada en un contexto de tensión
Este tipo de contactos se ha intensificado en los últimos meses, coincidiendo con el aumento de las tensiones entre Rusia y la OTAN en el flanco oriental. Bielorrusia ha sido un socio clave para Moscú, especialmente en el ámbito militar. En 2023, Rusia desplegó armas nucleares tácticas en territorio bielorruso, y ambos países han realizado maniobras conjuntas en la frontera con Polonia y los países bálticos.
Aunque el Kremlin no ofreció detalles sobre los asuntos tratados, fuentes cercanas al Gobierno bielorruso citadas por la agencia BelTA indicaron que se discutió la cooperación económica y la agenda de la próxima reunión del Consejo Supremo del Estado de la Unión. Lukashenko, que ha gobernado Bielorrusia desde 1994 y ha consolidado su alianza con Putin en un contexto de sanciones occidentales, busca de Moscú apoyo para afrontar las restricciones financieras que pesan sobre su país.
La integración postsoviética en el centro
La cooperación aliada entre Rusia y Bielorrusia va más allá de lo militar: abarca la coordinación en política exterior, la defensa conjunta del espacio aéreo y la creación de un mercado común de energía. Según analistas bielorrusos, la reciente conversación telefónica pudo centrarse en la armonización de los sistemas fiscales y aduaneros, un paso necesario para profundizar la unión económica prevista en el Tratado del Estado de la Unión.
La llamada se produce semanas después de que el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, pidiera a la OTAN un mayor despliegue en la frontera oriental, lo que ha elevado la tensión en la región. Para Moscú y Minsk, la alianza es un contrapeso a la influencia de la Alianza Atlántica en Europa del Este.