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El asesinato de Saif al-Islam y la unidad prohibida de Libia

11 Febrero 2026 at 00:01
Por: (tortuga)

Beto Cremonte
Fuentes: PIA GLOBAL

“Los hombres podrán partir, pero Libia permanece”. Con esas palabras, el equipo político del Saif al-Islam Gaddafi anunció su asesinato en su residencia de Zintan.

El comunicado no habló de una muerte cualquiera: habló de martirio, de traición y de un crimen contra la patria. Este comunicado emitido a horas del asesinato no se trató solo de un réquiem, fue una acusación política, un posicionamiento ejemplar aún en la despedida de su líder. La emboscada artera con la que produjo el asesinato de Saif al-Islam acabó con un proyecto cercano de la unidad de Libia no como evocación del pasado, sino como reconstrucción a futuro.

La escena resuena con fuerza en la memoria libia. Hace quince años, su padre, Muammar Gadafi, era capturado y ejecutado tras la intervención militar de la OTAN, UE y Estados Unidos que destruyó el Estado libio bajo el pretexto de la “protección de civiles” y el derrocamiento de la supuesta tiranía que representaba Gadafi. Desde entonces, Libia no logró recomponerse como nación: quedó partida entre gobiernos rivales, milicias armadas, tribus enfrentadas y potencias extranjeras que negocian su futuro desde fuera. Los procesos de reconfiguración del Estado libio y la tan esperada y prometida reconstrucción nunca llego, de hecho se profundizaron las divisiones incluso desde los diferentes apoyos externos que recibían y reciben cada una de las facciones que ya no pugnan por ver quién se queda con lo que quede de Libia, sino que lo hacen en pos de mantener ordenado el desorden que produce la partición del país.

Quizás como un preludio de lo que vendría más tarde o como una demostración de la inteligencia y ubicación política Saif al Islam Gadafi ya veía en ese trágico 2011 libio el futuro de su país, “Toda Libia será destruida. Necesitaremos 40 años para llegar a un acuerdo sobre cómo dirigir el país, porque hoy todos querrán ser presidente o emir, y todos querrán gobernar el país.” (Saif al Islam Gadafi, 2011)

En este contexto de división y guerra interna Saif al-Islam había reaparecido como una figura incómoda. ÉL no comandaba ejércitos ni prometía victoria militar, pero sí hablaba de reconciliación, de soberanía y de una Libia unificada. Lo que muchos leían en su discurso como una herencia del pasado; para otros era la posibilidad concreta de cerrar la guerra. Su asesinato no elimina solo a un hombre, elimina un proyecto que no encajaba en el sistema de fragmentación que gobierna o mejor dicho desgobierna al país desde 2011.

Saif al-Islam: biografía política de una Libia imposible

Hablar y detenerse a pensar en Saif al-Islam Gadafi es hablar de una Libia que intentó reformarse sin destruirse y de otra que fue destruida sin poder reconstruirse, la paradoja que sin dudas tiene autores intelectuales y materiales, ya hemos mencionado a la OTAN, UE y EE.UU detrás de la destrucción de Libia a partir de 2011. Y es en ese contexto y previamente a este año que la influencia y trayectoria de Saif cobra relevancia dentro y fuera del país ya que sin ser un jefe militar o un caudillo tribal armado, sino un actor político que emergió en el tramo final del Estado libio como rostro de una transición interna posible en la cual se destacaba la modernización institucional, la lucha contra la corrupción y la reconciliación entre tribus y regiones desplazadas del centro del poder. Claramente una figura que incomodaba a los sectores que justamente buscan todo lo contrario para Libia.

Formado en derecho y ciencias políticas, ocupó un lugar singular en el último período del gobierno de su padre. Mientras el gobierno era leído desde fuera como monolítico, hacia dentro se abría una tensión entre continuidad y reforma. Saif representaba esa grieta interna, hablaba de Constitución, de Estado moderno y de reinserción internacional sin renunciar a la soberanía y al panafricanismo por el que su padre aun luchaba. Como hemos mencionado no era un militar ni un burócrata clásico; era, en términos libios, un político dentro de un sistema construido sobre liderazgos revolucionarios.

En este sentido también podemos mencionar que el joven Saif al-Islam fue crítico del proceso libio, su formación liberal de la escuela económica de Londres lo llevó incluso a criticar al sistema libio de democracia directa y a pesar de ello también pudo ser autocritico con su propio pensamiento ya que a medida que se fue involucrando en el gobierno de su padre se convirtió en un ferviente defensor de la Jamahariya (término acuñado que se traduce aproximadamente como “Estado de las masas” o “República de las multitudes”, derivado de jamahir (masas) en lugar de jumhur) en el 2011 anunciando y entendiendo que era el único sistema posible en Libia, “Advierto que sin la Jamahiriya, Libia caerá en caos, la Jamahiriya es la única barrera contra el caos destacando que la Jamahiriya era un logro histórico que debe evolucionar, no destruirse”. La Gran Jamahiriya Árabe Libia Popular y Socialista fue el nombre oficial de Libia entre 1977 y 2011, bajo el gobierno de Muamar Gaddafi, basado en la “Teoría de la Tercera Internacional” y el Libro Verde, el estado se autodenominaba una democracia directa de masas o “Estado de las masas”.

Esa posición lo volvió incómodo para todos, incluso para los sectores más duros del viejo poder, porque implicaba cambios, implicaba salir de los viejos cánones de la política libia. Para los actores externos que veían a Libia como un Estado a desmontar y no a reformar, porque ofrecía una alternativa al colapso. Cuando en 2011 la intervención de la OTAN y Estados Unidos destruyó la arquitectura estatal bajo el discurso humanitario, Saif pasó de heredero reformista a botín de guerra. Fue capturado por una milicia de Zintan y encerrado durante años en un limbo jurídico, una prisión política en un país sin Estado.

Ese cautiverio transformó su figura. Dejó de ser simplemente “el hijo de Gadafi” para convertirse en símbolo de una Libia humillada y fragmentada. Mientras el país se dividía entre gobiernos rivales, milicias armadas y tutelas extranjeras, Saif quedaba suspendido como testimonio vivo de la ruptura histórica de 2011. Para muchos libios, su prisión fue la prueba de que la promesa de democracia había llegado en forma de desorden, venganza y desintegración.

Cuando volvió a aparecer públicamente, su discurso ya no fue el de la reforma del viejo sistema, sino el de la reconciliación nacional. No habló de restauración ni de revancha, sino de unidad, soberanía y reconstrucción del Estado. En una Libia saturada de líderes armados, su propuesta era política, elecciones, pacto entre tribus y fin de la lógica de la milicia como árbitro supremo.

Para amplios sectores del centro y sur del país, Saif comenzó a representar tres memorias superpuestas, la Libia soberana anterior a la guerra, la Libia destruida por la intervención extranjera y la Libia que todavía podía volver a ser nación. Su capital político no provenía solo de la nostalgia, sino de una legitimidad construida en la derrota y en la prisión, algo que en la cultura política libia pesa tanto como la victoria militar.

El comunicado de su equipo político tras el asesinato cristaliza esa construcción simbólica. No habla solo de una muerte, sino de un martirio. Lo presenta como “el verdadero proyecto de reforma nacional” y como un hombre que “nunca vendió la soberanía de su país”. Ese lenguaje traslada la política al terreno moral y convierte su figura en patrimonio colectivo. La sangre deja de ser solo tragedia y pasa a ser bandera. La bandera de unidad Libia. A diferencia de su padre, no aparece como jefe revolucionario sino como candidato de la reconciliación. Ya no es el líder del Estado bombardeado, sino el político que intenta reconstruirlo desde sus ruinas.

Su horizonte era también panafricano, al ser heredero del proyecto africano de Muammar Gadafi, Saif tradujo esa visión en un lenguaje menos épico y más institucional: una Libia africana, no subordinada al Mediterráneo europeo ni a agendas externas.

Por eso su figura desbordaba lo interno, hacia una Libia unificada volvía a ser actor africano. Una Libia fragmentada seguía siendo tablero de otros. En ese cruce, reunía tres condiciones raras en la Libia posterior a 2011: legitimidad histórica, legitimidad moral y proyecto político de soberanía y reconciliación.

Su asesinato no elimina solo a un individuo sino que elimina una trayectoria que comenzaba a articular pasado, presente y futuro en una misma figura. Y devuelve una pregunta que atraviesa toda la tragedia libia, si cada intento de unidad termina silenciado, ¿qué espacio queda para que la política vuelva a reemplazar a las armas?

El tablero externo y la economía política de la fragmentación

La muerte de Saif al-Islam ocurre en un momento de reactivación diplomática internacional que revela al menos una verdad incómoda, Libia ya no es tratada como una nación a reconstruir, sino como un territorio dividido que puede administrarse por partes y que además esa partición es favorable para que los actores externos mantengan en línea cualquier intento de cambiar ese statu quo.

La gira del enviado estadounidense Massad Boulos por Trípoli y Bengasi, reuniéndose tanto con Abdelhamid Dbeibah como con sectores vinculados a Khalifa Haftar, no fue un gesto protocolar. Fue una intervención directa en el corazón de la fragmentación libia. No llegó con un proyecto de reconstrucción estatal profunda, sino con una agenda de estabilidad, desbloqueo de fondos y acuerdos económicos. En una Libia sin soberanía plena, esos temas no son técnicos: son políticos. Es en este sentido que los recuerdo vuelan hacia aquel 2011 y podemos quizás establecer cierto grado de paralelismo con la otrora visita de Hillary Clinton, en octubre cuando mataron, a Gadafi y dijo “Veni, vidi, vici” burlándose de la muerte de Muamar Gadafi, y justamente ahora llega Boulos y matan a Saif. Claramente podemos ver similitudes en ambos casos o (los menos distraídos) podemos observar los hilos de quienes potencialmente manejan las marionetas libias.

Al dialogar con ambos polos del poder, Washington no se sitúa por encima del conflicto, sino dentro de él. No conversa con un Estado unificado, sino con sus fragmentos. Y al hacerlo consolida una lógica instalada desde 2011 en la que la política libia se decide a través de actores armados y padrinazgos externos.

Lo mismo ocurre con Europa, donde París vuelve a funcionar como escenario de negociación entre élites libias ya que hace muy poquitos días se reanudaron los contactos políticos entre los dos principales polos de poder libios, con una reunión informal en la capital francesa entre Sadam Haftar, Comandante adjunto del Ejército Nacional Libio e hijo del mariscal Khalifa Haftar, e Ibrahim Dabaiba, Asesor de Seguridad Nacional del Primer Ministro del Gobierno de Unidad Nacional, Abdulhamid Dabaiba. Esta reunión y la gira de Boulos son, al menos, llamativas si vemos como corolario el asesinato de Saif a los pocos días de celebrarse ambos movimientos.

Que el futuro del país se discuta fuera de su territorio es una imagen precisa de soberanía desplazada. Francia, Italia o Alemania median, pero al mismo tiempo confirman que Libia sigue siendo tratada como expediente internacional antes que como nación capaz de decidir por sí misma. Ese mecanismo no es nuevo. Cuando la diplomacia internacional se activa sobre un país fragmentado, lo hace aceptando la fragmentación como punto de partida. Y al hacerlo neutraliza cualquier proyecto que aspire a recomponer un centro político soberano.

Cada potencia se conecta con un nodo interno, Haftar como interfaz militar del este, Dbeibah como interfaz administrativa del oeste, las milicias como intermediarias económicas y las tribus como base social capturada por pactos armados. La fragmentación se vuelve rentable ya que permite contratos múltiples, zonas de influencia y ausencia de un poder central que imponga reglas comunes.

En ese sistema, la unidad no es una aspiración abstracta sino es una amenaza concreta. Un liderazgo capaz de reunir tribus, regiones y legitimidad electoral implicaría renegociar todos esos vínculos. Pasar de un país administrado por nodos a un Estado con centro.

En este contexto de actualidad y fragmentación libia, la eliminación de Saif, abre la puerta a una expansión de la Hermandad Musulmana con apoyo de EAU, una mayor fragmentación social y lo que seguro será la celebración de elecciones presidenciales aprovechando que el factor popular y tribal se ha quedado sin su principal y única voz sabiendo, la de Saif quien entendemos era un serio candidato a ganar esas elecciones que finalmente nunca sucedieron.

La unidad como crimen político

El asesinato de Saif al-Islam no puede entenderse como un ajuste de cuentas, funciona como un veto político preventivo contra una posibilidad histórica de reconstruir un centro político soberano en un país organizado desde hace más de una década sobre la fragmentación y destrucción total del Estado.

Para Haftar, la unidad socavaba su legitimidad militar, mientras que para el poder de Trípoli, ponía fin a la transición interminable. Para las milicias, significaba desarme y pérdida de poder económico. Para las potencias externas, implicaba renegociar acuerdos estratégicos. Para todos, Saif era un factor disruptivo.

La violencia deja así de ser caos y se vuelve método siendo un mensaje claro ante todo intento de reconstruir soberanía en donde será castigado. En la Libia posterior a 2011, la unidad se transformó en delito implícito, no por ley, sino por estructura. Quien propone una sola bandera cuestiona al mismo tiempo a los liderazgos armados, a las economías de guerra, a las tutelas extranjeras y a la transición eterna.

Entonces el asesinato de Saif no elimina un pasado, ni siquiera elimina el posible legado del apellido, elimina un futuro potencial. No beneficia a un solo actor, sino a todos los que necesitan que Libia siga siendo un país dividido.

Quince años después de las bombas que destruyeron el Estado libio, la violencia ya no necesita aviones ni resoluciones internacionales. Alcanza con apagar unas cámaras y eliminar a quien se atreva a hablar de unidad. En Libia, hoy, la reconciliación sigue siendo peligrosa. Y la soberanía, un crimen sin perdón.


Beto Cremonte, Docente, profesor de Comunicación social y periodismo, egresado de la UNLP, Licenciado en Comunicación Social, UNLP, estudiante avanzado en la Tecnicatura superior universitaria de Comunicación pública y política. FPyCS UNLP.

Fuente: https://noticiaspia.com/el-asesinat...

Tomado de: https://rebelion.org/el-asesinato-d...

Análisis de la revolución kurda en Siria y la crisis actual

27 Enero 2026 at 00:01
Por: (tortuga)

Traemos un artículo acerca de la realidad actual del proyecto confederal en el este y norte de Siria. Y lo hacemos en momentos en que el Estado Sirio, de manos de su presidente ex-yihadista hoy convertido en aliado de EEUU y por supuesto del Estado turco, lo está atacando brutalmente. Hoy los proyectos autonomistas, tanto los mexicanos -como el zapatismo bajo asedio de una guerra de baja intensidad del Estado mexicano-, como el del confederalismo democrático en Siria son atacados como si la consigna fuera que desapareciera cualquier ejemplo de autoorganizacióon diferente del imaginario colectivo...

Aquellas milicias que en su momento eran tomadas como héroes contra el llamado Estado islámico y sus fascistas religiosos hoy han sido abandonadas y buscan elimiarse los territorios que practican la autoorganización.

Red-acción del periódico Anarquía

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La revolución confederal en Siria vive un momento decisivo

El 18 de enero el gobierno sirio lanzó una gran ofensiva contra la Administración Democrática del Noreste (ADN), apoyada por una intensa propaganda progubernamental de canales cercanos a Turquía y Catar, como Al-Jazeera y Middle East Eye, y por la censura mediática en los países de la OTAN. La resistencia de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) se vio fragmentada debido a una serie de defecciones en las gobernaciones de Raqqa y Deir ez-Zor, que afectaron tanto a estructuras tribales (‘ashira) como a partidos políticos hasta entonces vinculados al proyecto confederal, como la sección del Partido para el Futuro de Siria en Raqqa. Ambas zonas quedaron casi por completo bajo control gubernamental, a pesar de algunas emboscadas contra el ejército.

Aunque el gobierno difundió un documento presentado como un acuerdo de alto el fuego —que en los hechos preveía la rendición de las Fuerzas Democráticas Sirias—, Mazlum Abdi, comandante de las FDS, rechazó el acuerdo. Durante una reunión celebrada el 19 de enero, Abdi dejó claro que no aceptaría ningún pacto que implicara la capitulación política y militar de la administración autónoma: «Viviremos con dignidad o moriremos con honor», declaró al finalizar el encuentro.

En las horas previas se habían producido combates violentos en Tishrin, a lo largo del Éufrates en dirección a Raqqa; en la autopista M4, a cuyos márgenes se encuentra estacionado el ejército turco, que realizó varios bombardeos; y en Shaddadi y Raqqa, donde combatientes de las FDS se atrincheraron para proteger las prisiones en las que se encuentran recluidas personas detenidas de Daesh en estos años. El campo de detención de Al-Hol, donde unas 30.000 mujeres y menores sospechados de pertenecer a familias que apoyaron a Daesh han estado recluidos durante años, fue abandonado por las FDS, que denuncian “la indiferencia del mundo”. Diversos videos muestran a facciones del gobierno liberando prisioneros que la ADN afirma que están afiliados al Estado Islámico. Las zonas que aún permanecen bajo control de las fuerzas confederales parecen ser la gobernación de Hasakah, donde se encuentra la gran ciudad de Qamishlo, y Kobane junto con sus áreas rurales circundantes.

Todas las comunas populares están distribuyendo armas y organizando la resistencia en los barrios de la ciudad que aún permanecen libres del ejército estatal. En el plano político, la Administración atraviesa una fase difícil. Circulan en X y Telegram videos de prisioneros linchados o ejecutados sumariamente, así como de mujeres de las YPJ en manos de hombres del gobierno. Conviene recordar que se trata de los mismos hombres que mutilaron en video el cuerpo de la combatiente Barin Kobane en Afrin o que brutalizaron y asesinaron a Hevrin Khalaf durante la invasión turca de Serekaniye. No es casual que muchos llamamientos a la resistencia provengan precisamente de las YPJ, además de las Fuerzas de Protección Esencial (HPC), que dependen de los comités de autodefensa de cada comuna. Desde el inicio de las negociaciones con el gobierno el pasado marzo, el movimiento de mujeres había dejado claro que no se aceptaría ningún acuerdo que no contara con su aprobación y que las YPJ preferirían el martirio antes que disolverse. Por su parte, Al-Shaara y sus hombres han afirmado que no consideran concebible la presencia femenina en las fuerzas armadas sirias ni en otros ámbitos de la vida pública.

Las estructuras tribales y la revolución

Gran parte del éxito del avance gubernamental se debe a la protesta contra la ADN impulsada por diversas estructuras y facciones tribales, no solo en Raqqa y Deir ez-Zor, sino también en Hasakah. Lejos de ser fenómenos reducibles a una simple división entre árabes y kurdas —que, tras décadas de discriminación hacia estas últimas, sigue existiendo—, este repentino cambio de bando constituye una maniobra política lúcida y organizada desde hace tiempo.

Hace pocas semanas tuve la oportunidad de entrevistar a las jefaturas de algunas de las estructuras tribales más influyentes de Raqqa y Hasakah, como los Afadil, los Al-Sahkana y los Shammar (estos últimos una qabila o confederación tribal). Organizaciones sociales extremadamente poderosas, que en ocasiones agrupan a millones de personas en distintos países (Jordania, Irak, Arabia Saudita), estas estructuras son también el envoltorio concreto a través del cual se expresa la organización jerárquica de la economía local. La jefatura —aunque sería más correcto decir el rey— de los Shammar, Maana Al-Hamidi Al-Jarba, contribuyó en 2014 a la alianza estratégica con las YPG para combatir a Daesh y el 18 de enero protagonizó una espectacular traición con un giro abrupto. Las otras dos tribus, en Raqqa, mantuvieron relaciones de coexistencia con el Baaz, luego con Daesh y posteriormente con la ADN, para aceptar ahora un nuevo cambio de régimen en áreas que el Estado sirio siempre ha considerado reservas de trigo, algodón y energía fósil, dentro de una lógica de colonialismo interno.

A diferencia de las zonas del Rojava de mayoría kurda (una pequeña parte de la ADN, que era mayoritariamente árabe), en estos territorios la ideología confederalista tuvo una penetración limitada y muy reciente. Asociaciones estudiantiles, juveniles y de mujeres la promovieron en los centros urbanos, pero la gobernanza del territorio se estructuró precisamente sobre el frágil pacto de coexistencia entre el partido revolucionario y las tribus. Estas apreciaron la liberación del régimen y de Daesh, pero no las tácticas de la aviación estadounidense de apoyo a las FDS en 2017, que destruyeron gran parte de la ciudad por orden de Donald Trump. Nunca compartieron, además, la idea de transformación antipatriarcal y comunalista promovida por el PYD. Las jefaturas de estas estructuras conforman la gran burguesía agraria y comercial, que maneja patrimonios de muchos millones de dólares. Las iniciativas económicas comunalistas impulsadas por el movimiento en tierras estatales siempre fueron vistas con desprecio, al igual que las organizaciones autónomas de mujeres, las reformas del derecho de familia para fortalecer la capacidad de negociación femenina o las instituciones judiciales de mujeres, como la Casa de las Mujeres. Cuando en 2022 la “ciencia de las mujeres”, o Jineolojî, se convirtió en materia escolar, en Deir ez-Zor varias jefaturas tribales incitaron a la revuelta.

La ADN nunca fue un territorio pacificado ni exento de conflictos, como no lo es ningún territorio revolucionario. El enfoque del movimiento confederal siempre fue el del cambio gradual, el diálogo y el pragmatismo, pero se mantuvo firme en sus ideas, ampliando transformaciones socioeconómicas y de género que no podían contar con el apoyo de las cúpulas de estas estructuras. No porque fueran “árabes”, sino porque se trata de realidades construidas en torno al privilegio, también entre las kurdas. Nunca faltaron tribus y facciones políticas kurdas, dentro de la ADN, hostiles al movimiento confederal. Lamentablemente, todo esto casi nunca fue contado, ya sea por el desinterés del mundo de la prensa —árabe u occidental— o por la superficialidad del activismo político, que prefirió desde el inicio reducir la revolución a un mito o insistir absurdamente en una narrativa etnicizante del conflicto (“las kurdas” como pueblo bueno y noble). Las miles de comunas y las centenas de cooperativas construidas en esos territorios siempre fueron valoradas por una parte de la sociedad siria, pero no por otra; y esas partes atraviesan comunidades lingüísticas y religiosas, pues no existe lengua ni fe que determine mecánicamente la adhesión a una perspectiva política.

“Las kurdas” y “Occidente”

Tampoco tiene sentido sorprenderse de que “Occidente” haya “abandonado” a las “kurdas”, sus supuestas “aliadas”. El asombro de muchas ante el apoyo estadounidense a los islamistas resulta desconcertante: el islamismo fue respaldado durante décadas por los gobiernos de Estados Unidos en la región con una función antisocialista. Solo la caída de la URSS permitió una política más oscilante y la realización de operaciones militares, invasiones y masacres que generaron miles de millones de dólares para la maquinaria militar estadounidense, explotando la volatilidad y la inconsistencia ideológica de estas fuerzas. Lo verdaderamente paradójico es que durante una década un movimiento socialista y democrático haya sido apoyado —aunque solo militarmente—, porque frente a un enemigo como Daesh los islamistas hostiles a Assad no tenían ni tienen capacidad ni voluntad de combatir.

El movimiento confederal no tuvo otra opción, como toda revolución que se desarrolla en el mundo real (y como todas las demás facciones sirias y regionales), que buscar alianzas dentro y fuera de Siria. Ambas superpotencias implicadas en la guerra, Estados Unidos y Rusia, apoyaron de manera ambigua e interesada a las fuerzas armadas confederales (desde hace tiempo mayoritariamente árabes, especialmente durante la ofensiva sobre Raqqa en 2017) en distintos momentos y contextos, sin reconocer ni legitimar jamás las instituciones civiles de la ADN, y mucho menos sus proyectos sociales. Tampoco se ve por qué deberían haberlo hecho. Como aclaró mi amiga Bager, caída mártir en Manbij en 2016, estas alianzas siempre fueron tácticas para las FDS y nunca existió “confianza” ni “ilusión” respecto de los gobiernos de estos u otros países con los que se establecieron relaciones por necesidad. El movimiento aprovechó el apoyo militar allí donde fue posible, pero las relaciones internacionales pronto se alinearon contra sus intereses y su propia existencia.

Con el paso de los años fueron fuertes las dudas de algunas debido a su colaboración con Estados Unidos. Parte de estas críticas provino de ambientes alternativos occidentales, demasiado desconectados de la política y de la experiencia revolucionaria para comprender la necesidad —por amarga que fuera— de estas dinámicas. Otra parte llegó del mundo político y mediático árabe, aunque la coalición liderada por Estados Unidos que reprimió a Daesh incluye a casi todos los países árabes, que rara vez comprometieron tropas. Otras críticas proceden de quienes simpatizan con los movimientos salafistas y, generalmente sin haber vivido nunca sus agresiones o bajo su control, sostienen que el envoltorio reaccionario contendría un improbable núcleo revolucionario, denunciando desde hace años la “injusticia” de la prisión impuesta a los milicianos de Daesh. Cuán legitimados están el mundo institucional árabe o el islamismo suní para criticar a las FDS lo demuestra la férrea alianza construida con la CIA por el “islam político” regional para sostener la componente supremacista suní de la oposición a Assad frente a la democrática o libertaria. Estas componentes de la oposición, hoy en el gobierno, fueron legitimadas oficialmente desde 2012 mediante una política a la que, tras Turquía y Catar, se sumó toda la Liga Árabe.

Las maniobras de Israel

Desde que esta oposición se convirtió en gobierno en 2024, la retórica antikurda adoptó tonos apocalípticos, denunciando como un hecho la supuesta alianza entre la ADN e Israel. Nunca fue probada porque nunca existió, pero confirma una vez más la pobreza y el patetismo del discurso político contemporáneo, en Oriente Medio no menos que en Europa. A pesar del apoyo de algunas organizaciones palestinas a las políticas turcas y cataríes contra las YPG en Siria, el movimiento confederal mantuvo hasta hoy sus raíces internacionalistas. Mártires en Alepo como Ferashin Efrin o Deniz Ciya —la joven cuyo cadáver fue arrojado desde el cuarto piso por un elemento del gobierno— cayeron hace pocos días frente a un ejército que se presentó con decenas de tanques a las puertas de sus barrios, fortalecido por el acuerdo firmado en París con Israel pocas horas antes. La verdad es que las comunas confederales son atacadas por el islamismo a cambio de la venta del Golán, y este hecho no necesita mayores comentarios.

La prensa y el gobierno de Israel hicieron todo lo posible en los últimos meses para obtener una invocación de ayuda por parte de la ADN, construyendo una narrativa muy fuerte en ese sentido, que alcanzó incluso ámbitos científicos y académicos, para afirmar que Israel es el aliado natural de las kurdas y que la ADN podría beneficiarse de ese apoyo. Esta retórica es abrazada —desde siempre— por el sector de la política kurda cercano a las posiciones conservadoras de la familia Barzani en Irak, históricamente adversaria del movimiento confederal y del PKK. Resulta verdaderamente notable que la ADN, pese al cerco diplomático cada vez más asfixiante por parte de Damasco (y de Turquía y Jordania), nunca haya cedido a estas tentaciones, aceptando el aislamiento global antes que traicionar los valores que inspiran a sus vanguardias (las primeras mártires del PKK cayeron junto a las palestinas en Líbano en 1982). Valores expresados siempre con moderación, pero a menudo con mucha más coherencia que los eslóganes lanzados al viento durante los desfiles militares del gobierno.

Errores y coherencia del movimiento confederal

Hoy la ADN paga muchos de sus errores, entre ellos la persistencia de un sentimiento hipernacionalista kurdo en el seno de sus vanguardias, quizá emparentado con el “viejo paradigma”, según la expresión de Öcalan: sentimientos que rozan formas de supremacismo cultural, incluso de revancha, y que siempre conducen al debilitamiento y la fragmentación de la sociedad. Probablemente fueron demasiadas las militantes kurdas (y las activistas no kurdas, incluso en Europa) que concentraron en la última década su atención exclusivamente en el Kurdistán y en la comunidad kurda, volviendo contradictorio un proyecto en el que las comunidades no kurdas sí fueron incluidas, pero demasiado raramente en posiciones de liderazgo real. La propaganda internacional del movimiento insistió además durante demasiado tiempo en la legítima cuestión nacional kurda y explicó menos el corazón del modelo institucional y político como alternativa traducible y adaptable en Siria u otros contextos.

Por otro lado, el movimiento paga su coherencia ideológica y política: en lugar de aceptar una capitulación diplomática tras el cambio de 2024, llegó al enfrentamiento militar para insistir en la necesidad de repensar una nación interseccional y plural frente al Estado-nación clásico de raíz colonial. A diferencia del gobierno, de Estados Unidos y de Turquía, las FDS creyeron en la negociación iniciada en marzo como una opción política real. Propusieron una república sin denominaciones étnicas que pudiera honrar la revolución de 2011, capaz de aceptar que estructuras institucionales locales y democráticas (en el sentido socialista de las comunas) permanecieran libres para reavivar la milenaria cultura de autogobierno comunitario de Mesopotamia (o del Mashreq, o de Oriente Medio, como se prefiera). Siempre creyeron que este nivel de libertad es concebible incluso junto a un Estado que acepte dotarse de una configuración más avanzada y reconocer, contra su tradición más dogmática, a lo otro de sí mismo. Naturalmente, ni los militantes de la vieja Al-Qaeda, ni Turquía, ni Estados Unidos estaban ni están interesados en escuchar estos argumentos.

El futuro de la revolución

Hasta qué punto los supremacistas cristianos, musulmanes y judíos pueden alinearse en torno a cuestiones terrenales lo demostraron recientemente las declaraciones cristalinas de Al-Shaara contra las FDS: las inversiones extranjeras son excepcionales para la nueva Siria, pero las inversoras dudan porque estos “grupos armados” aún controlan las periferias industriales de Alepo, los yacimientos de petróleo y gas del este y los graneros del norte. Es la vieja concepción del noreste (árabe y kurdo) como reserva colonial interna de Siria, espejo de la ecología política que informa la dinámica colonial mundial. Si esto requiere aceptar la ocupación ilegal israelí, así será. No hay tiempo ni espacio para discutir de política, de sociedad o de felicidad, porque los tiempos de la inversión, del capital y de la explotación de las personas y del ambiente no lo permiten. En realidad, es la lógica misma de estas jerarquías la que no tolera ninguna rebelión auténticamente sociopolítica ni ninguna experimentación posible, imponiendo la eterna repetición de lo idéntico bajo nuevas formas, ayer “terroristas” y hoy “legítimas”: pecunia non olet. A pesar de los enormes límites de toda revolución, esta negativa a aceptar las relaciones de fuerza y a afirmar la alternativa es lo más grande que existe incluso en el momento de la represión del movimiento confederal, que logró imponer no solo razonamientos, sino hechos concretos y conquistas sociales y políticas incluso a este siglo reaccionario y oscuro.

¿Y ahora? ¿Qué ocurrirá? No es posible preverlo por completo. Lo cierto es que no se queda una “huérfana” de algo cuando las revoluciones caen. Cada vez se intenta y se prueba, y se seguirá intentando y probando siempre, en el mismo lugar y en otros. La única vía para frenar el horror que se expande por el mundo —esclavitud, feminicidios, racismo, operaciones militares y empresas coloniales— es el pensamiento lúcido y coherente, la organización y el proyecto. El crimen más grande es confundir la queja con la crítica. Es necesario construir una nueva visión del mundo, cambiar de paradigma respecto al capitalismo y a los viejos socialismos, ensayar caminos a partir del hecho de la irrelevancia de los mil grupos diversamente nostálgicos que corren el riesgo de agotar definitivamente el antagonismo árabe y occidental. En los próximos días, las militantes confederales, y en primer lugar las mujeres, podrían resistir o ser perseguidas y masacradas. Lo primero que hicieron las partidarias del gobierno en Tabqa fue derribar la estatua dedicada a una combatiente de las YPJ. El movimiento confederal seguirá existiendo en Siria incluso después de la ocupación estatal de todo el noreste y deberá debatir cómo organizarse. Como en el caso de Palestina, Ucrania, Turquía o Irán, deberíamos mantener o crear contactos y frentes de acción común con quienes quieran oponerse en Kobane y Qamishlo, así como en Estambul o Damasco, construyendo un partido transnacional capaz de conjugar las necesidades y los valores de todas las juventudes y comunidades bajo ataque.

(tomado de Dinamopress, traducido por Periódico Anarquía)

Fuente: https://www.facebook.com/photo/?fbi...

Irán: Un levantamiento asediado desde dentro y desde fuera. Tres perspectivas

13 Enero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Redacción

A partir del 28 de diciembre de 2025 estalló una nueva ola de protestas en todo Irán, desencadenada por las dificultades económicas y que se intensificó al pedir el derrocamiento del gobierno. Este es al menos el quinto levantamiento de este tipo en una década, que se basa en oleadas anteriores de malestar laboral y resistencia feminista. Sin embargo, dentro de revuelta, el movimiento de base se enfrenta a monárquicos reaccionarios, en gran parte radicados fuera de Irán, que buscan obtener el respaldo de Estados Unidos e Israel para tomar el poder.

Esto ocurre en medio de una situación geopolítica convulsa. El gobierno israelí ha intensificado los bombardeos sobre Gaza y el Líbano, así como la confiscación de territorios en ambos países; por otro lado, se prepara para construir un asentamiento que dividirá Cisjordania en dos para imposibilitar la creación de un Estado palestino. Mientras, Estados Unidos acaba de secuestrar al presidente de Venezuela y a su esposa para apoderarse del petróleo venezolano, lo que indica su disposición a ejercer cualquier tipo de control sobre la población, tanto dentro como fuera de sus fronteras.

En el otoño de 2024, manifestantes en Nepal y otros lugares demostraron que los movimientos sociales aún pueden derrocar gobiernos. Una revolución exitosa en Irán podría desencadenar una ola de cambio en todo el mundo. Pero si dicha revolución fuera secuestrada por fuerzas reaccionarias, los movimientos de liberación podrían retroceder una generación o más.

Hay mucho en juego. Tenemos la obligación con los movimientos de base en Irán de conocerlos y apoyarlos, tanto porque se enfrentan a una situación desesperada como para garantizar que un régimen títere al servicio de Israel y Estados Unidos no pueda llegar al poder. Aquí presentamos tres perspectivas sobre el levantamiento de la última semana y media.

1.- Informe sobre la actual ola de protestas en Irán

Este texto fue aportado por un anarquista radicado en Irán que documenta e informa activamente sobre la situación actual. Debido a graves problemas de seguridad, el autor prefiere mantener el anonimato.

Durante casi una década, la sociedad iraní ha presenciado repetidamente oleadas de protestas callejeras contra el sistema político gobernante, la República Islámica. Si bien estas protestas han surgido como consecuencia de diferentes detonantes inmediatos, todas tienen su raíz en profundas crisis estructurales no resueltas —económicas, políticas y sociales— que siguen condicionando la vida cotidiana en Irán.

A lo largo de estos años, la principal respuesta del Estado a la disidencia pública ha sido la represión sistemática. Los movimientos de protesta se han enfrentado constantemente con fuerza letal, arrestos masivos, encarcelamientos e intimidación generalizada. Lejos de resolver los problemas subyacentes, este enfoque ha contribuido a la acumulación de indignación pública y a una creciente sensación de injusticia en la sociedad.

Las protestas más recientes se desencadenaron inicialmente por el dramático colapso de la moneda nacional iraní y el grave deterioro de las condiciones de vida. La rápida devaluación del rial, sumada a la inflación galopante y la pobreza generalizada, ha dejado a grandes segmentos de la población sin posibilidades de supervivencia económica. Estas condiciones han llevado a muchos a concluir que la crisis no es temporal ni reformable, sino estructural e inseparable del sistema de poder existente.

A diferencia de episodios anteriores, las protestas actuales reflejan un nivel más amplio de conciencia colectiva. Las manifestaciones ya no se limitan a ciudades o grupos sociales específicos, al contrario, se han extendido simultáneamente a múltiples regiones, involucrando a diversos segmentos de la sociedad. Las reivindicaciones económicas se han transformado rápidamente en demandas explícitamente políticas, y los manifestantes exigen abiertamente el fin del régimen autoritario y el desmantelamiento de la República Islámica.

Al mismo tiempo, sectores de la oposición, en particular los grupos monárquicos, intentan capitalizar el movimiento de protesta. A través de medios de comunicación satelitales y plataformas sociales, estos actores buscan presentarse como alternativas políticas viables, recurriendo a narrativas nostálgicas de la era prerrevolucionaria mientras intentan redirigir la ira popular hacia sus propios proyectos de poder.

Mientras tanto, la represión estatal se ha intensificado significativamente. Los informes indican que más de diez manifestantes han sido asesinados y cientos arrestados en los últimos días, aunque es probable que las cifras reales sean mayores. Las fuerzas de seguridad han intensificado el uso de la violencia, la vigilancia y las detenciones arbitrarias, ejerciendo una enorme presión sobre los manifestantes y la población en general.

En general, la situación actual en Irán representa mucho más que un brote espontáneo de malestar. Señala una profunda crisis de legitimidad, el colapso de la confianza pública en las instituciones gubernamentales y una fase crítica en la confrontación entre la sociedad y el orden gobernante. La trayectoria de este momento dependerá del equilibrio entre la resistencia social, la represión estatal y la capacidad de la gente para organizarse de forma independiente al margen tanto del poder estatal como de las élites de la oposición.

2.- Protestas en Irán en medio de un asedio de enemigos internos y externos: Un informe sobre el reciente levantamiento masivo

El siguiente análisis es una contribución de Roja, un colectivo feminista independiente de izquierdas con sede en París. Roja nació después del feminicidio de Jina (Mahsa) Amini, junto con el comienzo del levantamiento “Jin, Jiyan, Azadi” en septiembre de 2022. El colectivo está compuesto por activistas políticos de una variedad de nacionalidades y geografías políticas dentro de Irán, incluyendo kurdos, hazara, persas y más. Las actividades de Roja no solo están conectadas con los movimientos sociales en Irán y el Medio Oriente, sino también con las luchas locales en París en sintonía con las luchas internacionalistas, incluso en apoyo de Palestina. El nombre “Roja” está inspirado en la resonancia de varias palabras en diferentes idiomas: en español, roja significa “rojo”; en kurdo, roj significa “luz” y “día”; en mazandarani, roja significa la “estrella de la mañana” o “Venus”, considerado el cuerpo celeste más brillante por la noche.

I. El quinto levantamiento desde 2017

Desde el 28 de diciembre de 2025, Irán ha vuelto a arder en la fiebre de las protestas generalizadas. Los cánticos de «Muerte al dictador» y «Muerte a Jamenei» han resonado por las calles en al menos 222 lugares de 78 ciudades de 26 provincias. Las protestas no son solo contra la pobreza, el aumento de los precios, la inflación y el despojo, sino contra todo un sistema político podrido hasta los huesos. La vida se ha vuelto insostenible para la mayoría, especialmente para la clase trabajadora, las mujeres, las personas queer y las minorías étnicas no persas. Esto se debe no solo a la caída libre de la moneda iraní tras la guerra de los doce días, sino también al colapso de los servicios sociales básicos, incluidos los repetidos cortes de electricidad; una crisis ambiental cada vez más profunda (contaminación del aire, sequía, deforestación y mala gestión de los recursos hídricos); y ejecuciones masivas (al menos 2063 personas en 2025), todo lo cual se ha combinado para empeorar las condiciones de vida.

La crisis de la reproducción social es el punto central de las protestas actuales, y su horizonte último es la recuperación de la vida.

Este levantamiento es la quinta ola de una cadena de protestas que comenzó en diciembre de 2017 con la «Revuelta del Pan». Continuó con la sangrienta revuelta de noviembre de 2019, una explosión de ira pública contra el aumento del precio del combustible y la injusticia. La revuelta de 2021, conocida como la «Revuelta de los sedientos», fue iniciada y liderada por minorías étnicas árabes. Esta ola alcanzó su punto máximo con el levantamiento «Mujer, Vida, Libertad» en 2022, que puso de relieve las luchas de liberación de las mujeres y las luchas anticoloniales de naciones oprimidas como los kurdos y los baluchis, abriendo nuevos horizontes. El levantamiento actual vuelve a centrar la crisis de la reproducción social, esta vez en un terreno más radical, propio de la posguerra. Las protestas, que comienzan con demandas de sustento, pero con una velocidad sorprendente, se dirigen contra las estructuras de poder y la oligarquía gobernante corrupta.

II. Un levantamiento asediado por amenazas externas e internas

Las protestas en curso en Irán se ven asediadas por amenazas externas e internas. Tan solo un día antes del ataque imperialista estadounidense contra Venezuela, Donald Trump, envuelto en el lenguaje del «apoyo a los manifestantes», lanzó una advertencia: si el gobierno iraní «mata a manifestantes pacíficos, como es su costumbre, Estados Unidos acudirá a su rescate. Estamos listos para actuar». Este es el guion más antiguo del imperialismo, que utiliza la retórica de «salvar vidas» para legitimar la guerra, ya sea en Irak o Libia. Estados Unidos sigue ese guion hoy: solo en 2025, lanzó ataques militares directos contra siete países.

El genocida gobierno israelí, tras haber organizado previamente su asalto de doce días contra Irán bajo el lema «Mujer, Vida, Libertad», ahora escribe en persa en redes sociales: «Estamos con ustedes, manifestantes». Los monárquicos, como brazo local del sionismo, que asumieron la mancha y la vergüenza de apoyar a Israel durante la Guerra de los Doce Días, ahora intentan presentarse ante sus amos occidentales como la única alternativa. Lo han hecho mediante la representación selectiva y la manipulación de la realidad, lanzando una cibercampaña para apropiarse de las protestas, inventar, distorsionar y alterar el sonido de las consignas callejeras a favor del monarquismo. Esto revela su engaño, sus ambiciones monopolísticas, su poder mediático y, fundamentalmente, su debilidad dentro del país, ya que carecen de poder material en Irán. Con el lema «Hagamos que Irán vuelva a ser grande», este grupo dio la bienvenida a la operación imperial de Trump en Venezuela y ahora esperan el secuestro de los líderes de la República Islámica por sicarios estadounidenses e israelíes.

Y, por supuesto, están los pseudoizquierdistas —los autodenominados «antiimperialistas»— que blanquean la dictadura de la República Islámica proyectando una máscara antiimperialista sobre su fachada. Ponen en duda la legitimidad de las protestas actuales repitiendo la manida acusación de que «un levantamiento en estas condiciones no es más que jugar en el terreno del imperialismo», porque solo pueden interpretar a Irán a través de la lente del conflicto geopolítico, como si cada revuelta fuera simplemente un proyecto estadounidense-israelí disfrazado. Al hacerlo, niegan la subjetividad política del pueblo iraní y otorgan a la República Islámica inmunidad discursiva y política mientras masacra y reprime a su propia población.

“Enfadados con el imperialismo” pero “con miedo a la revolución” —para recordar la formulación fundamental de Amir Parviz Puyan— , su postura es una forma de antirreacción reaccionaria. Incluso se nos dice que no escribamos sobre las recientes protestas, asesinatos y represión en Irán en ningún otro idioma que no sea el persa en el ámbito internacional, para no dar a los imperialistas un “pretexto”, como si, más allá del persa, no hubiera pueblos en la región ni en el mundo capaces de compartir destinos, experiencias, conexión y solidaridad en la lucha. Para los campistas, no hay otro tema que los gobiernos occidentales, ni otra realidad social que la geopolítica.

Frente a estos enemigos, insistimos en la legitimidad de estas protestas, en la intersección de las opresiones y en el destino común de las luchas. La corriente monárquica reaccionaria se expande dentro de la oposición de extrema derecha iraní, y la amenaza imperialista contra el pueblo iraní, incluido el peligro de intervención extranjera, es real. Pero también lo es la furia popular, forjada a lo largo de cuatro décadas de brutal represión, explotación y el «colonialismo interno» del Estado contra las comunidades no persas.

No tenemos más remedio que afrontar estas contradicciones tal como son. Lo que vemos hoy es una fuerza insurgente que surge de las profundidades del infierno social de Irán: gente que arriesga su vida para sobrevivir, enfrentándose frontalmente a la maquinaria represiva.

No tenemos derecho a utilizar el pretexto de una amenaza externa para negar la violencia infligida a millones de personas en Irán, ni para negar el derecho a levantarnos contra ella.

Quienes salen a la calle están cansados ​​de análisis abstractos, simplistas y condescendientes. Luchan desde sus propias contradicciones: viven bajo sanciones y, al mismo tiempo, sufren el saqueo de una oligarquía interna. Temen la guerra y la dictadura interna. Pero no se paralizan. Insisten en ser sujetos activos de su propio destino, y su horizonte, al menos desde diciembre de 2017, ya no es la reforma, sino la caída de la República Islámica.

III. La propagación de la revuelta

Las protestas se desencadenaron por la caída del rial —que primero estallaron entre los comerciantes de la capital, especialmente en los mercados de telefonía móvil y ordenadores—, pero rápidamente se expandieron hasta convertirse en un levantamiento amplio y heterogéneo que atrajo a trabajadores asalariados, vendedores ambulantes, porteadores y trabajadores del sector servicios de toda la economía mercantil de Teherán. La revuelta se trasladó rápidamente de las calles de Teherán a las universidades y a otras ciudades, sobre todo a las más pequeñas, que se han convertido en el epicentro de esta ola de protestas.

Desde el principio, las consignas apuntaban a la República Islámica en su conjunto. Hoy, la revuelta la llevan adelante sobre todo los pobres y desposeídos: jóvenes, desempleados, población excedente, trabajadores precarios y estudiantes.

Algunos han restado importancia a las protestas porque comenzaron en el Bazar (la economía mercantil de Teherán), que a menudo se percibe como un aliado del régimen y un símbolo del capitalismo comercial. Las han tildado de «pequeñoburguesas» o «vinculadas al régimen». Este reflejo recuerda las primeras reacciones al movimiento de los Chalecos Amarillos de Francia en 2018: dado que la revuelta surgió al margen de la clase trabajadora «tradicional» y las redes de izquierda, y debido a que transmitía eslóganes contradictorios, muchos se apresuraron a declararla condenada a la reacción.

Pero el lugar donde comienza un levantamiento no determina su destino. Su punto de partida no predetermina su trayectoria. Las protestas actuales en Irán podrían haber sido reavivadas por cualquier chispa, no solo en el Bazar. Así que lo que comenzó en el Bazar se extendió rápidamente a los barrios pobres urbanos de todo el país.

IV. La geografía de la revuelta

Si el corazón palpitante de «Jin, Jiyan, Azadi» en 2022 latía en las regiones marginadas —Kurdistán y Baluchistán— hoy, ciudades más pequeñas del oeste y suroeste se han convertido en focos de agitación: Hamedán, Lorestán, Kohgiluyeh y Boyer-Ahmad, Kermanshah e Ilam. Las minorías lor, bakhtiari y lak de estas regiones se ven doblemente aplastadas por las crisis superpuestas de la República Islámica: la presión de las sanciones y la sombra de la guerra, la represión y explotación étnicas, y la destrucción ecológica que amenaza sus vidas, especialmente en los Zagros. Esta es la misma región donde Mojahid Korkor (manifestante lor durante el levantamiento de Jina/Mahsa Amini) fue ejecutado por la República Islámica un día antes del ataque israelí, y donde Kian Pirfalak, un niño de nueve años, murió por un disparo de las fuerzas de seguridad durante el levantamiento de 2022.

Sin embargo, a diferencia del levantamiento de Jina —que desde el principio se expandió conscientemente a lo largo de líneas divisorias de género/sexualidad y etnia— el antagonismo de clase ha sido más explícito en las protestas recientes y, hasta ahora, su propagación ha seguido una lógica basada en las masas.

Entre el 28 de diciembre y el 4 de enero de 2025, al menos 17 personas fueron asesinadas por las fuerzas represivas de la República Islámica con munición real y armas de perdigones, la mayoría de ellas lores (en sentido amplio, especialmente en Lorestán, Chaharmahal y Bakhtiari) y kurdas (especialmente en Ilam y Kermanshah). Cientos de personas han sido arrestadas (al menos 580, incluyendo al menos 70 menores); decenas han resultado heridas. A medida que avanzan las protestas, la violencia policial se intensifica: al séptimo día en Ilam, las fuerzas de seguridad allanaron el Hospital Imán Jomeini para arrestar a los heridos; en Birjand, atacaron una residencia de estudiantes femenina. El número de muertos sigue aumentando a medida que se profundiza el levantamiento, y las cifras reales son, sin duda, superiores a las anunciadas.

La distribución de esta violencia es desigual, por supuesto: la represión es más severa en las ciudades más pequeñas, especialmente en las comunidades minoritarias marginadas que han sido relegadas a la periferia. Los sangrientos asesinatos en Malekshahi, Ilam, y en Jafarabad, Kermanshah, dan testimonio de esta disparidad estructural en la opresión y la represión.

En el cuarto día de protestas, el gobierno, coordinando a través de diversas instituciones, anunció cierres generalizados en 23 provincias con el pretexto del «frío» o la «falta de energía». En realidad, se trataba de un intento de romper los circuitos por los que se propaga la revuelta: el bazar, la universidad, la calle. Paralelamente, las universidades trasladaron cada vez más las clases a la modalidad virtual para cortar los vínculos horizontales entre los espacios de resistencia.

V. El impacto de la Guerra de los Doce Días

Tras la Guerra de los Doce Días, el poder gobernante iraní, buscando compensar el derrumbe de su autoridad, ha recurrido más abiertamente a la violencia. Los ataques israelíes contra instalaciones militares y civiles iraníes militarizaron y securitizaron aún más el espacio político y social, en particular mediante la campaña racista de deportación masiva de inmigrantes afganos. Y mientras el Estado se pronuncia incansablemente en nombre de la «seguridad nacional», se ha convertido en un importante generador de inseguridad: una mayor inseguridad vital mediante un aumento sin precedentes de las ejecuciones, el maltrato sistemático de los presos y una mayor inseguridad económica mediante la brutal reducción de los medios de vida de la población.

La Guerra de los Doce Días —seguida de una intensificación de las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea y la activación del mecanismo de refinanciación automática del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas— aumentó la presión sobre los ingresos petroleros, la banca y el sector financiero, ahogando los flujos de divisas y profundizando la crisis presupuestaria.

Desde el 24 de junio de 2025, cuando terminó la guerra, hasta la noche en que estallaron las primeras protestas en el Bazar de Teherán el 18 de diciembre, el rial perdió alrededor del 40% de su valor. Esta no fue una fluctuación natural del mercado. Fue el resultado combinado de la escalada de sanciones y el esfuerzo deliberado de la República Islámica por repercutir los efectos de la crisis desde arriba hacia abajo mediante la devaluación controlada de la moneda nacional.

Las sanciones deben condenarse incondicionalmente. Sin embargo, en el Irán actual, también operan como un instrumento de poder de clase interno. Las divisas se concentran cada vez más en manos de una oligarquía militar y de seguridad que se beneficia de la elusión de las sanciones y de la opacidad del corretaje petrolero. Los ingresos por exportaciones están prácticamente secuestrados, liberándose en la economía formal solo en momentos puntuales, a tasas manipuladas. Incluso cuando aumentan las ventas de petróleo, los ingresos circulan dentro de instituciones cuasi estatales y un «estado paralelo» (sobre todo el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica), en lugar de integrarse en la vida cotidiana de la población.

Para cubrir el déficit generado por la caída de los ingresos y el bloqueo de las devoluciones, el Estado recurre a la eliminación de subsidios y a la austeridad. En este contexto, la caída repentina del rial se convierte en una herramienta fiscal: obliga a la moneda «rehén» a volver a circular en condiciones estatales, ya que el propio Estado se encuentra entre los mayores tenedores de dólares. El resultado es una extracción directa de los ingresos de las clases bajas y medias, y la transferencia de las ganancias derivadas de la elusión de sanciones y la renta monetaria a una pequeña minoría, lo que profundiza la división de clases, la inestabilidad de los medios de vida y la ira social. En otras palabras, los costos de las sanciones son pagados directamente por las clases bajas y la menguante capa media.

El colapso de la moneda nacional debe, por lo tanto, entenderse como un saqueo estatal organizado en una economía marcada por la guerra y estrangulada por las sanciones: una manipulación deliberada del tipo de cambio en favor de redes de corretaje vinculadas a la oligarquía gobernante, al servicio de un Estado que ha convertido la liberalización neoliberal de precios en una doctrina sagrada.

Los pseudoizquierdistas campistas reducen la crisis a las sanciones estadounidenses y la hegemonía del dólar, borrando el papel de la clase dominante de la República Islámica como agentes activos de despojo y acumulación finenciera. Los campistas de derecha, generalmente alineados con el imperialismo occidental, culpan únicamente a la República Islámica y consideran las sanciones irrelevantes. Estas posturas se reflejan mutuamente, y cada bando tiene claros intereses en adoptarlas. Frente a ambas, insistimos en reconocer la imbricación del saqueo y la explotación globales y locales. Sí, las sanciones devastan la vida de las personas —mediante la escasez de medicamentos, la falta de piezas industriales, el desempleo y el deterioro psicológico—, pero la carga recae sobre la población, no sobre la oligarquía militar y de seguridad que amasa una enorme riqueza controlando los circuitos informales de divisas y petróleo.

VI. Las contradicciones

En la calle, se escuchan consignas contradictorias, desde llamamientos a derrocar la República Islámica hasta nostálgicos llamamientos a la monarquía. Al mismo tiempo, los estudiantes corean consignas dirigidas tanto contra despotismo de la República Islámica como contra la autocracia monárquica. Las consignas a favor del Sha y de Pahlavi reflejan contradicciones reales sobre el terreno, pero también se amplifican y se fabrican a través de las distorsiones de los medios de comunicación de derecha, incluyendo la vergonzosa sustitución de la voz de los manifestantes por consignas monárquicas. El principal autor de la manipulación mediática es Iran International, que se ha convertido en un megáfono para la propaganda sionista y monárquica. Según se informa, su presupuesto anual ronda los 250 millones de dólares, financiado por personas e instituciones vinculadas a los gobiernos de Arabia Saudí e Israel.

Durante la última década, la geografía iraní se ha convertido en un campo de tensión entre dos horizontes sociopolíticos, mediados por dos modelos diferentes de organización contra la República Islámica. Por un lado, se encuentra una organización social concreta e integrada en las líneas divisorias de clase, género/sexualidad y etnicidad, de forma más vívida en las redes entrelazadas forjadas durante el levantamiento de Jina en 2022, que se extienden desde la prisión de Evin hasta la diáspora, y que generan una unidad sin precedentes entre diversas fuerzas, desde mujeres hasta minorías étnicas kurdas y baluchis, que se oponen a la dictadura al tiempo que presentan horizontes feministas y anticoloniales. Por otro lado, se encuentra una movilización populista, organizada como una «revolución nacional», cuyo objetivo es producir una masa homogénea de individuos atomizados a través de las cadenas de televisión por satélite. Con el respaldo de Israel y Arabia Saudita, este proyecto busca conformar un cuerpo cuya «cabeza» —el hijo del Sha depuesto— pueda posteriormente insertarse desde fuera, mediante una intervención con respaldo extranjero, e injertarse en él. Durante la última década, los monárquicos, armados con un enorme poder mediático, han empujado a la opinión pública hacia un nacionalismo racista extremo, profundizando las divisiones étnicas y fragmentando la imaginación política de los pueblos de Irán.

El crecimiento de esta corriente en los últimos años no es un signo de atraso político popular, sino el resultado de la falta de una amplia organización de izquierda y de poder mediático para producir un discurso contrahegemónico alternativo. Esta ausencia y debilidad se debe, en parte, a la represión y la asfixia, lo que abrió espacio para este populismo reaccionario. En ausencia de una narrativa poderosa de fuerzas de izquierda, democráticas y no nacionalistas, incluso lemas e ideales universales como la libertad, la justicia y los derechos de las mujeres pueden ser fácilmente apropiados por los monárquicos y revendidos al pueblo bajo una apariencia progresista que esconde un núcleo autoritario. En algunos casos, esto incluso se presenta en un lenguaje socialista; es precisamente aquí donde la extrema derecha también devora el terreno de la economía política.

Al mismo tiempo, a medida que se intensifica el antagonismo con la República Islámica, también se han intensificado las tensiones entre estos dos horizontes y modelos; hoy en día, la división entre ellos se aprecia en la distribución geográfica de las consignas de protesta. Dado que el proyecto del «retorno de Pahlavi» representa un horizonte patriarcal basado en el etnonacionalismo persa y una orientación profundamente derechista, en los lugares donde ha surgido la organización de base obrera y feminista —en universidades y en las regiones kurdas, árabes, baluchis, turcomanas, árabes y turcas—, las consignas promonárquicas están prácticamente ausentes y a menudo provocan reacciones negativas. Esta situación contradictoria ha dado lugar a diversas maneras de malinterpretar el reciente levantamiento.

VII. El horizonte

Irán se encuentra en un momento histórico decisivo. La República Islámica se haya en una de sus posiciones más débiles de su historia: internacionalmente, tras el 7 de octubre de 2023 y el debilitamiento del llamado «Eje de la Resistencia», e internamente, tras años de reiteradas insurgencias y levantamientos. El futuro de esta nueva ola sigue siendo incierto, pero la magnitud de la crisis y la profundidad del descontento popular garantizan que otra ronda de protestas pueda estallar en cualquier momento. Incluso si el levantamiento de hoy es reprimido, volverá. En esta coyuntura, cualquier intervención militar o imperial solo puede debilitar la lucha desde abajo y fortalecer la posición de la República Islámica para ejercer la represión.

Durante la última década, la sociedad iraní ha reinventado la acción política colectiva desde abajo. Desde Baluchistán y Kurdistán durante el levantamiento de Jina hasta ciudades más pequeñas como Lorestán e Isfahán durante la actual ola de protestas, la capacidad política —sin representación oficial desde arriba— se ha trasladado a la calle, a los comités de huelga y a las redes locales informales. A pesar de la brutal represión, estas capacidades y conexiones se mantienen vivas en la sociedad; persiste su capacidad de retornar y cristalizar en poder político. Pero la acumulación de ira no es lo único que determinará su continuidad y dirección. La posibilidad de construir un horizonte político independiente y una alternativa real también será decisiva.

Este horizonte enfrenta dos amenazas paralelas. Por un lado, puede ser apropiado o marginado por fuerzas de derecha radicadas fuera del país, fuerzas que instrumentalizan el sufrimiento popular para justificar sanciones, guerras o intervenciones militares. Por otro lado, segmentos de la clase dominante, ya sea de facciones militares y de seguridad o de corrientes reformistas, trabajan entre bastidores para presentarse ante Occidente como una opción «más racional», «más económica» y «más confiable»: una alternativa interna desde dentro de la República Islámica, no para romper con el orden de dominación existente, sino para reconfigurarlo bajo una nueva apariencia. (Donald Trump pretende hacer algo similar en Venezuela, doblegando a elementos del gobierno gobernante a su voluntad en lugar de provocar un cambio de gobierno). Este es un cálculo frío de gestión de crisis: contener la ira social, recalibrar las tensiones con las potencias globales y reproducir un orden en el que se niega a los pueblos la autodeterminación.

Frente a estas dos corrientes, el resurgimiento de una política internacionalista de liberación es más necesario que nunca. No se trata de una «tercera vía» abstracta, sino de un compromiso para situar las luchas populares en el centro del análisis y la acción: organización desde abajo en lugar de guiones escritos desde arriba por líderes autoproclamados, en lugar de falsas oposiciones fabricadas desde fuera. Hoy, el internacionalismo significa mantener unidos el derecho de los pueblos a la autodeterminación y la obligación de luchar contra toda forma de dominación, tanto interna como externa. Un verdadero bloque internacionalista debe construirse a partir de la experiencia vivida, solidaridades concretas y capacidades independientes.

Esto requiere la participación activa de las fuerzas de izquierda, feministas, anticoloniales, ecologistas y democráticas en la construcción de una organización amplia y clasista dentro de la ola de protesta, tanto para reivindicar la vida como para abrir horizontes alternativos de reproducción social. Al mismo tiempo, esta organización debe situarse en continuidad con el horizonte liberador de luchas anteriores, y en particular del movimiento «Jin, Jiyan, Azadi», cuya energía aún alberga el potencial de perturbar, de golpe, los discursos de la República Islámica, los monárquicos, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y aquellos antiguos reformistas que ahora sueñan con una transición controlada y la reintegración a los ciclos de acumulación estadounidense-israelí en la región.

Este es también un momento decisivo para la diáspora iraní: puede contribuir a redefinir una política de liberación o puede reproducir la ya desgastada disyuntiva de «despotismo interno» versus «intervención extranjera» y, por lo tanto, prolongar el impasse político. En este contexto, es necesario que las fuerzas de la diáspora avancen hacia la formación de un verdadero bloque político internacionalista, uno que defina claramente tanto el despotismo interno como la dominación imperialista. Esta postura vincula la oposición a la intervención imperialista con una ruptura explícita con la República Islámica, rechazando cualquier justificación de la represión en nombre de la lucha contra un enemigo externo.

3.- La visión desde Siria

Se trata de un extracto de una declaración de los internacionalistas anarquistas en el norte de Siria.

Irán es un actor importante en la geopolítica de Oriente Medio. Su influencia también tuvo un fuerte impacto en Siria durante la era de Assad. El contrabando y otras rutas de transporte pasaban por Siria, abasteciendo a Hezbolá. Tras la caída del régimen de Assad, Irán fue expulsado de Siria y, en general, ha perdido su poder previo en la región. Los daños sufridos durante los ataques israelíes de junio de 2025 se convirtieron en otro factor que afectó la situación de la República Islámica.

Las protestas han estallado con regularidad en Irán. Las protestas de 2022, bajo el lema «Mujer, Vida, Libertad», son famosas en todo mundo. Al igual que entonces, las protestas se extendieron por todo el país. El descontento popular se extendió debido a factores económicos —inflación, aumento de precios y pobreza—, pero finalmente desembocó en un llamado a derrocar al régimen. Los manifestantes se enfrentan a la policía en las calles, y algunos han resultado muertos y heridos.

Durante la escalada entre Israel e Irán en 2025, un detalle interesante fueron las declaraciones de Netanyahu y Trump sobre la desestabilización intencional de Irán con el objetivo de un cambio de régimen. Se trata de una estrategia bastante habitual de Estados Unidos hacia gobiernos «inconvenientes» en las regiones que les interesan: allanar el camino para políticos más cooperativos, como intentaron hacer en Afganistán. Durante la escalada más reciente de la guerra entre Israel e Irán, corrieron rumores de que ya existía una figura gobernante «democrática» provisional, respaldada y preparada por Estados Unidos. Aunque esta información no fue confirmada, podemos imaginar que podría ser cierta, considerando los métodos de Estados Unidos en otros casos (por ejemplo, el reciente secuestro del presidente venezolano). En este contexto, queda claro el significado de la intención declarada de Trump de ayudar a los manifestantes iraníes si Irán «asesina cruelmente a manifestantes pacíficos, como suele hacer».

El Kurdistán iraní, Rojhilat, es una de las regiones rebeldes de Irán. Sus intentos de declarar la autonomía han fracasado durante décadas, pero la lucha guerrillera en el territorio iraní continúa. El PJAK (Partido de la Vida Libre del Kurdistán) ha apoyado a los manifestantes y ha condenado una vez más al régimen actual.

El movimiento de liberación kurdo lucha por la libertad no solo en Siria o en Turquía. Las noticias de Rojhilat ocupan los titulares con menos frecuencia, pero la situación en Irán es especialmente difícil para la lucha de liberación. Las fuerzas del PJAK cuentan con un brazo armado femenino, lo cual es especialmente importante en el contexto de una dictadura que ejerce una «policía moral» sobre la población y, como es habitual, perjudica a los grupos más vulnerables, incluidas las mujeres.

La inestabilidad en Teherán podría beneficiar a la región kurda y debilitar las alianzas imperialistas del eje Rusia-Irán-China. Sin embargo, un gobierno títere instalado por Estados Unidos, Israel o cualquier otro país no abordará la cuestión kurda en Irán. Además, abordar la cuestión kurda en un marco imperialista neoliberal no puede ofrecer una solución verdadera para un Oriente Medio multiétnico y multirreligioso. El confederalismo democrático, ya implementado en el noreste de Siria por el Partido de la Unión Democrática (Partiya Yekîtiya Demokrat, PYD) y promovido por el PJAK en Rojhilat, ofrece una opción mucho más prometedora para lograr la paz.

Nota de los editores de Redes Libertarias: En el momento de preparar este dossier elaborado por CrimethInc, los medios de comunicación informan que las autoridades iraníes restringieron este jueves el acceso a internet al no permitir conexiones o servicios de fuera del país y, al menos, 45 manifestantes, incluidos ocho niños, han muerto y cientos más ha resultado heridos en los primeros 12 días de revuelta. Se calcula que hay unas 2000 personas detenidas.

Fuente: https://redeslibertarias.com/2026/0...

La lucha noviolenta en el contexto iraní

12 Enero 2026 at 00:00
Por: (tortuga)

Confieso mi desconocimiento de la realidad de la república Islámica de Irán. De ahí la cautela con la que realizo este artículo.

En la actualidad los medios de comunicación narran una situación de protesta social creciente (y creciente represión, documentada tanto por reporteros sin fronteras como Amnistía Internacional y algunos organismos de derechos Humanos que cuentan con un reconocimiento generalizado) que, según la prensa occidental, puede desembocar en un cambio político en Irán que no sabemos si será más o menos favorable a los intereses codiciosos de EE. UU. y de sus voceros y propagandista en nuestra adocenada prensa.

Digo esto porque las noticias que nos llegan desde os medios oficiales necesitan ser filtrados y contrastados todo lo posible para que no nos vendan con el niño el agua sucia de la palangana.

Conocemos los intereses geopolíticos en juego y, en un contexto de creciente confrontación estratégica entre las principales potencias, el apoyo por parte de China Y Rusia al régimen iraní (expresado hace bien poco por los principales dirigentes chinos con claras advertencias a EEUU e Israel y consagrado en una serie de acuerdos de ayuda mutua) y el interés no disimulado de EEUU por desestabilizar a Irán y, si llega el caso, meter la zarpa con algún títere (nos puede valer de ejemplo el del hijo del anterior Sah de Persia o cualquier otro que fabriquen ad hoc).

El régimen acusa a los alborotadores de servir a los intereses extranjeros (un clásico de cualquier régimen cuestionado en su legitimidad. Aquí en la transición las también eran acusadas desde el franquismo oficial todas las protestas de servir a los intereses judeomasónicos) tomando la parte por el todo, porque es evidente que instrumentalizar una protesta (en la medida en que se pueda) por parte de potencias extranjeras contrarias forma parte de su repertorio habitual (no digamos cuando uno de los implicados es EEUU, especialistas en hacer la guerra por otros medios) y es muy probable que tengan tentáculos en Irán de los que intentarán sacar provecho.

Saber hasta qué punto la protesta es singular e independiente de la gente de Irán que se ha hartado del régimen islámico, inducida por un «poder blando» expresado en las apabullantes (y mentirosas) imágenes y retoricas con las que el capitalismo financiero promociona por internet, las redes, la televisión y cuanto medio tiene a su alcance un «paraíso», o fruto de una conjura explícita de EE. UU. y sus agendas de dominación, resulta cuando menos difícil. Y es probable que contemos con ingredientes de todo tipo, como ha pasado en otras protestas a lo largo de la historia, ya sean en el mundo islámico, oriental o en cualquier otro que queramos mirar.

Y entre los intereses en liza una parte, no sabemos en qué proporción, tiene que ver con articulaciones noviolentas que no necesariamente coinciden ni con la visión del mundo occidental y sus reclamos ni con los intereses de EE. UU.

1.-ARTICULACIONES IRANIES QUE HACEN USO DE LA ESTRATEGIA NOVIOLENTA EN LA ACTUALIDAD.

Irán tiene una amplia historia de uso del repertorio noviolento. Puede seguirse en el blog políticanoviolenta.org o en estudios especializados como el de Erica Chenoweth y María Stephan (Why Civil Resistance Works) referidos a la revolución que expulsó de Irán al Sah.

He intentado indagar (advierto que mi principal, aunque no única fuente, es la red y el sesgo de esta lo conocemos todas) qué organizaciones «internas» promueven la noviolencia en la actual protesta de Irán y la sorpresa es que el activismo noviolento no parece para nada ausente del actual ciclo de protesta.

Quiero señalar, no obstante, que algunas de las organizaciones que relato no comparten un planteamiento global de la noviolencia (algunos partidos de inspiración nacionalista kurda o leninista mantienen grupos armados o se plantean luchas combinadas según la oportunidad del escenario o momento), sino que se limitan a promover el actual ciclo de protesta noviolento y su repertorio de acción, probablemente por su eficacia y su capacidad de aglutinar a la sociedad en torno a su ciclo de movilización y una apuesta por superar el estado clerical iraní.

La apuesta por las metodologías noviolentas forma parte principal, al parecer, de la cultura de resistencia de las actuales protestas. Veamos algunas personas y movimientos que las patrocinan y que inspiran la lucha vigente:

MUSAVI

Empezaré por dar un nombre que quizás suene a todas: Mir-Hossein Musavi, ex primer ministro iraní (1981-1989, el período de la guerra Irán/Irak), actualmente confinado en su casa desde 2011 a causa de su protesta por el «amaño» de las elecciones de 2009, donde encabezó una candidatura «reformista» a la presidencia.

Con ese perfil no parece que se trae de un amigo de EE. UU. precisamente ni que sueñe con una restauración del reino persa que postula el hijo del Sah desde EE. UU. donde vivirá como un sátrapa sin satrapía, pero sigamos.

Este señor fundo una organización: «Camino verde de la esperanza» (verde por la bandera islámica, no por ser ecologista, aclaro) para impulsar reformas noviolentas y legales dentro del marco de la constitución del estado y cambiar el régimen islamista por otro pluralista y laico.

En 2023 hizo pública la petición de un referéndum para cambiar el sistema político, inspirando las protestas de finales de 2025 (que siguen en pie ahora).
Este señor pide un cambio interno, rechaza la injerencia exterior y, según Wikipedia, no cuenta con ningún vínculo ni financiación exterior. Es más. Los rechaza para preservar la independencia de la lucha iraní.

Musaví se ha posicionado de forma persistente contra las políticas de presión de EE. UU. como perjudiciales para el cambio interno iraní. Se opone a las medidas de presión, sanciones internacionales, intervenciones, etc. porque perjudican a la causa iraní y rechaza cualquier tipo de financiación por parte de éste u otros países para mantener la legitimidad autóctona y su independencia.

CAMINO VERDE DE LA ESPERANZA.

Es un movimiento que surge como evolución del Movimiento Verde de 2009, coalición de partidos reformistas, ONG y redes sociales que concurrió a las elecciones y promovió a Musavi a la presidencia.

En su ideario promueve métodos pacíficos y legales para reformas que garanticen la democracia y los derechos humanos, y preconiza presiones sociales al poder mediante redes civiles de protesta.

Su repertorio de acción se encuentra la resistencia civil noviolenta, el fortalecimiento de la sociedad civil, el uso de las redes sociales y la propuesta de reformas graduales y de un referéndum constituyente.

Opera actualmente de forma semiclandestina dado el grado de represión interna desatado en Irán.

FRENTE REFORMISTA DE IRÁN.

Liderado por Azar Mansouri, apoya el derecho a protestar, rechaza la represión y condena explícitamente intervenciones extranjeras, afirmando que interfieren en protestas las protestas noviolentas en curso y son perjudiciales.

Propone el uso de la noviolencia para conseguir cambios en el régimen y propone el diálogo con el actual gobierno para solucionar la actual situación de crisis.

REDES DE ESTUDIANTILES

Se sumaron desde el 30 diciembre 2025 diversas articulaciones universitarias en las universidades clave, tales como las de Teherán, Sahrif, Amirkabir (Politécnica), Beheshti, Khajeh Nasir, Ciencia y Cultura, así como en Isfahán, Yazd, Tabriz, Shiraz, Mashhad y Bandar Abbas (45 universidades en total) promoviendo la protesta y la resistencia civil noviolenta.

Entre sus tácticas de desafío Corean consignas unificadoras, quitan carteles pro-régimen y confrontan pacíficamente a Basij (milicias de voluntarios universitarios) y a la guardia revolucionaria IRGC en entradas de campus, y han ido evolucionando desde protestas por temas económicos y carestía de la vida a demandas políticas de cambio de régimen.

Han sufrido redadas en dormitorios, suspensiones de matrícula, cierres de clases, represión con gases lacrimógenos de protestas y concentraciones, detenciones selectivas, apaleamientos, etc.

REDES JUVENILES

Jóvenes urbanos y estudiantes de la generación Z forman el núcleo de la protesta, con manifestaciones diarias, acciones simbólicas, remoción de símbolos del Líder Supremo, acciones de afirmación y desafío (se fotografían mujeres sin velo, fumando, quemando imágenes de los lideres islamistas, creando hilaridad, etc.). Han prestado apoyo a la ola de protesta en 348 sitios de 111 ciudades según sus comunicaciones en redes.

SINDICATOS INDEPENDIENTES.

El gobierno cuenta con un sindicalismo vertical controlado que no apoya la revuelta, pero existen otros sindicatos fuera del verticalismo que sí lo hacen:

  1. El Sindicato de Trabajadores del Petróleo: Ha apostado por promover huelgas en Ahvaz/Abadán desde 30 diciembre 2025, reduciendo producción 50%; exigen fin a corrupción de la guardia revolucionaria, el pago salarios atrasados y apoyan las huelgas contra el régimen.
  2. El Sindicato de Haft Tapeh (azucarera): han realizado manifiestos de apoyo. Algunos líderes, como Mahmoud Salehi (preso) apoyan la actual resistencia civil vía manifiestos.
  3. Consejo Sindical de Trabajadores del Acero (Esfahán): Han promovido paros en fábricas, coreando contra Jamenei.
  4. Sindicato de Choferes de Teherán: Han provocado bJloqueos de taxis y buses en apoyo a protestas urbanas.

KDPI (PARTIDO DEMOCRATICO DEL KURDISTAN IRANi)

Es el partido más antiguo del Kurdistán. Busca la democracia como sistema y la autonomía del Kurdistán iraní y es de inspiración socialdemócrata. Está ilegalizado como «organización terrorista» y tiene parte de su dirigencia en el Kurdistán del norte.
No es una organización expresamente noviolenta y cuenta con un frente armado en la frontera.

Tras la instauración de la república islámica de Irán, lideró la rebelión kurda entre los años 79 a 93, así como nuevos brotes insurgentes entre 1989.1993 y nuevas revueltas entre 2016-2022.

En la actual fase de protesta se ha coordinado con otras organizaciones kurdas (komala, PJAK) apoyando manifestaciones y huelga pacíficas en el kurdistán iraní y controlan pacíficamente ciudades como Abdanan y MalekSahhi, donde las fuerzas iranies han abandonado temporalmente el control permitiendo la autogestión civil sin violencia de las mismas.

KOMALA.

Es un partido marxista leninista también del Kurdistán iraní que igualmente al anterior tiene un brazo militar.

En la actual fase de protesta se ha coaligado con los otros partidos kurdos para apoyar la protesta mediante metodología de resistencia civil y ha promovido huelgas, manifestaciones y acciones pacificas.

PJAK (PARTIDO POR UNA VIDA LIBRE EN KURDISTAN)

Fundado en 2004 y hermano del PKK turco. Persigue una autonomía federal para el Kurdistán iraní (Rojhilat), una democracia confederal, igualdad de género y derechos étnicos.

Su líder actual es Líder Rahman Haji Ahmadi (exiliado Europa) que enfatiza resistencia popular noviolenta, pero sin excluir la autodefensa guerrillera.

Actualmente también apuesta por la protesta y la resistencia civil y se ha integrado en la coalición kurda para impulsas la protesta con el repertorio noviolento: huelgas, protesta social, no cooperación, autogestión civil en Sanandaj/Mahabad.

DISIDENTES: (NARGES MOHAMMADI, JAFAR PANAHI, MOHAMMAD RASOULOF, MOSTAFA TAJZADEH Y RASOUL QADIYANI)

Han realizado una declaración conjunta llamando a una «Nueva ola de resistencia civil» desde la prisión de Evrin, para derrocar al régimen ilegítimo y construir democracia basada en la soberanía popular, la justicia y relaciones normales con el mundo. Piden que se ocupen de forma noviolenta las calles.

No se trata de cualquier disidente:

  • Narger Mohammadi es vicepresidente del Centro de Defensores de Derechos Humanos y premio nobel de la paz 2023, se encuentra confinada.
  • Jafar Panhani es cineasta, ganador de diversos premios internacionales y condenado a 6 años de prisión y actualmente exiliado en Francia.
  • Mohammad Rasoulof también es cineasta y ha ganado varios premios internacionales. Sufre una condena de 8 años de prisión.
  • Mostafa Tajzadeh fue ministro del interior y está encarcelado
  • Rasoul Qadiyani es otro político reformista encarcelado.

2. PERSONAJES O REDES INFLUYENTES FUERA DE IRAN

Además de las articulaciones internas que están apostando por la resistencia civil noviolenta contamos con iraníes en el exterior que también apuestan por la vía noviolenta e influyen en el activismo iraní.

RAMIN JAHANBEGLOO

Es un filósofo afincado en Canadá.

Según Wikipedia es un referente en la promoción de la noviolencia, el diálogo intercultural y la democracia en Irán y ha enseñado en Harvard, Toronto y Delhi (Jindal Global University), donde dirige el Centro Mahatma Gandhi para Estudios de Paz, y ha organizado debates en Irán con intelectuales como Chomsky, Rorty y el Dalai Lama antes de su arresto y exilio. También con otros intelectuales que por estos lares se consideran respetables como Isaias Berlin, Umberto Eco, Jorge Steiner y otros.

Al parecer es influyente en jóvenes universitarios iranies y ha mantenido siempre que los activistas deben actuar sin apoyo financiero extranjero para mantener su credibilidad .

CNRI/MEK (Consejo Nacional de la Resistencia de Irán -liberal- y Muyaidines del Pueblo de Irán -Marxistaleninista) en el exilio en Paris y Albania.

Impulsa la resistencia noviolenta con boicots y manifestaciones en el exterior. Quieren un cambio republicano secular con un plan de 10 puntos que incluye sufragio universal, derechos humanos, igualdad de género, autonomía étnica y disolución de la guardia republicana y de los grupos paramilitares.

REDES CULURALES (artistas, feministas):

Redes como Irán International (Londres) amplifican voces internas lucha noviolenta, principalmente de sesgo feminista.

Irán cuenta con una diáspora de 7 millones de mujeres y con varias organizaciones feministas que, principalmente desde el exilio, han dado apoyo a las revueltas feministas de 2022 y siguen llamando ahora a la resistencia noviolenta en términos feministas. Nombres como el de Mahya Ostovar (exiliada en Irlanda) o el colectivo feminista independiente Roja (París) o Masih Alinejad (en EE. UU.) promueven campañas de desacato del rol de las mujeres en Irán.

UNITED4IRAN.

Se trata de una red en el exterior de exiliados con sede en California que promueve activismo en red contra el régimen iraní, denuncia y documenta torturas y represión, desarrolla aplicaciones para la comunicación en red de activistas dentro de Irán y coordinación de acciones (por ejemplo, una que se llama Garshad que avisa entiempo real de la presencia de policía moral y fuerzas represivas) y promueve y difunte repertorios de acción noviolenta, entre ellos los textos de Sharp.

3.- ¿REDES NOVIOLENTAS?

De lo que he indagado no conocemos redes de inspiración radicalmente noviolenta en Irán ni redes noviolentas que estén luchando desde allí. No quiero decir que no existan, pero por ejemplo no he encontrado que tengan participación en las redes antimilitaristas más relevantes, como la Internacional de Resistentes a la Guerra.

El desconocimiento (o la desconexión) desde aquí con las articulaciones noviolentas de Irán, hasta donde yo sé, es completo. No conocemos bien sus apuestas y no contamos con contactos directos.

Conozco nuestras fortalezas y debilidades y tal vez sea voluntarista pensar en que desde nuestra realidad sea posible conectar con las luchas noviolentas iranies, difundirlas y apoyarlas.

Tampoco se si, dado el recelo que al parecer muestran a las conexiones exteriores (tal vez buscado de propósito para combatir una de las acusaciones que con mas frecuencia y en muchas ocasiones con tremenda ignorancia y mala fe se hacen de las luchas noviolentas) sería posible tal contacto y solidaridad.

No somos el ombligo del mundo, ni tampoco los jueces que desde un elevado atril pueden juzgar lo que vale o no vale de las luchas noviolentas de otros pueblos o para suponer que detrás de cualquier lucha que se produce fuera de nuestros esquemas mentales debe haber por medio algún interés espurio o alguna manipulación por parte del incansable aparato de intoxicación de EE. UU.

Así, por ejemplo, parece que han hecho uso de algún material de Sharp lo que, ya he oído por ahí en conversaciones de bar, descalifica su lucha porque seguramente se trate de unas revueltas promovidas y financiadas por EE. UU y sus líderes unos paniaguados del capitalismo global.

Este mismo rollo ya lo vivimos, ciertamente con muy similares descalificaciones por parte de las izquierdas más veteroleninistas y otras perspectivas igualmente recelosas de la noviolencia y dadas al conspiracionismo sistemático y acrítico, con las articulaciones noviolentas que tuvieron lugar en las primaveras árabes, acusadas en masa de ser esbirros de los intereses y le juego de tronos de los EE. UU. porque usaban el material del Sharp.

También esos recelos lastraron, justo es reconocerlo, a las frágiles articulaciones noviolentas españolas sin que nos destacáramos por el apoyo a organizaciones hermanas.

En el actual clima geopolítico es evidente que cualquier movimiento interno que «debilite» a uno de los bandos en conflicto será aprovechado hasta donde pueda por el otro bando, pero igual que no podemos pensar que una movilización noviolenta contra el militarismo europeo, pongamos por caso, o una movilización noviolenta contra las políticas racistas de Trump en EE.UU, sean promovidas por los intereses chinos o rusos, tampoco tenemos por qué pensar que una revuelta política con uso de la noviolencia en Irán sea producto de la actuación de la CIA o del MOSAD.

De la radicalidad, la persistencia y la eficacia de la lucha noviolencia dependerá, en todo caso, que la revolución derive en un proceso autónomo de liberación, en un desastre final o en la sustitución de un gobierno indeseable por otro igual o peor, o de la reposición de un títere de los intereses de otra superpotencia.

Precisamente eso sugiere que lo propio será, si es que tenemos cómo, apoyar esa revolución noviolenta en lo que de más noviolento y más revolucionario tenga. Sobre todo, en un momento en que hasta los partidos que se denominan comunistas apoyan la estrategia noviolenta y la lucha popular emprendida.

A las articulaciones noviolentas y antimilitaristas españolas creo que nos vendría bien contactar, conocer mejor y apoyar la lucha noviolenta iraní. Y no solo por una cuestión de solidaridad e internacionalismo, sino también porque, con un contexto, con unas ideas sociales y religiosas, con u sustrato cultural y con una población tan alejada a nuestro entorno cultural, quizás podríamos hacer un verdadero y fructífero cruce de saberes y un aprendizaje mutuo del que podríamos aprender.

Y ahora aprender nos resulta, en mi opinión, tan necesario como respirar.

Protestas en Irán: Qué las ha provocado, cómo responde el régimen y qué puede pasar ahora

11 Enero 2026 at 00:01
Por: (tortuga)

Diego Álvarez Patilla

El régimen de los ayatolás vive uno de los momentos más críticos desde su instauración en Irán tras la Revolución Islámica de 1979, que derrocó a la monarquía del sha persa. Las protestas iniciadas el 28 de diciembre como denuncia de la crisis económica que sufre el país se han tornado en una movilización, principalmente juvenil, contra los pilares ideológicos impuestos desde Teherán.

Cada jornada de manifestaciones supone un incremento de las tensiones: a más disturbios, más represión de la autoridad religiosa, con medio centenar de muertos y el suministro de Internet cortado desde la noche del jueves.

El portavoz del servicio diplomático de la UE, Anouar El Hanouni, ha enfatizado que "el pueblo iraní expresa su legítima aspiración a una vida mejor" y, por ello, considera que "cualquier violencia contra manifestantes pacíficos es inaceptable".

¿Cuál es el detonante y dónde empezaron las protestas?

Las manifestaciones comenzaron en Teherán el 28 de diciembre con los comerciantes del Gran Bazar enfurecidos por la fuerte caída del rial, actualmente en mínimos históricos, y una inflación de hasta el 70% en alimentos básicos.

Esto ha supuesto la caída del nivel adquisitivo de millones de ciudadanos iraníes, motivada por el restablecimiento de las sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU y de Estados Unidos que, junto a Israel, ha vuelto a apuntar hacia su programa nuclear.

La situación crítica de la economía persa se ha visto afectada además por una fuerte sequía, que incluso amenazó con evacuar la capital.

¿Qué magnitud tienen y qué las diferencia de las de 2022?

La clase clerical dirigente ha sido incapaz de contener los disturbios antigubernamentales, que se han extendido a las 31 provincias de Irán y ahora se dirigen contra la legitimidad del régimen de los ayatolás, con autobuses, coches y motocicletas en llamas, así como incendios en estaciones de metro y bancos, según las propias imágenes de la televisión estatal.

El líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, ha sofocado disturbios mucho mayores anteriormente, incluidos los de 2022, que fueron detonados por la muerte de Mahsa Amini mientras se encontraba detenida por supuestamente violar las normas islámicas de vestimenta y supusieron una revolución contra el uso del velo en las mujeres.

No obstante, ahora el régimen se enfrenta a una situación económica más grave y a una intensificación de la presión internacional, con la reimposición desde septiembre de las sanciones globales por su programa nuclear. Los menores de 30 años, que representan casi la mitad de la población, han tomado el protagonismo en las calles y abogan por derribar los pilares ideológicos fundamentales de la República Islámica: desde los códigos de vestimenta obligatorios hasta las decisiones en materia de política exterior.

El hiyab, un punto álgido durante las protestas de 2022, ahora se impone de forma selectiva. Muchas mujeres iraníes se niegan abiertamente a llevarlo en lugares públicos. En las protestas actuales, gran parte de los manifestantes expresan su ira por el apoyo de Teherán a las milicias islámicas de la región, coreando consignas como "Ni Gaza, ni Líbano, mi vida por Irán", lo que pone de manifiesto su frustración por las prioridades del líder supremo.

La influencia regional de Teherán se ha visto debilitada por los ataques de Israel contra sus aliados, desde Hamás en Gaza hasta Hizbulá en el Líbano, los hutíes en Yemen y las milicias en Irak, y por el derrocamiento del dictador sirio Bachar al Asad, estrecho aliado de Irán.

Las fragmentadas facciones opositoras externas de Irán llaman cada día a continuar las protestas, y Reza Pahlavi, hijo exiliado del difunto sha gobernante, les ha alentado diciendo: "Los ojos del mundo están puestos en ustedes. Salgan a las calles", con la disposición de devolver a su familia al poder.

Este viernes, desde su residencia de Estados Unidos, Pahlavi ha vuelto a convocarles a las 20:00 hora local y ha hecho un llamamiento para que aumenten la multitud y así la capacidad de represión del régimen "sea aún menor".

¿Cómo está respondiendo el régimen de los ayatolás?

Hasta ahora, organizaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional han denunciado un "patrón mortal" de las fuerzas de seguridad en Irán y han pedido al Consejo Supremo de Seguridad Nacional que ordene a los agentes detener el "uso ilegal" de la fuerza para disolver las manifestaciones. Las protestas se han saldado con al menos 50 muertos por el momento, incluidos ocho niños, y cientos más han resultado heridos, según datos de la ONG Iran Human Rights (IHRNGO), con sede en Oslo, y hay más de 2.000 detenidos.

El líder supremo, Alí Jamenei, ha acusado este viernes a los manifestantes de actuar en nombre del presidente estadounidense Donald Trump, afirmando que los alborotadores están atacando propiedades públicas y ha advertido que Teherán no tolerará que la gente actúe como "mercenarios de extranjeros". Jamenei insta así a Trump a "concentrarse en los problemas de su país" y ha pedido a los jóvenes iraníes preservar la unidad del país.

Irán se ha quedado este viernes prácticamente aislado del mundo exterior después de que las autoridades hayan bloqueado Internet para frenar las protestas en expansión, con llamadas telefónicas que no llegan al país, vuelos cancelados y sitios web de noticias iraníes que solo se actualizan de forma intermitente.

Las autoridades mantienen un doble enfoque ante los disturbios, afirmando que las protestas por la economía son legítimas y serán atendidas mediante el diálogo, mientras que responden con gases lacrimógenos y cargas violentas contra quienes consideran alborotadores de injerencia externa.

El presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, ordenó el miércoles a las fuerzas de seguridad que no actúen contra manifestantes pacíficos, si bien reclamó que se actúe contra los implicados en "disturbios", tal y como desveló el vicepresidente iraní, Mohamad Yafar Gaempaná, quien apeló a que haya "distinción" entre los manifestantes y los implicados en actos de violencia.

"La gente se está manifestando contra los precios elevados y el Gobierno reconoce la validez de esta protesta. Estamos discutiendo e interactuando con mercados y empresarios para resolver estos problemas", destacó Gaempaná, quien reseñó que las autoridades trabajan para activar "medidas serias contra los que causan escasez de bienes o aumentan los precios".

¿Cuál es el órdago de Trump?

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reiterado su amenaza a Irán con el "infierno" si las fuerzas de seguridad "empiezan a matar gente".

En una entrevista telefónica, el comentarista Hugh Hewitt le ha dicho que, de hecho, decenas de personas ya han muerto en el país persa, a lo que Trump ha salido al paso: "Algunos han muerto por problemas de control de multitudes y otras cosas". Así, ha asegurado que ha habido al menos tres estampidas en las que han muerto personas. "No estoy seguro de poder responsabilizar necesariamente a alguien por ello. Ellos saben, y se les ha dicho muy tajantemente (...) que, si hacen eso, van a tener que pagar un infierno", ha agregado el mandatario estadounidense.

De este modo, el líder supremo del régimen se encuentra entre la espada y la pared: permitir que sigan creciendo las protestas o arriesgarse a sofocarlas y que Trump cumpla su promesa de atacar Irán. No obstante, el ministro de Exteriores, Abás Araqchi, considera "mínima y muy débil" la posibilidad de que Israel o EE.UU. intervengan militarmente en el país, ya que "eso ya lo han intentado en el pasado, ha fallado, y no importa cuantas veces lo hagan, el resultado será el mismo".

A su vez, el presidente estadounidense, que bombardeó Irán el verano pasado, ha afirmado que no se reuniría con Pahlavi, puesto que no está seguro de que sea "apropiado" apoyarlo.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha elogiado las protestas, calificándolas de "momento decisivo en el que el pueblo iraní toma las riendas de su futuro". Dentro de Irán, las opiniones están divididas sobre si la intervención militar extranjera es inminente o posible, e incluso los críticos acérrimos del Gobierno se preguntan si es deseable.

¿Cómo se posiciona Europa?

Desde Europa, la jefa de la política exterior de la Unión Europea, Kaja Kallas, ha denunciado este viernes que la respuesta de las fuerzas de seguridad iraníes a las protestas es "desproporcionada" y que cualquier violencia contra manifestantes pacíficos es inaceptable: "Cortar el acceso a Internet mientras se reprimen violentamente las protestas pone de manifiesto que se trata de un régimen que teme a su propio pueblo", ha afirmado Kallas en la red social X.

Por su parte, la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, ya advirtió el jueves que Europa está del lado de los manifestantes: "El mundo está presenciando una vez más cómo el valiente pueblo de Irán se pone de pie".

Francia, que dice comprender "las aspiraciones legítimas del pueblo iraní", ha pedido este viernes a las autoridades iraníes "la mayor moderación" en su respuesta a las manifestaciones, según una fuente diplomática.

El día anterior, Berlín denunció el "uso excesivo de la fuerza" por parte del Gobierno iraní "contra manifestantes pacíficos" e instó a las autoridades de Teherán a "respetar sus obligaciones internacionales" en la materia.

En España, el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, y más cargos del partido han solicitado al Gobierno de Pedro Sánchez que apoye a las mujeres que "se juegan la vida" por la libertad en Irán. Según los 'populares', el Ejecutivo español "tiene que estar a la altura" y respaldar a quienes defienden la libertad frente "a la tiranía" de los ayatolás.

Fuente: https://www.rtve.es/noticias/202601...

El imperialismo como terrorismo: Descifrando la guerra permanente contra África

16 Diciembre 2025 at 00:01
Por: (tortuga)

Alassane Griot

Ibrahim Traoré, Presidente de Burkina Faso: «Lo que hay en África no es terrorismo, es imperialismo. Son quienes enseñan a los terroristas. Su objetivo es mantenernos en una guerra permanente para que no podamos desarrollarnos y sigamos pagándoles con nuestras riquezas». Uranio, oro, petróleo, los recursos estratégicos que han alimentado el imperialismo y empiezan a nutrir la Resistencia.

1) Desenmascarando el discurso dominante

La declaración del presidente burkinabé Ibrahim Traoré constituye mucho más que una simple afirmación política; es una radiografía precisa de la realidad africana contemporánea que el discurso hegemónico occidental se esfuerza sistemáticamente por ocultar, distorsionar y reprimir. Mientras los medios de comunicación mainstream, financiados y controlados por corporaciones transnacionales y estados imperiales, repiten incansablemente narrativas sobre el «terrorismo islamista» en el Sahel, sobre la «inestabilidad endémica» del continente africano, y sobre la necesidad de «intervención humanitaria» occidental, Traoré desnuda con claridad meridiana la verdadera naturaleza de estos conflictos: no son manifestaciones de fanatismo religioso espontáneo ni producto de sociedades «atrasadas», sino el resultado directo y calculado de estrategias imperialistas diseñadas para perpetuar el saqueo y bloquear el desarrollo soberano.

Esta afirmación no surge del vacío ni de la retórica política convencional. Es el producto de una comprensión profunda de la historia colonial y neocolonial de África, de la observación directa de los mecanismos mediante los cuales las potencias occidentales —en particular Francia, Estados Unidos y sus aliados de la OTAN— mantienen su dominación sobre el continente más rico del planeta en recursos naturales, biodiversidad y potencial humano. Es también el fruto de la experiencia vivida por millones de africanos que han sufrido décadas de «operaciones antiterroristas» que, paradójicamente, solo han multiplicado la violencia y la inseguridad mientras enriquecían a las élites compradoras y a las corporaciones extranjeras.

El presente análisis se propone desarrollar cada elemento de la afirmación de Traoré en profundidad histórica y geográfica, examinando las raíces históricas del imperialismo en África, los mecanismos contemporáneos de dominación neocolonial, el papel de la industria del terrorismo en la perpetuación de la dependencia africana, y las alternativas de liberación que emergen desde la propia resistencia popular africana. Todo ello desde una perspectiva firmemente anticapitalista y antiimperialista, que reconoce en el sistema capitalista global la matriz fundamental de la explotación del continente africano, y que comprende que no puede existir verdadera liberación africana sin la superación del capitalismo en sus dimensiones globales.

En este momento histórico de crisis sistémica del capitalismo global, caracterizada por recesiones económicas repetidas, la resistencia africana adquiere una relevancia estratégica sin precedentes. La Alianza de Estados del Sahel (AES) formada por Burkina Faso, Malí y Níger no es simplemente una alianza regional defensiva, sino un proyecto revolucionario que cuestiona los fundamentos mismos del orden mundial capitalista y neocolonial. Su éxito o fracaso tendrá implicaciones profundas no solo para África, sino para el futuro de la humanidad entera.

2) El imperialismo como continuación del colonialismo por otros medios

2.1 Las raíces coloniales de la dominación contemporánea: De Berlín a París

Para comprender la afirmación de Traoré es imprescindible remontarse a la Conferencia de Berlín de 1884-1885, donde las potencias europeas se repartieron África como si fuera un pastel, trazando fronteras arbitrarias con reglas sobre mapas, sin considerar las realidades étnicas, culturales o políticas de los pueblos africanos. Este acto fundacional del colonialismo moderno estableció un principio que perdura hasta hoy con brutal actualidad: África existe para servir a Europa, sus recursos pertenecen al capital occidental, y sus pueblos deben permanecer subordinados. Las fronteras trazadas en Berlín no fueron accidentales ni inocentes; fueron diseñadas deliberadamente para dividir pueblos unidos, unir pueblos rivales, y facilitar el control y explotación colonial.

El colonialismo directo, que se extendió hasta mediados del siglo XX, se caracterizó por la violencia abierta, la esclavización de poblaciones enteras, el genocidio sistemático, y la explotación brutal de recursos. El Congo Belga, donde se calcula que murieron entre diez y quince millones de personas bajo el régimen de terror de Leopoldo II, es quizás el ejemplo más extremo, pero no una excepción. Cada potencia colonial europea escribió su propia historia de horror en el continente: la masacre de los Herero y Nama por parte de Alemania en Namibia (1904-1908), considerado el primer genocidio del siglo XX donde el 80% de la población Herero y el 50% de la Nama fueron exterminados; los campos de concentración británicos en Kenia durante la rebelión Mau Mau (1952-1960), donde más de 100,000 kikuyus fueron encarcelados y torturados sistemáticamente; las matanzas francesas en Madagascar (1947), donde entre 80,000 y 100,000 malgaches fueron asesinados por el ejército francés; las masacres en Camerún (1955-1971), donde Francia mató a entre 60,000 y 100,000 cameruneses para mantener su dominio; y la guerra brutal en Argelia (1954-1962), donde Francia utilizó torturas sistemáticas, ejecuciones masivas y campos de concentración contra el pueblo argelino.

Estos no son episodios aislados de la historia colonial, sino patrones sistemáticos de violencia que establecieron las bases para las estructuras de poder neocoloniales posteriores. La brutalidad colonial no fue un «exceso» o una «desviación» del proyecto civilizatorio europeo, sino su esencia misma. Como analizó Frantz Fanon en “Los condenados de la tierra”, la violencia colonial no solo destruye vidas y comunidades, sino que busca destruir la capacidad de los pueblos colonizados para pensar su propia historia, definir su propio futuro, y construir su propia humanidad.

Cuando las luchas de liberación nacional obligaron a las potencias coloniales a conceder formalmente la independencia a las colonias africanas entre los años 1950 y 1970, el imperialismo no desapareció: simplemente cambió de forma. El neocolonialismo emergió como un sistema más sofisticado de dominación, que mantiene el control económico y político mientras cede la fachada de la soberanía formal. Como señaló Kwame Nkrumah, primer presidente de Ghana y uno de los pensadores antiimperialistas más lúcidos del siglo XX: «El neocolonialismo es la etapa final y más peligrosa del imperialismo. Para aquellos que lo practican, significa poder sin responsabilidad, y para quienes lo sufren, significa explotación sin compensación«.

Nkrumah comprendió que la independencia política sin independencia económica es una ilusión peligrosa. En su obra seminal “Neocolonialismo: La última etapa del imperialismo” (1965), analizó cómo las potencias occidentales mantenían su dominio sobre África a través de mecanismos económicos y financieros más sutiles, pero igualmente efectivos que la dominación colonial directa. Su análisis sigue siendo profundamente relevante hoy, seis décadas después, cuando Burkina Faso, Malí y Níger están implementando el proyecto de liberación que Nkrumah soñó, pero no pudo concretar plenamente debido a la intervención imperialista que terminó con su vida.

3) El Franco CFA: colonialismo monetario en pleno siglo XXI y la resistencia de la AES

Ningún mecanismo ilustra mejor la continuidad colonial que el Franco CFA, la moneda que Francia impone a catorce países africanos como condición de su supuesta «independencia». Este sistema monetario colonial, que ha existido en diversas formas desde 1945, obliga a los países africanos a depositar el 50% de sus reservas de divisas en el Tesoro francés (originalmente era el 65%, reducido al 50% en 2019 tras presiones populares), les impide controlar su propia política monetaria, les prohíbe financiar su desarrollo mediante la emisión monetaria, y les garantiza tasas de cambio que favorecen sistemáticamente a Francia.

El funcionamiento del Franco CFA es un mecanismo de transferencia de riqueza continuo y sistemático. Los países africanos que utilizan el Franco CFA (en dos zonas distintas: la CFA del África Occidental y la CFA del África Central) están obligados a mantener sus reservas en Francia, donde no solo no ganan intereses competitivos, sino que Francia recibe el 0.75% de estas reservas como «comisión de gestión». Además, cualquier decisión sobre la política monetaria, incluyendo la impresión de billetes y el establecimiento de tasas de interés, requiere la aprobación de funcionarios franceses designados en los bancos centrales africanos. Francia mantiene un derecho de veto sobre todas las decisiones importantes.

Los efectos económicos del Franco CFA son devastadores para el desarrollo africano:

Falta de crédito para el desarrollo: Las tasas de interés impuestas por el Banco Central de los Estados de África Occidental (BCEAO) son extremadamente altas (alrededor del 7-9%), mientras que en la Eurozona están cercanas al 0%. Esto hace imposible el crédito asequible para agricultores, pequeñas empresas y proyectos de infraestructura.

Desindustrialización forzada: La sobrevaluación del Franco CFA (artificialmente vinculado al euro) hace que las exportaciones africanas sean caras e importadas baratas, destruyendo la industria local y manteniendo a los países en la exportación de materias primas.

Transferencia de riqueza: Se estima que entre 1960 y 2018, el Franco CFA permitió transferir más de 8,500 millones de euros anuales de África hacia Francia, un total de más de 500,000 millones de euros en seis décadas.

El Franco CFA no es simplemente una moneda: es un instrumento de dominación que permite a Francia drenar anualmente miles de millones de euros de las economías africanas. Es la prueba viviente de que la independencia formal no significa nada sin soberanía monetaria. Como ha denunciado repetidamente el economista senegalés Ndongo Samba Sylla, el Franco CFA es «el último símbolo visible del colonialismo francés en África», un sistema que garantiza que los países africanos trabajen para enriquecer a Francia en lugar de desarrollar sus propias economías.

El presidente Traoré ha sido uno de los líderes africanos más destacados en la denuncia de este sistema. Burkina Faso, junto con Malí y Níger, ha iniciado pasos concretos y revolucionarios para salir del Franco CFA y recuperar la soberanía monetaria, un acto de desafío directo contra el neocolonialismo francés que no ha sido perdonado por París. En diciembre de 2023, los tres países anunciaron oficialmente su intención de abandonar el Franco CFA y crear una nueva moneda soberana para la Alianza de Estados del Sahel. Este proceso implica complejos desafíos técnicos, pero su significado político es inmenso: representa la recuperación del control sobre uno de los instrumentos más fundamentales de la soberanía nacional.

La resistencia francesa a esta decisión ha sido feroz. Francia ha utilizado múltiples mecanismos de presión: amenazas diplomáticas y económicas, campañas mediáticas de desinformación presentando a los gobiernos de la AES como «golpistas» e «irresponsables», presión sobre otros países africanos para que no apoyen el proyecto, e intentos de sabotaje financiero mediante el congelamiento de activos.

Sin embargo, la determinación de los países de la AES ha sido firme. En 2024, comenzaron a retirar gradualmente sus reservas del BCEAO y a establecer mecanismos alternativos para el comercio internacional y las reservas nacionales. Burkina Faso creó un fondo soberano para gestionar sus recursos mineros y energéticos, Malí inició acuerdos comerciales directos con aliados estratégicos utilizando monedas alternativas, y Níger desarrolló un sistema bancario paralelo para transacciones internacionales. Estos pasos, aunque iniciales, representan una ruptura histórica con la dependencia financiera francesa.

4) La deuda como cadena: el imperialismo financiero y las alternativas soberanas

El imperialismo contemporáneo se sustenta fundamentalmente en mecanismos financieros. La deuda externa de los países africanos, que alcanzó 1.13 billones de dólares en 2023, no es el resultado de una mala gestión africana sino de un sistema diseñado para perpetuar la dependencia. La mayoría de estas deudas son heredadas de regímenes dictatoriales impuestos por Occidente durante la Guerra Fría, o son el resultado de «préstamos» del FMI y el Banco Mundial condicionados a políticas de ajuste estructural que han devastado las economías africanas.

El mecanismo de deuda como instrumento de dominación funciona de manera cíclica:

1. Acumulación de deuda: Los países africanos reciben préstamos bajo condiciones leoninas, con altas tasas de interés y plazos cortos.

2. Condicionalidad neoliberal: Para recibir los préstamos, los países deben implementar políticas que abren sus economías al capital extranjero, privatizan servicios públicos, reducen el gasto social y liberalizan el comercio.

3. Crisis de deuda: Las políticas impuestas generan recesión económica, reducción de ingresos fiscales e incapacidad para pagar la deuda.

4. Reestructuración con más condicionalidades: Los acreedores ofrecen «alivio» a cambio de más reformas neoliberales, profundizando la dependencia.

5. Transferencia permanente de riqueza: Los pagos de intereses y principal superan con creces los nuevos préstamos, creando una transferencia neta permanente de riqueza de África hacia el Norte global.

Los programas de ajuste estructural impuestos por estas instituciones financieras internacionales a partir de los años 1980 exigieron a los países africanos: privatizar servicios públicos esenciales (agua, electricidad, salud, educación), desmantelar industrias nacionales que competían con importaciones, eliminar subsidios a la agricultura local, abrir sus mercados a la competencia desigual con las multinacionales occidentales, y recortar brutalmente el gasto social en salud y educación. El resultado ha sido predecible pero deliberado: pobreza masiva, desempleo estructural, colapso de los servicios públicos, mayor dependencia de las importaciones occidentales, y una concentración extrema de la riqueza en manos de una minoría compradora.

Thomas Sankara: «La deuda es una reconquista sabiamente organizada de África. Es una reconquista que hace que cada uno de nosotros se convierta en esclavo financiero».

Sankara llamó a la unidad africana para repudiar estas deudas ilegítimas, comprendiendo que pagarlas significaba condenar a África a la perpetua pobreza mientras Occidente se enriquecía. Su análisis fue profético y revolucionario, pero fue silenciado por la bala asesina orquestada por los intereses imperiales que hoy continúan operando con la misma lógica.

La AES ha tomado medidas concretas para romper con este ciclo de dependencia de la deuda: auditoría de deuda para identificar préstamos ilegítimos, suspensión de pagos argumentando que estos recursos son necesarios para atender las necesidades básicas de la población, creación de instituciones financieras soberanas como el Banco de Desarrollo del Sahel con capital inicial de 500 millones de dólares, y establecimiento de mecanismos de comercio directo con aliados estratégicos utilizando monedas alternativas al dólar para reducir la dependencia del sistema financiero occidental.

Estas iniciativas enfrentan enormes desafíos, incluyendo la presión de acreedores internacionales, el sabotaje financiero, y las limitaciones técnicas de construir instituciones financieras soberanas desde cero. Sin embargo, representan un cambio paradigmático en la relación de África con el sistema financiero global, pasando de la dependencia forzada a la construcción de alternativas soberanas.

5) La descolonización epistemológica: romper con el pensamiento eurocéntrico

Más allá de los mecanismos económicos y militares, el imperialismo se sostiene a través del control del conocimiento y la producción de sentido. El pensamiento eurocéntrico ha dominado las instituciones educativas, los medios de comunicación, y las estructuras de poder en África desde el colonialismo, presentando la historia, la cultura y el desarrollo europeo como la norma universal, mientras que las realidades africanas son presentadas como excepciones, desviaciones o «atrasos».

Este dominio epistemológico se manifiesta en múltiples dimensiones: educación colonial con currículos importados de Europa que ignoran la historia precolonial de África; investigación extractiva donde universidades occidentales extraen conocimiento sin contribuir significativamente al desarrollo; medios de comunicación que presentan una narrativa sistemáticamente negativa sobre África; y tecnología digital dominada por corporaciones occidentales que controlan el acceso al conocimiento y la comunicación.

La AES ha comprendido que la verdadera liberación requiere también la descolonización del conocimiento. Burkina Faso ha iniciado una reforma educativa profunda que incorpora la historia precolonial de África en todos los niveles educativos, promueve el estudio de lenguas locales junto con el francés, incluye asignaturas sobre filosofía africana y sistemas tradicionales de gestión de recursos, y establece convenios con universidades de países no occidentales para intercambios académicos equitativos.

Malí ha creado un Instituto Panafricano de Investigación que prioriza proyectos de investigación aplicada para resolver problemas locales con participación comunitaria. Níger está desarrollando un sistema de comunicación alternativo basado en emisoras comunitarias y plataformas digitales locales para contrarrestar la dominación de los medios internacionales.

Cheikh Anta Diop: «La historia de África no comenzó con la esclavitud ni con el colonialismo. África tiene una historia milenaria que ha sido deliberadamente ocultada para justificar la dominación».

La recuperación de esta historia y de los sistemas de conocimiento africanos no es un ejercicio académico sino una condición para la construcción de sociedades soberanas y dignas.

6) El terrorismo como producto del imperialismo

6.1 La genealogía del terrorismo yihadista en el Sahel: De Afganistán a África

La afirmación central de Traoré —»son quienes enseñan a los terroristas»— no es una teoría conspirativa sino un hecho documentado por la propia historia reciente. La genealogía del terrorismo yihadista en África es inseparable de las intervenciones imperialistas, comenzando por el apoyo de Estados Unidos y sus aliados a los muyahidines en Afganistán durante los años 1980. La CIA financió, armó y entrenó a islamistas radicales para combatir al gobierno socialista afgano apoyado por la Unión Soviética, creando la infraestructura que posteriormente daría origen a Al-Qaeda. Esta operación, conocida como Operación Cyclone, estableció un patrón que se repetiría sistemáticamente en las décadas siguientes.

En Libia, la intervención de la OTAN en 2011 que derrocó a Muammar Gaddafi destruyó el Estado más próspero de África, convirtiendo a un país con el IDH más alto del continente en un caos de milicias rivales y células terroristas. Los arsenales libios saqueados inundaron el Sahel de armas, y los combatientes dispersados tras la caída de Gaddafi llevaron la yihad al sur. La desestabilización de Libia fue el detonante directo de la crisis de seguridad en Malí, Níger, Burkina Faso y todo el Sahel. Según informes de Naciones Unidas, más de 18,000 combatientes extranjeros y sus familias abandonaron Libia después de 2011, muchos de ellos uniéndose a grupos yihadistas en el Sahel.

En Siria, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Arabia Saudita, Qatar y Turquía apoyaron abiertamente a grupos islamistas radicales bajo el pretexto de derrocar al gobierno de Assad. Muchos de estos grupos eran afiliados o precursores de ISIS. Armas occidentales, entrenamiento de la CIA a través de programas como Timber Sycamore, financiamiento de las monarquías del Golfo, todo convergió para fortalecer a los mismos yihadistas que supuestamente se estaba combatiendo.

Cuando ISIS fue derrotado en Siria e Iraq, muchos de sus combatientes migraron a África, encontrando un terreno fértil en las zonas desestabilizadas por anteriores intervenciones occidentales. Un informe del Consejo de Seguridad de la ONU en 2023 documentó que al menos 25 comandantes de alto nivel de ISIS en Irak y Siria habían reaparecido dirigiendo células en el Sahel, trayendo consigo tácticas de guerra asimétrica avanzadas, propaganda sofisticada, y métodos de financiamiento ilícito.

Este patrón no es casual sino sistemático: las potencias occidentales crean, fortalecen y luego combaten selectivamente grupos terroristas para justificar su intervención permanente y mantener el control sobre recursos estratégicos. El terrorismo se convierte así en un instrumento de política exterior, una herramienta para perpetuar la dominación imperialista bajo el disfraz humanitario de la «guerra contra el terror».

Raíces estructurales de la violencia armada:

Un análisis verdaderamente antiimperialista debe examinar las raíces estructurales: crisis climática que ha intensificado conflictos por recursos; fracaso estatal neoliberal causado por políticas de ajuste estructural; explotación de recursos estratégicos que convierte el Sahel en campo de batalla; e intervenciones militares extranjeras que han exacerbado las divisiones y alimentado el resentimiento.

Este análisis complejo revela que la narrativa dominante sobre «terrorismo yihadista» en el Sahel es una simplificación peligrosa que sirve para ocultar las responsabilidades imperialistas en la creación y perpetuación de los conflictos armados en la región. Como señala Traoré, el terrorismo no es la causa sino el síntoma de un sistema imperialista diseñado para mantener a África en guerra permanente y dependencia económica.

7) Las bases militares occidentales: Infraestructura del imperialismo disfrazada de antiterrorismo

Estados Unidos mantiene una red de más de treinta bases militares en África a través de su Comando Africano (AFRICOM), establecido en 2007 supuestamente para «combatir el terrorismo». Sin embargo, la proliferación de bases militares estadounidenses ha coincidido exactamente con la proliferación del terrorismo yihadista. La mayor base de drones estadounidense del mundo se encuentra en Níger, específicamente en la base aérea de Agadez, construida con un costo de 110 millones de dólares y operativa desde 2019.

¿Resultado de esta masiva presencia militar? Níger pasó de ser uno de los países más seguros de la región a enfrentar una grave crisis de seguridad. Según datos del Armed Conflict Location & Event Data Project (ACLED), los incidentes violentos en Níger aumentaron un 300% entre 2018 y 2023, precisamente durante el período de mayor presencia militar estadounidense. Esta correlación no es casualidad sino causalidad.

Estas bases no están ahí por la seguridad africana sino por los intereses imperiales:

Control de rutas de recursos estratégicos: Las bases están estratégicamente ubicadas cerca de yacimientos de uranio, oro y litio.

Vigilancia y contención de China: Sirven como plataformas de vigilancia para monitorear actividades chinas y disuadir su expansión geopolítica.

Seguridad del complejo militar-industrial: Las operaciones militares en África generan miles de millones de dólares en contratos para empresas de defensa.

Mantenimiento de la hegemonía global: La presencia militar permanente refuerza el estatus de Estados Unidos como potencia hegemónica global.

Francia, por su parte, mantuvo durante décadas una red de bases militares en sus excolonias del Sahel bajo el marco de la «Françafrique». La Operación Barkhane (2014-2022), supuestamente antiterrorista, involucró hasta 5,500 soldados franceses. Sin embargo, durante este período, el terrorismo no disminuyó, sino que se expandió exponencialmente, revelando la verdadera naturaleza de esta intervención.

Numerosos testimonios documentan casos de colaboración directa o indirecta entre fuerzas francesas y grupos terroristas: convoyes militares que transportaban supuestos terroristas, ataques aéreos selectivos que evitaban posiciones yihadistas conocidas, entrega de información de inteligencia a grupos terroristas, y protección de rutas de tráfico de drogas y armas.

La expulsión de tropas francesas de Malí (2022), Burkina Faso (2023) y Níger (2024) refleja un rechazo a un sistema de dominación neocolonial que utiliza el terrorismo como pretexto para mantener el control sobre recursos y territorios.

Ibrahim Traoré: «No podemos construir nuestro futuro con bases militares extranjeras en nuestro territorio. Cada base militar es una herida en nuestra soberanía nacional».

Las bases militares occidentales en África son, en esencia, la infraestructura física del imperialismo moderno. Mientras existan, África no podrá alcanzar verdadera soberanía ni desarrollarse en paz. La lucha por la desmilitarización de África y la eliminación de bases extranjeras es, por tanto, una condición indispensable para la liberación continental.

8) La guerra permanente como estrategia de subdesarrollo

8.1 Destrucción sistemática del potencial africano

La afirmación de Traoré sobre que el objetivo imperialista es mantener a África «en una guerra permanente para que no podamos desarrollarnos» revela una comprensión profunda de la economía política del subdesarrollo. África no es pobre por falta de recursos —es el continente más rico del planeta— sino porque su desarrollo representa una amenaza existencial para el sistema capitalista global.

Un África industrializada, que procesara sus propias materias primas, que desarrollara su agricultura para alimentar a su población, que construyera infraestructura independiente, que educara a sus masas, y que controlara soberanamente sus recursos, dejaría de ser la fuente de superexplotación que alimenta el bienestar occidental. Por eso, el desarrollo africano debe ser saboteado sistemáticamente.

La guerra permanente cumple esta función:

Destrucción de infraestructura: Las guerras destruyen carreteras, hospitales, escuelas y plantas industriales que toman décadas construir.

Desvío de recursos hacia gasto militar: Países como Burkina Faso y Malí gastan entre 8-12% de su presupuesto nacional en defensa.

Generación de refugiados: Los conflictos han generado más de 3 millones de desplazados en la última década.

Inversión imposible: La inseguridad permanente hace imposible la planificación económica a largo plazo.

Justificación para intervención: Sirve como pretexto para mantener bases militares extranjeras.

8.2 Caso de estudio: Burkina Faso bajo Thomas Sankara (1983-1987) vs el imperialismo (1987-2022)

Ningún ejemplo ilustra mejor la diferencia entre desarrollo soberano y subdesarrollo imperialista que comparar los cuatro años del gobierno revolucionario de Thomas Sankara con los 35 años posteriores de regímenes neocoloniales.

Bajo Thomas Sankara (1983-1987): En cuatro años, Burkina Faso pasó de importar el 75% de sus alimentos a casi la autosuficiencia. Se vacunó a 2.5 millones de niños. La tasa de alfabetización aumentó del 13% al 73%. Se construyeron cientos de centros de salud rurales y miles de escuelas. Se nacionalizaron recursos mineros y se rechazó pagar la deuda externa ilegítima.

Bajo los regímenes neocoloniales (1987-2022): Tras el asesinato de Sankara orquestado por Francia, Burkina Faso volvió a importar más del 60% de sus alimentos. La mortalidad infantil aumentó un 40%. La tasa de alfabetización cayó al 28%. Los recursos mineros fueron privatizados y entregados a corporaciones extranjeras. Burkina Faso acumuló una deuda externa de más de 4,000 millones de dólares.

La comparación es elocuente: en cuatro años de revolución popular, Burkina Faso logró más avances que en 35 años de gobiernos neocoloniales. Esto demuestra que el subdesarrollo africano no es inevitable sino el resultado deliberado de políticas imperialistas que destruyen alternativas soberanas.

8.3 El saqueo «legal»: tratados comerciales y multinacionales mineras

Mientras África está sumida en conflictos, las multinacionales occidentales extraen tranquilamente los recursos del continente mediante contratos leoninos. La República Democrática del Congo, uno de los países más ricos en minerales estratégicos, es también uno de los más pobres en términos de desarrollo humano. No es paradoja: es el resultado lógico de un sistema donde las corporaciones multinacionales extraen billones de dólares pagando regalías miserables.

Las compañías mineras occidentales operan en África con contratos que en cualquier país desarrollado serían considerados abiertamente saqueadores: regalías ultrabajas (3-5% frente al 20-30% en otros países), exenciones fiscales generosas, cláusulas de estabilidad que prohíben modificar legislación, doble contabilidad, y tribunales de arbitraje internacional que sistemáticamente fallan contra Estados africanos.

En Burkina Faso, las compañías mineras canadienses extraen más de 60 toneladas de oro anuales (valoradas en más de 3,500 millones de dólares), pero pagan menos del 5% en regalías y contribuyen menos del 1% al PIB nacional.

Burkina Faso, bajo el gobierno de Traoré, ha comenzado a revisar estos contratos mineros, exigiendo aumento de regalías al 15-20%, inversión obligatoria del 20% de ganancias en desarrollo local, transferencia de tecnología, restauración ambiental obligatoria, y participación estatal del 30% en todas las operaciones mineras.

Esta política revolucionaria marca el camino hacia una verdadera soberanía económica. No es casualidad que coincida con el incremento de amenazas terroristas: el imperialismo no tolera la insubordinación y utiliza el terrorismo como arma para castigar a quienes desafían su dominio.

9) Eurocentrismo y racismo: las justificaciones ideológicas del imperialismo contemporáneo

El imperialismo requiere justificaciones ideológicas para legitimarse. El eurocentrismo —la idea de que Europa representa la civilización superior mientras África es el continente del atraso— cumple esta función. Los medios de comunicación occidentales presentan sistemáticamente a África como un continente de hambrunas, dictadores, corrupción y violencia tribal, ignorando que estas condiciones son precisamente el producto del imperialismo.

El racismo estructura todo el discurso imperialista contemporáneo:

Lenguaje mediático: Cuando las potencias occidentales bombardean países africanos se llama «intervención humanitaria», cuando africanos resisten se llama «terrorismo».

Producción académica: La academia occidental produce conocimiento sobre África que refuerza estereotipos coloniales.

Ayuda humanitaria: El sistema de ayuda perpetúa la narrativa de África como continente dependiente que necesita ser «salvado».

Sistema de becas: Diseñado para extraer las «mejores mentes» africanas hacia Occidente (fuga de cerebros).

Este doble estándar racista es fundamental para mantener el consenso ideológico que permite la continuación del imperialismo. Como analizó Frantz Fanon, el racismo no es un prejuicio individual sino un sistema de dominación que justifica la explotación colonial y neocolonial.

La resistencia a este racismo sistémico requiere no solo denunciar sus manifestaciones sino construir alternativas epistemológicas y culturales que centren las experiencias, conocimientos y perspectivas africanas.

Ibrahim Traoré: «No aceptaremos que nos definan desde fuera. Somos africanos, tenemos nuestra historia, nuestra cultura, nuestros valores. Nuestro desarrollo debe partir de nuestras realidades, no de modelos importados que nos mantienen en subordinación».

10) Pagar con nuestras riquezas: la economía del saqueo y las alternativas soberanas

10.1 La transferencia neta de riqueza: de África hacia Occidente

Contrario al discurso dominante que presenta la «ayuda al desarrollo» occidental como un acto de generosidad, los flujos financieros entre África y Occidente revelan una realidad opuesta: África subsidia masivamente a Occidente. Un estudio de 2017 del Global Justice Now cuantificó que por cada dólar de ayuda que África recibe, el continente pierde 14 dólares en flujos financieros ilícitos, evasión fiscal de multinacionales, repatriación de beneficios, pagos de deuda, y términos de intercambio desiguales.

Entre 1970 y 2018, África ha transferido neto hacia Occidente aproximadamente 1.35 billones de dólares. Esto significa que lejos de ser un continente dependiente de caridad externa, África es un contribuyente neto al desarrollo occidental. El nivel de vida en Europa y Estados Unidos se sostiene en parte significativa gracias al saqueo continuado de recursos africanos a precios artificialmente deprimidos.

Estos flujos de riqueza son estructurales al capitalismo global:

Términos de intercambio desiguales: África exporta materias primas baratas e importa productos manufacturados caros.

Evasión fiscal corporativa: África pierde más de 40,000 millones de dólares anuales por evasión fiscal.

Deuda externa: Los pagos superan con creces la ayuda recibida.

Fuga de capitales: Miles de millones de dólares abandonan África ilegalmente cada año.

Sin embargo, las nuevas dinámicas geopolíticas están alterando estos flujos tradicionales. La AES ha implementado políticas revolucionarias: control estatal de recursos estratégicos con nacionalización de minas y renegociación de contratos; comercio Sur-Sur con China, Rusia, India y Turquía; Banco de Desarrollo del Sahel con 500 millones de dólares de capital inicial; y moneda soberana que reemplazará al Franco CFA.

10.2 Recursos que alimentaron el imperialismo y empiezan a nutrir la Resistencia

Níger produce aproximadamente el 5% del uranio mundial, y Francia obtiene el 30% del uranio que alimenta sus centrales nucleares de minas nigerinas. Sin embargo, Níger está entre los países con menor acceso a electricidad del mundo, con apenas el 19% de su población conectada a la red eléctrica. Esta obscena paradoja encapsula perfectamente la lógica del imperialismo.

Las minas de uranio de Arlit y Akokan, operadas por la compañía francesa Orano, han generado más de 30,000 millones de dólares en ganancias para Francia desde 1971, mientras las comunidades locales sufren contaminación radiactiva grave, falta de agua potable y pobreza extrema.

Burkina Faso y Malí son importantes productores de oro. En 2024, Burkina Faso se convirtió en el cuarto productor de oro de África, con una producción de más de 70 toneladas anuales. Sin embargo, sus poblaciones viven en la pobreza mientras las compañías mineras extranjeras extraen miles de toneladas del metal precioso pagando regalías irrisorias.

La AES ha comenzado a revertir esta lógica extractivista: Níger renegoció todos los contratos de uranio exigiendo regalías del 15% e inversión en plantas de energía nuclear para uso doméstico; Burkina Faso nacionalizó temporalmente tres minas de oro y creó una refinería estatal; Malí impuso un impuesto especial del 25% sobre exportaciones de oro.

Estas políticas han generado resistencia feroz por parte de las corporaciones occidentales y sus gobiernos. Sin embargo, la determinación de los países de la AES ha sido firme, comprendiendo que sin control sobre sus recursos naturales, no habrá desarrollo soberano posible.

11) El papel de China en África: Cooperación Sur-Sur vs. Imperialismo

Sería simplista presentar el imperialismo únicamente como un fenómeno occidental. China, segunda economía mundial y potencia emergente, ha expandido masivamente su presencia en África a través de inversiones en infraestructura, comercio, y préstamos. Entre 2000 y 2023, el comercio entre China y África creció de 10,000 millones de dólares a más de 280,000 millones, convirtiendo a China en el principal socio comercial de África.

Algunos analistas occidentales hablan de «imperialismo chino». Sin embargo, la relación de China con África es cualitativamente diferente a la occidental en aspectos importantes:

Diferencias clave con el imperialismo occidental:

Infraestructura vs extracción: China ha priorizado la construcción de infraestructura tangible. En los últimos 20 años, China ha construido más de 6,000 kilómetros de ferrocarriles y 150,000 kilómetros de carreteras en África.

Sin condicionalidades políticas: A diferencia del FMI y Banco Mundial, China no exige privatizaciones o cambios en sistemas políticos.

Transferencia de tecnología: Los proyectos chinos generalmente incluyen capacitación local y transferencia gradual de tecnología.

Comercio más equilibrado: China no solo compra recursos, sino que vende productos manufacturados africanos en su mercado masivo.

Esto no significa que China sea altruista —persigue sus propios intereses económicos y geopolíticos— pero su modelo de engagement no se basa en el saqueo violento directo que caracteriza al imperialismo occidental.

En el Sahel, China ha intensificado su cooperación: en Burkina Faso construye una refinería de oro y un hospital universitario; en Malí financió un puente sobre el río Níger y un sistema de irrigación; en Níger desarrolla una planta solar de 100 MW y un sistema de telecomunicaciones nacional.

La cooperación militar también ha crecido. China ha proporcionado equipos no letales a los ejércitos de la AES, junto con capacitación en mantenimiento y operaciones logísticas. A diferencia de Occidente, China no insiste en la presencia de tropas ni en bases militares permanentes.

Diplomático africano anónimo: “Occidente nos ofrecía ‘ayuda' con cadenas; China nos ofrece negocios con apretones de manos. Preferimos negocios».

12) El papel de Rusia en el Sahel: De Wagner al Estado ruso y la lucha por la soberanía

La presencia rusa en el Sahel ha evolucionado significativamente desde la irrupción del Grupo Wagner en 2018 hasta la actual cooperación estatal directa. Esta evolución refleja los cambios geopolíticos globales y las estrategias de los países del Sahel para diversificar aliados y reducir la dependencia occidental.

El período Wagner (2018-2023)

El Grupo Wagner, una empresa militar privada vinculada al Estado ruso, ingresó al Sahel aprovechando el vacío dejado por la retirada parcial de fuerzas francesas. Wagner ofreció servicios de seguridad a cambio de acceso a recursos mineros y bases estratégicas. Malí fue el primer país donde Wagner entró en 2021, reemplazando gradualmente a las fuerzas francesas.

Las operaciones de Wagner fueron controvertidas: acusado de cometer abusos contra civiles, ejecuciones sumarias y saqueo de recursos. Sin embargo, en muchos casos, Wagner logró estabilizar zonas que habían estado fuera del control estatal durante años.

Transición a cooperación estatal rusa (2023-presente)

Tras la muerte de Yevgeny Prigozhin en 2023, Rusia ha optado por una estrategia más institucional: acuerdos militares directos proporcionando equipos y capacitación; cooperación económica para desarrollo de infraestructura energética y minería; intercambio educativo y cultural con becas y programas de capacitación técnica.

La perspectiva rusa sobre el Sahel:

Soberanía nacional: Rusia respeta públicamente la soberanía de los países africanos.

Multipolaridad: Rusia ve a África como aliado natural en la construcción de un mundo multipolar.

Antiimperialismo histórico: Rusia se presenta como continuadora del apoyo soviético a las luchas de liberación.

Intereses pragmáticos: Rusia busca acceso a recursos estratégicos y mercados para su industria.

La AES valora esta cooperación por respeto a la soberanía, efectividad militar, transferencia de capacidades, y como alternativa geopolítica que permite diversificar aliados y reducir la dependencia occidental.

Ministro de Relaciones Exteriores de Burkina Faso, 2025 :»Rusia no nos dice cómo debemos gobernar. No nos exige que cambiemos nuestra moneda o que privatizemos nuestros recursos. Nos tratan como socios iguales, no como colonias. Esto es lo que llamamos respeto mutuo».

13) La Alianza de Estados del Sahel: Hacia un orden multipolar y la lucha contra el aislacionismo occidental

En septiembre de 2023, Burkina Faso, Malí y Níger formaron la Alianza de Estados del Sahel (AES), una confederación que representa la respuesta africana más significativa al imperialismo francés en décadas. Los tres países, todos gobernados por juntas militares surgidas de golpes populares contra gobiernos pro-franceses corruptos, han expulsado tropas francesas, han denunciado tratados militares y económicos coloniales, y están coordinando políticas de soberanía monetaria, seguridad colectiva, y desarrollo independiente.

La AES no es simplemente un pacto militar sino un proyecto político integral de liberación nacional. Representa el intento de recuperar el espíritu del panafricanismo revolucionario de los años 1960-70, aprendiendo de los errores del pasado, pero manteniendo el objetivo central: África para los africanos, desarrollo soberano, unidad continental.

Estructura institucional de la AES

La AES ha creado una estructura institucional robusta:

Consejo de Seguridad Permanente: Mecanismo de coordinación militar para operaciones conjuntas y defensa colectiva.

Banco de Desarrollo del Sahel: Institución financiera soberana con capital inicial de 500 millones de dólares.

Comisión Monetaria: Órgano encargado de diseñar la nueva moneda soberana (Franco del Sahel).

Comité de Recursos Estratégicos: Mecanismo para coordinar políticas sobre minería, energía y recursos naturales.

Parlamento Panafricano del Sahel: Órgano legislativo en formación que representará a los pueblos de los tres países.

Respuesta al aislacionismo occidental

Tras la formación de la AES, Francia, Estados Unidos y la Unión Europea implementaron una política de aislamiento: sanciones económicas con congelamiento de activos; presión diplomática en organismos internacionales; y guerra mediática presentando a los gobiernos como «dictaduras militares».

La AES ha respondido con: diversificación de alianzas estableciendo relaciones con China, Rusia, India, Turquía; integración regional profunda desarrollando infraestructura transfronteriza; economía de resistencia con programas de autosuficiencia alimentaria; y diplomacia de solidaridad en la Unión Africana y otros foros internacionales.

Visión de futuro

Corto plazo (2025-2027): Consolidación de la seguridad interna e implementación de la moneda soberana.

Mediano plazo (2028-2035): Integración económica profunda y desarrollo de infraestructura energética regional.

Largo plazo (2035+): Expansión de la alianza a otros países africanos y construcción de una federación política y económica.

Ibrahim Traoré: «No pedimos permiso a nadie para liberarnos. Nuestros ancestros nos legaron valores de dignidad, coraje y resistencia. Estamos reclamando nuestra soberanía total —política, económica, cultural, militar. No aceptaremos tutela de ninguna potencia extranjera».

14) Hacia la segunda liberación de África: Lecciones históricas y perspectivas revolucionarias

14.1 ¿Por qué fracasaron las primeras independencias?

Las independencias africanas de los años 1950-70 conquistaron la soberanía formal, pero fracasaron en establecer verdadera independencia económica. Múltiples factores explican este fracaso: la fragmentación del continente en 54 Estados; la persistencia de estructuras económicas coloniales; la corrupción de élites africanas; y la brutal represión occidental contra todo líder que intentara un desarrollo verdaderamente independiente.

Patrice Lumumba (Congo), Kwame Nkrumah (Ghana), Ahmed Sékou Touré (Guinea), Modibo Keïta (Malí), Thomas Sankara (Burkina Faso), Muammar Gaddafi (Libia), todos líderes que desafiaron el imperialismo fueron derrocados o asesinados con complicidad directa de potencias occidentales.

Lecciones clave para la segunda liberación:

Unidad continental: La fragmentación fue una estrategia deliberada. La liberación requiere unidad a escala continental.

Control soberano de recursos: Sin control sobre recursos naturales, no hay soberanía posible.

Autosuficiencia alimentaria: La dependencia alimentaria es un arma imperialista.

Educación descolonizada: Los sistemas educativos deben liberarse del pensamiento eurocéntrico.

Defensa colectiva: Sin capacidad de defensa propia, la soberanía es ilusoria.

Moneda soberana: El control monetario es la base de la soberanía económica.

Diplomacia de solidaridad: África debe construir alianzas con otros pueblos del Sur Global.

14.2 La AES y la aplicación de las lecciones

La AES ha aprendido muchas de estas lecciones: representa unidad regional en acción; está renegociando contratos mineros; implementa programas de seguridad alimentaria; reforma la educación para descolonizar currículos; construye capacidades defensivas autónomas; abandona el Franco CFA; y establece alianzas con múltiples países del Sur Global.

Sin embargo, debe evitar errores históricos: corrupción interna que puede corromper procesos revolucionarios; culto a la personalidad que debilita instituciones; aislamiento internacional; y falta de base social amplia que garantice participación popular.

Amílcar Cabral: «La libertad no es un don, es una conquista».

15) La importancia estratégica del Sahel en la nueva geopolítica mundial

El Sahel no es simplemente una región periférica en conflicto; es un espacio geopolítico de importancia estratégica global por múltiples razones.

Recursos estratégicos

El Sahel alberga algunos de los recursos más importantes para la economía global del siglo XXI: uranio (Níger posee las sextas reservas más grandes del mundo); oro (Burkina Faso y Malí son grandes productores); litio (reservas masivas aún no explotadas); cobre y cobalto (cruciales para la transición energética); y tierras raras (esenciales para tecnología de alta gama).

Este «tesoro geológico» convierte al Sahel en un campo de batalla por el control de los recursos del futuro. Las potencias globales compiten por acceso y control, pero los países de la AES están determinados a que estos recursos beneficien a sus pueblos.

Ubicación geográfica estratégica

El Sahel es un corredor crucial: puente entre el norte y el sur de África; encrucijada entre el Atlántico y el Índico; y región de influencia sobre el Magreb, el Cuerno de África y África occidental. Esta ubicación ofrece oportunidades para posicionarse como centro logístico y comercial en un mundo multipolar.

Nuevas dinámicas geopolíticas

El mundo está transitando hacia un orden multipolar. Este cambio abre espacios de maniobra para África: diversificar alianzas, jugar potencias rivales unas contra otras, explorar modelos de desarrollo alternativos, y construir autonomía estratégica.

Oportunidades históricas:

Transición energética: África tiene el potencial solar más grande del mundo y puede liderar su propia transición energética.

Reindustrialización: La desglobalización crea oportunidades para la reindustrialización africana.

Reforma financiera: Búsqueda de alternativas al dólar y creación de bancos de desarrollo no occidentales.

Nuevos espacios diplomáticos: BRICS+ y otros organismos ofrecen alternativas a instituciones occidentales.

Thomas Sankara: «La lucha por la liberación de África es la lucha más noble que un africano puede emprender».

16) La solidaridad internacionalista: Un imperativo estratégico para la liberación global

La lucha de los países del Sahel por la soberanía no puede entenderse en aislamiento; es parte de una lucha global contra el imperialismo y el capitalismo. La solidaridad internacionalista con la AES no es caridad ni romanticismo revolucionario; es un imperativo estratégico para todos los pueblos que luchan por su liberación.

Dimensiones de la solidaridad internacionalista

Solidaridad política: Presión diplomática sobre gobiernos occidentales para que levanten sanciones arbitrarias.

Solidaridad mediática: Contrarrestar la campaña de desinformación occidental sobre la AES.

Solidaridad económica: Boicot a corporaciones que saquean recursos del Sahel.

Solidaridad académica: Investigación independiente sobre la realidad del Sahel.

Solidaridad de movimientos sociales: Conexión entre movimientos del mundo entero.

Lecciones para otros movimientos de liberación

La resistencia del Sahel ofrece lecciones valiosas: la importancia de la unidad regional; el rol del ejército en revoluciones populares bajo condiciones específicas; la necesidad de soberanía en múltiples dimensiones; y la importancia de construir alternativas concretas.

La solidaridad como arma estratégica

En el contexto actual de crisis capitalista global, la solidaridad internacionalista no es un lujo sino un arma estratégica. El imperialismo se basa en la división de los pueblos oprimidos. La unidad internacional de los explotados es la única fuerza capaz de desafiar el poder global del capital.

Kwame Nkrumah: «El panafricanismo no es una ideología racial; es una respuesta política a una situación política. La unidad africana es la condición previa para la verdadera independencia».

Ibrahim Traoré:»No luchamos solo por Burkina Faso, luchamos por todos los pueblos oprimidos del mundo. Nuestra victoria será su victoria; nuestra liberación será la liberación de todos».

17) Conclusión: ¡África para los africanos! La segunda liberación como proyecto histórico

La Alianza de Estados del Sahel representa la expresión más concreta y avanzada de la resistencia antiimperialista contemporánea en África. No es un proyecto perfecto ni exento de contradicciones internas, pero es un proyecto revolucionario que desafía directamente la matriz del poder colonial y neocolonial en el continente.

La declaración de Ibrahim Traoré —»Lo que hay en África no es terrorismo, es imperialismo. Son quienes enseñan a los terroristas. Su objetivo es mantenernos en una guerra permanente para que no podamos desarrollarnos y sigamos pagándoles con nuestras riquezas«— es mucho más que una denuncia; es un programa de acción revolucionaria.

Reconocer que el terrorismo en el Sahel es un síntoma del imperialismo, no su causa, es el primer paso para combatirlo efectivamente. El segundo paso es organizar la resistencia popular, construir instituciones soberanas, y reclamar el control sobre recursos, territorio y destino histórico.

África no necesita más «intervenciones humanitarias», más «ayuda al desarrollo», más bases militares extranjeras. África necesita y exige soberanía total, control sobre sus recursos, libertad para elegir su propio camino de desarrollo, y solidaridad —no dominación— de otros pueblos del mundo. La AES representa un paso crucial en esta dirección, pero es solo el comienzo de un proceso mucho más amplio.

El futuro de África será escrito por africanos, no por potencias extranjeras. La segunda liberación del continente, la liberación económica que complete la liberación política formal de los años 1960, está en marcha. El imperialismo resistirá con todas sus fuerzas —violencia militar, sabotaje económico, propaganda mediática, terrorismo fabricado— pero la historia está del lado de los pueblos, no de los opresores.

Para los pueblos del mundo que luchan contra el imperialismo y el capitalismo, la resistencia africana es inspiración y lección. Demuestra que incluso los países más pobres y aparentemente débiles pueden desafiar a las potencias imperiales cuando tienen dirección política clara, apoyo popular, y determinación de ser libres.

Thomas Sankara:»No puede haber salvación para nuestro pueblo fuera de nuestro total compromiso con la causa de la liberación de África».

Esta sigue siendo la tarea histórica del momento. La AES ha tomado la antorcha de esta lucha y la ha llevado a un nuevo nivel. Su éxito no está garantizado, pero su ejemplo ya ha inspirado a millones de africanos a creer nuevamente en la posibilidad de una África verdaderamente libre y soberana.

¡África para los africanos!

¡Muerte al imperialismo!

¡Viva la revolución panafricana!

¡Viva la Alianza de Estados del Sahel!

Fuente https://hojasdebate.es/internaciona...

Tomado de: https://rebelion.org/el-imperialism...

Entender la autodisolución del PKK

12 Diciembre 2025 at 00:00
Por: (tortuga)

Por Rojava Azadî Madrid

¿Qué significa para Oriente Medio?

El 12 de mayo de 2025, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (Partiya Karkerên Kurdistanê, PKK) anunció su disolución tras más de cuatro décadas de lucha armada contra el Gobierno turco. Esto se produjo tras el llamamiento del líder encarcelado del PKK, Abdullah Öcalan, para que se disolviera la organización. El 11 de julio, los combatientes del PKK participaron en una ceremonia que simbolizaba el desarme. ¿Qué significará esto para los movimientos kurdos de liberación y para Oriente Medio en general?

En el siguiente análisis, una militante feminista kurda se basa en más de diez años de compromiso político y de investigación con el movimiento de liberación kurdo para explorar estas cuestiones. Criada en Irán y afincada en la diáspora kurda, la autora, Soma.r, ha estado en estrecho contacto con las mujeres participantes y sigue vinculada activamente al movimiento.

Introducción

Un grupo de combatientes del PKK se desarmó simbólicamente el 11 de julio de 2025 en la cueva de Jasana, situada en la región autónoma kurda de Irak. El lugar tiene un profundo significado histórico y político: en 1923 sirvió de refugio y base de mando durante los ataques coloniales británicos. Ese mismo año, la cueva de Jasana se convirtió en un lugar clandestino para la impresión de Bangî Haq («Llamada a la verdad»), el primer periódico revolucionario kurdo, fundado por el periodista Ahmad Khwaja. Este acto entrelazó la resistencia anticolonial, la lucha política y el periodismo clandestino.

Un siglo después, el acto de desarmarse aquí no es una rendición, sino una declaración política que resuena a través de las capas del tiempo. Traza una línea entre el pasado y el presente, invocando la memoria como estrategia. Al elegir Jasana, los combatientes nos recuerdan que las revoluciones pueden cambiar de forma, pero sus raíces son profundas. Donde el imperio buscaba el silencio, las voces kurdas imprimían la verdad. Donde ahora se deponen las armas, pueden surgir nuevas luchas, arraigadas en la misma tierra, pero moldeadas por nuevos imaginarios.

Este acto cobra mayor relevancia a la luz de los acontecimientos recientes. Solo dos días antes, Abdullah Öcalan, el legendario líder del PKK, reapareció en un mensaje de vídeo —el primero desde 1999— en el que pedía el fin de la lucha armada e instaba a un cambio definitivo hacia la política democrática. Este momento invita no solo a la conmemoración, sino también a la interpretación: ¿cómo lleva a cabo un movimiento guerrillero, que en su día fue sinónimo de resistencia armada, una transformación política a través de actos simbólicos?

Para comprender la autodisolución del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), debemos tener en cuenta la amplitud de su base social, que abarca a decenas de millones de personas. Desde el encarcelamiento de Öcalan en 1999, el movimiento kurdo en Turquía ha crecido más allá de sus orígenes guerrilleros hasta convertirse en un complejo proyecto político arraigado en diversos grupos urbanos y rurales, seculares y religiosos, kurdos y no kurdos, aunque el proletariado sigue siendo fundamental. Ahora opera a través de una estructura híbrida que combina un brazo armado en Qandil con una amplia red civil que incluye sindicatos, municipios, partidos legales, organizaciones de mujeres, medios de comunicación y plataformas de solidaridad transnacionales. Su praxis política es a la vez territorial y transnacional, legal y clandestina, militarizada y profundamente social. Entre los cambios más transformadores se encuentra el auge del movimiento de liberación de las mujeres kurdas (KWLM), que ha reposicionado la emancipación de género como un núcleo tanto simbólico como estratégico. En todas las cartas de Öcalan, el proyecto Rojava y el papel cada vez más importante del KWLM se defienden sistemáticamente como los logros contemporáneos más significativos del PKK.

En un acontecimiento significativo para el panorama político kurdo, el PKK anunció su disolución tras su XII Congreso. Esta decisión se tomó tras una serie de diálogos iniciados en octubre de 2024, en los que participó Abdullah Öcalan (a través de su sobrino y la delegación del Partido de la Igualdad y la Democracia de los Pueblos, DEM) y que fueron impulsados por las declaraciones del líder del Partido del Movimiento Nacionalista (Milliyetçi Hareket Partisi, MHP), Devlet Bahçeli, un partido político ultranacionalista de extrema derecha de Turquía. Öcalan hizo hincapié en la necesidad de pasar de la lucha armada a la política democrática en la cuestión kurda, afirmando que tenía la capacidad de liderar este cambio si las condiciones lo permitían.

En respuesta, el PKK inició consultas internas y expresó su disposición a convocar un congreso bajo la dirección de Öcalan. El 27 de febrero de 2025, Öcalan emitió un llamamiento formal a la paz y a una sociedad democrática, instando al PKK a poner fin a sus actividades armadas y a asumir la responsabilidad de lograr una resolución pacífica. En respuesta, el PKK declaró un alto el fuego unilateral el 1 de marzo. A esto le siguió el XII Congreso de la organización, en el que los dirigentes del PKK y del Partido de las Mujeres Libres del Kurdistán (PAJK) adoptaron formalmente la decisión de disolver el PKK y poner fin a su campaña armada.[1]

La visión estratégica de Öcalan se desarrolló más ampliamente en el número de mayo de 2025 (n.º 521) de Serxwebûn, la publicación mensual oficial del PKK. Este último número incluía el documento completo de 20 páginas que Öcalan había presentado al Congreso, junto con una carta de cuatro puntos dirigida a los delegados, en la que se esbozaba el marco político para la transición a una fase pacífica y democrática del movimiento kurdo. Al anunciar el fin de sus 44 años ininterrumpidos de historia, la revista declaró: «Todo está listo para un nuevo y más sólido comienzo».

En su carta del 27 de abril, Abdullah Öcalan esboza una visión transformadora para la era posterior al PKK centrada en la nacionalidad democrática, la economía ecológica y comunal y la modernidad democrática como alternativa tanto al Estado nación capitalista como al socialismo real. Propone la sociedad democrática como programa político de la nueva era, que no pretende capturar el Estado, sino crear estructuras autónomas y de base como las comunas. En este marco, conceptos como socialismo democrático, comunalismo y confederalismo regional cobran importancia tanto para la liberación kurda como para una transformación regional más amplia. Öcalan lo denomina una nueva forma de internacionalismo e insta a todos los actores a asumir la responsabilidad de materializarlo, sugiriendo que el éxito en Kurdistán podría tener un efecto dominó en Turquía, Siria, Irak e Irán. [2]

Los textos de este número, que incluyen discursos, resoluciones y documentos del congreso, reflejan un intento de reconfigurar el horizonte estratégico del movimiento.

El reciente llamamiento de Öcalan a la disolución no carece de precedentes, ya que el PKK ha oscilado durante mucho tiempo entre la lucha armada y la negociación. Sin embargo, este momento señala un cambio ideológico más profundo: desde 2004, el movimiento se ha reestructurado en torno al «confederalismo democrático» a través de la Unión de Comunidades Democráticas del Kurdistán (KCK), un marco global que incluye al PKK, pero que brilla por su ausencia en el actual plan de disolución.

El significado de «disolución» sigue siendo muy ambiguo. ¿Significa el fin del PKK, un simple cambio de imagen o un cambio táctico dentro de un arco más largo de adaptación política? Más críticamente, ¿qué significa el desmantelamiento de una estructura que históricamente ha difuminado la resistencia armada y la movilización popular para las luchas anticolonialistas y contra el Estado en la región?

Incluso dentro del PKK, las interpretaciones varían. Zagros Hiwa, portavoz de Relaciones Exteriores de la KCK, declaró en Sterk TV que las resoluciones piden el fin del conflicto armado —no el desarme— y cuestionó la viabilidad de esto, dada la proximidad de 100 metros entre los soldados turcos y los guerrilleros. Otros no están de acuerdo. Amir Karimi, de la rama del PKK en Irán-Kurdistán, afirmó: «Quienes más han luchado y soportado tienen el mayor derecho a hablar de paz». Por su parte, el presidente del Parlamento turco, Numan Kurtulmuş, enmarcó el proceso como parte de un esfuerzo nacional para resistir la fragmentación imperialista:

La decisión del PKK de participar en el desarme pone de manifiesto contradicciones internas. A pesar de estar encarcelado desde 1999, Öcalan sigue siendo la autoridad indiscutible del movimiento, centralizando la toma de decisiones en una estructura vertical que suprime el pluralismo interno. Su reciente declaración «Puedo decir que los opositores al proceso no tienen ningún valor. Fracasarán» resume un modelo en el que la autoridad carismática eclipsa la deliberación colectiva, generando una crisis de legitimidad en la que se espera que los combatientes y activistas sigan directrices impuestas desde arriba sin mecanismos de toma de decisiones participativa. Esta centralización reproduce una base militante despolitizada y sofoca la democratización interna necesaria para una transformación genuina.

«Irak y Siria se han fragmentado, el Líbano se ha vuelto ingobernable. Libia, Sudán y Somalia se han dividido. Estos países se han convertido en campos de batalla alimentados por divisiones tribales, étnicas y religiosas, y algunos han sido desmantelados por organizaciones terroristas. Podríamos haber esperado pasivamente, como una «vaca amarilla», a que llegara nuestro turno de ser destrozados, o los turcos, los kurdos y todos los demás podríamos unirnos para derrotar esta agenda imperialista. Hemos elegido el segundo camino y estamos comprometidos a avanzar juntos».

Como era de esperar, este llamamiento ha generado división, incertidumbre y un amplio espectro de respuestas entre los activistas kurdos. Aquí desentrañaremos estas cuestiones analizando la evolución histórica del PKK en relación con los procesos de paz, y exploraremos las implicaciones más amplias de su disolución para los movimientos contemporáneos anticapitalistas, anticolonialistas y contra el Estado.

Comenzaremos con una breve descripción general de cómo surgió la violencia revolucionaria a través de la lucha armada en el movimiento kurdo, y cómo esta trayectoria se entrelazó con una serie de iniciativas de paz fallidas que a menudo reproducían nuevos ciclos de guerra. A continuación, pasaremos a la pregunta central: ¿por qué el PKK ha persiguido el desarme unilateral?

Examinaremos su decisión en relación con los cambios en la dinámica política a nivel regional, nacional y mundial. Por último, reflexionaremos sobre lo que está en juego, las incertidumbres y los cálculos estratégicos que rodean esta medida, y concluiremos con una lectura de género que pone de relieve el papel del movimiento de liberación de las mujeres kurdas en la configuración tanto de los límites como de las posibilidades de este proceso.

En segundo lugar, se prevé que el Parlamento turco establezca un organismo denominado provisionalmente «Comisión para la Paz Social y la Transición Democrática», encargado de formular un marco jurídico e institucional para apoyar el desarme y reformas democráticas más amplias.

Aunque estas iniciativas pueden desarrollarse inicialmente a una escala limitada y simbólica, sus defensores las consideran indicadores de la voluntad mutua de avanzar en el proceso de paz. No obstante, experiencias pasadas, como el envío de tres grupos de guerrilleros al Estado turco entre 2000 y 2007, ponen de relieve la persistente vulnerabilidad de tales esfuerzos ante las políticas represivas del Estado y la duradera desconfianza estructural que sigue obstaculizando una resolución duradera. Ni los guerrilleros y guerrilleras, ni los y las dirigentes del PKK parecen ser ingenuas respecto a los riesgos que ello conlleva. Parecen abordar el proceso con cautela estratégica y previsión política, conservando deliberadamente la opción de volver a la lucha armada si fuera necesario. Como declaró Bese Hozat [5], copresidenta del Consejo Ejecutivo del KCK, en una entrevista tras el desarme simbólico de 30 guerrilleros en el Kurdistán iraquí en julio:

El calvario kurdo de la violencia estatal y la apatridia

Como declaró el PKK el 12 de mayo de 2025:

El PKK nació como un movimiento de liberación contra la política de negación del pueblo kurdo consagrada en el Tratado de Lausana y la Constitución turca de 1924.

De ser una «nación» imperial reconocida, los kurdos pasaron a ser «minorías étnicas» en Estados que los reprimieron, asimilaron y borraron. A pesar de ser casi 40 millones —el 20 % de la población de Turquía—, los kurdos siguen siendo el pueblo apátrida más grande del mundo, excluido del reconocimiento político y cultural.

La represión estatal ha adoptado a menudo formas genocidas: la campaña Anfal de Irak (1987-1988) mató a 180.000 kurdos; las políticas de desnacionalización de Siria en la década de 1960 dejaron a decenas de miles de personas apátridas; Irán enmarca los ataques militares contra las regiones kurdas como «yihad»; y Turquía prohibió durante mucho tiempo las palabras «kurdo» y «Kurdistán», etiquetando a los kurdos como «turcos de las montañas». Solo la guerra entre el PKK y el ejército turco se ha cobrado más de 40.000 vidas, en un contexto más amplio de conflictos kurdos que han matado a más de 250.000 personas desde la década de 1960.

La República Turca se construyó sobre el genocidio de los armenios y la negación de la identidad kurda, lo que sirvió para imponer un proyecto nacionalista homogeneizador. El PKK surgió en la década de 1970 como respuesta directa a este régimen excluyente. Su oposición no fue solo militar, sino también cultural y política, como simboliza el juramento parlamentario de Leyla Zana en 1991 («Hago este juramento por la fraternidad de los pueblos turco y kurdo»), en kurdo, por el que cumplió diez años de prisión.

Hoy en día, el imperialismo turco combina el colonialismo interno con la expansión neoimperialista regional. Desde 2016, Ankara ha desplegado milicias islamistas proxy (como el «Ejército Nacional Sirio» (SNA)) en todo el norte de Siria (Afrin, al-Bab, Azaz, Jarablus, Idlib). Estas milicias permiten a Turquía externalizar la guerra mientras promueve una agenda neo-otomana de arabización forzada, islamización e ingeniería demográfica. Las promesas de salarios de hasta 2.500 dólares atraen a jóvenes que sobreviven con apenas unas decenas de dólares, convirtiendo la guerra en un empleo precario.

Desde 2015, Turquía ha lanzado sucesivas operaciones —Escudo del Éufrates, Rama de Olivo, Primavera de Paz— ocupando zonas kurdas, desplazando a la población y permitiendo el saqueo, la violencia masiva y la reingeniería étnico-política. Los ataques aéreos en Irak contra Qandil y Sinjar se han intensificado, sin apenas respuesta internacional. Este modelo de guerra —privatizado, precario y transnacional— se ha extendido a Libia (2019-2020), Azerbaiyán (2020), Yemen, Níger y Pakistán. Redes paramilitares vinculadas a la inteligencia turca, como la Brigada Sultán Murad, operan desde pueblos kurdos como Sinara, cerca de Afrin.

El alcance de Turquía también es extraterritorial: en Europa, los activistas kurdos son vigilados, extraditados o asesinados. Los asesinatos de figuras feministas clave como Sakine Cansız (París), Hevrîn Xelef (Siria) y Nagihan Akarsel (Irak) reflejan una estrategia de género para decapitar el liderazgo revolucionario y sofocar la articulación feminista transnacional. El imperialismo turco fusiona la milicianización islamista, las economías de guerra transnacionales y las soberanías fragmentadas, produciendo una violencia desregulada en la que la lógica del mercado prevalece sobre los intereses del Estado.

Esta violencia extraterritorial no es una extensión aislada del poder estatal, sino un mecanismo central de una agenda geopolítica más amplia. Esta proyección agresiva de la fuerza no es meramente oportunista, sino que forma parte de un proyecto neootomano y neocolonial más amplio destinado a reafirmar la influencia turca en sus antiguos territorios imperiales. Un elemento central de esta visión es la integración de la geografía y los recursos de Kurdistán en la arquitectura emergente del comercio mundial, en particular a través del Corredor Medio, que se analiza más adelante.

Sin embargo, esta violencia ha generado una resistencia igualmente transnacional. El PKK ha politizado la cuestión kurda, transformando a una población apátrida en un sujeto político organizado. Liderado en gran parte por mujeres, su proyecto sigue siendo una de las pocas visiones revolucionarias contemporáneas centradas en la justicia social, el pluralismo y las críticas radicales al poder. Frente a los izquierdismos estatistas, campistas o nacionalistas, predominantemente moldeados por paradigmas verticales, militaristas y masculinistas, el movimiento kurdo —especialmente su dimensión feminista— desplaza lo político de los paradigmas centrados en el Estado a formas encarnadas, localizadas y solidarias. Su lema, Jin, Jiyan, Azadî («Mujer, Vida, Libertad»), forjado en décadas de lucha subalterna, se convirtió en un grito global durante el levantamiento iraní de 2022.

Pero esta resistencia fue posible gracias a la lucha armada. Y eso plantea la pregunta clave: ¿qué será del horizonte revolucionario kurdo con la anunciada disolución del PKK?

La paz como máscara de la guerra: la traición recurrente al movimiento kurdo

El repetido colapso de los procesos de paz en Kurdistán no revela una falta de compromiso por parte del pueblo kurdo, sino la negativa arraigada de los Estados de la región a reconocer los derechos kurdos. En Irán, las conversaciones de Viena de 1989 terminaron con el asesinato del líder kurdo Abdul Rahman Ghassemlou y sus colegas, un acto que se repitió con el asesinato de su sucesor, Sadegh Sharafkandi, en Berlín en 1992. En Irak, el incumplimiento por parte de Bagdad del Acuerdo de Autonomía de 1970 condujo a la campaña genocida Anfal.

Turquía ha seguido una trayectoria similar. Mientras que el movimiento kurdo ha buscado constantemente el diálogo, la política del Estado turco oscila entre gestos de paz efímeros y una represión sistemática. La iniciativa del presidente Özal a principios de la década de 1990 murió con él, y la década siguiente fue testigo de una violencia estatal masiva, que incluyó torturas, desplazamientos forzados y borrado cultural. La captura de Abdullah Öcalan en 1999 marcó un cambio: él pidió un alto el fuego y la disolución del PKK. Sin embargo, la respuesta punitiva del Estado no hizo más que profundizar la desconfianza kurda.

A pesar de la represión, el movimiento kurdo se transformó. En 2004 surgió el confederalismo democrático, que rechazaba el nacionalismo en favor del pluralismo de base. La resistencia armada continuó junto con las estrategias político-legales, que culminaron en los avances electorales del Partido Democrático Popular (Halkların Demokratik Partisi, HDP). Pero los esfuerzos de paz, incluidas las conversaciones de Oslo (2008-2011) [3] y el Proceso de İmralı (2013-2015), fueron saboteados por el Estado. En primer lugar, la filtración de las negociaciones provocó una reacción nacionalista en 2009; más tarde, en 2015, el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan abandonó el Memorándum de Dolmabahçe en respuesta a los avances kurdos en Siria, en particular la victoria de las YPG y las YPJ (Unidades de Defensa Popular y Unidades de Protección de las Mujeres) en Kobanê. El colapso del proceso de paz desencadenó una brutal represión que desplazó a más de 350.000 personas y provocó la muerte de alrededor de 1.700, al tiempo que situó a Turquía entre los principales encarceladores de periodistas del mundo. En agosto de 2016, Erdoğan negaba que se hubiera producido ninguna negociación. Desde esta perspectiva, los gestos del Gobierno turco hacia las negociaciones de paz han señalado a menudo su preferencia por las operaciones militares, ya sea mediante la guerra o el golpe de Estado.

Para muchas personas en Kurdistán, la lucha armada se ha convertido en una necesidad existencial contra lo que consideran una dominación colonial, precisamente como resultado de este conflicto asimétrico, que algunos describen como una «guerra contra la paz». Inspirado por Frantz Fanon, el PKK enmarca la violencia como una autodefensa estratégica. Si bien las críticas internas cuestionan la guerra urbana y la militancia prolongada, persiste un amplio apoyo kurdo, arraigado en el trauma histórico y el fracaso de las vías políticas. El persistente encuadre por parte del Estado de la identidad kurda como una amenaza refuerza este punto muerto.

Para 2025, cualquier horizonte de este tipo parecía más difícil de alcanzar que nunca. Pero «todo lo sólido se desvanece en el aire». Como destacaron el académico kurdo Adnan Çelik y otras voces dentro del movimiento, el mensaje de Öcalan durante el XII Congreso del PKK, aunque inesperado, supuso una ruptura: en contraste con su llamamiento de 2015 a una «apertura democrática», la declaración de 2025 despojó de riqueza ideológica a los llamamientos anteriores, omitiendo las críticas al Estado nación, al capitalismo neoliberal, al colonialismo interno y al patriarcado. Si bien la declaración inicial presenta al PKK como una reliquia de la Guerra Fría desprovista de legitimidad estratégica o ideológica (pidiendo su desarme sin concesiones políticas ni reconocimiento de las reivindicaciones históricas kurdas), esta postura se revisa parcialmente en la carta del 27 de abril, que dedica una atención significativa a la historia de la represión kurda por parte de los Estados regionales y al legado de resistencia del PKK.

Ampliamente percibido como una capitulación unilateral, el cambio de Öcalan provocó conmoción dentro del movimiento, y muchos lo interpretaron como una forma de humillación implícita y de borrado de los sacrificios pasados, según Çelik. Sin embargo, en lugar de provocar el colapso, impulsó tanto respuestas organizativas inmediatas (como una propuesta de congreso de disolución) como un intenso esfuerzo interpretativo para preservar legados críticos. Este momento marca una importante reconfiguración estratégica, que desplaza el foco de atención de la búsqueda de un proyecto sociopolítico a la gestión del legado militante, la memoria y la resiliencia política en medio de un panorama geopolítico transformado.

Hoy en día, la cuestión kurda sigue sin resolverse estructuralmente. La reconciliación es imposible mientras el Estado turco oscile entre ofertas de paz vacías y una represión brutal. Mientras el Estado se aferra a los paradigmas nacionalistas, el movimiento kurdo sigue adaptándose, entre la insurgencia y la imaginación, la memoria y la resiliencia.

Esta tensión entre la negación del Estado y la resistencia kurda quedó patente en el histórico discurso de Erdoğan tras el desarme, el 12 de julio, en el que reconoció oficialmente que el Estado turco cometió asesinatos en masa de kurdos, los despojó de sus derechos e inició esta violencia en lugares como la prisión de Diyarbakır. Admitió haber quemado pueblos, criminalizado a personas no identificadas, prohibido el idioma kurdo y negado a las madres el derecho a hablar kurdo con sus hijos. Pronunciado tras el desarme simbólico del PKK, el discurso, que insistía en la unidad de turcos, kurdos y árabes, marca un cambio de la insurgencia a la reconciliación, y sirve como un espectáculo orquestado por el Estado en el que este reafirma su poder soberano controlando la narrativa tanto de la violencia pasada como del orden futuro, posicionándose como único árbitro de la memoria, la verdad y la legitimidad histórica. Enmarcado como un acto de cierre, este momento consolida, en cambio, la autoridad del Estado. La disolución de la lucha armada kurda no se traduce en una transformación política genuina, sino en una contención simbólica. Lo que parece paz es, en realidad, un cambio de imagen de la dominación, que prepara el terreno para nuevas formas de control bajo el pretexto de la reconciliación.

¿Por qué la disolución?

En una carta fechada el 25 de abril de 2025, Abdullah Öcalan articuló los motivos que justificaban la propuesta de disolución del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), enmarcándola no como una derrota, sino como un cambio de paradigma deliberado. Destacó que este proceso, lejos de ser un desarme inmediato exigido por el Estado turco, requiere una profunda crítica ideológica, una autorreflexión y un debate prolongado para remodelar tanto la personalidad como la mentalidad. El PKK, fundado para elevar la conciencia nacional kurda y denunciar la opresión sistémica, se enfrenta ahora a una fase en la que el siguiente paso hacia la libertad debe basarse en instituciones democráticas, la renovación cultural y el comunalismo [4], transformaciones que el PKK, como organización armada jerárquica, ya no puede encarnar. Es en esta trayectoria donde debe entenderse la disolución: como la culminación de una ruptura teórica con el modelo de Estado nación del siglo XX y su militarismo, definido por una violencia sistémica que ahora «ha perdido su justificación (razón de ser)». La visión de Öcalan del confederalismo democrático, basada en la autonomía local, la igualdad de género y la economía ecológica, supone una ruptura decisiva con los modelos estatistas y militarizados del pasado y un avance hacia un proyecto social posestatal.

Sin embargo, esta evolución ideológica no es repentina ni está exenta de controversia. Desde la década de 1990, el PKK ha experimentado una importante transformación interna, enfrentándose al colapso del socialismo y a las tendencias autoritarias inherentes a los paradigmas estatistas. La supervivencia del movimiento ha dependido de su capacidad de adaptación y de su compromiso crítico, lo que ha culminado en la decisión del XII Congreso de aceptar la disolución como una reorientación radical y no como una capitulación. La carta destaca que el fracaso durante dos décadas a la hora de integrar plenamente los principios democráticos, ecológicos y feministas en las estructuras organizativas ha precipitado este momento de cambio decisivo.

Estratégicamente, la presencia política kurda ha ganado protagonismo en toda Turquía y en Oriente Medio en general, especialmente a través de iniciativas de liberación de la mujer y avances políticos en las cuatro regiones kurdas. Este progreso desafía la anterior caracterización de Turquía del PKK como una mera entidad terrorista. La reciente declaración del asesor presidencial Mehmet Uçum de que «los y las kurdas son un componente esencial de la nación turca» señala un reajuste ideológico a nivel estatal.

En esta situación, la disolución del PKK puede considerarse una medida táctica para eliminar los obstáculos al reconocimiento internacional, especialmente de las estructuras kurdas en Rojava, donde la etiqueta de «terrorista» ha servido para justificar las incursiones militares turcas. El desarme tiene como objetivo proteger a Rojava como proyecto político autónomo, garantizando su supervivencia y legitimidad en los escenarios regional e internacional. Los informes sugieren que pronto podría celebrarse una reunión entre Abdullah Öcalan y Masoud Barzani (líder histórico del Partido Democrático de Kurdistán en el Kurdistán iraquí), un acontecimiento que, sobre todo, refuerza la hipótesis de una alianza regional kurda emergente destinada a reforzar la estabilidad de Rojava en el contexto geopolítico actual.

A pesar de los logros diplomáticos derivados del papel que desempeñaron las fuerzas kurdas en la lucha contra el ISIS, el apoyo internacional ha seguido siendo inconsistente. El llamamiento de Öcalan a la disolución voluntaria podría ser una estrategia preventiva para evitar la derrota total en medio de un creciente aislamiento militar. Desde el colapso del proceso de paz de 2015, la intensificación de la presión militar turca (operaciones transfronterizas, guerra con drones y vigilancia) ha confinado las operaciones del PKK principalmente a Qandil, erosionando su capacidad dentro de Turquía. Incluso el XII Congreso del PKK, celebrado recientemente, tuvo lugar doce años después del XI Congreso, debido principalmente a la falta de seguridad y a la presión militar de Turquía. El PKK abordó esta cuestión en una carta publicada el 4 de mayo, dirigida al pueblo y a los activistas del movimiento:

Una mirada retrospectiva a las últimas dos décadas revela lo siguiente: aunque el nuevo paradigma tenía por objeto facilitar una integración más profunda con la sociedad, en la práctica fueron los miembros del cuadro quienes experimentaron una mayor desconexión con ella, incluso cuando el movimiento en su conjunto avanzaba hacia la despenalización. Si bien el objetivo era cultivar estructuras organizativas más sólidas y promover modos de vida comunitarios y socialistas, lo que realmente surgió fue un aumento del individualismo y el materialismo. Es evidente que en nuestro compromiso con las masas, no logramos proporcionar una educación adecuada ni fomentar la organización de una sociedad verdaderamente democrática. En el ámbito militar, no fuimos capaces de desarrollar ni implementar un entrenamiento y una organización eficaces para la autodefensa social. Nos mantuvimos, en las montañas, al nivel de unidades guerrilleras separadas de la sociedad y completamente rodeadas. Esta situación no solo provocó un aumento de las bajas, sino que también debilitó el impacto político y propagandístico de nuestra lucha armada. Poco a poco, nuestra capacidad para llevar a cabo una guerra eficaz quedó confinada a una zona geográfica muy limitada.

Los avances tecnológicos, en particular la guerra algorítmica y la vigilancia en tiempo real, han profundizado este aislamiento, ya que los Estados de la OTAN dan prioridad a las relaciones con Ankara. Mientras tanto, la autonomía kurda en Siria se ve amenazada por la centralización de ese régimen, y la influencia turca crece en el norte de Irak con la aprobación tácita de la población local. Estas condiciones han llevado al centro político del PKK a pasar de la lucha armada a la búsqueda de la legitimidad civil e institucional en toda la región kurda. La disolución representa un desarme simbólico y una reubicación estratégica, trasladando la lucha kurda a los ámbitos político y transnacional, donde el poder popular se redefine fuera del paradigma de la confrontación militar.

El descenso en el reclutamiento del PKK y el fracaso a la hora de traducir las alianzas contra el ISIS en un apoyo internacional duradero subrayan la necesidad de este reajuste estratégico. Los partidarios de Öcalan entienden su propuesta no como una rendición, sino como una adaptación lúcida a las nuevas realidades geopolíticas y militares, incluida la perspectiva de un alto el fuego temporal en Qandil y Rojava.

Según muchos analistas kurdos, la postura de Öcalan refleja su persistente oposición a Israel y su reticencia a que el movimiento kurdo se vea obligado, por necesidad estratégica, a una alianza táctica o pragmática con este país. Esto, argumentan, es lo que le impulsa a buscar soluciones políticas preventivas destinadas a evitar tales alineamientos. Otros defensores del movimiento kurdo sostienen que la decisión de Öcalan y el PKK fue un intento estratégico de evitar que Kurdistán se convirtiera en la próxima Gaza de Oriente Medio. Argumentan que las limitaciones militares del PKK frente a un aparato bélico interestatal e internacional altamente tecnificado, junto con la persistente campaña de Turquía para aniquilar Kurdistán y Rojava, hicieron necesaria una recalibración política. Este cambio, sugieren, también se debe al declive del poder material y simbólico de la solidaridad global con la causa kurda, que sigue siendo significativamente más débil que el amplio apoyo movilizado para Palestina. Desde esta perspectiva, si Turquía llevara a cabo un escenario similar al de Gaza contra el pueblo kurdo, habría poca capacidad o voluntad internacional para intervenir. Con la disminución de los medios materiales de resistencia y la ausencia de una movilización regional o internacional comparable, los actores kurdos deben adoptar estrategias alternativas para sobrevivir. Por lo tanto, esta decisión no se considera una retirada, sino una táctica calculada y pragmática para resistir en un contexto geopolítico cada vez más inviable.

Este giro estratégico no puede entenderse sin reconocer el profundo coste humano del conflicto. Las guerrillas kurdas, los cuadros del PKK y, sobre todo, la población civil están agotados; los costes acumulados de la guerra se han vuelto insoportables. Se han perdido miles de vidas jóvenes, se han destruido ciudades enteras, se han fracturado familias, se han marcado cuerpos con cicatrices y generaciones han sido moldeadas por la prisión, el exilio, la precariedad y el estigma. Esta acumulación de sufrimiento durante más de cuarenta años confiere a la palabra «paz» una nueva resonancia: no como capitulación, sino como una necesidad vital, un respiro largamente esperado tras décadas de asfixia.

Desde la perspectiva del Estado turco, la disolución se alinea con una estrategia política orquestada por Recep Tayyip Erdoğan, que pretende extender su poder más allá del límite constitucional de 2028. Al presentarse como el artífice de un nuevo proceso de paz, Erdoğan espera ganarse a parte del electorado kurdo y fracturar a la oposición. Enmarcado como una reconciliación, el llamamiento a poner fin a la lucha armada es, en realidad, una maniobra para romper las alianzas emergentes entre las fuerzas kurdas y las corrientes progresistas de la oposición. En 2019, el apoyo táctico de los votantes kurdos (en particular a través del HDP (ahora Partido de la Igualdad de los Pueblos, DEM)) fue crucial para la victoria de la oposición en grandes ciudades como Estambul y Ankara. Esta estrategia busca aislar a las facciones nacionalistas seculares dentro del Partido Republicano del Pueblo (Cumhuriyet Halk Partisi, CHP) de aquellas abiertas al diálogo con el movimiento kurdo, al tiempo que mantiene un discurso de seguridad para uso interno. Esta ingeniería electoral se basa en un doble cálculo: debilitar la movilización conjunta de la oposición y disuadir a las fuerzas kurdas de criticar demasiado abiertamente al régimen por temor a poner en peligro una posible paz.

En esta compleja configuración, el movimiento kurdo se encuentra en una posición que recuerda a las protestas del parque Gezi de 2013. Al igual que entonces, cualquier apertura al diálogo con el Estado implica, paradójicamente, reconocer su legitimidad, aunque siga siendo el principal objeto de controversia. Esta tensión obliga al movimiento kurdo a adoptar una postura equilibrada: participar en los esfuerzos de paz sin disolverse en la política institucional turca ni alienar a los movimientos sociales más amplios. El resultado es una forma de aislamiento estratégico, pero también puede ser una oportunidad para construir un espacio político autónomo en el que la cuestión kurda pueda articularse sin armas, pero sin renunciar.

Mientras tanto, Erdoğan sigue explotando la retórica de la securitización, criminalizando a las figuras políticas kurdas y perpetuando el eufemismo de «enemigo interno» para consolidar su base conservadora. El contraste entre la represión en curso y el lenguaje conciliador de la paz subraya la naturaleza cínica de la iniciativa: no se trata de un compromiso genuino con la resolución, sino de una maniobra táctica disfrazada de diálogo.

Tanto Erdoğan como el Estado turco en su conjunto buscan facilitar la integración de Kurdistán y sus recursos en los mercados capitalistas contemporáneos a través de su desarme. En un discurso en el que esbozó el nuevo proceso para 2025, Erdoğan articuló abiertamente los objetivos capitalistas que impulsan esta iniciativa:

Una Turquía libre de terrorismo elevará la economía turca por encima de todo lo demás. Una vez que logremos este objetivo, la Unión Turca de Cámaras y Bolsas de Mercancías (TOBB) será la principal beneficiaria. A partir de ese momento, Turquía competirá en una nueva liga.

Del mismo modo, el ministro de Finanzas turco, Mehmet Şimşek, declaró que Turquía ha gastado casi 1,8 billones de dólares en las últimas cinco décadas en la «lucha contra el terrorismo», y que poner fin al conflicto podría reportar importantes beneficios económicos al país.

Sin embargo, estas imperativas económicas no se limitan a consideraciones internas. Están integradas en las ambiciones geopolíticas más amplias de Turquía. El llamado proceso de paz de 2025 entre Turquía y el PKK no es tanto un paso genuino hacia la reconciliación como una maniobra geopolítica destinada a neutralizar el poder militar, político y económico kurdo como condición previa para la integración de Turquía en el capitalismo infraestructural neoliberal. Un elemento central de esta estrategia es la realización del «Corredor Central», una ruta comercial transeuroasiática que conecta China con Europa a través de Asia Central, el Cáucaso y Turquía. Este corredor posiciona a Turquía como un centro logístico en la circulación capitalista mundial. Es crucial tanto para la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda (BRI, un proyecto multimillonario que conecta China con Europa, África y Oriente Medio a través de rutas terrestres y marítimas) como para el Corredor India-Oriente Medio-Europa (IMEC, un proyecto de infraestructura competidor destinado a asegurar el dominio geopolítico y comercial occidental) respaldado por Estados Unidos.

El «Corredor Central»

Más recientemente, esta visión se ha visto reforzada por la iniciativa «Development Road» (Carretera del Desarrollo), un proyecto de 17.000 millones de dólares liderado por Irak, Turquía y los Estados del Golfo, que conecta el Golfo Pérsico (a través del puerto iraquí de Grand Faw) con Europa a través del territorio turco. La ruta propuesta atraviesa directamente el sureste de Turquía, de mayoría kurda, lo que amplía aún más los intereses geopolíticos de la contención kurda. Tras los acontecimientos del 7 de octubre y el genocidio israelí en Palestina que aún continúa, las alianzas geopolíticas regionales se han desestabilizado aún más, lo que ha dado lugar a una nueva ola de políticas estratégicas de corredores en las que la centralidad logística y diplomática de Turquía no ha hecho más que intensificarse. En medio del colapso de los equilibrios de poder tradicionales en el Levante y el Golfo, el control de Turquía sobre estas rutas infraestructurales (en particular las que eluden la influencia iraní y siria) se ha vuelto aún más indispensable tanto para los bloques occidentales como para los no occidentales.

Pero para que Turquía consolide el control sobre estas rutas, debe eliminar a todos los actores subalternos o no estatales, especialmente a las fuerzas kurdas. Por lo tanto, el desarme del PKK no debe interpretarse como una desmilitarización, sino como el fin de la lucha armada kurda bajo un nuevo régimen de securitización de las infraestructuras. Con la neutralización del «corredor chií» de Irán (eje Teherán-Damasco-Beirut), el derrocamiento de Assad y la ruptura del eje del PKK y las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) bajo la presión de Estados Unidos e Israel, los actores kurdos han sido eliminados estructuralmente de las negociaciones de poder regionales. Con el apoyo tácito de la OTAN, Turquía ha llevado a cabo campañas militares y una reingeniería demográfica para consolidar el control sobre las regiones kurdas. En este contexto, la «paz» se convierte en un eufemismo de la pacificación capitalista, en la que la reconciliación política es sustituida por la contención espacial y militar para permitir flujos ininterrumpidos de capital, bienes e influencia geopolítica a través de los corredores imperiales de extracción y control.

El respaldo de Erdogan al llamamiento del PKK al desarme debe considerarse en el contexto más amplio de los cambios geopolíticos en Oriente Medio y la evolución del equilibrio de poder en la región. También refleja el uso estratégico que hace Turquía de la dinámica kurda para contrarrestar a rivales como Israel e Irán. Una compleja interacción de cálculos políticos nacionales y regionales ha empujado a Turquía a adoptar esta táctica. Esto se articula claramente en una carta del Comité Central del PKK fechada el 4 de mayo:

La escalada de la Tercera Guerra Mundial en Oriente Medio, los resultados del conflicto de Gaza que comenzó el 7 de octubre de 2023, los importantes ataques de Hamás y Hezbolá contra las agresiones israelíes y el colapso del régimen baazista en Siria (que ha extendido la transformación regional a Irán y Turquía) han desempeñado un papel fundamental para llevarnos a esta situación. El miedo y la ansiedad existencial generados dentro del Estado turco y el gobierno del AKP-MHP, combinados con las presiones para un cambio democrático impuestas internamente por nuestro movimiento y el pueblo turco, y externamente por el sistema capitalista transnacional, constituyen los principales factores que motivan a la administración de (Devlet) Bahçeli y su conocida retórica y llamamientos a la acción. En consecuencia, hemos llegado a la etapa actual como resultado de los acontecimientos políticos y militares mencionados anteriormente.

La paradoja es profunda: un movimiento que posee una considerable fuerza territorial y organizativa se ve obligado a reinventarse precisamente porque ese poder lo hace susceptible de ser aniquilado algorítmicamente. En última instancia, la propuesta de Öcalan invita a replantearse fundamentalmente la lucha revolucionaria en una era definida por los drones, los metadatos y la vigilancia total. Desafía al movimiento kurdo a imaginar una forma de resistencia que trascienda la confrontación armada, encontrando el poder en el silencio en lugar de en los disparos.

De la guerra de guerrillas a la transición política: tensiones, esperanzas, horizontes

El anuncio en febrero de 2025 de la posible retirada armada del PKK plantea profundas preguntas sobre las condiciones en las que una prolongada lucha guerrillera podría dar paso a un proceso político, especialmente en un contexto marcado por un autoritarismo arraigado, la represión y los bloqueos ideológicos. Aunque algunos interpretan esta medida como un signo de reconfiguración estratégica e ideológica, sigue siendo profundamente ambigua. El Gobierno turco, que enmarca el momento no como un «proceso de paz», sino como un «limpieza de proceso terrorista» («Terörden arındırma süreci»), muestra una postura punitiva que se aleja del lenguaje conciliador de 2015, lo que pone en duda la posibilidad de una resolución justa y completa.

Esto plantea varias preguntas urgentes. ¿Puede definirse la democratización en Turquía como meros gestos simbólicos (como la liberación condicional de Abdullah Öcalan y su comparecencia en el Parlamento para pedir a los kurdos que se retiren de Qandil y adopten una vía política pacífica) o concesiones culturales limitadas, o debe implicar reformas constitucionales de gran alcance, la liberación masiva de presos políticos y el reconocimiento formal de los derechos colectivos kurdos, incluida la autonomía regional y el derecho a la educación en lengua kurda? ¿Sería suficiente el restablecimiento de los mandatos municipales anulados, el regreso de personas exiliadas o una amnistía general para convencer al PKK de que ha surgido una vía política viable? Muchas personas temen que Erdoğan pueda incumplir sus compromisos una vez que haya conseguido la influencia política que busca, repitiendo la traición del proceso de 2015 y arriesgándose a volver al conflicto con el movimiento kurdo en una posición de fragmentación y legitimidad debilitada.

A diferencia de otros procesos de paz (como los que involucran al Ejército Republicano Irlandés en Irlanda del Norte, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en Colombia o Euskadi ta Askatasuna (ETA) en el estado español), el Estado turco se ha negado a participar en la verdad y la reconciliación, la reestructuración constitucional o el reconocimiento político genuino. En Colombia, por ejemplo, el desarme fue acompañado de iniciativas de justicia restaurativa, mujeres a menudo lideradas por y sobrevivientes de la violencia estatal. El movimiento de mujeres kurdas tiene un potencial similar, pero el caso kurdo sigue siendo excepcional por su criminalización sistemática y su negación de la existencia de un problema político. Al mismo tiempo, le muchos otros ejemplos es que cuenta con el apoyo de un movimiento civil y político de masas poderoso e influyente. La lucha no se ha limitado al ámbito militar, sino que también se ha arraigado profundamente en los ámbitos civil y político.

En este panorama en evolución, algunos analistas destacan dos acontecimientos que podrían marcar los primeros pasos hacia el desarme y la transición a un orden democrático. En primer lugar, en un gesto simbólico, un grupo de guerrilleros, algunos de los cuales ocupaban anteriormente puestos de liderazgo, depusieron públicamente las armas en presencia de los medios de comunicación, acompañados de una declaración en la que afirmaban:

Estamos dispuestos a participar en la política democrática.

Si cumpliéramos incondicionalmente todas las exigencias del Estado, el resultado sería el siguiente: se esperaría que otros grupos hicieran lo mismo: destruir sus armas, regresar a Turquía y rendirse. Si ese enfoque se convirtiera en la norma, el destino que nos esperaría a nosotros y a nuestros compañeros y compañeras sería el encarcelamiento o la muerte. Pero ese futuro no es el que aceptamos. El Estado turco debe comprenderlo.

Aun así, algunas personas pertenecientes al movimiento ven esto como una oportunidad para trascender su legado leninista militarista y jerárquico. Un cambio hacia una mayor participación civil y una renovación interna podría reposicionar al PKK dentro de un marco democrático más amplio. La aparición del Partido DEM como actor significativo sugiere la posibilidad de transformar una formación nacionalista kurda en una fuerza pluralista capaz de unir a los distintos sectores democráticos de Turquía. Sin embargo, el riesgo de abandono (tanto por parte del Estado turco como de los apoyos internacionales) es muy grande, lo que hace que la promesa de renovación dependa de reformas estructurales, y no de concesiones retóricas.

Es fundamental contar con un marco de justicia transicional. Sin reconocer las atrocidades cometidas en el pasado (en particular durante la década de 1990 y el brutal período 2015-2016) cualquier alto el fuego seguirá siendo frágil. La verdad, la reparación y la descolonización de los discursos nacionales son requisitos previos para una paz significativa. De lo contrario, la memoria colectiva kurda seguirá soportando traumas sin sanar que podrían reavivar el conflicto.

El contexto regional hace que el desarme sea precario. Siria sigue siendo inestable y el frágil alto el fuego entre las fuerzas kurdas y Hayat Tahrir al-Sham (HTS), tras la reciente Conferencia de Unidad Kurda, parece cada vez más incierto. Las continuas campañas militares de Turquía contra las posiciones kurdas en Irak y Siria, que incluyen más de 500 ataques aéreos contra zonas controladas por el PKK en el Kurdistán iraquí solo en mayo de 2025, socavan la viabilidad de una transición hacia la paz. Al mismo tiempo, las supuestas ofertas secretas de Ankara, como el reconocimiento de la autonomía kurda en Siria a cambio de la disolución del PKK, siguen siendo vagas y poco fiables. Una ofensiva a gran escala contra Rojava amenazaría con derrumbar la arquitectura civil y militar del proyecto kurdo.

Dentro de esta configuración transnacional, el PKK no es una fuerza guerrillera aislada, sino parte de una red más amplia establecida desde 2002 a través de la Unión de Comunidades de Kurdistán (KCK), que incluye al PYD en Siria (2003), al PJAK en Irán (2004) y al PÇDK en Irak (2002). Estas organizaciones hermanas, aunque nominalmente autónomas, están ideológicamente alineadas con la visión de Öcalan del confederalismo democrático y están profundamente arraigadas en sus respectivas sociedades, en particular a través de iniciativas lideradas por mujeres. La ambigüedad del llamamiento al desarme de Öcalan (si se dirige únicamente al ala turca del PKK o se extiende a estas entidades aliadas) aumenta la incertidumbre. Algunas analistas sugieren que los cuadros podrían ser reasignados a otros frentes, como el PJAK o Rojava, en lugar de ser desmovilizados por completo, lo que plantea la posibilidad de una disolución táctica en lugar de estratégica. Entonces, el destino de las fuerzas guerrilleras en las montañas de Qandil sigue siendo incierto, ya que las señales de Ankara son ambiguas y a menudo contradictorias, lo que difumina la línea entre el rumor y la realidad. Por ejemplo, Şamil Tayyar, miembro del AKP, afirmó que cerca de 300 altos cargos del PKK serían reubicados en terceros países como Sudáfrica y Noruega, mientras que aproximadamente 4.000 combatientes serían recibidos gradualmente en la frontera. Sin embargo, más allá de estas declaraciones extraoficiales, ¿qué medidas concretas (más allá de los gestos retóricos) tomará realmente el Estado turco?

A nivel interno, la supresión de Erdoğan contra el CHP (que históricamente ha sido un partido nacionalista secular cómplice de las políticas antikurdas) revela las paradojas dentro de la oposición turca. Para muchos kurdos, el CHP sigue siendo parte del problema en lugar de una alternativa, lo que complica la formación de una coalición democrática inclusiva. Mientras tanto, las tensiones internas dentro del movimiento kurdo, combinadas con la consolidación autocrática de Erdoğan, siguen fragmentando el campo político, lo que hace incierta una realineación política pluralista.

A pesar de estos retos, el movimiento kurdo demuestra una notable resiliencia y adaptabilidad estratégica. Sigue articulando una visión política que se resiste a la militarización al tiempo que afirma el derecho a la autodefensa, alineándose con las luchas descoloniales globales. En Rojava, por ejemplo, la Administración Autónoma mantiene una formidable infraestructura de seguridad, que incluye las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), las YPG-YPJ y las fuerzas Asayish, con un número estimado de más de 80 000 miembros. En Rojhilat (Kurdistán bajo dominio iraní), el PJAK sigue organizando la oposición al régimen iraní. Estas formaciones reflejan un movimiento transfronterizo profundamente arraigado que no puede reducirse a un mero fenómeno guerrillero.

Esta infraestructura material sugiere que, incluso si el proceso actual se derrumba, el PKK y sus aliados podrían pasar a una nueva fase de resistencia, quizás más fragmentada y prolongada. Décadas de guerra asimétrica, consolidación ideológica e integración social han dotado al movimiento de una capacidad de supervivencia sin parangón entre muchos actores revolucionarios. Su legitimidad no solo proviene de su capacidad militar, sino también del cultivo de la conciencia política, la liberación de género y la autonomía de base.

En el fondo de esta esperanza se esconde una cuestión ética más profunda. ¿No es profundamente injusto (quizás incluso cínico) proyectar nuestras visiones de democracia radical, anticapitalismo, internacionalismo feminista y antifascismo no estatal sobre un pueblo que ya soporta la marginación, la represión, la pobreza estructural y la criminalización implacable? ¿Podemos, de buena fe, pedirle a un pueblo geopolíticamente vulnerable y asediado que cargue, solo, con el peso de nuestras utopías revolucionarias? ¿Cómo puede una fuerza revolucionaria marginal —aislada política y militarmente, desprovista de respaldo estatal o internacional— sobrevivir no solo como organización, sino como portadora de una visión política y una práctica emancipadora? ¿Cómo puede preservar sus ideales en un entorno dominado por Estados poderosos y actores imperiales dispuestos a aniquilarla mediante masacres, limpieza étnica y violencia sexual sistémica? Esta coyuntura crítica nos obliga a reconsiderar los propios términos de nuestra solidaridad. ¿Cómo podemos mantener una postura política radical en un orden global cada vez más dominado por la militarización y el autoritarismo, sin caer en la abstracción romántica o la resignación política?

Lo que está en juego no es solo el destino de un grupo armado, sino la viabilidad de un proyecto político que ha redefinido los parámetros de la lucha en Oriente Medio. Mientras el espectro de una nueva guerra se cierne entre promesas incumplidas y escalada militar, el movimiento kurdo sigue planteando una pregunta universal: ¿cómo puede una fuerza revolucionaria, despojada de su condición de Estado y enfrentada a una represión abrumadora, preservar su praxis emancipadora sin sucumbir a la desaparición o a la claudicación?

Repensar la disolución desde una perspectiva de género

Durante mucho tiempo eclipsado por el PKK, el movimiento de mujeres kurdas ha emergido desde la década de 1990 como un poderoso actor ideológico y organizativo, lo que muchas personas describen como una «revolución dentro de la revolución». Inicialmente marginadas dentro de una estructura militarizada y dominada por los hombres, las militantes kurdas convirtieron esta exclusión en una oportunidad estratégica al formar una alianza dialéctica y recíproca con el líder del PKK, Abdullah Öcalan. Esta relación, lejos de la sumisión patriarcal, permitió a ambas partes convertirse en recursos políticos mutuos: Öcalan instrumentalizó el movimiento de mujeres para expandir y reformar el PKK, mientras que las mujeres utilizaron su autoridad simbólica para centrar la liberación de género en la lucha kurda.

El reconocimiento de Öcalan de las mujeres como la «fuerza de vanguardia de la revolución» fue clave para redefinir el liderazgo y la legitimidad en un movimiento moldeado durante mucho tiempo por el virilismo. Fomentó la creación de estructuras paralelas de mujeres y apoyó la jineolojî, una epistemología feminista teorizada como central en su visión del confederalismo democrático. A su vez, las mujeres kurdas legitimaron su liderazgo ideológico. Reafirmaron especialmente el llamamiento de Öcalan a suspender la lucha armada tras su captura en 1999, un momento de profunda crisis para el PKK marcado por deserciones masivas entre 2002 y 2004 (aproximadamente 1.500 combatientes abandonaron el PKK en medio de una reorientación ideológica y luchas internas que culminaron con el retorno al conflicto armado a mediados de 2004). La lealtad continuada de las mujeres durante este periodo fue una elección estratégica destinada a preservar la continuidad ideológica en medio de la fragmentación y la represión.

Sin embargo, esta lealtad tenía límites. Las propuestas para una mayor autonomía, como la creación de un Partido de las Mujeres Trabajadoras Kurdas, fueron bloqueadas por el Comité Central del PKK, lo que reveló las persistentes limitaciones estructurales. Aun así, la alianza se mantuvo, sobre todo porque el giro ideológico de Öcalan en 2005 hacia el confederalismo democrático situó la igualdad de género en el centro de un nuevo modelo político. En 2012, Öcalan se negó a reunirse con una delegación de paz que no contara con representación del movimiento feminista, lo que puso de relieve su carácter indispensable. Simbólicamente, en 2013, las mujeres de Rojava anunciaron la creación de las YPJ (Unidades de Protección de las Mujeres) el día del cumpleaños de Öcalan, reafirmando tanto su confianza en su visión como su reivindicación de una militancia autónoma.

Esta paradoja (construir la autonomía política de las mujeres a través de un líder masculino) genera tensiones críticas. Si bien el discurso de Öcalan promueve la descentralización y la desmilitarización, su carismática autoridad sigue siendo fundamental. El horizonte feminista del movimiento se ve así envuelto en una dependencia estratégica. Los repetidos llamamientos de Öcalan al desarme del PKK, especialmente en los últimos años, amplifican esta contradicción: desafían la masculinidad militarizada arraigada desde hace tiempo en la lucha revolucionaria, pero también provocan incertidumbre sobre la influencia de las mujeres en un proceso político desarmado.

Históricamente, la resistencia armada permitió a las mujeres kurdas ganar visibilidad, liderazgo y legitimidad. El combate rompió los tabúes de género y creó un capital simbólico, aunque corría el riesgo de reproducir lo que algunos teóricos denominan «masculinidad adoptada», es decir, una réplica de las normas patriarcales bajo el disfraz de la igualdad revolucionaria. El actual cambio hacia la desmilitarización, si bien abre espacio para prácticas feministas comunitarias y no jerárquicas, también amenaza con desmantelar las estructuras que protegían y empoderaban a las mujeres en condiciones de violencia estatal. Esta tensión es fundamental en los debates sobre el futuro del movimiento.

La posible disolución del PKK plantea preguntas urgentes: ¿Aprovechará el movimiento de mujeres kurdas el momento para afirmar su plena autonomía? ¿Desarrollará una postura feminista distintiva sobre este cambio estratégico? ¿La disolución debilita o empodera a las mujeres dentro de la lucha kurda?

El desarme podría representar un paso hacia la paz feminista o una vulnerabilidad estratégica. Algunas militantes abogan por una desmilitarización cautelosa y condicional, supeditada a la consolidación institucional, el reconocimiento internacional y las garantías de los derechos de las mujeres, ya que afianza las mentalidades bélicas masculinas y abre espacio para prácticas feministas radicales, comunitarias y no jerárquicas. Históricamente arraigada en ideales masculinistas (donde el heroísmo, el martirio y el valor militar definían la legitimidad), la violencia revolucionaria kurda se ve ahora cuestionada por el llamamiento de Öcalan a la desmilitarización, que busca orientar el movimiento hacia un horizonte feminista desligado de la masculinidad militarizada. Sin embargo, otras personas advierten de que la desmilitarización podría exponer a las mujeres a una renovada violencia patriarcal y estatal, especialmente si los logros alcanzados por las YPJ o las YJA-Star (las Unidades de Mujeres Libres, Yekîneyên Jinên Azad ên Star) no se salvaguardan políticamente.

Más allá de la lucha armada, las mujeres kurdas y turcas han desempeñado durante mucho tiempo un papel fundamental en la resistencia civil y los compromisos de paz más amplios. Las Madres por la Paz (Dayikên Aşîtîyê), madres kurdas que perdieron a sus hijos en el conflicto entre el PKK y el Estado, se convirtieron en símbolos de la resistencia no violenta en las décadas de 1990 y 2000. Campañas como «No toques a mi amigo/a» (1990) y «Las mujeres caminan juntas» movilizaron a redes de base para hacer frente al nacionalismo, el racismo y la guerra. [6] En 2009, la Iniciativa Feminista por la Paz (BİKG) reunió a mujeres de diferentes etnias para exigir la desmilitarización, la reconstrucción social y procesos de paz inclusivos. Estos movimientos demostraron cómo las mujeres han transformado las experiencias de pérdida y marginación en compromiso político.

En una carta fechada el 30 de mayo desde la prisión de İmralı a la Academia Jineolojî, Öcalan reafirmó que la liberación de las mujeres es la verdadera medida del socialismo, calificándola como la base de su lucha revolucionaria. Describió la jineolojî como un proyecto transformador en curso y a las mujeres como líderes potenciales de la paz y la democracia en Oriente Medio. De hecho, Öcalan confía en las mujeres para liderar esta transición, dado el papel protagonista que han desempeñado en anteriores iniciativas de paz en Kurdistán.

La elección de Bese Hozat (comandante desde hace mucho tiempo y copresidenta de la Unión de Comunidades de Kurdistán (KCK) y compañera cercana de Sakine Cansız, la icónica líder feminista del PKK asesinada en París en 2013) como figura central en la simbólica ceremonia de desarme del PKK el 11 de julio subraya la importancia duradera del liderazgo de las mujeres en el movimiento kurdo. Incluso en un momento de transición, este gesto simbólico reafirma el compromiso ideológico del movimiento con la liberación de género y honra el legado del feminismo revolucionario kurdo.

El reto ahora consiste en sortear las contradicciones de la desmilitarización: equilibrar la ética feminista con la necesidad de protección, la autonomía con las alianzas estratégicas y la construcción de la paz con la agencia política.

Cualquier proceso de paz futuro debe centrarse en las realidades vividas y las visiones políticas de las mujeres kurdas. Su papel no ha sido secundario, sino fundamental, y son sus decisiones estratégicas, y no solo las de Öcalan, las que darán forma al próximo capítulo del movimiento kurdo.

Conclusión

Desde la perspectiva de los partidarios del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), la posible disolución de la organización no debe interpretarse como el fin de la lucha kurda, sino como el inicio de una nueva fase de resistencia aún por definir. Si bien esta perspectiva encarna un optimismo estratégico, también exige una reflexión cuidadosa. Redefinir la resistencia en un contexto tan complejo requiere una comprensión matizada de sus limitaciones, contradicciones y riesgos inherentes. En otras palabras, aunque este enfoque puede abrir nuevas vías para el movimiento, no debe aceptarse acríticamente como una solución definitiva sin un análisis exhaustivo. Para garantizar su legitimidad, es necesario contar con mecanismos que permitan integrar en este proceso las críticas de los miembros y activistas del PKK, en particular las voces de las mujeres presas políticas.

El PKK se enfrenta a una confluencia de retos complejos, entre los que se incluyen presiones militares y tecnológicas cada vez más intensas, así como limitaciones políticas tanto a nivel nacional como regional. Estos retos limitan gravemente la capacidad del movimiento para mantener la lucha armada y lograr una transformación estructural. El cambio hacia formas de organización legales y dirigidas por civiles representa una apuesta estratégica significativa. Si bien esta transición merece una seria consideración y experimentación, su éxito depende del cumplimiento de varias condiciones críticas; sin ellas, el fracaso o la marginación siguen siendo un riesgo considerable. Además, la tensión entre las presiones inmediatas del Estado y la visión a largo plazo del PKK de un proceso político prolongado plantea dudas sobre la viabilidad y el momento adecuado para este cambio.

Si Erdoğan vuelve a socavar el proceso político, el PKK está dispuesto a reanudar la resistencia armada, no por desesperación, sino como continuación de su lógica política duradera basada en la dignidad colectiva y la autodeterminación. No obstante, tal resurgimiento probablemente conllevaría dificultades y costes significativos, que recaerían de manera desproporcionada sobre la población kurda.

Lejos de ser un mero actor táctico, el movimiento de liberación kurdo encarna un proyecto político más amplio que altera fundamentalmente las nociones predominantes de soberanía y legitimidad en toda la región. Cualquier cambio sustantivo en su orientación estratégica exige comprender la interacción entre las limitaciones estructurales, los riesgos geopolíticos y las relaciones de poder asimétricas a nivel local, regional e internacional. En el mejor de los casos, el giro del movimiento hacia la institucionalización no solo podría consolidar su legitimidad política, sino también abrir nuevas vías para la reconciliación intrakurda, en particular con rivales de larga data como el Partido Democrático del Kurdistán (KDP). Este reajuste estratégico podría sentar las bases para una arquitectura política kurda transnacional, más inteligible y diplomáticamente aceptable para los actores internacionales, especialmente las potencias occidentales que históricamente han marginado las reivindicaciones kurdas en favor de su alineamiento estratégico con Ankara.

Esta redefinición en curso de la resistencia kurda también se enfrenta a importantes retos internos, como las tensiones entre facciones y la necesidad imperiosa de una reconciliación política, que debe ir acompañada de la aceptación de los actores regionales y globales. Sin embargo, este proceso ofrece la posibilidad de cultivar estructuras políticas más inclusivas y legítimas.

Por último, la transformación propuesta en el lenguaje y las modalidades de la resistencia (articulada por Abdullah Öcalan y los partidarios del PKK) responde a las realidades de la vigilancia tecnológica y la guerra contemporáneas. Esto desafía la resistencia militante convencional, haciendo hincapié en la adaptabilidad, la resiliencia y la rearticulación del poder en formas novedosas y menos visibles.

NOTAS:

1- «El proceso que culminó en nuestro XII Congreso comenzó con una reunión el 23 de octubre de 2024 entre el sobrino del líder Apo y nuestra delegación. Esta reunión se celebró en respuesta a las declaraciones y llamamientos realizados por Devlet Bahçeli, líder del Partido del Movimiento Nacionalista (MHP), a principios de octubre. Durante la reunión, el líder Apo declaró públicamente que «si se dan las condiciones necesarias, tiene la capacidad tanto teórica como práctica para trasladar la cuestión kurda de un contexto de violencia y conflicto a uno de política democrática y resolución legal». En los meses siguientes, se celebraron una serie de reuniones entre la delegación del Partido de la Igualdad y la Democracia de los Pueblos (Partido DEM) y el líder Apo en la isla de İmralı. Estos encuentros fueron acompañados de mensajes del líder Apo que dieron forma al proceso. En primer lugar, envió cartas a los líderes de los partidos políticos de Turquía, seguidas de correspondencia dirigida a nosotras. En estas cartas, articuló su posición sobre la conclusión de las actividades realizadas en nombre del PKK y el fin de la lucha armada, afirmando que su misión histórica había llegado a su fin. En nuestra respuesta, expresamos nuestra disposición a celebrar el congreso propuesto, al tiempo que subrayamos que decisiones tan fundamentales solo podían tomarse con la participación directa y el liderazgo del líder Apo durante el propio congreso. Dando un paso más, el líder Apo, a través de la delegación del Partido DEM, emitió el 27 de febrero el «Llamamiento por la paz y una sociedad democrática». En este llamamiento, nos instó a convocar el congreso y a tomar decisiones para poner fin oficialmente a las actividades bajo el nombre del PKK y dar por concluida la lucha armada. También declaró su disposición a asumir toda la responsabilidad histórica de la iniciativa. Tras este llamamiento, en una declaración pública publicada el 1 de marzo, reafirmamos la posición que habíamos compartido anteriormente en nuestra carta al líder Apo. Para apoyar el proceso, declaramos un alto el fuego unilateral, que comunicamos al público. Estos acontecimientos provocaron un intenso debate público tanto a nivel nacional como internacional. Participamos activamente en estos debates, exponiendo nuestros puntos de vista y esforzándonos por ofrecer evaluaciones tanto escritas como verbales para ayudar a nuestro pueblo y a nuestros aliados a comprender de forma clara y exhaustiva el proceso. Además, transmitimos tanto las actas de las reuniones celebradas con el líder Apo como las directrices elaboradas en nombre de las direcciones del PKK y del PAJK (Partido de las Mujeres Libres de Kurdistán) en relación con la organización de nuestro partido. Todas estas acciones se llevaron a cabo con el pleno conocimiento y consentimiento de la delegación del congreso. Para ver la declaración completa, consulte la declaración del Comité Central del PKK de fecha 4 de mayo de 2025.

2- «Nuestra visión para la nueva era se basa en la reconstrucción de la sociedad sobre la base de la nacionalidad democrática, los principios ecoeconómicos y el comunalismo. Para establecer filosóficamente esta estructura (sus dimensiones ideológicas y su encarnación en la sociedad en general) tenemos la responsabilidad de formular su marco teórico y conceptual… Estamos en proceso de dar forma a los componentes ideológicos, el programa práctico y las dimensiones táctico-estratégicas del futuro. La sociedad democrática constituye el programa político de esta era. No tiene como objetivo principal al Estado. La política de una sociedad democrática es la política democrática… El socialismo democrático, del mismo modo, significa una democracia con base social… La vida libre de los pueblos es posible gracias a la comuna… En un esfuerzo por trascender la modernidad y el socialismo real que la sirvió, buscamos desarrollar un nuevo análisis y una teoría socialista alternativa. A este marco lo llamamos «modernidad democrática». En él, se propone la nación democrática como alternativa al Estado nación; la comuna y el comunalismo sustituyen al capitalismo; y la economía-ecología se propone en lugar del industrialismo. Se desarrollaron análisis correspondientes para articular y respaldar estos cambios conceptuales… La victoria en Kurdistán también tendrá un impacto en Siria, Irán e Irak. La República de Turquía tendrá la oportunidad de renovarse, abrazar la democracia y asumir un papel de liderazgo en la región… Puedo afirmar con confianza que los oponentes a este proceso carecen de valores significativos y que, en última instancia, fracasarán. Sin embargo, hacer realidad esta visión supone una responsabilidad significativa para todas las partes implicadas. El confederalismo regional se está revelando como una necesidad absoluta; al mismo tiempo, este camino exige inevitablemente la aparición de una nueva forma de internacionalismo». Puede leer la carta completa aquí.

3- El Partido de la Justicia y el Desarrollo (Adalet ve Kalkınma Partisi, AKP) respondió con una represión intensificada. En 2009, los «juicios KCK» condujeron a la detención de casi 10.000 personas (políticos, defensoras de los derechos humanos, sindicalistas y feministas) bajo amplios cargos de terrorismo.

4- El concepto de «comuna» cobra importancia. Para Öcalan, representa el instrumento auténtico del pueblo, opuesto al Estado nación, que él considera la extensión armada del capitalismo. La construcción de una sociedad comunal a través de municipios democráticos solo es posible con una lucha anticapitalista coherente, respaldada por una claridad política y una determinación inquebrantable. Sin ello, el proyecto fracasará.

5- La familia de Bese Hozat fue víctima de la masacre que el Estado turco llevó a cabo durante el levantamiento de Dersim en 1938. Ella afirmó que su familia fue objeto de un genocidio, en el que murieron tanto su padre como su abuelo. Su hermano y su hermana también fueron asesinados por el Estado turco. Su abuela, superviviente de la masacre, logró escapar tras soportar graves penurias a manos de los soldados turcos.

6- Véase, por ejemplo, este artículo de Soma Negahdarinia.

Fuente: https://kaosenlared.net/entender-la...

Jornadas de otoño de Acción en Red: el nuevo orden/desorden mundial

7 Octubre 2025 at 00:24
Por: Eva
Acción en Red nos han invitado a participar en sus jornadas de otoño, tituladas El nuevo orden / desorden mundial. Participaremos, junto a nuestras amigas de Mujeres de Negro, en la ponencia titulada Experiencias de lucha noviolenta ante conflictos.

Ante las razias racistas en Torre Pacheco

13 Julio 2025 at 16:08
Por: Eva
Ante las agresiones fascistas en Torre Pacheco, que por desgracia nos recuerdan los sucedido en El Ejido hace 25 años, desde la Asamblea Antimilitarista de Madrid queremos denunciar y condenar las mentiras y manipulaciones que se vierten cada día. Y se hace en todo tipo de medios de comunicación y redes sociales, y por desgracia Leer más ...

La farsa judicial de la dictadura contra Rodney Álvarez ya no puede ser más grotesca

José Rivas (Correo del Caroní)
 
El abogado defensor del ferrominero Rodney Álvarez, Luis Aguilera, no pudo entrar a la audiencia de juicio de este martes 13 de marzo, luego que le impidieran el acceso al Palacio de Justicia por órdenes del presidente del Circuito Judicial Penal del área metropolitana de Caracas.

Armando Guerra, uno de los activistas que ha denunciado el caso de Álvarez, denuncia que la medida busca que el ferrominero acepte un defensor público que lo inste a admitir los delitos por los que se le acusa.

El ferrominero Rodney Álvarez está preso desde hace casi 10 años, luego de ser acusado de asesinar con arma de fuego al obrero Renny Rojas, en el momento que trabajadores realizaban una asamblea en los portones de Ferrominera Orinoco.

Desde el incidente, trabajadores presentes ese día han señalado a Héctor Maicán, representante de la Federación Bolivariana de Trabajadores (FBT) y cercano, para aquél entonces, al exgobernador de Bolívar, Francisco Rangel Gómez, como el autor de los disparos. Sin embargo y aunque durante los más de 9 años de juicio no han podido comprobar la culpabilidad de Álvarez, el afectado sigue preso.

En este tiempo Álvarez ha sufrido retardos procesales, cambios de jueces en etapas finales de juicios y nulas garantías de un proceso verdaderamente justo. “Vemos reiterada la conducta del sistema de injusticia de maltratar a Rodney”, recriminó Guerra.

En noviembre de 2020 el juicio fue detenido luego de que cambiaran la jueza cuando estaban cercanos de declarar la decisión del caso y se reinició el 4 de febrero de 2021, desde cero y por novena vez el juicio.

Señaló que esta medida solo busca desgastar física y anímicamente al trabajador y es una forma de retaliación ante las denuncias planteadas sobre el caso del ferrominero en instancias internacionales.
Siguen desconociendo a la OIT

En 2019, la Comisión de Encuestas, el órgano de investigación más importante, de la Organización Internacional del Trabajo recomendó que el ferrominero fuera liberado, acción que todavía no ha sido cumplida por el gobierno.

Rubén González, secretario general del Sindicato de Trabajadores de Ferrominera Orinoco y uno de los primeros trabajadores que culpó a Maicán por el asesinato, señaló que el régimen no quiere cumplir las recomendaciones de la OIT, donde se pide la liberación de Álvarez.

Asimismo insistió que el gobierno ha intervenido en cualquier decisión que pudiese tomar algún juez para la liberación de Álvarez y con esta medida “lo que quieren es poner un defensor público para que se culpe”.

En un audio difundido por redes sociales, el abogado Luis Aguilera señaló que, al no poder ingresar al Palacio de Justicia, desconocía si se había hecho la audiencia y para cuándo quedaría pautada la otra sesión. Resaltó que se busca coaccionar a Álvarez para que acepte una defensa pública y los cargos.

“Quiero denunciar que esta es una nueva táctica dilatoria del Gobierno nacional para continuar retardando el proceso judicial (…) pero también es un acto de retaliación contra mi persona por cuanto he venido denunciando sistemáticamente la violación de derechos humanos de Rodney ante la Comisión Interamericana”, sostuvo Aguilera.

En dicho audio insistió que continuará asistiendo al Palacio de Justicia, pidiendo que se le deje entrar al tribunal y que escribirá una carta para entregarla en la OIT.

[Tomado de https://www.correodelcaroni.com/laboral-economia/nuevas-trabas-judiciales-vulneran-derecho-a-la-defensa-del-ferrominero-rodney-alvarez/.]

 

 

Opinión: Pueblos indígenas, salvaguarda de bosques y cambio climático


Vladimir Aguilar
 
Las Naciones Unidas ha confirmado lo que desde hace tiempo era una realidad inocultable. Primero, que el cambio climático vendría a constituirse en el desafío más apremiante para la humanidad en los tiempos actuales, y, segundo, que al ser los bosques los principales sumideros de gases que producen el calentamiento global, quienes en ellos habitan juegan un rol fundamental en su salvaguarda.

En el reciente Informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe (FILAC), Los pueblos indígenas y tribales y la gobernanza de los bosques. Una oportunidad para la acción climática en América Latina y el Caribe (2021), expertos señalan que los derechos colectivos de propiedad o usufructo reconocidos jugarán un rol fundamental en la mitigación del calentamiento global.

Lo anterior viene a reafirmar lo anunciado por Julio Berdegué (2021), Subdirector General y Representante Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, quien reitera que, tanto los derechos territoriales efectivos reconocidos como la gobernanza territorial y los conocimientos tradicionales, son claves para la conservación de la diversidad biológica.  

Los guardianes de los bosques

Los pueblos y comunidades indígenas del mundo en general y de la Amazonía en particular, han tenido un papel protagónico en la defensa de sus territorios ancestrales y tradicionales, siendo los bosques el principal lugar de asiento de sus culturas. En esta tarea han apelado a las más variadas y diversas formas de protección, garantizando la seguridad territorial desde sus usos y costumbres.

Según el Informe de la FAO y la FILAC arriba mencionado, “(…) los pueblos indígenas y tribales, así como los bosques situados en sus territorios ancestrales, juegan un papel vital para la acción climática global y regional y para el combate a la pobreza, hambre y desnutrición en el continente. Sus territorios contienen alrededor de un tercio de todo el carbono almacenado en los bosques de América Latina y el Caribe y el 14% del carbono almacenado en los bosques tropicales a nivel mundial. Históricamente, estos bosques han sufrido mucho menos destrucción que los otros bosques de la región (…)”.

La libre determinación como estrategia de mitigación del cambio climático

La primera de estas estrategias la constituye el impulso de las jurisdicciones especiales indígenas, instancias no solo de administración de justicia sino fundamentalmente de gestión de los territorios. La segunda tiene que ver con la creación de las guardias indígenas, que cumplen la doble función de salvaguarda de los bosques y de los pueblos indígenas. Al respecto, cabe destacar la Sentencia T-030/16 de la Corte Constitucional de Colombia, la cual subraya el rol de las Guardias Indígenas como garantes de los resguardos indígenas y sus territorios. De igual manera, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en reiteradas ocasiones ha destacado el papel de las guardias indígenas en la defensa del derecho al territorio.

Las iniciativas en cuestión se inscriben en el ejercicio del derecho fundamental a la libre determinación. Al ser esta última expresión superior del derecho a la consulta libre, previa, informada y de buena fe y del derecho al consentimiento respectivamente, los pueblos y comunidades indígenas se vienen organizando en función de la protección de las principales fuentes de vida: agua, oxígeno y biodiversidad.

Sin territorios indígenas titulados y sin la demarcación de los hábitats ancestrales y tradicionales no hay perspectiva alguna de contener el cambio climático. La preservación de los bosques pasa por el reconocimiento de los espacios ocupados por los pueblos indígenas. A la par de ello, la protección de los conocimientos tradicionales sobre los ciclos del bosque y de la naturaleza son necesarios para garantizar la continuidad de la vida en el Planeta Tierra.

Hoy en día, el ejercicio del derecho a la libre determinación pasa por la defensa del bosque amazónico junto a la puesta en práctica de las instituciones ancestrales y tradicionales de los pueblos indígenas.

La dimensión ecológica y territorial de los derechos indígenas

La noción del territorio incorpora su gestión colectiva e integral, lo cual comprende la organización social, comunitaria y familiar, así como el conjunto de normas consuetudinarias que determinan las formas de vida en los lugares ocupados de manera ancestral y tradicional por los pueblos indígenas, todo ello expresión de la libre determinación que incluye el autogobierno.

En la medida que se creen las condiciones para que este tipo de formas colectivas de gobernanza del territorio se hagan efectivas, habrá una mayor apuesta en garantizar la seguridad territorial y jurídica de los derechos indígenas, los cuales son en definitiva consustanciales con los derechos del bosque en particular, y de la madre naturaleza en general.

[Tomado de https://www.ecopoliticavenezuela.org/2021/04/08/salvaguarda-de-los-bosques-y-libre-determinacion-estrategias-de-los-pueblos-indigenas-frente-al-cambio-climatico.]


Manifiesto para el 1º de Mayo 2021

Global Mayday / Primero de Mayo Global
 
A nivel mundial, nosotros, los trabajadores  asalariados,  nos vemos obligados a una competición para incrementar cada vez más el valor adicional obtenido de la cadena de producción. Independientemente  de  nuestrolugar  de  residencia,  de  nuestro  género/sexo, nacionalidad, lo queramos o no, estamos implicados en la misma lucha.

Los  recortes  presupuestarios  en los servicios sociales, la subcontratación, los salarios cada vez más exiguos,  privatizaciones,  incremento del  coste  de  la  vida,  así  como  las tasas de las matrículas para las y los estudiantes y la destrucción de los ecosistemas naturales, son solo algunos de los síntomas del sistema económico global.

Un sistema que está basado en la explotación y en la competición, conduce a una mercantilización de todos los aspectos de nuestra vida. Padecemos una presión creciente para obtener resultados, así como la alienación de nuestras necesidades y de las personas con las que trabajamos y convivimos. Esto ocurre tanto en el trabajo, como en la universidad, y cada vez más incluso en la infancia y la juventud.

La lógica del mercado y las estructuras correspondientes de los estados exigen la adaptación a los dictados de la competitividad y la productividadpor encima del desarrollo de las propias capacidades de emancipación de cada persona.

La introducción de una Renta Básica Universal a un nivel global puede ser un primer paso para sobreponerse a las relaciones existentes en el mercado laboral. No tenemos la intención de simplemente interrumpir; pretendemos imponernos.

Dada la naturaleza transnacional del sistema capitalista, para las y los trabajadores también es necesario conectar a un nivel global. Conectando a través de las fronteras, las interconexiones globales que dan forma a nuestras condiciones locales pueden hacerse visibles. Es  más,  de  esta  manera  se  abren nuevas potencialidades y ámbitos de acción dentro de la lucha contra la explotación y las condiciones de vida y de trabajo precarios. La capacidad de negociación de los y las trabajadoras se incrementaría enormemente, si nos uniéramos dentro de la misma cadena de producción. Especialmente en tiempos de nacionalismo y racismo, queremos una lucha común, y nos negamos a ser enfrentadas las unas y unos con otrxs.

¡Por una vida mejor para todos ytodas sin fronteras!

        Nota sobre la epidemia del coronavirus

El mundo está atravesando una grave epidemia, la covid-19. Como en todas las crisis, las personas más pobres son las más afectadas.

Muchas  empresas  están  obligando a su plantilla a continuar trabajando, eliminando su derecho a una cuarentena. Muchos trabajadores y trabajadoras están siendo despedidas, muchos y muchas  autónomas,  vendedores  y vendedoras ambulantes y otras personas, no disponen de ingresos. Las personas en campos de refugiados y las personas que carecen de un hogar, no tienen acceso a unas condiciones sanitarias mínimas.

Nosotras luchamos por:
° Que todo el mundo tenga satisfechas unas necesidades básicas
° Unas condiciones sanitarias decentes para todas las y los trabajadores
° Acceso libre y gratuito a las vacunas  de  la  COVID-19  para  todo  el mundon
° La inmediata supresión de las facturas de agua, electricidad, gas, teléfono e internet
° La inmediata suspensión de los alquileres

¡Que los ricos paguen la crisis!

[Publicado en el periódico Rojo y Negro # 355, Madrid, abril 2021. Número completo accesible en http://rojoynegro.info/sites/default/files/rojoynegro%20355%20abril.pdf.]


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